San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












Website counter Visitas desde 27/06/10



free counters



"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





Link para escuchar la radio aqui

martes, 22 de mayo de 2012

SOBRE LA RESPUESTA DE MONSEÑOR FELLAY A LOS OTROS TRES OBISPOS.

La inaudita respuesta de Mons. Fellay a la carta de los otros tres hermanos en el episcopado manifestándoles su desacuerdo, asombra por la estulticia que se consubstancia en el cargo y que con su miopía intelectual no le permite ver más allá de su ilusión.

En la carta se arroga un poder aún en contra de la verdad, que a todo precio pretende imponer cual gurú infalible, como si tuviera una divina misión al pretender ingenua e ignaramente, revertir la Revolución Anticatólica, teledirigida hoy en día desde Roma adúltera y apóstata.

Mons. Fellay, osa imponer su nimio criterio adulado por Roma corrupta, con la prebenda de una Prelatura personal, que le dé estatus canónico y jurídico dentro de la religión de la Gran Ramera o Forneguera Escarlata, cuya visión sorprendió al apóstol San Juan evangelista cuando la vio vestida de oro y púrpura (atributos del poder y prestigio reales) aupada por la bestia del mar, el Anticristo político.

Mons. Fellay, da muestras de poca contextura intelectual y teológica, dado a un falso misticismo, propio de un mistongo, como lo prueba el hecho de dejarse embaucar y deslumbrar por una profetiza suiza, hace algunos años, queriendo reformar la espiritualidad de la Fraternidad legada por su fundador Monseñor Marcel Lefebvre. Esta iluminada de lo alto, caló en la sensibilidad endeble de Mons. Fellay, pero no lograron salirse con la suya en su momento, por la fuerte oposición de los demás miembros de la Fraternidad, lo cual muestra su inclinación ciega e
ingenua ante lo numinoso y aparicionista.

Hoy pretende ser el emisario único y privilegiado para solucionar la crisis actual, cuyas dimensiones esjatológicas o apocalípticas, desconoce y le superan.

Mons. Fellay reprocha a los otros tres Obispos, dos graves errores, según su visión miope de gurú iluminado (alumbrado) revestido de mando y poder que se enseñorea sobre toda la Tradición llevándola a la formal y pública claudicación.

Estos dos errores consisten según él, en que estos tres Obispos: Mons. Tissier de Malerais, Mons. Williamson y Mons. de Galarreta, adolecen, ante la grave crisis actual de la Iglesia, de lo sobrenatural y de realismo; carecen de visión sobrenatural, por no ver en la Iglesia Oficial (actual) la Iglesia visible que tiene a Benedicto XVI como legítimo Papa, ni que aún Jesucristo puede hablar por su boca; que su voluntad es legítima y además buena hacia la Tradición, sin ver tampoco que Nuestro Señor Jesucristo dará los medios y las gracias necesarias. Benedicto XVI quiere solucionar el problema, lo cual es una preocupación de su pontificado y esto es por tanto una voluntad irrevocable y justa que manifiesta.

Por esto tienen una visión de la Iglesia demasiado humana e incluso fatalista. No ven la asistencia de la gracia y del Espíritu Santo, solo ven los peligros y las conspiraciones, las dificultades. Por si esto fuera poco, carecen además, según el iluminado Mons. Fellay, del realismo; de una parte haciendo de los errores de Vaticano II superherejías, y esto es una caricatura de la realidad que los lleva a un endurecimiento absoluto y conduce a un verdadero cisma, de otra parte, no todos
son modernistas, ni están podridos todos, como piensa Monseñor Fellay.

La perspectiva de Mons. Fellay, no es solo ingenua e irreal, sino que es hipersobrenatural, cual sería la de un iluminado que no considera el elemental principio teológico, sobrenatural y realista que dice: la gracia (sobrenatural) supone la naturaleza; ya que la gracia actúa en una naturaleza humana o angélica (inteligente y libre). No actúa ni puede actuar en una piedra ni en un animal bruto o sin razón, ni voluntad.

Monseñor Lefebvre fue el primero en señalar clara y categóricamente que la Iglesia Oficial (post conciliar) no se identifica necesariamente con la Iglesia visible de Dios, así decía: “¿Dónde está la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica. Les pregunto ¿Dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la Iglesia oficial (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, lo que somos? Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial”. Y recalca: “Por supuesto, se podrá objetarnos: ¿Es necesario, obligatoriamente, salir dela Iglesia visible?, no somos nosotros si no los modernistas, quienes salen de la Iglesia. En cuanto a decir ‘salir dela Iglesia visible’, es equivocarse asimilando Iglesia oficial con la Iglesia visible”.

Esto es lo que Mons. Fellay, el P. Schmidberger y sus incondicionales, cegados y obcecados en su error, no distinguen ni ven, ni quieren entender.

Monseñor Fellay está en plena ilusión al juzgar por las palabras mismas de Mons. Lefebvre al decir en una entrevista -un año después de las consagraciones- : “Fideliter -Algunos dicen, si pero Monseñor tendría que haber aceptado un acuerdo con Roma, porque una vez que la Fraternidad hubiese sido reconocida y las sanciones levantadas, habría podido actuar de una manera más eficaz dentro dela Iglesia, mientras que ahora se colocó afuera.

Monseñor - Son cosas fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿qué es lo queeso quiere decir? Y en primer lugar, ¿de qué Iglesia se habla? Si es la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros que luchamos contra ella durante 20 años, porque queremos Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esta Iglesia conciliar, para supuestamente volverla Católica. ¡Es una ilusión total!”. (Fideliter n° 70 Julio-Agosto de 1989).

Es evidente por estas palabras de Monseñor Lefebvre que Mons. Fellay y su camarilla, son unos ilusos totales, y que el continuar en su empeño ante una total ilusión, es un signo de debilidad mental o de un gurú mistificado, engreído en su divina misión, cual Supermán de la Iglesia y de la Tradición, que va a revertir la Revolución anti Católica. Únicamente un iluso iluminado o alumbrado, puede pretenderlo, acusando gravemente a los que se le oponen de carecer de lo
sobrenatural y de realismo. ¿Abrase visto mayor ilusión y orgullo? Ni que fuera una paranoia religiosa la que lo anima a Mons. Fellay.

Monseñor Fellay, basa su sobrenaturalismo, en la ferviente y dogmática idea de que Benedicto XVI es ciertamente, absolutamente Papa, que su voluntad es legítima y que Dios puede hablar por su boca. Aquí hay un error por carecer de teología, tomando como materia o sujeto de fe, algo que no lo es, esto es, el dogmatismo teológico del ignaro, que hace dogma de fe (o lo tiene por tal) cuando en realidad no lo es. También hay que recordar que Dios puede hablar por la boca de la burra de Baalam o hacer que las piedras hablen.

Sirva un ejemplo muy ilustrativo que trae Santo Tomás de Aquino, cuando habla de la fe como certeza divina que no yerra y trae a relucir el caso de la hostia que los fieles adorarían y que no ha sido consagrada, como podría ser el caso de tal o cual (ésta) hostia en particular. La respuesta es que lo que es de fe, es que toda hostia válidamente consagrada, contiene real y substancialmente el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Cristo, pero que ésta hostia en particular (hic et nunc) contenga la divina presencia, no es de fe, pues puede caber un margen de error voluntario o involuntario que impida la consagración. Sin querer se vea expuesta al error, la fe de los fieles y de la Iglesia.

Lo mismo ocurriría con el Papa, todo Papa legítimo es verdadero y real Papa, pero que este Papa en particular, por ejemplo Benedicto XVI sea Papa, no es de fe, pues está en juego justamente su legitimidad, dados los actos que contradicen a cada paso la fe de la Iglesia, siendo posible que no sea real y verdadero Papa, sin que la fe de los fieles y de la Iglesia se equivoque. Tenemos el caso de San Vicente Ferrer, quien tuvo por verdadero y legítimo Papa a Benedicto XII (el Papa Pedro de Luna) que fue un antipapa, se equivocó y no pecó contra la fe, al considerar como falso al verdadero Papa que si lo era.

Monseñor Fellay ha caído en la dialéctica falsa y apriorística de creer que necesariamente tal Papa, como Juan Pablo II o Benedicto XVI, es por dogma de fe, verdadero y legítimo Papa. Y el que no piense así, o lo ponga en duda, peca contra la fe y esto es un grave error por no saber distinguir exactamente cual es el sujeto o materia de fe.

Si esto no fuera así, jamás Monseñor Lefebvre (ni los teólogos todos salvo el holandés Pighi) hubiesen considerado el caso teológico de la Sede Vacante por cisma, herejía o apostasía. La misma discusión que hay teológicamente con las discrepancias, prueban y confirman que teológicamente puede darse el hecho (ser posible), pero Roma modernista y apóstata ha muy hábil y sutilmente creado una dialéctica maquiavélica sobre el tema, para que no se ponga ni en duda la ilegitimidad de los Papas conciliares, y el que se atreva a hacerlo, ser descalificado como paria, desechable, convirtiéndose el tema en un tabú teológico que les permite seguir pontificando en el error y violando la fe pura y virginalmente inmaculada sin que nadie lo impugne.

Monseñor Lefebvre llegó a decir si ser ningún hereje: “Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás en la Iglesia; que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en los cultos de los falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Qué conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunión con los falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, si, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje, pública y formalmente? (Sermón del Domingo de Pascua del 30 de Marzo de 1988 en Ecône).

Monseñor Lefebvre en su conferencia en Ecône, del 15 de Abril de 1986, sacó a relucir lo que dijo en su Sermón de Pascua y señaló: “¿El Papa es aún Papa cuando es hereje? ¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso que en todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión. No sé. Entonces, ahora, ¿es urgente hablar de esto? … Se puede no hablar, obviamente… podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas entre seminaristas, entre sacerdotes…

¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: no, no habléis a los fieles, van a escandalizarse. Eso va a ser terrible, eso va a ir lejos… bien. Les dije a los sacerdotes en París, cuando los reuní, y luego a vosotros mismos, ya os había hablado, les dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles. No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos… no, pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe”.

Esto se ha prohibido, perseguido de muchos modos en la Fraternidad; primero con el P.Schmidberger cuando era Superior General, ahora con Mons.Fellay manteniendo así a los fieles en la ignorancia. Tocar el tema era y es peor que contagiarse de lepra o sida, un verdadero tabú que descalifica al que se atreva hacerlo. Pues nada haría temblar más a roma apóstata que poner en duda pública y objetiva su legitimidad, o impugnar su autoridad al servicio de la contra Iglesia, Sinagoga de Satanás, cumpliéndose la profecía de La Salette “Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo” (religioso).

El irrealismo de Mons. Fellay es tal, que tilda a los otros tres Obispos de irreales, al ver en los errores del Concilio Vaticano II, superherejías, como si no bastara con las herejías, que son ya en sí mismas desastrosas. Claro, cómo no va a decir esto, si ya había afirmado que aceptaba el 95% del Vaticano II?, y que iría corriendo a Roma (Modernista) si lo llamaban.

Es sorprendente todo esto, pero como él mismo reconoce, el no ver el apoyo de los tres Obispos los alejó, sin embargo siguió con su propósito, hasta que ahora reventó el asunto haciéndose público, cosa que él quería seguir conservando en el secreto, es más, sacó un comunicado diciendo que habían pecado gravemente, cuando si de pecado grave y mortal se trata, es Mons. Fellay, el que está en pecado y empecinado en él, arrastrando a la división y destrucción de la obra de Mons. Lefebvre, pero su inconciencia de alumbrado gurú, le impide ver. Se escuda en su autoridad de Superior General y se lo restriega en la cara haciéndolos ver y creer que es el único que puede decidir los destinos de la Fraternidad, como si pudiera hacer o deshacer a su antojo. Tiene una concepción de la autoridad, que no es católica ni tomista, sino pagana y voluntarista. Cree que el poder lo puede ejercer en detrimento del bien y la verdad. Toda la autoridad se pervierte y desnaturaliza (se deslegitimiza) al ejercerse impugnando la justicia y la verdad, para lo cual fue instituida.

Es Mons. Fellay, el que genera una inadmisible y ruin dialéctica entre verdad y autoridad, entre fe y autoridad, lo menos que podría hacer, es renunciar por abusivo e inepto, incapaz de gobernar a sus subordinados al fin que Monseñor Lefebvre le dio a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, como baluarte de la Fe y Tradición Católica y el combate con los modernistas que ocupan Roma.

Cómo viene Monseñor Fellay a decir hoy, que con Benedicto XVI la cosa cambió, que hay un progreso favorable a la fe y a la tradición: “En sí, la solución de una Prelatura personal propuesta no es una trampa, resulta, por principio, que la situación presente en Abril del 2012 es muy diferente de la de 1988. Pretender que nada ha cambiado es un error histórico. Los mismos males hacen sufrir a la Iglesia, las consecuencias son todavía más graves y manifiestas que entonces, pero al mismo tiempo se puede constatar un cambio de actitud en la Iglesia, ayudado por los actos y los gestos de Benedicto XVI hacia la Tradición. Este nuevo movimiento nacido al menos hace unos diez años, se está fortaleciendo”.

Es absurdo, ilógico y propio de un ciego empecinado, que nos toma a todos por imbéciles obsecuentes y no se da cuenta que por lo mismo incurre en el error que Monseñor Lefebvre en su momento señalaba en una carta que le escribiera a Jean Madiran: “Sin faltar gravemente a la verdad y a la caridad, ya no podemos dar a entender a quienes nos escuchan, o a quienes nos leen, que el Papa es intocable, que está lleno de deseos de volver a la Tradición y que su entorno es el culpable…”(Carta del 29 de enero de 1986).

Monseñor Fellay no puede negar la autoridad teológica de los otros tres obispos, que en cuanto obispos son sucesores de los apóstoles como vigías y custodios de la doctrina de la fe. Y esto tiene más peso que su sola opinión lo cual debería tener en cuenta.

Que Dios lo ilumine con su divina gracia, para que tenga el valor y la humildad necesarios y reconozca hacia dónde va, destruyendo el único baluarte de resistencia, dada su envergadura como organismo internacional, ante la herejía y apostasía de Roma apóstata, de los modernistas y herejes que Monseñor Lefebvre tildó de anticristos, cuando dijo en su Carta del 29 de Agosto de 1987 a los futuros Obispos que el consagraría: “La Cátedra de Pedro y los cargos de autoridad en
Roma, están ocupados por anticristos”.



P. Basilio Méramo
Bogotá, 21 de Mayo de 2012

Respuesta de Fellay y cía.



A NN.SS. Tissier de Mallerais, Williamson y De Galarreta

Excelencias :

Vuestra carta colectiva enviada a los miembros del Consejo General ha mantenido toda nuestra atención. Les agradecemos su solicitud y su caridad.

Permítanos a cambio con la misma preocupación de caridad y de justicia, hacerles las siguientes observaciones.

Por principio, la carta menciona muy bien la gravedad de la crisis que trastorna a la Iglesia y analiza de manera precisa la naturaleza de los errores que proliferan en su ambiente.


Sin embargo, la descripción está salpicada de dos defectos en relación a la realidad de la Iglesia: carece de lo sobrenatural y al mismo tiempo carece de realismo.

Carece de lo sobrenatural: Al leerlos, uno se pregunta seriamente si ustedes creen todavía que esta Iglesia visible cuyo asiento está en Roma, es la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, una Iglesia que ciertamente está desfigurada horriblemente a planta pedís usque ad verticem capitis, pero una Iglesia que tiene cuando menos todavía por jefe a Nuestro Señor Jesucristo. Se tiene la impresión que ustedes están tan escandalizados que ya no aceptan que esto todavía pudiera ser verdad. Para ustedes Benedicto XVI ¿es Papa legítimo? Si lo es, ¿Jesucristo puede todavía hablar por su boca? Si el Papa expresa una voluntad legítima respecto a nosotros que es buena, que no da una orden en contra de los mandamientos de Dios ¿tenemos el derecho de desatenderlo, de devolver un revés a esta voluntad? Y si no ¿en qué principio se basan para actuar de este modo? ¿No creen ustedes que si Nuestro Señor lo ordena El nos dará los medios para continuar nuestra obra? Ahora bien, el Papa nos ha hecho saber que la preocupación de arreglar nuestro asunto por el bien de la Iglesia estaba en el corazón mismo de su pontificado, y también que él sabía bien que sería más fácil tanto para él como para nosotros de dejar las cosas como están. Por lo tanto, es una voluntad irrevocable y justa la que expresa.

Con la actitud que ustedes promueven no hay lugar ni para los Gedeón ni para los David ni para aquellos que cuentan con el socorro del Señor. Nos reprochan de ser ingenuos o de tener miedo, pero es su visión de la Iglesia la que es demasiado humana e incluso fatalista. Ustedes ven los peligros, los complots, las dificultades pero no ven la asistencia de la Gracia y del Espíritu Santo. Si se quiere aceptar que la Divina Providencia conduce los asuntos de los hombres, respetando su libertad, entonces hay que aceptar que los gestos de estos últimos años a nuestro favor están bajo Su gobierno. Por lo tanto indican una línea –no muy derecha- pero claramente a favor de la tradición. ¿Por qué simplemente ella se detendría si hacemos todo por conservar nuestra fidelidad y acompañamos nuestros esfuerzos de una oración poco común? ¿El Buen Dios nos dejaría caer en el momento más crucial? Eso no tiene mucho sentido. Sobre todo que no tratamos de imponer cualquier voluntad propia sino que tratamos de escrutar a través de los acontecimientos lo que Dios quiere, estando dispuestos a todo, como a El le plazca.

Al mismo tiempo carece de realismo en cuanto a la intensidad de los errores y en cuanto a su amplitud.

Intensidad: En la Fraternidad estamos haciendo de errores del Concilio súper-herejías, se vuelve el mal absoluto, peor que todo, de la misma manera en que los liberales han dogmatizado este concilio pastoral. Los males ya son suficientemente dramáticos para que no se les exagere más. (cf. Roberto de Mattei Una historia jamás escrita pág. 22, Monseñor Gherardini Un debate a abrir pag. 53, etc.). Monseñor Lefebvre hizo varias veces las distinciones necesarias con respecto al liberal. Esta falta de distinción a uno u otro de entre ustedes a un endurecimiento “absoluto” . Esto es grave porque esta caricatura no está en la realidad y desembocará lógicamente en el futuro a un verdadero cisma. Este hecho es uno de los argumentos que me empuja a no tardar en responder a las instancias romanas.

Amplitud: Por un lado, endosamos a las autoridades presentes todos los errores y todos los males que se encuentran en la Iglesia, olvidando que ellas intentan al menos en parte de liberarse de los más graves (la condenación de la “hermenéutica de la ruptura” denuncia errores muy reales). Por otra parte se pretende que todos estén arraigados en esta pertinacia (“todos modernistas “ “todos podridos” ) Esto es manifiestamente falso. Una gran mayoría se deja llevar por el movimiento, pero no todos.

Hasta el punto que, en la cuestión más crucial de todas, la de la posibilidad de sobrevivir en las condiciones de un reconocimiento de la Fraternidad por Roma, nosotros no llegamos a la misma conclusión que ustedes.

Que quede claro de paso que NOSOTROS NO HEMOS BUSCADO un acuerdo práctico. Eso es falso. No hemos rechazado a priori, como ustedes lo solicitan, de considerar una oferta del Papa. Por el bien común de la Fraternidad, preferiríamos lejos la solución actual de status quo intermedio, pero evidentemente Roma ya no lo tolera.

En sí, la solución de una Prelatura personal propuesta no es una trampa. Resulta, por principio, que la situación presente en abril del 2012 es muy diferente de la de 1988. Pretender que nada ha cambiado es un error histórico. Los mismos males hacen sufrir a la Iglesia, las consecuencias son todavía mas graves y manifiestas que entonces, pero al mismo tiempo se puede constatar un cambio de actitud en la Iglesia, ayudado por los actos y los gestos de Benedicto XVI hacia la Tradición. Este nuevo movimiento, nacido al menos hace unos diez años, se está fortaleciendo. Toca a un buen número (todavía una minoría) de jóvenes sacerdotes, de seminaristas e incluso hasta un pequeño número de jóvenes obispos que se distinguen notablemente de sus predecesores y que nos expresan su simpatía y su apoyo pero que todavía están sofocados por la línea dominante en la jerarquía que favorece el Concilio Vaticano II. Esta jerarquía está perdiendo vitalidad. Esto es objetivo y muestra que ya no es ilusorio considerar un combate “intra muros” del cual estamos muy consientes de su dureza y dificultad. He podido constatar en Roma como los discursos sobre las glorias del Vaticano II que nos van a machacar, si bien están todavía en la boca de muchos, no está sin embargo en todas las cabezas. Poco a poco van creyendo.

Esta situación concreta, con la situación canónica que se propone, es muy diferente a la de 1988. Y cuando comparamos los argumentos que Monseñor Lefebvre había dado en su época, concluimos que no hubiera dudado a aceptar lo que nos han propuesto. No perdamos el sentido de Iglesia que era tan fuerte en nuestro venerable fundador.

La historia de la Iglesia muestra que la curación de los males que la afligen, se hace de manera habitual lenta y gradualmente, y cuando un problema se termina, hay otro que comienza oportet haereses ese . Pretender esperar a que todo se arregle para llegar a lo que ustedes llaman un acuerdo práctico, no es realista. Es muy probable, viendo como se desarrollan las cosas, que el fin de esta crisis tomará todavía decenas de años. Pero rehusar trabajar en el campo porque todavía haya mala hierba, con el riesgo de asfixiar, de estorbar la buena hierba, encuentra una curiosa lección bíblica; es Nuestro Señor que nos hace comprender por su parábola de la cizaña que siempre habrá, en una forma u otra, mala hierba a arrancar y combatir en su Iglesia.

Ustedes no pueden saber cómo su actitud en estos últimos meses – muy diferente en cada uno de ustedes- ha sido dura para nosotros. Ella ha impedido al superior general de comunicarles y hacerles partícipes de sus grandes preocupaciones a las que los hubiera gustosamente asociado, si el no hubiera encontrado una incomprensión tan fuerte y apasionada. Cómo le hubiera gustado poder contar con ustedes, con sus consejos, para apoyarse en este paso tan delicado de nuestra historia. Ha sido una gran prueba, probablemente la mas grande de todo su superiorato. Nuestro venerable fundador ha dado a los obispos de la Fraternidad una carga y deberes precisos. Les ha mostrado que el principio de unidad en nuestra sociedad, es el superior general . Pero desde hace tiempo, ustedes están tratando de imponerle su punto de vista –cada uno de manera diferente- incluso bajo formas de amenaza y además públicamente. Esta dialéctica entre verdad/ fe y autoridad, es contraria al principio sacerdotal. Al menos hubiera esperado que ustedes trataran de comprender lo que le ha obligado a actuar como lo ha hecho en los últimos años, según la voluntad de la Divina Providencia.

Oramos por cada uno de ustedes para que en este combate que está lejos de terminar, nos reencontremos todos juntos, por la más grande gloria de Dios y por amor a nuestra querida Fraternidad.

Que Nuestro Señor resucitado y Nuestra Señora se dignen bendecirlos y protegerlos.






+Bernard Fellay
Nicklaus Pfluger+
Alain-Marc Nély +

CARTA AL CONSEJO GENERAL DE LA FRATERNIDAD SAN PIO X



7 de abril del 2012



Señor Superior General
Señor Primer Asistente
Señor Segundo Asistente

Después de algunos meses, como muchos lo dicen, el Consejo general de la FSSPX considera seriamente las proposiciones romanas en vista de un acuerdo práctico, siendo un hecho que las discusiones doctrinales del 2009 al 2011 han probado que un acuerdo doctrinal es imposible con la Roma actual. Por medio de esta carta los tres obispos de la FSSPX que no son parte del Consejo General desean hacerle saber, con todo el respeto que conviene, la unanimidad de su oposición formal a cualquier acuerdo semejante.


Por supuesto, de ambos lados de la división actual entre la Iglesia Conciliar y la FSSPX, muchos desean rehacer la unidad católica. Honor a esas personas tanto de una parte como de otra. Pero la realidad dominante y ante la cual todos estos sinceros deseos deben ceder, es que desde el Vaticano II las autoridades oficiales de la Iglesia se han separado de la verdad católica y hoy en día ellas se muestran tan determinadas como siempre a permanecer fieles a la doctrina y práctica
Conciliares. Las discusiones romanas, el preámbulo doctrinal y Asís III son ejemplos deslumbrantes.



El problema planteado a los católicos por el concilio Vaticano II es profundo. En una conferencia que pareciera haber sido como el último testamento doctrinal de Monseñor Lefebvre, impartida a los sacerdotes de su Fraternidad en Ecône medio año antes de su muerte, después de haber
resumido la historia del catolicismo liberal saliente de la Revolución francesa, recordó como los Papas combatieron siempre esta tentativa de reconciliación entre la Iglesia y el mundo moderno, y declaró que el combate de la Fraternidad contra el Vaticano II era exactamente el mismo combate. Concluyó:
« Entre mas se analizan los documentos del Vaticano II y su interpretación por las autoridades de la Iglesia, mas nos damos cuenta que no se trata de errores superficiales ni de algunos errores
particulares como el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad, sino más bien de una perversión total del espíritu, de toda una filosofía nueva fundada sobre el subjetivismo… Esto es muy grave! Una perversión total!… Esto es verdaderamente espantoso »


Ahora bien, ¿el pensamiento de Benedicto XVI es mejor comparado con el de Juan Pablo II? Basta leer el estudio de uno de nosotros sobre La Foi au Péril de la Raison para darse cuenta que el pensamiento del Papa actual está igualmente impregnado de subjetivismo. Es toda la fantasía
subjetiva del hombre en el lugar de la realidad objetiva de Dios. Es toda la religión católica sumisa al mundo moderno. ¿Cómo se puede creer que un acuerdo práctico pueda arreglar un problema semejante?


Pero, se nos dirá, Benedicto XVI es bondadoso hacia la Fraternidad y su doctrina. En tanto que subjetivista puede serlo, porque los liberales subjetivistas pueden tolerar la misma verdad pero no si ella se rehusa a tolerar el error. El nos aceptará en el marco de un pluralismo relativista y dialéctico, a condición de permanecer en la “plena comunión” hacia la autoridad y hacia las otras “realidades eclesiales”. He aquí el por qué las autoridades pueden tolerar que la Fraternidad continúe enseñando la doctrina católica, pero no soportarán absolutamente que ella condene a la doctrina conciliar. He aquí el por qué un acuerdo incluso puramente práctico haría necesaria y
progresivamente callar, por parte de la Fraternidad, toda crítica del concilio o de la nueva misa. Dejando de atacar estas victorias que son las más importantes de la Revolución, la pobre Fraternidad cesaría necesariamente de oponerse a la apostasía universal de nuestra lamentable época y se hundiría ella misma. En última instancia, ¿quién nos garantizará de permanecer tal cual somos protegiéndonos de la curia romana y de los obispos? ¿El Papa Benedicto XVI?




Por mas que se niegue, este deslizamiento es inevitable. ¿No se ven ya en la Fraternidad los síntomas de esta disminución en la confesión de la Fe? Hoy en día, desgraciadamente, es lo contrario que sería “anormal” Justo antes de las Consagraciones de 1988 cuando numerosas personas valientes insistían a Monseñor Lefebvre para que hiciera un acuerdo práctico con Roma que abriría un gran campo de apostolado, el dijo su pensamiento a los cuatro consagrandos: Un gran campo de apostolado puede ser, pero en la ambigüedad y siguiendo dos direcciones opuestas
a la vez, lo que habría terminado pudriéndonos”


¿Cómo obedecer y continuar predicando toda la verdad? ¿Cómo hacer un acuerdo sin que la Fraternidad se pudriera en la contradicción?


Y cuando un año mas tarde, Roma parecía hacer verdaderos gestos de benevolencia hacia la Tradición, Monseñor Lefebvre todavía desconfiaba. El temía que no se tratara mas que de
“maniobras para separar de nosotros el mas grande número de fieles posible. He aquí la perspectiva por la cual parecen ceder todavía un poco más e incluso ir más lejos. Debemos absolutamente convencer a nuestras gentes que no se trata mas que de una maniobra, que es
peligroso meterse entre las manos de los obispos conciliares y de la Roma modernista. Es el peligro más grande que amenaza a nuestra gente. Si nosotros luchamos desde hace 20 años para resistir a los errores conciliare, no fue para ponernos ahora entre las manos de aquellos que profesan errores”


Siguiendo a Monseñor Lefebvre, el propósito de la Fraternidad es, mas que denunciar los errores por su nombre, de oponerse eficaz y públicamente a las autoridades romanas que los difunden. ¿Cómo se podría conciliar un acuerdo y una resistencia pública a las autoridades, entre ellas, al Papa? Y después de haber luchado durante más de cuarenta años,¿ la Fraternidad deberá ahora ponerse entre las manos de modernistas y liberales de los cuales acabamos de constatar su pertinacia?


Monseñor, Padres, pongan atención, ustedes conducen a la Fraternidad a un punto sin retorno, a una profunda división sin marcha atrás y, si ustedes llegan a un tal acuerdo, a poderosas fuerzas destructivas que Ella no soportará. Si hasta el presente los obispos de la Fraternidad la han protegido, es precisamente porque Monseñor Lefebvre rechazó un acuerdo práctico. Puesto que la situación no ha cambiado substancialmente; puesto que la condición emitida por el Capítulo del 2006 no se ha realizado (cambio de rumbo por parte de Roma que permita un acuerdo práctico), escuchen de nuevo a su Fundador. El tuvo razón hace 25 años. Todavía tiene razón hoy. En su
nombre, los conjuramos: no comprometan a la Fraternidad en un acuerdo puramente práctico.


Con nuestros saludos mas cordiales y fraternales, en Cristo y María,



Mgr. Alfonso de Galarreta
Mgr. Bernard Tissier de Mallerais
Mgr. Richard Williamson

domingo, 13 de mayo de 2012

13 de Mayo Primera aparición de la Virgen María en Fátima

Nuestra Señora del Rosario se presenta a los niños Lucia, Jacina y Francisco en la Cova de Iria por primera Vez el 13 de Mayo de 1917

Relato tomado del libro FATIMA, autor: Icilio Felici, Edit. San Pablo, 1951 (vigesima cuarta edición 1998) pag. 51-58

Era el día 13 de Mayo, domingo antes de la Ascensión. Lucía, Francisco y Jacinta, después de oír muy de mañanita la Santa Misa, con sus respectivas Familias, según la costumbre escrupulosamente observada en las casa temerosas de DIOS, hacia las 10 reunieron en uno sus rebañitos, como lo hacían con frecuencia, y decidieron tomar el camino de la cuenca, donde los prados estaban en flor y las ovejas podrían abundantemente saciarse con la hierba de los barbechos. El sol brillaba límpido y la campiña exhalaba mil variado perfumes, llegados allá hacia el medio día hora oficial, se regresaron un tanto detrás del ganado, hasta que llegado el medio día verdadero, que todo pastor aprende muy pronto a distinguir en la fas del sol, su reloj infalible, se aprestaron a rezar el acostumbrado rosario y a consumir la colación que, como siempre, habían llevado consigo, para entregarse después a los juegos de costumbre... Aquel día el juego era más atrayente, pues se trataba de construir nada menos que una casa con piedras que Francisco se daba prisa a extraer del terreno o de en medio de los Setos.

Habían puesto manos a la obra con ahínco y pasión, cuando de repente fueron deslumbrados por un rayo que parecía haber surcado el horizonte. Asustados, miraron al cielo: Continuaba serenísimo no había ni siquiera una nube del tamaño de una hilacha de algodón, y el sol más resplandeciente que nunca.

Se miraron el uno al otro, sin saber que decir.
-Pero... ¿De dónde habrá venido?...

Lucía Reflexionaba; no es la primera vez que una tormenta se condensa detrás de una montaña para luego subir y desencadenarse.
- Será mejor volver a casa - dice.
Los primos, más impresionados que ella, aprueban sin reserva, dejan sin amparo la construcción, reúnen el rebaño y ¡Abajo! por la pendiente, empujándose por delante las ovejas. Llegados a media bajada, al pasar junto a una robusta encina -Que todavía existe- viene a deslumbrarles otro rayo más fulgurante que el primero.

Esta vez tiemblan de verdad, de arriba a abajo, y se ponen a espolear al rebaño para que no se retrase.
Pero he aquí que, al llegar al fondo de la cuenca se ven obligados a retenerse mudos y atónitos. Delante de ellos, a dos pasos de distancia, sobre una mata de carrasca verde de poco más de un metro de alto, esta una juvenil señora, sublimemente hermosa, mas resplandeciente que el sol, la cual, con ademán lleno de gracia y una voz de sobremanera cariñosa, les dice:

-No tengáis miedo, no quiero haceros daño alguno.Los niños la contemplaban estáticos, arrebatados.
¡Miran!... Aparenta tener 15 a 18 años. El vestido, blanco como la nieve, sujeto al cuello con un cordón de oro le baja hasta los pies, que rosa apenas las hojas de la carrasca. Un manto todo bordado en oro le cubre la cabeza y todo el cuerpo. Las manos están juntas delante del pecho en actitud de orar, de ellas cuelga un Rosario de cuentas blancas como perlas, terminando en una pequeña cruz de plata bruñida. El rostro de rasgos purísimos e indeciblemente delicados, esta rodeado por una aureola de sol, pero parece velado por una sombra de tristeza.
Jacinta y Francisco están inmóviles, sin pestañear; Lucía cobra ánimos y se decide preguntar:
-¿De qué país es usted?-
Hay en la pregunta toda la confusión y toda la sencillez de la pastorcilla fascinada.
-Mi país es el cielo- responde la dulce Señora.
-¿Y qué quiere Usted de mi?
-He venido a pediros que os lleguéis aquí, a esta misma hora, el día 13 de cada mes, durante seis veces consecutivas, hasta octubre. En octubre os diré quien soy qué es lo que quiero de vosotros.

Durante unos momentos Lucía calló; acaso resonaron en su mente las palabras del Ángel: Los santísimos corazones de Jesús y María tiene sobre vosotros designios de misericordia… o es que aquella invitación acabó de desorientarla.
Al cabo de unos instantes, prosiguió animosamente:
-¿Viene Usted del cielo? Y yo, ¿iré al cielo?
-Sí- Respondió la Señora.
Lucía, ingenuamente, se sintió atrevida:
-¿Y Jacinta?
-También
-¿Y Francisco? –Quiere tanto a sus inseparables primitos, que no sabe imaginar un paraíso donde no estén los tres juntos, como allí en el campo, todos los días…

A esta última pregunta los ojos de la celestial aparición se vuelven hacia el niño, lo miran maternalmente pensativos.
-También el- responde la Señora -Pero antes tendrá que rezar muchos rosarios…
Viéndola tan condescendiente, la pastorcilla, como suelen hacer todos los sencillos, vencida su primera timidez, se familiariza con Ella.
Poco tiempo antes han muerto dos jovencitas conocidas suyas. Puesto que la patria de la Señora es el cielo, sabrá cual ha sido su suerte… Y le responde que una está en el cielo y la otra en el purgatorio.

-¿Queréis ofreceros al Señor, prontos a hacer sacrificios y aceptar gustosos todas las penas que El quiere enviaros,, en reparación de muchos pecados con que se ofende a la Divina Majestad, para alcanzar la conversión de los pecadores y en compensación de las blasfemias, y de todas las ofensas hechas al inmaculado Corazón de María?
La invitación, en conjunto, no añade nada nuevo a a invitación del Ángel.
Pero Jacinta y Francisco continúan estáticos y mudos; solamente Lucía responde por todos con vivo entusiasmo:
-¡Si lo queremos!

La aparición da muestras de complacencia, añadiendo luego que muy pronto tendrán que sufrir mucho, pero que la gracia de DIOS les asistirá y confortará siempre. Y al decir esto, extiende las manos… De sus manos abiertas de derrama sobre los videntes un haz de luz misteriosa… Una Luz tan intensa y tan íntima que (son palabras de Lucía), penetrándoles en el pecho hasta lo más íntimo del alma hízoles ver a sí mismos en DIOS con más claridad que nos vemos en el más terso espejo… Es una especie de confirmación, después de la cual la luz divina los llena todos y se apodera de ellos.

Entonces caen los tres de rodillas, misteriosamente impulsados y exclaman:
-¡Oh Santísima Trinidad, yo os adoro!
-DIOS mío, DIOS mío, yo os amo!

Una última recomendación tiene que hacerles la celestial Señora:
Que todos los días, como lo han hecho poco antes, recen el rosario (nota del transcriptor: NO LA TERCERA PARTE SOLAMENTE, NO LOS MISTERIOS LUMINOSOS, sino los quince misterios del Santo Rosario que Nuestra Señora reveló a Santo Domingo) para obtener la paz del mundo.
Después de la cual comienza a elevarse ligera como una pluma… derecha… sin mover los pies… hasta que desaparece en la radiante luz del sol.

¡Dentro de un mes!
¿Volverán los pastorcillos?
Y Ella ¿acudirá?
(nota del transcriptor: La historia sabemos que es verdadera y cierta, ella regresó.)

miércoles, 2 de mayo de 2012

¿PEQUEÑO ERROR?

     "AVE MARIA PURISSIMA"
     Uno de los mas grandes triunfos de la revolución anticristiana, sin lugar a dudas,  esta constituido por la “dialéctica” leninista, madre del subjetivismo y del inmanentismo imperante en toda la humanidad.
     Es pues  menester imperioso, saber el significado y alcances de las palabras, que utilizamos,  sobre todo,  aquellas, que nos llevan  a dar cabida a  los grandes derroteros  en materia de fe.
     Pareciera,  que  “se ha puesto de moda” la utilización de la palabra  usurpar (con todos sus sucedáneos),  es visible y esgrimida,  aun en homilías ortodoxas, (de las poquísimas que quedan)
sin embargo,   al ser utilizadas de manera incorrecta,  llevan al extremo erróneo.
     Así pues, comenzáramos, con la recta acepción de la palabra, según el Diccionario  de la Real academia de la lengua Española:

     usurpar. (Del lat. usurpāre). tr. Apoderarse de una propiedad o de un derecho que legítimamente pertenece a otro, por lo general con violencia. || 2. Arrogarse la dignidad, empleo u oficio de otro, y usarlos como si fueran propios.
     (Legitimo: Cierto, genuino y verdadero en cualquier línea conforme a las leyes).
     (Genuino,  (De la raíz del lat. Genus ,   origen,   Auténtico,  propio o característico, de una época).
     Si alguno dijere, que la silla de Pedro, esta siendo USURPADA, Necesariamente (forzosamente),    de manera errónea  esta indicando, que esta siendo ocupada por alguien que no tiene derecho  genuino (de origen)  de hacerlo. 
     Es  a partir de esta premisa, que mediante algunas analogías, demostraremos, que el juicio,  esta equivocado,  y posteriormente, que lleva  a un  grave error.
     Analogía:
     Si tenemos un whisky escoses de doce años de añejamiento, en su botella original (de marca Cabras regal)    y simultáneamente,  tenemos otro de menor calidad,  también  en su botella original,  (de marca Pasaporte),  para  nuestro ejemplo.
     Si cambiamos el whisky de marca pasaporte,  al  de  marca  Cabras,  tendremos  que el de marca pasaporte, estará USURPANDO,  la botella de cabras, porque NO tiene legítimo derecho de ocupar la botella, (empero,  sigue siendo verdadero whisky). Y es dado decir, en ese caso, además de que la botella del cabras, esta siendo usurpada.
     Sin embargo,  si en la botella de cabras con la bebida original, se cuela un liquen u otro microrganismo (El humo de satanás por las grietas, o la levadura de los fariseos), y  corrompe la naturaleza del whisky “Dentro de la botella”  Resulta irracional,  decir que el vinagre, (Vino agrio),  este usurpando la botella que le correspondía,  en virtud de que el derecho de ocuparla, es legítimo de origen, (aunque se hubiere corrompido).
     Sucede  similar,  con la  alegoría del tumor canceroso dentro de la cavidad craneana,  que es ocupado por células nerviosas (neuronas), que mutaron, (Cáncer),  que empero,  no esta siendo Usurpado,  (por que no encontramos células intestinales en el cráneo,  sino verdaderas neuronas, que incluso, están matando al resto del cuerpo,  empero neuronas al fin.
    No sería de gran importancia,  de no ser por la explicación, que le sucede al siguiente ejemplo:
     Si en una hipotética empresa, el Gerente muere o renuncia,  es dado declarar, que la gerencia esta vacante,  en ese ejemplo, si una secretaria USURPA, el puesto del Gerente,  aun con la mejor intención, y comienza a realizar actos correspondientes al Gerente,  (realiza convenios,  recibe demandas etc.)    Tiene  dos  grandes implicaciones, La primera de ellas,  es  que la  GERENCIA,  siguió estando vacante aunque ella estuviese presente, (USURPANDO),  Necesariamente da cabida  al error sedevacantista);      En cuyo  caso,  si es dado declarar, que tanto la silla del gerente,  como la gerencia,  o  el trabajo del gerente,  estarían  vacantes  al estar siendo usurpados.
     Y  la  segunda y mas profunda,  es  que  Ninguno  de los actos Jurídicos, que ella hubiere realizado,  tienen  Valor  alguno,  (Son  nulos  de pleno derecho, (NUNCA EXISTIERON JURIDICAMENTE).
                                  “ROMA  PERDERA  LA FE Y SERA LA SEDE DEL ANTICRISTO”
     Perderá la Fe,  cambiara, mutara,  NO SERA USURPADA,  Roma perderá sus propiedades,  esenciales (FE),   que transmitía a la feligresía,  como  el whisky,   tenia sus propiedades,  y  mutaron, se corrompieron,  se cambiaron  como el tumor en el cráneo,    son la  sede  del  tumor,  y  del  vinagre,  por esa corrupción,  empero,  NO USURPAN,   Ni la botella  ni el cráneo,  ni  roma, están vacantes,  ni están siendo usurpadas,  están ocupadas por naturalezas corrompidas y mutadas.
     Para que La ESPOSA,  llegara  a  ser  la “LA GRAN RAMERA”  Necesariamente (forzosamente) La fornicación,  tuvo que haberse consumado con la esposa,  NO CON UNA SUPLENTE,  NO CON UNA USURPADORA,  NO CON  LA  AUSENCIA DE LA ESPOSA. (Sino única y exclusivamente con esposa que tiene  una esencia corrompida para que cediera).

SEA PARA GLORIA DE DIOS

domingo, 15 de abril de 2012

PRIMER DOMINGO DE PASCUA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Durante este tiempo de cuarenta días nuestro Señor, después de su Resurrección, antes de subir a los cielos, se les aparece a los suyos y consolida la Iglesia. Culmina su formación con la venida del Espíritu Santo a los cincuenta días, en el día de Pentecostés.

Y no todo lo que nuestro Señor legó a sus discípulos está en las Escrituras. Muchas de lo que hizo, como dice el evangelio de San Juan: “Si se quisiera ponerlas por escrito, una por una, creo que el mundo no bastaría para contener los libros que se podrían escribir”, lo cual combate de plano a los protestantes que quieren hacer de la Escritura todo, limitando a Dios a un libro. Cuando lo infinito es, como me dijo un fiel, imposible de limitar a un libro, y con cuánta razón. Luego la Palabra de Dios no se limita a la Biblia sino que la trasciende; en la Biblia hay solamente una parte de esa Palabra, lo mismo en los Evangelios. ¿Qué harían, pues, los protestantes que no admiten el sacramento de la confesión, con estas palabras que acabamos de leer en el Evangelio, si la misma Escritura que ellos toman como único fundamento, y eso es una herejía, les condena? Eso debe abrirnos los ojos.

Entonces nuestro Señor consolida su Iglesia: instituye todos los sacramentos, les da las consignas necesarias para afirmar la Iglesia y recibirá la culminación en Pentecostés una vez que haya ascendido al Padre y que junto con el Padre envíe el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Y todo esto es lo que forma la Tradición de la Iglesia. Por eso no es solamente la Biblia, la palabra escrita, la revelación escrita, sino también la revelación no escrita y contenida en la Tradición de la cual es maestra y señora la Iglesia que no reconocen los protestantes; esa es su herejía. Nuestra incultura religiosa es tal, que no sabemos contraponerles para derrotarlos con dos palabras como corresponde, y no lo hacemos porque nos falta estudiar el catecismo, sencillamente; pero qué se les va a pedir a los fieles, si instruirse en religión le hace falta también al clero, que ignora los elementos esenciales de nuestra doctrina.

Vemos que los apóstoles estaban reunidos escondidos, temerosos, cuando se les aparece nuestro Señor, porque todavía no tenían ese fuego que les inflamara y los consolidara en la fe por la gracia del Espíritu Santo que iba a venir en Pentecostés. Tenían miedo de los judíos porque eran temibles, pero el que tiene fe no teme ni a los judíos, ni a Satanás, ni al mundo, porque como dice la epístola de San Juan “lo que es de Dios está consolidado en Dios y lo que hace vencer sobre el mundo es la fe”. Eso es lo que hoy está en juego, la fe. Ésta es nuestra victoria sobre el mundo, y si hoy vemos que éste vence o parece vencer a la Iglesia es porque sus hombres, la jerarquía de la Iglesia con el Papa, los cardenales y los obispos, en conjunto, no tienen fe.

Por eso vemos a la Iglesia claudicar en su parte humana, y los que no la defienden con suficiente energía es porque no tienen la necesaria fe. Esa es la gran vergüenza de hoy, sacerdotes que si tienen fe no es la suficiente; los obispos igualmente con poca fe no lo hacen. Porque la victoria sobre este mundo la da la fe en nuestro Señor Jesucristo. ¿Se podrá encontrar un texto más antiecuménico que éste que condena el ecumenismo ateo idólatra y apóstata? Eso debe estar muy claro, porque si los fieles, el pequeño rebaño leal no lo tiene claro, entonces claudicará. Me atrevo a decir sin dármelas de profeta, que la garantía para mantenerse creyentes es ver claramente estas cosas, porque de otra manera sucumbiremos bajo una pseudo autoridad que nos conculcará en nombre de una falsa obediencia a abandonar a Cristo y a ser infieles.

Nuestro Señor dice a Santo Tomás “Cree y sé fiel; y dichoso aquel que sin ver creyó”, porque la fe es de lo que no se ve y en realidad Santo Tomás creyó porque no veía la divinidad, la cual confesó; veía esa humanidad pero pensó que era el Verbo de Dios.

Debemos, pues, ser fieles, pero para ello se requiere claridad doctrinal en aquellos puntos esenciales donde se agrede la religión, la doctrina católica, apostólica y romana y así venceremos al mundo, porque de hecho el mundo está desde la Cruz fulminado. Sabemos que la victoria la logró nuestro Señor, pero que nos falta sufrir para que por medio de ese penar nos configuremos en nuestro Señor y nos acrisolemos en la verdad; la victoria ya la tiene nuestro Señor por derecho y eso ya lo sabe Satanás y por eso mismo nuestro Señor se da el lujo de permitirle hoy campear dentro de la Iglesia, porque sabe que al fin y al cabo la Iglesia es divina y no puede ser destruida, pero allá el bobo que se deje engañar. Por eso se necesita claridad doctrinal, el peso teológico que da la fe, porque ésta vence al mundo.

La fe venció al mundo, como lo dice San Juan en esta epístola que es un poco difícil de entender, al decir: “Tres son los que dan testimonio en el cielo y en la tierra, el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, que son uno, que son la misma cosa”, y que “el agua, el fuego y la sangre son uno”. ¿Cómo van a ser uno el fuego, el agua y la sangre y que dan testimonio de nuestro Señor? Cuando habla del agua se refiere a que en el bautismo de nuestro Señor el Padre dio testimonio de que era su Hijo muy amado: “Este es mi Hijo en quien tengo puestas todas mis complacencias”. Por la sangre es el Verbo, el mismo nuestro Señor que se muestra digno Hijo del Padre: “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”, y murió en la Cruz y así entonces da testimonio con la sangre. Y el Espíritu Santo por el fuego después de la resurrección, como dice la epístola, es el que da testimonio de que Cristo es la verdad y la verdad es Dios objeto de la fe, la Verdad Primera.

No hay escapatoria; la religión y los dogmas son monolíticos, se aceptan o se rechazan, pero no se pueden tomar por partes como hacen los herejes, y en eso consiste su herejía, tomar lo que a mí me agrada, me convence o me parece. Por eso en materia de fe “sí, sí, no, no”, cualquier otra palabra viene del maligno, de Satanás; ese es el lenguaje de la Iglesia católica y ese debería ser el de los doctores en la fe, que son los obispos, pero que hoy son marionetas al servicio del anticristo, de Satanás y de la sinarquía. L a globalización todo lo está estructurando para que venga a reinar en este mundo no Cristo, sino el anticristo; eso hay que saberlo, aunque no sepamos de qué modo se verificará, ni cuándo, pero cada vez se acerca más el tiempo, es evidente. Así como la higuera, que cuando reverdece es porque ya se acerca el verano, así estas calamidades dentro de la Iglesia nos anuncian y presagian todo lo que antecede a la segunda venida de nuestro Señor glorioso y majestuoso; es el objeto de nuestra esperanza, debemos tenerla, pues fue la seguridad de la Iglesia primitiva la que nos lleva a dar esos ejemplos de santidad de los cuales no seremos capaces si no poseemos lamentablemente ese fervor.

Son tres los que dan testimonio de nuestro Señor: el Padre con el agua, el Hijo con su sangre en la Cruz y el Espíritu Santo con el fuego de su amor que da testimonio de la verdad. Dice entonces nuestro Señor que todo lo que necesitarán, el Espíritu de Dios, el Espíritu de verdad, el Espíritu Santo se los dirá, se los recordará, como leemos en otros pasajes de las Escrituras, y así podemos decir que de algún modo desaparece esa aparente confusión que no podemos entender cómo sean tres los que dan testimonio en el cielo y tres en la tierra y que esos tres, agua, sangre y fuego sean una misma cosa. Pues son lo mismo porque son los tres, las tres expresiones por las cuales cada una de las Personas de la Santísima Trinidad da testimonio de nuestro Señor Jesucristo y esa es la fe que vence al mundo, esa es la fe de la Iglesia y la que niega hoy la jerarquía con su estúpido y herético ecumenismo.

El ecumenismo es lo más herético y nos hace apostatar de la fe en nuestro Señor Jesucristo, en la sacrosanta Iglesia católica, apostólica y romana. Y nosotros, estando aquí en Colombia, somos más romanos que el Papa y todos los cardenales juntos que pisotean la tumba de San Pedro; y debería haber un obispo que se lo diga en la cara, porque ya está bueno de ponerse de ruana la Iglesia y que no haya un hombre viril para que lo diga en el nombre de Dios como doctor de la Iglesia católica. Es una vergüenza que no haya ningún obispo que hable claramente; así es en la crisis que estamos atravesando, por lo que debemos consolidarnos en la fe y no tener miedo. Si hay temor es porque nuestra fe está claudicando; entonces hay que pedirle a Dios nos fortifique y consolide en ella. Para eso es el sacramento de la confirmación, por la plenitud del Espíritu Santo, para confirmar la fe del bautismo, y por eso el obispo es el ministro ordinario de la confirmación. Pero ¿qué hacen éstos? Todo lo contrario, absolutamente lo opuesto, ni confirman en la fe, ni tienen fe y qué se puede esperar entonces, sino el desastre que estamos viendo y viviendo.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, el ser fieles; que nuestra fe no sea como la viven hoy, sino que sea sincera, pura, inmaculada, que no acepte el error, que rechace, que sea intolerante, porque la fe es intolerante; la condescendencia en materia doctrinal, como lo decía el gran Marcelino, es una enfermedad de los espíritus débiles, porque la verdad es intolerante. Algo diferente es la tolerancia a nivel humano, pero eso ya no es tolerancia doctrinal, ni de principios, ni religiosa, sino simplemente de misericordia por la miseria humana que todos llevamos encima, como lastre.

Más o menos, es el fortiter y el suaviter de San Pío X; es el espíritu católico de intransigencia ante el pecado y de misericordia con el pecador que comete el mismo pecado. Pero no lo mezclemos todo, la Iglesia no es una olla donde se metan toda clase de alimañas y que subsistan como se hace hoy con el ecumenismo; eso no puede ser la Iglesia de Dios. Ésta es Inmaculada. Si no es inmaculada en su Institución divina, no es de Dios. Otra cosa es la miseria de los hombres que la integremos. Pero de allí a pontificar en el error... valerse de la autoridad de Dios y en el nombre de Él destruir la fe es demoníaco, diabólico. Por eso, lo que Juan Pablo II ha mirado con fe es demoniaco y diabólico y no me tiembla la palabra al decirlo. Y si él no quiere ser perverso pues que se arrepienta, porque va a ir al infierno con todos sus cardenales.

Al pan, pan, y al vino, vino; sí, sí, no, no. Es la verticalidad de la verdad, y el que no ama la verdad no es de Dios, eso debe ser lo que nos caracterice: el amor a la verdad, como lo dice el mismo San Juan: “Porque no amaron la verdad, los suyos no lo recibieron”. Esa es la perversión del judaísmo, no amaron la verdad, no la aceptaron ¡y ésta qué objeto de la fe puede ser!, si el ideal de la fe es la verdad primera como dice Santo Tomás. Cosa olvidada hoy por quienes deben apacentar la grey.

Imploremos a nuestra Señora, la Santísima Virgen, que nos ayude a mantenernos fieles y puros en medio de esta crisis; que podamos de algún modo reparar esos dolores, que deben ser terribles, del Sagrado Corazón de Jesús, del Inmaculado Corazón de María; vemos cómo la humanidad está yéndose al infierno precipitadamente y no hay nadie que ponga freno; que las almas no se condenen; en eso consiste el verdadero apostolado, en impedir que las almas se pierdan tratando de darles la luz de la verdad, para que reconozcan a nuestro Señor. Eso es lo que debemos pedir en estos días y en esta Pascua, para que tengamos nuestra mirada puesta en el cielo y en las cosas de Dios, no apegados como animales en cuatro patas mirando apenas la tierra, mientras que el hombre en dos pies puede mirar hacia el cielo. Que miremos las cosas de Dios y nos desapeguemos de las terrenas, es el mensaje de la Pascua, como nos lo recuerda la Escritura en los textos pascuales, y así se alegren verdaderamente nuestros corazones manteniendo esa fe en nuestro Señor resucitado. +

P. BASILIO MERAMO
7 de abril de 2002

domingo, 8 de abril de 2012

DOMINGO DE PASCUA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Este Domingo de Resurrección, Domingo de Pascua, es el día más solemne, la fiesta más importante de todo el año litúrgico; aunque quizás no sea la más popular como lo es la Navidad, pero en sí misma es la principal y por eso está rodeada de la octava, de las pocas octavas que han quedado, dado el recorte litúrgico que hacía de las éstas el esplendor de la fiesta, pero con la modernización se fueron recortando.

Por eso este día queda aún, a pesar de todo, con su octava, es decir, el festejo reiterado durante ocho días consecutivos. Es una lástima, dicho sea de paso, ver que aquí en Colombia y sobre todo en Santander la Pascua no tiene ninguna impronta familiar, no hay una reunión, un agasajo, una comida, nada que de modo un poco más ordinario y explícitamente así lo demuestre, como sí lo hay en Europa y me duele decirlo, a mí, que me ha tocado pasar muchos años la Pascua en el viejo continente. Allí, en Francia, en Italia, en España, existe la costumbre, muy arraigada, de festejar la Pascua. Claro está que aquí la gente vive la Semana Santa, pero ésta queda trunca sin el Domingo de Resurrección. Toda nuestra religión quedaría en el vacío sin la Resurrección de nuestro Señor. Toda su divinidad queda consignada, afirmada, proclamada, evidenciada y demostrada con la Resurrección.

Nadie es capaz de resucitar de la muerte; por eso el Único que podía decir que iba a morir y a resucitar por sus propios y exclusivos medios es Cristo nuestro Señor, porque es el Dios Encarnado, hecho carne, hecho hombre; por eso es verdadero Dios y verdadero hombre.

Toda su persona es divina, es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad la que se ha encarnado y, por eso, no obstante el estar muerto como hombre, separándose su alma de su cuerpo, Él es y sigue siendo el Dios vivo; porque ese cuerpo humanamente muerto, sin alma, era sustentado por la persona divina, por eso no era un cadáver como acontece con nosotros; no era un cuerpo en estado de putrefacción sino que en ese cuerpo estaba presente la divinidad aun en la tumba durante los tres días, y por eso su alma también estaba sustentada en su existir por el Verbo. Si bajó a los infiernos, es decir, al seno de Abraham, allí donde iban los justos del Antiguo Testamento para abrirle las puertas del cielo que estaban cerradas, su alma tenía la presencia de la divinidad de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad; misterio que no entendemos pero que conocemos por la revelación, por la fe.

Por eso en el Domingo de Resurrección de nuestro Señor, es el día más importante de la semana, justamente, y por eso se le llama al domingo día del Señor, porque fue el día en que se reúne su alma nuevamente con su cuerpo, con la manifestación y el esplendor del cuerpo glorioso. Sin embargo, nuestro Señor resucita y se queda durante un tiempo, cuarenta días, instruyendo a sus discípulos, adoctrinando a sus apóstoles, instituyendo las bases de su Iglesia católica, consolidándola, dándole toda su estructura sobrenatural hasta que venga a coronarla, a completarla, a perfeccionarla la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el día de Pentecostés a los cincuenta días de la Resurrección de nuestro Señor. Díez días después de su Ascensión a los cielos, porque para que bajara el Espíritu Santo, tenía que enviarlo nuestro Señor junto con el Padre Eterno y por eso tenía que elevarse a la gloria.

Es muy importante que lo tengamos, porque la Iglesia católica no está en el aire; está fundada sobre la piedra angular que es nuestro Señor y por eso no todo está en las Escrituras sino que la Revelación está también en esa transmisión oral y por tanto ésta no puede ser desechada, pues es la mitad de la verdad revelada, si así se puede decir. Esto lo hacen los protestantes, que tienen una revelación amputada por la mitad porque desprecian la Tradición, y sin ésta, la revelación escrita queda mal interpretada, distorsionada, por lo que ellos predican un Cristo mutilado, cercenado.

Debemos, pues, hoy más que nuca, meditar siempre en estos principios, en estas verdades, porque están siendo sacudidas al igual que Iglesia, como no lo ha sido nunca ni lo será jamás. Por tanto, para mantenernos firmes en la fe y en los fundamentos de la doctrina católica, apostólica y romana, tenemos que instruirnos y meditar en la oración, para que vivamos de estas verdades sobrenaturales como católicos y cristianos que somos.

Aunque también los protestantes han usurpado el nombre de cristianos, no lo son; protestan contra la enseñanza de la Iglesia; ese es su nombre, no lo olvidemos. La meditación de estos principios fundamentales, de estas verdades, nutre nuestras almas para que vivamos de la fe y la esperanza sobrenatural, bajo la coronación de la caridad sobrehumana; que no que sea filantrópica, masónica, terrena, como una cruz roja, un Gandhi, unas Naciones Unidas o Unesco, que no sirve para nada, porque esa es una parodia de altruismo, ya que la única caridad entre los hombres está fundamentada en el amor a Dios. No hay amor entre los hombres si no lo hay a Dios; ese es un principio categórico.

Por lo tanto, fuera de la religión católica no hay amor entre los hombres como no lo hay entre los judíos, entre los musulmanes, entre los protestantes, entre los budistas, ni entre ningún miembro de esas falsas creencias y religiones que ni lo son, porque religión es lo que religa, lo que une a Dios; el error de esas falsas creencias no puede jamás unir al hombre con Dios.

Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen, que tengamos presente el significado de la Resurrección para que nosotros, con la mirada puesta en lo de arriba, en lo de Dios, podamos transitar a lo largo de esta corta o larga vida que nos toque a cada uno, sin perder la finalidad y el motivo de ella, que no está aquí en la tierra sino en Dios, que es Cristo nuestro Señor resucitado. +

P.BASILIO MÉRAMO
20 de abril de 2003

sábado, 7 de abril de 2012

SANTA NOCHE DE PASCUA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Esta es la noche más solemne de las festividades de la Iglesia. La Resurrección de nuestro Señor es la fiesta de las fiestas, es la manifestación de su divinidad y, como dice San Pablo, “si nuestro Señor no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe”.

Todo el testimonio de la fe en nuestro Señor se apoya en su Resurrección, que demuestra su divinidad, no obstante haberse anonadado asumiendo una carne pasible, susceptible de morir, por un deseo propio, porque de lo contrario, ese cuerpo hubiera sido glorioso desde el primer instante de la Encarnación. Pero Él quería nacer para sufrir y morir y redimirnos. Por eso impidió esa gloria de su cuerpo y así se abatió como un vil siervo para morir en la Cruz y luego resucitar al tercer día. Esa es la gran fiesta de la Pascua, el gran paso de nuestro Señor de la muerte a la vida. De esta manera nos invita a todos a que nos regocijemos en Él ya que hemos muerto con Él en el bautismo, que de una parte simboliza la muerte en nuestro Señor Jesucristo; y así ahora resucitar con Él. Esa es la gran esperanza, la gran promesa.

Por lo mismo, el evangelio de hoy nos invita a mirar lo de arriba y no lo de aquí abajo, lo efímera de la tierra que no tiene sentido ni duración; que no nos dejemos distraer en nuestro camino y así tengamos nuestra mirada puesta en Dios nuestro Señor. Ese es el mensaje que se nos debe quedar grabado toda nuestra vida para que transitemos como peregrinos por este mundo; eso significan las procesiones, para que nos demos cuenta de que estamos de paso y que nuestra verdadera patria está en los cielos, allá, con Cristo resucitado.

Guardemos así este breve pero profundo mensaje y que no se nos olvide para que no perdamos nuestra finalidad, nuestro objetivo, nuestro fin y podamos vivir aquí en esta tierra santamente, aunque esté llena de calamidades y de muerte. Esa es la santificación, la gracia del Espíritu Santo, la santidad de la Iglesia que nos la participa nuestro Señor para que seamos santos como lo es nuestro Padre que está en los cielos.

Pidamos a la Santísima Virgen María que guarde en nuestra alma el recuerdo de esta santa noche y el sublime fin al cual nos llaman Cristo y su Iglesia. +

P. BASILIO MÉRAMO
19 de abril de 2003

domingo, 1 de abril de 2012

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este primer domingo después de Pentecostés, la Iglesia nos pone ante los ojos el gran misterio de nuestra fe, en la Santísima Trinidad, que especifica nuestra religión, nuestra fe, el fundamento de nuestra salvación, que no se puede desconocer, que hace ser a la Iglesia misionera: “Id y predicad y bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a observar todo cuanto os he mandado”.

Sin el misterio de la Santísima Trinidad no habría fe ni Iglesia y por eso debemos tenerlo presente para que no quede diluido, que no se pierda nuestra fe en un concepto natural de Dios. No es suficiente este concepto de la divinidad, de la deidad o concepto natural de Dios que aun los paganos tenían y que solamente este mundo impío concibe, el ateísmo. Nuestra fe es sobrenatural y lo es porque cree en el misterio de la Santísima Trinidad, que junto con el de la Encarnación son los fundamentales de la religión católica que están a punto de desaparecer.

Por eso se oponía San Atanasio cuando se negaba la divinidad de nuestro Señor por no admitir la Trinidad de las personas, en la cual había caído el arrianismo, justamente porque sin la trinidad de personas no puede haber Encarnación del Verbo. De allí el famoso símbolo atanasiano que decía que la fe católica consistía en creer en la trinidad de personas, en la unidad de la sustancia o la esencia o naturaleza divina sin confundir las personas y sin separar la sustancia de Dios porque no hay tres dioses, hay tres personas y un solo Dios verdadero, un solo eterno, un solo omnipotente. No hay tres eternos, tres omnipotentes, tres infinitos, sino un solo Dios, pero en tres personas; esto es un misterio que ni la inteligencia creada, ni aun la angélica puede entender ni podrá jamás , lo cual será el objeto de nuestra beatitud eterna, la contemplación de ese dogma revelado por Dios, por el Verbo de Dios, por nuestro Señor Jesucristo.

Debemos pues tenerlo muy presente para que no se diluya nuestra religión con las demás creencias y falsas religiones que tienen a Satanás por autor, su inspirador y que es lo que hoy patrocina el aberrante y herético ecumenismo que flagela la fe de la Iglesia y de los fieles con el patrocinio de los pastores. Esa es la realidad, esos son los hechos y por eso debemos afianzar nuestra fe en ese misterio, para no olvidar nuestra identidad como católicos, para que no quedemos amalgamados con un mundo apóstata que no acepta a la Iglesia, a nuestro Señor, a la fe.

Si el mundo aceptara el misterio de la Santísima Trinidad de la fe católica no habría judaísmo, budismo ni todas esas falsas religiones; habría una sola religión, la católica, apostólica y romana como será en el cielo y como de hecho lo es. De allí la gran herejía del ecumenismo aberrante de hoy que trata de diluir este misterio de la Santísima Trinidad. Con ésta se especifica nuestra fe y así nos hace cristianos por Cristo. No como los protestantes, que no quieren ser llamados o nombrados de esa manera y que usurpan hasta el nombre de cristianos, y no lo son porque no aceptan a Cristo en su conjunto y la totalidad de nuestro Señor Jesucristo llega hasta la Iglesia que Él nos ha legado como medio de salvación.

Por eso ellos no son cristianos; dividen a Cristo y todo aquel que fracciona a Cristo es un anticristo y por eso detrás del ecumenismo actual está el anticristo que lo divide. No nos debe sorprender porque así tiene que ser, lamentablemente, pero ¡ay de aquel por cuya culpa vengan el escándalo y la apostasía!

Y ¿por qué es un misterio inconmensurable al cual la razón no puede llegar por sí misma? Porque justamente este dogma tan difícil de expresar, de explicar, no puede concebirse naturalmente, dado que hay dos conceptos, dos nociones antagónicas como son lo absoluto y lo relativo y eso está conjugado en Dios y no lo podrá jamás explicar ningún intelecto creado. Nos podemos imaginar un Dios absoluto como de hecho lo conciben y lo concibieron los paganos y todas esas falsas religiones que creen en algún Dios vagamente; pero decir que ese absoluto está relativizado y justamente esa correlación en lo absoluto es lo que llamamos la persona o las tres personas divinas; eso ya no hay quién lo pueda explicar. Todo en este mundo quieren hacerlo condicional e introducir la relatividad en Dios es inconcebible porque todo relativo hace alusión a lo accidental, a lo circunstancial, a lo efímero, pero jamás a lo eterno, a lo absoluto; y, sin embargo, en Dios hay esa pertenencia personal que no es un accidente, que no es una circunstancia sino una persona, y por eso no hay inteligencia que lo pueda explicar. Lo que no quiere decir que sea absurdo sino incomprensible y por eso San Agustín, que meditaba a la orilla del mar queriendo escudriñar el misterio de la Santísima Trinidad, encuentra a un niño que llevaba agua a un pozo hecho en la arena y el santo le preguntó qué quería hacer, y el niño contesta “quiero verter el agua del mar en este pozo”. Replica el santo: “Imposible, ¿cómo vas a verter toda el agua de la inmensidad del mar en ese hueco tan pequeño”?; y el niño concluye: “pues mucho más imposible es meter en tu cabeza la inmensidad del misterio de la Santísima Trinidad”.

Nos podemos preguntar ¿por qué podemos hablar de relatividad en lo absoluto? Porque es la relación de origen lo único que distingue a las personas divinas, porque en todo lo demás son iguales, pero solamente en esa afinidad de Origen es que se produce la trinidad de personas. Por eso el Hijo es originado del Padre, como su pensamiento, como su Verbo y en eso se distingue de Él; y el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo es espiración de mutuo amor entre ambos, que originan al Espíritu Santo. Y más no se puede escudriñar, aunque se podrían decir muchísimas cosas pero todas ellas no bastarían para que nos hiciéramos apenas un barrunto de lo que es la Trinidad. Y no hay palabra ni mente que pueda abarcar ni expresar ese inefable misterio que es básico en nuestra religión, porque sin él no hubo ni hay fe.

Porque aun en el Antiguo Testamento los Padres de antaño, que tenían fe, conocían la Trinidad, solamente que el pueblo no lo sabía de modo explícito sino implícito en la fe que tenían en los mayores; dice Santo Tomás que esos mayores eran los profetas y patriarcas y por eso Moisés pudo desear ver el día de nuestro Señor como Él mismo lo dice y por eso es la misma fe del Nuevo y Antiguo Testamento.

La diferencia consistía en la universalidad de la explicitación que todavía no había llegado hasta que el Verbo se encarnase y así con este hecho se produce la plenitud de los tiempos y por eso ahora sí debe ser público y explícito ese misterio que antes no lo era por todos y para todos. Eso es lo que explica Santo Tomás de Aquino, pero que lamentablemente los teólogos y, sobre todo, los modernos, y no lo digo refiriéndome a modernistas sino a los que están más próximos a nuestros tiempos, no han sabido decir, explicar y comprender yendo a esa luminaria que es Santo Tomás.

Por eso llegan muchos a pensar que se desconocía en absoluto el misterio de la Trinidad en el Antiguo Testamento, lo cual es un flagrante error que va contra el texto de las Escrituras y que si bien se ve sería una herejía; pero eso sirve para mostrar cuán desapercibidos estamos a veces en las cosas de Dios, aun aquellos que tienen la obligación de dar la luz de la doctrina a los fieles.

Debemos, pues, guardar en nuestros corazones estas verdades esenciales, sobre todo hoy, cuando son profundamente atacadas y no de frente sino sutilmente, lo que es peor, cuando se socava sin que nos apercibamos del daño que corre la fe.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, conservar una fe inmaculada como inmaculada fue Ella para que así podamos seguir tributando un verdadero culto a Dios. +

PADRE BASILIO MERAMO
26 de mayo de 2002

jueves, 29 de marzo de 2012

UNA CARTA MELIFLUOMALÉFICA


La carta que Don Nicola Bux, consultor de la Congregación para la Doctrina de la fe
(antiguo Santo Oficio de la Inquisición), dirigía a Monseñor Fellay y a toda la
Fraternidad S. Pío X el 19 de Marzo de 2012, es el colmo de fariseísmo clerical
presumiendo de bondad y de verdad.

Es increíble como los herejes e impostores se arrogan los privilegios de la verdad
para destruir toda resistencia a su apostasía pública y manifiesta, pero que
revestida de autoridad y poder se reclaman legítimos, y a los cuales hay que
obedecer, so pena de cisma, división y tinieblas de definitiva separación.
La única garantía religiosa, teológica, jurídica y moral es la verdad. Dios es la
Verdad y por eso es también la Caridad.

Dios es objeto de la fe en tanto y cuanto es la Verdad Primera como enseña
egregiamente Santo Tomás. Dios es objeto de la fe, reduplicativamente o de un
doble modo, pues es tanto objeto material y como objeto formal de la fe, por ser la
Verdad Primera bajo un doble aspecto, tanto material, como formal.

Dios es objeto de la fe porque como dice Dionisio: “La fe es acerca de la simple y
siempre existente verdad” (S. Th. q.1, a.1 Sed Contra), y esto es la Verdad Primera
como dice Santo Tomás, lo cual se da de una doble manera, es decir material y
formalmente considerada.

Dios es objeto material de la fe en cuanto es lo conocido, la cosa u objeto conocido
(id quod). Dios es objeto formal de la fe en cuanto medio por lo cual se conoce (per
quod). Pues: “Si se considera en la fe el objeto formal, no es otro que la verdad
primera; puesto que no se asiente a la fe de la cual hablamos sino es revelada por
Dios”. (S. Th. II, q.1 , a.1).

O como también dice Santo Tomás: “La razón formal del objeto en la fe es la verdad
primera, manifestada por la doctrina de la Iglesia”. Tenemos, así, que el objeto
(motivo) formal por el cual creemos, es la palabra de Dios enseñada por la doctrina
de la Iglesia: “El que tiene las cosas que son de la fe, pero no las asiente por la
autoridad de la doctrina católica, no tiene la virtud de la fe. Mientras quién asientealgo por la doctrina católica, asiente a todo lo que la doctrina católica contiene”.(De Caritate, q. un., a. 13, ad 6).

Dios revelante (por la palabra, testimonio, autoridad divina) es el objeto formal de
la fe simpliciter; pero el objeto formal de nuestra fe (quoad nos) es la Iglesia que enseña la doctrina católica. Luego es evidente que sin la doctrina católica, no hay fe ni hay religión ni hay Iglesia Católica.

Sin la Veritas Prima, la Verdad Primera, que es Dios, no hay nada ni fe, ni Iglesia
ni doctrina católica.

Sin la verdad primera no hay Iglesia Católica apostólica y romana, luego es preciso
mantener la doctrina católica enseñada por la Iglesia Católica para tener la fe y
pertenecer a ella.

Sin la verdad de la doctrina católica no se puede pertenecer a la Iglesia Católica ni
se tiene fe. Y las cosas que sabe acerca de la fe, las posee como opinión, no como
certeza sobrenatural de la virtud de la fe como enseña Santo Tomás: “Es patente
que quién defecciona en un artículo pertinazmente, no tiene fe en los otros
artículos, digo de aquella fe es un hábito infuso; pero aquellas cosas que son de fe,
las puede tener como una opinión”. (De Caritate q. un. , a.13, ad 6).

Es una aberración teológica y una degeneración mental pretender ser de Iglesia, y
aún peor, ser autoridad doctrinal, jurídica y moral de la Iglesia cuando se profesa
pública y manifiestamente el error en materia de doctrina católica, en materia de
fe y moral, y no se diga ya de la herejía.

El propósito melifluo de Don Nicola, por no decir baboso “para no ser
políticamente incorrecto” (como se estila, usa y abusa hoy en día bajo la diosa
democracia), deja mucho que desear como teólogo consultor, pues carece del
principio y fundamento de todo, que es la Verdad Primera: Dios, y no la autoridad
vicaria del Papa de turno que puede errar en materia de fe, ya que no está inmune
de desviarse de la fe, no esta provisto de impecabilidad contra la fe, puesto que la
única promesa divina de no pecar contra la fe, de no desviarse de la fe, de ser
infalible, es cuando habla ex cáthedra como Sumo Pontífice y Pastor Universal de
la Iglesia en cosas que son materia de fe o de moral, definiéndolas como reveladas.

Ya que como cabeza goza de la misma prerrogativa de infalibilidad de la Iglesia de
modo unilateral, personal: él sólo, sin el séquito (colegio episcopal) de todos los
obispos, del cual es la cabeza.

Tan es así, que por eso se dice: “Pues no fue prometido a los sucesores de Pedro el
Espíritu Santo para que por revelación suya manifestara una nueva doctrina, sino
para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la
revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe”. (Denz.
1836).

Y por esto todo Papa legítimo confirma a sus hermanos cumpliéndose aquella
afirmación: “La primera salvación es guardar la regla de la recta fe”. (Denz. 1833).

No hay ni puede haber infalibilidad para la innovación doctrinal ni para cambiar la
doctrina, ni para adulterar la fe.

“Por lo cual instituyó Jesucristo en la Iglesia un magisterio vivo, auténtico y
juntamente perenne, al que dotó de su propia autoridad, le proveyó del espíritu de
verdad, (…) Este es consiguientemente sin duda alguna el deber de la Iglesia:
conservar la doctrina de Cristo y propagarla íntegra e incorrupta”. (Denz. 1957).

El ecumenismo modernista está condenado: “Nada más excelente ha sido dado por
Dios a los hombres que la autoridad de la fe Divina (…) ésta nos es necesaria
absolutamente para la Salvación, pues sin la fe… es imposible agradar a Dios
(Hebreos 11, 6) y : El que no creyere se condenará (Mc. 16,16)”. (Denz. 1645).
“(…) queremos excitar vuestra solicitud y vigilancia pastoral, para que, con cuanto
esfuerzo podáis, arrojéis de la mente de los hombres aquella a par impía y funesta
opinión de que en cualquier religión es posible hallar el camino de la eterna
salvación”. (Denz. 1646).

Podemos ver igualmente condenado el ecumenismo en esta otra sentencia del Papa
Gregorio XVI: “El indiferentismo, es decir, aquella perversa opinión que por
engaño de hombres malvados, se ha propagado por todas partes, de que la eterna
salvación del alma puede conseguirse con cualquier profesión de fe, con tal que las
costumbres se ajusten a la norma de lo recto y de lo honesto... y de esta de todo
punto pestífera fuente del indiferentismo, mana aquella sentencia absurda y
errónea, o más bien, aquel delirio de que la libertad de conciencia ha de ser
afirmada y reivindicada para cada uno”. (Denz. 1643).

Lo mismo reafirma Pío IX: “Es menester recordar y reprender nuevamente el
gravísimo error en que míseramente se hallan algunos católicos, al opinar que
hombres que viven en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica
pueden llegar a la eterna salvación”. (Denz. 1677).

Vemos, también, en esta otra afirmación de Pío IX la misma doctrina: “Partiendo
de esta idea, totalmente falsa, del régimen social, no temen favorecer la errónea
opinión, sobremanera perniciosa a la Iglesia Católica y a la salvación de las almas,
calificada de ‘delirio’ por nuestro antecesor Gregorio XVI, de feliz memoria, de que
‘la libertad de conciencia y de cultos es derecho propio de cada hombre, que debe
ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida, y que los
ciudadanos tienen derecho a una omnímoda libertad, que no debe ser coartada por
ninguna autoridad eclesiástica o civil, por el que puedan manifestar y declarar a
cara descubierta y públicamente cualesquiera conceptos suyos, de palabra o por
escrito, o de cualquier otra forma”. (Denz. 1690).

Por todo esto, ya decía el glorioso San Agustín: “¿Qué muerte peor para el alma que
la libertad del error?”. (Denz. 1614).

Asís I, II y III son la contradicción palmaria, pública y manifiesta de lo dicho y
condenado por los Papas y la Iglesia.

¿Cómo es posible que Don Nicola y todos los que como él piensan, no tengan en cuenta
que no hay autoridad que no venga de Dios, único autor-creador de todas las cosas
visibles e invisibles, y por lo tanto no hay autoridad para enseñar el error y no se diga, la herejía? Pues: “La fe es el principio de la humana salvación; el fundamento y raíz de toda justificación; sin ella es imposible agradar a Dios (Hebr. 11, 16) y llegar al consorcio de sus hijos”. (Denz. 801).

Por esto decía León XIII: “Lo primero que este deber nos exige, es profesar abierta
y constantemente la doctrina católica y, en cuanto cada uno pudiere,
propagarla…”. (Denz. 1936 c).

Si Roma está en la apostasía, como lo afirmó rotunda y claramente Monseñor
Lefebvre, ¿cómo es que don Nicola invita a ir a ella confiada y filialmente, y bajo la advertencia al no hacerlo, de producir un cisma, acrecentando las tinieblas como si fuera en la Roma Católica?

Esto prueba que no se puede tener otro lenguaje que el decirles que son ellos los
cismáticos, al romper con la Tradición, mantenida por todos los Papas anteriores al
Concilio Vaticano II, que son ellos los herejes que niegan la fe y la doctrina católica,que son ellos los apóstatas de Asís I (1986), II (2002) y III (2011).

San Pío X, ya había condenado el modernismo que había penetrado en la Iglesia:
“Ya no es necesario buscar a los fabricantes de errores, entre los enemigos
abiertos, sino que, con grande y angustioso dolor, los vemos introducidos en el
seno mismo de la Iglesia (…) nos referimos, venerables hermanos, a tantos seglares
y , lo que es más lastimoso, a tantos sacerdotes que con un falso amor a la Iglesia,
sin ningún sólido fundamente filosófico ni teológico, incluso impregnado de
doctrinas envenenadas, que inoculan hasta la médula de los huesos de la Iglesia, se
alzan como reformadores (…). Pues, como hemos dicho, no desde afuera, sino
dentro mismo de la Iglesia, llevan a cabo su perversa actividad; por eso el peligro se encuentra metido en las venas y en las entrañas de la Iglesia; con mucha mayor
eficacia dañina, puesto que conocen tan íntimamente a la Iglesia. A todo esto se
añade que no atacan las ramas o los retoños, sino las raíces mismas: la fe y sus más
profundas fibras. Y una vez dañada esta raíz de inmortalidad, intentan propagar el
virus por todo el árbol, de tal manera, que no hay aspecto de la verdad católica en
donde no pongan su mano y que no traten de corromper”. (Encíclica Pascendi 8 de
septiembre 1907).

La comunión es el primer lugar en la fe y la verdad, una solidaridad y una
comunión que no tienen la fe y la verdad por fundamento, es falsa como pretende
el modernismo, condenado una vez más por San Pío X en Notre Charge
Apostholique: “La doctrina Católica nos enseña que el primer deber de la caridad
no está en la tolerancia de las convicciones erróneas, por muy sinceras que sean, ni
en la indiferencia teórica o práctica, el error o el vicio en el cual vemos sumergidos a nuestros hermanos, sino en el celo para su mejoramiento intelectual y moral, así como por su bienestar material. (…) No hay verdadera fraternidad fuera de la caridad Cristiana que por amor a Dios y a su Hijo Jesucristo Nuestro Señor, abraza
a todos los hombres para aliviarlos a todos, y para llevarlos a todos a la misma fe y
a la misma dicha del cielo. Separando la fraternidad de la caridad cristiana así
entendida, la democracia, lejos de ser un progreso, constituiría un retroceso
desastroso para la civilización. Pues en efecto si se quiere llegar, y le decimos con
toda el alma, a la más grande cima del bienestar posible para la sociedad y para
cada uno de sus miembros por la fraternidad, o como se dice aún por la solidaridad
universal, es necesario la unión de los espíritus en la verdad, la unión de las
voluntades en la moral, la unión de lo corazones en el amor de Dios y de su hijo,
Jesucristo”. (nº 24).

Es mas, en el mismo documento, San Pío X pulveriza las superreligión universal (o
ecumenista de Vaticano II), al condenar el sillonismo: “Una religión (puesto que el
sillonismo, sus jefes lo han dicho, es una religión) más universal que la Iglesia
Católica, reuniendo a todos los hombres vueltos al cabo hermanos y camaradas en
el reino de Dios: “no se trabaja para la Iglesia, se trabaja para la humanidad”. (nº
39). Con lo cual se pretende una Ciudad futura con una Iglesia universal, sin
dogmas, ni jerarquía .

Todo esto pertenece, como hace ver y lo denuncia condenándolo el gran Papa San
Pío X, a : “Un gran movimiento de apostasía, organizado, en todos los países, para
el establecimiento de una Iglesia universal que no tendrá ni dogmas ni jerarquía,
ni regla para el espíritu, ni freno para las pasiones, y que, bajo el pretexto de
libertad y de dignidad humana, traería al mundo, si pudiera triunfar, el reino legal
de la astucia y de la fuerza y la opresión de los débiles, de los que sufren y
trabajan”. (nº 40).

Esto es exactamente la Nueva Religión y la Nueva Iglesia postconciliar, salida,
promulgada y oficializada por el Concilio Vaticano II, ni mas ni menos.

A esta parodia de Iglesia: Sinagoga de Satanás, invita ir Don Nicola, ¿habrase visto
la estupidez, erigida en consejera doctrinal?, emulando sapiencia paternal al invitar
a la plena comunión eclesial. Es el colmo de la impostura y de la estulticia.

El gran Domingo de Soto, uno de los teólogos españoles del Concilio de Trento,
llegó a decir que la Iglesia sería liquidada, extinguida, como hace ver el P.
Castellani, claro que esto hay que entenderlo en su aspecto oficial y humano.

El P. Castellani trae unos pasajes muy interesantes y oportunos para nosotros: “San
Victorino, mártir, continuamente dice que la Iglesia será quitada: ‘El coelum
recessit tamquam liber qui involvitur’ ; y el intérprete interpreta: ‘el cielo es
plegado, es decir, la Iglesia es quitada’; ‘de medio fiet’ - escribe Victorino en su bajo latín- que en latín significa más todavía: ‘La Iglesia liquidada’”. Y aclara el P. Castellani ante la idea de que esto pueda parecer una herejía enorme dice:
“Domingo Soto defendió que la Iglesia ‘desaparecería’. Yo no lo sigo conste. Pero
quiero decir que esa opinión no fue condenada…”. (Los Papeles de Benjamín
Benavides, ed. Dictio Bs. As. 1963, p. 273).

“San Pablo lo dice y Nuestro Señor mismo afirmó: ‘¿Cuándo Yo vuelva ¿creéis que
hallaré fe en la tierra?’ ¿Creen ustedes que una apostasía general sería posible si la Iglesia estuviera vigente, llena de pureza, de justicia, de claridad y de luz? Es
imposible. La gran apostasía hace concebible la gran persecución; pero la gran
apostasía no es concebible sin una contaminación…”. (Los Pap. p.273-274).

“(…) la Iglesia cederá en su armazón externo; y los fieles ‘tendrán que refugiarse’
volando ‘en el desierto’ de la Fe. Sólo algunos contados, ‘los que han comprado’,
con la renuncia a todo lo terreno, ‘colirio para los ojos y oro puro afinado’
mantendrán inmaculada su Fe (…)”. (Los Pap. p. 292-293). Tal como hoy se
percibe, el hecho es innegable.

En otra parte el P. Castellani aclara completando la idea: “(…) llegará un día en que
serán solamente un puñado de hombres, porque ‘cuando vuelva el Hijo del Hombre
¿creéis que encontrará fe sobre la tierra?’, porque fe habrá, aunque sean pocos y
perseguidos, en los últimos tiempos. Pero la fe en este sentido significa la fe
organizada, es decir, la Iglesia. La Iglesia -dice el teólogo Domingo Soto- ‘será
quitada del medio’ ”. (Catecismo para Adultos, ed. Grupo Patria Grande. Bs. As.
1979, p. 35-36).

Con todo esto se puede pensar que en su parte humana la Iglesia puede sufrir un
revés mortal, es decir, en una parte de su componente humano, como por ejemplo,
la jerarquía oficial, o la Iglesia oficial (los prelados de la jerarquía de la Iglesia).

Que por un misterio de inefable iniquidad (las profundidades de Satanás), la Iglesia
oficial corrompa la fe; se desvíe y caiga en la herejía y la apostasía, tal cual, vemos desde el conciliábulo Vaticano II, pues no se le puede llamar de otra forma al
constituirse como un Concilio Universal no infalible de la Iglesia.

Por todo esto, Monseñor Lefebvre dijo: “Este Concilio representa, tanto a los ojos
de las autoridades romanas, como a las nuestras, una nueva Iglesia a la que por
otra parte llaman ‘la Iglesia conciliar’. Creemos poder afirmar, ateniéndonos a la
crítica interna y externa del Vaticano II, es decir, analizando los textos y estudiando los pormenores de este Concilio, que este, al dar la espalda a la Tradición y romper con la Iglesia del pasado, es un Concilio cismático. Se juzga el árbol por sus frutos”. (La Nueva Iglesia, ed. Iction Bs. As. 1983, p. 124).

Y más adelante recalca: “Todos los que cooperan en la aplicación de este
trastocamiento, aceptan y adhieren a esta nueva ‘Iglesia conciliar’ –como la designa
Su Excelencia Monseñor Benelli en la carta que me dirige en nombre del Santo
Padre, el 25 de Julio último-, entran en el cisma”. (Ibid. p. 125).

Esto le cae como anillo al dedo (a la medida) a Don Nicola Bux, en respuesta a su
empalagosa, por no decir babosa carta, invitando a Monseñor Fellay y a todos los
miembros de la Fraternidad San Pío X, a ir a Roma confiada y filialmente, para
entrar en la plena comunión, mientras, advierte a su vez, que un rechazo no haría
sino aumentar las tinieblas de un cisma irreparable.

Monseñor Lefebvre, hace una distinción que nunca jamás hay que olvidar y
siempre tener en cuenta, y quizás sea la afirmación más importante ante la Roma
apóstata: “Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la
Tradición entrase en la Iglesia visible. Pienso que se comete allí un error muy, muy
grande. ¿Dónde está la Iglesia visible?. La Iglesia visible se reconoce por las
señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica. Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia?. ¿Están más en la Iglesia oficial? (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, en lo que somos?. Queda claro, que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial”. (Fideliter nº 66 noviembre - diciembre 1988).

Sí, Monseñor Lefebvre afirmó categóricamente que la Iglesia visible no es la Iglesia
oficial actual, y lo podemos ver además en este otro pasaje: “Por supuesto, se podrá
objetársenos: ‘¿Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no
perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa?’. No somos
nosotros, sino los modernista quienes salen de la Iglesia. En cuanto a decir ‘salir de la Iglesia visible’, es equivocarse asimilando Iglesia oficial, a Iglesia visible. (…) ¿Salir, por lo tanto de la Iglesia oficial?. En cierta medida, sí, obviamente”. (Fideliter nº 66 noviembre- diciembre 1988).

Queda claro con esto, que el oficialismo no es legitimismo, lo oficial no es
necesariamente lo legitimo, la legitimidad. El cisma queda claro que lo producen los modernistas, no nosotros los tradicionalistas; los cismáticos son ellos, es más,
son apóstatas, con y por su ecumenismo. Esto lo afirma Monseñor Lefebvre en su
último libro Itinerario Espiritual al denunciar el ecumenismo apóstata: “Los que
estiman un deber minimizar estas riquezas, incluso negarlas, no pueden sino
condenar a estos dos Obispos y así confirman su cisma y su separación de Nuestro
Señor y su Reino, a causa de su laicismo y ecumenismo apóstata”. (Itinéraire
Spirituel. Séminaire Internationale Saint Pie X, Ecône, 1990, p. 9).

Y no se diga que Monseñor Lefebvre no los señalaba como cismáticos y apóstatas,
pues este texto, que fue suprimido en la edición hecha en el Seminario de La Reja,
por el Padre Guillaume Devillers, así lo demuestra: “Esta apostasía, hace de sus
miembros unos adúlteros, unos cismáticos, opuestos a toda tradición, en ruptura
con el pasado de la Iglesia y luego con la Iglesia de hoy en día, en la medida en la
cual ella permanezca fiel a la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo. (Ibíd. p. 70).

Recordemos además lo que Monseñor Lefebvre dijo en una de sus conferencias
durante el retiro sacerdotal en Ecône, el 4 de septiembre de 1987, después de su
entrevista con el entonces Cardenal Ratzinger, del 14 de julio de ese mismo año:
“Lo que les interesa a todos ustedes, es conocer mis impresiones después de la
entrevista con el Cardenal Ratzinger el 14 de julio último. Lamentablemente debo
decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía. Estas no son palabras
en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía”.

Y en la misma conferencia más adelante, no titubea en darles el mote bien
merecido de anticristos: “Pienso que podemos hablar de descristianización y que
estas personas que ocupan Roma hoy, son anticristos. No he dicho ante Cristos, he
dicho anticristos, como lo describe San Juan en su primera carta: ‘ya el Anticristo
hace estragos en nuestro tiempo’. El Anticristo, los anticristos; ellos lo son, es
absolutamente cierto”.

Esto que dijo Monseñor Lefebvre hacia el final de su vida, en su último libro:
Itinerario Espiritual, que nos deja como herencia y testimonio, Monseñor Fellay, y
tras él, el nefasto Padre Franz Schmidberger (cual cerebro gris) y un grupito que les
entornan, adulteran el testamento espiritual del fundador en su afán de ser
reconocidos por Roma modernista y apóstata.

¿Qué se puede esperar?, no quedan sino dos caminos: o la afirmación de la fe,
condenando a su vez el error y la herejía, o la claudicación, ya sea solapada sin
acuerdo, o declarada con acuerdo, pero claudicación, al fin y al cabo.

P. Basilio Méramo
Bogotá, Marzo 29 de 2012