San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












Website counter Visitas desde 27/06/10



free counters



"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





Link para escuchar la radio aqui

lunes, 24 de junio de 2013

DEL SEDEVACANTISMO FIDEÍSTA AL RESTAURACIONISMO ANTIAPOCALÍPTICO



DEL SEDEVACANTISMO FIDEÍSTA
AL RESTAURACIONISMO ANTIAPOCALÍPTICO




Es lamentable que personajes "eruditos" como el que escribe con el seudónimo de "Fray" Eusebio de Lugo, (quien dice haberme conocido, al parecer en España, pero que no me permite el placer de identificarlo diciendo quién es), confunde a los fieles con sus comentarios donde lo mezcla todo.
Se permite al final de su escrito del 20 de Junio de 2013, muy interesante e ilustrativo acerca de la Profecía de San Anselmo de Sunium sobre la letra K, manifestar su parecer, descalificando la visión apocalíptica ante la crisis actual, de obsesiva e histérica, (lo cual es típico de lo mujeril) en ciertos clérigos tradicionalistas que según él "son recién llegados a una forma de sedevacantismo sui géneris y que además son despreciadores del papado, al estar influidos por la obra del marránico Padre Lacunza", "al sostener la inminencia de la Parusía y esto además muy parecido a las pesadillas de Joaquín de Fiore, haciéndolos unos derrotistas (léase pesimistas) que no quieren trabajar (léase creer) en la restauración por las fuerzas intrínsecas del esfuerzo (músculo humano) que dicho sea de paso, es una de las características del progresismo ecumenista", desconociendo que el Apocalipsis es la profecía de la gran y bienaventurada esperanza.


Es evidente que apunta hacia lo que en muchas ocasiones he dicho, pero sin nombrarme, por mi posición apocalíptica y milenarista patrística cual lo exponen entre otros el Padre Castellani, el Padre Alcañiz, el Padre Rovira, el Padre Pesquera, el Padre Martín, Monseñor Morrondo y el famoso Padre Lacunza.

Así tenemos que nuestro ilustre y anónimo impugnador confunde el Joaquinismo, del famoso Abad calabrés Joaquín de Fiore (1135-1202) permeado por la Cábala, como lo acredita el P. Julio Meinvielle en su libro "De la Cábala al Progresismo", con el Apocalipsis recta y correctamente interpretado por la Iglesia primitiva de los cuatro primeros siglos.
Nada de raro sería que nuestro brioso detractor también meta en el mismo saco a San Luis María Grignion de Montfort, si sabe que el santo es apocalíptico y milenarista y que además menciona tres reinos: el del Padre, el del Hijo y el del Espíritu Santo. Así dice el Santo en la Oración Abrazada: "El reino especial de Dios Padre, duró hasta el diluvio y terminó por un diluvio de agua; el reino de Jesucristo, terminó por un diluvio de sangre, pero vuestro reino, Espíritu del Padre y del Hijo, continúa actualmente y se terminará por un diluvio de fuego, de amor y de justicia". Pero esto no tienen nada que ver con la teoría de los tres reinos de Joaquín de Fiore, quién fue condenado por el Concilio IV de Letrán (1215) por sus errores trinitarios.

Y San Luis, como buen apocalíptico y milenarista, en la misma oración dice sobre la restauración parusíaca: "¿No es menester que vuestra voluntad se haga en la tierra como en el cielo y venga vuestro reino? ¿No habéis mostrado de antemano a algunos de nuestros amigos una renovación futura de vuestra Iglesia?, ¿No han de convertirse a la verdad los judíos? ¿No es esto lo que espera vuestra Iglesia? ¿No os piden a gritos todos los santos del cielo justicia: Vindica? ¿No os dicen todos los justos de la tierra: Amén, veni, Domine ¿Las criaturas todas aún las más insensibles gimen bajo el peso de los pecados innumerables de Babilonia y piden vuestra venida para restaurar todas las cosas. Omnis creatura ingemiscit, etc.". Esta es la verdadera restauración, la que se realizará el día de la Parusía, cuando venga el Señor en Gloria y Majestad.


Por otra parte, no distingue entre Milenarismo Patrístico o Espiritual y Milenarismo Carnal, Craso o Judaizante, ni el Milenarismo Mixto o Mitigado; todo lo pone en el mismo saco, todo lo mezcla y confunde sin ningún reparo, lo mismo son habas que habichuelas, papas que batatas; cuando lo propio del sabio es ordenar y distinguir.

Decir además que el Padre Manuel Lacunza es marránico (judaizante), es un total despropósito y falsedad petulante que desconoce lo que Marcelino Menéndez y Pelayo dice en su obra "Historia de los Heterodoxos Españoles", dejando en claro que el P. Lacunza era ortodoxo y no un hereje como algunos hoy ignaramente piensan (o mejor dicho no piensan) pues hablan sin mayor conocimiento ni sapiencia. Claro está, de otra parte, que si no encajamos esta crisis sin precedentes en toda la historia del mundo y de la Iglesia, cual nunca se ha visto ni se verá, en el contexto del Apocalipsis, que históricamente ha comenzado cuando menos hace más de 60 años con el fin de la Diáspora (1947 o 1948 según se mire, el decreto o la realización) que se señala en las Sagradas Escrituras como un hecho para el fin de los últimos tiempos apocalípticos por lo que afirma San Lucas 21, 24, y que además toda esta crisis de fe y de apostasía abominable y desoladora en el lugar Santo (la Iglesia) es apocalíptica, junto con la Gran Tribulación, la cual según Santo Tomás consiste en la perversión de la doctrina católica por una falsa doctrina, con la consiguiente pérdida de la fe y a tal punto que si los días no fueran abreviados nadie se salvaría, tal cual vemos hoy en día, es comprensible buscar a todo precio una "restauración". Pero resulta que esta crisis por su contenido y extensión no puede ser otra que la gran crisis apocalíptica, la cual requiere la intervención de Dios como solución.

De tal modo que la única Restauración Universal prometida y por la cual la creación (todo el cosmos o el universo entero) gime esperando su Redención como señala San Pablo, Rom. 8, 18-25, es la que tendrá lugar con la Parusía. Es la única Restauración Universal o Cósmica. Pretender otra es desvirtuar las Escrituras y corromper la Palabra de Dios con falsas esperanzas restauradoras producto de los hombres que desechan la gran Esperanza Apocalíptica.
Se trata de la famosa Apocatástasis (ποκατστασις, Restauración) o Palingenesia (πλιν-γνεσις, Renovación de todo, o de todas las cosas) de la que nos hablan los Hech. 3,21. Todo lo cual queda resumido a la Parusía y el Glorioso Milenio de Cristo Rey, que en sí constituye la bienaventurada esperanza de San Pablo, Tit. 2,13, de San Pedro, I Pet. 1,13, II Pet. 3, 11-13 y de San Juan, Ap. 21,5.

Así pues tenemos que aquellos que no aman la verdad y la Parusía, como dice San Pablo en II Tim. 4,8, no sólo no pueden entender, sino que se hacen a su vez enemigos de Dios, son sofistas: "que siempre están aprendiendo y nunca serán capaces de llegar al conocimiento de la verdad". II Tim. 3,7; "Porque todavía un brevísimo tiempo, y el que ha de venir vendrá y no tardará. Y el justo mío vivirá por la fe". Hebr. 10,37-38.

Esto es la esperanza en la Parusía (la Esperanza Apocalíptica) para que no seamos avergonzados: "Ahora, pues, hijitos, permaneced en Él, para que cuando se manifieste tengamos confianza y no seamos avergonzados delante de Él en su Parusía". I Juan 2,28, pues como dice más adelante San Juan, esa esperanza que a su vez nos purifica, es la Parusía: "Mas sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como es. Entretanto quienquiera tiene en Él esta esperanza se hace puro, así como Él es puro". I Juan 3, 2-3.

Tenemos así que el que niegue todo esto, es Anticristo; sabiendo además por lo mismo, que es la última hora: "Hijitos, es hora final y, según habéis oído que viene el Anticristo, así ahora muchos se han hecho anticristos, por donde conocemos que es la última hora". I Juan 2,18.

Y: "¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, que niega al Padre y al Hijo". I Juan 2,22.

Negar o eclipsar la Parusía, es también lo propio del Anticristo, al no confesar a Cristo y su gloriosa Parusía "y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios, sino que es el espíritu del Anticristo". I Juan 4,3. "Y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe". I Juan 5-4. "Porque han salido muchos impostores, que no confiesan que

Jesucristo viene en carne. En esto se conoce al seductor y al Anticristo" II Juan 1,7. Léase bien, no dice que vino (pasado) sino que viene (futuro) y esto es la Parusía.


San Juan dice que Anticristo es el que no confiesa que Cristo ha venido en carne (I Juan 4,2), como el que no confiesa que Cristo viene en carne II Juan 1,7). Por lo tanto, según la traducción de Monseñor Straubinger del texto original griego, tan Anticristo es el que niega la Primera Venida (que ha venido en carne), como el que niega la Segunda Venida o Parusía (que viene en carne).
Por último, al referirse a "un sedevacantismo sui géneris y despreciador del papado" quizás molesto por la publicación de mi trabajo: Consideración Teológica sobre la Sede Vacante, nuestro flamígero impugnador, parece que no conoce sino la versión visceral, apriorística, categórica, dogmática del sedevacantismo fideísta y por eso habla medio asombrado y molesto de un nuevo "sedevacantismo sui géneris", que de nuevo no tiene nada, porque fue escrito en 1993 y enviado en 1994 a la Casa Generalicia, siendo entonces el Superior General el Padre Schmidberger; lo que es reciente es la difusión al público en general, pero no creo que "Fray" Eusebio en aquel entonces tuviera mayor conocimiento del tema que ahora pretende dominar como si fuera un teólogo.


Desconoce la posición por ejemplo de un P. Coache o de Mons. de Castro Mayer y aún el implícito sedevacantismo de Mons. Lefebvre que según me dijera el P. Aulagnier con ocasión de mi escrito en aquella época, dejando a entender que Mons. Lefebvre era en su pensamiento, sedevacantista.

De todos modos el tema se volvió un tabú, se llegó incluso a satanizarlo y gracias a una hábil y envolvente dialéctica, en la cual cayeron tanto los unos como los otros, es decir los sedevacantistas como los antisedevacantistas, con lo cual se obstaculizaba una consideración equilibrada y teológica que planteara el tema de modo ponderado y ecuánime, para que la luz se hiciera en un debate sobre un tema pobremente debatido y que hasta ahora se ha presentado bajo una falsa fase, haciendo del sedevacantismo, un dogma o cuasi dogma de fe, al divinizar la persona del Papa, extralimitando su infalibilidad, más allá de lo estricta y limitadamente definido por la Iglesia.
Ya decía el director del Seminario Francés de Roma, el Padre Le Floch en 1926 (considerado hereje por los sedevacantistas a priori y fideístas) advirtiendo de modo profético que: "La herejía que viene será la más peligrosa de todas; ella consiste en la exageración del respeto debido al Papa y la extensión ilegítima de la infalibilidad". Tal cual como hoy acontece al punto de divinizar la persona del Papa (idolatría papal o papolatría).

La cuestión de la Sede Vacante, es una consideración teológica que lleva a la evidencia (quoad sapientes, es decir: para los sabios o entendidos en la materia) como una conclusión teológica sin apriorismos categóricos, dogmáticos ni fideístas, sino basada en principios teológicos y de fe según la sana doctrina, saca las conclusiones que se verifican y confirman según los hechos.

La posibilidad de error en el Papa (él solo) está excluida cuando habla ex cathedra, es decir, ejerciendo su magisterio extraordinario, formulando o declarando una verdad como revelada a través de un juicio solemne. Extender la infalibilidad al magisterio ordinario del Papa (él solo), es un abuso y extralimitación de lo definido (limitado específicamente) por la Iglesia. Tampoco se puede confundir con el Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia, pues ya no se trata del Papa solo (unilateralmente) sino de todos los obispos unánimes moralmente y bajo su cabeza, el Papa.


Pero para el sedevacantismo dogmático, fideísta y visceral, esto es despreciar el papado y ser casi, -o sin el casi- un hereje; y éste es el caso de los que piensan como "Fray" Eusebio, para quien en lógica consecuencia con su pensamiento, San Alfonso sería un hereje, o por lo menos un despreciador del papado, al impugnar a Albert Pighi o

Pighius (1490-1542) al servicio del papado a partir de 1522 al ser llamado a Roma por el único Papa flamenco (holandés), Adriano VI, poniéndolo en el extremo opuesto, pero igualmente erróneo de Lutero y Calvino. Igual habría que decir del Cardenal Juan de Torquemada (tío del 1° Gran Inquisidor de España Tomás de Torquemada), de Melchor Cano, de Domingo Soto (estos dos, teólogos eméritos del Concilio de Trento), de Bañez y hasta de Suárez, por nombrar algunos; puesto que todos ellos admitían que un Papa podía ser cismático, hereje o bien, apóstata, sin olvidar al eminente Cardenal San Roberto Belarmino.

Todos los que hablan y piensan como alias "Fray" Eusebio, desconocen el pensamiento de la Edad Media, y de Papas como San León II (682-683), de Adriano II (867-872) o de Inocencio III (1198-1216) y por eso reputan como innovación lo que no es y que desconocen, a tal punto que si hay una innovación en esta materia, fue precisamente la del flamenco Pighi, sobre el cual se apoyan muchos sin darse cuenta de su innovador error.

Cabe además recordar el caso de San Vicente Ferrer (1360-1419), que favorecía en un principio a Pedro de Luna, el antipapa Benedicto XIII, en contra del legítimo; error que a la postre subsanó, pero a nadie se le ocurrió, ni antes, ni después, considerarlo como un hereje o como un impío, o como un despreciador del Papado.
Los anti-apocalípticos y anti-milenaristas no se dan cuenta de que son milenaristas al revés (o invertidos) como hace ver el P. Castellani muy agudamente: "Es el mismo sueño carnal de los judíos, que los hizo engañarse respecto a Cristo. Estos son milenistas al revés. Niegan acérrimamente el Milenio metahistórico después de la Parusía, que está en la Escritura, y ponen un Milenio que no está en la Escritura, por obra de las solas fuerzas históricas o sea una solución infrahistórica de la Historia; lo mismo que los impíos ‘progresistas’, como Condorcet, Augusto Comte y Kant; lo cual equivale a negar la intervención sobrenatural de Dios en la Historia; y en el fondo, la misma inspiración divina de la Sagrada Escritura". (El Apokalipsis de San Juan, ed. Paulinas, Buenos Aires 1963, p.367). Para rematar diciendo: "El Apokalipsis es el único antídoto actual contra esos ‘pseudoprofetas’". (Ibídem, p.367).

Por si fuera poco, no se dan cuenta de que la característica del Anticristo Religioso o Pseudoprofeta, consiste en ofrecer el Reino en este mundo, el paraíso en la tierra: "Y la Bestia de la tierra se parece el Cordero, ‘hace prodigios y portentos’, promete la felicidad y habla palabras hermosas, llenas de halago. Promete el Reino en este mundo, como Cristo. El Reino en este mundo por las solas fuerzas del hombre, como el Dragón le prometía a Cristo, en el Monte de la Tentación". (Ibídem, p.260-261). Tal como quieren los restauracionistas antimilenaristas.


Y ésta es precisamente la idea que permea y subyace en el fondo de todos los restauracionistas, que buscan el triunfo de la Iglesia en este mundo por las solas fuerzas del hombre (a puro pulmón y músculo humanos) sin lo cual ven fracasados su vocación sacerdotal y la misión misma de la Iglesia. En definitiva buscan en el fondo, lo mismo o algo parecido a lo que el Anticristo Religioso o Pseudoprofeta, la Bestia de la Tierra, promete y ofrece. Y ésta es la razón de su acendrado antiapocalipsismo y antimilenarismo, pues no toleran que no haya un triunfo o restauración intrahistórica y temporal de la Iglesia.
Y así tenemos que todo aquel que se opone a la concepción triunfal y restauracionista terrenal, es calificado de "pesimista, que baja los brazos, que cree que todo está perdido, que no hay nada que hacer"; porque no ven más allá de su visión terrenal y activista, que no tiene puesta su esperanza en Dios y en su intervención como epílogo de la historia.


P.Basilio Méramo

Bogotá, Junio 24 de 2013

domingo, 23 de junio de 2013

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
El Evangelio de hoy nos muestra el reproche que hace nuestro Señor a los escribas y fariseos, impugnadores y enemigos. Nos dice a los presentes que si nuestra justicia no es más acabada que la de los escribas y fariseos, no entraremos en el reino de los cielos. Reproche que nos atañe a cada uno de nosotros si queremos entrar al reino de los cielos. Que nuestra justicia no sea mera apariencia de moral, de virtud, de santidad, de perfección, como la que tenían los fariseos; la justicia resume la santidad, la perfección. El hombre justo es, por antonomasia, santo.
Nuestro Señor nos incita a no ser como la orgullosa elite de los fariseos del pueblo elegido que se creía santa y perfecta cuando en realidad era todo lo contrario, solamente apariencia, follaje, exteriorización de virtud, de santidad, de justicia, de perfección. Eso no lo quiere nuestro Señor. Dios quiere la sinceridad de corazón frente a Dios y a los hombres; que no seamos hipócritas, de doble faz, que no guardemos una apariencia de virtud cuando en el fondo nuestra alma está corrompida. Esa es la recriminación de nuestro Señor a los escribas pero que también nos cae a nosotros.
Dios sabe si toda esta crisis la ha permitido por causa de esa falsa apariencia y falta de virtud pero disimulada en el exterior; por eso consiente el flagelo de todos los errores que ahora vemos; puede ser un justo castigo por la exteriorización de la religión católica quedando en mera apariencia pero desvirtuada de su verdadero contenido religioso. Hasta el rigor con el cual muchos fueron criados o educados, pero ahora se ve todo lo contrario, de un extremo se pasó al otro. La virtud es un equilibrio entre dos extremos y por encima, como la cima de una montaña a cuyos lados puede haber grandes abismos, y es claro que desde la cúspide sería peor la caída si se perdiese el equilibrio.
No debe sorprendernos lo que pasa en el mundo y la Iglesia vaciada de su contenido si no obramos bien como lo dice San Pedro en su epístola: huir del mal y hacer el bien; no devolver maldición por maldición sino bendecir; no maldecir aunque nos maldigan. En eso también consiste la virtud y la santidad cristiana, católica, y no en ser un baúl lleno de rencor, odio y venganza; todo eso se traduce y genera violencia física que es la manifestación de la furia interior, del encono y recelo llevados en el corazón. Y nuestro Señor lo advierte. No presentar el sacrificio y mucho menos comulgar si tenemos algo contra uno de nuestros hermanos, primero reconciliarnos y después ofrecer el sacrificio, ese es el ejemplo que debemos dar.
De qué sirve ir a Misa y comulgar si me peleo con el vecino, lo detesto y lo odio, o con cualquier familiar o conocido. No sirve de absolutamente nada, por eso quizás la ineficacia de tantas Misas mal oídas y comuniones mal hechas. A todo eso se refiere nuestro Señor en el Evangelio, para que verdaderamente vivamos el espíritu católico y cristiano, la verdadera virtud, no la de sepulcros blanqueados por fuera y con la podredumbre del alma y del corazón por dentro. A la virtud y no a la apariencia de religiosidad que podamos tener o que hubo antaño, no solamente en Colombia sino en el mundo, adorando a Dios con la boca y no con el corazón. Es, entonces, una invitación a obrar realmente una interiorización, a un balance económico del alma delante de Dios; que recapacitemos para que nuestra alma sea cristiana, no infiel, para que tengamos un corazón cristiano. Un corazón que no sabe perdonar y que guarda rencor es pagano, no cristiano. Que el corazón no esté imbuido de paganismo al no obrar en consecuencia con lo que nuestro Señor nos pide, con lo que nos pide San Pedro en su epístola para ser un poco mejores y salvar nuestra alma y la de otros dando buen ejemplo.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude a reflexionar todo esto como Ella las conservaba y meditaba en su corazón, para que a imagen de Ella nos santifiquemos y correspondamos cada vez más al amor de nuestro Señor. +
P.BASILIO MERAMO
23 de junio de 2002

viernes, 21 de junio de 2013

CONMINACION ANTE EL DESASTRE DE FELON Del Reverendo Padre Méramo.



CONMINACION ANTE EL DESASTRE DE MONSEÑOR FELLAY


Si Monseñor Fellay tiene todavía un mínimo de honestidad intelectual, lo mejor que podría hacer en consecuencia, es retirarse del cargo como Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, e ir a Roma a pedir que le certifiquen su catolicismo y lo reconozcan como verdadero Obispo, pues eso es en el fondo el problema que tiene y el verdadero dilema religioso que no lo deja vivir en paz sino alcanza de Roma apóstata, aunque para él es legítima, el beneplácito para ser católico y no un cismático.

Este es el gran complejo de identidad religiosa y católica que lo sacude y aplasta, tanto a él como a Schmidberger, Lorans, Celier, Duchalard, etc., y lo lamentable es que quieren imponer bajo el peso de la autoridad, sumisión y obediencia a toda la Fraternidad arrastrándola tras ellos en su error, junto con todos los fieles.

Lo que no se entiende es como personas de ese talante, pudieron entrar en la Fraternidad, siendo que no estaban verdaderamente convencidos del combate que se debía librar en defensa de la fe afrontando todas las dificultades, amenazas y sanciones, que lógicamente vendrían.

Monseñor Fellay y sus secuaces, de tradicional solamente tienen una sensibilidad, pero no tienen una noción cabal teológicamente estructurada, de aquí que su prioridad máxima, cueste lo que cueste, es celebrar un acuerdo y obtener una certificación de Roma que los respalde como verdaderamente católicos.
Luego, si ese es su problema, vayan a Roma y hagan lo que tengan que hacer, pero dejen en paz la obra que Monseñor Lefebvre fundó para mantener la Tradición Católica y la fe, ante la Roma Anticristo y Apóstata, ante la Nueva Iglesia Conciliar que no es la Iglesia verdadera de Dios ni es la Iglesia visible, como lo ha dicho Mons. Lefebvre.2

Lo cierto es que el silencio obsecuente se hace cómplice y le da fuerza y poder a Monseñor Fellay para seguir en su empecinada idea de ser reconocido a todo precio por la Iglesia Oficial Modernista y Apóstata, en cambio si todos le dijeran esto mismo que aquí se dice, sus días como Superior General estarían contados para él y todos sus ad lateres.


Queda claro que no tiene ningún derecho para imponer a la Fraternidad su complejo de identidad católica y el error que lleva a la total destrucción de la obra fundada por Monseñor Lefebvre en defensa de la fe y de la Iglesia, ante el modernismo de la Nueva Iglesia Conciliar.

P. Basilio Méramo

Bogotá, 20 de Junio de 2013

domingo, 16 de junio de 2013

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Amados hermanos en Nuestro Señor JesuCristo:

El evangelio de hoy nos relata la primera pesca milagrosa. Nuestro Señor realiza este milagro en dos ocasiones como la multiplicación de los panes; cada uno de ellos tiene su propio significado; por esta razón es doble. En la primera pesca milagrosa, que hoy vemos, nos muestra la iglesia militante, mientras que la segunda pesca milagrosa, que relata San Juan, se refiere a la iglesia triunfante. Nuestro Señor le dice a San Pedro que tire la red hacia la derecha que significa los elegidos, y no se rompen las redes, Él está en la orilla y no en la barca con ellos. En la primera pesca la barca parece zozobrar, sucumbir por el peso de la cantidad de peses.

En esta primera pesca milagrosa Nuestro Señor confía esa misión a los apóstoles que le siguen, dejando, abandonándolo todo, familia, hijos, mujer, no tener más trato con las cosas familiares y de este mundo. La generosidad de los apóstoles y que tendrían que observar también todos aquellos que tienen un ministerio en el nombre de la Iglesia y de Nuestro Señor JesuCristo, y esa capacidad de abandonarlo y dejarlo todo, por lícito bueno que sea. Porque no es como cree el mundo que quien entra en religión, hombre o mujer, es debido a una desilusión o amargura; todo lo contrario, es dejar lo bueno por algo que es mucho mejor que es DIOS Nuestro Señor, y si hay gente que ha entrado a un convento, en religión, o lo que fuere por una desventura, tendría que ser no por eso en sí, sino porque eso mismo le haya hecho ver lo poco que vale el mundo, y si lo hiciera para huir de esa amargura, mal haría, porque no deja el mundo en lo que pueda tener de bueno y lícito para buscar a Dios, sino que busca consolar su pena y eso sería falta de vocación.

Nuestro Señor muestra la generosidad de los apóstoles, la humildad de ellos que no eran ni príncipes ni reyes, que bien los hubiera podido elegir, eran hombre humildes, de pueblo, gente sencilla que vive a la buena de DIOS. Que más que vivir a la buena de DIOS. Y elije a sus discípulos dentro de los pescadores por que así lo que ellos hicieran no sería atribuido a la grandeza que pudiesen haber en esos hombres sino a la palabra y asistencia de DIOS.

Por la palabra Nuestro Señor, Simón Pedro obedece y echa las redes después de haber pasado toda la noche, sin pescar absolutamente nada, para mostrar que es por la palabra de DIOS, por la palabra de Nuestro Señor que se pescan los hombres y no por otra cosa. Esa es la importancia de mantener fielmente la palabra de DIOS para la Evangelización, sin que se adultere, distorsione y cambie con el fin de acomodarse al mundo suavizando de algún modo, cuando no cambiando totalmente el significado y, por tanto, el contenido de la Palabra Divina. Y ese es el problema actual, cuando se adultera la palabra de DIOS, el evangelio, tan sutilmente que es difícil darse cuenta sin tener una preparación filosófica y teológica correctas. Peligro que corren los fieles por este cambio de la palabra divina, por querer estar en conformidad con el mundo, con el pensamiento, y con las costumbres de hoy, opuestas a la Iglesia.

Es una lucha descomunal y desproporcionada con un mundo alejado de DIOS y que acepta a un DIOS rebajado a la altura del hombre, no es el hombre quien quiere ascender a DIOS en sus brazos para llegar a Él, sino que quiere un dios rebajado a su capricho, a su modo de pensar y de ser, creando una religión mundana. Esto es desdichadamente el acontecer de las iglesias de parroquias con las predicaciones; ofrecer la religión católica no con lo sublime excelso que ya tiene por su carácter Divino sino de humano y rebajado, proponiendo una moral laxa corrupta, donde prácticamente ya no hay pecado, y si esto es mentira, entonces como se explica que la pornografía sea moneda corriente en los medios de comunicación, y por que la degradación del pudor reflejado en la moda de la mujer y que nadie dice nada por ser la moda, lo que se impone, y loco aquel que se oponga. Estos hechos palpables demuestran que hoy queremos una religión y una moral que satisfaga nuestros caprichos y deseos que no son los más puros; eso explica que pulule la impureza por doquier. Aquellos que quieren presentar una moral como la exige DIOS no tiene eco, no se les escucha, se prefiere lo otro.

Es exactamente lo que acontece hoy; y las personas que asisten a esta capilla deben comprender que esta no es una capilla común y corriente. Se exige el respeto a DIOS debido, que está en el sagrario y en el centro del altar, no sobre una mesa donde se celebra una cena, sino un altar donde se sacrifica, se inmola a Nuestro Señor como se inmoló en la Cruz pero realizado de un modo Sacramental e Incruento; donde se trata de adorar a DIOS en espíritu y verdad, manteniendo así la fe católica, apostólica y romana, y no una fe que se dice católica sin serlo, como en las otras capillas e iglesias.

Esa es la importancia de guardar el testimonio de la palabra, de la buena nueva, del Evangelio, que haya apóstoles generosos que lo dejen todo para predicar la palabra de DIOS y en el nombre de DIOS salvar las almas que están en el mundo como están los peces en el mar; así en el nombre de DIOS lograr su salvación. Esa es la misión de la Iglesia y la importancia de que la Iglesia guarde la verdad, guardar la verdad que la hace ser el cuerpo místico de Nuestro Señor JesuCristo.

Pidamos a la Santísima Virgen María meditar estas cosas para no ser católicos a medias, mundanos, sino de verdad tratar de reformarnos para no dejarnos llevar por el mundo que cada vez nos quiere absorber y en esa medida volvernos menos católicos y menos de DIOS. Imploremos a Ella que nos ayude a ser fieles testigos de DIOS y fieles transmisores de la palabra de Nuestro Señor JesuCristo para la salvación de las almas+

P. Basilio Méramo
16 de junio del 2002

miércoles, 12 de junio de 2013

PUNTO FINAL SOBRE EL TEMA DE FORO CATÓLICO (SE LO DIJE PADRE)




ULTIMA PALABRA Y PUNTO FINAL

 

Es evidente que es estéril discutir con Foro Católico, pues lo que le interesa a su director, Juan Carlos Fernández Vaccaro alias Logan, no es la verdad, sino el sabotear, minar y destruir a la resistencia Católica y a los grupos tradicionalistas, demoliendo y desacreditando toda expresión de la verdad.

Pareciera ser un agente de la Revolución anticristiana judeomasónica, que encubierto bajo las apariencias católicas infiltra sus filas para destruirlas; por eso más que Foro Católico es un Forro Católico, es decir una cubierta o pantalla que le sirve para lograr su diabólico cometido; de aquí su aversión y odio sistemático a todo lo que es tradicional y católico, como lo es Monseñor Lefebvre y su obra la Fraternidad Sacerdotal San Pio X; no hablo de la neo Fraternidad, bajo el mando de Monseñor Fellay y sus secuaces, que son unos viles y serviles traidores a la obra del fundador, pues Monseñor Fellay es un demócrata liberal con una mentalidad modernista, cual lo prueba el haber gastado una millonada buscando la asesoría de empresas que fraguan las imágenes empresariales para que su éxito sea obtenido.

Foro Católico está al servicio de las tinieblas, pretendiendo dirimir un aparente catolicismo, pero en realidad lo que hace es como un francotirador que dispara en todos los sentidos, para destruir, confundiendo y pervirtiendo a los pocos que resisten al modernismo; enarbola una verdad teórica, y en la práctica no deja ninguna en pie.

Con los agentes de las tinieblas, “nulam parte habemus”.

P. Basilio Méramo

Bogotá, 11 de junio de 2013

 
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

"AVE  MARIA PURISSIMA"


Reverendo  Padre,  hace  rato  ya  que  se lo vengo  diciendo,  el  foro logatolico, esta  dirigido y compuesto por una especie de apologética, que  a  todo le tira y a nada le pega,  bueno,  la verdadera razón por la que no firma  el autor  con  su nombre  es porque sospecha  que  su padre  y  su  madre  fueron  hebreos,   y ahora reniega  de   quien  antes decía  era  su esposa,  y con quien  sabrá  DIOS  si  vive  o  vivió,  sin o con  sacramento,  por las  mismas  probabilidades,  y  si  tuviese  hijos,  de  ellos  sopecharia  de  sus  vínculos  con la sinagoga  de  satanás,  eso  si,  no  se le  ocurra  mencionar  que  san pedro  fue  Un papa,  casado,  o que  san  juan  fue  judío  porque  eso, para  la  nueva  iglesia irlandesa  de  Foro Logatolica,  es  una  tremenda  Blasfemia,  no  son  capaces  de entender,  que  para  que  la  Esposa,  se  convirtiera  en la  GRAN  RAMERA  apocalíptica,  era  necesario,  que  fuera  La  Esposa  la  corrompida,  y  no  una  sirvienta,  ni  una suplantadora,  ni  tampoco,  pudo  haberse  consumado  tal,  con  un  tálamo  vacante,  no  son  capaces  de  entender  ni  al  Evangelio,  que  nos advierte  fuerte  y  claro,    que  Cuando vieres a la  Abominación instaurada  en el  Lugar  santo,  (Daniel Sto. Profeta),    Si  alguien  os  dijere que el cristo  esta  en  el  fondo,  (ACUERDISMO  Y  FELONES),  OS SI  OS  DIJERE  QUE  ESTA  EN  EL  DESIERTO,  los  tin  tans  tucs,  los  Carmona  y otros  payasos  similares,  NO LES  CREYERES,  EN  FIN  ESE  PEDAZO  DE  buey,  (con perdón  de los  hermanos  bueyes),  No  se peina,  por temor  a  encontrar  a  un  buey   hebreo  en la  imagen del espejo.



SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto González
Editor.

domingo, 9 de junio de 2013

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
La Iglesia nos propone en el Evangelio de este día la misericordia de Dios. Nuestro Señor aprovecha la presencia de los escribas y los fariseos que, como letrados, son los más celosos religiosos del pueblo de Israel; estos murmuran por ver que la gente común y corriente, los pecadores y los publicanos, se acercan a nuestro Señor, que no era ningún príncipe remilgado, ningún señorito bonito que no permitiera a la gente más humilde acercarse a Él; esto era inadmisible para esta elite religiosa cuyo pecado de soberbia llegaba al punto de despreciar al pueblo y a todos los demás creyéndose únicos y privilegiados, buenos, santos. Nuestro Señor entonces aprovecha para hacerles ver que es otra la idea que se debe tener de Él, quien ha venido por los pecadores, o sea por absolutamente todos.

A excepción de nuestra Señora la Inmaculada, únicamente Ella, por una gracia especialísima que la preservó de la corrupción de todo yerro, el resto, todo hombre que viene a este mundo, es un pecador. Por eso viene Dios, para remediar el pecado, el mal y toda la miseria que conlleva. Somos débiles, una raza deteriorada después de la caída de nuestros primeros padres, quienes fueron creados en estado de perfección. Pero después del pecado nacemos ya con el lastre que se va acrecentando a través y en el transcurso del tiempo por la suma de todas las faltas.

El peligro del naturalismo consiste precisamente en olvidar, como lo hace Rousseau, al decir que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe. El hombre nace malo a raíz del pecado original y por eso un niño que no tiene uso de razón se inclina a lo malo; ven sus padres que toma las cosas sin permiso, dice mentiras y todavía no es capaz de pecar porque aún no tiene suficiente juicio; ese capricho que vemos es a causa del pecado original, mal que queda aun después del bautismo, afectando nuestro cuerpo y nuestra carne. Esto explica que el hombre no nace bueno ni es la sociedad la que lo corrompe, porque si fuera bueno la sociedad lo sería también y ésta no es buena porque el hombre no lo es, y no somos buenos porque no luchamos contra nuestras malas inclinaciones y pasiones.

Nuestro Señor muestra en estas dos parábolas lo que Él viene a hacer: buscar la oveja descarriada, la perdida, dejando al resto, y esta oveja somos todos nosotros. Que hay mucha más alegría en el cielo por un pecador que hace penitencia, que por noventa y nueve justos, nos muestra la misericordia de Dios. Misericordia que no es más que el amor sobre las miserias nuestras ya que normalmente se ama lo bello, lo bueno, lo puro, lo perfecto; y, ¿cómo va a amar Dios en nosotros esa belleza, esa pureza que no tenemos? Es entonces un amor que reposa sobre las desdichas humanas. Dios hace todo lo posible por buscarnos, por encontrar al pecador para que se convierta y se arrepienta. Pero ¡ay, si no nos arrepentimos! Se torna en un drama porque Dios ya no puede seguir siendo misericordioso, no nos puede seguir amando y cuando en la hora de la muerte le rechacemos, ese es el estado de las almas que se condenan eternamente en el infierno.

Dios hace todo durante la vida que tengamos pero ¡ay de aquel que no corresponda!, porque ya Dios no puede hacer más, con todo su poder infinito no puede obligar a que un alma le ame si ella no quiere. Ese es el precio de la libertad, tanto humana como la de los ángeles.

Hoy se pregona la libertad para todo menos para recordar que ese albedrío en primer lugar lo tenemos para corresponder voluntariamente al amor divino que Dios nos tiene. De ahí se desprende todo lo demás; dice San Agustín: “Ama a Dios y haz lo que quieras”, porque ya no puede hacer otra cosa sino corresponder con ese amor a Dios. Y no el amor que el mundo entiende como tal, por libertad; esa es una concepción pagana y antinatural, desenfreno para los hombres de vestir como mujeres, con aretes y colas y las mujeres vestidas como hombres, comportándose como ellos. No sigo enumerando, pero cada uno podrá incrementar la lista. No es para eso la libertad, para nuestros caprichos ni para nuestros egoísmos sino para corresponder al amor de Dios y encaminar todos los actos de la vida a esa correspondencia del amor divino y más aún, cuando Él se ha Encarnado y muere en la Cruz. Lo terrible es no darnos cuenta de ello.

Pero más espantoso todavía es no recordar al mundo de hoy en su impiedad, el eterno castigo justamente merecido por no amar a Dios, porque Él no puede obligar al alma a que le ame. Lo mismo que un hombre no puede obligar a una mujer a que lo quiera, porque eso no es posible, pues mucho más imposible es que Dios nos fuerce, porque incluso un hombre puede engañar y seducir a una mujer insistiendo para lograr al fin y al cabo una respuesta según sus deseos, pero Dios no puede valerse de esas argucias porque respeta infinitamente esa decisión libre de su criatura, y el amor solamente con amor se paga.

Esa es la gravedad de conculcar y profanar y no corresponder al amor divino, a la misericordia que Dios y nuestro Señor Jesucristo nos tienen. Por lo mismo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente. Tenemos el ejemplo de la Magdalena, quien después de ser una gran pecadora, De tener cinco maridos sin ser ninguno de ellos el verdadero, llega a ser una gran santa, porque después de arrepentida vivió como una verdadera anacoreta, en una cueva, haciendo sacrificio y penitencia. María Egipciaca que desde los catorce años aproximadamente se prostituyó no por necesidad sino por placer y ya arrepentida se retiró al desierto, y quien poco antes de morir fue descubierta, cuenta su vida y pide la comunión al santo que la encontró, para morir santamente después de una vida de pecado, purificándose durante más de cuarenta años en la soledad y aridez del desierto.

Ejemplos extremos que nos sirven para saber que, por muy pecador, lo grave no es el haber pecado sino el no arrepentirse; eso es mucho más grave. Dios nos invita a la contrición para que nos salvemos. Esa es la idea de las dos parábolas y por eso hay que insistir, para que sea mucho más fuerte la misericordia del amor divino que la obstinación en el pecado cuando no nos queremos arrepentir del mal hecho. Esa es la esperanza que debemos tener porque muchos en su yerro desesperan temiendo que Dios no les conceda el perdón y es un gran error, porque nuestro Señor se muestra misericordioso y dispuesto siempre a perdonar. Nadie desespere por grave y bajo que haya caído, porque Dios no lo rechaza, ni lo detesta ni lo aleja, todo lo contrario, lo va a recibir. Eso era lo que pensaban los escribas y fariseos, que los pecadores no tenían acceso a Dios; pues todo lo contrario nos demuestra nuestro Señor.

Pidamos a la Santísima Virgen María, a la Inmaculada, que nos ayude a comprender estas cosas y tengamos siempre la esperanza en la misericordia de Dios. +

PADRE BASILIO MÉRAMO
9 de junio de 2002


viernes, 7 de junio de 2013

Fiesta del Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Después de celebrar el primer domingo del tiempo de Pentecostés y el misterio de la Santísima Trinidad, la Iglesia quiere conmemorar, próxima a esa fecha y durante este mes de junio, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que relativamente es nueva o moderna, pero que es tan antigua como es el amor de Dios y más aún el amor de nuestro Señor Jesucristo crucificado. El corazón es el símbolo, el signo, la imagen que expresa y que manifiesta ese amor; éste, aun en los humanos; pero el humano es apenas el reflejo divino, del de Dios, y por eso la celebración de hoy nos manifiesta el amor divino de nuestro Señor que Encarnado se inmola en la Cruz.

Dios es en sí mismo amor y se refleja en esa vida de la Santísima Trinidad que a sí mismo se basta, que no necesita absolutamente de nada; pero como el querer es difusivo de sí como el bien que se desborda hacia afuera por amor, Dios crea el universo y a nosotros. Pero no solamente nos crea por ello, sino que quiere también que gocemos eternamente de él, y por eso, todo el universo debe converger hacia Él a través de las criaturas inteligentes como los ángeles y los hombres.

Y ese primer rechazo a la adoración de Dios en esa primera gran apostasía de los ángeles, de las virtudes de los cielos que debían corresponderle libremente, pero muchos no lo hicieron, condenándose así eternamente en el infierno, que es la carencia, la falta de adhesión a Dios; solamente así se explica sin excluir el motivo de la justicia, sobre todo hoy, el infierno que quieren negar, porque se preguntan cómo es posible que si Dios es bueno exista el infierno. Pero es que el querer de Dios tiene sus exigencias; todo es por adoración y ésta exige una correspondencia de la criatura que ha sido creada con inteligencia y voluntad para conocer, amar y servir a Dios; por eso hay que tener en cuenta esas características ineludibles del amor. Porque éste en sí mismo es exclusivo, absoluto, no admite otra cosa; es categórico, donde no existe, por vía de los contrarios hay odio, y de ahí el gran dilema de nuestra respuesta libre a ese querer de Dios, a esa elección que cada uno debe hacer y que hará no solamente a todo lo largo de su vida sino en el último instante de su paso por esta tierra.

La Iglesia es imagen de ese amor que tiene nuestro Señor a los hombres; por eso el matrimonio es imagen de esa unión de la Iglesia con Dios. Y la Iglesia siempre ha insistido en que es indisoluble; aun el mismo matrimonio natural es exclusivo y no acepta divisiones y de ahí la desgracia del hombre si no elige bien. No basta, como piensa el actual mundo, cualquier amor, o como también acontece, llamarle así a cualquier cosa, profanando el divino. Hay exclusión de otra concepción; la salvación fuera de nuestro Señor, de la Iglesia, no existe y no puede existir, son las exigencias de ese amor divino. Y son tan terribles esas demandas, tan celoso es el amor, que si no se responde, está y existe la condenación eterna, ese estado de falta de caridad y de eterna desesperación en el odio por no estar sustentados en el querer de Dios.

Esas llamas que afligen los sentidos, el cuerpo, no harían sino distraer un poco el dolor del alma en ese estado de desamor y de odio; para que nos demos cuenta como pálida imagen de lo que quiero decir, como cuando tenemos un dolor fuerte, si aparece esta molestia en alguna otra parte del cuerpo distrae la intensidad del inicial; así, lo peor del infierno no serían las llamas eternas sino el estado de oposición a Dios, de falta de amor a Él y, por ende, de odio. Muy distinto es el cielo para aquellos que responden al querer divino, donde se goza amando.
Esa es la importancia de la elección permanente y constante que debemos hacer todos los días, hasta el último suspiro, pidiéndole a nuestro Señor la gracia de la perseverancia final y que no nos dejemos eclipsar por falsos amores que nos separan de Dios; como decía San Agustín: “Dos amores crearon dos ciudades, el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo creó la ciudad de Dios, y el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, creó la ciudad del hombre”. Esta última ciudad es la que tiene carta de residencia, la de la revolución, la del nuevo orden mundial, la del imperio no solamente de las finanzas que dominan el mundo, sino del dominio del príncipe de este mundo que culminará con el reino del anticristo por no haber aceptado el Reino de Cristo, por no haber aceptado la ciudad de Dios.

Pero así y todo, el Sagrado Corazón nos promete su victoria final sobre todo mal. Esa es nuestra gran esperanza, porque solamente así podemos perseverar, si somos fieles al amor de nuestro Señor. Fidelidad para con la Iglesia católica, apostólica y romana; no se puede eludir y no por una falsa concepción de Iglesia como pretende la libertad religiosa que hace facultativa esa respuesta de amor a nuestro Señor. No es autoritaria, es grave, es una exigencia del amor que es más fuerte que la muerte y cuando no se le responde, engendra la muerte. Ese es el terrible estado de separación, de ruina eterna de las almas que se condenan.

Debemos en consecuencia cada día mirar nuestra salvación con la esperanza que nos da el Sagrado Corazón. Esa confianza tiene un nombre y se llama fidelidad. Que tengamos a nuestro Señor Jesucristo, que guardemos su palabra porque quien le ama la guarda, como Él mismo lo dice. Tenemos que defender su palabra. Esa es la misión de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, guardar la palabra y el Evangelio de Dios, el depósito de la fe en medio del mundo impío donde el enemigo ha copado todos los puestos de gobierno y ha infiltrado la Iglesia; eso es lo que quieren decir todos los mensajes de nuestra Señora, eso mismo nos dice la Sagrada Escritura, que nuestro combate como cristianos católicos, como fieles a nuestro Señor no es un combate contra la carne, o sea contra los hombres de carne y hueso, sino que en última instancia es contra espíritus malignos, contra Satanás.

Mirado con ojos de fe, es el terrible estado en el que nos encontramos. Por eso, monseñor Lefebvre no quiso inventar nada sino simplemente transmitir como un apóstol de la Iglesia, como un verdadero misionero, lo que él recibió y quiso legarlo hasta el fin. Esa es la misión de la Fraternidad como la única institución de la Iglesia, que como tal quiere y mantiene viva esa palabra de Dios, no a medias, no con componendas, sino con la libertad de los hijos de Dios, de la palabra de Dios, del Espíritu Santo que sopla por doquier.

Ahí está el origen del ataque contra esta institución y por eso el “sambenito” que nos toca llevar con mucha altura no solamente a los sacerdotes sino también a los fieles, sin asustarnos, para poder fielmente corresponder a ese amor de Dios. No es que la Fraternidad se crea la Iglesia, sino que es la parte sana de la Iglesia que defiende públicamente la palabra divina, porque se trata de los actos públicos, ya que los actos privados de nada sirven cuando el debate es público. Eso fue lo que siempre quiso la revolución, que el sacerdote y la religión no salieran de la sacristía y eso se nos pide, que no hablemos, que no gritemos, que no digamos, y esa es la oposición. Todos los fieles tenemos que entenderlo para permanecer unidos en la verdad y en la fidelidad al amor de Dios, salvar las almas, poder convertir a aquellos que de buena voluntad estén en el error, y defendernos del enemigo hasta que se conviertan. Porque la Iglesia espera que algún día llegue la conversión de los judíos, del pueblo elegido, que por rechazar el amor de Cristo azota a la Iglesia hasta ese momento de su conversión y por eso la Iglesia gime con dolores de parto.

Debemos por lo mismo pedirle a nuestra Señora, a Ella, que tuvo ese amor inigualable y virginal, excelso. Nadie puede amar a Dios y a nuestro Señor Jesucristo como Ella le amó, porque correspondió plena y virginalmente a ese amor. Amor virginal que el mundo tiene olvidado y que, antaño, cuando alguien se casaba, siempre se tenía en mente la virginidad, la fidelidad de la mujer que contraía las nupcias, símbolo de esto es el vestido blanco que hoy ha perdido su significación. Nuestra Señora es entonces la expresión del amor limpio que corresponde a nuestro Señor. También el amor puro de San Juan, el discípulo amado entre todos los discípulos por haber permanecido virgen, es decir fiel, adhesión espiritual sin contaminación, sin corrupción.

Por eso también la Iglesia celebra la fiesta de las Vírgenes, de las mujeres vírgenes; con los hombres habla de doctores, confesores porque hay toda una concepción que irradia y representa ese amor. Amor que como ejemplo de pureza dio nuestra Señora con su vida. Pidámosle a Ella que espiritualmente permanezcamos vírgenes en esa respuesta de amor para excluir el pecado que nos corrompe, contamina y separa de Dios. Esa es la santidad que pide a todos nosotros la Santa Madre Iglesia. +

PADRE BASILIO MÉRAMO
7 de junio de 2002

jueves, 6 de junio de 2013

RESPLANDECIENTE LA IGNORANCIA Y AUSENTE LA INTELIGENCIA.

RESPLANDECIENTE LA IGNORANCIA Y AUSENTE LA INTELIGENCIA.
FORO CATÓLICO SE EXPRESA.


Para el director de Foro Católico lo importante es repeler (agere contra), sin reflexión ni estudio de lo que se le responde con pruebas, todo argumento que lo contradiga, con los escasos conocimientos que manifiesta sobre el tema, pretendiendo ser maestro cuando ni siquiera es aprendiz. No en vano el refrán advierte que la ignorancia es atrevida, y así mismo las Sagradas Escrituras también nos dicen que el número de los estultos es infinito. Hoy en día parece tener esto su plena realización teniendo un digno representante con Foro Católico.
En primer lugar hay que observar que en un principio se equivocó por ignorar que hay 2 cardenales que tienen el mismo (parecido) apellido diferenciándose solamente por la letra B o V, lo cual lo llevo a decir que por eso los lefebvristas estaban tan errados al tener a semejantes autores, no sabiendo que el autor citado era el gran Cardenal Billot, celebérrimo maestro en Roma, quién fue incluso profesor del P. Castellani, y este señor que se las da de sabelotodo, lo confundió con el Cardenal Villot gran hereje modernista y masón con poder en la Curia Romana; advertido del craso error por alguna mano amiga más versada, corrige quitando el nombre Jean reemplazándolo por el de Louis pues había escrito Jean Billot para cambiarlo luego por Louis Billot. Pero se le paso corregir (hacia el final) el pasaje en el que hasta ayer se leía Jean Billot, quedando así la traza de su error. Sin embargo sigue empecinado en su total obstinación, descalificando a uno de los teólogos más renombrados del siglo XX en Roma, como fue el Cardenal Billot, para decir con total impunidad, que se trata de un hereje condenado, como puede hacerlo un loco o un ignaro atrevido, cuando no fue ni hereje ni condenado, sino que en franca oposición a la política de Pío XI, que condenaba la Acción Francesa inducido por la presión masónica, y no estando de acuerdo, renuncia al cardenalato valiente y honrosamente.
Cabe decir que Pío XII levantó esa condenación contra la Acción Francesa y recordar que el gran San Pío X había dicho al respecto: “damnabilis sed non damnata” -es condenable, pero no hay que condenarla- por la razón de que eran los enemigos de la Iglesia los que más se beneficiaban con esa condenación en aquel momento, destruyendo toda la resistencia en Francia. Pero nuestro despistado escritor presumiendo de muy versado y docto, continúa hablando de herejía y condenación del Cardenal Louis Billot, lo cual es un gran error, típico del que habla conociendo algunas cosas, pero sin tener la visión armónica o arquitectónica del todo.
De otra parte, pretende enseñar cómo se debe firmar, cuando él ni firma propia tiene, pues siempre actúa bajo un seudónimo que le sirve de mascara para atacar
sin que lo identifiquen, como hace un bandido o criminal que oculta su identidad para mejor delinquir con total impunidad.
Dándoselas de muy teólogo, habla erróneamente de inerrancia de la Iglesia (quizá queriendo decir indefectibilidad), no sabiendo que la inerrancia se refiere a las Sagradas Escrituras, y que consiste en la inmunidad de toda posibilidad de error y de todo error de hecho, propia de la Sagrada Escritura en virtud su inspiración divina.
Todavía sigue sin entender lo que el Código de Derecho Canónico (1917) dice cuando afirma: “No se ha de tener por declarada o definida dogmáticamente ninguna verdad mientras eso no conste manifiestamente”. (Canon 1323 §3). Queda claro que no invento nada, es el canon que lo dice, pero si no entiende lo que dice el canon como va a saber.
El problema es, una vez más, que no es capaz de comprender y no se da cuenta que este canon está hablando del Magisterio Extraordinario Universal, que es el que da definiciones solemnes y por eso dice el Canon 1323 § 2: “El dar definiciones solemnes, pertenece tanto al Concilio Ecuménico, como al Romano Pontífice cuando habla ex cathedra”. Esto se refiere al Magisterio Extraordinario Universal, y no al Magisterio Ordinario Universal que también define, pero sin emitir juicios o definiciones solemnes (sollemni iudicio) que se dan por el Magisterio Extraordinario, mientras que las definiciones comunes o simples (no solemnes o por juicios solemnes) las da el Magisterio Ordinario Universal, pero esto es mucha distinción para nuestro “teólogo” que seguirá sin entender una vez más, al juzgar por su proceder. Y esto se debe a que las definiciones solemnes, son irreformables, mientras que las definiciones simples, siempre pueden tener una mayor explicitación en cuanto a las palabras o a las formas, aunque quedan definidas en cuanto al sentido.
Así pues tenemos, dos tipos de definiciones: las solemnes ejercidas por el Magisterio Extraordinario Universal (Concilio Ecuménico o el Papa -el solo- cuando habla ex cathedra), y las simples del Magisterio Ordinario Universal, que definen el sentido de las palabras, pues como dice Marín Sola O.P: “Determinar o fijar infaliblemente el depósito divino, es lo que se llama definición de fe por la Iglesia” (La Evolución Homogénea del Dogma Católico, BAC, Madrid 1963, p. 267).
Pero nuestro sabio teólogo no distingue tampoco, que una cosa es que algo sea verdadero y otra cosa es que esa verdad sea definida por la Iglesia, pues todo lo definido por la Iglesia es verdadero, pero no todo lo verdadero está definido por la Iglesia, pero esta verdad tan meridiana y paladina, nuestro contendor ni la ve, ni de lejos ni de cerca. Es por eso que los hechos dogmáticos, para que sean formalmente dogmáticos, tienen que ser definidos, si no los define la Iglesia, no lo son; por eso
un santo, hasta que no sea canonizado, no es de fe que lo sea, por más que en el cielo esté.
Bueno, creo que con esto queda archiprobada la necedad de este personaje, que no se quiere dar por enterado, pretendiendo enseñar lo que no sabe.
Y espero que esta vez respete el derecho de réplica, que consiste en otorgar el espacio para que el afectado exponga su defensa a los ataques hechos por el medio periodístico o lo arguya, publicando íntegro el escrito y no lo que tiene por costumbre, que es hacer un artículo suyo comentándolo, fragmentado. Hasta esto parece que no sabe distinguir.
P.Basilio Méramo
Bogotá, 6 de Junio de 2013

___________________________________________________________________________________



"AVE MARIA PURISSIMA"

     Reverendo Padre,  realmente  es  de admirar  su tesón,  en aras de corregir  a tan estulto personaje,  que  quien  actuando  incluso  en  su contra,  como  lo ilustra el evangélico,  como  cerdo  al  haber recibido flores y perlas,  y usted  se  sigue dignando  intentar  la  llama extinta  de la vera ciencia, que "otrora" intentamos, en base  a la  sana doctrina,  al  magisterio infalible,  y al mejor  estilo mayéutico,   sin  embargo,  le pongo sobre aviso,  que  el  estulto  de marras,   no  hace mas  que  copiar y pegar,  no  es  mas  que  un "erudito Diesel"  (dice..el  que  es  erudito,  incapaz de  comprender a  guisa  de ejemplo,  que  la  frase  "Ipso Facto"  que  significa,  por  el mismo  hecho,  NO incluye  la terminación  que  el  tonto pretende  de  "Automáticamente o de inmediato,  no entiende  y tilda  de  herejía en la nueva iglesia Foro caotiquista,  que  si alguno  osare  comentar, que  Tanto San juan Apocaleta, como la Santísima Virgen María,  son  de  ascendencia Hebrea,  (que mas Hebreo  que  hijos de David), inmediatamente  es  tratado  como  blasfemo,  y  veinte  etcéteras.

R.Padre,  No  gaste  su pólvora en (chimangos,/ infiernitos).  habemos  pocos Cristianos,  empero es  ahí en donde   necesitamos de sus consejos,  y tradidi.


SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto González
EDITOR.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

domingo, 2 de junio de 2013

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este segundo domingo después de Pentecostés, el evangelio nos presenta la parábola de los convidados al banquete del padre de familia, en que los invitados se excusan. Parábola que, como todas, tiene algo de desproporcionado o de exagerado según el lenguaje humano, pero que quiere a través de esa aparente exageración, expresar, poner en evidencia una realidad sobrenatural de dificil acceso; ese es el motivo de las parábolas, darnos a entender con comparaciones o semejanzas de las cosas cotidianas, las realidades o misterios divinos, para que tengamos así cierta inteligencia de ellos.

Vemos cómo siempre en las Escrituras sale o reflorece ese día de convite, de cena, de gran fiesta e incluso muchas veces de banquete nupcial y podemos preguntarnos el por qué; la sencilla razón de ello es que la caridad, el amor, la amistad, no hay otra manera de expresarla mejor que con la de un banquete, la de una cena en la cual el dueño participa de su casa a sus amigos, a sus convidados, a quienes estima les abre las puertas de su casa y reparte lo que es de él. Hay una comunión. Mucho más cuando se trata de banquetes nupciales, que anuncian la unión de los esposos. Con lo cual Dios quiere también mostrarnos la unión, en primer lugar de la Iglesia con Dios, con el cielo, la unión de Dios con cada una de nuestras almas, en tanto miembros de la Iglesia. Esa es la razón por la cual aparecen en las parábolas estas fiestas, estos convites como en el caso de hoy.

Y vemos que todos los convidados, por razones aparentemente valederas y justas, se dan por disculpados; entonces el dueño de casa se irrita y manda a llamar a todo aquel que encuentre por allí en la calle, tullido, pobre, lisiado, enfermo, ante el rechazo o las excusas de los comensales que fueron primeramente invitados. Alude al pueblo judío, al pueblo elegido, y a los gentiles de la Iglesia que rechazan al Mesías. Es evidente que indica ese hecho, que fueron los primeros convidados. Hay una moraleja para todos nosotros, judíos o gentiles, para todo el mundo, para todos los hombres, que ante Dios no hay excusa que valga por justificada que sea; porque todo, absolutamente todo en el actuar humano público o privado debe encaminarse hacia Dios y si no es inútil, es pecado. De ahí la gran ira, la irritación, porque no hay pretexto que valga ante Dios que nos ama, que nos invita a su banquete para que gocemos de Él en el cielo y que nosotros estúpidamente, con razones que nos puedan parecer válidas, rechazamos el llamado de Dios, el llamado divino; nos disculpamos, “te ruego me des por disculpado porque tengo mucho trabajo, porque tengo una mujer, hijos, una familia, o lo que fuere; abandono a Dios por quehaceres humanos”.

Por eso en primer lugar está Dios, hay que santificar los domingos, hay que preferir siempre en primer lugar a Él y todo lo demás será válido y bueno si está encaminado a su servicio y será mal y será pecado si no va encaminado a Dios. Y por ello concluye este evangelio que: “ninguno de los que fueron convidados ha de probar mi cena”, aquellos que fueron invitados y que se excusaron, no gozarán del cielo. Debemos meditar; que no nos acontezca cuando por múltiples razones, aun valederas, dejamos a Dios en segundo puesto, para que ocupe al fin y al cabo el último; no demos a Dios esas justificaciones. Todo lo que hagamos debemos hacerlo encaminado a Él.

Lo que se encamina a Dios en primer lugar es la salvación del alma, es el cumplimiento de la Ley de Dios por amor a Él, como lo dice en la epístola San Juan, y que sea un verdadero amor que se refleje en el prójimo y no de palabra ni de boca, sino con obras, con hechos reales, que manifiesten y expresen esa caridad al prójimo por amor a Dios. Retengamos estas lecciones, porque somos muy dados, incluso los religiosos, los sacerdotes, no únicamente los fieles, por la fragilidad y la superficialidad humana, por la falta de mortificación, nos dejamos quitar el tiempo que es para Dios; en vez de dedicar todo lo que hagamos para la mayor gloria de Dios, nos olvidamos de Él, las preferimos a Dios y todas son disculpas inválidas, disculpas que son denegadas, porque Dios es nuestro último fin y como fin último es nuestra felicidad, nuestra dicha. Y ¿qué hay ante eso?, ¿qué excusa válida puede haber ante nuestro último fin? Ninguna. Es lo que nos quiere demostrar el evangelio de hoy de un modo patético con esta parábola.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos enseñe a corresponder como Ella, todo para Dios. Que no tengamos excusas. ¿Qué hubiera sido si nuestra Señora se hubiera disculpado en vez de dar el fiat, “hágase en mí según tu palabra”; y ni siquiera se atrevió a decir, “sí, yo quiero”; no, “hágase en mí según tu voluntad”. ¡Qué respuesta afirmativa tan humilde, tan sumisa ante el Creador! Esa debe ser nuestra respuesta, humilde y sumisa ante la invitación de las bodas eternas, al banquete eterno que nos convida Dios nuestro Señor. +

Padre Basilio Méramo
17 de junio de 2001

sábado, 1 de junio de 2013

LO QUE NO SE ENTIENDE NI SE QUIERE ENTENDER (FORO CAOTICO Y ERROR SEDEVACANTISTA EN GENERAL)


Lo que Foro Católico no entiende ni quiere entender, y quizás no sea su culpa, pues si falta entelequia, nada se puede hacer, ya que como es sabido, lo que natura no da, Salamanca no presta.En su celo desaforado, se denota una carencia teológica elemental que lo lleva a interpretar sin ninguna base doctrinal lo que la Iglesia ha definido más allá de los límites que toda definición por fundamento, principio y esencia implica, es decir, limitar, delimitar. Definir, es limitar las cosas según su propia esencia y no más allá de ella, porque eso llevaría a confundirla con las otras esencias que no son ella.Con respecto al Papa solo (unilateralmente), no quieren entender, que es únicamente infalible cuando habla ex cathedra y nada más. Pues la otra infalibilidad que puede ejercer el Papa, pero no ya solo (unilateralmente) sino con todo el Magisterio Universal de la Iglesia, sea este el ordinario, o el extraordinario, pero quede claro, ya no se trata del magisterio único y exclusivo del Papa solo, sino de toda la Iglesia docente, es decir, de todos los Obispos, incluido el Papa como su cabeza, son infalibles, cuando todos reunidos en Concilio o dispersos por el mundo, cada uno en sus diócesis, declaran o enseñan que una verdad es de fe.Pero como no se tiene la más mínima idea sobre el asunto, desconocen que:-1° El Concilio III de Constantinopla (VI Ecuménico 680-681) condenó al Papa Honorio : “Juzgamos que, justamente con ellos, fue lanzado fuera de la santa y católica Iglesia de Dios, y anatematizado también Honorio, otrora Papa de Roma, pues verificamos, por sus escritos enviados a Sergio, que en todo siguió el pensamiento de este último y confirmó sus principios impíos”. (Ds. 552). Condenación de los Monotelitas y del Papa Honorio, 28 de marzo de 681.-2° El Papa San León II condena también al Papa Honorio: “Anatematizamos también a los inventores del nuevo error: Teodoro obispo de Pharan, Ciro de Alejandría, Sergio, Pirro… y también Honorio que no ilustró esta Iglesia apostólica con la doctrina de la tradición apostólica, sino que permitió por una traición sacrílega que fuese maculada la fe inmaculada”. (Ds. 563). Confirmación del Concilio de Constantinopla III por el Papa San León II en agosto de 682.-3° El Papa Adriano II (867-872) dirige al Concilio IV de Constantinopla (VIII Ecuménico 869-870) una declaración pontificia que admite la eventualidad de que el Papa caiga en herejía: “Leemos que el Pontífice Romano siempre juzgó a los jefes de todas las iglesias (esto es, los Patriarcas y Obispos); pero no leemos que jamás nadie lo haya juzgado. Es verdad que, después de muerto, Honorio fue anatematizado por los Orientales; pero se debe recordar que él fue acusado de herejía, único crimen que torna legítima la resistencia de los inferiores a los superiores, así como al rechazo de sus doctrinas perniciosas”. (Billot, Tract. de Eccl. Christi, t. I, p. 611).- 4° En el Decreto de Graciano (siglo XII, alrededor de 1140) figura el siguiente canon atribuido a San Bonifacio mártir: “Ningún mortal tendrá la presunción de argüir al Papa de culpa, pues, incumbido de juzgar a todos, por nadie debe ser juzgado, a menos que se aparte de la fe”. (Canon “Si Papa”).
- 5° El Papa Inocencio III (1198-1216) afirma en un sermón: “La fe es para mí a tal punto necesaria, que, teniendo a Dios como a mi único Juez en cuanto a los demás pecados, sin embargo, solamente por el pecado que cometiese en materia de fe, podría ser yo juzgado por la Iglesia”. (Billot, Tract. de Eccl. Christi, t. III, p. 610).- 6° San Roberto Belarmino refuta de un solo plumazo las objeciones y dudas que puedan surgir al considerar que hubo adulteraciones en los textos al decir: “Sobre eso se debe observar que, aunque sea probable que Honorio no haya sido hereje y que el Papa Adriano II engañado por documentos falsificados del VI Concilio, haya errado al juzgar a Honorio como hereje, no podemos sin embargo negar que Adriano, juntamente con el Sínodo Romano e inclusive con todo el VIII Concilio General, consideró que en caso de herejía el Pontífice Romano, puede ser juzgado”. (De Rom. Pont., lib. II, c. 30, p. 418). Luego, no se puede insistir en seguir afirmando lo contrario, es decir que un Papa legítimo no pueda caer en herejía, pues se caería en el absurdo teológico de considerar como hereje (no sólo a mí), sino aún peor, al Papa San León II, al Papa Adriano II, al Papa Inocencio III y a San Roberto Belarmino, por si fuera poco. Por lo tanto, no le queda más a Foro Católico que reconsiderar y en consecuencia retractarse, so pena de quedar sindicados como pertinaces en la herejía, que injusta e ignaramente me quieren endosar.- 7° Desconocen además, o no entienden, lo que el canon 1323, §3 del Código de Derecho Canónico de 1917 dice que debe constar manifiesta o explícitamente toda verdad que sea declarada como dogma de fe, pues de lo contrario no es tal: “No se ha de tener por declarada o definida dogmáticamente ninguna verdad, mientras eso no conste manifiestamente”. Y como dice en el mismo canon, § 2: “El dar definiciones solemnes pertenece tanto al Concilio Ecuménico como al Romano Pontífice cuando habla ex cátedra”. Y nada más.

Téngase esto bien presente y claro, para que no vengan a decir, con visiones torcidas o miopes, como por ahí hacen al decir que se niega la infalibilidad del Magisterio Ordinario Universal, puesto que el mismo canon, § 1, afirma: “Hay que creer con fe divina y católica todo lo que se contiene en la palabra de Dios escrita o en la tradición divina y que la Iglesia o por definición solemne o por magisterio ordinario universal, propone como divinamente revelado”. Y para que no quede duda de lo que es el Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia, en el comentario a este canon que trae el Derecho Canónico dice: “El magisterio ordinario universal de la Iglesia, es el ejercido por todos los obispos del mundo en sus diócesis bajo la dependencia del Romano Pontífice. Las enseñanzas del magisterio ordinario, tienen igual valor que las del solemne”. Con todo esto, queda bien claro, que el Papa no formula dogmas cada vez que abre la boca siendo infalible, sino única y exclusivamente cuando él sólo habla ex cathedra, o cuando hace uso como cualquier otro obispo en sus diócesis, del Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia, o cuando todos reunidos en Concilio extraordinariamente ejercen el Magisterio Universal de la Santa Madre Iglesia.
-8° Lo definido por la Iglesia, respecto a la infalibilidad del Papa solo (aisladamente) es: “Enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que el Romano Pontífice cuando habla ex cathedra, -esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia Universal-, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia”. (Dz. 1839).

Pero esto no quiere decir que el Papa puede definir cualquier cosa, pues la infalibilidad necesaria para poder confirmar a sus hermanos en la fe, como consta en la misma declaración del Concilio Vaticano I con Pío IX, afirma que: “No fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo, para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir el depósito de la fe”. (Dz. 1836).Y más adelante, se aclara el versículo que tanto esgrimen en favor de su distorsión, al decir: “Esta Sede de San Pedro, permanece siempre intacta de todo error, según la promesa de nuestro divino Salvador hecha al príncipe de sus discípulos: Yo he rogado por ti, a fin de que no desfallezca tu fe y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos [Lc. 22, 32]“. (Dz. 1836).
Con lo cual queda explícitamente claro que ese pasaje está relacionado y se refiere a la enseñanza de San Pedro y todos sus legítimos sucesores sólo y exclusivamente cuando ejerce la suprema autoridad apostólica, definiendo ex cathedra una doctrina sobre la fe y las costumbres, como ya se había visto más arriba. Una y la misma fe, es la que confirma infaliblemente.


- 9° No se puede confundir la infalibilidad del Papa solo, cuando habla ex cathedra, con la infalibilidad de la Iglesia Universal (todos los Obispos incluido el Papa como su cabeza) sea Magisterio Ordinario o Extraordinario.-10° Que el Padre Calderón o algún otro, niegue o ponga en duda que las canonizaciones de los santos sean infalibles y de fe divina, eso no quiere decir, ni permite inferir abusiva y precipitadamente, que digo o afirmo lo mismo, eso demuestra la ligereza y miopía de Foro Católico, porque los hechos dogmáticos como es el caso de las canonizaciones, se asimilan a las verdades reveladas, como es sabido, y esto, es de fe; y al decir de fe, quiero decir que hay que creerlo, como todas las definiciones dogmáticas sean de fe o de costumbres.Sobre lo cual Marín Sola O.P. escribe precisando el tema con claridad: “Está revelado que todo hecho dogmático es infaliblemente verdadero, si la Iglesia lo define”. (La Evolución Homogénea del Dogma Católico, BAC, Madrid 1963, p. 444).“La proposición universal revelada no es solamente que ‘la Iglesia es infalible’, sino que ‘la Iglesia es infalible en todos los hechos dogmáticos’, o lo que es lo mismo, que ‘todos los hechos dogmáticos, una vez definidos, son infalibles’. Y esa proposición tiene el mismo sujeto que la siguiente: ‘este hecho dogmático definido es infalible’. Por eso es de fe divina”. (Ibídem, p. 448).“Aunque la canonización no sea directamente la doctrina misma de fe, pues es un hecho, está sin embargo, necesariamente relacionada con la doctrina de fe. ¿Por qué? Porque en la canonización se prescribe a toda la Iglesia el culto del santo canonizado, y ese culto u honor es como una profesión de fe del dogma de la gloria de los santos. Luego si la Iglesia es infalible en la doctrina de fe, sería impío el creer que sea falible en la profesión de esa misma fe, esto es, en la canonización”. (Ibídem, p. 459).” ‘Creo que tal santo canonizado está en el cielo, porque Dios ha revelado que la Iglesia es infalible en la canonización de todo santo’. Tal acto es evidentemente de fe divina”. (Ibídem, p. 469). Luego no me adjudiquen lo que no digo, porque esto es por mala fe o por ignorancia, o peor aún por ambas.
                                                                                                                 

 
P. Basilio Méramo
Bogotá, 1 de Junio de 2013

 

jueves, 30 de mayo de 2013

SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI (Así habla un Sacerdote Católico, sin ambigüedades, SI SI NO NO)






Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Este jueves de Corpus Christi junto con el Jueves Santo y el Jueves de la Ascensión son los días más solemnes de la liturgia católica.

La fiesta del Corpus Christi está íntimamente ligada con el Jueves Santo, con la Santa Misa y con el sacerdocio; eso hace que sea como el centro, el corazón de la Iglesia expresado a través de la liturgia de este jueves de Corpus. Y la relación que hay entre el Jueves Santo y el de Corpus, consiste en que el Jueves Santo nuestro Señor instituyó el sacerdocio y la Santa Misa. Mandó a sus apóstoles efectuar en conmemoración de Él, de ese testamento, de esa alianza pactada con su sangre por el rescate que Él pagó, redimiéndonos del pecado y del poder de Satanás, la institución de esa conmemoración ocurrida en la Cena del jueves Santo; fue una anticipación del Sacrificio cruento de nuestro Señor en la Cruz. La Santa Misa es, pues, la renovación incruenta de ese Sacrificio del Calvario; la única diferencia está en el modo de ofrecerlo y éste consiste en la Santa Misa, en hacerlo incruentamente bajo las especies del pan y del vino; esa doble consagración prefigura la separación del alma de nuestro Señor, es decir, la muerte y por eso, ese mismo día, nuestro Señor instituyó el sacerdocio en sus apóstoles.

La Iglesia, entonces, al celebrar la fiesta del Corpus Christi lo hace con la solemnidad y alegría debidas, que no se puede hacer el Jueves Santo por la tristeza y el dolor de la Pasión de nuestro Señor que conmemora toda la Semana Santa; así lo celebra hoy con alegría, con esa profusión de fe y esperanza, pero que desafortunadamente en estos tiempos modernos queda eclipsada pasando como un día laboral más, por lo que se va perdiendo su memoria y su importancia. Pero no debemos olvidar que la fiesta del Corpus Christi, del cuerpo de nuestro Señor sacramentado, lo tenemos por el Santo Sacrificio de la Misa. Es la Fiesta del Santo Sacrificio de la Misa; sin este Sacrificio no habría Jesús Sacramentado, no habría comunión, no habría synaxis, si es que queremos usar esa palabra tan utilizada hoy; ni aun en el buen sentido habría comunión, porque, ¿qué comulgaríamos si no hubiese la Misa que es esencialmente el Sacrificio de nuestro Señor bajo las especies del pan y del vino, realizada por el sacerdote en persona Christi, como alter Christi, otro Cristo que es sacramen-talmente instituido por el sacramento del orden?

Todas estas cosas pasan desapercibidas, cuando no negadas por la nueva teología que quita (desacraliza) el carácter de sagrado a lo más sagrado que tiene la Iglesia católica, lo más sagrado del testamento de nuestro Señor, y de ahí la gravedad, desfigurando al sacerdote, no hecho ya para el sacrificio que da lo sagrado, sacra dans, dar las cosas sagradas. ¿Qué más sagrado que realizar en la misma persona de nuestro Señor el mismo Sacrificio de la Cruz renovado, actualizado, sobre el altar de un modo incruento? Esa es la misión del sacerdote. Hoy viene a ser, comparado mundanamente a un hombre más y cuando se celebra la Santa Misa, considerardo como un presidente que dirige a sus hermanos, realizando una synaxis, o un ágape; pero no es un sacrificio, sino una mera conmemoración, recuerdo de lo que aconteció y muchas veces no ya de lo que aconteció en el Calvario sino del misterio Pascual, como hoy tanto se habla.

Y no del misterio Pascual católico, sino del misterio Pascual a la manera judía, esa es la síntesis que hacen los mismos teólogos de la nueva teología, de la definición de la cena eucarística, no como Misa ni Sacrificio, sino conmemoración o memorial de una Pascua al estilo judío. La prueba está en que las oraciones del ofertorio están calcadas de ese ritual de la Pascua judía, con lo cual se puede concluir basados en ese trabajo que se hizo hace poco y que la Fraternidad Sacerdotal presentó a Roma para mostrar la gravedad; y la síntesis que se puede hacer de ese trabajo, es que: la nueva misa por la voluntad de aquellos que la confeccionaron, no es más ni menos que el memorial de la Pascua judía.

Hasta allá se llegó y aunque algunos pretendan que sea el memorial de la Pascua católica, eso sería falso, no es el memorial de la Pascua de la Resurrección, sino de la muerte de nuestro Señor Jesucristo inmolado en la Cruz; no cambiemos los términos, en la teología del dogma cada palabra, cada concepto, tiene su peso específico y no es que no se pueda cambiar ni una palabra, es que hasta ni siquiera una coma y ni una tilde en las cosas que son de Dios y que es Dios quien nos las lega y encomienda para que la Iglesia católica, apostólica y romana las guarde santamente y fielmente las trasmita.

Esto es lo que hace la Tradición. Por eso no puede la Iglesia católica sin Tradición católica custodiar santamente y trasmitir fielmente. Esa es su misión y para ello está investida de infalibilidad, no para proclamar nuevos dogmas ni nuevas verdades ni nuevas cosas, sino para proclamar aquello que en sustancia Dios reveló y que la Iglesia custodia y transmite a través de las generaciones hasta el fin del mundo, para que los hombres adhiriéndonos a la fe de la Iglesia, nos salvemos. Esa es la misión de la Iglesia y no otra; de ahí la importancia, sobre todo hoy cuando la misa romana es atacada y perseguida, esa misa que el Santo papa Pío V, quien fue también inquisidor, canonizó, excluyendo toda posible equivocación o error; por eso es una misa canonizada, por eso es una misa a perpetuidad, por eso la podemos decir nosotros con toda tranquilidad y por eso es un crimen perseguirla, porque sería perseguir a la Iglesia, apuñalar el corazón de la Iglesia, traicionar a nuestro Señor, falsificar su testamento, no sería cumplir su voluntad, no seríamos sus herederos; esa es su importancia.

Y por todo lo anterior monseñor Lefebvre, ese santo obispo de benemérita memoria, prefirió ser insultado, ultrajado, escupido, por defender ese testamento, ese legado, esa herencia de la Iglesia católica; por eso nosotros debemos estar dispuestos incluso a dar nuestras vidas, porque sin eso no hay Iglesia católica, no hay herederos de nuestro Señor, no hay salvación. Pero el mundo de hoy no está solamente imbuido de un nuevo paganismo, sino de la incredulidad y de la impiedad y no respeta nada ni a nadie, no respeta a Dios ni a su Iglesia, solamente se “respeta a sí mismo” proclamándose dios con su “dignidad, libertad y derechos humanos”; esa es la civilización que hoy se entroniza en contra de Dios y de la Iglesia católica, apostólica y romana. Esa es la crisis, dolor y pasión de la Iglesia; no lo olvidemos.

La Santa Misa no es el memorial ni de la Pascua de nuestro Señor ni mucho menos de la Pascua judía del Antiguo Testamento, que era una figura de la Pascua de nuestro Señor, sino que es el Santo Sacrificio del Calvario renovado incruentamente bajo las especies de pan y vino sobre el altar y por eso en la epístola de hoy no se habla de la Pascua, sino de la muerte de nuestro Señor; no dejemos adulterar nuestra religión, no dejemos que nos la cambien, no dejemos que la Iglesia se judaíce. La Historia del mundo gira sobre dos polos, o se cristianiza o se judaíza, a la larga o a la corta, no hay término medio y el mal se acrecentará en la medida en que nos judaicemos en todos los órdenes y niveles. Esa judaización de la Iglesia la estamos viendo; por eso debemos guardar esa fidelidad a nuestro Señor, a su alianza, a su Iglesia, y la mejor manera de servir a la Iglesia, de ser fieles, es conservando la liturgia sacrosanta de la Santa Misa, de la Iglesia católica en toda su pureza, tal cual como lo definió San Pío V.

Por eso, sin pretender ser mejores que nadie, monseñor Lefebvre, con la Fraternidad que él fundó, es la expresión más fidedigna de esa fidelidad a la Iglesia y a nuestro Señor, a la religión católica, fidelidad al Corpus Christi, al cuerpo y la sangre de nuestro Señor que se da como pan del cielo para que, en comunión con Él, dándonos no un banquete, sino su propia carne, integrarnos y asimilarnos en su cuerpo Místico que es la Iglesia, divinizándonos, participándonos de su divinidad; de ahí la necesidad de recibir a nuestro Señor con un corazón puro, es decir, teniendo conciencia de no tener pecado mortal, para no beberlo y comerlo indignamente, para que sea fructuosa esa comunión y como pan del cielo nos lleve en la última hora, en la hora de la muerte como viático al cielo; todas estas cosas significa la fiesta y la liturgia de hoy que pasa desapercibida.

Pidamos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, Ella, que ofreció a su Hijo no como nosotros los sacerdotes de un modo sacramental e incruento sino que lo ofreció en sí mismo en la Cruz, donando, dando al Padre Eterno uniéndose a nuestro Señor en la hora de su muerte; de eso no nos damos cuenta, pero Nuestra Señora hizo ese gesto que le desgarró, que le partió en su ser, ofreciendo a su Hijo amado y por eso Ella está al pie de la Cruz y por eso nosotros tenemos que estar con Ella y quien no está con Ella no está con nuestro Señor. Por lo mismo, no se puede tener a Dios por Padre si no se tiene a María por Madre; por eso Ella es la Madre de la Iglesia, es Madre nuestra. Confiémonos a Ella para que nos fortalezca con esa fuerza que Ella demostró ante la cruz y con esa capacidad de sacrificio y de oblación para que así nos configuremos más a nuestro Señor Jesucristo. +

P. BASILIO MERAMO
14 de junio de 2001