San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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miércoles, 13 de mayo de 2015

Festividad de Nuestra Señora de Fátima


Nuestra Señora del Rosario se presenta a los niños Lucia, Jacina y Francisco en la Cova de Iria por primera Vez el 13 de Mayo de 1917

Relato tomado del libro FATIMA, autor: Icilio Felici, Edit. San Pablo, 1951 (vigesima cuarta edición 1998) pag. 51-58

Era el día 13 de Mayo, domingo antes de la Ascensión. Lucía, Francisco y Jacinta, después de oír muy de mañanita la Santa Misa, con sus respectivas Familias, según la costumbre escrupulosamente observada en las casa temerosas de DIOS, hacia las 10 reunieron en uno sus rebañitos, como lo hacían con frecuencia, y decidieron tomar el camino de la cuenca, donde los prados estaban en flor y las ovejas podrían abundantemente saciarse con la hierba de los barbechos. El sol brillaba límpido y la campiña exhalaba mil variado perfumes, llegados allá hacia el medio día hora oficial, se regresaron un tanto detrás del ganado, hasta que llegado el medio día verdadero, que todo pastor aprende muy pronto a distinguir en la fas del sol, su reloj infalible, se aprestaron a rezar el acostumbrado rosario y a consumir la colación que, como siempre, habían llevado consigo, para entregarse después a los juegos de costumbre... Aquel día el juego era más atrayente, pues se trataba de construir nada menos que una casa con piedras que Francisco se daba prisa a extraer del terreno o de en medio de los Setos.

Habían puesto manos a la obra con ahínco y pasión, cuando de repente fueron deslumbrados por un rayo que parecía haber surcado el horizonte. Asustados, miraron al cielo: Continuaba serenísimo no había ni siquiera una nube del tamaño de una hilacha de algodón, y el sol más resplandeciente que nunca.

Se miraron el uno al otro, sin saber que decir.
-Pero... ¿De dónde habrá venido?...

Lucía Reflexionaba; no es la primera vez que una tormenta se condensa detrás de una montaña para luego subir y desencadenarse.
- Será mejor volver a casa - dice.
Los primos, más impresionados que ella, aprueban sin reserva, dejan sin amparo la construcción, reúnen el rebaño y ¡Abajo! por la pendiente, empujándose por delante las ovejas. Llegados a media bajada, al pasar junto a una robusta encina -Que todavía existe- viene a deslumbrarles otro rayo más fulgurante que el primero.

Esta vez tiemblan de verdad, de arriba a abajo, y se ponen a espolear al rebaño para que no se retrase.
Pero he aquí que, al llegar al fondo de la cuenca se ven obligados a retenerse mudos y atónitos. Delante de ellos, a dos pasos de distancia, sobre una mata de carrasca verde de poco más de un metro de alto, esta una juvenil señora, sublimemente hermosa, mas resplandeciente que el sol, la cual, con ademán lleno de gracia y una voz de sobremanera cariñosa, les dice:

-No tengáis miedo, no quiero haceros daño alguno.Los niños la contemplaban estáticos, arrebatados.
¡Miran!... Aparenta tener 15 a 18 años. El vestido, blanco como la nieve, sujeto al cuello con un cordón de oro le baja hasta los pies, que rosa apenas las hojas de la carrasca. Un manto todo bordado en oro le cubre la cabeza y todo el cuerpo. Las manos están juntas delante del pecho en actitud de orar, de ellas cuelga un Rosario de cuentas blancas como perlas, terminando en una pequeña cruz de plata bruñida. El rostro de rasgos purísimos e indeciblemente delicados, esta rodeado por una aureola de sol, pero parece velado por una sombra de tristeza.
Jacinta y Francisco están inmóviles, sin pestañear; Lucía cobra ánimos y se decide preguntar:
-¿De qué país es usted?-
Hay en la pregunta toda la confusión y toda la sencillez de la pastorcilla fascinada.
-Mi país es el cielo- responde la dulce Señora.
-¿Y qué quiere Usted de mi?
-He venido a pediros que os lleguéis aquí, a esta misma hora, el día 13 de cada mes, durante seis veces consecutivas, hasta octubre. En octubre os diré quien soy qué es lo que quiero de vosotros.

Durante unos momentos Lucía calló; acaso resonaron en su mente las palabras del Ángel: Los santísimos corazones de Jesús y María tiene sobre vosotros designios de misericordia… o es que aquella invitación acabó de desorientarla.
Al cabo de unos instantes, prosiguió animosamente:
-¿Viene Usted del cielo? Y yo, ¿iré al cielo?
-Sí- Respondió la Señora.
Lucía, ingenuamente, se sintió atrevida:
-¿Y Jacinta?
-También
-¿Y Francisco? –Quiere tanto a sus inseparables primitos, que no sabe imaginar un paraíso donde no estén los tres juntos, como allí en el campo, todos los días…

A esta última pregunta los ojos de la celestial aparición se vuelven hacia el niño, lo miran maternalmente pensativos.
-También el- responde la Señora -Pero antes tendrá que rezar muchos rosarios…
Viéndola tan condescendiente, la pastorcilla, como suelen hacer todos los sencillos, vencida su primera timidez, se familiariza con Ella.
Poco tiempo antes han muerto dos jovencitas conocidas suyas. Puesto que la patria de la Señora es el cielo, sabrá cual ha sido su suerte… Y le responde que una está en el cielo y la otra en el purgatorio.

-¿Queréis ofreceros al Señor, prontos a hacer sacrificios y aceptar gustosos todas las penas que El quiere enviaros,, en reparación de muchos pecados con que se ofende a la Divina Majestad, para alcanzar la conversión de los pecadores y en compensación de las blasfemias, y de todas las ofensas hechas al inmaculado Corazón de María?
La invitación, en conjunto, no añade nada nuevo a a invitación del Ángel.
Pero Jacinta y Francisco continúan estáticos y mudos; solamente Lucía responde por todos con vivo entusiasmo:
-¡Si lo queremos!

La aparición da muestras de complacencia, añadiendo luego que muy pronto tendrán que sufrir mucho, pero que la gracia de DIOS les asistirá y confortará siempre. Y al decir esto, extiende las manos… De sus manos abiertas de derrama sobre los videntes un haz de luz misteriosa… Una Luz tan intensa y tan íntima que (son palabras de Lucía), penetrándoles en el pecho hasta lo más íntimo del alma hízoles ver a sí mismos en DIOS con más claridad que nos vemos en el más terso espejo… Es una especie de confirmación, después de la cual la luz divina los llena todos y se apodera de ellos.

Entonces caen los tres de rodillas, misteriosamente impulsados y exclaman:
-¡Oh Santísima Trinidad, yo os adoro!
-DIOS mío, DIOS mío, yo os amo!

Una última recomendación tiene que hacerles la celestial Señora:
Que todos los días, como lo han hecho poco antes, recen el rosario (nota del transcriptor: NO LA TERCERA PARTE SOLAMENTE, NO LOS MISTERIOS LUMINOSOS, sino los quince misterios del Santo Rosario que Nuestra Señora reveló a Santo Domingo) para obtener la paz del mundo.
Después de la cual comienza a elevarse ligera como una pluma… derecha… sin mover los pies… hasta que desaparece en la radiante luz del sol.

¡Dentro de un mes!
¿Volverán los pastorcillos?
Y Ella ¿acudirá?
(nota del transcriptor: La historia sabemos que es verdadera y cierta, ella regresó.)

domingo, 10 de mayo de 2015

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este quinto y último domingo después de Pascua, vemos en el Evangelio cómo nuestro Señor les dice a sus discípulos, y a nosotros también, que hasta ahora nada se le ha pedido al Padre en su nombre. Ha mostrado la importancia de cómo se ha de implora, es decir, de orar, de rogar, de rezar en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Y hacerlo en el nombre de Jesús es pedir la salvación. Jesús, quiere decir salud, dador, el Salvador; el que da la salud eterna y la salvación. Y por eso dice San Agustín que para pedir en el nombre de Jesús a Dios Padre hay que suplicar en lo concerniente a la salvación de nuestras almas, así se le implora nuestra salvación.

De modo que si le estamos rogando ganar la lotería, ser ricos o famosos o tener éxito, es evidente que esto no nos las va a dar y peor si no nos vamos a salvar sino a condenar por medio de ellas. Cuánta gente es buena sólo cuando vive en la lucha y sufre, pero cuando tiene dinero se corrompe; a cuántas almas pervierte la abundancia, la prosperidad y no solamente las seduce con una mala vida sino también a veces con el simple orgullo de creerse poderosos, más fuertes y así oprimen y no les importa el débil y necesitado, el que llora, el que sufre.

Si vemos, esa es la historia de la humanidad: el que está arriba pisotea al que está abajo, cuando debería ayudarlo; y el inferior cuando asciende no debería vengarse. Eso es lo que sucede aquí en Colombia y en todo el mundo, pero aquí de un modo desastroso, donde no se es superior para mandar bien, para ayudar, para gobernar, sino para oprimir y sacar ventaja; eso es lamentable.

Es una concepción completamente anticatólica de la vida y de la superioridad en cualquier orden que sea. El patrón es el que guía, el que dirige a los otros a su fin, y les ayuda y los sostiene, les da ánimo y trata de algún modo de paliar las dificultades que puedan tener los otros. Lo demás es una concepción falsa de la superioridad, de la autoridad, del mando, del poder, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella, en la vida social como en la familiar.

Nuestro Señor nos dice que siempre debemos pedir en su nombre, en nombre del Salvador, la redención de nuestras almas y lo que es necesario para que no nos condenemos; no lo que nos puede parecer indispensable, como como pueden serlo algunas comodidades. El sentido de pobreza que hay que tener aunque se sea multimillonario, es de renuncia, de desapego. ¿Por qué creen ustedes que nuestro Señor nació en un pesebre y vivió pobremente? Porque era mucho más perfecto vivir con poco en la renuncia, aun de lo necesario, para que floreciera la virtud. Claro está que Dios no quiere que vivamos en la miseria pero sí en la pobreza o, por lo menos, con sentido de pobreza a lo cual ayuda la limosna. Ésta, que como el agua, apaga el fuego, los pecados o las deudas por ellos.

Si verdaderamente se hiciera caridad estarían más compensados la sociedad y el mundo, no existiría la rapiña y la injusticia hoy legalizada, porque las leyes ya no son católicas, no tienen que ver con la justicia y con la equidad y por eso la falta de virtud en el orden social que genera la injusticia, la iniquidad. El equilibrio está en la virtud, en el servicio y las obras que se hacen por ella; pero como cuesta, entonces no nos gusta. Por ello los santos son quienes han vivido en el heroísmo de la virtud, es decir, en su permanencia, llegando así a la osadía de una vida santa y virtuosa en unión con Dios. No debe ser a ratos solamente cuando comulgamos, queremos ir a Misa, o cuando rezamos el rosario, y después, el resto de las veinticuatro horas del día y de la noche qué, “hacer lo que se me da la gana”; por eso el mundo y los católicos andan como andan, porque no permanecemos en ese espíritu de Dios durante todo el santo día, sino de ratos cuando nos acordamos, y aún así creemos que ya hemos hecho mucho.

Y vemos también que en el evangelio de hoy nuestro Señor no solamente nos enseña a pedir nuestra salvación sino que nos muestra el amor que nos tiene el Padre eterno, a tal punto que no hace falta que le pidamos, le manifestemos nuestras necesidades porque Él, que nos ama, las conoce; pero la condición, el soporte, el fundamento de ese amor es nuestro Señor, “el mismo Padre os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y vine al mundo; otra vez dejo el mundo y voy al Padre”. Entonces dicen los discípulos que ahora sí les habla claro y no en parábolas, en imágenes, en semejanzas, sino directa y abiertamente. Pero lo que pasa es que a veces es difícil hablar abierta y directamente. Cuántas veces nos pasa eso con el prójimo; entre más clara y abiertamente se hable, peor, hay que ir con rodeos o con una comparación, con una semejanza.

Nuestro Señor es el fundamento del amor del Padre, esto ya nos demuestra que cualquier otro es falso, que no hay amor a Dios que no esté fundamentado en Jesucristo; y ahí claudican todas las creencias y religiones que no se basan en Cristo y que no conservan la doctrina de nuestro Señor Jesucristo. No hay que olvidar ese carácter revelado de nuestra santa religión. No es una doctrina natural que existiría si Dios no se hubiese revelado. Dios se reveló en nuestro Señor como Él es, Uno y Trino, y por eso toda otra creencia, credo o religión transigen, no existen delante de Dios, son inútiles; como ejemplo tenemos el judaísmo, el mahometismo, el budismo, el protestantismo, porque aunque ellos vivan hablando de Cristo no conservan su doctrina sino lo que a ellos les viene en gana; lo mutilan como de hecho los mahometanos hacen, creen en Él pero como lo hacía Arrio: que Cristo es un gran profeta, un gran personaje, pero que no era Dios, que no salió del Padre.

Nos damos cuenta entonces de la importancia de la divinidad de nuestro Señor y de creer en ella, pues allí está el fundamento del amor que nos tiene el Padre y si no, no nos puede amar como a hijos suyos sino como a réprobos, a condenados y eso siempre lo predicó la Iglesia católica, apostólica y romana. Pero hoy no se pregona eso; entonces ¿es que la Iglesia dejó de serlo? O, por lo menos, ¿esos que catequizan en nombre de la Iglesia no son de ella? ¡Claro que no!, son usurpadores, protestantes que se quedan dentro de la Iglesia apoderándose de su nombre, del de Cristo, del de Dios; esa es parte de la gran crisis que hay hoy dentro de la Iglesia, porque el demonio se dio cuenta que hay que atacar desde el interior, ya no desde el exterior.

El gran papa San Pío X al inicio, al alba del siglo XX, dijo en su primera encíclica que el anticristo no tenía otro trabajo que el de nacer. ¿Qué diría cien años después? Porque fue en 1903 y estamos en el 2003, ¿qué manifestaría hoy? Por eso debemos estar prevenidos para cuando llegue ese día, la entronización dentro de la Iglesia del anticristo, que se ha ido preparando y que se está haciendo dentro y fuera de la Iglesia, para que venga y reine usurpando el poder de Cristo.

Los fieles o lo que quede de ellos, porque no todo el que dice “Señor, Señor” es fiel, pero lo que reste, ese pequeño rebaño leal que heroicamente mantendrá la fe cuando toda esa abominación que hoy  vemos culmine en el anticristo, debe estar preparado. Los profetas, o los que lo han anunciado, han llegado a hablar para los últimos tiempos incluso de antipapas, es decir, de usurpadores en el trono sacrosanto de San Pedro y eso hay que señalarlo.

Ya desde el siglo XVII, comentadores del Apocalipsis como el venerable beato Holzhauser, hablaban de anti-papas, porque el anticristo no vendrá de golpe. Y desde mucho antes, también Beato de Liévana, del siglo VIII, uno de los grandes glosadores del Apocalipsis cuyo libro quedó perdido y se encontró y es una joya, habla de lo mismo, de la defección del clero bajo la bestia de la tierra en connivencia con la del mar del Apocalipsis. La terrenal, que tiene la apariencia de cordero, simbolizada con los dos cuernos, de Moisés; los dos cuernos de la mitra que representan el Antiguo y el Nuevo Testamento y el poder de Dios; luego es algo que aparenta ser de Dios e incluso su poder, pero que no le sirve, no sirve a la Iglesia.

Y la imagen fuerte de la gran ramera, la religión prostituida, corrompida pero vestida de púrpura y escarlata, todo eso ¿qué es?, ¿literatura? Es mucho más que eso. Es una profecía apocalíptica para los últimos tiempos de la Iglesia, antes del advenimiento de nuestro Señor en gloria y majestad, cuando venga a destruir toda esa usurpación de Satanás, de los infiernos, dentro de la Iglesia.

Hay que estar apercibidos si es que nos toca estar vivos, para salvar nuestras almas, para pedir en el nombre de nuestro Señor, porque yo no puedo hacerlo en el nombre de Cristo, de nuestro Señor, la salvación en el ecumenismo igualando a todas las creencias y religiones que niegan la exclusividad de la Iglesia católica apostólica y romana, que proclaman la libertad de cultos y de creencias en el corazón endiosado del hombre moderno. Todas estas son herejías, una detrás de otra; todo eso camina hacia la apostasía y eso hay que decirlo, es mi deber, para que roguemos por la salvación de nuestras almas y para que sigamos creyendo en la divinidad de nuestro Señor, en la de su santa Iglesia y no en la prostitución de la jerarquía de hoy, que la tiene sumida, sumergida, en esta espantosa y abominable crisis.

Duele decirlo, pero hay que hacerlo, que el cardenal Castrillón, se deje de hacer el payaso diciendo la Misa tridentina. Ayer dice la tridentina, y hoy ¿cuál? ¡La moderna! Como una mala mujer que va con el que mejor le pague hoy para irse mañana con el otro; ¿esa es la religión católica? Que deje esa payasada circense que no hace más que convertir la Iglesia en el Panteón donde anidaba en cada rincón un altar para el dios de cada uno y dentro de él nos quieren meter hoy. Que gente como el padre Aulagnier, que durante tantos años ha sido Superior de Francia, ahora se desvíe hablando de pluralismo litúrgico, diga estupideces, hable de la catolización de la nueva misa que es protestantizante, y eso que es uno de los más antiguos de la Fraternidad; ¿a dónde nos quiere llevar?

Y digo el padre Aulagnier porque si nadie en la Fraternidad va a alzar la voz lo haré yo, pero primero espero que lo haga la autoridad de la Fraternidad, que lo hagan los obispos, pero si no lo hacen, me tocará a mí. Porque no puede ser que uno de entre los primeros miembros y brazo derecho de monseñor Lefebvre haga también esa estupidez, esa claudicación y que haya alabado sin transigir ese desistimiento de los padres de Campos, para que entraran al panteón del pluralismo religioso, que digan la Misa de San Pío V en medio de las otras religiones, en medio de la reforma litúrgica, que es revolucionaria.

No queda más que la santa intransigencia de la verdad y donde no la haya, es una posición exclusiva, es un solo punto el que me da la verticalidad, ya lo demás no lo es; no hay otra alternativa, lo único que resta es mantenernos en esa santa inflexibilidad, y el que no lo entienda, claudicará tarde o temprano. Sometimiento que será uno tras otro, lo malo es que no se la advierta por miedo de asustar a los fieles. La verdad no asusta, salva, porque si nos atemoriza, es para nuestra salvación si respondemos a ella. Es un deber para mí el hacerlo y el decirlo, para que ustedes aprendan a defenderse, porque no se sabe hasta cuándo nos sea permitido tener la libertad de predicar, de decir la Santa Misa y de que los fieles tengan el apoyo de los sacerdotes. Y, ¿qué irá a pasar si los creyentes en esa soledad del desierto no han aprendido y no se les ha enseñado a defenderse para que así salven sus almas?

Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que guardemos estas cosas y las meditemos y las tengamos presentes. No nos olvidemos de pedir siempre en el nombre de nuestro Señor, en el de Jesús, la salvación de nuestras almas, ya que el fundamento de nuestra salvación es la divinidad de nuestro Señor y en esa aceptación tenemos la garantía del amor del Padre eterno. ¿Qué más queremos? Ya tenemos la seguridad de nuestra salvación, pero está basada en nuestro Señor y por eso es importante tenerlo presente y por eso la exclusión de todo lo que no sea Cristo Redentor.

Pidamos, pues, a nuestro Señor, mantener viva esa llama de la fe, aunque nos toque estar solos. Pero que se conserve así en nuestro corazón para por lo menos salvarnos nosotros si es que no podemos lograr socorrer a los demás. +


P.BASILIO MERAMO
    
25 de mayo de 2003

domingo, 3 de mayo de 2015

La Invención de la Santa Cruz



Nota aclaratoria: Es importante aclarar la palabra Invención, que tiene su etimología en Vento (viento) In.. Vento, poner al viento, esto porque algunos protestantes, herejes y ateos, piensan que la Santa Cruz es un "invento moderno" de la Santa Madre Iglesia, que nada tiene que ver con poner al viento o exponer a la Santa Cruz.  No por nada DIOS le permitió a Santa Elena, encontrar su Vera Cruz, y el antiguo Imperio Romano, se convirtió al Catolicismo con Constantino el grande.

Directorio de la misa:
1.- Doble de 2a clase, Rojo OCM.
2.- En el Canon, inclinar la cabeza el nombrar a San Alejandro.
3.- Si es hoy Domingo, la misa será de la CRUZ.  La 2a Oración etc, serán del domingo recurrente si 3a oración.
4.- Se hellarán notas sobre el tiempo pascual.




Tomado del MISAL DIARIO COMPLETO por el P. Luis Ribera CMF, España 1954:

   En la excavación ordenada por Santa Elena, madre del emperador Constantino, para el hallazgo de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, aparecieron tres cruces.  Conociose cual era la del Salvador por haber curado repentinamente, a su contacto, a una mujer gravemente enferma. Partecitas de esa Cruz se veneran en muchos sitios en un relicario llamado Vera-Cruz

Epístola del día de Ramos:  De San Pablo a los Filipenses, 2, 5-11.-
Hermanos: Habéis de tener en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Nuestro Señor Jesucristo en el suyo, el cual, teniendo la Naturaleza de DIOS, no fue por usurpación, sino por esencia, al ser igual a DIOS:  Y, no obstante se anonadó  tomando la forma de siervo, hecho semejante a los demás hombres y reducido a la condición de hombre.   Se humilló a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz.   Por lo cual también DIOS le ensalzó y le dio nombre superior a todo hombre (aquí se hinca la rodilla);  a fin de que al nombre de JESÚS se doble toda rodilla en el Cielo, en la tierra y en los Infiernos:  y toda lengua confiese que JESUCRISTO ES EL SEÑOR encumbrado a la gloria de DIOS padre.

+ Evangelio según San Juan 3, 1-15.-  
Había un hombre de la secta de los fariseos llamado Nicodemo, varón principal entre los judíos, el cual fue de noche a Nuestro Señor Jesucristo, y le dijo:  Maestro: nosotros conocemos que eres un maestro enviado de DIOS; porque ninguno puede hacer los milagros que Tú haces, a no tener a DIOS consigo.   Respondióle Nuestro Señor Jesucristo: En verdad, en verdad te digo que quien no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de DIOS.   Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo?  ¿Puede, acaso, volver otra vez al seno de su madre para renacer?  En verdad, en verdad te digo, respondió Nuestro Señor, que quien no renaciere por el bautismo del agua y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de DIOS.    Lo que ha nacido de la carne, carne es;   más lo que ha nacido del espíritu, es espíritu )o espiritual. Por tanto, no extrañes que te haya dicho:  Os es preciso nacer otra vez.   El viento sopla donde quiere,  y tú oyes su sonido, mas no sabes de dónde sale y a dónde va:  eso mismo sucede al que nace del espíritu.
Preguntóle Nicodemo: ¿Cómo puede hacerse esto¡   Respondióle Nuestro Señor: ¿ Y tú eres  Maestro en Israel y no entiendes estas cosas?  En verdad, en verdad que nosotros no hablamos sino lo que sabemos bien, y no atestiguamos sino lo que hemos visto;   y vosotros, con todo, no admitís nuestro testimonio.    Si os he hablado cosas de la tierra, y no me creéis,  ¿Cómo me creeréis si os hablo de las cosas del Cielo?    Ello es así que nadie subió al cielo, sino aquel que ha descendido del cielo. a saber: El hijo del Hombre, que está en el cielo.  Al modo que Moisés en el desierto  levantó en alto la serpiente de bronce, así también es menester que el hijo del hombre sea levantado en alto, para que todo aquel que crea en Él no perezca, sino que logre la vida eterna.

-Laus tibi Christe.


domingo, 26 de abril de 2015

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este tercer domingo después de Pascua, ya pasó la época de la comunión Pascual que la Iglesia nos pide; sin embargo, aquellos que no la hayan hecho por cualquier circunstancia, con culpa o sin ella, la pueden hacer cuanto antes, con la confesión que pide la Iglesia sin fijar la fecha, por lo menos una vez al año, como para decir que somos católicos; entonces no nos olvidemos del precepto de la comunión pascual.

Vemos la incógnita ante las palabras de nuestro Señor Jesucristo; no olvidemos que los apóstoles estaban tristes, acongojados, nerviosos, atribulados por todos los eventos que se sucedían y que nuestro Señor también les había indicado: su Pasión, su muerte y la persecución. Los apóstoles estaban apesadumbrados y nuestro Señor les quiere dar ánimo, por eso les dice: “Dentro de poco ya no me veréis; mas poco después me volveréis a ver”. Este poco tiempo que “no me veréis” y que “me volveréis a ver”, los Padres y los Santos de la Iglesia lo han interpretado de diversos modos. Para mí no cabe sino un solo modo y es el que le dio el gran San Agustín, que muchas veces se da el lujo de interpretar en forma distinta a todos los otros Padres, y es tal su ingenio y su genio que santo Tomás lo pone en la balanza al mismo nivel, como si la sola opinión de San Agustín equivaliese a la de todos los otros por esa perspicacia y profundidad sobrenatural.

Lo que sucede es que a veces un sentido no excluye otro. Y puede ser el caso el de este poco de tiempo que los Padres de la Iglesia dicen que se refiere a los tres días que estaría en el sepulcro, que no lo verían durante ese tiempo hasta que resucitara durante los cuarenta días. Pero San Agustín dice que se refiere al lapso que va después de la Ascensión a su segunda venida cuando venga en gloria y majestad. Y en realidad, si lo miramos así, es la única interpretación, aunque no excluya la otra. Pero podremos decir que es una explicación suprema, porque si analizamos el contexto, lo dice muy claro, “porque me voy al Padre”; y ¿cuándo nuestro Señor va al Padre? Después de la Ascensión. Luego el tiempo que Él considera “poco”, es toda esta historia de la Iglesia y de la humanidad, desde la Ascensión hasta la Parusía.

Vemos entonces cómo la apreciación de este pasaje del evangelio es eminentemente apocalíptico, no lo olvidemos, no me cansaré de decirlo; porque esa fase de los novísimos, de las postrimerías no hay que ignorarla, sobre todo hoy más que nunca cuando nos encontramos en una situación verdaderamente angustiosa que evoca el fin de los tiempos, y que no hay que confundir con el fin del mundo; porque en el ínterin entre el fin de los tiempos y el del mundo está el reino de nuestro Señor Jesucristo sobre esta tierra, para juzgar no solamente a los muertos sino también a los vivos.

Todo lo que sucede es a veces de difícil explicación, como la primera resurrección y la segunda, que tan mal traída está por la exegesis contemporánea, deudora de muchos errores que se han repetido. Sabios como los padres Castellani, Eusebio de Pesquera, Rovira o Alcañiz, han tratado de corregir ese error infructuosamente, porque también, desafortunadamente, hay que decirlo, en la predicación, en la exegesis y en la teología se introducen en la Iglesia modas, corrientes que se imponen y si no se tiene y no se agudizan la inteligencia y luz sobrenatural, se repite y se copian esos mismos errores. Yerros que les valieron a los judíos no distinguir la primera venida de la segunda. Por eso crucificaron a nuestro Señor, porque no fue el rey que ellos esperaban. Y si a ellos les fue así por ese error de moda, político o lo que fuera. Quién sabe si no nos está yendo tan mal a causa de eso, por una mala concepción del reino de nuestro Señor Jesucristo sobre esta tierra, sobre vivos, y digo esto de paso pero dada su importancia, para que nos demos cuenta.

No hay que confundir el fin de los tiempos con el fin del mundo. Porque todo lo anunciado apocalípticamente está para el fin de los tiempos, la gran crisis, la gran apostasía, la gran hecatombe dentro de la Iglesia zarandeada, sacudida por Satanás, las horas de las tinieblas. ¡Ay de nosotros si nos equivocamos y no lo vemos!, ¿cómo nos defenderemos? Hay que estar alertas, vigilantes y con verdadero espíritu de fe pedir esa inteligencia de los misterios de Dios.

San Agustín dice, entonces, que todo ese tiempo desde la Ascensión de nuestro Señor hasta su segunda venida, es cuando que no le verán, pero que será poco, porque cuando ya venga todo el tiempo que antes nos habría parecido largo, parecerá entonces corto. Como siempre pasa aquí con lo de este mundo, con grandes inconvenientes esperando un evento, y cuando se da, todo lo que se sufrió, se pasó y lo que se esperó, parece que no existiera; pues algo parecido y mucho más será cuando aparezca nuestro Señor. Esa es la gran esperanza y la necesidad de que nos encuentre santos y no carnales, con los deseos de la carne, que como dice San Pedro en la epístola de este día, “combaten contra el alma”, contra el espíritu.

Y sabrá el diablo si el mundo de hoy no es carnal, cuando todo es pornografía, desnudez de la moda en las mujeres, esa desvergüenza, ya no hay pudor ninguno, más les valdría salir en cueros para que por lo menos tuvieran frío o para que se asen con el sol, a ver si aguantan. Por eso no podemos ser ingenuos, ni católicos tontos, ni bobos, no dejarnos engañar por un mundo satánicamente carnalizado; él sabe que llevamos la concupiscencia en la carne, en las venas, en la sangre y que tenemos que luchar contra las pasiones con látigo, rejo y martillo y hacha y machete, pero hay que hacerlo. No se pueden vencer las tentaciones sino con oración, sacrificio y penitencia, para tener medio domado al animal que llevamos dentro, que surge cada vez que la razón específica formal del hombre se obnubila.

De allí la definición del hombre, animal racional, y cada vez que esa razón se aminora, sale el animal, que es él quien mata, odia, fornica, se degenera. Ese es el peligro del alcohol, ¿por qué creen que emborracharse es pecado mortal? Porque quita la razón, y ¿qué emerge?, el bruto; por eso debemos tener cuidado de nosotros mismos. Si a todo esto le agregamos el mundo y el demonio, ¿dónde vamos a parar?

Por eso estamos como estamos. Queremos una religión light, fácil, donde no haya pecado, donde no haya mal sino lo que a mí me parezca, lo que a mí me plazca. No usemos la libertad como dice San Pedro, “a manera de velo”, sino que la utilicemos como hijos de Dios; y hoy ¿qué se hace de la libertad? Se convirtió en libertinaje. Contrario a lo que dice nuestro Señor. Porque el libre albedrío basado en la verdad es lo que nos hace hijos de Dios y seres realmente libres. Debe ser una libertad en la verdad y no en el pecado, no en el error como hoy se quiere y como San Pedro lo señala en su epístola; no es un escudo la libertad para hacer lo que el hombre quiere según sus apetitos animales, sino los espirituales, según los de Dios; no olvidemos que lo que tenemos los hombres en común con los animales es el procrear, el comer y el dormir.

Así que ¿dónde está la libertad del hombre? Es una libertad pecaminosa, no de animal, porque es lo que tenemos en común. Por eso entonces hay que sobrenaturalizarlo para no quedar en la pura animalidad sino que venga a lo que es superior, a lo que es del alma, a lo que es del espíritu, a lo que es de Dios y así podamos usar bien ella y no como un escudo que nos permita hacer lo que queramos, que es lo que hace hoy la juventud, el hombre y la mujer modernos, “hacer lo que se me dé la gana, no estoy sujeto a nada ni a nadie, ni a Dios, porque elijo la religión que quiero, el culto que más me convenga”. Libertad religiosa,  ¡maldita, herética y apóstata! Es una verdadera apostasía. 

Por eso en el evangelio de hoy, toda esta vida aquí en la tierra hasta la segunda venida de nuestro Señor, es comparada a un parto, como nos muestra San Agustín hablando de ese poco de tiempo “en que no me veréis y otro poco me volveréis a ver”. Toda la vida histórica de la Iglesia está comparada a un parto, a un dolor, pero que después desaparece. Quiere decir que nuestra vida espiritual, la conversión de los infieles, la vida sobrenatural privada y la pública, de cada uno, es como dolores de un alumbramiento, pero que ese malestar después se convierte en alegría, en gozo, por haber dado un hombre al mundo. Así da la Iglesia hombres para el cielo, esa es su misión, la de sufrir y la de parir cristianos para Dios y que ese penar, ese sacrifico, esa tristeza, se conviertan en alegría.

Pero hacia el fin de los tiempos esos tormentos se acrecientan; cuando la hora de dar a luz se acerca es cuando más terrible y de aflicción es el momento; lo mismo lo será para la Iglesia. No debemos entonces desesperarnos. Esa es la importancia de la interpretación de San Agustín sobre las congojas de la vida en general, de la Iglesia y sobre todo al fin de los tiempos antes de la segunda venida de nuestro Señor. De ahí ese estrechamiento de la Iglesia, ese repliegue que lo vemos en la medición del templo en el Apocalipsis, reducida a un pequeño rebaño fiel, porque: “no todo el que dice ¡Señor, Señor!” es de Dios.

Desgraciadamente no todo el que hoy se dice católico lo es, puesto que yo no puedo ser católico y modernista al mismo tiempo, estar en ruptura con la Tradición de la Iglesia, perseguirla, eso es una contradicción, pero es parte de los dolores de parto de los cuales hoy nos habla el evangelio. Por ello hay que sufrir con gozo, para así poder resistir, y con verdadera fe seguir permaneciendo fieles a nuestro Señor, para que cuando Él venga, nos encuentre vigilantes y esperándolo y no dormidos.

Ese es el mensaje del evangelio de hoy si bien miramos, si bien lo interpretamos y vemos la esperanza que encierra y eso debe entonces reconfortarnos, fortificarnos para que podamos seguir adelante en medio de un mundo carnal, de un mundo que en definitiva odia a Dios y se opone a la su obra.


Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que nos ayude para que seamos fieles y así nuestro Señor nos encuentre dignos de ser suyos. +

P. BASILIO MERAMO
    
11 de mayo de 2003

jueves, 23 de abril de 2015

Comentario del Editor a la Carta enviada por el RP Basilio Méramo.



    En virtud de "los juegos de palabras" sobre todo en lo que hace a la materia jurídica,  que se contienen tácita o implícitamente en las consideraciones que estima el R.P. Basilio Méramo, tanto en la carta precedente y publicada con antelación, como en algunos de sus sermones mas recientes, nos vemos constreñidos para aclarar lo mas destacado, no sin hacer mención que una pequeña desviación de un 10% entre un grado y otro de la esfera, al transcurso de una prolongada recta, hace una diferencia infinita.

   No estamos hablando,  ni mucho menos haciendo la menor apología de la traidora postura del acuerdista ligth, Británico oxforiano falso resistente;  empero es menester que las cosas queden lo mas claro posible, sobre todo debido a la "Dialéctica" subjetivizada moderna.  Es pues imperioso saber distinguir en nuestro lenguaje (uno de los mas Ricos), la diferencia interpretativa y objetiva que tiene el verbo  JUZGAR, y cuyas implicaciones son a) La de llevar un proceso, y  b) La emitir válidamente un resultado;  Así pues, aquel que juzga debe utilizar un proceso lógico para allegarse a una conclusión racional, y ese proceso en si mismo recibe el nombre de JUICIO, es cierto decir que quien hace este proceso JUZGA.    Sin embargo, también, quien emite una sentencia válidamente Juzga, por lo tanto el juzgar personal implica necesariamente la aplicación del proceso;    Y el resultado de ese juicio, no implica necesariamente una sentencia válida, aunque sea correcta.

En este orden de Ideas R.P. Méramo, si usted vió un asesinato, y "Para Usted" el activo del delito es ya un criminal, solo lo es para usted, y efectivamente como usted se queja, el proceso de enjuiciar las circunstancias no corresponden a QUIEN VIO UN POSIBLE ASESINATO,  si no a un juez con capacidad para emitir una sentencia válida, y al "Observador del hipotético asesinato", única y exclusivamente en el proceso valido, se le confiere el carácter de TESTIGO de Cargo, Usted podrá estar seguro de la comisión de lo que usted estima fue un crimen, pero no deja de ser solo en su subjetivo fuero y con sus subjetivas apreciaciones, y solo para aclarar mas, usted no sabe si fue en legitima defensa propia (con todas las implicaciones), y en consecuencia lícito o incluso necesario y usted ya lo "sentencio a cadena perpetua".

   Sin duda alguna Reverendo Padre, las matemáticas, la lógica, la filosofía, en aras de la consecución de la reina de las ciencias, la teología, hacen sin duda alguna la más poderosa de las herramientas para dilucidar los particulares de los ulteriores tiempos, sobre todo apoyándose en la Patrística, en la Historia y otras ciencias secundarias, sin embargo, el factor común, desde la pueril lógica-matemática y que acaso nos permitiría llegar más lejos, está constituido por el dominio pleno de la entelequia CON el perfecto uso del lenguaje, y esto debido que podrá alguno conocer todas las consonantes del alfabeto, empero si desconoce las vocales no llegará muy lejos,  y sin pretender ser incidioso, me refiero a conceptos y definiciones básicas subjetivizadas que al no ocupar en su conocimiento el local adecuado, las ideas a discurrir también serán dislocadas, no tiene usted un concepto claro de palabras básicas, como "legítimo" o "usurpar" sin llegar a ser demasiado insidioso, en la conjugación cuasi bárbara de sus verbos en segunda persona como usted lo hace, solo por citar "fuistes, digistes o tragistes" desmerece mucho para un teólogo de 20 años, que la A la conciba como delta.

  Y por otro lado le aclaro a su paternidad que antes de que Usted conociera a Fabián Vázquez, o antes de que a título personal hubiere coadyuvado para la publicación de su primera amonestación, que recibió por parte de la fornicaternidad sat felon X, oportunamente hubimos hecho apología y resistencia anti acuerdista, de paso le recuerdo que si me escindí de las labores de la otrora radio católica, fue precisamente por las herejías  caselianas, que el P. Ceriani, difunción en la Radio, pero sirvale para que se entere de que usted tampoco fue el primero en resistir, a Bernard Felón, ni a los otros 3 abispos.

  Sin embargo, y en aras de seguir llamando al Pan Pan y al Vino Vino, también debemos mencionar que en los particulares que se enclosan en la epistola de marras vertidas por las conclusiones del RP: Méramo, obra obviando las sentencias Válidas mas importantes, y esto de manera similar a los estolidos acuerdistas, a los absurdos Sedevacantistas.  siendo algunas de ellas y las mas importantes, precisamente las que el Verbo Divino se sirvió dejar:

 (SIC.- San Mateo (13,14-20)
"Por tanto, cuando viereis que la abominación de la desolación, que fue dicha por el profeta Daniel, está en el lugar santo, el que lee entienda. Entonces los que estén en la Judea, huyan a los montes. Y el que en el tejado, no descienda a tomar cosa alguna  de su casa. Y el que en el campo, no vuelva a tomar su túnica. ¡Mas ay de las preñadas y de las que crían en aquellos días! Rogad, pues, que vuestra huida no suceda en invierno o en sábado. Porque habrá entonces grande tribulación, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora ni será. Y si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva; mas por los escogidos aquellos días serían abreviados".
 ó  San Marcos  (13,  14-20)

"Cuando, empero, viereis la abominación de la desolación, establecida donde menos debiera (el que lea esto haga reflexión sobre ello), entonces los que moran en Judea huyan a los montes. Y el que se encuentre en el terrado no baje a casa, ni entre a sacar de ella alguna cosa. Y el que esté en el campo no torne atrás a tomar su vestido. Mas ¡ay de las que estarán encinta, y de las que criarán en aquellos días! Por eso rogad a Dios que no sucedan estas cosas durante el invierno. Porque serán tales las tribulaciones de aquellos días, cuales no se han visto desde que Dios crió el mundo hasta el presente, ni se verán. Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos días, no se salvaría hombre alguno: mas en gracia de los escogidos, que El se eligió, los ha abreviado".))

(Comentario y continuación SICUT) 
     SI AUN ESTABAIS EN JERUSALEN,  SAL,  Y SI  FUERA, NO REGRESES  NI POR LA TÚNICA,  Mucho menos te pongas a  ver lo que llevó a Felon a regresar a Jerusalén, o a volver a visitarlo en el próximo octubre;   O  como Williamson,  pretende  semi regresar,  no  te pongas  a  dilucidar como si te pretendieras diosesito,  si  Franc-zinger está  o  no  ordenado,  huid  y no  regreses  NI POR LA TUNICA. Observa desde fuera, y no entres en la retórica moderna con apologías con citas para tiempo ordinario,  el que juega con las reglas "del Otro" caerá en su juego, no estamos ante la "posibilidad de un Papa Hereje" estamos frente a la ROMA DEL ANTICRISTO

El mismo Evangelio  nos indica la Divina palabra:
(San Mateo, (24, 23-28) 
"Entonces si alguno os dijere: Mirad, el Cristo está aquí o allí, no lo creáis. Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y darán grandes señales y prodigios, de modo que (si puede ser) caigan en error aun los escogidos. Ved que os lo he dicho de antemano. Por lo cual si os dijeren: He aquí que está en el desierto,  (sedevacantistas) no salgáis; mirad que está en lo más retirado de la casa, (acuerdistas) no lo creáis. Porque como el relámpago sale del Oriente, y se deja ver hasta el Occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Donde quiera que estuviese el cuerpo, allí se juntarán también las águilas".
y  San Marcos (13, 21-27)
"Entonces si alguno os dijere: Ve aquí el Cristo, o vele allí, no le creáis; porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, los cuales harán alarde de milagros y prodigios para seducir, si ser pudiese, a los mismos escogidos. Por tanto, vosotros estad sobre aviso. Ya veis que yo os lo he predicho todo, a fin de que no seáis sorprendidos. Y pasados aquellos días de tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no alumbrará. Y las estrellas del cielo caerán, o amenazarán ruina, y las potestades que hay en los cielos, bambolearán. Entonces se verá venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria. El cual enviará luego sus ángeles, y congregará a sus escogidos de las cuatro partes del mundo, desde el último cabo de la tierra hasta la extremidad del cielo" ))

Señores ROMA hace Rato que perdió la Fe y es la sede del ANTICRISTO, previsto y sancionado 100 años antes de la consumación de la misma diáspora nada menos que por la Misma Madre del Divino Juez, (obviamente también es menester distinguir la intra historia de la meta historia)

¡Basta de Acuerdismo feloniano, de falsas resistencias Williamsonianas! El amigo de mi enemigo no puede ser mi amigo.

¡Señores sedevacantistas basta de no entender desde la misma semántica pura y llana, que para que algo este vacante, debe estar sin ocupación y estar disponible,  Roma Ni esta Vacante ni esta disponible!; lo demás del maligno viene.


SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto González.

Escrito del Padre Basilio Méramo: UNA SENTENCIA REFUTADA POR SAN ROBERTO BELARMINO Y HOY REINDIVICADA POR LOS DOMÍNICOS DE AVRILLÉ Y MONS. WILLIAMSON


EL PAPA HEREJE SÓLO PIERDE EFECTIVAMENTE EL PONTIFICADO
LO CUANDO INTERVIENE UN ACTO DECLARATORIO DE SU HEREJÍA

Efectivamente, como expone Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira, en su obra:
Implicaciones Teológicas y Morales del Nuevo “Ordo Missae”, mimeografiado por
el autor en Junio de 1971, Sao Paulo - Brasil, p. 163 a 176, recomendada por Mons.
Lefebvre, pero que fue arrinconada y ocultada por los superiores y profesores del
Seminario, teniendo que obtenerla y leerla a escondidas 1981-1982 en Albano, esa
sentencia fue refutada por San Roberto Belarmino quién fue el alma del Concilio de
Trento, y que a continuación vemos:

«Conforme a esta cuarta sentencia, el Papa nunca pierde el pontificado por el propio hecho de su caída en herejía. Sino que, para que su destitución se haga efectiva, es necesario que haya un acto declaratorio de su defección en la fe.
Como es obvio, tal declaración no puede ser una decisión judicial en sentido
estricto, dado que el Papa no tiene en la tierra superior que lo juzgue; sino que
será una mera declaración no judicial, en razón de la cual el propio Jesucristo
destituirá al Papa.

Los principales seguidores de esta cuarta sentencia son Cayetano y Suarez. (…)

REFUTACIÓN DE ESTA SENTENCIA POR: SAN ROBERTO BELARMINO

San Roberto Belarmino, que no aprueba esta cuarta sentencia, la refuta así:

“La cuarta opinión es la de Cayetano; para quien (de autor. papae et conc., cap. 20 et 21) el Papa manifiestamente herético no está ‘ipso facto’ depuesto, pero puede y debe ser depuesto por la Iglesia. A mi juicio, esa sentencia no puede ser defendida. Pues, en primer lugar, se prueba con argumentos de autoridad y de razón que el hereje manifiesto esta ‘ipso facto’ depuesto. El argumento de autoridad se basa en San Pablo (Epist. ad Titum, 3), que ordena que el hereje sea evitado después de dos advertencias, es decir, después de revelarse manifiestamente pertinaz, lo que significa antes de cualquier excomunión o sentencia judicial. Es eso lo que escribe San Jerónimo, agregando que los demás pecadores son excluidos de la Iglesia por sentencia de excomunión, pero los herejes se apartan y separan a sí mismos del cuerpo de Cristo. Ahora bien, el Papa que permanece Papa no puede ser evitado, pues ¿cómo habríamos de evitar nuestra propia cabeza? ¿Cómo nos apartaríamos de un miembro unido a nosotros?

Este principio es certísimo. El no cristiano no puede de modo alguno ser Papa, como lo admite el propio Cayetano (Ibídem, cap. 26). La razón de ello es que no puede ser cabeza el que no es miembro; ahora bien, quien no es cristiano no es miembro de la Iglesia; y el hereje manifiesto no es cristiano, como claramente enseñan San Cipriano (lib.4, Epist. 2), San Atanasio (ser. 2 cont. Arian.), San Agustín (lib. de grat. Christ., cap. 20), San Jerónimo (cont. Lucifer.) y otros; luego el hereje manifiesto no puede ser Papa.

A eso responde Cayetano (in Apol. pro tract. praedicto cap.25 et in ipso tract. cap.22) que el hereje no es cristiano ‘simpliciter’, mas lo es ‘secundum quid’. Pues, dado que dos cosas constituyen al cristianismo –la fe y el carácter- el hereje, habiendo perdido la fe, aún está de algún modo adherido a la Iglesia y es capaz de jurisdicción; por lo tanto, todavía es Papa, pero debe ser destituido, toda vez que está dispuesto, con disposición ultima, para dejar de ser Papa. Como el hombre que aún no está muerto, pero se encuentra ‘in extremis’.

Contra eso: en primer lugar, si el hereje, en virtud del carácter, permaneciese, ‘in actu’, unido a la Iglesia, nunca podría ser cortado y separado de ella ‘in actu’, pues el carácter es indeleble. Pero no hay quien niegue que algunos puedan ser ‘in actu’ separados de la Iglesia. Luego, el carácter no hace que el hereje, este ‘in actu’ en la Iglesia, sino que es tan solo una señal de que él estuvo en la Iglesia y de que a ella debe volver. Análogamente, cuando la oveja yerra por las montañas, el carácter en ella impreso no hace que ella esté en el redil, sino que indica de que redil huyo y a que redil debe ser nuevamente conducida. Esa verdad tiene una confirmación en Santo Tomás, que dice (S. Theol. III, 8, 3) que no están ‘in actu’ unidos a Cristo los que no tienen fe, sino que sólo lo están potencialmente; y Santo Tomas ahí se refiere a la unión interna, y no a la externa, que se hace por la confesión de la fe y por las señales visibles. Por lo tanto como el carácter es algo interno, y no de externo, según Santo Tomás el mero carácter no une, ‘in actu’, el hombre a Cristo.

Todavía contra el argumento de Cayetano: o la fe es una disposición ‘simpliciter’ necesaria para que alguien sea Papa, o tan solo para que lo sea de modo más perfecto (‘ad bene esse’). En la primera hipótesis, en el caso de que esa disposición sea eliminada por la disposición contraria, que es la herejía, inmediatamente el Papa deja de ser tal: pues la forma no puede mantenerse sin las disposiciones necesarias. En la segunda hipótesis, el Papa no puede ser depuesto en razón de la herejía, él puede en caso contrario debería también ser dispuesto por ignorancia,
improbidad y otras causas semejantes que impiden la ciencia, la probidad y de modo más disposiciones necesarias para que sea Papa de modo más perfecto (‘ad bene esse Papae’). Además, de eso, Cayetano reconoce (tract. praed., cap. 26) que, por la ausencia de las disposiciones necesarias no ‘simpliciter’, mas tan sólo para mayor perfección (‘ad bene esse’), el Papa no puede ser depuesto.

A eso, Cayetano responde que la fe es una disposición ‘simpliciter’ necesaria, mas parcial, y no total; y que, por lo tanto, desapareciendo la fe el Papa todavía puede continuar siendo Papa en razón de la otra parte de la disposición que es el carácter el cual todavía permanece.

Contra ese argumento: o la disposición total, constituida por el carácter y por la fe es ‘simpliciter’ necesaria, o no lo es, bastando entonces la disposición parcial. En la primera hipótesis, desapareciendo la fe ya no resta la disposición ‘simpliciter’ necesaria, pues la disposición necesaria ‘simpliciter’ era total, y la total ya no existe. En la segunda hipótesis, la fe solo es necesaria para un modo más perfecto de ser (‘ad bene esse’), y por lo tanto su ausencia no justifica la deposición del Papa. Además de eso, lo que se encuentra en la disposición última para la muerte, inmediatamente deja de existir, sin intervención de ninguna otra fuerza extrínseca, como es obvio. Luego, también el Papa hereje deja de ser Papa por sí mismo, sin ninguna disposición.

Por fin, los Santos Padres enseñan unánimemente, no sólo que los herejes están fuera de la Iglesia, sino también que están ‘ipso facto’ privados de toda  jurisdicción y dignidad eclesiástica. San Cipriano (lib.2, Epist. 6) dice: “afirmamos que absolutamente ningún hereje y cismático tiene poder y derecho algún”’; y enseña también (lib.2, epist.1) que los herejes que retornan a la Iglesia deben ser recibidos como laicos, aunque hayan sido anteriormente presbíteros u obispos en la Iglesia.

San Optato (lib.1 cont. Parmen.) enseña que los herejes y cismáticos no pueden tener las llaves del reino de los cielos, ni ligar o desligar. Lo mismo enseñan San Ambrosio (lib.1 de poenit., cap. 2), San Agustín (in Enchir., cap. 65), San Jerónimo (lib. Cont. Lucifer). (…).

El Papa San Celestino I (Epist. ad J. Antioch., que figura en el Concilio de Éfeso, tom. I, cap. 19) escribió: ‘Es evidente que permaneció y permanece en nuestra comunión, y no consideramos destituido, a aquél que ha sido excomulgado o privado del cargo, ya sea episcopal o clerical, por el obispo Nestorio o por otros que lo siguen, después que estos comenzaron a predicar la herejía. Pues la sentencia de quien ya se revelo como debiendo ser depuesto, a nadie puede deponer’.

Y en carta al Clero de Constantinopla, el Papa San Celestino I dice : ‘La autoridad de nuestra Sede Apostólica determinó que no sea considerado depuesto o excomulgado el obispo, clérigo o simple cristiano que haya sido depuesto o excomulgado por Nestorio o sus seguidores, después que estos comenzaron a predicar la herejía. Pues quien con tales predicciones defeccionó de la fe, no puede deponer o remover a quien quiera que sea’.

Lo mismo repite y confirma San Nicolás I (Epist. ad Michael). Finalmente, también Santo Tomas enseña (S. Theol., II-II, 39, 3) que los cismáticos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y que será nulo lo que intenten hacer con base en alguna jurisdicción.

No tiene fundamento lo que algunos responden a eso: que esos Padres se basan en el Derecho antiguo, mientras que actualmente, por el Decreto del Concilio de Constanza, sólo pierden la jurisdicción los que son nominalmente excomulgados y los que agreden a clérigos. Ese argumento –digo- no tiene valor alguno, pues aquellos Padres, afirmando que los herejes pierden la jurisdicción, no alegan Derecho humano alguno, que por otro lado en aquella época tal vez no existiese respecto de esa materia, sino que argumentan con base en la propia naturaleza
de la herejía. El Concilio de Constanza sólo trata de los excomulgados, es, decir, de los que perdieron la jurisdicción por sentencia de la Iglesia, mientras que los herejes ya antes de ser excomulgados están fuera de la Iglesia y privados de toda jurisdicción. Pues ya fueron condenados por su propia sentencia, como enseña el Apóstol (Tit. 3, 10-11) es decir, fueron cortados del cuerpo de la Iglesia sin excomunión, conforme explica San Jerónimo.

Además de eso, la segunda afirmación de Cayetano de que el Papa hereje puede ser verdadera y autoritariamente depuesto por la Iglesia, no es menos falsa que la primera. Pues si la Iglesia depone al Papa contra la voluntad de este está ciertamente por encima del Papa: el propio Cayetano sin embargo defiende en el mismo tratado lo contario de esto.  Cayetano responde que la Iglesia, deponiendo al Papa, no tiene autoridad sobre el Papa, sino solamente sobre el vínculo que une a la persona con el Pontificado. Del mismo modo que la Iglesia, uniendo el Pontificado a tal persona, no está por eso por encima del Pontífice, así también puede la Iglesia separar el Pontificado de tal persona en caso de herejía, sin que se diga que está por encima del Pontífice.

Pero contra eso se debe observar en primer lugar que, del hecho del que el Papa depone Obispos, se deduce que el Papa está por encima de todos los Obispos, aunque el Papa al deponer a un Obispo no destruya la jurisdicción episcopal si no tan sólo la separe de aquella persona. En segundo lugar, deponer alguien del Pontificado contra la voluntad del depuesto, es sin duda una pena; luego, la Iglesia al deponer a un Papa contra la voluntad de éste, sin duda lo está castigando; a ahora bien castigar es propio del superior y del juez. En tercer lugar, dado que, conforme enseñan Cayetano y los demás tomistas, en la realidad el todo y las partes tomadas en su conjunto son la misma cosa, quien tiene autoridad sobre las partes tomadas en su conjunto, pudiendo separarlas entre sí, tiene también autoridad sobre el propio todo constituido por aquellas partes.

Está también desprovisto de valor el ejemplo de los electores, dado por Cayetano, los cuales tienen el poder de designar a cierta persona para el Pontificado, sin tener con todo poder sobre el Papa. Pues, cuando algo está siendo hecho, la acción se ejerce sobre la materia de la cosa futura, y no sobre el compuesto, que aún no existe; pero cuando la cosa está siendo destruida, la acción se ejerce sobre el compuesto, como se torna patente en la consideración de las cosas de la naturaleza. Por lo tanto, al crear al Pontífice, los Cardenales no ejercen su autoridad sobre el Pontífice, pues éste aún no existe, sino sobre la materia, esto es, sobre la persona que por la elección tórnase dispuesta para recibir de Dios el Pontificado. Pero si depusiesen al Pontífice, necesariamente ejercerían autoridad sobre el compuesto, es decir sobre la persona dotada del poder pontificio, es decir,
sobre el Pontífice”.


QUINTA SENTENCIA - CAYENDO EN HEREJÍA MANIFIESTA, EL PAPA
PIERDE ‘IPSO FACTO’ EL PONTIFICADO

Esta sentencia es defendida por numerosos teólogos de renombre, tales como San
Roberto Belarmino, Sylvius, Pietro Ballerini, Wernz-Vidal, Cardenal Billot.

DEFENSA DE ESTA SENTENCIA POR SAN ROBERTO BELARMINO.

Después de refutar las demás sentencias sobre el asunto, San Roberto Belarmino
expone su posición en los siguientes términos:

“Luego, la opinión verdadera es la quinta, de acuerdo con la cual el Papa hereje manifiesto deja por sí mismo de ser Papa y cabeza, del mismo modo que deja de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia; y por eso puede ser juzgado y punido por la Iglesia. Ésta es la sentencia de todos los antiguos Padres, que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y concretamente de San Cipriano (lib. 4, epist. 2) el cual así se refiere a Novaciano, que fue Papa (antipapa) en el cisma que hubo durante el Pontificado de San Cornelio: ‘No podría conservar el Episcopado, y fue anteriormente hecho Obispo, se apartó del cuerpo de los que como él eran Obispos y de la unidad de la Iglesia’. Según afirma San Cipriano en ese pasaje, aunque Novaciano hubiese sido verdadero y legítimo Papa, con todo habría decaído automáticamente del Pontificado en caso de que se hubiese separado de la Iglesia.

Esa es la sentencia de grandes doctores recientes, como Juan Driedo (lib.4 Scrip. et dogmat. Eccles. cap. 2, par. 2. sent. 2), el cual enseña que sólo se separan de la Iglesia los que son expulsados, como los excomulgados, y los que por sí mismos de Ella se apartan y a Ella se oponen, como los herejes y los cismáticos . Y en su séptima afirmación, sustenta que en aquellos que se apartaron de la Iglesia, no resta absolutamente ningún poder espiritual sobre los que están en la Iglesia. Lo mismo lo dice Melchor Cano (lib.4 de loc., cap.2), enseñando que los herejes no son partes ni miembros de la Iglesia, y que no se pueden ni si quiera concebir que alguien sea cabeza y Papa, sin ser miembro y parte (cap. ult. ad argument.12). Y enseña en el mismo lugar, claramente, que los herejes ocultos todavía son de la Iglesia, partes y miembros, y que por lo tanto el Papa hereje oculto aun es Papa.
Esa es también la sentencia de los demás autores que citamos en el libro I ‘De Eccles’.

El fundamento de esta sentencia es que el hereje manifestó no es de modo alguno miembro de la Iglesia, es decir, ni espiritualmente ni corporalmente, lo que significa que no lo es por unión interna ni por unión externa. Porque inclusive los malos católicos están unidos y son miembros, espiritualmente por la fe, corporalmente por la confesión de la fe y por la participación en los sacramentos visibles; los herejes ocultos están unidos y son miembros, aunque solamente por unión externa; por el contrario, los buenos catecúmenos pertenecen a la Iglesia tan sólo por una unión interna, no por la externa; pero los herejes manifiestos no pertenecen de ningún modo, como ya probamos”».

Y esta es la sentencia que Da Silveira hace suya en esta obra, y que podemos ver en
la siguiente apreciación final:

«Nos dispensamos de presentar nuevamente las razones que pueden ser alejadas
contra la quinta sentencia. Ellas ya fueron expuestas en páginas anteriores.

Como diremos en el capítulo siguiente, juzgamos que esta quinta sentencia es la
verdadera y que Wernz-Vidal tiene razón al decir -interpretando a San Roberto
Belarmino- que le Papa eventualmente hereje pierde el Pontificado ‘ipso facto’ en
el momento en que su herejía se torne “notoria y divulgada de público”».

Luego el problema no es que los Dominicos de Avrillé y Mons. Williamson saquen sentencias refutadas (y trasnochadas) pues eso depende a veces del gusto de aquel
que apetece alimentarse de cadáveres teológicos, y como sobre gustos no hay nada
escrito, pues que reine la libertad. El problema grave, es que tanto los unos como el
otro, con esta sentencia pretendan aplastar, rechazar, y refutar la consideración
teológica de la sentencia que afirma lo contrario, es decir que un Papa puede perder
el pontificado por herejía “ipso facto”, en el momento en que su herejía se torne
pública, notoria y manifiesta; por esto, teológicamente es inadmisible e inaceptable
que pretendan impedir que los fieles saquen la única conclusión evidente que  teológicamente se impone, dada la herejía más que manifiesta y pública,
condensada y recapitulada hoy por Francisco, quién llegó incluso a decir: “no
existe un Dios católico”. Y es dogma de fe que el Dios que nos propone la Iglesia
Católica, Apostólica y Romana, es el Dios Uno y Trino, Un solo Dios verdadero y
tres Personas Divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Mayor herejía imposible de
afirmar. Y esto, que sepa no ha sido denunciado, rechazado y condenado por
ninguno de los Obispos de la Neo-Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ni de la
pretendida y falsamente autodenominada “Resistencia”, como debiera ser y se
esperaba.

P. Basilio Méramo

Bogotá, 23 de Abril de 2015