San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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domingo, 1 de junio de 2014

DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN





Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este domingo dentro de la octava y después de la Ascensión de nuestro Señor a los cielos en cuerpo glorioso, habiendo preparado a sus discípulos durante esos cuarenta días anteriores a su Ascensión, consolidándolos e instruyéndolos, antes de partir a los cielos, promete nuestro Señor la venida del Paráclito, del Espíritu Santo, del Consolador, como dice la Vulgata pero que, como advierte el padre Castellani muy sabiamente, más que consolador (paño de lágrimas) es el fortificado. Paráclito quiere decir en griego el que está junto, como el que apuntala, el que sostiene y eso desde adentro. Por eso él es el que nos confirma en la plenitud de la gracia septiforme que se recibe en la confirmación y por eso tenía que venir para plenificar la Iglesia, consolidarla en su gracia, para que persevere incólume hasta el fin de los tiempos; esa es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el soplo divino del mutuo amor, entre el Padre y el Hijo, esa Tercera Persona que se origina del amor que hay en Dios y que es Espíritu. Por eso la Iglesia se consolida en el amor de Dios. Ese es el carácter sobrenatural de nuestra religión, que no es una religión natural como hoy insensiblemente se la está prodigando; nuestra doctrina es formalmente sobrenatural, no una simple creencia en Dios infinito, omnipotente, bueno, providente, sino además un Dios que se reveló como Uno y Trino, y que nos participa de su naturaleza divina, que es la gracia santificante.

De allí la gran promesa de nuestro Señor antes de partir a los cielos en cuerpo glorioso; nos augura la venida del Espíritu Santo que Él enviará junto con el Padre; esa es la misión del Espíritu Santo, del soplo de amor divino para que permanezca en la Iglesia vivificándola como su alma y es Espíritu de verdad, no de confusión, ni de oscuridad, ni de error, como dice nuestro Señor.

Así, entonces, les dice a sus apóstoles que el Espíritu de verdad dará testimonio de Él como los discípulos y todos sus descendientes tendrán que darlo de nuestro Señor profesando públicamente la fe católica como fruto de esa revelación. Como dice Santo Tomás citando a San Juan Crisóstomo, el fruto del Espíritu Santo es la profesión de la fe en nuestro Señor Jesucristo dando testimonio de la verdad, sin parte con ningún error; por eso la fe es infalible, por eso la Iglesia inconsútil no acepta, no tolera el error, porque no sería la Iglesia de Dios. Eso, mis estimados hermanos, debemos tenerlo en cuenta sobre todo hoy, porque la comunión en la santa Iglesia católica es en la verdad, en el Espíritu de verdad, que es espíritu de amor. Y no le busquemos una quinta pata al gato.

Por eso no me cansaré de recordar lo que dice nuestro Señor: “No todo aquel que dice ¡Señor, señor! entrará en el reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Y la voluntad del Padre, ¿cuál es? Que se guarde su palabra, su Verbo. Y, ¿cuál es el Verbo del Padre, cuál su palabra? El Hijo, y Éste se encarnó, se hizo hombre y a través de ese Verbo se revela el Padre, se revela Dios como Uno y Trino y en la revelación de esa doctrina, de esa palabra, está hacer la voluntad del Padre.

Esa principios que nuestro Señor dice no son de Él, sino del Padre, porque Él es su Verbo, su pensamiento. Eso es lo que sirve de característica fundamental para tener en medio de la gran confusión que nuestro Señor predice en el evangelio de este día, al advertir a sus discípulos que no se escandalicen cuando sean echados de la sinagoga, es decir, excomulgados, porque serán antema-tizados los verdaderos fieles de Cristo por mantener el testimonio real de Dios.

Y eso, mis estimados hermanos, es hoy una realidad que se ha cumplido literalmente, históricamente, con la condenación oficial que se hizo a monseñor Lefevbre y a monseñor De Castro Mayer. Esos son hechos históricos y no nos escandalicemos. He ahí en lo que no debemos caer, en el desconcierto de esa falsa excomunión por mantenerse en la verdad de Dios y no claudicar como lo hicieron los sucesores de monseñor De Castro Mayer en Brasil con el padre Rifán, al cual le había dicho yo dos años atrás que tuviera cuidado porque, “no es fiel a monseñor De Castro Mayer”; las cartas que le he enviado a él públicamente no son las primeras, porque ya se le veía el caminado y por éste se conoce al personaje.

Lo mismo pasa, duele decirlo, con respecto al padre Aulagnier, uno de los principales miembros de la Fraternidad, hablando de pluralismo litúrgico y de catolizar la misa moderna, cuando monseñor Lefebvre dijo que era bastarda, porque había nacido así en la cópula de ese acercamiento ecuménico entre católicos y protestantes. Lo que sale de allí es una doctrina, una liturgia falsa y eso no se puede legitimar; si hay un matrimonio legítimo no se puede legalizar a los hijos nacidos fuera de él. Entonces, ¿cómo se puede legitimar una misa de esas características? Eso es imposible. He estado esperando que me conteste el padre Aulagnier, porque lo que no puede ser es que se propague el error y los fieles estén sin directivas, sin saber qué hacer. Él, en los comienzos, fue el brazo derecho de monseñor Lefebvre y empieza a caminar torcido como el padre Rifán; lo digo con dolor porque lo que aquí menciono me toca hacelo de puño y letra.

Y para aumentar ese concierto musical carnavalesco, la misa del cardenal Castrillón, después de más de treinta años sin decirse en la Basílica de Santa María la Mayor. Claro que es muy fácil alegrarse, pero es también consecuencia de la ignorancia y por eso es mi deber, mis estimados hermanos, como deber de caridad, combatir la ignorancia.

No es diciendo una Misa de Pío V, después de tanto tiempo, como se vuelve a la Tradición. ¿Cuál dijo al otro día y cuál está diciendo hoy el cardenal Castrillón? O acaso, ¿con decir una misa tradicional, con eso ya está bien y se profesa toda la fe católica y no hay ningún problema? ¡No señor! Eso no es ningún signo de acercamiento, no lo hay, lo que hay y lo que compete es la profesión de la fe católica en toda su pureza, en toda su integridad, dando testimonio del espíritu de verdad y no oficiando una misa como si fuese una payasada de circo. Porque además han asistido todos los falsos tradicionalistas liberales de Eclesia Dei de San Pedro, todos los que se han ido de la Fraternidad y que critican tanto a monseñor Lefebvre como a nosotros y quieren el contubernio con el error invocando la autoridad del Vaticano, la del Papa, la de los obispos.

La autoridad de la Iglesia es para dar testimonio de la verdad y no del error, y nuestro Señor es categórico en eso. Él mismo nos dice, hablando de los falsos profetas, que estarán dentro de la Iglesia con apariencia de virtud. San Juan Crisóstomo nos advierte que son mucho peor que los que están fuera, porque son los enemigos internos, ocultos, quienes solapadamente socavan los fundamentos de la Iglesia católica. Así lo hizo ver hace un siglo su santidad Pío X cuando dijo que los modernistas estaban socavando la raíz misma de la Iglesia católica y que lo único que se esperaba, viendo los acontecimientos históricos de aquel momento, era que el anticristo naciera. Son palabras del sumo Pontífice Santo y Patrono de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Porque hay que estar en comunión con la verdad.

Monseñor Lefebvre fue excomulgado, cumpliéndose literalmente lo que dice nuestro Señor: “Seréis expulsados de la sinagoga”, ésta en aquel entonces era la Iglesia del Antiguo Testamento instituida por Dios. Por eso no debemos escandalizarnos cuando nos echen de la Iglesia por defenderla. Hay que tener una fe muy firme, una visión muy clara, hay que ser un católico instruido. En esta crisis no se aceptan soldados de medio pelo; esos no le sirven ya. Se necesitan soldados de Cristo y no católicos aburguesados y mediocres que todo les da igual, que les da lo mismo prenderle una vela a Dios y otra al diablo.

“No todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial”. Es más, “pensarán hacerle un servicio”, dice nuestro Señor. Agrega Santo Tomás, que se refiere a los judíos porque los paganos no persiguen en el nombre de Dios sino en el de los dioses; pero el judío acosa en el nombre de Dios y por eso pensarán hacerle un servicio. Con lo cual nuestro Señor está también profetizando y señalando el hostigamiento judaico que habrá a lo largo de los tiempos y que se acrecentará hacia el final.

Lo que está pasando hoy es la judaización de la Iglesia, son los judíos los que gobiernan y dominan el mundo y entronizarán al anticristo, para lo cual necesitan una Iglesia  de acuerdo a sus intereses, para que no haya resistencia.

Por eso esa obra que está haciendo monseñor Castrillón es una obra típica de un israelita; entonces, que no sea un idiota útil que se preste a ello. Y si es un judío avispado entonces se le desenmascarará, pero lo que no puede ser es que no veamos claro y que caigamos ingenuamente como una niña de quince años un poco cándida y un poco pura, pero un poco tonta también, en las manos de su seductor. Duele decirlo, pero es así.

El Evangelio emplea las imágenes fuertes; el mismo casto San Juan, cuando muestra el misterio de la mujer escarlata, simbolizado por una prostituta. Tengamos cuidado, porque a una mala mujer uno no se acerca. ¿Y qué hace monseñor Castrillón, que hoy oficia la misa tradicional y mañana la nueva, y que va con el que primero le ofrezca más? Espero, mis estimados fieles, que ninguno se escandalice y si se lo hacen, pues sacudo mis pies y me voy a otra parte.

No puede ser que nos dejemos insensiblemente adormecer y que toda la prensa internacional esté al unísono. Por eso es mi deber decirlo, porque aun dentro de la Fraternidad no todos los sacerdotes lo comprenden, es un hecho, pero aquellos que crean que sí lo entienden, tienen que alzar la voz en el nombre de Dios y en del Espíritu Santo. Es muy fácil hablar de un San Atanasio hace diecisiete siglos, pero lo que no puede ser es que empeorándose la situación no haya Santos Atanasios hoy, eso no puede ser. Y si no existen, es porque no hay Iglesia católica.

El mismo monseñor Williamson me dijo un día: “Cayó Campos...”, es decir, los sacerdotes que continuaron y se unieron a monseñor De Castro Mayer. “...¿caerá la Fraternidad?”. Pidamos para que no claudique, no se escandalice de ser señalada con el dedo como los desechos de la sociedad clerical, como lo advierte San Pablo, “seréis señalados como la escoria de la sociedad”; y ahí está nuestro honor, nuestra humillación y nuestra humildad. Porque hay que ser modestos para dejarse escupir así la cara y mantenerla en alto, como un verdadero soldado confirmado en la gracia del Espíritu Santo.

 Si algún fiel no entiende esto, le pido me lo diga para esclarecérselo y si no quiere comprender es que se equivocó de lugar. Hay que saber que nos espera un combate rudo, cruel y que no es para muchos sino para unos pocos predilectos y amados de Dios, que lo buscan en todas las cosas y en primer lugar, y que Él para ellos no es un artículo de lujo de segundo o tercer orden sino que es esencial,  fundamental. Donde no está Dios verdadero no hay nada, todo es podredumbre y basura. Primero Dios, decía Santa Juana de Arco, y murió tildada de loca, como engañadora y mala mujer por el obispo Cochón, que hasta ese nombre tiene, pues quiere decir cochino, cerdo, y él era el miembro más encumbrado de la universidad de La Sorbona, de París. Fueron algunos integrantes de esta universidad los que persiguieron y mandaron ejecutar a Santa Juana de Arco, que permaneció fiel a la palabra divina muriendo con gran entereza.

Y ahora, ¿cómo es posible que nosotros, siendo muchos más, vayamos a claudicar, nos vaya a dar miedo? ¿De qué? ¿De que no nos den permiso? ¿De qué? ¡No señor! Para ser católicos, nadie le pide autorización a la Iglesia para ser bautizado, simplemente le manifiesta y le pide que le dé la fe en el bautismo. Nosotros no necesitamos ningún permiso para decir la Misa de siempre; ninguno. Y no hay ninguna excomunión, no existe. La Tradición no puede ser condenada. Por eso monseñor Lefebvre decía que si había algún anatematizado serían ellos, los que arrinconan y persiguen a la Tradición de la Iglesia, los que no la quieren y desean una implantación de una Iglesia mancomunada, que cobije a todos los hombres sin dogmas ni credos que dividan. Esa será la Iglesia del anticristo y “a ese sí le recibiréis”, dice nuestro Señor, “pero yo, que no vengo en nombre propio, sino en el de mi Padre, me rechazáis”; por eso  le crucificaron. Por eso nosotros vamos a la inmolación y no nos hagamos ilusiones de que así no sea.

Ahí está la gloria, en poder soportar esa sacrificio como verdaderos católicos sin escandalizarse, llenos del amor del Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia y no el espíritu de error y de mentira que entró con el Vaticano II como el humo del infierno, como el mismo Pablo VI, siendo pontífice en aquella época, lo dijo.

Por eso el evangelio de hoy debe servirnos para que nos consolidemos en el espíritu de verdad y no nos asombremos cuando seamos proscritos. Porque la Iglesia católica, apostólica y romana no son los muros de piedra, no son los edificios, es el alma de todo fiel a Cristo, los Cristifideles, que por un misterio de iniquidad serán dispersados por el mundo. Ese es el gran misterio de iniquidad de la Iglesia. La congregación de los Cristifideles al fin de los tiempos sean dispersados físicamente, materialmente, pero unidos en la verdad del Espíritu Santo, del soplo de amor del Espíritu de verdad de Dios. Por eso el próximo domingo, que será Pentecostés, la Iglesia quedará definitivamente consolidada, reafirmada, coronada en ese soplo de amor del Espíritu Santo que es Espíritu de verdad y que durará hasta el fin de los tiempos.

Pidamos a nuestra Señora que sepamos dar testimonio de nuestro Señor profesando la fe y la verdad sobrenatural y eso con el amor, con el soplo de Dios, del Espíritu Santo y así no tendremos miedo a nada ni a nadie, sólo a Dios. Él será lo único que realmente nos interese, todo lo demás es secundario. Ese es el sentido verdaderamente católico, en el que todo fiel debe vivir y morir y por eso hay que recordarlo, sobre todo ahora, en esta hecatombe que estamos viviendo fuera y dentro de la Iglesia. Pidamos al Espíritu de amor que ilumine nuestras inteligencias y el corazón con su llama, con su fuego, para que así permanezcamos en este testimonio fidedigno y veraz de Dios. +

P. BASILIO MERAMO
    
1 de junio de 2003
    


jueves, 29 de mayo de 2014

ASCENCION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO



ASCENCION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
TOMADO DE LA "CATENA AUREA"Santo Tomás de Aquino


San Lucas cap. 24, 50-53:

Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos les bendijo; y aconteció, que mientras los bendecía, se apartó de ellos, y era llevado al cielo. Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron a Jerusalén con grande gozo. Y estaban siempre en el templo, loando y bendiciendo a Dios. Amén. (vv. 50-53)


Beda
Omitiendo todo lo que el Señor había hecho con sus discípulos en el espacio de cuarenta días, el evangelista pasa del primer día de su resurrección al último día en que subió a los cielos, diciendo: "Los sacó fuera, hasta Betania". Ante todo, por lo que dice el nombre de la ciudad -que quiere decir casa de obediencia - entendemos que el que había bajado del cielo por la desobediencia de los malos, subió por la obediencia de los convertidos. Además, por el lugar que ocupaba la ciudad (que según se dice estaba a la falda del monte de los Olivos), porque la casa de la Iglesia obediente debía estar a la falda del monte mismo (esto es, de Cristo), en donde ha colocado los fundamentos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Bendijo a quienes había mandado enseñar. Por ello sigue: "Y alzando las manos los bendijo".

Teófil

Les infundió la fuerza que conserva hasta la venida del Espíritu Santo. Nos enseñó que cuantas veces nos separamos, encomendemos a nuestros súbditos a Dios por medio de las bendiciones.

OrígenesEl acto de levantar las manos y bendecirlos, significa que el que bendice debe estar adornado de buenas y heroicas obras, para bien de los demás; por esto levantó las manos al cielo.

CrisóstomoObsérvese que el Señor nos hace ver sus promesas. Había ofrecido que resucitarían los cuerpos; resucitó El de entre los muertos, y confirmó a sus discípulos en esta fe por espacio de cuarenta días. Ofreció también que seremos arrebatados al cielo, y probó esto también por medio de las obras. Prosigue: "Y aconteció, que mientras los bendecía", etc.

Teófil
Elías también parecía ser llevado al cielo, pero el Salvador mismo ascendió al cielo como precursor de todos para presentarse en su cuerpo sacratísimo como primicia ante el Padre. En este concepto, ya fue honrada nuestra naturaleza con todas las virtudes de los ángeles.

Crisóstomo
Pero dirás: ¿a mí en qué me interesa? Pues tú serás igualmente llevado a los cielos, porque tu cuerpo es de la misma naturaleza que el cuerpo de Jesucristo. Tu cuerpo, pues, será tan ágil, que podrá atravesar los espacios; porque así como la cabeza, es el cuerpo; como el principio, así el fin. Véase cómo fuimos honrados por este principio. El hombre era la clase más ínfima de las creaturas racionales, pero los pies se hicieron semejantes a la cabeza, fueron encumbrados en una torre real por virtud de Jesucristo, su cabeza.

Beda
Habiendo subido el Señor a los cielos y habiendo adorado sus discípulos el último lugar que pisaron sus pies, volvieron apresuradamente a Jerusalén, en donde se les había mandado esperar la promesa del Padre. Prosigue: "Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron", etc. Estaban embargados de una grande alegría, porque después del triunfo de la resurrección, habían visto a su Dios y Señor penetrar en los cielos.

Griego
Y velaban, ayunaban y oraban, porque no descansando en sus propias casas, sino esperando constantemente la gracia de lo alto, estaban siempre en el templo, aprendiendo en él, entre otras virtudes, la piedad y la honestidad. Prosigue: "Y estaban siempre en el templo".

Teofilacto
Todavía no había venido el Espíritu Santo y ya hablaban espiritualmente. Al principio estaban encerrados, pero ahora ya no tenían inconveniente en presentarse delante de los príncipes de los sacerdotes, sin preocuparse de las cosas del mundo, antes bien, alababan todos a Dios, desestimando todo esto. Prosigue: "Loando y bendiciendo a Dios. Amén".

Beda
Obsérvese que San Lucas se distingue por el toro, entre los cuatro animales del cielo, porque el toro se ofrecía como víctima por los sacerdotes, y en atención a que se ocupó del sacerdocio más que los otros evangelistas. Además empezó su Evangelio por el ministerio sacerdotal de Zacarías en el templo, y lo concluyó con la reunión de los apóstoles en el templo, no ofreciendo sacrificios cruentos, sino como ministros del nuevo sacerdocio, alabando y bendiciendo a Dios, para prepararse así a recibir dignamente la venida del Espíritu Santo.

Teófil
Prosigamos imitándolos siempre en una vida santa, alabando y bendiciendo a Dios, de quien es la gloria, la dicha y el poder por los siglos. Amén.

domingo, 25 de mayo de 2014

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este quinto y último domingo después de Pascua, vemos en el Evangelio cómo nuestro Señor les dice a sus discípulos, y a nosotros también, que hasta ahora nada se le ha pedido al Padre en su nombre. Ha mostrado la importancia de cómo se ha de implora, es decir, de orar, de rogar, de rezar en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Y hacerlo en el nombre de Jesús es pedir la salvación. Jesús, quiere decir salud, dador, el Salvador; el que da la salud eterna y la salvación. Y por eso dice San Agustín que para pedir en el nombre de Jesús a Dios Padre hay que suplicar en lo concerniente a la salvación de nuestras almas, así se le implora nuestra salvación.

De modo que si le estamos rogando ganar la lotería, ser ricos o famosos o tener éxito, es evidente que esto no nos las va a dar y peor si no nos vamos a salvar sino a condenar por medio de ellas. Cuánta gente es buena sólo cuando vive en la lucha y sufre, pero cuando tiene dinero se corrompe; a cuántas almas pervierte la abundancia, la prosperidad y no solamente las seduce con una mala vida sino también a veces con el simple orgullo de creerse poderosos, más fuertes y así oprimen y no les importa el débil y necesitado, el que llora, el que sufre.

Si vemos, esa es la historia de la humanidad: el que está arriba pisotea al que está abajo, cuando debería ayudarlo; y el inferior cuando asciende no debería vengarse. Eso es lo que sucede aquí en Colombia y en todo el mundo, pero aquí de un modo desastroso, donde no se es superior para mandar bien, para ayudar, para gobernar, sino para oprimir y sacar ventaja; eso es lamentable.

Es una concepción completamente anticatólica de la vida y de la superioridad en cualquier orden que sea. El patrón es el que guía, el que dirige a los otros a su fin, y les ayuda y los sostiene, les da ánimo y trata de algún modo de paliar las dificultades que puedan tener los otros. Lo demás es una concepción falsa de la superioridad, de la autoridad, del mando, del poder, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella, en la vida social como en la familiar.

Nuestro Señor nos dice que siempre debemos pedir en su nombre, en nombre del Salvador, la redención de nuestras almas y lo que es necesario para que no nos condenemos; no lo que nos puede parecer indispensable, como como pueden serlo algunas comodidades. El sentido de pobreza que hay que tener aunque se sea multimillonario, es de renuncia, de desapego. ¿Por qué creen ustedes que nuestro Señor nació en un pesebre y vivió pobremente? Porque era mucho más perfecto vivir con poco en la renuncia, aun de lo necesario, para que floreciera la virtud. Claro está que Dios no quiere que vivamos en la miseria pero sí en la pobreza o, por lo menos, con sentido de pobreza a lo cual ayuda la limosna. Ésta, que como el agua, apaga el fuego, los pecados o las deudas por ellos.

Si verdaderamente se hiciera caridad estarían más compensados la sociedad y el mundo, no existiría la rapiña y la injusticia hoy legalizada, porque las leyes ya no son católicas, no tienen que ver con la justicia y con la equidad y por eso la falta de virtud en el orden social que genera la injusticia, la iniquidad. El equilibrio está en la virtud, en el servicio y las obras que se hacen por ella; pero como cuesta, entonces no nos gusta. Por ello los santos son quienes han vivido en el heroísmo de la virtud, es decir, en su permanencia, llegando así a la osadía de una vida santa y virtuosa en unión con Dios. No debe ser a ratos solamente cuando comulgamos, queremos ir a Misa, o cuando rezamos el rosario, y después, el resto de las veinticuatro horas del día y de la noche qué, “hacer lo que se me da la gana”; por eso el mundo y los católicos andan como andan, porque no permanecemos en ese espíritu de Dios durante todo el santo día, sino de ratos cuando nos acordamos, y aún así creemos que ya hemos hecho mucho.

Y vemos también que en el evangelio de hoy nuestro Señor no solamente nos enseña a pedir nuestra salvación sino que nos muestra el amor que nos tiene el Padre eterno, a tal punto que no hace falta que le pidamos, le manifestemos nuestras necesidades porque Él, que nos ama, las conoce; pero la condición, el soporte, el fundamento de ese amor es nuestro Señor, “el mismo Padre os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y vine al mundo; otra vez dejo el mundo y voy al Padre”. Entonces dicen los discípulos que ahora sí les habla claro y no en parábolas, en imágenes, en semejanzas, sino directa y abiertamente. Pero lo que pasa es que a veces es difícil hablar abierta y directamente. Cuántas veces nos pasa eso con el prójimo; entre más clara y abiertamente se hable, peor, hay que ir con rodeos o con una comparación, con una semejanza.

Nuestro Señor es el fundamento del amor del Padre, esto ya nos demuestra que cualquier otro es falso, que no hay amor a Dios que no esté fundamentado en Jesucristo; y ahí claudican todas las creencias y religiones que no se basan en Cristo y que no conservan la doctrina de nuestro Señor Jesucristo. No hay que olvidar ese carácter revelado de nuestra santa religión. No es una doctrina natural que existiría si Dios no se hubiese revelado. Dios se reveló en nuestro Señor como Él es, Uno y Trino, y por eso toda otra creencia, credo o religión transigen, no existen delante de Dios, son inútiles; como ejemplo tenemos el judaísmo, el mahometismo, el budismo, el protestantismo, porque aunque ellos vivan hablando de Cristo no conservan su doctrina sino lo que a ellos les viene en gana; lo mutilan como de hecho los mahometanos hacen, creen en Él pero como lo hacía Arrio: que Cristo es un gran profeta, un gran personaje, pero que no era Dios, que no salió del Padre.

Nos damos cuenta entonces de la importancia de la divinidad de nuestro Señor y de creer en ella, pues allí está el fundamento del amor que nos tiene el Padre y si no, no nos puede amar como a hijos suyos sino como a réprobos, a condenados y eso siempre lo predicó la Iglesia católica, apostólica y romana. Pero hoy no se pregona eso; entonces ¿es que la Iglesia dejó de serlo? O, por lo menos, ¿esos que catequizan en nombre de la Iglesia no son de ella? ¡Claro que no!, son usurpadores, protestantes que se quedan dentro de la Iglesia apoderándose de su nombre, del de Cristo, del de Dios; esa es parte de la gran crisis que hay hoy dentro de la Iglesia, porque el demonio se dio cuenta que hay que atacar desde el interior, ya no desde el exterior.

El gran papa San Pío X al inicio, al alba del siglo XX, dijo en su primera encíclica que el anticristo no tenía otro trabajo que el de nacer. ¿Qué diría cien años después? Porque fue en 1903 y estamos en el 2003, ¿qué manifestaría hoy? Por eso debemos estar prevenidos para cuando llegue ese día, la entronización dentro de la Iglesia del anticristo, que se ha ido preparando y que se está haciendo dentro y fuera de la Iglesia, para que venga y reine usurpando el poder de Cristo.

Los fieles o lo que quede de ellos, porque no todo el que dice “Señor, Señor” es fiel, pero lo que reste, ese pequeño rebaño leal que heroicamente mantendrá la fe cuando toda esa abominación que hoy  vemos culmine en el anticristo, debe estar preparado. Los profetas, o los que lo han anunciado, han llegado a hablar para los últimos tiempos incluso de antipapas, es decir, de usurpadores en el trono sacrosanto de San Pedro y eso hay que señalarlo.

Ya desde el siglo XVII, comentadores del Apocalipsis como el venerable beato Holzhauser, hablaban de anti-papas, porque el anticristo no vendrá de golpe. Y desde mucho antes, también Beato de Liévana, del siglo VIII, uno de los grandes glosadores del Apocalipsis cuyo libro quedó perdido y se encontró y es una joya, habla de lo mismo, de la defección del clero bajo la bestia de la tierra en connivencia con la del mar del Apocalipsis. La terrenal, que tiene la apariencia de cordero, simbolizada con los dos cuernos, de Moisés; los dos cuernos de la mitra que representan el Antiguo y el Nuevo Testamento y el poder de Dios; luego es algo que aparenta ser de Dios e incluso su poder, pero que no le sirve, no sirve a la Iglesia.

Y la imagen fuerte de la gran ramera, la religión prostituida, corrompida pero vestida de púrpura y escarlata, todo eso ¿qué es?, ¿literatura? Es mucho más que eso. Es una profecía apocalíptica para los últimos tiempos de la Iglesia, antes del advenimiento de nuestro Señor en gloria y majestad, cuando venga a destruir toda esa usurpación de Satanás, de los infiernos, dentro de la Iglesia.

Hay que estar apercibidos si es que nos toca estar vivos, para salvar nuestras almas, para pedir en el nombre de nuestro Señor, porque yo no puedo hacerlo en el nombre de Cristo, de nuestro Señor, la salvación en el ecumenismo igualando a todas las creencias y religiones que niegan la exclusividad de la Iglesia católica apostólica y romana, que proclaman la libertad de cultos y de creencias en el corazón endiosado del hombre moderno. Todas estas son herejías, una detrás de otra; todo eso camina hacia la apostasía y eso hay que decirlo, es mi deber, para que roguemos por la salvación de nuestras almas y para que sigamos creyendo en la divinidad de nuestro Señor, en la de su santa Iglesia y no en la prostitución de la jerarquía de hoy, que la tiene sumida, sumergida, en esta espantosa y abominable crisis.

Duele decirlo, pero hay que hacerlo, que el cardenal Castrillón, se deje de hacer el payaso diciendo la Misa tridentina. Ayer dice la tridentina, y hoy ¿cuál? ¡La moderna! Como una mala mujer que va con el que mejor le pague hoy para irse mañana con el otro; ¿esa es la religión católica? Que deje esa payasada circense que no hace más que convertir la Iglesia en el Panteón donde anidaba en cada rincón un altar para el dios de cada uno y dentro de él nos quieren meter hoy. Que gente como el padre Aulagnier, que durante tantos años ha sido Superior de Francia, ahora se desvíe hablando de pluralismo litúrgico, diga estupideces, hable de la catolización de la nueva misa que es protestantizante, y eso que es uno de los más antiguos de la Fraternidad; ¿a dónde nos quiere llevar?

Y digo el padre Aulagnier porque si nadie en la Fraternidad va a alzar la voz lo haré yo, pero primero espero que lo haga la autoridad de la Fraternidad, que lo hagan los obispos, pero si no lo hacen, me tocará a mí. Porque no puede ser que uno de entre los primeros miembros y brazo derecho de monseñor Lefebvre haga también esa estupidez, esa claudicación y que haya alabado sin transigir ese desistimiento de los padres de Campos, para que entraran al panteón del pluralismo religioso, que digan la Misa de San Pío V en medio de las otras religiones, en medio de la reforma litúrgica, que es revolucionaria.

No queda más que la santa intransigencia de la verdad y donde no la haya, es una posición exclusiva, es un solo punto el que me da la verticalidad, ya lo demás no lo es; no hay otra alternativa, lo único que resta es mantenernos en esa santa inflexibilidad, y el que no lo entienda, claudicará tarde o temprano. Sometimiento que será uno tras otro, lo malo es que no se la advierta por miedo de asustar a los fieles. La verdad no asusta, salva, porque si nos atemoriza, es para nuestra salvación si respondemos a ella. Es un deber para mí el hacerlo y el decirlo, para que ustedes aprendan a defenderse, porque no se sabe hasta cuándo nos sea permitido tener la libertad de predicar, de decir la Santa Misa y de que los fieles tengan el apoyo de los sacerdotes. Y, ¿qué irá a pasar si los creyentes en esa soledad del desierto no han aprendido y no se les ha enseñado a defenderse para que así salven sus almas?

Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que guardemos estas cosas y las meditemos y las tengamos presentes. No nos olvidemos de pedir siempre en el nombre de nuestro Señor, en el de Jesús, la salvación de nuestras almas, ya que el fundamento de nuestra salvación es la divinidad de nuestro Señor y en esa aceptación tenemos la garantía del amor del Padre eterno. ¿Qué más queremos? Ya tenemos la seguridad de nuestra salvación, pero está basada en nuestro Señor y por eso es importante tenerlo presente y por eso la exclusión de todo lo que no sea Cristo Redentor.

Pidamos, pues, a nuestro Señor, mantener viva esa llama de la fe, aunque nos toque estar solos. Pero que se conserve así en nuestro corazón para por lo menos salvarnos nosotros si es que no podemos lograr socorrer a los demás. +

P.BASILIO MERAMO
    
25 de mayo de 2003



viernes, 23 de mayo de 2014

El R.P. Basilio Méramo da Respuesta a la decisión de Mons. Fellay de expulsar al Padre F. Altamira.

Estimado Mons. Bernard Fellay (cc Padre Pablo Billoni):
   El pasado viernes 9 de mayo, el Padre Francisco Jiménez y el Padre Sebastián de Candido me entregaron la notificación con su decisión de expulsarme de la FSSPX (cosa que consideramos inválida, por el ESTADO DE NECESIDAD y demás argumentos, ut infra). En su decisión, se me dice del plazo de 10 días hábiles desde la notificación para eventualmente hacer una respuesta.

1.- Algunas consideraciones. Y “hechos” de actualidad.

1.a) Su forma de obrar. Entrar en la estructura de la Roma Modernista.
   Nuevamente la Providencia, por las circunstancias, permite que vayan saliendo a la luz hechos (sus recientes reuniones en Roma, la defensa desde el Vaticano hecha por los Padres Lombardi y Rosica a favor de usted, etc) que muestran lo que parece una constante en su obrar y que causó (sobre todo en el año 2012) y causa tantos problemas entre nosotros: Su insistencia en querer INCORPORARSE A LA ESTRUCTURA DE LA ROMA MODERNISTA.
   Ojalá la Providencia permita que salten a la luz, con total evidencia, nuevos hechos, que muestren las cosas claramente.
   Por otro lado, tanto entonces como ahora, e incluso antes del 2012, tenemos su “interminable” ambigüedad y el secretismo.
   Parece que jamás su modo de hablar será “sí-sí, no-no”. Al revés, uno tiene que estar siempre frente a esos “sí, pero no”, “no, pero sí”, “blanco, pero negro”, “negro, pero azul”: Perdón, pero es un cuento de nunca acabar.
   Están también “los secretismos”. Si su obrar es bueno, si su obrar es claro: ¿Por qué no hacer todo a plena luz; por qué no hacerlo públicamente? ¿Por qué no decir de una vez por todas lo que usted quiere hacer junto con sus dos asistentes y varios más de “la cúpula” de la Congregación?
   ¿No es más fácil decir: “Señores: Nosotros queremos estar, sí o sí, dentro la estructura de la Roma Modernista que está hoy en el Vaticano, el que quiera seguirnos es bienvenido, el que no vea cómo hace”?
   Decir las cosas así: ¿No simplificaría y desahogaría “la opresión del interior de algunos”, esos compañeros que no saben qué hacer porque usted no se muestra claro (ventaja para usted, y para aquéllos…)?
   Pero eso no sucederá: Ustedes saben y “calculan” el enorme rechazo que lo anterior causaría. Suponemos que no habrá transparencia desde Menzingen. Se prefieren las “elípticas”. Y tratar de arrastrar “al mayor número posible”.
   Frente a tantos “patrones o moldes repetidos” por Mons. Fellay y Menzingen (“siempre volvemos a lo mismo”): Nuestro ánimo se ve abajado y el nivel de hartazgo es realmente grande.
“Pero es que esa Roma que está hoy en el Vaticano es la Iglesia Católica, no existe una Religión Conciliar”. Con palabras muy parecidas, usted recriminaba a los otros tres obispos: “Al leerlos, uno se pregunta seriamentesi ustedes creen todavía queESTA IGLESIA VISIBLE cuyo asiento está en Roma, es la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo (carta del 14 abril 2012).
   Le responderemos con Mons. Lefebvre: “ES EQUIVOCARSE, ASIMILAR[1] “la iglesia oficial” A LA IGLESIA VISIBLE” (ver en lo que sigue). Daremos sólo dos citas (aunque hay muchísimas, cf. los trabajos del Padre Pivert):
“¿Dónde está la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: Es UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. (…) Si hay aún una VISIBILIDAD de la Iglesia hoy, es gracias a ustedes.ESTAS SEÑALES NO SE ENCUENTRAN YA EN LOS OTROS. (…) NO SOMOS NOSOTROS, SINO LOS MODERNISTAS QUIENES SALEN DE LA IGLESIA… ES EQUIVOCARSE, ASIMILAR[2] “la iglesia oficial” A LA IGLESIA VISIBLE. (…) ¿Salir, por lo tanto, de “la iglesia oficial”? En cierta medida, ¡sí!, obviamente (Revista “FIDELITER” Nº 66, noviembre-diciembre 1988).
PONERSE DENTRO DE LA IGLESIA: ¿Qué es lo que eso quiere decir? Y en primer lugar: ¿De qué iglesia se habla? Si es de la iglesia conciliar: Sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esa “iglesia conciliarpara supuestamente volverla católica. ¡ES UNA ILUSIÓN TOTAL! (…) Es increíble que se pueda hablar de IGLESIA VISIBLE en la relación a “la iglesia conciliar”, Y EN OPOSICIÓN A LA IGLESIA CATÓLICA, que nosotros intentamos representar y seguir. (…) SOMOS NOSOTROS QUIENES TENEMOS LAS NOTAS DE “LA IGLESIA VISIBLE”: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. ES ESO LO QUE CONSTITUYE LA IGLESIA VISIBLE. (…) Obviamente estamos en contra de la iglesia “conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una iglesia virtualmente excomulgada, porque es una iglesia modernista” (Revista “FIDELITER” Nº 70, julio-agosto de 1989).
   El Padre Pfluger pide no hagamos “dialéctica” entre Mons. Lefebvre y usted. Es imposible: Se presentan como el día y la noche. Si estuviera vivo: ¿Qué diría Mons. Lefebvre de usted, de lo que usted está haciendo?

1.b) “El Concilio Vaticano II es Magisterio de la Iglesia”: Así se muestra una de sus metas.
   Otro punto grave:
   Todo indica que en su agenda está el lograr de nosotros que reconozcamos al Concilio Vaticano II como “Magisterio” de la Iglesia. Sabemos que quienes están ocupando Roma jamás aceptarán lo contrario. Pero usted dirá y ha dicho: “Vaticano II tiene partes buenas”. Decimos nosotros: Podemos llamarlo “magisterio por partes”.
   ¿Se imagina andar diciendo lo mismo del Concilio Vaticano PRIMERO? “Vaticano PRIMERO tiene bueno y malo, verdad y error: No es Magisterio lo malo, sí es Magisterio lo bueno”.
   En su última Carta a los Amigos y Benefactores nº 82 tenemos párrafos que van en este sentido, que dejan abiertas puertas al “magisterio por partes” (“VII. Una nueva concepción del magisterio”, punto 4):
“4. (…) De todo esto concluimos que este Concilio, habiendo querido proponer ESTAS NOVEDADES, está privado de carácter magisterial vinculante, EN LA MEDIDA MISMA EN QUE LAS PROPONE (preguntamos nosotros: ¿y el resto sí: lo que no son novedades sí tiene poder magisterial “vinculante”?). Su autoridad ya es dudosa(P.A.: ¿sólo “dudosa”?) en razón de la intención nueva, supuestamente “pastoral”, indicada en el parágrafo precedente. Se manifiesta además CIERTAMENTE NULA en cuanto a los puntos en los que se coloca en contradicción con la Tradición” (otra vez preguntamos: ¿sólo en esos puntos?, ¿entonces en el resto: sí hay Magisterio Católico?).
   Un miembro importante de la Congregación dijo hace poco sobre Vaticano II: “Sí, el valor magisterial de todo el Vaticano II es NULO, PERO NO CREO QUE MONS. FELLAY ESTÉ DISPUESTO A DECIR ALGO ASÍ”. Nosotros decimos: Debemos rechazar dicho Concilio totalmente, eso no es, ni puede ser, Magisterio: Ha sido “los estatutos de una nueva falsa religión”. Pero tal vez en respuesta escucharemos aquélla su frase: “Nosotros aceptamos el 95 % del Concilio”.
   En Flavigny (diciembre 2013, Retiro de Hermanos), las informaciones han dicho que el Padre Pfluger (número dos de la Congregación) expresó: “En la Fraternidad somos muy fastidiosos, nuestra posición no es clara respecto al Concilio, SI NO LE DAMOS VALOR MAGISTERIAL, entonces ya no somos católicos. Sin comentarios.

1.c) Lo prudente frente a un “suicidio”. Su “reingresamos en la Iglesia”.
   Las palabras de los últimos años de vida de nuestro fundador nos decían que había que esperar LA CONVERSIÓN DE ROMA Y DEL PAPA (si es que esto puede aún darse), esperar que ellos retornaran a la Iglesia Católica, a su doctrina, a su moral, a lo que habían dicho siempre los Papas en sus encíclicas.
   El Capítulo del año 2006 juzgó, POR LA SITUACIÓN EN QUE SE ENCONTRABA LA IGLESIA, que LO PRUDENTE era no hacer un acuerdo práctico con la Roma Modernista sin la conversión del Papa y de esa Roma.
   En el año 2012, en el 2013, ahora en el 2014: La situación de la Iglesia: ¿Mejoró o empeoró?
   La respuesta no es evidente: ¡Es evidentísima! Pues: Si frente al estado en que estaba la Iglesia en el 2006, LO PRUDENTE era aguardar LA CONVERSIÓN de la Roma Modernista, con muchísima más razón hoy en día.
   Por eso, sus intentos de hacer un acuerdo (año 2012 y anteriores), su esperanza de que Benedicto tuviera un último gesto hacia nosotros antes de retirarse (año 2013), y los actuales “posibles” esfuerzos e intentos de un reconocimiento “unilateral” (¿?) ¡por parte de Francisco!, se muestran, frente a “la operación supervivencia de Mons. Lefebvre”, como “la operación suicidio de Mons. Fellay”. Perdón que lo digamos de esa manera.
   Además, la experiencia de lo que ha ocurrido a cerca de una decena de Congregaciones similares a la nuestra tendría que ser suficiente para terminar con todo esto. Basta pensar en el “suicidio” que se dieron a sí mismos los padres de Mons. De Castro Mayer (Campos, Brasil), Dom Gerard y su monasterio, la Frat. San Pedro, el IBP (Instituto del Buen Pastor), los Redentoristas de Escocia, el Padre Muñoz y las hermanas de su convento (Barcelona), etc, etc. “Algo” tendríamos que aprender de todo eso.
   Uno de los motivos de sus acciones estaría en que usted considera que estamos “fuera” de la Iglesia Católica. Copio entonces, con algún leve cambio en mis notas, lo que ya escribimos: Mons. Fellay se expresó: (Les Nouvelles caléedoniennes) “«el Papa vuelve a las ideas tradicionales (nota del PA: habla de Benedicto XVI, lo cual es falsísimo, él es muy modernista)… Tal vez estamos mucho más cerca del Papa de lo que parece. (…) Además (…) Basta un acto de Roma para decir que ha terminado y que nosotros REINGRESAMOS en la Iglesia. Esto llegará. Soy muy optimista (27 de diciembre 2010)». Yo agregué allí y lo repito: “Son los otros los que se han ido: La falsa Iglesia Conciliar” (tomado de mi carta al P. Bouchacourt, 6 de enero de 2014).

2. ESTADO DE NECESIDAD en la FSSPX. Argumentos “de fondo” contra su decisión de expulsión.

   Todas las cosas que han ocurrido alrededor de su “gobierno”, han creado y crean un gran ESTADO DE NECESIDAD en la Congregación.
   Es una situación en paralelo con lo que ocurre en la Iglesia, y con lo que tuvo que enfrentar Mons. Lefebvre.
   Cuando respondí a su segunda monición expresé la gravedad de sus dichos, enseñanzas, acciones. Los ejemplos iban en relación a los cuatro puntos más graves de esta crisis de la Iglesia. Pondré en anexo, al final, lo que allí escribí. Ahora simplemente enumero esos puntos.
   La gravedad de sus dichos: a) Frente al Concilio, en especial –no únicamente- en la hermenéutica de la continuidad. b) Frente a la misa moderna y los siete sacramentos modernos. c) Frente a la libertad religiosa. d) Frente al ecumenismo.
   Como en su momento, decimos ahora: O todo esto es una ficción, o es Verdad. Si es Verdad, “algo” se debe hacer.
   EL ESTADO DE NECESIDAD que usted ha creado entre nosotros, los argumentos de fondo, etc, hacen inválida su decisión de expulsarme. Nos encontramos frente a hechos que exigen de nosotros resistir a lo que usted está haciendo.
   En épocas de San Pío X, si un Superior se hubiera expresado, sobre los cuatro puntos mencionados (y más), con insinuaciones (o tal vez abiertamente) a favor de tesis modernistas, probablemente hubiera sido removido de su cargo por la máxima autoridad de la Iglesia. Hoy no podemos esperar eso: La Sede está ocupada.
   Otro asunto importante: También se escucha decir en la Congregación: “Sí, tenemos problemas con Mons. Fellay, es cierto, pero estas cosas no se deben decir públicamente”.
   Evidentemente que ésa es la regla. Pero evidentemente también, que hay circunstancias que EXIGEN que uno hable públicamente. Si nunca se pudiera obrar así, ya lo dijimos, Mons. Lefebvre hizo un pecado gigantesco, pues él habló públicamente contra las acciones y dichos de la máxima autoridad, el Papa, y a escala mundial, ¡y durante años!
   Así las cosas, en Bucaramanga, casi un año y medio atrás (diciembre 2012), el Padre Bouchacourt me dijo “si usted está tan en contra de lo que está haciendo Monseñor Fellay, usted tiene que irse”. Repetimos lo que respondí entonces: “Padre, sí estoy muy en contra de lo que está haciendo Monseñor Fellay, tengo la impresión de que la Congregación va a terminar mal, pero yo ahora estoy viendo qué cosas ocurren y ocurrirán en estos meses, y veré entonces qué hago”. Lo curioso es que en estos 19 años (6 del seminario y 13 del sacerdocio) uno ha tratado de ser lo que siempre hemos sido: Miembros de la FSSPX como Mons. Lefebvre la fundó. Hoy en día el que ha cambiado, y el que cambia, es Mons. Fellay… y el que se tiene que ir es uno. Todo esto es una locura.

3. ESTADO DE NECESIDAD en la FSSPX. Argumentos “de forma” contra su decisión de expulsión.

   EL ESTADO DE NECESIDAD –otra vez- que usted ha creado, y defectos jurídicos de “forma” (algunos de ellos elementales), hacen inválida su decisión de expulsarme.
   Como ya habíamos dicho: En estos procesos que usted entabla para expulsar sacerdotes se violan, en su tramitación, ciertas normas elementales del “debido proceso”. Por ejemplo: Usted es al mismo tiempo “juez y parte”, no hay principio de imparcialidad, por más que se escude en un superior de distrito o en “cuatro miembros de su Consejo”. Por lo mismo, no existe el principio de la doble instancia, no hay posibilidad de apelar; y el recurso a Roma por supuesto que no existe (la Sede está ocupada).
   En cuanto al ESTADO DE NECESIDAD, a “la crisis interna EN la FSSPX”, el mismo Padre Pfluger, se expresó: Estamos en un momento decisivo para la Tradición y la Fraternidad. CRISIS… se aplica en medicina en el caso de un paciente al cual le llegó el momento de decidir sobre su destino… Nosotros estamos en ese punto” (ídem referencia ut supra).
   EL ESTADO DE NECESIDAD causado “nos obliga en conciencia” a resistir a lo que usted hace. Y hace aplicables los mismos argumentos que tantas veces hemos publicado en defensa de lo que hizo Mons. Lefebvre frente al Papa por la crisis de la Iglesia, frente a todas estas cosas que han venido a DESTRUIR LA FE CATÓLICA. Es un tema de teología, fundamentado por ella, y por el buen criterio:
   “Una persona que viola una ley POR ESTADO DE NECESIDAD no está sujeto a pena alguna”. “Incluso si no hubiese UN ESTADO DE NECESIDAD, si bien lo hay en este caso, si uno sin culpa juzgara que hay uno, no incurriría en la pena”. Pero, además de ser una cuestión teológica y del buen sentir, con palabras casi idénticas, se expresa el “Breviario sobre la FSSPX” sobre cuestiones de derecho canónico, “breviario” que usted ha hecho publicar años atrás (cf lo que allí se dice sobre el canon 1323 del nuevo código).

PARA CONCLUIR:
   Primero ponemos otra cita de Mons. Lefebvre, “Roma está en la Apostasía” (4-oct-1987):
«Aquí yo he resumido (lo que dije) al cardenal Ratzinger; algunas palabras: «Incluso si usted nos otorga un obispo, incluso si nos otorga una cierta autonomía de los obispos, incluso si nos concede toda la liturgia de 1962, si nos concede seguir con el Seminario de la Fraternidad como lo hacemos ahora: ¡NOSOTROS NO PODEMOS COLABORAR! ¡ES IM-PO-SI-BLE, IMPOSIBLE! Porque nosotros trabajamos en una dirección diametralmente opuesta: Ustedes trabajan por la descristianización de la sociedad, de la persona humana, ¡y de la Iglesia!; y nosotros trabajamos por la Cristianización», no nos entendemos. ¡Roma ha perdido la Fe, mis queridos amigos! ¡Roma está en la apostasía! No son palabras, no son palabras al viento: Es la Verdad. ¡Roma está en la apostasía! ¡No se puede tener confianza en ese mundo allá! ¡Ellos han dejado la Iglesia, han dejado la Iglesia, dejan la Iglesia! Seguro, seguro, seguro...».
   Suponemos que mi texto no cambiará su sentencia y que usted negará EL ESTADO DE NECESIDAD. Pero aquí queda, dejamos este escrito y este precedente. Puede dejarlo así. La Sede está ocupada. “La Iglesia está ocupada”, no podemos pretender que haya una solución, y la cuestión quedará pendiente. Dios dirá, cuando Él intervenga, en qué depara todo esto.
   Me resta el desear y pedir a Dios y a María Santísima que me hagan un sacerdote fiel, un buen sacerdote. Ojalá quieran Ellos otorgármelo. Le saludo atentamente y le prometo mis oraciones.
   En María Santísima. Padre Fernando Altamira (lunes 19 de mayo de 2014)

ANEXO: CUESTIONES DE FONDO (copiado de la respuesta del Padre Altamira, del 3 de marzo de 2014).
“Pero por encima de las formas jurídica (derecho adjetivo), lo importante aquí son las cuestiones DE FONDO: El fondo del problema que padecemos los sacerdotes de San Pío X. Y sobre todo es este punto lo que hará nula la expulsión que usted quiere aplicar.
   Porque, o todo esto es una ficción, o existe un problema real (y grave). Y de existir dicho problema, habrá “alguien” que lo ha causado.
   El problema no es una ficción y quien lo ha causado es usted.
   En circunstancias normales uno podría hacer una denuncia a Roma, y la Santa Sede podría llegar hasta la remoción del Superior General. Pero sabemos que eso hoy no entra en juego, y que muy probablemente en la Roma Modernista de la Religión Conciliar estén muy contentos con lo que usted está haciendo.
   ¿Qué hubiera dicho nuestro fundador, Mons. Lefebvre, ante las cosas que usted dice y hace? Veamos muy brevemente lo que son tal vez los cuatro puntos más graves que padecemos en esta crisis (“apocalíptica” dijo Mons. Lefebvre):
   (1) El Concilio Vaticano II.
   Monseñor Lefebvre dijo de él que es el peor desastre que nos ha ocurrido, que “su valor es nulo” (por la calificación de “pastoral”, etc), y tantas otras cosas que todos conocemos.
   ¿Qué dice Mons. Fellay sobre el Concilio? Que estamos de acuerdo con el 95 % (!!); “lo aceptamos con reservas” (¡lo aceptamos!); muchos errores son en realidad de la interpretación (“of theunderstanding”) del Concilio (tan similar al argumento de tantos grupos conservadores y de línea media: “el problema no es el Concilio sino la interpretación que se hace de él”); el apelar para justificar dicho Concilio al argumento de Benedicto XVI de la hermenéutica de la continuidad –“no hay ruptura con la doctrina católica de siempre”- (ver la Declaración Doctrinal de Mons. Fellay de abril de 2012 presentada en nuestro nombre en Roma); lo que usted respondió a los otros tres obispos en su famosa carta del 2012: no se debe hacer del Vaticano II una superherejía (obviamente: pues usted está a favor del 95 %) y “en la Iglesia hay cosas más importantes” que los problemas del Concilio; su expresión de que hay puntos que son “difícilmente conciliables” con la doctrina católica (¿sólo “difícilmente”?, son “imposiblemente” conciliables).
   ¿Qué dice el número dos de la Congregación, el P. Pfluger? Si no se acepta que Vaticano II es Magisterio, si no aceptamos “el valor magisterial del Concilio”, “entonces NO SOMOS CATÓLICOS”. ¡No somos católicos! Es exactamente al revés: Para ser católicos, ¡no hay que aceptar el valor magisterial del Concilio!
   Ahora bien, lo que yo acabo de decir, o es una ficción, o es Verdad. Y si es Verdad, algo se debe decir, algo se debe hacer. Lo curioso es que, entre nosotros, los que están investidos de más autoridad no hablan públicamente.
   (2) La libertad religiosa del Concilio.
   Mons. Lefebvre y la teología católica de todas las épocas, junto con los Papas, nos han enseñado que es el punto en que más claramente se ve la enseñanza falsa y errónea de Vaticano II: “Toneladas” se han escrito al respecto.
   ¿Qué dice Mons. Fellay de ella? La concepción que presenta Vaticano II de la libertad religiosa “es muy limitada” (qué forma tan “especial” de expresarse sobre algo así, qué forma tan “suave”). Y es sobre la libertad religiosa que usted excusó el Concilio diciendo lo de arriba: Son en realidad cosas del “commonunderstanding of the Council”, “de la interpretación común” que se hace del Concilio.
   Otra vez: O esto es ficción, o es Verdad, y si es Verdad: ¡Algo se debe hacer! Y los cofrades de más autoridad en silencio, sin decir nada públicamente.
   (3) La misa moderna.
   Mons. Lefebvre, bien fuertemente, llegó a decir que era “una misa bastarda”. Todos sabemos la cantidad de trabajos que se han escrito para explicar aun los riesgos de INVALIDEZ de la misa moderna. Ya el mismo Card. Ottaviani, en su trabajo, en 1969, hablaba de INVALIDEZ “incluso si se tiene la intención de hacer lo que hace la Iglesia” (uno de los argumentos de Mons. Fellay para defender “la validez” de dicha misa), y esto sin contar los numerosos sacerdotes de nuestra propia Congregación que también han escrito sobre el tema.
   La misa moderna es una misa ILEGÍTIMA (por su definición, por su rito ilegítimo, por sus errores, por su tendencia protestante, por su misma promulgación).
   Y en este punto, el descaro de Mons. Fellay, usted, fue muy explícito: La misa moderna (y todos los sacramentos modernos) son válidos si se celebran “con la intención de hacer lo que hace la Iglesia” (ut supra), y han sido “LEGÍTIMAMENTE PROMULGADOS” (su declaración de abril de 2012 ut supra). Y la increíble falta de respeto hacia Mons. Lefebvre cuando usted dijo: Si Mons. Lefebvre hubiera visto la misa moderna bien celebrada, “no hubiera dado el paso que dio” –caso Cardenal Cañizares-. ¿Es decir que toda esta lucha de Mons. Lefebvre contra la misa moderna estuvo mal, fue exagerada? ¿Es decir que es sólo un problema de excesos cometidos por algunos al celebrarla? ¿Es decir que uno puede ir a la misa moderna cuando la celebra alguien conservador, como en el monasterio donde usted la vio, o celebrada por un padre –por ejemplo- del Opus Dei? ¡Todo esto es increíble!, y es demasiado escandaloso. ¡Y nadie, de los que mandan, dice nada! Nadie dice nada públicamente. Pienso, y aún con alguna esperanza, en uno de nuestros obispos.
   Además usted, Mons. Fellay, allí admite la validez de todos los sacramentos modernos. ¡Increíble! ¿Acaso no hay dudas sobre la validez de la misma ORDENACIÓN SACERDOTAL “MODERNA”? ¿Acaso por eso: No hemos hecho tantas veces nuevas “re-ordenaciones” –por el rito de siempre- de sacerdotes que han llegado desde la Iglesia Conciliar? ¿Acaso no hay dudas de la validez de la confirmación moderna; acaso por eso no damos nuevamente la Confirmación sub conditione a los que la han recibido en la Religión Conciliar? ¡Qué es todo esto, Mons. Fellay! ¡Alguien debe hacer algo!
   (4) Y el Ecumenismo.
   ¿Cómo se comportó y reaccionó Mons. Lefebvre con la mezcla de todas las religiones de la tierra en la reunión de Asís I, reunión organizada por Juan Pablo II? ¿Cómo se comportó y reaccionó usted con esa mezcla de todas las religiones hecha por Benedicto XVI en la reunión de Asís III? ¿Qué dijo Mons. Lefebvre en su momento y qué dijo usted?
   El Ecumenismo va a terminar tal vez en la creación de “La Religión Mundial” para el gobierno mundial del Anticristo: ¿Cómo puede usted ser así?
   Y esa expresión tan acuñada por esta corriente, por los Papas Conciliares, por Juan Pablo II, por Benedicto XVI, etc, todo en pos del ideal masónico ecuménico, al decir de una de las tantas falsas religiones o de sus adeptos: “Los judíos son nuestros hermanos mayores”. ¿Qué decía Mons. Lefebvre de dicha expresión? ¿Qué dice usted, nuestro máximo superior, de la misma?
   Pues bien, usted lo sabe: Usted ha dicho literalmente dicha expresión sin ningún problema.
   Le respondemos: ¡Los santos son nuestros hermanos mayores! Y todo católico debe intentar –si puede- la conversión de los judíos (y de cualquier persona de otra falsa religión) hacia el Catolicismo, hacia la única religión verdadera.
   Esto ocurre, ¡y nadie dice nada PUBLICAMENTE!
   Por última vez: O todo lo dicho en este texto es una ficción, o es Verdad. Y si es Verdad: ¡Algo se debe hacer!”


Nota del editor

REVERENDO PADRE MÉRAMO,  EN  RESUMIDAS CUENTAS,  EL MISMO  OBISPO FELÓN, SE EXPULSÓ A SÍ MISMO,  Y  UNA  GRAN  CANTIDAD DE  FIELES Y PRESBÍTEROS,  DE LA UNA UNA SANTA CATOLICA Y APOSTOLICA  IGLESIA,  FUERA DE LA CUAL NO HAY  SALVACIÓN


SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto Gonzalez.




[1] Literalmente decía allí: “asimilando”.
[2] Ídem nota anterior.