San Juan Apocaleta
Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.
"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.
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lunes, 13 de mayo de 2013
Nuestra Señora del Rosario se presenta a los niños Lucia, Jacina y Francisco en la Cova de Iria por primera Vez el 13 de Mayo de 1917
Relato tomado del libro FATIMA, autor: Icilio Felici, Edit. San Pablo, 1951 (vigesima cuarta edición 1998) pag. 51-58
Era el día 13 de Mayo, domingo antes de la Ascensión. Lucía, Francisco y Jacinta, después de oír muy de mañanita la Santa Misa, con sus respectivas Familias, según la costumbre escrupulosamente observada en las casa temerosas de DIOS, hacia las 10 reunieron en uno sus rebañitos, como lo hacían con frecuencia, y decidieron tomar el camino de la cuenca, donde los prados estaban en flor y las ovejas podrían abundantemente saciarse con la hierba de los barbechos. El sol brillaba límpido y la campiña exhalaba mil variado perfumes, llegados allá hacia el medio día hora oficial, se regresaron un tanto detrás del ganado, hasta que llegado el medio día verdadero, que todo pastor aprende muy pronto a distinguir en la fas del sol, su reloj infalible, se aprestaron a rezar el acostumbrado rosario y a consumir la colación que, como siempre, habían llevado consigo, para entregarse después a los juegos de costumbre... Aquel día el juego era más atrayente, pues se trataba de construir nada menos que una casa con piedras que Francisco se daba prisa a extraer del terreno o de en medio de los Setos.
Habían puesto manos a la obra con ahínco y pasión, cuando de repente fueron deslumbrados por un rayo que parecía haber surcado el horizonte. Asustados, miraron al cielo: Continuaba serenísimo no había ni siquiera una nube del tamaño de una hilacha de algodón, y el sol más resplandeciente que nunca.
Se miraron el uno al otro, sin saber que decir.
-Pero... ¿De dónde habrá venido?...
Lucía Reflexionaba; no es la primera vez que una tormenta se condensa detrás de una montaña para luego subir y desencadenarse.
- Será mejor volver a casa - dice.
Los primos, más impresionados que ella, aprueban sin reserva, dejan sin amparo la construcción, reúnen el rebaño y ¡Abajo! por la pendiente, empujándose por delante las ovejas. Llegados a media bajada, al pasar junto a una robusta encina -Que todavía existe- viene a deslumbrarles otro rayo más fulgurante que el primero.
Esta vez tiemblan de verdad, de arriba a abajo, y se ponen a espolear al rebaño para que no se retrase.
Pero he aquí que, al llegar al fondo de la cuenca se ven obligados a retenerse mudos y atónitos. Delante de ellos, a dos pasos de distancia, sobre una mata de carrasca verde de poco más de un metro de alto, esta una juvenil señora, sublimemente hermosa, mas resplandeciente que el sol, la cual, con ademán lleno de gracia y una voz de sobremanera cariñosa, les dice:
-No tengáis miedo, no quiero haceros daño alguno.Los niños la contemplaban estáticos, arrebatados.
¡Miran!... Aparenta tener 15 a 18 años. El vestido, blanco como la nieve, sujeto al cuello con un cordón de oro le baja hasta los pies, que rosa apenas las hojas de la carrasca. Un manto todo bordado en oro le cubre la cabeza y todo el cuerpo. Las manos están juntas delante del pecho en actitud de orar, de ellas cuelga un Rosario de cuentas blancas como perlas, terminando en una pequeña cruz de plata bruñida. El rostro de rasgos purísimos e indeciblemente delicados, esta rodeado por una aureola de sol, pero parece velado por una sombra de tristeza.
Jacinta y Francisco están inmóviles, sin pestañear; Lucía cobra ánimos y se decide preguntar:
-¿De qué país es usted?-
Hay en la pregunta toda la confusión y toda la sencillez de la pastorcilla fascinada.
-Mi país es el cielo- responde la dulce Señora.
-¿Y qué quiere Usted de mi?
-He venido a pediros que os lleguéis aquí, a esta misma hora, el día 13 de cada mes, durante seis veces consecutivas, hasta octubre. En octubre os diré quien soy qué es lo que quiero de vosotros.
Durante unos momentos Lucía calló; acaso resonaron en su mente las palabras del Ángel: Los santísimos corazones de Jesús y María tiene sobre vosotros designios de misericordia… o es que aquella invitación acabó de desorientarla.
Al cabo de unos instantes, prosiguió animosamente:
-¿Viene Usted del cielo? Y yo, ¿iré al cielo?
-Sí- Respondió la Señora.
Lucía, ingenuamente, se sintió atrevida:
-¿Y Jacinta?
-También
-¿Y Francisco? –Quiere tanto a sus inseparables primitos, que no sabe imaginar un paraíso donde no estén los tres juntos, como allí en el campo, todos los días…
A esta última pregunta los ojos de la celestial aparición se vuelven hacia el niño, lo miran maternalmente pensativos.
-También el- responde la Señora -Pero antes tendrá que rezar muchos rosarios…
Viéndola tan condescendiente, la pastorcilla, como suelen hacer todos los sencillos, vencida su primera timidez, se familiariza con Ella.
Poco tiempo antes han muerto dos jovencitas conocidas suyas. Puesto que la patria de la Señora es el cielo, sabrá cual ha sido su suerte… Y le responde que una está en el cielo y la otra en el purgatorio.
-¿Queréis ofreceros al Señor, prontos a hacer sacrificios y aceptar gustosos todas las penas que El quiere enviaros,, en reparación de muchos pecados con que se ofende a la Divina Majestad, para alcanzar la conversión de los pecadores y en compensación de las blasfemias, y de todas las ofensas hechas al inmaculado Corazón de María?
La invitación, en conjunto, no añade nada nuevo a a invitación del Ángel.
Pero Jacinta y Francisco continúan estáticos y mudos; solamente Lucía responde por todos con vivo entusiasmo:
-¡Si lo queremos!
La aparición da muestras de complacencia, añadiendo luego que muy pronto tendrán que sufrir mucho, pero que la gracia de DIOS les asistirá y confortará siempre. Y al decir esto, extiende las manos… De sus manos abiertas de derrama sobre los videntes un haz de luz misteriosa… Una Luz tan intensa y tan íntima que (son palabras de Lucía), penetrándoles en el pecho hasta lo más íntimo del alma hízoles ver a sí mismos en DIOS con más claridad que nos vemos en el más terso espejo… Es una especie de confirmación, después de la cual la luz divina los llena todos y se apodera de ellos.
Entonces caen los tres de rodillas, misteriosamente impulsados y exclaman:
-¡Oh Santísima Trinidad, yo os adoro!
-DIOS mío, DIOS mío, yo os amo!
Una última recomendación tiene que hacerles la celestial Señora:
Que todos los días, como lo han hecho poco antes, recen el rosario (nota del transcriptor: NO LA TERCERA PARTE SOLAMENTE, NO LOS MISTERIOS LUMINOSOS, sino los quince misterios del Santo Rosario que Nuestra Señora reveló a Santo Domingo) para obtener la paz del mundo.
Después de la cual comienza a elevarse ligera como una pluma… derecha… sin mover los pies… hasta que desaparece en la radiante luz del sol.
¡Dentro de un mes!
¿Volverán los pastorcillos?
Y Ella ¿acudirá?
(nota del transcriptor: La historia sabemos que es verdadera y cierta, ella regresó.)
ACLARACIONES: Reverendo Padre Méramo.
ACLARACIONES SOBRE LA PUBLICACIÓN DEL ESCRITO
“CONSIDERACIÓN TEOLÓGICA SOBRE LA SEDE VACANTE” DE HACE
CASI 20 AÑOS
Aunque con varias impresiones por algunas correcciones
ortográficas o
gramaticales y cambio de formato, el trabajo: Consideración
Teológica sobre la
Sede Vacante, nunca se hizo público.
Dicho ensayo, fue escrito hace 20 años, quedando finalizado
a fines de 1973 y
enviado al entonces Superior General de la Fraternidad San
Pío X, el Padre Franz
Schmidberger el día 13 de Mayo de 1994, fecha mariana muy
significativa. Ahora lo
saco a la luz pública, (sin modificaciones, salvo alguna que
otra corrección de
puntuación y dos o tres citas de Santo Tomás que fueron
añadidas, lo cual hago con
cierto temor, pues no es mi intención suscitar la
controversia que no es de mi
agrado, habiendo tantas posiciones asumidas y tomadas por
unos y otros, dados los
prejuicios e ideas erróneas que muchos, al sostener tal o
cual posición sobre el tema
tienen, e incluso absolutizan cual si fuera un dogma o cuasi
dogma de fe, pero con
visiones y posiciones contrarias.
La cuestión de la Sede Vacante, nunca ha sido expuesta como
una conclusión
teológica evidente quad sapientes tantum (para los doctos y
entendidos) y quizá
ahora con el transcurso del tiempo pueda llegar a ser evidente
quad omnes (para
todos, o si se quiere para muchos al menos) con todo lo que
se ha ido manifestando
hasta hoy día.
La gran mayoría, sea del lado tradicionalista o del
modernista, han enfocado el
tema como una verdad per se nota, es decir, evidente por sí
misma y de modo a
priori, o dogma de fe o cuasi de fe. Es decir, están en una
óptica o tesitura
apriorística categórica donde el discurso o razonamiento
teológico no tiene mayor
importancia ni cabida, pues lo que es de fe no se razona.
Como conclusión teológica, parte de principios o premisas
(al menos la primera de
fe) a través de los cuales se razona en vista de una
conclusión, que depende de todo
el valor argumentativo del que se tenga. Muy distinto es si
de manera racionalista
se parte de principios o ideas categóricas y a priori, como
las famosas categorías
kantianas, o también de manera fideísta al hacer de un
principio o verdad algo
dogmático, de fe o cuasi de fe, que imperativamente se
impone por sí mismo sin
que medie algún tipo de razonamiento deductivo teológico.
La conclusión teológica supone que hay un razonamiento a
partir de premisas
tomadas de la fe, pero que por vía de raciocinio se llega a
una conclusión
teológicamente cierta y verdadera, sin apriorismos
categóricos como las ideas
kantianas de la filosofía moderna, ni mucho menos del
dictado a priori de la fe, cual
si se tratara de un dogma o cuasi dogma sin serlo.
Lejos de apriorismos y de racionalismos típicos de la
mentalidad moderna o del
fideísmo obtuso que suprime de un solo plumazo, el discurso
y la doctrina
teológica.
Para dar un ejemplo, guardando las distancias, pasaría algo
parecido a lo de la
famosa cuestión filosófica de las pruebas de la existencia
de Dios, donde hay toda
una argumentación filosófica a partir de la realidad
existente que nos circunda, y
no a través de ideas como el caso del ontologismo (dicho de
paso no confundir con
el argumento ontológico de San Anselmo que aunque parecido
en apariencia, nada
tiene que ver en el contenido filosófico) haciendo de la
idea de Dios una idea innata
per se nota , lo cual fue la raíz de todo el pensamiento
moderno inaugurado por el
descartado Descartes, y así se llegó a tal desvarío de
impugnar la demostración que
Santo Tomás nos prodigaba por las cinco famosas vías para
probar la existencia de
Dios, pues lamentablemente hay que decirlo, la filosofía, y
mucho menos la
teología, no son el patrimonio de muchos, sino que
lamentablemente de pocos,
muy pocos; como ya decía el gran Fray Luis de León en verso:
“Que descansada
vida, lejos del mundanal ruido, para seguir la escondida
senda por donde han ido,
los pocos sabios que en el mundo han sido”.
No hay que hacer de la infalibilidad del Papa solo, cuando
él habla ex cáthedra, una
extensión ilegítima que no está dentro de los cánones de lo
definido rigurosa
estricta y limitadamente por el Magisterio infalible de la
Iglesia, para que,
compulsiva y desbordadamente se crea como dogma de fe, lo
que no es tal, sin
percatarse que por el mismo hecho se cae en una estulta
idolatría, divinizando o
cuasi divinizando la persona del Papa de turno, como si todo
lo que saliera de su
boca, fuera dogma de fe, sin percatarse que la única persona
Divina de un hombre,
es el caso único y exclusivo de Cristo. Y que la única
infalibilidad sin límites ni
condiciones ni limitaciones, es la de Dios, toda otra, es
una infalibilidad por lo
mismo participada y por ende limitada dentro del contexto
del recipiente en el cual
se comunica, siendo así que la infalibilidad, tanto de la
Iglesia en su Magisterio
Ordinario Universal (de todo el Colegio Episcopal unido con
su cabeza, el Obispo
de Roma, unánimemente proclamando y enseñando una verdad
como divinamente
revelada) o el caso de la misma infalibilidad que el Obispo
de Roma, el Papa o
Romano Pontífice, él solo unilateralmente, sin ningún tipo
de colegialidad
magisterial (lo cual, dicho de paso no hay que confundir con
el colegialismo
jurídico, comúnmente conocido como colegialismo), posee
cuando habla ex
cáthedra, sujetándose a lo que ese término encierra y por
ende limita, límites fuera
de los cuales, si se sobrepasa, se sale de lo estrictamente
definido por la Iglesia y se
cae en una sutil idolatría, tanto como la de los pueblos
paganos, cual los romanos
que divinizaban al César, o los Imperios Indígenas como el
de los Aztecas que
divinizaban al Emperador (cacique), o en el desierto los
judíos como pueblo elegido
de Dios, idolatraban al becerro de oro; aquí lo que se
idolatra, no tan burdamente,
sería la persona del Papa o por lo menos el ejercicio de su
divino poder
extralimitando lo definido. Por eso la Iglesia enseña a
través del canon 1323 § 3:
“No se ha de tener por declarada o definida dogmáticamente
ninguna verdad
mientras eso no conste manifiestamente”. (Código de Derecho
Canónico de 1917).
Esto es lo que muchos no entienden o no quieren ver, si el
Papa solo fuera siempre
infalible este canon está de más, sobra y es inútil. Muchos
desgraciadamente
confunden Magisterio Ordinario Universal (de toda la Iglesia
docente) y Magisterio
Ex Cáthedra (Magisterio Extraordinario Universal del Papa,
de él solo).
Infalibilidad que no es para decir lo que quiera ni lo que
se le venga en gana sino
para confirmar a sus hermanos en la fe de la Santa Madre
Iglesia Católica
Apostólica y Romana fuera de la cual no hay salvación,
ensañando la Sacrosanta
Tradición sin doctrinas nuevas (progresistas y modernistas):
“Pues no fue
prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para
que por revelación suya
manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su
asistencia, santamente
custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida
por los Apóstoles, es
decir el depósito de la fe”. (Dz. 1836).
Por causa de todo esto, las divisiones han sido tremendas
dentro del campo del
tradicionalismo, es decir de todos aquellos que de algún
modo, no han querido
aceptar el modernismo, pero que han sido inhibidos los unos
como la línea media o
exacerbados los otros, como al ultra y a rajatabla
sedevacantismo visceral, que no
ha ponderado el tema de la Sede Vacante dentro de un contexto
teológico más
ecuánime y real, queriendo imponerlo por lo mismo a diestra
y siniestra, al punto
de que el que no lo acepte es tachado ipso facto de hereje,
e incluso queriendo
hacer esta imputación al mismo Monseñor Lefebvre y al
director de Seminario
Francés, el famoso Padre Le Floch, que ya en el año 1926,
llegó a decir
proféticamente: “La herejía que viene será la más peligrosa
de todas; y ella
consiste en la exageración del respeto debido al Papa y en
la extensión ilegítima
de su infalibilidad”. Que es lo que exactamente está
pasando. Para que se vea hasta
donde, quizá con las mejores de las intenciones, pero
cayendo en un rigorismo
mental falto de profundidad filosofía y teología, se llega a
serruchar la rama sobre
la cual se está sentado, o cortar la soga que nos puede
sacar del abismo.
Por todo lo anterior, el tema se ha hecho un tabú y conlleva
un descalificativo para
todo aquel que quiera abordarlo, siendo tildado de loco y
extremista, lo cual en el
fondo ha sido auspiciado por la misma Roma Apóstata y ha
beneficiado esa nueva
postura dentro de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X, a
través de la sinapsis
neuronal Ratzinger-Schmidberger, para sacar el beneficio que
de ello se obtiene en
su provecho y que ahora está a punto de fagocitar a la dicha
gloriosa asociación
fundada por Monseñor Lefebvre y hoy vilmente traicionada por
Monseñor Fellay y
su cúpula, convirtiéndola en la Neo Fraternidad de
malamérita memoria.
Quienes detentan el poder en la Iglesia Modernista y aún no
pocos en la Tradición,
de manera malintencionada han querido siempre aprovecharse
de la ignorancia
que en estos temas suele tener el común de los fieles e
incluso muchos sacerdotes,
para intimidarlos con el estigma del cisma o la herejía y
debe quedar claro de una
vez por todas que la posición teológica sobre la sede
vacante no constituye en
ninguna manera ni cisma ni herejía, puesto que no versa
sobre dogmas de fe, sino
sobre cuestiones teológicas que han sido planteadas y
consideradas por los grandes
doctores y teólogos y como se expone en el escrito en
cuestión, tiene una clara
argumentación y corresponde a una conclusión plenamente
fundada. En ningún
momento se desconoce la autoridad del Papado, por el
contrario, confirmamos
nuestro apego y adhesión a la Roma Eterna de siempre, a la
cátedra de Pedro y al
magisterio de todos los Papas anteriores al Concilio
Vaticano II, pero no podemos
dejar de verificar cuando las actitudes, comportamientos y
enseñanzas de quienes
usurpan la sede de Pedro, coinciden con los casos de
herejía, apostasía y cisma
planteados por los doctores de la Iglesia.
No me queda más que decir, para no tener que hacer
modificaciones en el texto,
que habría que tener en cuenta, lo que dijera Monseñor
Lefebvre, sobre la
visibilidad de la Iglesia, pero que yo en ese entonces no lo
tenía presente en mi
memoria, que dice muy claramente: “Queda claro que somos
nosotros quienes
conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la
Iglesia oficial”. (Fideliter
n°66 Noviembre-Diciembre de 1988) y además, al puntualizar
de manera
magistral: “No somos nosotros, sino los modernistas quienes
salen de la Iglesia;
en cuanto a decir, ‘salir de la Iglesia visible’ es
equivocarse, asimilando Iglesia
oficial a la Iglesia visible. (…) ¿Salir, por lo tanto de la
Iglesia oficial?, en cierta
medida, sí, obviamente”. (Ibídem). Y para que no quede
ninguna duda al respecto,
aunque internamente esto siempre se lo quiso eclipsar,
tapar, ocultar por la mano
negra de los superiores generales, tanto el que fuera
entonces, el P. Schmidberger,
como el hoy Superior General Monseñor Fellay y toda la
cúpula; Monseñor
Lefebvre dice paladinamente: “Es increíble que se pueda
hablar de Iglesia visible
en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la
Iglesia Católica, que
nosotros intentamos representar y seguir. (…) Pero, nosotros
representamos de
verdad la Iglesia Católica tal como era antes, puesto que
seguimos eso que
siempre ha hecho. Somos nosotros quienes tenemos las notas
de la Iglesia visible:
la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad.
Esto es lo que constituye la
Iglesia visible”. (Fideliter n° 70, Julio-Agosto 1989).
Por eso Monseñor Lefebvre se permitió y pudo decir después
de una entrevista
con el entonces Cardenal Ratzinger, el 14 de Julio de 1987:
“Lamentablemente
debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la
apostasía. Estas no son
palabras en el aire, es la verdad: Roma está en la
apostasía”. (Conferencia
durante el retiro sacerdotal en Ecône, 4 de Septiembre de
1987). Exactamente lo
que ya había profetizado Nuestra Señora de La Salette, no
solo que la Iglesia sería
eclipsada, sino además Roma perdería la fe y sería la sede
del Anticristo. Por eso
también en la misma conferencia, se atrevió a decir: “Pienso
que podemos hablar
de descristianización y que esas personas que ocupan Roma
hoy son anticristos.
No he dicho ante Cristos, he dicho Anticristos, como lo
describe San Juan en su
Primera Carta: ‘Ya el Anticristo hace estragos en nuestro
tiempo’. El Anticristo,
los anticristos; ellos lo son, es absolutamente cierto”.
Aunque esto después
trataron de alambicarlo y escamotearlo los que hoy se creen
los dignos discípulos y
sucesores de Monseñor Lefebvre, cuando son en realidad todo
lo contrario.
Cabría también precisar, referente a lo que se dice del
Obstáculo con lo que dijo
San Pío X, para mí en aquel entonces desconocido, pero que
viene a redondear y
precisar sobre su misterioso significado, dando gran luz,
cuando retomando el
pasaje del mandato del Apóstol San Pablo I Timoteo 6,
13-14:“ ‘Te ordeno observar
este mandato (la doctrina que él había enseñado) inmaculado,
intacto, hasta la
venida de Nuestro Señor Jesucristo’. Cuando esta doctrina no
pueda más
guardarse incorruptible y que el imperio de la verdad no sea
ya posible en este
mundo, entonces el Hijo de Dios, aparecerá una segunda vez.
Pero hasta ese
último día, debemos mantener intacto el depósito sagrado y
repetir la gloriosa
declaración de San Hilario: ‘Vale más morir en este siglo,
que corromper la
castidad de la verdad’ ”. (Pie X, Jérome Dal-Gal, 1953, p.107-108).
Con lo cual se
ve que el Obstáculo es el Imperio de la Verdad mantenido por
la Iglesia y el cual
abarca todos los otros aspectos que sean vislumbrados
parcialmente y ahora
quedan comprendidos y sintetizados en la Verdad que Impera
por obra de la Iglesia
y su Magisterio Divino. Esto es precisamente lo que a partir
del Concilio Vaticano II
ha sido destruido y ha dejado de existir.
De otra parte, habría que precisar que la argumentación
teológica de este estudio
que se hizo durante el pontificado de Juan Pablo II, se
puede hacer extensiva
retrospectivamente al pontificado de Pablo VI, quien
continuó, formalizó y decretó
el Concilio Vaticano II, haciéndolo doctrina oficial de la
Iglesia y rematando con su
discurso de clausura el 7 de diciembre de 1965, al proclamar
la “Nueva Religión del
Hombre”, o lo que el escritor colombiano Nicolás Gómez
Dávila, ya había
estereotipado a la actual democracia, surgida de la llamada
Revolución Francesa,
definiéndola como una religión antropoteísta; así como
también hacerla extensiva
proyectivamente a los pontificados de Benedicto XVI y el del
hoy triunfante y
radiante Francisco. Y así como de todos los que vengan en el
nombre del
conciliábulo Vaticano II y su herética reforma que instaura
oficialmente la Contra-
Iglesia del Anticristo o la Nueva Iglesia conciliar o post
conciliar.
Hago además publicación de dos cartas: una la del Padre
Schmidberger como
Superior General, en respuesta a mi escrito y que confiesa
haber sido en un
principio sedevacantista; y la otra, el aval del famoso
Padre Coache, doctor en
Derecho Canónico y por todos los de la época de entonces
conocido, dando su
respaldo al mismo.
Padre Basilio Méramo
Bogotá, 13 de Mayo de 2013
domingo, 12 de mayo de 2013
DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:En este domingo dentro de la octava y después de la Ascensión de nuestro Señor a los cielos en cuerpo glorioso, habiendo preparado a sus discípulos durante esos cuarenta días anteriores a su Ascensión, consolidándolos e instruyéndolos, antes de partir a los cielos, promete nuestro Señor la venida del Paráclito, del Espíritu Santo, del Consolador, como dice la Vulgata pero que, como advierte el padre Castellani muy sabiamente, más que consolador (paño de lágrimas) es el fortificado.
Paráclito quiere decir en griego el que está junto, como el que apuntala, el que sostiene y eso desde adentro. Por eso él es el que nos confirma en la plenitud de la gracia septiforme que se recibe en la confirmación y por eso tenía que venir para plenificar la Iglesia, consolidarla en su gracia, para que persevere incólume hasta el fin de los tiempos; esa es la obra del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el soplo divino del mutuo amor, entre el Padre y el Hijo, esa Tercera Persona que se origina del amor que hay en Dios y que es Espíritu. Por eso la Iglesia se consolida en el amor de Dios. Ese es el carácter sobrenatural de nuestra religión, que no es una religión natural como hoy insensiblemente se la está prodigando; nuestra doctrina es formalmente sobrenatural, no una simple creencia en Dios infinito, omnipotente, bueno, providente, sino además un Dios que se reveló como Uno y Trino, y que nos participa de su naturaleza divina, que es la gracia santificante.
De allí la gran promesa de nuestro Señor antes de partir a los cielos en cuerpo glorioso; nos augura la venida del Espíritu Santo que Él enviará junto con el Padre; esa es la misión del Espíritu Santo, del soplo de amor divino para que permanezca en la Iglesia vivificándola como su alma y es Espíritu de verdad, no de confusión, ni de oscuridad, ni de error, como dice nuestro Señor.
Así, entonces, les dice a sus apóstoles que el Espíritu de verdad dará testimonio de Él como los discípulos y todos sus descendientes tendrán que darlo de nuestro Señor profesando públicamente la fe católica como fruto de esa revelación. Como dice Santo Tomás citando a San Juan Crisóstomo, el fruto del Espíritu Santo es la profesión de la fe en nuestro Señor Jesucristo dando testimonio de la verdad, sin parte con ningún error; por eso la fe es infalible, por eso la Iglesia inconsútil no acepta, no tolera el error, porque no sería la Iglesia de Dios. Eso, mis estimados hermanos, debemos tenerlo en cuenta sobre todo hoy, porque la comunión en la santa Iglesia católica es en la verdad, en el Espíritu de verdad, que es espíritu de amor. Y no le busquemos una quinta pata al gato.
Por eso no me cansaré de recordar lo que dice nuestro Señor: “No todo aquel que dice ¡Señor, señor! entrará en el reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Y la voluntad del Padre, ¿cuál es? Que se guarde su palabra, su Verbo. Y, ¿cuál es el Verbo del Padre, cuál su palabra? El Hijo, y Éste se encarnó, se hizo hombre y a través de ese Verbo se revela el Padre, se revela Dios como Uno y Trino y en la revelación de esa doctrina, de esa palabra, está hacer la voluntad del Padre.
Esa principios que nuestro Señor dice no son de Él, sino del Padre, porque Él es su Verbo, su pensamiento. Eso es lo que sirve de característica fundamental para tener en medio de la gran confusión que nuestro Señor predice en el evangelio de este día, al advertir a sus discípulos que no se escandalicen cuando sean echados de la sinagoga, es decir, excomulgados, porque serán antema-tizados los verdaderos fieles de Cristo por mantener el testimonio real de Dios.
Y eso, mis estimados hermanos, es hoy una realidad que se ha cumplido literalmente, históricamente, con la condenación oficial que se hizo a monseñor Lefevbre y a monseñor De Castro Mayer. Esos son hechos históricos y no nos escandalicemos. He ahí en lo que no debemos caer, en el desconcierto de esa falsa excomunión por mantenerse en la verdad de Dios y no claudicar como lo hicieron los sucesores de monseñor De Castro Mayer en Brasil con el padre Rifán, al cual le había dicho yo dos años atrás que tuviera cuidado porque, “no es fiel a monseñor De Castro Mayer”; las cartas que le he enviado a él públicamente no son las primeras, porque ya se le veía el caminado y por éste se conoce al personaje.
Lo mismo pasa, duele decirlo, con respecto al padre Aulagnier, uno de los principales miembros de la Fraternidad, hablando de pluralismo litúrgico y de catolizar la misa moderna, cuando monseñor Lefebvre dijo que era bastarda, porque había nacido así en la cópula de ese acercamiento ecuménico entre católicos y protestantes. Lo que sale de allí es una doctrina, una liturgia falsa y eso no se puede legitimar; si hay un matrimonio legítimo no se puede legalizar a los hijos nacidos fuera de él.
Entonces, ¿cómo se puede legitimar una misa de esas características? Eso es imposible. He estado esperando que me conteste el padre Aulagnier, porque lo que no puede ser es que se propague el error y los fieles estén sin directivas, sin saber qué hacer. Él, en los comienzos, fue el brazo derecho de monseñor Lefebvre y empieza a caminar torcido como el padre Rifán; lo digo con dolor porque lo que aquí menciono me toca hacelo de puño y letra.
Y para aumentar ese concierto musical carnavalesco, la misa del cardenal Castrillón, después de más de treinta años sin decirse en la Basílica de Santa María la Mayor. Claro que es muy fácil alegrarse, pero es también consecuencia de la ignorancia y por eso es mi deber, mis estimados hermanos, como deber de caridad, combatir la ignorancia.
No es diciendo una Misa de Pío V, después de tanto tiempo, como se vuelve a la Tradición. ¿Cuál dijo al otro día y cuál está diciendo hoy el cardenal Castrillón? O acaso, ¿con decir una misa tradicional, con eso ya está bien y se profesa toda la fe católica y no hay ningún problema? ¡No señor! Eso no es ningún signo de acercamiento, no lo hay, lo que hay y lo que compete es la profesión de la fe católica en toda su pureza, en toda su integridad, dando testimonio del espíritu de verdad y no oficiando una misa como si fuese una payasada de circo. Porque además han asistido todos los falsos tradicionalistas liberales de Eclesia Dei de San Pedro, todos los que se han ido de la Fraternidad y que critican tanto a monseñor Lefebvre como a nosotros y quieren el contubernio con el error invocando la autoridad del Vaticano, la del Papa, la de los obispos.
La autoridad de la Iglesia es para dar testimonio de la verdad y no del error, y nuestro Señor es categórico en eso. Él mismo nos dice, hablando de los falsos profetas, que estarán dentro de la Iglesia con apariencia de virtud. San Juan Crisóstomo nos advierte que son mucho peor que los que están fuera, porque son los enemigos internos, ocultos, quienes solapadamente socavan los fundamentos de la Iglesia católica. Así lo hizo ver hace un siglo su santidad Pío X cuando dijo que los modernistas estaban socavando la raíz misma de la Iglesia católica y que lo único que se esperaba, viendo los acontecimientos históricos de aquel momento, era que el anticristo naciera. Son palabras del sumo Pontífice Santo y Patrono de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Porque hay que estar en comunión con la verdad.
Monseñor Lefebvre fue excomulgado, cumpliéndose literalmente lo que dice nuestro Señor: “Seréis expulsados de la sinagoga”, ésta en aquel entonces era la Iglesia del Antiguo Testamento instituida por Dios. Por eso no debemos escandalizarnos cuando nos echen de la Iglesia por defenderla. Hay que tener una fe muy firme, una visión muy clara, hay que ser un católico instruido. En esta crisis no se aceptan soldados de medio pelo; esos no le sirven ya. Se necesitan soldados de Cristo y no católicos aburguesados y mediocres que todo les da igual, que les da lo mismo prenderle una vela a Dios y otra al diablo.
“No todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial”. Es más, “pensarán hacerle un servicio”, dice nuestro Señor. Agrega Santo Tomás, que se refiere a los judíos porque los paganos no persiguen en el nombre de Dios sino en el de los dioses; pero el judío acosa en el nombre de Dios y por eso pensarán hacerle un servicio. Con lo cual nuestro Señor está también profetizando y señalando el hostigamiento judaico que habrá a lo largo de los tiempos y que se acrecentará hacia el final.
Lo que está pasando hoy es la judaización de la Iglesia, son los judíos los que gobiernan y dominan el mundo y entronizarán al anticristo, para lo cual necesitan una Iglesia de acuerdo a sus intereses, para que no haya resistencia.
Por eso esa obra que está haciendo monseñor Castrillón es una obra típica de un israelita; entonces, que no sea un idiota útil que se preste a ello. Y si es un judío avispado entonces se le desenmascarará, pero lo que no puede ser es que no veamos claro y que caigamos ingenuamente como una niña de quince años un poco cándida y un poco pura, pero un poco tonta también, en las manos de su seductor. Duele decirlo, pero es así.
El Evangelio emplea las imágenes fuertes; el mismo casto San Juan, cuando muestra el misterio de la mujer escarlata, simbolizado por una prostituta. Tengamos cuidado, porque a una mala mujer uno no se acerca. ¿Y qué hace monseñor Castrillón, que hoy oficia la misa tradicional y mañana la nueva, y que va con el que primero le ofrezca más? Espero, mis estimados fieles, que ninguno se escandalice y si se lo hacen, pues sacudo mis pies y me voy a otra parte.
No puede ser que nos dejemos insensiblemente adormecer y que toda la prensa internacional esté al unísono. Por eso es mi deber decirlo, porque aun dentro de la Fraternidad no todos los sacerdotes lo comprenden, es un hecho, pero aquellos que crean que sí lo entienden, tienen que alzar la voz en el nombre de Dios y en del Espíritu Santo. Es muy fácil hablar de un San Atanasio hace diecisiete siglos, pero lo que no puede ser es que empeorándose la situación no haya Santos Atanasios hoy, eso no puede ser. Y si no existen, es porque no hay Iglesia católica.
El mismo monseñor Williamson me dijo un día: “Cayó Campos...”, es decir, los sacerdotes que continuaron y se unieron a monseñor De Castro Mayer. “...¿caerá la Fraternidad?”. Pidamos para que no claudique, no se escandalice de ser señalada con el dedo como los desechos de la sociedad clerical, como lo advierte San Pablo, “seréis señalados como la escoria de la sociedad”; y ahí está nuestro honor, nuestra humillación y nuestra humildad. Porque hay que ser modestos para dejarse escupir así la cara y mantenerla en alto, como un verdadero soldado confirmado en la gracia del Espíritu Santo.
Si algún fiel no entiende esto, le pido me lo diga para esclarecérselo y si no quiere comprender es que se equivocó de lugar. Hay que saber que nos espera un combate rudo, cruel y que no es para muchos sino para unos pocos predilectos y amados de Dios, que lo buscan en todas las cosas y en primer lugar, y que Él para ellos no es un artículo de lujo de segundo o tercer orden sino que es esencial, fundamental. Donde no está Dios verdadero no hay nada, todo es podredumbre y basura. Primero Dios, decía Santa Juana de Arco, y murió tildada de loca, como engañadora y mala mujer por el obispo Cochón, que hasta ese nombre tiene, pues quiere decir cochino, cerdo, y él era el miembro más encumbrado de la universidad de La Sorbona, de París. Fueron algunos integrantes de esta universidad los que persiguieron y mandaron ejecutar a Santa Juana de Arco, que permaneció fiel a la palabra divina muriendo con gran entereza.
Y ahora, ¿cómo es posible que nosotros, siendo muchos más, vayamos a claudicar, nos vaya a dar miedo? ¿De qué? ¿De que no nos den permiso? ¿De qué? ¡No señor! Para ser católicos, nadie le pide autorización a la Iglesia para ser bautizado, simplemente le manifiesta y le pide que le dé la fe en el bautismo. Nosotros no necesitamos ningún permiso para decir la Misa de siempre; ninguno. Y no hay ninguna excomunión, no existe. La Tradición no puede ser condenada. Por eso monseñor Lefebvre decía que si había algún anatematizado serían ellos, los que arrinconan y persiguen a la Tradición de la Iglesia, los que no la quieren y desean una implantación de una Iglesia mancomunada, que cobije a todos los hombres sin dogmas ni credos que dividan. Esa será la Iglesia del anticristo y “a ese sí le recibiréis”, dice nuestro Señor, “pero yo, que no vengo en nombre propio, sino en el de mi Padre, me rechazáis”; por eso le crucificaron. Por eso nosotros vamos a la inmolación y no nos hagamos ilusiones de que así no sea.
Ahí está la gloria, en poder soportar esa sacrificio como verdaderos católicos sin escandalizarse, llenos del amor del Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia y no el espíritu de error y de mentira que entró con el Vaticano II como el humo del infierno, como el mismo Pablo VI, siendo pontífice en aquella época, lo dijo.
Por eso el evangelio de hoy debe servirnos para que nos consolidemos en el espíritu de verdad y no nos asombremos cuando seamos proscritos. Porque la Iglesia católica, apostólica y romana no son los muros de piedra, no son los edificios, es el alma de todo fiel a Cristo, los Cristifideles, que por un misterio de iniquidad serán dispersados por el mundo. Ese es el gran misterio de iniquidad de la Iglesia. La congregación de los Cristifideles al fin de los tiempos sean dispersados físicamente, materialmente, pero unidos en la verdad del Espíritu Santo, del soplo de amor del Espíritu de verdad de Dios. Por eso el próximo domingo, que será Pentecostés, la Iglesia quedará definitivamente consolidada, reafirmada, coronada en ese soplo de amor del Espíritu Santo que es Espíritu de verdad y que durará hasta el fin de los tiempos.
Pidamos a nuestra Señora que sepamos dar testimonio de nuestro Señor profesando la fe y la verdad sobrenatural y eso con el amor, con el soplo de Dios, del Espíritu Santo y así no tendremos miedo a nada ni a nadie, sólo a Dios. Él será lo único que realmente nos interese, todo lo demás es secundario. Ese es el sentido verdaderamente católico, en el que todo fiel debe vivir y morir y por eso hay que recordarlo, sobre todo ahora, en esta hecatombe que estamos viviendo fuera y dentro de la Iglesia. Pidamos al Espíritu de amor que ilumine nuestras inteligencias y el corazón con su llama, con su fuego, para que así permanezcamos en este testimonio fidedigno y veraz de Dios. +
PADRE BASILIO MERAMO
1 de junio de 2003
Paráclito quiere decir en griego el que está junto, como el que apuntala, el que sostiene y eso desde adentro. Por eso él es el que nos confirma en la plenitud de la gracia septiforme que se recibe en la confirmación y por eso tenía que venir para plenificar la Iglesia, consolidarla en su gracia, para que persevere incólume hasta el fin de los tiempos; esa es la obra del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el soplo divino del mutuo amor, entre el Padre y el Hijo, esa Tercera Persona que se origina del amor que hay en Dios y que es Espíritu. Por eso la Iglesia se consolida en el amor de Dios. Ese es el carácter sobrenatural de nuestra religión, que no es una religión natural como hoy insensiblemente se la está prodigando; nuestra doctrina es formalmente sobrenatural, no una simple creencia en Dios infinito, omnipotente, bueno, providente, sino además un Dios que se reveló como Uno y Trino, y que nos participa de su naturaleza divina, que es la gracia santificante.
De allí la gran promesa de nuestro Señor antes de partir a los cielos en cuerpo glorioso; nos augura la venida del Espíritu Santo que Él enviará junto con el Padre; esa es la misión del Espíritu Santo, del soplo de amor divino para que permanezca en la Iglesia vivificándola como su alma y es Espíritu de verdad, no de confusión, ni de oscuridad, ni de error, como dice nuestro Señor.
Así, entonces, les dice a sus apóstoles que el Espíritu de verdad dará testimonio de Él como los discípulos y todos sus descendientes tendrán que darlo de nuestro Señor profesando públicamente la fe católica como fruto de esa revelación. Como dice Santo Tomás citando a San Juan Crisóstomo, el fruto del Espíritu Santo es la profesión de la fe en nuestro Señor Jesucristo dando testimonio de la verdad, sin parte con ningún error; por eso la fe es infalible, por eso la Iglesia inconsútil no acepta, no tolera el error, porque no sería la Iglesia de Dios. Eso, mis estimados hermanos, debemos tenerlo en cuenta sobre todo hoy, porque la comunión en la santa Iglesia católica es en la verdad, en el Espíritu de verdad, que es espíritu de amor. Y no le busquemos una quinta pata al gato.
Por eso no me cansaré de recordar lo que dice nuestro Señor: “No todo aquel que dice ¡Señor, señor! entrará en el reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Y la voluntad del Padre, ¿cuál es? Que se guarde su palabra, su Verbo. Y, ¿cuál es el Verbo del Padre, cuál su palabra? El Hijo, y Éste se encarnó, se hizo hombre y a través de ese Verbo se revela el Padre, se revela Dios como Uno y Trino y en la revelación de esa doctrina, de esa palabra, está hacer la voluntad del Padre.
Esa principios que nuestro Señor dice no son de Él, sino del Padre, porque Él es su Verbo, su pensamiento. Eso es lo que sirve de característica fundamental para tener en medio de la gran confusión que nuestro Señor predice en el evangelio de este día, al advertir a sus discípulos que no se escandalicen cuando sean echados de la sinagoga, es decir, excomulgados, porque serán antema-tizados los verdaderos fieles de Cristo por mantener el testimonio real de Dios.
Y eso, mis estimados hermanos, es hoy una realidad que se ha cumplido literalmente, históricamente, con la condenación oficial que se hizo a monseñor Lefevbre y a monseñor De Castro Mayer. Esos son hechos históricos y no nos escandalicemos. He ahí en lo que no debemos caer, en el desconcierto de esa falsa excomunión por mantenerse en la verdad de Dios y no claudicar como lo hicieron los sucesores de monseñor De Castro Mayer en Brasil con el padre Rifán, al cual le había dicho yo dos años atrás que tuviera cuidado porque, “no es fiel a monseñor De Castro Mayer”; las cartas que le he enviado a él públicamente no son las primeras, porque ya se le veía el caminado y por éste se conoce al personaje.
Lo mismo pasa, duele decirlo, con respecto al padre Aulagnier, uno de los principales miembros de la Fraternidad, hablando de pluralismo litúrgico y de catolizar la misa moderna, cuando monseñor Lefebvre dijo que era bastarda, porque había nacido así en la cópula de ese acercamiento ecuménico entre católicos y protestantes. Lo que sale de allí es una doctrina, una liturgia falsa y eso no se puede legitimar; si hay un matrimonio legítimo no se puede legalizar a los hijos nacidos fuera de él.
Entonces, ¿cómo se puede legitimar una misa de esas características? Eso es imposible. He estado esperando que me conteste el padre Aulagnier, porque lo que no puede ser es que se propague el error y los fieles estén sin directivas, sin saber qué hacer. Él, en los comienzos, fue el brazo derecho de monseñor Lefebvre y empieza a caminar torcido como el padre Rifán; lo digo con dolor porque lo que aquí menciono me toca hacelo de puño y letra.
Y para aumentar ese concierto musical carnavalesco, la misa del cardenal Castrillón, después de más de treinta años sin decirse en la Basílica de Santa María la Mayor. Claro que es muy fácil alegrarse, pero es también consecuencia de la ignorancia y por eso es mi deber, mis estimados hermanos, como deber de caridad, combatir la ignorancia.
No es diciendo una Misa de Pío V, después de tanto tiempo, como se vuelve a la Tradición. ¿Cuál dijo al otro día y cuál está diciendo hoy el cardenal Castrillón? O acaso, ¿con decir una misa tradicional, con eso ya está bien y se profesa toda la fe católica y no hay ningún problema? ¡No señor! Eso no es ningún signo de acercamiento, no lo hay, lo que hay y lo que compete es la profesión de la fe católica en toda su pureza, en toda su integridad, dando testimonio del espíritu de verdad y no oficiando una misa como si fuese una payasada de circo. Porque además han asistido todos los falsos tradicionalistas liberales de Eclesia Dei de San Pedro, todos los que se han ido de la Fraternidad y que critican tanto a monseñor Lefebvre como a nosotros y quieren el contubernio con el error invocando la autoridad del Vaticano, la del Papa, la de los obispos.
La autoridad de la Iglesia es para dar testimonio de la verdad y no del error, y nuestro Señor es categórico en eso. Él mismo nos dice, hablando de los falsos profetas, que estarán dentro de la Iglesia con apariencia de virtud. San Juan Crisóstomo nos advierte que son mucho peor que los que están fuera, porque son los enemigos internos, ocultos, quienes solapadamente socavan los fundamentos de la Iglesia católica. Así lo hizo ver hace un siglo su santidad Pío X cuando dijo que los modernistas estaban socavando la raíz misma de la Iglesia católica y que lo único que se esperaba, viendo los acontecimientos históricos de aquel momento, era que el anticristo naciera. Son palabras del sumo Pontífice Santo y Patrono de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Porque hay que estar en comunión con la verdad.
Monseñor Lefebvre fue excomulgado, cumpliéndose literalmente lo que dice nuestro Señor: “Seréis expulsados de la sinagoga”, ésta en aquel entonces era la Iglesia del Antiguo Testamento instituida por Dios. Por eso no debemos escandalizarnos cuando nos echen de la Iglesia por defenderla. Hay que tener una fe muy firme, una visión muy clara, hay que ser un católico instruido. En esta crisis no se aceptan soldados de medio pelo; esos no le sirven ya. Se necesitan soldados de Cristo y no católicos aburguesados y mediocres que todo les da igual, que les da lo mismo prenderle una vela a Dios y otra al diablo.
“No todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial”. Es más, “pensarán hacerle un servicio”, dice nuestro Señor. Agrega Santo Tomás, que se refiere a los judíos porque los paganos no persiguen en el nombre de Dios sino en el de los dioses; pero el judío acosa en el nombre de Dios y por eso pensarán hacerle un servicio. Con lo cual nuestro Señor está también profetizando y señalando el hostigamiento judaico que habrá a lo largo de los tiempos y que se acrecentará hacia el final.
Lo que está pasando hoy es la judaización de la Iglesia, son los judíos los que gobiernan y dominan el mundo y entronizarán al anticristo, para lo cual necesitan una Iglesia de acuerdo a sus intereses, para que no haya resistencia.
Por eso esa obra que está haciendo monseñor Castrillón es una obra típica de un israelita; entonces, que no sea un idiota útil que se preste a ello. Y si es un judío avispado entonces se le desenmascarará, pero lo que no puede ser es que no veamos claro y que caigamos ingenuamente como una niña de quince años un poco cándida y un poco pura, pero un poco tonta también, en las manos de su seductor. Duele decirlo, pero es así.
El Evangelio emplea las imágenes fuertes; el mismo casto San Juan, cuando muestra el misterio de la mujer escarlata, simbolizado por una prostituta. Tengamos cuidado, porque a una mala mujer uno no se acerca. ¿Y qué hace monseñor Castrillón, que hoy oficia la misa tradicional y mañana la nueva, y que va con el que primero le ofrezca más? Espero, mis estimados fieles, que ninguno se escandalice y si se lo hacen, pues sacudo mis pies y me voy a otra parte.
No puede ser que nos dejemos insensiblemente adormecer y que toda la prensa internacional esté al unísono. Por eso es mi deber decirlo, porque aun dentro de la Fraternidad no todos los sacerdotes lo comprenden, es un hecho, pero aquellos que crean que sí lo entienden, tienen que alzar la voz en el nombre de Dios y en del Espíritu Santo. Es muy fácil hablar de un San Atanasio hace diecisiete siglos, pero lo que no puede ser es que empeorándose la situación no haya Santos Atanasios hoy, eso no puede ser. Y si no existen, es porque no hay Iglesia católica.
El mismo monseñor Williamson me dijo un día: “Cayó Campos...”, es decir, los sacerdotes que continuaron y se unieron a monseñor De Castro Mayer. “...¿caerá la Fraternidad?”. Pidamos para que no claudique, no se escandalice de ser señalada con el dedo como los desechos de la sociedad clerical, como lo advierte San Pablo, “seréis señalados como la escoria de la sociedad”; y ahí está nuestro honor, nuestra humillación y nuestra humildad. Porque hay que ser modestos para dejarse escupir así la cara y mantenerla en alto, como un verdadero soldado confirmado en la gracia del Espíritu Santo.
Si algún fiel no entiende esto, le pido me lo diga para esclarecérselo y si no quiere comprender es que se equivocó de lugar. Hay que saber que nos espera un combate rudo, cruel y que no es para muchos sino para unos pocos predilectos y amados de Dios, que lo buscan en todas las cosas y en primer lugar, y que Él para ellos no es un artículo de lujo de segundo o tercer orden sino que es esencial, fundamental. Donde no está Dios verdadero no hay nada, todo es podredumbre y basura. Primero Dios, decía Santa Juana de Arco, y murió tildada de loca, como engañadora y mala mujer por el obispo Cochón, que hasta ese nombre tiene, pues quiere decir cochino, cerdo, y él era el miembro más encumbrado de la universidad de La Sorbona, de París. Fueron algunos integrantes de esta universidad los que persiguieron y mandaron ejecutar a Santa Juana de Arco, que permaneció fiel a la palabra divina muriendo con gran entereza.
Y ahora, ¿cómo es posible que nosotros, siendo muchos más, vayamos a claudicar, nos vaya a dar miedo? ¿De qué? ¿De que no nos den permiso? ¿De qué? ¡No señor! Para ser católicos, nadie le pide autorización a la Iglesia para ser bautizado, simplemente le manifiesta y le pide que le dé la fe en el bautismo. Nosotros no necesitamos ningún permiso para decir la Misa de siempre; ninguno. Y no hay ninguna excomunión, no existe. La Tradición no puede ser condenada. Por eso monseñor Lefebvre decía que si había algún anatematizado serían ellos, los que arrinconan y persiguen a la Tradición de la Iglesia, los que no la quieren y desean una implantación de una Iglesia mancomunada, que cobije a todos los hombres sin dogmas ni credos que dividan. Esa será la Iglesia del anticristo y “a ese sí le recibiréis”, dice nuestro Señor, “pero yo, que no vengo en nombre propio, sino en el de mi Padre, me rechazáis”; por eso le crucificaron. Por eso nosotros vamos a la inmolación y no nos hagamos ilusiones de que así no sea.
Ahí está la gloria, en poder soportar esa sacrificio como verdaderos católicos sin escandalizarse, llenos del amor del Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia y no el espíritu de error y de mentira que entró con el Vaticano II como el humo del infierno, como el mismo Pablo VI, siendo pontífice en aquella época, lo dijo.
Por eso el evangelio de hoy debe servirnos para que nos consolidemos en el espíritu de verdad y no nos asombremos cuando seamos proscritos. Porque la Iglesia católica, apostólica y romana no son los muros de piedra, no son los edificios, es el alma de todo fiel a Cristo, los Cristifideles, que por un misterio de iniquidad serán dispersados por el mundo. Ese es el gran misterio de iniquidad de la Iglesia. La congregación de los Cristifideles al fin de los tiempos sean dispersados físicamente, materialmente, pero unidos en la verdad del Espíritu Santo, del soplo de amor del Espíritu de verdad de Dios. Por eso el próximo domingo, que será Pentecostés, la Iglesia quedará definitivamente consolidada, reafirmada, coronada en ese soplo de amor del Espíritu Santo que es Espíritu de verdad y que durará hasta el fin de los tiempos.
Pidamos a nuestra Señora que sepamos dar testimonio de nuestro Señor profesando la fe y la verdad sobrenatural y eso con el amor, con el soplo de Dios, del Espíritu Santo y así no tendremos miedo a nada ni a nadie, sólo a Dios. Él será lo único que realmente nos interese, todo lo demás es secundario. Ese es el sentido verdaderamente católico, en el que todo fiel debe vivir y morir y por eso hay que recordarlo, sobre todo ahora, en esta hecatombe que estamos viviendo fuera y dentro de la Iglesia. Pidamos al Espíritu de amor que ilumine nuestras inteligencias y el corazón con su llama, con su fuego, para que así permanezcamos en este testimonio fidedigno y veraz de Dios. +
PADRE BASILIO MERAMO
1 de junio de 2003
jueves, 9 de mayo de 2013
Ascensión de Nuestro Señor
ASCENSION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
TOMADO DE LA "CATENA AUREA"Santo Tomás de Aquino
San Lucas cap. 24, 50-53:
Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos les bendijo; y aconteció, que mientras los bendecía, se apartó de ellos, y era llevado al cielo. Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron a Jerusalén con grande gozo. Y estaban siempre en el templo, loando y bendiciendo a Dios. Amén. (vv. 50-53)
Beda
Omitiendo todo lo que el Señor había hecho con sus discípulos en el espacio de cuarenta días, el evangelista pasa del primer día de su resurrección al último día en que subió a los cielos, diciendo: "Los sacó fuera, hasta Betania". Ante todo, por lo que dice el nombre de la ciudad -que quiere decir casa de obediencia - entendemos que el que había bajado del cielo por la desobediencia de los malos, subió por la obediencia de los convertidos. Además, por el lugar que ocupaba la ciudad (que según se dice estaba a la falda del monte de los Olivos), porque la casa de la Iglesia obediente debía estar a la falda del monte mismo (esto es, de Cristo), en donde ha colocado los fundamentos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Bendijo a quienes había mandado enseñar. Por ello sigue: "Y alzando las manos los bendijo".
Teófil
Les infundió la fuerza que conserva hasta la venida del Espíritu Santo. Nos enseñó que cuantas veces nos separamos, encomendemos a nuestros súbditos a Dios por medio de las bendiciones.
OrígenesEl acto de levantar las manos y bendecirlos, significa que el que bendice debe estar adornado de buenas y heroicas obras, para bien de los demás; por esto levantó las manos al cielo.
CrisóstomoObsérvese que el Señor nos hace ver sus promesas. Había ofrecido que resucitarían los cuerpos; resucitó El de entre los muertos, y confirmó a sus discípulos en esta fe por espacio de cuarenta días. Ofreció también que seremos arrebatados al cielo, y probó esto también por medio de las obras. Prosigue: "Y aconteció, que mientras los bendecía", etc.
Teófil
Elías también parecía ser llevado al cielo, pero el Salvador mismo ascendió al cielo como precursor de todos para presentarse en su cuerpo sacratísimo como primicia ante el Padre. En este concepto, ya fue honrada nuestra naturaleza con todas las virtudes de los ángeles.
Elías también parecía ser llevado al cielo, pero el Salvador mismo ascendió al cielo como precursor de todos para presentarse en su cuerpo sacratísimo como primicia ante el Padre. En este concepto, ya fue honrada nuestra naturaleza con todas las virtudes de los ángeles.
Crisóstomo
Pero dirás: ¿a mí en qué me interesa? Pues tú serás igualmente llevado a los cielos, porque tu cuerpo es de la misma naturaleza que el cuerpo de Jesucristo. Tu cuerpo, pues, será tan ágil, que podrá atravesar los espacios; porque así como la cabeza, es el cuerpo; como el principio, así el fin. Véase cómo fuimos honrados por este principio. El hombre era la clase más ínfima de las creaturas racionales, pero los pies se hicieron semejantes a la cabeza, fueron encumbrados en una torre real por virtud de Jesucristo, su cabeza.
Pero dirás: ¿a mí en qué me interesa? Pues tú serás igualmente llevado a los cielos, porque tu cuerpo es de la misma naturaleza que el cuerpo de Jesucristo. Tu cuerpo, pues, será tan ágil, que podrá atravesar los espacios; porque así como la cabeza, es el cuerpo; como el principio, así el fin. Véase cómo fuimos honrados por este principio. El hombre era la clase más ínfima de las creaturas racionales, pero los pies se hicieron semejantes a la cabeza, fueron encumbrados en una torre real por virtud de Jesucristo, su cabeza.
Beda
Habiendo subido el Señor a los cielos y habiendo adorado sus discípulos el último lugar que pisaron sus pies, volvieron apresuradamente a Jerusalén, en donde se les había mandado esperar la promesa del Padre. Prosigue: "Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron", etc. Estaban embargados de una grande alegría, porque después del triunfo de la resurrección, habían visto a su Dios y Señor penetrar en los cielos.
Habiendo subido el Señor a los cielos y habiendo adorado sus discípulos el último lugar que pisaron sus pies, volvieron apresuradamente a Jerusalén, en donde se les había mandado esperar la promesa del Padre. Prosigue: "Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron", etc. Estaban embargados de una grande alegría, porque después del triunfo de la resurrección, habían visto a su Dios y Señor penetrar en los cielos.
Griego
Y velaban, ayunaban y oraban, porque no descansando en sus propias casas, sino esperando constantemente la gracia de lo alto, estaban siempre en el templo, aprendiendo en él, entre otras virtudes, la piedad y la honestidad. Prosigue: "Y estaban siempre en el templo".
Y velaban, ayunaban y oraban, porque no descansando en sus propias casas, sino esperando constantemente la gracia de lo alto, estaban siempre en el templo, aprendiendo en él, entre otras virtudes, la piedad y la honestidad. Prosigue: "Y estaban siempre en el templo".
Teofilacto
Todavía no había venido el Espíritu Santo y ya hablaban espiritualmente. Al principio estaban encerrados, pero ahora ya no tenían inconveniente en presentarse delante de los príncipes de los sacerdotes, sin preocuparse de las cosas del mundo, antes bien, alababan todos a Dios, desestimando todo esto. Prosigue: "Loando y bendiciendo a Dios. Amén".
Todavía no había venido el Espíritu Santo y ya hablaban espiritualmente. Al principio estaban encerrados, pero ahora ya no tenían inconveniente en presentarse delante de los príncipes de los sacerdotes, sin preocuparse de las cosas del mundo, antes bien, alababan todos a Dios, desestimando todo esto. Prosigue: "Loando y bendiciendo a Dios. Amén".
Beda
Obsérvese que San Lucas se distingue por el toro, entre los cuatro animales del cielo, porque el toro se ofrecía como víctima por los sacerdotes, y en atención a que se ocupó del sacerdocio más que los otros evangelistas. Además empezó su Evangelio por el ministerio sacerdotal de Zacarías en el templo, y lo concluyó con la reunión de los apóstoles en el templo, no ofreciendo sacrificios cruentos, sino como ministros del nuevo sacerdocio, alabando y bendiciendo a Dios, para prepararse así a recibir dignamente la venida del Espíritu Santo.
Obsérvese que San Lucas se distingue por el toro, entre los cuatro animales del cielo, porque el toro se ofrecía como víctima por los sacerdotes, y en atención a que se ocupó del sacerdocio más que los otros evangelistas. Además empezó su Evangelio por el ministerio sacerdotal de Zacarías en el templo, y lo concluyó con la reunión de los apóstoles en el templo, no ofreciendo sacrificios cruentos, sino como ministros del nuevo sacerdocio, alabando y bendiciendo a Dios, para prepararse así a recibir dignamente la venida del Espíritu Santo.
Teófil
Prosigamos imitándolos siempre en una vida santa, alabando y bendiciendo a Dios, de quien es la gloria, la dicha y el poder por los siglos. Amén.
Prosigamos imitándolos siempre en una vida santa, alabando y bendiciendo a Dios, de quien es la gloria, la dicha y el poder por los siglos. Amén.
domingo, 5 de mayo de 2013
QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este último domingo de Pascua a la Ascensión del Señor y durante todo este tiempo de los cuarenta días después de su Resurrección, nuestro Señor no hace más que consolidar su Iglesia, instituir su Iglesia, los sacramentos; todas las órdenes que imparte a sus apóstoles y que están en la Tradición de la Iglesia, cuya importancia es la transmisión desde el origen que es nuestro Señor y los apóstoles instruidos directamente por Él. Digo esto para que no olvidemos que aunque muchas cosas no están escritas, ¿cómo las sabemos? Justamente porque nuestro Señor las transmitió a sus apóstoles y en especial en estos cuarenta días antes de subir a los cielos para mandar el Espíritu Santo. Consolida la Iglesia para que reciban el Espíritu Santo.
Y vemos cómo los apóstoles entendieron después que vino del Padre y que va al Padre. Yo no dejo de asombrarme de cómo algunos Padres de la Iglesia se preguntaban hace dos domingos, en el tercero de Pascua, en lo referente al Evangelio que es el mismo de San Juan que estamos viendo hoy y que vimos el domingo pasado: que los apóstoles no entendían cuando decía que iba al Padre; pero ahora vemos que sí comprendieron que se refería a la tristeza que les podía quedar por su partida pero que lejos de ser congoja, les convenía.
Me extrañó cómo algunos exegetas y Padres de la Iglesia no han visto claramente con San Agustín, que no hay otra explicación de ese Evangelio, que se refería justamente como lo dice este santo: “Dentro de poco tiempo no me veréis y después me volveréis a ver”, y que ese lapso se refería al que ocurriría después de la Ascensión porque iba al Padre; y si bien se mira en todo el contexto del mismo Evangelio sí estaba expresado. Pero estas son las opiniones humanas y debido a ello muchas veces vemos dificultades donde el texto, un renglón más abajo nos está dando la luz; por eso algunos Santos Padres decían que se refería a los tres días de su muerte o al tiempo breve que iba a morir, sin hacer explícitamente alusión estos tres días. Pero hemos visto que nuestro Señor apenas resucita se queda cuarenta días, no va al Padre inmediatamente; es más, baja al Seno de Abraham donde estaban todos los Santos del Antiguo Testamento y espera para subir al Padre después de cuarenta días, el día de la Ascensión.
Nos muestra nuestro Señor en el Evangelio cómo hay que pedirle a Dios Padre en su nombre; Él nos dice, nos da la clave, no se le puede pedir a Dios Padre de cualquier modo. En esto es categórico nuestro Señor mismo, la Iglesia, sobre todo hoy, para que no creamos que a Dios se le puede pedir tan fácilmente cualquier cosa; si no se le solicita en el nombre de nuestro Señor no se nos concede; por eso el reproche a los apóstoles: “Hasta ahora nada habéis pedido, pedid en mi nombre y se os dará”. Vemos de esta forma cómo nuestro Señor es el intercesor, el medio, el camino exclusivo para llegar a Dios Padre.
No es en cualquier culto, cualquier religión, cualquier oración como hoy el ecumenismo pretende hacernos creer.
Si no es en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, no se le puede pedir absolutamente nada al Padre.
Es tremendo, pero así es, porque Él es la Revelación de Dios, la palabra del Padre y de ahí la exclusividad de nuestro Señor, la de la religión católica y el error del ecumenismo que hace pensar que cada uno, pidiendo por Mahoma, por Buda o por cualquier ídolo, tenga acceso a Dios.
Es más, nuestro Señor nos muestra cómo el Padre nos ama; porque hemos creído en nuestro Señor.
No hay necesidad de que Él ruegue al Padre por nosotros, porque el Padre primero nos quiere y nuestro amor es una correspondencia.
No lo olvidemos, es como una mujer que se siente más amada que lo que ella ama, si bien se mira la naturaleza de las cosas; por eso es el hombre quien propone matrimonio y la mujer que acepta y acepta cuando se siente amada; no tanto que ella ame si no que sienta amada y así sabiéndose amada ama; así es nuestra alma con respecto a Dios. Por eso hay que corresponder al amor divino. Aquí hay otra gran cosa, que solamente por el amor de Dios se comprende: el infierno. Aunque comúnmente éste ha sido explicado más bien en el aspecto de la justicia divina; pero mucho más, diría yo, que ésta, da la luz el mismo amor de Dios. Él, que es es amor y por no corresponderle se condena uno en el desamor que es el odio eterno. Y es curioso el por qué no se haya dado esa explicación más que la de la justicia, que ciertamente lo es, pero mucho más comprendemos el averno por el amor de Dios, por el bien, por la verdad, que con lo que tiene de malo, de castigo, de negativo, de odio; en sí mismo no se comprende, no se entiende; como no se explica el mal si no es por el bien, el error por la verdad, las tinieblas por la luz, el no ser por el ser.
De allí la gran responsabilidad de corresponder a ese amor de Dios y el que no lo hace con libertad de todo corazón, es el que se condena. Por eso existe el infierno. Qué más desastroso que detestar a alguien y estar en su presencia; es preferible estar apartado; eso es lo que hace Dios, no nos obliga, no les impone a los que se condenan a que estén en su presencia, pues tampoco la soportarían; pero se entiende mucho más por el amor que por la justicia, aunque no se excluya ésta.
Nuestro Señor nos muestra que el Padre nos ama primero, pero hay una condición: “porque habéis creído en Mí, que salí de Dios, que Soy Dios”. Luego para ser amados del Padre hay que creer en nuestro Señor que es Dios, no que es un gran profeta, un gran hombre, un gran sabio, un gran filósofo, un gran personaje, sino que es todo eso y además es Dios porque salió de Dios. No como los arrianos que negaban la divinidad de nuestro Señor, aunque podían admitir que era un gran hombre, un gran profeta, un gran personaje pero que no era precisamente Dios. Para que seamos amados del Padre hay que creer en nuestro Señor y creer que Él es Dios: “Porque habéis creído que salí de Dios”, y por eso vuelve al Padre después de su misión, y por eso le entienden ahora sus apóstoles: “Ahora sí te comprendemos, ahora sí que hablas claro”. Y eso también nos sirve en nuestro apostolado, en nuestra santificación para perseverar en la Iglesia católica, basada en la Tradición católica; no nos dejemos arrastrar cuando venga un protestante y diga “aleluya, alabado sea el Señor”; no todo el que lo tenga en la boca, o el que dice ¡Señor, Señor!, es de Dios y los protestantes vaya si lo tienen en la boca, parece que hasta lo llevaran en el bolsillo y que lo reparten cuando se les da la gana y así con las demás creencias.
¿Cómo pueden creer en nuestro Señor? No aceptan que nuestro Señor salió de Dios y que nació de la Santísima Virgen María; eso es lo que no admiten los protestantes y por eso mismo no quieren la Iglesia tal como nuestro Señor la instituyó y la dejó. Así vemos la importancia y la exclusividad de nuestro Señor para pedirle a Dios Padre y para que sigamos siendo amados por Él: porque hemos creído en nuestro Señor que salió de Dios. Afirma su divinidad. Por eso el Evangelio de San Juan es el más sublime, como un águila que ve desde lejos la presa, desde las alturas, con esa mirada profunda.
Se compara a San Juan con un águila, porque es el que mejor muestra, refleja o expresa por divina inspiración la glorificación de nuestro Señor que se va revelando poco a poco pero que se manifiesta plenamente, y aquí vemos cómo Él mismo lo dice: “Porque he salido de Dios”. ¿Y quién puede salir de Dios sino el mismo Dios? Por eso el Padre nos ama, es decir, porque somos hijos de la Iglesia católica, porque somos católicos, no judíos, protestantes, budistas o lo que sea; esa es nuestra gloria y por eso tenemos que tenerlo en claro para que no perdamos nuestra identidad de católicos y así podamos orar verdaderamente al Padre y que el Él nos conceda todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude a comprender cada vez más todo esto y que así podamos corresponder más a nuestro Señor Jesucristo y a Dios Padre. +
En este último domingo de Pascua a la Ascensión del Señor y durante todo este tiempo de los cuarenta días después de su Resurrección, nuestro Señor no hace más que consolidar su Iglesia, instituir su Iglesia, los sacramentos; todas las órdenes que imparte a sus apóstoles y que están en la Tradición de la Iglesia, cuya importancia es la transmisión desde el origen que es nuestro Señor y los apóstoles instruidos directamente por Él. Digo esto para que no olvidemos que aunque muchas cosas no están escritas, ¿cómo las sabemos? Justamente porque nuestro Señor las transmitió a sus apóstoles y en especial en estos cuarenta días antes de subir a los cielos para mandar el Espíritu Santo. Consolida la Iglesia para que reciban el Espíritu Santo.
Y vemos cómo los apóstoles entendieron después que vino del Padre y que va al Padre. Yo no dejo de asombrarme de cómo algunos Padres de la Iglesia se preguntaban hace dos domingos, en el tercero de Pascua, en lo referente al Evangelio que es el mismo de San Juan que estamos viendo hoy y que vimos el domingo pasado: que los apóstoles no entendían cuando decía que iba al Padre; pero ahora vemos que sí comprendieron que se refería a la tristeza que les podía quedar por su partida pero que lejos de ser congoja, les convenía.
Me extrañó cómo algunos exegetas y Padres de la Iglesia no han visto claramente con San Agustín, que no hay otra explicación de ese Evangelio, que se refería justamente como lo dice este santo: “Dentro de poco tiempo no me veréis y después me volveréis a ver”, y que ese lapso se refería al que ocurriría después de la Ascensión porque iba al Padre; y si bien se mira en todo el contexto del mismo Evangelio sí estaba expresado. Pero estas son las opiniones humanas y debido a ello muchas veces vemos dificultades donde el texto, un renglón más abajo nos está dando la luz; por eso algunos Santos Padres decían que se refería a los tres días de su muerte o al tiempo breve que iba a morir, sin hacer explícitamente alusión estos tres días. Pero hemos visto que nuestro Señor apenas resucita se queda cuarenta días, no va al Padre inmediatamente; es más, baja al Seno de Abraham donde estaban todos los Santos del Antiguo Testamento y espera para subir al Padre después de cuarenta días, el día de la Ascensión.
Nos muestra nuestro Señor en el Evangelio cómo hay que pedirle a Dios Padre en su nombre; Él nos dice, nos da la clave, no se le puede pedir a Dios Padre de cualquier modo. En esto es categórico nuestro Señor mismo, la Iglesia, sobre todo hoy, para que no creamos que a Dios se le puede pedir tan fácilmente cualquier cosa; si no se le solicita en el nombre de nuestro Señor no se nos concede; por eso el reproche a los apóstoles: “Hasta ahora nada habéis pedido, pedid en mi nombre y se os dará”. Vemos de esta forma cómo nuestro Señor es el intercesor, el medio, el camino exclusivo para llegar a Dios Padre.
No es en cualquier culto, cualquier religión, cualquier oración como hoy el ecumenismo pretende hacernos creer.
Si no es en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, no se le puede pedir absolutamente nada al Padre.
Es tremendo, pero así es, porque Él es la Revelación de Dios, la palabra del Padre y de ahí la exclusividad de nuestro Señor, la de la religión católica y el error del ecumenismo que hace pensar que cada uno, pidiendo por Mahoma, por Buda o por cualquier ídolo, tenga acceso a Dios.
Es más, nuestro Señor nos muestra cómo el Padre nos ama; porque hemos creído en nuestro Señor.
No hay necesidad de que Él ruegue al Padre por nosotros, porque el Padre primero nos quiere y nuestro amor es una correspondencia.
No lo olvidemos, es como una mujer que se siente más amada que lo que ella ama, si bien se mira la naturaleza de las cosas; por eso es el hombre quien propone matrimonio y la mujer que acepta y acepta cuando se siente amada; no tanto que ella ame si no que sienta amada y así sabiéndose amada ama; así es nuestra alma con respecto a Dios. Por eso hay que corresponder al amor divino. Aquí hay otra gran cosa, que solamente por el amor de Dios se comprende: el infierno. Aunque comúnmente éste ha sido explicado más bien en el aspecto de la justicia divina; pero mucho más, diría yo, que ésta, da la luz el mismo amor de Dios. Él, que es es amor y por no corresponderle se condena uno en el desamor que es el odio eterno. Y es curioso el por qué no se haya dado esa explicación más que la de la justicia, que ciertamente lo es, pero mucho más comprendemos el averno por el amor de Dios, por el bien, por la verdad, que con lo que tiene de malo, de castigo, de negativo, de odio; en sí mismo no se comprende, no se entiende; como no se explica el mal si no es por el bien, el error por la verdad, las tinieblas por la luz, el no ser por el ser.
De allí la gran responsabilidad de corresponder a ese amor de Dios y el que no lo hace con libertad de todo corazón, es el que se condena. Por eso existe el infierno. Qué más desastroso que detestar a alguien y estar en su presencia; es preferible estar apartado; eso es lo que hace Dios, no nos obliga, no les impone a los que se condenan a que estén en su presencia, pues tampoco la soportarían; pero se entiende mucho más por el amor que por la justicia, aunque no se excluya ésta.
Nuestro Señor nos muestra que el Padre nos ama primero, pero hay una condición: “porque habéis creído en Mí, que salí de Dios, que Soy Dios”. Luego para ser amados del Padre hay que creer en nuestro Señor que es Dios, no que es un gran profeta, un gran hombre, un gran sabio, un gran filósofo, un gran personaje, sino que es todo eso y además es Dios porque salió de Dios. No como los arrianos que negaban la divinidad de nuestro Señor, aunque podían admitir que era un gran hombre, un gran profeta, un gran personaje pero que no era precisamente Dios. Para que seamos amados del Padre hay que creer en nuestro Señor y creer que Él es Dios: “Porque habéis creído que salí de Dios”, y por eso vuelve al Padre después de su misión, y por eso le entienden ahora sus apóstoles: “Ahora sí te comprendemos, ahora sí que hablas claro”. Y eso también nos sirve en nuestro apostolado, en nuestra santificación para perseverar en la Iglesia católica, basada en la Tradición católica; no nos dejemos arrastrar cuando venga un protestante y diga “aleluya, alabado sea el Señor”; no todo el que lo tenga en la boca, o el que dice ¡Señor, Señor!, es de Dios y los protestantes vaya si lo tienen en la boca, parece que hasta lo llevaran en el bolsillo y que lo reparten cuando se les da la gana y así con las demás creencias.
¿Cómo pueden creer en nuestro Señor? No aceptan que nuestro Señor salió de Dios y que nació de la Santísima Virgen María; eso es lo que no admiten los protestantes y por eso mismo no quieren la Iglesia tal como nuestro Señor la instituyó y la dejó. Así vemos la importancia y la exclusividad de nuestro Señor para pedirle a Dios Padre y para que sigamos siendo amados por Él: porque hemos creído en nuestro Señor que salió de Dios. Afirma su divinidad. Por eso el Evangelio de San Juan es el más sublime, como un águila que ve desde lejos la presa, desde las alturas, con esa mirada profunda.
Se compara a San Juan con un águila, porque es el que mejor muestra, refleja o expresa por divina inspiración la glorificación de nuestro Señor que se va revelando poco a poco pero que se manifiesta plenamente, y aquí vemos cómo Él mismo lo dice: “Porque he salido de Dios”. ¿Y quién puede salir de Dios sino el mismo Dios? Por eso el Padre nos ama, es decir, porque somos hijos de la Iglesia católica, porque somos católicos, no judíos, protestantes, budistas o lo que sea; esa es nuestra gloria y por eso tenemos que tenerlo en claro para que no perdamos nuestra identidad de católicos y así podamos orar verdaderamente al Padre y que el Él nos conceda todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude a comprender cada vez más todo esto y que así podamos corresponder más a nuestro Señor Jesucristo y a Dios Padre. +
PADRE BASILIO MÉRAMO
5 de mayo de 2002
5 de mayo de 2002
domingo, 28 de abril de 2013
CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:Nos muestra el Evangelio la tristeza que tenían los discípulos ante lo que nuestro Señor les había anunciado; les había dicho que serían perseguidos, que el mundo los oprimiría, al igual que Él lo era y que por ese acoso moriría en la Cruz. También estaban tristes porque sabían que Él se iba, como hace notar San Agustín, que partía hacia el Padre, doble tristeza si bien se la mira. Y nuestro Señor, que sabe muy bien que la congoja no es buena para nada –la única buena es la de haber pecado, de haber ofendido a Dios–, pero toda otra es mala, destruye el alma, la imposibilita aun del bien obrar y por eso no quiere que sus discípulos estén apenados, sino lo contrario; que aceptando con fe todo lo anunciado vean incluso lo bueno que hay en ese mal aparente, tanto de su Pasión y muerte como de su partida al cielo después de su resurrección.
Por medio de la Cruz nuestro Señor vence al demonio, a Satanás, lo derrota y nos abre las puertas del cielo. Ya ha quedado juzgado el mundo, y aunque parezca triunfante, no son más que patadas de ahogado, por eso nuestro Señor dice que el mundo ya está sentenciado, ya está derrotado. En cuanto a su partida, conviene que Él suba al Padre para que desde allí mande el Espíritu de verdad, el Espíritu Santo. Él tenía mucho que decir, pero lo deja para que lo sugiera el Espíritu Santo a la Iglesia. Lo niegan los protestantes, que se atribuyen personalmente a cada uno e interpretan la Biblia de acuerdo con su libre albedrío, como si fueran infalibles; niegan esa infalibilidad y divinidad al Magisterio de la Iglesia católica y la convierten en un ente invisible; por eso no aceptan la jerarquía, el gobierno, el papado ni el sacerdocio de la Iglesia.
Nuestro Señor anuncia la conveniencia de que Él se vaya para que venga ese Espíritu de verdad, el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, lo que hace Santa a la Iglesia. Por tanto, es inadmisible una Iglesia imbuida de error, es una contradicción. Pero vaya si no vemos errores en la que se anuncia al mundo como Iglesia católica y que es imposible, ya que la Iglesia es de Dios y reina en ella el Espíritu de verdad y no el de herejía, de apostasía.
En estos tiempos la gran artimaña de Satanás consiste en mezclar el bien y el mal, el error y la verdad, por eso toda autoridad, jerarquía, sacerdocio, ministerio y toda evangelización si no proclaman la verdad, límpidamente claudican. Hoy la catequesis, la evangelización, el ministerio, adolecen de confusión mezclando error y verdad y eso no es ni puede ser la palabra de Dios, la palabra del Espíritu de verdad; por eso se requiere rechazar frontalmente toda equivocación que no es de Dios ni de la Iglesia. Aunque se adjudiquen e invoquen la investidura y el mando, ilegitiman la autoridad misma cuando no está al servicio de la verdad. Cosa tan cierta en el orden jurídico natural como en el jurídico sobrenatural.
Por eso son inválidas esas excomuniones contra los paladines de la verdad y de la Tradición, como fueran Monseñor Lefebvre y Monseñor de Castro Mayer. Si alguien está excomulgado son los otros; que no se pavoneen con la autoridad que usurpan y no funciona al servicio de la verdad; hay que decírselo al mismo Papa, porque no se puede pontificar en el error, no se puede ser Sumo Pontífice en medio de una Iglesia que proclama la confusión; pero hacen falta obispos, doctores que increpen para que las cosas se clarifiquen de una vez, por lo menos para aquellos que son los hijos de la luz.
Desafortunadamente falta lucidez, inteligencia, sabiduría y virilidad, pantalones, firmeza, todas estas virtudes que la Iglesia siempre proclama. Fuerza que se nos da en abundancia con la confirmación; de sabiduría, de inteligencia. Porque la Iglesia no es ignorante, estúpida, idiota; esas son las secuelas del pecado, la insensatez, la ignorancia, la falta de inteligencia, de sabiduría. Por eso nuestro Señor promete el Espíritu de verdad, invisible hoy en el mundo. Es lamentable constatarlo.
¿Por qué el mundo y la Iglesia o los hombres de Iglesia andan como andan? El que no es homosexual es afeminado, vive en concubinato o simplemente lo que le interesa es vivir bien como “Sancho Panza” y ser tratados como monseñores, reverendos, pero les importa un rábano la verdad; no son capaces de morir por ella ni la conocen, porque niegan las verdades más elementales del catecismo e invitan en nombre de la libertad religiosa a prostituirse con los jefes de las falsas religiones. Ejemplo abominable y repetido y nadie quiere darse cuenta. Qué es si no una gran apostasía, una pérdida de fe como ya lo anunciara nuestro Señor: “¿Acaso encontraré fe cuando vuelva?”.
Pues justamente en esas estamos, pérdida de la fe por culpa y complicidad de aquellos que la debieran defender; así son las cosas si las miramos a la luz de la fe sobrenatural. Lo demás son componendas, diplomacias, maquillajes para ocultar el error y hacerlo pasar por verdad. Se necesitan sacerdotes que no teman decir la verdad, que no sean timoratos. Más valen unos pocos sinceros que millones de los otros. El Espíritu de verdad debe reinar en la Iglesia, esa es la necesidad que les quiere hacer ver nuestro Señor a los apóstoles para que dejen esa tristeza que no conduce a nada ya que ese aparente mal y abandono será reduplicado por el Espíritu de verdad, el Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia católica, apostólica y romana. Nuestro Señor les hace ver entonces la inutilidad de entristecerse.
Esto nos sirve para no entristecernos al ver el estado deplorable y de persecución. Los apóstoles serían excomulgados de la sinagoga, los verdaderos discípulos de los últimos tiempos son anatematizado. ¿No es ese el argumento que han esgrimido contra monseñor Lefebvre?, ¿no es ése el que ha hecho claudicar a los padres de Campos que no han sabido ser fieles discípulos de monseñor De Castro Mayer y han caído en el complejo estúpido de sentirse acusados por aquellos que persiguen la verdad, al margen de la Iglesia, de la necesidad de querer ser reconocidos por la Iglesia? Pero, ¿por cuál Iglesia? Hay que ser muy bobos y tontos, yo no tengo por qué sentirme al margen de la Iglesia si soy fiel a nuestro Señor, ni que me reconozcan como católico aquellos que hacen las obras de Judas y Satanás, del anticristo. Eso hay que tenerlo claro porque de ello depende nuestra constancia y nuestra perseverancia.
Se acordarán de mí, porque todos los que lo han hecho, ha sido a la larga o a la corta por el mismo motivo; por eso nuestro Señor advierte el ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Palomitas solas no sirven. Astutos como serpientes, y sagaces, porque estamos en medio de lobos. Pero también mansos y humildes como palomas, doble aspecto. Dice un dicho muy castizo, “A Dios rogando y con el mazo dando”; hay que esperar como decía San Agustín, que todo venga de Dios, pero hacer de nuestra parte como si todo dependiera de nosotros. Ese es el esfuerzo que hay que hacer para permanecer en la fidelidad, para que así nuestro Señor nos diga en la hora de la muerte, “siervo fiel, has sido bueno y fiel en lo poco, ahora lo serás en lo mucho”.
Dice nuestro Señor que en cuanto al pecado serán juzgados, recriminados todos los que no han creído en Él, pecado de incredulidad; en cuanto a la justicia porque va al Padre, y sólo va al Él quien es justo y nuestro Señor fue tachado de injusto, de demoniaco, de diabólico por los fariseos. Entonces se restablecerán todas las cosas aunque por ahora no las veamos. El mundo y Satanás están vencidos y juzgados; no somos de este mundo, vivimos en él pero no pertenecemos a él; somos de Dios y nuestra mira está en el cielo, nuestra verdadera patria, y no en esta mísera tierra como muchos exclusivamente parecen creer y que por eso olvidan su destino celestial, sobrenatural. La Pascua nos lo recuerda con insistencia para que no nos equivoquemos de morada.
Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, consolidarnos en la firmeza que Ella tuvo a través de todos los dolores de la Pasión de Su Hijo y que podamos permanecer con Ella en integridad sobrenatural y no claudicar, siendo siempre fieles a la Iglesia católica y a nuestro Señor Jesucristo. +
PADRE BASILIO MÉRAMO
28 ABRIL DEL 2002
domingo, 21 de abril de 2013
TERCER DOMINGO DESPUES DE PASCUA
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Nos encontramos en el tiempo de Pascua, que nos invita a dirigir la mirada al cielo, a no fijar en esta tierra nuestra morada, a atravesar esta vida como cuando se pasa un puente, sin fijar sobre él la morada. Ese es el mensaje de la Pascua, que deseemos las cosas de Dios, del cielo y que desechemos, nos desapeguemos de todo lo terrenal, efímero, como los placeres, los deseos de la carne, el poder, la vanagloria y mil cosas más que atan nuestra alma a esta tierra.
Decía San Juan de la Cruz que “tanto está uno amarrado con una gran cadena como con un pequeño hilo; la diferencia está en que la hebra es más fácil cortarla, y si no lo hacemos, estamos tan amarrados con ese pequeño cordón como con una gran cadena”, y esas ataduras son las que debemos cortar, sean gruesas cadenas o un pequeño filamento el que nos ate.
La Pascua es el tiempo en el cual nuestro Señor, después de su resurrección, permaneció aquí en la tierra consolidando su Iglesia hasta el día de su Ascensión, instituyendo los sacramentos y dejando los fundamentos para que su Iglesia se propagase por el mundo hasta que Él volviera. Nuestro Señor dice a sus apóstoles: “Dentro de poco no me veréis, mas poco después me volveréis a ver”. ¿Qué significa este poco de tiempo que los apóstoles no entendían y que nosotros tampoco comprendemos y que incluso grandes santos interpretan de modo distinto pero que si bien se mira sólo tiene una sola explicación? Es la que da San Agustín, porque algunos dicen que se refería a los tres días que estaría muerto y que después resucitaría; claro que sí puede ser, o en términos generales haciendo alusión no sólo a los tres días pero sí a su muerte y después a su resurrección.
Pero San Agustín, con la profunda intuición y agudeza que lo caracteriza, arrolla con su genio a casi todo el resto de los Padres y por eso Santo Tomás a veces toma el ejemplo de interpretación de San Agustín en oposición a casi todos los otros. Podemos hacer lo mismo ahora porque él dice que se refiere a todo el tiempo de la ascensión hasta cuando vuelva, pero que ese tiempo, es el presente de la Iglesia militante que nos parecerá poco cuando veamos el final. Igual que cuando llegamos al término de un viaje largo, por la misma alegría de haber llegado, nos parece que fue corto.
¿Qué es el tiempo con respecto a la eternidad?, nada. ¿En qué podríamos darle más fundamento a esta interpretación de San Agustín? Al simple hecho que ha pasado inadvertido por esos exegetas, y es que el Evangelio dice: “Porque me voy al Padre”, y nuestro Señor va al Padre después de la Ascensión y no antes; entonces es lógico y evidente que no se refiere al hecho de su Pasión, a los tres días, porque no fue al Padre, incluso fue a los infiernos, al seno de Abraham y va al Padre después de cuarenta días.
Ahora, cómo es posible, cómo no se dan cuenta si es evidente que no cabe otra interpretación que la de San Agustín, aunque no se sabe si San Agustín le da el respaldo que menciono, pero basta releer el Evangelio para que veamos claramente que este santo tiene razón y es una profecía hecha para la Iglesia militante, para nosotros durante todo este peregrinar hacia la eternidad, hacia la verdadera patria, y que este tiempo es de sufrimiento. “Lloraréis y gemiréis, y el mundo se gozará”, por eso quizás a veces la gente que aparentemente vemos en este mundo viviendo placenteramente y regocijándose es la más infeliz; el verdadero discípulo pena y gime; sufre una mujer que va a parir, porque Dios considera este tiempo para todos y para cada uno y para toda la Iglesia como un parto, como un dar a luz al cielo.
Y vemos cómo nuevamente se ratifica esa interpretación que para mí es la única y la exclusiva, la de San Agustín, porque no cabe otra. Todo este tiempo se convertirá de dolor en alegría y nos parecerá poco cuando hayamos llegado al cielo, cuando hayamos sido engendrados no naturalmente sino sobrenaturalmente para gozar eternamente de Dios y no sólo nosotros sino toda la Iglesia de Cristo que anhela a su esposo, que espera que Él venga el día del juicio final; esa es la gran promesa. Es un evangelio eminentemente apocalíptico en el pleno sentido; el Apocalipsis, la gran profecía de la segunda venida de nuestro Señor en gloria y majestad, con la antesala de dolores y de sufrimientos, de herejías, de apostasías como lo vemos actualmente y como ya lo advirtiera nuestro Señor: “¿Acaso cuando yo venga encontraré fe sobre la tierra?”. ¿Qué fe queda? Prácticamente ninguna; la única que queda es la de aquellos que dispersos por el mundo son fieles a la sacrosanta Tradición católica, apostólica y romana y los demás, mis estimados hermanos, no tienen fe. Es hora de decirlo, es así la gran dispersión de la Iglesia, esa es la triste realidad, la gran agonía, el gran dolor.
Pero aquellos que tenemos fe porque guardamos la sacrosanta Tradición debemos tener esto muy claro porque será la única condición para mantenernos firmes con nuestra Señora al pie de la Cruz en esta segunda crucifixión de nuestro Señor Jesucristo, en su cuerpo místico que es la Iglesia. Y esto por obra de la misma jerarquía que se dice católica pero que no confirma a los hermanos en la fe, que tenemos que desobedecer para guardar la fe. Ese es el dilema, la contradicción y la necesidad de que haya obispos que pueden decirlo, pero que no lo hacen. Hay que expresarlo; si lo veo así lo tengo que decir en conciencia y es una vergüenza que no haya cardenales, que no haya obispos, que no haya prelados, jerarcas en la Iglesia, ni aun los buenos que así lo vean, con esa claridad y con esa fe, cuando es el único medio de perseverar en la verdad, de no claudicar como lo hicieron los discípulos de monseñor De Castro Mayer, los padres de Campos.
¡Qué vergüenza! Ese es un ejemplo para que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Monseñor Lefebvre, esté alerta y no haga caso al coqueteo seductor de la gran ramera que bebe el cáliz lleno de la sangre de los mártires y se enseñorea con los poderosos, con los reyes de esta miserable tierra. Esto está en las Escrituras, pero hay que leerlas, interpretarlas, armonizarlas y aplicarlas a estos tiempos apocalípticos ya señalados por el dedo del cielo, por el dedo de nuestra Señora en La Salette, Fátima y Siracusa, por hablar sólo de las apariciones indudables, de las sólidas, y con eso basta.
El mundo jamás verá eso, ni podrá verlo porque carece de fe, no ama la verdad. Somos un puñado, poco interesa, lo importante es que esos pocos seamos luminosos por esa fe sobrenatural, por la fidelidad a nuestro Señor y que sepamos sufrir esta agonía, estos dolores de parto que nos engendran y acrisolan a la vida sobrenatural y a la eterna.
Ese es el mensaje y la aplicación práctica y concreta del Evangelio en estos tiempos que vivimos. De otra manera existimos en el aire como bobos sin doctrina, sin Escrituras, sin la palabra de Dios, como acontece, o como protestantes con la Biblia debajo del brazo pero para interpretarla a su modo.
Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude a comprender estas cosas y que al leer y releer los Evangelios vayamos descubriendo todo aquello ya dicho y profetizado para acrisolarnos en la fe y que no la perdamos en medio de esta gran apostasía de las naciones de los gentiles. Y poder, aunque pocos, aunque reducidos a un puñado de fieles dispersos por el mundo, ser representantes de la verdadera y única Iglesia católica, apostólica y romana, mientras el resto patina en el error y camina hacia el infierno, llámense Papas, cardenales, monjas, monjes o como se quiera; porque para salvarse hay que tener la fe católica, no la ecuménica, no cualquiera, sino la fe sobrenatural que confiesa a la Santísima Trinidad y la Encarnación del Verbo de Dios en las entrañas de la Santísima Virgen María.
Pidamos a nuestra Señora para que Ella nos consolide en la verdad y poder permanecer fieles a la santa Iglesia Católica aun en la peor de las persecuciones y tribulaciones por las cuales podamos y pueda pasar no solamente cada uno de nosotros sino la Iglesia, verdadera perseguida, la Iglesia católica, que es la tradicional. +
PADRE BASILIO MERAMO
21 de Abril del 2002
martes, 16 de abril de 2013
BURLA PARA LOS EX AMIGOS BENEFACTORES Y ESTOLIDOS CRÉDULOS
La mas grande prueba de que Berdard Felón, el espurio superior de la Neo Frater, no solo intenta sino que a muchos despistados sorprende, esta constituida por su última epístola, en la que al igual, que la doncella que abandono su familia, casa y educación, yació con el amante, y tras las negras intenciones de aquel de utilizarla cual vil lenón , aquella después de haber caído, alega, el Clásico Estaban Verdes de la Zorra de la fábula, empero, en este cínico caso, aun el personaje de marras llega mas lejos, citando precisamente algunas de las cuestiones por las cuales NUNCA DEBIO REGRESAR A ROMA "NI POR LA TÚNICA", pretendiéndose como aún inmaculada doncella, después de su lamentable fornicación, (QUIEN FORNICA EN SU CORAZON...)
¿A caso nadie le dijo nada acerca del Apocalipsis?, ¿A caso no sabe cosa alguna de Fátima o de la Sallette?
quien no quiere Ver, simple y llanamente NO VE, o quien quiere pretender presentar el Virgen traje del emperador a los "amigos y benefactores" y este tampoco quiere ver la verdad, no espere muchas mas oportunidades. Con mucho dolor me recuerda a la última emisión, de la Otrora Radio católica, en la que el Flamante Locutor, confunde Humildad con valentía, o incluso hace humilde al mismo Mehmet Alí Agca ya que entonces el asesino mencionado "Fue mas humilde al enfrentar a todo el mundo, y se atrevió a decir, No que era una especie de sedevacnte ligth, sino que no se explicaba como podía haber fallado (según las Faisanas Conjeturas, ya muy desvirtuadas.
En fin, estamos en la recta final, con todo, aquí transcribimos la burlesca epístola de marras:
SEA PARA GLORIA DE DIOS
MARANATHA
Alberto González
¿A caso nadie le dijo nada acerca del Apocalipsis?, ¿A caso no sabe cosa alguna de Fátima o de la Sallette?
quien no quiere Ver, simple y llanamente NO VE, o quien quiere pretender presentar el Virgen traje del emperador a los "amigos y benefactores" y este tampoco quiere ver la verdad, no espere muchas mas oportunidades. Con mucho dolor me recuerda a la última emisión, de la Otrora Radio católica, en la que el Flamante Locutor, confunde Humildad con valentía, o incluso hace humilde al mismo Mehmet Alí Agca ya que entonces el asesino mencionado "Fue mas humilde al enfrentar a todo el mundo, y se atrevió a decir, No que era una especie de sedevacnte ligth, sino que no se explicaba como podía haber fallado (según las Faisanas Conjeturas, ya muy desvirtuadas.
En fin, estamos en la recta final, con todo, aquí transcribimos la burlesca epístola de marras:
CARTA A LOS AMIGOS Y
BENEFACTORES – MARZO 2013
BENEFACTORES – MARZO 2013
Queridos
amigos y benefactores:
Hace
mucho tiempo que esta carta se hacía esperar, y es con alegría, en este tiempo
pascual, que quisiéramos hacer un balance y exponer algunas reflexiones sobre
la situación de la Iglesia.
Como
ustedes saben, la Fraternidad se halló en una posición delicada durante gran
parte del año 2012, a resultas del último movimiento hecho por Benedicto XVI
que intentaba normalizar nuestra situación. Las dificultades provenían, por un
lado, de las exigencias que acompañaban la proposición romana – a las que no
pudimos y seguimos sin poder suscribir–, y por otro, de una falta de claridad
de parte de la Santa Sede que no permitía conocer exactamente la voluntad del
Santo Padre, ni qué estaba dispuesto a concedernos. El problema causado por
esta incertidumbre se disipó desde el 13 de junio de 2012, con una confirmación
neta el 30 del mismo mes, mediante una carta del propio Benedicto XVI que
manifestaba claramente y sin ambigüedades las condiciones que se nos imponían
para una normalización canónica.
Estas
condiciones son de orden doctrinal. Recaen sobre la aceptación total del
Concilio Vaticano II y la misa de Pablo VI. Por otra parte, como escribió Mons.
Augustine Di Noia, vice-presidente de la Comisión Ecclesia Dei en una carta
dirigida a los miembros de la Fraternidad San Pío X a fines del año pasado, en
el plano doctrinal seguimos estando en el punto de partida, tal como estaba en
los años 70’. Lamentablemente no podemos hacer más que suscribir a esta
comprobación de las autoridades romanas y reconocer la actualidad del análisis
de Mons. Lefebvre, fundador de nuestra Fraternidad, que no ha variado en las
décadas que siguieron al Concilio hasta su muerte. Su percepción muy justa, a
la vez teológica y práctica, sigue teniendo vigencia, cincuenta años después
del inicio del Concilio.
Deseamos
recordar este análisis que la Fraternidad San Pío X siempre hizo suyo y que
sigue siendo el hilo conductor de su posición doctrinal y de su acción: reconociendo
que la crisis que sacude la Iglesia también tiene causas exteriores, el
Concilio mismo es el agente principal de su autodestrucción.
A
fines del Concilio Monseñor Lefebvre expuso al Cardenal Alfredo Ottatiani en
carta del 20 de diciembre de 1966, los daños causados por el Concilio a toda la
Iglesia. Yo ya la citaba en la Carta a los Amigos y Benefactores n° 68 del 29
de septiembre de 2005. Es conveniente releer hoy en día algunos pasajes:
“Mientras
el Concilio se preparaba para proyectar un haz luminoso en el mundo de hoy si
se hubiesen utilizado los esquemas preparados, en los que se encontraba una
profesión solemne de doctrina segura frente a los problemas modernos, se puede
y se debe desgraciadamente afirmar:
“Que
de una manera casi general, cuando el Concilio ha innovado, ha hecho tambalear
la certeza de verdades enseñadas por el Magisterio auténtico de la Iglesia como
pertenecientes definitivamente al tesoro de la Tradición.
“Ya
se trate de la transmisión de la jurisdicción de los obispos, de las dos
fuentes de la Revelación, la inspiración de la Escritura, de la necesidad de la
gracia para la justificación, de la necesidad del bautismo católico, de la vida
de la gracia en los herejes, cismáticos y paganos, de los fines del matrimonio,
de la libertad religiosa, de los novísimos, etc. Sobre estos puntos
fundamentales la doctrina tradicional era clara y enseñada unánimemente en las
universidades católicas. Ahora bien, numerosos textos del Concilio acerca de
estas verdades permiten que ahora se dude.
“Las
consecuencias han sido rápidamente extraídas y aplicadas en la vida de la
Iglesia:
“-
Las dudas sobre la necesidad de la Iglesia y de los sacramentos implican la
desaparición de las vocaciones sacerdotales.
“-
Las dudas sobre la necesidad y la naturaleza de la ‘conversión’ de toda alma
implican la desaparición de las vocaciones religiosas, la ruina de la
espiritualidad tradicional en los noviciados y la inutilidad de las misiones.
“-
Las dudas sobre la legitimidad de la autoridad y la exigencia de la obediencia
provocadas por la exaltación de la dignidad humana, de la autonomía de la
conciencia y de la libertad, conmueven todas las sociedades, comenzando por la
Iglesia, las congregaciones religiosas, las diócesis, la sociedad civil y la
familia.
“-
El orgullo tiene por consecuencia natural todas las concupiscencias de los ojos
y de la carne. Quizá una de las comprobaciones más horribles de nuestra época
es ver a qué degradación moral llegó la mayor parte de las publicaciones
católicas. Se habla sin ningún pudor de la sexualidad, de la limitación de los
nacimientos por todos los medios, de la legitimidad del divorcio, de la
educación mixta, del coqueteo, de los bailes, como medios necesarios para la
educación cristiana, del celibato sacerdotal, etc.
“-
Las dudas sobre la necesidad de la gracia para ser salvados provocan la
desestima del bautismo, ahora relegado para más tarde, y el abandono del
sacramento de la penitencia. Además, se trata sobre todo de una actitud de los
sacerdotes, no de los fieles. Lo mismo sucede con la presencia real: son los
sacerdotes los que actúan como si ya no creyesen, escondiendo el Santísimo
Sacramento, suprimiendo todas las muestras de respeto hacia el Santísimo y
todas las ceremonias en su honor.
“-
Las dudas sobre la necesidad de la Iglesia como única arca de salvación, sobre
la Iglesia católica como la única verdadera religión, provenientes de las
declaraciones sobre el ecumenismo y la libertad religiosa, destruyen la
autoridad del Magisterio de la Iglesia. En efecto, Roma ya no es la Maestra de
Verdad única y necesaria.
“En
consecuencia, impulsado por los hechos, hay que concluir que el Concilio ha
favorecido de una manera inconcebible la difusión de los errores liberales. La
fe, la moral y la disciplina cristiana son conmovidas en sus fundamentos, tal
como lo predijeron todos los Papas.
“La
destrucción de la Iglesia avanza a paso rápido. Gracias a una autoridad
exagerada concedida a las conferencias episcopales el Sumo Pontífice se ató de
pies y manos. ¡Cuántos ejemplos dolorosos en un sólo año! Sin embargo, el
Sucesor de Pedro y sólo el Sucesor de Pedro puede salvar la Iglesia.
“Que
el Santo Padre se rodee de vigorosos defensores de la fe, que los nombre en las
diócesis importantes. Quiera a través de documentos importantes proclamar la
fe, perseguir el error, sin temer las contradicciones, sin temer los cismas,
sin temer desafiar las disposiciones pastorales del Concilio.
“Quiera
el Santo Padre alentar a los obispos a recuperar la fe y la moral
individualmente, cada uno en sus diócesis respectivas, como conviene a todo
buen pastor; sostener a los obispos valientes, incitarlos a reformar sus
seminarios, a restaurar los estudios según Santo Tomás; alentar a los
superiores generales a mantener en los noviciados y en las comunidades los
principios fundamentales de toda la ascesis cristiana, sobre todo la
obediencia; alentar el desarrollo de las escuelas católicas, la prensa de buena
doctrina, las asociaciones de familias cristianas; en fin, reprender a los
fautores de errores y reducirlos a silencio. Las alocuciones de los miércoles
no pueden remplazar las encíclicas, las directivas y las cartas a los obispos.
“¡Sin
duda soy muy temerario expresándome de esta manera! Sin embargo, compongo estas
líneas movido por un amor ardiente, amor por la gloria de Dios, amor por
Jesucristo, amor por María, por su Iglesia, por el Sucesor de Pedro, obispo de
Roma, Vicario de Jesucristo”.
El
21 de noviembre de 1974, tras la visita apostólica hecha al seminario de Ecône,
Mons. Lefebvre juzgó necesario resumir su posición en la célebre declaración
que tendrá como consecuencia, algunos meses más tarde, la injusta supresión
canónica de la Fraternidad San Pío X, que nuestro fundador y sus sucesores
siempre consideraron nula. Este texto capital se abría con esta profesión de
fe, que es la de todos los miembros de la Fraternidad:
“Adherimos
de todo corazón y con toda nuestra alma a la Roma católica, guardiana de la fe
católica y de las tradiciones necesarias para mantener esta fe; a la Roma
eterna, maestra de sabiduría y de verdad.
“Rechazamos
en cambio, y hemos siempre rechazado, seguir la Roma de tendencia
neo-modernista y neo-protestante que se manifestó claramente en el Concilio
Vaticano II, y después del Concilio, en todas las reformas que salieron de él.
“Todas
estas reformas, en efecto, han contribuido y contribuyen aún a la demolición de
la Iglesia, a la ruina del sacerdocio, a la aniquilación del Sacrificio y de
los sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, a una enseñanza
naturalista y teilhardiana en las universidades, en los seminarios, en la
catequesis; enseñanza salida del liberalismo y del protestantismo condenados
repetidas veces por el magisterio solemne de la Iglesia”.
Y
esta declaración concluía con las siguientes líneas:
“La
única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra
salvación, es el rechazo categórico de la aceptación de la reforma.
“Por
eso, sin ninguna rebelión, sin ninguna amargura, sin ningún resentimiento,
proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal bajo la égida del magisterio
de siempre, persuadidos de que no podemos hacer un servicio más grande a la
Santa Iglesia católica, al Sumo Pontífice y a las generaciones futuras”.
En
1983, recordando el sentido del combate por la Tradición, Mons. Lefebvre
dirigía un manifiesto episcopal a Juan Pablo II, firmado junto a Mons. Antonio
de Castro Mayer, en el que denunciaba una vez más, la devastación causada por
las reformas postconciliares y el espíritu nefasto que se difundió por todas
partes. Subrayaba en particular los puntos siguientes en relación al falso
ecumenismo, la colegialidad, la libertad religiosa, el poder del papa y la
nueva misa:
-
El falso ecumenismo:
“Este
ecumenismo también es contrario a las enseñanzas de Pío XI en la encíclica Mortalium
animos: sobre este particular es oportuno exponer y rechazar cierta opinión
falsa, que está en la raíz de este problema y de este movimiento complejo por
medio del cual los no-católicos se esfuerzan por realizar la unión de las
iglesias cristianas. Los que adhieren a esta opinión citan constantemente las
palabras de Cristo: “Que sean uno… y que no exista más que un sólo rebaño y un
sólo pastor” (Jn. 17,21 y 10,16) y pretenden que a través de estas palabras
Cristo manifiesta un deseo o una plegaria que nunca fue realidad. Pretenden de
hecho que la unidad de la fe y de gobierno, que es una de las notas de la
verdadera Iglesia de Cristo, prácticamente hasta hoy en día nunca ha existido y
actualmente no existe.
“Este
ecumenismo, condenado por la moral y el derecho católicos, llega a permitir la
recepción de los sacramentos de la penitencia, de la eucaristía y de la
extremaunción de manos de «ministros no-católicos» (Canon 844 N. C.) y favorece
la «hospitalidad ecuménica» autorizando a los ministros católicos a dar el
sacramento de la eucaristía a los no-católicos”.
-
La colegialidad:
“La
doctrina ya sugerida por el documento Lumen gentium del Concilio Vaticano II
será retomada explícitamente por el nuevo Derecho Canónico (Can. 336); doctrina
según la cual el colegio de los obispos junto al Papa goza igualmente del poder
supremo en la Iglesia y ello de una manera habitual y constante.
“Esta
doctrina del doble poder supremo es contraria a la enseñanza y a la práctica
del magisterio de la Iglesia, especialmente del Concilio Vaticano I (DZ. 3055),
y de la encíclica de León XIII Satis cognitum. Sólo el Papa goza del poder
supremo, que él comunica en la medida que juzga oportuno y en circunstancias
extraordinarias.
“A
este grave error está ligada la orientación democrática de la Iglesia; los
poderes residen en el «pueblo de Dios», tal como es definido en el nuevo
Derecho. Este error jansenista ha sido condenado por la Bula Auctorem fidei de
Pío VI (DZ. 2602)”.
-
La libertad religiosa:
“La
declaración Dignitatis humanæ del Concilio Vaticano II afirma la existencia de
un falso derecho natural del hombre en materia religiosa, contrariamente a las
enseñanzas pontificias, que niegan formalmente semejante blasfemia.
“Así,
Pío IX en la encíclica Quanta cura y en el Syllabus, León XIII en sus
encíclicas Libertas praestantissimum e Immortale Dei, Pío XII en su alocución
Ci Riesce a los juristas católicos italianos, niegan que la razón y la
revelación funden semejante derecho.
“El
Vaticano II cree y profesa, de una manera universal, que «la verdad no puede
imponerse más que por la fuerza propia de la verdad», lo cual se opone
formalmente a las enseñanzas de Pío VI contra los jansenistas del conciliábulo
de Pistoya (DZ. 2604). El Concilio llega al absurdo de afirmar el derecho a no
adherir y a no seguir la verdad, a obligar a los gobiernos civiles a ya no
hacer discriminaciones por motivos religiosos, estableciendo la igualdad
jurídica entre las falsas y la verdadera religión (…).
“Las
consecuencias del reconocimiento del Concilio de este falso derecho del hombre
destruye los fundamentos del reino social de Nuestro Señor, conmueve la
autoridad y el poder de la Iglesia en su misión de hacer reinar Nuestro Señor
en los espíritus y en los corazones, llevando adelante el combate con las
fuerzas satánicas que subyugan las almas. Es espíritu misionero será acusado de
proselitismo exagerado.
“La
neutralidad de los Estados en materia religiosa es injuriosa para Nuestro Señor
y su Iglesia, cuando se trata de Estados con mayoría católica”.
-
El poder del Papa:
“Por
cierto, el poder del Papa en la Iglesia es un poder supremo, pero no puede ser
absoluto y sin límites, dado que está subordinado al poder divino, que se
expresa en la Tradición, en la Sagrada Escritura y en las definiciones ya promulgadas
por el magisterio eclesiástico (DZ. 3116).
“El
poder del Papa está subordinado y limitado por el fin para el cual su poder le
ha sido dado. Este fin ha sido claramente definido por el Papa Pío IX en la
Constitución Pastor æternus del Concilio Vaticano I (DZ. 3070). Sería un abuso
de poder intolerable modificar la constitución de la Iglesia y pretender
invocar el derecho humano contra el derecho divino, como en la libertad
religiosa, como en la hospitalidad eucarística autorizada por el nuevo Derecho,
como en la afirmación de los dos poderes supremos en la Iglesia.
“Está
claro que en estos casos y otros semejantes, es un deber de todo clérigo y fiel
católico resistir y rehusar la obediencia. La obediencia ciega es un
contrasentido y nadie está exento de responsabilidad por haber obedecido a los
hombres más que a Dios (DZ. 3115); y esta resistencia debe ser pública si el
mal es público y es un objeto de escándalo para las almas (Suma teológica, II,
II, 33, 4).
“Estos
son principios elementales de moral, que regulan las relaciones de los sujetos
con todas las autoridades legítimas.
“Esta
resistencia encuentra además una confirmación en el hecho que actualmente son
castigados los que se aferran firmemente a la Tradición y a la fe católica, y
que aquellos que profesan doctrinas heterodoxas o realizan verdaderos
sacrilegios en modo alguno son inquietados. Esa es la lógica del abuso de
poder”.
-
La nueva misa:
“Contrariamente
a las enseñanzas del Concilio de Trento, en su sesión XXIIª, contrariamente a
la encíclica Mediator Dei de Pío XII, se ha exagerado el lugar de los fieles en
la participación en la misa y se ha disminuido el lugar del sacerdote,
convertido en simple presidente. Se ha exagerado el lugar de la liturgia de la
palabra y se ha disminuido el lugar del sacrificio propiciatorio. Se ha
exaltado la comida comunitaria y se ha laicizado, a expensas del respeto y de
la fe en la presencia real por la transustanciación”.
“Suprimiendo
la lengua sagrada, se han pluralizado al infinito los ritos, profanándolos con
aportes mundanos o paganos, y se han difundido falsas traducciones a expensas
de la verdadera fe y de la verdadera piedad de los fieles”.
En
1986, a propósito del encuentro interreligioso de Asís, que constituía un
escándalo inaudito en la Iglesia católica, y sobre todo una violación del
primero de todos los mandamientos –“tú adorarás un único Dios”–, durante el
cual se vio al Vicario de Cristo invitar a los representantes de todas las
religiones a que invocasen a sus falsos dioses, Monseñor Lefebvre protestó
vehementemente. Dirá incluso haber visto en este acontecimiento insoportable
para todo corazón católico uno de los signos que había pedido al Cielo antes de
poder proceder a las consagraciones episcopales.
En
la Carta a los Amigos y Benefactores n° 40 del 2 de febrero de 1991, el Padre
Franz Schmidberger, segundo Superior general de la Fraternidad San Pío X,
retomó el conjunto de la cuestión y recordó la posición católica en un pequeño
compendio de los errores contemporáneos opuestos a la fe. Y nosotros hemos
pedido a algunos sacerdotes resumir en una especie de vademécum el conjunto de
estos puntos en diversos escritos después publicados, uno de los cuales es el
notable Catecismo de la crisis de la Iglesia del Padre Matthias Gaudron.
Actualmente,
siguiendo la misma línea, no podemos hacer más que repetir lo que afirmaron
Monseñor Lefebvre y el Padre Schmidberger en pos de él. Todos los errores que
ellos denunciaron, nosotros los denunciamos. Nosotros suplicamos al Cielo y a
las autoridades de la Iglesia, en particular al nuevo Sumo Pontífice, el Papa
Francisco, Vicario de Cristo, sucesor de Pedro, que no dejen que las almas se
pierdan por no recibir más la sana doctrina, el depósito revelado, la fe, sin
la cual nadie puede salvarse y agradar a Dios.
¿De
qué sirve dedicarse a los hombres si se les oculta lo esencial, el fin y el
sentido de sus vidas, y la gravedad del pecado que los aleja de aquello? La
caridad por los pobres, los más desfavorecidos, los relegados, los enfermos,
siempre ha sido una verdadera preocupación de la Iglesia y no hay que
prescindir de ello; pero si esto se reduce a la pura filantropía y al
antropocentrismo, entonces la Iglesia ya no cumple su misión, no conduce las
almas a Dios, lo cual no puede hacerse realmente más que a través de medios
sobrenaturales, la fe, la esperanza, la caridad, la gracia; y por tanto,
denunciando todo lo que se le opone: los errores contra la fe y contra la
moral. Porque si ante la ausencia de esta denuncia los hombres pecan, se
condenan para toda la eternidad. La razón de ser de la Iglesia es salvarlos y
hacerles evitar la desgracia de su eterna condena.
Evidentemente,
esto no será del agrado del mundo, que entonces se volverá contra la Iglesia,
frecuentemente con violencia, como nos lo muestra la historia.
Estamos,
pues, en Pascua de 2013 y la situación de la Iglesia está prácticamente sin
cambios. Las palabras de Monseñor Lefebvre tienen un acento profético. Todo se
ha verificado y todo continúa para gran desgracia de las almas que ya no
escuchan de sus pastores el mensaje de salvación.
Sin
dejarnos abrumar, ya sea por la duración de esta crisis terrible o bien por la
cantidad de prelados y de obispos que prosiguen la autodestrucción de la
Iglesia, como lo reconocía Pablo VI, nosotros continuamos proclamando, en la
medida de nuestros medios, que la Iglesia no puede cambiar sus dogmas ni su
moral. Porque sus venerables instituciones no se tocan sin provocar un
verdadero desastre. Si ciertas modificaciones accidentales que recaen sobre la
forma exterior deben ser hechas –como se produce en todas las instituciones
humanas– ellas no pueden ser hechas en ningún caso en oposición a los
principios que han guiado a la Iglesia en todos los siglos precedentes.
La
consagración a San José, decidida por el Capítulo general de julio de 2012,
sucede justo en este momento decisivo. ¿Por qué San José? Porque es el Patrono
de la Iglesia católica. Él continúa teniendo para con el Cuerpo místico el
papel que Dios Padre le había confiado respecto a su Hijo divino. Siendo Cristo
el jefe de la Iglesia, cabeza del Cuerpo místico, de allí se sigue que aquel
que tenía el cargo de proteger al Mesías, al Hijo de Dios hecho hombre, vea
extenderse su misión a todo el Cuerpo místico.
Así
como su papel fue muy discreto y en gran parte oculto –pero al mismo tiempo
perfectamente eficaz–, así también este rol protector –igualmente eficaz para
con la Iglesia– se realiza hoy en día en una gran discreción. Sólo con el paso
de los siglos se fue manifestando más y más clara la devoción a San José. Uno
de los santos más grandes, uno de los más discretos. Siguiendo a Pío IX, que lo
declaró Patrono de toda la Iglesia, sobre los pasos de León XIII, que confirmó
este papel y que inauguró la magnífica Oración a San José, Patrono de la
Iglesia universal –que nosotros rezamos todos los días en la Fraternidad–,
siguiendo a San Pío X, que profesaba una devoción especial por San José, cuyo
nombre llevaba, queremos hacer nuestras, en este momento dramático de la
historia de la Iglesia, esta devoción y este patronazgo.
Queridos
amigos y benefactores de la Fraternidad San Pío X: los bendigo de todo corazón,
expresándoles mi gratitud por vuestras oraciones y vuestra generosidad en favor
de la obra de restauración de la Iglesia iniciada por Mons. Lefebvre. Más aún,
pido a San José que les obtenga las gracias divinas que vuestras familias
necesitan para permanecer fieles a la Tradición católica.
+ Bernard FellaySEA PARA GLORIA DE DIOS
MARANATHA
Alberto González
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