San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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martes, 6 de enero de 2026

EPIFANÍA DEL SEÑOR

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

sábado, 6 de enero de 2024

EPIFANÍA DEL SEÑOR

  


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

viernes, 6 de enero de 2023

EPIFANÍA DEL SEÑOR

 


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

jueves, 6 de enero de 2022

EPIFANÍA DEL SEÑOR

 


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

miércoles, 6 de enero de 2021

EPIFANÍA DEL SEÑOR

 


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

lunes, 6 de enero de 2020

EPIFANÍA DEL SEÑOR


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002


domingo, 6 de enero de 2019

EPIFANÍA DEL SEÑOR


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

sábado, 6 de enero de 2018

EPIFANÍA DEL SEÑOR

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Esta fiesta de precepto es una de las grandes celebraciones de la Iglesia, de nuestro Señor mismo, a tal punto que antaño la Natividad de nuestro Señor se celebraba  y no el 25 de diciembre y fue en el siglo IV cuando por orden de Roma, del Papa, se obligó a que se celebrase el 25 de diciembre y no en la fiesta de la Epifanía; esto nos muestra que la fiesta de hoy era en la Iglesia primitiva de mucha mayor resonancia que la del 25 de diciembre, que no existía en muchos lugares. Y ¿por qué esta repercusión? Porque nuestro Señor se manifiesta al mundo, a los gentiles el día de hoy. Él nació el 25 a media noche, en el silencio, en el abandono, en la oscuridad de un mundo que no lo quiso recibir, que no le dio albergue ni posada.

En cambio, hoy, con la presencia de los Reyes que no eran ciertamente magos, ni brujos, sino Magos en el sentido de astrónomos, con cierto prestigio en su país porque escudriñaban el cielo; por eso les llamó la atención esa estrella que vieron en Oriente y la fueron siguiendo hasta llegar a Belén para adorar a nuestro Señor.

Los Magos, sabios astrónomos que venían de Persia según dice el patrono de los predicadores San Juan Crisóstomo, se convirtieron en los primeros padres de la Iglesia llevando de nuevo  la fe allá; esa estrella que ciertamente vieron mucho tiempo antes del nacimiento de nuestro Señor, como el mismo San Juan Crisóstomo dice, fue para que así pudieran llegar en esta fecha 6 de enero poco después de haber nacido nuestro Señor; de otra forma hubiera sido imposible hacer ese largo viaje en unos trece días y menos en aquel entonces. Por eso Herodes pregunta exactamente, como dice el Evangelio, por la aparición del tiempo de la estrella y por lo mismo no es de extrañar que mande matar a todos los niños menores de dos años, tomando las debidas precauciones para que no se le escape ninguno y para que aquel Rey no fructique, no viva.

Así, estos padres de la gentilidad que vieron la estrella en Oriente, un astro del todo milagroso porque era extraña toda su conducta, su presencia; su movimiento fue lo que les llamó la atención, su resplandor, su tamaño, alumbraba de día y de noche, les señalaba el camino, hasta que les indicó el lugar exacto en que estaba el niño con su madre. Estrella que ya había sido anunciada por los profetas, y así, cuando llegan los Magos a Belén preguntan por el Niño y le manifiestan a los judíos lo que ellos ya sabían por las profecías: que había una estrella, lo cual inquieta a Jerusalén y al mismo Herodes que tenía miedo de perder su poder si venía al mundo un rey judío y manda preguntar dónde iba a nacer ese monarca; todos unánimemente responden que en Belén de Judá; de allí saldrá el Rey de los judíos, el Salvador, el Mesías que ellos no quisieron aceptar.

Ahora bien, no es de extrañar que los Magos, viniendo desde tan lejos, hayan tenido esa fe para adorar a Dios, como lo dice San Juan Crisóstomo; fueron a lo largo del camino instruidos por Dios, por el Espíritu Santo, poco a poco, para que así después de engendrar en ellos esa fe adoraran a Dios, no a un niño sino a Dios Encarnado en Él, habiéndoseles revelado a ellos por el mismo Dios esos misterios insondables de nuestra fe.

Herodes pide hablar con ellos en secreto porque tenía miedo de que los judíos se dieran cuenta de sus intenciones; jamás pensaría que ellos no le irían a aceptar; creía, al contrario, que lo defenderían y por eso el miedo y la encuesta, que en secreto, les hace, y aun el tiempo que esperó para dictaminar su orden criminal; nuestro Señor permaneció en Belén cuarenta días y por lógica consecuencia, se ve en el evangelio que nuestra Señora, a los cuarenta días, fue al templo para la purificación y fue después de la huída a Egipto. También el pánico que tenía Herodes de ser descubierto en sus malas intenciones y su justificación al verse ya definitivamente burlado por los Magos que habían sido instruidos por Dios y por los ángeles para que volvieran por otro camino.

Vemos así cómo en este día, en la persona de estos tres Magos, está representada toda la gentilidad. Así como también por tres ramas de Noé se engendró todo el resto de lo que se salvó del diluvio. Por eso quizás a uno de ellos lo pintan un poco moreno, o negro, para mostrar en la variedad cómo los reyes de la tierra vinieron a adorar a nuestro Señor y al darle oro, incienso y mirra no hicieron más que mostrar el misterio que se escondía en ese Niño recién nacido. Con el oro se veneraba la realeza divina de nuestro Señor; con el incienso se le reconocía que era Dios, pues solamente a Él se le quemaba incienso, incluso en los ritos paganos quemar unos granos de incienso bastaba para salvarse de la muerte cuando las persecuciones en la Iglesia primitiva; con la mirra reverenciaban la humanidad de nuestro Señor, a ese hombre que iba a morir en la Cruz por nuestros pecados.

Por si fuera poco, no solamente en este día se celebra la Epifanía, que es la aparición, la manifestación de nuestro Señor cumpliéndose así la plenitud de los tiempos, la Teofanía, como dicen los griegos, sino que también como muestra Santo Tomás, nuestro Señor fue bautizado a los treinta años un seis de enero y las bodas de Caná fueron  un año después, en esa misma fecha. Entonces en este día se dieron en distintos años tres grandes misterios de nuestro Señor: su Epifanía recién nacido, a los treinta años su bautismo en el Jordán y un año después las bodas de Caná, que como lo dice Santo Tomás fueron las bodas de San Juan evangelista; día también en que nuestro Señor lo llama para que sea su discípulo, siendo el muy amado que dejó el lecho nupcial para seguir a nuestro Señor.

Por esta razón el amor de San Juan es sublime y lo convierte en el  más apreciado; él respondió al llamado de nuestro Señor, renunció al legítimo matrimonio, como lo dice Santo Tomás siguiendo a San Jerónimo, lo que a muchos fieles, oído por primera vez, les puede sonar y parecer raro; esto por la ignorancia y la poca preparación de los sacerdotes que no leen lo que han dicho los padres de la Iglesia y los Santos.

Personalmente me da pena, pero hay que señalarlo porque no se puede seguir entre tanta incultura, ocupados más en los chismes y en estupideces que en investigar lo de Dios o por lo menos la opinión de los Santos. En el peor de los casos, si uno se equivoca con un Santo Tomás, un San Jerónimo, un San Crisóstomo o un San Agustín, por lo menos estamos respaldados por esa autoridad no para decir tonterías en los sermones o inventar anécdotas y que la gente salga vacía; en los sermones no se trata de idear nada sino de repetir lo que otros, mucho más santos y más sabios y reconocidos en la Iglesia, han pensado, han dicho y han predicado. Esa es la importancia de la patrística que es la que nos pone en ese contacto, en ese conocimiento con lo que antaño se sabía y que hoy lo tenemos demasiado olvidado.

Hoy es un día tan solemne e importante que absorbió durante cuatro siglos la misma Navidad; fue en un seis de enero también en el siglo IV cuando el emperador arriano Valente se convirtió, asistiendo a la Santa Misa que San Basilio el Grande decía en ese entonces combatiendo al arrianismo. El emperador se acercó al altar temblando de miedo por la magnificencia, por la suntuosidad de la ceremonia y por la concentración de ese santo obispo que no atendió  a su presencia sino solamente a Dios y a su culto; casi cae desmayado si no lo hubieran sostenido y así fue, con toda esa majestad y solemnidad la ceremonia en que el emperador se convirtió y dejó de perseguir a los católicos y de favorecer a los arrianos.

Eso nos da una pálida idea, de cómo se celebraban antaño las ceremonias que eran manifestación de la fe, de esa fe que quizás nosotros no tenemos, porque si tuviéramos más confianza moveríamos montañas, no estaríamos dormidos, no aceptaríamos tantos errores y estaríamos más dispuestos a morir por la verdad. Nuestra fe está como una mecha que se apaga, porque vivimos más pendientes del mundo y del qué dirán, cuando no del gobierno y de la economía; ¡a la porra! ¿Qué política puede haber sin Cristo Rey? Ninguna. ¿Entonces cuál es la estupidez del hombre que quiere hacerla sin Dios? Por puro orgullo, por pura vanidad o puro fariseísmo y como castigo de todo eso vendrá entonces a gobernar el anticristo, porque si no reconocemos la realeza de nuestro Señor y que es Él el Rey de reyes sobre todo el universo, como lo aceptaron los tres Magos, entonces lo que va a admitir el mundo es el anticristo y su falsa paz, su falsa iglesia y su falsa religión. Eso debemos recordarlo hoy más que nunca porque cada vez nos acercamos más a ese lamentable hecho.

La fiesta de hoy debe recordar la importancia que tiene para nuestra fe y, por ende, para nuestra salvación y para la Iglesia católica, apostólica y romana ya que será al final de los tiempos sacudida por Satanás y éste, a través de sus supósitos se sentará en el Vaticano como lo dice la antigua fórmula del exorcismo, que después se quitó, y en la cual se pedía incluso para que Satanás no se sentara en la cátedra de Pedro.

Por eso es tan difícil ser hoy católico, apostólico y romano, aunque muchas veces tengamos que decir no a la Roma modernista ya que hay una infiltración que debe ser denunciada como católicos, apostólicos y romanos que somos y saber que Satanás se valdrá de obispos, cardenales e incluso hasta de un Papa, para destruir la Iglesia de Dios. Esa es la gran apostasía de los últimos tiempos, el misterio de iniquidad, la abominación de la desolación en el lugar santo. Y se necesitan obispos que así lo vean, que así lo digan y que así lo señalen. Es un dolor ver que no hay obispos ni buenos ni malos ni de la Tradición ni de los otros que viendo esto lo digan; y pensar que siendo yo un simple cura lo tenga que señalar; me da pena, pero es así y me veo obligado a indicarlo.

Que la Santísima Virgen nos proteja como a hijos indefensos en medio de un mundo que nos devora si no tenemos vigilancia y cuidado. Pidámosle a Ella que nos haga adorar en nuestros corazones, en nuestras almas, a nuestro Dios, a nuestro Señor y que así podamos vivir como verdaderos cristianos. +

P.BASILIO MÉRAMO.
    
6 de enero de 2003

viernes, 6 de enero de 2017

EPIFANÍA DEL SEÑOR


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Esta fiesta de precepto es una de las grandes celebraciones de la Iglesia, de nuestro Señor mismo, a tal punto que antaño la Natividad de nuestro Señor se celebraba  y no el 25 de diciembre y fue en el siglo IV cuando por orden de Roma, del Papa, se obligó a que se celebrase el 25 de diciembre y no en la fiesta de la Epifanía; esto nos muestra que la fiesta de hoy era en la Iglesia primitiva de mucha mayor resonancia que la del 25 de diciembre, que no existía en muchos lugares. Y ¿por qué esta repercusión? Porque nuestro Señor se manifiesta al mundo, a los gentiles el día de hoy. Él nació el 25 a media noche, en el silencio, en el abandono, en la oscuridad de un mundo que no lo quiso recibir, que no le dio albergue ni posada.

En cambio, hoy, con la presencia de los Reyes que no eran ciertamente magos, ni brujos, sino Magos en el sentido de astrónomos, con cierto prestigio en su país porque escudriñaban el cielo; por eso les llamó la atención esa estrella que vieron en Oriente y la fueron siguiendo hasta llegar a Belén para adorar a nuestro Señor.

Los Magos, sabios astrónomos que venían de Persia según dice el patrono de los predicadores San Juan Crisóstomo, se convirtieron en los primeros padres de la Iglesia llevando de nuevo  la fe allá; esa estrella que ciertamente vieron mucho tiempo antes del nacimiento de nuestro Señor, como el mismo San Juan Crisóstomo dice, fue para que así pudieran llegar en esta fecha 6 de enero poco después de haber nacido nuestro Señor; de otra forma hubiera sido imposible hacer ese largo viaje en unos trece días y menos en aquel entonces. Por eso Herodes pregunta exactamente, como dice el Evangelio, por la aparición del tiempo de la estrella y por lo mismo no es de extrañar que mande matar a todos los niños menores de dos años, tomando las debidas precauciones para que no se le escape ninguno y para que aquel Rey no fructique, no viva.

Así, estos padres de la gentilidad que vieron la estrella en Oriente, un astro del todo milagroso porque era extraña toda su conducta, su presencia; su movimiento fue lo que les llamó la atención, su resplandor, su tamaño, alumbraba de día y de noche, les señalaba el camino, hasta que les indicó el lugar exacto en que estaba el niño con su madre. Estrella que ya había sido anunciada por los profetas, y así, cuando llegan los Magos a Belén preguntan por el Niño y le manifiestan a los judíos lo que ellos ya sabían por las profecías: que había una estrella, lo cual inquieta a Jerusalén y al mismo Herodes que tenía miedo de perder su poder si venía al mundo un rey judío y manda preguntar dónde iba a nacer ese monarca; todos unánimemente responden que en Belén de Judá; de allí saldrá el Rey de los judíos, el Salvador, el Mesías que ellos no quisieron aceptar.

Ahora bien, no es de extrañar que los Magos, viniendo desde tan lejos, hayan tenido esa fe para adorar a Dios, como lo dice San Juan Crisóstomo; fueron a lo largo del camino instruidos por Dios, por el Espíritu Santo, poco a poco, para que así después de engendrar en ellos esa fe adoraran a Dios, no a un niño sino a Dios Encarnado en Él, habiéndoseles revelado a ellos por el mismo Dios esos misterios insondables de nuestra fe.

Herodes pide hablar con ellos en secreto porque tenía miedo de que los judíos se dieran cuenta de sus intenciones; jamás pensaría que ellos no le irían a aceptar; creía, al contrario, que lo defenderían y por eso el miedo y la encuesta, que en secreto, les hace, y aun el tiempo que esperó para dictaminar su orden criminal; nuestro Señor permaneció en Belén cuarenta días y por lógica consecuencia, se ve en el evangelio que nuestra Señora, a los cuarenta días, fue al templo para la purificación y fue después de la huída a Egipto. También el pánico que tenía Herodes de ser descubierto en sus malas intenciones y su justificación al verse ya definitivamente burlado por los Magos que habían sido instruidos por Dios y por los ángeles para que volvieran por otro camino.

Vemos así cómo en este día, en la persona de estos tres Magos, está representada toda la gentilidad. Así como también por tres ramas de Noé se engendró todo el resto de lo que se salvó del diluvio. Por eso quizás a uno de ellos lo pintan un poco moreno, o negro, para mostrar en la variedad cómo los reyes de la tierra vinieron a adorar a nuestro Señor y al darle oro, incienso y mirra no hicieron más que mostrar el misterio que se escondía en ese Niño recién nacido. Con el oro se veneraba la realeza divina de nuestro Señor; con el incienso se le reconocía que era Dios, pues solamente a Él se le quemaba incienso, incluso en los ritos paganos quemar unos granos de incienso bastaba para salvarse de la muerte cuando las persecuciones en la Iglesia primitiva; con la mirra reverenciaban la humanidad de nuestro Señor, a ese hombre que iba a morir en la Cruz por nuestros pecados.

Por si fuera poco, no solamente en este día se celebra la Epifanía, que es la aparición, la manifestación de nuestro Señor cumpliéndose así la plenitud de los tiempos, la Teofanía, como dicen los griegos, sino que también como muestra Santo Tomás, nuestro Señor fue bautizado a los treinta años un seis de enero y las bodas de Caná fueron  un año después, en esa misma fecha. Entonces en este día se dieron en distintos años tres grandes misterios de nuestro Señor: su Epifanía recién nacido, a los treinta años su bautismo en el Jordán y un año después las bodas de Caná, que como lo dice Santo Tomás fueron las bodas de San Juan evangelista; día también en que nuestro Señor lo llama para que sea su discípulo, siendo el muy amado que dejó el lecho nupcial para seguir a nuestro Señor.

Por esta razón el amor de San Juan es sublime y lo convierte en el  más apreciado; él respondió al llamado de nuestro Señor, renunció al legítimo matrimonio, como lo dice Santo Tomás siguiendo a San Jerónimo, lo que a muchos fieles, oído por primera vez, les puede sonar y parecer raro; esto por la ignorancia y la poca preparación de los sacerdotes que no leen lo que han dicho los padres de la Iglesia y los Santos.

Personalmente me da pena, pero hay que señalarlo porque no se puede seguir entre tanta incultura, ocupados más en los chismes y en estupideces que en investigar lo de Dios o por lo menos la opinión de los Santos. En el peor de los casos, si uno se equivoca con un Santo Tomás, un San Jerónimo, un San Crisóstomo o un San Agustín, por lo menos estamos respaldados por esa autoridad no para decir tonterías en los sermones o inventar anécdotas y que la gente salga vacía; en los sermones no se trata de idear nada sino de repetir lo que otros, mucho más santos y más sabios y reconocidos en la Iglesia, han pensado, han dicho y han predicado. Esa es la importancia de la patrística que es la que nos pone en ese contacto, en ese conocimiento con lo que antaño se sabía y que hoy lo tenemos demasiado olvidado.

Hoy es un día tan solemne e importante que absorbió durante cuatro siglos la misma Navidad; fue en un seis de enero también en el siglo IV cuando el emperador arriano Valente se convirtió, asistiendo a la Santa Misa que San Basilio el Grande decía en ese entonces combatiendo al arrianismo. El emperador se acercó al altar temblando de miedo por la magnificencia, por la suntuosidad de la ceremonia y por la concentración de ese santo obispo que no atendió  a su presencia sino solamente a Dios y a su culto; casi cae desmayado si no lo hubieran sostenido y así fue, con toda esa majestad y solemnidad la ceremonia en que el emperador se convirtió y dejó de perseguir a los católicos y de favorecer a los arrianos.

Eso nos da una pálida idea, de cómo se celebraban antaño las ceremonias que eran manifestación de la fe, de esa fe que quizás nosotros no tenemos, porque si tuviéramos más confianza moveríamos montañas, no estaríamos dormidos, no aceptaríamos tantos errores y estaríamos más dispuestos a morir por la verdad. Nuestra fe está como una mecha que se apaga, porque vivimos más pendientes del mundo y del qué dirán, cuando no del gobierno y de la economía; ¡a la porra! ¿Qué política puede haber sin Cristo Rey? Ninguna. ¿Entonces cuál es la estupidez del hombre que quiere hacerla sin Dios? Por puro orgullo, por pura vanidad o puro fariseísmo y como castigo de todo eso vendrá entonces a gobernar el anticristo, porque si no reconocemos la realeza de nuestro Señor y que es Él el Rey de reyes sobre todo el universo, como lo aceptaron los tres Magos, entonces lo que va a admitir el mundo es el anticristo y su falsa paz, su falsa iglesia y su falsa religión. Eso debemos recordarlo hoy más que nunca porque cada vez nos acercamos más a ese lamentable hecho.

La fiesta de hoy debe recordar la importancia que tiene para nuestra fe y, por ende, para nuestra salvación y para la Iglesia católica, apostólica y romana ya que será al final de los tiempos sacudida por Satanás y éste, a través de sus supósitos se sentará en el Vaticano como lo dice la antigua fórmula del exorcismo, que después se quitó, y en la cual se pedía incluso para que Satanás no se sentara en la cátedra de Pedro.

Por eso es tan difícil ser hoy católico, apostólico y romano, aunque muchas veces tengamos que decir no a la Roma modernista ya que hay una infiltración que debe ser denunciada como católicos, apostólicos y romanos que somos y saber que Satanás se valdrá de obispos, cardenales e incluso hasta de un Papa, para destruir la Iglesia de Dios. Esa es la gran apostasía de los últimos tiempos, el misterio de iniquidad, la abominación de la desolación en el lugar santo. Y se necesitan obispos que así lo vean, que así lo digan y que así lo señalen. Es un dolor ver que no hay obispos ni buenos ni malos ni de la Tradición ni de los otros que viendo esto lo digan; y pensar que siendo yo un simple cura lo tenga que señalar; me da pena, pero es así y me veo obligado a indicarlo.

Que la Santísima Virgen nos proteja como a hijos indefensos en medio de un mundo que nos devora si no tenemos vigilancia y cuidado. Pidámosle a Ella que nos haga adorar en nuestros corazones, en nuestras almas, a nuestro Dios, a nuestro Señor y que así podamos vivir como verdaderos cristianos. +

P.BASILIO MÉRAMO.
    
6 de enero de 2003