San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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martes, 13 de agosto de 2013

FilóSofistas y Filosofastros:


    El indubitable  hecho, de  que  en las  ulteriores  épocas  que nos toca  vivir;  El  posible  jefe  de la  policía,  y muchos o todos  sus  subalternos,  en  un  hipotético País,  También  sea  el  capo  de la  mafia,   es  más  que  una  simplemente "Factible"     Otra cosa muy distinta es que se confunda y no se pueda ver   muy  claro sobre  todo  cuando se atiende  mas a  bombas  de humo  y estupefacientes  que a la  sana  doctrina  y  a la  real  filosofía.

 Así  pues,  No puede  ser  ese  mismo  hipotético jefe,  un  real  procurador de justicia al actuar  como capo  de la  mafia,  y obviamente  es  imposible  que al mismo  tiempo  haga  una  obra  buena y  una  mala  desde  el mismo  curul, (todo lo que no es para  DIOS  es  en su contra)   empero  eso  no  es la cuestión de fondo racional,  en  el  particular en la   interpretación a los escritos  y  dichos  del R.P.  Menvielle  o  R.P. Sánchez  Abelenda,   al respecto,  sino  el  indubitable  hecho de  que  podía estar  sentado  ese  capo  mafioso  en  el  lugar del  policía  oficialmente,  como acontece  en la  anticristiana  Roma  apostata.

¿Cual es pues  la parte  que no  se  entiende  de  ROMA PERDERA  LA  FE  Y SERA LA SEDE  DEL ANTICRISTO?

En esa  pérdida de  fe,  se podía  y puede  visualizar un cambio en las propiedad intrínsecas  de  esa  roma moderna y adultera,    empero  nadie  puede  perder  lo  que  nunca  ha  tenido,  únicamente  es posible  perder  una  cualidad  que se posee.

Para  que  la  esposa  se convirtiera  en la  GRAN RAMERA APOCALIPTICA,   era  indispensable,  que esa  esposa  perdiera una cualidad  que  tenía,  (FE- FIDELIDAD),  y  esto no pudo  haberse  dado  en  un  tálamo  vacante,  ni  con  una  esposa  socias,  necesariamente (forzosamente),  tenía  que  haberse  dado  en la  Verdadera Esposa,  otra  cosa  muy  distinta,  es  que algunas  células  de  esa  esposa,  con  código  genético  propio,   se  conservaran incorruptibles,  y para  tratar  de  corromperlos,  el  cáncer romano  cuenta con  agentes  especializados  como  Willie entre otros  que intentan atraer   a  otra  sección  del  mismo  tumor  a  quienes  creen  que el centro  del  tumor  es  horrible,  y  se  sitúan  en  una  periferia  con  el mismo  tipo  de  tejido.

Señores ya están acostumbrados a los frutos  de la  demoniocracia, a  escoger  entre coca y pepsi,  entre  un partido  y  otro,  entre  un equipo de futbol l  y  otro,  entre   sedevacante  y  papolatria, 
no  se  debe  atender ni  a  quien  señala  que  el Cristo  esta  en  el  fondo,  ni  a  quien  señala  que  esta  en  el  desierto,  déjense  de  estupideces,    Una  sede  Vacante,  alude  a una  silla  pretrina  con  nadie,    como  cuando  muere  un papa,  o  en la  imposibilidad  que  quien se  sienta  en  ella  no  sea  lícitamente  tal,   empero  no  se  trata  de  esa  estupidez  simplista  y ramplona,  se  trata  de  LA PERDIDA  DE  FE  DE  ROMA,   y  de la INSTAURACION DE LA  ABOMINACION DESOLADORA EN EL LUGAR SANTO.   Es  jugar  con las reglas  del  enemigo,  si un preter cristiano  quiere  jugar  con las  reglas  demoniacas.

NI  COCA  NI  PEPSI.   NI  UN  PARTIDO  NI  OTRO,  NI  COMUNISMO  NI  CAPITALISMO,    NI  HINCHA  DE UNO  U  OTRO  EQUIPOS.   SI  no pueden notar que  el  promotor  de un encuentro de BOX,  gana,  independientemente de quien gane  en el  evento,  mucho  menos  será posible  ver,  que  Quien les  señalan   que  el Cristo   está  en  el  fondo,  o  está  en  el  fondo  pero  loco,   o  de quienes  les  señales  que  está  en  el desierto,  les  está  dando  a  escoger  entre  coca  y pepsi,  entre  sedevacantismo  y  acuerdismo  (papolatria disfrazada).    no  les está   poniendo  más  que  una  u  otra de las  demoniacas  opciones para  que  con la  que  escojan  pierdan.


Por  eso  el santo evangelio,  es  Claro,  "NI POR LA TÚNICA"  y  "NO LES CREAIS"

  Por  estos  motivos  es  que  es  cuando  hay  que  estar  velando  y orando,  en lugar  de  chismeando  y  viendo  TV  o  futbol,  "NO VAYA  A  SER  QUE  DESPUÉS  DE  HABEROS PREDICADO..."

Como lamentablemente sucede  con los otrora  medios  de  difusión que se autodenominan  católicos,  y peor  aun  tradicionales,    difundiendo una pequeña  parte  escandalosa de  las  visitas  de  Franc-Singer (Pedro Romano para los compas), al  Brasil,  sin  que  absolutamente  nadie  diga  nada  desde las  mismas  siglas  de os  falsos  Iluminados,  al respecto,  de la pluricitada  JMJ,  que significan  Iesu Mutandi Iesu,  O  Jesús  cambiado por jesus,  o  que  ninguno  de  esos  pomposos  medios    señale  la  terrible  frase  de  francisquito,  cuando  dijo  en la  inauguración de su satánico  evento,  NO LES TRAIGO  ORO  NI  PLATA,  LES  TRAIGO...  vengo en representación del   OTRO JESUS,  del jesus de amor...  (según  el  mutándolo por  un jesus  pasalón y alcahuete,  y  cumplimentando  su  actuar  netamente humano en representación de lo difundido por el anticristo Mismo,  (OTRO VENDRA  EN SU NOMBRE,  Y SI LE RECIBIREIS,  (la  Sinagoga de satanás, no  solo recibió  a  JP2, si no que le llamo  su  papa)  y  muchas  otras  medallitas,  que  antes  se podían conseguir  en los  mas  y  en los  menos  famosos  medios electrónicos.  que  empero  hoy  gracias  a los implotadores, por lo menos  en  sus  frutos,   ya no  existen medios masivos  que lo difundan,  y esto  obedece  al tiempo específico  que nos  toca  vivir,  si no hay  masa,  no  hay  medio masivo.
el que tenga ojos...
Alberto González

SEA PARA  GLORIA DE DIOS

domingo, 11 de agosto de 2013

Domingo Decimo Segundo después de Pentecostés


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

El evangelio de hoy nos relata cómo nuestro Señor le dice al pueblo que le escuchaba que muchos habían deseado ver lo que ellos veían y oír lo que ellos oían y no lo vieron ni lo oyeron, como algunos reyes y profetas del Antiguo Testamento. Reyes entre los que podíamos contar al Rey David, que quizás fue el que mejor vaticinó de nuestro Señor. Profetas que conocían por revelación al Mesías ya que el pueblo no lo entendía explícitamente, sino los profetas, los mayores, como dice Santo Tomás, que comprendían los dogmas de la Santísima Trinidad y de la Encarnación porque sustancialmente es la misma fe, aunque no por todos explícitamente conocidos pero sí por aquellos que tenían a cargo instruir al pueblo religiosamente pero que no había llegado la hora de la manifestación pública de ese misterio que hacía la esencia de la fe del Antiguo Testamento. Por eso nuestro Señor les dice que muchos hubieran deseado ver lo que ellos veían y oían. Ver y oír al Verbo de Dios encarnado, a nuestro Señor Jesucristo, al Mesías esperado por todos.

Y un doctor de la Iglesia de aquel entonces, es decir, doctor de la Sinagoga, le pregunta para tentarlo, no para saber, que es muy distinto, interrogar para conocer la verdad para la cual hemos sido hechos, es el primer deber de cada hombre y por eso los niños cuestionan, son preguntones, porque están ávidos de la verdad. Pero muy distinto es interpelar para tentar. Y nuestro Señor contestándole a su cuestionamiento de qué era lo necesario para salvarse, le hace a su vez la pregunta en consonancia con su estatus: “¿Qué es lo que se halla escrito en la Ley?”. Doctor de la Ley que parece que se la conociera al dedillo porque no titubeó en contestar prontamente con esa sentencia: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo”, en eso se resumían los diez mandamientos.

Sin embargo, teniendo ese conocimiento al pie de la letra no comprendían su significado porque enseguida replica como doctor pero también como ignorante: ¿Quién es mi prójimo? Para los judíos que se habían convertido prácticamente en una secta y para los fariseos, elite de la secta, el prójimo eran los amigos, los familiares, los allegados, en definitiva todo aquel que podía formar parte o de la familia, o de la estima de uno, pero no todo el mundo, mucho menos los demás hombres; con lo cual destruían ese mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas. Por eso, como lo dice la segunda epístola de San Pablo a los Corintios, “La letra mata y el espíritu vivifica”.

Casi todos los domingos vemos esa concordancia entre la epístola y el evangelio, y en este caso es patente, ¿qué quiere decir en la epístola cuando se menciona que “La letra mata y el espíritu vivifica”? Pues tenemos un ejemplo en el evangelio, como el doctor de la ley que conocía y responde bien y sin embargo no conocía el significado, la extensión, la profundidad, la aplicación de eso que él sabía y por eso la letra mata; de nada me sirve conocer el decálogo, toda la teología, todas las verdades, toda la ciencia habida y por haber como la tuvo Adán por un privilegio especial, si todo eso no está vivificado por el espíritu de Dios, por el Espíritu Santo, por el amor de Dios, por la verdad.

Dios es amor y es verdad, y si eso pasa con las cosas de Dios como la revelación divina, como son las Sagradas Escrituras, ¿qué no pasará con todos aquellos preceptos humanos legales civiles que hacen la convivencia de los pueblos? La letra mata mientras que el espíritu vivifica.

Discernir que esa letra, esa ley, esa norma, ese decálogo o lo que sea debe estar animado del espíritu de Dios, del espíritu de fe, del espíritu de verdad, porque sin ese espíritu de fe no hay nada y eso es justamente lo que el mundo hoy ha perdido en su incredulidad, en su neopaganismo, en su impiedad, bajo una falsa civilización. No queda nada de la verdadera civilización en la cual se cultiva todo aquello que da cultura al pueblo, a los hombres y a las cosas del espíritu. Pero hoy eso es nulo completamente, en las escuelas, en las universidades, en los púlpitos hay el vacío de luz, por falta del espíritu de fe, del espíritu de la verdad y eso aun en hombres de Iglesia. Por eso, monseñor Lefebvre insistía siempre en sus conferencias espirituales ante los semi-naristas, en que es el espíritu de fe quien anima toda la doctrina, toda la verdad, todo el evangelio, todo el decálogo y si no se tiene ese espíritu, esa letra mata. Y mata doblemente porque nos hace culpables de aquello que sabemos pero que no cumplimos.

Por lo mismo en el Antiguo Testamento se le llamaba ley de muerte, porque le mostraba al pueblo su pecado pero todavía no le manifestaba de un modo explícito su redención, su salvación. En cambio, en el Nuevo Testamento que es el testamento del amor de Dios, se nos muestra el pecado pero también en el mismo momento se nos manifiesta la obra de misericordia, la obra de la redención, la obra de la salvación y por eso es más perfecta y completa al primero.

Por eso también se puede decir que todo el Antiguo Testamento, sin el nuevo, es letra muerta, que mata; de allí que el judaísmo sea una religión muerta, porque se queda con el Antiguo Testamento sin el nuevo; con la pura letra sin el Espíritu. Para colmo con un Antiguo Testamento que ya no corresponde tampoco a la interpretación según Moisés y los patriarcas sino a la obra de aquellas entelequias que tergiversaron las revelaciones antiguas y de allí fueron a dar a esos libros que son para los judíos mucho más importantes, como la Cábala y el Talmud, al no tener el verdadero espíritu; aun aquello que tienen de verdad lo tienen con otro espíritu y ese espíritu malo es lo que ha dado la Cábala y el Talmud; por tanto, tampoco son fieles, ni aun en cuanto a la letra, a Moisés y al Antiguo Testamento.

Ahora bien, lo mismo nos puede pasar, y de hecho está pasando hoy en la Iglesia, por no tener ni guardar ese espíritu de fe y de verdad y quedarnos con una palabra, con una moral, con una religión muertas y de ahí la necesidad de la sacrosanta Tradición católica, apostólica y romana que nos da y nos transmite el verdadero espíritu de fe, el verdadero espíritu de verdad para que nos salvemos; de ahí su importancia.

No es facultativo; uno puede al principio venir atraído por la capilla o por una Misa, o por lo que fuere, pero después que se pasa de ese primer contacto ya no se es libre de darle la espalda a Dios, a la Tradición, o decir que eso no es conmigo, porque si Dios me muestra cuál es la verdad y yo la desdeño, cometo un pecado contra el Espíritu Santo impugnando la verdad conocida.

Y cuánta gente pasa, se emociona y sigue de largo y creen que así se van a salvar; claro está que la misericordia de Dios es muy grande pero hay una responsabilidad por parte de cada uno y Dios nos pedirá cuentas a cada uno de nosotros.

Por eso la exigencia de perseverar y no ser aves de paso. La necesidad de profundizar en ese espíritu de fe, de verdad que nos lega la Santa Madre Iglesia, contenido en la Tradición sacrosanta de la Iglesia católica, y esa Tradición que ha sido hoy desdeñada, desechada, tirada por la borda; la barca de Pedro bota, tumbada, repudiada esa Tradición; esa es la imagen que nos podríamos hacer si queremos calcular qué pasaría en la Iglesia sin la Tradición. Pues dejaría de ser sencillamente la Iglesia; eso es lo grave, lo tremendo, que al dar la espalda a la sacrosanta Tradición apostólica y romana se tiene una nueva Iglesia que usurpa el nombre, el prestigio y la fama de la verdadera pero que ya no lo es.

Eso es lo terrible que estamos viendo y viviendo y por eso “no todo aquel que dice ¡Señor, Señor! se salva”. De ahí la necesidad del verdadero culto, de la verdadera misa, del verdadero catecismo, de los verdaderos sacramentos, de la verdadera doctrina católica; esto no es un juego, no es un pasatiempo y menos un club ni de lectores ni de lo que fuere. Es responsabilidad de cada uno de nosotros responder a la verdad y responder al amor de Dios y por eso es necesario conservar ese espíritu para que la letra no mate y así el espíritu nos vivifique y nos salve.

No limitemos, como los fariseos, el concepto de prójimo a lo que a ellos les convenía. Nuestro Señor muestra que el prójimo es cualquiera con el que yo me tope en la calle, lo conozca o no lo conozca, lo distinga o no lo distinga15, así que es todo aquel con el cual me tope, lo conozca o no, y a él lo tengo que amar como a mí mismo por amor a Dios; eso es lo que nos pide el Señor al contestarle así a este doctor de la ley que le preguntó para tentarle.

No le tentemos entonces cuando destruimos el término de prójimo aplicándolo a aquellos que nos conviene porque son nuestros amigos y el resto como si no existiera. Reconozcamos como prójimo a todo hombre que esté a nuestro alrededor (que, entre más cerca, más prójimo). +
Padre Basilio Méramo
11 Agosto de 2002

miércoles, 7 de agosto de 2013

EL CEREBRO GRIS ANTIAPOCALÍPTICO Y ANTIMILENARISTA DE LA REJA AL FIN PELA EL COBRE

 
Muy lamentablemente en su libro: “Prometeo”, el Padre Álvaro Calderón, fija su posición antimilenarista y antiapocalíptica, y espero, puesto que no he tenido  tiempo de leerlo completamente, no tenga los errores y las imprecisiones sobre el Magisterio de la Iglesia contenidos en su libro: “La Lámpara bajo el Celemín”, donde contradictoriamente califica el magisterio del Concilio Vaticano II como un magisterio auténtico no infalible. Esto es un adefesio, teológicamente hablando, que no se puede concebir, pues todo legítimo y auténtico Concilio Ecuménico es por definición y principio infalible, como se puede por lo que afirma un teólogo como Marín Sola O.P.: “Está revelado que ‘todo Concilio ecuménico es infalible’, o lo que es lo mismo, está revelado que ‘todo Concilio es infalible si es ecuménico’. Es así que tal Concilio es ciertamente ecuménico: Luego tal Concilio es infalible”. (La Evolución Homogénea del Dogma Católico, ed. BAC Madrid 1963, p.435), o también: “La proposición universal de que ‘todo Concilio ecuménico es regla de fe’ tiene el sentido de que ‘todo Concilio es regla de fe, si es ecuménico’ ”. (Ibídem, p. 435). Queda claro y más que claro: clarísimo, a menos que se posea una deficiencia neuronal, que no puede existir un Concilio Ecuménico no infalible, si es ecuménico es por definición (de fe) infalible, y si no es infalible, no es un Concilio de la Iglesia.  ¿Qué es, entonces, el atípico Concilio Vaticano II no infalible?: es un Pseudo Concilio o Conciliábulo, y si me apuran el Gran Conciliábulo de la Nueva Iglesia
Conciliar o Pseudo-Iglesia del Anticristo Religioso (el Pseudo-Profeta una la Bestias
infernales del Apocalipsis).
 
Sería, además, un grave desliz teológico imperdonable el considerar el Magisterio Extraordinario Universal de la Iglesia, (cual es el de todo legítimo, auténtico y verdadero Concilio Ecuménico) como un magisterio simplemente auténtico no extraordinario ni infalible. Esto es confundir los términos conceptuales y teológicos, y además no saber que todo magisterio de la Iglesia que sea extraordinario y universal es auténtico e infalible, no pudiendo existir un puro Magisterio Extraordinario Universal auténtico que no sea a la vez infalible, como debe ser todo Concilio Ecuménico legítimo y verdadero. Pensar lo contrario es herético.
 
Por si fuera poco el P. Calderón formula la siguiente herejía, al decir: “Que no todo el magisterio extraordinario solemne es infalible”. (Lámpara bajo el Celemín, p.36); esto es una herejía, pues como dice el Código de Derecho Canónico (de 1917): “Hay que creer con fe divina y católica todo lo que se contiene en la palabra de Dios escrita o en la tradición divina y que la Iglesia por definición solemne o por magisterio ordinario y universal propone como divinamente revelado. El dar definiciones solemnes pertenece tanto al Concilio Ecuménico como al Romano
Pontífice cuando habla ex cathedra”. (Canon 1323). Es evidente que todo Magisterio Extraordinario o solemne, que es lo mismo, es infalible, sea el Magisterio Extraordinario Universal o solemne del Papa solo, llamado ex cathedra, o el Magisterio Extraordinario Universal de la Iglesia en los Concilios Ecuménicos legítimos. ¡Cómo es que a un profesor de reputado calibre teológico, se le escapa tamaño error! Pero no quiero seguir con el análisis de ese libro, pues no es el objeto de este escrito, el cual quiere poner los puntos sobre las íes con respecto al tema del Milenarismo que niega el susodicho profesor, quien goza de reputación teológica para libar, no la miel, sino el pestífero veneno antiapocalíptico y
antimilenarista, valiéndose quizás de un supuesto prestigio intelectual como quien es rey en país de ciegos siendo tuerto.
 
Pues dicho sea de paso, y para muestra un botón, en el campo filosófico y  metafísico, el P. Calderón no ha llegado a captar con su entelequia el valor y profundidad del metafísico, quizás el más grande de la historia después de Santo Tomás de Aquino, el Padre Cornelio Fabro, quien contaba como anécdota lo que de él decía el P. Meinvielle, según refiere uno de sus biógrafos: “Cerrando la  conferencia que pronunciara en la Pontificia Universidad ‘Angelicum’, con ocasión del homenaje a sus 80 años, el P. Fabro comentó a modo anecdótico: ‘Me
acuerdo de nuestro querido amigo el P. Meinvielle; el P. Meinvielle decía: -¿Es posible, es posible que después de siete siglos de tomismo tan sólo el Padre Fabro haya vuelto a entender el acto de ser? ¿Es posible…?’ ”. (P. Elvio Fontana, In Memoriam R.P. Cornelio Fabro, p.31). Afirmación ésta, cuya exactitud me tomé el trabajo de averiguar, ante uno de sus discípulos, el profesor universitario Andrea Dalledonne, quien me lo confirmó como totalmente cierto.
 
Y ahora, el P. Calderón pela el cobre (pues podría haberlo esquivado ya que el tema de su libro no está directamente relacionado con el milenarismo, pero su fobia no pudo contenerse y de algún modo tenía que aflorar tarde o temprano). No fue capaz de manifestar su antimilenarismo cuando, ya hace varios años en el Seminario de la Reja, le hiciera de frente, el cuestionamiento diciéndole: Padre, cuál es su problema con el P. Castellani, y él muy suavemente dijo que no tenía ningún problema con el P. Castellani, que incluso no lo conocía bien. Y esto se lo pregunté, porque ya se rumoraba un cierto negativismo de parte suya, llegando a decir que el P. Castellani no era un teólogo, siendo que su mismo padre, don Rubén Calderón Bouchet, no dejaba de manifestar con gran admiración el calibre teológico del P. Castellani, como se puede ver en el estudio preliminar que este hiciera al libro Las Canciones de Militis: “Castellani es un teólogo en el sentido cabal del término, uno de esos que, sin ser dominico, ha hecho suyo el lema de aquella orden: ‘contemplari et contemplata aliis tradere’. Insistiendo: “Repetimos que Castellani, es ante todo un teólogo…”. Y más adelante vuelve a repetir: “Castellani es nuestro teólogo y también nuestro profeta”. (ed. Dictio, Buenos Aires 1977, p. 9-10 y 12). Pero como no hay peor cuña que la del mismo palo, el hijo contradice a su propio padre, que creo que sabía un poquito más que él al respecto.  Y como es sabido la ignorancia es atrevida y la juventud presuntuosa, hoy en día  cualquiera se permite decir cualquier cosa y los hijos contradecir a sus padres.
 
Ahora, para colmo el P. Calderón se atreve a decir que el: “milenarismo ha sido una ilusión judaizante, que ha tentado siempre a los inconformes con el estado actual de cosas”. (Prometeo, p.83). Y en la nota de pie de página le adjudica todo este error al iluminado abad Joaquín de Fiore, como si el milenarismo no hubiera tenido nada que ver como doctrina común de la Iglesia durante sus tres o cuatro primeros siglos, nada que ver con San Juan, y a través de San Policarpo, con San Ireneo, lo cual evidencia que la doctrina milenarista viene en línea directa de San Juan.
 
Además el P. Calderón, habla de milenarismo, sin hacer ninguna clase de distinción, ya sea porque para él se trata de uno solo, o que meta a todos en el mismo saco sin distinguir que hay un milenarismo patrístico que fue doctrina común en la Iglesia primitiva y otro el milenarismo craso y carnal del hereje judaizante Cerinto.
 
El no distinguirlo es grave y un error imperdonable en alguien que se las da de maestro y para que quede refutada la insulsa y estulta aseveración del eminente profesor, baste citar las siguientes palabras del P. Castellani retrucando: “En fin, los milenistas son ‘judaizantes’. ¿Pero, qué cosa más judaizante que esperar un gran triunfo terreno de la Iglesia antes de la segunda venida de Cristo? El actual socialismo comunista, por ejemplo, es netamente milenista carnal (y ateo), es decir, ‘judaizante’ ”. (El Apokalypsis, ed. Paulinas 1963, p.87).
 
Los antimilenaristas, como hace ver el P. Castellani, son milenaristas al revés, como se puede observar: “Doctores de la Fe se pretenden estos, y son tenidos de muchos por tales: incluso publican libros con aprobaciones episcopales: en gran peligro de ser engañados andan hoy los fieles. Uno de ellos muy famoso del siglo XIX (muchos de ellos hoy día) enseñó que la Iglesia, antes del Juicio Universal, tiene que llegar a un triunfo y prosperidad completas, en que no quedará sobre el haz de la tierra un solo hombre por convertir (‘un solo rebaño y un solo Pastor’) y sin más ni más, se cumplirán todas las exuberantes profecías viejotestamentarias. De acuerdo a algunas profecías privadas, se imaginan al Papa (al ‘Pastor Angélico’ que debería haber sido Pío XII) reinando sobre todo el mundo apoyado en un Monarca Católico vencedor (que los franceses dicen ser francés, ¿Enrique V? o ¿Luis Carlos I? pues hasta el nombre le saben; los alemanes que será alemán, etc.) el cual sin embargo mandará menos que el Papa, pues el Papa mandará en todo el mundo y así en Santas Pascuas y grandes fiestas ¡hasta la resurrección de la carne¡ y después a mayores fiestas.… Es el mismo sueño carnal de los judíos, que los hizo engañarse respecto a Cristo. Estos son milenistas al revés. Niegan acérrimamente el Milenio metahistórico después de la Parusía, que está en la Escritura; y ponen un Milenio que no está en la Escritura, por obra de las solas fuerzas históricas, o sea una solución infrahistórica de la Historia; lo mismo que los impíos ‘progresistas’, como Condorcet, Augusto Comte y Kant; lo cual equivale a negar la intervención sobrenatural de Dios en la Historia; y en el fondo, la misma inspiración divina de la Sagrada Escritura”. (Ibídem, p.366-367).
 
Por esta razón, es que el P. Castellani dice que el remedio es el Apokalypsis: “El Apokalypsis es el único antídoto actual contra esos ‘pseudoprofetas’ ”. (Ibídem, p.367).
 
El tema del Milenarismo es de gran trascendencia, como lo podemos ver por lo que sigue: “El Reino de los Milaños: es la parte más dura, difícil y discutida de la Profecía de San Juan; pero es a donde toda ella confluye. La verdad es que si Dios se hizo hombre en la persona de Jesús de Nazareth, no cabe asustarse de cosa alguna por grande y extraordinaria que sea (pues más que estotra no puede serlo) con tal que se encuentre realmente en las Sagradas Letras; como se encuentra el Reino Milenario”. (Ibídem p.296). Y por esto advierte el P. Castellanni que: “La otra alternativa, la de interpretar alegóricamente las profecías mesiánicas y aplicarlas a la Iglesia actual, tiene un efecto pavoroso: la Biblia se convierte en literatura; y por cierto, en mala literatura”. (Ibídem, p.296-297).
 
En cambio, si nos atenemos al sentido literal, la cosa cambia: “Si se tiene sinceramente que la Biblia es ‘la palabra de Dios’, entonces hay que aceptar que su sentido literal responde a cosas, que son tan grandes o más de lo que suenan las palabras; esas cosas no se han verificado todavía muchas dellas; y que se habrán de verificar; y por cierto, PRONTO, como dice siete veces Juan Apokaleta. La ‘palabra de Dios’ no puede ser un centón de metáforas extravagantes y adivinanzas desaforadas de unos pobres rapsodas orientales a medio civilizar. Blasfemia es esto”. (Ibídem, p.297).
 
El grave problema, es que los restauracionistas antiapocalípticos, aun siendo tradicionalistas, no se dan cuenta que caen en el error de la falsa esperanza progresista (dialéctica y judaica) modernista: “… pero también y paralelamente, el proceso de defensa y de final Restauración, dependiente no de las fuerzas humanas, sino de la potencia suprahistórica que gobierna la Historia; la cual debe ser por hipótesis, infaliblemente triunfante. La Profecía medica por lo tanto las dos actitudes de orden profano que permean el mundo actual, tan visibles en su literatura: la del terror sin esperanza, y la de la pseudo-esperanza alocada de los ‘progresistas’ y ‘evolucionistas’ ”. (Ibídem, p.374).
 
No olvidemos que una de las características del Anticristo Religioso, la Bestia de la Tierra, que tiene el nombre propio de Pseudoprofeta, es la siguiente: “Y la Bestia de la tierra se parece al Cordero, ‘hace prodigios y portentos’, promete la felicidad y habla palabras hermosas, llenas de halago. Promete el Reino en este mundo, como Cristo. El Reino en este mundo, por las solas fuerzas del hombre, como el Dragón le prometía a Cristo, en el Monte de la Tentación”. (Ibídem, p.260-261).
Tal como está haciendo hoy Francisco con tanto éxito, aclamado por todos los  medios de información mundial, y como han hecho Juan Pablo II y Benedicto XVI.
 
Es evidente que estos agentes del mal lo que buscan es el Paraíso Terrenal: “El Capitalismo y el Comunismo, tan diversos como parecen, coinciden en su fondo; digamos en su, núcleo ‘místico’: ambos buscan el Paraíso Terrenal por medio de la Técnica; y su ‘mística’ es un mesianismo tecnólatra y antropólatra, cuya difusión vemos hoy en día por todos lados, y cuya dirección es la deificación del Hombre; la cual un día se encarnará en Un Hombre”. (Ibídem, p.347).
 
Por esto hay que tener presente que se trata de una lucha eminentemente religiosa, doctrinal, de fe, más que de guerras, aunque las puede haber: “Actualmente existe una crisis mayor que todas las precedentes. Ella es gravísima y universal. Una cantidad de instituciones se han derrumbado, y de barreras han caído. El mundo se ha nivelado (‘y montañas ya no hay’) y tiende a amalgamarse. Fenómenos nefastos de gran calibre, dos Guerras Mundiales, hemos sido testigos de ellas. La nueva ‘Era Atómica’. Contemplemos otros puntos. Los judíos sabían mucho del Reino del Mesías, pero no sabían claramente de los Dos reinos de Cristo, o sea de sus Dos Venidas . Los Profetas hablaban de ambas per modum uníus, unitariamente; sea porque así fue la inspiración divina, sea porque las profecías escritas están ‘amontonadas’, por decirlo así, por los escribas que recogieron y recibieron los diversos recitados orales; en las cuales quizá se distinguían los dos  géneros: ‘profecías mesiánicas’, y ‘profecías esjatológicas’, como hacemos  hoy día; ya que sabemos el Mesías vino y fundó un Reino, y no siguió de inmediato el triunfo temporal y el OTRO Reino perfecto, las Bodas del Cordero, y la Restauración del Trono de David (‘y le dará Dios el trono de David su padre, y su Reino no tendrá fin’ - dice el Ángel a Nuestra Señora) de donde la Exégesis de
inmediato debió después de Cristo distinguir los dos sucesos. (…) Sea como fuere, cuando vino el Mesías, los judíos SE EQUIVOCARON. Este es uno de los fenómenos más asombrosos y la tragedia más grande que ha habido en el mundo. Estaban bastante preparados a equivocarse desde tiempo hacía. Habían dejado caer de su vista los vaticinios del Mesías sufrido y manso, redentor de pecados, impartidor de conocimiento religioso, y jefe de un reino pacífico y paciente; y esperaban (y exigían) el Rey triunfante de la Segunda Venida. En suma, quisieron la Segunda Venida, sin la Primera, pasando por alto las indicaciones que en los Profetas, aunque sea de paso, las distingue; y muy claramente en Daniel. (…) Una vez hubieron decidido, el Mesías TENÍA QUE SER ASÍ, como ellos lo soñaban, inevitablemente los Judíos tenían que matar al Mesías real”. (Ibídem, p.363-364).
 
 
Comentando el P. Castellani sobre la Iglesia de Thyatira, una de las Siete Iglesias del Apocalipsis, señala: “El ‘premio’ prometido a esta Iglesia, a los que vencieren (de hecho el poder mundial de la Monarquía Cristiana se manifiesta al final de ella) a diferencia de todos los otros seis: es TEMPORAL, como ya está notado. Para los que tienen la teoría milenista, esta anomalía no hace dificultad ninguna: TODAS las promesas de Cristo ‘a los que vencieren’ se cumplen en el período de
paz, triunfo y esplendor religioso (el Milenio) que seguirá a la Parusía y al derrocamiento del Anticristo; y son a la vez como si dijéramos temporales y eviternos”. (Ibídem, p.54).
 
Y como hace ver el P. Castellani: “Cristo debe volver. Debe volver pronto. Y a medida que su retorno se aproxima, por fuerza se deben hacer más claras las Promesas de sus Santos y las Visiones de sus Videntes. Volverá no ya a ser crucificado por los pecados de muchos, sino a juzgar a todos, no como Cordero de Dios, sino como Rey del Siglo Futuro. Volverá para poner a sus enemigos de  alfombra de sus pies, a restaurar y restituir para su Padre todas las cosas, arrojado de ellas y amarrado el Príncipe de este mundo; volverá en el clímax de la más horrenda lucha religiosa que han visto los siglos, en el ápice mismo de la Gran Apostasía y de la tribulación colectiva más terrible después del Diluvio, cuando sus fieles estén por desfallecer y esté por perecer toda carne”. (Ibídem, p. 90-91).
 
Tenemos que la única restauración verdadera es la realizada por Cristo Rey en el Gran Día, lo cual descarta de plano las falsas restauraciones por mano de los hombres: “El término de la historia será una catástrofe, pero el objetivo divino de la historia será alcanzado en una metahistoria, que no será una nueva creación, sino una ‘trasposición’; pues ‘nuevos cielos y nueva tierra’ significa ‘renovadas todas las cosas’ de acuerdo a su prístino patrón divinal”. (Ibídem, p.149).
 
El Milenarismo Patrístico claramente enseñado por San Ireneo lo podemos apreciar con este y los siguientes textos: “(…) vendrá entonces el Señor desde los cielos y sobre las nubes, en la Gloria de su Padre, y mandará al estanque de fuego al Anticristo con sus fieles; inaugurará al mismo tiempo para los justos, los tiempos del Reino, es decir el descanso, el séptimo día que fue santificado y entregará a Abraham la herencia prometida: es el Reino en que, según la palabra del Señor, ‘Muchos de Oriente y del Occidente vendrán y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob’ ”. (Contra las Herejías, Libro V, ed. Apostolado Mariano, Sevilla 1999, p.114).
 
Y este Reino Milenario, es el Gran Banquete de las Bodas Nupciales: “Tales promesas significan por tanto, claramente el banquete, que proporcionará esta creación en el reino de los justos y que Dios nos ha prometido servir él mismo”. (Ibídem, p.126).
 
Estas son las Bodas del Cordero y por si alguno las quiere interpretar alegórica y no  literalmente se verán divididos, he aquí la advertencia que hace San Ireneo: “Si algunos tratan de interpretar estas profecías en el sentido alegórico, no lograrán ponerse de acuerdo entre sí en todos los puntos”. (Ibídem, p.127).
 
Y continúa explicando el Santo Mártir y Padre de la Iglesia: “Todas las profecías de este género se refieren sin discusión a la resurrección de los justos, que tendrá lugar después de la venida del Anticristo y destrucción de las naciones sometidas a su autoridad: entonces reinarán los justos sobre la tierra, cuando crezcan a causa de la aparición del Señor; y , gracias a él, se irán acostumbrando a asir la Gloria del Padre, en el Reino, y tendrán acceso al trato con los santos ángeles, así como a la comunión y unión con las realidades espirituales”. (Ibídem p.127).
 
San Ireneo dice que el Milenio es el Séptimo día que está expresado en los días de la creación: “Esto se encuentra ya en el libro del Génesis, según el cual, la consumación de este siglo tendrá lugar el día sexto, es decir el año 6000; después vendrá el séptimo día, día de descanso, del cual dice David: ‘Aquí está mi reposo, los justos entraran por él’: este séptimo día es el séptimo milenio, el del reino de los justos en que todos se ejercitarán para la incorruptibilidad, después que haya sido renovada la creación, para los que hayan sido guardados para este fin. Es lo que confiesa el Apóstol cuando dice que la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción, para tener parte en la libertad gloriosa de los hijos de Dios”. (Ibídem p. 133).
 
Tenemos que el milenio corresponde al séptimo día de la creación y que él constituye la Gran Esperanza Apocalíptica de la Parusía y de la Apocatástasis, de la Palingenesia, es decir, del nuevo nacimiento, renacimiento, regeneración, es el retorno de todas las cosas a su estado primigenio, esta renovación o restablecimiento universal es la gran restauración cósmica apocalíptica-parusíaca, es el gran día por el cual todas las creaturas (animadas e inanimadas) gimen esperando el día de su redención, viéndose libres de la corruptela; es la
Bienaventurada Esperanza de San Pablo, la Parusía.
 
Y para terminar, debe quedarnos claro que el que se opone al Milenarismo Patrístico, está siguiendo los pasos del impío, pérfido y traidor apóstol que vendió a Cristo, Judas, por lo que afirma San Ireneo en este texto: “La bendición que acabamos de hablar se refiere por tanto, sin discusión a los tiempos del reino: cuando reinen los justos después de haber resucitado entre los muertos y (haber sido, por el hecho de esta misma resurrección, colmados de honor por Dios);  cuando incluso la creación liberada y renovada produzca en abundancia toda clase de alimentos, gracias al rocío del cielo y a la fertilidad de la tierra. Esto es lo que los presbíteros, que habían visto a Juan, discípulo del Señor, recuerdan haber oído de él, cuando evocaba la enseñanza del Señor relacionada con aquellos tiempos. (…) He aquí lo que Papías, oyente de Juan, compañero de Policarpo, hombre venerable, atestigua por escrito en su libro cuarto -pues hay cinco libros compuestos por él-. Y añadió: ‘Todo esto es creíble para los que tienen fe. Porque, prosigue él, como Judas el traidor siguiese incrédulo y preguntase: ¿Cómo podrá Dios crear tales frutos? - el Señor le respondió: Verán quienes vivan hasta entonces’ ”. (Ibídem, p.121-122). Queda claro que Judas no creía en el Reino predicado por Nuestro Señor en su Segunda Venida y lo quería antes, y por eso lo traiciona.
 
Tengamos presente la advertencia que propina el santo mártir, padre y obispo de la Iglesia: “Si alguien no acepta estas cosas como del reino, caerá en infinidad de contradicción y dificultades, tal como los judíos caen y se debaten”. (Ibídem, p.120-121). Ser milenarista no es ser judaizante como afirma el P. Calderón, sino que se es judaizante por ser antimilenarista o milenarista al revés.
 
Esperamos que con esto, el Padre Calderón pueda reconsiderar su posición antiapocalíptica y antimilenarista, o que por lo menos no impugne lo que desconoce, y no sea ni un judaizante, ni siga los pasos de un traidor como Judas.
 
P. Basilio Méramo
Bogotá, 7 de Agosto de 2013