San Juan Apocaleta
Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.
"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.
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domingo, 1 de febrero de 2015
DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Con este domingo de Septuagésima, se inicia el ciclo de la Pascua: segundo ciclo de la Pascua que gira alrededor de la Resurrección de nuestro Señor, y que es la fiesta más solemne, más importante del año litúrgico aunque no la más popular, como la Navidad. La fiesta más importante de todo el año litúrgico es el domingo de Pascua, el domingo de Resurrección y nos preparamos a esa Resurrección, a esa Pascua, con la Cuaresma: cuarenta días de ayuno, penitencia y oración. Con la Septuagésima nos introducimos levemente en esa preparación: mortificación del cuerpo como dice San Pablo, “yo someto mi cuerpo, mortifico mi carne para que después de haber predicado no sea yo inducido en tentación y sea réprobo”.
Todo católico debe mortificar su cuerpo, sus sentidos, sus apetitos y el mundo de hoy enseña lo opuesto totalmente: placer, gozo, diversión. Mientras que el cristianismo nos dice sujeción, represión, mortificación del cuerpo con todos sus sentidos, el mundo de hoy predica lo contrario. Lo que demuestra una vez más el carácter y el sello anticristiano de la civilización moderna. Mucho menos entonces se comprenderá el significado de la Semana Santa, de la Cuaresma y de este preludio a la preparación de la Cuaresma con estos domingos iniciados hoy con la Septuagésima, o setenta días de preparación antes de la Resurrección.
Así como setenta años estuvo el pueblo de Dios en el cautiverio de Babilonia, lo mismo estamos nosotros, como cautivos a lo largo de este mundo hasta que se produzca la Pascua de Resurrección de todos nosotros, cuando nuestro Señor venga a juzgar y culmine todas las cosas para la mayor gloria de aquellos que Él ama; esa es la motivación y la esperanza que tenemos: vamos a resucitar al igual que nuestro Señor y resucitar como bienaventurados, no como réprobos. El sentido de la Septuagésima y después de la Cuaresma es, pues, la mortificación y la penitencia simbolizadas con el color morado.
En el evangelio de hoy vemos la parábola de los obreros que reciben todos un denario. Esta parábola pertenece al género simbólico. Un símbolo es una cosa real que representa otra cosa real. Las imágenes de las parábolas a través de un ejemplo que podemos ver o entender representan, muestran, una realidad sobrenatural, espiritual de las cosas de Dios, que no son tan fáciles de inteligir, que son verdaderamente un misterio. En apariencia, si juzgamos por la parábola parecería injusto lo que hace este Paterfamilias, quien les paga a todos por igual, cuando unos habían trabajado todo el día y los últimos apenas un rato, y, sin embargo, no fue injusto, porque lo convenido había sido que por todo el día pagaría un denario.
No comprendemos la bondad de Dios y no comprendemos la gran moraleja de esta parábola llena de esperanza, para que no desesperen aquellos que son llamados al último momento, a la última hora, y no se enorgullezcan los que son llamados desde el primer instante. Ese denario en definitiva vendría a ser el cielo igual para todos, convertidos desde el primer instante o en el último. Qué gran esperanza nos transmite la parábola de hoy, que al mismo tiempo es una lección contra el orgullo. Aquellos que han sido convertidos desde la primera hora y aquellos que sean llamados tarde, si oyen el llamado de Dios se salvan igual que los otros que fueron llamados desde el principio. Vemos que la bondad de Dios está muy lejos de una interpretación puramente material, igual a como en apariencia se puede juzgar si miramos las cosas así, como juzgaron los obreros que trabajaron todo el día en la viña.
Esta parábola tiene una gran dificultad. Algunos, yo no lo creo así, dicen que es una “extrapolación”, para en cierta forma esquivar la dificultad que tiene al terminar: “Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros; muchos son los llamados y pocos los escogidos”. Que los primeros sean los últimos y los últimos sean los primeros, no habría mayor dificultad, viendo lo que aconteció con el pago igual para todos, la salvación igual para todos sin importar si fueron contratados temprano o tarde; en ese sentido quedaron igualados y así es la igualación de la vida eterna, el cielo de la salvación tanto para los primeros como para los últimos, todos quedan equiparados. Pero la dificultad sigue al decir que: “muchos son los llamados y pocos los escogidos”, y la mayoría tiende a mal interpretar diciendo que son pocos los que se salvan, cuando de eso precisamente nuestro Señor no quiso jamás manifestar ni una palabra. Respecto a la salvación, si son muchos o pocos quienes se salvan y quienes se condenan, es un gran misterio de Dios.
Aquellos exegetas y predicadores, que los hay muchos y no de ahora sino desde mucho antes de que se produjera esta crisis, la mayoría interpretaba que eran pocos los que se salvaban, y no se dan cuenta que por interpretar estas palabras tomadas al pie de la letra, caen en el error de la predestinación protestante, que dice que: Dios llama a unos para el cielo y a otros, para condenación, al infierno; es el gran error de la justificación protestante y calvinista. Dios no llama a la salvación a muchos, nos llama a todos y todos no son muchos; Dios llama al cielo a todos los hombres y por eso murió por todos los hombres. La obra de la Redención es para todos los hombres, aunque a la hora de la salvación ya no sean todos sino muchos, como cuando se dice en la consagración del cáliz “pro vobis et pro multis”, no son pocos, aunque eso tampoco nos permita decir que son muchos, sencillamente no hay que tomar al pie de la letra “muchos los llamados y pocos los escogidos” como si fueran muchos los llamados (no todos) y pocos los que se salvan, lo que sería un grave error.
Lo que nuestro Señor quiere hacernos ver es que son muy pocos los escogidos de Dios en el sentido de la perfección, de la santidad. Son pocos los que hacen buenas obras y esa es la interpretación que da Santo Tomás; dentro de ese número de hombres que hacen buenas obras pocos son los santos, pocos son los píos, pocos son los virtuosos. Hay una gradación en la perfección cristiana, una cosa es ser virtuoso, otra cosa es ser pío y otra cosa es ser santo, porque el camino que lleva al cielo es estrecho, pero es ancho el que lleva al infierno; así entonces, nuestro Señor pudo decir “muchos los llamados y pocos los escogidos”; pocos, muy pocos los que siguen esa vida de virtud, menos aún esa vida de piedad y mucho menos esa vida de santidad a la cual Dios nos llama.
Pidámosle a nuestra Señora, a la Santísima Virgen, que esta crisis que desola a la Iglesia nos sea provechosa en sus efectos purificadores. Así como los metales se purifican y como el oro se acrisola en el fuego, así nosotros y la Iglesia misma conformada por hombres se purifique con el fuego de esta crisis, ya que bien mirada y sobrenaturalmente llevada es una crisis purificadora para aquellos pocos escogidos que quieren seguir el buen camino, mientras la mayoría va por el ancho de las malas obras. Que sea Ella, la Santísima Virgen María, quien nos ayude a mantenernos firmes, de pie, sin escandalizarnos de lo que acontece con los hombres de Iglesia dentro de la Iglesia, con su jerarquía, y del peligro que corremos por la presión que se ejerce sobre ese residuo fiel ante la prostitución de los demás.
Hago referencia a las dos mujeres de las que habla San Juan en el libro del Apocalipsis: la mujer vestida de sol que pare en el dolor y que por eso no es la Santísima Virgen María, como creen muchos erróneamente, con falsa piedad y poco seso. La Virgen no alumbra en el dolor; otra cosa es que esta imagen de la mujer parturienta que representa la religión fiel y perseguida en los últimos tiempos sea un símbolo que se pueda aplicar a nuestra Señora, no textualmente, porque sería herejía pensar que nuestra Señora dio a luz en el dolor a nuestro Señor. Y la otra mujer, la ramera o prostituta que cabalga sobre la bestia, que es la misma bestia que salió del mar, el Anticristo, y vestida de color púrpura, llevando en la frente la palabra “misterio” y que asombró a San Juan, esa mujer ramera es la religión, esta mujer en el Antiguo Testamento ha sido el Israel de Dios, como buena esposa o como mala mujer, pura o adúltera, es toda la historia del Antiguo Testamento.
Por eso la mujer significa la religión y estas dos mujeres significan el estado de la religión y la Iglesia en esos dos polos, el de la corrupción, la prostitución y el de la fidelidad. De ahí la gran persecución de esa religión prostituida, la gran ramera que cabalga montada sobre el poder de este mundo bebiendo el cáliz de su prostitución, de su profanación, el cáliz lleno con la sangre de los santos y de los mártires, como acontece hoy con la Roma modernista, progresista, que se ha prostituido, que persigue a la Roma eterna, a la Roma fiel, a la Roma que representa la Tradición Católica y que enarboló monseñor Lefebvre; esa Roma prostituida, corrompida, quiere destruir a la que es fiel. Ese es el peligro que corremos dejándonos seducir y esa obra de seducción –hay que decirlo–, la lleva a cabo el cardenal monseñor Darío Castrillón, colombiano zorro; lo que los europeos no pudieron hacer con monseñor Lefebvre, lo encargan hoy a un colombiano.
Colombia da para lo bueno y lo malo y de ahí la insistencia con que este cardenal está llevando a cabo su tarea, hacernos sucumbir, no me cabe la menor duda. Quien se acerca a una mujer corrompida, si no es para convertirla como lo hizo nuestro Señor con la Magdalena, cae bajo su seducción, pagando el precio de la apostasía; por tal razón monseñor Fellay ha pedido que se rece durante un mes la oración de la consagración de la Fraternidad al Corazón Doloroso e Inmaculado de la Virgen María para que acelere su triunfo, el mismo que Ella prometió en Fátima, triunfo que no podrá darse sin la intervención de Dios; no será un triunfo por mano de elemento humano, será una intervención de Dios, que tenemos profetizada con el segundo advenimiento de nuestro Señor. Sobre esto hay gran confusión y poca luz.
Sin embargo, los Padres de la Iglesia, durante los primeros cuatro o cinco siglos, tenían estas cosas como predicación común, por lo cual San Pablo, como todos recordamos, les dice que todavía no es el advenimiento de nuestro Señor, les da los signos y les habla de un obstáculo que nosotros no sabemos cuál es concretamente, pero conjeturamos esto, para estar alertas, ya que vivimos un tiempo extraordinario, una situación extraordinaria. Pero la verdadera expresión, la verdadera palabra no es esa, esa expresión tiene validez en un lenguaje común, pero en el lenguaje exegético, bíblico y profético, quiere decir que vivimos tiempos apocalípticos, últimos tiempos; así denominan las Escrituras a esta época anunciada, y que lo menos que podríamos decir es que es sorprendente, pero que bien mirada es apocalíptica, es una situación completamente anormal, fuera de los cánones de la Iglesia. Nos toca vivirla, purificarnos y esperar el triunfo de nuestro Señor, el triunfo del Inmaculado Corazón cuando Él venga a juzgar, por su aparición y por su reino, como dice San Pablo.
Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen, que nos ayude a comprender todas estas cosas que se van aclarando a medida que los tiempos se van cumpliendo y que permanezcamos fieles a la Iglesia católica, apostólica y romana para salvar nuestras almas. +
BASILIO MERAMO PBRO
11 de febrero de 2001
domingo, 25 de enero de 2015
TERCER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este tercer domingo de Epifanía tenemos el doble milagro que relata el Evangelio, el de la curación del leproso y del centurión. La del enfermo, como el más miserable de todos, peor que un mendigo, porque quedaba excluido del trato y de la convivencia social, y la del centurión, como quien diría de un general del Imperio romano; dos extremos de la escala social. Vemos cómo nuestro Señor no hace distinción de clases, ni de ricos ni de pobres, porque es Dios de todos los hombres y de todas las criaturas. Y así le hace el milagro a ese pobre leproso que le pide, si Él quiere, que le cure; nuestro Señor extiende su mano y lo sana y le recomienda que no le diga a nadie; ¡qué pudor! Porque solamente por un miramiento religioso quería nuestro Señor ocultar como todo verdadero hombre, que no se anda pavoneando como una “vedette”, sino todo lo contrario, oculta su religiosidad, su santidad, su virtud, por pudor, para no mostrar lo mejor que tiene de Sí porque es para Dios y no para los hombres.
En este tercer domingo de Epifanía tenemos el doble milagro que relata el Evangelio, el de la curación del leproso y del centurión. La del enfermo, como el más miserable de todos, peor que un mendigo, porque quedaba excluido del trato y de la convivencia social, y la del centurión, como quien diría de un general del Imperio romano; dos extremos de la escala social. Vemos cómo nuestro Señor no hace distinción de clases, ni de ricos ni de pobres, porque es Dios de todos los hombres y de todas las criaturas. Y así le hace el milagro a ese pobre leproso que le pide, si Él quiere, que le cure; nuestro Señor extiende su mano y lo sana y le recomienda que no le diga a nadie; ¡qué pudor! Porque solamente por un miramiento religioso quería nuestro Señor ocultar como todo verdadero hombre, que no se anda pavoneando como una “vedette”, sino todo lo contrario, oculta su religiosidad, su santidad, su virtud, por pudor, para no mostrar lo mejor que tiene de Sí porque es para Dios y no para los hombres.
Qué gran lección, para que no nos ufanemos como pavos reales cuando entremos a la iglesia. Dicho sea de paso, no digo que todos, pero algunos fieles creen que el templo es para estar saludando al amigo o al conocido, o al íntimo; dejen eso para cuando salgan y no dentro de la iglesia. Aquí se reverencia a Dios con una genuflexión; no venimos a saludar a nadie más, para eso está la calle y lo digo con dolor porque es chocante y muy tonto, porque no es ninguna forma de educación; es todo lo contrario. ¿Y todo para qué?, ¿para ser admirados de los demás?
Por eso nuestro Señor en este grado de profunda humildad y de decoro manda a que no lo diga a nadie, que calle aquello que acaba de acontecer. No obstante le indica, según la ley de Moisés, que vaya a los sacerdotes para que sirva de testimonio y así también pueda regresar a la sociedad sin quedar excomulgado de ella y pueda tener ese contacto social del cual estaban excluidos todos los leprosos ya que se les consideraba peor que cualquier mendigo.
Vemos también el otro milagro, el del centurión, ese hombre que tenía a su mando hombres, pide por un criado suyo, paralítico. Le ruega a nuestro Señor que lo sane y Él le dice que irá a curarlo; cuánta fe tendrá este centurión que le dice que no hace falta, que solamente basta con que Él dé una orden, tomando como ejemplo su caso, ya que en su ejército, con dar una orden van, y da otra y vienen. Mucho más entonces nuestro Señor, que con una sola disposición suya bastaba para que su criado fuese curado. Nuestro Señor no dejó de expresar admiración por esa gran fe que no había visto en todo Israel, en todo el pueblo de Dios, sino en un pagano; ¡qué ejemplo! ¡Cómo un infiel tenía más fe que todos los hijos de Israel! Nuestro Señor cura en aquel instante a ese siervo del centurión y hace el gran reproche.
Esa recriminación a los judíos, a quienes antecedió la manifestación de la entrada de los gentiles en el reino de Dios, “muchos vendrán de Oriente y de Occidente y estarán con Isaac, Jacob y Abraham, y los hijos del reino; esos serán echados a las tinieblas exteriores, al infierno”. El averno, que ha sido negado o por lo menos puesto en duda en la nueva predicación actual y, sin embargo, aquí nuestro Señor hace alusión a él. Y así entonces manifiesta la entrada de los gentiles y muestra la reprobación de Dios del pueblo elegido de Israel por no tener fe, la el centurión, porque si la hubieran tenido no le hubieran crucificado.
¿Cómo es posible que este centurión pagano, un soldado romano, tenga esa fe que los hijos de Israel no tenían? ¿Qué fue lo que pasó si ellos tenían las Escrituras, las profecías? ¿Por qué no reconocieron a nuestro Señor, como sí lo hizo este humilde centurión pagano? Eso da mucho que pensar. Y la razón de ello está en la corrupción religiosa. Por la deshonestidad religiosa el pueblo judío, elegido de Dios, no reconoce a nuestro Señor; ese es el gran misterio de la reprobación de los judíos y por eso anuncia el ingreso de los gentiles.
Esa putrefacción de la religión, del culto, de la palabra de Dios, fue lo que llevó al pueblo judío a negar a nuestro Señor, a no aceptarlo y a crucificarlo; y esa depravación religiosa, cultual, es lo que se llama fariseísmo, que es la peor de las corrupciones; porque no es solamente la de la moral, de una virtud, sino la de toda la religión, de todo el culto de Dios, de toda nuestra relación con Él. De ahí lo grave y la gran lección que debemos sacar, porque si la religión católica al fin de los tiempos se llegase a corromper como ciertamente lo anuncia nuestro Señor en las Escrituras, ¿qué quedará de la Iglesia?, ¿qué quedará de los fieles?, peor que el pueblo de los judíos y eso es lo que hoy está aconteciendo; estamos ante la corrupción de la religión católica y la cultual.
¿A dónde iremos a llegar? A la apostasía, en la cual culminará el anticristo en su supremo afán de querer destruir el reino de Cristo. Pero como Dios es todopoderoso permite eso porque al fin y al cabo su Sagrado Corazón triunfará, el que ya triunfó en la cruz, aunque no se hubiera evidenciado ese triunfo como rey. Por eso lo esperamos a Él en su segunda venida como rey y juez de todo el orbe. Por eso no debemos asustarnos y en cambio sí estar preparados para que teniendo las Escrituras en las manos, la Sagrada Biblia, no nos pase igual que a los judíos, que por un misterio de iniquidad se corrompa nuestra fe, nuestra religión y así nos encontremos en peor estado que los judíos. Por ello se habla de la gran tribulación para el fin de los tiempos y vemos esta corrupción no sólo de la moral, de los principios, de la familia, de los pueblos, sino dentro de la misma Iglesia; deshonestidad del clero, de sacerdotes, monjes, monjas, cardenales, obispos; por eso el enemigo aprovecha. ¡Qué escándalo abominable!, ¡contra natura! y todos los crímenes que podamos imaginar.
Todo lo anterior nos debe hacer reflexionar para que nos mantengamos incólumes en la fe, como dice nuestro Señor; esa fe admirable que tuvo este centurión pagano. Cómo, entonces, nosotros no vamos a permanecer en la fe católica, apostólica y romana si se lo pedimos a Dios de todo corazón. Y la manera más expresa de guardar la fe, en este mundo actual, en medio de este progresismo, de este modernismo que está destruyendo la religión, falseándola, adulterándola, es asistir a la Santa Misa que es el misterio de la fe, mysterium fidei; de allí se irradia todo lo demás.
Por eso la gran importancia de la Santa Misa verdadera, romana, tridentina, canonizada, apostólica, todos títulos que no tiene la nueva, que no es romana sino protestantizante, que no es apostólica sino fabricada allí bajo la supervisión de seis pastores infieles. Esa es la importancia de tener esta capilla aunque sea pequeña, modesta, pero que es un baluarte de fe, como un faro, así como el de Alejandría que era una de las siete maravillas del mundo antiguo; que así sea esta capilla, por lo menos para Colombia, un faro de fe. Así les pese al cardenal, al nuncio y a toda la jerarquía que no defiende la fe católica y que usurpa la autoridad al igual que los judíos para crucificar a nuestro Señor, para a la Iglesia que está sufriendo hoy su pasión porque esto no es más que la pasión de Cristo en su cuerpo místico que es la Iglesia, si no no se comprenderían todas estas aberraciones, no tendrían lógica ni razón de ser que es la corrupción religiosa por la falta de fe.
Debemos, pues, permanecer firmes en la fe para que el demonio no nos devore, ya que “como león rugiente gira a nuestro alrededor”, como lo dice San Pedro, el primer Papa de la Iglesia católica: “Hermanos, sed sobrios y velad porque el demonio, como un león rugiente, gira a nuestro alrededor buscando a quién devorar”.
He allí el testimonio, una sola palabra de Dios, una sola palabra de nuestro Señor basta, la fe no requiere más, no requiere pompas, riquezas ni glorias sino simplemente esa adhesión a la palabra de Dios, a la palabra divina; esa es la luz del mundo y por eso las tinieblas, el eclipse de la Iglesia del que habla nuestra Señora en La Salette. Se mencionan tantas apariciones que no sabemos ni somos capaces de sacar la inteligencia de ellas y, sin embargo, aquí en Colombia tenemos un pequeño libro de monseñor Cadavid, de 1953 o 1954, sobre Siracusa, en el que relaciona todas las verdaderas y más importantes apariciones de nuestra Señora, importancia que tienen como una advertencia para los últimos tiempos en los cuales la fe claudicará.
Por eso la necesidad de que haya un rebaño de fieles, pusillus grex, del cual habla San Lucas para que permanezcamos fieles a la Iglesia católica, apostólica y romana, a nuestro Señor y no seamos unos falsarios, traidores y, menos aún, unos corruptos investidos con la autoridad de la jerarquía para hacer el juego a Satanás corrompiendo la religión, la fe como hace la gran mayoría de la jerarquía. Por eso, tampoco debemos asombrarnos de que no seamos muchos porque más vale pocos y buenos que muchos y malos; más vale estar en la soledad con la verdad y no con el error en compañía, porque esta soledad vale mucho más. Es mejor estar en el desierto, en la soledad, en la aridez que acrisola la fe; en ese arenal por el cual pasó el pueblo judío durante cuarenta años para purificarse antes de entrar en la tierra prometida; esa es la fe de los eremitas, de los monjes del desierto.
O, ¿qué queremos nosotros?, ¿una fe en medio de los clubes que no son sino antros de corrupción social? Pues la Iglesia nos invita al desierto para que nos acrisolemos, nos purifiquemos. Por eso la religión está representada en el Apocalipsis bajo la figura de esa mujer que huye al desierto para que el dragón no la destruya, porque es allí donde tienen que ir los fieles para que no sean devorados por Satanás en los últimos tiempos que son ciertamente los nuestros, aunque no sepamos cuál sea exactamente el término o la duración ya que puede ser larga y entonces, como la mujer que huye al desierto, otro tanto haremos nosotros para purificarnos en la fe y estar, aunque solos, en la verdad y no acompañados en el error.
Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen, a Ella que permaneció de pie ante la Cruz, para que nos dé ese valor, esa fortaleza y esa fe con la que Ella ofreció a su Hijo como víctima al Padre Eterno y ese es el sacrificio que se renueva mil y una veces sobre los altares en la Santa Misa. Pidámosle a que nos dé ese amor y esa fidelidad a Dios y a su santa religión. +
BASILIO MERAMO PBRO.
26 de enero de 2003
domingo, 18 de enero de 2015
SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA
En este segundo domingo después de Epifanía, cuyo tiempo litúrgico corresponde a los domingos después de Epifanía vemos en el evangelio de hoy el primer milagro que hace nuestro Señor Jesucristo en Caná.
Primer prodigio, con lo cual se descartan todos esos escritos apócrifos que hablan de los anteriores que nuestro Señor Jesucristo hiciera desde pequeño. La Iglesia siempre ha desechado esos apócrifos de los cuales la literatura barata quiere hacer misterio y propaganda, aunque cuenten cosas que nos parezcan buenas; de todas formas al tener errores no son libros inspirados, luego no son la palabra de Dios, que es precisamente lo que nos interesa de las Escrituras, que sí son la palabra de Dios. Y lo que nos dice este evangelio de Dios, es que es el primer milagro que hace nuestro Señor, que Él no quiere hacer, pues le da una respuesta a nuestra Señora, que aparentemente puede ser áspera, como quien dice qué nos importa a ti y a mí, si no ha llegado mi hora, si no es lo mío, no me incumbe; sin embargo lo hace a instancias del pedido de nuestra Señora que se aflige porque falta vino para los convidados en esas nupcias.
Que si nos atenemos a Santo Tomás eran las nupcias de San Juan Evangelista, familiar de nuestro Señor, y por lo mismo, nuestra Señora tomó a pecho esa carencia porque se trataba de sus familiares; por eso entonces Ella no dudó en invocar a su hijo para que hiciera el milagro que no estaba en los planes ordinarios de nuestro Señor; de allí su respuesta: qué nos va a ti y a mí, mujer, si no ha llegado mi hora.
Su hora era la culminante de la obra de la Redención, de su sacrificio en la Cruz. Y sin embargo es por una ficción de caridad que siente nuestra Señora ante los familiares que no podían satisfacer con el vino que faltaba. Eso nos demuestra entonces, cómo nuestro Señor aun cuando Él no lo tenga previsto, por decirlo así, no solamente este milagro, sino todo lo que se le pida o se le invoque a través de su Santísima Madre. La Virgen María tiene ese poder sobre la voluntad de su Hijo, por ser la Madre de Él, de Dios, y ¿qué hijo que quiere a su madre no va a querer lo que Ella le pida? Por eso le hace este regalo, este obsequio y hace su primer milagro a instancias de las súplicas de nuestra Señora en las bodas de Caná.
Bodas de San Juan Evangelista. Es de suponer además que nuestro Señor lo llamó en esas bodas para que fuera su discípulo y que aun virgen, conservara esa virginidad permanentemente a lo largo de toda su vida.
Gran sacrificio de San Juan que en pleno matrimonio, en plenas bodas recibe el llamado de nuestro Señor, para mostrarnos cómo Él nos llama en cualquier momento; lo importante es que respondamos a ese llamado en el momento preciso en que nos interpela, porque es Dios, Rey de cielos y tierra, Señor del Universo y Señor nuestro y por eso la santidad está en hacer su voluntad.
Quien hace la voluntad de Dios no puede pecar, por eso dice San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”, porque, quien ama verdaderamente a Dios, quien hace su voluntad no puede pecar. Cuando erramos es porque nos separamos de ese querer Divino y preferimos el nuestro; pensamos en nuestro propio provecho y no en beneficio de Dios o de las cosas que son de Él. El llamado que Dios hace a cada uno debe tener una respuesta para que no contravengamos la palabra de Dios, su voluntad, sus deseos, que lo común es hacer el deseo de la persona que se ama y por eso para el que ama a Dios no es una tortura, un peso, un tormento hacer su voluntad. Cuando la voluntad de Dios se nos hace un peso, una carga, una dificultad, es porque hay algo en nuestra voluntad que pone obstáculo, que ofrece dificultad o que no cuenta con la suficiente fe y esperanza en recibir los sus auxilios.
Debemos pedir para que nuestra fe aumente cada día, para que nuestra esperanza esté en Dios y poder corresponder al amor Divino. Eso nos explica por qué San Pablo nos pide en la Epístola de hoy, que vivamos en armonía, en paz, que hay múltiples dones, que uno tiene el don de profecía, el otro de enseñar, el otro del ministerio y que cada cual homenajee al otro y se conforme con lo que es más humilde.
Es justamente para que no haya envidia, celos, calumnias, maledicencia. Esta última la cometemos a cada instante hablando mal del prójimo; los chismes y los comentarios negativos que revelan los defectos del prójimo son murmuración, salvo cuando se revelan o se habla de ellos para corregir, amonestar, o por el bien común. Por eso toda palabra ociosa, no ya la habladuría sino la palabra inútil, será castigada. Cuánto más la maledicencia, que es hablar mal, desacreditar al prójimo. Debemos vivir en armonía, sin envidias, sin celos, eso engendra la paz social. No puede haberla aquí ni en la China si no se fundamenta en la virtud y principalmente la católica.
La virtud católica es sobrenatural, pero requiere como toda gracia y don sobrenatural un soporte natural, pues las virtudes no están en el aire, requieren un auxilio auténtico que hacen al hombre de bien, honesto; el hombre tiene estas virtudes sobre las cuales se inserta la gracia y se apoya todo el orden sobrenatural, y por eso flaqueamos aun con la gracia recuperada y con toda la corte dones que da la gracia, porque nos falta ese soporte y solidez en la adquisición sacrificada de las fuerzas naturales; la gracia supone la naturaleza y la naturaleza humana ya que Dios no la da a un perro, a una hormiga; ellos son incapaces de la gracia porque no tienen una naturaleza humana, es decir, racional, inteligente.
Pero esa naturaleza debe existir, por eso en medio del salvajismo no puede subsistir la virtud. De ahí deriva la necesidad de una cultura y civilización que haga al hombre naturalmente honesto, para que pueda apoyarse la gracia sobre esa naturaleza y elevarla hacia Dios, para que viva de Dios y sea de Dios. Y ese es el trabajo que a cada uno nos compete, para poder vivir realmente como católicos y no como fariseos, pues nos creemos dueños o depositarios de la verdad y sin embargo, escandalizamos con nuestras acciones.
Lo que más llama la atención al infiel, al pagano, al hereje, al ateo, es el mal ejemplo de aquellos que nos decimos católicos y desdecimos con nuestras obras.
Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, para que Ella nos ayude a adquirir la virtud, crecer en la gracia de Dios y corresponder al amor divino haciendo su santísima voluntad. +
BASILIO MERAMO PBRO.
20 de enero de 2002
domingo, 11 de enero de 2015
PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA
Amados
hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En
este primer domingo después de la fiesta de Epifanía, la Iglesia celebra la
fiesta de la Sagrada Familia, es decir de San José, de la Santísima Virgen
María y del Niño Jesús.
Esa
Sagrada Familia, toda divina, la Iglesia nos la muestra como ejemplo de la
sociedad y de la cristiandad, es decir, de los pueblos y naciones que se rigen
por el Evangelio. Y digo que se guiaban, o se guían, porque hoy ya no hay
oficialmente ningún Estado que se dirija por la Ley de Dios y el Evangelio, por
lo cual la cristiandad como tal ha sido abolida; lo que se tiene es una cultura
católica más o menos de acuerdo con la penetración que tuvo ese espíritu
católico en los pueblos que antaño reconocían a Cristo Rey, a la Iglesia, pero
que hoy ya no lo hacen.
Hay
que recordarlo aunque sea para que reaccionemos y por lo menos lo tengamos
presente, que nuestra sociedad ya prácticamente no es nuestra porque no es de
Dios. Y, ¿de quién va a ser si no es de Dios? No hay término medio, será de
Satanás. Si la ciudad no es de Dios será del demonio. Por eso nos va como nos
va y por eso no nos asombremos cuando veamos que a los niños les gustan esas
figuras y esos juguetes demoniacos; y
qué decir de ese pequeño mago Harry Potter o como se llame. Todo eso produce la
fascinación de la serpiente y los padres deben saberlo.
El
“Halloween” es toda una cultura pagana anticristiana y los niños, junto con los
papás, muchas veces inocentemente, por confites y dulces, le hacen el juego al
demonio. Y quién sabe cuántas criaturas son inmoladas en esas misas negras en
la que se consume la sangre de un inocente o de una virgen, porque eso existe.
Debemos tener entonces sumo cuidado.
La
Iglesia quiere ponernos ante el ejemplo de la Sagrada Familia. La familia que
es el núcleo, el centro. La célula de la sociedad no es el hombre, no es el
individuo como nos ha enseñado el liberalismo teológico o religioso, es la
familia y por eso si ésta se destruye se acaba la sociedad; y vaya si no se
está abatiendo hoy la sociedad al destruir la familia; si no es verdad, qué es
eso de permitir el concubinato público con los matrimonios civiles entre
católicos y después con el divorcio. Eso es un atentado criminal contra la
santidad de la familia, de la sociedad basada en ésta y eso por culpa de una
política antirreligiosa; eso es lo que hoy se ha impuesto.
Los
romanos, que eran paganos, se casaron sacramente respetando el matrimonio
indisoluble; conservaron todo el vigor de ese pueblo y raza, eran los nobles,
los paterfamilia, la gens romana; pero cuando se empezó a
corromper ese concepto sagrado aun en el paganismo, se destruyó Roma, se acabó
y esa fue toda la lucha entre nobles y esclavos que penosamente a veces nos
transmiten en las películas en sus historias. Era la pugna de dos ideales, los
nobles basaban su linaje en el matrimonio sacro, los demás vivían en la unión
libre o concubinato.
Si
los nobles romanos tenían la noción del matrimonio sagrado, cuánto más la
debiéramos tener nosotros los católicos y valorar así la familia
sacramentalmente instituida por la Iglesia, para que todo lo que hagan los
esposos sea bueno y santo y no como creyeron algunos herejes, que traer hijos
al mundo era obra del pecado. Pecado es lo que hacen hoy, cuando utilizan el
matrimonio simplemente para satisfacer la concupiscencia, no queriendo
procrear; eso es una falta, usar anticonceptivos y todo lo que permita el libre
placer sin querer engendrar la vida que Dios como Creador da y que los padres
como instrumento prodigan; de ahí viene a su vez el respeto hacia los padres
por ser los progenitores, porque tienen esa autoridad de Dios y de ahí la
dignidad que deben tener los padres y la familia.
La
santidad del hogar católico hoy está proscrita, porque se nos pone de modelo el
ideal de vida americano, de quienes tienen una cultura protestante, donde cada
uno hace lo que se le da la gana. Por eso nosotros debemos conservar la
tradición católica basada en la familia y en el respeto a los ancianos; no para
que los metan allí en esos lugares que llaman geriátricos o lo que sea. Esa es
una aberración peor que la de los infieles, porque en la antigüedad se
veneraban las canas, el anciano era el sabio; hoy, por la estupidez de la
sociedad, al anciano se le tiene por un imbécil que nadie quiere. Ya no sabe la
juventud apreciar la experiencia de los años de una vida llevada conforme Dios
manda. ¡Qué desgracia!
Que
todo eso nos sirva para que reaccionemos y nos demos cuenta en medio de qué
mundo estamos viviendo. Todo lo opuesto a lo que la Iglesia siempre ha
enseñado, y eso sin hablar de la Iglesia en sí misma, que también se ha
corrompido, se ha degenerado por no permanecer fiel a la doctrina de nuestro
Señor, por culpa del clero. Por ello la Sagrada Familia es ejemplo de santidad
y aun de virginidad en el matrimonio de la cual no nos debemos asombrar, porque
ha habido otros santos matrimonios que se han conservado vírgenes, como el de
San Eduardo rey de Inglaterra, San Enrique emperador, que fueron soberanos que
por mutuo consentimiento permanecieron castos dentro del matrimonio.
Que
lo anterior nos sirva de ejemplo y para que los herejes de hoy no digan
estupideces en contra de la virginidad de nuestra Señora y del santo matrimonio
que tuvo con San José, porque fue verdadera esposa, pero virgen. De ahí la
grandeza de San José, custodio de esa flor de castidad, de esa inocencia y por
eso es el guardián de la Iglesia que debe permanecer y ser siempre pura, pero
que hoy quieren violar porque eso es lo que se está haciendo, mancillar la
pureza de la santa Iglesia.
Todos
aquellos herejes que se digan sacerdotes u obispos, pero que no defienden la
moral ni la doctrina católica, que están con el modernismo, con el progresismo,
con el liberalismo doctrinal teológico, están al unísono con todas las falsas
religiones. Eso es violar la Iglesia y por eso es nuestro deber conservar la
virginidad de la Santa Madre Iglesia católica, apostólica y romana. Eso fue lo
que hizo monseñor Marcel Lefevbre, un hombre que conservó la pureza de la
Iglesia; él nunca lo dijo, pero la conservó y murió santamente, pero atacado
por la judeomasonería que está dentro del Vaticano y quiere manipular a los
cardenales y a los obispos, y qué no hará en el próximo cónclave; por eso
debemos estar prevenidos, porque no sabemos lo que pueda pasar.
Nuestro deber es el de conservar la virginidad
de la Iglesia católica, su pureza, pues es nuestra madre, porque nos engendra
en la fe, en la que los protestantes no aceptan, no quieren, por eso no la
admiten como institución divina; no reconocen a la Santísima Virgen y sin
embargo se les llena la boca hablando de Cristo y del Señor. Es un cristo
falsificado el que pregona el protestantismo en cualquiera de sus múltiples
facetas y de la cual Colombia hoy está imbuida; antaño eran contados con los
dedos los protestantes, era incluso mal visto, ¿quién iba a visitar a un
protestante? Nadie. Hoy casi media Colombia es protestante y la otra mitad lo
es sin saberlo. ¿Por qué sin saberlo? Por la protestantización de la Iglesia;
ya no hace falta para serlo salir de ella; basta aceptar la nueva misa, el
nuevo culto, la nueva liturgia, bailar y danzar, no creer en el Santo
Sacrificio de la Misa, comulgar en la mano como si fuese un pedazo de pan y si
todo esto no es una herejía pura, entonces, ¿qué es?
¿Cómo
es que la gente va a comulgar sin confesión, sin estar en estado de gracia?
¿Cómo va a recibir a nuestro Dios sin adorarle? Todo eso es efecto entonces de
un protestantismo dentro de la Iglesia. Por eso nosotros nos esmeraremos hasta
la muerte en mantener el culto sacrosanto de la Iglesia católica como siempre
ha sido; esa garantía es la Tradición católica, apostólica, romana, la Misa
Romana; la Misa de San Pío V, la
tridentina, no es más que la Misa Romana, la que fue custodiada por todos los
Papas de Roma y por eso el odio satánico contra ella.
Roguemos
a la Sagrada Familia, a nuestra Señora, a San José y al Niño Jesús. No debemos
olvidar qué importancia le dio el Niño Jesús a los asuntos de su Padre, pues
les dijo: “¿Por qué me buscabais? Podría parecer un poco chocante y, sin
embargo, como dice el sabio padre Castellani, no les avisó simplemente porque
no pudo. Con la respuesta que dio a su Madre les quiso mostrar que si no lo
habían encontrado lo que debieron haber pensado era que estaba en el templo
ocupándose de las cosas de su Padre, de Dios; no del mundo. Y, ¿por qué no pudo
avisarles? porque Él se entretuvo con los escribas, con los fariseos, con los
peritos, con los doctores de la sinagoga, porque fue una pregunta tras otra, y
así pasaron tres días, maravillados de la sabiduría de ese Niño que era Dios.
De
lo contrario sería un malcriado nuestro Señor, ¿cómo se va a ausentar sin pedir
permiso?, ¿cómo le va a contestar así a su mamá? Por eso San Lucas dice que
nuestra Señora guardaba y meditaba todo esto en su corazón, y por eso lejos de
ser un motivo de escándalo la respuesta de nuestro Señor nos muestra la
importancia que tienen las cosas de Dios. Y éstas están en el templo, en la
Iglesia, no en otra parte; de allí la necesidad de la santa Iglesia como
institución divina y de nosotros de pertenecer a ella siendo fieles; hay que
pedir esa lealtad a nuestro Señor, a nuestra Señora, a San José, a la Sagrada
Familia. +
P. BASILIO MÉRAMO
12 de enero de 2003
12 de enero de 2003
martes, 6 de enero de 2015
EPIFANÍA DEL SEÑOR
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.
Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.
Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.
Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.
Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.
No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.
Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.
Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.
Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.
A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.
Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +
BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002
domingo, 4 de enero de 2015
FIESTA DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
Tomado del MISAL DIARIO COMPLETO por el P. Luis Ribera CMF, España 1954:
El nombre de JESÚS fue revelado por el Ángel a María Santísima cuando se le anunció que ella había de ser su Madre. El dulcísimo nombre de JESÚS esté siempre en nuestros labios y en nuestro corazón.
Directorio de la Misa.-1 Doble de 2a clase Blanco OCM.
EPÍSTOLA.
Hechos de los Apóstoles 4, 8-12.- Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les respondió: Príncipes del pueblo, y vosotros, ancianos, escuchad: Ya que en este día se nos pide razón del bien que hemos hecho a un pobre tullido, y se quiere saber por virtud de Quién ha sido curado, declaramos a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que la curación de ha hecho en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien DIOS ha resucitado. Este Jesús es aquella piedra que vosotros desechasteis al edificar, la cual ha venido a ser la piedra angular; y fuera de Él no hay que buscar la salvación en ningún otro. Pues no se ha dado a los hombres otro Nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos.
+ EVANGELIO según San Lucas 2, 21.- Llegando el día en que debía ser circuncidado el Niño, le fue puesto por nombre Jesús, nombre que le puso el Ángel antes de que fuese concebido.-
jueves, 1 de enero de 2015
Octava de Navidad: La circuncisión de Nuestro Señor, El Santo Nombre de JESÚS, Maternidad Divina de Nuestra Señora.
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Con la festividad de nuestro Señor unida a la Maternidad Divina de Nuestra Señora que es la Teotocos, la Deípara, la Madre de Dios, la que dio su carne al Verbo, se festeja también la Circuncisión de nuestro Señor que en el Antiguo Testamento tenía lugar a los ocho días de haber nacido; circuncisión a la cual nuestro Señor se quiso someter como de hecho se sujetaba a todo para mostrar la continuidad que Él llegaba a a perfeccionar. No venía a destruir sino a completar. Aprovechaba también para ofrecer ese primer sacrificio de su sangre, sacrificio que por sí mismo hubiera bastado para redimir mundos y universos y sin embargo, Él no escatimó el derramarla toda en la Cruz.
La circuncisión que en nuestras mentes modernas y occidentales no tiene mayor significado pero que en los pueblos orientales sí lo tiene; se circuncidan allí incluso los mahometanos, por ejemplo, a imitación del Antiguo Testamento ya que es, como sabemos, una herejía judeocristiana y más judía que cristiana. El significado de esa circuncisión es el signo de fe de los hijos de Abraham, de los que descendían de su linaje y que de él debía nacer el Salvador. El desprendimiento del prepucio, de la carne, significaba, figurativamente, el despojo del pecado original; de hecho, Santo Tomás dice que con la circuncisión se borraba el pecado original de los niños.
Dios daba la gracia, aunque no era un sacramento como los de la nueva ley, pero borraba el pecado original; tenía ese efecto y nos ponemos a pensar qué pasaba entonces con las niñas, y con los niños que morían antes de los ocho días. Hay que tener claro que siempre, para la salvación de todo hombre, era necesario creer de algún modo en el Cristo venidero y así se manifestaba o expresaba esa fe que después se fue concretando en un signo bien determinado de esa fe, como la circuncisión.
Entonces estaba ese otro medio de la fe en el Cristo venidero que salvaba a los hombres y por ende también a las niñas hebreas y a todo aquel que de algún modo creía en nuestro Señor Jesucristo, que vendría y del cual la circuncisión era un signo concluyente de esa fe que Dios impuso al linaje de Abraham, pero Él ya era el padre espiritual de todos los que tenían o tendrían la fe; porque Él, antes de circuncidarse, fue gran patriarca de la fe y de todos los que tendrían la fe como nosotros; por eso podemos decir con justo título “nuestro padre Abraham”, aunque no estemos circuncidados al igual que en el Antiguo Testamento.
Vemos cómo se prefiguraba así la expoliación del pecado original que se transmitía y se transmite por vía de generación; entonces hay un significado y una conveniencia en esta figura, en este signo de la circuncisión que había en el Antiguo Testamento y que ahora ya es innecesario porque está el sacramento del bautismo que produce la gracia ex opere operato; es decir, por la misma acción que se realiza, ese símbolo significa la gracia que produce.
Los sacramentos son signos sensibles que producen la gracia. Esa es la definición de los sacramentos y que no debemos confundir con la magia; no es brujería, son símbolos instituidos por nuestro Señor Jesucristo que producen la gracia que significan. El Bautismo es un lavado, quiere decir que limpia y para eso se utiliza el agua; expresa entonces que lava la mancha del pecado original y de cualquier otro pecado si lo hubiera, y borra además toda la deuda por esos pecados, cosa que no pasaba, por ejemplo, con la circuncisión.
Si bien Santo Tomás dice que borraba el pecado original no obstante no lo hacía con toda la deuda que se debía pagar por el pecado. Esa es una gran diferencia y vemos cómo se perfecciona entonces en la nueva ley, eso que estaba prefigurado o expresado de algún modo en el Antiguo Testamento. Todos esos ritos que eran emblema, prefiguraban lo que hoy se realiza sacramentalmente y quedan abolidos porque desaparece la figura cuando está la realidad. Válganos un ejemplo aunque imperfecto: ¿de qué nos vale mirar el retrato de una persona que tengo frente a mi cara, faz a faz? Sirve cuando la persona está lejos; pero cuando la tengo presente miro a la persona. La foto sería inútil como lo serían todos aquellos ritos que prefiguraban lo que realizan realmente los siete Sacramentos del Nuevo Testamento que nos imparten la gracia con alguna peculiaridad, con alguna especialidad correspondiente a la necesidad del sacramento en cuestión.
Se le asignó un nombre a Jesús, ya que en el bautismo se da un nombre al niño, que debería ser católico, es decir, que corresponda a un santo para que sea su santo patrón, le guíe y proteja; así, a nuestro Señor se le impuso el nombre de Jesús, Yesua, salud (dador, salvador, el que da la salvación), no la salud como aquel que la recibe sino quien la da; como el origen, el principio de esa salud de donde proviene nuestra salvación. De ahí la correcta traducción de llamar Salvador a nuestro Señor; eso significa Yesua o Jesús y no hay ningún otro nombre bajo el cual el hombre pueda salvarse sino el de Él.
Eso era característico en la Iglesia primitiva. Se bautizaba en el nombre de Jesús para mostrar el valor de ese nombre lo cual ahora sería inválido, pero en aquel entonces por una permisión divina se podía y se bautizaba y, de hecho, así lo hacían los apóstoles; San Pedro primero bautizaba en el nombre de Jesús para mostrar cuán importante era ese divino nombre de nuestro Señor; se bautizaba, pues, en el nombre de la Santísima Trinidad y en el nombre de nuestro Señor. Ahora sería nulo sencillamente porque Dios quiso en un principio mostrar esa relevancia del nombre Salvador de nuestro Señor; permitió por un tiempo bautizar como si fuese la misma fórmula de la invocación de la Santísima Trinidad. Eso nos da una idea, una muestra de la relación que hay con respecto al nombre de nuestro Señor como origen de la salvación de los hombres.
No hay ningún otro nombre por el cual nos podamos salvar. Y muchas veces detrás de esos grandes hombres la humanidad busca la salvación erróneamente, llámese el gran caudillo: Mahoma, Hitler, Mussolini, Franco, como quiera que se llame, buscando, pidiendo la salvación o esperándola de un miserable hombre; igual que cuando la gente atosigada pide la salvación de un ser querido al doctor como si fuese dueño de la vida, a lo que un buen médico respondería: No señor, yo soy simplemente un instrumento, hago lo que puedo; la vida la da Dios y no le puedo garantizar eso, porque yo no soy Dios, mi deber es simplemente coadyuvar a encontrar la salud. Es una muestra del actuar irracional el que esperemos la salvación y la vida de los hombres y no de Dios.
Invoquemos a lo largo de este año que se inicia hoy, pidiéndole a nuestro Señor la salvación nuestra, del mundo y que no la esperemos de ningún otro, y menos del Anticristo que vendrá a suplantar a Cristo dentro de la Iglesia. Debemos estar muy preparados contra ese engaño, contra esa usurpación. El Anticristo se hará pasar por el Cristo, gobernará en nombre de Dios y será el gran perseguidor de la verdadera religión mostrando un falso culto, que ya está instaurado con la nueva misa, con toda la parodia litúrgica de la Iglesia modernista. Eso es un remedo, y el que no lo vea así, que le pida la fe a Dios porque hay que verlo y sentirlo así; es un simulacro de misa, de culto, una profanación gravísima, cultual y religiosa, terrible.
Sobre ese culto ya instaurado irá a pontificar el Anticristo en el nombre de Dios, no lo olvidemos; la Navidad tiene un carácter esjatológico y la prueba está en que la Epístola de hoy bien lo dice: que esperemos el día del Señor. Esas cosas hay que enseñarlas, hablarlas, decirlas; es un deber de los sacerdotes, que si no lo hacen es porque están mal formados, mal orientados, mal ubicados. Hay que alertar, el sacerdote no puede dormirse, tiene que estar vigilante y más en esta época desastrosa en la que faltan verdaderos sacerdotes que sean vigías, que no duerman, que adviertan, que sacudan a la gente para sacarla de ese letargo mortífero, de esa epidemia, de esa insensibilidad, de esa anemia espiritual; para que podamos con fe, con verdadera fe y esperanza permanecer fieles a nuestro Señor Jesucristo, que ha de venir y vendrá como juez; aunque el día y la hora no los sepamos, sí podemos saber su proximidad como cuando está pronto el verano, que lo sabemos cuando comienzan a reverdecer los árboles.
El ejemplo de la higuera que nos da nuestro Señor se aplica a la apostasía que estamos viendo dentro del Vaticano. O, ¿qué se creen?, ¿qué no impera la apostasía en el Vaticano? Eso es evidente, mis estimados hermanos, para todo aquel que tenga un mínimo de fe.
¿Por qué estamos donde estamos?
¿Por qué somos perseguidos? ¿Qué es lo que pasa en el mundo? ¿Qué pasa en la Iglesia? Ocurre que con la televisión, la comodidad y los viajes, se nos hace olvidar lo esencial, como a tontos que con un juguete olvidamos el resto del mundo que nos rodea y sólo nos interesa el juguetito.
Estamos grandes para que nos engañemos con el juguete de la televisión, con el de los placeres, la fornicación, y la pornografía, que no hacen más que envilecernos, estupidizarnos, enceguecernos para que cuando surja alguien que diga la verdad como es, entonces parezca loco. Pues aun a riesgo de parecer loco como Don Quijote, hay que defender el ideal cristiano de la verdad. En eso consiste el verdadero significado del Quijote. Es preferible pasar por demente, que poco importa, o por haber perdido la cordura en nombre de la verdad y el ideal de la justicia de Dios, pues esa sería la locura de la cruz de San Pablo y no andar muy cuerdos con el mundo, que eso hoy sería un signo negativo.
Que la Iglesia y un Papa tengan buena prensa es signo negativo, porque ésta está en manos del demonio, del judaísmo que quiere atacar lo que sea católico, y si no lo agrede y lo alaba es porque ese personaje es todo lo contrario, lo mismo para todo lo que ensalzan los medios de difusión. En cambio, monseñor Lefebvre fue desacreditado y difamado hasta el último momento, condenado por el judaísmo internacional en nombre de los derechos humanos.
No olvidemos todas estas cosas para que permanezcamos fieles; afrontemos este año que ya comenzó, no claudicando a la mitad del camino, y si nos tocara morir, hacerlo de pie, con altura, con honor, en defensa de la verdad, de Cristo Rey y de la Iglesia, la Santa Madre Iglesia.
Pidámosle a nuestra Señora que nos ayude a ver con claridad todas estas cosas y a permanecer fieles a la Santa Iglesia y a nuestro Señor Jesucristo. +
BASILIO MERAMO PBRO.
1 de enero de 2002
domingo, 28 de diciembre de 2014
Domingo de la Intraoctava de Navidad se celebra la Solemnidad de LOS SANTOS INOCENTES MARTIRES
¿Quién en su sano juicio podría pensar que el VERBO DIVINO, consubstancial a la Santísima Trinidad, Omnipotente y Sempiterno "tuviese" que haberse escondido o sentido miedo ante una humana aunque perversa criatura, como Herodes?
La Divina intención que además de patentizar con sangre de mártires su humano advenimiento, en aquel humilde portal de Belén y tras la adoración de los tres sabios de oriente, en su libérrima voluntad también permitió que la corona del martirio fuese ceñida en las sienes de las víctimas de la ambición, temor y brutalidad de Herodes, concediéndole a aquellos a quienes la Una Santa Católica Apostólica y Romana Iglesia, venera en este día, como la corona en aquellos inocentes que dieron sus vidas aun sin su voluntad, como principio del advenimiento de DIOS, hacia este mundo pecador; Y como figura específica de "quienes son como niños es el reino de los cielos", aludiendo exprofeso no a la edad sino a la inocencia, a la humildad, y sobre todo a la caridad; Nadie que no se revista de este vestido permanecerá en las bodas del Cordero, sino que será expulsado y arrojado a las tinieblas eternas, así pues todo falso humilde,. todo falso caritativo, y todo falso inocente, corre el riesgo inminente de ser reconocido por el Pater Familias.
La Divina intención que además de patentizar con sangre de mártires su humano advenimiento, en aquel humilde portal de Belén y tras la adoración de los tres sabios de oriente, en su libérrima voluntad también permitió que la corona del martirio fuese ceñida en las sienes de las víctimas de la ambición, temor y brutalidad de Herodes, concediéndole a aquellos a quienes la Una Santa Católica Apostólica y Romana Iglesia, venera en este día, como la corona en aquellos inocentes que dieron sus vidas aun sin su voluntad, como principio del advenimiento de DIOS, hacia este mundo pecador; Y como figura específica de "quienes son como niños es el reino de los cielos", aludiendo exprofeso no a la edad sino a la inocencia, a la humildad, y sobre todo a la caridad; Nadie que no se revista de este vestido permanecerá en las bodas del Cordero, sino que será expulsado y arrojado a las tinieblas eternas, así pues todo falso humilde,. todo falso caritativo, y todo falso inocente, corre el riesgo inminente de ser reconocido por el Pater Familias.
Mantengamos la lámpara con aceite, pero revestidos para la ocasión, asegurándonos a cada paso, que sea exacto el vestido para las bodas del Cordero, porque así en el cada vez más cercano Retorno de Nuestro Señor JesuCristo, únicamente de los que sean como ellos, será el reino de los cielos, y toda humana dignidad, todo presbiterato o sacerdocio, o toda publicidad serán descubiertos, todo falso resistente o todo falso cristiano será arrojado y echado al fuego.
DE LA CATENA AUREA:
Mt 2, 13-15
Después que ellos se fueron, he
aquí un Angel del Señor apareció en sueños a José, y le dijo: "Levántate y
toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y estáte allí hasta que yo te lo
diga. Porque ha de acontecer que Herodes busque al niño para matarle". Levantándose
José, tomó al niño y a su madre de noche, y se retiró a Egipto. Y permaneció
allí hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que había dicho el
Señor por el Profeta, que dice: De Egipto llamé a mi Hijo. (vv. 13-15)
Mt 2, 16
Entonces Herodes, cuando vio que
había sido burlado por los Magos, se irritó mucho, y enviando hizo matar todos
los niños que había en Belén y en toda su comarca de dos años y abajo, conforme
al tiempo, que había averiguado de los Magos. (v. 16)
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum,
hom. 2
Después que el pequeño Jesús
subyugó a los magos, no con un poder corporal, sino con la gracia del Espíritu,
Herodes se llenaba de furor, porque no había podido conquistar, a pesar del
brillo y esplendor de su trono, a aquéllos a quienes el pequeño Jesús había
deslumbrado recostado en un pesebre. Los desprecios de los magos añadieron
nuevos motivos a su furor, y esto es lo que significan aquellas palabras:
"Entonces Herodes, cuando vio que había sido burlado por los magos, se
irritó mucho". La cólera de los reyes es grande e inextinguible cuando
nace del deseo desordenado de reinar. ¿Pero qué es lo que hizo? Enviando, hizo
matar a todos los niños. A la manera que la bestia herida despedaza todo cuanto
encuentra a su paso creyéndola causa de su daño, así él, engañado por los
magos, descargaba su furor sobre los niños. En medio de su furor pensaba:
"Indudablemente los magos han encontrado al niño que decían había de
reinar", porque un rey lleno de la ambición de reinar, lo sospecha todo y
todo lo teme. Por eso mandó matar a todos los niños, para quitar de en medio a
uno solo por la muerte de todos.
San Agustín, in sermonibus de Epiphania
Y mientras él persigue a
Cristo, rey contemporáneo de este rey perseguidor, le dio un ejército
resplandeciente de mártires.
San Agustín, in sermonibus de Epiphania
Jamás este enemigo terrenal
hubiera podido tributar a estos bienaventurados niños los beneficios que les
tributó con su odio, porque mientras mayor fue el odio con que les persiguió,
más abundante fue la gracia que los beatificó.
S. Agustín, sermones, 373,3
¡Oh bienaventurados niños!
Solamente podrá dudar de la corona que habéis merecido con vuestro martirio por
Cristo, aquel que dude de la gracia que los niños reciben con el bautismo de
Cristo. El que pudo tener ángeles para que lo anunciaran, magos para que lo
adorasen, hubiera podido también arrancarles de esta muerte sufrida por El, si
no hubiese sido porque sabía que esta muerte no era la ruina sino el triunfo de
aquellos niños. Lejos de nosotros el pensar que al venir Cristo para la
salvación del mundo, no hubiera hecho nada para salvar a aquellos que dieron su
sangre por El, que pendiente de un madero rogó por los mismos que lo
crucificaban.
Rábano
Pero Herodes no se contentó con
llenar de luto y desolación a Belén, sino que llevó la muerte a los lugares
vecinos, y sin tener compasión alguna por la tierna edad, hizo matar a todos
los que tenían desde una sola noche de nacidos hasta los que contaban con dos
años. Y esto es lo que se nos quiere decir por estas palabras: "En Belén y
en toda su comarca de dos años y abajo".
San Agustín, in sermonibus de Epiphania
Los magos no habían visto pocos
días antes esta estrella desconocida, sino que hacía dos años, como se deduce
de la respuesta que dieron a Herodes. Por eso este rey hizo matar a todos los
niños de dos o menos años de edad, por eso añade el texto sagrado:
"Conforme al tiempo que había averiguado de los magos".
San Agustín, in sermonibus de Epiphania
Tal vez temía que este niño, a
quien las estrellas obedecían, cambiase su edad para ocultarse y hubiese tomado
la forma de una edad mayor o menor, y por eso parece que mandó matar a todos
los niños de dos años hasta los que sólo tenían un día.
San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,11
Quizá Herodes, embargaba su
pensamiento en matar a los niños, pero por peligros que veía muy de cerca
dilató aquella matanza. O tal vez pudo creer que los magos, engañados por la
apariencia de una falsa estrella, tuvieron vergüenza de volverse a él sin haber
encontrado al niño. Así, depuesto todo temor, Herodes dejó de perseguir al
niño, y de esta manera, cumplidos los días de la purificación, sus padres
pudieron con toda tranquilidad subir al Templo 1. ¿A quién
puede extrañar que un rey ocupado en tantas cosas no advirtiese este
acontecimiento? Y sólo más tarde, cuando se divulgó todo lo que había
acontecido en el Templo, Herodes comprendió que había sido engañado por los
magos. Entonces fue cuando comenzó la matanza de tantos niños, como refiere el
evangelista.
Beda, homilia in Nat. innocent
La muerte de estos niños fue
una profecía del sacrificio de todos los mártires de Cristo. Este martirio de
niños nos enseña que por la humildad es por donde se consigue la gracia del
martirio. El martirio, que se extiende desde Belén a todas las cercanías, prefigura la
persecución que desde Judea, cuna de la Iglesia, debía extenderse por toda la
tierra. Los mártires de dos años representan a los mártires perfectos en la
doctrina y en las obras; los de menos de dos años, a las almas sencillas que
sufren por la fe. Que ellos fuesen sacrificados y que Cristo escapase de manos
de sus perseguidores, nos enseña que los impíos pueden hacer perecer los
cuerpos de los mártires, pero no separarlos de Cristo.
Notas
1. Los
Evangelios no son historias biográficas a las exigencias del estilo moderno.
Así, no todo aparece en clara secuencia. El p. Reboli en su comentario destaca
que hay cuatro posiciones frente a la fecha en que los magos llegaron a
Jerusalén. 1) Poco después del nacimiento del Señor y antes del rito de la
Purificación. 2) Después de la Presentación en el Templo. 3) Dos años después
del nacimiento. 4) Un año después. "Lo más probable es que los magos
vinieron después de la presentación ", dice.
Mt 2, 17-18
Entonces fue cumplido lo que se
había dicho por Jeremías el Profeta, que dice: Voz fue oída en Ramá, lloro y
mucho lamento. Raquel llorando sus hijos, y no quiso ser consolada, porque no
son. (vv. 17-18)
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 9
Después de habernos llenado de
horror con la narración de tan sangriento martirio, el evangelista, para calmar
un tanto esta desagradable impresión, nos manifiesta que todas estas cosas no
sucedieron porque Dios no pudiera impedirlo o porque las ignorase, sino según
lo había anunciado por boca de su profeta. Por ello dice: "Entonces fue
cumplido".
San Jerónimo, in Ieremiam, 31,15
San Mateo no refiere este
pasaje conforme al texto hebreo, o conforme a los Setenta, lo cual prueba que
los evangelistas y los apóstoles no siguieron la interpretación de nadie sino
que expresaron, como hebreos que eran y en su misma lengua, lo que según ellos
contenía el texto hebreo 1.
San Jerónimo, in Matthaeum
No debemos tomar a Ramá 2 por el
nombre del lugar que se encuentra cerca de Gueba. Ramá quiere decir alto, como si dijera: "Voz fue oída en lo
alto", es decir, desde muy lejos.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum,
hom. 2
Tal vez porque se trataba de la
muerte de los inocentes, se dice que se oía en las alturas conforme a aquellas
palabras: "La voz del pobre penetra las nubes" ( Eclo 35,21). La palabra lloro, significa el llanto de los niños, y lamento, los lamentos de las madres. El dolor de los
niños acaba con la muerte, pero el de las madres se renueva siempre con la
memoria. Por eso dice: "mucho lamento. Raquel llorando sus hijos".
San Jerónimo, in Matthaeum
Habiendo nacido Benjamín de
Raquel, a cuya tribu no corresponde Belén, podría preguntarse por qué Raquel
lloraba como a sus propios hijos a los hijos de Judá, esto es, a los de Belén.
A esto podría responderse brevemente que fue enterrada cerca de Belén, en
Efratá, y tomó el nombre de madre del lugar donde descansaban sus restos. O
que, siendo Judá y Benjamín dos tribus unidas, y habiendo mandado Herodes dar
muerte a los niños no sólo de Belén sino de todos sus confines, el hablar de la
matanza en Belén, puede entenderse que también fueron sacrificados muchos niños
de la tribu de Benjamín.
Ambrosiaster, quaestiones Novi et Veteri
Testamenti, q. 62
O por último, que los hijos de
Benjamín, destruidos en otro tiempo por las demás tribus y extinguidos para
siempre, fueron objeto del llanto de Raquel al contemplar la suerte de los
hijos de su hermano, muertos para heredar la vida eterna. Siempre el
infortunado lamenta sus propias desgracias en presencia de la felicidad ajena.
Remigio
Para pintar el evangelista con
colores más vivos la magnitud del dolor, dijo que aun después de muerta Raquel
había llorado a sus hijos y no quiso ser consolada porque ya no son.
San Jerónimo, in Matthaeum
Esto puede tener dos sentidos:
o bien que ella los creía muertos para siempre, o bien que no quería recibir
consuelo de aquellos que sabía que habían de ser vencedores. Así, el sentido de
las palabras: "No quiso ser consolada porque no son", es éste: no
quiso ser consolada de que no existiesen.
San Hilario, in Matthaeum, 1
No es cierto que hubiesen
dejado de existir aquellos que se tenían por muertos. La gloria del martirio
los había transportado a la vida de la eternidad. Debía, pues, ofrecerse
consuelo por una cosa perdida, no por una cosa acrecentada. Raquel era la
figura de la Iglesia, por mucho tiempo estéril y ahora fecunda; no gime y llora
por los hijos que le han arrebatado, sino porque le han arrebatado a los que
ella hubiera querido conservar como a hijos suyos muy queridos.
Rábano
Puede también significar a la
Iglesia que llora a los santos muertos a este mundo. Y no desea ser consolada
como si los que vencieron al mundo con la muerte fueran a ser llamados de nuevo
a los mismos combates, porque ciertamente no han de volver al mundo.
La glosa
Tal vez no quiera ser consolada
en este mundo porque no son, y pone todo su consuelo y su esperanza en la vida
eterna.
Rábano
Raquel -cuyo nombre significa oveja, o el que ve-, es figura de la Iglesia, cuyo
único deseo es contemplar a Dios. Es también la centésima oveja que el pastor
lleva sobre sus hombros.
Notas
1. La
posición de San Jerónimo, que escribía en el siglo IV, en extremo sensible
respecto del texto de la versión hebrea es bien conocida. Sin embargo, no fue
compartida por muchos Padres. Desde la hodierna crítica neotestamentaria, el p.
Pierre Benoit, O.P., concluye: "El Nuevo Testamento sigue la mayoría de
las veces a los Setenta sin preocuparse del hebreo; e incluso cuando hay
divergencia substancial, no vacila en apoyarse en el griego en una
argumentación de alcance dogmático. En realidad, la situación es compleja. Los
autores neotestamentarios recurren a veces al texto hebreo; así un determinado
estrato de Mateo. Con frecuencia citan de una manera bastante libre, que no es
idéntica ni al hebreo ni al griego; así Pablo. En conjunto, adoptan más bien
los Setenta como texto que goza de autoridad desde el comienzo de la
Iglesia".
2. Ramá es
el nombre propio de una villa que se encuentra a 8 km. al norte de Jerusalén
donde se habían reunido los que habrían de ser exiliados después del triunfo de
Nabucodonosor. Raquel había sido enterrada no lejos de Belén. Según el sentido
típico, Raquel una segunda vez llora amargamente, en esta ocasión por las
inocentes víctimas de Herodes. (Reboli.)
Alberto González
MARANATHA.
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