San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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miércoles, 1 de julio de 2026

FESTIVIDAD DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Este cuarto domingo después de Pentecostés coincide con la Festividad de la Preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Fiesta que instituyó el papa Pío IX y que Pío XI la extendió a toda la Iglesia, solemnizándola; por tanto, prima sobre el domingo como fiesta de primera clase, reemplaza la Misa del domingo porque las fiestas de nuestro Señor son las mismas que las del domingo en valor. ¿Y qué nos dice?

Nos recuerda la sangre de nuestro Señor, su Sacrificio, su Muerte, su Pasión y nuestra Redención operada en la Cruz. Redimidos, rescatados, liberados de las garras del demonio, del infierno, de la condenación eterna del pecado. Por eso San Agustín decía que la humanidad era condenada en ese sentido por la impronta del pecado, irremediable, irreparable, pero que eso nos mereció la intervención de nuestro Señor y por eso él exclama: “¡Oh feliz culpa que nos diste tan grande Redentor!”. A nuestro Señor que nos redime en la Cruz y nosotros nos aplicamos esa Redención, sus frutos de salvación, asistiendo a la Misa.

Por eso no es lo mismo el Misterio de la Redención, que el Misterio de la Salvación. Y tampoco es lo mismo como acontece en la liturgia moderna, en la pseudoliturgia de una pseudoiglesia, de una pseudoreligión que quiere pasar como verdadera y equipara la Redención al Misterio Pascual. Eso es un error. La Pascua, que es la Resurrección de nuestro Señor, implica la muerte que tuvo nuestro Señor en la Cruz; pero en la Santa Misa no se tiene simplemente simbolizada, o significada la Pascua, sino la muerte de nuestro Señor en la Cruz y por lo mismo es un Sacrificio propiciatorio por nuestros pecados y no una simple conmemoración de lo que aconteció en la Cruz, de lo que le pasó a nuestro Señor, como quería Lutero.

Con la Misa no anunciamos la Pascua, anunciamos la Muerte de nuestro Señor y de modo indirecto la Resurrección. Directa, evidente, objetivamente la Muerte y no la Resurrección. Entonces la Misa no es la conmemoración de la Pascua de nuestro Señor y mucho menos la conmemoración de la Pascua del Antiguo Testamento de los judíos; eso es tergiversar, prostituir la Misa; eso fue lo mismo que hizo Lutero. Por eso para ellos es una cena, un ágape, pero no un sacrificio verdadero que se reactualiza, se renueva; se vuelve a hacer en cada Misa el mismo Sacrificio de la Cruz renovado incruentamente sobre el altar. La diferencia consiste en el modo: en la Santa Misa es incruento y en la Cruz fue cruento, hubo derramamiento de sangre.

Por lo mismo son esenciales las palabras en la consagración del cáliz que hacen alusión al derramamiento de la sangre de nuestro Señor, porque fue a través de su Muerte y de esa separación, representada en la separación de la sangre de su cuerpo. La doble consagración simboliza la Muerte de nuestro Señor, la simboliza y la realiza y esto hay que tenerlo presente, sin adulterar el significado de nuestra Redención, de la Muerte de nuestro Señor; debemos evitar que se confundan los términos.

Al confundir los términos se niegan las verdades esenciales definidas por el concilio de Trento, porque detrás de todo esto hay herejía, y más que herejía hay una gran apostasía que muy pocos perciben. La mayoría de la gente, mucha de buena fe, sigue el error y por lo mismo hay que predicar la verdad para que si se está en el error de buena fe, oyendo la verdad se salga de él y eso es lo que en la misa de hoy se recuerda, nuestra Redención por el derramamiento de la Sangre, de la Muerte de nuestro Señor en la Cruz para rescatarnos del infierno de la muerte eterna, de la separación eterna de Dios. Para que no odiemos a Dios sino que le amemos y eso es lo que quiere la Iglesia, que amemos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todo nuestro espíritu.

No es que el alma sea distinta al espíritu, como piensan los gnósticos, sino que nuestra alma es espiritual, porque las plantas y los animales tienen alma vegetativa, alma animal, pero nuestra alma no es vegetativa ni animal sino espiritual; es un alma racional y espiritual y por eso inteligente y libre para que con la inteligencia conozcamos a Dios y con la voluntad le amemos sobre todas las cosas. Ese es el primer mandamiento. Y demuestro ese amor cumpliendo al asistir al culto divino, al verdadero culto de Dios los domingos y no a una parodia de misa, una cuasi misa, una apariencia ya que no se define como lo que es, sino a la manera que la entienden los luteranos y los protestantes y esa no es nuestra fe.

Así que en esta fecha de la fiesta de la Preciosísima Sangre de nuestro Señor, nosotros, que bebemos de Ella cuando comulgamos, ya que en la Hostia, por concomitancia, está también la Sangre de nuestro Señor, por eso no es necesario comulgar bajo las dos especies.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos beneficiemos de la Sangre de nuestro Señor para que no sea derramada inútilmente y así salvar el alma y dar mayor gloria a Dios. +

PADRE BASILIO MÉRAMO
1 de julio de 2001

lunes, 8 de diciembre de 2025

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

    


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001

martes, 1 de julio de 2025

FESTIVIDAD DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR

 


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Este cuarto domingo después de Pentecostés coincide con la Festividad de la Preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Fiesta que instituyó el papa Pío IX y que Pío XI la extendió a toda la Iglesia, solemnizándola; por tanto, prima sobre el domingo como fiesta de primera clase, reemplaza la Misa del domingo porque las fiestas de nuestro Señor son las mismas que las del domingo en valor. ¿Y qué nos dice?

Nos recuerda la sangre de nuestro Señor, su Sacrificio, su Muerte, su Pasión y nuestra Redención operada en la Cruz. Redimidos, rescatados, liberados de las garras del demonio, del infierno, de la condenación eterna del pecado. Por eso San Agustín decía que la humanidad era condenada en ese sentido por la impronta del pecado, irremediable, irreparable, pero que eso nos mereció la intervención de nuestro Señor y por eso él exclama: “¡Oh feliz culpa que nos diste tan grande Redentor!”. A nuestro Señor que nos redime en la Cruz y nosotros nos aplicamos esa Redención, sus frutos de salvación, asistiendo a la Misa.

Por eso no es lo mismo el Misterio de la Redención, que el Misterio de la Salvación. Y tampoco es lo mismo como acontece en la liturgia moderna, en la pseudoliturgia de una pseudoiglesia, de una pseudoreligión que quiere pasar como verdadera y equipara la Redención al Misterio Pascual. Eso es un error. La Pascua, que es la Resurrección de nuestro Señor, implica la muerte que tuvo nuestro Señor en la Cruz; pero en la Santa Misa no se tiene simplemente simbolizada, o significada la Pascua, sino la muerte de nuestro Señor en la Cruz y por lo mismo es un Sacrificio propiciatorio por nuestros pecados y no una simple conmemoración de lo que aconteció en la Cruz, de lo que le pasó a nuestro Señor, como quería Lutero.

Con la Misa no anunciamos la Pascua, anunciamos la Muerte de nuestro Señor y de modo indirecto la Resurrección. Directa, evidente, objetivamente la Muerte y no la Resurrección. Entonces la Misa no es la conmemoración de la Pascua de nuestro Señor y mucho menos la conmemoración de la Pascua del Antiguo Testamento de los judíos; eso es tergiversar, prostituir la Misa; eso fue lo mismo que hizo Lutero. Por eso para ellos es una cena, un ágape, pero no un sacrificio verdadero que se reactualiza, se renueva; se vuelve a hacer en cada Misa el mismo Sacrificio de la Cruz renovado incruentamente sobre el altar. La diferencia consiste en el modo: en la Santa Misa es incruento y en la Cruz fue cruento, hubo derramamiento de sangre.

Por lo mismo son esenciales las palabras en la consagración del cáliz que hacen alusión al derramamiento de la sangre de nuestro Señor, porque fue a través de su Muerte y de esa separación, representada en la separación de la sangre de su cuerpo. La doble consagración simboliza la Muerte de nuestro Señor, la simboliza y la realiza y esto hay que tenerlo presente, sin adulterar el significado de nuestra Redención, de la Muerte de nuestro Señor; debemos evitar que se confundan los términos.

Al confundir los términos se niegan las verdades esenciales definidas por el concilio de Trento, porque detrás de todo esto hay herejía, y más que herejía hay una gran apostasía que muy pocos perciben. La mayoría de la gente, mucha de buena fe, sigue el error y por lo mismo hay que predicar la verdad para que si se está en el error de buena fe, oyendo la verdad se salga de él y eso es lo que en la misa de hoy se recuerda, nuestra Redención por el derramamiento de la Sangre, de la Muerte de nuestro Señor en la Cruz para rescatarnos del infierno de la muerte eterna, de la separación eterna de Dios. Para que no odiemos a Dios sino que le amemos y eso es lo que quiere la Iglesia, que amemos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todo nuestro espíritu.

No es que el alma sea distinta al espíritu, como piensan los gnósticos, sino que nuestra alma es espiritual, porque las plantas y los animales tienen alma vegetativa, alma animal, pero nuestra alma no es vegetativa ni animal sino espiritual; es un alma racional y espiritual y por eso inteligente y libre para que con la inteligencia conozcamos a Dios y con la voluntad le amemos sobre todas las cosas. Ese es el primer mandamiento. Y demuestro ese amor cumpliendo al asistir al culto divino, al verdadero culto de Dios los domingos y no a una parodia de misa, una cuasi misa, una apariencia ya que no se define como lo que es, sino a la manera que la entienden los luteranos y los protestantes y esa no es nuestra fe.

Así que en esta fecha de la fiesta de la Preciosísima Sangre de nuestro Señor, nosotros, que bebemos de Ella cuando comulgamos, ya que en la Hostia, por concomitancia, está también la Sangre de nuestro Señor, por eso no es necesario comulgar bajo las dos especies.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos beneficiemos de la Sangre de nuestro Señor para que no sea derramada inútilmente y así salvar el alma y dar mayor gloria a Dios. +

PADRE BASILIO MÉRAMO
1 de julio de 2001

viernes, 8 de diciembre de 2023

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

   


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001

jueves, 8 de diciembre de 2022

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001

miércoles, 8 de diciembre de 2021

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001

martes, 8 de diciembre de 2020

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

 


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001

domingo, 8 de diciembre de 2019

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA (prima con oraciones del 2° Dom. Adv)


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.

Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.

¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.

Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 

Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001

sábado, 8 de diciembre de 2018

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:


En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.


Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.


¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.


Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte. 


Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.

Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.

Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.

Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.

El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola  célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación  retardada.

El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.

Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.

Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.

También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,


Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.

Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.

Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.

Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +

PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001