San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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domingo, 11 de enero de 2026

PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA Fiesta de la Sagrada Familia

   


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este primer domingo después de la fiesta de Epifanía, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia, es decir de San José, de la Santísima Virgen María y del Niño Jesús.
Esa Sagrada Familia, toda divina, la Iglesia nos la muestra como ejemplo de la sociedad y de la cristiandad, es decir, de los pueblos y naciones que se rigen por el Evangelio. Y digo que se guiaban, o se guían, porque hoy ya no hay oficialmente ningún Estado que se dirija por la Ley de Dios y el Evangelio, por lo cual la cristiandad como tal ha sido abolida; lo que se tiene es una cultura católica más o menos de acuerdo con la penetración que tuvo ese espíritu católico en los pueblos que antaño reconocían a Cristo Rey, a la Iglesia, pero que hoy ya no lo hacen.


Hay que recordarlo aunque sea para que reaccionemos y por lo menos lo tengamos presente, que nuestra sociedad ya prácticamente no es nuestra porque no es de Dios. Y, ¿de quién va a ser si no es de Dios? No hay término medio, será de Satanás. Si la ciudad no es de Dios será del demonio. Por eso nos va como nos va y por eso no nos asombremos cuando veamos que a los niños les gustan esas figuras y esos juguetes demoniacos; y qué decir de ese pequeño mago Harry Potter o como se llame. Todo eso produce la fascinación de la serpiente y los padres deben saberlo.

El “Halloween” es toda una cultura pagana anticristiana y los niños, junto con los papás, muchas veces inocentemente, por confites y dulces, le hacen el juego al demonio. Y quién sabe cuántas criaturas son inmoladas en esas misas negras en la que se consume la sangre de un inocente o de una virgen, porque eso existe. Debemos tener entonces sumo cuidado.


La Iglesia quiere ponernos ante el ejemplo de la Sagrada Familia. La familia que es el núcleo, el centro. La célula de la sociedad no es el hombre, no es el individuo como nos ha enseñado el liberalismo teológico o religioso, es la familia y por eso si ésta se destruye se acaba la sociedad; y vaya si no se está abatiendo hoy la sociedad al destruir la familia; si no es verdad, qué es eso de permitir el concubinato público con los matrimonios civiles entre católicos y después con el divorcio. Eso es un atentado criminal contra la santidad de la familia, de la sociedad basada en ésta y eso por culpa de una política antirreligiosa; eso es lo que hoy se ha impuesto.

Los romanos, que eran paganos, se casaron sacramente respetando el matrimonio indisoluble; conservaron todo el vigor de ese pueblo y raza, eran los nobles, los paterfamilia, la gens romana; pero cuando se empezó a corromper ese concepto sagrado aun en el paganismo, se destruyó Roma, se acabó y esa fue toda la lucha entre nobles y esclavos que penosamente a veces nos transmiten en las películas en sus historias. Era la pugna de dos ideales, los nobles basaban su linaje en el matrimonio sacro, los demás vivían en la unión libre o concubinato.

Si los nobles romanos tenían la noción del matrimonio sagrado, cuánto más la debiéramos tener nosotros los católicos y valorar así la familia sacramentalmente instituida por la Iglesia, para que todo lo que hagan los esposos sea bueno y santo y no como creyeron algunos herejes, que traer hijos al mundo era obra del pecado. Pecado es lo que hacen hoy, cuando utilizan el matrimonio simplemente para satisfacer la concupiscencia, no queriendo procrear; eso es una falta, usar anticonceptivos y todo lo que permita el libre placer sin querer engendrar la vida que Dios como Creador da y que los padres como instrumento prodigan; de ahí viene a su vez el respeto hacia los padres por ser los progenitores, porque tienen esa autoridad de Dios y de ahí la dignidad que deben tener los padres y la familia.

La santidad del hogar católico hoy está proscrita, porque se nos pone de modelo el ideal de vida americano, de quienes tienen una cultura protestante, donde cada uno hace lo que se le da la gana. Por eso nosotros debemos conservar la tradición católica basada en la familia y en el respeto a los ancianos; no para que los metan allí en esos lugares que llaman geriátricos o lo que sea. Esa es una aberración peor que la de los infieles, porque en la antigüedad se veneraban las canas, el anciano era el sabio; hoy, por la estupidez de la sociedad, al anciano se le tiene por un imbécil que nadie quiere. Ya no sabe la juventud apreciar la experiencia de los años de una vida llevada conforme Dios manda. ¡Qué desgracia!

Que todo eso nos sirva para que reaccionemos y nos demos cuenta en medio de qué mundo estamos viviendo. Todo lo opuesto a lo que la Iglesia siempre ha enseñado, y eso sin hablar de la Iglesia en sí misma, que también se ha corrompido, se ha degenerado por no permanecer fiel a la doctrina de nuestro Señor, por culpa del clero. Por ello la Sagrada Familia es ejemplo de santidad y aun de virginidad en el matrimonio de la cual no nos debemos asombrar, porque ha habido otros santos matrimonios que se han conservado vírgenes, como el de San Eduardo rey de Inglaterra, San Enrique emperador, que fueron soberanos que por mutuo consentimiento permanecieron castos dentro del matrimonio.

Que lo anterior nos sirva de ejemplo y para que los herejes de hoy no digan estupideces en contra de la virginidad de nuestra Señora y del santo matrimonio que tuvo con San José, porque fue verdadera esposa, pero virgen. De ahí la grandeza de San José, custodio de esa flor de castidad, de esa inocencia y por eso es el guardián de la Iglesia que debe permanecer y ser siempre pura, pero que hoy quieren violar porque eso es lo que se está haciendo, mancillar la pureza de la santa Iglesia.

Todos aquellos herejes que se digan sacerdotes u obispos, pero que no defienden la moral ni la doctrina católica, que están con el modernismo, con el progresismo, con el liberalismo doctrinal teológico, están al unísono con todas las falsas religiones. Eso es violar la Iglesia y por eso es nuestro deber conservar la virginidad de la Santa Madre Iglesia católica, apostólica y romana. Eso fue lo que hizo monseñor Marcel Lefevbre, un hombre que conservó la pureza de la Iglesia; él nunca lo dijo, pero la conservó y murió santamente, pero atacado por la judeomasonería que está dentro del Vaticano y quiere manipular a los cardenales y a los obispos, y qué no hará en el próximo cónclave; por eso debemos estar prevenidos, porque no sabemos lo que pueda pasar.

Nuestro deber es el de conservar la virginidad de la Iglesia católica, su pureza, pues es nuestra madre, porque nos engendra en la fe, en la que los protestantes no aceptan, no quieren, por eso no la admiten como institución divina; no reconocen a la Santísima Virgen y sin embargo se les llena la boca hablando de Cristo y del Señor. Es un cristo falsificado el que pregona el protestantismo en cualquiera de sus múltiples facetas y de la cual Colombia hoy está imbuida; antaño eran contados con los dedos los protestantes, era incluso mal visto, ¿quién iba a visitar a un protestante? Nadie. Hoy casi media Colombia es protestante y la otra mitad lo es sin saberlo. ¿Por qué sin saberlo? Por la protestantización de la Iglesia; ya no hace falta para serlo salir de ella; basta aceptar la nueva misa, el nuevo culto, la nueva liturgia, bailar y danzar, no creer en el Santo Sacrificio de la Misa, comulgar en la mano como si fuese un pedazo de pan y si todo esto no es una herejía pura, entonces, ¿qué es?

¿Cómo es que la gente va a comulgar sin confesión, sin estar en estado de gracia? ¿Cómo va a recibir a nuestro Dios sin adorarle? Todo eso es efecto entonces de un protestantismo dentro de la Iglesia. Por eso nosotros nos esmeraremos hasta la muerte en mantener el culto sacrosanto de la Iglesia católica como siempre ha sido; esa garantía es la Tradición católica, apostólica, romana, la Misa Romana; la Misa de San Pío V, la tridentina, no es más que la Misa Romana, la que fue custodiada por todos los Papas de Roma y por eso el odio satánico contra ella.

Roguemos a la Sagrada Familia, a nuestra Señora, a San José y al Niño Jesús. No debemos olvidar qué importancia le dio el Niño Jesús a los asuntos de su Padre, pues les dijo: “¿Por qué me buscabais? Podría parecer un poco chocante y, sin embargo, como dice el sabio padre Castellani, no les avisó simplemente porque no pudo. Con la respuesta que dio a su Madre les quiso mostrar que si no lo habían encontrado lo que debieron haber pensado era que estaba en el templo ocupándose de las cosas de su Padre, de Dios; no del mundo. Y, ¿por qué no pudo avisarles? porque Él se entretuvo con los escribas, con los fariseos, con los peritos, con los doctores de la sinagoga, porque fue una pregunta tras otra, y así pasaron tres días, maravillados de la sabiduría de ese Niño que era Dios.

De lo contrario sería un malcriado nuestro Señor, ¿cómo se va a ausentar sin pedir permiso?, ¿cómo le va a contestar así a su mamá? Por eso San Lucas dice que nuestra Señora guardaba y meditaba todo esto en su corazón, y por eso lejos de ser un motivo de escándalo la respuesta de nuestro Señor nos muestra la importancia que tienen las cosas de Dios. Y éstas están en el templo, en la Iglesia, no en otra parte; de allí la necesidad de la santa Iglesia como institución divina y de nosotros de pertenecer a ella siendo fieles; hay que pedir esa lealtad a nuestro Señor, a nuestra Señora, a San José, a la Sagrada Familia. +

BASILIO MERAMO PBRO.
12 de Enero de 2003

martes, 6 de enero de 2026

EPIFANÍA DEL SEÑOR

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

domingo, 2 de febrero de 2025

Fiesta de la Presentación del Niño Jesus en el templo, o Purificación de la Santísima Virgen María o de las Candelas

 


Tomado del MISAL DIARIO COMPLETO por el P. Luis Ribera CMF, España 1954:

    Esta fiesta nos recuerda la escena Evangélica de la Presentación de María en el Templo a los cuarenta días del alumbramiento, como ordenaba la ley a toda madre que daba a luz a un hijo.   El origen de la procesión es de las mas remota antigüedad  pero la bendición de las candelas es de época más posterior, o sea del siglo X.

EPÍSTOLA:

      De Malaquias Profeta 3, 1-4- Esto dice el Señor DIOS:  He aquí que yo envío a mi Ángel para preparar el camino delante de mi.    Y luego vendrá a su tiempo el dominador que vosotros buscáis, y el Ángel tan deseado de vosotros. Vedle ahí que viene, dice el Señor de los Ejércitos;    Y ¿Quien podrá pensar en lo que sucederá el día de su venida?, Y ¿Quien podrá pararse a mirarle?  Porque Él será como fuego que derrite y como la hierba jabonera de los bataneros.    Y sentarse ha como el que funde y purifica la plata;   Y de este modo purificará a los hijos de Leví, y los acrisolará como el oro y la plata;  Y así ofrecerán al Señor sacrificios con Santidad    Y entonces será grato al Señor el sacrificio de Judá y de Jersusalén.   Como en los siglos pasados y en los años antiguos:  dice DIOS omnipotente.

EVANGELIO:

      + Evangelio según San Lucas 2, 22-32.-  Cumplido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor:  todo primogénito varón serpa consagrado al Señor;   Y para presentar la ofrenda de un par de tórtolas, o dos palominos, como está ordenado en la Ley del Señor.   Había a la sazón en Jerusalén un hombre justo y temeroso de Dios, llamado Simeón, el cual esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo moraba en él.   Él Espíritu Santo le había revelado que no había de morir antes de ver al Cristo.   Así vino inspirado de Él al templo.    Y al entrar con el Niño Jesús sus padres, para practicar con Él lo prescrito por la Ley, tománmdole Simeón en sus brazos, bendijo a DIOS, diciendo:  Ahora, Señor, sacad en paz de este mundo a vuestro siervo, según vuestra promesa, porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado, para que, expuesto a la vista de todos los hombres, sea luz que ilumine a los gentiles, y gloria de Israel, vuestro pueblo.-

domingo, 12 de enero de 2025

PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA Fiesta de la Sagrada Familia

    


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este primer domingo después de la fiesta de Epifanía, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia, es decir de San José, de la Santísima Virgen María y del Niño Jesús.
Esa Sagrada Familia, toda divina, la Iglesia nos la muestra como ejemplo de la sociedad y de la cristiandad, es decir, de los pueblos y naciones que se rigen por el Evangelio. Y digo que se guiaban, o se guían, porque hoy ya no hay oficialmente ningún Estado que se dirija por la Ley de Dios y el Evangelio, por lo cual la cristiandad como tal ha sido abolida; lo que se tiene es una cultura católica más o menos de acuerdo con la penetración que tuvo ese espíritu católico en los pueblos que antaño reconocían a Cristo Rey, a la Iglesia, pero que hoy ya no lo hacen.


Hay que recordarlo aunque sea para que reaccionemos y por lo menos lo tengamos presente, que nuestra sociedad ya prácticamente no es nuestra porque no es de Dios. Y, ¿de quién va a ser si no es de Dios? No hay término medio, será de Satanás. Si la ciudad no es de Dios será del demonio. Por eso nos va como nos va y por eso no nos asombremos cuando veamos que a los niños les gustan esas figuras y esos juguetes demoniacos; y qué decir de ese pequeño mago Harry Potter o como se llame. Todo eso produce la fascinación de la serpiente y los padres deben saberlo.

El “Halloween” es toda una cultura pagana anticristiana y los niños, junto con los papás, muchas veces inocentemente, por confites y dulces, le hacen el juego al demonio. Y quién sabe cuántas criaturas son inmoladas en esas misas negras en la que se consume la sangre de un inocente o de una virgen, porque eso existe. Debemos tener entonces sumo cuidado.


La Iglesia quiere ponernos ante el ejemplo de la Sagrada Familia. La familia que es el núcleo, el centro. La célula de la sociedad no es el hombre, no es el individuo como nos ha enseñado el liberalismo teológico o religioso, es la familia y por eso si ésta se destruye se acaba la sociedad; y vaya si no se está abatiendo hoy la sociedad al destruir la familia; si no es verdad, qué es eso de permitir el concubinato público con los matrimonios civiles entre católicos y después con el divorcio. Eso es un atentado criminal contra la santidad de la familia, de la sociedad basada en ésta y eso por culpa de una política antirreligiosa; eso es lo que hoy se ha impuesto.

Los romanos, que eran paganos, se casaron sacramente respetando el matrimonio indisoluble; conservaron todo el vigor de ese pueblo y raza, eran los nobles, los paterfamilia, la gens romana; pero cuando se empezó a corromper ese concepto sagrado aun en el paganismo, se destruyó Roma, se acabó y esa fue toda la lucha entre nobles y esclavos que penosamente a veces nos transmiten en las películas en sus historias. Era la pugna de dos ideales, los nobles basaban su linaje en el matrimonio sacro, los demás vivían en la unión libre o concubinato.

Si los nobles romanos tenían la noción del matrimonio sagrado, cuánto más la debiéramos tener nosotros los católicos y valorar así la familia sacramentalmente instituida por la Iglesia, para que todo lo que hagan los esposos sea bueno y santo y no como creyeron algunos herejes, que traer hijos al mundo era obra del pecado. Pecado es lo que hacen hoy, cuando utilizan el matrimonio simplemente para satisfacer la concupiscencia, no queriendo procrear; eso es una falta, usar anticonceptivos y todo lo que permita el libre placer sin querer engendrar la vida que Dios como Creador da y que los padres como instrumento prodigan; de ahí viene a su vez el respeto hacia los padres por ser los progenitores, porque tienen esa autoridad de Dios y de ahí la dignidad que deben tener los padres y la familia.

La santidad del hogar católico hoy está proscrita, porque se nos pone de modelo el ideal de vida americano, de quienes tienen una cultura protestante, donde cada uno hace lo que se le da la gana. Por eso nosotros debemos conservar la tradición católica basada en la familia y en el respeto a los ancianos; no para que los metan allí en esos lugares que llaman geriátricos o lo que sea. Esa es una aberración peor que la de los infieles, porque en la antigüedad se veneraban las canas, el anciano era el sabio; hoy, por la estupidez de la sociedad, al anciano se le tiene por un imbécil que nadie quiere. Ya no sabe la juventud apreciar la experiencia de los años de una vida llevada conforme Dios manda. ¡Qué desgracia!

Que todo eso nos sirva para que reaccionemos y nos demos cuenta en medio de qué mundo estamos viviendo. Todo lo opuesto a lo que la Iglesia siempre ha enseñado, y eso sin hablar de la Iglesia en sí misma, que también se ha corrompido, se ha degenerado por no permanecer fiel a la doctrina de nuestro Señor, por culpa del clero. Por ello la Sagrada Familia es ejemplo de santidad y aun de virginidad en el matrimonio de la cual no nos debemos asombrar, porque ha habido otros santos matrimonios que se han conservado vírgenes, como el de San Eduardo rey de Inglaterra, San Enrique emperador, que fueron soberanos que por mutuo consentimiento permanecieron castos dentro del matrimonio.

Que lo anterior nos sirva de ejemplo y para que los herejes de hoy no digan estupideces en contra de la virginidad de nuestra Señora y del santo matrimonio que tuvo con San José, porque fue verdadera esposa, pero virgen. De ahí la grandeza de San José, custodio de esa flor de castidad, de esa inocencia y por eso es el guardián de la Iglesia que debe permanecer y ser siempre pura, pero que hoy quieren violar porque eso es lo que se está haciendo, mancillar la pureza de la santa Iglesia.

Todos aquellos herejes que se digan sacerdotes u obispos, pero que no defienden la moral ni la doctrina católica, que están con el modernismo, con el progresismo, con el liberalismo doctrinal teológico, están al unísono con todas las falsas religiones. Eso es violar la Iglesia y por eso es nuestro deber conservar la virginidad de la Santa Madre Iglesia católica, apostólica y romana. Eso fue lo que hizo monseñor Marcel Lefevbre, un hombre que conservó la pureza de la Iglesia; él nunca lo dijo, pero la conservó y murió santamente, pero atacado por la judeomasonería que está dentro del Vaticano y quiere manipular a los cardenales y a los obispos, y qué no hará en el próximo cónclave; por eso debemos estar prevenidos, porque no sabemos lo que pueda pasar.

Nuestro deber es el de conservar la virginidad de la Iglesia católica, su pureza, pues es nuestra madre, porque nos engendra en la fe, en la que los protestantes no aceptan, no quieren, por eso no la admiten como institución divina; no reconocen a la Santísima Virgen y sin embargo se les llena la boca hablando de Cristo y del Señor. Es un cristo falsificado el que pregona el protestantismo en cualquiera de sus múltiples facetas y de la cual Colombia hoy está imbuida; antaño eran contados con los dedos los protestantes, era incluso mal visto, ¿quién iba a visitar a un protestante? Nadie. Hoy casi media Colombia es protestante y la otra mitad lo es sin saberlo. ¿Por qué sin saberlo? Por la protestantización de la Iglesia; ya no hace falta para serlo salir de ella; basta aceptar la nueva misa, el nuevo culto, la nueva liturgia, bailar y danzar, no creer en el Santo Sacrificio de la Misa, comulgar en la mano como si fuese un pedazo de pan y si todo esto no es una herejía pura, entonces, ¿qué es?

¿Cómo es que la gente va a comulgar sin confesión, sin estar en estado de gracia? ¿Cómo va a recibir a nuestro Dios sin adorarle? Todo eso es efecto entonces de un protestantismo dentro de la Iglesia. Por eso nosotros nos esmeraremos hasta la muerte en mantener el culto sacrosanto de la Iglesia católica como siempre ha sido; esa garantía es la Tradición católica, apostólica, romana, la Misa Romana; la Misa de San Pío V, la tridentina, no es más que la Misa Romana, la que fue custodiada por todos los Papas de Roma y por eso el odio satánico contra ella.

Roguemos a la Sagrada Familia, a nuestra Señora, a San José y al Niño Jesús. No debemos olvidar qué importancia le dio el Niño Jesús a los asuntos de su Padre, pues les dijo: “¿Por qué me buscabais? Podría parecer un poco chocante y, sin embargo, como dice el sabio padre Castellani, no les avisó simplemente porque no pudo. Con la respuesta que dio a su Madre les quiso mostrar que si no lo habían encontrado lo que debieron haber pensado era que estaba en el templo ocupándose de las cosas de su Padre, de Dios; no del mundo. Y, ¿por qué no pudo avisarles? porque Él se entretuvo con los escribas, con los fariseos, con los peritos, con los doctores de la sinagoga, porque fue una pregunta tras otra, y así pasaron tres días, maravillados de la sabiduría de ese Niño que era Dios.

De lo contrario sería un malcriado nuestro Señor, ¿cómo se va a ausentar sin pedir permiso?, ¿cómo le va a contestar así a su mamá? Por eso San Lucas dice que nuestra Señora guardaba y meditaba todo esto en su corazón, y por eso lejos de ser un motivo de escándalo la respuesta de nuestro Señor nos muestra la importancia que tienen las cosas de Dios. Y éstas están en el templo, en la Iglesia, no en otra parte; de allí la necesidad de la santa Iglesia como institución divina y de nosotros de pertenecer a ella siendo fieles; hay que pedir esa lealtad a nuestro Señor, a nuestra Señora, a San José, a la Sagrada Familia. +

BASILIO MERAMO PBRO.
12 de Enero de 2003

domingo, 7 de enero de 2024

PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA Fiesta de la Sagrada Familia

   


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este primer domingo después de la fiesta de Epifanía, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia, es decir de San José, de la Santísima Virgen María y del Niño Jesús.
Esa Sagrada Familia, toda divina, la Iglesia nos la muestra como ejemplo de la sociedad y de la cristiandad, es decir, de los pueblos y naciones que se rigen por el Evangelio. Y digo que se guiaban, o se guían, porque hoy ya no hay oficialmente ningún Estado que se dirija por la Ley de Dios y el Evangelio, por lo cual la cristiandad como tal ha sido abolida; lo que se tiene es una cultura católica más o menos de acuerdo con la penetración que tuvo ese espíritu católico en los pueblos que antaño reconocían a Cristo Rey, a la Iglesia, pero que hoy ya no lo hacen.


Hay que recordarlo aunque sea para que reaccionemos y por lo menos lo tengamos presente, que nuestra sociedad ya prácticamente no es nuestra porque no es de Dios. Y, ¿de quién va a ser si no es de Dios? No hay término medio, será de Satanás. Si la ciudad no es de Dios será del demonio. Por eso nos va como nos va y por eso no nos asombremos cuando veamos que a los niños les gustan esas figuras y esos juguetes demoniacos; y qué decir de ese pequeño mago Harry Potter o como se llame. Todo eso produce la fascinación de la serpiente y los padres deben saberlo.

El “Halloween” es toda una cultura pagana anticristiana y los niños, junto con los papás, muchas veces inocentemente, por confites y dulces, le hacen el juego al demonio. Y quién sabe cuántas criaturas son inmoladas en esas misas negras en la que se consume la sangre de un inocente o de una virgen, porque eso existe. Debemos tener entonces sumo cuidado.


La Iglesia quiere ponernos ante el ejemplo de la Sagrada Familia. La familia que es el núcleo, el centro. La célula de la sociedad no es el hombre, no es el individuo como nos ha enseñado el liberalismo teológico o religioso, es la familia y por eso si ésta se destruye se acaba la sociedad; y vaya si no se está abatiendo hoy la sociedad al destruir la familia; si no es verdad, qué es eso de permitir el concubinato público con los matrimonios civiles entre católicos y después con el divorcio. Eso es un atentado criminal contra la santidad de la familia, de la sociedad basada en ésta y eso por culpa de una política antirreligiosa; eso es lo que hoy se ha impuesto.

Los romanos, que eran paganos, se casaron sacramente respetando el matrimonio indisoluble; conservaron todo el vigor de ese pueblo y raza, eran los nobles, los paterfamilia, la gens romana; pero cuando se empezó a corromper ese concepto sagrado aun en el paganismo, se destruyó Roma, se acabó y esa fue toda la lucha entre nobles y esclavos que penosamente a veces nos transmiten en las películas en sus historias. Era la pugna de dos ideales, los nobles basaban su linaje en el matrimonio sacro, los demás vivían en la unión libre o concubinato.

Si los nobles romanos tenían la noción del matrimonio sagrado, cuánto más la debiéramos tener nosotros los católicos y valorar así la familia sacramentalmente instituida por la Iglesia, para que todo lo que hagan los esposos sea bueno y santo y no como creyeron algunos herejes, que traer hijos al mundo era obra del pecado. Pecado es lo que hacen hoy, cuando utilizan el matrimonio simplemente para satisfacer la concupiscencia, no queriendo procrear; eso es una falta, usar anticonceptivos y todo lo que permita el libre placer sin querer engendrar la vida que Dios como Creador da y que los padres como instrumento prodigan; de ahí viene a su vez el respeto hacia los padres por ser los progenitores, porque tienen esa autoridad de Dios y de ahí la dignidad que deben tener los padres y la familia.

La santidad del hogar católico hoy está proscrita, porque se nos pone de modelo el ideal de vida americano, de quienes tienen una cultura protestante, donde cada uno hace lo que se le da la gana. Por eso nosotros debemos conservar la tradición católica basada en la familia y en el respeto a los ancianos; no para que los metan allí en esos lugares que llaman geriátricos o lo que sea. Esa es una aberración peor que la de los infieles, porque en la antigüedad se veneraban las canas, el anciano era el sabio; hoy, por la estupidez de la sociedad, al anciano se le tiene por un imbécil que nadie quiere. Ya no sabe la juventud apreciar la experiencia de los años de una vida llevada conforme Dios manda. ¡Qué desgracia!

Que todo eso nos sirva para que reaccionemos y nos demos cuenta en medio de qué mundo estamos viviendo. Todo lo opuesto a lo que la Iglesia siempre ha enseñado, y eso sin hablar de la Iglesia en sí misma, que también se ha corrompido, se ha degenerado por no permanecer fiel a la doctrina de nuestro Señor, por culpa del clero. Por ello la Sagrada Familia es ejemplo de santidad y aun de virginidad en el matrimonio de la cual no nos debemos asombrar, porque ha habido otros santos matrimonios que se han conservado vírgenes, como el de San Eduardo rey de Inglaterra, San Enrique emperador, que fueron soberanos que por mutuo consentimiento permanecieron castos dentro del matrimonio.

Que lo anterior nos sirva de ejemplo y para que los herejes de hoy no digan estupideces en contra de la virginidad de nuestra Señora y del santo matrimonio que tuvo con San José, porque fue verdadera esposa, pero virgen. De ahí la grandeza de San José, custodio de esa flor de castidad, de esa inocencia y por eso es el guardián de la Iglesia que debe permanecer y ser siempre pura, pero que hoy quieren violar porque eso es lo que se está haciendo, mancillar la pureza de la santa Iglesia.

Todos aquellos herejes que se digan sacerdotes u obispos, pero que no defienden la moral ni la doctrina católica, que están con el modernismo, con el progresismo, con el liberalismo doctrinal teológico, están al unísono con todas las falsas religiones. Eso es violar la Iglesia y por eso es nuestro deber conservar la virginidad de la Santa Madre Iglesia católica, apostólica y romana. Eso fue lo que hizo monseñor Marcel Lefevbre, un hombre que conservó la pureza de la Iglesia; él nunca lo dijo, pero la conservó y murió santamente, pero atacado por la judeomasonería que está dentro del Vaticano y quiere manipular a los cardenales y a los obispos, y qué no hará en el próximo cónclave; por eso debemos estar prevenidos, porque no sabemos lo que pueda pasar.

Nuestro deber es el de conservar la virginidad de la Iglesia católica, su pureza, pues es nuestra madre, porque nos engendra en la fe, en la que los protestantes no aceptan, no quieren, por eso no la admiten como institución divina; no reconocen a la Santísima Virgen y sin embargo se les llena la boca hablando de Cristo y del Señor. Es un cristo falsificado el que pregona el protestantismo en cualquiera de sus múltiples facetas y de la cual Colombia hoy está imbuida; antaño eran contados con los dedos los protestantes, era incluso mal visto, ¿quién iba a visitar a un protestante? Nadie. Hoy casi media Colombia es protestante y la otra mitad lo es sin saberlo. ¿Por qué sin saberlo? Por la protestantización de la Iglesia; ya no hace falta para serlo salir de ella; basta aceptar la nueva misa, el nuevo culto, la nueva liturgia, bailar y danzar, no creer en el Santo Sacrificio de la Misa, comulgar en la mano como si fuese un pedazo de pan y si todo esto no es una herejía pura, entonces, ¿qué es?

¿Cómo es que la gente va a comulgar sin confesión, sin estar en estado de gracia? ¿Cómo va a recibir a nuestro Dios sin adorarle? Todo eso es efecto entonces de un protestantismo dentro de la Iglesia. Por eso nosotros nos esmeraremos hasta la muerte en mantener el culto sacrosanto de la Iglesia católica como siempre ha sido; esa garantía es la Tradición católica, apostólica, romana, la Misa Romana; la Misa de San Pío V, la tridentina, no es más que la Misa Romana, la que fue custodiada por todos los Papas de Roma y por eso el odio satánico contra ella.

Roguemos a la Sagrada Familia, a nuestra Señora, a San José y al Niño Jesús. No debemos olvidar qué importancia le dio el Niño Jesús a los asuntos de su Padre, pues les dijo: “¿Por qué me buscabais? Podría parecer un poco chocante y, sin embargo, como dice el sabio padre Castellani, no les avisó simplemente porque no pudo. Con la respuesta que dio a su Madre les quiso mostrar que si no lo habían encontrado lo que debieron haber pensado era que estaba en el templo ocupándose de las cosas de su Padre, de Dios; no del mundo. Y, ¿por qué no pudo avisarles? porque Él se entretuvo con los escribas, con los fariseos, con los peritos, con los doctores de la sinagoga, porque fue una pregunta tras otra, y así pasaron tres días, maravillados de la sabiduría de ese Niño que era Dios.

De lo contrario sería un malcriado nuestro Señor, ¿cómo se va a ausentar sin pedir permiso?, ¿cómo le va a contestar así a su mamá? Por eso San Lucas dice que nuestra Señora guardaba y meditaba todo esto en su corazón, y por eso lejos de ser un motivo de escándalo la respuesta de nuestro Señor nos muestra la importancia que tienen las cosas de Dios. Y éstas están en el templo, en la Iglesia, no en otra parte; de allí la necesidad de la santa Iglesia como institución divina y de nosotros de pertenecer a ella siendo fieles; hay que pedir esa lealtad a nuestro Señor, a nuestra Señora, a San José, a la Sagrada Familia. +

BASILIO MERAMO PBRO.
12 de Enero de 2003

sábado, 6 de enero de 2024

EPIFANÍA DEL SEÑOR

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

jueves, 2 de febrero de 2023

Fiesta de la Presentación del Niño Jesus en el templo, o Purificación de la Santísima Virgen María o de las Candelas

  


Tomado del MISAL DIARIO COMPLETO por el P. Luis Ribera CMF, España 1954:

    Esta fiesta nos recuerda la escena Evangélica de la Presentación de María en el Templo a los cuarenta días del alumbramiento, como ordenaba la ley a toda madre que daba a luz a un hijo.   El origen de la procesión es de las mas remota antigüedad  pero la bendición de las candelas es de época más posterior, o sea del siglo X.

EPÍSTOLA:

      De Malaquias Profeta 3, 1-4- Esto dice el Señor DIOS:  He aquí que yo envío a mi Ángel para preparar el camino delante de mi.    Y luego vendrá a su tiempo el dominador que vosotros buscáis, y el Ángel tan deseado de vosotros. Vedle ahí que viene, dice el Señor de los Ejércitos;    Y ¿Quien podrá pensar en lo que sucederá el día de su venida?, Y ¿Quien podrá pararse a mirarle?  Porque Él será como fuego que derrite y como la hierba jabonera de los bataneros.    Y sentarse ha como el que funde y purifica la plata;   Y de este modo purificará a los hijos de Leví, y los acrisolará como el oro y la plata;  Y así ofrecerán al Señor sacrificios con Santidad    Y entonces será grato al Señor el sacrificio de Judá y de Jersusalén.   Como en los siglos pasados y en los años antiguos:  dice DIOS omnipotente.

EVANGELIO:

      + Evangelio según San Lucas 2, 22-32.-  Cumplido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor:  todo primogénito varón serpa consagrado al Señor;   Y para presentar la ofrenda de un par de tórtolas, o dos palominos, como está ordenado en la Ley del Señor.   Había a la sazón en Jerusalén un hombre justo y temeroso de Dios, llamado Simeón, el cual esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo moraba en él.   Él Espíritu Santo le había revelado que no había de morir antes de ver al Cristo.   Así vino inspirado de Él al templo.    Y al entrar con el Niño Jesús sus padres, para practicar con Él lo prescrito por la Ley, tománmdole Simeón en sus brazos, bendijo a DIOS, diciendo:  Ahora, Señor, sacad en paz de este mundo a vuestro siervo, según vuestra promesa, porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado, para que, expuesto a la vista de todos los hombres, sea luz que ilumine a los gentiles, y gloria de Israel, vuestro pueblo.-

domingo, 8 de enero de 2023

PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA Fiesta de la Sagrada Familia

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este primer domingo después de la fiesta de Epifanía, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia, es decir de San José, de la Santísima Virgen María y del Niño Jesús.
Esa Sagrada Familia, toda divina, la Iglesia nos la muestra como ejemplo de la sociedad y de la cristiandad, es decir, de los pueblos y naciones que se rigen por el Evangelio. Y digo que se guiaban, o se guían, porque hoy ya no hay oficialmente ningún Estado que se dirija por la Ley de Dios y el Evangelio, por lo cual la cristiandad como tal ha sido abolida; lo que se tiene es una cultura católica más o menos de acuerdo con la penetración que tuvo ese espíritu católico en los pueblos que antaño reconocían a Cristo Rey, a la Iglesia, pero que hoy ya no lo hacen.


Hay que recordarlo aunque sea para que reaccionemos y por lo menos lo tengamos presente, que nuestra sociedad ya prácticamente no es nuestra porque no es de Dios. Y, ¿de quién va a ser si no es de Dios? No hay término medio, será de Satanás. Si la ciudad no es de Dios será del demonio. Por eso nos va como nos va y por eso no nos asombremos cuando veamos que a los niños les gustan esas figuras y esos juguetes demoniacos; y qué decir de ese pequeño mago Harry Potter o como se llame. Todo eso produce la fascinación de la serpiente y los padres deben saberlo.

El “Halloween” es toda una cultura pagana anticristiana y los niños, junto con los papás, muchas veces inocentemente, por confites y dulces, le hacen el juego al demonio. Y quién sabe cuántas criaturas son inmoladas en esas misas negras en la que se consume la sangre de un inocente o de una virgen, porque eso existe. Debemos tener entonces sumo cuidado.


La Iglesia quiere ponernos ante el ejemplo de la Sagrada Familia. La familia que es el núcleo, el centro. La célula de la sociedad no es el hombre, no es el individuo como nos ha enseñado el liberalismo teológico o religioso, es la familia y por eso si ésta se destruye se acaba la sociedad; y vaya si no se está abatiendo hoy la sociedad al destruir la familia; si no es verdad, qué es eso de permitir el concubinato público con los matrimonios civiles entre católicos y después con el divorcio. Eso es un atentado criminal contra la santidad de la familia, de la sociedad basada en ésta y eso por culpa de una política antirreligiosa; eso es lo que hoy se ha impuesto.

Los romanos, que eran paganos, se casaron sacramente respetando el matrimonio indisoluble; conservaron todo el vigor de ese pueblo y raza, eran los nobles, los paterfamilia, la gens romana; pero cuando se empezó a corromper ese concepto sagrado aun en el paganismo, se destruyó Roma, se acabó y esa fue toda la lucha entre nobles y esclavos que penosamente a veces nos transmiten en las películas en sus historias. Era la pugna de dos ideales, los nobles basaban su linaje en el matrimonio sacro, los demás vivían en la unión libre o concubinato.

Si los nobles romanos tenían la noción del matrimonio sagrado, cuánto más la debiéramos tener nosotros los católicos y valorar así la familia sacramentalmente instituida por la Iglesia, para que todo lo que hagan los esposos sea bueno y santo y no como creyeron algunos herejes, que traer hijos al mundo era obra del pecado. Pecado es lo que hacen hoy, cuando utilizan el matrimonio simplemente para satisfacer la concupiscencia, no queriendo procrear; eso es una falta, usar anticonceptivos y todo lo que permita el libre placer sin querer engendrar la vida que Dios como Creador da y que los padres como instrumento prodigan; de ahí viene a su vez el respeto hacia los padres por ser los progenitores, porque tienen esa autoridad de Dios y de ahí la dignidad que deben tener los padres y la familia.

La santidad del hogar católico hoy está proscrita, porque se nos pone de modelo el ideal de vida americano, de quienes tienen una cultura protestante, donde cada uno hace lo que se le da la gana. Por eso nosotros debemos conservar la tradición católica basada en la familia y en el respeto a los ancianos; no para que los metan allí en esos lugares que llaman geriátricos o lo que sea. Esa es una aberración peor que la de los infieles, porque en la antigüedad se veneraban las canas, el anciano era el sabio; hoy, por la estupidez de la sociedad, al anciano se le tiene por un imbécil que nadie quiere. Ya no sabe la juventud apreciar la experiencia de los años de una vida llevada conforme Dios manda. ¡Qué desgracia!

Que todo eso nos sirva para que reaccionemos y nos demos cuenta en medio de qué mundo estamos viviendo. Todo lo opuesto a lo que la Iglesia siempre ha enseñado, y eso sin hablar de la Iglesia en sí misma, que también se ha corrompido, se ha degenerado por no permanecer fiel a la doctrina de nuestro Señor, por culpa del clero. Por ello la Sagrada Familia es ejemplo de santidad y aun de virginidad en el matrimonio de la cual no nos debemos asombrar, porque ha habido otros santos matrimonios que se han conservado vírgenes, como el de San Eduardo rey de Inglaterra, San Enrique emperador, que fueron soberanos que por mutuo consentimiento permanecieron castos dentro del matrimonio.

Que lo anterior nos sirva de ejemplo y para que los herejes de hoy no digan estupideces en contra de la virginidad de nuestra Señora y del santo matrimonio que tuvo con San José, porque fue verdadera esposa, pero virgen. De ahí la grandeza de San José, custodio de esa flor de castidad, de esa inocencia y por eso es el guardián de la Iglesia que debe permanecer y ser siempre pura, pero que hoy quieren violar porque eso es lo que se está haciendo, mancillar la pureza de la santa Iglesia.

Todos aquellos herejes que se digan sacerdotes u obispos, pero que no defienden la moral ni la doctrina católica, que están con el modernismo, con el progresismo, con el liberalismo doctrinal teológico, están al unísono con todas las falsas religiones. Eso es violar la Iglesia y por eso es nuestro deber conservar la virginidad de la Santa Madre Iglesia católica, apostólica y romana. Eso fue lo que hizo monseñor Marcel Lefevbre, un hombre que conservó la pureza de la Iglesia; él nunca lo dijo, pero la conservó y murió santamente, pero atacado por la judeomasonería que está dentro del Vaticano y quiere manipular a los cardenales y a los obispos, y qué no hará en el próximo cónclave; por eso debemos estar prevenidos, porque no sabemos lo que pueda pasar.

Nuestro deber es el de conservar la virginidad de la Iglesia católica, su pureza, pues es nuestra madre, porque nos engendra en la fe, en la que los protestantes no aceptan, no quieren, por eso no la admiten como institución divina; no reconocen a la Santísima Virgen y sin embargo se les llena la boca hablando de Cristo y del Señor. Es un cristo falsificado el que pregona el protestantismo en cualquiera de sus múltiples facetas y de la cual Colombia hoy está imbuida; antaño eran contados con los dedos los protestantes, era incluso mal visto, ¿quién iba a visitar a un protestante? Nadie. Hoy casi media Colombia es protestante y la otra mitad lo es sin saberlo. ¿Por qué sin saberlo? Por la protestantización de la Iglesia; ya no hace falta para serlo salir de ella; basta aceptar la nueva misa, el nuevo culto, la nueva liturgia, bailar y danzar, no creer en el Santo Sacrificio de la Misa, comulgar en la mano como si fuese un pedazo de pan y si todo esto no es una herejía pura, entonces, ¿qué es?

¿Cómo es que la gente va a comulgar sin confesión, sin estar en estado de gracia? ¿Cómo va a recibir a nuestro Dios sin adorarle? Todo eso es efecto entonces de un protestantismo dentro de la Iglesia. Por eso nosotros nos esmeraremos hasta la muerte en mantener el culto sacrosanto de la Iglesia católica como siempre ha sido; esa garantía es la Tradición católica, apostólica, romana, la Misa Romana; la Misa de San Pío V, la tridentina, no es más que la Misa Romana, la que fue custodiada por todos los Papas de Roma y por eso el odio satánico contra ella.

Roguemos a la Sagrada Familia, a nuestra Señora, a San José y al Niño Jesús. No debemos olvidar qué importancia le dio el Niño Jesús a los asuntos de su Padre, pues les dijo: “¿Por qué me buscabais? Podría parecer un poco chocante y, sin embargo, como dice el sabio padre Castellani, no les avisó simplemente porque no pudo. Con la respuesta que dio a su Madre les quiso mostrar que si no lo habían encontrado lo que debieron haber pensado era que estaba en el templo ocupándose de las cosas de su Padre, de Dios; no del mundo. Y, ¿por qué no pudo avisarles? porque Él se entretuvo con los escribas, con los fariseos, con los peritos, con los doctores de la sinagoga, porque fue una pregunta tras otra, y así pasaron tres días, maravillados de la sabiduría de ese Niño que era Dios.

De lo contrario sería un malcriado nuestro Señor, ¿cómo se va a ausentar sin pedir permiso?, ¿cómo le va a contestar así a su mamá? Por eso San Lucas dice que nuestra Señora guardaba y meditaba todo esto en su corazón, y por eso lejos de ser un motivo de escándalo la respuesta de nuestro Señor nos muestra la importancia que tienen las cosas de Dios. Y éstas están en el templo, en la Iglesia, no en otra parte; de allí la necesidad de la santa Iglesia como institución divina y de nosotros de pertenecer a ella siendo fieles; hay que pedir esa lealtad a nuestro Señor, a nuestra Señora, a San José, a la Sagrada Familia. +

BASILIO MERAMO PBRO.
12 de Enero de 2003

viernes, 6 de enero de 2023

EPIFANÍA DEL SEÑOR

 


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

domingo, 6 de febrero de 2022

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

 


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Escuchamos en el Evangelio de hoy una de las parábolas de nuestro Señor. Las parábolas son semejanzas, comparaciones que hace de una realidad espiritual, sobrenatural, difícil de discernir, y que a través de un ejemplo con una imagen concreta de la vida real, podemos de algún modo inteligir y sacar provecho para nuestra alma. Esa es la razón de las parábolas, ayudarnos a entender las cosas de Dios, la realidad espiritual que a veces cuesta comprender.

Vemos, pues, en la parábola de hoy, la explicación del origen del mal en el mundo, y si se quiere en la Iglesia misma. Aunque los predicadores toman el campo como el mundo, sin embargo también es la Iglesia, pues la Iglesia está en el mundo. Además, dice la parábola al iniciar, “semejante al reino de los cielos” y más semejante al reino de los cielos que el mundo es la Iglesia, entonces, es la explicación del mal ya sea en el mundo o bien en la Iglesia, porque también la Iglesia está conformada por hombres tanto en su parte jerárquica como en el resto de la comunidad de los fieles.

El mal siempre ha sido una de las grandes objeciones filosóficas y metafísicas. Y cuando digo metafísica, hablo en sentido filosófico, no en el que se le quiere hoy aplicar en Colombia a la gnosis, que usurpa este nombre de metafísica para engatusar a la gente. El maniqueísmo estaba basado en ese error, al no saber explicar el motivo del mal, le atribuyen principio, un origen tal como sí lo tiene el bien; estableciendo luego, que existe un doble origen o principio, uno para el bien y otro para el mal, iguales de poderosos los dos.

Y es un error, porque el bien puede existir sin el mal, pero el mal no puede existir sin el bien, porque el mal es un defecto del bien, es una corrupción del bien, es una deficiencia del bien, es una deficiencia del Ser; pero para que haya esa deficiencia del bien tiene que existir el Ser y el Ser en sí mismo es bueno. Ese principio filosófico da luz sobre el origen del mal; así como no puede existir un cáncer si no es en un ser vivo, y muriendo el paciente se acaba el cáncer y cualquier otra enfermedad, se acaba juntamente con el sujeto, porque el mal requiere la vida, requiere el Ser y el Ser y la vida los da Dios, luego es absurdo que haya un doble principio, uno bueno y otro malo en igualdad de condiciones, como pensaban los maniqueos.

Entonces, como el mal es una deficiencia del Ser en cualquiera de sus manifestaciones como es la misma vida, la salud y la felicidad, no debe escandalizarnos al punto de querer erradicarlo intolerantemente. Como lo muestra la parábola de hoy, vemos que si Dios sembró el bien y viene alguien y siembra el mal, ese es el demonio, el maligno, y nosotros mismos, cuando seguimos las inspiraciones del mal y de la maldad; ese es el origen del mal y del pecado en el mundo. Del mal aun dentro de la Iglesia, en los fieles, y éste es también el origen del fariseísmo, cuando aun predicando la sana doctrina o defendiendo la verdad, no se viva conforme a ella sino que al contrario, sirva de escudo para encubrir el mal y, peor aún, perseguir el bien. Qué mayor maldad que perseguir la verdad en nombre de la verdad; he ahí la cizaña. Qué otra cosa peor que utilizar la obediencia, la misma autoridad para el mal y no para el bien, no para la verdad, no para Dios en definitiva y eso en todos los órdenes, tanto en el natural como en el sobrenatural.

¿Por qué otras causas creen que anda mal el mundo? Porque hay malos gobernantes que buscan sólo su propio beneficio; lo mismo ocurre en todas las profesiones: malos médicos, malos abogados, que no cumplen con sus deberes, con aquello que se predica; y cuánto más grave será si lo trasladamos a una institución divina como es la Iglesia; un sacerdote que utilice el confesionario para corromper, un obispo que utilice su rango para abusar de la Iglesia y no para predicar el evangelio, y lo mismo que se dice de un obispo, qué decir de un cardenal, e incluso de un Papa. Ejemplos tenemos que colman la medida, que son extraordinarios, pero se dan. Hay entonces una ley superior que lleva a decir a San Pedro: “Antes que obedecer a los hombres hay que obedecer a Dios”. Dios es la verdad, es el bien.

No se puede, pues, so pretexto de quien ordena, detenta y ejerce la autoridad, obedecer al mal, obedecer al error, porque entonces estaríamos obedeciendo a los hombres y desobedeciendo a Dios y la obediencia como virtud sobrenatural exige que esté al servicio de Dios. Esta prioridad debe entenderse muy bien; en el caso de la Iglesia muchas veces se nos echará en cara, como lo hicieron con monseñor Lefebvre, el reproche de que desobedece al Papa, desobedece a la Iglesia, a la jerarquía. Nos puede pasar, y se les puede decir a ustedes: ¿Somos acaso desobedientes? No. Porque hay el deber de obedecer para el bien y la verdad, mas no para el error, y no hay jerarquía en la Iglesia, y en ninguna institución humana autoridad para mandar obedecer al mal: un padre que quiera violar o prostituir a una hija ¿tendría ella que obedecerle en nombre del cuarto mandamiento? Absurdo. Y ¿en nombre de la obediencia tendríamos entonces que obedecer a los obispos, a la jerarquía y aun al mismo Papa en contra de lo que la Iglesia siempre ha dicho, en contra de lo que los otros Papas, incluso santos, han dicho? Absurdo.

Es una situación anormal, extraordinaria, pero a los males extraordinarios se aplican soluciones extraordinarias y por esa solución optó monseñor Lefebvre encabezando la Santa Tradición: mantenernos fieles a lo que desde antaño los Papas anteriores han recomendado; permanecer fieles a lo que siempre se ha enseñado; alejar toda innovación aunque se quiera imponer obediencia por vía de autoridad y mantener así la estructura de la Iglesia, no queriendo hacer otra Iglesia paralela sino manteniéndola hasta que se aclare la situación, hasta que vuelvan las cosas a su cauce.

Pongamos el caso de quien va conduciendo un automóvil y tiene mareo o infarto; si quien va al lado pierde tiempo y no toma el timón, se mata. Lo mismo que un automóvil puede ser un avión o simplemente una nave, un barco en plena mar. Si el capitán muere por infarto o lo que sea, ¿se dejará ir a la deriva? Aquel más capaz tiene que tomar el timón y llevar la embarcación a buen puerto. De otro modo, sucumbe. Algo parecido está pasando en la Iglesia, si desaparece la buena orientación, la buena doctrina, si el capitán del barco que es el Papa no cumple con ello por el motivo que sea, si por un misterio de iniquidad no cumple con su deber, ¿no hay que tomar el timón y llevarlo a buen término para que no zozobre, no se hunda la embarcación? Pues simplemente eso es lo que ha hecho monseñor Lefebvre en beneficio de la Iglesia, de las almas, no dejarlas a la deriva, no dejarlas sin Dios, sin religión, no dejarlas llevar por mal camino y esas son verdades fáciles de evidenciar.

Si hoy se obedece, ¿qué pasaría? Dejaríamos de decir primero la Santa Misa de siempre para decir una misa querida por el enemigo, por los protestantes, comenzar a decir que ya el infierno no es tal infierno porque no es un lugar, ni hay llamas allí; que prácticamente no hay infierno, que el pecado ya no es tal porque cada uno buenamente según su conciencia sabrá qué es lo bueno y qué es lo malo y lo que para uno es bueno para otro es malo y poco importa; que todas las religiones salvan, que en todas las religiones se rinde un culto debido a Dios ¡mejor dicho! Suficiente para ser no solamente un hereje, sino un apóstata. Evidentemente, no se puede obedecer en contra de las Escrituras y de la Tradición.

En el Antiguo Testamento vemos cuán celoso es Dios con su culto, que reprueba y abomina los otros cultos y que recrimina a su pueblo con palabras duras cuando se asocia a ellos. Y entonces comparando a esa Israel la considera una mala mujer que fornica con otras liturgias; cuántas veces hasta el cansancio podremos ver en el Antiguo Testamento ese trato, para que nos demos cuenta del celo que tiene Dios por las cosas que atañen al culto divino, que no es cualquiera, no es cualquier oración o sacrificio el que pide Dios.La ofrenda de Abel no era la misma que la ofrecida por Caín y la nueva misa que se asemeja al sacrifico de Caín no es igual a la Misa de siempre que es la ofrenda de Abel; y eso es lo menos que podemos decir, porque si nos ponemos a comparar, no acabaríamos. Por otra parte, ¿dónde está la santidad sacerdotal?, ¿cómo andan los sacerdotes?, ¿qué Iglesia representan? De la santidad de los religiosos, ¿qué ejemplo se da?, ¿y a todo eso le vamos a decir que es Iglesia y que es de Dios y que hay que obedecer? No señor. Nuestra respuesta es una santa intransigencia, una santa desobediencia aparente, para obedecer a una verdad superior, y que no nos debe escandalizar el mal que vemos, ya que tiene por autor a Satanás.

Dios nos pide tener paciencia para no arrancar incluso el trigo queriendo erradicar el mal, y esperar el juicio de Dios, la hora de la siega. Ese es el juicio que debemos esperar, no debe importarnos el juicio de las autoridades actuales que representan a la Iglesia –y vaya cuán mal la representan–, sino el juicio de Dios. Es allí donde quisiera ver a todos aquellos que nos tratan de herejes, de desobedientes. Quiero ver a esos cardenales, obispos y sacerdotes que hoy nos escupen, quiero verlos allí, delante del juicio de Dios, allí donde se verán las acciones.

Ahí será la hora de la verdad y esa debe ser nuestra garantía, actuar dando testimonio de la verdad y no de cualquier verdad, sino de la verdad sobrenatural que es Cristo y dejar todo a ese juicio de Dios, soportar el mal de la hora presente por terrible que sea, sin escandalizarnos, y esperar la siega y que ese sufrimiento nos santifique, nos acrisole y nos fortifique en el dolor, para que seamos virtuosos, santos. La santidad y la virtud sólo se forjan en el sufrimiento, en el dolor, eso es la cruz y no hay santidad ni santificación posible sin la cruz, esto es lo que nos enseña nuestro Señor crucificado.

Pidámosle a nuestra Señora, a Ella, que fue la única que se mantuvo de pie ante la crucifixión de nuestro Señor para que nosotros podamos tener ese valor y esa fe que tuvo Ella, y que sostenidos por Ella, soportemos esta segunda crucifixión de nuestro Señor Jesucristo en su Iglesia, que es su cuerpo místico. +

P. BASILIO MERAMO.
4 de febrero de 2001

domingo, 9 de enero de 2022

PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA Fiesta de la Sagrada Familia

 


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este primer domingo después de la fiesta de Epifanía, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia, es decir de San José, de la Santísima Virgen María y del Niño Jesús.
Esa Sagrada Familia, toda divina, la Iglesia nos la muestra como ejemplo de la sociedad y de la cristiandad, es decir, de los pueblos y naciones que se rigen por el Evangelio. Y digo que se guiaban, o se guían, porque hoy ya no hay oficialmente ningún Estado que se dirija por la Ley de Dios y el Evangelio, por lo cual la cristiandad como tal ha sido abolida; lo que se tiene es una cultura católica más o menos de acuerdo con la penetración que tuvo ese espíritu católico en los pueblos que antaño reconocían a Cristo Rey, a la Iglesia, pero que hoy ya no lo hacen.


Hay que recordarlo aunque sea para que reaccionemos y por lo menos lo tengamos presente, que nuestra sociedad ya prácticamente no es nuestra porque no es de Dios. Y, ¿de quién va a ser si no es de Dios? No hay término medio, será de Satanás. Si la ciudad no es de Dios será del demonio. Por eso nos va como nos va y por eso no nos asombremos cuando veamos que a los niños les gustan esas figuras y esos juguetes demoniacos; y qué decir de ese pequeño mago Harry Potter o como se llame. Todo eso produce la fascinación de la serpiente y los padres deben saberlo.

El “Halloween” es toda una cultura pagana anticristiana y los niños, junto con los papás, muchas veces inocentemente, por confites y dulces, le hacen el juego al demonio. Y quién sabe cuántas criaturas son inmoladas en esas misas negras en la que se consume la sangre de un inocente o de una virgen, porque eso existe. Debemos tener entonces sumo cuidado.


La Iglesia quiere ponernos ante el ejemplo de la Sagrada Familia. La familia que es el núcleo, el centro. La célula de la sociedad no es el hombre, no es el individuo como nos ha enseñado el liberalismo teológico o religioso, es la familia y por eso si ésta se destruye se acaba la sociedad; y vaya si no se está abatiendo hoy la sociedad al destruir la familia; si no es verdad, qué es eso de permitir el concubinato público con los matrimonios civiles entre católicos y después con el divorcio. Eso es un atentado criminal contra la santidad de la familia, de la sociedad basada en ésta y eso por culpa de una política antirreligiosa; eso es lo que hoy se ha impuesto.

Los romanos, que eran paganos, se casaron sacramente respetando el matrimonio indisoluble; conservaron todo el vigor de ese pueblo y raza, eran los nobles, los paterfamilia, la gens romana; pero cuando se empezó a corromper ese concepto sagrado aun en el paganismo, se destruyó Roma, se acabó y esa fue toda la lucha entre nobles y esclavos que penosamente a veces nos transmiten en las películas en sus historias. Era la pugna de dos ideales, los nobles basaban su linaje en el matrimonio sacro, los demás vivían en la unión libre o concubinato.

Si los nobles romanos tenían la noción del matrimonio sagrado, cuánto más la debiéramos tener nosotros los católicos y valorar así la familia sacramentalmente instituida por la Iglesia, para que todo lo que hagan los esposos sea bueno y santo y no como creyeron algunos herejes, que traer hijos al mundo era obra del pecado. Pecado es lo que hacen hoy, cuando utilizan el matrimonio simplemente para satisfacer la concupiscencia, no queriendo procrear; eso es una falta, usar anticonceptivos y todo lo que permita el libre placer sin querer engendrar la vida que Dios como Creador da y que los padres como instrumento prodigan; de ahí viene a su vez el respeto hacia los padres por ser los progenitores, porque tienen esa autoridad de Dios y de ahí la dignidad que deben tener los padres y la familia.

La santidad del hogar católico hoy está proscrita, porque se nos pone de modelo el ideal de vida americano, de quienes tienen una cultura protestante, donde cada uno hace lo que se le da la gana. Por eso nosotros debemos conservar la tradición católica basada en la familia y en el respeto a los ancianos; no para que los metan allí en esos lugares que llaman geriátricos o lo que sea. Esa es una aberración peor que la de los infieles, porque en la antigüedad se veneraban las canas, el anciano era el sabio; hoy, por la estupidez de la sociedad, al anciano se le tiene por un imbécil que nadie quiere. Ya no sabe la juventud apreciar la experiencia de los años de una vida llevada conforme Dios manda. ¡Qué desgracia!

Que todo eso nos sirva para que reaccionemos y nos demos cuenta en medio de qué mundo estamos viviendo. Todo lo opuesto a lo que la Iglesia siempre ha enseñado, y eso sin hablar de la Iglesia en sí misma, que también se ha corrompido, se ha degenerado por no permanecer fiel a la doctrina de nuestro Señor, por culpa del clero. Por ello la Sagrada Familia es ejemplo de santidad y aun de virginidad en el matrimonio de la cual no nos debemos asombrar, porque ha habido otros santos matrimonios que se han conservado vírgenes, como el de San Eduardo rey de Inglaterra, San Enrique emperador, que fueron soberanos que por mutuo consentimiento permanecieron castos dentro del matrimonio.

Que lo anterior nos sirva de ejemplo y para que los herejes de hoy no digan estupideces en contra de la virginidad de nuestra Señora y del santo matrimonio que tuvo con San José, porque fue verdadera esposa, pero virgen. De ahí la grandeza de San José, custodio de esa flor de castidad, de esa inocencia y por eso es el guardián de la Iglesia que debe permanecer y ser siempre pura, pero que hoy quieren violar porque eso es lo que se está haciendo, mancillar la pureza de la santa Iglesia.

Todos aquellos herejes que se digan sacerdotes u obispos, pero que no defienden la moral ni la doctrina católica, que están con el modernismo, con el progresismo, con el liberalismo doctrinal teológico, están al unísono con todas las falsas religiones. Eso es violar la Iglesia y por eso es nuestro deber conservar la virginidad de la Santa Madre Iglesia católica, apostólica y romana. Eso fue lo que hizo monseñor Marcel Lefevbre, un hombre que conservó la pureza de la Iglesia; él nunca lo dijo, pero la conservó y murió santamente, pero atacado por la judeomasonería que está dentro del Vaticano y quiere manipular a los cardenales y a los obispos, y qué no hará en el próximo cónclave; por eso debemos estar prevenidos, porque no sabemos lo que pueda pasar.

Nuestro deber es el de conservar la virginidad de la Iglesia católica, su pureza, pues es nuestra madre, porque nos engendra en la fe, en la que los protestantes no aceptan, no quieren, por eso no la admiten como institución divina; no reconocen a la Santísima Virgen y sin embargo se les llena la boca hablando de Cristo y del Señor. Es un cristo falsificado el que pregona el protestantismo en cualquiera de sus múltiples facetas y de la cual Colombia hoy está imbuida; antaño eran contados con los dedos los protestantes, era incluso mal visto, ¿quién iba a visitar a un protestante? Nadie. Hoy casi media Colombia es protestante y la otra mitad lo es sin saberlo. ¿Por qué sin saberlo? Por la protestantización de la Iglesia; ya no hace falta para serlo salir de ella; basta aceptar la nueva misa, el nuevo culto, la nueva liturgia, bailar y danzar, no creer en el Santo Sacrificio de la Misa, comulgar en la mano como si fuese un pedazo de pan y si todo esto no es una herejía pura, entonces, ¿qué es?

¿Cómo es que la gente va a comulgar sin confesión, sin estar en estado de gracia? ¿Cómo va a recibir a nuestro Dios sin adorarle? Todo eso es efecto entonces de un protestantismo dentro de la Iglesia. Por eso nosotros nos esmeraremos hasta la muerte en mantener el culto sacrosanto de la Iglesia católica como siempre ha sido; esa garantía es la Tradición católica, apostólica, romana, la Misa Romana; la Misa de San Pío V, la tridentina, no es más que la Misa Romana, la que fue custodiada por todos los Papas de Roma y por eso el odio satánico contra ella.

Roguemos a la Sagrada Familia, a nuestra Señora, a San José y al Niño Jesús. No debemos olvidar qué importancia le dio el Niño Jesús a los asuntos de su Padre, pues les dijo: “¿Por qué me buscabais? Podría parecer un poco chocante y, sin embargo, como dice el sabio padre Castellani, no les avisó simplemente porque no pudo. Con la respuesta que dio a su Madre les quiso mostrar que si no lo habían encontrado lo que debieron haber pensado era que estaba en el templo ocupándose de las cosas de su Padre, de Dios; no del mundo. Y, ¿por qué no pudo avisarles? porque Él se entretuvo con los escribas, con los fariseos, con los peritos, con los doctores de la sinagoga, porque fue una pregunta tras otra, y así pasaron tres días, maravillados de la sabiduría de ese Niño que era Dios.

De lo contrario sería un malcriado nuestro Señor, ¿cómo se va a ausentar sin pedir permiso?, ¿cómo le va a contestar así a su mamá? Por eso San Lucas dice que nuestra Señora guardaba y meditaba todo esto en su corazón, y por eso lejos de ser un motivo de escándalo la respuesta de nuestro Señor nos muestra la importancia que tienen las cosas de Dios. Y éstas están en el templo, en la Iglesia, no en otra parte; de allí la necesidad de la santa Iglesia como institución divina y de nosotros de pertenecer a ella siendo fieles; hay que pedir esa lealtad a nuestro Señor, a nuestra Señora, a San José, a la Sagrada Familia. +

BASILIO MERAMO PBRO.
12 de Enero de 2003