O Acotaciones a las homilías y escritos del R. P. Basilio Méramo.
"AVE MARIA PURISSIMA"
De los Evangelios de las 10 vírgenes las imprudentes sin duda alguna son aquellas que no mantienen la gracia, de la mitad agraciada que es candidato a las bodas del Cordero, podría darse el caso que entren "sin el vestido" para la ocasión (verdadera caridad) y escuchar del Pater familias la terrible sentencia: "AMIGO, ¿COMO HAS ENTRADO SIN EL VESTIDO DE BODAS?" (verdadera caridad) y esto específicamente porque el único que puede ver las intenciones es el CREADOR, luego sin el vestido de la verdadera caridad aunque a las bodas se hubiere colado alguna virgen con aparente gracia, solo quien todo lo sabe determinará si el vestido le permite mantenerse en el convite o será arrojado a las tinieblas eternas.
No hay que soslayar en consecuencia que no solo tiene que ser virgen, sino virgen prudente y con vestido de caridad, nadie que no se hubiere negado a sí mismo, tomado su cruz y le hubiera seguido participará en las bodas del Cordero.
¿Como pues podría una doncella esperar fecundidad de quien se sabe, declara y nomina a sí mismo como impotente?
Reverendo Padre Méramo, el solo nombre de Non Possumus debería bastar para saber que es mas sano predicarle a los peces, máxime cuando enarbola la bandera del anglicano oxfordiano y ahora cínicamente rosacruz hijo de Willy. Toda esta facción usurpadora y devastadora del pequeño rebaño que no solo YA PERDIÓ SU VIRGINIDAD APOCALÍPTICA, sino que la HA HECHO PERDER AMUCHOS, los más tontos y débiles, que dicho sea de paso, como demostré con antelación, con nexos y apologías al "ODONTEOLOGO" de radio ceriandad no han logrado sino cuasi exterminar a las posibles vírgenes en la Fe y Esperanza pura, y ¿Usted espera que DIOS obre milagros devolviendo "la virginidad" a quienes dejaron de serlo?
Le recuerdo que una sola mancha en el vestido de las bodas es suficiente para ser expulsado del convite, ¿Que más es menester mencionar acerca de los falsos aceites de las falsas vírgenes que inundan el orbe?.
El precepto de no volver ni por la túnica, es para el real pequeño rebaño, no para presbíteros y falsos sacerdotes que fornican con el mundo y el anticristo; Ni para presbíteros y falsos sacerdotes que aunque despotriquen en contra de Pedro romano, (el simple humano actual vinculado a la gloria del olivo en persecución extrema de San Malaquías), que empero, postulan heréticas posiciones como el ex teodontologo de la reja, con su falsa humildad y sus heréticas posturas, vestidos con falsos trajes de piedad (aunque le sirvan de difusión a su paternidad).
No señor, ya casi empieza a parecer todo perdido, es casi inminente el retorno anunciado del Divino Cordero, y cada vez más pequeña la grey; si bien es cierto que es obligación del verdadero cristiano anunciarlo y proclamarlo, no menos cierto es que la primera obligación para estas épocas es resistir guardando.
Quien dejó de ser virgen, no recuperará la virginidad.
SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto González.
San Juan Apocaleta
Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.
"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.
Link para escuchar la radio aqui
jueves, 11 de diciembre de 2014
Escrito del R.P. Basilio Méramo
¿QUÉ PENSAR
DE “NON POSSUMUS”?
Antimilenarismo
Judaizante o Ignorancia Supina.
Non Possumus
se aferra a cualquier texto que encuentren para publicarlo sin
analizar su
contenido, denotando que tiene grandes falencias exegéticas que han
sido
refutadas.
El papel
judáico que juegan, queda vislumbrado con estos textos del P. Castellani y
se hace
prácticamente manifiesto al desplegar con furibunda tenacidad visceral su
fobia
antiapocalíptico-milenarista y que tienen un gran trasfondo de supina
ignorancia.
Pero como no hay peor sordo que el que no quiere oír ni ver, Non
Possumus
confirma el nombre que caracteriza su miserable impotencia ante lo que
le supera, y
todo en aras de una hipotética, ilusoria y falsa restauración que esperan
sin Parusía,
tanto Mons. Williamson y compañía, quedando evidenciado su
judaizante
proceder: “Pero ¿qué cosa más judaizante que esperar un gran triunfo
terreno de la Iglesia antes de la Segunda Venida de Cristo? (Etudes
1919, Sobre el
Apokalypsis, tomos 159 y 160). El actual socialismo comunista, por
ejemplo, es
netamente milenista carnal (y ateo), es decir ‘judaizante’ ” (El Apokalypsis de San
Juan, ed.
Paulinas, Buenos Aires 1963, p.87).
Incluso los
que esperan un triunfo bajo un gran rey o emperador: “Desde aquí nos
separamos de Holzhauser, para quienes Sardes duraría ‘desde Carlos V y
León X
hasta el Emperador Santo y el Papa Angélico’ que él esperaba vendría;
por la
sencilla razón de que no vinieron; ni tenemos la menor esperanza de
que vengan.
Esa leyenda medieval de que vendría un tiempo de ‘inimaginable’
esplendor y
triunfo de la Iglesia, por obra de un Gran Rey y un Pontífice
comparable a un
Ángel, que inspiró numerosas profecías privadas, ni tiene fundamento
escriturístico ni de ninguna clase, es una ilusión poética. Parece ser
fue inventada
den el siglo XV por el monje Petrus Galatinus en su libro ‘De arcanis
Fidei
misteriis contra Iudeaeos’ ” (Ibídem, p. 56-57).
De otra
parte sabemos por el P. Meinvielle, que Pedro Galatino, era uno de los
grandes
cabalistas de su tiempo en la edad de oro de la cábala que penetró en el
cristianismo
en Italia, como se puede ver: “Con Pico de la Mirándola y Reuchlín, a
quienes no es posible separar, la Cábala entra triunfalmente en la
Cristiandad.
Pero con el De arte cabalística estamos ya en 1517, cuando Italia
conoce la
extraordinaria generación de Galatino (1460-1540), Justiniano
(1470-1536),
Jorge de Venecia (1460-1540), Pablo Ricci (+1541), card. G. P. De
Viterbo (1465-
1532), para no citar sino a los más eminentes representantes de la
Cábala
cristiana” (P. Julio Meinvielle, De la Cábala al
Progresismo, ed. Calchaquí, Salta,
1970,
p.219).
El siguiente
texto del P, Castellani, nos sirve para redondear la idea: “Doctores de
la Fe se pretenden estos, y son tenidos de muchos por tales; incluso
publican libros
con aprobaciones episcopales, en gran peligro de ser engañados andan
los fieles.
Uno de ellos muy famoso del siglo XIX (y muchos dellos hoy día) enseñó
que la
Iglesia antes del Juicio Universal tiene que llegar a un triunfo y
prosperidad
completos, en que no quedará sobre el haz de la tierra un solo hombre
por
convertir (‘un solo rebaño y un solo Pastor’) y sin más ni más se
cumplirán todas
las exuberantes profecías viejotestamentarias. De acuerdo a algunas
profecías
privadas, se imaginan al Papa (al ‘Pastor Angélico’ que debería haber
sido Pío
XII) reinando sobre todo el mundo apoyado en un Monarca Católico
vencedor
(que los franceses dicen será francés ¡Enrique V! o ¡Luis Carlos I!
pues hasta el
nombre le saben; los alemanes que será alemán, etc.) el cual sin
embargo,
mandará menos que el Papa, pues el Papa mandará en todo el mundo y así
en las
Santas Pascuas y grandes fiestas ¡hasta la resurrección de la carne! Y
después a
mayores fiestas… Es el mismo sueño carnal de los judíos que los hizo
engañarse
respecto a Cristo. Estos son milenaristas al revés. Niegan
acérrimamente el
Milenio metahistórico después de la Parusía, que está en la Escritura;
y ponen un
Milenio que no está en la Escritura, por obra de las solas fuerzas
históricas, o sea
una solución intrahistórica de la Historia; lo mismo que los impíos ‘progresistas’
como Condorcet, Augusto Comte y Kant; lo cual equivale a negar la
intervención
sobrenatural de Dios en la Historia; y en el fondo, la misma
inspiración divina de
la Sagrada Escritura” (Ibídem, p.
366-367).
Ante todo
esto el remedio nos lo da el Apocalipsis como hace ver el P. Castellani:
“El Apokalypsis es el único antídoto actual contra esos ‘pseudoprofetas’
” (Ibídem,
p.367).
Así a Mons.
Williamson y a Non Possumus les está pasando lo mismo que a los
progresistas,
tal como se puede verificar por lo dicho aquí: “Hoy día muchísimos
católicos, incluso escritores, incluso predicadores, incluso sabios
como Berdaieff o
Dawson, sueñan con una especie de gran triunfo temporal de la Iglesia
vecino a
nuestros tiempos y anterior a los parusíacos. En eso soñó León Bloy y
Veuillot y
Hello y toda la escuela de apologistas románticos franceses comenzando
por
Chateaubriand y Lammenais. En eso sueña Papini. ¿Y es otra cosa que
eso el
fondo del llamado mensaje del gran orador Milanesi? ¿Y es eso otra
cosa que un
milenarismo anticipado, tan imaginario y mucho menos fundado que el
mío? …
Yo por lo menos no sueño en el vacío” (Los Papeles de Benjamín Benavides, ed.
Dictio, Bs.
As. 1978, p.387).
“No quedamos en las mismas –dijo don Benya– porque quedamos en una o
en
otra condicionalmente; y tuvimos excluimos ese gran triunfo temporal
de la
Iglesia antes de la Parusía, que me parece un peligroso ensueño
contemporáneo…
– ¡Es un anzuelo del Anticristo! Exclamó el chileno. ¡Es él quien
prometerá
realizar ese ensueño con las solas fuerzas del hombre ensoberbecido!
¡Él
prometerá la paz, la prosperidad, el nuevo Edén!, y se pondrá a
edificar
sacrílegamente la nueva Babel” (Ibídem, p.398).
“Pero de un milenarismo malo, que espera el Reino de Cristo en la
tierra antes de
la Venida de Cristo, y obtenido por medios temporales, y consistente
en un
esplendor de la Iglesia también temporal…” (Ibídem, p.287).
Publica Non
Possumus, el sábado 6 de Diciembre de 2014, en el artículo ¿Qué
Pensar del
Milenarismo? Parte IV, un fragmento de Theologiae cursus completus,
tom. XI,
Parisiis, 1838, p. 644-646, tomado ¡oh
sorpresa!, del sitio sedevacantista
Amor de la
Verdad (Moimunanblog) cuyo director es Antonio Moiño Munitiz; blog
éste
caracterizado por un dogmatismo visceral (los extremos se unen por lo visto,
aunque
espero que no caigan en esa distorsión del verdadero sedevacantismo que
es una
conclusión teológica evidente quoad sapientes y que ha sido eclipsado por la
dialéctica
estulta entre sedevacantismo y antisedevacantismo ultra-dogmáticosviscerales).
En dicho
artículo se pretende aplastar el milenarismo al decir: “Las sentencias
sobre el reino milenario de Cristo con sus santos ni siempre, ni en
cualquier lugar,
ni por todos ha sido dada en la tradición en los primeros tres siglos
de la Iglesia”,
lo cual es
un error que contradice la historia, pues en la Iglesia primitiva esa era la
exégesis
común de los tres primeros siglos de la Iglesia como muestra el P. Alcañiz
con su,
tesis doctoral que fue traducida por el P. Castellani y enmarcada con sus
comentarios
bajo el título La Iglesia Patrística y la Parusía, diciéndolo así el P.
Castellani en el prefacio: “El joven castellano recorrió los escritos
de los Santos
Padres y Doctores de los cinco primeros siglos y encontró … lo que
encontrarán
ustedes: todos los santos Padres primitivos son milenistas; con
las
pequeñas especificaciones de exactitud que hallarán ustedes en la
tabla sinóptica
del fin del librito” (ed. Paulinas, Bs.
As. 1962, p.9).
“El milenismo espiritual por el contrario no ha sido condenado, ni
jamás lo será:
la Iglesia no va a serruchar la rama donde está sentada; es decir, la
Tradición”
(Ibídem,
p.350).
“El milenarismo real no enseña otra cosa sino que Apokalypsis XX y I
Corintios
15, pueden ser interpretados literalmente sin quiebra de la fe ni
inconveniente
alguno; que así lo entendieron los Padres apostólicos…” (Los Papeles de Benjamín
Benavides,
p.418).
“El milenarismo ingenuo, aún no teológico, fue la opinión de la
primitiva Iglesia,
como se puede colegir de sus expositores primeros, ‘de grandes varones
de Iglesia
y numerosos mártires’, para usar la fórmula de su mismo encarnizado
adversario
San Jerónimo” (Ibídem, p.413).
“En el siglo primero todos los testimonios que se refieren a los
últimos días hablan
milenísticamente: en este tiempo no aparece ningún antimilenismo” (La Iglesia
Patrística y
la Parusía, p. 303).
“Siglo segundo. Más rico en testimonios acerca de la Parusía que el
primero. En el
surge a escena el Apokalipsi y suministra nuevos elementos al milenio
mismo”
(Ibídem,
p.304).
“Así entendieron ese capítulo casi todos los padres de los cuatro
primeros siglos,
desde el primer siglo en que todavía vivían los Apóstoles. Creían
tranquilamente
que iba a haber un Reino de Mil Años; y que la Iglesia va a ser en él
sumamente
próspera y va a ser regida de hecho por Jesucristo, después de la
Parusía, o sea
después de que Jesucristo haya bajado a vencer el Anticristo” (P. Castellani,
Catecismo
para Adultos, ed. Patria Grande, Bs. As. 1979, p.176).
Más adelante
el P, Castellani refiriéndose al Padre Florentino Alcañiz dice: “Hizo
su tesis en Roma de Doctor en Escritura Sacra sobre ‘La Iglesia
Patrística y la
Parusía’, a la cual ya me referí, y la traduje al castellano porque él
me pidió que lo
hiciera y me regaló su libro, lo modifiqué un poco, lo amplié y está
impreso. Ahí él
hizo un trabajo minuciosísimo sobre todos los Padres de los primeros
siglos de la
Iglesia, hasta el siglo V y resulta que en el siglo I, todos sin
excepción, eran
milenistas y después en el siglo II, III, IV, V, fueron disminuyendo,
sobre todo
después de la exégesis de San Agustín muchos abandonaron la idea
milenista y se
hicieron alegoristas. Al final hace un esquema donde pone a los Santos
Padres por
orden, por siglos y por fechas, donde uno ve que la tradición de la
Iglesia entonces
era el milenismo espiritual que dicen ahora. Por eso digo yo que jamás
va a
condenar la Iglesia el milenismo espiritual, porque eso sería cortar
la rama donde
está sentada; porque ella está sentada sobre la Tradición” (Ibídem, p. 180-181).
“Pero hoy día hay una especia de conjura que impide la exégesis
antigua y vuelve
de hecho obligatoria la alegórica de San Agustín por medio de castigos
o
amenazas” (Ibídem, p. 179-180).
“Pero el Milenarismo y antimilenarismo representan en la realidad
histórica
hodierna dos espíritus, dos modos de leer la Escritura y de ver en
consecuencia la
Iglesia y el mundo, De ahí la lucha” (Los Papeles. p. 412).
Y así,
poniendo el dedo en la llaga, el P, Castellani expresa: “! Dios mío! En
suma:
es la vulgar actitud conciliadora y contemporizadora del ‘evolucionismo
teológico’, la herejía más difundida y menos conocida de nuestros
días; que tiene
como raíz el no pensar en la Parusía ni tenerla en cuenta, ni creerla
quizá, sin
negarla explícitamente; polarizando las esperanzas religiosas de la
humanidad
hacia el foco del ‘progresismo mennesiano* ’ ” (Ibídem p.312).
P. Basilio
Méramo
Bogotá, 1o de diciembre de 2014
lunes, 8 de diciembre de 2014
FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En esta fecha la Iglesia se regocija de tener el dogma de la Inmaculada Concepción definido solemnemente por S.S. Pío IX en 1854 y con el cual proponía como verdad de fe revelada por Dios en el depósito divino: que la Santísima Virgen es la única criatura que tiene la exclusividad y el privilegio de ser concebida sin pecado original desde el primer instante de su concepción.
Sabemos que todos irremisiblemente nacemos con el pecado original, pecado de la naturaleza que se transmite de generación en generación; de ahí el significado del bautismo en el Antiguo Testamento; con la circuncisión, todo hijo de Adán nace con este pecado y he allí el gran misterio: que nuestra Señora, como hija de Adán, fue concebida sin pecado original por una intervención de Dios, por un decreto de Dios. Derivándose en consecuencia el conflicto que teológicamente fue objeto de disputas en la Edad Media, que hicieron malparar al mismo Santo Tomás de Aquino; incluso hoy en día aún se ignora al decir que Santo Tomás negó en un momento de su vida la Inmaculada Concepción. Es tal la equivocación que ni siquiera los sabios judíos ignoraban eso; ellos reconocían esa verdad tanto que fue de allí de donde la tomó Duns Scoto por vía judaica.
¿Cómo iba Santo Tomás, mucho más sabio que los judíos, a negar o desconocer esto? Pero el problema teológico consistía en cómo sostener no solamente el privilegio exclusivo de la Inmaculada Concepción, ante todo otro privilegio de otros santos; sino principal y fundamentalmente el cómo ( la vía o el camino) que fue lo que advirtió Santo Tomás.
Los que nacieron sin pecado como San Jeremías, San Juan Bautista (podemos presumirlo también con todo el rigor teológico, aunque de ello no digan nada las Sagradas Escrituras), San José, fueron santificados en el seno materno y nacieron sin pecado original; no obstante no fueron concebidos sin pecado original desde el momento en que Dios infundía el alma , como pasó en el caso de nuestra Señora. El problema grave era que había que salvar la Redención Universal de nuestro Señor Jesucristo, pues mientras que a nosotros nos liberó con una redención liberativa, a la Virgen María se le redimió por una redención especial, preservativa, la protegió por los méritos de su Pasión y su muerte.
Era lo que Santo Tomás también quería salvar para que no quedara en la oscuridad, al proclamar ese dogma, que era por los méritos de la Cruz. Es decir, que nuestra Señora fue redimida del pecado no como nosotros, sino preservada de él por los méritos de la Redención de nuestro Señor en la Cruz. Era lo que otros teólogos no querían admitir; los judíos con sus cábalas fantasiosas, pensaban que Dios había apartado una porción de carne de Adán o de su semen sin pecado, para que después de allí se engendrara a la Virgen María, y cosas parecidas, por supuesto absurdas, y lo que decía Duns Scoto (bastante ponderado, lo cual no sería malo si no fuera para aplastar a Santo Tomás y dejarlo malparado, como hacen algunos), era insuficiente, pues afirmaba que por ser la Madre de Dios ya tenía ese privilegio y que eso bastaba.
Por ser Madre de Dios Ella fue preservada, porque todas las gracias de nuestra Señora le vienen por su maternidad divina, por el privilegio de ser la Madre de Dios, por estar íntimamente asociada a la hipóstasis del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sin embargo, no basta, aún no explica el cómo, y era lo que Santo Tomás quería resaltar, porque si decía como Duns Scoto que por ser la Madre ya eso bastaba, entonces quedaba en la oscuridad ese otro dogma de la Redención Universal de nuestro Señor para todo hijo de Adán, y nuestra Señora era hija de Adán. Por una intervención divina esa transmisión del pecado se detuvo en el proceso de su generación.
Nosotros los humanos procedemos de nuestros padres por vía de generación y por ella se transmite a la carne el pecado de nuestros padres, y en el momento de infundir el alma en esa carne queda manchada. Pues bien, eso era lo que decía Santo Tomás: que esa carne, que esa generación que venía manchada por vía generativa no tuvo lugar por una intervención de Dios que paró, que previno, para que en el momento de infundir el alma que es cuando se constituye la persona, no se manchara esa alma por esa carne que venía sucia de pecado y así entonces no contrajera como todos nosotros el pecado original.
Claro está, en esta explicación de Santo Tomás existe una cuestión filosófica que hay que conocer y es la animación retardada, es decir: que Dios no infunde el alma en el mismo instante en que los padres generan o procrean al hijo, sino que hay una generación producto de sucesivos cambios, hasta que se da esa organización biológica adecuada para que el organismo pueda recibir su forma, que es el alma. De allí viene justamente el nombre de organismo, quiere decir, una materia organizada.
El alma del hombre no se infunde a una piedra, a un poco de agua o pedazo de pan, sino en una materia organizada, y se produce por vía de generación. Por eso Santo Tomás hablaba de la generación retardada, que hoy se ignora; también se estima que Dios infunde el alma en el mismo momento en que podríamos decir que se unen las células femeninas y masculinas cuando todavía no hay esa organización. La prueba biológica de que eso no es así, es la de los mellizos monocigóticos, en los que hay una sola célula masculina y una sola célula femenina que se unen y que debiera ser un solo ser y producen dos; sería un absurdo que en una sola porción de materia hubiera dos formas, dos almas, dos seres, lo que me indica que debe haber un tiempo de gestación, de maduración, de generación, de preparación, para que después se divida y allí en cada porción haya un alma perteneciente a cada uno de esos mellizos. Esa es una prueba biológica a posteriori, pero que a veces no se tiene en cuenta y eso le daría razón a Santo Tomás de Aquino cuando hablaba de la animación retardada.
El único que no tuvo esa animación retardada, por obra de un milagro, fue nuestro Señor en su Encarnación. Por eso Santo Tomás así lo dice. Pero también en la Encarnación sabemos que no hubo esa relación de hombre y mujer que hay en todo ser humano, sino que Dios tomó del seno virginal de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo una porción de su carne e infundió allí, no solamente el alma de nuestro Señor, sino toda la Encarnación del Verbo.
Queda entonces muy clara la explicación de Santo Tomás, que lejos de ser errónea, es la que mejor explica y, de hecho, es la única que expone teológicamente sin eclipsar ningún otro dogma como el de la Redención Universal. Es quien mejor describe la Inmaculada Concepción y cómo, de hecho, en ella se basó o queda consignada en la bula Inefabilis Deus con la cual Pío IX la proclamó, haciéndola pasar por la Cruz, no como toca a nosotros por liberación, sino por una prevención, una preservación del pecado. Y así Ella es toda pulcra, sin mancha de pecado original y sin mancha de ningún pecado actual, sea mortal, sea venial, por insignificante que sea.
Eso nos da una idea de la pureza de nuestra Señora; nunca jamás cometió el menor pecado venial, ni deliberada o indeliberadamente como nosotros que cometemos a diario tantos pecados veniales, ya sean voluntarios o no, pero los cometemos. Por eso dice en las Escrituras que hasta el justo peca siete veces al día; pues nuestra Señora jamás tuvo ni la menor sombra, y todo por ser Ella la privilegiada, Madre de Dios, desde toda eternidad concebida para Madre de Dios, pero pasando por la Cruz; es decir, por los méritos de Cristo fue preservada por ser la Madre de Dios.
También la epístola de esta fiesta y todas las fiestas de nuestra Señora que hablan de Ella, dicen que ya estaba concebida antes de que las cosas fueran, que Ella ya estaba en Dios. Pero ¿cómo? ¿Acaso Ella no nació de Santa Ana y de San Joaquín? ¿Cómo es que iba a estar antes de todo lo creado, que iba a juguetear en los pensamientos de Dios, si todavía no había sido creado el Universo ni los hombres? Pues bien,
Ella ya estaba concebida en ese decreto divino (en la mente de Dios), en el mismo decreto de la Encarnación del Verbo Divino estaba acordada la Maternidad divina de la Santísima Virgen; Ella ya estaba concebida en el pensamiento de Dios, en los designios de Dios antes de crear todo el Universo. Y es más, Ella participaba como artífice, pues artífice también era el Primogénito, y así nuestro Señor es el paradigma de toda la creación, resume toda la creación y todo fue creado por Él y para Él.
Estas cosas a veces quedan ocultas, no quedan suficientemente expresadas y forman parte de los misterios de Dios, por eso es el primogénito de la creación en ese sentido; Él era la causa ejemplar. Dios Padre, cuando creaba concibió el Universo y el mundo teniendo la imagen de su Hijo que se iba a encarnar y teniendo presente a nuestra Señora. Eso nos da una idea de la grandeza de nuestro Señor y de nuestra Señora que están tan íntimamente ligados y por lo cual Ella tiene la plenitud de la gracia, mucho mayor que la de todos los santos juntos en el cielo, y es a su vez nuestro más seguro refugio.
Ella es nuestra abogada, debemos recurrir siempre a Ella, no porque la endiosemos como piensan tontamente los protestantes no divinizamos a la Santísima Virgen María porque no es Dios, pero es la criatura más excelsa, más íntimamente unida a Dios, tan unida a Él que está en relación Hipostática , en relación personal con el Hijo que Ella dio a luz, que es el Verbo de Dios Encarnado. ¡Qué misterio! Es la razón de que nosotros también podemos llamarla Madre, al ser Madre de nuestro Señor y nosotros al asociarnos a nuestro Señor en la Iglesia, nos apropiamos de algún modo esa maternidad de nuestra Señora; por eso Ella es Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Así podemos recurrir a Ella como nuestra Santa Madre de los cielos para que nos ayude y nos salvemos.
Que Ella, la Inmaculada, nos ayude a salvar nuestras almas, a llevar una vida menos manchada de pecado, menos inmoral y corrompida, y ser dignos hijos de María y vivir en esa santidad a la cual la Iglesia y Dios invitan. +
PADRE BASILIO MERAMO
8 de diciembre de 2001
8 de diciembre de 2001
domingo, 7 de diciembre de 2014
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
La liturgia de este domingo quiere prepararnos como siempre para la Natividad de nuestro Señor Jesucristo. Es una especie de Cuaresma, como bien se explica en los misales de Dom Gaspar Lefebvre, gran liturgista. Y la Iglesia nos presenta en este tiempo de Adviento a San Juan Bautista, ese gran profeta que señaló el advenimiento de nuestro Señor en persona: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, “Yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”, señalando el Bautista con el dedo al Mesías anunciado, los tiempos de salvación, este Mesías que haría milagros evangelizando a los pobres, resucitando a los muertos, haciendo ver a los ciegos, caminar a los cojos; que por eso nuestro Señor les dice a los discípulos para que le dijeran eso a San Juan, para que ellos se dieran cuenta de que el Mesías estaba allí, que Él era el anunciado.
Pero surge un inconveniente, porque el Evangelio nos dice que San Juan Bautista, estando en la cárcel próximo ya al martirio (por recriminar y no aceptar el contubernio a Herodes con la esposa de su hermano), mandó a preguntar quién es Él. ¿Cómo, pues, va a mandar él a sus discípulos a preguntar quién es, si él sabía muy bien quién era? Y tanto lo sabía que desde el vientre de su madre, a los seis meses, fue santificado, es decir, quitado el pecado original, y que por eso saltó de gozo. ¿Cómo es que ahora va a mandar a sus discípulos a que le pregunten quién es? Pues sencillamente para que ellos supieran quién era Él, pues San Juan lo sabía muy bien, para que sus discípulos ya se destetasen de él y siguieran a nuestro Señor, puesto que San Juan gozaba de gran autoridad.
Tanto así, que nuestro Señor le pidió que lo bautizara, a lo que San Juan responde que quién era él para bautizarlo, que Él no tiene necesidad. Y nuestro Señor le dice con el gesto: “Calla y haz lo que te digo”, para mostrar la autoridad religiosa de la tradición, que aunque nuestro Señor no lo necesitaba, pero sí para que el pueblo viera, los discípulos y la gente supieran que nuestro Señor no era un advenedizo y que había una continuidad religiosa.
Así, entonces, San Juan, sabiendo próxima su muerte, quería que por fin sus discípulos dejaran de ser los suyos para que siguiesen al Señor y la mejor manera era mandándolos a que preguntasen y entonces entendieran por la respuesta; más que para San Juan, era para los discípulos. Y nuestro Señor comienza después a elogiar a San Juan: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña mecida por el viento? ¿Un hombre que viste fina y delicadamente?”. Todo lo contrario, un hombre que vive en el desierto, que viste sencillamente, que come poco, un hombre que se sacrifica, no un burgués que está en un palacio cómodamente, sino alguien que como buen profeta lleva una vida de sacrificio y penitencia, tan elevado que ha sido puesto como un ángel delante de nuestro Señor para que vaya señalando el camino. Esa es la grandeza de San Juan el Bautista como profeta del Nuevo Testamento, que señala al Señor en su primera venida, mientras que San Juan Evangelista, como profeta del Nuevo Testamento, señala la segunda venida de nuestro Señor en gloria y majestad. Dos Juanes que señalan los dos eventos de nuestro Señor, el de su primera y el de su segunda venida.
Y al decir nuestro Señor que “no hubo hombre más grande que él”, se refiere a los hombres del Antiguo Testamento, pues a continuación dice: “Y el más pequeño en el reino de los cielos es mayor”, con lo cual nuestro Señor balancea esa grandeza de San Juan Bautista, es decir, que lo pone como el santo más grande del Antiguo Testamento, nada más. De allí han salido muchas discusiones, una de eññas es si San Juan Bautista era el santo más grande de todos. Como dice el padre Castellani, es inútil discutir sobre ello, pero sí queda muy difícil dejar eclipsar la imagen de San José como santo del Nuevo Testamento.
Podemos resumir así: San Juan Bautista como hombre es el más grande santo del Antiguo Testamento, mientras que como profeta se inserta en el Nuevo Testamento tocando con el dedo a nuestro Señor en su primera venida. Luego sigue siendo como profeta del Antiguo Testamento Moisés, mientras que San Juan Evangelista es el profeta más grande del Nuevo Testamento al señalar la segunda venida de nuestro Señor o Parusía. San José sería el santo más grande del Nuevo Testamento por su virtud y pureza. Por eso la Iglesia nos presenta a San Juan Bautista como ejemplo de santidad, de abnegación, de sacrificio, de firmeza, para que nos preparemos en esta pequeña Cuaresma a festejar santamente la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.
Por otra parte, en la epístola San Pablo nos exhorta a recibirnos los unos a los otros con caridad, sabiéndonos soportar, perdonándonos, aceptando los defectos del prójimo para que no caigamos en lo mismo o quizás en un defecto peor; que tengamos esa armonía tratando de ser mejores, corrigiéndonos, no pensando que somos así y que así seguiremos. Es un grave error pensar que Dios nos ha hecho como somos, pues traemos el lastre del pecado original, toda la maldad, la miseria, los defectos que nos quedan después del bautismo, que Dios deja para con su gracia adquirir la virtud combatiendo esas miserias; esa es la obra de santidad que cada uno tiene que realizar a lo largo de toda la vida: lograr la virtud y la verdadera santidad.
Debemos leer las Escrituras, que son objeto de consolación y de esperanza, para que no vivamos distraídos con tanto periódico y televisión, que no hacen más que fomentar lo impúdico, pues la inmoralidad no es normal, como ver novelas en las que se estén besando; dos esposos que se besen en la vía pública pecan aunque sean esposos, porque hay cosas que son lícitas pero en privado (nadie hace una necesidad en la vía pública a menos que esté loco), y porque lo veamos en la televisión y en la calle, ya lo aceptemos como costumbre y pensemos que no pecamos.
En pecado no podríamos comulgar; y si creemos que sí podemos hacerlo es porque hemos perdido la sensibilidad frente a lo malo, a lo impúdico, indecente, pecaminoso, por el bombardeo permanente que nos cambia el pensamiento de cristiano a pagano.
Nuestro entretenimiento no debe ser pecaminoso, lujurioso; si se ven durante horas esas cosas, cómo van a decir que no hay complacencia y por placer se peca aunque no se lo quiera. Y eso que no me refiero a las atrocidades que salen en televisión y en los medios de comunicación, que dan vergüenza, ofenden la moral y la inocencia de los niños. Porque, ¿cómo los vamos a educar? Por cierto hoy que ya no se educa a los niños en la virtud, sino en el capricho, que haga lo que quiera: --le compro esto para que esté entretenido, contento--. Debe ser todo lo contrario, hay que enderezar al niño como a un animalito, al principio domesticarlo, que aprenda a no alimentar el su egoísmo, su voluntad, su capricho.
Qué virtud se le puede enseñar si es un caprichoso que se cree un Napoleón, que todo se somete a su voluntad y a su imperio y si no, llora, les hacen una caricia y lloran y el papá se ofende; es un niño que no está de acuerdo con el medio ambiente y la culpa es de los padres y el niño, pobrecito; porque estamos muy lejos de la virtud; totalmente sumergidos en un mundo adverso y contrario a Dios y a la Iglesia. Por eso los consejos de San Pablo, la lectura de la Sagradas Escrituras, objeto de consolación y de esperanza, para que el Dios de la esperanza nos proteja y así poder vivir cristianamente en un medio que cada vez es más anticatólico y demoníaco.
A propósito de demoníaco, hoy, para ser un buen literato hay que ser brujo, como la tonta que hizo los libros de “Harry Potter”, vendidos por millones. Así, que si me convierto en bruja como ella, iniciada en los misterios de la magia y de cuanta cosa hubo en el paganismo y en la gnosis, soy la persona más rica de Inglaterra y que gana más premios y vendo más libros, literatura que los niños devoran porque hay un encantamiento, una sugestión del demonio. No creamos que hay cosas que porque atraen son buenas; el demonio tiene también su seducción; así que si un libro de cuatrocientas páginas no le aburre y sí le aburre leer una página de cualquier texto más o menos decente y no nos damos cuenta, es una prueba de lo demoníaco hecho obra de literatura, de alabanza y de riqueza.
Tengamos en cuenta esto para no caer y saber explicarles a los niños y a los no tan niños, porque también los jóvenes y los adultos caen. Lo peor es que los niños quedan iniciados en la magia, en la brujería, en el misterio de lo satánico. Esta mujer quién sabe qué pacto ha hecho con el demonio para que le dé toda esa ciencia del mal o es que es boba y deja inspirar su pluma directamente por el demonio, lo que también puede ser. Pues bien, en vez de tener ese tipo de lectura literatura, tengamos cosas buenas, santas y empecemos por la Sagrada Biblia, la palabra de Dios que consuela y da esperanza.
Pidamos a nuestra Señora para que Ella nos asista, nos ayude a perseverar en el bien y la verdad y lograr así la santidad. +
PADRE BASILIO MERAMO.
9 de diciembre de 2001
9 de diciembre de 2001
sábado, 6 de diciembre de 2014
Escrito del R.P. Basilio Méramo:
La ignorancia es atrevida e infinito el
número de los estultos, esto último dicen las Sagradas Escrituras.
Ya está bueno que Non Possumus con tanta
ignorancia antiapocalíptico-milenarista y antisedevacantista impugne la verdad,
destilando su acerba posición al respecto, aunque estos son los frutos de los
desvaríos de Mons. Williamson, reforzados por algunos sacerdotes que quizás
bien intencionados, pero muy briosos y de cortas luces, como el P. René
Trincado (que parece hacerle honor a su apellido por lo intrincado que es, al
menos con este tema) y que no da la cara amparándose bajo la directora del
Blog, Ana Teresa De Valle.
Si el coordinador de la llamada
Resistencia, el P. Faure, no interviene y deja fluir el veneno antiapocalíptico-milenarista
y antisedevacantista, es responsable y se hace cómplice, y esto permite que se
vuelva a replantear la pregunta, ¿a quién sirven?, pues todo esto no hace sino
desintegrar poco a poco, lo que de verdadera resistencia tradicional queda,
cual pequeño rebaño esparcido por el mundo y viéndose favorecidos así los
intereses judeomasónicos y rosacruces de los Illuminati.
“Guerra avisada, no mata soldado”.
Para los interesados sobre estos temas, he
aquí algunos de los escritos:
Infalibilismo
papólatra e idólatra -del Galicanismo a la papolatría-.Precisiones
acerca del Magisterio Infalible de la Iglesia.
P. Basilio Méramo
Bogotá, 4 de Diciembre de 2014
domingo, 30 de noviembre de 2014
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Con este primer domingo de Adviento se inicia el año litúrgico alrededor del ciclo de Navidad. Es la preparación, una especie de Cuaresma para la Natividad de nuestro Señor; corresponde al color morado de penitencia y de oración que caracteriza este tiempo, para prepararnos a festejar la Navidad. Puede asombrarnos que comience el año litúrgico con el evangelio que hace alusión al fin de los tiempos, al Apocalipsis, a la segunda venida de nuestro Señor; no solamente que comience el año litúrgico con esta visión apocalíptica, sino que también termine cada año con la misma visión, con el texto paralelo de San Lucas que leemos hoy en San Mateo. Esto nos da una idea de hacia dónde debe dirigirse la mirada durante nuestra vida aquí en la tierra y no creer como sucede, que no hay que pensar en el Apocalipsis, porque esas son cosas que están más allá de nuestra comprensión, y debemos dejarlas de lado; mientras, la Iglesia nos incita a ello con este inicio del año litúrgico apocalíptico, e igual remata con la misma idea, con el mismo concepto, con la misma noción.
La Iglesia es una Iglesia esjatológica, apocalíptica. Digo esjatológica y no escatológica porque como explica el padre Castellani, escatológico sería lo pornográfico, lo inmundo, lo sucio y no lo último, como quiere decir esjatón. Hasta en eso el error paladinamente se ha filtrado y universalizado, pues no es de extrañar que en todo lo que forma parte de lo apocalíptico, del último libro del Nuevo Testamento y el único libro profético que es el Apocalipsis, haya tanto error, haya tanta confusión y haya tanto pánico, cuando es otra la realidad para el católico. En realidad es de esperanza, no de miedo, no de confusión.
Para los malditos, para los que no son hijos de Dios, para los que han rechazado a la Iglesia y a Dios nuestro Señor, sí serán días de calamidad y de miseria, pero para aquel que sufre persecución por ser fiel a nuestro Señor, esa es su esperanza: que venga nuestro Señor en gloria y majestad a liberarnos del maligno y que venga su reino. Como lo dice el Evangelio, cuando veamos estas cosas es porque el reino de Dios está cerca; el reino que pedimos en el Padrenuestro, que venga a nosotros su reino, es el objeto de nuestra redención y la de todo el universo sometido al pecado. Porque el mundo, tal como lo vemos hoy, no es como lo concibió Dios en su inicio; fue modificado profundamente por el pecado de los ángeles y el de Adán más todos los nuestros.
De ahí el gran mal, y todo lo malo que podamos ver y que escandaliza a tanta gente. ¿Cómo un Dios tan bueno permite el mal? Éste fue introducido por el pecado de apostasía de los ángeles, por la de Adán, por la nuestra, sin olvidar la gran apostasía y deicidio de los judíos.
Tenemos esa tara y de ahí todos los males, todas las enfermedades y aun la misma muerte. Pero Dios es tan poderoso que lo permite y a pesar de todo termina haciendo lo que Él quiere y hacia eso nos encaminamos. La historia de la Iglesia recorre una persecución permanente con épocas más o menos agudas, hasta la última de todas, que será la peor. Dios las permite para purificar a los que verdaderamente lo aman y la gran purificación final, la cual estamos viviendo ya, no hace más que recordarnos la pronta venida de nuestro Señor. Se evoca la imagen de la higuera y de todos los árboles que cuando ya comienzan a retoñar y a dar frutos es porque el verano está cerca.
Si reparamos en los acontecimientos dentro y fuera de la Iglesia, vemos cómo todas aquellas cosas no hacen más que acelerar la pronta venida de nuestro Señor que debemos tener siempre presente. Por eso la Iglesia la presenta en el primer domingo de Adviento, que nos prepara para la Navidad de nuestro Señor y complementa la primera con la segunda venida de Él, sin la cual la primera quedaría truncada; el plan primigenio de Dios quedaría truncado y eso no puede ser. Por tal razón, el evangelio de hoy habla de que está próximo el reino de Dios. Y no es que haya contradicción cuando se dice que el reino ya está en esta tierra y que comienza con la gracia, con la Iglesia.
Evidentemente ese reino todavía no está en todo su esplendor como debiera ser, porque no es nuestro Señor el que reina sino el príncipe de este mundo que es Satanás. Pero el reino de Dios tendrá que venir, para que culmine en esa plenitud y todo quede sumiso a Él como Rey de la creación. Vendrá en gloria y majestad, no como en su primera venida en la humillación, en esa profunda humildad, sino ya como Rey y juez del Universo.
Ese debe ser el objeto de nuestra esperanza, como lo fue para la Iglesia primitiva y en eso consistía el resorte de su espiritualidad y de su santidad para no caer en el pecado, para no caer en un mundo rodeado de paganismo como el que nos toca vivir. Por eso Satanás es contrario a todo aquello que evoca la Parusía de nuestro Señor, cuando es la misma liturgia de la Iglesia la que nos coloca frente a este hecho, pero que desgraciadamente –hay que decirlo–, por error o por ignorancia, por dejadez del clero y de los teólogos, estas realidades no son puestas en evidencia sino que se dejan de lado; es otro el espíritu de la Iglesia y de la liturgia, como podemos ver en los dos evangelios, el del comienzo y el del final de cada año litúrgico.
Es más, podemos preguntarnos: ¿tiene algo que ver la Navidad con la Parusía? Sí, tiene mucho que ver, porque son dos venidas las de nuestro Señor. La primera venida, cuando se encarnó y nació, quedaría incompleta, trunca, sin la Parusía, sin la segunda venida en gloria y majestad. No se nos puede olvidar que nuestro Señor es Rey y que el pecado distorsionó el plan divino y no puede quedar así distorsionado por siempre. Luego, algún día, tarde o temprano, ese anhelo de la humanidad toda, una, reunida no en un falso Cristo, sino en el verdadero, esté formando un solo rebaño y bajo un solo pastor y Él será reconocido y aclamado como el Rey de todos, por todos y de todas las naciones. Sin esa segunda venida quedaría trunca, chueca, no solamente la historia, sino la misma realeza de nuestro Señor Jesucristo.
De allí que antiguamente se le pintaba como el gran Señor, el Pantocrator, el Omnipotente o el Cristo glorioso, cuando se tenían más vivas esas realidades postreras y últimas que están relatadas en el Apocalipsis y que no hacen más que anunciarnos la segunda venida de nuestro Señor, sin la cual la primera quedaría entonces maltrecha, sin coronación, sin perfección. Por eso la Iglesia en su sabiduría la asocia con el primer domingo de Adviento no un evangelio conforme a la primera venida, a la Natividad del Señor, sino a la segunda, a la Parusía, para que quede así el contraste patente.
Tengamos siempre presente esto y no caigamos en el error, en la confusión, en visiones parciales de las cuales surgen herejías como la del progresismo.
Progresismo que consiste en procurar esa gran unión de la humanidad, pero no en Cristo, sino en el hombre. Todo lo que Dios promete a través de Él, el diablo lo quiere prometer a través no de Cristo, sino del Anticristo y he ahí la explicación profunda de por qué ese rechazo a todo lo apocalíptico, esa ignorancia, esa falta de exegesis.
Aquellos sacerdotes venerables que han hablado, que han estudiado, han sido perseguidos cruelmente como lo fue el padre Castellani, acosado hasta volverlo casi loco, en Manresa, poniéndole inyecciones que se les aplican a los demente, cuando era el único doctor sacro en Teología que ha habido en toda América durante los quinientos años de su existencia. Fue acechado, incluso por un obispo que hoy es cardenal, Jorge Mejía, argentino, judío, uno de los principales enemigos del padre Castellani, eyectado de la Compañía. ¿Por qué? Porque había dedicado su vida a interpretar el Apocalipsis de acuerdo con los Padres de la Iglesia y no solamente él, sino también el padre Florentino Alcañiz que murió casi loco y perseguido por iguales motivos y así mismo otros padres, prácticamente todos jesuitas, pero perteneciendo a una Compañía donde ya no reinaba el espíritu de San Ignacio, sino el espíritu de Satanás.
Ese espíritu antiexegético, antiapocalíptico, es el que desgraciadamente impera en la teología anormal que podríamos decir está en boga, no de ahora sino desde hace unos cuantos siglos, porque el error viene de larga data, pero cada vez insinuándose más y por eso la alergia muchas veces, de hablar de estas cosas, cuando la Iglesia en su verdadero espíritu nos pone frente a ellas.
Y nos pone como objeto de nuestra esperanza, de nuestra redención, como dice el evangelio de este día, “levantad la mirada porque está cerca vuestra redención”. Son palabras que hay que sopesar, meditar, que están en las Escrituras, en los evangelios y que requieren una exégesis, una interpretación, una fuente, para no caer en un puro alegorismo, que no es más que hacer de los evangelios o del Apocalipsis un libro de mala fantasía, porque hasta a eso se ha llegado. Pregúntenle a un sacerdote por cualquier pasaje del Apocalipsis y van a ver qué es lo que contesta.
Lo peor es que en el fondo hay una gran ignorancia. La Iglesia no es ignorante, es sabia, por tanto, hay necesidad de predicar estas cosas y que los fieles las tengan presentes, porque es el espíritu católico, el de la Iglesia; más en estos tiempos cuando presenciamos esos inicios de gran confusión, de esa gran apostasía que presagia el pronto advenimiento de la segunda venida de nuestro Señor y que la Iglesia quiere que cada año lo asociemos a la primera, a la Navidad de nuestro Señor y que por eso le trae tanto al finalizar como al comenzar el año litúrgico, para que de la meditación de estas cosas saquemos provecho espiritual. Que vivamos de esa verdadera esperanza sabiendo que todos esos males, por terribles que sean, no hacen sino acercar ese gran bien que es nuestro Señor apareciendo glorioso y majestuoso, volviendo a la tierra como lo vieron los apóstoles y sus discípulos el día de la Ascensión.
Ese es el objeto de nuestra esperanza para que podamos también sobrellevar esta dura crisis, esta persecución que excluye a nuestro Señor de la Iglesia para entronizar al Anticristo dentro de Ella; ese es el mensaje de Fátima, que no se ha querido revelar, es el mensaje que dice La Salette explícitamente: “Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo, el clero estará en la depravación más atroz, cloacas de corrupción serán los monasterios, las casas religiosas”. Ese es el mensaje también del tercer secreto de Fátima, por eso nuestra Señora en todas las verdaderas apariciones hace recordar esto; en una de ellas, sin palabras, como en Siracusa, no hizo más que llorar durante cuatro días consecutivos, como una madre que ve que sus hijos se pierden y no puede hacer otra cosa más que llorar. Hay que ver si un hijo al ver llorar a su madre no se regenera (porque ya es lo último que puede hacer una madre por un mal hijo), al condolerse del llanto de una madre. Por eso nuestra Señora llora para ver si queda alguno de buen corazón en esta humanidad que viéndola en ese estado se convierta y así poder salvar sus almas.
No debemos olvidar, mis estimados hermanos, que esta asociación apocalíptica que hace la Iglesia es objeto de nuestra fe y de nuestra esperanza y así no caigamos en ese error de exegesis, de teología, de interpretación, que ha relegado el Apocalipsis a un cuento de fantasías sin realidad, que lo hacen inescrutable, que no tiene sentido, como desgraciadamente ha ocurrido dentro de la Iglesia.
Hoy vemos un falso culto, una falsa misa como la nueva; yo espero, mis estimados fieles, que todos los que vienen se convenzan de la necesidad de guardar la verdadera Misa, porque la nueva es falsa, no es la católica, apostólica y romana; es una adulteración, una corrupción muy sutilmente realizada. Pero esa es la realidad, la degradación del culto de la religión, porque Satanás no quiere las verdaderas Misas que le recuerdan su derrota, el día en que nuestro Señor murió en la Cruz.
Tengamos presentes todo esto cosas para que podamos prepararnos a la pronta Natividad de nuestro Señor y también recordar su segunda venida gloriosa y que sea ese el objeto de nuestra esperanza y así seamos más fieles a Dios nuestro Señor y a la santa Iglesia a través de la mediación de nuestra Señora, la Santísima Virgen María. +
PADRE BASILIO MERAMO
2 de diciembre de 2001
lunes, 24 de noviembre de 2014
ANTIAPOCALIPTICAMENTE JUDAIZANTES ( El R.P Basilio Méramo)
Las febriles
arremetidas de las páginas de internet Syllabus y Non Possumus que
amparados y
respaldados por Mons. Williamson, no ocultan su visceral y estulta
posición
antiapocalíptica y antisedevacantista; no quieren admitir la evidencia de los hechos
de la hora presente, que desde el retorno del pueblo elegido a Tierra Santa en 1948
con la erección del Estado de Israel, son eminentemente apocalípticos. Se está cumpliendo
lo dicho y profetizado por el P. Castellani: “Eso de llamar Dios a Cristo no
distingue hoy más a los cristianos de los herejes: estos hoy día no tienen
reparo en hacerlo pero han enturbiado el nombre; se ha gastado el cuño de la
moneda. Lo que distingue a los verdaderos cristianos, es que esperan la Segunda
Venida”. (Los Papeles de Benjamín Benavides, ed. Dictio, Bs.As. 1978,
p.426).
“Los fieles de los últimos tiempos sólo se salvarán por una caridad
inmensa, una fe heróica y la esperanza firme en la próxima Segunda Venida”. (Ibídem, p.135).
Jerusalén
será hoyada por los gentiles: “Jerusalén será pisoteada por los gentiles
hasta que el tiempo de los gentiles sea cumplido” (Luc. 21,24) y esto siempre ha sido interpretado por los exégetas que
sucederá hacia el fin de los tiempos apocalípticos poco antes de la Parusía,
pero por su afán de orgullo frustrado, son impelidos en una ilusoria
reconquista falsa y quijotesca por no decir grotesca; y qué más judaizante que
esa falsa restauración progresista nos advierte el P. Castellani: “Pero ¿qué
cosa más judaizante que esperar un gran triunfo de la Iglesia antes de la
Segunda Venida del Cristo? El actual socialismo comunista, por ejemplo, es
netamente milenista carnal (y ateo), es decir, ‘judaizante’ ”. (El
Apokalypsis de San Juan, ed. Paulinas, Bs.As. 1963, p.87).
El origen de
la falsa restauración está expuesto claramente aquí: “Doctores de la Fe
se pretenden estos, y son tenidos de muchos por tales; incluso
publican libros con
aprobaciones episcopales, en gran peligro de ser engañados andan hoy
los fieles.
Uno de ellos muy famoso del siglo XIX (y muchos dellos hoy día) enseñó
que la
Iglesia antes del Juicio Universal tiene que llegar a un triunfo y
prosperidad
completos en que no quedará sobre el haz de la tierra un solo hombre
por convertir (‘un solo rebaño y un solo Pastor’) y sin más ni más se cumplirán
todas las exuberantes profecías viejotestamentarias. De acuerdo a algunas
profecía
privadas, se imaginan al Papa, (‘al Pastor Angelicus’ que debería
haber sido Pío
XII) reinando sobre todo el mundo apoyado en un Monarca Católico
vencedor (que los franceses dicen será francés ¡Enrique V¡ o ¡Luis Carlos I!,
pues hasta el nombre le saben, los alemanes que será alemán, etc.) el cual sin
embargo mandará menos que el Papa, pues el Papa mandará en todo el mundo; y así
en Santas Pascuas y grandes fiestas ¡hasta la resurrección de la carne¡ y
después a mayores fiestas… el mismo sueño carnal de los judíos, que los hizo
engañarse respecto a Cristo. Estos son milenistas al revés. Niegan
acérrimamente el Milenio metahistórico, después de la Parusía, que está en la
Escritura; y ponen un Milenio que no está en la 2 Escritura, por obra de las solas fuerzas históricas, o sea una
solución infrahistórica de la Historia; lo mismo que los impíos ‘progresistas’,
como Condorcet, Augusto Comte y Kant; lo cual equivale a negar la intervención
sobrenatural de Dios en la Historia; en el fondo, la misma inspiración divina
de la Sagrada Escritura”.
(Ibídem,
p.366-367).
Contra este
triunfo y restauracionismo iluso el antídoto lo tenemos en el Apocalipsis:
“El Apokalypsis es el único antídoto actual contra esos ‘pseudoprofetas’
”. (Ibídem,
p.367).
Por eso como
judaizantes lo combaten febril y frenéticamente. Eso demuestra en el
fondo a qué
intereses sirven y para quiénes trabajan y como hace ver el P. Castellani al decir: “No se puede. El que ‘deja allí’
el Apokalypsis canónico, cae en los Apokalypsis falsos”. (Ibídem, p.367).
Esto explica
la insistencia y persistencia de un Monseñor Williamson y de su ciego
séquito en
avalar apariciones de dudosa legitimidad como Akita, Valtorta y ahora la
americana
Anderson y su visceral urticaria por todo lo apocalíptico según las
Escrituras.
Por eso
podemos decir entonces, Non Possumus, no podemos, no se puede ni se debe ser
antiapocalíptico.
El triunfo
temporal de la Iglesia tiene su origen en Pedro Galatino: “Esa leyenda
medieval de que vendría un tiempo de ‘inimaginable’ esplendor y
triunfo de la
Iglesia, por medio de un gran rey un Pontífice, comparable a un ángel,
que inspiró numerosas profecías privadas, no tiene fundamento escriturístico ni
de ninguna clase, es una ilusión poética. Parece ser fue inventada en el siglo
XV por el monje Petrus Galatinus en su libro ‘De arcanis Fidei mysteriis contra
Iudaeos’ ”. (Ibídem, p.
56-57). Sí contra los judíos pero no por eso dejó de ser un cabalista y
judaizante.
Pues abemos
por boca del P. Julio Meinvielle que Pedro Galatino es un cabalista, y
por lo tanto
un gnostico judaizante: “Con Pico de La Mirándola y Reuchlin, a quienes no
es posible separar, la Cábala entra triunfante en la Cristiandad. Pero con el
De arte cabalística estamos ya en 1517, cuando Italia conoce la extraordinaria generación
de Galatino (1460-1540), Justiniano (1470-1536), Jorge de Venecia (1460-1540),
Pablo Ricci (+1541), cardenal G. P. de Viterbo (1465-1532), para no citar sino
a los más eminentes representantes de la Cábala cristiana”. (De la Cábala al
Progresismo, ed. Calchaquí, Salta 1970, p. 219).
Galatino
lleva el apellido de los Colonna (Columna), de esa poderos familia: “Pedro
Galatino fue un franciscano, Pedro Columna, que tomó ese nombre. Su
obra De
arcanis, fue muy difundida con el renacimiento”. (Ibídem, p.221).
Los
antimilenaristas por asombroso, paradójico e increíble que parezca, son
milenaristas
al revés (o invertidos): “Un último punto curioso deseo brevemente
revelar: muchos de los actuales alegoristas, sino todos, son en el
fondo milenistas
carnales. En efecto, negando el postparusíaco Reino de Cristo, se ven
obligados a
reponer el cumplimiento de las profecías en un futuro gran triunfo
temporal de la
3 Iglesia antes de la Segunda Venida; o sea,
en una ‘Nueva Edad Media’ (Berdiaeff y también R.H. Benson en ‘The Dawn of All’)
con el Papa como Monarca temporal universal, comandando ejércitos de alegres
(josistas) en bicicleta y camiseta de sport… coinciden con el sueño de la
Sinagoga antes de la Primera Venida.
Coinciden también el haz con la extraña visión de milenismo ateo de
Carlos Marx;
no menos que con la barrocas promesas de la muy extendida secta
protestante
judaizante llamada en Norteamérica ‘La Nueva Dispensación’. Son todos
pájaros
de la misma pluma”. (La Iglesia
Patrística y la Parusía, Alcañiz-Castellani, ed.
Paulinas,
1962, p.353).
No nos quepa
lugar a dudas, la única y verdadera restauración (apocatástasis o
palingenesia)
es por mano divina, no humana, es por intervención divina directa, lo
cual requiere
o produce un corte en la historia, y eso sólo puede ser producido por la Parusía:
“… pero también y paralelamente, el proceso de defensa y de final
Restauración, dependiente no de las fuerzas humanas sino de la
potencia
suprahistórica que gobierna la historia; la cual debe ser por
hipótesis
infaliblemente triunfante”. (El Apok. p.374).
Así los
Restauracionistas soñadores e ilusos o quizás mejor sonámbulos (pues van
caminando
dormidos por la vida) preparan el reino Anticristo: “Hoy en día
muchísimos católicos, incluso escritores, incluso predicadores,
incluso sabios como Berdaieff, o Dawson,
sueñan con una especie de gran triunfo temporal de la Iglesia vecino a nuestros
tiempos y anterior a los Parusíacos. En eso soñó León Bloy, y Veuillot y Helo y
toda la escuela de apologistas románticos franceses, comenzando por
Chateaubriand y Lammenais. En eso sueña Papini. ¿Y es otra cosa que eso el fondo del llamado mensaje del gran orador
Milanesi? ¿Y es eso otra cosa que un milenarismo anticipado, que tan imaginario
y mucho menos fundado que el mío?...
Yo por lo menos no sueño en el vacío. Es verdad –dijo don Benya–
nuestra época
está llena de profetismo como todas la épocas de crisis, porque
queremos saber a
dónde vamos, pues sin saber a dónde va, nadie puede dar un paso. Y los
profetas
de hoy se dividen rigurosamente en dos: los que creen que los actuales
son dolores
de parto y los que los creen dolores de agonía; los cuales remiten el
enfantement de la Nueva Era o después de la Parusía… Los primeros preparan el Anticristo
–dijo ferozmente el otro–. Los segundos creen en Cristo”. (Los Papeles de Benjamín
Benavides,
p.387).
El falso
argumento antisedevacantista basado en que las puertas del infierno no
prevalecerán
contra la Iglesia, está mal traído, pues eso no impide que un Papa se
desvíe de la
fe y sea un hereje o un apostata, interpretando mal e idolátricamente el
dogma de su
infalibilidad, cayendo en esa herejía prevista por el P. Le Floch, quién
fuera el
rector del Seminario Francés en Roma en la época cuando Mons. Lefebvre
era uno de
sus seminaristas.
El P. Le
Floch afirmaba en 1926 (casi proféticamente podemos decir hoy): “La herejía que
viene será la más peligrosa de todas, ella consiste en la exageración del
respeto debido al Papa y la extensión ilegítima de su infalibilidad”, tal cual
pasa hoy. De otra parte pretenden garantizar contradictoriamente la
indefectibilidad de la Iglesia y su visibilidad y existencia con un Papa que
pontifica en el error y la herejía juntamente
4 con toda la Jerarquía oficial,
lo cual es absurdo y contradictorio, no puede haber Iglesia en esta tierra sin
fe, que visibilidad puede haber en el error y la herejía, que indefectibilidad
sin verdad ni fe, imposible. Pretenden tener una visibilidad de la Iglesia
representada por una jerarquía cismática, herética o apóstata, olvidándose que sin fe no hay Iglesia Militante es
aberrante. Además no se percatan que las
puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia por lo mismo que
Nuestra Señora en Fátima dice: al fin mi Inmaculado Corazón triunfará, y este
triunfo es inseparable del triunfo de su
divino Hijo el día de su Parusía, cuando venga como Rey con todo el poder de su
Gloria y Majestad.
Se olvidan
de lo que dijo al respecto de la visibilidad de la Iglesia Mons. Lefebvre:
“No somos
nosotros, sino los modernistas que salen de la Iglesia. Entre a decir ‘salir de
la Iglesia visible’ es equivocarse asimilando Iglesia oficial a la Iglesia
visible. (…) ¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial? En cierta medida, sí
obviamente”. (Fideliter n° 66 Noviembre-Diciembre 1988). Y mas tarde: “Es
increíble que se pueda hablar de Iglesia visible en relación a la iglesia
conciliar y en oposición con la Iglesia católica que nosotros intentamos
representar y seguir. No digo que seamos la Iglesia católica nunca lo he dicho,
nadie me puede acusar de haberme tomado por un Papa, nosotros representamos de
verdad la Iglesia católica tal como era antes puesto que seguimos eso que
siempre ha hecho. Somos nosotros quienes tenemos las notas de la iglesia visible:
la unidad, la catolicidad la apostolicidad, la santidad. Eso es lo que
constituye la Iglesia visible”. (Fideliter n° 70 Julio-Agosto 1989).
¿Qué Iglesia
puede ser representada por los herejes apóstatas y cismáticos en
ruptura con
la Sacrosanta Tradición Católica? Por algo las Escrituras hablan de un
pequeño
rebaño fiel y así también decía el Cardenal Pie: “la Iglesia será reducida a
proporciones individuales y domésticas”. (Le Cardinal Pie de A á Z - Textes
Sélectionnés
et Classés par Jaques Jammet, Editions de París 2005, p. 187).
A los falsos
discípulos y traidores que niegan el reconocer que vivimos en tiempos
apocalípticos,
además de lo que dijera en su primera Encíclica E Supremi postolatus San Pío X, que veía próxima la
aparición del Anticristo, si era que ya no
había
nacido: “Es indudable que quien considere todo esto tendrá que admitir de
plano que
esta perversión de las almas es como una muestra, como el prólogo de los males
que debemos esperar en el fin de los tiempos; o incuso pensara que ya habita en
este mundo el hijo de perdición de quien habla el Apostol”.
Mons.
Lefebvre nos precisa en el mismo sentido al ver la crisis actual: “Este
sacudimiento de la fe parece preparar la venida del Anticristo, según
las
predicciones de San Pablo a los Tesalonicenses y de acuerdo a los
comentarios de
los Padres de la Iglesia”. (Carta a los
fieles con ocasión de la Cuaresma, 25 de enero
de 1987).
Hoy se
parece olvidar lo que ya en su momento dijo Mons. Lefebvre sobre la
apostasía de
Roma: “Lo que interesa a todos ustedes es conocer mis impresiones
después de la entrevista con el Cardenal Ratzinger el 14 de Julio
último.
Lamentablemente debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la
apostasía, estas no son palabras en el aire, es la verdad: Roma está en la
apostasía”. 5
(Conferencia Retiro Sacerdotal Ecône, 4 de Septiembre de 1987). Y esta alusión no
es a los
habitantes de Roma, como dice Non Possumus y el Syllabus.
No sólo la
apostasía fue señalada por Mons. Lefebvre, sino el cisma y la herejía: “Nos encontramos
verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás en la
Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro, participe en cultos de falsos
dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia dela Iglesia. ¿Qué
conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses antes estos actos repetidos
de comunión con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que
estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún
de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible
que un Papa sea hereje pública y formalmente”. (Sermón del Domingo de Pascua
del 30 de Marzo de 1986).
Quince días
después, a la entrada las vacaciones de Pascua, les dice a los
seminaristas:
“Entonces el problema se plantea. Primer problema: La comunicatio in sacris.
Segundo problema: la cuestión de la herejía. Tercer problema: ¿el Papa es un
Papa cuando es hereje? ¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse la cues tión
ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión, No
sé. Ahora, ¿es urgente hablar de esto? Se puede no hablar, obviamente.
Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en
nuestras
conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes. ¿Es
necesario
hablar a los fieles? Muchos dicen, no, no habléis a los fieles. Van a
escandalizarse,
eso va a ser terrible, eso va a ir lejos. Bien, yo dije a los
sacerdotes en Paris cuando los reuní, luego a vosotros mismos, ya os había
hablado, dije, pienso que, muy suavemente es necesario, a pesar de todo,
esclarecer un poco a los fieles, no digo que sea necesario hacerlo brutalmente,
lanzar eso como un condimento a los fieles para asustarlos, no. Pero pienso
que, a pesar de todo, es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los
fieles no pierdan la fe. Estamos encargados de guardar la fe de los fieles, de
protegerla. Van a perder la fe, incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya
la fe en Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ya que esta fe se pierde! Se pierde en los
sacerdotes, se pierde en los obispos”. (Conferencia en
Ecône 15 de Abril de 1986).
Sobre el
cisma en la misma conferencia dice: “Y se dice: Monseñor va a hacer un
cisma ¿pienso pero quién hace cisma? No soy yo. Para hacer un cisma es
necesario dejar la Iglesia y dejar la Iglesia es dejar la fe, en primer lugar.
¿Quién deja la fe de la Iglesia? La autoridad está al servicio de la fe. Si
ella abandona la fe, es ella quien hace cisma. Entonces no somos nosotros
quienes hacemos cisma”.
Creo que a
esta altura de los acontecimientos y como broche de oro de toda esta
apostasía,
con las palabritas de Francisco, no nos debe de quedar ninguna duda y
cada uno
tiene derecho de sacar las conclusiones y consecuentemente y en
consciencia,
como el mismo Mons. Lefebvre nos lo acaba de manifestar, toda
persona
juiciosa puede hoy afirmar como conclusión teologica que la Sede está
Vacante,
ocupada por un usurpador, que representa no a la Iglesia católica sino a la
contraiglesia
del Anticristo, sinagoga de Satanás, pues solo así se puede explicar que diga. “Yo
creo en Dios, no en un Dios católico, no existe un Dios católico. Existe Dios”
6
(Entrevista
entre Bergoglio y Scalfari para La República, Martes 1 de Octubre de
2013) Si
esto no es herejía y no es un apostasía, díganme entonces qué es.
Esta es la
hora de la verdad: Sí, sí, No, no, y toda otra cosa proviene de Satanás padre de
la mentira.
La Iglesia
será eclipsada y Roma perderá la fe, así lo dijo Nuestra Señora en La
Salette, y
esto es un hecho consumado.
P. Basilio
Méramo
Bogotá, 23 de Noviembre de 2014
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