San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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viernes, 23 de mayo de 2014

El R.P. Basilio Méramo da Respuesta a la decisión de Mons. Fellay de expulsar al Padre F. Altamira.

Estimado Mons. Bernard Fellay (cc Padre Pablo Billoni):
   El pasado viernes 9 de mayo, el Padre Francisco Jiménez y el Padre Sebastián de Candido me entregaron la notificación con su decisión de expulsarme de la FSSPX (cosa que consideramos inválida, por el ESTADO DE NECESIDAD y demás argumentos, ut infra). En su decisión, se me dice del plazo de 10 días hábiles desde la notificación para eventualmente hacer una respuesta.

1.- Algunas consideraciones. Y “hechos” de actualidad.

1.a) Su forma de obrar. Entrar en la estructura de la Roma Modernista.
   Nuevamente la Providencia, por las circunstancias, permite que vayan saliendo a la luz hechos (sus recientes reuniones en Roma, la defensa desde el Vaticano hecha por los Padres Lombardi y Rosica a favor de usted, etc) que muestran lo que parece una constante en su obrar y que causó (sobre todo en el año 2012) y causa tantos problemas entre nosotros: Su insistencia en querer INCORPORARSE A LA ESTRUCTURA DE LA ROMA MODERNISTA.
   Ojalá la Providencia permita que salten a la luz, con total evidencia, nuevos hechos, que muestren las cosas claramente.
   Por otro lado, tanto entonces como ahora, e incluso antes del 2012, tenemos su “interminable” ambigüedad y el secretismo.
   Parece que jamás su modo de hablar será “sí-sí, no-no”. Al revés, uno tiene que estar siempre frente a esos “sí, pero no”, “no, pero sí”, “blanco, pero negro”, “negro, pero azul”: Perdón, pero es un cuento de nunca acabar.
   Están también “los secretismos”. Si su obrar es bueno, si su obrar es claro: ¿Por qué no hacer todo a plena luz; por qué no hacerlo públicamente? ¿Por qué no decir de una vez por todas lo que usted quiere hacer junto con sus dos asistentes y varios más de “la cúpula” de la Congregación?
   ¿No es más fácil decir: “Señores: Nosotros queremos estar, sí o sí, dentro la estructura de la Roma Modernista que está hoy en el Vaticano, el que quiera seguirnos es bienvenido, el que no vea cómo hace”?
   Decir las cosas así: ¿No simplificaría y desahogaría “la opresión del interior de algunos”, esos compañeros que no saben qué hacer porque usted no se muestra claro (ventaja para usted, y para aquéllos…)?
   Pero eso no sucederá: Ustedes saben y “calculan” el enorme rechazo que lo anterior causaría. Suponemos que no habrá transparencia desde Menzingen. Se prefieren las “elípticas”. Y tratar de arrastrar “al mayor número posible”.
   Frente a tantos “patrones o moldes repetidos” por Mons. Fellay y Menzingen (“siempre volvemos a lo mismo”): Nuestro ánimo se ve abajado y el nivel de hartazgo es realmente grande.
“Pero es que esa Roma que está hoy en el Vaticano es la Iglesia Católica, no existe una Religión Conciliar”. Con palabras muy parecidas, usted recriminaba a los otros tres obispos: “Al leerlos, uno se pregunta seriamentesi ustedes creen todavía queESTA IGLESIA VISIBLE cuyo asiento está en Roma, es la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo (carta del 14 abril 2012).
   Le responderemos con Mons. Lefebvre: “ES EQUIVOCARSE, ASIMILAR[1] “la iglesia oficial” A LA IGLESIA VISIBLE” (ver en lo que sigue). Daremos sólo dos citas (aunque hay muchísimas, cf. los trabajos del Padre Pivert):
“¿Dónde está la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: Es UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. (…) Si hay aún una VISIBILIDAD de la Iglesia hoy, es gracias a ustedes.ESTAS SEÑALES NO SE ENCUENTRAN YA EN LOS OTROS. (…) NO SOMOS NOSOTROS, SINO LOS MODERNISTAS QUIENES SALEN DE LA IGLESIA… ES EQUIVOCARSE, ASIMILAR[2] “la iglesia oficial” A LA IGLESIA VISIBLE. (…) ¿Salir, por lo tanto, de “la iglesia oficial”? En cierta medida, ¡sí!, obviamente (Revista “FIDELITER” Nº 66, noviembre-diciembre 1988).
PONERSE DENTRO DE LA IGLESIA: ¿Qué es lo que eso quiere decir? Y en primer lugar: ¿De qué iglesia se habla? Si es de la iglesia conciliar: Sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esa “iglesia conciliarpara supuestamente volverla católica. ¡ES UNA ILUSIÓN TOTAL! (…) Es increíble que se pueda hablar de IGLESIA VISIBLE en la relación a “la iglesia conciliar”, Y EN OPOSICIÓN A LA IGLESIA CATÓLICA, que nosotros intentamos representar y seguir. (…) SOMOS NOSOTROS QUIENES TENEMOS LAS NOTAS DE “LA IGLESIA VISIBLE”: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. ES ESO LO QUE CONSTITUYE LA IGLESIA VISIBLE. (…) Obviamente estamos en contra de la iglesia “conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una iglesia virtualmente excomulgada, porque es una iglesia modernista” (Revista “FIDELITER” Nº 70, julio-agosto de 1989).
   El Padre Pfluger pide no hagamos “dialéctica” entre Mons. Lefebvre y usted. Es imposible: Se presentan como el día y la noche. Si estuviera vivo: ¿Qué diría Mons. Lefebvre de usted, de lo que usted está haciendo?

1.b) “El Concilio Vaticano II es Magisterio de la Iglesia”: Así se muestra una de sus metas.
   Otro punto grave:
   Todo indica que en su agenda está el lograr de nosotros que reconozcamos al Concilio Vaticano II como “Magisterio” de la Iglesia. Sabemos que quienes están ocupando Roma jamás aceptarán lo contrario. Pero usted dirá y ha dicho: “Vaticano II tiene partes buenas”. Decimos nosotros: Podemos llamarlo “magisterio por partes”.
   ¿Se imagina andar diciendo lo mismo del Concilio Vaticano PRIMERO? “Vaticano PRIMERO tiene bueno y malo, verdad y error: No es Magisterio lo malo, sí es Magisterio lo bueno”.
   En su última Carta a los Amigos y Benefactores nº 82 tenemos párrafos que van en este sentido, que dejan abiertas puertas al “magisterio por partes” (“VII. Una nueva concepción del magisterio”, punto 4):
“4. (…) De todo esto concluimos que este Concilio, habiendo querido proponer ESTAS NOVEDADES, está privado de carácter magisterial vinculante, EN LA MEDIDA MISMA EN QUE LAS PROPONE (preguntamos nosotros: ¿y el resto sí: lo que no son novedades sí tiene poder magisterial “vinculante”?). Su autoridad ya es dudosa(P.A.: ¿sólo “dudosa”?) en razón de la intención nueva, supuestamente “pastoral”, indicada en el parágrafo precedente. Se manifiesta además CIERTAMENTE NULA en cuanto a los puntos en los que se coloca en contradicción con la Tradición” (otra vez preguntamos: ¿sólo en esos puntos?, ¿entonces en el resto: sí hay Magisterio Católico?).
   Un miembro importante de la Congregación dijo hace poco sobre Vaticano II: “Sí, el valor magisterial de todo el Vaticano II es NULO, PERO NO CREO QUE MONS. FELLAY ESTÉ DISPUESTO A DECIR ALGO ASÍ”. Nosotros decimos: Debemos rechazar dicho Concilio totalmente, eso no es, ni puede ser, Magisterio: Ha sido “los estatutos de una nueva falsa religión”. Pero tal vez en respuesta escucharemos aquélla su frase: “Nosotros aceptamos el 95 % del Concilio”.
   En Flavigny (diciembre 2013, Retiro de Hermanos), las informaciones han dicho que el Padre Pfluger (número dos de la Congregación) expresó: “En la Fraternidad somos muy fastidiosos, nuestra posición no es clara respecto al Concilio, SI NO LE DAMOS VALOR MAGISTERIAL, entonces ya no somos católicos. Sin comentarios.

1.c) Lo prudente frente a un “suicidio”. Su “reingresamos en la Iglesia”.
   Las palabras de los últimos años de vida de nuestro fundador nos decían que había que esperar LA CONVERSIÓN DE ROMA Y DEL PAPA (si es que esto puede aún darse), esperar que ellos retornaran a la Iglesia Católica, a su doctrina, a su moral, a lo que habían dicho siempre los Papas en sus encíclicas.
   El Capítulo del año 2006 juzgó, POR LA SITUACIÓN EN QUE SE ENCONTRABA LA IGLESIA, que LO PRUDENTE era no hacer un acuerdo práctico con la Roma Modernista sin la conversión del Papa y de esa Roma.
   En el año 2012, en el 2013, ahora en el 2014: La situación de la Iglesia: ¿Mejoró o empeoró?
   La respuesta no es evidente: ¡Es evidentísima! Pues: Si frente al estado en que estaba la Iglesia en el 2006, LO PRUDENTE era aguardar LA CONVERSIÓN de la Roma Modernista, con muchísima más razón hoy en día.
   Por eso, sus intentos de hacer un acuerdo (año 2012 y anteriores), su esperanza de que Benedicto tuviera un último gesto hacia nosotros antes de retirarse (año 2013), y los actuales “posibles” esfuerzos e intentos de un reconocimiento “unilateral” (¿?) ¡por parte de Francisco!, se muestran, frente a “la operación supervivencia de Mons. Lefebvre”, como “la operación suicidio de Mons. Fellay”. Perdón que lo digamos de esa manera.
   Además, la experiencia de lo que ha ocurrido a cerca de una decena de Congregaciones similares a la nuestra tendría que ser suficiente para terminar con todo esto. Basta pensar en el “suicidio” que se dieron a sí mismos los padres de Mons. De Castro Mayer (Campos, Brasil), Dom Gerard y su monasterio, la Frat. San Pedro, el IBP (Instituto del Buen Pastor), los Redentoristas de Escocia, el Padre Muñoz y las hermanas de su convento (Barcelona), etc, etc. “Algo” tendríamos que aprender de todo eso.
   Uno de los motivos de sus acciones estaría en que usted considera que estamos “fuera” de la Iglesia Católica. Copio entonces, con algún leve cambio en mis notas, lo que ya escribimos: Mons. Fellay se expresó: (Les Nouvelles caléedoniennes) “«el Papa vuelve a las ideas tradicionales (nota del PA: habla de Benedicto XVI, lo cual es falsísimo, él es muy modernista)… Tal vez estamos mucho más cerca del Papa de lo que parece. (…) Además (…) Basta un acto de Roma para decir que ha terminado y que nosotros REINGRESAMOS en la Iglesia. Esto llegará. Soy muy optimista (27 de diciembre 2010)». Yo agregué allí y lo repito: “Son los otros los que se han ido: La falsa Iglesia Conciliar” (tomado de mi carta al P. Bouchacourt, 6 de enero de 2014).

2. ESTADO DE NECESIDAD en la FSSPX. Argumentos “de fondo” contra su decisión de expulsión.

   Todas las cosas que han ocurrido alrededor de su “gobierno”, han creado y crean un gran ESTADO DE NECESIDAD en la Congregación.
   Es una situación en paralelo con lo que ocurre en la Iglesia, y con lo que tuvo que enfrentar Mons. Lefebvre.
   Cuando respondí a su segunda monición expresé la gravedad de sus dichos, enseñanzas, acciones. Los ejemplos iban en relación a los cuatro puntos más graves de esta crisis de la Iglesia. Pondré en anexo, al final, lo que allí escribí. Ahora simplemente enumero esos puntos.
   La gravedad de sus dichos: a) Frente al Concilio, en especial –no únicamente- en la hermenéutica de la continuidad. b) Frente a la misa moderna y los siete sacramentos modernos. c) Frente a la libertad religiosa. d) Frente al ecumenismo.
   Como en su momento, decimos ahora: O todo esto es una ficción, o es Verdad. Si es Verdad, “algo” se debe hacer.
   EL ESTADO DE NECESIDAD que usted ha creado entre nosotros, los argumentos de fondo, etc, hacen inválida su decisión de expulsarme. Nos encontramos frente a hechos que exigen de nosotros resistir a lo que usted está haciendo.
   En épocas de San Pío X, si un Superior se hubiera expresado, sobre los cuatro puntos mencionados (y más), con insinuaciones (o tal vez abiertamente) a favor de tesis modernistas, probablemente hubiera sido removido de su cargo por la máxima autoridad de la Iglesia. Hoy no podemos esperar eso: La Sede está ocupada.
   Otro asunto importante: También se escucha decir en la Congregación: “Sí, tenemos problemas con Mons. Fellay, es cierto, pero estas cosas no se deben decir públicamente”.
   Evidentemente que ésa es la regla. Pero evidentemente también, que hay circunstancias que EXIGEN que uno hable públicamente. Si nunca se pudiera obrar así, ya lo dijimos, Mons. Lefebvre hizo un pecado gigantesco, pues él habló públicamente contra las acciones y dichos de la máxima autoridad, el Papa, y a escala mundial, ¡y durante años!
   Así las cosas, en Bucaramanga, casi un año y medio atrás (diciembre 2012), el Padre Bouchacourt me dijo “si usted está tan en contra de lo que está haciendo Monseñor Fellay, usted tiene que irse”. Repetimos lo que respondí entonces: “Padre, sí estoy muy en contra de lo que está haciendo Monseñor Fellay, tengo la impresión de que la Congregación va a terminar mal, pero yo ahora estoy viendo qué cosas ocurren y ocurrirán en estos meses, y veré entonces qué hago”. Lo curioso es que en estos 19 años (6 del seminario y 13 del sacerdocio) uno ha tratado de ser lo que siempre hemos sido: Miembros de la FSSPX como Mons. Lefebvre la fundó. Hoy en día el que ha cambiado, y el que cambia, es Mons. Fellay… y el que se tiene que ir es uno. Todo esto es una locura.

3. ESTADO DE NECESIDAD en la FSSPX. Argumentos “de forma” contra su decisión de expulsión.

   EL ESTADO DE NECESIDAD –otra vez- que usted ha creado, y defectos jurídicos de “forma” (algunos de ellos elementales), hacen inválida su decisión de expulsarme.
   Como ya habíamos dicho: En estos procesos que usted entabla para expulsar sacerdotes se violan, en su tramitación, ciertas normas elementales del “debido proceso”. Por ejemplo: Usted es al mismo tiempo “juez y parte”, no hay principio de imparcialidad, por más que se escude en un superior de distrito o en “cuatro miembros de su Consejo”. Por lo mismo, no existe el principio de la doble instancia, no hay posibilidad de apelar; y el recurso a Roma por supuesto que no existe (la Sede está ocupada).
   En cuanto al ESTADO DE NECESIDAD, a “la crisis interna EN la FSSPX”, el mismo Padre Pfluger, se expresó: Estamos en un momento decisivo para la Tradición y la Fraternidad. CRISIS… se aplica en medicina en el caso de un paciente al cual le llegó el momento de decidir sobre su destino… Nosotros estamos en ese punto” (ídem referencia ut supra).
   EL ESTADO DE NECESIDAD causado “nos obliga en conciencia” a resistir a lo que usted hace. Y hace aplicables los mismos argumentos que tantas veces hemos publicado en defensa de lo que hizo Mons. Lefebvre frente al Papa por la crisis de la Iglesia, frente a todas estas cosas que han venido a DESTRUIR LA FE CATÓLICA. Es un tema de teología, fundamentado por ella, y por el buen criterio:
   “Una persona que viola una ley POR ESTADO DE NECESIDAD no está sujeto a pena alguna”. “Incluso si no hubiese UN ESTADO DE NECESIDAD, si bien lo hay en este caso, si uno sin culpa juzgara que hay uno, no incurriría en la pena”. Pero, además de ser una cuestión teológica y del buen sentir, con palabras casi idénticas, se expresa el “Breviario sobre la FSSPX” sobre cuestiones de derecho canónico, “breviario” que usted ha hecho publicar años atrás (cf lo que allí se dice sobre el canon 1323 del nuevo código).

PARA CONCLUIR:
   Primero ponemos otra cita de Mons. Lefebvre, “Roma está en la Apostasía” (4-oct-1987):
«Aquí yo he resumido (lo que dije) al cardenal Ratzinger; algunas palabras: «Incluso si usted nos otorga un obispo, incluso si nos otorga una cierta autonomía de los obispos, incluso si nos concede toda la liturgia de 1962, si nos concede seguir con el Seminario de la Fraternidad como lo hacemos ahora: ¡NOSOTROS NO PODEMOS COLABORAR! ¡ES IM-PO-SI-BLE, IMPOSIBLE! Porque nosotros trabajamos en una dirección diametralmente opuesta: Ustedes trabajan por la descristianización de la sociedad, de la persona humana, ¡y de la Iglesia!; y nosotros trabajamos por la Cristianización», no nos entendemos. ¡Roma ha perdido la Fe, mis queridos amigos! ¡Roma está en la apostasía! No son palabras, no son palabras al viento: Es la Verdad. ¡Roma está en la apostasía! ¡No se puede tener confianza en ese mundo allá! ¡Ellos han dejado la Iglesia, han dejado la Iglesia, dejan la Iglesia! Seguro, seguro, seguro...».
   Suponemos que mi texto no cambiará su sentencia y que usted negará EL ESTADO DE NECESIDAD. Pero aquí queda, dejamos este escrito y este precedente. Puede dejarlo así. La Sede está ocupada. “La Iglesia está ocupada”, no podemos pretender que haya una solución, y la cuestión quedará pendiente. Dios dirá, cuando Él intervenga, en qué depara todo esto.
   Me resta el desear y pedir a Dios y a María Santísima que me hagan un sacerdote fiel, un buen sacerdote. Ojalá quieran Ellos otorgármelo. Le saludo atentamente y le prometo mis oraciones.
   En María Santísima. Padre Fernando Altamira (lunes 19 de mayo de 2014)

ANEXO: CUESTIONES DE FONDO (copiado de la respuesta del Padre Altamira, del 3 de marzo de 2014).
“Pero por encima de las formas jurídica (derecho adjetivo), lo importante aquí son las cuestiones DE FONDO: El fondo del problema que padecemos los sacerdotes de San Pío X. Y sobre todo es este punto lo que hará nula la expulsión que usted quiere aplicar.
   Porque, o todo esto es una ficción, o existe un problema real (y grave). Y de existir dicho problema, habrá “alguien” que lo ha causado.
   El problema no es una ficción y quien lo ha causado es usted.
   En circunstancias normales uno podría hacer una denuncia a Roma, y la Santa Sede podría llegar hasta la remoción del Superior General. Pero sabemos que eso hoy no entra en juego, y que muy probablemente en la Roma Modernista de la Religión Conciliar estén muy contentos con lo que usted está haciendo.
   ¿Qué hubiera dicho nuestro fundador, Mons. Lefebvre, ante las cosas que usted dice y hace? Veamos muy brevemente lo que son tal vez los cuatro puntos más graves que padecemos en esta crisis (“apocalíptica” dijo Mons. Lefebvre):
   (1) El Concilio Vaticano II.
   Monseñor Lefebvre dijo de él que es el peor desastre que nos ha ocurrido, que “su valor es nulo” (por la calificación de “pastoral”, etc), y tantas otras cosas que todos conocemos.
   ¿Qué dice Mons. Fellay sobre el Concilio? Que estamos de acuerdo con el 95 % (!!); “lo aceptamos con reservas” (¡lo aceptamos!); muchos errores son en realidad de la interpretación (“of theunderstanding”) del Concilio (tan similar al argumento de tantos grupos conservadores y de línea media: “el problema no es el Concilio sino la interpretación que se hace de él”); el apelar para justificar dicho Concilio al argumento de Benedicto XVI de la hermenéutica de la continuidad –“no hay ruptura con la doctrina católica de siempre”- (ver la Declaración Doctrinal de Mons. Fellay de abril de 2012 presentada en nuestro nombre en Roma); lo que usted respondió a los otros tres obispos en su famosa carta del 2012: no se debe hacer del Vaticano II una superherejía (obviamente: pues usted está a favor del 95 %) y “en la Iglesia hay cosas más importantes” que los problemas del Concilio; su expresión de que hay puntos que son “difícilmente conciliables” con la doctrina católica (¿sólo “difícilmente”?, son “imposiblemente” conciliables).
   ¿Qué dice el número dos de la Congregación, el P. Pfluger? Si no se acepta que Vaticano II es Magisterio, si no aceptamos “el valor magisterial del Concilio”, “entonces NO SOMOS CATÓLICOS”. ¡No somos católicos! Es exactamente al revés: Para ser católicos, ¡no hay que aceptar el valor magisterial del Concilio!
   Ahora bien, lo que yo acabo de decir, o es una ficción, o es Verdad. Y si es Verdad, algo se debe decir, algo se debe hacer. Lo curioso es que, entre nosotros, los que están investidos de más autoridad no hablan públicamente.
   (2) La libertad religiosa del Concilio.
   Mons. Lefebvre y la teología católica de todas las épocas, junto con los Papas, nos han enseñado que es el punto en que más claramente se ve la enseñanza falsa y errónea de Vaticano II: “Toneladas” se han escrito al respecto.
   ¿Qué dice Mons. Fellay de ella? La concepción que presenta Vaticano II de la libertad religiosa “es muy limitada” (qué forma tan “especial” de expresarse sobre algo así, qué forma tan “suave”). Y es sobre la libertad religiosa que usted excusó el Concilio diciendo lo de arriba: Son en realidad cosas del “commonunderstanding of the Council”, “de la interpretación común” que se hace del Concilio.
   Otra vez: O esto es ficción, o es Verdad, y si es Verdad: ¡Algo se debe hacer! Y los cofrades de más autoridad en silencio, sin decir nada públicamente.
   (3) La misa moderna.
   Mons. Lefebvre, bien fuertemente, llegó a decir que era “una misa bastarda”. Todos sabemos la cantidad de trabajos que se han escrito para explicar aun los riesgos de INVALIDEZ de la misa moderna. Ya el mismo Card. Ottaviani, en su trabajo, en 1969, hablaba de INVALIDEZ “incluso si se tiene la intención de hacer lo que hace la Iglesia” (uno de los argumentos de Mons. Fellay para defender “la validez” de dicha misa), y esto sin contar los numerosos sacerdotes de nuestra propia Congregación que también han escrito sobre el tema.
   La misa moderna es una misa ILEGÍTIMA (por su definición, por su rito ilegítimo, por sus errores, por su tendencia protestante, por su misma promulgación).
   Y en este punto, el descaro de Mons. Fellay, usted, fue muy explícito: La misa moderna (y todos los sacramentos modernos) son válidos si se celebran “con la intención de hacer lo que hace la Iglesia” (ut supra), y han sido “LEGÍTIMAMENTE PROMULGADOS” (su declaración de abril de 2012 ut supra). Y la increíble falta de respeto hacia Mons. Lefebvre cuando usted dijo: Si Mons. Lefebvre hubiera visto la misa moderna bien celebrada, “no hubiera dado el paso que dio” –caso Cardenal Cañizares-. ¿Es decir que toda esta lucha de Mons. Lefebvre contra la misa moderna estuvo mal, fue exagerada? ¿Es decir que es sólo un problema de excesos cometidos por algunos al celebrarla? ¿Es decir que uno puede ir a la misa moderna cuando la celebra alguien conservador, como en el monasterio donde usted la vio, o celebrada por un padre –por ejemplo- del Opus Dei? ¡Todo esto es increíble!, y es demasiado escandaloso. ¡Y nadie, de los que mandan, dice nada! Nadie dice nada públicamente. Pienso, y aún con alguna esperanza, en uno de nuestros obispos.
   Además usted, Mons. Fellay, allí admite la validez de todos los sacramentos modernos. ¡Increíble! ¿Acaso no hay dudas sobre la validez de la misma ORDENACIÓN SACERDOTAL “MODERNA”? ¿Acaso por eso: No hemos hecho tantas veces nuevas “re-ordenaciones” –por el rito de siempre- de sacerdotes que han llegado desde la Iglesia Conciliar? ¿Acaso no hay dudas de la validez de la confirmación moderna; acaso por eso no damos nuevamente la Confirmación sub conditione a los que la han recibido en la Religión Conciliar? ¡Qué es todo esto, Mons. Fellay! ¡Alguien debe hacer algo!
   (4) Y el Ecumenismo.
   ¿Cómo se comportó y reaccionó Mons. Lefebvre con la mezcla de todas las religiones de la tierra en la reunión de Asís I, reunión organizada por Juan Pablo II? ¿Cómo se comportó y reaccionó usted con esa mezcla de todas las religiones hecha por Benedicto XVI en la reunión de Asís III? ¿Qué dijo Mons. Lefebvre en su momento y qué dijo usted?
   El Ecumenismo va a terminar tal vez en la creación de “La Religión Mundial” para el gobierno mundial del Anticristo: ¿Cómo puede usted ser así?
   Y esa expresión tan acuñada por esta corriente, por los Papas Conciliares, por Juan Pablo II, por Benedicto XVI, etc, todo en pos del ideal masónico ecuménico, al decir de una de las tantas falsas religiones o de sus adeptos: “Los judíos son nuestros hermanos mayores”. ¿Qué decía Mons. Lefebvre de dicha expresión? ¿Qué dice usted, nuestro máximo superior, de la misma?
   Pues bien, usted lo sabe: Usted ha dicho literalmente dicha expresión sin ningún problema.
   Le respondemos: ¡Los santos son nuestros hermanos mayores! Y todo católico debe intentar –si puede- la conversión de los judíos (y de cualquier persona de otra falsa religión) hacia el Catolicismo, hacia la única religión verdadera.
   Esto ocurre, ¡y nadie dice nada PUBLICAMENTE!
   Por última vez: O todo lo dicho en este texto es una ficción, o es Verdad. Y si es Verdad: ¡Algo se debe hacer!”


Nota del editor

REVERENDO PADRE MÉRAMO,  EN  RESUMIDAS CUENTAS,  EL MISMO  OBISPO FELÓN, SE EXPULSÓ A SÍ MISMO,  Y  UNA  GRAN  CANTIDAD DE  FIELES Y PRESBÍTEROS,  DE LA UNA UNA SANTA CATOLICA Y APOSTOLICA  IGLESIA,  FUERA DE LA CUAL NO HAY  SALVACIÓN


SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto Gonzalez.




[1] Literalmente decía allí: “asimilando”.
[2] Ídem nota anterior.

domingo, 18 de mayo de 2014

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este cuarto domingo después de Pascua de Resurrección, tiempo que es de consolidación de la Iglesia, antes de la Ascensión de nuestro Señor, después de los cuarenta días de su Resurrección, los apóstoles y la Iglesia reciben la consolidación que culminará con la venida del Espíritu Santo.

En el Evangelio de hoy veremos, pues, que los apóstoles están tristes porque nuestro Señor ya los estaba instruyendo sobre su Pasión, su muerte, su agonía. Y les anuncia la conveniencia de que Él se vaya al Padre para enviar al Espíritu Santo, al Espíritu de Verdad, al Paráclito, el consolador. Pero con esta palabra no está exactamente expresado el término, ni lo que quiere decir paráclito, que más que consolador, como dice el venerable padre Castellani, quiere decir: el que sostiene, nos reafirma, nos consolida desde adentro.

O sea, que no es ese sentido sentimental de consolación, de paño de lágrimas, sino de esa fortificación interna, espiritual, de solidez, firmeza de afianzamiento interior; eso es lo que traduce el término paráclito, la verdad, la palabra de Dios y que se manifestará en el Espíritu Santo.  Nuestro Señor quiere disipar esa tristeza pasajera de los apóstoles ante todo lo que Él les había anunciado. Pesar que de paso es inútil y malo, sobre todo cuando es profundo; la única aflicción buena y que viene de Dios es por el pecado, el dolor, el arrepentimiento de haberlo ofendido; toda otra viene del demonio y es mala, como la producida por cosas de este mundo, por no poseer bienes materiales, y una tristeza honda puede llegar a la misma muerte.

Debemos entender esta lección para no dejarnos llevar en este mundo por cosas inútiles, por el mismo demonio que nos vuelve tristes y nos deprime; y vaya si el diablo no aprovecha las depresiones para desequilibrar a la gente; de allí la necesidad de esa consolidación y afianzamiento interior más que consolación sentimental, que el hombre necesita y que Dios nos promete a través del Espíritu Santo, y con esa garantía darnos la alegría no solamente a los apóstoles sino también a nosotros.

Porque mucho más que decir nuestro Señor, pero no las dice, sino que las señalará a través del Espíritu Santo; por eso la urgencia de la Iglesia. No es como los protestantes, que cuentan solamente con la Biblia, pero no todo está en ella, en el Evangelio, sino también lo que se dirá a través del tiempo por medio del Magisterio infalible de la Iglesia, no para que nos hablen de lo que no es de la competencia de la Iglesia, sino de la Palabra de Dios y de allí la infalibilidad de la Iglesia cuando la transmite y para eso ha sido instituida en ese Espíritu de verdad, como dice Santiago apóstol en la epístola de hoy: “Nos ha engendrado con la palabra de la verdad”, la palabra divina.

Por eso el católico es verdadero, tiene que serlo, tiene que ir con la verdad por delante y por eso la mentira es odiosa a Dios y aun la venial porque falsifica la veracidad y nos prepara para que seamos de un espíritu falso como lo es el mundo, el demonio.

Antaño, un hombre se caracterizaba por ser una persona de honor, es decir, que se sostenía en la exactitud de su palabra, porque era palabra de hombre. Hoy eso no existe porque no hay verdaderos hombres, todo el mundo miente, disimula y eso no puede ser. Es faltar a la verdad y lo que es peor, cuando esos que mienten y disimulan son los investidos con la autoridad de Dios, como el clero, los curas, los sacerdote. Entonces, ¿qué se va a esperar de los fieles? Por eso no es admisible la mentira, ni aun la pequeña, descartando la mal llamada mentira piadosa, que no existe; distinto es que uno no pueda decir toda la verdad y entonces haga una restricción mental sin mentir. No dice todo o dice algo que es ambiguo, pero no una mentira que falsea la relación humana y la relación con Dios. Porque hemos sido engendrados en el Espíritu y en la palabra de verdad y por eso la asistencia y la necesidad del Espíritu Santo.

Pero para que viniera el Espíritu Santo nuestro Señor tenía que marchar, ascender de nuevo a los cielos, subir al Padre llevando su naturaleza humana en estado glorioso. El Evangelio nos dice que así el mundo se convencerá de la injusticia, o mejor dicho, de la justicia, porque va al Padre, porque Él es justo, es decir, es santo. Y los judíos no querían reconocer esa santidad, esa equidad de nuestro Señor. Entonces se convencerá el mundo de ello, porque va al Padre y lo que está con el Padre es justo y santo como el Padre eterno. Se convencerá de su pecado, de su iniquidad por no haber creído en nuestro Señor, por no haberlo aceptado, por no haberlo reconocido.

Ese es el pecado del mundo, el de los judíos, la perfidia judaica, el asesinato más grande, el de deicidio, matar a Dios por no haberlo reconocido. Y por ese yerro Satanás ya está juzgado. Muestra así nuestro Señor la victoria sobre el maligno, aunque a nosotros nos toque sufrir los coletazos diabólicos del infierno, pero sabemos que la victoria ya la obtuvo nuestro Señor.

Y entonces con esto no solamente anima a los apóstoles sino a nosotros durante todo el transcurso de este peregrinar, porque es un viaje. Ese el significado de las procesiones, no es dar el paseo por ahí para salir con banderas, sino para manifestar la fe en que vive el católico en este mundo, en esta tierra, porque la verdadera patria está en el cielo, donde está el Padre eterno, donde está nuestro Señor Jesucristo.

Nuestro caminar en la tierra tiene que estar entonces en consonancia con Dios, con su palabra, que hoy está siendo tergiversada, adulterada, profanada, violada y he ahí el gran drama de estos tiempos. Pero la verdadera Iglesia, el católico auténtico, conserva el espíritu de la verdad en el cual fue engendrado, como nos lo recuerda Santiago apóstol hoy en la epístola. Por eso hay que meditar, hay que leer el Evangelio, las Escrituras, o, por lo menos, reflexionar sobre  esos trozos o pasajes que corresponden a la Santa Misa, para que así nuestra espiritualidad se afiance y nos afirmemos en la verdad y no en la bobería, en la tontería; que tengamos legítimo espíritu conforme al Evangelio porque allí está la Palabra de Dios y así podamos atravesar este largo peregrinar que nos parecerá corto cuando haya acabado, cuando hayamos llegado al término.

Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen, que nos conserve hoy y siempre en este espíritu de verdad, en ese espíritu de Dios, en el Espíritu Santo que es el alma que vivifica a la auténtica Iglesia. +

P. BASILIO MERAMO
     18 de mayo de 2003

domingo, 11 de mayo de 2014

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este tercer domingo después de Pascua, ya pasó la época de la comunión Pascual que la Iglesia nos pide; sin embargo, aquellos que no la hayan hecho por cualquier circunstancia, con culpa o sin ella, la pueden hacer cuanto antes, con la confesión que pide la Iglesia sin fijar la fecha, por lo menos una vez al año, como para decir que somos católicos; entonces no nos olvidemos del precepto de la comunión pascual.

Vemos la incógnita ante las palabras de nuestro Señor Jesucristo; no olvidemos que los apóstoles estaban tristes, acongojados, nerviosos, atribulados por todos los eventos que se sucedían y que nuestro Señor también les había indicado: su Pasión, su muerte y la persecución. Los apóstoles estaban apesadumbrados y nuestro Señor les quiere dar ánimo, por eso les dice: “Dentro de poco ya no me veréis; mas poco después me volveréis a ver”. Este poco tiempo que “no me veréis” y que “me volveréis a ver”, los Padres y los Santos de la Iglesia lo han interpretado de diversos modos. Para mí no cabe sino un solo modo y es el que le dio el gran San Agustín, que muchas veces se da el lujo de interpretar en forma distinta a todos los otros Padres, y es tal su ingenio y su genio que santo Tomás lo pone en la balanza al mismo nivel, como si la sola opinión de San Agustín equivaliese a la de todos los otros por esa perspicacia y profundidad sobrenatural.

Lo que sucede es que a veces un sentido no excluye otro. Y puede ser el caso el de este poco de tiempo que los Padres de la Iglesia dicen que se refiere a los tres días que estaría en el sepulcro, que no lo verían durante ese tiempo hasta que resucitara durante los cuarenta días. Pero San Agustín dice que se refiere al lapso que va después de la Ascensión a su segunda venida cuando venga en gloria y majestad. Y en realidad, si lo miramos así, es la única interpretación, aunque no excluya la otra. Pero podremos decir que es una explicación suprema, porque si analizamos el contexto, lo dice muy claro, “porque me voy al Padre”; y ¿cuándo nuestro Señor va al Padre? Después de la Ascensión. Luego el tiempo que Él considera “poco”, es toda esta historia de la Iglesia y de la humanidad, desde la Ascensión hasta la Parusía.

Vemos entonces cómo la apreciación de este pasaje del evangelio es eminentemente apocalíptico, no lo olvidemos, no me cansaré de decirlo; porque esa fase de los novísimos, de las postrimerías no hay que ignorarla, sobre todo hoy más que nunca cuando nos encontramos en una situación verdaderamente angustiosa que evoca el fin de los tiempos, y que no hay que confundir con el fin del mundo; porque en el ínterin entre el fin de los tiempos y el del mundo está el reino de nuestro Señor Jesucristo sobre esta tierra, para juzgar no solamente a los muertos sino también a los vivos.

Todo lo que sucede es a veces de difícil explicación, como la primera resurrección y la segunda, que tan mal traída está por la exegesis contemporánea, deudora de muchos errores que se han repetido. Sabios como los padres Castellani, Eusebio de Pesquera, Rovira o Alcañiz, han tratado de corregir ese error infructuosamente, porque también, desafortunadamente, hay que decirlo, en la predicación, en la exegesis y en la teología se introducen en la Iglesia modas, corrientes que se imponen y si no se tiene y no se agudizan la inteligencia y luz sobrenatural, se repite y se copian esos mismos errores. Yerros que les valieron a los judíos no distinguir la primera venida de la segunda. Por eso crucificaron a nuestro Señor, porque no fue el rey que ellos esperaban. Y si a ellos les fue así por ese error de moda, político o lo que fuera. Quién sabe si no nos está yendo tan mal a causa de eso, por una mala concepción del reino de nuestro Señor Jesucristo sobre esta tierra, sobre vivos, y digo esto de paso pero dada su importancia, para que nos demos cuenta.

No hay que confundir el fin de los tiempos con el fin del mundo. Porque todo lo anunciado apocalípticamente está para el fin de los tiempos, la gran crisis, la gran apostasía, la gran hecatombe dentro de la Iglesia zarandeada, sacudida por Satanás, las horas de las tinieblas. ¡Ay de nosotros si nos equivocamos y no lo vemos!, ¿cómo nos defenderemos? Hay que estar alertas, vigilantes y con verdadero espíritu de fe pedir esa inteligencia de los misterios de Dios.

San Agustín dice, entonces, que todo ese tiempo desde la Ascensión de nuestro Señor hasta su segunda venida, es cuando que no le verán, pero que será poco, porque cuando ya venga todo el tiempo que antes nos habría parecido largo, parecerá entonces corto. Como siempre pasa aquí con lo de este mundo, con grandes inconvenientes esperando un evento, y cuando se da, todo lo que se sufrió, se pasó y lo que se esperó, parece que no existiera; pues algo parecido y mucho más será cuando aparezca nuestro Señor. Esa es la gran esperanza y la necesidad de que nos encuentre santos y no carnales, con los deseos de la carne, que como dice San Pedro en la epístola de este día, “combaten contra el alma”, contra el espíritu.

Y sabrá el diablo si el mundo de hoy no es carnal, cuando todo es pornografía, desnudez de la moda en las mujeres, esa desvergüenza, ya no hay pudor ninguno, más les valdría salir en cueros para que por lo menos tuvieran frío o para que se asen con el sol, a ver si aguantan. Por eso no podemos ser ingenuos, ni católicos tontos, ni bobos, no dejarnos engañar por un mundo satánicamente carnalizado; él sabe que llevamos la concupiscencia en la carne, en las venas, en la sangre y que tenemos que luchar contra las pasiones con látigo, rejo y martillo y hacha y machete, pero hay que hacerlo. No se pueden vencer las tentaciones sino con oración, sacrificio y penitencia, para tener medio domado al animal que llevamos dentro, que surge cada vez que la razón específica formal del hombre se obnubila.

De allí la definición del hombre, animal racional, y cada vez que esa razón se aminora, sale el animal, que es él quien mata, odia, fornica, se degenera. Ese es el peligro del alcohol, ¿por qué creen que emborracharse es pecado mortal? Porque quita la razón, y ¿qué emerge?, el bruto; por eso debemos tener cuidado de nosotros mismos. Si a todo esto le agregamos el mundo y el demonio, ¿dónde vamos a parar?

Por eso estamos como estamos. Queremos una religión light, fácil, donde no haya pecado, donde no haya mal sino lo que a mí me parezca, lo que a mí me plazca. No usemos la libertad como dice San Pedro, “a manera de velo”, sino que la utilicemos como hijos de Dios; y hoy ¿qué se hace de la libertad? Se convirtió en libertinaje. Contrario a lo que dice nuestro Señor. Porque el libre albedrío basado en la verdad es lo que nos hace hijos de Dios y seres realmente libres. Debe ser una libertad en la verdad y no en el pecado, no en el error como hoy se quiere y como San Pedro lo señala en su epístola; no es un escudo la libertad para hacer lo que el hombre quiere según sus apetitos animales, sino los espirituales, según los de Dios; no olvidemos que lo que tenemos los hombres en común con los animales es el procrear, el comer y el dormir.

Así que ¿dónde está la libertad del hombre? Es una libertad pecaminosa, no de animal, porque es lo que tenemos en común. Por eso entonces hay que sobrenaturalizarlo para no quedar en la pura animalidad sino que venga a lo que es superior, a lo que es del alma, a lo que es del espíritu, a lo que es de Dios y así podamos usar bien ella y no como un escudo que nos permita hacer lo que queramos, que es lo que hace hoy la juventud, el hombre y la mujer modernos, “hacer lo que se me dé la gana, no estoy sujeto a nada ni a nadie, ni a Dios, porque elijo la religión que quiero, el culto que más me convenga”. Libertad religiosa,  ¡maldita, herética y apóstata! Es una verdadera apostasía. 

Por eso en el evangelio de hoy, toda esta vida aquí en la tierra hasta la segunda venida de nuestro Señor, es comparada a un parto, como nos muestra San Agustín hablando de ese poco de tiempo “en que no me veréis y otro poco me volveréis a ver”. Toda la vida histórica de la Iglesia está comparada a un parto, a un dolor, pero que después desaparece. Quiere decir que nuestra vida espiritual, la conversión de los infieles, la vida sobrenatural privada y la pública, de cada uno, es como dolores de un alumbramiento, pero que ese malestar después se convierte en alegría, en gozo, por haber dado un hombre al mundo. Así da la Iglesia hombres para el cielo, esa es su misión, la de sufrir y la de parir cristianos para Dios y que ese penar, ese sacrifico, esa tristeza, se conviertan en alegría.

Pero hacia el fin de los tiempos esos tormentos se acrecientan; cuando la hora de dar a luz se acerca es cuando más terrible y de aflicción es el momento; lo mismo lo será para la Iglesia. No debemos entonces desesperarnos. Esa es la importancia de la interpretación de San Agustín sobre las congojas de la vida en general, de la Iglesia y sobre todo al fin de los tiempos antes de la segunda venida de nuestro Señor. De ahí ese estrechamiento de la Iglesia, ese repliegue que lo vemos en la medición del templo en el Apocalipsis, reducida a un pequeño rebaño fiel, porque: “no todo el que dice ¡Señor, Señor!” es de Dios.

Desgraciadamente no todo el que hoy se dice católico lo es, puesto que yo no puedo ser católico y modernista al mismo tiempo, estar en ruptura con la Tradición de la Iglesia, perseguirla, eso es una contradicción, pero es parte de los dolores de parto de los cuales hoy nos habla el evangelio. Por ello hay que sufrir con gozo, para así poder resistir, y con verdadera fe seguir permaneciendo fieles a nuestro Señor, para que cuando Él venga, nos encuentre vigilantes y esperándolo y no dormidos.

Ese es el mensaje del evangelio de hoy si bien miramos, si bien lo interpretamos y vemos la esperanza que encierra y eso debe entonces reconfortarnos, fortificarnos para que podamos seguir adelante en medio de un mundo carnal, de un mundo que en definitiva odia a Dios y se opone a la su obra.


Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que nos ayude para que seamos fieles y así nuestro Señor nos encuentre dignos de ser suyos. +

P. BASILIO MERAMO
    
11 de mayo de 2003