San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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lunes, 22 de abril de 2019

EXISTEN DISTINTAS CLASES DE ERRORES


     AVE MARIA PURISSIMA
     -SINE LABE ORIGINALI CONCEPTA-

          Como seres humanos estamos expuestos a la practica aun inconsciente de distintas clases de errores cotidianos, de entre los que se destacan los atribuibles a la dactilografía, némesis o memoria, confusión, e incluso los propios de la ignorancia sobre todo cuando los coadyuvamos con la imaginación, errores tan comunes  que normalmente no hacen perder la esencia del objeto.  Sin embargo  hay errores conceptuales principalmente cuando se aúnan a la SOBERBIA,  que incluso llegan a Herejías.

      En el Particular, me refiero al efectuado por el Presbítero Basilio Méramo, en su Sermón de "JUEVES SANTO"  relativo  al SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR, utilizando para tal efecto, de manera "novedosa" la palabra REPRODUCCIÓN, ciertamente creemos y sabemos que es uno de los pocos Sacerdotes que tienen  bien  claro lo que el Sacramento es, y como la  Santa Tradición, y la sana teología, ademas de enseñarnos que se trata de la Transustanciación en las  especies;  Que  es  la  REPRESENTACIÓN (se vuelve a  hacer presente) El mismo SACRIFICIO del Calvario, de modo SACRAMENTAL, y de manera incruenta.

     Justo como nos lo enseño precisamente NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO frente a Santo Tomas "el Dídimo"  a quien de manera impasible, VOLVIÓ A PRESENTARLE LAS MISMAS LLAGAS DE LA PASIÓN,  (No fueron otras, no fueron copias, No fueron aparentes, No fueron unas Nuevas, No, fueron unas distintas)
  FUERON EXACTAMENTE LAS MISMAS SANTAS LLAGAS DEL SANTO CALVARIO

     Queremos Creer que no entiende el Significado de la Palabra REPRODUCCIÓN, y que por un error de simple "Némesis" o tal vez desconocimiento, (como ha ocurrido en un sin numero de sermones de él mismo presbítero);     Cambió la palabra que esta perfectamente definida por el Santo Conclio de Trento como  REPRESENTA.

       Sin embargo, analizando los significados de la referida palabra, nos encontramos con:
   1.- Volver a Producir o producir de nuevo, EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR, NI SE VUELVE A PRODUCIR NI SE PRODUCE DE NUEVO. ANATEMA....

   2.- Volver a hacer presente lo que antes se dijo,  (lo que quita el carácter sacrificial,  si únicamente  se reproduce lo dicho)

 3, 4 y 5 (mas posibles acepciones correlativas que pueda el lector encontrar en diccionarios castellanos serios,  como COPIA, FALSIFICACIÓN, IMITACIÓN y algunos etcéteras QUE DISTAN UNA ETERNIDAD DE SIGNIFICAR QUE SE HACE PRESENTE NUEVAMENTE EL MISMO SACRIFICIO INCRUENTO de modo Sacramental, absolutamente Sacrificial, en virtud de la doble consagración,  e incluso  hasta calificable de herético.

(SIC.- Código de Derecho Canónico:
LIBER TERTIUS
DE SACRAMENTIS.
TITULUS III.
De sanctissima Eucharistia.
Can.801. In sanctissima Eucharistia sub speciebus panis et vini ipsemet Christus Dominus continetur, offertur, sumitur.

SANTO CONCILIO DE TRENTO
EL SACRIFICIO EUCARÍSTICO
SESIÓN XXII
Que es la VI celebrada en tiempo del sumo Pontífice Pío IV en 17 de septiembre de 1562.
DOCTRINA SOBRE EL SACRIFICIO DE LA MISA
CAP. II. El sacrificio de la Misa es propiciatorio no sólo por los vivos, sino también por los difuntos.
Y por cuanto en este divino sacrificio que se hace en la Misa, se contiene y sacrifica incruentamente aquel mismo Cristo que se ofreció por una vez cruentamente en el ara de la cruz;  enseña el santo Concilio....)

 Note usted que no dice similar, copia, replica, falsificación o cualesquier otro distinto  MISMO, que se Vuelve a ser presente de manera sacramental,  CANON QUE POR CIERTO ANATEMIZA Y EXCOMULGA A QUIEN DIGA ALGUNA OTRA VERSIÓN DISTINTA A LA CITADA.

     PUEDE USTED LEER MUCHO MAS ABUNDANTEMENTE AL RESPECTO,  PRECISAMENTE EN EL BLOG Y COMENTARIOS, QUE DIERON PASO A LAS (HEREJÍAS CERDIANISTAS).

https://tradidiquodaccepi.blogspot.com/2011/06/es-mas-facil-creer-que-un-cerdo-vuelea.html

     Motivos suficientes  para  haber contactado por vía electrónica al presbítero de marras,  con  respuestas disparatadas, subjetivas y plenas de la soberbia que le caracteriza.
(Obviamente contamos con la secuencia de correos completa).


   Esperando que enmiende su error,  hacemos la presente publicación,  (con nombre y apellido) ahora  abierta en virtud de su obstinación,  pero con la espada lista para "salirle a la palestra"  como dice que le agrada.


SEA PARA GLORIA DE DIOS
MARANATHA


     Por un deficiente catecúmeno de tercera,  desde un paupérrimo blog de quinta, pero quien si domina el castellano y con la espada de la VERDAD

ALBERTO GONZÁLEZ

martes, 24 de febrero de 2015

POSTRAOS AQUI LA ETERNIDAD COMIENZA Y ES POLVO LA MUNDANAL GRANDEZA





  Según el Blog de Radio Ceriandad, otrora Cristiandad, en la madrugada del día de hoy (al rededor del medio día en México) por motivos de un accidente Automovilístico MARIO FABIAN VAZQUEZ director de la otrora Radio católica pereció.

ver BLOG RADIO CRISTIANDAD

     Información que es lamentablemente confirmada por La Agencia de Noticias San Luis:

Ver Noticia

  Esperamos caritativamente que el gurü presbíterio Ceriani, en vida le haya aclarado el particular que escindió al que suscribe de las labores cotidianas de la otrora Radio Cristiandad y con el motivo de las herejías incoadas con respecto al particular de la presencia REAL de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, que Juan Carlos Ceriani, hizo creer heréticamente a Luis Ricardo Manzano, (Primero el Rayo, y ahora se murió tu mejor pieza de ganado) que dicha presencia era aparente.    Así como la herética idea, de que existen sacramentos parciales.

     Dios se digne juzgar a mi amado compadre como estulto y no como hereje y a Luis Ricardo Manzano y al casselista Ceriani, les de tiempo de enmendarse y corregir antes de que llegue su propio juicio.

     A mi comadre Vivi y a Nacho, que DIOS les conceda una pronta resignación, y les recordamos que estamos de paso, solo se nos adelanto un poco.



 

SEA PARA GLORIA DE DIOS.

R.I.P.

MARIO FABIAN VAZQUEZ





Alberto González
editor.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El R.P. PADRE MÉRAMO escribe con motivo del reciente "tonteison williamsoniano" y aprovechable también al "teodontólogo" de ceriandad y sus supinos adláteres Malsano y Faisán

OBSESIVAMENTE TENAZ
UNA VEZ MÁS
Una vez más en su Eleison n° 387, Monseñor Williamson insiste obsesivamente en
su erróneo punto de vista argumentando indebidamente para justificarlo, actitud
con la cual no hace más que debilitar y confundir a los fieles que resisten a la Roma
apóstata; más le valiera no hablar ni escribir, puesto que no hace más que
aumentar la confusión en los pocos fieles que aún quedan.

Por lo visto Monseñor Williamson, por más que distinga no hace sino confundir,
puesto que para distinguir hay que tener la luz de la inteligencia bien formada
filosófica y teológicamente hablando. No es precisamente con literatura y música
que esto se logra, aunque si ayuda, lo cual es diferente.

Si de distinciones necesarias se trata (como él pretende), la lengua latina es muy
precisa y concisa, con la ventaja además de no verse modificada en su significación
con el transcurso del tiempo, justamente por ser una lengua muerta. En latín no es
lo mismo hic (este), que hoc (esto).

Y así, Santo Tomás al explicar la fórmula (forma) de la transubstanciación del pan,
dice por qué se pone hoc (esto) y no hic (este), lo cual sería inválido, al no permanecer la sustancia del pan sino nada más sus accidentes (especies del pan), lo
cual está expresado por el pronombre demostrativo hoc (esto), en cambio, si la
sustancia del pan permaneciera (lo cual es herético) después de la transubstanciación cabría decir entonces hic (este), como pronombre demostrativo
masculino, que hace referencia a la cosa (res), lo cual es del orden de la substancia
y no únicamente de los accidentes, que es lo único que permanece del pan después
de la consagración; luego poner en la fórmula de la consagración del pan, este (hic)
en lugar de esto (hoc), invalida la consagración.

Por eso, decir en la traducción del Eleison al español (aunque esto en inglés no se
percibe): “Este es mi cuerpo, es ciertamente válido”, es no tener ni idea de la teología sacramental y desconocer por completo a Santo Tomás, pues es justamente
lo contrario, ya que esa fórmula sacramental es ciertamente inválida; aquí tenemos
otro despiste más de Monseñor Williamson y no en cosa de poca monta. Dicho sea
de paso, la gran mayoría de los misales en español para los fieles adolecen del
mismo grave error por desconocimiento teológico.

De otra parte si vamos a la forma sacramental de la consagración del vino, es falso
lo que afirma Monseñor Williamson al decir: “Este es el cáliz de mi sangre, es lo
más probable que sea válido”, pues no se trata de si es más probable o menos
probable, se trata de si es o no es, y ciertamente no son válidas esas solas palabras,
si nos atenemos a lo que dice Santo Tomás y a la teología sacramental, pues no se
trata de la sola sangre (de la conversión de la substancia del vino en la sangre de
Cristo, como quien dice de la sangre que le circula por las venas) sino de la sangre
derramada, por nosotros, en la Cruz, lo cual es muy distinto, es decir, no se trata
solamente de la sangre como sustancia sino además de la sangre derramada, esto
es, de la efusión de la sangre efectuada por la muerte de Nuestro Señor en la Cruz.

Como dice Santo Tomás de Aquino la forma sacramental de la consagración del
vino debe significar el sacrificio de la Cruz, por la efusión de la sangre, la cual se
operó cruentamente (físicamente) en la Cruz y se renueva incruentamente
(sacramentalmente) sobre el altar por la efusión sacramental de la sangre. Sin Cruz
no hay muerte, la cual se efectúa por la efusión de la sangre, luego sin efusión no
hay muerte, por eso en la Santa Misa para que sea el verdadero sacrificio renovado
sacramentalmente sobre el altar, tiene que haber efusión sacramental, sin la cual
no hay muerte sacramental que es lo que se efectúa en la Santa Misa.

La forma sacramental de la consagración del vino debe significar la muerte de
Cristo en la Cruz, la cual se efectúa por el derramamiento o efusión sacramenta de
la sangre, sin la cual no hay sacrificio ni Misa.

La consagración del pan y del vino por separado representa expresamente (por la
acción) la muerte de Cristo en la Cruz; por eso debe hacerse mención de ello en la
forma sacramental del vino, más que en la del pan, con palabras y su virtud misma
(ex ipsa vi verborum).

A aquellos que dicen que son suficientes las primera palabras: Hic est enim calix
sánguinis mei, Santo Tomás les responde que las palabras que siguen: novi et
aetérni testaménti: mysterium fídei. Qui pro vobis et pro multis effundétur in
remissiónem peccatorum, son de la sustancia de la forma (omnia praedicta verba
sunt de substantia formae, S. Th. III, q.78, a.3). Puesto que si en la consagración
del vino no se expresa verbalmente la efusión de la sangre, efectuada por la pasión
y muerte de Cristo en la Cruz, no hay el Sacrificio de la Santa Misa. Sin la forma
entera no tenemos el Sacrificio de la Misa, el cual que se opera por el sacrificio
sacramentalmente renovado sobre el altar.

La fórmula sacramental de la consagración del vino debe entonces, no sólo
expresar la sangre de Cristo, sino además, la muerte producida por la sangre
derramada, esto es, la efusión de la sangre, por lo cual debe estar contenida en la
forma sacramental, para que así quede expresada sacramentalmente, por las
palabras de la consagración, la muerte de Cristo en la Cruz.

De otra parte está otro argumento que hasta hoy no se ha tenido muy en cuenta,
que es el de la significación sacramental que tiene y debe de tener toda forma de los
sacramentos; puesto que los sacramentos son signos sensibles que producen ex
opere operato, la gracia que significan. Por tal razón la significación sacramental
no puede ser jamás ambigua, equívoca o indeterminada; tiene que ser por propia
definición, determinada y unívoca, no equívoca, puesto que una significación
equívoca o ambigua (ambivalente), no puede significar objetiva y determinadamente la gracia que deben de producir (causar) los sacramentos por la
acción misma realizada.

Todos admiten que el nuevo rito de la Misa es al menos equívoco o ambiguo y esto
tanto en el rito ceremonial cuanto en el rito esencial; luego, si nos atenemos a la
teología sacramental, es evidente que la conclusión que se impone es que no puede
haber un rito de la Misa ambiguo en lo esencial, ya que de serlo, éste sería inválido
por el hecho de que las palabras esenciales de la consagración no significan la
gracia que produce; luego con este solo argumento se puede afirmar que la Nueva
Misa, al ser ambigua, es inválida.

Vemos así cuán lejos está Monseñor Williamson de dar luz, teológicamente
hablando, y con sus argumentos debilita la oposición y resistencia a la Nueva Misa,
que para él es sin lugar a duda, válida, siendo que teológicamente sería inválida.

Monseñor Williamson hace alusión a la ordenación sacerdotal, pero sin hacer
ninguna mención de la consagración episcopal, que ha sido totalmente modificada,
lo cual implicaría su invalidez y de esto que es mucho peor, pues cercena la
transmisión del Orden desde la raíz misma, nada dice. Y como él mismo dice será
juzgado por sus propias palabras tarde o temprano recibiendo la penalidad.

Lo que si queda claro es que Mons. Williamson no es un Obispo teológicamente
confiable, puesto que le gustan los árboles “medio medio” (medio bueno y medio
malo) y se inclina decididamente por el color gris, lo menos que podemos decir, es
que es un Obispo “medio medio” y que es al parecer un cerebro gris que favorece la
Revolución anticristiana de la Roma apóstata la cual legitima y convalida con sus
distinciones “medio medio” grises. Sin embargo Nuestro Señor nos dice: “Diréis: Sí,
sí; No, no. Todo lo demás, viene del Maligno” Mt. 5, 37.

P. Basilio Méramo
Bogotá, 17 de Diciembre de 2014


NOTA DEL EDITOR:
Reverendo Padre, una vez más se ven los mismos procederes de Odo Casel infiltrando los "pensamientos" y dictados heréticos tanto el el rosacruz oxfordiano obispo williamson, como en los postulados heréticos del "teodontólogo" ceriani, guru herético de radio ceriandad.

¿Recuerda usted cuando le dije que Williamson me escribió para que quitara la publicación en la que exhibía estas mismas herejías de cerdiani? 

¿O sigue creyendo que sea coincidencia que a las falsas resistencias se les acabara la participación apologética de teólogos de buena cepa (como su paternidad sabe contamos con casi 37 añitos de lógica, filosofía, apologética y teología dogmática, realmente tradicionales), que si permitían real apología en los blogs de la hoy radio ceriandad?

SEA PARA GLORIA DE DIOS
ALBERTO GONZALEZ

miércoles, 17 de septiembre de 2014

RESPUESTA A UNA OBSESIÓN ANTISEDEVACANTISTA (R.P. Basilio Méramo)




(NOTA DEL EDITOR AL FINAL DE LA EPÍSTOLA)


     Sin darse por aludido, desde su atalaya invulnerable, Mons. Williamson prosigue
impertérrito, dale que dale con su tema, obsesivamente, identificando liberales y
sedevacantistas como las dos caras de una misma moneda; parece que no le entran
balas y no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no
quiere ver y podemos añadir de nuestra propia cosecha; ni peor eunuco que el que
a sí mismo se castra, como de paso le aconteció al famoso y desdichado Orígenes,
que convirtió las Sagradas Escrituras en un cúmulo de alegorías, pues claro, si
seguía interpretándolas en su sentido literal, pero que para él era el craso o crudo,
evidentemente hubiera terminado decapitándose.

Decimos que insiste y persiste Mons. Williamson sin darse por enterado, sin
distinguir, cuando habla del sedevacantismo quiere anular, suprimir, de un solo
plumazo, todo sedevacantismo y seguir reconociendo a Roma apóstata una
legitimidad que no tiene, a pesar y por encima de todo.

Muy lamentablemente Mons. Williamson obliga a que se le tenga que refutar, ante
su obsesión antisedevacantista, ya que no solamente comete el grave error de no
distinguir de qué sedevacantismo habla al equipararlo con el liberalismo como la
otra cara de la misma moneda, sino que menosprecia toda consideración teológica
sobre la sede vacante negando que pueda condensarse en una conclusión teológica
cierta y evidente, no quoad ómnibus (para todos) sino quoad sapientes (para los
entendidos). Como resultado final avala y respalda la autoridad de una pretendida
jerarquía que pontifica no sólo en el error, sino aun en el cisma (en ruptura con el
pasado y la tradición católica), en la herejía y la apostasía renegando del dogma de
la fe. En definitiva se legitima a la Roma Modernista y Apóstata por encima y a
pesar de todo el Misterio de Iniquidad y la abominación de la desolación en Lugar
Santo (la Iglesia) ya presentes.

Mons. Williamson es recurrente sobre el tema y sin embargo no se da (quizás jamás
se dé) por aludido, pues lo que al fin y al cabo le interesa, es respaldar la
legitimidad de una autoridad que pontifica no sólo en el error, sino aún en la
herejía, el cisma y hasta la misma apostasía.

Si bien se mira, la Consideración Teológica sobre la Sede Vacante, es la única que
puede darnos una respuesta teológica y doctrinal ante los hechos consumados que
hoy vemos, de una autoridad que conculca la fe.

Decir reiteradamente que liberales y sedevacantistas se identifican, es equiparar el
sedevacantismo que es una cuestión teológica, (que es posible al no ir contra la fe)
con el Liberalismo que es una magna herejía, como lo atesta entre otros Sarda y
Salvany.

Lo menos que podría hacer Mons. Williamson, es distinguir sapiencialmente
(puesto que es del sabio ordenar y para esto se requiere distinguir) entre un
sedevacantismo visceral, categórico, apodíctico, radical, dogmático y un
sedevacantismo teológico, conclusivo (pues se trata de una conclusión teológica y
por lo mismo, cierta y evidente quoad sapientes, sin que lo sea sin embargo quoad
2

ómnibus –para todos–, metiendo a todos en un mismo saco, para desacreditarlos
de un solo y mismo plumazo).

Mons. Williamson no es más, en el mejor de los casos, que una víctima del tabú y
de los prejuicios que sobre el tema, dialécticamente se han forjado, pues a la Roma
modernista y anticristo (como la denominaba Mons. Lefebvre afirmando además
que estaba en la apostasía) lo único que le interesa y teme perder, es la impunidad
que le da el poder obrar bajo el manto de una supuesta legitimidad. Por eso lo que
más le duele y le dolería, es que se le niegue o al menos se le ponga en duda la
legitimidad de su autoridad. Todo lo demás, lo puede más o menos tolerar.
Estamos ante un falso y dialéctico análisis con el cual se pretende anular toda
posición que impugne la legitimidad de las pretendidas autoridades romanas
actuales y quizás sobre todo, imposibilitar, quitándole todo valor a la posibilidad
de la Sede Vacante, es decir, negar su misma posibilidad y así poder legitimar a
ultranza, dicha autoridad. Por eso no distingue ni quiere distinguir, luego es claro,
que desde su falsa resistencia, sirve a los intereses de Roma apóstata y de la Nueva
Iglesia Conciliar. Aparentemente en contra y opuesto a Mons. Fellay por su
acuerdismo, pero llegando a lo mismo sin ningún acuerdo, ya que legitima por
derecho propio la autoridad de aquella.

Mons. Williamson gusta de señalar que se sobrevalora a la persona y se subvalora
la institución, y no se percata que la Iglesia, como institución divina, impugna por
su propia esencia la conducta de un Papa y de toda la jerarquía oficial que se desvía
de la fe; no se quiere dar cuenta que hay un incompatibilidad radical, esencial y
doctrinal entre la herejía y el Papado. Un Papa hereje y que siga siendo Papa, es
incompatible, puesto que la institución divina de la Iglesia eyecta de su seno al
miembro que se vuelve hereje. Si un Papa se desvía en la fe, pública y
notoriamente, es evidente que deja ipso facto de ser miembro de la Iglesia y por lo
mismo no puede ser su cabeza; esto es lo que decía San Roberto Belarmino,
haciéndose eco de toda la tradición de la Iglesia.

De otra parte, no hay una primacía doctrinal entre el magisterio universal solemne
(extraordinario) y el magisterio universal ordinario. Ambos son igualmente
infalibles y por lo mismo definen dogmas de fe tanto este como aquel (la diferencia
está en la formulación), puesto que tanto el uno como el otro tienen la misma
fuente: la Revelación (la oral que es la Tradición y la escrita, las Sagradas
Escrituras). Claro que todo esto no anula para nada esa gran verdad que Mons.
Williamson afirma, que la infalibilidad del Papa proviene de la Iglesia y no a la
inversa.
De otra parte, no es lo mismo hablar de disparates que de herejías, y que un Papa al
no hablar ex cathedra sea falible y por lo tanto nada impide el que diga disparates,
que poco importarían si fueran disparates de orden natural, como si dijera que un
círculo es cuadrado que un triángulo es bilátero o que dos más dos son cinco, pues
en nada esos disparates vulneran la fe, pero si son algo más que disparates, es
decir, que atingen a la fe, vulnerándola, entonces hay que llamar a las cosas por su
nombre; no se trata de meros disparates, se trata de herejías. Y no es compatible un
3
Papa que diga herejías, objetiva, pública y manifiestamente con la permanencia de
su pontificado.

Hay una contradicción entre la herejía y el Papa. Un Papa no puede ser hereje y
seguir siendo Papa. Eso es evidente bajo el prisma de la fe. Lo que no es de fe es la
conclusión a la que se llegue, o si se quiere, dicha conclusión es materialmente de
fe, pero no formalmente de fe, como lo es toda conclusión teológica cierta y
verdadera, hasta que la Iglesia así lo enseñe y defina.
Parece que Mons. Williamson no supera su recuerdo anglicano-protestante (que
impugna la Iglesia y el Papado) que no le deja libre para su nuevo amanecer ya
convertido al catolicismo; pareciera no poder superar la terrible pesadilla como si
le siguiera afectando. Y eso, parece que produce una parálisis neuronal que puede
esclerotizar el cerebro, pues hay que estar bastante desfasado para no poner al
menos en duda la legitimidad de una autoridad como la actual que raya en la
desfachatez. Cómo no se va a dar cuenta a quién beneficia con sus pretendidas
elucubraciones teológicas, y cómo paraliza cualquier juicio sobre la herejía de los
actuales jerarcas.

Su oposición a Mons. Fellay es accidental; ambos esperan ser convocados y
certificados por Roma, sin lo cual les parece que no serían católicos; ambos
reconocen la legitimidad de Roma apóstata y la única diferencia es que el uno
quiere un acuerdo (Mons. Fellay) y el otro no (Mons. Williamson), pero con o sin
acuerdo, están los dos reconociendo la autoridad aunque esta vaya en detrimento
de la fe y de la Iglesia.

Ambos no reconocen tampoco el carácter apocalíptico de esta crisis, que de
prolongarse y no ser abreviada, nos recuerda las palabras de Nuestro Señor con
ocasión de su segunda venida o Parusía preguntándose si encontraría si
encontraría aún fe cuando vuelva.


P. Basilio Méramo



Bogotá, Septiembre 17 de 2014


Nota del Editor:

   Pese a las reiteradas ocasiones en las que hemos intentado aclarar, que en estas ulteriores épocas, en las que No cabe una Sede Vacante,  en virtud de que ROMA PERDIÓ LA FE Y ES SEDE DEL ANTICRISTO,  Parece ser que los resabios dialécticos del mundo actual que ya acostumbró a las masas,  a  escoger entre un mal y otro en todos  y cada uno de los  menesteres cotidianos, también afecta incluso, a los mas ortodoxos,  sacerdotes que incluso, son doctos en teología, (esto sin menoscabo y sin mención específica de los doctorsetes  sacamuelas que pretenden pontificar con una embarrada en la materia, y que de una u otra forma arrastran con heréticas teorias incluso a quienes se pretenden conservadores cat´licos, por esa misma  estupidez voluntaria por pereza intelectual);  En este orden de ideas,  desde las etimologías  mismas  para el particular en el asunto de marras,  es  forzoso comenzar por entender el real significado de VACANTE, que implica,  desocupada y disponible,  cosas que ni de asomo se actualizan en el problema de la Roma ocupada por los adlateres del anticristo. dando paso de una postura o problema TEOLOGICOS,  a un simple problema de asequibilidad por costumbre,  toda vez, que no existiría el problema TEOLÓGICO del SEDEVACANTISMO, O ANTISEDEVACANTISMO,  si  se entendiera que su origen es una mas de las semillas  sembradas por la hiper revolución anticristiana,  no  fue exenta la  Neo Frater del problema, y de tragarse  las cuestiones antes descritas,  y  no  es poco  común, que aun los mas  ortodoxos conservadores pretendan jugar en el Tablero del otro, con las reglas del otro,  y con la dialéctica del otro.
   

Y si a esto sumamos  las  Falsas resistencias de "Absipos" Británicos   con la ayuda de "bien ordenados presbíteros fornicadores con la gran ramera,   unicamente quedaría para el pequeño rebaño,  una especie de reducto,  también controlado,  por los platenses,  (comienza a parecer que todo esta perdido).  No  fueron coincidencias  ni la  bomba de humo mediatica del Abispo Willy,  con  su "negacionismo"  fue una implotación,  y tampoco nos parece que sea otra "coincidencia"  que el saca muelas  meologo  Brillantemente haya incoado un par de herejías y logrado hacer sucumbir a la verdadera resistencia apologética que hace  poco mas de un lustro, se lograba en los debates de la  hoy  "Radio Ceriandad"  para dar paso,  a poesia improvisada y columna hueca sin efectos reales,  Muy  similar implotación que además regula y controla a presbíteros bien intencionados, al estar subordinados al neoherecirca disfrazado  de piedad.  y controlando en ese otrora reducto a las "masas del pequeño rebaño"o que podría alguien explicar racionalmente el motivo por el cual  el Obispo Willy,  me escribió pidiendo que retirara  las acusaciones denunciadas en su momento,  al cómplice implotador Ceriani?
SEA PARA GLORIA DE DIOS.
Alberto González 

miércoles, 5 de marzo de 2014

MEMENTO HOMO



 Posterior al doble rayo sobre la cúpula de la Basílica de San Pedro hoy sede del Anticisto,  perfectamente consumada del legado profético  de Daniel el santo profeta,  con  sus también consumados y  pomposos; Un tiempo, ( Paulo 6),  Dos tiempos de  JP p´s,  y  el  Medio tiempo más  de la  rata cantantante,  Acaecidos que fueran,  dando por parte del Cielo,  la señal de la finalización del periodo de los 7 reyes apocalipticos,  con el rayo sucedáneo sobre el corcovado,  lugar en el que tendria efecto   el festival de la carne encabezado por "El Pedro Romano" (Un simple Humano) de  San  Malaquías, (Similar a la forma en  la que los festines al  ente de la carne, por parte de antiteos y paganos, siempre precedieron a la Santa cuaresma)  y preanunciando la recta final, "ASÍ COMO EL RAYO CAE EN ORIENTE Y ES VISIBLE EN OCCIDENTE"  preparusiaco.  Da  Inicio  de manera  formal con este Miércoles de ceniza,  La cuaresma pre crucifixión de la Inmaculada esposa del Divino cordero,  con Los cuarenta días, (léanse meses) de tiempo de mortificación, para  la pusylus,  ( o los 1200 y tantos días del mismo Daniel Santo Profeta: (1290 desde la elección del falso Prometeo o Francisquito, que tienen "causalmente, su exacta cumplimentación, el 28 de Diciembre del 2016 ligeramente posterior al 2 de Octubre de ese año, en el que se cumplimentan  los 6000 años de la creación,  con la cumplimentación también  el siguiente 11 de febrero del 2017 Día de la festividad de Lourdes, los 1335 días también del Santo Profeta Daniel)),  cuaresma que justo culmina con el periodo del tiempo extra, posterior al medio tiempo Rat...zingereano,  Real profeta del  anticristo, que fue anunciado por el libro de la Revelación como  anterior pero posterior,  al  propio  JP2,  La bestia que fue,  que volvió a ser  y  que  ahora  sin  ser  sigue siendo, (como  emérito papa de la iglesia del AntiCristo), y que apegado al Mismo evangelio eterno,  será arrojado vivo  al  abismo, que también "Causalmente"  converge en el centenario de Fátima,  (indicio de que el "Dies Ire"  acontecerá en vida de la rata cantante,  bestia de la tierra, que hizo adorar con el falso milagro de la sangre incoagulada (criterio médico que significa vida)  de  JP 2, y con la presencia de su imagen parlante,  en aquél nefasto día, en donde se juntaron los águilas).

   Así pues, dispongámonos "In Nomine DOMINE"  para los cuarenta meses de Penitencia (expulsiones calumnias difamaciones y vejaciones)  de Ayuno (Sin pastores, sin sacramentos),  de  abstinencia, de meditación y de oración, SIN PERDER DE VISTA EL MAPA,  con los  indispensables prerequisitos,  menesteres imperiosos, para quienes pretendamos por inmerecida gracia, participar en las bodas del cordero, como Vírgenes (Sin haber fornicado, con  el mundo Cristiano moderno o modernizado,  y sus visibles posibles elecciones, (El Cristo No esta en el desierto,  Ni está en el fondo de la casa)),  pero vírgenes prudentes, ( con el aceite de la gracia),  Y  asegurados, de que sea con el exacto y perfecto vestido para las bodas, (LA VERDADERA CARIDAD),   de lo contrario, aun estando en el convite podemos ser expulsados a las tinieblas eternas,  Y  con La marca de Cristiano En la Frente, símbolo y figura de la cruz de cenizas con la que acompañamos al inicio de la cuaresma que comienza hoy con todas sus implicaciones.    Teniendo presente mas que  Nunca,  que  el rezo de los quince misterios del Santo Rosario,  "SON EL ÚLTIMO RECURSO, QUE EL CIELO DIO AL HOMBRE",  Que  en la  Crucifixión del Divino Cordero, Única y exclusivamente estuvieron presentes, San Juan (Apocalipsis),  Y la  Santísima  Virgen María, (EN PORTUGAL ("El portus calus",  el puerto hermoso,  en la devoción a la Santísima virgen María)  SE CONSERVARA  LO QUE SE DEBE CREER DE LA  VERDADERA FE".

SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto González.

martes, 24 de septiembre de 2013

INFALIBILISMO PAPÓLATRA E IDÓLATRA DEL GALICANISMO A LA PAPOLATRIA

 
Textos que prueban que un Papa se puede desviar de la fe
 
Ya decía proféticamente el P. Le Floch:

“La herejía que viene será la más peligrosa de todas;

ella consiste en la exageración del respeto debido

al Papa y la extensión ilegítima de su infalibilidad”.


Erróneamente muchos creen como algo dogmático que un Papa no se puede

equivocar o errar en cosas de fe, dada una mala interpretación del dogma que
define la Infalibilidad del Papa ex cathedra. Sobre la infalibilidad del Romano


Pontífice, lo definido única y exclusivamente como dogma por la Santa Madre

Iglesia Católica, es que el Papa solo (individualmente, unilateralmente) no puede
errar o equivocarse en cosas que conciernen a la fe cuando habla ex cathedra. Y


hago la aclaración de él solo individualmente porque algunos lo interpretan como
referido a solamente, únicamente cuando habla ex cathedra, es decir, confunden el


término solo (sin tilde) que es un adjetivo, con sólo (con tilde) que es un adverbio.
Cuando la Iglesia define la infalibilidad del Papa ex cathedra precisa las


condiciones que la constituyen sin las cuales no se da, esto es, en una recta y sana

inteligencia, que si no se cumplen tales condiciones, (límites, limitantes o

especificaciones) no se da. Hay que estar muy obcecado para no verlo ni querer

entenderlo, haciendo de su parecer un dogma, es decir: que el Papa siempre es
infalible en todo lo que diga en materia de fe, hable o no hable ex cathedra; o que

hable ex cathedra cada vez que habla sobre la fe y la moral, sin darse cuenta que


extralimitan la infalibilidad más allá de lo estrictamente definido por la Iglesia. Así,

al afirmar de una manera absoluta, categórica, tajante o dogmática que el Papa es

infalible siempre, cuando habla sobre la fe, van más allá de lo definido por la
Iglesia; por la sencilla razón que la Iglesia habla formalmente de ex cathedra, y no

es lo mismo decir ex cathedra que decir siempre, los términos no son iguales, ni


tampoco los conceptos que estos términos encierran. Es a todas luces evidente que
no se puede equiparar, ni comparar, ni igualar infalibilidad ex cathedra con

infalibilidad siempre. Si esto no se entiende, hay un problema de lógica y además


un problema de captación de las cosas en el sentido que las palabras (términos)
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encierran y que están contenidas en los conceptos o ideas, lo cual deriva también

en un problema filosófico.

Si además de esto, por si fuera poco, se incursiona dentro del campo teológico que

es el de escudriñar los prolegómenos de la ciencia sacra o teología, y confundimos

que ese discurrir racional sobre lo revelado, (la Revelación) que es una verdad,

(conclusión teológica) la asumimos como una verdad de fe, como un dogma de fe;

ese es, lamentablemente, el error de algunos sedevacantistas viscerotónicos que en

aras de querer probar categórica, apriorística, absoluta, rotunda y dogmáticamente

la sede vacante, catalogan a todo el que no piense como ellos, y no la acepte como

una verdad de fe o revelada, de impío, miserable y vil hereje.

Y digo sedevacantistas viscerotónicos, no porque el sedevacantismo en sí mismo

sea un imposible teórica y prácticamente, ni porque sea un absurdo desechable

como lo han querido pintar para eclipsarlo y silenciarlo en la más dramática y

amordazante dialéctica infernal, sino para diferenciarlo de la consideración

teológica de la sede vacante, que sin ser un imperativo dogmático, es una
conclusión teológica evidente quoad sapientes (y ahora cada vez más, para


muchos) y es lo que podríamos denominar un sedevacantismo cerebrotónico

(teológico, equilibrado, ponderado) sin exigir bajo pena de herejía, que sea por

todos aceptado cual si fuera un dogma.
Por ese conviene aclarar que fuera de las alocuciones ex cathedra, en su magisterio


ordinario el Papa solo (él solo, individualmente, unilateralmente, sin los demás

obispos) se puede desviar o equivocar en materia de fe. Por eso, para diferenciar el
magisterio ex cathedra, del que no lo es, se ha introducido por la fuerza misma de

las cosas, el término de “doctor privado” que no es el más apropiado, conveniente,


preciso y exacto, pero que ha sido utilizado por los teólogos para referirse a todo
otro magisterio que no fuera el magisterio ex cathedra, y por lo tanto falible.

Así, Palmieri afirma: “Quaeritur quoque qualis obedientia debeatur Romano



Pontifici aliqui circa doctrinam fidei vel cum ea connexam docenti, quando non ex

Cathedra definit; qualisque obedientia debeatur sententiis doctrinalibus

congregationum Cardinalium. Iam vero posse aliquid docere Rom. Pontificem

quin ex Cathedra definiat manifestum est. Nam factus pontifex non amittit

qualitates communes omnibus, exercitium autem auctoritatis docendi multiplex

esse potest; exercitium vero plenum supremae potestatis liberum est illi qui eam

obtinet. Dignosci vero potest Romanum Pontificem non loqui identidem ex

cathedra; cum enim docens quidem aliquid, tamen no intendit obligationem

imponere credenda illud tamquam aliquid tenendum ab universa Ecclesia, sive id

non significat se velle, tunc non dicitur loqui ex cathedra, etsi de doctrina loquator

spectante fidem vel mores. Qua in hypothesi non satis bene dicitur loqui ut doctor

privatus; licet enim non loquator ex plenitudine auctoritatis, loquitor tamen ex

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auctoritate: quocirca Romanus Pontifex sic loquens non est detrudendus in

censum quorumque doctorum privatorum nullam habentium auctoritatem”.

(Tractus De Romano Pontífice, p.632). (Se pregunta, también, qué obediencia se

debe dar al Romano Pontífice enseñando algo acerca de la doctrina de fe o conexo

con ella cuando no define ex cathedra, y qué obediencia se debe dar a las sentencias

doctrinales de la Congregación de Cardenales. Por otra parte el Romano Pontífice
puede enseñar algo sin definir ex cathedra. En efecto hecho Pontífice no pierde las


cualidades comunes a todos, pero el ejercicio de la autoridad puede ser múltiple;

por cierto, el ejercicio pleno de la suprema potestad es libre para aquel que la

detenta. Se puede, por cierto, distinguir que el Romano Pontífice no hable siempre
ex cathedra, en efecto cuando enseña algo, pero no pretende imponer la obligación


de que sea creído como algo que debe ser tenido por toda la Iglesia, si no manifiesta

quererlo, entonces no se dice que hable ex cathedra, aun cuando hable de doctrina

contemplando la fe o las costumbres. En esa hipótesis, no se dice con suficiente

propiedad que él habla como “doctor privado”. Pues, aunque no hable con la

plenitud de su autoridad, habla sin embargo con autoridad; por eso, el Romano

Pontífice que se pronuncia de esa forma, no puede ser rebajado a la categoría de

cualquier doctor privado que no tenga autoridad alguna).

Por lo cual hay que tener presente que el Papa no siempre ejerce su autoridad en el
grado sumo “ex plenitudine auctoritatis” (con toda la plenitud de su autoridad)

sino que la ejerce simplemente “ex auctoritate”, por eso cuando habla ex cathedra,


es únicamente cuando habla con toda la plenitud de su autoridad para ser infalible.
Así advierte Da Silveira: “En el ‘Dictionnaire de Theologie Catholique’, artículo



‘Infaillibilité du Pape’, Dublanchy muestra que hay enseñanzas pontificias no

infalibles, a las cuales no obstante, el fiel debe normalmente adherir. Deshaciendo

una posible objeción contra el principio de que existen tales pronunciamientos

pontificios oficiales pero no infalibles, escribe: ‘Es verdad que en el siglo XVI y en

los siguientes, muchos teólogos dan frecuentemente a entender que el Papa habla

como doctor privado, cuando no enseña infaliblemente como pontífice. Así San

Roberto Belarmino y Bañez. Pero si se examinan atentamente todas esas

aserciones, por otra parte con frecuencia contradichas por aserciones totalmente

opuestas, es fácil verificar que se trata tan solo de respuestas dadas de paso a

ciertas objeciones históricas, sin que con eso se halla deseado establecer una

doctrina aplicable de modo general a todos los casos en que no existe la

infalibilidad pontificia’ ”. (col.1710 - Da Silveira, Implicaciones Teológicas y


Morales del Nuevo ‘Ordo Missae’, obra mimeografiada Sao Pablo - Brasil, junio

1971, p.207).

Conviene observar, como se verá, que Inocencio III, ni San León II, ni Adriano IV,

han hablado de doctor privado, cuando admitían que un Papa puede desviarse en la
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fe y en consecuencia, caer en la herejía, así como tampoco Torquemada, ni Melchor

Cano, pues fue un concepto que fue más reciente, utilizado por los teólogos y

canonistas posteriormente.
La Iglesia considera que el Papa puede errar fuera de su magisterio ex cathedra,

que el Papa puede equivocarse sobre la fe fuera de cuando habla ex cathedra, esto


es fuera de la infalibilidad que tiene el Papa como Doctor y Pastor universal de la
Iglesia cuando ejerce plenamente su autoridad suprema (ex plenitudine

auctoritatis) para definir una verdad de fe o costumbres debiendo ser creída por


todos en la Iglesia, bajo pena de herejía. Es decir, que fuera del oficio de confirmar

el Papa a sus hermanos en la fe, gracias a la promesa de Nuestro Señor Jesucristo,

el Papa confirma a sus hermanos en la fe de modo indefectible e infaliblemente.

Fuera de este privilegio o prerrogativa exclusiva y personal de la cabeza visible de la

Iglesia y fundamento (piedra), por ser el vicario (que hace las veces) de Cristo, el

Romano Pontífice no es infalible y en consecuencia puede errar al enseñar como

todo otro mortal, como cualquier otro doctor privado, privado no tanto de

particular sino más bien por no ejercer la plenitud (privado) de su autoridad, al no

ejercer su sublime y máximo magisterio de confirmar infaliblemente a sus

hermanos en la fe inmaculada, pura y virginal. Por esto es que los teólogos han

adoptado comúnmente la expresión, no del todo feliz pero si comprensible, de
“doctor privado” para calificar toda otra enseñanza del Papa aparte o fuera de la ex



cathedra.

Claro está que el Papa aparte o fuera del magisterio ex cathedra, puede ser


infalible como lo son a su vez todos los obispos dispersos por el mundo en sus

diócesis ejerciendo unánimemente, coadunados y concordes, el Magisterio

Ordinario y Universal de la Iglesia, o también cuando reunidos en Concilio y como

siempre, bajo su cabeza, el Papa, ejercen el Magisterio Extraordinario Universal de

la Iglesia; pero es evidente que ya no se trata del Papa solo, sino de todo el cuerpo

episcopal de la Iglesia docente, es decir, el Colegio Episcopal que está constituido

bajo su cabeza que es el Papa y sin la cual no hay formalmente colegio episcopal.

Existen en la historia de la Iglesia, muy autorizadas citas que dan razón y

fundamento a lo que venimos afirmando.
Textos de los Papas donde expresan y reconocen que puede un Papa

desviarse de la fe:

San León II (682-683) en una carta de agosto de 682 al Emperador Constantino

IV le dice: “Anatematizamos también a los inventores del nuevo error de: Teodoro



Obispo de Pharan, Ciro de Alejandría, Sergio, Pirro… y también Honorio, que no

ilustró esta Iglesia apostólica, sino que permitió, por una traición sacrílega, que

fuese maculada la fe inmaculada”. (Dz. 563).



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Adriano II (867-872) leyó la frase de San Bonifacio que está en los Decretales de

Graciano: “Culpas [Rom. Pontífice] isti redarguere presumit mortalium nullus,



quia cunctos ipse judicaturus a nemine judicandus, nisi forte deprehendatur a

fides devius”. (Palmieri, Tractus de Romano Pontifici, p.631). (Que ninguno de los


mortales tenga la osadía de pensar que los errores se argüirán en contra de aquel

por el cual todos somos juzgados, a no ser que se le sorprendiese desviado de la fe).
“Leemos que el Pontífice Romano siempre juzgó a los jefes de todas las iglesias

(esto es, los Patriarcas y Obispos); pero no leemos que jamás alguien lo haya

juzgado. Es verdad que, después de muerto, Honorio fue anatemizado por los

Orientales, pero se debe recordar que él fue acusado de herejía, único crimen que

torna legítima la resistencia de los inferiores a los superiores, así como, el rechazo

de sus doctrinas perniciosas”. (alloc. III lecta in Conc. VIII, Act.7 - Citado por


Billot, “Trac. de Eccl. Christi”, tom.1, p.611 - Da Silveira, op. cit, p.149).
Inocencio III (1198-1216) dijo claramente reconociendo en su Sermón 2° de

Consecratione sua: “In tantum fides nihi necessaria est, ut cum de ceteris peccatis



solum Deum iudicem habeam, propter solum peccatum quod in fide committerem

possem ab Ecclesia iudicare”. (Palmieri Trac. de Rom. Pont. , p. 631). (En tanto en


cuanto la fe no sea conculcada, ya que sólo a Dios tengo por Juez del resto de mis

pecados, únicamente por el pecado que contra la fe cometiere, puede juzgarme la

Iglesia).
“Prefacio del Sermón del Papa Inocencio III: ‘La fe es para mí a tal punto

necesaria que, teniendo a Dios como único Juez en cuanto a los demás pecados,

sin embargo, solamente por el pecado que cometiese en materia de fe, podría ser

yo juzgado por la Iglesia”. (Citado por Billot, “Tract. de Ecclec. Christi”, tom. I, p.


610 - Da Silveira, op. cit., p. 153).
Santos que han admitido que el Papa puede desviarse en la fe y caer en

la herejía:

San Bonifacio. Como vimos arriba sus palabras fueron consignadas en el

Decretum de Graciano: “Ningún mortal tendrá la presunción de argüir al Papa de



culpa, pues, incumbido de juzgar a todos, por nadie debe ser juzgado a menos que

se aparte de la fe”. (Da Silveira, op. cit. p. 152).

San Bruno exclamó después que se retractó Pascual II de su error sobre las

investiduras por el poder temporal: “Dios sea loado pues he aquí que el propio

Papa condena ese pretendido privilegio que es herético”. (Da Silveira, op. cit.


p.151). Cosa que jamás hubiera podido decir San Bruno si no pensara que el Papa

podía caer en herejía.
6

San Roberto Belarmino. Aunque por una pía opinión suya se inclinaba por la


tesis de Pighi, sin embargo, teológicamente considera la opinión contraria, por lo

cual cobra mayor valor lo que él dice sin dogmatismos febriles, como algunos

fanáticamente hacen como si fuera de fe, descartando dogmáticamente todo lo que
la contradiga: “Sobre eso se debe observar que, aunque sea probable que Honorio



no haya sido hereje, y que el Papa Adriano II, engañado por documentos

falsificados del VI Concilio, haya errado al juzgar a Honorio como hereje, no

podemos sin embargo negar que Adriano, juntamente con el Sínodo romano e

inclusive con todo el VIII Concilio general, consideró que en caso de herejía el

Pontífice Romano puede ser juzgado”. (Da Silveira, op. Cit. p.154).


La opinión contraria a la de Pighi es la más común y por eso San Roberto

Belarmino la considera, pues más vale una sentencia común de los teólogos, que la

propia opinión del santo cardenal que es más por piedad que por consideración

teológica, pues aunque muy pía no es la más doctrinal teológicamente hablando.

Esto demuestra la verdadera humildad e inteligencia de un verdadero santo,

ejemplo que no siguen hoy muchos de los que enarbolan como dogma cierto y

seguro, y por ende infalible, la tesis de Pighi. Por eso dice S. Roberto Belarmino:
“(…) sobre ese asunto hay cinco opiniones. La primera es la de Alberto Pighi

(Hierarch. Eccles., lib.4, cap.8), para quien el Papa no puede ser hereje y por

tanto no puede ser depuesto en caso alguno. Esa sentencia es probable y puede ser

defendida con facilidad, como después mostraremos en el lugar debido. Sin
embargo, como no es cierta, y como la opinión común es la contraria, es útil


examinar qué solución dar a la cuestión en caso de que el Papa pueda ser hereje”.

(Da Silveira, op. cit. p.155). Este solo texto del gran santo y cardenal Belarmino

debe de ser más que suficiente y evidente para que no se siga empecinadamente

haciendo un dogma de fe de la opinión de Pighi, que no es cierta teológica y

doctrinalmente, con el agravante de que, como lo reconoce el mismo San Roberto,

no es la opinión común en la Iglesia. Esto solo debe servir para dar la luz, la calma

y el equilibrio en este debate que hoy se vuelve una carnicería de negros (con

perdón de los negros muy queridos).

Con respecto a la opinión del cardenal Cayetano (Tomás de Vío, de Gaeta), San
Roberto dice: “La cuarta opinión es la de Cayetano, para quien (De Auctoritate



Papae et Concilli, cap. 20 et 21), el Papa manifiestamente herético no está ipso

facto depuesto, pero puede y debe ser depuesto por la Iglesia. A mi juicio, esa

sentencia no puede ser defendida. Pues, en primer lugar, se prueba con

argumentos de autoridad y de razón que el hereje manifiesto esta ipso facto

depuesto. El argumento de autoridad se basa en San Pablo (Epist. ad Titum, 3),

que ordena que el hereje sea evitado después de dos advertencias, es decir,

después de revelarse manifiestamente pertinaz, lo que significa antes de cualquier

excomunión o sentencia judicial. Eso es lo que escribe San Jerónimo, agregando

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que los demás pecadores son excluidos de la Iglesia por sentencia de excomunión,

pero los herejes se apartan y separan a sí mismos del cuerpo de Cristo. (…) Este

principio es certísimo. El no cristiano no puede ser Papa, como lo admite el propio

Cayetano (ibídem, cap.26). La razón de ello es que no puede ser cabeza el que no

es miembro, ahora bien, quien no es cristiano no es miembro de la Iglesia, y el

hereje manifiesto no es cristiano como claramente enseña San Cipriano, San

Atanasio, San Agustín, San Jerónimo y otros; luego el hereje manifiesto no puede

ser Papa.” (De Rom. Pont. lib.II cap.30, p.418-420 – Da Silveira, op. cit. p. 167).

Y prosigue San Roberto Belarmino para dar su posición: “Luego, la opinión



verdadera es la quinta, de acuerdo con la cual el Papa hereje manifiesto deja por

sí mismo de ser Papa y cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser

cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia; y por eso puede ser juzgado y

punido por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los antiguos padres, que

enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción

(…). El fundamento de esta sentencia es que el hereje manifiesto no es de modo

alguno miembro de la Iglesia, es decir, ni espiritualmente ni corporalmente, lo

que significa que no lo es ni por unión interna ni por unión externa. Porque

inclusive los malos católicos están unidos y son miembros espiritualmente por la

fe, corporalmente por la confesión de la fe y por la participación en los

sacramentos visibles; los herejes ocultos están unidos y son miembros aunque

solamente por unión externa, contrario los buenos catecúmenos permanecen en la

Iglesia tan sólo por una unión interna, no por la externa; pero los herejes

manifiestos no pertenecen de ningún modo, como ya probamos”. (De Rom. Pont.


Lib. II, cap. 30, p.420 - Da Silveira, op. cit. p.172-173).
Canonistas que admiten o afirman que un Papa puede errar en la fe.

Prümmer: “Per haeresim certam en notoriam Papam amittere suam potestatem



autores quidem communiter docent, sed utrum iste casus revera possibilis sit,

merito dubitatur”. (Manuale Iuris Canonici, ed. Herder, Friburgo 1927, p.131).


(Los autores enseñan comúnmente que el Papa pierde su potestad por herejía

cierta y notoria, pero si fuese otro el caso, es de justicia dudar).
Regatillo: “Ob haeresim publicam ipso facto communior: quia non esset

membrum Ecclesiae, ergo multo minus caput”. (Institutiones Iuris Canonici, vol. I,


ed. Sal Terrae, Santander 1951, p.280). (Simplemente por el hecho de herejía

pública: como ya no fuese miembro de la Iglesia, mucho menos podría ser su

cabeza).
Coronata, sobre la cuestión de la pérdida del oficio de Papa (Amissio officii R.

Pontificis) dice: “Haeresis notoria. Quidam auctores negant suppositum: dari



nempe posse R. Pontificem haereticum. Probari tamen nequit R. Pontificem, ut

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doctorem privatum, haereticum fiere non posse, e. g., si dogma antecedenter

definitum contumaciter deneget; haec impeccabilitas nullibi a Deo promissa est.

Immo Innc. III expresse admittit dare posse casum. Si vero casus accidat ipse ex

iure divino ab officio sine ulla sentencia, ne declaratoria quidem, decidit. Qui

enim haeresim palam profitetur se ipsum extra Ecclesiam ponit et non est

probabile Christum suae Primatum Ecclesiae tale indigno servare. Proinde si R.

Pontifex haeresim profiteatur ante quamqumque sententiam, quae impossibilis

est, sua autoritate privatur”. (Institutiones Iuris Canonici, vol. I ed. Marietti,


Torino p.373). (Por herejía notoria. Algunos autores niegan el supuesto: puede,

ciertamente, darse un Romano Pontífice hereje. Sin embargo, no puede probarse

que el Romano Pontífice, como doctor privado, no pueda ser hereje, por ejemplo, si

niega contumazmente un dogma definido anteriormente; esta impecabilidad no es

prometida por Dios a ninguna persona. Por cierto Inocencio III admite

expresamente el caso. Si el caso acontece en realidad, por el mismo derecho divino

sin ninguna sentencia ni declaración alguna, se separa del cargo. En efecto, quien

profesa abiertamente la herejía, él mismo se pone fuera de la Iglesia y no es

probable que Cristo conserve su Primado de la Iglesia a uno con tal indignidad. Así

pues, si el Romano Pontífice profiere una herejía, antes de cualquier sentencia, la

cual es imposible, queda privado de su autoridad).
Vermeersch sobre la cesación de la potestad del Romano Pontífice dice: “Cessat



R. Pontificis potestad morte; renuntiationen libera, quae valida est sine

cuiuspiam acceptatione (c.221); amentia certa et certo perpetua; haeresi notoria”.

(Epitome Iuris Canonici, tom. I, 1927, p.222). (La potestad del Romano Pontífice

cesa por muerte; por renuncia libre, la cual es válida sin ninguna aceptación

(c.221); por la demencia cierta y ciertamente perpetua; por la herejía notoria).
Los teólogos que opinan que el Papa puede ser hereje, y además

cismático o apóstata, cosa que no hay que olvidar, tanto el cisma como la


apostasía, además de la herejía, pueden tener lugar.
El Cardenal Juan de Torquemada (tío del Primer Gran Inquisidor de

España), de quien Da Silveira trae la siguiente cita muy esclarecedora: “(…) El



cardenal español Juan Torquemada es el vigoroso y más influyente paladín del

primado pontificio en el siglo XV, en cuyos escritos todos los futuros defensores

del primado fueron a buscar sus argumentos: desde Doménico Jacobazzi y

Cayetano, pasando por Melchor Cano, Suarez, Gregorio de Valencia y Belarmino,

hasta los teólogos del primer Concilio Vaticano. (…) Para demostrar que el Papa

puede ilícitamente separarse de la unidad de la Iglesia y de la obediencia a la

cabeza de la Iglesia, y por lo tanto caer en cisma, el cardenal Torquemada usa

tres argumentos: ‘1° (…) por la desobediencia el Papa puede separarse de Cristo

que es la cabeza principal de la Iglesia y en relación a quien la Iglesia

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primariamente se constituye. Puede hacer eso desobedeciendo a la ley de Cristo u

ordenando lo que es contrario al derecho natural o divino. De ese modo se

separaría del cuerpo de la Iglesia, en cuanto está sujeta a Cristo por la

obediencia. Así, el Papa podría sin duda caer en cisma. 2° El Papa puede

separarse sin ninguna causa razonable, sino por pura voluntad propia, del

cuerpo de la Iglesia y del colegio de los sacerdotes. Hará eso si no observa aquello

que la Iglesia universal observa con base en la tradición de los Apóstoles, según el

c.‘Ecclesiasticarum’, d.11, o si no observase aquello que fue, por los Concilios

universales o por la autoridad de la Sede Apostólica, ordenando universalmente

sobre todo en cuanto al culto divino. Por ejemplo, no queriendo personalmente

observar lo que se relaciona con las costumbres universales de la Iglesia o con el

rito universal del culto eclesiástico. (…) Apartándose de tal modo y con pertinacia

de la observancia universal de la Iglesia, el Papa podría incidir en cisma. (…) Por

eso, Inocencio dice: ‘De Consue.’ Que en todo se debe obedecer al Papa en cuanto

este no se vuelva contra el orden universal de la Iglesia, pues en tal caso el Papa

no debe ser seguido, a menos que haya para eso causa razonable. 3° Supongamos

que más de una persona se considere Papa y que una de ellas sea verdadero Papa,

aunque tenido por algunos como probablemente dudoso. Supongamos que ese

Papa verdadero se comporte con tanta negligencia y obstinación en la búsqueda

de la unión de la Iglesia, que no quiera hacer cuanto pueda para el

establecimiento de la unidad, en tal hipótesis, el Papa sería tenido por fomentador

del cisma, conforme muchos argumentaban, aun en nuestros días, a propósito de

Benedicto XIII y de Gregorio XII’ ”. (Summa de Ecclesia, pars. I, lib. IV cap. 11,


p.369 vuelta. Citado por Da Silveira, op. cit. p.186-187).
Melchor Cano uno de los grandes teólogos del Concilio de Trento que combatió


la posición de Pighi como una opinión además de errónea, innovadora, en contra

de lo que hasta entonces se había pensado en la Iglesia, como Dublanchy lo
reconoce citándolo: “Todos admiten sin dificultas que el Papa puede caer en la



herejía como en toda otra falta grave; ellos se preocupaban solamente de buscar

por qué y dentro de cuáles condiciones, él puede en ese caso ser juzgado por la

Iglesia”. (Infaillibilité du Pape, col. 1715). Y continúa más adelante Dublanchy: “En



los comienzos del siglo XVI la opinión del cardenal Torquemada es reproducida

por Cayetano (…). Al encuentro de esta afirmación, Pighi afirma que según las

promesas de Jesucristo, tomadas en toda su extensión, Mt. 16,18, es imposible que

el Papa sea herético porque, el fundamento de la Iglesia cesando de estar unido a

Jesucristo sería verdad que las puertas del infierno han prevalecido contra la

Iglesia (…). Esta afirmación de Pighi fue pronto combatida por Melchor Cano,

quién, después de haber rechazado la mayor parte de las explicaciones dadas por

Pighi para justificar a varios Papas con respecto a la fe, concluye que no se puede

negar que el soberano Pontífice pueda ser herético, porque en efecto hay un

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ejemplo o quizás dos. Cano fue seguido por Domingo Soto, Gregorio de Valencia y

Bañez”. (DTC. Infaillibilité du Pape. col. 1715-1716).


Aquí conviene resaltar que según San Alfonso, Pighi se encontraba con su

infalibilismo, en el extremo opuesto a Lutero y Calvino que negaban toda

infalibilidad del Papa. Valga de paso recalcar que San Alfonso también refuta el

Galicanismo, por lo cual nadie puede ni siquiera dudar de su ortodoxia, ni

sospechar de semejante error y herejía en el santo; además tiene justamente la

posición contraria a la que otro santo como Roberto Belarmino que, piadosamente

(y no teológicamente) como él mismo lo dice, apoyaba la opinión de Pighi como

probable y no como cierta, y menos aún como de fe o dogma, lo cual rayaría en la

papolatría, es decir, hacer del Papa una persona divina que no se puede equivocar

cuando habla sobre la fe y la moral, porque goza su persona de una infalibilidad sin

condiciones o límites, por lo cual se trataría de una infalibilidad absoluta en

materia de fe, y esto es pura papolatría y una especie de piadosa idolatría.

Es por eso que la constitución dogmática Pastor Æternus del Concilio Vaticano I
define dogmática y solemnemente la infalibilidad del Papa con la fórmula ex

cathedra y nada más; y es a eso a lo que hay que atenerse. Vemos como dos santos


sobre un mismo punto pensaban contrariamente, el punto sobre la opinión de

Pighi, uno por razones teológicas, el otro por consideraciones piadosas, pero que no

le impedían analizar el tema teológicamente según la sentencia más común.

Esto lo recalco para que no se diga ahora como pretenden muchos sedevacantistas

categóricos, que es un dogma de fe, puesto que los dogmas de fe, como sabemos, no

se discuten; es más, si la cuestión de la imposibilidad de la herejía, del cisma o de la

apostasía de un Papa fuera un dogma de fe y por lo tanto no pudiese caer en ello,

ningún teólogo podría darse el lujo de considerarlo, ni aun como mera hipótesis, ni

posibilidad, como de hecho hizo San Roberto Belarmino, y todos lo hicieron,

excepto su majestad real, el innovador Pighi, quién fue llamado a la corte pontificia

por Adriano VI, el único Papa holandés como él, y que ciertamente se pasó de raya

queriendo ser más papista que el Papa. Quiso congraciarse con su correligionario

que lo favorecía en la corte papal a su lado en Roma, por eso Melchor Cano, con

todo el ímpetu que le caracterizaba, no dudó y lo combatió teológicamente sin

reparos.

Todo esto debe servir por lo menos para que todos nos percatemos por encima de

cualquier discusión teológica y doctrinal, que el tema de un Papa hereje no es algo

que se impone dogmáticamente en la Iglesia, como hoy vemos a muchos

pretenderlo. Eso es todo el punto, que piensen erradamente o no, con razón o sin

razón, lo que no es aceptable es hacer de esto un imperativo dogmático de fe. Si no

se entiende esto no se puede entender nada porque quiere decir que no somos

capaces de distinguir entre lo que es del orden de la fe y lo que es del orden
11

teológico. Como es sabido las conclusiones teológicas para que sean de fe o

dogmáticas tienen que ser enseñadas por la Iglesia infalible y no por los teólogos

falibles. Eso es todo para el que quiera verlo.
El Cardenal Journet dice: “Los antiguos teólogos (Torquemada, Cayetano,



Bañez), que pensaban que de acuerdo con el Decreto de Graciano, que el Papa,

infalible como Doctor de la Iglesia podía sin embargo personalmente pecar

contra la fe y caer en herejía, con mayor razón admitían que el Papa podía pecar

contra la caridad, inclusive en cuanto esta realiza la unidad de la comunión

eclesiástica, así caer en el cisma. La unidad de la Iglesia, según ellos decían,

subsiste cuando el Papa muere, por lo tanto ella podría subsistir también cuando

un Papa incidiese en cisma. (…) En cuanto al axioma donde está el Papa está la

Iglesia vale cuando el Papa se comporta como Papa y como jefe de la Iglesia; en

caso contrario ni la Iglesia está en él ni el en la Iglesia. (Cayetano, ibídem)”. (Da


Silveira, op.cit. p.185). Y esto viene como anillo al dedo en la tan cacareada y

famosa comunión con Roma apóstata y anticristo, tanto de parte de los

modernistas liberales y de los tradicionalistas traidores como Monseñor Fellay, los

padres Schmidberger, du Chalard, Lorans, Celier y compañía.

Podríamos parar aquí pero vamos a citar un pasaje que no deja de ser muy

interesante, sobre todo para deshacer algunos argumentos que hoy se barajan y

esgrimen, y que sirven para redondear el panorama.
Suarez, así, dice: “Por lo tanto, si la fe es fundamento de la Iglesia, es también



fundamento del Pontificado y del orden jerárquico de la Iglesia. Esto se confirma

por el hecho de que esa es la razón presentada para explicar que Cristo haya

pedido a San Pedro una profesión de fe antes de prometerle el papado (Mt. 16).

Segunda confirmación: con frecuencia los Padres dicen que quien no tiene fe no

puede gozar de jurisdicción en la Iglesia, San Cipriano, San Ambrosio, San

Gelasio Papa, Alejandro II, San Agustín, Santo Tomás. Tercera confirmación, a

través de un argumento muy simple: El hereje no es miembro de la Iglesia,

tampoco es cabeza de ella. Aún más, el hereje ni siquiera debe ser saludado sino

que debe ser absolutamente evitado, como enseña San Pablo (Tito 3) y San Juan

(II Epístola), mucho menos por lo tanto debe ser obedecido. Finalmente el

Pontífice herético, niega a Cristo y a la verdadera Iglesia; luego, niégase también

a sí mismo y a su cargo; luego está por eso mismo privado de ese cargo”. (De


Fide. Obra citada por Da Silveira, op. cit. 156-157).

Nos dice Da Silveira, con mucha profundidad, al analizar la hipótesis de un Papa
cismático: “La posibilidad de que el Papa caiga en cisma parece en principio



absurda, pues el cisma ¿No es la ruptura del fiel con el Papa? ¿Cómo puede el

Papa romper consigo mismo? Ubi Petrus ibi Ecclesia Donde esta Pedro ahí está la

12

Iglesia. Con todo, numerosos autores de peso no excluyen la hipótesis”. (op. cit.


p.186).
Al respecto dice Suarez: “Y de este segundo modo el Papa podría ser cismático,



en el caso de que no quisiese tener con todo el cuerpo de la Iglesia la unión, la

conjunción debida, como sucedería si tratase de excomulgar a toda la Iglesia o si

quisiese subvertir todas las ceremonias eclesiásticas fundadas en la tradición

apostólica como observa Cayetano y con mayor amplitud Torquemada”. (Da


Silveira, op. cit. p.187).

Toda la gran compilación y exposición que hemos venido citando se la debemos a
Da Silveira, quien la expone en su magnífico libro “Implicaciones Teológicas y

Morales del Nuevo Ordo Missae”, y que tuve la suerte de encontrar, apenas llegado


en los años 1981-1982, al seminario de la fraternidad San Pio X, en el año de

filosofía en Albano. Este libro fue recomendado por Monseñor Lefebvre, pero

prácticamente había que leerlo a escondidas, porque había un clima desfavorable

con respecto al tema de parte del Director del seminario y un profesor.
Da Silveira resume manifestando su parecer: “Como diremos en el capítulo

siguiente, juzgamos que esta quinta sentencia es la verdadera, y Wernz-Vidal

tiene razón al decir -interpretando a San Roberto Belarmino- que el Papa

eventualmente hereje pierde el pontificado ipso facto, en el momento en que su

herejía se torne ‘notoria y divulgada de público’ ”. (Da Silveira, op. cit.176).

También aclara que: “No se encuentran, en la Escritura y en la Tradición, razones



que muestren la imposibilidad de que un Papa caiga en la herejía. Por el

contrario, numerosos testimonios de la Tradición hablan en favor de la

posibilidad de la caída. Siendo así, que debemos considerar como teológicamente

posible que un Papa caiga en la herejía, y estudiar las consecuencias que

semejante hecho traería para la vida de la Iglesia”. (Da Silveira, op. cit. 177).

Hay que decir, con respecto a los famosos textos de San Mateo 16,18: “Y yo te digo



que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia y las puertas del infierno

no prevalecerán sobre ella”, y San Lucas 22,32: “Pero yo he rogado por ti a fin de

que tu fe no desfallezca y tú una vez convertido confirma a tus hermanos”, que


muchos esgrimen para sustentar la pretendida infalibilidad exagerada al extremo

del Papa , —y que en nada se diferencia de la de los modernistas liberales, como el
caso de Abascal en México que escribió el libro “El Papa nunca ha sido ni será

hereje” (ed. Tradición, 1979) para defender a todo precio el infalibilismo del Papa,


aunque ese infalibilismo del Papa sería una de los aspectos de la peor herejía, de la

cual advertía el Padre Le Floch, director del seminario francés en la época de Mons.
Lefebvre—, que Dublanchy se ve obligado a reconocer: “los dos textos escriturarios



Mateo 16,18 y Lucas 22,32, según la argumentación precedentemente establecida

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y según la interpretación constante de los teólogos prueban únicamente la

infalibilidad del Papa enseñando como Pastor y doctor de la Iglesia entera, eso

que los fieles están obligados a creer y admitir. Esto es igualmente todo lo que

prueba, después de toda nuestra exposición, el testimonio de la tradición

católica”. (DTC, Infaillibilité du Pape, col. 1717).

Por todo esto Da Silveira aclara citando a Mondello: “No pocos en la Edad Media



admitían que el Papa hereje podía ser juzgado por el Concilio; hasta podemos

decir que era doctrina comunísima en aquel tiempo inclusive entre los propios

defensores del Papa”. (Da Silveira, op. cit. p.153). Esto es tan cierto que hasta


Cristóbal Colón llegó a decir en su testamento, lo cual prueba que era doctrina
comunísima en aquel tiempo, recomendándole a su hijo de ponerse: “a los pies del

Santo Padre, salvo si fuese herético, (lo que Dios no quiera)”. (Boletín del Ilustre


Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias del

Distrito Universitario de Madrid, n°36, junio 1992, p.11).

Por todo esto es que San Alfonso María de Ligorio, sobre la infalibilidad del Papa,
decía: “Muchas opiniones están aquí en presencia: 1°. Aquella de Lutero y Calvino



quienes enseñan esta doctrina herética, que el Papa es falible, incluso cuando

habla como Doctor universal y de acuerdo con el Concilio. 2°. La segunda, que es

precisamente lo opuesto de la primera, es aquella de Alberto Pighius que sostiene

que el Papa no puede errar, incluso cuando el habla como doctor privado. 3°. La

tercera es aquella de ciertos autores que sostienen que el Papa es falible en las

enseñanzas dadas fuera del Concilio. 4°. La cuarta opinión que es la opinión

común y a la que nosotros adherimos es la siguiente: Bien que el Pontífice

Romano pueda errar como simple particular o Doctor privado, así como en las

puras cuestiones de hecho que dependen principalmente del testimonio de los

hombres, sin embargo cuando el Papa habla como Doctor universal definiendo ex

cathedra, es decir, en virtud del poder supremo trasmitido a Pedro de enseñar la

Iglesia, decimos que él es absolutamente infalible en las decisiones y controversias

relativas a la fe y a las costumbres. Esta opinión es defendida por Santo Tomás,

Torquemada, de Soto, Cayetano, Alejandro de Hales, San Buenaventura, (…) San

Francisco de Sales (…)”. (Oeuvres Completes de S. Alphonse de Liguori, Traduites


per le P. Jules Jacques. Extrait du Tome IX, Traités sur le Pape et sur le Concile,

p.286-287-292).

Libro este, el citado, que ha sido aprobado por un Breve de Pío IX con ocasión de la
obra titulada Du Pape et du Concile, que reúne los textos de San Alfonso, dispersos


en diversos escritos, y los traduce al francés en un solo volumen, el P. Jules

Jacques.

Por si fuera poco todo lo dicho, Vacandard en el artículo Déposition et Dégradation
des Clers del DTC dice: “Por último el Papa Inocencio III reconoce solemnemente



14

que, si por sus otros pecados él tiene a Dios únicamente por juez, ‘en materia de

herejía él puede ser juzgado por la Iglesia’ propter solum peccatum quod in fide

committitur possem ab Ecclesia judicari. Este principio está en efecto fuera de

duda. (…) La regla que se aplica a los Papas heréticos se aplica igualmente a los

cismáticos, y esta es la segunda excepción que nosotros queríamos señalar”. (col.


520).

Debe quedarnos claro, además, que si asumimos como cierto (y piadoso) que el

Papa nunca jamás puede desviarse en cosas de la fe y caer en herejía, habría que

decir que el dogma de la infalibilidad del Papa cuando habla ex cathedra,

proclamado por la Pastor Æternus, fue mal definido o al menos deficientemente

definido, luego, se equivocó (lo cual es imposible) el Concilio Vaticano I y el Papa
Pío IX, dado que en vez de decir ex cathedra, debieron decir, siempre es infalible

cuando habla de cosas de fe o moral. Puesto que es evidente que el término ex

cathedra no es lo mismo que siempre, ni tampoco el significado (el concepto o la


idea) como ya se dijo, no se puede ser más papista que el Papa y el Concilio,

diciendo lo que éstos no han dicho ni han querido decir, porque simplemente no lo

dijeron.

El hecho mismo que los teólogos, incluidos santos y cardenales hayan tan siquiera

esbozado la posibilidad de que un Papa se desvié de la fe, prueba que no es un

dogma de fe porque sería ir en contra de ello al ponerse a investigar, a suponer o a

teorizar sobre una cosa que es imposible que sea, divinamente hablando, porque

contradiría una verdad divinamente revelada y enseñada por la Iglesia, y los

dogmas, como es sabido no se discuten. Ante la palabra de Dios y de la Iglesia,

causa finita. Quiero con esto decir que todos estos teólogos serían perfectos herejes,

si fuera verdad lo que estos contradictores pretenden, es decir, que el Papa es
siempre infalible, tanto en su magisterio solemne o ex cathedra, como en su


magisterio ordinario.
Claro está, que el Papa aparte de ser infalible ex cathedra, lo es también pero no ya


el solo sino coadunados todos los Obispos del mundo bajo su cabeza, el Romano

Pontífice, como colegio episcopal unánimes en su magisterio ordinario universal o

reunidos extraordinariamente en Concilio Ecuménico.

Como conclusión y resumiendo, su investigación vasta y concienzuda, da Silveira
asevera: “Resumiendo: creemos que un examen cuidadoso de la cuestión del Papa



hereje, con los elementos teológicos de que hoy disponemos, permite concluir que

un eventual Papa hereje perdería el cargo en el momento en que su herejía se

tornase ‘notoria y divulgada de público’. Y pensamos que esa sentencia, no es tan
solo intrínsecamente probable, sino cierta, toda vez que las razones


alegables en su defensa nos parecen absolutamente concluyentes. Además, en las

15

obras que consultamos, no encontramos argumento alguno que nos persuadiese

de lo opuesto”. (op. cit. p. 181).


Esperemos que todo esto nos sirva por lo menos para darnos cuenta que el dogma

de la infalibilidad ha sido mal interpretado, extendiéndolo a todos los

pronunciamientos del Papa; que un Papa puede caer en herejía fuera de su
magisterio ex cathedra, lo cual no es una cuestión dogmática y que se puede tratar


teológicamente. La infalibilidad absoluta, sin límites ni condiciones, es atributo

privativo y exclusivo sólo de Dios. Toda otra infalibilidad, sea la de toda la Iglesia

divina, sea la del Papa solo (que no es divino, ni persona divina, aunque si es

persona sagrada, lo cual no hay que confundir), es una infalibilidad participada y

por definición limitada y con condiciones. Todo lo demás es pura idolatría, si se

pretende afirmar más de lo definido solemnemente por la Iglesia referente a la

infalibilidad del Papa, y hacen de su opinión un dogma (o un cuasi dogma) exigido

por la fe. San Roberto Belarmino ni ningún otro (salvo Pighi y sus secuaces),

pretendieron imponer tal premisa como cierta y de fe, por eso no es ni puede ser

considerado un papólatra ni un idólatra como acontece hoy con los sedevacantistas

viscerotónicos de hoy.

Una y única es la misma fe infalible y la que confirma ex cathedra como dice muy
bien Palmieri: “(…) no es necesario que la fe indefectible sea en realidad distinta



de la confirmación de los hermanos, pero basta que se distinga por la razón. Pues

si la predicación de la fe auténtica y solemne es infalible, puede confirmar a los

hermanos; por eso, una única es la fe infalible y la que confirma; siendo infalible,

goza ella también del poder de confirmar. La indefectibilidad del Pontífice en la fe

fue pedida para que él confirmase a sus hermanos, luego, de las palabras de

Cristo sólo se puede inferir como necesaria aquella indefectibilidad que es

necesaria y suficiente para la consecución de ese fin; y tal es la infalibilidad de la

predicación auténtica”. (Da Silveira, op. cit. p.147). Esta es la fe infalible que

confirma cuando el Papa habla ex cathedra.


De nada vale citar a S. Lucas 22, 32 para negar por imposible que un Papa pueda
caer en herejía, pues como bien dice Da Silveira: “(…) se puede alegar, por un lado,



que el citado pasaje de San Lucas (22,32) es en general aplicado únicamente a las

enseñanzas pontificias que envuelven infalibilidad; y, por otro lado, que son

numerosos los testimonios de la Tradición en favor de la posibilidad de herejía en

la persona del Papa”. (op. cit. p. 146).


Sería incomprensible el comentario de San Vicente de Lerins sobre las palabras de
San Pablo, en Gál. 1, 8-9: “Aun cuando nosotros o un ángel os evangelice fuera de

lo que ya os hemos evangelizado, sea anatema”. Sobre lo cual el santo expone:



“¿Qué es esto que dice: aun cuando nosotros? ¿Por qué no, más bien: aun cuando

yo? Es como si dijera: Aun cuando Pedro, aun cuando Andrés, aun cuando Juan,

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aun cuando, finalmente, todo el coro de los Apóstoles evangelice fuera de lo que

ya os hemos evangelizado, sea anatema. ¡Severidad espantosa!, que para

ponderar la adhesión a la fe primera no se perdone a sí mismo ni a los demás

compañeros suyos del apostolado.(…) Aun cuando nosotros, dice, o un ángel del

cielo; no porque los santos ángeles del cielo puedan ya pecar; mas como si dijera:

Si aun cuando sucediera lo que no puede suceder, cualquiera que osara alterar la

fe una vez transmitida, sea anatema”. (Conmonitorio, ed. Apostolado Mariano,


Sevilla 1990, p.37). Luego, nadie puede enseñar en contra de la Tradición Revelada,

ni aún los mismos Apóstoles (Pedro y Pablo) ni el Papa, ni los Obispos, ni

Cardenales, pero previendo y admitiendo esta posibilidad, San Pablo hace la

advertencia, y el que lo haga por un insondable Misterio de Iniquidad, sea

anatematizado.

Finalmente, como colofón, nada mejor que traer a colación las palabras de la
Sedes sapientiae”, la “Regina sanctorum omnium”, la purísima Madre de Dios,

Nuestra Señora en La Sallette: “Roma perderá la fe y se convertirá la sede del

Anticristo”. Roma, lo sabemos, es la Cátedra de Pedro, la sede del Vicario de Cristo


en la tierra, y la Santísima Virgen no dijo: Roma será ocupada por quien no tiene fe.
No, dijo: “perderá la fe”, y quien pierde la fe es el que cae en la herejía, el que


apostata. Las cosas como son, no nos debe quedar la menor duda. Ni galicanos, ni

papólatras, sino católicos romanos.

P. Basilio Méramo

Bogotá, 24 de Septiembre de 2013