San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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miércoles, 7 de agosto de 2013

Informe sobre Williamson

Dado que Monseñor Williamson se despacha impúdicamente, afirmando contra la evidencia que la resistencia comenzó en la primavera del año pasado 2012 en Estados Unidos, demuestra que no sólo es falso históricamente, sino que hace sospechar aviesas y torcidas intenciones.

Si vamos a hablar del inicio de la resistencia, habría que distinguir que hubo primero una resistencia interna dentro del seno mismo de la Fraternidad San Pio X,  pues todo comenzó a hacerse visible con el jubileo del 2000, y a través de expresiones de Monseñor Fellay como que: “si me llaman a Roma voy corriendo”, “aceptó el 95% del Concilio Vaticano II”, además de todo su doble lenguaje, de la pérdida de la energía en el combate, el surgimiento de los grupos acuerdistas como el GREC y todo lo que alrededor de eso se tejía; después, los dos años de tratativas con Roma, hasta que surge el Motu Proprio y el levantamiento de las pretendidas excomuniones, ante todo lo cual Monseñor Williamson nada dijo ni hizo en contra para denunciar el error, como era su deber, alertando a los fieles e incluso a los mismos sacerdotes, por todo lo cual se prestó vil y estúpidamente a todo este juego, que ahora tardíamente denuncia.

Después la resistencia se hace pública y manifiesta, con mi impugnación al Motu Proprio que legitimaba jurídica y teológicamente la Misa Nueva bastarda (como la llamó Mons. Lefebvre) dándole incluso la primacía, mientras que la Misa de siempre quedaba relegada a algo extraordinario (esporádico). Con esto, se legitimó a la concubina con toda su descendencia bastarda y se arrincona, quitándole la primacía, a la única mujer legítima; y ésto lamentablemente no lo vió ni lo denunció en su momento nadie que yo se sepa.

Ahora bien, como lógica consecuencia, a mí se me expulsa en Marzo del 2009, haciéndoseme ver a través de Mons. de Galarreta -en una visita que le hiciera al Priorato de Orizaba por lo menos un año antes- que evidentemente les estorbaba, diciéndome que “por qué  no me retiraba de la Fraternidad”.
Aunque antes de mi eyección, el Padre Abrahamowicz se había separado, aunque sin manifestar con un escrito los motivos y razones teológicos  del caso. Después reaccionaron dimitiendo, el P. Ceriani, el P. Turco y el P. Grosso, por no aceptar el Motu Proprio ni el levantamiento de las excomuniones; y hasta ahora, nadie chistaba, todos callaban y aceptaban, nadie decía nada.

Y mientras la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, era teológicamente destruida, a los que habían reaccionado, se los consideraba viles parias, leprosos desechables y hasta loquitos, deshonrados, al punto que los que ahora reaccionaron, como el Padre Trincado,  negaban el saludo; incluso en el Priorato de Bogotá  por miedo al Padre Bouchacourt el Prior temía confesarme, dada   esa política de manipulación de los sacramentos, que como se sabe, se le han negado y se le niegan a los fieles no están de acuerdo.

Es así como han sucedido las cosas, y si ahora han reaccionado valientemente muchos el año pasado, como lo hizo  el Padre Trincado (enfrentando a  Monseñor Fellay y haciéndole casi salir lágrimas cuando le repitió tres veces en su cara ¡que renuncie!), actuando valerosa y enérgicamente, como corresponde a un militar de pura sepa, eso no hace, sin embargo,  que ahora esa resistencia que se agrupa alrededor de Monseñor Williamson, sea la primigenia; en el mejor de los casos sería la continuación de la que ya había comenzado mucho tiempo atrás, después de que  se le caen las escamas de los ojos (como le pasó a San Pablo)  ven lo que antes no veían.

Por eso, es una canallada, si es que no se trata de un simple desliz de memoria o de despiste, que Monseñor Williamson diga que le Resistencia comenzó el año pasado en los Estados Unidos. Y si él insiste en así considerarlo y decirlo, la única resistencia que podría haber comenzado el año pasado, sería la de una falsa resistencia que él de algún modo dirige y encabeza, para eclipsar, vituperar y desacreditar a los verdaderos intransigentes y resistentes de la primera hora; y ésto no sería más que el juego feroz y criminal de la judeomasonería vaticana, para destruir lo poco que verdaderamente le pueda resistir.

Esto es lo que Monseñor Williamson tiene que aclarar, pues como es sabido, todo su actuar ambiguo, incoherente y estrafalario, haciendo declaraciones que distraen la mirada  del verdadero problema,  porque sus declaraciones en Alemania, parecen más el fuego que se propicia fuera del castillo, para distraer la atención y penetrar en la fortaleza, al igual que un fuego de artificio que nos distrae la mirada del verdadero problema,  es como nos presentar un falso blanco para que no se apunte al verdadero; y el blanco aquí era el baluarte de la Fraternidad San Pio X que había que destruir  vil y traidoramente como está haciendo Mons. Fellay y su sequito.

Por eso Mons. Williamson debe  dar respuesta a los cargos que en el siguiente escrito se le imputan y aclarar las cosas. Y si no lo hace, su silencio confirmará lo allí dicho; todo depende de él, y de ello el juicio que deberemos formular.

P. Basilio Méramo
Bogotá, 5 de agosto de 2013.



QUIEN ES DE VERDAD M. WILLIAMSON

Vistos los últimos acontecimientos acaecidos en la FSSPX, y una vez confirmado oficialmente lo esperable, como la expulsión de Mons. Williamson, y el agrupamiento en torno suyo de los elementos más opuestos a un acuerdo con la Roma modernista, me ha parecido útil asomarme más de cerca a la figura de este peculiar obispo, y averiguar si es tan fiero el león como lo pintan.
 
   Sin ánimo de ser exhaustivo, los hechos son los siguientes:

Lo primero que salta a la vista es que el propio interesado ha tenido un cuidado extremo en esconder cualquier información referente a su nacimiento, padres, infancia y primeros años de vida adulta, por lo que nos encontramos con distintas versiones no necesariamente coincidentes:
Richard Nelson Williamson nace el 8 de Marzo 1940, en un lugar indeterminado del Buckinghamshire, según unos, (quizás Beaconsfield), y en un igualmente imprecisable lugar de Londres, según otros.
Es hijo de un pastor anglicano del Hampshire, es decir, de uno de esos presuntos sacerdotes que hablan, visten y celebran como los sacerdotes católicos, pero cuya ordenación fue declarada inválida por el Papa León XIII a fines del S. XIX.
Según otras versiones, su padre habría sido un protestante escocés, jefe de compras en los famosos almacenes Mark and Spencer, que terminó su carrera frustrado por no haber obtenido el puesto que ambicionaba, por causa, al parecer, de su ascendencia Goyim.
Su madre, Helen, cuyo apellido de soltera no nos ha sido facilitado, debía de ser una real hembra, gobernadora absoluta de su casa, de fuerte carácter y firmes convicciones, además de pianista de cierto renombre. Tendrá dos hijos más, el uno empleado financiero en la City de Londres, mientras el último se construía una carrera cinematográfica en Nueva Zelanda.
Las afinidades religiosas de la madre son interesantes en la medida en que los grabará a fuego en la mente y el corazón de Richard y sus dos otros hijos:
Ésta era adepta del movimiento religioso conocido como “Christian Science”, basado en la protestante Sola Scriptura, que se caracterizaba por predicar que el pecado dejaba al pecador indemne de toda falta y responsabilidad, y que “una comprensión verdaderamente espiritual expulsaba al mal como algo irreal”. Esa “Salvación a través de la comprensión no era otra cosa que el trasunto del gnóstico “Salvarse a través del Conocimiento”, reservado a una élite de elegidos.
El error intelectual no se curaba gracias a la lógica y al estudio, sino gracias a la oración y comprensión universal, más allá del principio de no-contradicción.
No faltaba ni siquiera la consideración de Dios como un ser andrógino, Padre y Madre al mismo tiempo, y por debajo, la cabalística afirmación de que en Dios coinciden los contrarios, blanco y negro, luz y oscuridad, error y verdad, Bien y Mal.
Todo esto tan típico de las logias rosacruces tan importantes en el desarrollo del Imperio Británico desde el S. XVII.
No en vano, e importante para lo que luego diremos, la Christian Science ha sido definida como una especie de Hegelianismo bíblico, en que los contrarios son útiles para que se desarrolle el plan de la Sabiduría divina, sin importar las desgracias y pecados que ello ocasione, al fin y al cabo ilusorios e inexistentes, puesto que pertenecen al mundo de la materia.
Más interesante aún es considerar las conexiones que esa doctrina mantenía con influyentes sociedades secretas como la Round Table, fundada en 1890 por Cecil Rhodes con el fin de federar todos los pueblos anglófonos del mundo para que fueran capaces de asentar el dominio del Imperio Británico por siempre.
Para ello, éste último dotó de su propio (y enorme) peculio unas cotizadísimas bolsas de estudios en las Universidades de Oxford – Cambridge y Colleges afiliados.
Asociado con Lord Alfred Milner, y algo más tarde, con el clan Rothschild, y con la Christian Science como doctrina oficial, ha constituido uno de los principales vectores de influencia del Imperio anglo-americano hasta nuestros días.
Todo este conjunto de ideas esotérico-ocultistas no sólo entrarán el la vida de Richard a través de su madre, sino que se precisarán durante su escolaridad, nada menos que en el Winchester College, en el Hampshire, presunto lugar de pastoreo de su padre.
No es un colegio cualquiera, sino que es el más antiguo del país, con existencia ininterrumpida desde hace más de 600 años, modelo de Colleges tan elitistas y prestigiosos como el Eton College, o el King’s College, de Cambridge, por lo que la muy fiable Good Schools Guide no teme afirmar: “Se podría decir que Winchester College tiene la mejor tradición educativa de todas las escuelas de Inglaterra”.
Como pueden suponer nuestros inteligentes lectores, esa clase de internados, en que se inventó la palabra snob, no es precisamente el sitio en que uno entra, no ya sin excelentes recomendaciones, sino además, careciendo de ascendientes familiares de cierto y reconocido pedigree, coronados por eminentes servicios a la causa del Imperio…
Para nosotros, pobres españoles pasados por la lobotomización prisoica, resulta realmente difícil darse cuenta de lo que supone una institución educativa de estas características, en que la palabra Tradición se hace carne, piedra y pergamino, y que va a marcar con el sello particular de la casa a sus formandos de manera inconcebiblemente profunda, y ello, para el resto de su vida.

Es allí donde la fuerza oculta que edificó y aun mantiene el Imperio Británico forma todos los aspectos de la personalidad de sus pupilos, hasta convertirlos en útiles y leales servidores de un proyecto viejo de cinco siglos. Particular importancia se da a la formación humanística, artística, y filosófica, pues como decía Winston Churchill, “el día en que los responsables del Imperio ya no sepan latín ni griego, éste habrá llegado a su fin”. Y sabía lo que decía…


Más sorprendente todavía para los deshistoriados españoles: La formación religiosa sigue siendo prioritaria, como lo evidencia la prominencia de su capilla.
 

 
 
 
Ahí es donde el joven Richard asimilará una cierta visión de la vida que ya no le abandonará nunca más.
 

¿Será casualidad que a pocos centenares de metros de ese antiguo y venerable College se encuentra el Great Hall, único resto del castillo real de Winchester, en el que se conserva la tabla de madera pintada que representa desde el mismo Siglo de fundación del College la Round Table, la Mesa Redonda del Rey Arturo, inspiradora de la Sociedad secreta Round Table-Milner Group?

¿Y que justo al lado de la Mesa, se encuentre un curioso monumento de la Reina Victoria coronada y entronizada como Reina del Mundo?



 

Más tarde, nuestro héroe seguirá ampliando sus estudios con un grado en literatura inglesa, nada menos que en el Clare College de Cambridge, filial del Winchester, y situado justo al lado de la maravillosa capilla del King’s College.


 

Cuando uno recuerda que esta Universidad fue junto con Oxford el centro neurálgico de reclutamiento y formación de los muy experimentados servicios de Inteligencia británicos, es poco creíble que nuestro Richard no haya colaborado, a sabiendas o no, con los inspiradores del Sr. Bond, tras haber recorrido un cursus tan definido, y haber demostrado indudables cualidades personales.

 

Pero si hacemos un poco más de memoria, recordaremos que ahí fue donde se formó una gigantesca red de topos que trabajaban para hacer caer al Imperio británico del lado de la Internacional comunista, Komintern. Pero había una gran diferencia: Así como la Komintern era una asociación exotérica, visible, y que actuaba por medios político-ideológicos igualmente reconocibles, su contraparte esotérica, la Homintern, actuaba por medios mucho más discretos, y por ende, infinitamente más peligrosos. Entre éstos, el cultivo de todo tipo de filosofías alternativas, esoterismo, magia ceremonial o sexual, satanismo, y una especial atención al clero de las diferentes iglesias cristianas.

Sus miembros se reclutaban básicamente entre aquellos que sentían un odio feroz por la civilización cristiana y su férreo e inmutable orden moral, y que se encontraban unidos entre ellos por unos lazos de fidelidad carnal-espiritual que la misma presión exterior volvía irrompibles. Era la Internacional Homosexual, de la que se sirvieron los espías comunistas para reclutar agentes que se infiltrarían en todas las instituciones, y las pudrirían y corromperían desde el interior, sin perdonar ni la Iglesia, ni la Casa Real.
 

Tenemos un señero ejemplo de lo exitoso del procedimiento si examinamos el proceso de fundación de ETA, nacida de una célula comunista desarrollada en el seno del seminario de Derio, en Bilbao, y cuyas costumbres sexuales vienen evidenciadas hasta por los nombres de guerra asumidos por sus miembros.
 

El grupo inicial de doce intelectuales a los que se conocerá como los Apóstoles de Cambridge será fundado por un George Tomlinson, que acabará, curiosamente, como obispo de Gibraltar. En el tiempo en que Richard estaba allí, el grupo copaba casi todo el Establishment, bien protegido por Lord Mountbatten, su principal patrón.
 

Cuesta creer que un joven tan prometedor no fuera aprovechado por los servicios de Su Majestad.

 
Una vez en posesión de su título, enseñará en Ghana, y el St Paul School de Londres, en la que se ganará fama de profesor brillante y muy dado a actividades extra escolares.

Mientras, meditaba seriamente convertirse a la religión católica, bajo la influencia de un escritor sobre el que nos vamos a detener un momento:
 

   Su gran mentor intelectual-espiritual desde los años 60 hasta su muerte fue el conocido escritor Malcolm Muggeridge, (24 de Marzo 1903-14 de Noviembre 1990), periodista, satirista, locutor de radio, miembro del MI6, y por último, apologista cristiano.


 

Tan es así que Mons. Williamson pronunciará su oración fúnebre, un 1 de Diciembre 1990, en que recordará al gran escritor antimoderno que lo guiaría hasta el catolicismo, antes de convertirse él mismo, junto con su mujer Kitty.

 
Claro que, cuando examinamos el recorrido de Malcolm, nos encontramos otra vez con el King’s College de Cambridge, y con su capellán, el Rev. Alec Vidler, típico exponente de la mezcla entre el High Churchmen y el iniciado en las logias rosacruces que han constituido la fuerza conservadora del Imperio, que tanto apreciaba el Nuncio Roncalli en sus tiempos parisinos.

 
Volvemos a encontrar a Malcolm bañando en los secretos de las altas instancias mundialistas, casado con Kathleen Dobbs, sobrina de Beatrice Webb, autora que junto con su esposo Sydney, será una de las divulgadoras del marxismo, en su versión soft fabiana, que procurará introducir en Gran Bretaña por medio de uno de los primeros y más completos sistemas de Seguridad Social, lo que valió a los esposos ser enterrados en la abadía de Westminster, y haber sido recordados, por ejemplo, en el show inaugural de las últimas Olimpiadas de Londres.

 
Lo que se recuerda menos, es que actuaron como auténticos espías para la Unión Soviética, y que siempre pretendieron acelerar el ineludible triunfo del comunismo a través de una penetración lenta, perseverante y progresiva de sus agentes en todos los estamentos de la sociedad.

Esta penetración debía ser hecha según los principios de la Sociedad Fabiana, (de Fabius Cunctator), general romano que se especializó en vencer no combatiendo de frente, como los bolcheviques, sino siempre por medios ocultos y engañosos, ganando tiempo para cansar al adversario, (el temporizador), hasta que éste se rinde casi sin combatir. Uno de sus mejores realizaciones será la muy influyente London School of Economics, cuyas gloriosas enseñanzas estamos experimentando actualmente…

Sin olvidar que esa estructura exotérica venía gobernada por otra interna y esotérica de clara inspiración teosófica.


 
 

De ahí su escudo, un lobo revestido de piel de oveja…

 

Habiendo Muggeridge conocido gracias a los informes del matrimonio Webb los increíbles detalles de las hambrunas organizadas por Lenin y Stalin, éste cambió su postura política por otra conservadora, pero nunca cambió su visión sobre la necesidad de acompañar el futuro estado socialista mundial con un suplemento de alma y espiritualidad que debía hallar su fuente en una especie de amplia Iglesia ecuménica unificada, de tendencia conservadora y ritualista, como lo que él había conocido en Cambridge.
 

Durante la II Guerra Mundial, sus relaciones del Intelligence Service lo pusieron en relación con el Movimiento litúrgico belga que ya preparaba el Concilio., hacia el que adoptaría luego una actitud crítica, por haberse alejado de su matriz y modelo, la Alta Iglesia de Inglaterra.
 

Finalmente, se convertirá al nuevo catolicismo conciliar tan bien representado por una Madre Teresa de Calcuta que no pretendía convertir a nadie, y que él se encargó de hacer descubrir al público anglosajón.
 

Todo ello nos indica que estamos en presencia de quien introdujo a Richard en los arcanos del sistema mundialista, en su aspecto primario y más importante, y también más desconocido: El religioso-espiritual. Ese sistema de dominación definitiva funciona de manera dialéctica, hegeliana, cabalística: Tesis, a la que se opone una antítesis, que se fundirán en una síntesis, y así una y otra vez, hasta que todas las resistencias a ese Nuevo Orden Mundial queden diluidas en un Leviatán mundial muy parecido a lo reflejado en las obras de esos grandes iniciados rosacruces llamados A. Huxley y G. Orwell, cuyas advertencias vemos cumplirse bajo nuestros mismos ojos.

 
Se trata de controlar todos los intervinientes que se oponen aparentemente, mientras se los lleva sin que lo sepan a una futura unión de contrarios, por ejemplo, la que se intentó entre la doctrina católica bimilenaria, y “las mejores conquistas de dos siglos de civilización liberal” (J. Ratzinger).

Se preparó al joven Richard para ser el muñidor de uno de los extremos oponentes a la nueva síntesis conciliar, con la misión de facilitar la incorporación del mayor número posible de sus adherentes, convenientemente reagrupados en la FSSPX, dentro de la Nueva Iglesia inaugurada por el Concilio Vaticano II.
 

Para ello, se había previsto una estrategia conocida como “la pinza”: Una de las mandíbulas estaría compuesta por un buen núcleo de infiltrados en la FSSPX, alumnos del filósofo hegeliano alemán Rainhart Lauth, y presidido por el teutón Padre Schmidberger, que tenía contactos directos con el futuro cardenal y papa Ratzinger. Estos debían hacer todo lo posible por neutralizar los esfuerzos de resistencia de la Fraternidad, sin parecerlo, evidentemente.

 
Pero como siempre iba a existir un núcleo de gentes menos engañables o comprables, era necesario organizar también una “leal oposición”, aparentemente opuesta a cualquier acuerdo con la Roma conciliar, pero minada por los mismos errores teológicos y estratégicos que su contraparte acuerdista, e igualmente controlada por algunos agentes de influencia.

 
Ese será el papel asignado al joven Williamson, que se destacó desde sus primeros tiempos en Ecóne como federador de la facción más dura, y cuasi sedevacantista, sin salirse jamás del guión elaborado muchos años antes.

 
Una vez separados los dos anillos, y absorbido el más numeroso por la Roma conciliar, neutralizar el otro es un juego de niños, corrientemente practicado por los Servicios:

 
Ese joven tan brillante, prometedor y bien formado adoptó cada vez más un disfraz, aparentando ser un estrafalario inglés, capaz de salir con las afirmaciones más imprudentes o inoportunas, incontrolable e inclasificable, gran defensor de la Tradición y paladín de las esencias, un inofensivo y excéntrico prelado británico que sería sin embargo capaz de tomar la sucesión de Mons. Lefebvre si lo peor llegaba a ocurrir.
 

Lo mismo que Roncalli disfrazándose de inocente, apolítico e ingenuo párroco de pueblo, iba a conseguir por allí el envenenamiento intelectual y espiritual de los resistentes, sin que éstos se dieran siquiera cuenta.
 

Como veremos, los actos incoherentes de un excéntrico van a mostrarse de una coherencia absolutamente británica.
 

Empezando por su gestión del Seminario norteamericano de Ridgefield, Connecticut.

No por nada, desde sus días de seminarista, Richard se ganó fama de poco claro, reflejado en el mote que le pusieron: “Tricky Dickie” o “Tricky Richie”.
 

Su administración de los seminarios se caracterizaba por lo siguiente: “Normalmente, antes de llegar, las disensiones producidas por las incoherencias doctrinales y prácticas de la Fraternidad se mantenían en un nivel aceptable, dentro de una convivencia pacífica y armoniosa. Era llegar él, y ver cómo rápidamente, las tensiones aumentaban hasta hacerse insostenibles, resolviéndose muchas veces con la salida o expulsión de muchos elementos valiosos y combativos, mientras se prefería a los “piadosos” que eran capaces de cambiar muchas veces de criterio a la primera insinuación de sus superiores.”
 

“El método del P. Williamson era el típico de un agente provocador: Primero grandes declaraciones excesivas destinadas a provocar fuertes reacciones de aprobación y oposición entre los seminaristas, para a continuación identificar los elementos menos maleables e irlos aislando y humillando hasta que ellos mismos se marchaban, o eran expulsados.” “La Misa del P. Williamson era tan escandalosa, despachada sin el más mínimo respeto de las rúbricas, que procuraba no tener que asistir a ella.”

 
Por no hablar del sistema de auténtico espionaje que ponía en vigor en los seminarios de los que fue superior, en que una camarilla de favoritos eran encargados de espiar todos los hechos, dichos y omisiones de sus compañeros, con informes puntuales y circunstanciados mañana y tarde, haciendo reinar un auténtico ambiente de terror policíaco tan típico de la actual FSSPX.
 

Así ocurrirá en el seminario americano de la Fraternidad, en el que un grupo de 9 seminaristas empezó a cuestionarse seriamente algunas de las posiciones más problemáticas de su fundador, como el reconocimiento de unas autoridades evidentemente heréticas, y por ende, ilegítimas, mientras por otra parte se les resistía y desobedecía sistemáticamente; o la adopción de las primeras versiones bugninianas como liturgia oficial, o las crecientes dudas sobre la validez de las órdenes conferidas con el Ordinal del 18 de Junio 1968, la aceptación de falsas anulaciones matrimoniales, sólo por apuntar algunas.

Williamson fue haciendo aumentar las tensiones, hasta que un 27 de Abril 1983, el mismo Mons. Lefebvre, evidentemente aleccionado por los dos topos hegelianos Schmidberger y Williamson, rechazó con evasivas enfrentar esas cuestiones, y empezó un largo y doloroso proceso para hacerse con unas propiedades que los católicos americanos habían puesto a disposición de la Fraternidad con la condición de mantenerse fuera del alcance de la Roma modernista, condición que el arzobispo no parecía dispuesto a cumplir. 

Pasando sobre sus años presbiterales, vamos a fijarnos en su etapa episcopal, en que se irá revelando el auténtico Williamson:

 
Por ejemplo, su escudo episcopal, en que, como es sabido, el electo refleja su personalidad e intenciones:

 

 
 
 
Como ven, el típico escudo rosacruz, en el que la rosa de la Sabiduría y Ciencia Místicas cubre, y domina la Cruz, formando una RosaCruz!?

 
Más: Esa rosa-pentáculo que parece doble, (con otra en el centro), es exactamente la misma que aparece en el escudo Tudor, reflejado en la Mesa Redonda iniciática de Winchester.

 

Y para coronar el todo, un león gladífero, que todos los iniciados británicos reconocerán como el de Venecia en guerra, precisamente cuando la facción de los Giovini, sabiendo que la laguna ya no les ofrecía la protección de antaño, habían elegido a Inglaterra como nueva base de operaciones, desde la que edificaría el sistema esclavista-usurero anglo veneciano que aún nos domina.


 

Lo más curioso del asunto, es el cambio sobrevenido en el escudo:

 
Primero, éste publicado por Fideliter en 1988

 

Fíjense en la escritura romana, y en la forma de la “rosa”.

 Comparen con el que figura más arriba, con escritura gótica y rosa Tudor pentacular, publicado en 1990.
 
Ahora, fíjense en este escudo:


 

Es el del MI 5, la casa de James Bond, los espías fundados por el satanista John Dee, en tiempos de la pérfida y anticatólica Isabel.


 

Cuando uno recuerda que el simbolismo de la rosa sobre la cruz, significa que es el sello del silencio de aniquilación sobre la obra de la Redención, que se hace eficaz en primer lugar a través de los Sacramentos, frutos de la Cruz, tal vez ciertas cosas empiecen a tener sentido…Las dos rosas del MI 5 combinadas en un solo escudo, ¿Curioso no?

Sobre todo cuando sabemos que son especialistas en jugar con las dobles interpretaciones.
 

“Fidelis inveniatur”, sea hallado fiel, pero…¿A quién? That is the question.
 

Cuesta creer que con esos sulfurosos antecedentes, Mons. Lefebvre haya cometido la grave imprudencia de ordenarlo sacerdote, tras un tiempo de seminario excepcionalmente breve, y más aún, de haber promovido al episcopado a un antiguo hereje, cosa que los cánones prohíben, exigiendo para ello una dispensa especial que Mons. Lefebvre no podía otorgar.
 

Creo que ya es más que hora de que nos asomemos a la obra de saboteador que en el terreno doctrinal ha realizado Mons. Williamson en su años de episcopado, con perseverancia digna de mejor causa: Brevemente: 

-          Negación de la infalibilidad del Magisterio ordinario del Papa, o del Magisterio Ordinario Universal, con la excusa de las famosas e inexistentes “condiciones”.

-          Negación del Papa como Regla próxima de la Fe, sustituido por la regla remota, es decir, la Tradición.

-          Negación de la infalibilidad del Papa en su aprobación de los ritos litúrgicos, pudiendo un Papa, según él, aprobar un rito “intrínsecamente nocivo” e incluso gravemente herético, además de inválido.

-          Afirmar que una definición dogmática puede ser buena en sí, pero mala per accidens.

-          Esas definiciones serían debidas únicamente al enfriamiento de la caridad…

-          Et alibi, aliorum, plurimorum, que suele predicar corrientemente la FSSPX.

 

Además, el supuesto contrarrevolucionario incorruptible es el que hizo apología del Motu Propio-trampa, ya que rebajaba al Rito Romano auténtico, de ser la liturgia todavía oficial de la Iglesia Romana, a ser una simple “Forma extraordinaria, es decir, excepcional u museística, mientras el engendro bugniniano era ascendido oficialmente a Forma oficial ordinaria, y por ende, obligatoria, del Rito Romano.

 
Es también el mismo “duro” el que agradece a Benedicto XVI el levantamiento de unas excomuniones, absolutamente inválidas, pero que él acepta como válidas, condenándose a sí mismo.

 
También es el mismo conservador de las esencias, el que describe a Ratzinger como un hombre sincero, amante de la Tradición católica de la Baviera de su infancia, pero con una mente liberal que le impide advertir las contradicciones entre esa Tradición y los errores conciliares. Por esa razón, Williamson pretende que sólo sería un hereje material, y que esa situación le permitiría seguir siendo Papa, a pesar de predicar la herejía, y favorecerla por todos los medios. Es lo que algunos han llamado “mentevacantismo”.

 
Pero cuando nuestro personaje riza el rizo, es con su afirmación de que el Papa es Soberano de dos Iglesias contrapuestas: Es Papa de la nueva iglesia conciliar, pero también de lo que queda de la antigua Iglesia Católica. Si esto no se parece a la fusión de contrarios de los cabalistas, que venga Dios y lo vea.

 
Está claro que W. hace todo lo que debe un buen quintacolumnista para mantener a todos los fieles aún católicos en las manos de la iglesia conciliar, bajo apariencias precisamente contrarias, por medio de declaraciones altisonantes, pero vacías y de ningún crédito.

 
Como si esto no fuera suficiente, el interfecto se ha señalado últimamente por su apoyo a una falsa mística italiana, María Valtorta, previamente condenada por el Santo Oficio por los graves errores doctrinales y morales inclusos en sus libros.
 

El iluminismo de Mons. Fellay y sus Cruzadas del Rosario trucadas se ve ampliamente correspondido por el iluminismo de un Mons. Williamson, capaz de dar crédito público a cualquier falsa aparición que pueda favorecer su agenda.

 
Vista la seguridad doctrinal de nuestro biografiado, nos costará menos entender por qué se va a convertir en uno de los principales actores en la obra de ocultamiento de uno de los más graves problemas de nuestro tiempo: La desaparición de los sacramentos válidos, obturación de las principales fuentes de esa Gracia que hace nacer y crecer a los cristianos, a la vez que impide el dominio del demonio sobre nuestro mundo.

 
Bien decía el rosacruz Martín Lutero (aquí tienen su escudo)



¿Les suena? 


que el principal objetivo a alcanzar si querían ver desaparecer la Iglesia Católica era destruir la Misa: “Cuando hayamos aniquilado la Misa, habremos aniquilado el Papado en su totalidad. Porque es sobre la Misa, como sobre una Roca que el Papado se apoya con sus monasterios, sus altares, sus ministros y sus doctrinas. Todo esto caerá cuando su sacrílega Misa hay sido reducida a polvo”
 

Y es el mismo Lutero el que confiesa que esas palabras provenían directamente del diablo, mientras estaba refugiado en el castillo de Wartburg.

 
Pero decía a continuación: “Sin embargo, para conseguir este fin con éxito y sin peligro, será necesario conservar algunas ceremonias de la Misa antigua para los de mente débil, quienes se escandalizarían con un cambio más rápido”

Toda la historia de la Iglesia de Inglaterra va a ser una ilustración de esa advertencia. Va a ser un gran laboratorio en que pudo experimentarse cómo desustanciar, protestantizar, cabalizar, desobrenaturalizar y despojar de sus verdaderos poderes sobrenaturales a la Iglesia, manteniendo al mismo una apariencia católica y respetable, cosa que no había logrado el protestantismo clásico, luterano, calvinista o puritano.

 
Cuando esas experiencias llegaron a plena maduración, a fines del S. XIX, la siguiente fase debía comenzar: Transformar a la Iglesia de Roma según el patrón de lo experimentado en Inglaterra.

 
Primero se intentó con la “Corporate reunion”, en que toda la Iglesia de Inglaterra en bloque se habría reunido con la de Roma, manteniendo sus peculiaridades. Lo malo es que entre éstas, se encontraban también un ritual de ordenación de sacerdotes y de consagración de obispos radicalmente inválido, porque se había extirpado de ellos cualquier referencia a la Misa como sacrificio expiatorio a favor de vivos y de difuntos.

 
El Papa León XIII acabó declarando definitiva e infaliblemente en Apostolicae Curae la nulidad total de sus órdenes, y por consiguiente, de casi todos los sacramentos conferidos por tales clergymen.

 
Si ese proyecto hubiera tenido éxito, se habría seguido para la Iglesia católica una espantosa confusión en donde ya no habríamos sabido quién estaba válidamente ordenado, y quien no.

 
Volvieron a intentarlo después del Concilio, con motivo de la reforma general de la liturgia imperada por aquél, y esta vez tuvieron éxito. Por la Constitución Pontificalis Romani del 18 de Junio de 1968, impusieron a toda la Iglesia un nuevo ordinal radicalmente alterado, y absolutamente incapaz de hacer verdaderos sacerdotes y obispos, a tenor de las normas de León XIII, por defecto objetivo en el mismo rito.

 
Mientras los tradicionalistas se fijaban en la Misa Nueva, también inválida y herética, pocos se fijaron en que su fuente, el sacerdocio, había sido herida de muerte, poniendo a la iglesia conciliar en la misma situación que la anglicana. Como decía el sabio, se fijaron en las manzanas del suelo, sin darse cuenta de que estaban aserrando el manzano.

 
Varios fueron los que desde los años 70-80 han ido dando la voz de alarma ante ese gravísimo problema, del que el mismo Mons. Lefebvre era consciente, hasta que el dúo infiltrado Schmidberger- Williamson lo convencieron asegurándole que la forma nueva y perfectamente inválida del nuevo rito era en verdad una fórmula oriental antiquísima aún en uso en algunas iglesias como las de los sirios o maronitas.

 
Desgraciadamente para ellos, el comité de estudios Rore Sanctifica empezó desde los años 2000 a publicar estudios sistemáticos que refutaban totalmente esa mentira caracterizada y ponían en relieve la actuación de las logias masónicas rosa-cruces británicas en la subversión de la Iglesia Católica desde el S. XVI.

 

Casualidad, casualidad, será Mons. Williamson el que intentará cerrar la boca y las mentes de los miembros de la FSSPX con una verdadera campaña de terrorismo intelectual y presiones de todo tipo, impidiéndoles conocer esas investigaciones, y encargando a los dominicos de Avrillé, en su prestigiosa revista “Le sel de la terre”, una refutación en regla de las afirmaciones de Rore. Éstos arruinaron completamente su crédito con una refutación donde no se sabe si sobresale más la ineptitud o la mala fe.

 

No mejor suerte corrió el estudio publicado por el P. Calderón, profesor del Seminario argentino de La Reja, del que casualmente era superior el mismo Mons. Williamson.

 

Por no hablar de la obrita publicada por el P. Celier, bien conocido infiltrado que benefició de la protección constante de Mons. Williamson, hasta cuando publicó una auténtica propeudéutica ocultista llamada “El dios mortal”.

 

Como decía antes, el incoherente prelado demostraba una coherencia absoluta cuando se trataba de proteger a la nueva iglesia conciliar en los dos “secretos” que ésta más teme ver descubiertos ante el gran público:

Dos tipos de poderes son los que constituyen toda jerarquía legítima: Un poder de Orden, sacramental, sobre el alma de los fieles y las cosas sagradas, a través de las cuales se comunica la Gracia que salva, sana, eleva, santifica y glorifica al ser humano y lo protege de los ataques de Mundo, Demonio y Carne.

Y otro, el poder de jurisdicción, que se recibe por colación de la autoridad superior, en último término, el Papa.

 
Lo último que les interesa a los prelados conciliares actuales es que sus fieles comprendan que no sólo no tienen ningún poder de jurisdicción sobre ellos, por haber salido de la Iglesia hace decenios, sino que además, tampoco tienen poder de Orden, por haber sido ordenados con un ordinal infalible y voluntariamente inválido.

 
Una vez desenmascarados como lo que son, unos puros laicos (en parte), usurpadores de la autoridad apostólica y del nombre de católicos, se acaba el chollo, y se verían expulsados de las iglesias que llevan saqueando y vandalizando desde hace decenios.

 
Y ya que llegamos a la cumbre de la infamia, todavía nos queda referirnos a un tema harto espinoso, pero absolutamente necesario para entender ciertos sucesos eclesiásticos.
 

Además de proteger a todo tipo de subversivos, parecería que Mons. Lefebvre también protegía a otro tipo de corruptores, los sexuales.

 
Por ejemplo, un cierto Padre Urritigoity, originario de Mendoza (Argentina), fue denunciado ya en 1987 por el superior del seminario de La Reja, el P. Morello, y recibiendo la especial protección del superior de distrito, el futuro Mons. De Galarreta, por presiones de la familia Calderón.

Éste organizó el traslado del denunciado al seminario de Winona, en Estados Unidos, cuyo superior era…¡Mons. Williamson!

 
Su antiguo superior, el P. Morello, dirigió entonces a Mons. Williamson un informe canónico donde ponía en evidencia las graves desviaciones sexuales del encausado, junto con algún que otro ataque e intento de seducción homosexual perfectamente comprobado y documentado. A la vista de las pruebas, pedía encarecidamente al obispo británico que no ordenara a tal sujeto.

 
No sólo fue ordenado por el mismo W.,en 1989, sino que el expulsado fue precisamente el denunciante, bajo acusaciones, por supuesto, de sedevacantismo.


Como era de esperar, el mismo amigo de W. y entonces superior de la Fraternidad, P. Schmidberger, fue el que se encargó de tranquilizar al resto de su organización, que había logrado enterarse de este vergonzoso asunto.
 

No bastando con ello, el mismo Williamson promovió al P. Urritigoity a puestos de influencia y responsabilidad, como los de profesor de Dogma, Latín y Música Sacra, desde los que pudo con toda tranquilidad seguir perpetrando sus fechorías, sin que su superior pudiese alegar desconocimiento, conocido como es por enterarse y llevar registro escrito de TODO lo que ocurría en el seminario.

 
Sólo en 1997, cuando el escándalo empezó a amenazarlo personalmente, se resignó a separarse de ese sacerdote talentuoso pero un tanto orgulloso, según sus palabras, y aún transcurrieron dos años hasta que por fin, Mons. Fellay denunciaba oficialmente el comportamiento criminal del favorito del británico.

 
Ya en 2001, el P. Urritigoity, que entre medias había ingresado en la peculiar Sociedad de San Juan, era citado ante los tribunales por el Doctor Bond, superior de la escuela San Justino, bajo el cuidado de la citada congregación, y testigo de las reprobables acciones del susodicho.

 
Pueden alegar que el mejor escribiente echa un borrón, y que se trata de un fallo aislado, pero será poco creíble si consideramos que en el mismo año 2001, fue el P, Ensey, sucesor del P. Urritigoity como director espiritual, el que se vió encausado por asaltos homosexuales a sus dirigidos.
 

Máxime cuando los abusos perpetrados por tales monstruos no parecen haber sido únicamente de naturaleza sexual, sino que eran vectores de un modernismo litúrgico, doctrinal y espiritual tan escandaloso que muchos seminaristas tuvieron que abandonar, asqueados ante las complacencias del obispo que todos aclamaban como ciudadela de la ortodoxia.

 
Por ejemplo:

 
“Odiaba el Santísimo Sacramento. Incitaba a sus dirigidos a evitar la Bendición con el Santísimo, y a que los que no pudieran evitarla se quedasen sentados.”

“Despreciaba las estatuas, por lo que organizó una campaña para retirarlas del seminario y sustituirlas por iconos, tanto en el mismo seminario como en varias capillas de Estados Unidos.”

“Había formado a sus sacerdotes para que presidieran una especie de “Comida de Seder” la víspera de su primera Misa.”

“Inducía a los seminaristas a que se bañaran desnudos en sus excursiones fuera del seminario”

 
Cuando hemos visto la importancia que la homosexualidad ha tenido en la formación de redes subversivas dentro del clero católico de los dos últimos siglos, no menos que en su infiltración por todo tipo de agentes, entre los cuales los británicos se han revelado los más hábiles, es difícil no sospechar del Graduado de Cambridge…

Ahorraré a los lectores las descripciones más explícitas de los ataques a los que se entregaban esos individuos, perfectamente documentados ante la misma justicia norteamericana.
 

Finalmente, y ante un cierto número de casos coincidentes, me pregunto si no habría que investigar la posible existencia de una conexión vasca-argentina-británica, cosa nada extraña si recordamos las tramas subversivas que desde el S. XIX se han dirigido contra la América católica, real y española, primero, y contra las españolísimas y muy católicas Vascongadas, después, siempre bajo patrocinio británico, según confesó el inventor del nacionalismo paganizante vasco, y de su bandera, Sabino Arana.


Como han podido comprobar, el obispo Williamson, tras haber debilitado y corrompido el anillo de los acuerdistas, y haber engañado a sus integrantes acerca de los verdaderos compromisos estratégicos en medio de los que se halla la FSSPX, va a especializarse a partir de ahora en desactivar y reducir a la muerte civil a los integrantes del anillo de los reacios al acuerdo.

 
Primero los mantendrá en las mismas posiciones anticatólicas antes aludidas, gran debilidad de la FSSPX, como se puede comprobar, por ejemplo, en la serie de posts que le dedicó el Padre Iraburu hace unos cuantos meses. Sobre todo, que nunca jamás se plantee de manera seria y rigurosa una posible vacancia de la Santa Sede, y de las demás cátedras episcopales católicas.

 
Menos aún, por supuesto, plantear el tema capital de la invalidez de las órdenes sacerdotales y episcopales conciliares.

 
Pero sí enredarlos en una espiral de espiritualidad insana, aparicionismo, falsos mensajes y videntes, e incluso un cierto profetismo apocalíptico de raíces indudablemente cabalísticas.

 
En cuanto a su influencia social, ¿Qué se puede esperar de unas personas, sin duda recomendables por sí mismas, pero a quien van a colgar el infamante sambenito de Nazi, integrista, negacionista, ultratradicionalista, locos, etc… que no sólo los convertirá en muertos civiles, sino que podría fácilmente abrirles las puertas de la cárcel, sin que nadie se atreva a tomar su defensa?
 

Asociadas con tan sulfuroso personaje, están anuladas antes mismo de haber empezado a construir cualquier estructura organizativa, desde cero, sin bienes, ni casi fieles que los sigan.

 
Y encima, habrán constituido un absceso de succión, adonde podrán ser enviados todos los que se opongan a la política de ralliement a la Roma modernista, perseverantemente perseguido por el jefe del primer anillo, Mons.Fellay, gobernado por su eminencia gris, el P. Schmidberger, convecino y condiscipulo del Papa Ratzinger, a quien visita regularmente…

 
Ya es hora de que los católicos españoles empiecen a ensanchar sus horizontes, estudiando las tácticas de subversión utilizadas por el enemigo desde hace cinco siglos, ellos que han olvidado quién es ese enemigo contra el que lucharon sus antepasados.





Fuente:  Http://moimunanblog.files.wordpress.com/2012/10/quien-es-de-verdad-mons-williamson-17.doc
Robert Filmore. 25 de Octubre de 2012

domingo, 4 de agosto de 2013

UNDÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este domingo vemos el milagro que hizo nuestro Señor con el sordomudo; en otras ocasiones nuestro Señor hizo milagros e incluso curó a un mudo sin hacer ningún gesto, como vemos que lo hace según el relato de hoy; lo lleva aparte, le introduce los dedos en los oídos, le toca la lengua con su saliva, gime, y dice además “éphetha” que quiere decir abríos o ábrete. Y nos podemos preguntar por qué nuestro Señor hace todo esto, esa especie de curanderismo, podríamos incluso pensar o creer, para qué todo este ritual, si como en otras ocasiones ya lo había hecho, bastaba con una simple palabra o un gesto, sin hacer tanto aspaviento y, más aún, después de hacerlo le pide que no lo comunique, que no lo propague, aunque más se dan a conocer milagros.
Nuestro Señor claramente quiere acentuar un símbolo, una enseñanza con estos ademanes, tanto es así, que en el rito del bautismo que nos da la fe, se toman casi todos estas señas que hizo nuestro Señor en este milagro. Y ¿cuál es la razón? Dejarnos una lección, no tanto con la palabra sino con los actos, porque los milagros de nuestro Señor también son parábolas o enseñanzas en acción, como han dicho y hecho ver muchos santos. Así quiere mostrar la génesis, el origen de la fe, que es tan importante, que es esencial en la vida sobrenatural, en la de la Iglesia, en la nuestra, en la del mundo. El mundo sin fe sería diferente y de ahí la necesidad de ella para salvarnos.
Así que nuestro Señor quiere mostrar cómo esa fe se origina en nosotros por medio de la intervención de Dios, porque es un dony una gracia de Dios; viene por el oído, el oído de la palabra de Dios.
Por eso la urgencia de la predicación de la palabra de Dios, del Evangelio, para que oyendo el relato de la vida de nuestro Señor, creamos en Él, que es Dios, el Mesías, el Hijo de Dios, y no seamos infieles.
Por eso hizo todas estas señales, estas gesticulaciones y ordenó que no se dijera, porque la fe no es una cuestión de propaganda, de publicidad, como se vende cualquier producto, sino que es una conversión interior del alma que se transforma y se adhiere a Dios; la fe es un don sobrenatural que nos hace unir nuestra inteligencia a la verdad revelada, a la verdad primera que es Dios bajo el influjo de la voluntad que con la gracia de Él nos mueve.
Por ello hay un acto libre, y el que no tiene fe, libremente la repudia, la rechaza, no quiere someterse, no quiere que su inteligencia se adhiera a la verdad revelada; de ahí el choque frontal del rechazo de la fe, del repudio de nuestra inteligencia a aceptar la verdad revelada por Dios, que es el mismo nuestro Señor, es el Verbo de Dios, la Palabra de Dios, su revelación y manifestación hecha carne. Eso es lo que el mundo no acepta, se opone y de ahí el estado de permanente lucha, oposición y contradicción mientras exista, no solamente de cada alma frente a Dios sino de todo el mundo frente a Él y su Iglesia.
Por eso la gravedad de la hora presente en la cual el hombre moderno por decisión propia no busca la adhesión a la verdad y mucho menos primera revelada que es Dios; lo que quiere es sumarse a lo terrenal y por eso aplica la inteligencia a la técnica, al progreso y a las riquezas materiales, al poder y al dominio, pero no busca lo de Dios. Al buscar a Dios todo lo demás vendrá por añadidura; hasta la misma política no puede prescindir de Dios y si lo hace es mundana, y es lo que está pasando, cuando los intereses políticos, económicos y sociales no son los del amor a la verdad. Hay que buscarla y encontrarla y una vez que la hallemos unirnos a ella y amarla.
Siempre ha sido lo misma, el maldito naturalismo, esa rebelión de la criatura y del hombre contra Dios, aún más, de la natura angélica que se rebela, que no se somete y que por eso no acepta otra verdad que el hombre; hoy se predica la dignidad y libertad del hombre y sus derechos, la persona humana; el culto y la religión giran en torno a esa maldita y apostática libertad del individuo. Esa es lo detestable del mundo moderno y será la condenación de cada uno de nosotros si apostatamos de ese sacrosanto deber como criaturas, de adorar, de conocer y de rendir culto al verdadero y único Dios de la revelación, y no confundirlo miserable y diabólicamente con cualquier fetiche o ídolo de nuestra imaginación. Es un absurdo y es en el fondo una apostasía que culminará con el rechazo pública y oficialmente de Cristo instaurado dentro de la Iglesia que es el anticristo, el que se opone y disuelve a Cristo; que no quiere someterle, ligarle ni subyugarle su corazón. Es por lo mismo que San Juan dice que el anticristo es el espíritu que se desune y se aleja de Cristo, que quiere estar libre de Él.
Y ¿qué libertad no vemos hoy en nombre del hombre, de los derechos humanos, de las naciones unidas en contra de Cristo y de la Iglesia? Maldito y condenado mundo y por eso camina al suicidio; ese será el trágico final del hombre ensoberbecido que no quiere adorar y aceptar a su único y verdadero Dios. Ya no son solamente los reyes de esta tierra, los poderosos, los gobernantes, las naciones que se oponen a Cristo, sino que de la misma Iglesia la jerarquía, sus cardenales, sus obispos, sus sacerdotes, sus religiosos, sus religiosas, sus monjes y monjas en la gran mayoría o totalidad, excepto un pequeño rebaño copulan, fornican con los reyes de la tierra, bebiéndose la sangre de los mártires. ¿Habrase visto mayor postración y desolación en el templo sacrosanto de Dios?
Pues eso es lo que está sucediendo, eso es lo que quiere el cardenal Castrillón Hoyos, que ceda ese pequeño rebaño, la tradición liderada por monseñor Lefebvre y por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que fornique así con los reyes de la tierra, de este mundo, para sojuzgar la Iglesia, y que el poder espiritual quede en las manos de los poderosos de este mundo. Y eso lo harán no a través de una persecución violenta que generaría mártires, sino de la locuacidad del pseudoprofeta, la bestia de la tierra, que con su lengua diabólica y perversa habla como el dragón pero tiene imagen de cordero, y llevará a los fieles a la apostasía.
Es mi deber, sobre todo ahora, cuando me voy, que por lo menos les quede eso de recuerdo, para que cada uno de ustedes sepa defender su fe, a pesar de la jerarquía que nos va querer hacer apostatar, claudicar. Por eso es deber de cada fiel conocer su religión para poder sostenerse cuando no haya quien predique, cuando no haya sacerdotes valientes, obispos o cardenales que así lo hagan, porque hoy no vemos ni un solo cardenal, y obispos muy pocos.
De cinco obispos tradicionalistas quedan cuatro; esos cinco eran los sucesores de monseñor Lefebvre y de monseñor De Castro Mayer. No hay que olvidar que los sucesores de monseñor De Castro Mayer en Brasil claudicaron; el cardenal Castrillón les endulzó el oído, les compró la conciencia y los amedrentó bajo excomunión, bajo herejía, bajo cisma. ¿Cuál excomunión, cuál herejía, cuál cisma? Si los hay, son ellos quienes los producen en la Iglesia miserablemente, y somos nosotros, los fieles a la Tradición de la Iglesia, los que preservamos la verdadera autoridad, la verdadera jerarquía, la verdadera obediencia, el verdadero amor a la verdad y no en lo que están convirtiendo a la Iglesia, en un lupanar de corrupción.
Ese es el gran escándalo que hay y la gran persecución contra aquellos que, como nosotros, nos esforzamos humildemente en querer acatar la verdad, en querer obedecer a la Iglesia, en querer ser fieles a nuestro Señor. Por eso se nos acosa inmisericordemente mientras que el resto vive sin problemas, sin hostigamiento; porque pareciera que no hay peor cuña que la del mismo palo.
Eso lo tienen que tener presente, mis estimados fieles, si quieren salvar sus almas, porque lo más fácil es seguir la corriente, dejarse arrastrar y pintarlo todo con el rótulo de obediencia que es una traición a Dios. Primero hay que someterse a Dios. ¿Con qué derecho un padre puede corromper a sus hijos en nombre de la obediencia, en nombre del cuarto mandamiento? Absurdo sería porque el acatamiento exige la autoridad y ésta reclama que sea participada de Dios que es el Creador de todo.
Luego, para demandar subordinación hay que tener esa autoría de Dios, en su nombre y no para combatirlo. Eso es lo que hace legítima la autoridad y la obediencia que se pide en consecuencia, y sin eso no hay acatamiento sino obsecuencia o servilismo; y donde hay sumisión no hay subordinación, porque no hay virtud allí donde no hay libertad. Las piedras y los animales no son libres, no obedecen, cumplen con instintos la ley de la vida, pero en el hombre, que tiene libertad, es todo lo contrario y esa es la verdadera libertad que nos hace independiente, la libertad en la verdad; por eso la fe (dice Santo Tomás de Aquino), tiene por objeto la verdad primera que es Dios revelado y por eso el deber trascendental de cada uno de nosotros, de cada hombre, de cada criatura inteligente de adherirse a esa verdad, reconocerla, aceptarla y no liberarse de ella y negarla para autoafirmarse como lo hizo Satanás con su “non serviam”, no serviré, no me someto, no me adhiero a la verdad en nombre de mi naturaleza, de mi excelencia, de mi personalidad, de mis derechos.
He ahí el primero y gran pecado de herejía, de apostasía, del naturalismo que va cambiando de nombre pero que es en esencia siempre lo mismo y por eso tenemos que estar muy atentos para que no nos engañen, para que no nos dejemos estafar y para que podamos defender nuestra religión como lo hicieron tantos mártires en la soledad, en el abandono, en el arrinconamiento, cuando lo más fácil era seguir a los demás.
Por eso, todo verdadero católico y más hoy día, es un mártir, en potencia al menos, y eso es lo que exige nuestro Señor, esa capacidad de inmolación; es decir, que si es su voluntad estemos dispuestos a morir por la verdad, así como Él lo hizo en la Cruz. Nuestra religión es de sacrificio, eso significa la Cruz y por eso nos la quieren quitar para que haya una religión sin Cruz. Ésta nos la recuerda la Santa Misa, por eso la gravedad de la nueva aunque muchos fieles no se den cuenta, porque justamente se trata de camuflar, de disfrazar, que es lo que en realidad está pasando.
Debemos pedirle a nuestro Señor cada día la fe, para permanecer firmes en ella, porque el diablo anda a nuestro alrededor viendo a quién va a devorar y por eso hay que permanecer de pie, como nuestra Señora en el Calvario. Mientras los apóstoles huyeron despavoridos, cobardemente, Ella se quedó allí con algunas piadosas mujeres y San Juan, pero ninguno por mérito propio, sino por estar al lado de la Santísima Virgen María.
De allí la necesidad imperiosa y categórica, sobre todo en estos últimos tiempos, de recurrir a la Santísima Virgen María, para que no transijamos y podamos subir al Calvario como Ella, en esta segunda crucifixión de nuestro Señor en su cuerpo místico, que es la Iglesia. Por eso la Iglesia sufre hoy una verdadera pasión, un desgarramiento profundo que se quiere ocultar, pero que vemos con toda la corrupción existente en el mundo y dentro de la Iglesia, en sus ministros. Esta perversión nos puede afectar si no nos mantenemos alertas y vigilantes a buena distancia y en la humildad que es en el reconocimiento de la verdad. Santa Teresa decía que la humillación está en la verdad, sin ésta no la hay, no hay la virtud, no hay fe y, desde luego, sin fe no puede haber esperanza ni caridad.
Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que nos conserve en esa fe pura de la Iglesia, in-contaminada, sin error, porque así es la fe de la Iglesia, y en esa pureza poder vivir y en la medida de lo posible transmitirla a los demás para la salvación nuestra y la del prójimo y de esta forma hacer verdaderamente la voluntad de Dios auxiliados por nuestra Señora, la Santísima Virgen, que también es nuestra Madre, porque es Madre de la Iglesia. Roguémosle siempre a Ella para que nos mantenga en ese fervor y así podamos responder con verdadero amor a nuestro Señor Jesucristo. +
P. BASILIO MERAMO
24 de agosto de 2003

lunes, 29 de julio de 2013

Escrito del P. Basilio Méramo: SOBRE EL DOGMA DE LA FE "EXTRA ECCLESIAM NULLA SALUS” Y EL BAUTISMO DE DESEO


Uno de los problemas del hereje, es no sentir y pensar según la Iglesia y tomar una parte de su doctrina, desarmonizándola del resto y convirtiéndola cual tumor cancerígeno, en contra del resto del organismo.

Los dogmas y verdades de la Iglesia, no solo hay que aceptarlos, sino que se deben interpretar según el sentido exclusivo de la Iglesia y no del criterio particular; por eso la Iglesia es maestra infalible única y exclusiva de la verdad revelada.

El hereje siempre vulnera de algún modo este principio, y este es el caso de los hermanos Dimond, que retoman la herejía del Padre Feeney que los lleva, a raíz de una mala interpretación rigorista del dogma de la Iglesia: Extra Ecclesiam nulla salus, a negar el bautismo tanto de deseo (bautismo flaminis) como el de sangre o martirio (bautismo sanguinis); para únicamente aceptar el bautismo de agua (fluminis) como único medio de salvación,

Ante la actual herejía modernista, a partir del atípico Concilio Vaticano II, o mejor, Conciliábulo no infalible y por lo mismo desnaturalizado en su esencia, se cree y afirma la salvación de todos o que todos se salvan. Ante esta herejía, los hermanos Dimond entre otros, pretenden combatirla afirmando el dogma Extra Ecclesiam nulla salus, de una manera rigorista, que fue condenada en época de Pío XII y llegan al extremo de negar el bautismo tanto de deseo como el del martirio.

Por eso tenemos que decir con la Iglesia que siempre ha enseñado: “Admito y abrazo firmísimamente las tradiciones de los Apóstoles y de la Iglesia y las restantes observancias y constituciones de la misma Iglesia. Adhiero igualmente la Sagrada Escritura, conforme al sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien compete juzgar el verdadero sentido e interpretación de las Sagradas Escrituras, ni jamás la tomaré e interpretaré conforme al sentir unánime de los Padres”. (Dz. 995).

Como lo dice el decreto del Santo Oficio, el Padre Feeney al interpretar de una manera rigorista que deforma el dogma de fe Extra Ecclesiam nulla salus, haciendo alusión a la Encíclica Mystici Corporis,
reprueba tanto a los que niegan la salvación eterna a todos los que están unidos (incorporados) a la Iglesia por el deseo implícito, como a los que falsamente afirman que todos los hombres pueden ser salvados por igual en cualquier religión. Tenemos, así, dos errores extremos que están condenados; y ese es el
problema de los hermanos Dimond, que en su sedevacantismo visceral, extremo, dogmático, categórico, apriorístico y dialéctico, no tengan mejor fundamento, que el apoyarse y retomar la herejía del P. Feeney, interpretando mal el dogma: Extra Ecclesiam nulla salus (Fuera de la Iglesia no hay salvación), al punto de llegar a negar el bautismo tanto de deseo como de sangre. Bástenos para ver semejante error conocer lo que la Iglesia dice y enseña sobre el asunto.

El Papa Pablo III (1534-1549), en el Concilio de Trento, afirma refiriéndose a la justificación del impío o paso del estado de pecado en el que se nace al estado de gracia: “Paso, ciertamente, que después de la promulgación del Evangelio, no puede darse sin el lavatorio de la regeneración [Can. 5 sobre el baut.] o su deseo, conforme está escrito: Si uno no hubiere renacido del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios [Ioh, 3, 5]”. (Dz. 796).

El Catecismo Romano en una de las notas sobre el bautismo se lee: “El Concilio Tridentino en la sesión VII, de bautismo, canon 5, dice: ‘Si alguno dijere que es potestativo recibir el bautismo, es a saber, que no es necesario para la salvación, sea anatema’ (D 861).



Coinciden los teólogos comúnmente en señalar que el bautismo es necesario con aquella necesidad que llaman de medio, es decir, que el bautismo tiene razón de medio para la salvación, de tal manera que, omitido aún sin culpa, nadie puede salvarse.

Sin embargo, esta necesidad de medio del sacramento del bautismo, no es absoluta, sino hipotética, por lo cual en los casos extraordinarios Dios provee con otros remedios, que inmediatamente veremos, aunque en los casos ordinarios es de todo punto necesario para salvarse recibir el bautismo.

Para estos casos extraordinarios -en aquellos solamente en que resulta imposible recibir el bautismo de agua- la misericordia divina ha dispuesto dos remedios: el voto del bautismo y el martirio, que por semejanza en los efectos con el bautismo de agua, se llama también bautismo: de deseo y de sangre, respectivamente.

Por voto de bautismo se entiende el deseo de recibirlo. Para que haya martirio se requiere: a) un tormento capaz de causar la muerte, aunque luego ésta no se siga por una gracia especial de Dios; b) infligido al paciente en odio a la fe o virtudes cristianas; c) que sea pacientemente tolerado.

Uno y otro justifican, pues ambos incluyen de algún modo la caridad perfecta, que sabemos justifica.

Ni el bautismo de deseo ni el de sangre producen, sin embargo, todos los efectos que se derivan del bautismo de agua. Son efectos comunes a los tres: el perdón de los pecados mortales, la infusión de la gracia, la filiación divina con el derecho a la vida eterna.

En cambio, ni el bautismo de deseo ni el martirio, imprimen carácter, ni hacen al que lo recibe miembro de la Iglesia. De aquí que, si más tarde hubiera posibilidad de recibir el bautismo de agua, existiría la obligación de recibirle, y mientras no se reciba, tampoco se le pueden administrar los demás sacramentos.

El bautismo de deseo, además, no siempre perdona todos los pecados veniales ni la pena temporal.
 
Finalmente, para que el bautismo de deseo justifique se requiere necesariamente la caridad perfecta, es decir, la contrición, aunque, como es natural, no se requiera en sumo grado. En el martirio es suficiente la atrición”. (Catecismo Romano, ed. BAC, Madrid 1956, nota 55, p. 376-377).

En el mismo Catecismo Romano, también se dice en otra nota que comenta y aclara sobre el tema: “Es de fe, por positiva institución divina, es decir, porque Dios así lo ha querido (aunque podría haber ordenado otra cosa), que fuera dela Iglesia no hay posibilidad de salvación.



Los teólogos, al explicar esta necesidad de pertenecer a la Iglesia para salvarse, la llaman de medio, es decir, que, aún preterida o ignorada la Iglesia inculpablemente, no puede conseguirse la salvación sin ella.

No obstante, esa necesidad demedio no es absoluta (‘in re’ que dicen los teólogos), de modo que el pertenecer a la Iglesia, no pueda ser substituído por otra cosa, sino disyuntiva (‘in re vel in voto’), o lo que es lo mismo, que tiene suplencia. En otras palabras: cuando ese medio (la Iglesia) no puede alcanzarse realmente en sí mismo, puede suplirse por algo (el acto de caridad, por ejemplo, el martirio…) que entrañe el deseo de emplear ese medio como único para conseguir el fin: en nuestro caso, la Iglesia, con relación a la salvación. Ese deseo lo llaman los teólogos voto, que puede ser explícito, como acto expreso de la voluntad, e implícito, como incluido otro acto de caridad, martirio… etc., o simplemente en el deseo aún confuso, supuesta la base de la buena fe, de recurrir a ese medio necesario, si se conociera.

Ése es el caso, tan problemático en Teología, de los infieles llamados negativos: los que, sin culpa por su parte, desconocen la revelación, la Iglesia… En todo caso, siempre es cierto que, si de hecho se condenaran, habrá sido por culpa propia. Porque, supuesta la voluntad salvífica de Dios y la universalidad de la redención, Dios no puede menos de proporcionar los medios necesarios para salvarse al que pone lo que está de su parte, siguiendo los dictámenes dela recta razón, reflejo siempre de la ley natural (‘facienti quod est in se, Deus non denegat gratiam’, en términos teológicos). Y aunque se tratara de una persona que habita en la selva o entre brutos animales, con tal que observara la ley natural, dice Santo Tomás ‘que Dios le revelaría, por alguna inspiración interior, todo lo que es necesario para creer, o le enviaría algún
predicador de la fe, como hizo a Cornelio enviándole a Pedro’ (S. Thom., De verit., q.14 a.11 ad 1)”. (Ibídem, nota 181, p. 235-236).

También el Papa Pío IX (1846-1878) en el mismo sentido dice: “Es menester recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente se hallan algunos católicos, al opinar que hombres que viven en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica, puedan llegar a la eterna salvación. Lo que ciertamente se opone en sumo grado a la doctrina católica. Notoria cosa es a Nos y a vosotros que aquellos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra santísima religión, que cuidadosamente guardan la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en los corazones de todos y están dispuestos a obedecer a Dios y llevan vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna, por la operación de la virtud de la luz divina y de la gracia; pues Dios, que manifiestamente ve, escudriña y sabe la mente, ánimo, pensamientos y costumbres de todos, no consiente en modo alguno, según su suma bondad y clemencia, que nadie sea castigado con eternos suplicios, sino es reo de culpa voluntaria. Pero bien conocido es también el dogma católico, a saber, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica, y que los contumaces contra la autoridad y definiciones de la misma Iglesia, y los pertinazmente divididos de la unidad de la misma Iglesia y del Romano Pontífice, sucesor de Pedro, ‘a quien fue encomendada por el Salvador la guarda de la viña’, no pueden alcanzar la eterna salvación”. (Dz. 1677). Habiendo dicho anteriormente lo mismo: “En efecto, por la fe debe sostenerse que fuera de la Iglesia Apostólica Romana nadie puede salvarse; que ésta es la única arca de salvación; que quien en ella no hubiere entrado perecerá en el diluvio. Sin embargo, también hay que tener por cierto que quienes sufren ignorancia de la verdadera religión, si aquella es invencible, no son ante los ojos del Señor reos por ello de culpa alguna”. (Dz. 1647).

El Papa Inocencio II (1130-1143) en respuesta al Obispo de Cremona, sobre el caso de un presbítero no bautizado que murió, dice: “Respondemos así a tu pregunta: el presbítero que, como por tu carta me indicaste, concluyó su día último sin el agua del bautismo, puesto que perseveró en la fe de la santa madre Iglesia, y en la confesión del nombre de Cristo, afirmamos sin duda ninguna (por la autoridad de los Santos Padres Agustín y Ambrosio), que quedó libre del pecado original y alcanzó el gozo de la vida eterna”. (Dz. 388).

El Papa Inocencio III (1198-1216) asevera con relación al bautismo de fuego (flaminis, caridad) o de deseo: “Nos has comunicado que cierto judío, puesto en el artículo de la muerte, como se hallara solo entre judíos, se inmergió a sí mismo en el agua diciendo: ‘Yo me bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén’. Respondemos que teniendo que haber diferencia entre el bautizante y el bautizado, como evidentemente se colige de las palabras del Señor: Id, bautizad a todas las naciones en el nombre etc. [cf. Mt. 28, 19], el judío en cuestión tiene que ser bautizado  de nuevo por otro, para mostrar que uno es el bautizado y otro el que bautiza… Aunque si hubiera muerto inmediatamente, hubiera volado al instante a la patria celeste por la fe en el sacramento, aunque no por el sacramento de la fe”. (Dz. 413). Ante esto que más se puede replicar sin ser hereje.



Es por esto que el Derecho Canónico de 1917 dice en el canon 737 § 1: “El bautismo, fuerza y fundamento de los Sacramentos, y cuya recepción de hecho o por lo menos con el deseo es necesaria a todos para salvarse, sólo se confiere válidamente por la ablución hecha con agua verdadera y natural, acompañada de la forma verbal prescrita”.

Queda claro que no hace falta negar el bautismo de deseo ni el de sangre, para rechazar la herejía de los modernistas y de su falsa libertad religiosa, según la cual afirman que cualquiera se puede salvar en cualquier religión, siguiendo los dictámenes de su conciencia, lo cual ha sido condenado: “Para que, con cuanto esfuerzo podáis, arrojéis de la mente de los hombres aquella a par impía y funesta opinión de que en cualquier religión es posible hallar el camino de la eterna salvación”. Dz. 1646). Tal como afirma el Papa Pío IX.

El Papa Gregorio XVI (1831-1846) decía: “Y de esta de todo punto pestífera fuente del indiferentismo, mana aquella sentencia absurda y errónea, o más bien, aquel delirio, de que la libertad de conciencia ha de ser afirmada y reivindicada para cada uno”. (Dz. 1613). Tal y cual hoy se piensa y cree gracias al herético e ilegítimo Concilio Vaticano II, la Carta Magna de la Apostasía Universal cual nunca sea visto ni jamás se verá.

Y Pío IX citando a Gregorio XVI, dice: “Partiendo de esta idea, totalmente falsa, del régimen social, no temen favorecer la errónea opinión, sobremanera perniciosa a la Iglesia Católica y a la salvación de las almas, calificada de ‘deliro’ por nuestro antecesor Gregorio XVI, de feliz memoria, de que ‘la libertad de conciencia y de cultos es derecho propio de cada hombre, que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida, y que los ciudadanos tienen derecho a una omnímoda libertad, que no debe ser coartada por ninguna autoridad eclesiástica o civil, por el que puedan manifestar y declarar a cara descubierta y públicamente cualesquiera conceptos suyos, de palabra, o por escrito o de cualquier otra forma’. Mas al aceptar esta temeraria afirmación no piensan ni consideran que están proclamando una libertad de perdición…”. (Dz. 1690).


Hoy todos los que se dicen ser católicos piensan como algo muy natural y justo lo que ha sido condenado por la Iglesia de siempre, tal como se puede ver en las siguientes proposiciones que fueron condenadas y que hoy todos las aceptan.
“Todo hombre es libre de abrazar y profesar la religión que guiado por la luz de la razón tuviere por verdadera”. (Dz. 1715). Proposición condenada por Pío IX.

“Los hombres pueden encontrar en el culto de cualquier religión camino de la salvación eterna y alcanzar la eterna salvación”. (Dz.1716). Proposición igualmente condenada, lo mismo que la siguiente.

“Por lo menos deben tenerse fundadas esperanzas acerca de la eterna salvación de todos aquellos que no se hayan de modo alguno en la verdadera Iglesia de Cristo”. (Dz. 1717).

No olvidemos la regla de oro expresada por Santo Tomás de Aquino: “A la divina Providencia pertenece que se provea a cada uno lo necesario para la salvación, con tal que de parte de ellos no se impida. (De Ver. q.14 a.11 ad. 1) o también: “Dios no nos falla en aquello que nos es necesario. (De Ver. q.14 a.11 ad. 2).

La doctrina sobre el bautismo queda reflejada en esto que dice el Doctor Común: “Nunca los hombres se pudieron salvar, aún antes del advenimiento de Cristo, si no se hacían miembros de Cristo”. (S. Th. III q.68 a.1 ad 1).

“Antes de Cristo, los hombres se incorporaban a Cristo por la fe en su advenimiento futuro”. (S. Th. III q.68 a.1 ad.1).

“Por consiguiente el bautismo pertenece a la santificación visible, vemos que sin el sacramento del bautismo alguien puede conseguir la salvación por la santificación invisible”. (S. Th. III q. 68 a.2 sed contra).

“Y por esto, aunque el mismo sacramento del bautismo no haya sido siempre necesario para salvarse, sin embargo la fe, de la cual el bautismo es sacramento, siempre fue necesaria”. (S. Th. III q.68 a.1 ad 1).

“La remisión de los pecados de algunos se conseguía antes del bautismo según se tenía el bautismo de deseo, sea explícito o implícito; y sin embargo cuando se recibía realmente el bautismo, se producía la remisión plena en cuanto a la liberación de toda la pena”. (S. Th. III q.69 a.4 ad.2). Claro que como siempre el hereje no es tomista descociendo a Santo Tomás de quién se valió el Concilio de Trento.


Hay que advertir para no caer en la herejía del naturalismo, mal interpretando los textos en los cuales se habla de un deseo implícito como el que tiene buena voluntad y cumple con la ley natural, pensando que uno se salvaría por el cumplimiento de dicha ley natural, sin la fe y sin la gracia; esto sería un grave error y herejía a las que el mundo de hoy es muy propenso. Para salvarse siempre se requiere la fe y la gracia, y la fe católica en Dios uno y trino que es lo que especifica a la religión de la Iglesia Católica.
 
Lo que se quiere decir, es que Dios, al que cumple la ley natural y tiene, así, buena voluntad, lo ilumina con la luz dela fe de su gracia; y no que se salva por la ley natural sin la fe y sin la gracia, pues el justo vive de la fe y sin fe es imposible agradar a Dios. Por eso el Concilio de Trento dice: “Mas cuando el Apóstol dice que el hombre se justifica por la fe [Can. 9] y gratuitamente [Rom. 3, 22-24], estas palabras han de ser entendidas en aquel sentido que mantuvo y expresó el sentir unánime de la Iglesia Católica, a saber, que se dice somos justificados por la fe, porque ‘la fe es el principio de la humana salvación’, el fundamento y raíz de toda justificación; sin ella, es imposible agradar a Dios [Hebr. 11,6] y llegar al consorcio de sus hijos; y se dice que somos justificados gratuitamente, porque nada de aquello que precede a la justificación, sea la fe, sean las obras, merece la gracia misma de la justificación; porque si es gracia, ya no es por las obras; de otro modo (como dice el mismo Apóstol) la gracia ya no es gracia [Rom. 11,16]”. (Dz. 801).

Por esto Santo Tomás con gran claridad y profundidad, pudo afirmar que con el primer acto racional y libre que el hombre ejerce cuando tiene uso de razón, si se ordena al fin último, Dios le da la gracia y se le borra el pecado original poniéndose en estado de gracia y si no, se pone en estado de condenación: “Y si alguno se ordena a sí mismo al debido fin por la gracia conseguirá la remisión del pecado original. Si por el contrario no se ordena a sí mismo al debido fin, según en aquella edad es capaz de discreción, peca mortalmente, no haciendo lo que en sí es”. (S. Th. I II q.89, a.6).

Lo mismo es afirmado en este otro texto: “Cuando se comienza a ser adulto, si hace lo que en sí es, se le dará la gracia por la cual será inmune del pecado original, si no lo hace, será reo de pecado de omisión. Pues cada cual está obligado a evitar el pecado, y esto no lo puede hacer si no se determina a sí mismo hacia el fin debido; cada uno está obligado cuando llega al uso pleno de razón, a convertirse a Dios y constituirlo en su fin, y por esto se dispone la gracia”. (De Ver. q.28 a.3 ad.4)


Esta misma doctrina la podemos ver en: II Sent. dist.42, q.1, a.5, ad.7; De Malo q.5, a.2, ad.8; De Malo q.7, a.10, ad.8 y De Ver. q.24, a.12, ad.2.

Y debe quedarnos claro que Dios al dar la gracia, infunde la fe, porque la gracia no puede existir sin la fe. Por eso es un error de muchos teólogos y predicadores que dicen que para salvarse los que están en el error invencible, sin culpa y con buena voluntad siguiendo la ley natural, se salvan si creen en un Dios remunerador. Lamento mucho, pero esto si se mira bien, es una supina herejía, porque la fe es en el Dios Uno y Trino y en el Verbo Encarnado, y no en un simple Dios remunerador conocido por la luz de la razón y del puro orden natural.

Por eso Santo Tomás decía que siempre se creyó, tanto en la época del Antiguo como del Nuevo Testamento, en los misterios de la Santísima Trinidad y la Encarnación y por eso es una misma la fe específica y formal, esencial, sustancial y sobrenaturalmente
hablando. Así Santo Tomás dice: “Pero antes del pecado y después, fue necesario a los mayores tener la fe explícita en la Trinidad”. (De Ver. q.14, a.11), y por mayores entiende Santo Tomás, los Patriarcas, los Profetas y todo aquel que tenía en el Antiguo Testamento la misión de enseñar y guiar al pueblo elegido.

Así mismo después del pecado hasta el tiempo de gracia, los mayores debían tener la fe explícita en el Redentor, los menores implícitamente o en la fe de los Patriarcas y los Profetas, o en la divina providencia. En el tiempo de la gracia, los mayores y menores, de la Trinidad y del Redentor, tenían que tener la fe explícita; sin embargo, todo lo creíble acerca de la Trinidad o del Redentor, no tenían los menores explícitamente que creerlo, sino solo los mayores. Los menores sin embargo tenían que creer explícitamente los artículos generales, como Dios es trino y uno, el Hijo de Dios se encarnó, murió y resucitó, y las otras cosas que del mismo modo la Iglesia festeja”. (De Ver. q.14, a.11).


Por eso es la misma fe trinitaria, la de Abraham, Isaac y Jacob y la nuestra, y por eso Moisés deseó ver su día como lo dice Nuestro Señor mismo, lástima que estas cosas no han sido suficientemente conocidas y vistas por los teólogos para enseñárselo común y corrientemente a los fieles.
La Iglesia, además, se pronunció sobre el asunto del significado del dogma fuera de la Iglesia no hay salvación y del bautismo de deseo (voto) con la excomunión fulminada por el Papa Pio XII en 1953 y el decreto del Santo Oficio del 8 de Agosto de 1949 dice: “

Ahora bien, entre las cosas que la Iglesia siempre ha predicado y nunca dejará de predicar, está contenida la declaración infalible por la cual nos enseña que no hay salvación fuera de la Iglesia. Sin embargo, este dogma debe ser entendido en ese sentido en el que la Iglesia misma lo entiende. Porque no fue a los juicios privados que nuestro Salvador dio una explicación a aquellas cosas que están contenidas en el depósito de la fe, sino a la autoridad magisterial de la Iglesia. (…) Por lo tanto, que uno puede obtener la salvación eterna, que no siempre es necesario que se le incorpore a la Iglesia en realidad como miembro, pero es necesario que por lo menos esté unido a Ella por el deseo y el anhelo. Sin embargo, este deseo no siempre tiene que ser explícito, como es en los catecúmenos, puesto que si una persona está en la ignorancia invencible, Dios acepta también un deseo implícito, así llamado porque está incluido en esa disposición buena del alma, por la cual una persona desea que su voluntad sea conforme a la voluntad de Dios. Estas cosas fueron claramente enseñadas en la carta dogmática emitida por el Sumo Pontífice, el Papa Pío XII, el 29 de junio de 1943, en Mystici Corporis. En esta carta, el Soberano Pontífice distingue claramente entre los que están incorporados en la Iglesia como miembros, y los que están unidos a la Iglesia sólo por el deseo. (…) Con estas sabias palabras que reprueba tanto a los que excluyen de la salvación eterna a todos los que están unidos a la Iglesia sólo por el deseo implícito, y los que falsamente afirman que los hombres pueden salvarse igualmente en todas las religiones”.
 
Posteriormente el Papa Pío XII excomulga al Padre Feeney por el decreto del 13 de febrero de 1953 en el que dice: “…suspendido a divinis por desobediencia grave a la autoridad eclesiástica y no temiendo a pesar de las repetidas advertencias y amenazas en incurrir en excomunión ipso facto, los eminentes Padres encargados de salvaguardar los asuntos de la fe y moral, en su sesión plenaria celebrada el miércoles 4 de febrero de 1953, lo declara excomulgado a todos los efectos de la ley. El jueves 12 de febrero de 1953, nuestro Santo Padre Pío XII, por la Divina Providencia Papa, aprobó y confirmó el decreto de los eminentes Padres, y ordenó que se convirtiera en un asunto de derecho”. Este decreto de excomunión del P. Feeney fue publicado en las Actas de la Sede Apostólica el 16 de febrero de 1953.


Queda claro el sentido de la Iglesia sobre el dogma de fe: Fuera de la Iglesia no hay salvación, y que si es negado el bautismo tanto de deseo como de sangre se incurre en una herejía.

P. Basilio Méramo

Bogotá, 29 de Julio de 2013
 

domingo, 28 de julio de 2013

DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:
En el Evangelio de hoy tenemos la parábola que Nuestro Señor dirige a esos hombres que se tenían a sí mismos por buenos creyéndose mejores que todos los demás; se tenían por muy
religiosos. Es la parábola del fariseo y el publicano y que nos viene muy bien para que no
cometamos el mismo pecado de soberbia religiosa.

Los fariseos eran la élite social y religiosa del pueblo judío, que encarnaba el ideal nacional en contra del helenismo y del dominio romano. Defendían, por decirlo así, el patrimonio del
pueblo elegido, sintiéndose los sucesores del espíritu de los Macabeos quienes defendieron
en un momento crucial el honor y la gloria de Dios, el culto verdadero, ante la profanación, y
por esto murieron mártires cuando el emperador colocó una imagen, un ídolo, en el templo;
pálida imagen de lo hecho en Asís con la imagen de Buda sobre el sagrario, de modo que si
aquello fue profanación esto ya es apostasía.

Pues bien, los fariseos eran los guardianes del culto y de la religión, de las cosas de Dios y por eso se dedicaban a escudriñar las Escrituras y todo lo concerniente al culto. El publicano, un recaudador de impuestos, un "traidor" al servicio del César para recolectar los impuestos y así beneficiarse. Ser publicano entonces era lo más detestable que podían tener los judíos entre ellos y sin embargo, Nuestro Señor muestra que la oración del fariseo no es escuchada y la del publicano sí.

El fariseo que en apariencia era excelente, "gracias te doy"; qué cosa mejor que dar gracias a
Dios, pero, "... porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros"; "ni como este miserable publicano", o "como esta rata", le faltaba decir. Sin embargo, Nuestro Señor mismo nos dice que no le escuchó; daba el diezmo (que eso es lo que de limosna eclesiástica por ley siempre se ha estipulado y que la Iglesia no ha urgido), o sea la décima parte o dividendos, o rentas que tenía, y ayunaba dos veces a la semana y no un ayuno mitigado, un ayuno a medias como el que hoy se hace y que ni aun así se cumple, porque nos cuesta no comer carne, hacer abstinencia, ayunar dos o tres veces al año, y es un ayuno mitigado por la debilidad nuestra.

Antes el ayuno era riguroso: absolutamente nada durante todo el día, y dos veces por semana, es lo que hace el fariseo; aparentemente era muchísimo mejor que cualquiera de nosotros, qué ejemplo. Sin embargo, nada de eso le servía, su oración carecía de valor porque todas sus buenas acciones quedaban anuladas, sin valor sobrenatural por estar viciadas de soberbia, ¡la maldita soberbia! El maldito orgullo que todos llevamos dentro y peor, no cualquier soberbia, sino la peor soberbia que puede haber, la soberbia religiosa, la soberbia de los religiosos y de los fieles religiosos.

La palabra soberbia viene del latín superbia, supra, creerse por encima de los demás, mientras que humilde humihtas, humus del humus de la tierra, el humilde es aquel que se rebaja, que se siente poco, que se siente tierra porque venimos de la tierra, del limo de la tierra, del barro. Ese es nuestro origen material al cual Dios infunde el alma, y por eso la humildad es la verdad, reconocer lo que somos, criaturas hechas de barro, luego no tenemos nada de qué enorgullecemos con respecto a los demás. Esa es la verdadera humildad y la verdadera oración: "Señor, soy un miserable pecador", sea rico o sea pobre, rey o basurero; "soy un miserable pecador", un hombre hecho de barro, de tierra. En cambio, el fariseo era soberbio religioso.

Esa soberbia religiosa la podemos tener todos nosotros y entre más religiosos peor aún, como en el clero; soberbia religiosa aun dentro del clero tradicionalista, y en los fieles; nosotros como tradicionalistas, en cierta forma como los fariseos detentores del verdadero culto, podríamos hacer esa comparación a muy justo título. Porque los fariseos no eran malos en su principio, degeneraron después; eso mismo nos puede acontecer a nosotros, grave peligro.

Dentro de la Tradición Dios ha permitido la caída terrible de sacerdotes y de fieles para que
no nos enorgullezcamos. Que si defendemos el verdadero culto y somos celosos de las cosas
de Dios con santo celo, reconozcamos que no es por mérito propio sino que somos frágiles vasos de barro que guardan un tesoro, el tesoro de la liturgia, de la doctrina, de la fe, pero que somos barro; somos poca cosa, la verdad no nos pertenece. La verdad es para el bien común, como lo dice la epístola de hoy: la diversidad de espíritus, unos de profecía, otros de milagros, de doctrina, de interpretación, pero es el mismo espíritu para el bien común, para la verdad, no para que nos creamos los mejores, los santos; la verdad no está para que nos sirvamos nosotros de ella, sino para que sirvamos nosotros a la verdad.

Este es el pecado del fariseísmo religioso, convertir la religión en un medio de poder, de ambición de riquezas, de política; todo lo cual es costumbre en Colombia; politizar hasta la religión; ver la jerarquía de la Iglesia convertida al servicio de la política y peor, de la mala política, porque no sirve al bien común, y no es justa porque no tiene en cuenta los principios del Evangelio que deben iluminar y dirigir toda verdadera política y aún más aquella que se estime como una política católica.

De ahí que si yo me sirvo de la religión para tener poder, riqueza y prestigio, estoy cometiendo el pecado de la soberbia religiosa, del fariseo, sea rico o pobre, pues se puede ser pobre y soberbio.

Aunque es mucho más fácil ser humilde siendo pobre, porque los mismos golpes de la vida nos hacen sentir que somos poca cosa y si tenemos resignación nos vamos por el camino de la humildad; en cambio es mucho más difícil ser humilde siendo rico, porque la riqueza me sitúa en un nivel superior, más difícil despegarme de esa riqueza, de utilizar esa riqueza para el bien común, por eso Nuestro Señor deliberadamente decidió vivir pobre y no rico en un palacio, para darnos el ejemplo. Lo que no quiere decir que ya en la pobreza sea humilde, porque puedo seguir siendo muy soberbio; así pues, si este país ha caído en la desgracia y aunque es un país potencialmente rico, somos pobres; aprovechemos esa penuria para despegarnos de cosas y así ayudamos en la humildad, sentirnos poca cosa.

Hay un cosa lamentable que debo decir, porque muchas veces la gente nueva que viene, se
siente rechazada ya que los fieles más antiguos en vez de hacer un verdadero apostolado y
explicarles, lo primero que hacen es mirarlos de arriba a abajo para ver quién es, qué hace éste, como si fuera publicano. No señor; y si viene mal vestido, con paciencia explicarle, que entre, que conozca, que vea, que si llegó aquí por pura curiosidad o por lo que fuera, Dios escribe derecho sobre líneas torcidas; no cerrar la puerta, ese es el verdadero apostolado, la verdadera predicación. No olvidar que llevamos más de treinta años de errores y confusiones que se agravan y que no todos tienen la suerte de haberlo visto desde un principio, sin contar la gracia que se necesita. Entonces sepamos acoger a los demás y allá ellos si perseveran o no, pero que no sea nuestra actitud la que aleje a la gente para después quejamos de que somos pocos.

Por muchos que seamos, siempre seremos pocos; por la misma situación de crisis, por el paganismo atroz del mundo; no nos hagamos ilusiones, nunca seremos multitud sino un pequeño rebaño fiel y en la medida que nos acerquemos al fin de los tiempos ese pequeño rebaño se irá reduciendo. "¿Acaso encontraré fe cuando vuelva?". Es lo que dice Nuestro Señor, y "Las puertas del infierno no prevalecerán". Dos afirmaciones aparentemente contradictorias; la Iglesia no será destruida, pero "¿cuando yo vuelva encontraré fe?". ¿Cómo es eso? sencillamente: gran apostasía, un pequeño rebaño fiel, a eso se reducirá la Iglesia y por eso no prevalecerá el infierno sobre la Iglesia, porque la Iglesia no es una cuestión de números ni de cantidad, no es una democracia, no es la mitad más uno ni lo que piense el pueblo, ni el rey, ni nadie.

La Iglesia es Dios, su santa doctrina, la jerarquía que El instituyó y los fieles. Es más, decía San Agustín: "Allí donde haya un fiel, allí habrá Iglesia", y no importa que sea cura, obispo o un simple fiel, es decir, un bautizado que tenga la fe, allí estará la Iglesia. Y dice con mayor razón Nuestro Señor: "Allí donde dos o tres se reúnan en mi nombre, allí estaré yo, allí estará mi Iglesia". No interpretemos eso como definición de la Misa, porque una cosa es la presencia de Nuestro Señor, allí donde dos o tres estén reunidos en su nombre, y otra cosa es la presencia sacramental de Nuestro Señor en el tabernáculo, son dos cosas distintas.

Aunque estemos en la Tradición de la Iglesia, en medio de una apostasía como la que nos toca vivir, y aunque no sea evidente para todos y sí para nosotros, pues ¿qué es si no todo lo que hoy se vive en detrimento de la moral, de la fe, del culto, es decir, de la religión católica? Si bien se mira no queda ya nada en pie, nada es santo, nada es sagrado, todo profanado, la religión adulterada, del culto no quedan más que las formas, las cáscaras, no hay contenido.

¿Cuánta gente no va de buena fe a la nueva misa? Si es que rinde culto a Dios verdaderamente, si comulga, ¿estará comulgando a Nuestro Señor? No hay una mínima seguridad ni garantía de que esté rindiendo el verdadero culto a Dios, aun comulgando.

Y si nos atenemos a la definición de la Santa Misa que para ellos ya no es ni santa ni misa, ni tampoco un sacrificio, considerando que es simplemente un memorial, un recuerdo, y no el mismo sacrificio del calvario renovado sobre el altar sacramentalmente, pensando que es una reunión o conmemoración, como cuando yo festejo un cumpleaños: eso no es misa.

Y si consagro pensando que en la consagración no hay transubstanciación, no hay entonces la presencia real, no tengo la intención de la Iglesia. Todas estas cosas no me las garantiza la liturgia moderna, porque es una liturgia revolucionaria, contra la Tradición, y yo no puedo ir contra la Tradición sin caer por el mismo hecho en un cisma, en una ruptura. Hay un cisma en la Iglesia Católica, nos guste o no. No todo lo que se dice Iglesia Católica es católica; la Iglesia Católica no puede estar dividida. Entonces, quien separándose de la Tradición por seguir la revolución, aunque piense que no está en estado de cisma y de ruptura con la Iglesia Católica, se divide. Esa es la teología, ser o no ser, otra cosa es que por ignorancia no me dé cuenta, sea o no sea culpable, esa es otra historia, si me doy cuenta o no, si tengo o no tengo la suficiente luz para ver las cosas como hay que verlas bajo la luz de la fe, sobrenaturalmente.

El simple hecho de oponerme a la Tradición de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, crea un estado de cisma y ese estado de cisma quedó formal y objetivamente confirmado, cuando Pablo VI firmó todos los decretos del Concilio Vaticano II. Los errores del Vaticano II no son de interpretación, sino que son errores de principios, y un Papa no puede firmar, rubricar como Pontífice de la Iglesia Católica algo que en principio se oponga a la Tradición de la Iglesia: es inadmisible. Eso debería estar claro después de más de treinta años, si no fue claro en su momento.

Lo lamentable es que esto no lo diga quien debiera decirlo, al menos los obispos, pues tienen la responsabilidad de apacentar el rebaño con la verdad y no pueden tolerar un estado de ruptura con la Tradición y no decirlo. Ya es hora de hablar claro -al pan, pan y al vino, vino- y que adoptemos una postura de verdad, de integridad y de fe delante de Dios, que la religión no es una cuestión de sentimientos y de pareceres; yo no voy a la iglesia para sentirme bien, yo voy a la iglesia por un acto de fe para adorar a Dios en espíritu y verdad. No se viene a Misa para cumplir con una rutina o para ser niños buenos. Asistamos a Misa en un acto de profesión de fe Católica, Apostólica y Romana de la única fe, de la fe sobrenatural, objetiva, y no de una fe subjetiva, sentimental, que nada tiene que ver con la adhesión de la inteligencia, movida por la voluntad bajo la acción de la gracia, a la verdad primera.

Pues bien, la Fraternidad enarbola la custodia de la Tradición y todos los que venimos aquí queremos mantenerla, pero no por eso somos mejores que los demás. Dios nos exigirá más en la medida en que nos dé mayores gracias y la cuota de cada uno es la fidelidad como respuesta a esa verdad y respuesta categórica. No es una respuesta a medias tintas, no es un "sí" con un "no" ni es un "no" con un "sí". "Sí sí, no no", hay una decantación y en esa decantación de la fe, en la respuesta y en la fidelidad está la prueba por la cual cada uno de nosotros pasa y por la que esta pasando la Iglesia en sus miembros, en sus fieles; ese prueba tan terrible de la cual Dios sacará un gran beneficio. Por eso permite el mal, porque como Él es todopoderoso, del mal puede hacer surgir el bien, como triunfo del bien sobre el mal; ese es el ejemplo que nos da Nuestro Señor en la Cruz, muriendo nos da ejemplo de vida, muriendo en la Cruz. De ahí la gran derrota del demonio, por derecho, porque todavía él sigue haciendo estragos hasta que Dios venga a ajustarle cuentas y por eso nosotros debemos aprovechar todas estas circunstancias y todos estos males.

Pidamos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen, nos dé la humildad con esa oración del publicano. Que esta misma crisis sea un medio que Dios nos da para que nos santifiquemos y crezcamos en la fe. Dar verdadero testimonio de Dios con toda fidelidad y que esa fidelidad a la verdad, nos haga libres. "La verdad os hará libres", somos libres, no en la democracia sino en la verdad, y la verdad es la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, la verdad en Nuestro Señor Jesucristo, sintiéndonos como somos, pecadores, pero que llevamos un gran tesoro, el tesoro de la fe; dispuestos a defenderlo cueste lo que cueste sin caer en la soberbia del fariseo creyéndonos mejores. Sea Nuestra Señora ejemplo de humildad a imitar, Ella, que se consideró la sirvienta, la sierva de Dios y fue enaltecida por su profunda humildad. Sigamos su ejemplo de humildad y seamos fieles a Dios y a su Santa Iglesia.

BASILIO MERAMO PBRO.
12 de agosto de 2001

domingo, 21 de julio de 2013

NOVENO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este noveno domingo después de Pentecostés vemos en el evangelio que nuestro Señor Jesucristo llora al ver la ciudad de Jerusalén. Y es admirable saber, por la narración que hace el Evangelio, que por lo menos dos veces lloró nuestro Señor. En esta ocasión sobre Jerusalén, y la otra por la muerte de Lázaro. Sin embargo, jamás dice el Evangelio que reía, y aquí un paréntesis, ¿por qué? No quiere decir que no estuviese alegre o que no sonriese, pero no ríe como el mundo, a carcajadas, alocadamente, que lo menos que demuestra es un alma superficial que no está equilibrada y por eso prorrumpe en esa risotada, en esa desfachatez de la inestabilidad espiritual y psicológica; de ahí la gravedad en el rostro de nuestro Señor. Así mismo le siguieron los santos con alegría, sin tristeza, pero sin esas carcajadas estrepitosas.

El Evangelio hoy nos muestra a nuestro Señor llorando. No es que no lo hagan; claro que sí, pero no tan prontamente, tan rápidamente, tan sentimentalmente como a veces por su sensibilidad lo suelen hacer las mujeres. Y cuando un hombre se conduele es terrible, es grave, es serio. Por eso lloró nuestro Señor ante la ciudad sabiendo lo que le iba a ocurrir por su idolatría, por su abominación, por no haber estado a la altura del Mesías que profetizaban las Escrituras, los profetas y la Revelación del Antiguo Testamento. Llega el Mesías y Jerusalén, la ciudad santa, la ciudad de Dios no estaba preparada para recibirlo.

Por eso Él llora viendo lo que cuarenta años más tarde iba a ocurrir. La divina Providencia se valió de los romanos, de Tito y de Vespasiano para destruirla sin dejar piedra sobre piedra. Y el muro de las lamentaciones es un dique de contención, no es un paredón del templo propiamente dicho sino de un barrancón, de una cañada que hay allí, formando parte de las bases; por eso no se derrumbó, porque del otro lado hay tierra, hay una planicie.

Puede extrañarnos que haya ese muro, si lo que nos imaginamos es uno normal, mientras que las Escrituras dicen que no quedaba piedra sobre piedra y así ocurrió; fue atroz ese asedio de los romanos, muchas mujeres llegaron a matar a sus hijos y a comérselos, o a alimentarse de cosas podridas. Eso lo cuenta Flavio Josefo, gran historiador judío, ante el terror de ese asedio, de esa devastación de la ciudad santa en castigo por no reconocer y recibir al Mesías.

Llora nuestro Señor de lástima, de conmiseración, de dolor, al ver la gran catástrofe que estos ni sospechaban, ni se imaginaban. Esto nos debe servir para que no nos ocurra, para que no le suceda a la Iglesia de Dios, para que no nos caiga esa desgracia por no estar a la altura y no ya de la primera venida sino de la segunda de nuestro Señor; para que no nos acontezca lo mismo que a los judíos, que a los doctores, que a los escribas, que a los fariseos, grandes peritos de las Escrituras, pero para invertirlas, adulterarlas, mal interpretarlas.

Sólo Dios sabrá si eso no pasa hoy con las Escrituras, el Apocalipsis y el Nuevo Testamento, y en todos aquellos pasajes donde está anunciada claramente su venida gloriosa y toda la hecatombe que la antecede; hay apostasía, manipulación, abominación en el lugar santo; está el anticristo, el pseudoprofeta, porque entre los dos forman el anticristo total, es decir, el poder político y el religioso, todo eso está anunciado, prefigurado. Que no nos pase igual que a los judíos, que no nos demos cuenta y nos caigan el desastre y la catástrofe encima. Esa desgracia es parte de esa gran apostasía anunciada, de esa gran tribulación, de esa gran confusión, de esa persecución que más que material y física es espiritual, porque es contra contra la Iglesia en su espíritu de verdad, de vida sobrenatural, en su religión, en sus dogmas, en sus principios, en su culto, en su moral.

No es tanto el acoso físico como ocurría antaño que producía tantos mártires y acrisolaba a la Iglesia y era simiente de cristianos; la gran persecución que está anunciada es destruir toda verdad de Cristo y de su Iglesia y no tanto el encarcelamiento o la muerte, ya que eso no haría más que que avivar, atizar el fervor. En cambio, del otro modo lo que se procura es diluir, destruir corrompiendo desde adentro sin que se den cuenta, como un cáncer que cuando se manifiesta ya es tarde, y ya no hay nada qué hacer. Esto que digo de este mal ya lo mencionaba San Agustín, para que no crean los científicos modernos, que son unos ignorantes, que el cáncer es una enfermedad de los siglos XX y XXI.

En sus homilías, en sus narraciones dice San Agustín, para mostrar con una imagen, que es el cáncer en el orden físico, lo que era en el orden espiritual la corrupción de un alma, y eso que pensamos que hoy lo conocemos todo. No sabemos, muchas veces, ni dónde estamos parados y si lo estamos es en la luna; allí donde se concentró todo el poderío para ir y quedarse, sin tener los pies puestos en la tierra. Así nos pasará inadvertidamente, alegremente, tontamente, al igual que a Jerusalén, ciudad santa, la Iglesia de Dios del Antiguo Testamento; vean lo que sucedió, por eso nuestro Señor lloró de dolor y de pena de ver la ceguera de su pueblo tan querido y lo que les esperaba, y nos puede esperar.

No estoy inventando nada, la misma epístola de hoy nos dice que todo lo que se prefiguró en el Antiguo Testamento es figura de lo que va a venir. Dice San Pablo que no caigamos en la idolatría como lo hicieron los judíos en el desierto, que fueron exterminados más de veintitrés mil en un solo día por no permanecer fieles. Murieron por las mordeduras de las serpientes, y de ahí el símbolo de la medicina y de las farmacias, aunque también por la imagen de este reptil fueron curados los otros.

El mismo San Pablo se refiere a que todo esto era signo de lo que iba a venir; o sea, que también está apuntando a una gran idolatría por no permanecer fieles; he ahí lo que se ve y el consabido castigo que no será sino la confusión, la pérdida de la luz sobrenatural de la fe, las tinieblas donde reina el error, produciéndose la abominación en el Templo, es decir, en la Iglesia. El Templo de Dios no es el muro o los cuatro muros de la iglesia sino el cuerpo místico de Cristo conformado, configurado por todos los fieles a Cristo nuestro Señor; esa es la Iglesia.

Entonces vemos cómo las Escrituras son apocalípticas, aunque esa connotación es tergiversada sistemáticamente por una exegesis y teología que impera desde hace algún tiempo, más de doscientos años, para que cuando todo esto ocurra no las tengamos presentes y la gente no se dé cuenta, no reaccione; para que entonces los que hablen de eso sean los “Testigos de Jehová”, los protestantes, y lo hagan torcidamente y se produzca el círculo vicioso. Aquel que ose poner las cosas en claro es un loco o un protestante, igual que los judíos y que los fariseos.

Eso ya lo advirtió hace varios siglos el padre Lacunza que murió desterrado en Italia. Era un hombre que hacía cinco horas de oración diaria, postrado cabeza en tierra. Pero que por hablar claro incluyeron su libro en el Índice, porque era intolerable que él hablara con esa libertad y con esa franqueza. O sea que la eliminación viene desde lejos, insensiblemente, como el error del judaísmo, y muy pocos fueron los que realmente tuvieron un corazón puro por estar vigilando y esperando al Señor. Así pasará al final de los tiempos que estamos viendo y viviendo.

¿Acaso no se ve la corrupción del clero, de la verdad, del culto, de la moral? El que no lo vea está cegado y no hay peor ciego que el que no quiere ver. La persecución es abominable y desastrosa contra todo aquel que quiera seguir a nuestro Señor. Es el mismo acoso insidioso, diabólico contra monseñor Lefebvre y monseñor De Castro Mayer. Ese acosamiento continúa, no ha acabado ni acabará, por eso todos los intentos de la Roma moderna para tratar de homologar, de reducir, de absorber a la Fraternidad San Pío X y de querer excluir, dentro de ella a aquellas personas que representan un obstáculo a ese acercamiento paulatino y engañador.

Nos puede pasar lo que a Sansón, que cuando estemos bien amarrados ya no tengamos fuerzas para reaccionar. Esa es la peor corrupción y por eso me ha tocado denunciarlo más de una vez y escribir algunas cartas a monseñor Castrillón y a Juan Pablo II. Esta correspondencia muchas veces no ha sido bien recibida por el entorno eclesiástico aun tradicionalista.

Por eso está aquí en Colombia ese grupo que quiere destruir y que se asocia con la Fraternidad San Pedro, y quiere ahora aprovechar mi partida para estar a sus anchas; pues más difícil lo van a tener porque lo que hago aquí en Colombia lo haré desde Portugal y desde la China y desde donde esté. La palabra y la espada de la verdad no tienen dimensión cuantitativa como ellos se creen; ya amenazaron pensando que les va a quedar el campo libre, pues se equivocan. Y para que se den cuenta ustedes, incluso hasta vienen, y es un elogio para mí. No les gustan mis sermones, sin embargo los graban y saben a la hora lo que he dicho; por eso lo hago ahora a propósito; yo sé bien lo que hago y es públicamente; que le llegue a aquel que le debe llegar y si no les quedó claro se los repito para que se den por enterados, porque a los supósitos del demonio hay que irles de frente. Eso se los comento, mis estimados hermanos, para que ustedes también paguen su cuota de sufrimiento, de combate y de defensa por la verdad.

Escuchamos también en este Evangelio cómo nuestro Señor Jesucristo después de llorar entra al templo y a latigazos saca a los mercaderes ladrones y enseguida lo limpia. Ese gesto lo hace dos veces, al comenzar y al finalizar su vida pública, para mostrarnos que el mal hay que combatirlo de raíz, ir a su esencia, aunque la iniquidad no la tiene, pero sí ir a su fundamento, a su causa y no quedarse por las ramas como quien coge el perro por la cola. Por ello hay toda una figura de falso tradicionalismo que ataca solamente el follaje, las ramas, pero no va a la raíz y esas personas se encuentran dentro de la Fraternidad y fuera de ella; por eso han caído, porque no atacan la causa del mal, no van al templo como nuestro Señor y a latigazo limpio sacan toda la porquería que hay dentro. Por eso a azote limpio hay que sacar toda la podrido que hay en el Vaticano.

No soy ningún hereje, porque lo que digo es en el nombre de Dios y sino que me fulmine ya mismo, y a ver si ellos son capaces de hacer lo mismo. Ellos, con toda esa porquería que ha invadido la Iglesia prostituyéndola, corrompiéndola de todas las mil y una formas; ese es un hecho.

Por eso, debemos tener presente esa actitud viril de nuestro Señor, que fue al templo, no a otra parte, y allí señaló y eyectó el mal para que eso nos quedara de ejemplo. Ese mal en la Iglesia está imperando y reinando a causa de ese pseudoconcilio, porque no quisieron que allí reinara el Espíritu Santo. ¡Qué abominación, qué contradicción! Un Concilio ecuménico no infalible, porque no querían que lo fuera. De allí toda la persecución a todo aquel que como monseñor Lefebvre con el látigo en la mano fustigó contra el Vaticano II, contra la nueva misa, contra el ecumenismo, contra la corrupción de la Iglesia, y así le fue y así le irá a todo aquel que tenga y mantenga el mismo espíritu.

El cardenal colombiano Castrillón actuó con toda astucia, y quién sabe si sea un paisa judío, porque la sagacidad hebraica la tiene en las venas y en la sangre. ¿Acaso no fue él quien concertó la entrega del narcotraficante más grande del mundo, Pablo Escobar, para llegar a un acuerdo entre el gobierno y ese personaje? Fue él, quien lo supo lo recuerda y el que no, que lo sepa; ese es el hombre que hoy en nombre de la Iglesia invita a monseñor Fellay, Superior de la Fraternidad para dialogar.

Por eso hay que tener mucho cuidado, hay que ser prudentes como la serpiente y sencillos como la paloma. Por ello se los digo, estimados fieles, no puede haber en las circunstancias históricas actuales ningún acuerdo con Roma modernista. Es un engaño, porque para que haya un acuerdo tendría que haber un cambio y para éste se realice tendría que haber conversión y arrepentimiento y eso está muy lejos de los que representan hoy la autoridad de la Iglesia en Roma, muy lejos. Y es más, es imposible que se conviertan, podrá ser uno que otro, pero en bloque no es posible. Y ¿por qué? Sencillamente porque le faltaría un brazo al anticristo, al poder político le faltaría el brazo religioso, sencillamente.

Entonces, en este orden asuntos, que se irán agravando, jamás se podrá llegar a un acuerdo, a menos que se caiga estúpidamente, tontamente, ingenuamente, en ese error. Yo estaría dispuesto a dar mi vida para gritar que hay un error, y si el caso llegara a ocurrir, se acordarán de lo que hoy estoy diciendo, si Dios me da vida; porque hay conversaciones secretas que no se publican, que no se dicen y que yo no las puedo mencionar, aquí pero que sé por qué lo hago; en eso no hay nada gratuito. Pero si no me creen, por lo menos crean a los evangelios, a nuestro Señor, a San Pablo, a las Escrituras y limpien el templo, porque hay muy pocas personas que realmente quieran hacerlo; de no suceder así va a pasarle lo mismo que a Jerusalén.

Es bueno tener presente todo esto y estar vigilantes, muy cautos. Sé que hay fieles que han criticado una que otra vez mis sermones y eso me ha dolido muy profundamente, pero espero que se arrepientan, porque mi intención no ha sido la de atacar a nadie sino sencillamente hacerlos ver y que sean verdaderos católicos y no monigotes de figuritas; más vale oficiar la Misa con cuatro fieles firmes y no con diez mil que son una baba, que no saben dónde están parados, que oyen al uno y al otro, escuchan a Dios y al diablo; eso no puede ser. Y si en alguna predicación me he excedido, estaré siempre dispuesto a reconocerlo; si he dicho algún error lo reconozco y de antemano pido me perdonen. Recordemos entonces la gran lección que tenemos sobre todo para estos tiempos, la del llanto de nuestro Señor sobre Jerusalén y la limpieza del templo a latigazos, lo que hizo al iniciar su vida pública y al terminar; por ahí comenzó y por ahí terminó.

Pidamos a la Santísima Virgen María esa fortaleza, esa fe para que podamos soportar el sufrimiento crucificante de esta pasión, no ya de Jesucristo sino de su cuerpo místico, la Iglesia, y saber que por encima de todo dominará. Eso es lo que significa “al final triunfará mi Inmaculado Corazón”, al final vencerán los Corazones de Jesús y de María. Esa es la advocación de esta capilla, los Sagrados Corazones de Jesús y de María; tiene esa connotación con Fátima. Por eso veo muy providencial que yo vaya a Portugal, el único país, nación o pueblo que no apostatará de la fe, como lo dice allí en el tercer mensaje. Éste así comienza: “Portugal conservará el dogma de la fe”. Es una bendición, para mí, personalmente viéndolo, considerarlo sobrena-turalmente, no humanamente. Debemos por eso tenerlo presente y pedirle a nuestra Señora que nos ayude a conservar el dogma de la fe y su fortaleza. Pero tenemos que estar siempre vigilantes y dispuestos a morir por la verdad, por la Iglesia y por nuestro Señor Jesucristo. +

R.P. BASILIO MERAMO
10 de agosto de 2003