San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












Website counter Visitas desde 27/06/10



free counters



"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





Link para escuchar la radio aqui

Mostrando entradas con la etiqueta P. Julio Meinvielle. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta P. Julio Meinvielle. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de marzo de 2017

NIMIO DE ANQUÍN GNÓSTICO HEGELIANO Escrito del P. Basilio Méramo

El filósofo cordobés, de Córdoba La Docta, considerado como uno de los más grandes  filósofos de la Argentina, si no el más grande, para asombro de muchos, no superó si nos atenemos a la clasificación que Santo Tomás hace considerando tres categorías, la de los más rudos que no transcendían de la materia; los que, como Platón y Aristóteles, no superaban la formalidad de la substancia, y la de los que llegaron a considerar el ente (ens) como ente (ens ut ens). Así se expresa el Doctor Angélico en la Suma Teológica: “Los antiguos filósofos paulatinamente, y casi paso a paso, entraron en el conocimiento de la verdad. Al principio, en efecto, casi eran rudos, no estimaban que los entes sean sino los cuerpos sensibles. (…) Los que vinieron después distinguieron intelectualmente entre forma substancial y materia, la cual sostenían que era increada; y percibieron que la transmutación en los cuerpos se hace según las formas esenciales, (…) como Aristóteles, o las ideas, como Platón. De ambas partes, por consiguiente, consideraban el ente particularmente bajo cierta consideración, o en cuanto este ente, o en cuanto tal ente. Y así asignaron causas agentes particulares en las cosas.

Posteriormente surgieron algunos que consideraron el ente en cuanto es ente; y consideraron la causa de las cosas, no únicamente según son esta o tal cosa, sino según son entes”. (S.Th. I, q.44, a.2).

Luego queda claro que los dos máximos exponentes de la filosofía griega: Platón y Aristóteles no llegaron a la consideración metafísica del ente en cuanto ente, se quedaron en el orden esencial de la forma substancial, es decir en el por qué las cosas son tales o cuales en su naturaleza o esencia, pero no por qué las cosas son.

La clasificación hecha por Santo Tomás de Aquino de filósofo de segundo orden de aquel que no llega al nivel metafísico del ente en cuanto tal, le cae a Nimio de Anquín, ya que este no reconocía más filosofía que la de los griegos, con quienes culminaba.

Con Aristóteles queda concluida toda la filosofía, todo lo que viene después es episódico, según de Anquín: “Aristóteles será el último de la serie y el último de los filósofos constructores. En filosofía todo lo que viene después de Aristóteles es episódico” y más adelante repite: “Después de Aristóteles, la filosofía del Ser no avanza un paso”. (De las Dos Inhabitaciones en el Hombre, ed. Universidad Nacional de Córdoba 1971, p.32-34).

Así que la insuperable síntesis metafísica de toda la filosofía de Santo Tomás, como lo reconoce y afirma el P. Julio Meinvielle: “Santo Tomás va a producir una síntesis inédita, la culminación de todo el pensamiento anterior y la más grande realización del pensamiento cristiano”, (De la Cábala al Progresismo, ed Calchaquí, Salta 1970, p. 221), no cuenta, es nada, pura basura, para el “docto” de La Docta, el “Nimio”, que como el término lo indica significó, inicialmente, demasiado - mucho, pero hoy pasa a significar todo lo contrario, pequeño - insignificante.

Para el “Nimio”, que sin llegar a Aquino, se quedó agotado en Anquín, a medio camino con Aristóteles, en quien se agota el pensamiento, tal como lo reconoce:“Estaban ya agotadas las posibilidades del pensamiento racional, es decir, habían terminado con Aristóteles, que hizo la síntesis magna y definitiva. No era posible avanzar un paso más, porque la especulación era estéril en la investigación e inútil en el ejercicio”. (De las Dos Inhabitaciones… p.41).

Nimio de Anquín nació 2400 años tarde, fue un griego del siglo de Alejandro Magno que nació tardíamente, esa fue su tragedia filosófica existencial irremediable, además de su paso por Alemania, donde fue a estudiar becado. Por eso no le queda más que alinearse junto a Hegel para no quedar tan solo en el aire.

No es de asombrarse que de Anquín se haya estancado en Aristóteles, pues para él la  síntesis máxima y definitiva de la filosofía la hizo el Estagirita al haberla llevado a su cúspide, y por eso no entendió ni podía entender jamás la analogía del ser (del ente) ni el acto de ser (del esse ut actus essendi) - que no es la existencia - ni la noción del ser participado (ens per participationem) ni del ente por esencia (ens per essentiam) ni del ser subsistente por sí mismo (esse ipsum subsistens) ni de la distinción real de esse y esencia ni de la diremptio (distancia infinita y caída ontológica, diferencia metafísica radical) ni de la causalidad transcendental y predicamental y se quedó con la noción intuitiva,
unívoca y tautológica del ser (ente), no le quedaba otra salida que ir a parar en Hegel, dada la continuidad lógica que hay entre Hegel y Aristóteles, en quienes el ente se resuelve en la substancia intelectual pura (Esse ipsum intelligens) - al igual que un Juan de Santo Tomás para colmo - en contraposición con la Plenitud de Ser Subsistente (Esse ipsum subsistens-Esse per suam essentiam) de Santo Tomás de Aquino.

Nimio de Anquín se quedó en la inmanencia del ser (ente), nunca comprendió la transcendencia del ser (ente). La concepción unívoca, inmanente e intuitiva del ser, le hacía concebir que los seres son una manifestación del ser en el más riguroso sentido del monismo filosófico, dice así: “Desde luego afirmaremos que la presencia del Ser es natural en la conciencia del hombre”. (Ibídem, p.8), “somos porque somos, somos porque somos seres, porque somos entes del Ser”, “El hombre es un ser, el hombre es porque es un ser, o el hombre es un ente porque es un ente del Ser. Esto podría resultar una tautología, pero ser ente del Ser significa ser una manifestación del Ser”, señalando que: “todo el pensar griego es tautológico porque es inmanente”. (Ibídem, p. 8-9).

Lo primero que cae en el intelecto no es como cree de Anquín la noción del Ser absoluto y eterno, esto es puro ontologismo o innatismo de las ideas al mejor estilo de uno de los padres de la filosofía moderna, Descartes.

Lo primero que concibe el intelecto humano, que no tiene como los ángeles el conocimiento intuitivo por las ideas innatas, es el ente como dice Santo Tomás: “Lo primero que cae en la concepción del intelecto es el ente” (S. Th. I, q.5, a.2), “Lo primero que cae en la aprehensión es el ente, cuyo concepto está incluido en todas las cosas que el intelecto aprehende” (S. Th.I-II, q.94, a.2). Así todo lo que se conoce, intelige o se aprehende por el intelecto, se hace bajo la noción del ente, el ente común (ens commune), no del Ser absoluto como pretende de Anquín junto con Descartes, ni como con este último, lo esgrime la filosofía moderna.

De Anquín comienza mal desde el punto de partida, sin la noción previa del ente nada concebir. El ente es el punto de partida sin el cual no se puede pensar, esto es lo que la filosofía moderna, desde Descartes hasta Hegel no ha visto, pues hace del pensamiento el punto de partida, cuando es exactamente lo contrario. No hay pensamiento sin el ente, que es lo primero que el entendimiento concibe y bajo el cual todo se incluye.

Por no entender esto Nimio de Anquín dice: “pues pensar y Ser es lo mismo”. (De las Dos Inhabitaciones…, p. 13), al igual que Hegel. De qué nos vamos a extrañar entonces cuando también dice: “Hegel, sin cuya presencia hubiéramos seguido durmiendo beatíficamente en el dualismo más obscuro”. (Ibídem, p. 59). Hegel es el gran restaurador de la filosofía griega, del Ser absoluto, para Nimio de Anquín: “(…) la filosofía del Ser eterno restaurada por el idealismo alemán y personalmente por Hegel”. (Ibídem, p. 50-51), más claro no lo puede decir. Es sabido que la filosofía moderna, así como su culmen y máximo representante, Hegel, es gnóstico-cabalística en su fondo, basta leer el libro De la Cábala al Progresismo del P. Meinvielle para darse cuenta. Así dice: “De aquí que estudiar el ateísmo de la filosofía moderna, es estudiar la inmanencia de Dios en el hombre y por lo mismo la divinización del hombre. Estudiar el principio de la inmanencia equivale por lo mismo a estudiar el ateísmo de la filosofía moderna y la divinización de la creatura”. (Ibídem, p.267).

Si además dice claramente el P. Meinvielle que: “El verdadero autor de la corriente ateísta del siglo XIX es Hegel; quien por vez primera habla de la muerte de Dios” (Ibídem, p.276), ¿qué deberíamos pensar, entonces, de Nimio de Anquín si no otro tanto?, o sea que es un gnóstico igual que Hegel, de quien el P. Meinvielle dice una vez más: “Hemos mostrado en el capítulo nueve cómo Hegel es un autor típicamente gnóstico. El famoso sistema no es sino una gnosis con el vocabulario de la filosofía alemana”. (Ibídem, p.300).

Se queda Nimio de Anquín en la esfera del formalismo esencialista dentro del cual la forma es el acto puro, el ser puro: “La forma es la inteligibilidad máxima y la materia es la inteligibilidad mínima. (...) el proceso se extiende de una inteligibilidad mínima a una inteligibilidad máxima absoluta. Y así, de ese modo, se llega a la conclusión rigurosa de que el Ser es el Acto puro y la Forma pura”. (Ibídem, p.34). No tiene ni la menor idea de que el esse es la forma de las formas y el acto de los actos y la perfección de las perfecciones tal como enseña Santo Tomás, y que sin embargo la gran mayoría de sus discípulos lamentablemente ignora.

Veamos algunos textos del Angélico que evidencian la supina ignorancia de Nimio de Anquín en filosofía: “El esse es la actualidad de toda forma o naturaleza”. (S.Th. I, q.3, a.4).

“El esse es la actualidad de todas las cosas e incluso de las mismas formas” (S. Th. q.4, a.1, ad 3). “El esse es la actualidad de todo acto”.(De Pot. q.7, a.2, ad 9). “El esse es entre todas las cosas lo perfectísimo”. De Pot. q.7, a. 2, ad 9). “Aquello que es máximamente formal, es el esse mismo” (S. Th. I, q.7, a. 1). “Nada es más formal y simple que el esse”. (C. G. I, c.23, Ipsum). “El esse es la actualidad de la sustancia o esencia”. (S. Th. q.54, a.1).

Por absurdo que parezca, para de Anquín el Ser es múltiple: “El Ser es, pues, de acuerdo a nuestra indagación, inmanente, inmóvil, uno, todo, eterno, ingenerado, inteligible, múltiple, necesario”. (Ibídem, p.29). Para entender esto hay que verlo bajo la óptica de la gnosis judía, la cábala, cuando habla del En-Sof o Ein-Sof (ein=nada, sin; sof=límite, fin), luego sin límite, ilimitado, sin determinación, indeterminado, sin fin=infinito, lo absoluto (plenitud de indeterminación, pleroma de la divinidad) que siendo uno en su nada indeterminada e infinita, sin límites; a su vez, es múltiple en sus Sefirot (esplendores, manifestaciones). En definitiva, el En-Sof es la plenitud absoluta indeterminada divina, es la nada absoluta, sin límites, sin determinaciones, sin esencia que determina o limita a ser tal o cual cosa, de una parte, pero de otra es el ser absoluto. Así, se conjugan la Nada y el Ser absolutos y absoluta y dialécticamente: el Ser y la Nada constituyen a la vez lo Absoluto Divino, la Divinidad Absoluta y Plena (la plenitud de ser absoluta indeterminada-infinita): “El En-sof. El Dios escondido - por decir casi la subjetividad más íntima de la divinidad - no tiene cualidad ni atributos. Esta, su más íntima esencia, es llamada En-sof, esto es, infinito”. (Ibídem, p.75). “Este mundo está constituido por los diez Sefirot que son emanaciones del En-sof. La emanación de los diez Sefirot es un proceso que tiene lugar en Dios mismo, pero que al mismo tiempo da al hombre la posibilidad de llegar a Dios”. (Ibídem, p.75).

Esta es toda la esencia de la Cábala y de la Gnosis en plena y total inversión satánica de lo que Dios es como Plenitud de Ser, el Ipsum Esse Subsistens, el Esse per Essentiam Suam, formulado en la síntesis metafísica de Santo Tomás de Aquino, y no: “un dios gnóstico que no supera la esfera de indeterminación de lo absoluto”. (Ibídem, p. 322).

Dice así el P. Meinvielle: “…el En-Sof, la inefable plenitud en la ‘Nada’. Y de esta Nada mística provienen todos los momentos del desplegarse del sí de Dios en los Sefirot”. (Ibídem, p.78), “… ‘hay una nada de Dios que da nacimiento al ser y hay un ser de Dios que representa la nada...’; ‘la nada no es la nada, independiente de Dios, sino su nada. La transformación de la nada en ser es un acontecimiento que se coloca en Dios mismo’. (…) En todas partes tenemos un movimiento continuo, y si una rotura, una nada original aparece, esto no podría provenir sino de la esencia de Dios”. (Ibídem, p.78-79). “El Ein-Sof, que por otra parte se confunde con la nada, con lo indeterminado, evoluciona (…). Un proceso del Ein - la nada - que se convierte en Ein-Sof - lo infinito indeterminado (…) -”. (Ibídem, p. 266). “El En-Sof de la Cábala, que significa
Nada, Nada que evoluciona y que luego realiza en los Sefiroth (…)”. (Ibídem, p.240).

El Apeiron (ilimitado - indeterminado) de los griegos y el En-Sof de la Cábala se identifican: “En la Cábala y los sistemas gnósticos conocidos se parte de un absoluto divino indeterminado, el cual, al llegar cierto tiempo, se dividiría y emprendería el proceso evolutivo del universo”. (Ibídem, p.450). Se ve aquí, además, cuál es el origen de todo el evolucionismo gnóstico y del misterioso número 11, un En-Sof más los 10 Sefirot, triplicado da el otro no menos misterioso 33.

Para Nimio de Anquín el ser se trata de una presencia o inhabitación subjetiva (intuición del ser) en el hombre en el más puro ontologismo modernista. Veámoslo: “El hombre, o sea la conciencia del hombre, es como una casa que espera siempre un huésped. (…) ¿Quién es este huésped que inhabita la conciencia del hombre? ¿O hay más de un huésped? (…) Históricamente se puede afirmar la presencia de dos inhabitaciones posibles y excluyentes, a saber: a) la inhabitación del Ser eterno en la conciencia del hombre, y b) la inhabitación en la conciencia del hombre, de Dios creador. (…) Desde luego afirmaremos que la presencia del Ser es natural en la conciencia del hombre”. (De las Dos Inhabitaciones…, p.7-8). O también: “el Ser es presencia o si no es tiniebla que no la despeja ninguna teoría del conocimiento. (…) de una presencia sin mediación”. (Ibídem, p.42).

El innatismo de la idea de lo Absoluto Divino queda aquí completamente profesado, pero hay que aclarar (sin entrar en el asunto que nos desviaría de nuestro tema) que no hay que confundir ontologismo con el argumento ontológico tan famoso de San Anselmo, como no se debe confundir María al baño con al baño maría o gimnasia con magnesia, ni de Anquín con de Aquino ¡por favor!

Ser y Creación se excluyen absoluta e irremediablemente según el helénico (más que cordobés) Nimio de Anquín: “En Grecia nació la filosofía como ciencia del Ser, o sea que nació la filosofía absolutamente y para siempre, porque no hay ni puede haber otra filosofía que la filosofía del Ser. Con ello queda dicho que en los griegos no hay conciencia de creación. El Ser eterno y la Creación se excluyen. Lo uno o lo otro: o el Ser ha sido creado o en caso contrario es eterno. Y si es eterno, es inmanente, es decir, no es trascendente. Si ha sido creado será trascendente, no inmanente. Si es inmanente tendrá su razón de ser en sí mismo, pero si es trascendente tendrá su razón de ser en otro. (…) para aquel pueblo no hubo otra razón de ser que el Ser mismo, eterno e inmanente”. (Ibídem, p.9-10).

Aunque hay que decir que la filosofía no comienza con la idea de creación como muchos filósofos piensan mal, pues el punto de partida es el ente - como ya vimos que lo afirma Santo Tomás - con lo cual quedan refutados todos los supuestos filósofos católicos y los que, como Nimio de Anquín, están en el extremo opuesto.

El univocismo conceptual monofisita-gnóstico no puede ser más categóricamente formulado. No es fácil entender cómo esto no ha sido detectado por un P. Meinvielle ni por un P. Castellani, ni aún hoy día, lo que es más incomprensible. Quizás con respecto al primero por no haberse evidenciado y cristalizado en este escrito sino un año antes de morir el P. Meinvielle o Don Julio como muchos con cariño y admiración le llamaban. Asimismo, quizás el P. Castellani no tenía del todo claro el asunto metafísicamente, por la mala influencia de su maestro Joseph Marechal.

De una parte cabe señalar que el P. Castellani escribe en el prólogo al libro Ente y Ser de Nimio de Anquín lo siguiente: “No seguiríamos sin discusión a De Anquín en todas sus conclusiones; pero hemos de reconocer son ‘hallazgos’ (…) No acaba de convencernos, por principio de no contradicción y con el principio de identidad como lo hace ver el P. Cornelio Fabro, y esto permite a los modernistas negar la noción misma de causalidad.

Este es el texto donde de Anquín niega la demostrabilidad de la existencia de Dios: “(…) lograr la mostración de Dios creador, ya que la demostración es imposible”. (De las Dos Inhabitaciones…, p.53). “El Ser es, pues, mostrable, no demostrable”. (Ibídem, p.14).

Todo el problema de la filosofía moderna es que pasa de la posibilidad (esencia posible) a la existencia, (esencia realizada); por eso dice el antiguo adagio tomista: “a posse ad esse non valet illatio”, y como una muestra de tal aberración tenemos, por ejemplo, uno de los manuales clásicos de filosofía, como es el Gredt, donde se define el ente como todo aquello que es (aquí vamos bien) o que puede ser; es decir, según su posibilidad esencial (y aquí vamos mal, muy mal). Esta definición es completamente modernista, y pasa por tomista.

El profesor de Lovaina lo envainó al pobre P. Castellani en su juventud, porque de no ser así, jamás hubiera traducido este libro. Libro de un autor que, como es sabido, pretendía armonizar a Kant con Santo Tomás de Aquino. Eso muestra cuán podrida estaba filosófica y metafísicamente hablando, la Compañía de Jesús en esa época.

En Nimio de Anquín tenemos a uno de los dos filósofos más relevantes de la Argentina. Es lo que afirma Alberto Buela, uno de los filósofos que se dice discípulo del P. Meinvielle, quien afirma: “Y que si me veo obligado a reducir a dos, ellos serían Astrada y de Anquín”, la filosofía en la Argentina no existe. O se rectifica o se morirá en el error y la asfixia intelectual de una filosofía pervertida.

Para de Anquín la metafísica es univoca: “la recuperación del verdadero sentido de la metafísica como ciencia del Ser y de los entes en la línea de la univocidad inteligible”. (Ibídem, p. 55). Cuando de Anquín habla de participación, lo hace dentro de la más radical univocidad de la más estricta inmanencia gnóstica: “porque la participación es exclusivamente metafísica. Además, es inevitablemente univocanete”. (Ibídem, p. 49); “se refería al orden del Ser y los entes en una línea de inmanencia y, por consiguiente, de univocidad”. (Ibídem, p. 51).

Por eso Hegel es el exponente de esa univocidad inmanente que como se sabe es gnóstica: “La mediación hegeliana es, en realidad, tránsito (Uebergehen), continuidad intacta, racionalidad sin sombra de Nada, inteligibilidad pura propicia a la mostración y a la presencia en el pensar metafísico”. (Ibídem, p. 52).

Nimio de Anquín excluye la analogía porque ella rompe con la univocidad inmanentista gnóstica: “La teoría tomista de la analogía es obscura y temerosa de la univocidad”. (Ibídem, p. 48).

Por esto dice el P. Meinvielle: “Hemos visto que tanto la Cábala como los sistemas gnósticos conciben a Dios, al mundo y al hombre como una totalidad homogénea de ser”. (De la Cábala…, p. 418).

Esto lo dice de Anquín en estos términos: “el hombre es ontológicamente un animal racional, es un ente del Ser, y sólo accidentalmente es una creatura del Creador”. (De las Dos Inhabitaciones…, p. 43). Esto sólo lo puede decir un gnóstico. Por esto de Anquín dice que: “El cristianismo eliminó a la filosofía, que solamente servía para la inmanencia, en cuyo círculo inflexible el mundo antiguo llevó a cabo su obra admirable y grandiosa, testimonio del poder del hombre sin más asistencia que de sí mismo”. (Ibídem, p. 41).

No se puede ser más recalcitrantemente helenista a lo bestia desconociendo el aporte incuestionable del cristianismo con su cúspide máxima Santo Tomás de Aquino no sólo en el campo de la teología, sino también en el de la filosofía. Pero de Anquín descarta la idea de creación del filosofar, como buen helénico, y relega exclusivamente al campo teológico, todo lo que considere la noción de creación, sentenciando que este concepto no es objeto de la filosofía; y además cree erróneamente (como muchos filósofos católicos lamentablemente errados) que la filosofía cristiana se inicia con la
idea de creación. De Anquín se queda supinamente tranquilo en la barbaridad de su craso y fatal error, puesto que la filosofía comienza con el ente y jamás con la creación, lo cual viene después dado que el ente por participación (ens per participationem) exige el ente por esencia (ens per essentiam) como su causa incausada.

Así, de Anquín, al igual que los griegos, excluye la noción de creación como un concepto filosófico, aun cuando no es el primero del filosofar. Por eso dice en consecuencia: “En el pensar griego no hay, ni puede haber Nada, sino que está siempre parmenídeo, que excluye toda posibilidad de creación ‘ex nihilo” que es la única inteligible”. (Ibídem, p.31). Este es el problema que detecta el P. Castellani, sin embargo no tiene los elementos para refutarlo en el momento: “No acaba de convencernos, por ejemplo, su planteo del problema de la ‘nada ontológica’; aunque no podemos ahora destruir la vigorosa argumentación del filósofo”. Texto que ya habíamos mentado más arriba. El error es como el Diablo saca la fuerza de la debilidad de su víctima. Por eso la verdad nos hace fuertes y libres; la verdadera libertad la da sola y únicamente la verdad, sin verdad no hay ni puede haber libertad. Esto es lo que no entiende el espíritu demócrata liberal, el demoliberalismo. La verdad es el verdadero patrimonio de la humanidad.

El Ser eterno de Parménides es el ente por esencia de Santo Tomás, pero no es el objeto primero de la inteligencia del hombre, ni lo primero que esta concibe. Esto es lo que de Anquín no entiende ni puede entender en su racionalismo idealista gnóstico.

De aquí su razonar tautológico, inmanentista y unívoco, del cual no se pudo liberar y que en lógica consecuencia lo llevó a Hegel, con el cual se identificó.

Por eso de Anquín no se empacha al decir: “La filosofía aristotélica, tan reciamente construida sobre sobre una lógica admirable - lógica tautológica por cierto - es el monumento más completo erigido al Ser eterno e inmanente”. (Ibídem, p. 34). Asombra y pasma oírlo, pero esto confirma que no exageramos al afirmar tan categóricamente su yerro monumental, tan monumental como la lógica tautológica que admira y lo subyuga, más que cualquiera de las falsas diosas del Olimpo ateneo.

Cabe hacer una aclaración sobre la inmanencia tan entrañable para la gnosis, pero profundamente pervertida; ya que la única inmanencia real y verdadera es la inmanencia de Dios en las creaturas tal como Santo Tomás expone. Dios siendo absolutamente transcendente como la Perfección Separada (Perfectio Separata), está presente (omnipresente) en lo más íntimo de todas las cosas, por esencia, presencia y potencia. Así, Dios siendo lo más transcendente es, a su vez, lo más inmanente a todo el Universo, sin sombra ni vestigio alguno del monismo aberrante gnóstico: “Así, pues, Dios está en todas las cosas por potencia, en cuanto todas ellas están bajo su potestad. Está por presencia en todas ellas, en cuanto están descubiertas y abiertas a su mirada. Está por esencia, en cuanto Dios está presente en todas las cosas como causa del ser”. (S. Th. I, q.8, a.3).

Nimio de Anquín se equivoca hasta con el título de su obra, pues no hay dos inhabitaciones sino una sola, y esta es la inhabitación sobrenatural que se da por la gracia, y no simplemente natural, tal como pretende gnósticamente. No sabe que hay tres clases de presencia de Dios en las creaturas ni que solamente hay una inhabitación de Dios en el hombre, la cual es sobrenatural por la gracia, y que esta es la presencia de Dios per inhabitationem, además de las otras dos presencias que hay de orden puramente natural, la una por esencia (per essentiam) común a todas las cosas, de la cual ya hablamos, y la otra es la presencia per illapsum en la mente, exclusiva de las creaturas espirituales. Estas son las tres clases de presencias intrínsecas de Dios en las creaturas y por lo tanto de las inmanencias (que implican y constituyen el entrañarse de Dios en el hombre), pero que el “Nimio” en su erudita ignorancia olímpicamente desconoce.

Respecto a la presencia de Dios per illapsum (illabitur) en la creatura espiritual Santo Tomás dice: “Nadie se introduce en el alma más que Dios, que en todo está por esencia, presencia y potencia”. (C. G. II, 98, Item).

Relacionado con Nimio de Anquín, por ser su maestro espiritual, está Carlos Disandro el famoso y gran filólogo, pero gnóstico también como aquel. Para darnos una idea del carácter gnóstico de Disandro, citaré un pasaje de Alberto Boixadós (que fue uno de mis profesores en el Colegio Nacional de Monserrat y con el cual tuve una gran amistad, pero que desgraciadamente, al igual que su amigo y maestro Disandro, estaba tocado por la gnosis, la cual parece no respetar a nadie que
la abra las puertas, ya que será atrapado por su misteriosa seducción místicointelectual.

Así, refiriéndose a Disandro pero sin nombrarlo comenta: “Uno de aquellos catedráticos de filosofía, en cierto momento de su exposición o en amables conversaciones posteriores, solía afirmar con convicción: ¡el hombre es un arcano! Escuchábamos sin entender todo este misterio, este arcano, con que el profesor parecía resumir sus años de estudio y de vida. Una vez, alguno de nosotros solicitó más explicaciones. Entonces el profesor nos miró con asombro, como interrogándonos: ¡Cómo! ¿Qué no sabéis esto? La naturaleza del hombre es divino-humana: teándrica (theo: Dios Andrós: hombre)”. (La Argentina como Misterio, ed. Arete, Córdoba 1985, p. 53).

Esto es exactamente lo que propone la gnosis, y para que esto quede claro, oigamos al Padre Meinvielle: “La Ciencia o gnosis nos hace conocer nuestra realidad divina”, pues: “Por la gnosis operamos la conversión desde el punto de vista ilusorio hacia la verdad de la unidad. Y en este conocimiento que nos convierte y retorna hacia lo Uno, consiste la salvación gnóstica. No se trata, como en el cristianismo de que la salud se opera por la gracia que se añade al hombre, sino de quitar lo que obstaculiza la gnosis y de sacar la maya que nos oculta la verdadera realidad divina que somos”. (De la Cábala…, p. 256-258). Aquí el término maya, hace alusión a la ilusión o imagen ilusoria o irreal, como en el hinduismo; pero en realidad quedan atrapados en su ilusión (engaño) de la gnosis cabalística.

En conclusión Nimio de Anquín como inicialmente su nombre significaba: excesivo, abundante, demasiado, fue un gran (demasiado) filósofo del mundo Helénico, pero que después pasó a significar lo contrario: insignificante, sin importancia, y así hoy, es un filósofo pequeño que no llegó al nivel propiamente metafísico del ente en cuanto ente (ens ut ens), y en consecuencia un filósofo de segundo orden en la clasificación de Santo Tomás de Aquino, del Angélico, el Doctor Común (Universal) de la Iglesia.

P. Basilio Méramo
Bogotá, 29 de Marzo de 2017


domingo, 18 de octubre de 2015

DOMINGO VIGÉSIMO PRIMERO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Vemos cómo en la epístola San Pablo nos exhorta a mantenernos prevenidos ante el combate que toca librar a todo católico en esta tierra, recordándonos que no solamente es una batalla en la carne y la sangre contra nuestra propia sangre, contra nuestra propia carne por los malos deseos, instintos y concupiscencias que afloran desde adentro y que por eso aspiramos a la virtud, sino también que es lucha contra las potestades de los espíritus malos, de los demonios, de Satanás.

Nos exhorta a mantenernos en la fe, en la verdad y en la palabra de Dios. Y es curioso que la Iglesia ponga esta epístola ya aproximándose el final del ciclo litúrgico que culmina con la Parusía. Vemos cómo en su sabiduría la Iglesia, con estos domingos que anteceden al vigésimo cuarto y último domingo después de Pentecostés, nos va llevando hacia la segunda venida gloriosa de nuestro Señor y a todo lo que le antecede. Quienes tienen el misal de Pérez de Urbel verán cómo él, sabio benedictino, en su comentario al misal de los fieles, muestra la preparación a los feligreses encaminándoles hacia la Parusía de nuestro Señor y por eso la advertencia de San Pablo que la Iglesia trae en el domingo presente y en los otros que nos hablan del día del Señor, del día de nuestro Señor Jesucristo.

Y hoy más que nunca debemos tener presente esta exhortación de San Pablo, porque hoy la lucha es titánica y debemos consolidarnos confirmándonos en la fe, que está a punto de desaparecer de la faz de la tierra, la católica, apostólica y romana que es hoy perseguida por aquellos mismos que debieran defenderla y reafirmarnos en ella; eso es lo terrible y angustioso, tener que defender la fe a pesar de aquellos que debieran afianzarnos en ella. Y ¿quiénes deben ratificarnos en la fe? Los sacerdotes, los obispos y de modo especial el mismo Papa. Pero, desgraciadamente, hay que decirlo, ocurre todo lo contrario; en vez de confirmarnos en la fe nos llevan camino hacia el error, hacia la herejía y hacia la apostasía.

Y para colmo se nos propone como a santo de altar el ejemplo de alguien que es todo lo contrario a un santo de la Iglesia católica. El domingo pasado se canonizó a Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei y preconizador de todos los ideales revolucionarios que cuajaron en el Concilio Vaticano II.

Ya desde los años treintas, cuando España todavía era católica y antes de que hubiera miles de mártires, cuando la embestida judeocomunista de la cual salió victoriosa en el año treinta y seis, ahí en Paracuellos hay miles de personas que murieron mártires, sin claudicar uno solo por defender la fe y la Iglesia contra el judeocomunismo internacional. En esa España católica ya monseñor Escrivá tenía esos ideales ecumenistas: la libertad religiosa, los derechos y la dignidad del hombre, todo lo que el ecu-menismo y el modernismo enseñan. Por eso lo han canonizado, porque es el santo del ecumenismo que está destruyendo a la Iglesia.

Que nos lo propongan como santo es absurdo e ilógico, cuando los santos han renunciado a títulos a los cuales tenían derecho como Francisco Borja, Grande de España, títulos de nobleza envidiables para cualquier noble, deja todo para hacerse siervo de Dios, mientras que monseñor Escrivá no sólo se cambia el apellido para que no se lo relacione con los escribas de las Escrituras y se lo tilde de judío como probablemente lo es y por eso cambia la B por V, sino que también compra el título de Marqués de Peralta, para engrandecer su alma miserable con la nobleza que no tenía, porque un alma virtuosa aunque pobre, es noble en virtud y eso viene a colmar una demostración del ecumenismo proclamando a su primer santo.

Hay que decirlo con dolor, pero decirlo; de lo contrario claudicamos, porque no se puede proponer como santo a alguien de las “cualidades” de monseñor Escrivá de Balaguer del cual el padre Meinvielle hace muchos años decía que para judaizar a España había bastado el Opus Dei.
Poseen más de una docena de productoras de cine y televisión; díganme entonces cuáles son esas películas piadosas de santos que esta docena de productoras de cine del Opus hacen, cuando lo más corrompido es el cine y la televisión. Tienen agencias de información, bancos que los relacionan con el poder financiero que oprime y destruye a la Iglesia, más los crímenes del Vaticano por la lucha intestina, como se lee en esos libros publicados y conocidos por todos los fieles que nos muestran cómo hay crímenes en el Vaticano por esa lucha entre la masonería, por decirlo así, clásica, enquistada en el Vaticano, y el Opus Dei como nueva masonería que quiere dominar a la otra. Por eso, esa muerte del jefe de la guardia suiza, miembro del Opus Dei, haciéndolo pasar por un crimen pasional. Hay todavía más, como el escándalo de la logia P2, el caso Marcinkus con sus respectivas muertes donde el dinero del Opus Dei fue el que salvó las finanzas del Vaticano y con su dinero calló e hizo callar todas las conciencias. Estos son los hechos.
Por todo lo anterior, más que nunca debemos reafirmar nuestra fe, nuestra adhesión a la Tradición católica, para no sucumbir ante estos malos ejemplos, ante estos falsos santos y que no caigamos bajo el peso de una indebida pero muy esgrimida obediencia para que claudiquemos en la defensa de la verdad. Saber que detrás del mal que hacen los hombres están Satanás y los malos espíritus; por eso San Pablo habla de que el combate no es sólo contra la carne y la sangre sino contra los malos espíritus que gobiernan las tinieblas, que envuelven al mundo y que lo cubrirán de una manera peor hacia el final y antes de la Parusía.

Por eso, la Iglesia, en estos domingos que anteceden al último domingo del ciclo litúrgico, nos ordena prepararnos para que no durmamos y para que seamos verdaderos soldados de Cristo como lo es todo confirmado en la fe de su bautismo, para lo cual ha recibido la plenitud de la gracia septiforme del Espíritu Santo. Para quedar así confirmados, consolidados, fortificados en la fe del bautismo que será agredida a tal punto, que desaparecerá hacia los últimos tiempos, como son los actuales pero que el mundo impío y descreído no tiene en cuenta, y eso facilita la labor de los enemigos de Dios, de la Iglesia que penetran dentro de ella con piel de oveja pero que son lobos rapaces, mercenarios que se valen de esas argucias para destruirla desde dentro.

San Pío X, ya al alborear el siglo XX, dijo que los enemigos de la Iglesia estaban no fuera sino dentro y que el anticristo estaba pronto a aparecer, porque lo único que faltaría sería que naciera, pues todo preparaba su advenimiento. Qué diría hoy, un siglo después, si eso lo dijo hace un siglo el último Papa santo canonizado; qué diría hoy; hay que recordarlo, iba a ser electo en aquella época el cardenal Rampolla, quien era masón, como después de su muerte se descubrió. Ese iba a ser el Papa, pero fue vetado por el cardenal del Imperio austro húngaro. Y vean cómo le cobraron a este Imperio el veto a la judeomasonería, matando al que iba a ser el rey. ¿Qué originó aquello? La Primera Guerra Mundial. Son hechos que la gente no relaciona a la luz de la fe para ver la verdad, la malicia y el poder del adversario.

Y hoy esos enemigos están dentro de la Iglesia, por eso exigen la obediencia, para que los fieles, bajo la apariencia de la virtud del sometimiento, sigan en el error. Muy pocos son los que se dan cuenta de la argucia y por eso la gran santidad de monseñor Lefebvre. Morir excomulgado por los enemigos de la Iglesia mientras canonizan a Escrivá de Balaguer. Monseñor Lefebvre no tuvo miedo a desobedecer, porque primero hay que seguir a Dios antes que a los hombres cuando estos quieren hacernos desobedecer a Dios. Por eso nosotros debemos acatar a Dios manteniendo la palabra del Evangelio, la palabra de Dios, conservando la fe sin perderla, por obra y gracia de la verdad divina; ese es el mensaje de San Pablo.

Este santo nos insta al combate, a la lucha. Y cuidado con el desaliento porque ese es el peligro; el desánimo ante lo arduo y prolongado del combate y por eso muy pocos serán los que permanezcan firmes y fieles. Aun caerían si los tiempos no fuesen acortados, como lo advierten las Sagradas Escrituras. No debe, pues, importarnos si somos muchos o pocos, lo que interesa es ser de Cristo, de la Iglesia, guardar la fe, la fidelidad para no caer en el error, la herejía y la apostasía a la cual se va hoy campantes y alegres, desapercibidamente, con el ecumenismo que iguala a la Iglesia católica con todas las falsas religiones que tienen por autor a Satanás, como lo dice el Salmo 95.

Invoquemos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, para que podamos guardar esa fidelidad y ese fiat como Ella, esa ofrenda que hizo al pie de la Cruz, al ver a su Hijo inmolado, sabiendo que era Dios y viéndolo morir como hombre. Había que tener mucha fe para saber que nuestro Señor era Dios muriendo en una Cruz y renovar así ese “sí” de adhesión a nuestro Señor que es el fundador de la Iglesia católica. Por eso, fuera de ella no hay salvación, porque no la hay fuera de Cristo y de la Cruz aunque el ecumenismo nos diga todo lo contrario, que también las otras religiones son de algún modo la expresión del Espíritu Santo y llevan a la salvación. Eso es lo que dice el Opus Dei: “Sé buen judío y te salvas, sé buen musulmán y te salvas en tu religión”. ¡Qué gran contradicción, qué gran herejía! Pero pocos la percibimos por la gran confusión y tinieblas que imperan hoy.

Pidamos entonces a nuestra Señora esa fidelidad, siguiendo su ejemplo y su amor hacia su divino Hijo. +

BASILIO MERAMO PBRO.
13 de octubre de 2002

miércoles, 22 de julio de 2015

Escrito del P. Basilio Méramo: EL LIBERALISMO ES UNA HEREJÍA NUNCA LO OLVIDEMOS


Jamás lo olvidemos; el Liberalismo es esencialmente una herejía, y no sólo una incoherencia o una incongruencia. ¿Quién lo dice? Lo dicen como veremos: el Padre Sardá y Salvany, el Padre Ramière, Mons. Ezequiel Moreno (Gran Obispo de Pasto, Colombia, 1895-1906), Monseñor Lefebvre, el P. Castellani y el P. Meinvielle, entre otros.

Aquí tenemos los textos:

1. El Padre Félix Sardá y Salvany:
“¿Qué es el Liberalismo? En el orden de las ideas es un conjunto de ideas falsas; en el orden de los hechos es un conjunto de hechos criminales, consecuencia práctica de aquellas ideas. En el orden de las ideas el Liberalismo es un conjunto de lo que se llaman principios liberales, con las consecuencias lógicas que de ellos se derivan. Principios liberales son: la absoluta soberanía del individuo con entera independencia de Dios y de su autoridad; soberanía de la sociedad con absoluta independencia de lo que nazca de ella misma, soberanía nacional, es decir, el derecho del pueblo para legislar y gobernar con absoluta independencia de todo criterio que no sea el de su propia voluntad, expresada por el sufragio primero y por la mayoría parlamentaria después; libertad de pensamiento sin limitación alguna en política, en moral o en Religión; libertad de imprenta, así mismo absoluta o insuficientemente limitada; libertad de asociación con iguales anchuras. Estos son los llamados principios liberales en su más crudo radicalismo”. (El Liberalismo es Pecado, ed. Ramón Casals, Barcelona, 1960, p.3).

“El Liberalismo es pecado, ya se le considere en el orden de las doctrinas, ya en el orden de los hechos. En el orden de las doctrinas es pecado grave contra la fe, porque el conjunto de las doctrinas suyas es herejía, aunque no lo sea tal vez en alguna que otra de sus afirmaciones o negaciones aisladas. En el orden de los hechos es pecado contra los diversos Mandamientos de la Ley de Dios y de su Iglesia, porque de todos es infracción. Más claro. En el orden de las doctrinas el Liberalismo es la herejía universal y radical, porque las comprende toda; el en orden de los hechos es la infracción radical y universal, porque todas las autoriza y sanciona”. (Ibídem p. 4-5).

“En el orden de las doctrinas el Liberalismo es herejía. Herejía es toda doctrina que niega con negación formal y pertinaz un dogma de la fe cristiana. El Liberalismo doctrina los niega primero todos en general y después cada uno en particular. Los niega todos en general, cuando afirma o supone la independencia absoluta de la razón individual en el individuo y de la razón social o criterio público en la sociedad. Decimos afirma o supone, porque a veces en las consecuencias secundarias no se afirma el principio liberal, pero se le da por supuesto y admitido. Niega la jurisdicción absoluta de Cristo Dios sobre los individuos y las sociedades, y en consecuencia la jurisdicción delegada que sobre todos y cada uno de los fieles, de cualquier condición y dignidad que sean, recibió de Dios la Cabeza visible de la Iglesia. Niega la necesidad de la divina revelación, y la obligación que tiene el hombre de admitirla, si quiere alcanzar su último fin. Niega el motivo formal de la fe, esto es, la autoridad de Dios que revela, admitiendo de la doctrina revelada sólo aquellas verdades que alcanza su corto entendimiento. Niega el magisterio infalible dela Iglesia y del Papa, y en consecuencia todas las doctrinas por ellos definidas y enseñadas. Y después de esta negación general y en globo, niega cada uno de los dogmas, parcialmente o en concreto, a medida que, según las circunstancias, los encuentre opuestos a su criterio racionalista”. (Ibídem, p.5).

“Por donde cabe decir que el Liberalismo, en el orden de las ideas, es el error absoluto, y en el orden de los hechos, es el absoluto desorden. Y por ambos conceptos es pecado, ex genere suo, gravísimo; es pecado mortal”.
(Ibídem, p.6).

“De todas las consecuencias y antinomias que se encuentran en las gradaciones medias del Liberalismo, la más repugnante de todas y la más odiosa es la que pretende nada menos que la unión del Liberalismo con el Catolicismo, para formar lo que se conoce en la historia de los modernos desvaríos con el nombre de Liberalismo católico o Catolicismo liberal. (…) Nació este funesto error de un deseo exagerado de poner conciliación y paz entre doctrinas que forzosamente y por su propia esencia son inconciliables enemigas. El Liberalismo es el dogma de la independencia absoluta de la razón individual y social; el Catolicismo es el dogma de la sujeción absoluta de la razón individual y social a la ley de Dios”. (Ibídem, p.11).

“Si bien se considera, la íntima esencia del Liberalismo llamado católico, por otro nombre, llamado comúnmente Catolicismo liberal, consiste probablemente, tan solo en un falso concepto del acto de fe”. (Ibídem, p.12).

“Por lo demás se llaman católicos, porque creen firmemente que el Catolicismo es la única verdadera revelación del Hijo de Dios; pero se llaman católicos liberales, o católicos libres, porque juzgan que esta creencia suya no les debe ser impuesta a ellos ni a nadie por otro motivo superior que el de su libre apreciación”. (Ibídem, p.13).

“Síguese de ahí que juzgan su inteligencia libre de creer o de no creer, y juzgan asimismo libre la de todos los demás. En la incredulidad, pues, no ven un vicio o enfermedad, o ceguera voluntaria del entendimiento, y más aún del corazón, sino un acto lícito de la jurisdicción interna de cada uno, tan dueño en eso de creer, como en la de no admitir creencia alguna. Por lo cual es muy ajustado a este principio el horror a toda presión moral o física que venga por fuera a castigar o a prevenir la herejía, y de ahí su horror a las legislaciones civiles francamente católicas. De ahí el respeto sumo con que entienden deben ser tratadas siempre las convicciones ajenas, aún las más opuestas a la verdad revelada; pues para ellas son tan sagradas cuando son erróneas, como cuando son verdaderas, ya que todas nacen de un mismo sagrado principio de libertad intelectual. Con lo cual se erige en dogma lo que se llama tolerancia, y se dicta para la polémica católica, contra los herejes, un nuevo código de leyes que nunca conocieron en la antigüedad los grandes polemistas del Catolicismo”. (Ibídem, p. 13-14).

“Por eso, es Catolicismo liberal, o mejor, Catolicismo falso, gran parte del Catolicismo que se usa hoy entre ciertas personas. No es Catolicismo es mero Naturalismo, es racionalismo puro; es paganismo con lenguaje y forma católica, si se nos permite la expresión”. (Ibídem, p. 15).

“Hasta la piedad llega la maléfica acción de este principio naturalista, y la convierte en verdadero pietismo, es decir, en la falsificación de la piedad verdadera, Así lo vemos en tantas personas que no buscan en las prácticas devotas, más que la emoción, lo cual es puro sensualismo del alma y nada más”. (Ibídem, p. 14-15).

“Sí; el Liberalismo en todos sus grados y aspectos ha sido formalmente condenado. Así que, además de las razones de malicia intrínseca que le hacen malo y criminal, tiene para todo fiel católico, la suprema y definitiva declaración de la Iglesia, que como a tal le ha juzgado y anatematizado”.
(Ibídem, p. 19).

“El Liberalismo es, como hemos dicho, herejía práctica, tanto como herejía doctrinal, y aquel principal carácter suyo explica muchísimos de los fenómenos que ofrece el maldito error en su actual desarrollo en la edad moderna”. (Ibídem, p. 124).

2. El Padre Enrique Ramière.
“La doctrina Liberal es, pues, en realidad la negación de la soberanía social de Jesucristo”. (La Soberanía Social de Jesucristo, ed. Subirana, Barcelona, 1884, p. 19).

“Mas el liberalismo no es tan sólo contrario a la religión de Jesucristo por su origen y por sus consecuencias casi inevitables; lo es también por su esencia. Además de proporcionar a los enemigos de la Iglesia armas para destruirla, la ataca por sí mismo en sus más fundamentales dogmas. Basta, en efecto, examinar esta doctrina en su principio, para comprender que niega los derechos soberanos de Jesucristo, declarando las sociedades temporales independientes de su imperio. Según este principio, la sociedad civil es puramente terrena y no tiene en manera alguna que ocuparse, ni directa ni indirectamente, en los derechos de la verdad ni de los intereses eternos, su único y supremo fin es la felicidad temporal de sus miembros, y la razón su única guía”. (Ibídem, p.17-18).

3. Monseñor Ezequiel Moreno Díaz.
“Que el liberalismo es pecado, no es dudoso, es cierto; que es un error contra la Fe tampoco es dudoso, sino cierto; que está condenado por la Iglesia, consta de un modo evidente por el Syllabus y por multitud de documentos pontificios. Sobre este punto, pues, no cabe ya libertad de pensar, sino que hay que pensar como piensa y enseña la Iglesia, so pena de faltar a la Fe, y hacerse reo de pecado y de condenación eterna”. (Un Capítulo de las Relaciones entre el Estado y la Iglesia en Colombia, Carlos Valderrama, ed. Caro y Cuervo, Bogotá, 1986, p. 443).

“El liberalismo está condenado por nuestra Santa Madre la Iglesia en todas sus formas y grados, y todo el que se precie de buen católico debe también condenarlo de la misma manera, y rechazar hasta el nombre de liberal” (Ibídem, p. 405).

Y por esto, el benemérito Obispo de Pasto mandó a que se pusiera durante sus exequias, sobre el catafalco, el epitafio “El Liberalismo es pecado”.

4. Monseñor Nicolás Casas y Conde, de la orden de Agustinos Recoletos, Obispo de Adrianápolis y Vicario de Casanare Colombia.
“Consiste propia y verdaderamente en negar a Dios su dominio sobre el hombre, o en no querer sufrirlo, puesto que en esa mala disposición del ánimo a rechazar el dominio o soberanía de Dios, sea por negarlo, sea por no querer sufrirlo, se condensa y se completa el vicio capital del liberalismo, es decir, su mayor y más principal malicia.”(Enseñanzas de la Iglesia sobre El Liberalismo, Madrid, 1902, p. 27).

“Rebelión, pues, y rebelión manifiesta del hombre contra el dominio, soberanía o autoridad de Dios, es pura y simplemente en su esencia, el liberalismo, como nos lo dice el Papa”. (Ibídem, p. 28).

5. Monseñor Marcel Lefebvre.
“Pese al riesgo de repetir lo dicho, vuelvo sobre el tema de la realeza social de Nuestro Señor Jesucristo, ese dogma de fe católica, que nadie puede poner en duda sin ser hereje, si, ¡perfectamente hereje!” (Le Destronaron, ed. Fundación San Pío X, Buenos Aires, 1987, p. 101).

“Al respecto, el sostener, como lo hace Vaticano II, una orientación naturalmente recta de todos los hombres hacia Dios, es un irrealismo total y una pura herejía naturalista. ¡Dios nos libre de los errores naturalistas y subjetivistas! Son la marca inequívoca del liberalismo que inspira la libertad religiosa del Vaticano II, ellos no pueden llegar sino al caos social y a la Babel de las religiones”. (Ibídem, p.199).

6. El Padre Julio Meinvielle.
“El error ‘naturalista’ que también se llama ‘racionalismo’ o ‘filosofismo’ es la herejía peculiar y distintiva del mundo moderno. Proclama la suficiencia de la humana naturaleza para alcanzar su felicidad. En el fondo constituye la esencia misma de todas las herejías. (...) La independencia o emancipación de la razón, de ahí la terrible herejía del racionalismo o naturalismo que engendra luego los errores sociales del laicismo, liberalismo, socialismo y comunismo”. (De Lamennais a Maritain, ed. Theoria, Buenos Aires, 1967, p. 111 - 112 - 113).

“El célebre Cardenal Pie, que fue a mediados del siglo XIX el gran luchador de los Derechos divinos de la Iglesia contra la herejía del naturalismo y del liberalismo y que había de ser una de las mayores lumbreras del Concilio Vaticano, siendo Vicario General de Chartres en 1848, expone los principios justos sobre este punto.” (Ibídem, p. 128 - 129).

7. El Padre Leonardo Castellani.
“El liberalismo es una peligrosa herejía moderna que proclama la libertad y toma su nombre de ella. La libertad es un gran bien que, como todos los grandes bienes, sólo Dios puede dar; y el liberalismo lo busca fuera de Dios; y de ese modo sólo llega a falsificaciones de la libertad.” (Cristo ¿Vuelve o no Vuelve?, ed. Dictio, Buenos Aires, 1976, p. 163).

“El comunismo no es un partido; el comunismo es una herejía. Es una de las tres ranas expelidas por la boca del diablo en los últimos tiempos, que no son otros que los nuestros. Las otras dos ranas -herejías palabreras que repiten siempre la misma canturria y se han convertido en guías de los reyes, es decir, en poderes políticos- son el catolicismo liberal y el modernismo”. (Ibídem p. 204).

 “El mundo moderno se ha olvidado bastante de que CRISTO ES REY, cosa que ha recibido de su Padre; por lo cual se instituyó poco ha la festividad de Cristo Rey, contra la herejía del liberalismo”. (El Apokalypsis, ed. Paulinas, Buenos Aires, 1963, p. 52).
“... y las tres ranas son tres herejías: nominatim, el liberalismo, el comunismo y el modernismo o naturalismo religioso”. (Ibídem. p. 97).

Entonces queda claro así, que el Liberalismo es una gran herejía y es, además, la gran herejía con dimensión apocalíptica.

P. Basilio Méramo
Bogotá, 22 de Julio de 2015