San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












Website counter Visitas desde 27/06/10



free counters



"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





Link para escuchar la radio aqui

domingo, 19 de mayo de 2013

DOMINGO DE PENTECOSTÉS




Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Nos encontramos en el Domingo de Pentecostés, a los cincuenta días de la Resurrección de nuestro Señor, que eso significa Pentecostés, los cincuenta días transcurridos desde su Resurrección.

En este día de Pentecostés tenemos la efusión plena del Espíritu Santo que formaliza la Iglesia, que la constituye plenamente formada desde adentro, porque el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia. Esa Iglesia que estaba reunida toda en este día en el cenáculo era la Iglesia naciente, la Iglesia primitiva y según los Hechos de los Apóstoles había ciento veinte fieles en total.

Y allí estaba toda la Iglesia católica, vivificada por el Espíritu Santo, Espíritu que procede del Padre y del Hijo y no solamente del Padre, sino del Hijo también, como profesa nuestro credo con el famoso filioque; las Tres Personas de la Santísima Trinidad son iguales en todo, la única distinción o relatividad que hay en lo absoluto de Dios, está en cuanto al Origen ; el Padre que es ingénito o agenethos, que no procede de nada ni de nadie; el Hijo que procede del Padre, es la Palabra, el Verbo de Dios, del Padre, el pensamiento del Padre y el Espíritu Santo, que procede de ese mutuo amor, de ese amor consustancial personificado en la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y que es el alma de la Iglesia, que es la gracia santificante, y que la Iglesia recibió esa plenitud en el día de Pentecostés, quedando confirmados sus apóstoles. Esa confirmación que recibimos nosotros en el Espíritu el día de la confirmación, siendo confirmados en la fe del bautismo en el Espíritu de la Iglesia, en el Espíritu de Verdad.

No nos debe inducir al error el que nuestro Señor diga en el evangelio que sube al Padre porque el Padre es mayor que Él, el error de creer que Él es inferior y que por ser inferior no es Dios, como creían o afirmaban los arrianos. Por eso se necesita teología, doctrina, para no interpretar herética o erróneamente las Escrituras, oscureciendo las verdades divinas. Entonces, ¿en qué sentido nuestro Señor dijo y pudo decir que el Padre era mayor que Él? Ciertamente no según su generación divina, eterna, pues en eso es en todo igual, entonces será y es en cuanto a su generación temporal, en cuanto asumió una carne, una naturaleza humana.

Entonces, en cuanto hombre, sí podía decir que era menor que el Padre, pero sin olvidar que Él era la persona del Verbo; y en cuanto persona, es Dios, porque la persona de nuestro Señor no es humana. No es que no tenga existencia humana como dicen tontamente muchos filósofos y teólogos, confundiendo la existencia con el ser 11, el ser que constituye en los seres inteligentes la persona, la existencia humana. Claro que la tuvo y es absurdo y herético negarlo; lo que no tuvo fue persona humana, pues su persona era divina, era de ser divino que asumió la naturaleza humana y le dio existencia y existió históricamente, por eso nuestra religión no es una imaginación, sino una realidad histórica, y así nuestro Señor siendo en su persona divino, era su naturaleza humana y por eso confesamos en Él una persona en dos naturalezas, una divina y otra humana y esa naturaleza humana existió real e históricamente.

Por eso convenía que subiera al Padre, para que así estuviera a la diestra del Padre esa naturaleza que Él asumió y que después de su Resurrección era gloriosa, porque antes fue pasible, para poder morir en la Cruz por nosotros y así, al subir al cielo, y enviar conjuntamente al Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, verdad que es refutada por los ortodoxos. Es lo que niegan y por eso son herejes además de cismáticos además de no aceptar el sumo pontificado de San Pedro perpetuado a lo largo de la Historia en los Papas como legítimos sucesores de la cátedra de Pedro en Roma, legítimos sucesores porque ha habido ilegítimos, poco más o poco menos cuarenta antipapas en la historia de la Iglesia; pero eso lo niegan los ortodoxos quienes no aceptan el papado y por eso son doblemente herejes.

Sube entonces nuestro Señor a los cielos para mandar al Espíritu Santo; así como Él fue enviado por el Padre, el Espíritu Santo es el enviado del Padre y del Hijo; por eso dice nuestro Señor: “El que el Padre os enviará en mi nombre”, y es el Espíritu de la Iglesia, es lo que hace a la Iglesia infalible, lo que la hace indefectible en el tiempo a través de la Historia y en la doctrina a través del Magisterio. Por eso la Iglesia es luz del mundo y por eso es una contradicción una Iglesia que no sea luz, que no sea verdad, que no sea Espíritu de luz y de verdad, conjuntamente con Espíritu de amor.

Por eso toda la confusión que ha creado el Vaticano II dentro de la Iglesia no es del Espíritu Santo, no es del Espíritu de Dios, no cumple la definición, porque no fue un concilio asistido por el Espíritu Santo, Espíritu de Verdad que lo haría infalible, y que fue el único concilio ecuménico que declinó, cosa abominable por cierto, ya que todo concilio ecuménico por definición es infalible. Un concilio ecuménico no infalible es un absurdo teológico, y ese monstruo ahí lo tenemos diseminando el error, la confusión y las tinieblas, lo que denota que no es el Espíritu de Dios, el Espíritu de Verdad. Nuestro Señor lo recalca en el evangelio de hoy: “El que me ama guarda mis mandatos; mi doctrina no es mía sino que la he recibido del Padre”, como queriendo decir, lo que yo digo como Verbo del Padre, como Verbo de Dios no es mío sino que es de mi Padre, yo no lo puedo cambiar, no lo puedo adulterar, no puedo decir otra cosa.

Lo mismo le ocurre a la Iglesia que no puede cambiar ni modificar esos mandatos, esa doctrina, ese Espíritu de verdad; y si lo hace, por ese mismo hecho deja de ser Iglesia, de ser de Dios, para convertirse en una contra-iglesia en la sinagoga de Satanás, que es lo que quisiera el demonio y que es lo que estorba para que reine a través del Anticristo; es el obstáculo que tiene con la Iglesia. Por eso trata de destruir la Iglesia, socavarla desde dentro, crear un concilio ecuménico que no cumpla la definición de infalible y que, por tanto, no es ecuménico; por lo mismo está plagado de errores y que son como monstruos de apostasía y de herejía. Así se disemina el humo de Satanás, como lo dijo el mismo responsable Pablo VI, quien firmó y avaló con su autoridad esos errores que están destruyendo a la Iglesia.

Debemos tener cuidado ya que el Anticristo entrará en la Iglesia –no en la verdadera–, para tomar el puesto de Dios y por eso tenemos que estar muy alertas y vigilantes y versados en la doctrina y la fe católica, para defenderla y que no nos presenten una religión falsificada y adulterada que sirva de sede al Anticristo y así nos mancomunen en el ecumenismo que alberga a todas las religiones, convertidos entonces en la contra-iglesia, en la sinagoga de Satanás. Ese es el misterio de iniquidad, esa será la abominación de la desolación, la gran tribulación que llegará a su culmen cuando reine e impere dentro de la Iglesia el inicuo, el Anticristo y eso hay que predicarlo y decirlo, no hay que ocultarlo para poder permanecer fieles testigos de la verdadera y única Iglesia católica, apostólica y romana.

Porque “Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo”, lo dice Nuestra Señora en La Salette. Pero la verdadera Iglesia subsistirá reducida a un pequeño rebaño fiel a la Tradición católica, apostólica y romana, fiel a los mandatos de Cristo, fiel a la doctrina de Cristo. Ese es todo el problema. Que el mal quiere destruir el bien y el bien está representado en la Iglesia católica por todos aquellos que resisten al modernismo, al progresismo y que en cierta forma enarbola la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. De allí también el interés por destruir la Fraternidad, dividirla, socavarla, homologarla en un abrazo. Ese es todo el problema de la persecución tan pasmosa. Es lamentable que todo un cardenal colombiano sea el encargado de hacer ese puente, ese abrazo.

Nuestra única salvación será mantenernos firmes en la doctrina de nuestro Señor, firmes en el Espíritu de Verdad, en el Espíritu Santo. No dejarnos halagar por una Iglesia que a la larga o a la corta deja entronizar al enemigo de nuestro Señor, al Anticristo. De ahí la necesidad de mantener la pureza de la fe y no ser cobardes, no tener miedo, porque el mal cobra fuerza cuando hay debilidad en los buenos, cuando no presentan batalla, cuando no son aguerridos, cuando no son soldados de Cristo, que para eso hemos sido confirmados en la fe, para ser sus soldados y no miedosos o cobardes; no como los mercenarios que están en la Iglesia por el interés de la prebenda, el prestigio, el poder; en fin, que no están por Dios; debemos estar por el verdadero amor a Dios para dar testimonio, y, si es necesario, morir por ello.

La Iglesia primitiva está llena de mártires. Los cuarenta primeros Papas casi todos lo fueron por confesar la fe; esa hilera de Papas justos se interrumpió con Liberio, quien condenó a San Atanasio; hasta Liberio todos fueron beatos, porque la Iglesia es mártir. No podemos olvidar que salió del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la Cruz y quedó coronada, plenificada como en el día de hoy con la venida del Espíritu Santo con Pentecostés. La Iglesia no es una cuestión de volumen ni de número, ya estaba toda constituida con los ciento veinte discípulos incluidos los apóstoles, porque estaba el Espíritu Santo. Entonces, no pensemos que es una cosa de multitudes, y que deba convertirse al mundo y a las multitudes, pues para irradiar la verdad es luz del mundo, a ella se tienen que convertir y no al revés como ocurre hoy que todo se adultera y se profana. Es una religión profanada, antropológica, de la revolución, en vez de ser la religión teológica de la Tradición.

Debemos tener claras estas cosas; es lamentable que no muchos las prediquen para alertar a los fieles, para que cuando venga el lobo no se lleve a las ovejas y estas sepan defenderse. Esta crisis se debe en parte a que los fieles no saben defenderse; durante años se ha predicado sin darles la esencia para protegerse cuando venga la prueba, cuando venga la persecución, cuando venga la adulteración de la religión, cuando la fe se esté extinguiendo. Como dice nuestro Señor: “Si acaso encontraré fe sobre la tierra”, y son pocos los sacerdotes que creen en los evangelios, en las profecías; no tienen ni idea en dónde están parados ni en qué momento histórico están viviendo y creen que todo es una cuestión de acabar y solucionar con cualquier gesto.

Solamente un milagro soluciona esta crisis, una intervención de Dios.

Roguemos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen, Ella, que estuvo plena del Espíritu Santo desde el primer momento de su Inmaculada Concepción, Ella, que se mantuvo firme ante la crucifixión de nuestro Señor mientras que los apóstoles huían. Sea entonces Ella quien nos haga mantener firmes en esta crucifixión de nuestro Señor en su Cuerpo Místico, la Iglesia, hoy perseguida, para que nos mantengamos fieles con la llama del Espíritu Santo, Espíritu de Dios, de Verdad y de amor. +



PADRE BASILIO MERAMO
3 de junio de 2001

lunes, 13 de mayo de 2013



Nuestra Señora del Rosario se presenta a los niños Lucia, Jacina y Francisco en la Cova de Iria por primera Vez el 13 de Mayo de 1917

Relato tomado del libro FATIMA, autor: Icilio Felici, Edit. San Pablo, 1951 (vigesima cuarta edición 1998) pag. 51-58

Era el día 13 de Mayo, domingo antes de la Ascensión. Lucía, Francisco y Jacinta, después de oír muy de mañanita la Santa Misa, con sus respectivas Familias, según la costumbre escrupulosamente observada en las casa temerosas de DIOS, hacia las 10 reunieron en uno sus rebañitos, como lo hacían con frecuencia, y decidieron tomar el camino de la cuenca, donde los prados estaban en flor y las ovejas podrían abundantemente saciarse con la hierba de los barbechos. El sol brillaba límpido y la campiña exhalaba mil variado perfumes, llegados allá hacia el medio día hora oficial, se regresaron un tanto detrás del ganado, hasta que llegado el medio día verdadero, que todo pastor aprende muy pronto a distinguir en la fas del sol, su reloj infalible, se aprestaron a rezar el acostumbrado rosario y a consumir la colación que, como siempre, habían llevado consigo, para entregarse después a los juegos de costumbre... Aquel día el juego era más atrayente, pues se trataba de construir nada menos que una casa con piedras que Francisco se daba prisa a extraer del terreno o de en medio de los Setos.

Habían puesto manos a la obra con ahínco y pasión, cuando de repente fueron deslumbrados por un rayo que parecía haber surcado el horizonte. Asustados, miraron al cielo: Continuaba serenísimo no había ni siquiera una nube del tamaño de una hilacha de algodón, y el sol más resplandeciente que nunca.

Se miraron el uno al otro, sin saber que decir.
-Pero... ¿De dónde habrá venido?...

Lucía Reflexionaba; no es la primera vez que una tormenta se condensa detrás de una montaña para luego subir y desencadenarse.
- Será mejor volver a casa - dice.
Los primos, más impresionados que ella, aprueban sin reserva, dejan sin amparo la construcción, reúnen el rebaño y ¡Abajo! por la pendiente, empujándose por delante las ovejas. Llegados a media bajada, al pasar junto a una robusta encina -Que todavía existe- viene a deslumbrarles otro rayo más fulgurante que el primero.

Esta vez tiemblan de verdad, de arriba a abajo, y se ponen a espolear al rebaño para que no se retrase.
Pero he aquí que, al llegar al fondo de la cuenca se ven obligados a retenerse mudos y atónitos. Delante de ellos, a dos pasos de distancia, sobre una mata de carrasca verde de poco más de un metro de alto, esta una juvenil señora, sublimemente hermosa, mas resplandeciente que el sol, la cual, con ademán lleno de gracia y una voz de sobremanera cariñosa, les dice:

-No tengáis miedo, no quiero haceros daño alguno.Los niños la contemplaban estáticos, arrebatados.
¡Miran!... Aparenta tener 15 a 18 años. El vestido, blanco como la nieve, sujeto al cuello con un cordón de oro le baja hasta los pies, que rosa apenas las hojas de la carrasca. Un manto todo bordado en oro le cubre la cabeza y todo el cuerpo. Las manos están juntas delante del pecho en actitud de orar, de ellas cuelga un Rosario de cuentas blancas como perlas, terminando en una pequeña cruz de plata bruñida. El rostro de rasgos purísimos e indeciblemente delicados, esta rodeado por una aureola de sol, pero parece velado por una sombra de tristeza.
Jacinta y Francisco están inmóviles, sin pestañear; Lucía cobra ánimos y se decide preguntar:
-¿De qué país es usted?-
Hay en la pregunta toda la confusión y toda la sencillez de la pastorcilla fascinada.
-Mi país es el cielo- responde la dulce Señora.
-¿Y qué quiere Usted de mi?
-He venido a pediros que os lleguéis aquí, a esta misma hora, el día 13 de cada mes, durante seis veces consecutivas, hasta octubre. En octubre os diré quien soy qué es lo que quiero de vosotros.

Durante unos momentos Lucía calló; acaso resonaron en su mente las palabras del Ángel: Los santísimos corazones de Jesús y María tiene sobre vosotros designios de misericordia… o es que aquella invitación acabó de desorientarla.
Al cabo de unos instantes, prosiguió animosamente:
-¿Viene Usted del cielo? Y yo, ¿iré al cielo?
-Sí- Respondió la Señora.
Lucía, ingenuamente, se sintió atrevida:
-¿Y Jacinta?
-También
-¿Y Francisco? –Quiere tanto a sus inseparables primitos, que no sabe imaginar un paraíso donde no estén los tres juntos, como allí en el campo, todos los días…

A esta última pregunta los ojos de la celestial aparición se vuelven hacia el niño, lo miran maternalmente pensativos.
-También el- responde la Señora -Pero antes tendrá que rezar muchos rosarios…
Viéndola tan condescendiente, la pastorcilla, como suelen hacer todos los sencillos, vencida su primera timidez, se familiariza con Ella.
Poco tiempo antes han muerto dos jovencitas conocidas suyas. Puesto que la patria de la Señora es el cielo, sabrá cual ha sido su suerte… Y le responde que una está en el cielo y la otra en el purgatorio.

-¿Queréis ofreceros al Señor, prontos a hacer sacrificios y aceptar gustosos todas las penas que El quiere enviaros,, en reparación de muchos pecados con que se ofende a la Divina Majestad, para alcanzar la conversión de los pecadores y en compensación de las blasfemias, y de todas las ofensas hechas al inmaculado Corazón de María?
La invitación, en conjunto, no añade nada nuevo a a invitación del Ángel.
Pero Jacinta y Francisco continúan estáticos y mudos; solamente Lucía responde por todos con vivo entusiasmo:
-¡Si lo queremos!

La aparición da muestras de complacencia, añadiendo luego que muy pronto tendrán que sufrir mucho, pero que la gracia de DIOS les asistirá y confortará siempre. Y al decir esto, extiende las manos… De sus manos abiertas de derrama sobre los videntes un haz de luz misteriosa… Una Luz tan intensa y tan íntima que (son palabras de Lucía), penetrándoles en el pecho hasta lo más íntimo del alma hízoles ver a sí mismos en DIOS con más claridad que nos vemos en el más terso espejo… Es una especie de confirmación, después de la cual la luz divina los llena todos y se apodera de ellos.

Entonces caen los tres de rodillas, misteriosamente impulsados y exclaman:
-¡Oh Santísima Trinidad, yo os adoro!
-DIOS mío, DIOS mío, yo os amo!

Una última recomendación tiene que hacerles la celestial Señora:
Que todos los días, como lo han hecho poco antes, recen el rosario (nota del transcriptor: NO LA TERCERA PARTE SOLAMENTE, NO LOS MISTERIOS LUMINOSOS, sino los quince misterios del Santo Rosario que Nuestra Señora reveló a Santo Domingo) para obtener la paz del mundo.
Después de la cual comienza a elevarse ligera como una pluma… derecha… sin mover los pies… hasta que desaparece en la radiante luz del sol.

¡Dentro de un mes!
¿Volverán los pastorcillos?
Y Ella ¿acudirá?
(nota del transcriptor: La historia sabemos que es verdadera y cierta, ella regresó.)

ACLARACIONES: Reverendo Padre Méramo.


ACLARACIONES SOBRE LA PUBLICACIÓN DEL ESCRITO

“CONSIDERACIÓN TEOLÓGICA SOBRE LA SEDE VACANTE” DE HACE

CASI 20 AÑOS
 
 

Aunque con varias impresiones por algunas correcciones ortográficas o

gramaticales y cambio de formato, el trabajo: Consideración Teológica sobre la

Sede Vacante, nunca se hizo público.

Dicho ensayo, fue escrito hace 20 años, quedando finalizado a fines de 1973 y

enviado al entonces Superior General de la Fraternidad San Pío X, el Padre Franz

Schmidberger el día 13 de Mayo de 1994, fecha mariana muy significativa. Ahora lo

saco a la luz pública, (sin modificaciones, salvo alguna que otra corrección de

puntuación y dos o tres citas de Santo Tomás que fueron añadidas, lo cual hago con

cierto temor, pues no es mi intención suscitar la controversia que no es de mi

agrado, habiendo tantas posiciones asumidas y tomadas por unos y otros, dados los

prejuicios e ideas erróneas que muchos, al sostener tal o cual posición sobre el tema

tienen, e incluso absolutizan cual si fuera un dogma o cuasi dogma de fe, pero con

visiones y posiciones contrarias.

La cuestión de la Sede Vacante, nunca ha sido expuesta como una conclusión

teológica evidente quad sapientes tantum (para los doctos y entendidos) y quizá

ahora con el transcurso del tiempo pueda llegar a ser evidente quad omnes (para

todos, o si se quiere para muchos al menos) con todo lo que se ha ido manifestando

hasta hoy día.

La gran mayoría, sea del lado tradicionalista o del modernista, han enfocado el

tema como una verdad per se nota, es decir, evidente por sí misma y de modo a

priori, o dogma de fe o cuasi de fe. Es decir, están en una óptica o tesitura

apriorística categórica donde el discurso o razonamiento teológico no tiene mayor

importancia ni cabida, pues lo que es de fe no se razona.

Como conclusión teológica, parte de principios o premisas (al menos la primera de

fe) a través de los cuales se razona en vista de una conclusión, que depende de todo

el valor argumentativo del que se tenga. Muy distinto es si de manera racionalista

se parte de principios o ideas categóricas y a priori, como las famosas categorías

kantianas, o también de manera fideísta al hacer de un principio o verdad algo

dogmático, de fe o cuasi de fe, que imperativamente se impone por sí mismo sin

que medie algún tipo de razonamiento deductivo teológico.

La conclusión teológica supone que hay un razonamiento a partir de premisas

tomadas de la fe, pero que por vía de raciocinio se llega a una conclusión

teológicamente cierta y verdadera, sin apriorismos categóricos como las ideas

 

 

kantianas de la filosofía moderna, ni mucho menos del dictado a priori de la fe, cual

si se tratara de un dogma o cuasi dogma sin serlo.

Lejos de apriorismos y de racionalismos típicos de la mentalidad moderna o del

fideísmo obtuso que suprime de un solo plumazo, el discurso y la doctrina

teológica.

Para dar un ejemplo, guardando las distancias, pasaría algo parecido a lo de la

famosa cuestión filosófica de las pruebas de la existencia de Dios, donde hay toda

una argumentación filosófica a partir de la realidad existente que nos circunda, y

no a través de ideas como el caso del ontologismo (dicho de paso no confundir con

el argumento ontológico de San Anselmo que aunque parecido en apariencia, nada

tiene que ver en el contenido filosófico) haciendo de la idea de Dios una idea innata

per se nota , lo cual fue la raíz de todo el pensamiento moderno inaugurado por el

descartado Descartes, y así se llegó a tal desvarío de impugnar la demostración que

Santo Tomás nos prodigaba por las cinco famosas vías para probar la existencia de

Dios, pues lamentablemente hay que decirlo, la filosofía, y mucho menos la

teología, no son el patrimonio de muchos, sino que lamentablemente de pocos,

muy pocos; como ya decía el gran Fray Luis de León en verso: “Que descansada

vida, lejos del mundanal ruido, para seguir la escondida senda por donde han ido,

los pocos sabios que en el mundo han sido”.

No hay que hacer de la infalibilidad del Papa solo, cuando él habla ex cáthedra, una

extensión ilegítima que no está dentro de los cánones de lo definido rigurosa

estricta y limitadamente por el Magisterio infalible de la Iglesia, para que,

compulsiva y desbordadamente se crea como dogma de fe, lo que no es tal, sin

percatarse que por el mismo hecho se cae en una estulta idolatría, divinizando o

cuasi divinizando la persona del Papa de turno, como si todo lo que saliera de su

boca, fuera dogma de fe, sin percatarse que la única persona Divina de un hombre,

es el caso único y exclusivo de Cristo. Y que la única infalibilidad sin límites ni

condiciones ni limitaciones, es la de Dios, toda otra, es una infalibilidad por lo

mismo participada y por ende limitada dentro del contexto del recipiente en el cual

se comunica, siendo así que la infalibilidad, tanto de la Iglesia en su Magisterio

Ordinario Universal (de todo el Colegio Episcopal unido con su cabeza, el Obispo

de Roma, unánimemente proclamando y enseñando una verdad como divinamente

revelada) o el caso de la misma infalibilidad que el Obispo de Roma, el Papa o

Romano Pontífice, él solo unilateralmente, sin ningún tipo de colegialidad

magisterial (lo cual, dicho de paso no hay que confundir con el colegialismo

jurídico, comúnmente conocido como colegialismo), posee cuando habla ex

cáthedra, sujetándose a lo que ese término encierra y por ende limita, límites fuera

de los cuales, si se sobrepasa, se sale de lo estrictamente definido por la Iglesia y se

cae en una sutil idolatría, tanto como la de los pueblos paganos, cual los romanos

 

 

que divinizaban al César, o los Imperios Indígenas como el de los Aztecas que

divinizaban al Emperador (cacique), o en el desierto los judíos como pueblo elegido

de Dios, idolatraban al becerro de oro; aquí lo que se idolatra, no tan burdamente,

sería la persona del Papa o por lo menos el ejercicio de su divino poder

extralimitando lo definido. Por eso la Iglesia enseña a través del canon 1323 § 3:

“No se ha de tener por declarada o definida dogmáticamente ninguna verdad

mientras eso no conste manifiestamente”. (Código de Derecho Canónico de 1917).

Esto es lo que muchos no entienden o no quieren ver, si el Papa solo fuera siempre

infalible este canon está de más, sobra y es inútil. Muchos desgraciadamente

confunden Magisterio Ordinario Universal (de toda la Iglesia docente) y Magisterio

Ex Cáthedra (Magisterio Extraordinario Universal del Papa, de él solo).

Infalibilidad que no es para decir lo que quiera ni lo que se le venga en gana sino

para confirmar a sus hermanos en la fe de la Santa Madre Iglesia Católica

Apostólica y Romana fuera de la cual no hay salvación, ensañando la Sacrosanta

Tradición sin doctrinas nuevas (progresistas y modernistas): “Pues no fue

prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya

manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente

custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles, es

decir el depósito de la fe”. (Dz. 1836).

Por causa de todo esto, las divisiones han sido tremendas dentro del campo del

tradicionalismo, es decir de todos aquellos que de algún modo, no han querido

aceptar el modernismo, pero que han sido inhibidos los unos como la línea media o

exacerbados los otros, como al ultra y a rajatabla sedevacantismo visceral, que no

ha ponderado el tema de la Sede Vacante dentro de un contexto teológico más

ecuánime y real, queriendo imponerlo por lo mismo a diestra y siniestra, al punto

de que el que no lo acepte es tachado ipso facto de hereje, e incluso queriendo

hacer esta imputación al mismo Monseñor Lefebvre y al director de Seminario

Francés, el famoso Padre Le Floch, que ya en el año 1926, llegó a decir

proféticamente: “La herejía que viene será la más peligrosa de todas; y ella

consiste en la exageración del respeto debido al Papa y en la extensión ilegítima

de su infalibilidad”. Que es lo que exactamente está pasando. Para que se vea hasta

donde, quizá con las mejores de las intenciones, pero cayendo en un rigorismo

mental falto de profundidad filosofía y teología, se llega a serruchar la rama sobre

la cual se está sentado, o cortar la soga que nos puede sacar del abismo.

Por todo lo anterior, el tema se ha hecho un tabú y conlleva un descalificativo para

todo aquel que quiera abordarlo, siendo tildado de loco y extremista, lo cual en el

fondo ha sido auspiciado por la misma Roma Apóstata y ha beneficiado esa nueva

postura dentro de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X, a través de la sinapsis

neuronal Ratzinger-Schmidberger, para sacar el beneficio que de ello se obtiene en

su provecho y que ahora está a punto de fagocitar a la dicha gloriosa asociación

 

 

fundada por Monseñor Lefebvre y hoy vilmente traicionada por Monseñor Fellay y

su cúpula, convirtiéndola en la Neo Fraternidad de malamérita memoria.

Quienes detentan el poder en la Iglesia Modernista y aún no pocos en la Tradición,

de manera malintencionada han querido siempre aprovecharse de la ignorancia

que en estos temas suele tener el común de los fieles e incluso muchos sacerdotes,

para intimidarlos con el estigma del cisma o la herejía y debe quedar claro de una

vez por todas que la posición teológica sobre la sede vacante no constituye en

ninguna manera ni cisma ni herejía, puesto que no versa sobre dogmas de fe, sino

sobre cuestiones teológicas que han sido planteadas y consideradas por los grandes

doctores y teólogos y como se expone en el escrito en cuestión, tiene una clara

argumentación y corresponde a una conclusión plenamente fundada. En ningún

momento se desconoce la autoridad del Papado, por el contrario, confirmamos

nuestro apego y adhesión a la Roma Eterna de siempre, a la cátedra de Pedro y al

magisterio de todos los Papas anteriores al Concilio Vaticano II, pero no podemos

dejar de verificar cuando las actitudes, comportamientos y enseñanzas de quienes

usurpan la sede de Pedro, coinciden con los casos de herejía, apostasía y cisma

planteados por los doctores de la Iglesia.

No me queda más que decir, para no tener que hacer modificaciones en el texto,

que habría que tener en cuenta, lo que dijera Monseñor Lefebvre, sobre la

visibilidad de la Iglesia, pero que yo en ese entonces no lo tenía presente en mi

memoria, que dice muy claramente: “Queda claro que somos nosotros quienes

conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial”. (Fideliter

n°66 Noviembre-Diciembre de 1988) y además, al puntualizar de manera

magistral: “No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia;

en cuanto a decir, ‘salir de la Iglesia visible’ es equivocarse, asimilando Iglesia

oficial a la Iglesia visible. (…) ¿Salir, por lo tanto de la Iglesia oficial?, en cierta

medida, sí, obviamente”. (Ibídem). Y para que no quede ninguna duda al respecto,

aunque internamente esto siempre se lo quiso eclipsar, tapar, ocultar por la mano

negra de los superiores generales, tanto el que fuera entonces, el P. Schmidberger,

como el hoy Superior General Monseñor Fellay y toda la cúpula; Monseñor

Lefebvre dice paladinamente: “Es increíble que se pueda hablar de Iglesia visible

en relación a la Iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica, que

nosotros intentamos representar y seguir. (…) Pero, nosotros representamos de

verdad la Iglesia Católica tal como era antes, puesto que seguimos eso que

siempre ha hecho. Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible:

la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Esto es lo que constituye la

Iglesia visible”. (Fideliter n° 70, Julio-Agosto 1989).

Por eso Monseñor Lefebvre se permitió y pudo decir después de una entrevista

con el entonces Cardenal Ratzinger, el 14 de Julio de 1987: “Lamentablemente

 

 

debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía. Estas no son

palabras en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía”. (Conferencia

durante el retiro sacerdotal en Ecône, 4 de Septiembre de 1987). Exactamente lo

que ya había profetizado Nuestra Señora de La Salette, no solo que la Iglesia sería

eclipsada, sino además Roma perdería la fe y sería la sede del Anticristo. Por eso

también en la misma conferencia, se atrevió a decir: “Pienso que podemos hablar

de descristianización y que esas personas que ocupan Roma hoy son anticristos.

No he dicho ante Cristos, he dicho Anticristos, como lo describe San Juan en su

Primera Carta: ‘Ya el Anticristo hace estragos en nuestro tiempo’. El Anticristo,

los anticristos; ellos lo son, es absolutamente cierto”. Aunque esto después

trataron de alambicarlo y escamotearlo los que hoy se creen los dignos discípulos y

sucesores de Monseñor Lefebvre, cuando son en realidad todo lo contrario.

Cabría también precisar, referente a lo que se dice del Obstáculo con lo que dijo

San Pío X, para mí en aquel entonces desconocido, pero que viene a redondear y

precisar sobre su misterioso significado, dando gran luz, cuando retomando el

pasaje del mandato del Apóstol San Pablo I Timoteo 6, 13-14:“ ‘Te ordeno observar

este mandato (la doctrina que él había enseñado) inmaculado, intacto, hasta la

venida de Nuestro Señor Jesucristo’. Cuando esta doctrina no pueda más

guardarse incorruptible y que el imperio de la verdad no sea ya posible en este

mundo, entonces el Hijo de Dios, aparecerá una segunda vez. Pero hasta ese

último día, debemos mantener intacto el depósito sagrado y repetir la gloriosa

declaración de San Hilario: ‘Vale más morir en este siglo, que corromper la

castidad de la verdad’ ”. (Pie X, Jérome Dal-Gal, 1953, p.107-108). Con lo cual se

ve que el Obstáculo es el Imperio de la Verdad mantenido por la Iglesia y el cual

abarca todos los otros aspectos que sean vislumbrados parcialmente y ahora

quedan comprendidos y sintetizados en la Verdad que Impera por obra de la Iglesia

y su Magisterio Divino. Esto es precisamente lo que a partir del Concilio Vaticano II

ha sido destruido y ha dejado de existir.

De otra parte, habría que precisar que la argumentación teológica de este estudio

que se hizo durante el pontificado de Juan Pablo II, se puede hacer extensiva

retrospectivamente al pontificado de Pablo VI, quien continuó, formalizó y decretó

el Concilio Vaticano II, haciéndolo doctrina oficial de la Iglesia y rematando con su

discurso de clausura el 7 de diciembre de 1965, al proclamar la “Nueva Religión del

Hombre”, o lo que el escritor colombiano Nicolás Gómez Dávila, ya había

estereotipado a la actual democracia, surgida de la llamada Revolución Francesa,

definiéndola como una religión antropoteísta; así como también hacerla extensiva

proyectivamente a los pontificados de Benedicto XVI y el del hoy triunfante y

radiante Francisco. Y así como de todos los que vengan en el nombre del

 

 

conciliábulo Vaticano II y su herética reforma que instaura oficialmente la Contra-

Iglesia del Anticristo o la Nueva Iglesia conciliar o post conciliar.

Hago además publicación de dos cartas: una la del Padre Schmidberger como

Superior General, en respuesta a mi escrito y que confiesa haber sido en un

principio sedevacantista; y la otra, el aval del famoso Padre Coache, doctor en

Derecho Canónico y por todos los de la época de entonces conocido, dando su

respaldo al mismo.



Padre Basilio Méramo

Bogotá, 13 de Mayo de 2013

domingo, 12 de mayo de 2013

DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:En este domingo dentro de la octava y después de la Ascensión de nuestro Señor a los cielos en cuerpo glorioso, habiendo preparado a sus discípulos durante esos cuarenta días anteriores a su Ascensión, consolidándolos e instruyéndolos, antes de partir a los cielos, promete nuestro Señor la venida del Paráclito, del Espíritu Santo, del Consolador, como dice la Vulgata pero que, como advierte el padre Castellani muy sabiamente, más que consolador (paño de lágrimas) es el fortificado.

Paráclito quiere decir en griego el que está junto, como el que apuntala, el que sostiene y eso desde adentro. Por eso él es el que nos confirma en la plenitud de la gracia septiforme que se recibe en la confirmación y por eso tenía que venir para plenificar la Iglesia, consolidarla en su gracia, para que persevere incólume hasta el fin de los tiempos; esa es la obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el soplo divino del mutuo amor, entre el Padre y el Hijo, esa Tercera Persona que se origina del amor que hay en Dios y que es Espíritu. Por eso la Iglesia se consolida en el amor de Dios. Ese es el carácter sobrenatural de nuestra religión, que no es una religión natural como hoy insensiblemente se la está prodigando; nuestra doctrina es formalmente sobrenatural, no una simple creencia en Dios infinito, omnipotente, bueno, providente, sino además un Dios que se reveló como Uno y Trino, y que nos participa de su naturaleza divina, que es la gracia santificante.

De allí la gran promesa de nuestro Señor antes de partir a los cielos en cuerpo glorioso; nos augura la venida del Espíritu Santo que Él enviará junto con el Padre; esa es la misión del Espíritu Santo, del soplo de amor divino para que permanezca en la Iglesia vivificándola como su alma y es Espíritu de verdad, no de confusión, ni de oscuridad, ni de error, como dice nuestro Señor.

Así, entonces, les dice a sus apóstoles que el Espíritu de verdad dará testimonio de Él como los discípulos y todos sus descendientes tendrán que darlo de nuestro Señor profesando públicamente la fe católica como fruto de esa revelación. Como dice Santo Tomás citando a San Juan Crisóstomo, el fruto del Espíritu Santo es la profesión de la fe en nuestro Señor Jesucristo dando testimonio de la verdad, sin parte con ningún error; por eso la fe es infalible, por eso la Iglesia inconsútil no acepta, no tolera el error, porque no sería la Iglesia de Dios. Eso, mis estimados hermanos, debemos tenerlo en cuenta sobre todo hoy, porque la comunión en la santa Iglesia católica es en la verdad, en el Espíritu de verdad, que es espíritu de amor. Y no le busquemos una quinta pata al gato.

Por eso no me cansaré de recordar lo que dice nuestro Señor: “No todo aquel que dice ¡Señor, señor! entrará en el reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Y la voluntad del Padre, ¿cuál es? Que se guarde su palabra, su Verbo. Y, ¿cuál es el Verbo del Padre, cuál su palabra? El Hijo, y Éste se encarnó, se hizo hombre y a través de ese Verbo se revela el Padre, se revela Dios como Uno y Trino y en la revelación de esa doctrina, de esa palabra, está hacer la voluntad del Padre.

Esa principios que nuestro Señor dice no son de Él, sino del Padre, porque Él es su Verbo, su pensamiento. Eso es lo que sirve de característica fundamental para tener en medio de la gran confusión que nuestro Señor predice en el evangelio de este día, al advertir a sus discípulos que no se escandalicen cuando sean echados de la sinagoga, es decir, excomulgados, porque serán antema-tizados los verdaderos fieles de Cristo por mantener el testimonio real de Dios.

Y eso, mis estimados hermanos, es hoy una realidad que se ha cumplido literalmente, históricamente, con la condenación oficial que se hizo a monseñor Lefevbre y a monseñor De Castro Mayer. Esos son hechos históricos y no nos escandalicemos. He ahí en lo que no debemos caer, en el desconcierto de esa falsa excomunión por mantenerse en la verdad de Dios y no claudicar como lo hicieron los sucesores de monseñor De Castro Mayer en Brasil con el padre Rifán, al cual le había dicho yo dos años atrás que tuviera cuidado porque, “no es fiel a monseñor De Castro Mayer”; las cartas que le he enviado a él públicamente no son las primeras, porque ya se le veía el caminado y por éste se conoce al personaje.

Lo mismo pasa, duele decirlo, con respecto al padre Aulagnier, uno de los principales miembros de la Fraternidad, hablando de pluralismo litúrgico y de catolizar la misa moderna, cuando monseñor Lefebvre dijo que era bastarda, porque había nacido así en la cópula de ese acercamiento ecuménico entre católicos y protestantes. Lo que sale de allí es una doctrina, una liturgia falsa y eso no se puede legitimar; si hay un matrimonio legítimo no se puede legalizar a los hijos nacidos fuera de él.

Entonces, ¿cómo se puede legitimar una misa de esas características? Eso es imposible. He estado esperando que me conteste el padre Aulagnier, porque lo que no puede ser es que se propague el error y los fieles estén sin directivas, sin saber qué hacer. Él, en los comienzos, fue el brazo derecho de monseñor Lefebvre y empieza a caminar torcido como el padre Rifán; lo digo con dolor porque lo que aquí menciono me toca hacelo de puño y letra.

Y para aumentar ese concierto musical carnavalesco, la misa del cardenal Castrillón, después de más de treinta años sin decirse en la Basílica de Santa María la Mayor. Claro que es muy fácil alegrarse, pero es también consecuencia de la ignorancia y por eso es mi deber, mis estimados hermanos, como deber de caridad, combatir la ignorancia.

No es diciendo una Misa de Pío V, después de tanto tiempo, como se vuelve a la Tradición. ¿Cuál dijo al otro día y cuál está diciendo hoy el cardenal Castrillón? O acaso, ¿con decir una misa tradicional, con eso ya está bien y se profesa toda la fe católica y no hay ningún problema? ¡No señor! Eso no es ningún signo de acercamiento, no lo hay, lo que hay y lo que compete es la profesión de la fe católica en toda su pureza, en toda su integridad, dando testimonio del espíritu de verdad y no oficiando una misa como si fuese una payasada de circo. Porque además han asistido todos los falsos tradicionalistas liberales de Eclesia Dei de San Pedro, todos los que se han ido de la Fraternidad y que critican tanto a monseñor Lefebvre como a nosotros y quieren el contubernio con el error invocando la autoridad del Vaticano, la del Papa, la de los obispos.

La autoridad de la Iglesia es para dar testimonio de la verdad y no del error, y nuestro Señor es categórico en eso. Él mismo nos dice, hablando de los falsos profetas, que estarán dentro de la Iglesia con apariencia de virtud. San Juan Crisóstomo nos advierte que son mucho peor que los que están fuera, porque son los enemigos internos, ocultos, quienes solapadamente socavan los fundamentos de la Iglesia católica. Así lo hizo ver hace un siglo su santidad Pío X cuando dijo que los modernistas estaban socavando la raíz misma de la Iglesia católica y que lo único que se esperaba, viendo los acontecimientos históricos de aquel momento, era que el anticristo naciera. Son palabras del sumo Pontífice Santo y Patrono de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Porque hay que estar en comunión con la verdad.

Monseñor Lefebvre fue excomulgado, cumpliéndose literalmente lo que dice nuestro Señor: “Seréis expulsados de la sinagoga”, ésta en aquel entonces era la Iglesia del Antiguo Testamento instituida por Dios. Por eso no debemos escandalizarnos cuando nos echen de la Iglesia por defenderla. Hay que tener una fe muy firme, una visión muy clara, hay que ser un católico instruido. En esta crisis no se aceptan soldados de medio pelo; esos no le sirven ya. Se necesitan soldados de Cristo y no católicos aburguesados y mediocres que todo les da igual, que les da lo mismo prenderle una vela a Dios y otra al diablo.

“No todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial”. Es más, “pensarán hacerle un servicio”, dice nuestro Señor. Agrega Santo Tomás, que se refiere a los judíos porque los paganos no persiguen en el nombre de Dios sino en el de los dioses; pero el judío acosa en el nombre de Dios y por eso pensarán hacerle un servicio. Con lo cual nuestro Señor está también profetizando y señalando el hostigamiento judaico que habrá a lo largo de los tiempos y que se acrecentará hacia el final.

Lo que está pasando hoy es la judaización de la Iglesia, son los judíos los que gobiernan y dominan el mundo y entronizarán al anticristo, para lo cual necesitan una Iglesia de acuerdo a sus intereses, para que no haya resistencia.

Por eso esa obra que está haciendo monseñor Castrillón es una obra típica de un israelita; entonces, que no sea un idiota útil que se preste a ello. Y si es un judío avispado entonces se le desenmascarará, pero lo que no puede ser es que no veamos claro y que caigamos ingenuamente como una niña de quince años un poco cándida y un poco pura, pero un poco tonta también, en las manos de su seductor. Duele decirlo, pero es así.

El Evangelio emplea las imágenes fuertes; el mismo casto San Juan, cuando muestra el misterio de la mujer escarlata, simbolizado por una prostituta. Tengamos cuidado, porque a una mala mujer uno no se acerca. ¿Y qué hace monseñor Castrillón, que hoy oficia la misa tradicional y mañana la nueva, y que va con el que primero le ofrezca más? Espero, mis estimados fieles, que ninguno se escandalice y si se lo hacen, pues sacudo mis pies y me voy a otra parte.

No puede ser que nos dejemos insensiblemente adormecer y que toda la prensa internacional esté al unísono. Por eso es mi deber decirlo, porque aun dentro de la Fraternidad no todos los sacerdotes lo comprenden, es un hecho, pero aquellos que crean que sí lo entienden, tienen que alzar la voz en el nombre de Dios y en del Espíritu Santo. Es muy fácil hablar de un San Atanasio hace diecisiete siglos, pero lo que no puede ser es que empeorándose la situación no haya Santos Atanasios hoy, eso no puede ser. Y si no existen, es porque no hay Iglesia católica.

El mismo monseñor Williamson me dijo un día: “Cayó Campos...”, es decir, los sacerdotes que continuaron y se unieron a monseñor De Castro Mayer. “...¿caerá la Fraternidad?”. Pidamos para que no claudique, no se escandalice de ser señalada con el dedo como los desechos de la sociedad clerical, como lo advierte San Pablo, “seréis señalados como la escoria de la sociedad”; y ahí está nuestro honor, nuestra humillación y nuestra humildad. Porque hay que ser modestos para dejarse escupir así la cara y mantenerla en alto, como un verdadero soldado confirmado en la gracia del Espíritu Santo.

Si algún fiel no entiende esto, le pido me lo diga para esclarecérselo y si no quiere comprender es que se equivocó de lugar. Hay que saber que nos espera un combate rudo, cruel y que no es para muchos sino para unos pocos predilectos y amados de Dios, que lo buscan en todas las cosas y en primer lugar, y que Él para ellos no es un artículo de lujo de segundo o tercer orden sino que es esencial, fundamental. Donde no está Dios verdadero no hay nada, todo es podredumbre y basura. Primero Dios, decía Santa Juana de Arco, y murió tildada de loca, como engañadora y mala mujer por el obispo Cochón, que hasta ese nombre tiene, pues quiere decir cochino, cerdo, y él era el miembro más encumbrado de la universidad de La Sorbona, de París. Fueron algunos integrantes de esta universidad los que persiguieron y mandaron ejecutar a Santa Juana de Arco, que permaneció fiel a la palabra divina muriendo con gran entereza.

Y ahora, ¿cómo es posible que nosotros, siendo muchos más, vayamos a claudicar, nos vaya a dar miedo? ¿De qué? ¿De que no nos den permiso? ¿De qué? ¡No señor! Para ser católicos, nadie le pide autorización a la Iglesia para ser bautizado, simplemente le manifiesta y le pide que le dé la fe en el bautismo. Nosotros no necesitamos ningún permiso para decir la Misa de siempre; ninguno. Y no hay ninguna excomunión, no existe. La Tradición no puede ser condenada. Por eso monseñor Lefebvre decía que si había algún anatematizado serían ellos, los que arrinconan y persiguen a la Tradición de la Iglesia, los que no la quieren y desean una implantación de una Iglesia mancomunada, que cobije a todos los hombres sin dogmas ni credos que dividan. Esa será la Iglesia del anticristo y “a ese sí le recibiréis”, dice nuestro Señor, “pero yo, que no vengo en nombre propio, sino en el de mi Padre, me rechazáis”; por eso le crucificaron. Por eso nosotros vamos a la inmolación y no nos hagamos ilusiones de que así no sea.

Ahí está la gloria, en poder soportar esa sacrificio como verdaderos católicos sin escandalizarse, llenos del amor del Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia y no el espíritu de error y de mentira que entró con el Vaticano II como el humo del infierno, como el mismo Pablo VI, siendo pontífice en aquella época, lo dijo.

Por eso el evangelio de hoy debe servirnos para que nos consolidemos en el espíritu de verdad y no nos asombremos cuando seamos proscritos. Porque la Iglesia católica, apostólica y romana no son los muros de piedra, no son los edificios, es el alma de todo fiel a Cristo, los Cristifideles, que por un misterio de iniquidad serán dispersados por el mundo. Ese es el gran misterio de iniquidad de la Iglesia. La congregación de los Cristifideles al fin de los tiempos sean dispersados físicamente, materialmente, pero unidos en la verdad del Espíritu Santo, del soplo de amor del Espíritu de verdad de Dios. Por eso el próximo domingo, que será Pentecostés, la Iglesia quedará definitivamente consolidada, reafirmada, coronada en ese soplo de amor del Espíritu Santo que es Espíritu de verdad y que durará hasta el fin de los tiempos.

Pidamos a nuestra Señora que sepamos dar testimonio de nuestro Señor profesando la fe y la verdad sobrenatural y eso con el amor, con el soplo de Dios, del Espíritu Santo y así no tendremos miedo a nada ni a nadie, sólo a Dios. Él será lo único que realmente nos interese, todo lo demás es secundario. Ese es el sentido verdaderamente católico, en el que todo fiel debe vivir y morir y por eso hay que recordarlo, sobre todo ahora, en esta hecatombe que estamos viviendo fuera y dentro de la Iglesia. Pidamos al Espíritu de amor que ilumine nuestras inteligencias y el corazón con su llama, con su fuego, para que así permanezcamos en este testimonio fidedigno y veraz de Dios. +

PADRE BASILIO MERAMO
1 de junio de 2003

jueves, 9 de mayo de 2013

Ascensión de Nuestro Señor

ASCENSION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
TOMADO DE LA "CATENA AUREA"Santo Tomás de Aquino


San Lucas cap. 24, 50-53:

Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos les bendijo; y aconteció, que mientras los bendecía, se apartó de ellos, y era llevado al cielo. Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron a Jerusalén con grande gozo. Y estaban siempre en el templo, loando y bendiciendo a Dios. Amén. (vv. 50-53)


Beda
Omitiendo todo lo que el Señor había hecho con sus discípulos en el espacio de cuarenta días, el evangelista pasa del primer día de su resurrección al último día en que subió a los cielos, diciendo: "Los sacó fuera, hasta Betania". Ante todo, por lo que dice el nombre de la ciudad -que quiere decir casa de obediencia - entendemos que el que había bajado del cielo por la desobediencia de los malos, subió por la obediencia de los convertidos. Además, por el lugar que ocupaba la ciudad (que según se dice estaba a la falda del monte de los Olivos), porque la casa de la Iglesia obediente debía estar a la falda del monte mismo (esto es, de Cristo), en donde ha colocado los fundamentos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Bendijo a quienes había mandado enseñar. Por ello sigue: "Y alzando las manos los bendijo".

Teófil

Les infundió la fuerza que conserva hasta la venida del Espíritu Santo. Nos enseñó que cuantas veces nos separamos, encomendemos a nuestros súbditos a Dios por medio de las bendiciones.

OrígenesEl acto de levantar las manos y bendecirlos, significa que el que bendice debe estar adornado de buenas y heroicas obras, para bien de los demás; por esto levantó las manos al cielo.

CrisóstomoObsérvese que el Señor nos hace ver sus promesas. Había ofrecido que resucitarían los cuerpos; resucitó El de entre los muertos, y confirmó a sus discípulos en esta fe por espacio de cuarenta días. Ofreció también que seremos arrebatados al cielo, y probó esto también por medio de las obras. Prosigue: "Y aconteció, que mientras los bendecía", etc.

Teófil
Elías también parecía ser llevado al cielo, pero el Salvador mismo ascendió al cielo como precursor de todos para presentarse en su cuerpo sacratísimo como primicia ante el Padre. En este concepto, ya fue honrada nuestra naturaleza con todas las virtudes de los ángeles.

Crisóstomo
Pero dirás: ¿a mí en qué me interesa? Pues tú serás igualmente llevado a los cielos, porque tu cuerpo es de la misma naturaleza que el cuerpo de Jesucristo. Tu cuerpo, pues, será tan ágil, que podrá atravesar los espacios; porque así como la cabeza, es el cuerpo; como el principio, así el fin. Véase cómo fuimos honrados por este principio. El hombre era la clase más ínfima de las creaturas racionales, pero los pies se hicieron semejantes a la cabeza, fueron encumbrados en una torre real por virtud de Jesucristo, su cabeza.

Beda
Habiendo subido el Señor a los cielos y habiendo adorado sus discípulos el último lugar que pisaron sus pies, volvieron apresuradamente a Jerusalén, en donde se les había mandado esperar la promesa del Padre. Prosigue: "Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron", etc. Estaban embargados de una grande alegría, porque después del triunfo de la resurrección, habían visto a su Dios y Señor penetrar en los cielos.

Griego
Y velaban, ayunaban y oraban, porque no descansando en sus propias casas, sino esperando constantemente la gracia de lo alto, estaban siempre en el templo, aprendiendo en él, entre otras virtudes, la piedad y la honestidad. Prosigue: "Y estaban siempre en el templo".

Teofilacto
Todavía no había venido el Espíritu Santo y ya hablaban espiritualmente. Al principio estaban encerrados, pero ahora ya no tenían inconveniente en presentarse delante de los príncipes de los sacerdotes, sin preocuparse de las cosas del mundo, antes bien, alababan todos a Dios, desestimando todo esto. Prosigue: "Loando y bendiciendo a Dios. Amén".

Beda
Obsérvese que San Lucas se distingue por el toro, entre los cuatro animales del cielo, porque el toro se ofrecía como víctima por los sacerdotes, y en atención a que se ocupó del sacerdocio más que los otros evangelistas. Además empezó su Evangelio por el ministerio sacerdotal de Zacarías en el templo, y lo concluyó con la reunión de los apóstoles en el templo, no ofreciendo sacrificios cruentos, sino como ministros del nuevo sacerdocio, alabando y bendiciendo a Dios, para prepararse así a recibir dignamente la venida del Espíritu Santo.

Teófil
Prosigamos imitándolos siempre en una vida santa, alabando y bendiciendo a Dios, de quien es la gloria, la dicha y el poder por los siglos. Amén.

domingo, 5 de mayo de 2013

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este último domingo de Pascua a la Ascensión del Señor y durante todo este tiempo de los cuarenta días después de su Resurrección, nuestro Señor no hace más que consolidar su Iglesia, instituir su Iglesia, los sacramentos; todas las órdenes que imparte a sus apóstoles y que están en la Tradición de la Iglesia, cuya importancia es la transmisión desde el origen que es nuestro Señor y los apóstoles instruidos directamente por Él. Digo esto para que no olvidemos que aunque muchas cosas no están escritas, ¿cómo las sabemos? Justamente porque nuestro Señor las transmitió a sus apóstoles y en especial en estos cuarenta días antes de subir a los cielos para mandar el Espíritu Santo. Consolida la Iglesia para que reciban el Espíritu Santo.

Y vemos cómo los apóstoles entendieron después que vino del Padre y que va al Padre. Yo no dejo de asombrarme de cómo algunos Padres de la Iglesia se preguntaban hace dos domingos, en el tercero de Pascua, en lo referente al Evangelio que es el mismo de San Juan que estamos viendo hoy y que vimos el domingo pasado: que los apóstoles no entendían cuando decía que iba al Padre; pero ahora vemos que sí comprendieron que se refería a la tristeza que les podía quedar por su partida pero que lejos de ser congoja, les convenía.

Me extrañó cómo algunos exegetas y Padres de la Iglesia no han visto claramente con San Agustín, que no hay otra explicación de ese Evangelio, que se refería justamente como lo dice este santo: “Dentro de poco tiempo no me veréis y después me volveréis a ver”, y que ese lapso se refería al que ocurriría después de la Ascensión porque iba al Padre; y si bien se mira en todo el contexto del mismo Evangelio sí estaba expresado. Pero estas son las opiniones humanas y debido a ello muchas veces vemos dificultades donde el texto, un renglón más abajo nos está dando la luz; por eso algunos Santos Padres decían que se refería a los tres días de su muerte o al tiempo breve que iba a morir, sin hacer explícitamente alusión estos tres días. Pero hemos visto que nuestro Señor apenas resucita se queda cuarenta días, no va al Padre inmediatamente; es más, baja al Seno de Abraham donde estaban todos los Santos del Antiguo Testamento y espera para subir al Padre después de cuarenta días, el día de la Ascensión.

Nos muestra nuestro Señor en el Evangelio cómo hay que pedirle a Dios Padre en su nombre; Él nos dice, nos da la clave, no se le puede pedir a Dios Padre de cualquier modo. En esto es categórico nuestro Señor mismo, la Iglesia, sobre todo hoy, para que no creamos que a Dios se le puede pedir tan fácilmente cualquier cosa; si no se le solicita en el nombre de nuestro Señor no se nos concede; por eso el reproche a los apóstoles: “Hasta ahora nada habéis pedido, pedid en mi nombre y se os dará”. Vemos de esta forma cómo nuestro Señor es el intercesor, el medio, el camino exclusivo para llegar a Dios Padre.

No es en cualquier culto, cualquier religión, cualquier oración como hoy el ecumenismo pretende hacernos creer.

Si no es en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, no se le puede pedir absolutamente nada al Padre.

Es tremendo, pero así es, porque Él es la Revelación de Dios, la palabra del Padre y de ahí la exclusividad de nuestro Señor, la de la religión católica y el error del ecumenismo que hace pensar que cada uno, pidiendo por Mahoma, por Buda o por cualquier ídolo, tenga acceso a Dios.

Es más, nuestro Señor nos muestra cómo el Padre nos ama; porque hemos creído en nuestro Señor.

No hay necesidad de que Él ruegue al Padre por nosotros, porque el Padre primero nos quiere y nuestro amor es una correspondencia.

No lo olvidemos, es como una mujer que se siente más amada que lo que ella ama, si bien se mira la naturaleza de las cosas; por eso es el hombre quien propone matrimonio y la mujer que acepta y acepta cuando se siente amada; no tanto que ella ame si no que sienta amada y así sabiéndose amada ama; así es nuestra alma con respecto a Dios. Por eso hay que corresponder al amor divino. Aquí hay otra gran cosa, que solamente por el amor de Dios se comprende: el infierno. Aunque comúnmente éste ha sido explicado más bien en el aspecto de la justicia divina; pero mucho más, diría yo, que ésta, da la luz el mismo amor de Dios. Él, que es es amor y por no corresponderle se condena uno en el desamor que es el odio eterno. Y es curioso el por qué no se haya dado esa explicación más que la de la justicia, que ciertamente lo es, pero mucho más comprendemos el averno por el amor de Dios, por el bien, por la verdad, que con lo que tiene de malo, de castigo, de negativo, de odio; en sí mismo no se comprende, no se entiende; como no se explica el mal si no es por el bien, el error por la verdad, las tinieblas por la luz, el no ser por el ser.

De allí la gran responsabilidad de corresponder a ese amor de Dios y el que no lo hace con libertad de todo corazón, es el que se condena. Por eso existe el infierno. Qué más desastroso que detestar a alguien y estar en su presencia; es preferible estar apartado; eso es lo que hace Dios, no nos obliga, no les impone a los que se condenan a que estén en su presencia, pues tampoco la soportarían; pero se entiende mucho más por el amor que por la justicia, aunque no se excluya ésta.

Nuestro Señor nos muestra que el Padre nos ama primero, pero hay una condición: “porque habéis creído en Mí, que salí de Dios, que Soy Dios”. Luego para ser amados del Padre hay que creer en nuestro Señor que es Dios, no que es un gran profeta, un gran hombre, un gran sabio, un gran filósofo, un gran personaje, sino que es todo eso y además es Dios porque salió de Dios. No como los arrianos que negaban la divinidad de nuestro Señor, aunque podían admitir que era un gran hombre, un gran profeta, un gran personaje pero que no era precisamente Dios. Para que seamos amados del Padre hay que creer en nuestro Señor y creer que Él es Dios: “Porque habéis creído que salí de Dios”, y por eso vuelve al Padre después de su misión, y por eso le entienden ahora sus apóstoles: “Ahora sí te comprendemos, ahora sí que hablas claro”. Y eso también nos sirve en nuestro apostolado, en nuestra santificación para perseverar en la Iglesia católica, basada en la Tradición católica; no nos dejemos arrastrar cuando venga un protestante y diga “aleluya, alabado sea el Señor”; no todo el que lo tenga en la boca, o el que dice ¡Señor, Señor!, es de Dios y los protestantes vaya si lo tienen en la boca, parece que hasta lo llevaran en el bolsillo y que lo reparten cuando se les da la gana y así con las demás creencias.

¿Cómo pueden creer en nuestro Señor? No aceptan que nuestro Señor salió de Dios y que nació de la Santísima Virgen María; eso es lo que no admiten los protestantes y por eso mismo no quieren la Iglesia tal como nuestro Señor la instituyó y la dejó. Así vemos la importancia y la exclusividad de nuestro Señor para pedirle a Dios Padre y para que sigamos siendo amados por Él: porque hemos creído en nuestro Señor que salió de Dios. Afirma su divinidad. Por eso el Evangelio de San Juan es el más sublime, como un águila que ve desde lejos la presa, desde las alturas, con esa mirada profunda.

Se compara a San Juan con un águila, porque es el que mejor muestra, refleja o expresa por divina inspiración la glorificación de nuestro Señor que se va revelando poco a poco pero que se manifiesta plenamente, y aquí vemos cómo Él mismo lo dice: “Porque he salido de Dios”. ¿Y quién puede salir de Dios sino el mismo Dios? Por eso el Padre nos ama, es decir, porque somos hijos de la Iglesia católica, porque somos católicos, no judíos, protestantes, budistas o lo que sea; esa es nuestra gloria y por eso tenemos que tenerlo en claro para que no perdamos nuestra identidad de católicos y así podamos orar verdaderamente al Padre y que el Él nos conceda todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude a comprender cada vez más todo esto y que así podamos corresponder más a nuestro Señor Jesucristo y a Dios Padre. +

PADRE BASILIO MÉRAMO
5 de mayo de 2002

domingo, 28 de abril de 2013

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:Nos muestra el Evangelio la tristeza que tenían los discípulos ante lo que nuestro Señor les había anunciado; les había dicho que serían perseguidos, que el mundo los oprimiría, al igual que Él lo era y que por ese acoso moriría en la Cruz. También estaban tristes porque sabían que Él se iba, como hace notar San Agustín, que partía hacia el Padre, doble tristeza si bien se la mira. Y nuestro Señor, que sabe muy bien que la congoja no es buena para nada –la única buena es la de haber pecado, de haber ofendido a Dios–, pero toda otra es mala, destruye el alma, la imposibilita aun del bien obrar y por eso no quiere que sus discípulos estén apenados, sino lo contrario; que aceptando con fe todo lo anunciado vean incluso lo bueno que hay en ese mal aparente, tanto de su Pasión y muerte como de su partida al cielo después de su resurrección.

Por medio de la Cruz nuestro Señor vence al demonio, a Satanás, lo derrota y nos abre las puertas del cielo. Ya ha quedado juzgado el mundo, y aunque parezca triunfante, no son más que patadas de ahogado, por eso nuestro Señor dice que el mundo ya está sentenciado, ya está derrotado. En cuanto a su partida, conviene que Él suba al Padre para que desde allí mande el Espíritu de verdad, el Espíritu Santo. Él tenía mucho que decir, pero lo deja para que lo sugiera el Espíritu Santo a la Iglesia. Lo niegan los protestantes, que se atribuyen personalmente a cada uno e interpretan la Biblia de acuerdo con su libre albedrío, como si fueran infalibles; niegan esa infalibilidad y divinidad al Magisterio de la Iglesia católica y la convierten en un ente invisible; por eso no aceptan la jerarquía, el gobierno, el papado ni el sacerdocio de la Iglesia.

Nuestro Señor anuncia la conveniencia de que Él se vaya para que venga ese Espíritu de verdad, el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, lo que hace Santa a la Iglesia. Por tanto, es inadmisible una Iglesia imbuida de error, es una contradicción. Pero vaya si no vemos errores en la que se anuncia al mundo como Iglesia católica y que es imposible, ya que la Iglesia es de Dios y reina en ella el Espíritu de verdad y no el de herejía, de apostasía.

En estos tiempos la gran artimaña de Satanás consiste en mezclar el bien y el mal, el error y la verdad, por eso toda autoridad, jerarquía, sacerdocio, ministerio y toda evangelización si no proclaman la verdad, límpidamente claudican. Hoy la catequesis, la evangelización, el ministerio, adolecen de confusión mezclando error y verdad y eso no es ni puede ser la palabra de Dios, la palabra del Espíritu de verdad; por eso se requiere rechazar frontalmente toda equivocación que no es de Dios ni de la Iglesia. Aunque se adjudiquen e invoquen la investidura y el mando, ilegitiman la autoridad misma cuando no está al servicio de la verdad. Cosa tan cierta en el orden jurídico natural como en el jurídico sobrenatural.

Por eso son inválidas esas excomuniones contra los paladines de la verdad y de la Tradición, como fueran Monseñor Lefebvre y Monseñor de Castro Mayer. Si alguien está excomulgado son los otros; que no se pavoneen con la autoridad que usurpan y no funciona al servicio de la verdad; hay que decírselo al mismo Papa, porque no se puede pontificar en el error, no se puede ser Sumo Pontífice en medio de una Iglesia que proclama la confusión; pero hacen falta obispos, doctores que increpen para que las cosas se clarifiquen de una vez, por lo menos para aquellos que son los hijos de la luz.

Desafortunadamente falta lucidez, inteligencia, sabiduría y virilidad, pantalones, firmeza, todas estas virtudes que la Iglesia siempre proclama. Fuerza que se nos da en abundancia con la confirmación; de sabiduría, de inteligencia. Porque la Iglesia no es ignorante, estúpida, idiota; esas son las secuelas del pecado, la insensatez, la ignorancia, la falta de inteligencia, de sabiduría. Por eso nuestro Señor promete el Espíritu de verdad, invisible hoy en el mundo. Es lamentable constatarlo.

¿Por qué el mundo y la Iglesia o los hombres de Iglesia andan como andan? El que no es homosexual es afeminado, vive en concubinato o simplemente lo que le interesa es vivir bien como “Sancho Panza” y ser tratados como monseñores, reverendos, pero les importa un rábano la verdad; no son capaces de morir por ella ni la conocen, porque niegan las verdades más elementales del catecismo e invitan en nombre de la libertad religiosa a prostituirse con los jefes de las falsas religiones. Ejemplo abominable y repetido y nadie quiere darse cuenta. Qué es si no una gran apostasía, una pérdida de fe como ya lo anunciara nuestro Señor: “¿Acaso encontraré fe cuando vuelva?”.

Pues justamente en esas estamos, pérdida de la fe por culpa y complicidad de aquellos que la debieran defender; así son las cosas si las miramos a la luz de la fe sobrenatural. Lo demás son componendas, diplomacias, maquillajes para ocultar el error y hacerlo pasar por verdad. Se necesitan sacerdotes que no teman decir la verdad, que no sean timoratos. Más valen unos pocos sinceros que millones de los otros. El Espíritu de verdad debe reinar en la Iglesia, esa es la necesidad que les quiere hacer ver nuestro Señor a los apóstoles para que dejen esa tristeza que no conduce a nada ya que ese aparente mal y abandono será reduplicado por el Espíritu de verdad, el Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia católica, apostólica y romana. Nuestro Señor les hace ver entonces la inutilidad de entristecerse.

Esto nos sirve para no entristecernos al ver el estado deplorable y de persecución. Los apóstoles serían excomulgados de la sinagoga, los verdaderos discípulos de los últimos tiempos son anatematizado. ¿No es ese el argumento que han esgrimido contra monseñor Lefebvre?, ¿no es ése el que ha hecho claudicar a los padres de Campos que no han sabido ser fieles discípulos de monseñor De Castro Mayer y han caído en el complejo estúpido de sentirse acusados por aquellos que persiguen la verdad, al margen de la Iglesia, de la necesidad de querer ser reconocidos por la Iglesia? Pero, ¿por cuál Iglesia? Hay que ser muy bobos y tontos, yo no tengo por qué sentirme al margen de la Iglesia si soy fiel a nuestro Señor, ni que me reconozcan como católico aquellos que hacen las obras de Judas y Satanás, del anticristo. Eso hay que tenerlo claro porque de ello depende nuestra constancia y nuestra perseverancia.

Se acordarán de mí, porque todos los que lo han hecho, ha sido a la larga o a la corta por el mismo motivo; por eso nuestro Señor advierte el ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Palomitas solas no sirven. Astutos como serpientes, y sagaces, porque estamos en medio de lobos. Pero también mansos y humildes como palomas, doble aspecto. Dice un dicho muy castizo, “A Dios rogando y con el mazo dando”; hay que esperar como decía San Agustín, que todo venga de Dios, pero hacer de nuestra parte como si todo dependiera de nosotros. Ese es el esfuerzo que hay que hacer para permanecer en la fidelidad, para que así nuestro Señor nos diga en la hora de la muerte, “siervo fiel, has sido bueno y fiel en lo poco, ahora lo serás en lo mucho”.

Dice nuestro Señor que en cuanto al pecado serán juzgados, recriminados todos los que no han creído en Él, pecado de incredulidad; en cuanto a la justicia porque va al Padre, y sólo va al Él quien es justo y nuestro Señor fue tachado de injusto, de demoniaco, de diabólico por los fariseos. Entonces se restablecerán todas las cosas aunque por ahora no las veamos. El mundo y Satanás están vencidos y juzgados; no somos de este mundo, vivimos en él pero no pertenecemos a él; somos de Dios y nuestra mira está en el cielo, nuestra verdadera patria, y no en esta mísera tierra como muchos exclusivamente parecen creer y que por eso olvidan su destino celestial, sobrenatural. La Pascua nos lo recuerda con insistencia para que no nos equivoquemos de morada.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, consolidarnos en la firmeza que Ella tuvo a través de todos los dolores de la Pasión de Su Hijo y que podamos permanecer con Ella en integridad sobrenatural y no claudicar, siendo siempre fieles a la Iglesia católica y a nuestro Señor Jesucristo. +


PADRE BASILIO MÉRAMO
28 ABRIL DEL 2002

domingo, 21 de abril de 2013

TERCER DOMINGO DESPUES DE PASCUA





Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:



Nos encontramos en el tiempo de Pascua, que nos invita a dirigir la mirada al cielo, a no fijar en esta tierra nuestra morada, a atravesar esta vida como cuando se pasa un puente, sin fijar sobre él la morada. Ese es el mensaje de la Pascua, que deseemos las cosas de Dios, del cielo y que desechemos, nos desapeguemos de todo lo terrenal, efímero, como los placeres, los deseos de la carne, el poder, la vanagloria y mil cosas más que atan nuestra alma a esta tierra.



Decía San Juan de la Cruz que “tanto está uno amarrado con una gran cadena como con un pequeño hilo; la diferencia está en que la hebra es más fácil cortarla, y si no lo hacemos, estamos tan amarrados con ese pequeño cordón como con una gran cadena”, y esas ataduras son las que debemos cortar, sean gruesas cadenas o un pequeño filamento el que nos ate.



La Pascua es el tiempo en el cual nuestro Señor, después de su resurrección, permaneció aquí en la tierra consolidando su Iglesia hasta el día de su Ascensión, instituyendo los sacramentos y dejando los fundamentos para que su Iglesia se propagase por el mundo hasta que Él volviera. Nuestro Señor dice a sus apóstoles: “Dentro de poco no me veréis, mas poco después me volveréis a ver”. ¿Qué significa este poco de tiempo que los apóstoles no entendían y que nosotros tampoco comprendemos y que incluso grandes santos interpretan de modo distinto pero que si bien se mira sólo tiene una sola explicación? Es la que da San Agustín, porque algunos dicen que se refería a los tres días que estaría muerto y que después resucitaría; claro que sí puede ser, o en términos generales haciendo alusión no sólo a los tres días pero sí a su muerte y después a su resurrección.



Pero San Agustín, con la profunda intuición y agudeza que lo caracteriza, arrolla con su genio a casi todo el resto de los Padres y por eso Santo Tomás a veces toma el ejemplo de interpretación de San Agustín en oposición a casi todos los otros. Podemos hacer lo mismo ahora porque él dice que se refiere a todo el tiempo de la ascensión hasta cuando vuelva, pero que ese tiempo, es el presente de la Iglesia militante que nos parecerá poco cuando veamos el final. Igual que cuando llegamos al término de un viaje largo, por la misma alegría de haber llegado, nos parece que fue corto.



¿Qué es el tiempo con respecto a la eternidad?, nada. ¿En qué podríamos darle más fundamento a esta interpretación de San Agustín? Al simple hecho que ha pasado inadvertido por esos exegetas, y es que el Evangelio dice: “Porque me voy al Padre”, y nuestro Señor va al Padre después de la Ascensión y no antes; entonces es lógico y evidente que no se refiere al hecho de su Pasión, a los tres días, porque no fue al Padre, incluso fue a los infiernos, al seno de Abraham y va al Padre después de cuarenta días.



Ahora, cómo es posible, cómo no se dan cuenta si es evidente que no cabe otra interpretación que la de San Agustín, aunque no se sabe si San Agustín le da el respaldo que menciono, pero basta releer el Evangelio para que veamos claramente que este santo tiene razón y es una profecía hecha para la Iglesia militante, para nosotros durante todo este peregrinar hacia la eternidad, hacia la verdadera patria, y que este tiempo es de sufrimiento. “Lloraréis y gemiréis, y el mundo se gozará”, por eso quizás a veces la gente que aparentemente vemos en este mundo viviendo placenteramente y regocijándose es la más infeliz; el verdadero discípulo pena y gime; sufre una mujer que va a parir, porque Dios considera este tiempo para todos y para cada uno y para toda la Iglesia como un parto, como un dar a luz al cielo.



Y vemos cómo nuevamente se ratifica esa interpretación que para mí es la única y la exclusiva, la de San Agustín, porque no cabe otra. Todo este tiempo se convertirá de dolor en alegría y nos parecerá poco cuando hayamos llegado al cielo, cuando hayamos sido engendrados no naturalmente sino sobrenaturalmente para gozar eternamente de Dios y no sólo nosotros sino toda la Iglesia de Cristo que anhela a su esposo, que espera que Él venga el día del juicio final; esa es la gran promesa. Es un evangelio eminentemente apocalíptico en el pleno sentido; el Apocalipsis, la gran profecía de la segunda venida de nuestro Señor en gloria y majestad, con la antesala de dolores y de sufrimientos, de herejías, de apostasías como lo vemos actualmente y como ya lo advirtiera nuestro Señor: “¿Acaso cuando yo venga encontraré fe sobre la tierra?”. ¿Qué fe queda? Prácticamente ninguna; la única que queda es la de aquellos que dispersos por el mundo son fieles a la sacrosanta Tradición católica, apostólica y romana y los demás, mis estimados hermanos, no tienen fe. Es hora de decirlo, es así la gran dispersión de la Iglesia, esa es la triste realidad, la gran agonía, el gran dolor.



Pero aquellos que tenemos fe porque guardamos la sacrosanta Tradición debemos tener esto muy claro porque será la única condición para mantenernos firmes con nuestra Señora al pie de la Cruz en esta segunda crucifixión de nuestro Señor Jesucristo, en su cuerpo místico que es la Iglesia. Y esto por obra de la misma jerarquía que se dice católica pero que no confirma a los hermanos en la fe, que tenemos que desobedecer para guardar la fe. Ese es el dilema, la contradicción y la necesidad de que haya obispos que pueden decirlo, pero que no lo hacen. Hay que expresarlo; si lo veo así lo tengo que decir en conciencia y es una vergüenza que no haya cardenales, que no haya obispos, que no haya prelados, jerarcas en la Iglesia, ni aun los buenos que así lo vean, con esa claridad y con esa fe, cuando es el único medio de perseverar en la verdad, de no claudicar como lo hicieron los discípulos de monseñor De Castro Mayer, los padres de Campos.



¡Qué vergüenza! Ese es un ejemplo para que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Monseñor Lefebvre, esté alerta y no haga caso al coqueteo seductor de la gran ramera que bebe el cáliz lleno de la sangre de los mártires y se enseñorea con los poderosos, con los reyes de esta miserable tierra. Esto está en las Escrituras, pero hay que leerlas, interpretarlas, armonizarlas y aplicarlas a estos tiempos apocalípticos ya señalados por el dedo del cielo, por el dedo de nuestra Señora en La Salette, Fátima y Siracusa, por hablar sólo de las apariciones indudables, de las sólidas, y con eso basta.



El mundo jamás verá eso, ni podrá verlo porque carece de fe, no ama la verdad. Somos un puñado, poco interesa, lo importante es que esos pocos seamos luminosos por esa fe sobrenatural, por la fidelidad a nuestro Señor y que sepamos sufrir esta agonía, estos dolores de parto que nos engendran y acrisolan a la vida sobrenatural y a la eterna.



Ese es el mensaje y la aplicación práctica y concreta del Evangelio en estos tiempos que vivimos. De otra manera existimos en el aire como bobos sin doctrina, sin Escrituras, sin la palabra de Dios, como acontece, o como protestantes con la Biblia debajo del brazo pero para interpretarla a su modo.



Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude a comprender estas cosas y que al leer y releer los Evangelios vayamos descubriendo todo aquello ya dicho y profetizado para acrisolarnos en la fe y que no la perdamos en medio de esta gran apostasía de las naciones de los gentiles. Y poder, aunque pocos, aunque reducidos a un puñado de fieles dispersos por el mundo, ser representantes de la verdadera y única Iglesia católica, apostólica y romana, mientras el resto patina en el error y camina hacia el infierno, llámense Papas, cardenales, monjas, monjes o como se quiera; porque para salvarse hay que tener la fe católica, no la ecuménica, no cualquiera, sino la fe sobrenatural que confiesa a la Santísima Trinidad y la Encarnación del Verbo de Dios en las entrañas de la Santísima Virgen María.



Pidamos a nuestra Señora para que Ella nos consolide en la verdad y poder permanecer fieles a la santa Iglesia Católica aun en la peor de las persecuciones y tribulaciones por las cuales podamos y pueda pasar no solamente cada uno de nosotros sino la Iglesia, verdadera perseguida, la Iglesia católica, que es la tradicional. +



PADRE BASILIO MERAMO

21 de Abril del 2002