San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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martes, 6 de enero de 2015

EPIFANÍA DEL SEÑOR


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002


domingo, 4 de enero de 2015

FIESTA DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS



Tomado del MISAL DIARIO COMPLETO por el P. Luis Ribera CMF, España 1954:

El nombre de JESÚS fue revelado por el Ángel a María Santísima cuando se le anunció que ella había de ser su Madre.  El dulcísimo nombre de JESÚS esté siempre en nuestros labios y en nuestro corazón.

Directorio de la Misa.-1 Doble de 2a clase Blanco OCM.

EPÍSTOLA.
 Hechos de los Apóstoles 4, 8-12.-  Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les respondió: Príncipes del pueblo, y vosotros, ancianos, escuchad:  Ya que en este día se nos pide razón del bien que hemos hecho a un pobre tullido, y se quiere saber por virtud de Quién ha sido curado, declaramos a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que la curación de ha hecho en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien DIOS ha resucitado.   Este Jesús es aquella piedra que vosotros desechasteis al edificar, la cual ha venido a ser la piedra angular;  y fuera de Él no hay que buscar la salvación en ningún otro.  Pues no se ha dado a los hombres otro Nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos.

+ EVANGELIO según San Lucas 2, 21.- Llegando el día en que debía ser circuncidado el Niño, le fue puesto por nombre Jesús, nombre que le puso el Ángel antes de que fuese concebido.- 

jueves, 1 de enero de 2015

Octava de Navidad: La circuncisión de Nuestro Señor, El Santo Nombre de JESÚS, Maternidad Divina de Nuestra Señora.




Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Con la festividad de nuestro Señor unida a la Maternidad Divina de Nuestra Señora que es la Teotocos, la Deípara, la Madre de Dios, la que dio su carne al Verbo, se festeja también la Circuncisión de nuestro Señor que en el Antiguo Testamento tenía lugar a los ocho días de haber nacido; circuncisión a la cual nuestro Señor se quiso someter como de hecho se sujetaba a todo para mostrar la continuidad que Él llegaba a a perfeccionar. No venía a destruir sino a completar. Aprovechaba también para ofrecer ese primer sacrificio de su sangre, sacrificio que por sí mismo hubiera bastado para redimir mundos y universos y sin embargo, Él no escatimó el derramarla toda en la Cruz.

La circuncisión que en nuestras mentes modernas y occidentales no tiene mayor significado pero que en los pueblos orientales sí lo tiene; se circuncidan allí incluso los mahometanos, por ejemplo, a imitación del Antiguo Testamento ya que es, como sabemos, una herejía judeocristiana y más judía que cristiana. El significado de esa circuncisión es el signo de fe de los hijos de Abraham, de los que descendían de su linaje y que de él debía nacer el Salvador. El desprendimiento del prepucio, de la carne, significaba, figurativamente, el despojo del pecado original; de hecho, Santo Tomás dice que con la circuncisión se borraba el pecado original de los niños.

Dios daba la gracia, aunque no era un sacramento como los de la nueva ley, pero borraba el pecado original; tenía ese efecto y nos ponemos a pensar qué pasaba entonces con las niñas, y con los niños que morían antes de los ocho días. Hay que tener claro que siempre, para la salvación de todo hombre, era necesario creer de algún modo en el Cristo venidero y así se manifestaba o expresaba esa fe que después se fue concretando en un signo bien determinado de esa fe, como la circuncisión.

Entonces estaba ese otro medio de la fe en el Cristo venidero que salvaba a los hombres y por ende también a las niñas hebreas y a todo aquel que de algún modo creía en nuestro Señor Jesucristo, que vendría y del cual la circuncisión era un signo concluyente de esa fe que Dios impuso al linaje de Abraham, pero Él ya era el padre espiritual de todos los que tenían o tendrían la fe; porque Él, antes de circuncidarse, fue gran patriarca de la fe y de todos los que tendrían la fe como nosotros; por eso podemos decir con justo título “nuestro padre Abraham”, aunque no estemos circuncidados al igual que en el Antiguo Testamento.

Vemos cómo se prefiguraba así la expoliación del pecado original que se transmitía y se transmite por vía de generación; entonces hay un significado y una conveniencia en esta figura, en este signo de la circuncisión que había en el Antiguo Testamento y que ahora ya es innecesario porque está el sacramento del bautismo que produce la gracia ex opere operato; es decir, por la misma acción que se realiza, ese símbolo significa la gracia que produce.
Los sacramentos son signos sensibles que producen la gracia. Esa es la definición de los sacramentos y que no debemos confundir con la magia; no es brujería, son símbolos instituidos por nuestro Señor Jesucristo que producen la gracia que significan. El Bautismo es un lavado, quiere decir que limpia y para eso se utiliza el agua; expresa entonces que lava la mancha del pecado original y de cualquier otro pecado si lo hubiera, y borra además toda la deuda por esos pecados, cosa que no pasaba, por ejemplo, con la circuncisión.

Si bien Santo Tomás dice que borraba el pecado original no obstante no lo hacía con toda la deuda que se debía pagar por el pecado. Esa es una gran diferencia y vemos cómo se perfecciona entonces en la nueva ley, eso que estaba prefigurado o expresado de algún modo en el Antiguo Testamento. Todos esos ritos que eran emblema, prefiguraban lo que hoy se realiza sacramentalmente y quedan abolidos porque desaparece la figura cuando está la realidad. Válganos un ejemplo aunque imperfecto: ¿de qué nos vale mirar el retrato de una persona que tengo frente a mi cara, faz a faz? Sirve cuando la persona está lejos; pero cuando la tengo presente miro a la persona. La foto sería inútil como lo serían todos aquellos ritos que prefiguraban lo que realizan realmente los siete Sacramentos del Nuevo Testamento que nos imparten la gracia con alguna peculiaridad, con alguna especialidad correspondiente a la necesidad del sacramento en cuestión.

Se le asignó un nombre a Jesús, ya que en el bautismo se da un nombre al niño, que debería ser católico, es decir, que corresponda a un santo para que sea su santo patrón, le guíe y proteja; así, a nuestro Señor se le impuso el nombre de Jesús, Yesua, salud (dador, salvador, el que da la salvación), no la salud como aquel que la recibe sino quien la da; como el origen, el principio de esa salud de donde proviene nuestra salvación. De ahí la correcta traducción de llamar Salvador a nuestro Señor; eso significa Yesua o Jesús y no hay ningún otro nombre bajo el cual el hombre pueda salvarse sino el de Él.

Eso era característico en la Iglesia primitiva. Se bautizaba en el nombre de Jesús para mostrar el valor de ese nombre lo cual ahora sería inválido, pero en aquel entonces por una permisión divina se podía y se bautizaba y, de hecho, así lo hacían los apóstoles; San Pedro primero bautizaba en el nombre de Jesús para mostrar cuán importante era ese divino nombre de nuestro Señor; se bautizaba, pues, en el nombre de la Santísima Trinidad y en el nombre de nuestro Señor. Ahora sería nulo sencillamente porque Dios quiso en un principio mostrar esa relevancia del nombre Salvador de nuestro Señor; permitió por un tiempo bautizar como si fuese la misma fórmula de la invocación de la Santísima Trinidad. Eso nos da una idea, una muestra de la relación que hay con respecto al nombre de nuestro Señor como origen de la salvación de los hombres.

No hay ningún otro nombre por el cual nos podamos salvar. Y muchas veces detrás de esos grandes hombres la humanidad busca la salvación erróneamente, llámese el gran caudillo: Mahoma, Hitler, Mussolini, Franco, como quiera que se llame, buscando, pidiendo la salvación o esperándola de un miserable hombre; igual que cuando la gente atosigada pide la salvación de un ser querido al doctor como si fuese dueño de la vida, a lo que un buen médico respondería: No señor, yo soy simplemente un instrumento, hago lo que puedo; la vida la da Dios y no le puedo garantizar eso, porque yo no soy Dios, mi deber es simplemente coadyuvar a encontrar la salud. Es una muestra del actuar irracional el que esperemos la salvación y la vida de los hombres y no de Dios.

Invoquemos a lo largo de este año que se inicia hoy, pidiéndole a nuestro Señor la salvación nuestra, del mundo y que no la esperemos de ningún otro, y menos del Anticristo que vendrá a suplantar a Cristo dentro de la Iglesia. Debemos estar muy preparados contra ese engaño, contra esa usurpación. El Anticristo se hará pasar por el Cristo, gobernará en nombre de Dios y será el gran perseguidor de la verdadera religión mostrando un falso culto, que ya está instaurado con la nueva misa, con toda la parodia litúrgica de la Iglesia modernista. Eso es un remedo, y el que no lo vea así, que le pida la fe a Dios porque hay que verlo y sentirlo así; es un simulacro de misa, de culto, una profanación gravísima, cultual y religiosa, terrible.

Sobre ese culto ya instaurado irá a pontificar el Anticristo en el nombre de Dios, no lo olvidemos; la Navidad tiene un carácter esjatológico y la prueba está en que la Epístola de hoy bien lo dice: que esperemos el día del Señor. Esas cosas hay que enseñarlas, hablarlas, decirlas; es un deber de los sacerdotes, que si no lo hacen es porque están mal formados, mal orientados, mal ubicados. Hay que alertar, el sacerdote no puede dormirse, tiene que estar vigilante y más en esta época desastrosa en la que faltan verdaderos sacerdotes que sean vigías, que no duerman, que adviertan, que sacudan a la gente para sacarla de ese letargo mortífero, de esa epidemia, de esa insensibilidad, de esa anemia espiritual; para que podamos con fe, con verdadera fe y esperanza permanecer fieles a nuestro Señor Jesucristo, que ha de venir y vendrá como juez; aunque el día y la hora no los sepamos, sí podemos saber su proximidad como cuando está pronto el verano, que lo sabemos cuando comienzan a reverdecer los árboles.
El ejemplo de la higuera que nos da nuestro Señor se aplica a la apostasía que estamos viendo dentro del Vaticano. O, ¿qué se creen?, ¿qué no impera la apostasía en el Vaticano? Eso es evidente, mis estimados hermanos, para todo aquel que tenga un mínimo de fe.

¿Por qué estamos donde estamos?
¿Por qué somos perseguidos? ¿Qué es lo que pasa en el mundo? ¿Qué pasa en la Iglesia? Ocurre que con la televisión, la comodidad y los viajes, se nos hace olvidar lo esencial, como a tontos que con un juguete olvidamos el resto del mundo que nos rodea y sólo nos interesa el juguetito.
Estamos grandes para que nos engañemos con el juguete de la televisión, con el de los placeres, la fornicación, y la pornografía, que no hacen más que envilecernos, estupidizarnos, enceguecernos para que cuando surja alguien que diga la verdad como es, entonces parezca loco. Pues aun a riesgo de parecer loco como Don Quijote, hay que defender el ideal cristiano de la verdad. En eso consiste el verdadero significado del Quijote. Es preferible pasar por demente, que poco importa, o por haber perdido la cordura en nombre de la verdad y el ideal de la justicia de Dios, pues esa sería la locura de la cruz de San Pablo y no andar muy cuerdos con el mundo, que eso hoy sería un signo negativo.

Que la Iglesia y un Papa tengan buena prensa es signo negativo, porque ésta está en manos del demonio, del judaísmo que quiere atacar lo que sea católico, y si no lo agrede y lo alaba es porque ese personaje es todo lo contrario, lo mismo para todo lo que ensalzan los medios de difusión. En cambio, monseñor Lefebvre fue desacreditado y difamado hasta el último momento, condenado por el judaísmo internacional en nombre de los derechos humanos.

No olvidemos todas estas cosas para que permanezcamos fieles; afrontemos este año que ya comenzó, no claudicando a la mitad del camino, y si nos tocara morir, hacerlo de pie, con altura, con honor, en defensa de la verdad, de Cristo Rey y de la Iglesia, la Santa Madre Iglesia.
Pidámosle a nuestra Señora que nos ayude a ver con claridad todas estas cosas y a permanecer fieles a la Santa Iglesia y a nuestro Señor Jesucristo. +

BASILIO MERAMO PBRO.
1 de enero de 2002

domingo, 28 de diciembre de 2014

Domingo de la Intraoctava de Navidad se celebra la Solemnidad de LOS SANTOS INOCENTES MARTIRES




    ¿Quién en su sano juicio podría pensar que el VERBO DIVINO, consubstancial a la Santísima Trinidad, Omnipotente y Sempiterno "tuviese" que haberse escondido o sentido miedo ante una humana aunque perversa criatura, como Herodes?

     La Divina intención que además de patentizar con sangre de mártires su humano advenimiento, en aquel humilde portal de Belén y tras la adoración de los tres sabios de oriente, en su libérrima voluntad también permitió que la corona del martirio fuese ceñida en las sienes de las víctimas de la ambición, temor y brutalidad de Herodes, concediéndole a aquellos a quienes la Una Santa Católica Apostólica y Romana Iglesia, venera en este día, como  la corona en aquellos inocentes que dieron sus vidas aun sin su voluntad,  como principio del advenimiento de DIOS, hacia este mundo pecador;      Y como figura específica de "quienes son como niños es el reino de los cielos", aludiendo exprofeso no a la edad sino a la inocencia, a la humildad, y sobre todo a la caridad;    Nadie que no se revista de este vestido permanecerá en las bodas del Cordero, sino que será expulsado y arrojado a las tinieblas eternas, así pues todo falso humilde,. todo falso caritativo, y todo falso inocente, corre el riesgo inminente de ser reconocido por el Pater Familias.

    Mantengamos la lámpara con aceite, pero revestidos para la ocasión, asegurándonos a cada paso, que sea exacto el vestido para las bodas del Cordero, porque así en el cada vez más cercano Retorno de Nuestro Señor JesuCristo, únicamente de los que sean como ellos, será el reino de los cielos, y toda humana dignidad, todo presbiterato o sacerdocio, o toda publicidad serán descubiertos, todo falso resistente o todo falso cristiano será arrojado y echado al fuego.


      DE LA CATENA AUREA:


Mt 2, 13-15
Después que ellos se fueron, he aquí un Angel del Señor apareció en sueños a José, y le dijo: "Levántate y toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y estáte allí hasta que yo te lo diga. Porque ha de acontecer que Herodes busque al niño para matarle". Levantándose José, tomó al niño y a su madre de noche, y se retiró a Egipto. Y permaneció allí hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta, que dice: De Egipto llamé a mi Hijo. (vv. 13-15)


Mt 2, 16
Entonces Herodes, cuando vio que había sido burlado por los Magos, se irritó mucho, y enviando hizo matar todos los niños que había en Belén y en toda su comarca de dos años y abajo, conforme al tiempo, que había averiguado de los Magos. (v. 16)
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 2
Después que el pequeño Jesús subyugó a los magos, no con un poder corporal, sino con la gracia del Espíritu, Herodes se llenaba de furor, porque no había podido conquistar, a pesar del brillo y esplendor de su trono, a aquéllos a quienes el pequeño Jesús había deslumbrado recostado en un pesebre. Los desprecios de los magos añadieron nuevos motivos a su furor, y esto es lo que significan aquellas palabras: "Entonces Herodes, cuando vio que había sido burlado por los magos, se irritó mucho". La cólera de los reyes es grande e inextinguible cuando nace del deseo desordenado de reinar. ¿Pero qué es lo que hizo? Enviando, hizo matar a todos los niños. A la manera que la bestia herida despedaza todo cuanto encuentra a su paso creyéndola causa de su daño, así él, engañado por los magos, descargaba su furor sobre los niños. En medio de su furor pensaba: "Indudablemente los magos han encontrado al niño que decían había de reinar", porque un rey lleno de la ambición de reinar, lo sospecha todo y todo lo teme. Por eso mandó matar a todos los niños, para quitar de en medio a uno solo por la muerte de todos.
San Agustín, in sermonibus de Epiphania
Y mientras él persigue a Cristo, rey contemporáneo de este rey perseguidor, le dio un ejército resplandeciente de mártires.
San Agustín, in sermonibus de Epiphania
Jamás este enemigo terrenal hubiera podido tributar a estos bienaventurados niños los beneficios que les tributó con su odio, porque mientras mayor fue el odio con que les persiguió, más abundante fue la gracia que los beatificó.
S. Agustín, sermones, 373,3
¡Oh bienaventurados niños! Solamente podrá dudar de la corona que habéis merecido con vuestro martirio por Cristo, aquel que dude de la gracia que los niños reciben con el bautismo de Cristo. El que pudo tener ángeles para que lo anunciaran, magos para que lo adorasen, hubiera podido también arrancarles de esta muerte sufrida por El, si no hubiese sido porque sabía que esta muerte no era la ruina sino el triunfo de aquellos niños. Lejos de nosotros el pensar que al venir Cristo para la salvación del mundo, no hubiera hecho nada para salvar a aquellos que dieron su sangre por El, que pendiente de un madero rogó por los mismos que lo crucificaban.
Rábano
Pero Herodes no se contentó con llenar de luto y desolación a Belén, sino que llevó la muerte a los lugares vecinos, y sin tener compasión alguna por la tierna edad, hizo matar a todos los que tenían desde una sola noche de nacidos hasta los que contaban con dos años. Y esto es lo que se nos quiere decir por estas palabras: "En Belén y en toda su comarca de dos años y abajo".
San Agustín, in sermonibus de Epiphania
Los magos no habían visto pocos días antes esta estrella desconocida, sino que hacía dos años, como se deduce de la respuesta que dieron a Herodes. Por eso este rey hizo matar a todos los niños de dos o menos años de edad, por eso añade el texto sagrado: "Conforme al tiempo que había averiguado de los magos".
San Agustín, in sermonibus de Epiphania
Tal vez temía que este niño, a quien las estrellas obedecían, cambiase su edad para ocultarse y hubiese tomado la forma de una edad mayor o menor, y por eso parece que mandó matar a todos los niños de dos años hasta los que sólo tenían un día.
San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,11
Quizá Herodes, embargaba su pensamiento en matar a los niños, pero por peligros que veía muy de cerca dilató aquella matanza. O tal vez pudo creer que los magos, engañados por la apariencia de una falsa estrella, tuvieron vergüenza de volverse a él sin haber encontrado al niño. Así, depuesto todo temor, Herodes dejó de perseguir al niño, y de esta manera, cumplidos los días de la purificación, sus padres pudieron con toda tranquilidad subir al Templo 1. ¿A quién puede extrañar que un rey ocupado en tantas cosas no advirtiese este acontecimiento? Y sólo más tarde, cuando se divulgó todo lo que había acontecido en el Templo, Herodes comprendió que había sido engañado por los magos. Entonces fue cuando comenzó la matanza de tantos niños, como refiere el evangelista.
Beda, homilia in Nat. innocent
La muerte de estos niños fue una profecía del sacrificio de todos los mártires de Cristo. Este martirio de niños nos enseña que por la humildad es por donde se consigue la gracia del martirio. El martirio, que se extiende desde Belén a todas las cercanías, prefigura la persecución que desde Judea, cuna de la Iglesia, debía extenderse por toda la tierra. Los mártires de dos años representan a los mártires perfectos en la doctrina y en las obras; los de menos de dos años, a las almas sencillas que sufren por la fe. Que ellos fuesen sacrificados y que Cristo escapase de manos de sus perseguidores, nos enseña que los impíos pueden hacer perecer los cuerpos de los mártires, pero no separarlos de Cristo.
Notas
1. Los Evangelios no son historias biográficas a las exigencias del estilo moderno. Así, no todo aparece en clara secuencia. El p. Reboli en su comentario destaca que hay cuatro posiciones frente a la fecha en que los magos llegaron a Jerusalén. 1) Poco después del nacimiento del Señor y antes del rito de la Purificación. 2) Después de la Presentación en el Templo. 3) Dos años después del nacimiento. 4) Un año después. "Lo más probable es que los magos vinieron después de la presentación ", dice.

Mt 2, 17-18
Entonces fue cumplido lo que se había dicho por Jeremías el Profeta, que dice: Voz fue oída en Ramá, lloro y mucho lamento. Raquel llorando sus hijos, y no quiso ser consolada, porque no son. (vv. 17-18)
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 9
Después de habernos llenado de horror con la narración de tan sangriento martirio, el evangelista, para calmar un tanto esta desagradable impresión, nos manifiesta que todas estas cosas no sucedieron porque Dios no pudiera impedirlo o porque las ignorase, sino según lo había anunciado por boca de su profeta. Por ello dice: "Entonces fue cumplido".
San Jerónimo, in Ieremiam, 31,15
San Mateo no refiere este pasaje conforme al texto hebreo, o conforme a los Setenta, lo cual prueba que los evangelistas y los apóstoles no siguieron la interpretación de nadie sino que expresaron, como hebreos que eran y en su misma lengua, lo que según ellos contenía el texto hebreo 1.
San Jerónimo, in Matthaeum
No debemos tomar a Ramá 2 por el nombre del lugar que se encuentra cerca de Gueba. Ramá quiere decir alto, como si dijera: "Voz fue oída en lo alto", es decir, desde muy lejos.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 2
Tal vez porque se trataba de la muerte de los inocentes, se dice que se oía en las alturas conforme a aquellas palabras: "La voz del pobre penetra las nubes" ( Eclo 35,21). La palabra lloro, significa el llanto de los niños, y lamento, los lamentos de las madres. El dolor de los niños acaba con la muerte, pero el de las madres se renueva siempre con la memoria. Por eso dice: "mucho lamento. Raquel llorando sus hijos".
San Jerónimo, in Matthaeum
Habiendo nacido Benjamín de Raquel, a cuya tribu no corresponde Belén, podría preguntarse por qué Raquel lloraba como a sus propios hijos a los hijos de Judá, esto es, a los de Belén. A esto podría responderse brevemente que fue enterrada cerca de Belén, en Efratá, y tomó el nombre de madre del lugar donde descansaban sus restos. O que, siendo Judá y Benjamín dos tribus unidas, y habiendo mandado Herodes dar muerte a los niños no sólo de Belén sino de todos sus confines, el hablar de la matanza en Belén, puede entenderse que también fueron sacrificados muchos niños de la tribu de Benjamín.
Ambrosiaster, quaestiones Novi et Veteri Testamenti, q. 62
O por último, que los hijos de Benjamín, destruidos en otro tiempo por las demás tribus y extinguidos para siempre, fueron objeto del llanto de Raquel al contemplar la suerte de los hijos de su hermano, muertos para heredar la vida eterna. Siempre el infortunado lamenta sus propias desgracias en presencia de la felicidad ajena.
Remigio
Para pintar el evangelista con colores más vivos la magnitud del dolor, dijo que aun después de muerta Raquel había llorado a sus hijos y no quiso ser consolada porque ya no son.
San Jerónimo, in Matthaeum
Esto puede tener dos sentidos: o bien que ella los creía muertos para siempre, o bien que no quería recibir consuelo de aquellos que sabía que habían de ser vencedores. Así, el sentido de las palabras: "No quiso ser consolada porque no son", es éste: no quiso ser consolada de que no existiesen.
San Hilario, in Matthaeum, 1
No es cierto que hubiesen dejado de existir aquellos que se tenían por muertos. La gloria del martirio los había transportado a la vida de la eternidad. Debía, pues, ofrecerse consuelo por una cosa perdida, no por una cosa acrecentada. Raquel era la figura de la Iglesia, por mucho tiempo estéril y ahora fecunda; no gime y llora por los hijos que le han arrebatado, sino porque le han arrebatado a los que ella hubiera querido conservar como a hijos suyos muy queridos.
Rábano
Puede también significar a la Iglesia que llora a los santos muertos a este mundo. Y no desea ser consolada como si los que vencieron al mundo con la muerte fueran a ser llamados de nuevo a los mismos combates, porque ciertamente no han de volver al mundo.
La glosa
Tal vez no quiera ser consolada en este mundo porque no son, y pone todo su consuelo y su esperanza en la vida eterna.
Rábano
Raquel -cuyo nombre significa oveja, o el que ve-, es figura de la Iglesia, cuyo único deseo es contemplar a Dios. Es también la centésima oveja que el pastor lleva sobre sus hombros.
Notas
1. La posición de San Jerónimo, que escribía en el siglo IV, en extremo sensible respecto del texto de la versión hebrea es bien conocida. Sin embargo, no fue compartida por muchos Padres. Desde la hodierna crítica neotestamentaria, el p. Pierre Benoit, O.P., concluye: "El Nuevo Testamento sigue la mayoría de las veces a los Setenta sin preocuparse del hebreo; e incluso cuando hay divergencia substancial, no vacila en apoyarse en el griego en una argumentación de alcance dogmático. En realidad, la situación es compleja. Los autores neotestamentarios recurren a veces al texto hebreo; así un determinado estrato de Mateo. Con frecuencia citan de una manera bastante libre, que no es idéntica ni al hebreo ni al griego; así Pablo. En conjunto, adoptan más bien los Setenta como texto que goza de autoridad desde el comienzo de la Iglesia".
2. Ramá es el nombre propio de una villa que se encuentra a 8 km. al norte de Jerusalén donde se habían reunido los que habrían de ser exiliados después del triunfo de Nabucodonosor. Raquel había sido enterrada no lejos de Belén. Según el sentido típico, Raquel una segunda vez llora amargamente, en esta ocasión por las inocentes víctimas de Herodes. (Reboli.)

Alberto González
MARANATHA.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Natividad del Señor




Por eso, al pronunciar el nombre de nuestro Señor Jesucristo no queda más que arrodillarse y adorarlo como a Dios, como al Verbo Encarnado. Es lo sublime de la religión católica que excluye toda falsa religión, todo otro nombre, toda otra posibilidad de salvación, cualquier otra iglesia, y eso hay que reafirmarlo hoy en medio de tanta confusión en materia religiosa, de salvación y en materia de gracia. Por eso San Juan es taxativo, no deja lugar a dudas, proclama esa fe y la generación eterna de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que es lo que quiere significar esta tercera Misa, la generación eterna en Dios del Verbo que procede del Padre; el Padre que le engendra desde toda la eternidad, desde siempre, y que por ese Verbo se han hecho todas las cosas; el universo y toda la creación converge en nuestro Señor Jesucristo. Es Rey de Reyes, Cristo Rey.

Desgraciados aquellos hombres y pueblos que no quieren someterse al suave yugo de nuestro Señor y no quieren reconocerle. Y ¡maldita, mil veces maldita sea la libertad religiosa que le niega el derecho de exclusividad a nuestro Señor! Por eso, es una herejía el ecumenismo que flagela y destruye la Iglesia, que pretende destruir la majestad de Dios y eso el mundo no lo ve, porque no tiene fe; no se consideran estas verdades a la luz sobrenatural de la fe y por eso la Iglesia está siendo cada vez más reducida a un pequeño rebaño fiel a nuestro Señor.
No podemos dejar pasar sin advertirlo, debemos estar vigilantes, que no en vano festejemos la Natividad de nuestro Señor. Si Él no es el Cristo, si Él no es el Ungido, ¿quién es el Verbo de Dios entonces? Habría que ver qué significado tiene la Navidad. Toda la religión católica caería por tierra. Se socavan la religión y la Iglesia católica al permitir la posibilidad de salvación no en el nombre de Cristo sino en cualquier falsa religión, como era lo que proclamaba esa falsa santa: la Madre Teresa de Calcuta.

Y que Dios y ustedes me perdonen, mis estimados fieles, pero es la verdad a la luz de la fe; ¿cómo es posible que el apostolado de ella consistiera en que cada uno se puede salvar, ya sea un buen pagano, un buen musulmán o un buen judío? Eso es filantropía, no es la caridad de Dios que debe predicar a Cristo; el apostolado es atraer a los infieles y a todos los hombres al nombre de nuestro Señor Jesucristo; ese es el apostolado de la Iglesia y no lo que hoy se predica, “que cada uno sea bueno en su creencia, según su conciencia”. ¿Cuál conciencia? La inconsciencia que da un mundo impío y ateo que por orgullo no quiere reconocer la sumisión y la sujeción de todos y de cada uno de nosotros a nuestro Señor Jesucristo y proclamar que Él es el Rey de Reyes, que es la revelación del Padre como acabamos de ver en la epístola; antaño, y como pasó en todo el Antiguo Testamento, Dios hablaba a través de los profetas, pero después ya no habla a través de los profetas sino a través de su Verbo mismo, de su Palabra que es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, la Palabra de Dios, eso quiere decir el Verbo, el Hijo de Dios.

No es posible perder la noción de estas verdades fundamentales, necesarias para ser católicos; es un ejemplo de cuán diluida está la doctrina y la verdad católica, el fundamento de nuestra sacrosanta religión; y cuán profanado el nombre de Jesús, su cruz y su Iglesia. Debemos reanudar esos principios fundamentales de nuestra religión para que nuestra fe se enaltezca, sea pura e inmaculada; una fe afirmativa, no una fe diluida; una fe que ya no es fe sino un puro sentimiento religioso, eso no es fe sobrenatural, a ese sentimiento religioso no se le puede llamar ni considerar jamás fe, y ese es el concepto de fe de los protestantes, un sentimiento avalado por la conciencia y la libertad del hombre; y ¿cómo es posible que hoy se enseñen todas estas cosas, que destruyen la fe y hacen que las tinieblas en el mundo sean más densas que cuando vino la luz, nuestro Señor en persona, a disipar las tinieblas del mundo?

Por tanto, no hay autoridad en la Iglesia y no la puede haber jamás si va en contra de la luz, de la verdad y de la doctrina católica. Lo que hay, cuando no se cumple con el sacrosanto deber, es una claudicación; caiga la piedra a quien le caiga, pero lo debemos tener claro para seguir profesando la fe católica, apostólica y romana, para seguir perteneciendo a la Iglesia de Dios, a la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, y no que nos abracemos en un sincretismo religioso “sin dogmas que dividan en unión con todos los hombres” en la sinagoga de Satanás, que es la obra del judaísmo, obra de la masonería; esa no es la Iglesia católica.

De esta tribulación, creemos que saldrá la Iglesia acrisolada, purificada, pero hay que cuidarnos de no ser consumidos en esa purificación; para no ser consumidos y destruidos tenemos que permanecer con la llama de la fe encendida y que no se diluya en un sincretismo religioso del cual la Iglesia es una de tantas creencias más; eso es lo que propaga el ecumenismo, eso es lo que significan esas reuniones y ceremonias inter religiosas de Asís y de la misma Roma, profanando la tumba de San Pedro, primer Papa de la Iglesia católica. Todo esto nos hace reflexionar para que esta Navidad sea una proclamación de fe, un acto de fe vivido y no un sentimiento religioso o una opinión sino un dogma de fe, porque la proclamación de la fe implica nuestra salvación.
Esta es la época de apostasía que nos tocó sufrir: oscuridad, tinieblas, con muy poca luz, apagándose la fe que todavía queda en los fieles que, perdidos y descarriados, vagan como ovejas sin pastor; hay que alimentarlas con el pan de la verdad y la verdad es Dios y Dios es nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que proclama como un águila San Juan evangelista, el discípulo amado, el discípulo preferido y además primo de nuestro Señor, como atestiguan los Padres de la Iglesia.

Pidámosle a nuestro Señor esa fe en Él, que nos santifica; no puede haber obra de santificación si no hay fe, y sin fe no puede haber caridad ni amor a Dios; por tanto, la fe es esencial, es uno de los fundamentos de la Iglesia católica y esa fue la fe que tuvo nuestra Señora. Ella, que creyó como ningún otro mortal en la divinidad de su Hijo, siendo Ella una criatura, por lo que se consideraba a sí misma indigna de tan altas grandezas a las cuales Dios la llamó, a lo que apenas supo contestar: “Soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Sierva de Dios, como quien dice la sirvienta de Dios, eso es la criatura ante Dios, somos siervos y Dios nos llama a ser hijos, asimilándonos a nuestro Señor Jesucristo y que por lo mismo se nos da en el Pan Eucarístico, en la Sagrada Hostia; eso significa la Comunión, no es un pedazo más de pan, como lo creen hoy.

¡Hasta dónde hemos llegado y quién sabe hasta dónde llegaremos en la destrucción y demolición de la Iglesia! por obra y mérito de los mismos pastores, de la misma jerarquía; eso es lo terrible y doloroso. Debemos aferrarnos cada vez más a nuestra Señora para que Ella nos proteja, nos conforte y nos consolide en la fe y en el amor a su Santísimo Hijo. +

BASILIO MERAMO PBRO.
25 de diciembre de 2000

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Pésele al Hereje de turno....


     Independientemente de que la acomodaticia herejía y traidora de Felón, acuerdismo;    o la falsa resistencia del oxfordiano Williamson "acuerdismo light", estén devastando al pequeño rebaño apocalíptico, este último, Williamson, con el apoyo herético del teodontólogo de la patagonía, con sus herejías de la "presencia apartente" en SU falso sacramento eucarístico o su otra teoría herética de Odo Casel  de "concomitantes sacramentos parciales" con el resultado visible de nula apología ante las falsas resistencias en la hoy mermada radio ceriandad, y aunque no les guste la única verdad es que el Advenimiento de Nuestro Amado Redentor, que comenzó en la "Casa del Pan" está a punto de culminar con su gloriosa Parusía,  todo parece apuntar a que el próximo año 17 sería una aproximación idónea, si bien es cierto que "Nadie sabe el día ni la hora" no menos cierto es "El que tenga ojos que vea, el que tenga inteligencia calcule"  Así pues no solo convergen los 6000 años de la creación el 2 de Octubre de 2016, sino que también tiene lugar la preclusión del cómputo del Santo Profeta Daniel, el centenario de Fátima, la preclusión del "segundo medio tiempo más" del binomio Anas-Caifás modernista, sino que hay varias y contables señales que apuntan indefectiblemente para el citado año, la única verdad aunque le pese a los impotentes y de suyo a quien le pese, el Reino material y físico de Nuestro Señor JesuCristo durante los 1000 años prometidos por el mismo y eternamente en la casa de Jacob, están a punto de ser implementados, eliminando no solo las falsas y demoniacas Iglesias, sino a la misma Gran Ramera, a todo sectario y hereje (¿Acaso encontrará la Fe?).

     Es menester imperioso que las cinco vírgenes prudentes, además de no fornicar con los reyesuelos del mundo, no fornicar con la gran ramera, no fornicar con falsas resistencias, no fornicar con falsas ideas heréticas, también conserven la gracia (aceite de la lámpara) y aun con el riesgo de sorprender a quienes no pueden ver las intenciones porque una vez en el convite de las bodas podremos escuchar (DIOS no lo permita) la terrible frase:  "AMIGO COMO HAS ENTRADO SIN EL TRAJE DE BODAS, ATADLO Y HECHADLO FUERA".

     Tanto felonistas, como williamsonianos, impotentes, y sedevacantontos, o con todo aquel apegado por una estúpida y mal entendida conveniencia sacramental, como son el caso de Luisito malsano y del estimado Faisán, que en lugar de defender al único y verdadero Cristo hoy se dedican a publicar románticas poesías, están en grave riesgo de un ulterior destino de infierno.   Esperemos en DIOS que por el nacimiento (encarnación) de su Divino hijo, parte consubstancial del mismo DIOS y el Espíritu Santo, se puedan alumbrar estas falsas vírgenes que son especialistas en ver la paja del ojo ajeno, que empero no se dan cuenta de los efectos antiapologéticos de su decadente paracristiano baluarte, porque ya comienza a parecer que todo está perdido.

    Apiádate Señor de nosotros  y ven ya.


     SEA PARA GLORIA DE DIOS
     Alberto González.

VIGILIA DE NAVIDAD


Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:

En este domingo festejamos la Vigilia de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, y narra el Evangelio la duda que embarga a San José ante el gran misterio de la Encarnación, misterio que él desconocía; por tanto, tenía el propósito de abandonar secretamente a su legítima esposa, abandonarla en secreto porque los judíos acostumbraban repudiar a la mujer adúltera y para evitar ese escándalo, pensaba, sin difamarla, dejarla en silencio, viéndola encinta y sabiendo por demás, que era una santa mujer y que se habían casado prometiéndose mutua virginidad.


La ley natural nos dice que si una mujer está encinta, es porque ha tenido relación marital con un hombre; la Santísima Virgen no podía revelar lo acontecido en Ella porque era a Dios a quien correspondía anunciarle a su esposo; Ella debía guardar silencio sabiendo que Dios proveería lo que fuese necesario, incluso, el hecho de advertir al casto, puro y virtuoso San José, quien según la Tradición de la Iglesia era primo hermano de la Virgen María6. San José, pues, ante aquel misterio decide abandonarla en secreto para no hacerle daño, para que los judíos no la lapidasen;
no difamarla, pues le constaba que era pura y santa; sin embargo, ya que no puede entender, con virilidad decide distanciarse, hasta que un ángel del cielo le aclara el misterio anunciándole que aquello era obra del Espíritu Santo y que recibiese a la Virgen en su casa como a su legítima esposa.


Esta actitud de San José, que nos puede extrañar, incluso escandalizar, si somos piadosos en apariencia, porque la verdadera piedad es viril (fuerte) también en la mujer, como la piedad de Santa Teresa la grande, porque la virtud da esa fortaleza de espíritu tanto en el hombre como en la mujer; la misma palabra virtud quiere decir fuerza, vigor, uirtus. San José, entonces, en lugar de hacer consideraciones aparentemente piadosas "... como es una santa mujer, eso será hinchazón, será inflamación u otra cosa...", no entiende y decide tomar distancia.


Esa actitud tendríamos que tenerla en cuenta estimados hermanos, a lo largo de toda nuestra vida, para esas ocasiones difíciles, sobre todo en épocas como en la que nos ha tocado vivir. Cuando no entendamos y estemos ante una contradicción o un misterio, y más aún, cuando estemos ante un misterio de iniquidad como el que realmente se vive, nos sirve ser viriles y adoptar el ejemplo de San José: ante el error introducido en la Iglesia -preñada de errores cuando no de herejías-, siendo un contrasentido, ya que la Iglesia es santa, es pura e inmaculada, pasando por alto los errores personales que tengan sus miembros. Los errores doctrinales que
afectan a la institución en sí misma constituyen un misterio de iniquidad en la Iglesia. El católico, si ama a Nuestro Señor debe tomar distancia, alejarse en silencio para conservar la fe y no excusar el error ni aceptarlo, como desgraciadamente hacen muchas personas encubiertas con apariencia de piedad, como les pasa a muchos sacerdotes que justifican el error y la contradicción.


Y este ejemplo de San José: él, que no podía pensar mal de la Santísima Virgen María; él, que sabía que era una mujer inmaculada, la ve encinta y decide dejarla, y lo hubiera hecho, pero el ángel le retiene. Entonces, ¿cómo es que nosotros - católicos- que sabemos que la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, como institución divina no puede enseñar el error y menos la herejía?, aceptemos esa contradicción, esa infamia, esa blasfemia, la de cohonestar con una Iglesia que no es ni pura ni santa ni inmaculada. Hay que imitar a San José.


Y esa fue la actitud que asumió Monseñor Lefebvre: tomó distancia, no aceptó bajo ningún concepto el error y la contradicción, se adhirió a la Tradición para mantenerse fiel y fundó una asociación de sacerdotes fieles a la verdadera Iglesia, porque la verdadera y única Iglesia no puede como institución albergar ni enseñar el error en su doctrina, en sus sacramentos y en su moral. Otra cosa son los errores humanos de sus miembros, pero ya no es la institución quien falla sino los hombres, la parte humana. Nosotros no podemos aceptar lo que actualmente se
presenta ante nuestros ojos como Iglesia oficial henchida de errores y herejías. Por esto, la valentía de San José viene a servirnos de ejemplo para mantenernos fieles al Evangelio, para que Nuestro Señor Jesucristo reine en su Iglesia y en nuestros corazones; aunque nos consideren cismáticos, o como ellos quieran considerarnos, ya que "cisma", como decía Monseñor Lefebvre, "si es que lo hay, no soy yo el cismático sino aquellos que no son fieles a la Tradición de la Iglesia siendo la innovación la que posibilita, y de hecho así lo ha sido, el error, llevando a los fieles a
la apostasía".


Por lo mismo, debemos cuidarnos de organizaciones que parecieran responder a mensajes del cielo y que pueden no ser verdad, porque son susceptibles de adulteración en el camino; me refiero al Movimiento Mariano del padre Gobbi, Movimiento Sacerdotal Mariano, suscitado aparentemente por Nuestra Señora quien revela cosas muy ciertas con las cuales estoy de acuerdo, salvo en un punto que me parece esencial, fundamental: ¿cómo es que Nuestra Señora no diga nada de la Santa Misa? Que ellos se mancomunen en concelebraciones y celebraciones de
la nueva misa, teológicamente es absurdo. Entonces, ese es un punto clave. Otro es el siguiente: ¿cómo es posible que reconociendo, por ejemplo, que en la Iglesia hay una gran confusión, desobediencia, error y herejía, incluso apostasía, cubra las espaldas a los principales responsables de esa apostasía? Eso no puede ser.


Necesitamos más que nunca manejar un concepto sobrenatural claro de lo que es la Iglesia y su doctrina y necesitamos también el virtuosismo de San José ante el error que la invade y que bajo el peso de la obediencia a la jerarquía y a la autoridad, quieren hacer prevalecer por encima de la verdad. Ese es el gran misterio de iniquidad y por eso digo que Nuestra Señora no puede ocultarlo.



Pablo VI firmó todos los decretos y declaraciones del Concilio Vaticano II, no se le puede eludir la responsabilidad que le corresponde; o también a Juan Pablo II, que no ha hecho más que favorecer el error difundiendo el Vaticano II, mientras que reprime y estrangula la verdad y la tradición de la Iglesia. No puede haber plena unión en la verdad en aquellas cosas que parecen correctas y con las que podríamos estar muy de acuerdo, si no se dice toda la verdad y, más aún, cuando se encubre con el manto de la Virgen a los culpables. La autoridad tiene una obligación y se peca no solamente por acción sino también por omisión; la autoridad que no reprime al mal se convierte en su cómplice, hace que el mal se vuelva impune y, así, es más condenable que el mismo criminal. Y si eso acontece en el orden natural, cuánto más en el orden sobrenatural de la Iglesia, estando la autoridad para combatir el error y para enseñar y afianzar la verdad infaliblemente y si eso no lo hace un Papa, peca con un pecado de lesa majestad contra la Iglesia y la verdad, que es Dios, y eso no lo puede encubrir Nuestra Señora.


Monseñor Lefebvre, ese santo Obispo, y santo no solamente por decirlo para significar una gran vida de santidad, sino santo con todas las características de aquellos santos dignos del altar, porque incluso por su intercesión se han hecho algunos milagros, pero que ha sido vilmente atacado por haber cometido el gran pecado de ser fiel a la Santa Madre Iglesia Católica, siguiendo él ese ejemplo de firmeza y de virilidad de San José al no querer aceptar el error.


En estos momentos de la Vigilia de Navidad, en que esperamos nazca nuevamente Nuestro Señor, esperamos también su segunda venida. La Navidad carecería de sentido si no tuviésemos presente cada año en esta fecha la segunda aparición de Nuestro Señor glorioso y majestuoso con la cual completa y corona su primera venida y toda la obra de la Redención.


Pidámosle a la Santísima Virgen María que nos ayude a festejar una Navidad en paz con Dios y con los que están a nuestro alrededor si eso es posible, manteniendo la fe pura, la fe inmaculada cual pura e inmaculada fue la Santísima Virgen María que albergó la palabra de Dios en su seno.



BASILIO MERAMO PBRO.
24 de diciembre de 2000