San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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martes, 12 de agosto de 2014

R.P. BASILIO MERAMO: REFUTACIÓN AL ARTICULO DEL P. BOULET PUBLICADO POR NON POSSUMUS



Dado que en el blog Non Possumus se insiste en considerar el sedevacantismo
como peligroso y cismático con la reciente publicación del P. Boulet: “¿Está
Vacante la Sede?”, creo que hay que hacerles saber a los fieles que eso se
corresponde con el artilugio de haber satanizado el tema haciendo un tabú y un
estigma.

De una parte no se distingue que haya un sedevacantismo visceral, categórico,
dogmatizante, que irónicamente parte del mismo concepto erróneo y papólatra de
los antisedevacantistas. Papolatría que consiste en divinizar o cuasi divinizar la
persona del Papa, haciéndola indefectible siempre en la fe, por lo cual se hace
impecable, siendo imposible que se desvíe en la fe y así es inmune ante todo cisma,
herejía o apostasía. La infalibilidad sería así idéntica a la impecabilidad.

Todo esto por entender mal las promesas de Nuestro Señor (Lc. 22, 32) así como la
misma infalibilidad del Papa y a lo cual se suman una errónea concepción del
axioma la suprema sede por nadie puede ser juzgada y que es de fe que este Papa
hic et nunc (aquí y ahora) es verdadero y legítimo Papa, de tal modo que todo el
que no esté con el Papa es un cismático por lo menos, si es que no es un hereje.

De aquí el tácito y oculto deseo de muchos de los tradicionalistas (sacerdotes y
fieles) de procurar a todo precio, guardar un contacto la Roma modernista,
apóstata y anticristo, y obtener una aprobación o reconocimiento que los certifique
como católicos; por eso las expresiones tan conocidas “si el Papa me llama voy
corriendo”, o un poco más veloces, “si el Papa me llama, me voy en avión”, como
también, “si no se va a Roma se es cismático”, viéndose, además, obligados a decir
que lo que está en Roma es la legítima autoridad, por más que la evidencia de los
hechos nos muestre una fe y una religión adulterada y ante una Nueva Iglesia
Conciliar.

A esto se suma el otro axioma: “donde está el Papa está la Iglesia”; si todo esto no
se estudia bien teológicamente nada de raro que se caiga en graves errores sobre el
tema tal como hoy acontece. La mediocridad teológica así aparece en todo su
esplendor pontificando una vez más en el error bajo apariencia de verdad y defensa
de la fe.

Se confunde de otra parte, infalibilidad, con impecabilidad del Papa en materia de
fe; se toma además como un dogma o cuasi dogma de fe que tal o cual Papa aquí y
ahora, es verdadero Papa, al igual que muchos incautos, por ignorancia teológica
piensan que es de fe que en esta Hostia está la Presencia Real, substancial y
personal de Nuestro Señor Jesucristo (cuerpo, sangre, alma y divinidad) cuando en
realidad lo que es de fe es que toda Hostia (sin determinar ésta o aquella) está la
Presencia Real, si ha sido válidamente consagrada; lo mismo ocurre con el Papa,
que es de fe que todo legítimo sucesor de Pedro, es Papa y no que éste o aquel,
(teniendo sólo la garantía de éste o aquel Papa, cuando ha sido canonizado).


La discusión entre los teólogos sobre el tema de la Sede Vacante, prueba que ella es
teológicamente posible, aunque no estén de acuerdo en la solución (el cómo y el
cuándo).

El único que lo negó, fue Albert Pighi en contra de la Tradición de la Iglesia al
respecto; posición que San Alfonso María de Ligorio equiparaba en el extremo
opuesto a la de Lutero y de Calvino.

De todos modos no se percatan de que entran en el juego dialéctico entre
sedevacantismo (visceral) y antisedevacantismo (también visceral) urdido por
Roma modernista apostata y anticristo (si nos atenemos a los términos empleados
por Mons. Lefebvre al nombrarla) que quede eclipsado o sepultado la
consideración teológica de la sede vacante, y así poder continuar pontificando en
el error para seguir socavando y adulterando la fe y la Iglesia.

El P. Boulet menciona la obra de Da Silveira, pero parece olvidar o no tener en
cuenta lo que allí el autor expone y concluye, lo cual se verá en los siguientes textos:

“Contra esta primera sentencia se puede alegar, por un lado, que el citado pasaje
de San Lucas (22,32) es en general aplicado únicamente a las enseñanzas
pontificias que envuelven infalibilidad; y por otro lado, que son numerosos los
testimonios de la Tradición en favor de la posibilidad de herejía en la persona del
Papa”. (Implicaciones Teológicas y Morales del Nuevo Ordo Missae, obra
mimeografiada por el autor en Junio de 1971, Sao Paulo-Brasil, Arnaldo Vidigal
Xavier Da Silveira, p.146).

“En cuanto al sentido exacto del texto de San Lucas, numerosos teólogos contestan
que para el cumplimiento de la promesa de Nuestro Señor, basta que no existan
errores en los documentos infalibles. Así concluyen que no hay razón suficiente
para juzgar que la confirmación de los hermanos postula también la
indefectibilidad de la fe del Papa como persona privada. He aquí como Palmieri,
por ejemplo, expone este argumento: ‘(...) no es necesario que la fe indefectible sea
en realidad distinta de la confirmación de los hermanos, pero basta que se distinga
por la razón. Pues si la predicación de la fe auténtica y solemne es infalible, puede
confirmar a los hermanos; por eso, una única es la fe infalible y la que confirma;
siendo infalible, goza ella también del poder de confirmar. La indefectibilidad del
pontífice en la fe fue pedida para que él confirmase a sus hermanos; luego, de las
palabras de Cristo sólo se puede inferir como necesaria aquella indefectibilidad que
es necesaria y suficiente para la consecución de ese fin y tal es la infalibilidad de la
predicación auténtica’ ”. (Ibídem, p.147).

“Condenando a Honorio como favorecedor de la herejía, el Papa San León II
(+ 683) escribió: ‘Anatematizamos también a los inventores del nuevo error:
Teodoro, Obispo de Pharan, Ciro de Alejandría, Sergio, Pirro (...) y también
Honorio que no ilustró esta Iglesia apostólica en la doctrina de la tradición
apostólica, sino que permitió, por una traición sacrílega, que fuese maculada la fe
inmaculada’ ”. (Ibídem, p.148).

Y para que no digan que los textos del Concilio III de Constantinopla (VI
Ecuménico) fueron adulterados, aquí hay otras cartas de San León que ya sería el
colmo el dicho argumento, máxime que fueron escritas para España y los textos se
supone que se adulteraron por los orientales: “En carta a los Obispos de España, el
mismo San León II, declara que Honorio fue condenado porque: ‘(...) no
extinguió, como convenía a su autoridad apostólica, la llama incipiente de la
herejía, sino que la fomentó por su negligencia'. Y en carta Ervigio, rey de
España, San León II repitió que, con los heresiarcas citados fue condenado: ‘(...)
Honorio de Roma, que consintió que fuese maculada la fe inmaculada de la
tradición apostólica, que recibiera de sus predecesores’ ”. (Ibídem, p.148).

“Entre los documentos escritos a propósito del caso del Papa Honorio, ninguno
goza tal vez de tanta importancia para nuestro tema, cuanto el pasaje citado
seguidamente, extraído de un discurso del Papa Adriano II dirigido al VIII
Concilio Ecuménico. Como veremos, cualquiera sea el juicio que se haga sobre el
caso de Honorio I, tenemos aquí una declaración pontificia que admite la
eventualidad de que un Papa caiga en herejía. He aquí las palabras de Adriano II,
pronunciadas en la segunda mitad del siglo IX, esto es, más de dos siglos después
de la muerte de Honorio: ‘Leemos que el Pontífice Romano siempre juzgó a los
jefes de todas las iglesias (esto es, a los patriarcas y obispos); pero no leemos que
jamás alguien lo haya juzgado. Es verdad que, después de muerto, Honorio fue
anatematizado por los Orientales, pero se debe recordar que él fue acusado de
herejía, único crimen que torna legítima la resistencia de los inferiores a los
superiores, así como el rechazo de sus doctrinas perniciosas’ ”. (Ibídem, p.149).

“San Bruno, Obispo de Segni y Abad de Montecassino, estaba a la cabeza del
movimiento contrario a Pascual II en Italia, no se posee ningún documento en que
haya declarado de modo insoslayable que juzgaba al Papa sospechoso de herejía.
Sin embargo, es esa la acusación que sus cartas y sus actos insinúan
inequívocamente. Escribió a Pascual II: ‘(...) Yo os estimo como a mi Padre y
señor (...). Debo amaros; pero debo amar más aún a Aquel que os creó a Vos y a
mí. (...) Yo no alabo el pacto (firmado por el Papa), tan horrendo, tan violento,
hecho con tanta traición y tan contrario a toda piedad y religión. (...) Tenemos los
Cánones, tenemos las constituciones de los Santos Padres, desde los tiempos de los
Apóstoles hasta Vos. (...) Los Apóstoles condenan y expulsan de la comunión de
los fieles a todos aquellos que obtienen cargos en la Iglesia por medio del poder
secular. (...). Esta determinación de los Apóstoles (...) es santa, es católica, y quien
quiera que la contradiga no es católico. Pues solamente son católicos los que no se
oponen a la fe y la doctrina de la Iglesia Católica. Y, por el contrario, son herejes
los que se oponen obstinadamente a aquel y a la doctrina de la Iglesia Católica’ ”.
(Ibídem, p.150).

“Por lo tanto San Ivo tenía razón al sustentar que por el mero hecho de actuar en
forma opuesta a un dogma, Pascual II no se tornaba hereje. Pero, por sus escritos,
no se ve que él haya considerado el otro aspecto de la cuestión: el actuar
continuamente en un sentido contrario a un dogma puede ser suficiente para
caracterizar al hereje. Y, por su parte, los Obispos reunidos en Vienne tenían
razón al decir que es posible caer en herejía no solo por palabras, sino también
por actos (...)”. (Ibídem, Nota 1 de la p.152). Lo cual le pasa hoy a muchos.

“En el ‘Decretum’ de Graciano, figura el siguiente canon atribuido a San Bonifacio
mártir: ‘Ningún mortal tendrá la presunción de argüir al Papa de culpa, pues,
infundido de juzgar a todos, por nadie debe ser juzgado, a menos que se aparte de
la fe. en el Dictionaire de Theologie Catholique, Dublanchy provee algunos datos
expresivos sobre la influencia de ese canon en la fijación del pensamiento
medieval respecto de la cuestión del Papa hereje (...) Inocencio III se refiere a ella
en uno de sus sermones (...). En general los grandes teólogos escolásticos no
prestaron atención a esa hipótesis; pero los canonistas de los siglos XII y XIII,
conocen y comentan el texto de Graciano, todos admiten sin dificultad que el Papa
puede caer en herejía, como cualquier otra falta grave; se preocupan tan solo de
investigar por qué y en qué condiciones puede, en ese caso, ser juzgado por la
Iglesia. Párrafo del sermón de Inocencio III: ‘La fe es para mí a tal punto
necesaria, que, teniendo a Dios como único Juez, en cuando a los demás pecados,
sin embargo, solamente por el pecado que cometiese en materia de fe, podría ser
yo juzgado por la Iglesia’ ”. (Ibídem, p.152-153).

Para todos aquellos que rechazan que se pueda afirmar la herejía de un Papa,
porque los teólogos discuten entre sí, he aquí un texto de San Roberto Belarmino:
“Es lo que pone de relieve San Roberto Belarmino, en el siguiente pasaje en el cual
refuta con tres siglos de antecedencia, a su futuro hermano en el cardenalato y en
la gloriosa milicia ignaciana: ‘sobre eso se debe observar que aunque sea posible
que Honorio no haya sido hereje, y que el Papa Adriano II, engañado por
documentos falsificados del VI Concilio haya errado al juzgar a Honorio como
hereje, no podemos sin embargo negar que Adriano, juntamente con el Sínodo
romano, e inclusive con todo el VIII Concilio General, consideró que en caso de
herejía el Pontífice Romano puede ser juzgado’ ”. (Ibídem, p.154).

“Como diremos en el capítulo siguiente, juzgamos que esta quinta sentencia es la
verdadera, y que Wernz-Vidal tiene razón al decir –interpretando a San Roberto
Belarmino– que el Papa eventualmente hereje pierde el pontificado ‘ipso facto’ en
el momento en que su herejía se torne ‘notoria y divulgada del público’ ” (Ibídem
p.176).

Resumiendo: creemos que un examen cuidadoso de la cuestión del Papa hereje,
con los elementos teológicos de que hoy disponemos, permite concluir que un
eventual Papa hereje perdería el cargo en el momento en que su herejía se tornase
‘notoria y divulgada del público’. Y pensamos que esa sentencia no es tan solo
intrínsecamente probable sino cierta, toda vez que las razones alegables en su
defensa parecen absolutamente concluyentes. Además, en las obras que
consultamos, no encontramos argumento alguno que nos persuadiese de lo
opuesto”. (Ibídem p.181).

“En cuanto al axioma ‘donde está el Papa está la Iglesia’, vale cuando el Papa se
comporta como Papa y jefe de la Iglesia; en caso contrario, ni la Iglesia está en él,
ni él en la Iglesia (Cayetano)”. (Ibídem, p.185).

Suárez, basándose en los cardenales Cayetano y Torquemada, dice respecto al
cisma: “Y de este segundo modo, el Papa podría ser cismático, y en caso que no
quisiese tener con todo el cuerpo de la Iglesia la unión y la conjunción debida,
como sucedería si tratase de excomulgar a toda la Iglesia, o si quisiese subvertir
todas las ceremonias eclesiásticas fundadas en la tradición apostólica como
observa Cayetano y, con mayor amplitud, Torquemada” (Ibídem, p.185).
“Para demostrar que ‘el Papa puede ilícitamente separarse de la unidad de la
Iglesia y de la obediencia a la cabeza de la Iglesia y por lo tanto caer en cisma’, el
Cardenal Torquemada usa tres argumentos:

‘1 - (…) Por la desobediencia, el Papa puede separarse de Cristo, que es la
cabeza principal de la Iglesia y en relación a quien la unidad de la Iglesia
primeramente se constituye. Puede hacer eso desobedeciendo a la ley de Cristo
u ordenando lo que es contrario al derecho natural o divino, de ese modo se
separaría del cuerpo de la Iglesia en cuanto está sujeta a Cristo por la
obediencia. Así, el Papa podría sin duda caer en cisma.

2 - El Papa puede separarse sin ninguna causa razonable, sino por pura
voluntad propia del cuerpo de la Iglesia y del colegio de los sacerdotes. Hará
eso si no observare aquello que la Iglesia universal observa con base en la
tradición de los Apóstoles, según el c. ‘Ecclesiasticarum’, d.11, o si no observare
aquello que fue, por los Concilios universales o por la autoridad de la Sede
Apostólica, ordenado universalmente, sobre todo en cuanto al culto divino (…)
apartándose de tal modo, y con pertinacia de la observancia universal de la
Iglesia, el Papa podría incidir en cisma. La consecuencia es buena; y el
antecedente no es dudoso, porque el Papa, así como podría caer en herejía,
podría también desobedecer y con pertinacia dejar de observar aquello que fue
establecido para el orden común en la Iglesia. Por eso, Inocencio dice (c. De
Consue.) que en todo se debe obedecer al Papa, en cuanto éste no se vuelva
contra el orden universal de la Iglesia, pues en tal caso el Papa no debe de ser
seguido, a menos que haya para ello causa razonable’ ”. (Ibídem, p.186-187).

El tercer argumento no la consignamos aquí, pues se refiere al caso en que haya
dos o más personas que se consideren Papa.

“Los autores que admiten la posibilidad de un Papa cismático, en general no
dudan en afirmar, en tal hipótesis, como la del Papa hereje, el pontífice pierde el
cargo. La razón de eso es evidente: los cismáticos están excluidos de la Iglesia, del
mismo modo que los herejes”. (Ibídem, p.187).

Por último, sobre el tan debatido “Una Cum”, veamos lo que dice en el Misal
Diario (1944), don Andrés Azcárate O.S.B. Prior del monasterio benedictino de
Buenos Aires: “juntamente con tu siervo el Papa N., nuestro prelado N., y todos
los que profesan la verdadera fe católica y apostólica”. (Y comenta en la nota 15 al
pie de página): “La Iglesia sólo encomienda aquí a los que profesan la fe católica
íntegra. La que hemos recibido de los Apóstoles; los demás no cuentan como hijos
fieles de la Iglesia y no se puede, en efecto, creer o practicar lo que a uno le parece,
sino solamente lo que la verdadera Iglesia enseña y manda. Sólo a este precio se
vive en comunión con ella y se goza de sus bienes”. (p. 627-628).

Por esto, lo menos que se puede hacer es decir el Una Cum, sub conditione, para
aquellos que entrevén al menos la duda sobre un Papa hereje y así no
comprometerse con el error, ya que no ven todavía con claridad la conclusión
teológica; además no es una obligación tener que decir el Oremos pro Pontífice
nostro en las bendiciones con el Santísimo, pues hay otras fórmulas que sin
nombrarlo se pueden hacer, pues tampoco es “conditio sine qua non” tener que
mencionar en público esas oraciones, en las bendiciones, para ser católico.

¿Por qué ese empecinamiento encarnizado, a todo precio, de no querer admitir ni
aún la posibilidad de un Papa hereje, cismático o apóstata?, precisamente porque
hacen de ello un dogma o cuasi un dogma de fe, es decir, de que tal Papa, aquí y
ahora, es Papa legítimo y verdadero; si eso fuera cierto, San Vicente Ferrer hubiera
sido cismático y con certeza no lo fue.

De otra parte, ¿cómo no ver la incompatibilidad existente entre pontificar en el
error y el cargo de Papa?

No se puede ir contra el sentido común, que en no pocas ocasiones resulta ser el
menos común de los sentidos, como el caso que nos ocupa, en esta hecatombe
eclesiológica legitimar lo ilegitimable.

El hecho de que los fieles tengan que desobedecer a la autoridad para conservar la
fe, implica que hay un problema con dicha autoridad, lo cual cuestiona su misma
legitimidad.

Todo lo anterior sirve para de una vez por todas demoler el tabú y el estigma que
sobre el tema de la Sede Vacante se ha, dialécticamente, urdido y el cual ha sido
favorecido por la ignorancia y mediocridad de un clero falto de teología. Además
darse cuenta de lo aberrante que supone decir como lo hace, muy estultamente por
cierto, el P. Boulet: que sería preferible para la Iglesia, estar gobernada
“válidamente” por un hereje, que el que la Sede estuviese vacante.

Como decía mi tatarabuelo Martín Fierro:
“Mas naide se crea ofendido,
pues a ninguno incomodo;
y si canto de este modo
por encontrarlo oportuno,
no es para mal de ninguno
sino para bien de todos”.
P. Basilio Méramo

Bogotá, 12 de Agosto de 2014

domingo, 10 de agosto de 2014

NOVENO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Amados Hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:

En este Evangelio vemos llorar a Nuestro Señor, llora ante lo que Él veía que le ocurriría a la Ciudad Santa a Jerusalén, esa ciudad que Él tanto quería. Y nos puede asombrar el hecho de que un hombre llore, por que equivocadamente creemos que son únicamente las mujeres las que lloran, no quizá como las mujeres por fragilidad, por sentimentalismo, sino por una realidad dura y cruel. Realidad dura de lo que le iba a acontecer a Jerusalén, por no haber aceptado y reconocido al Mesías Prometido, por no haber visto la presencia de Dios para abrirle sus puertas y, ante ese pecado, ante esa dureza del pueblo judío, Nuestro Señor con la sentencia que Él tenía y el don de ver tanto lo pasado como lo futuro, vio esa destrucción de la Ciudad como castigo a la incredulidad del pueblo judío; La ciudad Santa, ahí donde había el pueblo verdadero, único templo donde se adoraba verdaderamente a Dios en toda la tierra.

Por eso llora Nuestro Señor, con ese dolor, ese llanto de misericordia, de conmiseración por lo que luego aconteció con Vespaciano y Tito que destruyeron completamente la ciudad; del templo no quedó piedra sobre piedra y lo que queda del muro de las lamentaciones es la hondonada, como cuando alguien construye el borde de un precipicio y hace en ese borde un muro de contención, pero sobre la explanada no queda ni quedo piedra sobre piedra. Cumpliéndose literalmente lo anunciado por Nuestro Señor como castigo por no haber reconocido al Mesías, por eso lloró Nuestro Señor.

No podemos imaginar a las mujeres que se comieron a sus hijos para poder sobrevivir cuando Jerusalén fue sitiada por los romanos para obligarlos a rendirse o a morir, durante meses en los cuales se agotaba el alimento, como se lee en la historia de Flavio Josefo. Eso nos da una idea del horror de la situación como justo castigo por no haber reconocido a Nuestro Señor y eso le arrancó lágrimas de dolor, de conmiserción, de compasión ante esa dureza que caracteriza al pueblo elegido, los judíos, pueblo de dura cerviz.

El otro razgo que también nos puede sorprender es la actitud de Nuestro Señor cando entra al templo y con un látigo, a fuete limpio, sacuda a esas alimañas, los ladrones que profanaban su templo convirtiéndolo en cueva de ladrones en lugar de ser una casa de oración. Esto que Nuestro Señor hace al comenzar y al finalizar su vida publica, esta es la segunda expulsión que nos relata San Lucas y San Juan, nos relata poco después de las bodas de Caná antes de iniciase la vida pública de Nuestro Señor. No tengamos un imagen muy pueril de Nuestro Señor, muy boba, muy de mejillas coloradas, ojos azules y cara de niño bonito, No; Nuestro Señor es la virilidad; Esas imágenes medio afeminadas no son la expresión de la virtud, de la virilidad de la hombría de Nuestro Señor, por eso no nos debe sorprender ese gesto como de gladiador, de domador de leones con un látigo sacando a fuete del templo a esos personajes que se valían del templo para hacer negocios corrompiendo el lugar Santo.

No tengo nada en contra del arte, pero este debe expresar la realidad y desgraciadamente a los Santos los pintan muy mujeriles y afeminados, ellos no son señoritas de salón. San Juan el Bautista no era una caña que llevaba el viento, para mostrarnos que era gente aguerrida, firme, viril y aun las mismas mujeres la virilidad de Santa Teresa o de una Santa Teresita que jamás se apoyó al respaldo de una silla por hacer mortificación; No nos dejemos engañar con esas imágenes todas coloreteadas que no expresan verdaderamente eso que los santos internaron y que desgraciadamente muchas veces, hasta los curas quieren imitar para parecer buenos, hablando suave como si fuesen niñas de quince años y de pura apariencia. Por eso no nos debe asombrar el gesto incluso violento de Nuestro Señor llorando, pero también por otro lado dando fuete; este es el celo que Él tiene por las cosas de Dios

¡Qué no haría hoy! Nos sacaría a todos zumbando a latigazos por lo mal que anda el clero en la Iglesia, y los fieles que son los menos culpables por que siguen el mal ejemplo que dan los sacerdotes, los monjes, los prelados, la jerarquía; Todo se deteriora, todo se corrompe, se convierten los templos en Museos (En Europa se pueden ver los grandes templos convertidos en museos donde incluso ay que pagar para entrar a ver la parte donde están los tesoros, es decir, donde esta las cosas pertenecientes al culto debido a Dios (Nota del editor del libro))

Dios destronado del altar para colocarlo en un rincón, son todas cosas que muestran el grado de deterioro que padece actualmente la religión y no nos damos cuenta.

Esa es la razón de nuestra existencia. Mantener la Pureza de la fe, de la religión, de la Iglesia, de la santidad, y que la Iglesia no se nos convierta en una cueva de ladrones, en un lugar de comercio,sino que sea un lugar santo, la casa de Dios, donde se reactualiza el Santo Sacrificio de la Misa, no una cena, una ágape, no la conmemoración de la pascua, SINO LA RENOVACION INCRUENTA DEL SACRIFICIO DE NUESTRO SEÑOR EN EL CALVARIO PRODUCIDO SACRAMENTALMENTE SOBRE EL ALTAR; y a eso comulgamos no un pedazo de pan, no a una galleta, sino AL CUERPO Y LA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, PRESENTES BAJO LA APARIENCIA DEL PAN Y DEL VINO, al cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor junto con su Aloma y Divinidad.

Por lo mismo, no se puede comulgar de cualquier forma ni tampoco se lo recibe de cualquier modo, como quien reparte pan sino con un acto de adoración, de rodillas, en la boca, en estado de gracia, con el ayuno debido, ; y que recuerdo el ayuno, lo ha repetido Monseñor Lefebvre, debe ser de tres horas y no de una, por respeto a Nuestro Señor; esa es la norma que nos debe regir. Otra cosa es que por una hora; nadie, después de haber comido, ha hecho la digestión en una hora, entonces va a recibir de postre a Nuestro Señor. Hasta donde llegan la profanación y la desacralización, la pérdida del sentido de lo sagrado que que hasta los paganos tenían; peor que pagano esta el mundo hoy, no hay sentido ni sentimiento de lo sagrado, de lo sacro, de lo Divino, todo es el hombre.

¡Maldito y condenado hombre que te vas a pudrir en el infierno! "Humanidad condenada", decía San Agustín. Esa es nuestra condición ; Si Nuestro Señor no hubiera muerto en la cruz estaríamos irremisiblemente y eternamente condenados en el infierno, n0o lo olvidemos y veamos esa misericordia, ese amor, esa caridad.

Pero no olvidemos, no nos creamos más de lo que somos; delante de Dios somos nada, la criatura es nada delante de Dios; no tenemos ningún derecho delante de Dios y Él tiene todos los derechos. Entonces dejémonos de estupideces con Dios, de proclamar nuestra dignidad, nuestra libertad, debemos proclamar nuestro estado de criaturas, de siervos inútiles delante de la Divina Majestad; esa es la humildad y dejemos de ser pavo reales, pura pluma en la cola y pavoneando estúpidamente mientras el tiempo transcurre y no lo aprovechamos para la eternidad. Así como Nuestro Señor lloró sobre Jerusalén, ha llorado Nuestra Señora en Siracusa; No ha hecho más que llorar viendo el estado de la humanidad y de la Iglesia y no hoy sino desde hace cincuenta años. De Nuestra Señora de Siracusa, en Sicilia, poco se habla, pero esa fue la realidad, durante tres o cuatro días lloró ininterrumpidamente verdaderas lágrimas, analizadas, reconocido por el obispo del lugar y el Papa Pio XII.

No hagamos llorar más a Nuestra Señora, no obliguemos a Nuestro Señor a sacarnos a fuetazos. Eso sería lo menos que hiciera, porque en aquel templo todavía no estaba su presencia real como lo debería estar en los templos católicos, en las iglesias Católicas donde está la presencia real, el verdadero culto que es el que los modernistas han destruido con la nueva misa. Por eso la nueva misa no se define, no se considera, no se reputa como un sacrificio, sino como una syntaxis, como una cena, como un ágape, como un recuerdo, no ya de la pasión sino de la pascua y aleluya. "No todo el que dice ¡Señor, Señor, Aleluya!" Aleluya quiere decir alabado sea Dios. Pero "no todo el que dice ¡Señor, Señor entrará en los cielos!", no todo el que dice "aleluya" entrará en los cielos.

Supliquemos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María,que conservemos por lo menos nosotros la fe, la religión, el verdadero culto; que no perdamos el sentido de lo sacro, de la divinidad de Dios y de la miseria y la indigencia que nos caracteriza a nosotros como seres humanos y como criaturas. Para que as{i, en esa verdadera humildad, podamos invocar santamente el nombre de Dios, salvarnos y salvar a los demás, ayudándolos a que salven sus almas con la gracia de Dios. Pidamos todas estas cosas a Nuestra Señora y que comprendamos, manteniéndonos firmes en la Tradición de la Iglesia, que no es facultativa; no se viene a esta capilla por que sea bonita o fea, sino por que se viene a adorar a Dios, a Nuestro Señor, no de cualquier manera. Venimos a pedierle a Él esa ayuda, para así santificarnos y que nos salvemos en la hora de nuestra muerte.+

BASILIO MÉRAMO PBRO.
5 de Agosto de 2001.


domingo, 3 de agosto de 2014

OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Se nos muestra hoy en el evangelio al mayordomo infiel. Parábola que no deja de presentar cierta dificultad. Por un lado –aparentemente– hay una acción mala y sin embargo, nuestro Señor alaba esa perspicacia del administrador desleal. A primera vista podríamos pensar que se trata de un robo, de una falsificación que hace el trabajador hipócrita al rebajar la cuenta y estaríamos muy mal parados porque sencillamente nuestro Señor no podría alabar algo que fuese en sí malo, con un ejemplo malo, de robo o de falsificación, como desgraciadamente algunos predicadores ligeramente se han aventurado a decir; y por eso el padre Castellani, eminente exegeta, esclarece estos puntos.

Y así otra cosa es que el mayordomo tenga facultad en nombre de su amo, para hacer y deshacer dentro de ciertos límites, como pasa con un administrador de amplias facultades, que se aprovecha abusando, estira un  poco más la manga y así se beneficia. Era lo que hacía este mayordomo, que sin robar, sin falsificar, aprovechaba, como aquel que parte y reparte se queda con alguna parte. Pudo de esta manera condonar parcialmente su deuda, porque si no, no sería válida esa escritura, ese papel, si no hubiera tenido esa facultad. La cuestión está en que lo hizo no en beneficio de su amo, sino para el suyo propio, para granjearse la amistad cuando no tuviera ya aquel trabajo. 

Por eso alaba nuestro Señor la sagacidad de ese mayordomo infiel, en el sentido que acabo de decir, y lo pone de ejemplo para que los hijos de la luz seamos más perspicaces que los hijos de este mundo, los hijos de las tinieblas.

Vemos cómo nuestro Señor excluye la estulticia, que en lenguaje vulgar es la estupidez. Mucha gente cree que la religión nos vuelve tontos, imbéciles. ¡No señor! La religión nos dignifica, nos cultiva todas las potencias del alma, entre ellas la inteligencia, y tanto es así que hay un don de inteligencia, un don de sabiduría, un don de ciencia. Lejos entonces de la religión y de la Iglesia esa santa bobería, esa estupidez que no es característica de la sabiduría divina ni de la de la Iglesia, ni de la sabiduría de los santos.

Otra cosa es la mansedumbre, la bondad, la paciencia, pero un santo jamás será un tonto, un bobo o estúpido, un estulto. En eso quieren convertir la religión los enemigos, Satanás. El católico no es un castrado espiritual, que no ve, que no oye, ¡No señor! Tiene la luz de la fe y los dones del Espíritu Santo, para que combata al mal y sea más sagaz, más perspicaz que los hombres de este mundo en sus negocios. Y es una vergüenza que esto suceda. Pero nuestro Señor sabía que iba a pasar y por eso nos pone el ejemplo, para que no nos dejemos sacar ventajas.

¿Cómo es posible que el avaro piense y gaste más su tiempo contando las monedas de su negocio que nosotros, por lo menos lo mismo, en los negocios y en las cosas de Dios? Le pone mucho más amor el hombre de este mundo a sus negocios, en los que tiene puestas la fe y su esperanza, que el católico en Dios y en la Iglesia. Nuestro Señor nos advierte, para que tengamos, por lo menos, esa misma sagacidad e intuición, y así poder defender el patrimonio divino de la Iglesia y la fe contra los enemigos, contra todo aquello que ataca a la Iglesia. Lo vemos hoy de una manera más evidente; faltan esos hombres sagaces que defiendan a la santa madre Iglesia para no dejarnos aventajar por el enemigo que está muy bien organizado y muy bien guiado, porque hay una gran inteligencia en los misterios del mal, y esa gran inteligencia es la de Satanás, la de Lucifer, uno de los ángeles más poderosos y brillantes que había creado Dios, y que le dio la espalda por puro orgullo.

Y si la Iglesia y la santa religión están en situación tan calamitosa, no es tanto por la culpa del maligno, de los malos hombres de este mundo, sino por la culpa de aquellos que nos decimos católicos y que no tenemos esa inteligencia, esa agudeza para defendernos de los malos, para defendernos del mal. Es una actitud que claudica, es como el cuerpo que no tiene vigor para repeler el virus, la enfermedad, y toda enfermedad hace mella en el cuerpo que no es vigoroso; entonces, si el mal entra en la Iglesia es por la falta de fuerza de sus miembros, de ingenio, de inteligencia, de espíritu de combate, y éste ha sido viciado por el pecado del liberalismo; por eso San Ezequiel Moreno Díaz, patrono de este Priorato, hizo escribir en el sarcófago ese epitafio magnífico con letras grandes, para que quedara definido cuál era el problema: “El liberalismo es pecado”.

Y ese liberalismo es el que nos hace claudicar, no ver enemigos, no ver el mal que nos quita la energía de combatir como un organismo sano y nos hace tolerantes, pacifistas, para que así el virus encuentre facilidad en destruir el organismo; eso pasa en la Iglesia. Y todo aquel que de algún modo lo combate es automáticamente puesto en un rincón, desechado; por eso hoy abundan en la Iglesia esos obispos y cardenales tolerantes, pacíficos, sin espíritu de combate por la verdad y el amor a la santa Iglesia.

Entonces, no es de extrañar que estemos en esta situación, con la religión en flagrante decadencia; pero Dios permite todo eso para mostrar que aun así su Iglesia es divina, aunque sufra acrisolada, como el oro en el fuego, para que se purifique. Permite que haya esa angostura, esa estrechez que nos toca sufrir si somos fieles y perseverantes en nuestro Señor y en la santa Iglesia, en la Iglesia católica, apostólica y romana, aunque de Roma nos vengan hoy la herejía y el error por vía de autoridad.

Ese es el gran misterio de iniquidad anunciado mil y una veces por tantas profecías, por nuestra Señora en La Salette, en Fátima, en Siracusa, donde no hizo más que llorar, llorar y llorar. ¿Y cuándo una madre llora sin parar, sin decir palabra? Cuando ve el estado infeliz de sus queridos hijos; pues bien, ese estado triste fue el que Ella manifestó con un llanto incesante durante tres o cuatro largos días, en 1953, durante el pontificado del papa Pío XII.

 ¿Y qué no diría hoy cuando ya han pasado cincuenta años y la cosa es mucho más grave? Debemos por eso ser sagaces también en las cosas de Dios, como por lo menos lo son los hombres con los asuntos de este mundo. Esa es una parte de la moraleja de esta parábola que encontramos en el evangelio de hoy.

La otra parte es que ese dinero inicuo, no robado, no ha sido obtenido según la moral, porque yo puedo hacer que un objeto sea mío, pero de un modo moralmente aceptable.

Cuánta gente hace dinero con trabajos que hacen daño, como lo puede hacer un farmacéutico vendiendo drogas abortivas, o como lo puede hacer una gran empresa haciendo películas malas; no está robando, pero sí está obteniendo un dinero, aunque propio, mal habido, dinero inicuo, de iniquidad. El dinero ganado con la prostitución, clásico ejemplo del dinero mal habido. Sin embargo, no es robado, le pertenece en justicia a la persona, por eso no debe reintegrarlo. ¿Qué hacer con ese dinero? Granjearme el favor de Dios haciendo limosna con él, porque si fuera dinero hurtado debería restituirlo en justicia a su legítimo dueño y si no lo puedo hacer para no delatarme, sí debo darlo de limosna a los pobres, pero eso es otra tema.

Lo que quiere decir nuestro Señor es que con todo ese dinero mal habido, si nos arrepentimos de haberlo obtenido de un modo inmoral y si hacemos limosna con él, nos ganamos el cielo. Qué esperanza se nos abre ante un mundo que no hace más que pensar en ganar dinero sin importar de qué manera. Y así, entonces, tenemos la segunda parte que nos ofrece nuestro Señor, para que con ese dinero mal habido, una vez arrepentidos, aunque nos pertenezca, se nos abran las puertas del cielo si lo empleamos bien dándolo al necesitado.

Esa es la enseñanza que nuestro Señor nos deja en este pasaje del evangelio de hoy, en esta parábola que nos ayuda a tener más confianza en Dios y a ser más generosos, sabiendo que ese altruismo será retribuido con la gloria del cielo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que tengamos esas disposiciones de corazón, para poder ganarnos el cielo a pesar de los dineros mal habidos y que no nos dejemos aventajar por los hombres de este mundo, que no sean más sagaces en sus negocios que nosotros en defender nuestra santa religión y la santa madre Iglesia. +

P. BASILIO MERAMO
14 de julio de 2002

jueves, 31 de julio de 2014

¿SEDE VACANTE APOCALIPTICA?

Suponiendo,  que  hubiese humanamente la capacidad  de  juzgar en el pequeño rebaño,   y  sentenciar válidamente,  el asunto de  la incontable cantidad de herejías  cometidas  e incoadas  por la SEDE DEL ANTICRISTO, (con la  hipotética  y necesaria aparición  de  un  también  hipotético   Papa  Santo, cuando  no  una especie de RENOVADA IGLESIA SANTA),     que entre otras cosas contara  con  un  poderío  humano  indescriptible  como  para enfrentar  airosamente  al  gran  ejercito  no  solo  establecido  en  Roma,  sino,  para  poder  combatir con  el  conglomerado  de  los  reyezuelos  del  mundo,  y  la  sinagoga  de  satanás.
   O  en  su  defecto,  el mismo  Nuestro Señor Jesucristo,  se  dignara  a  hacerlo  en persona,  en  aras,    No  de  establecer  su  reino  como  anunció,  sino,  única y exclusivamente  para  dejar  saber  a  todo  aquel que  se pretende  sedevacantista,  QUE  TIENE  RAZÓN,  y  que  la  sede  ha estado  vacante inclusive  desde  Juan XXIII,  y que el  periodo  anticristiano  anunciado,  por  el  santo profeta  Daniel,  del  un  tiempo,  dos  tiempos,  y medio  tiempo  mas,  es  nulo  de  pleno  derecho,  y  que  todo  se  retrotrae  incluso  a la elección  del mismo  Juanito Banana,  y  mejor  aun,  nos  proveyera   de  un  conclave  cardenalicio  bueno, para  una hipotética  elección  papal  ortodoxa y  no  herética,  las preguntas obvias,  están al descubierto.

   1.-  ¿Las almas  perdidas  en  estas  62  semanas  de Daniel,    saldrían  del  infierno?
   2.-   ¿Las  santificadas  por la  defensa  de  la  Vera  Fe,  serían  nuevamente  juzgadas?
   3.-  ¿Tendríamos  que  esperar una  nueva  gran  abominación  posterior, (nótese  la  mezcla de  errores que  hace  Wyllie  entre acuerdismo y consecuencias de sedevacantismo)
4.- ¿Tendría  que  volver  a  instaurarse  el misterio de iniquidad,  para hacer  nuevamente  a la  esposa  fornicar?
 PARA QUE LA ESPOSA, SE PUDIERA CONVERTIR EN LA GRAN RAMERA,  TENIA QUE SER LA ESPOSA, NO LA CRIADA,  NI CON UN TÁLAMO VACANTE.

     Finalmente  el   sedevacantista,  NO  cree,  No espera  y  No  quiere  la  Gloriosa  Parusía  de  nuestro  Señor Jesucristo,  empero  además  de  no creerle ni a Él  mismo,  y  de  no  querer  que llegue a reinar,  quiere  que  la  Una Santa católica y Romana Iglesia,  sea  crucificada  nuevamente, por que el  cielo  y la Tierra  pasarán,  empero  su palabra  no  dejara  de  ser  cumplida.

   Por eso  el  precepto  es  claro,  NO LES CREAIS;  NO  ESTA  EN  EL  DESIERTO,  NO REGRESEIS  NI POR LA TÚNICA,  SALTE, FUERA.
   Obviamente,  DIOS  en  su  infinita misericordia,  permite a  muchos  ver  el misterio de  iniquidad,  permitió  ver  a la  abominación desoladora instaurarse  en  el  lugar  Santo,  y  a la  Gran  abominación de la  desolación alcanzarla (Felón),  y  tratar  de  hacer  adorar  a la bestia,    montada  por  la  misma gran  ramera,  pero  una  cosa  es  poder  verla  y  distinguirla,  y  otra  pretender y profesar que   no  existió ,  una  cosa  es  el  etiquetismo   mundial  actual,  (sedevacantista  o  acuerdista que se pretenden como únicas opciones),   y  otra  muy  distinta  el llegar  a  creer  que  realmente la  sede  estuvo vacante,  dado  que  de haber  sido  de  esa  forma,  nada  de  lo  ocurrido  tendría  validez, (nulo de pleno derecho),   y  en consecuencia  habría  que  repetirlo;     A  decir  verdad,  quien  de  veras ame  a  nuestro Señor JesuCristo,  no  quiere  ni  pretende ni  profesa,  que  quiere  que  vuelva  a  ser  crucificada  su inmaculada esposa.

Cabe  hacer mención específica, de la atinada distinción, que algunos como el Reverendo  Padre  Basilio Méramo,  hacen  entre un sedevacantismo ramplón y visceral y uno  "mas  inteligente"
Este último,  Sabe perfectamente  que  ROMA, perdió la  FE  y  ES  la  Sede Del anticristo,  sin  embargo,  allende a la etimología propia de la significación de la fuerza de las  palabras,  (sede lugar de residencia),  y  Vacante,  (vacio, desocupado  y  DISPONIBLE),  atiende más a las formas  mundanas de opciones para elegir utilizando los mismos principios demoniacos del  príncipe de este mundo,  quien  ha  hecho  creer a las grandes  mayorías, en una especie de requerimiento,  de  elección,  entre un partido demoniocratico, u  otro,  entre un equipo de futbol,  y otro, o  entre coca y pepsi, dejando al garete  la real posibilidad  de no  "jugar con las reglas del enemigo, en el tablero del enemigo,  y en consecuencia,  se  ven falsamente constreñidos para  auto etiquetarse o colocarse en algún plano del citado tablero diabólico,  de tal  suerte, que para el pequeño rebaño,  la  etiqueta más adecuada, sería similar a declararse o autoetiquetarse,  como:

"Soy Católico sedeocupadista (por el anticristo), tradicionalista apocaliptico parusiaco y milenarista"

Absurdo por de mas.
    
    ROMA PERDERA  LA  FE  Y  SERA  (HOY  Y  DESDE  HACE  60 SEMANAS,  ES)  LA  SEDE  DEL  ANTICRISTO,  que le  va  a  nadie  tratar  de  juzgarlo  y condenarlo estólidamente  si  YA  ESTA  JUZGADO POR  QUIEN  TODO  LO PUEDE,  que  le  va  a  nadie  humano,  intentar  agregar  un  codo  a  su estatura  a  fuerza de tergiversar  incluso  la  misma  doctrina,  si ya  esta  dispuesto  el fin del desolador.

  Por  ello nos  ordenó,  NO LES CREAIS;

   Por eso,  es  que  en  "Portugal  se  conserva  el  DOGMA  de  la  Fe",   No  nos  indicó  la  Madre  del  Amor  Hermoso,  que  en un  sitio  se  conservaría  la  fe,  sino,  "El Dogma  de la Fe",  lo  que  debe  creerse para seguir pretendiéndose  Católico,  En Portugal:  "Portus Calos",  El puerto Hermoso,  ella  misma,    y  ella  estuvo  tanto  en  el Gólgota,  como  ahora  en  la  crucifixión de la inmaculada esposa, (signus magnum apocaliptico),     ella  es  quien  nos  indica,  que  ROMA  sería (es)  la  sede  del anticristo,  (LUEGO, NI VACANTE  NI DESOCUPADA NI DISPONIBLE)  ella  quien  como en caná  de Galilea,  adelanto incluso  los  planes Divinos,  y de similar  forma,  apareció por adelantado  a la época que le hubiere correspondido  en  el  Tepeyac, (Checar a Sn. Luis Maria Grignon de Monfort),  ella  quien  llora  por  el desacato  y la sinrazón que producen muerte eterna en las  almas,  y  si  se tratase de  una  "Sede Vacante"  hubiéremos  tenido  mensajes  como  no  se preocupen  habrá un tiempo vacante,  y todo será normal,  (la única posibilidad racional a lo que siga a una sede vacante),  y  no UN  "SERA LA SEDE DEL ANTICRISTO"


   Es  tan  delicado  o  grave incluso  el particular,  que  aunque  haya  presbíteros bien ordenados y bien intencionados,  que no hubieren caído en las fornicaciones teológicas,  o  en las "Soberbias  que  Resiste  el  cielo",   y aun  santos,  que sostengan lo contrario;   En esta época,  ante la  gran  romera apocalíptica,  quien profese  tal idea (Sedevacantismo),   al no esperar  y no querer  la  gloriosa Parusía,  están  dejando de creer  lo  que  están  obligados a creer (Dogma y Fe):     No están ni queriendo ni esperando  lo  que  deben  esperar (esperanza);  Y  Finalmente  Ni  aman  a  Nuestro Señor JesuCristo,  (Vade retro satana, ante Pedro que quería evitarlo),  Ni  a   su inmaculada  esposa, porque  pretenden que vuelva  a  ser  prostituida y crucificada. (Caridad),  y  ni  hablar  mucho,  de los desacatos  a la mariana  revelación,  y  obediencia al  Evangelio.

   Solo  es  cosa  de  simple  Razón;   Para  que la esposa  fornicara y  pudiera convertirse  en la  Gran  Ramera,  OBLIGATORIAMENTE,  debió  haber  sido  la esposa,  ni  una  suplantadora,  ni  un tálamo vacante,  la  ESPOSA,  aunque nos  duela.

   Finalmente,  están casi consumados los UN TIEMPO ( Paulo 666),  DOS TIEMPOS  (Jp´s) y MEDIO TIEMPO MAS (de la Rata cantante),  de la  Profecía del Santo Daniel;  si están perfectamente cumplidas y ahora  asequibles los lemas de la profecía adjudicada a San Malaquías,  (Tras la Gloria del Olivo, en continuidad a Pedro Romano, (un simple hombre),  la "en persecución extrema")..  Si la creación esta a punto de cumplimentar los 6000 años el próximo 2 de Octubre del Próximo 2016,  Si se han cumplimentado desde  el  pasado año 48, la convergencia del pueblo deisida a su nueva tierra, (diáspora y real interpretación de la convergencia (mal entendida conversión) de los judios)
  La pregunta obligada,  Si tienen  virtudes  teologales falsas e incluso contrarias,   si no se  acatan  las  órdenes  evangélicas,  si no atienden a la Revelación Mariana,  si no quieren ver los signos evidentes  de los tiempos,  ¿estarán dentro de la verdadera  religión  Católica?
     El que tenga ojos que vea.

VEN PRONTO SEÑOR NUESTRO JESUCRISTO
ACORTA ESTOS DIAS. ENCUENTRA ALGO DE FE
A TU REGRESO.

Alberto González

miércoles, 30 de julio de 2014

BREVE REFUTACIÓN AL PEQUEÑO CATECISMO SOBRE EL SEDEVACANTISMO DE LOS DOMINICOS DE AVRILLÉ PADRE BASILIO MÉRAMO

La reciente publicación aparecida en Non Possumus del “Pequeño Catecismo del
Sedevacantismo” tomada de Le Sel de la Terre n° 79, invierno 2011-2012, y ahora
difundida por este blog me obliga a tener que intervenir aclarando doctrinal y
teológicamente sobre este asunto, al rededor del cual se ha hecho un tema tabú y se ha
elaborado una etiqueta discriminativa y peyorativa que sirve de espanta pájaro impidiendo
que se investigue teológicamente la cuestión y se aleje a los fieles de la verdad.
En primer lugar aunque no es lo más importante, se habla de catecismo (es decir, de
enseñanza, de doctrina) sobre un punto que el autor (Dominicus, que al parecer es el Padre
Pierre Marie, pero poco importa) presenta como una posición prudencial, luego, práctica,
no teórica ni doctrinal, lo cual encierra una contradicción, pues pretende catequizar, esto es,
enseñar, teorizar sobre algo que es práctico y esto es ya enfocar mal el asunto. De todos
modos es un error, equiparar como dos errores a evitar, el modernismo (que es una herejía)
y el sedevacantismo (que no lo es), bien que además se le considere como cismático. El
sedevacantismo teológicamente considerado no es ni un error, ni una herejía, ni un cisma,
aunque pueda haber muchos o pocos sedevacantistas, que sean heréticos o sean cismáticos.
Todo esto prueba la mentalidad que se ha forjado alrededor de este tema que se ha
satanizado, vuelto un tabú y un estigma. 

Típico del pensamiento liberal es equiparar el sedevacantismo al modernismo como dos
errores.

1. El modernismo es una herejía, y el sedevacantismo no lo es, tampoco es un error; es una
conclusión teológica, que no se debe confundir con un sedevacantismo visceral dogmático,
dogmatizante, es decir erigiéndolo en cuasi dogma de fe.
2. Se habla de una posición prudencial (práctica), no teórica, ni doctrinal ni teológica y aún
así se pretende hacer de esto una catequesis (enseñanza doctrinal) lo cual si se mira bien,
refleja una contradicción.
3. Cuál sería el peligro del sedevacantismo sino haberlo estigmatizado y vuelto un tabú por
los chamanes eclesiásticos que con un gran poder de una dialéctica implacable lo
anatematizan siendo lo que les puede dar luz ante la situación en la que nos encontramos
los pocos fieles a la Tradición Católica, ante una Roma apóstata y anticristo (como la
denominaba Monseñor Lefebvre). Por esto siempre esta Roma modernista y más que
romana, babilónica, ha intentado destruir los argumentos que la puedan desenmascarar ante
los fieles y alejar de sí toda sospecha de ilegitimidad que le pueda impedir continuar
usurpando la autoridad de Dios y así poder pontificar en el error que culmina en una
verdadera y universal apostasía.

Es una lástima ver como se cita a Monseñor Lefebvre de una manera parcializada, por tanto
errónea, al pretender desconocer o eclipsar textos donde afirma exactamente lo contrario si
vamos al caso, de todos modos aún en la tesitura de la opinión (de lo opinable) el mismo
Monseñor Lefebvre, no descarta que la sede vacante pueda algún día confirmarse.
Queda claro que es una opinión que en un principio no descarta la posibilidad del hecho de
la sede vacante como se pretende, consciente o inconscientemente, hacer.
Además se ignora olímpicamente (o se pretende ignorar), el giro de 180° que dio
Monseñor Lefebvre al expresar, primero en el sermón del Domingo de Pascua del 30 de
marzo de 1986: “Nos encontramos ante un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás
en la Iglesia: que quién está sentado en la Sede de Pedro participa en cultos de falsos
dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Qué conclusión
debemos quizás sacar dentro de algunos meses de estos actos repetidos de comunión con
falsos cultos? NO LO SÉ. ME LO PREGUNTO. PERO ES POSIBLE QUE ESTEMOS EN
LA OBLIGACIÓN DE CREER QUE ESTE PAPA NO ES PAPA. NO QUIERO DECIRLO
AÚN DE UNA MANERA SOLEMNE Y FORMAL, PERO PARECE, SÍ, A PRIMERA
VISTA, QUE ES IMPOSIBLE QUE UN PAPA SEA HEREJE PÚBLICA Y
FORMALMENTE”.

Y por si fuera poco, a los 15 días, después de las vacaciones de Pascua, el 15 de abril de
1986, Monseñor retoma el tema insistiendo en él: “Queridos amigos, pudieron durante las
vacaciones reflexionar sobre el Sermón del domingo de pascua…”. Para más adelante
replantear: “¿El Papa es un Papa cuando es hereje? Yo no sé, no zanjo, pero pueden
plantearse la cuestión ustedes mismos, pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la
cuestión. No sé. Entonces, ahora ¿es urgente hablar de esto? Se puede no hablar,
obviamente. Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en
nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre nosotros. ¿Es necesario hablar
a los fieles?, muchos dicen, no habléis a los fieles. Van a escandalizarse. Eso va a ser
terrible, eso va a ir lejos. Bien, yo dije a los sacerdotes en París, cuando los reuní, y luego
a vosotros mismos, ya les había hablado, yo dije: pienso que muy suavemente, es
necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles. No digo que sea necesario
hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimentos a los fieles para asustarlos. No. Pero
pienso que, a pesar de todo es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles
no pierdan la fe. Estamos encargados de guardar la fe de los fieles, de protegerla. Van a
perder la fe, incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la fe en nuestro Señor
Jesucristo. Ya está fe se pierde. Se pierde en los sacerdotes, se pierde en los Obispos”.
¿Cómo van ahora a salir trasnochadamente con otro enfoque distinto al que aquí de una
manera clara y evidente Monseñor Lefebvre nos está introduciendo en la perspectiva
sedevacantista, no visceral, ni categórico dogmática, pero si reflexiva, teológica y
conclusiva? Esto sólo bastaría para dejar de seguir esgrimiendo el estúpido tabú y la
perversa estigmatización que sobre el tema de la sede vacante se ha elaborado muy
sutilmente desde Roma, y es lo que ha hecho que la Fraternidad San Pio X insensiblemente
desvíe el enfoque sedevacantista que Monseñor Lefebvre aquí le está dando. Entonces

¿cómo es que van a venir ahora a decirnos que el Sedevacantismo es un error opuesto al
modernismo y/o al liberalismo?, cuando el mismo Monseñor Lefebvre aquí nos está dando
la pauta de que no es así. Bástenos saber que teólogos como el gran Cardenal Torquemada,
(no confundir con su sobrino el gran Inquisidor Torquemada) y grandes teólogos del
Concilio de Trento como Melchor Cano y Domingo Soto, han sostenido que un Papa puede
desviarse en la Fe y por lo mismo ser un réprobo.
El primero en contradecir esta doctrina de la Iglesia fue el flamenco u holandés Albert
Pighi, cortesano en Roma al lado de su correligionario el Papa Adriano VI, el único Papa
holandés al que pretendía bien servir al excluir que pudiera caer en herejía y fue
paladinamente refutado por los dos teólogos anteriormente mencionados, Cano y Soto.
Téngase también presente, por si fuera poco, que un santo de la talla de San Alfonso María
de Ligorio, por esas ironías de la vida equiparaba a los anti-sedevacantistas con los herejes
luteranos y calvinistas, al decir que había dos errores opuestos, el de los anti-infalibilistas,
como Lutero y Calvino, y el ultra-infalibilismo de Pighi.

Esto se puede verificar en el extracto del tomo IX de las Obras Completas de San Alfonso
María de Ligorio (Oeuvres Completes de S. Alphonse de Liguori, ed. Compagnons de Saint
Michel, Belgium 1975, p.286). Obra avalada por el mismo Papa Pío IX, en su Carta del 5 de
enero de 1870 al Padre Jules Jacques, quien la tradujo al francés. Esto nos debe de bastar
para que se nos caigan las escamas de los ojos y no continuar esgrimiendo argumentos
falsos y erróneos que no hacen más que contribuir al tabú y a la estigmatización del
sedevacantismo al que tanto miedo le tienen los pseudo-profetas y anticristos que pontifican
desde el Vaticano, habiéndose cumplido lo que profetizara Nuestra Señora de La Salette
hace ya mucho tiempo, advirtiéndonos que la Iglesia sería eclipsada, el clero vuelto una
fétida cloaca y Roma habiendo perdido la Fe, convertida en la Sede del Anticristo.
Y en consonancia con esto no hay que olvidar (aunque está más olvidado que nunca) lo que
Monseñor Lefebvre dijera en su carta de cuaresmal del 25 de enero de 1987: “Este
sacudimiento de la Fe parece preparar la venida del Anticristo, según las predicciones de
San Pablo a los Tesalonicenses y de acuerdo a los comentarios de los Padres de la
Iglesia”. Así pues debe quedarnos claro, clarísimo y evidente que un verdadero hijo
espiritual de la verdadera Fraternidad Sacerdotal San Pío Décimo, no puede ser jamás hoy
en día ni anti-apocalíptico ni anti-sedevacantista, al buen entendedor pocas palabras.

P. Basilio Méramo
Bogotá, 30 de Julio de 2014