San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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miércoles, 11 de febrero de 2026

Conmemoración de Nuestra Señora de Lourdes

 

SU FESTIVIDAD ES EL 11 DE FEBRERO

3


 Del 11 de febrero al 16 de julio de 1858 plugo a la Bienaventurada Virgen María manifestarse a una joven piadosa y pura, nacida en una familia probada por la pobreza.

En Lourdes, la Santísima Virgen hizo de Bernardita su confidente, su colaborada, instrumento de su maternal ternura y de la misericordia divina.

La gruta de Massabielle era misteriosa, con leyendas siniestras. El bloque cuadrangular que se ve en el nicho es muy probable que sea una antigua piedra sacrificial, esculpida para los sacrificios paganos. San Pablo dice de éstos: “lo que ellos inmolan a los ídolos, lo inmolan a los demonios”. Por lo tanto, dicha piedra confirma la sentencia del Génesis: Ella te aplastará la cabeza.

La grutita de Lourdes, antiguo feudo del demonio, fue conquistada por la Inmaculada; allí proclamó su título de gloria: Yo Soy la Inmaculada Concepción.

Las 18 apariciones en Lourdes aparecen dispuestas providencialmente en un orden armonioso y simétrico. El cuerpo central, constituido por 14 apariciones, va precedido de una introducción (11 y 14 de febrero) y seguido de un epílogo (7 de abril y 16 de julio), las cuatro silenciosas.

El cuerpo central se compone de una convocatoria (18 de febrero), 12 apariciones casi seguidas (19, 20, 21, 23, 24, 25, 27 y 28 de febrero; y 1, 2, 3 y 4 de marzo) y una conclusión (25 de marzo).

Nada más sencillo que este mensaje de la Señora de Lourdes; consta apenas de algunas frases, una docena, poco más o menos. Sin embargo, su relación con el mensaje mismo del Evangelio y de la Iglesia es tan profunda que se le hace inseparable.

Consideremos, pues brevemente este anuncio de María Inmaculada en Lourdes.

La introducción o preparación se compone de las dos primeras apariciones silenciosas, inundadas sólo por la luz y la sonrisa de la Señora.

Para Bernardita tienen un valor educativo; para nosotros guardan, en forma visible, una profunda lección sobre el sentido de Dios, la oración de alabanza a la Santísima Trinidad, el valor del signo de la Cruz y el de los Sacramentales, especialmente el Agua Bendita.

El jueves 11 de febrero, Bernardita ve en la oquedad de la gruta a una joven, no más alta que ella, envuelta en un halo luminoso, vestida de blanco, ceñida de azul, con los desnudos pies cubiertos con dos rosas de oro y en las manos sosteniendo un Rosario.

El domingo 14 de febrero la Señora vuelve a aparecerse. Bernardita avanza unos pasos hacia ella y le grita: “Si viene de parte de Dios, ¡quédese!”, y rocía la roca con Agua Bendita. La Señora, por toda respuesta sonríe y se queda.

El jueves 18 de febrero tiene lugar la convocatoria: “¿Quieres tener la gentileza de venir aquí durante quince días?” Bernardita responde: “Volveré cuando haya pedido permiso a mis padres”.

La Señora añade: “No prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro”.

En Fátima dirá a Lucía: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hacia Dios”.

Nuestra Señora habla claramente; no hace promesas temporales; sus palabras tienen en timbre y el tono de las Bienaventuranzas Evangélicas. Con una lucidez maravillosa, Bernardita conservará esta promesa de María Santísima y hará de ella un principio fundamental de su vida: “No espero ningún beneficio en esta vida”.

El viernes 19 de febrero hubo una reacción del demonio. Se escucharon voces horrendas y aullidos como de horda; la sonrisa de la Señora desapareció; una voz horrible gritó: “¡Vete! ¡Márchate!”; la Señora dirigió su mirada hacia el lugar de donde partía la infernal gritería, que al instante se apagó.

Durante el regreso de la aparición del sábado 20 de febrero Bernardita dijo que la Señora le había enseñado palabra por palabra una oración para ella sola, que tendría que rezar todos los días.

El domingo 21 de febrero comienzan las cinco apariciones en que María Santísima habla y pide penitencia. Bernardita declaró ese día que “la Señora, apartando de mí un instante su mirada, la dirigió a lo lejos, sobre mi cabeza, y en seguida, volviéndola hacia mí, me dijo: Ruega a Dios por los pecadores«.

El martes 23 de febrero sería el día de la manifestación de los tres secretos que la Señora confió a Bernardita.

El miércoles 24 de febrero, los que estaban cerca de la vidente pueden oír de sus labios temblorosos un nuevo capítulo del mensaje: “¡Penitencia!… ¡Penitencia!… ¡Penitencia!…”

El jueves 25 de febrero tuvo lugar un episodio central en las apariciones de Lourdes: el nacimiento de la fuente milagrosa.

El agua que brotó el escarbar Bernardita llegó a ser fuente abundante: 100.000 litros diarios. Es el agua milagrosa en la cual muchos han obtenido su curación. Sin embargo, la fuente tiene un simbolismo mucho más profundo: la Santísima Virgen dijo a Bernardita “Id a beber a la fuente”; y en la Sagrada Escritura la “fuente” significa Jesús, y más exactamente su costado abierto, su Sagrado Corazón.

El sábado 27 de febrero la Señora da la orden a Bernardita de “Besar la tierra en penitencia por los pecadores”. Luego la vidente bebió de la fuente milagrosa y se lavó en ella.

El domingo 28 de febrero, ante las insistencias del Párroco Peyramale, que había exigido a Bernardita que pidiese a la Señora su nombre, la Virgen contesta sólo con una sonrisa.

El lunes 1º de marzo, en presencia de su propio padre que asiste por primera vez, Bernardita reza en Rosario con el que le había dado Paulina Sans, que no podía asistir. Sin embargo, la Señora le manda usar el suyo, más pobre. Fue una lección de pobreza y humildad.

El martes 2 de marzo comienza la misión de Bernardita. La Señora le dice: “Ve a decir a los sacerdotes que hagan construir aquí una capilla”; y le añade su deseo: “Que se venga aquí en procesión”.

El miércoles 3 de marzo la Señora no se presenta por la mañana. Bernardita acude nuevamente por la tarde y luego explica la razón que le ha dado la misma Virgen: “Esta mañana no me has visto porque había personas que deseaban ver la compostura que adoptarías en mi presencia y eran indignas de ello: han pasado la noche en la gruta y la han profanado”.

El jueves 4 de marzo termina la quincena con el éxtasis más largo de Bernardita, que recita tres Rosarios con intervalos en los que penetra en la gruta.

A partir de ese día comienzan a aparecer velas, flores y grabados en la gruta; los visitantes rezan, besan la tierra y se llevan botellas y barriles del agua milagrosa.

El jueves 25 de marzo la Señora desciende del nicho en que ordinariamente se ha aparecido y se sitúa junto a la fuente milagrosa.

La vidente se dirige hacia Ella y le pregunta su nombre. Una sonrisa y un saludo son la respuesta.

Insiste de nuevo la niña, y la Señora vuelve a sonreír.

Tercera insistencia de la vidente, y llega el momento supremo del mensaje, el que le da su fuerza y su verdad, el que desvela su misterio y lo hace luz y vida para los hombres…

La Señora abre sus brazos, los deja caer un tanto, los eleva luego juntando las manos a la altura del pecho y, después de haber mirado al Cielo, pronuncia la ansiada palabra: Yo Soy la Inmaculada Concepción.

Sonríe y desaparece.

Se ha descubierto el centro del mensaje; el Nombre de la Señora ha establecido inmediatamente una corriente de relación entre Lourdes y Roma, entre la Virgen y la Iglesia.

La Señora ha terminado se mensaje; no dirá una palabra más. Ella es la Mujer que aplasta la cabeza de la serpiente infernal, la Mujer revestida del sol.

El miércoles 7 de abril tiene lugar un hecho prodigioso: Bernardita está en éxtasis y el cirio encendido que tiene en sus manos resbala poco a poco hasta quedarle la llama en el hueco de la mano, lamiéndole los dedos y pasando, movediza e impalpable, entre ellos, sin causarle el mínimo daño. Cuando el médico que observada el prodigio quiso repetir la experiencia en la niña después del éxtasis, ésta se quejó inmediatamente del dolor.

El viernes 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, Bernardita que lleva su Escapulario ve por última vez a la Santísima Virgen durante apenas un cuarto de hora; confesará después: “Nunca la había visto tan hermosa”.

Aquella visión de hermosura inigualada en día del Carmen fue el sabor último que María Inmaculada quiso dejar a su vidente para que en el resto de sus días la nostalgia del Paraíso la consumiese en breve.

Las apariciones en Lourdes habían terminado, y su mensaje, esculpido en las rocas pirenaicas, quedaba allí perenne para lección de las generaciones.

Querido lector, como sabrás, en las 18 apariciones la Virgen se posa sobre un rosal salvaje, sobre cada uno de sus pies lleva una rosa y en sus manos porta el Rosario. Santa Bernardita recitó durante cada aparición el Salterio de María, mientras la Señora iba pasando las cuentas del suyo, pero sin mover los labios; solamente al fin de cada decena recitaba visiblemente el Gloria Patri, inclinando la cabeza.

Dos son, pues, las principales armas que nos proporciona Nuestra Señora de Lourdes: el Santo Rosario y el Santo Escapulario. Si has comprendido este mensaje, ya sabes lo que desea tu Madre del Cielo y lo que tú debes hacer.

lunes, 8 de diciembre de 2025

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

    


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001

martes, 11 de febrero de 2025

Conmemoración de Nuestra Señora de Lourdes

SU FESTIVIDAD ES EL 11 DE FEBRERO

3


 Del 11 de febrero al 16 de julio de 1858 plugo a la Bienaventurada Virgen María manifestarse a una joven piadosa y pura, nacida en una familia probada por la pobreza.

En Lourdes, la Santísima Virgen hizo de Bernardita su confidente, su colaborada, instrumento de su maternal ternura y de la misericordia divina.

La gruta de Massabielle era misteriosa, con leyendas siniestras. El bloque cuadrangular que se ve en el nicho es muy probable que sea una antigua piedra sacrificial, esculpida para los sacrificios paganos. San Pablo dice de éstos: “lo que ellos inmolan a los ídolos, lo inmolan a los demonios”. Por lo tanto, dicha piedra confirma la sentencia del Génesis: Ella te aplastará la cabeza.

La grutita de Lourdes, antiguo feudo del demonio, fue conquistada por la Inmaculada; allí proclamó su título de gloria: Yo Soy la Inmaculada Concepción.

Las 18 apariciones en Lourdes aparecen dispuestas providencialmente en un orden armonioso y simétrico. El cuerpo central, constituido por 14 apariciones, va precedido de una introducción (11 y 14 de febrero) y seguido de un epílogo (7 de abril y 16 de julio), las cuatro silenciosas.

El cuerpo central se compone de una convocatoria (18 de febrero), 12 apariciones casi seguidas (19, 20, 21, 23, 24, 25, 27 y 28 de febrero; y 1, 2, 3 y 4 de marzo) y una conclusión (25 de marzo).

Nada más sencillo que este mensaje de la Señora de Lourdes; consta apenas de algunas frases, una docena, poco más o menos. Sin embargo, su relación con el mensaje mismo del Evangelio y de la Iglesia es tan profunda que se le hace inseparable.

Consideremos, pues brevemente este anuncio de María Inmaculada en Lourdes.

La introducción o preparación se compone de las dos primeras apariciones silenciosas, inundadas sólo por la luz y la sonrisa de la Señora.

Para Bernardita tienen un valor educativo; para nosotros guardan, en forma visible, una profunda lección sobre el sentido de Dios, la oración de alabanza a la Santísima Trinidad, el valor del signo de la Cruz y el de los Sacramentales, especialmente el Agua Bendita.

El jueves 11 de febrero, Bernardita ve en la oquedad de la gruta a una joven, no más alta que ella, envuelta en un halo luminoso, vestida de blanco, ceñida de azul, con los desnudos pies cubiertos con dos rosas de oro y en las manos sosteniendo un Rosario.

El domingo 14 de febrero la Señora vuelve a aparecerse. Bernardita avanza unos pasos hacia ella y le grita: “Si viene de parte de Dios, ¡quédese!”, y rocía la roca con Agua Bendita. La Señora, por toda respuesta sonríe y se queda.

El jueves 18 de febrero tiene lugar la convocatoria: “¿Quieres tener la gentileza de venir aquí durante quince días?” Bernardita responde: “Volveré cuando haya pedido permiso a mis padres”.

La Señora añade: “No prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro”.

En Fátima dirá a Lucía: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hacia Dios”.

Nuestra Señora habla claramente; no hace promesas temporales; sus palabras tienen en timbre y el tono de las Bienaventuranzas Evangélicas. Con una lucidez maravillosa, Bernardita conservará esta promesa de María Santísima y hará de ella un principio fundamental de su vida: “No espero ningún beneficio en esta vida”.

El viernes 19 de febrero hubo una reacción del demonio. Se escucharon voces horrendas y aullidos como de horda; la sonrisa de la Señora desapareció; una voz horrible gritó: “¡Vete! ¡Márchate!”; la Señora dirigió su mirada hacia el lugar de donde partía la infernal gritería, que al instante se apagó.

Durante el regreso de la aparición del sábado 20 de febrero Bernardita dijo que la Señora le había enseñado palabra por palabra una oración para ella sola, que tendría que rezar todos los días.

El domingo 21 de febrero comienzan las cinco apariciones en que María Santísima habla y pide penitencia. Bernardita declaró ese día que “la Señora, apartando de mí un instante su mirada, la dirigió a lo lejos, sobre mi cabeza, y en seguida, volviéndola hacia mí, me dijo: Ruega a Dios por los pecadores«.

El martes 23 de febrero sería el día de la manifestación de los tres secretos que la Señora confió a Bernardita.

El miércoles 24 de febrero, los que estaban cerca de la vidente pueden oír de sus labios temblorosos un nuevo capítulo del mensaje: “¡Penitencia!… ¡Penitencia!… ¡Penitencia!…”

El jueves 25 de febrero tuvo lugar un episodio central en las apariciones de Lourdes: el nacimiento de la fuente milagrosa.

El agua que brotó el escarbar Bernardita llegó a ser fuente abundante: 100.000 litros diarios. Es el agua milagrosa en la cual muchos han obtenido su curación. Sin embargo, la fuente tiene un simbolismo mucho más profundo: la Santísima Virgen dijo a Bernardita “Id a beber a la fuente”; y en la Sagrada Escritura la “fuente” significa Jesús, y más exactamente su costado abierto, su Sagrado Corazón.

El sábado 27 de febrero la Señora da la orden a Bernardita de “Besar la tierra en penitencia por los pecadores”. Luego la vidente bebió de la fuente milagrosa y se lavó en ella.

El domingo 28 de febrero, ante las insistencias del Párroco Peyramale, que había exigido a Bernardita que pidiese a la Señora su nombre, la Virgen contesta sólo con una sonrisa.

El lunes 1º de marzo, en presencia de su propio padre que asiste por primera vez, Bernardita reza en Rosario con el que le había dado Paulina Sans, que no podía asistir. Sin embargo, la Señora le manda usar el suyo, más pobre. Fue una lección de pobreza y humildad.

El martes 2 de marzo comienza la misión de Bernardita. La Señora le dice: “Ve a decir a los sacerdotes que hagan construir aquí una capilla”; y le añade su deseo: “Que se venga aquí en procesión”.

El miércoles 3 de marzo la Señora no se presenta por la mañana. Bernardita acude nuevamente por la tarde y luego explica la razón que le ha dado la misma Virgen: “Esta mañana no me has visto porque había personas que deseaban ver la compostura que adoptarías en mi presencia y eran indignas de ello: han pasado la noche en la gruta y la han profanado”.

El jueves 4 de marzo termina la quincena con el éxtasis más largo de Bernardita, que recita tres Rosarios con intervalos en los que penetra en la gruta.

A partir de ese día comienzan a aparecer velas, flores y grabados en la gruta; los visitantes rezan, besan la tierra y se llevan botellas y barriles del agua milagrosa.

El jueves 25 de marzo la Señora desciende del nicho en que ordinariamente se ha aparecido y se sitúa junto a la fuente milagrosa.

La vidente se dirige hacia Ella y le pregunta su nombre. Una sonrisa y un saludo son la respuesta.

Insiste de nuevo la niña, y la Señora vuelve a sonreír.

Tercera insistencia de la vidente, y llega el momento supremo del mensaje, el que le da su fuerza y su verdad, el que desvela su misterio y lo hace luz y vida para los hombres…

La Señora abre sus brazos, los deja caer un tanto, los eleva luego juntando las manos a la altura del pecho y, después de haber mirado al Cielo, pronuncia la ansiada palabra: Yo Soy la Inmaculada Concepción.

Sonríe y desaparece.

Se ha descubierto el centro del mensaje; el Nombre de la Señora ha establecido inmediatamente una corriente de relación entre Lourdes y Roma, entre la Virgen y la Iglesia.

La Señora ha terminado se mensaje; no dirá una palabra más. Ella es la Mujer que aplasta la cabeza de la serpiente infernal, la Mujer revestida del sol.

El miércoles 7 de abril tiene lugar un hecho prodigioso: Bernardita está en éxtasis y el cirio encendido que tiene en sus manos resbala poco a poco hasta quedarle la llama en el hueco de la mano, lamiéndole los dedos y pasando, movediza e impalpable, entre ellos, sin causarle el mínimo daño. Cuando el médico que observada el prodigio quiso repetir la experiencia en la niña después del éxtasis, ésta se quejó inmediatamente del dolor.

El viernes 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, Bernardita que lleva su Escapulario ve por última vez a la Santísima Virgen durante apenas un cuarto de hora; confesará después: “Nunca la había visto tan hermosa”.

Aquella visión de hermosura inigualada en día del Carmen fue el sabor último que María Inmaculada quiso dejar a su vidente para que en el resto de sus días la nostalgia del Paraíso la consumiese en breve.

Las apariciones en Lourdes habían terminado, y su mensaje, esculpido en las rocas pirenaicas, quedaba allí perenne para lección de las generaciones.

Querido lector, como sabrás, en las 18 apariciones la Virgen se posa sobre un rosal salvaje, sobre cada uno de sus pies lleva una rosa y en sus manos porta el Rosario. Santa Bernardita recitó durante cada aparición el Salterio de María, mientras la Señora iba pasando las cuentas del suyo, pero sin mover los labios; solamente al fin de cada decena recitaba visiblemente el Gloria Patri, inclinando la cabeza.

Dos son, pues, las principales armas que nos proporciona Nuestra Señora de Lourdes: el Santo Rosario y el Santo Escapulario. Si has comprendido este mensaje, ya sabes lo que desea tu Madre del Cielo y lo que tú debes hacer.

viernes, 8 de diciembre de 2023

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

   


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001

jueves, 8 de diciembre de 2022

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001

miércoles, 8 de diciembre de 2021

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001