San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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lunes, 8 de agosto de 2011

LA FALACIA DE UN SERMON DIGNO DE UN MODERNISTA




Monseñor de Galarreta pronunció el 29 de Junio de 2011 en Ecône un sermón, en las ordenaciones sacerdotales, digno de un auténtico modernista, aunque, quizás su discurso fuera conservador y moderado, pero de corte modernista al fin y al cabo.

Queriendo explicar o mejor justificar las conversaciones (diálogos) con Roma modernista, adultera y apóstata, como bien dijo Monseñor Lefebvre: “Roma está en la apostasía”, Monseñor de Galarreta cae con su discurso en el más aberrante modernismo. Su explicación es peor que la enfermedad, cual inepto médico al que se lo estereotipa en el refrán popular: peor el remedio que la enfermedad.

Trata de justificar que en primer lugar hay que ir a Roma por ser católicos, apostólicos y romanos; como si Roma modernista fuera católica, apostólica y romana, cosa que evidentemente no es así, no solamente Monseñor Lefebvre dijo que Roma está en la apostasía y que esto no eran palabras en el aire, sino además que en Roma había una logia masónica vaticana (conferencia de 1976 que se trato de hacer desaparecer y silenciar); todo lo cual evidencia la triste realidad que en términos apocalípticos es la abominación de la desolación en lugar santo.

Monseñor de Galarreta no tiene en cuenta que al ir a Roma, a la casa paterna, se encuentra con siniestros personajes revestidos de mitra y purpura, y al igual que en el famoso y tan conocido cuento de Caperucita Roja, creyendo cándidamente que estaba ante la abuelita, lo que tenía en frente era al astuto y feroz lobo, con el cual dialogaba como si fuera la abuelita, como si fuera católica, apostólica y romana y era en realidad el astuto y voraz lobo.

El ejemplo puede ser chocante e insultante, pero más chocante e insultante es la triste realidad con sus hechos, que no admiten refutación alguna.

Otro de los sofismas de Monseñor de Galarreta es su espejismo visual, que le hace tomar como una realidad irrefutable algo que no lo es, su falsa óptica lo lleva a una visceral y alérgica posición anti- apocalíptica, en flagrante oposición a la Historia, ante todo el proceso revolucionario que viene “in crescendo”, y de la Metafísica de la Historia (la lucha del bien y del mal), y de la Teología de la Historia: la pugna entre Cristo y Satanás, la Iglesia y la contra Iglesia con su fase última y apocalíptica.

Se es católico por la profesión pública de la fe, no por ir o no a Roma, y menos hoy cuando Roma es modernista y está en oposición frontal y sistemática con la Tradición Católica.

Es olvidar lo que Monseñor Lefebvre decía:“Lamentablemente debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía. Estas no son palabras en el aire, es la verdad; Roma está en la apostasía”; y por si fuera poco esto lo dijo después de haber tenido una entrevista con el entonces Cardenal Ratzinger (hoy Benedicto XVI) el 14 de julio de 1987, (Conferencia retiro sacerdotal en Ecône septiembre de 1987).

Se trata de otra religión como advirtió Monseñor Lefebvre en su última conferencia a los seminaristas el 11 de Julio de 1991: “La situación en la Iglesia es más grave que si se tratara de la pérdida de la fe. Es la instalación de otra religión, con otros principios que no son católicos”.

Se trata de una Nueva Iglesia: “Este Concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a los nuestros, una Nueva Iglesia a la que por otra parte llaman, la Iglesia conciliar.” (Monseñor Lefebvre, La Nueva Iglesia -Tomo II de: Un Evêque Parle, ed. Iction Buenos Aires 1983 p. 124).

Por esto en su declaración de 1974 Monseñor Lefebvre no titubeó en decir. “Nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir a la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después en todas las reformas que de este salieron”.

En la carta a los cuatro futuros obispos Monseñor Lefebvre hace la siguiente denuncia: “La Sede de Pedro y los puestos de Roma siendo ocupados por anticristos, la destrucción del Reino de Nuestro Señor se prosigue”.

Monseñor Lefebvre no dudaba en catalogar de bribones o bandidos al referirse a Roma. A l contestar a una pregunta en la entrevista con la revista francesa, Le Choc du Mois: “Cuando se llega a Roma, no hay más hombres, no hay más valor, pues allí, nos encontramos ante bandidos. Para pesar sobre ellos, hay que oponerse con determinación. Entonces respetan.”( nº 10 Septiembre 1988, p.109).

Todo esto lo hace incluso avizorar, lo anunciado por las Escrituras sobre los últimos tiempos apocalípticos, en la carta de Cuaresma del 25 de Enero de 1987: “Este sacudimiento de la fe parece preparar la venida del anticristo, según las predicciones de San Pablo a los Tesalonicenses y de acuerdo con los comentarios de los Padres de la Iglesia.”

Cosas que tanto Monseñor de Galarreta como Monseñor Fellay tienen prácticamente olvidadas y sin mayor relevancia al juzgar y actuar en el mundo de hoy, en la hora presente. Es más, descartan de plano toda perspectiva apocalíptica de la crisis actual y jamás vista en la historia de la Iglesia.

Todo lo cual el gran Papa San Pio X llegó a señalar desde su primera carta encíclica “E supremi apostolatus” del 4 de Octubre de 1903, hace más de un siglo, para que hoy estulta y supinamente se lo niegue: “Es indubitable que quien considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, como prólogo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos; o incluso pensara que ya habita en este mundo el hijo de la perdición de quien habla el Apóstol. (…) Por el contrario esta es la señal propia del anticristo según el mismo Apóstol; el hombre mismo con temeridad extrema ha invadido el campo de Dios, exaltándose por encima de todo aquello que recibe el nombre de Dios”.

Ante todo esto, con absurda ingenuidad, viene a decir Monseñor de Galarreta: “Sabemos que la crisis necesariamente encontrara su solución, la crisis desaparecerá en Roma y por Roma”. Si pero con la Parusía del Señor y no por obra humana alguna, ni por las fuerzas de la historia y el actuar del hombre como cree el progresista.

Hablar de caridad, de misericordia y de comprensión como si tratase de incultos e ignorantes lejos de la civilización, cuando en realidad se trata de prelados y jerarcas eclesiásticos, es tener un lenguaje que raya en un abyecto modernismo.

“Es difícil dejar el error mientras se vivió toda su vida en el error (…) Tengamos piedad”, exclama Monseñor de Galarreta; es el colmo de la aberración, pues no son desamparados salvajes que no han tenido la fortuna de conocer mejor a Dios, son altos jerarcas y prelados de la Iglesia que tienen el deber de conocer y enseñar la fe y la verdad revelada.

“Ellos necesitan simplemente lo que ya hemos recibido gratuitamente, la luz y la gracia”, (prosigue Monseñor de Galarreta). Inimaginable pensar que está hablando de Obispos, Cardenales y Papas, parecería que hablase de indigentes, marginados e ignorantes que no han tenido la oportunidad de recibir la luz de la fe y la gracia divina. Es inaceptable tal lenguaje aplicado a quienes tienen el deber como prelados y superiores, con autoridad y poder para adoctrinar y enseñar. Si no tienen la luz de la fe y de la gracia, es porque la han perdido, es porque la han impugnado cual pecado contra el Espíritu Santo, cual fariseos en franca oposición a la verdad manifiesta.

Por si fuera poco todo esto, el que se opone a su visión de caridad falsa y modernista, es considerado sin gracia ni caridad, pues así lo expresa: “Los que se nos oponen ferozmente y por principio a todo contacto con los modernistas, me recuerdan un pasaje del Evangelio: ‘No sabéis de qué espíritu estáis animados’. Sí, todavía no habían recibido el Espíritu Santo que difunde la caridad en el corazón y no sabían de qué espíritu eran”. Qué belleza de lenguaje, qué comparación, digna del más encumbrado de los liberales modernistas.

Y por si fuera poco, creyéndose todo un consumado paladín con ínfulas de recio y valiente capitán, Monseñor de Galarreta, se explaya cual Quijote : “No veo como la firmeza doctrinal sería contraria a la flexibilidad. (…) No veo. No sé cómo la intransigencia doctrinal sería contraria a las entrañas de misericordia, al celo misionero y apostólico.” Vaya defensor de la firmeza doctrinal, pues tiene el ridículo parecido de la caricatura con la realidad.

Pero por si acaso alguien en su fragilidad humana se pudiera escandalizar con lo que digo, van aquí algunas palabras del famoso y combativo Presbítero Sardá y Salvany en su libro El Liberalismo es Pecado, ed. Ramón Casals. Barcelona 1960: “Ya se nos echa en el rostro lo de la ‘falta de caridad’.” (p.53).

“No hay, pues, falta de caridad en llamar a lo malo, malo; a los autores, fautores y seguidores de lo malo, malvados; y al conjunto de todos sus actos, palabras y escritos, iniquidad, maldad, perversidad.” (p.57).

“Si la propaganda del bien y la necesidad de atacar el mal exigen el empleo de frases duras contra los errores y sus reconocidos corifeos, éstas pueden emplearse sin faltar a la caridad.” (p.57)

“Al mal debe hacérsele aborrecible y odioso, y no puede hacérsele tal, sino denostándolo como malo y perverso y despreciable” (p.57)

“Las ideas malas han de ser combatidas y desautorizadas, se las ha de hacer aborrecibles y despreciables y detestables a la multitud, a la que intentan embaucar y seducir” (p.61)

“Así conviene desautorizar y desacreditar su libro, periódico o discurso; y no sólo esto, sino desautorizar y desacreditar en algunos casos su persona. (…) Se le pueden, pues, en ciertos casos, sacar en público sus infamias, ridiculizar sus costumbres, cubrir de ignominia su nombre y apellido. Sí, Señor; y se puede hacer en prosa, en verso, en serio y en broma, en grabado y por todas las artes y por todos los procedimientos que en adelante se puedan inventar.” (p.61).Magistrales palabras para aplastar al espíritu liberal que le ha carcomido las neuronas a más de uno.

Y citando a Crétineau-Joly, da la razón y motivo Sardá y Salvany: “La verdad es la única caridad permitida a la historia; y podría añadir: A la defensa religiosa y social.” (p.61).

Pues bien, esto va para los posibles cuestionamientos de los que con visos de caridad falsa por supuesto, quieren ahogar oprimir y silenciar la verdad.

La caridad única y verdadera, es la verdad, pues Dios es Caridad y Dios es Verdad. Concebir la caridad sin la verdad, es uno de las adulteraciones del modernismo y del liberalismo.

Es por esto que Sardá y Salvany dice en consecuencia: “Nuestra fórmula es muy clara y concreta. Es la siguiente: La suma intransigencia católica, es la suma católica caridad”. (p.55). Claro está que esto no lo entiende ni quiere entenderlo el hombre de hoy, es más, no le parece por las influencias de la atmósfera liberal, políticamente correcto.

Pero sí debe quedarnos claro, cuál es la caridad verdadera, pues de lo contrario, una falsa caridad destruiría la verdad, ya que advierte Sardá y Salvany: “Es, como muy a propósito ha dicho un autor, hacer bonitamente servir a la caridad de barricada contra la verdad.” (p.53). No hay verdad sin caridad, ni caridad sin verdad.

Espero que Monseñor de Galarreta, tenga conmigo la mitad de la misericordia, compasión y caridad que prodiga a los modernistas, aunque yo sea un intransigente tradicionalista. Y si de no ser así, que al menos tenga presente lo que dijo el Martín Fierro:
“Mas naide se crea ofendido,
pues a ninguno incomodo;
y si canto de este modo
por encontrarlo oportuno,
NO ES PARA MAL DE NINGUNO
SINÓ PARA BIEN DE TODOS.”


P. Basilio Méramo
Bogotá, 7 de Agosto de 2011

domingo, 17 de julio de 2011

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Escuchamos en el relato del Evangelio de este quinto domingo después de Pentecostés, cómo nuestro Señor les dice a sus discípulos que debía ser más cumplida su justicia que la de los escribas y fariseos; es decir, que no debía ser precisamente cómo era concebida y practicada por los escribas, doctores de la Ley y los fariseos, esa cúpula o elite religiosa dentro del judaísmo, la parte más prestigiosa de la doctrina judía. Y con esto nuestro Señor quiere hacer ver que la ley es muy distinta a lo que los judíos, escribas y fariseos pensaban y creían.

La justicia no más que esa virtud que tiene como objeto específico el bien común y que de algún modo sirve a éste, aunque de modo indirecto. Por eso esa jurisprudencia en el orden sobrenatural es la santidad. Porque el bien común en el orden sobrenatural es Dios Trino, en la Trinidad de Personas y su gracia; por eso a la justicia muchas veces en el Antiguo Testamento, se la designa directamente como la santidad.

Vemos cómo entonces nuestro Señor reprocha la ley tergiversada de los fariseos, de los judíos. Aquello no era imparcial y por lo mismo quiere que nosotros tengamos la verdadera justicia, distinta a la de los fariseos. Porque el ser humano es muy sensible a todo lo injusto. Y sólo Dios sabrá si el mundo de hoy no lo es en sus leyes, en sus constituciones. La norma y la conducta son indebidas.

No se tiene por primacía el bien común; es aberrante porque una nación, un pueblo y un Estado cuyo gobierno, cuya razón social no sea lo justo está perdido; por eso el mundo hoy está confundido. Los políticos de hoy valen nada, son unos corruptos porque no trabajan por el pueblo, sino para bien propio, como mercenarios; y no hay nadie que así lo diga, que así lo haga ver, no para que cambien, porque difícil sería que lo hicieran, pero, por lo menos, para cantar la verdad. La realidad no puede ser oprimida y nuestras inteligencias no pueden tolerar el error y no sólo el privado sino el socialmente instituido; y eso sucede aquí en Colombia y en todo el mundo; no prima el bien colectivo, ya no existe. Estamos igual o peor que los judíos y fariseos.

Entonces ¿qué concepto católico sobrenatural vamos a tener ya de la justicia? Si no lo tenemos en el orden social, en el moral. ¿Qué justicia podrá haber? Por eso estamos como hijos sin madre y sin padre, sin Iglesia, porque hasta ella se nos está derrumbando. Esa es parte de la gran crisis actual, ya que no solamente el mundo anda mal sino también la Iglesia en su parte humana; porque si bien su parte divina es santa, es buena, es indestructible e indefectible, la parte humana sí es defectible y ese es el gran drama. Falta la justicia.

Los gobiernos, los imperios y los mandos se legitiman por el ejercicio de la ley en el mundo, y en la Iglesia con mayor razón; eso es lo que legaliza la autoridad, el ejercicio del bien común; había y hubo reyes y personajes que pudieron ser bastardos pero que por el empleo del bien general se oficializaron. Así pasó con Juan de Austria, hijo ilegítimo de Carlos V, que venció en Lepanto a los turcos, con Carlos Martel en Francia, hijo ilegal de Pipino, que venció a los musulmanes en Poitiers. Para mostrar que en última instancia, lo que da legitimidad a la autoridad o al poder es el bien común. Asimismo puede suceder que a un rey o a un gobernante con todos los derechos y títulos de su origen para ser rey, para ser gobernante, se le desconozcan al por no servir a la comunidad.

Lo anterior también ocurre en la Iglesia. Si su autoridad no se ejerce para el bien común que es predicar la verdad, la salvación de las almas y la gloria y honra de Dios, todo se destruye, no queda Iglesia; podrán quedar las apariencias, como la cáscara. En eso se había convertido la doctrina judía por el fariseísmo, que es la corrupción específica de la religión, que es dejar que la fe quede en una pura apariencia exterior de poder y de mando, pero vaciado de su contenido sobrenatural y verdadero, de la verdad. Tenían el Antiguo Testamento, la Ley de Moisés, pero ese no era su dogma ni su credo. Su creencia era el Talmud, la Cábala, el fariseísmo, la corrupción de la religión; lo que quedaba era una solamente apariencia de la religiosidad, pero vacíos los corazones de la verdad, del amor a Dios. Y la prueba de todo aquello está en que a nuestro Señor lo crucificaron en el nombre de la religión. ¿Se habrá visto peor patraña, peor abominación? Matar a Dios en el su nombre. Porque si invoco la religión, es a Dios en última instancia a quien recurro y en nombre de ella los judíos y los fariseos crucificaron a nuestro Señor.

Hoy pasa lo mismo; la doctrina católica está convertida en una pura fachada, está desnaturalizada de su contenido, de su espíritu de verdad; queda simplemente la apariencia, el poder, los puestos, las jerarquías, la autoridad que no sirve al bien común, que no sirve a la verdad, que no honra ni glorifica a Dios. La prueba de todo está en que es el hombre el centro del culto, de lo que se llama en las parroquias religión católica pero que no lo es; donde se exalta al individuo, la dignidad de la persona, sus derechos, sus libertades. Y esos derechos y esas libertades son los que ensalzan todas las constituciones de los estados que son antropólatras, que adoran al hombre, lo colocan como rey y desplazan a Dios.

Lo increíble de todo es que si lo hacen los estados, las naciones con sus constituciones, sea con el beneplácito de la jerarquía de la Iglesia. No olvidemos que a Colombia, un país tan católico y consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, en el nombre de la libertad religiosa proclamada por el Vaticano II, se lo dejó arrinconado. De esa herejía nace otra, el ecumenismo. Como decía monseñor Lefebvre: “Si hay una nueva herejía en estos tiempos, más allá del liberalismo, del modernismo, del progresismo, es la herejía del ecumenismo”; eso está en sus escritos, no lo invento yo.

Y ese cisma del ecumenismo, decía, brota, surge, nace de la libertad religiosa que ya no admite, no tributa el culto único y exclusivo al Dios verdadero con la singular y extraordinaria religión verdadera, la Iglesia católica, apostólica y romana. Eso es lo que niega la libertad religiosa, lo que rechaza el ecumenismo, la exclusividad de la Iglesia.

“A Dios lo puedo adorar como quiera, así como me da la gana vestirme como sea; hago lo que quiero, soy libre”. Desgraciadamente así piensa la juventud, y no solamente ella, sino también los adultos, el hombre moderno, y así lo proclamaron el liberalismo y la Revolución francesa. El hombre es libre para hacer lo que quiere, pero no para tributarle a Dios un verdadero culto con la verdad enseñada por la Iglesia católica sino como a ellos “les dé la gana”. Eso en definitiva ¿no es creerse Dios? Rebajar a Dios a lo que yo piense, a lo que “a mí se me antoje”; por eso, “como hago lo que quiero”, ¿para qué me voy a arrodillar delante del Sagrario, que ya ni hay porque está en un rincón?, ¿para qué me voy a hincar al comulgar?; la recibo en la mano, de pie y sin confesión como “se me da la gana”. Es un hecho que lo están haciendo en todas las parroquias.

Pero lo lamentable de toda esta situación es que haya tan poca gente que se percate de ella y si acaso lo hacemos, es tal la presión del mundo en sus conceptos sociales y religiosos, que nos hacen transigir en nuestra integridad religiosa. Por eso somos tan pocos y no tenemos esa fortaleza que nos hace íntegros desde adentro, con la cohesión necesaria para poder derribar a esos falsos ídolos que hay a nuestro alrededor y en nuestras mismas casas, en nuestras familias, ya no se diga del vecino, ni de la sociedad.

Debemos, pues, tener una justicia muy diferente a la de los fariseos, a la de los judíos, para que seamos sacrificados por el bien común como fue nuestro Señor; por eso se le crucificó y no por loco como tantos que por ahí también se inmolan bajo una falsa concepción de Dios, como lo hacen los musulmanes. ¿No fue acaso una inmolación ese atentado en Nueva York? Quien lo hizo sabía que iba a morir y se ofrendó por un falso Dios.

Y nosotros, con toda la revelación, con todo el peso de la verdad no somos capaces ni de la mitad ni mucho menos; vergüenza nos debiera dar; pero así somos. Por eso hay que pedir verdadera fortaleza y noción de justicia, para que toda nuestra religión no sea una apariencia, una cáscara; que tengamos verdadero contenido y sepamos por qué vivimos y por qué vamos a morir, porque tarde o temprano falleceremos. El que no se ha inmolado espiritualmente, moralmente, al menos, ¿cómo llegará a ser un buen cristiano?, ¿cómo llegará a la hora de la muerte en estado de gracia para merecer el cielo? Si somos fariseos, si nuestra religión es puramente externa, si nuestras acciones son puro convencionalismo, estamos muertos en vida y no servimos para nada sino para ser quemados como la paja.

Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, nos ayude para que nuestra fortaleza sea la de Dios, basada en Él y no en el hombre que es miseria, barro, paja y así, aun si somos derrotados como hombres, podamos asociarnos a la victoria de nuestro Señor. Si estamos con Dios no vamos a temer al enemigo o al mundo, absolutamente a ninguno; y si tenemos miedo es porque no tenemos esa fe y esa fortaleza que viene de Dios; de lo contrario, pidámosla cada día y así Dios nos asistirá por intercesión de nuestra Madre del cielo la Santísima Virgen María. +

PADRE BASILIO MERAMO
13 de julio de 2003

sábado, 16 de julio de 2011

CONMEMORACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En la festividad de nuestra Señora del Monte Carmelo, debemos recordar la importancia de la Santísima Virgen María en la historia de la humanidad y en la de la Iglesia. No olvidar el regalo que nos hace Dios dándonos a esta Madre que es de todos nosotros y es la Reina del cielo. La advocación de la Virgen del Carmen, que viene del Monte Carmelo, es prehistórico, ya que allí San Elías redujo a un sinnúmero de idólatras de falsos dioses y de falsos sacerdotes aniquilados por Dios. Y en ese monte justamente nace la advocación de nuestra Señora del Carmen, remontándose así al Antiguo Testamento para mostrar cómo Ella sigue la historia de los hombres en el camino de su salvación.

Por eso nuestro Señor la deja como una garantía de nuestra redención, y la tenemos en el rezo del Santo Rosario que sabemos desde Fátima, aparición que ha sido ratificada por un milagro que no solamente vieron allí en Fátima miles de personas sino después el papa Pío XII, tres veces en el Vaticano. Lo curioso es cómo él no quiso publicar el tercer secreto y parece que aun ni leerlo e instituir la fiesta de una manera solemne. Claro que ya entonces había toda una conspiración contra Fátima, contra nuestra Señora aun dentro del Vaticano, en aquella época, cuando reinaba Pío XII; es inimaginable, pero así sucedió. Qué diremos ahora.

Y sabemos que desde Fátima el rezo del Santo Rosario, que es una síntesis del Evangelio, contiene los quince misterios, no son cinco, cinco es la tercera parte. El Rosario completo son los quince misterios más relevantes e importantes de la vida de nuestro Señor. Y con esta práctica, como dice nuestra Señora en Fátima, a través de Sor Lucía, no hay ningún problema ni material ni espiritual que no tenga solución; lo que debemos tener presente sobre todo para las dificultades espirituales, cuando no haya, cuando no tengamos misa, cuando no tengamos sacramentos, cuando seamos perseguidos, cuando llegue esa terrible hora en la soledad y que tengamos que dar testimonio so pena de claudicar.

También otra perla de garantía de nuestra salvación la tenemos con el escapulario que fue prometido a San Simón Stock en 1251, en pleno siglo XIII, siendo General de la Orden de los Carmelitas, lo cual le da ese privilegio, no solamente a los de su congregación que llevasen este distintivo, sino también a todos los demás. Por eso el escapulario es un hábito defensa, de lana. Y lo nombra de esta forma para que no lo confundamos con esas pastas de plástico que no son escapulario; es más, esta insignia no debe superar la mitad de la parte impresa que tiene el dibujo, tiene que ser menos de la mitad, según las normas de la confección del escapulario que es una miniatura de ese hábito que llevan los religiosos por detrás y por delante.

La única excepción es la medalla a la que San Pío X también le dio el mismo valor para las personas que tenían inconveniente por la debilidad, por la pérdida o rotura, por la fragilidad de esa pequeña tela. Entonces no nos dejemos engañar con cualquier escapulario, hecho de cualquier manera.

La promesa de ese escapulario es que nadie que siempre lo lleve irá al infierno, es decir, que no se condenará, está garantizada la salvación, que no es poca cosa. Pero hay que llevarlo dignamente con fe y cumplimiento de los mandamientos de la Ley de Dios. No como muchos, como un escudo, pero vulnerando la Ley dddivina, como hacen muchos hampones, sicarios, que he conocido personalmente con revólver en mano para matar y le piden a uno que les imponga el escapulario para que cuando les disparen no les alcance la bala. Pero aún así parece que tuvieran más fe esos sicarios que nosotros y créanme que muchas veces se han salvado llevando el distintivo carmelita. Pero claro que eso no va a ser así siempre. Es simplemente para que vean cómo a veces los bandidos tienen más fe que nosotros.

Por si fuera poco, esa promesa que hizo en aquel entonces nuestra Señora al superior de los carmelitas, se complementó con el privilegio sabatino; es decir, que nuestra Señora incluso sacaría del purgatorio a las almas al sábado siguiente después de su muerte, según nuestra manera de contar. Entonces hay esa doble promesa, la de salvarnos y la de sacarnos del purgatorio si morimos con el escapulario puesto, que hemos llevado durante nuestra vida como buenos católicos; porque si lo portamos como malos creyentes esas promesas difícilmente, por lo menos la segunda, tendrán lugar; es decir, la de sacarnos prontamente del purgatorio si es que nos salvamos.

Así nuestro Señor deja entonces a través de nuestra Señora esas dos prendas, para tener una garantía de nuestra salvación y por eso no debemos olvidarlo y tenerlo en cuenta. Simplemente, basta haber recibido una sola vez la imposición del escapulario y las otras se cambia, se renueva, y ya quedamos inscritos en ese libro que pide el ritual y que hoy no se hace porque casi todo eso está abolido, pero entonces hacerlo en el libro que tiene Dios.

Pidamos a nuestra Señora del Monte Carmelo, a nuestra Señora del Carmen, que nos proteja sobre todo en estos tiempos tan difíciles para el verdadero católico, para el que quiere ser buen católico y seguir en todo la virtud que nos señalan los diez mandamientos. Eso no es fácil; es muy difícil, ¿por qué? Simplemente por la moda; la mujer que viste a la costumbre de hoy ciertamente no es buena católica aunque no se dé cuenta; ni quien ve la televisión, quien lo hace, con toda la porquería e inmundicia que se observa allí, no puede ser buen católico.

Peor si a eso le seguimos sumando lo que piensa la gente: que nada es pecado, que todo es permitido, que se puede hacer lo que cada uno quiere. En la familia, los que se divorcian, los que se casan por el matrimonio civil, eso no es ser católico; no se diga ya de los contraceptivos, de los abortos, todo eso es no ser católico. Las revistas pornográficas son exhibidas públicamente, ya no escondidas como antaño. No se puede ir a una farmacia porque cuando no hay una revista inmunda, hay algún otro artículo de igual forma asqueroso. Y ni qué decir de la educación sexual en los niños, se los corrompe por ley de la nación. Y así seguimos viendo una cosa tras otra; díganme si así no es difícil ser buen católico.

Claro que ser “católico” protestante como la mayoría lo es hoy, sí es muy fácil: el libre examen, el libre hacer y querer, eso es ser cismático y por eso la Iglesia se está convirtiendo en otra religión, y sus fieles se están protestantizando sin salir de la Iglesia; por eso se piensa y se obra como verdaderos infieles sin darse cuenta de ello y paro aquí de contar porque sería larga la lista. Lo he dicho sencillamente para mostrar que es muy difícil pero sin embargo no es imposible, eso requiere un esfuerzo de virtud heroica para cada minuto, para cada segundo, a lo largo de las horas, de los días y de los años hasta la muerte, para que podamos vivir en estado de gracia. Se necesita un permanente control y freno que no hay, que no existe en el mundo moderno, ni el social de antaño; por eso vivimos una verdadera Babilonia, peor que Sodoma y Gomorra, porque si es verdad lo que se dice, por dar un ejemplo, que hace unos días en Alemania hombres y mujeres en cueros estaban revueltos. Eso, ¿no es peor que Sodoma y Gomorra? Claro que sí, y peor en ese país que se le tiene por culto, por avanzado.

Por eso debemos pedirle a nuestra Señora que nos ayude a ser buenos católicos, porque ya ni cristianos se puede decir, ya que los protestantes han usurpado este nombre; no son de Cristo, porque no son de la Santísima Virgen María. Así de sencillo, son herejes, son protestantes y nosotros nos estamos volviendo como ellos sin darnos cuenta, por el modernismo que ha cambiado prácticamente la estructura de la misma Iglesia. Pero ahora no voy a hablar de eso para no alargarme. Debemos por lo menos recordarlo, para que nos haga abrir los ojos, y pidamos a Dios la luz y a la Santísima Virgen María la protección de la Iglesia que está hoy peor que nunca; no la Iglesia en su esencia, pero sí en su parte humana y material, en sus hombres, en sus integrantes tan corrompidos, tan prostituidos y eso de un modo oficial, no privado.

Siempre hubo la corrupción privada pero la putrefacción instaurada oficialmente, hecha ley, eso ya es diferente; cambia todo porque ya no se combate el mal, el vicio y ¿qué moral e Iglesia puede haber? Por eso se insiste en el matrimonio de los sacerdotes. Porque, es cierto, es muy difícil ser un sacerdote célibe si se es modernista y progresista; es imposible. Si es difícil siendo aun en la verdad y en la Tradición de la Iglesia porque hay que luchar, pero se tienen las armas; y si no se tienen es imposible luchar. Por ello vemos esa corrupción en el clero, en los religiosos, porque no es posible sin virtud, sin espiritualidad verdadera resistir al mal que hoy impera pública y socialmente dentro y fuera de la Iglesia, eso es un hecho.

Y solamente si no queremos ver no lo veremos, sino que hay que estar muy obcecado para no admitirlo. Tenemos que aprovechar ese auxilio que nos da nuestro Señor a través de su Santísima Madre para que Ella nos proteja y nos facilite en cierto modo las cosas; que nos evite el mal y la fatal caída y que podamos así avanzar en el bien y en la verdad guiados de su santa mano. +

PADRE BASILIO MERAMO.
16 de julio de 2003

viernes, 1 de julio de 2011

FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN DE NUESTRO SEÑOR


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Que en esta fiesta del Sagrado Corazón, la cual nos revela el amor que nuestro Señor nos prodigó desde la Cruz, nos ayude a acercarnos más a ese misterio de amor que es la Redención: la salvación del alma.

Algunos padres o sacerdotes maristas, cordimarianos o del Sagrado Corazón, piensan ingenuamente que es una revelación que se hizo con San Juan Eudes y después con Santa Margarita María de Alacoque, que nos descubre los misterios de amor de Dios y de nuestro Señor y que antes no se conocían. Es un error, porque el amor es esencial a la religión católica; otra cosa es que gracias a San Juan Eudes y a Santa Margarita, se recobró la memoria de este amor misericordioso de nuestro Señor, dados los errores del Luteranismo, del Calvinismo, del Jansenismo, que hacían de la religión algo desprovisto de amor, donde la religión era miedo y no precisamente amor, parecido a lo que era en el Antiguo Testamento. Una manera de judaizar la religión católica, separándola o desproveyéndola del amor misericordioso de nuestro Señor.

Así como Eva sale del costado de Adán, la Iglesia en la Cruz sale del costado de nuestro Señor Jesucristo; por eso decimos que la Iglesia quedó constituida plenamente el día de la crucifixión, con lo cual la fiesta de hoy, del Sagrado Corazón, vendría también a ser la fiesta de la institución de la Iglesia en la Cruz, cuando nuestro Señor fue atravesado por una lanza y de su corazón brotó sangre y agua y así, derramó hasta sus últimas gotas de sangre por nosotros, por su Iglesia católica, apostólica y romana, fuera de la cual no hay salvación. Dogma que es negado incluso por la mayoría de los católicos y de los mismos sacerdotes.

Rechazan este dogma fundamental con el ecumenismo, con la libertad religiosa y es algo esencial, nadie se puede salvar fuera de la Iglesia, fuera de nuestro Señor Jesucristo, fuera de la Cruz y eso hoy no es proclamado por los católicos. Eso demuestra el deterioro de la fe que se va perdiendo.

Por eso la fiesta del Sagrado Corazón nos debe consolidar en la caridad que debe ser verdadera. La caridad que no esté fundamentada en la verdad es falsa, es un fingido amor, porque la caridad y la verdad se identifican. Dios es la verdad y es la caridad, es el amor que llega en nuestro Señor Jesucristo a crucificarse en la Cruz para salvarnos del infierno. Por eso no debemos olvidar que cada uno de nosotros tiene un compromiso con su alma: salvar nuestra alma. Esa alma inmortal que nos ha dado Dios y por la cual ha muerto nuestro Señor en la Cruz, sufriendo lo indecible, lo imposible, lo impensable, lo inimaginable; de ahí que no debamos dejar derramar esa sangre inútilmente sino aprovecharla para que dé los frutos de salvación. Que no quede derramada inútilmente, como acontece con todos aquellos que rechazan el amor de Dios prefiriendo el infierno.

Pidamos a Nuestra Señora, la Virgen María, que nos ayude a comprender y a retribuir con nuestras vidas, con nuestros sacrificios, ese amor que nuestro Señor Jesucristo nos prodigó desde la Cruz y ese amor que Dios nos tiene, por el solo hecho de habernos creado. Que retribuyamos con generosidad cuando llegue la hora del sufrimiento; que no se marchite nuestro corazón por falta de generosidad, sino que sepamos entregarnos a ese sufrimiento por amor de Él, así como Él se entregó. Eso es lo que nos enseña nuestra religión, aprender a sufrir por amor a Dios y a sufrir a nuestro prójimo y así santificarnos; por eso nuestro Señor sufrió en la Cruz, por eso nuestra Señora Corredentora sufrió al pie de la Cruz ofreciendo a su Hijo. Así nosotros también al pie de la Cruz debemos ofrecer nuestras vidas retribuyendo ese amor a nuestro Señor. Que todas estas cosas se nos graben en el corazón con ocasión de esta fiesta y que nos ayuden a acercarnos más al amor misericordioso del Sagrado Corazón. +

PADRE BASILIO MÉRAMO
22 de junio de 2001

Devoción al Sagrado Corazón de Jesús




SAGRADO CORAZON DE JESÚS ¡Ten Misericordia de Nos!



Nuestro Señor JesuCristo hizo a Santa Margarita María de Alacoque las siguientes promesas para todos los devotos de su Sagrado corazón:
1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
2. Daré paz a sus familias.
3. Los consolaré en todas sus aflicciones.
4. Seré su amparo y refugio seguro durante su vida, y principalmente en la hora de la muerte.
5. Bendeciré abundantemente sus obras que redunden en mi mayor gloria.
6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de misericordia.
7. Las almas tibias se harán fervorosas.
8. Las almas fervorosas se elevarán con rapidez a gran perfección.
9. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los pecadores más endurecidos.
10. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás serán borrados de él.
12. Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso otorgará a cuantos comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no morirán privados de mi gracia ni de recibir los sacramentos, pues mi divino Corazón se convertirá para ellos en seguro asilo en aquella hora postrera.

¿Dónde inicia la devoción al Sagrado Corazón de Cristo? La devoción al Sagrado Corazón de Cristo comienza la tarde del Viernes Santo, en ese momento de la vida del Señor de plena pasión cuando San Juan, el discípulo amado, María, la Madre de Jesús y María Magdalena la pecadora arrepentida, contemplan a Cristo crucificado, y con sus ojos ven como un soldado, una vez que Cristo ha muerto, con una lanza le abre el costado y detrás de este costado se deja ver el Corazón del Señor. La lanzada no fue un sufrimiento más, JesuCristo tuvo muchos sufrimientos en su pasión, ya estaba muerto cuando el soldado le atravesó el costado. Es un signo profundo, es cómo el Padre quiere que quede para siempre Jesucristo: con su costado, con su Corazón abierto de par en par. Cristo, ya muerto, es rasgado en su Corazón que tanto ha amado, y que tanto ha sufrido. Y queda así, con el Corazón abierto para toda la eternidad. San Juan contempla al nuevo Adán dormido en la Cruz, y de cuyo costado abierto brota agua y sangre, es decir brota la Iglesia, su esposa, la nueva Eva. Por eso Jesús es el nuevo Adán y nosotros, somos la nueva Eva, porque el agua significa el bautismo, por el cual entramos en la Iglesia, y la Sangre simboliza la Eucaristía, la plenitud de vida en ella.

En la escritura se hace referencia al Corazón como la interioridad de Jesús Nuestro Señor. Hablar del Corazón de Jesús Nuestro Señor desde la Sagrada Escritura, en pocas palabras, es afirmar en JesuCristo, Dios nos ama con un Corazón de carne. La Sagrada Escritura nos ayuda a comprender que la devoción al Corazón de Cristo no es ninguna ideología, sino una experiencia de amor.

Después de la Sagrada Escritura, llegan los Santos Padres, los grandes escritores de la antigüedad. También en ello aparece la devoción al Sagrado Corazón de Cristo. Los Santos Padres han puesto su mirada, en el costado abierto de Cristo en la Cruz y del costado han llegado a la intimidad del Señor. El Corazón simboliza lo más íntimo, lo más profundo del ser de la persona y han visto como de este costado abierto de Cristo en la Cruz ha nacido la Iglesia. No ha pasado desapercibido a los Santos Padres el costado abierto del Señor con un Corazón redentor, es decir, las entrañas de misericordia de JesuCristo que se entrega sin reservas para que todos lo hombres descubran al Dios verdadero que es amor y tengan vida y vida en abundancia.

Después de los Santos Padres a lo largo de la historia de la santidad de la Iglesia, muchos Santos han sido tocados por la gracia para profundizar una dimensión muy cercana a nuestra espiritualidad: la humanidad de Cristo. Llegamos así a Santa Margarita María Alacoque, que es una figura clave del siglo XVII en la devoción al Sagrado Corazón de Cristo en su etapa moderna. A ella el Sagrado Corazón de Cristo le reveló como su amor redentor arde hacia todos los hombres. Durante la adoración eucarística contempló como JesuCristo le mostró ese Corazón que tanto ha amado a los hombres y que en recompensa es despreciado. Desde que ella tuvo estas revelaciones, estas gracias especiales, se difundió por toda Iglesia el culto y la devoción al Sagrado Corazón, en sus expresiones de Consagración y Reparación.

¿Y qué dice el Magisterio? El Magisterio son las enseñanzas de la Iglesia, de los Concilios y de los Papas: Recordamos al Papa León XIII que consagró al mundo al Sagrado Corazón de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre.

Después Pío XI, 1928, escribió la Encíclica “Miserentisimus Redentor”, sobre la devoción al Sagrado Corazón del Señor, llamando a los hombres a tomarse en serio este amor, porque ahí está la esperanza y la salvación del Mundo y la fuerza capaz de frenar la violencia y el mal que reinaban durante esos años en Europa y en todo el mundo.

Años más tarde, después del horror de las guerras mundiales, Pío XII escribió la Encíclica más importante “Ahurietis Aquas” en la que se habla de la verdadera devoción al Sagrado Corazón de Cristo, de lo sustantivo de esta devoción, que es lo que va mas allá de las culturas y de los tiempos, y de lo adjetivo, que puede irse modificando según las circunstancias. Es una Encíclica llena de esperaza que ayuda a recuperar el sentido de la vida.

Santa Margarita María Alacoque

Toda la vida de Margarita María es una filigrana del amor de Dios, que la eligió como discípula predilecta de su Corazón, y no obstante ese amor, no la eximió del sufrimiento, sino que como a su Hijo único, quiso asociarla a su pasión hasta configurarla con Él y hacerla viva imagen suya. Por eso, su trayectoria vital está entramada de gozos y a la vez, de incomprensiones, obstáculos y dificultades de todo tipo.

Margarita nació el 22 de julio de 1647 en el pequeño pueblo de Lautecour en Francia. Su padre Claudio Alacoque, juez y notario. La mamá Filiberta Lamyn. Los hijos son cinco. La menor es Margarita. El párroco, Antonio Alacoque, tío suyo, la bautizó a los tres días de nacida. Ella dice en su autobiografía que desde pequeña le concedió Dios que Jesucristo fuera el único dueño de su corazón. Y le concedió otro gran favor: un gran horror al pecado, de manera que aun la más pequeña falta le resultaba insoportable.

Dice que siendo todavía una niña, a la edad de 5 años, un día en la elevación de la Santa Hostia en la Misa le hizo a Dios la promesa de mantenerse siempre pura y casta. Voto de castidad.
Aprendió a rezar el rosario y lo recitaba con especial fervor cada día y la Virgen Santísima le correspondió librándola de muchos peligros.

La llevaron al colegio de las Clarisas y a los nueve años hace La Primera Comunión. Dice "Desde ese día el buen Dios me concedió tanta amargura en los placeres mundanos, que aunque como jovencita inexperta que era a veces los buscaba, me resultaban muy amargos y desagradables. En cambio encontraba un gusto especial en la oración".

Vino una enfermedad que la tuvo paralizada por varios años. Pero al fin se le ocurrió consagrarse a la Virgen Santísima y ofrecerle propagar su devoción, y poco después Nuestra Señora le concedió la salud.

Era muy joven cuando quedó huérfana de padre, y entonces la mamá de Don Claudio Alacoque y dos hermanas de él, se vinieron a la casa y se apoderaron de todo y la mamá de Margarita y sus cinco niños se quedaron como esclavizados. Todo estaba bajo llave y sin el permiso de las tres mandonas mujeres no salía nadie de la casa. Así que a Margarita no le permitían ni siquiera salir entre semana a la iglesia. Ella se retiraba a un rincón y allí rezaba y lloraba. La regañaban continuamente.

En medio de tantas penas le pareció que Nuestro Señor le decía que deseaba que ella imitara lo mejor posible en la vida de dolor al Divino Maestro que tan grandes penas y dolores sufrió en su Pasión y muerte. En adelante a ella no sólo no le disgusta que le lleguen penas y dolores sino que acepta todo esto con el mayor gusto por asemejarse lo mejor posible a Cristo sufriente.

Lo que más la hacía sufrir era ver cuán mal y duramente trataban a su propia madre. Pero le insistía en que ofrecieran todo esto por amor de Dios. Una vez la mamá se enfermó tan gravemente de erisipela que el médico diagnosticó que aquella enfermedad ya no tenía curación. Margarita se fue entonces a asistir a una Santa Misa por la salud de la enferma y al volver encontró que la mamá había empezado a curar de manera admirable e inexplicable.

Lo que más le atraía era el Sagrario donde está Jesús Sacramentado en la Sagrada Hostia. Cuando iba al templo siempre se colocaba lo más cercana posible al altar, porque sentía un amor inmenso hacia Jesús Eucaristía y quería hablarle y escucharle.

A los 18 años por deseo de sus familiares empezó a arreglarse esmeradamente y a frecuentar amistades y fiestas sociales con jóvenes. Pero estos pasatiempos mundanales le dejaban en el alma una profunda tristeza. Su corazón deseaba dedicarse a la oración y a la soledad. Pero la familia le prohibía todo esto.

El demonio le traía la tentación de que si se iba de religiosa no sería capaz de perseverar y tendría que devolverse a su casa con vergüenza y desprestigio. Rezó a la Virgen María y Ella le alejó este engaño y tentación y la convenció de que siempre la ayudaría y defendería.

Un día después de comulgar sintió que Nuestro Señor le decía: "Soy lo mejor que en esta vida puedes elegir. Si te decides a dedicarte a mi servicio tendrás paz y alegría. Si te quedas en el mundo tendrás tristeza y amargura". Desde entonces decidió hacerse religiosa, costara lo que costara.


En el año 1671 fue admitida en la comunidad de La Visitación, fundada por San Francisco de Sales. Entró al convento de Paray-le=Monial. Una de sus compañeras de noviciado dejó escrito: "Margarita dio muy buen ejemplo a las hermanas por su caridad; jamás dijo una sola palabra que pudiera molestar a alguna, y demostraba una gran paciencia al soportar las duras reprimendas y humillaciones que recibía frecuentemente".

La pusieron de ayudante de una hermana que era muy fuerte de carácter y ésta se desesperaba al ver que Margarita era tan tranquila y callada. La superiora empleaba métodos duros y violentos que hacían sufrir fuertemente a la joven religiosa, pero esta nunca daba la menor muestra de estar disgustada. Con esto la estaba preparando Nuestro Señor para que se hiciera digna de las revelaciones que iba a recibir.

El 27 de diciembre de 1673 se le apareció por primera vez el Sagrado Corazón de Jesús. Ella había pedido permiso para ir los jueves de 9 a 12 de la noche a rezar ante el Santísimo Sacramento del altar, en recuerdo de las tres horas que Jesús pasó orando y sufriendo en el Huerto de Getsemaní.

De pronto se abrió el sagrario donde están las hostias consagradas y apareció Jesucristo como lo vemos en algunos cuadros que ahora tenemos en las casas. Sobre el manto su Sagrado Corazón, rodeado de llamas y con una corona de espinas encima, y una herida. Jesús señalando su corazón con la mano le dijo: "He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres y en cambio recibe ingratitud y olvido. Tú debes procurar desagraviarme". Nuestro Señor le recomendó que se dedicara a propagar la devoción al Corazón de Jesús porque el mundo es muy frío en amor hacia Dios y es necesario enfervorizar a las personas por este amor.

Durante 18 meses el Corazón de Jesús se le fue apareciendo. Le pidió que se celebrara la Fiesta del Sagrado Corazón cada año el Viernes de la semana siguiente a la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus).

El Corazón de Jesús le hizo a Santa Margarita unas promesas maravillosas para los que practiquen esta hermosa devoción. Por ejemplo "Bendeciré las casas donde sea expuesta y honrada la imagen de mi Sagrado Corazón. Daré paz a las familias. A los pecadores los volveré buenos y a los que ya son buenos los volveré santos. Asistiré en la hora de la muerte a los que me ofrezcan la comunión de los primeros Viernes para pedirme perdón por tantos pecados que se cometen", etc.

Margarita le decía al Sagrado Corazón: "¿Por qué no elige a otra que sea santa, para que propague estos mensajes tan importantes? Yo soy demasiado pecadora y muy fría para amar a mi Dios". Jesús le dijo: "Te he escogido a ti que eres un abismo de miserias, para que aparezca más mi poder. Y en cuanto a tu frialdad para amar a Dios, te regalo una chispita del amor de mi Corazón". Y le envió una chispa de la llama que ardía sobre su Corazón, y desde ese día la santa empezó a sentir un amor grandísimo hacia Dios y era tal el calor que le producía su corazón que en pleno invierno, a varios grados bajo cero, tenía que abrir la ventana de su habitación porque sentía que se iba a quemar con tan grande llama de amor a Dios que sentía en su corazón

Nuestro Señor le decía: "No hagas nada sin permiso de las superioras. El demonio no tiene poder contra las que son obedientes".

Margarita enfermó gravemente. La superiora le dijo: "Creeré que sí son ciertas las apariciones de que habla, si el Corazón de Jesús le concede la curación". Ella le pidió al Sagrado Corazón que la curara y sanó inmediatamente. Desde ese día su superiora creyó que sí en verdad se le aparecía Nuestro Señor.

Dios permitió que enviaran de capellán al convento de Margarita a San Claudio de la Colombiere y este hombre de Dios que era jesuita, obtuvo que en la Compañía de Jesús fuera aceptada la devoción al Corazón de Jesús. Desde entonces los jesuitas la han propagado por todo el mundo.
Margarita fue nombrada Maestra de novicias. Enseñó a las novicias la devoción al Sagrado Corazón (que consiste en imitar a Jesús en su bondad y humildad y en confiar inmensamente en Él, en ofrecer oraciones y sufrimientos y misas y comuniones para desagraviarlo, y en honrar su santa imagen) y aquellas jóvenes progresaron rapidísimo en santidad. Luego enseñó a su hermano (comerciante) esta devoción y el hombre hizo admirables progresos en santidad. Los jesuitas empezaron a comprobar que en las casas donde se practicaba la devoción al Corazón de Jesús las personas se volvían mucho más fervorosas.

El Corazón de Jesús le dijo: "Si quieres agradarme confía en Mí. Si quieres agradarme más, confía más. Si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente en Mí".
Antes de morir obtuvo que en su comunidad se celebrara por primera vez la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

El 17 de octubre de 1690 murió llena de alegría porque podía ir a estar para siempre en el cielo al lado de su amadísimo Señor JesuCristo, cuyo Corazón había enseñado ella a amar tanto en este mundo.

Digamos de vez en cuando las dos oraciones tan queridas para los devotos del Sagrado Corazón: "Jesús manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo"."Sagrado Corazón de Jesús. En voz confío".


domingo, 26 de junio de 2011

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS






ESCUCHE EL SERMON PARA LA FIESTA.




Aqui uno distinto, para la misma festividad:

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Se nos presenta en este Evangelio que podría llamarse de los justificados, dada la respuesta a ese padre de familia, ese gran señor que convida a sus invitados y ante el que cada uno se exime legítimamente, al menos en apariencia. En esta parábola que nuestro Señor dice a los fariseos, parecieran estar disculpados, que fueran válidas las excusas para no ir a ese convite, a esa gran invitación.

Nuestro Señor alude a la invitación universal que Él hace, que Dios hace a todos y a cada uno de los hombres para ir al cielo; ese es el tema del Evangelio, el llamado a la vida eterna, a la salvación eterna, al cielo, y por eso no hay ni puede haber excusa válida ni legítima por más que nos parezca. Nuestro Señor les quiere mostrar a los fariseos, y no sólo a ellos, sino a todos nosotros que a Dios no se puede anteponer ninguna preocupación por muy necesaria, interesante o apremiante que parezca. Él quiere nuestra respuesta y ante esa invitación no puede haber sino la aceptación sin que valgan justificaciones.

Nuestro Señor muestra cómo muchas veces anteponemos a nuestra salvación los intereses de este mundo, las preocupaciones terrenas. No creamos que eso está en el aire; basta mirar el orbe, qué hace la gente; un presidente preocupado con sus ministros y con veinte mil problemas, un médico abstraído con sus pacientes, un gerente embebido con su empresa, un comerciante con sus intereses. Todo el mundo preocupado por el negocio que tiene entre manos, y sin embargo, estamos perdiendo el tiempo si anteponemos eso como pretexto.

Esa intranquilidad, por legítima que parezca, por válida aparente frente a Dios es una excusa imperdonable; rechazamos a Dios, lo relegamos. Esa triste historia se repite mil y una veces en nuestras vidas. Si queremos una prueba de ello miremos qué hacemos y qué hemos hecho. Y a Dios no se lo contenta ni con mucho ni con poco, se lo contenta con todo nuestro corazón porque el amor de Dios es exigente; todo o nada, como es el amor.

Así vemos cómo esa respuesta que Él espera de nuestra parte es esa elección que tenemos que hacer de Dios y que debemos renovarla cada día para que no quedemos absorbidos por las cosas de este mundo; ni siquiera las legítimas; ni aun las necesarias; ni las importantes, porque todo eso vale nada ante Dios y ante la respuesta que le demos a Él, depende la salvación o la condenación eterna de nuestras almas, que aun los paganos, en medio de su error y en las tinieblas de su mitología, entendían quizás mucho mejor que los cristianos de hoy, que no creen en el infierno. Sin embargo, Platón, en su libro La República, termina mostrando el bien y el mal como paga de la elección de un alma inmortal.

No como los tontos científicos modernos ateos que niegan hasta lo que los paganos admitían y conocían como la inmortalidad del alma y los castigos o premios como justo pago por haber sido virtuosos o viciosos. Cómo no asombrarnos de que entonces los impíos tuvieran el conocimiento de esa gloria o de esa condenación eterna que apuntan al cielo o al infierno y que nosotros hoy neguemos o pongamos en duda la existencia de una de esas dos realidades; lo cual es manifiesto de que estamos mucho peor que los paganos de antaño y que si ellos tenían alguna excusa porque no se les había revelado plenamente la verdad, nosotros no tenemos ninguna y por eso es mayor nuestra responsabilidad y el que nos justifiquemos delante de Dios.

No creamos que porque somos católicos ya está; porque de católicos lamentablemente no tenemos gran cosa. Da vergüenza ver lo que hoy se dice de una sociedad católica, de una mujer católica; ¿es católica la forma en que viste la mujer? Peor que cualquier pagana que no osaba desnudarse públicamente como lo hace la mujer hoy y es evidente que no son prácticas cristianas y nos estamos acostumbrando a vivir así. A quien sugiere a una familia que se viva de acuerdo con lo que la modestia y el pudor exigen, lo acusan de ser un desfasado, un loco o de pronto un intransigente que no sabe lo que dice, porque se ha perdido la vergüenza (si la hubiera no se saldría a exhibir en la calle). Y si lo dice un sacerdote, está en contra del mundo, de la mujer o lo que fuere.

Es la triste realidad, no vivimos en un mundo católico; eso tenemos que saberlo para defendernos de ese ambiente anticristiano y pagano. Nuestras costumbres no son tan puras como debieran serlo y lo que hacemos es una mezcla, una amalgama, un término medio y con eso creemos que ya cumplimos y somos cristianos, ¡pues no! Porque ante Dios tenemos que ser totalmente como Él quiere que seamos; su amor no admite que haya una especie de tráfico, de reparto, de negociación, sino que sea total nuestra respuesta. Ésta la debemos hacer cada día; no creamos que porque vengamos a Misa ya está, porque venimos un día en la semana y aun si viniésemos a diario, no es más que una, dos horas; el resto de las veinticuatro, ¿cómo vivimos, cómo pensamos y qué hacemos?

Todo el tiempo debe ser para Dios; si realizamos otras actividades, éstas deben ser ofrecidas y puestas a su servicio y a su mayor honra y gloria aunque estuviésemos barriendo con una humilde escoba o pontificando como un gran magistrado; lo importante es que todo lo que se haga se encamine hacia ese fin que es Dios y con eso trabajemos como nos lo pide la Sagrada Escritura, esa labor sería una oración y una respuesta ofrecida a Dios. Eso es lo que nuestro Señor de algún modo quería hacerles ver a los fariseos y nos quiere hacer ver a nosotros, que no nos excusemos ante su llamado.

Pidamos a nuestra Señora, la Virgen María, que podamos cada día ser más de Dios y de nuestro Señor Jesucristo para así corresponder a su Sagrado Corazón. +

PADRE BASILIO MERAMO
2 de junio de 2002

viernes, 17 de junio de 2011

LA SANTA MISA, LA DE SIEMPRE.


En virtud a las posibles confusiones en las que los católicos, de los últimos tiempos, pudieran verse envueltos, con respecto, a lo que el Santo Profeta Daniel, llama “SACRIFICO ETERNO”
Gracias a mis faltas de sintaxis, y errores ortográficos, o las magistrales cátedras del “teólogo” manzano, nos permitimos publicar una epístola muy a propósito, que agota los particulares, precisos, y el cómo debe pensar un verdadero católico, en torno a este dogmático particular, en torno a la Santa Misa, signada por el Reverendo Padre Basilio Méramo, y que es de vital importancia, por tratar precisamente, de uno de los dogmas que al dejar de creerlo, nos pondría fuera de la verdadera Religión.




Estimado P. Álvaro:
Leí el Cuaderno de La Reja nº.6 que Usted me dio y encuentro, a pesar de su buena voluntad, el mismo error con respecto al tema de la representación. La representación es clave y esencial en el tema de la Santa Misa, de aquí la necesidad de bien situarla para no caer en el mismo error de los modernistas que se quiere combatir. En el artículo donde Usted firma conjuntamente con el P. Jesús Mestre está más explícita la desviación que en el otro donde Ud. firma solo, de todos modos mi preocupación es que el dogma y la doctrina católica no se vean afectados en el fragor del combate y que deseando destruir el error del Misterio Pascual de Odo Casel y de Bugnini que reflexionan más conuna mentalidad judaica que católica, nosotros, sin darnos cuenta, terminemos vaciando el contenido sacrificial verdadero, real y propio de la Santa Misa.

Si Usted tuviera razón cuando afirma en la página 57 # 108 del Cuaderno de la Reja nº 6
que “Algo puede hacerse presente de muchas maneras (3 modos): por sí mismo, por su acción y por su imagen” y dice que “Trento afirma que el Sacrificio de la Cruz se hace presente en la Misa por dos de estas maneras: por su acción (…) y por su imagen, como lo significado en el signo: por el que se representara aquél suyo cruento”, para concluir luego “que la Misa es
repraesentatio Crucis significa: La Misa es imagen representativa de la cruz”, pues “según Trento, la Misa es un sacrificio ritual incruento, imagen representativa del sacrificio cruento de la Cruz”, se excluiría la representación por sí misma, tal cual los teólogos católicos la consideran, cosa que además Usted afirma en otro Cuaderno: “El significado primero de
repraesentare es, ciertamente, ‘hacer presente’, pero hay muchos modos como algo puede hacerse presente: por sí mismo, por su virtud, por una imagen que haga sus veces. Pues bien, cuando Trento dice que ‘en la Misa se representa el sacrificio cruento’ lo entiende en el último sentido, es decir que en la Misa hay una cierta imagen representativa del sacrificio de la Cruz”. (Cuaderno de La Reja nº.4, p. 105).

He aquí lo que en la introducción a la cuestión 83 de la III parte de la Suma Teológica de la BAC, pag. 829, dice interpretando a Santo Tomás: “Tradicionalmente se suele decir que la Misa es representación del sacrificio de la Pasión. La celebración de este sacramento es una imagen representativa de la Pasión de Cristo, que es verdadera inmolación. Pero junto a esta afirmación de que la eucaristía es un sacrificio representativo hay que hacer otra, expresada por el concilio en este canon: « sea anatema quien diga que la Misa es sólo (…) una conmemoración desnuda del sacrificio hecho en la Cruz » (D. 950). Es pues una representación, mas no una representación desnuda. Sin salir del género representación hay
que dar una realidad a la representación misma; y no sólo una realidad de contenido o de presencia real, sino también una realidad sacrificial. En otras palabras: es un sacrificio real y verdadero en sí mismo, porque tiene todo lo que se requiere para serlo, y este sacrificio real y verdadero en sí mismo representa al sacrificio de la Cruz. Al término representación le podemos dar tres sentidos: Primero, el simplemente relativo, o de imagen. Y así se diría que hay un sacrificio absoluto, el de la Cruz, y otro que sería pura y exclusivamente relativo, o simple imagen, el de la Misa. Es el caso de la fotografía y el natural (…). Segundo sentido:

Representar es presentar una segunda vez lo mismo, y en este caso se trataría de una segunda presentación de lo que por primera vez se presentó en la Cruz. Presentación real y verdadera.

El caso se explica de muchas maneras, la más característica es la siguiente: Cristo conserva en el cielo el estado victimal que obtuvo en la Cruz y se perpetuó con la Resurrección. En la Misa, mediante la consagración, no adquiere nuevo estado inmolaticio, sino que la Iglesia ofrece de nuevo lo que es ya sacrificio en el cielo y se hace presente en el altar. Aquí se niega
la sacrificación sacramental de la que ha hablado siempre la teología.

Tampoco admite una auténtica sacrificación incruenta, por lo tanto, a pesar de que a ella alude el concilio cuando dice que Cristo quiso « dejarnos un sacrificio visible con el que representara el cruento que iba a tener lugar en la cruz » (D. 938). Suelen decir quienes así opinen que en la Misa hay ofrecimiento incruento, y es cierto; también lo hubo en el Calvario, pero no sólo se ha de salvar el ofrecimiento incruento, sobre el que no hay cuestión, sino también la sacrificación incruenta, aludida por el concilio. Y aquí no se ve cómo se salva.

Tercer sentido: Representar es presentar por segunda vez la víctima, pero con distinta victimación. Con ello se da a la palabra dos significaciones: la de imagen y la de repetición.

Es repetición de la víctima, aunque con victimación distinta, una cruenta y otra incruenta. Las dos victimaciones reales y verdaderas, a la una la llaman física, y a la otra mística. La terminología no es exacta, porque lo místico puede ser físico también. Trento llama a la una cruenta, y a la otra incruenta. Podrían llamarse también victimación natural y victimación sacramental. La víctima pues, se vuelve a presentar, aunque con victimación distinta (…). Y
con ello, asimismo alcanzan pleno sentido estas tres proposiciones tridentinas: la Misa es una representación de la Cruz (D. 938), pero no una representación desnuda (D. 948), y es también un sacrificio propio (íb.)”.
Lo que da visibilidad al sacrificio, para que haya un sacrificio visible como dice Trento no es el ser pura imagen, figura o símbolo, esta visibilidad no deja de ser nuda imagen, lo cual caería bajo el anatema tridentino (Ds. 1753).
La visibilidad la da precisamente la realidad sacramental, el ser un sacrificio
sacramentalmente producido, realizado o renovado.

El Sacrificio de la Misa sacramentalmente producido contiene como realidad sacramental la
de ser signo y la de ser realidad, la sacramentalidad es lo que confiere ese doble aspecto de signo (símbolo, imagen) de una realidad producida por la inmolación incruenta, pues todo sacramento son signos que producen ex opere operato la gracia que significan.

Así en el D.T.C. artículo Messe col. 1059 dice: “Parce que c’est dans la consécration, c’est-àdire dans la confection du sacrament qu’est offert le sacrifice”.

La representación no es una pura imagen pues: “cette representation réalisée plus essentielment dans la consecration, en tant que le corps et le sang du Christ y apparaissent rendus presents separément l’un de l’autre.” (Ib. col. 1058).

“La messe est une représentation et un mémorial du sacrifice du Calvaire: dogme défini au concile de Trente, sess. XXII c. 1. (…) Or, c’est a la consécration que se trouvent le plus parfaitment realices et la representation y la conmémoration de la croix, par la séparation sacramentelle du corps et du sang, laquelle n’est pas une séparation purement métaphorique ou figurative, mais une separation mystérieuse qu’explique la force des paroles
consécratoires, vi verborum.” (Ib. col. 1248).

“Il est de l’essence du sacrifice eucharistique d’être représentatif de la passión y de la mort du Sauveur (Denz n. 938); mais cette représentation requiert la consécration sous le deux especes”. (Ib. col. 1260).
3
“ Il faut donc, pour avoir une réelle et expresse représentation de la mort et de la passion su Sauveur que la double consécration vienne manifester sacramentellement la séparation du corps et du sang”. (Ib. col. 1260).
La unidad esencial y la multiplicidad accidental entre la Cruz y la Misa se explica dado que la diferencia está en el modo de realizarse la muerte, el sacrificio, la inmolación, pues en la Cruz hay inmolación cruenta y en la Misa hay inmolación incruenta (o sacramental):

“L’immolation sanglante s’est faite une fois pour toute, semel, l’immolation non saglante, a l’autel, par le ministére des prêtres, se renovelle chaque jour; l’immolation sanglente est passée, l’immmolation non sanglente est actuelle, et se reproduit chaque fois qu’est offert le sacrifice de la Messe sous les espèces du pain et du vin.” (Ib. col. 1265-1266).

“Mais, nonobstant la diversité des immolations, ou plutôt, à cause même de cette diversité dans la manière dont elles sont réalisées, le sacrifice de Jésus, sanglant à la croix, non saglant à l’autel, demeure un. Ce dogme de l’unité du sacrifice du Christ repose, on l’a vu, sur l’identité du principla prête et de la victime principal.” (Ib. col.1266).

La única diferencia entre la Cruz y la Misa está en el modo o la manera de ofrecer el sacrificio:

“Car, si le sacrifice de la Messe s’offrait de la même manière que celui de la croix, Jésus-Christ mourrait une seconde fois, il y aurait nouveau sacrifice sangland, anéantissant celui de notre rédemption, comme insuffisant, inutile.” (Ib. col. 1267).

Considerar la Misa como una imagen representativa de la Cruz sea suficiente, pensando que la presencia real respaldaría tal concepción sería un error como se puede por la afirmación siguiente:

“La présence réelle de la victime autrefois immolée ne suffit pas, en effet, à expliquer les termes de la déclaration conciliaire. (...) La présence réelle , et la présence réelle par la transubstantation sous le deux espèces, est le princpipe d’où suit necessairement le sacrifice...

Le Concile de Trente distingue nettement la présence réelle, continetur, de l’immolation sacrificielle, incruente immolatur. Paroles décisisves, affirmant et l’immolation et la présense reelle, et par le rapprochament de deux termes dans le même membre de phrase, donnant à l’immolation le sens objetif, réaliste en quelque sorte, que tout le monde reconnait à la présence. Pour éviter ce sens obvie, clair et, semble-t-il, indiscutible de l’affirmation conciliaire, il faudrait user de de subterfuges que n’autorise pas une saine exégèse du texte.”
(Ib. col. 1267).

Es insuficiente y sería un error afirmar que “según Trento, el sacrificio cruento es representado por el rito simbólico como imagen visible” (Cuaderno nº.6, p. 57 #108) como si esto fuera todo, puesto que la Misa es más que una simple imagen representativa, pues:

“En tant que sacrifice actuel, elle comporte aussi une immolation présente du Christ ainsi que le marque l’opposition que nous avons revelée dans les termes mêmes dont use le concile:
Idem ille Christus continetur et incruente immolatur, qui in ara crucis semel seipsum cruente obtulit. Non seulement le concile distingue l’immolation sanglante de la Croix et l’immolation non sanglante de la messe, mais il avait déjà dit, quelques lignes plus haut, que Jesus-Christ se donne pour être immolé lui-même par le prêtres sous des signes visibles : se ipsum per
sacerdotes immolandum sub signis visibilibus. Paroles dècisives, diron-nous derechef, que
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marquent expressément une immolation actuelle qui tous le jours se renouvelle, qui s’opere par le ministère des prêtres et doit se perpetuer jusqu’à la fin des siècles.” (Ib. col. 1268).
Y esta immolation (que, como veremos, es sacramental) llamada mística no es un sinónimo de simple figura pues: “c’estait aller contre la déclaration même du concile de Trente que d’interpréter l’immolation mystique de la messe dans le sens d’une simple figure d’immolation, figure résidant de la separation des espèces sacramentelles. (...) En fin, il déclare que cette hostie vivificante es tous le jours immolée par les prêtres, vivica illa hostia quotidie per sacerdotes immolatur. Comment concilier ces paroles avec la prétendue
immolation purament figurative? Si c’est sur le corps et sur le sang même de Jésus-Christ présent dans l’eucharistie que s’opere cette immolation, la restreinde à la seule séparation extérieure des espèces, n’est-ce pas changer la doctrine du concile? Il dit expressément que c’est sous les signes visibles que se fait cette immolation non sanglante du corps et du sang de Jésus-Christ, sub signis visibilibus et non point dans ces signes mêmes. Sans doute, ces signes rendent sensible l’acte d’immolation qu’ils dérobent à nous yeus, mais ils sont incapables de par eux-mêmes d’immolation quelconque.” (Ib. col. 1268).

Luego, se ve que esta representación requiere no únicamente una presencia real y substancial, sino además una inmolación incruenta de esta presencia, para que haya verdadero y propio sacrificio.
Para disipar una posible objeción en cuanto al término real aplicado a la inmolación bastenos tener en cuenta que: “Réelle ne sifnifie nullement sanglante, destructive, comme d’aucuns penset par fois. Réelle, ici, ne s’oppose pas même à figurative. A la Croix, l’immolation réelle, c’est-à-dire sanglante ne sautait être dite figurative, mais à la messe,
l’immolation mystique, bien que figurative de celle de la croix, possède sa réalité propre.” (Ib. col. 1269).

En cuanto al término místico referido a la inmolación debemos tener presente la siguiente aclaración: “Les thélogiens l’ont appelé mystique, précisément parce qu’elle se rapporte au mystére de la transubstantiation. Mystique signifie donc ici caché, obscur, impénétrable. Sans doute, ce sens n’est pas exclusif de la representation que l’immolation de l’autel comporte à
l’égard de l’immolation de croix. Mais en soi, l’immolation eucharistique est d’abord mystérieuse.” (Ib. col 1269).

Y nos encontramos de nuevo con el tema de la representación que el D.T.C. presenta de la siguiente manera, asociando la realidad mistérica de la inmolación incruenta de la misa con la representación de la inmolación cruenta de la cruz: “La réalité mystérieuse de l’immolation non sanglante comporte une représentation de l’immolation sanglante de la croix. La foi, nous l’avons vu, enseigne qu’il y a deux immolation de Jesus-Christ : l’une
sanglante de la croix, l’autre non sanglante sur l’autel, et qu’elles ont entre elles une rapport essentiel.” (Ib. Col 1269).

“Représentation est pris ici comme synonyme de ressemblance, de répétition, de renouvellement d’une action passée. Ce terme pourait donc signifier ou bien une simple image, que représente d’une manière morte et inanimée un événement ancien, ou bien une action qui ressemble à cet événement passé et qui le retrace et le renouvelle de telle ou telle manière. Or, la représentation qui se fait, à la messe, du sacrifice de la croix, renferme l’une et l’autre de ces deux significations, selon qu’on l’applique au mystère même qui s’opère sur l’autel, ou aux symboles sous lesquels ce mystère s’accomplit. Si l’on considère l’immolation
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mystérieuse de Jésus-Christ sous les espéces du pain et du vin, ce n’est point une simple image, qui représente l’immolation sanglante de la croix, mais une action très réelle, par laquelle cette immolation sanglante est actuellement retracée et renouvelée sans effusion de sang. Si, au contraire, on ne considère que la séparation extériure des espèces, c’est un tableau sans action et sans vie, mais qui cependant montre ce qui se passe sous ce voile sacré, qui rappelle la mémoire du mystère de la croix, et qui rend, par cette peinture expressive, le sacrifice de la messe extériur et sensible. Le concile de Trente réunit ces deux sens sous un seul point de veu. Il établit d’abbord que le sacrifice de la messe représente celui de la croix et il explique tout de suite ce qu’il entend par cette représentation. La personne même de Jésus-Christ, dit-il, est immolée sur l’autel sans effusion de sang, et cette immolation s’opere sous des signes visibles, seipsum sub signis visibilibus immolandum: paroles qui montrent clairemente que la représentation véritable et proprement dite qui, à la messe, se fait du
sacrifice de la croix, consiste avant tout dans l’immolation non sanglante de Jésus-Christ même sur l’autel, et que les symboles, par la séparation extérieure qu’ils offrent aux yeux des assistants, ne font que manifester cette représentation, la rendre palpable et sensible autant qu’elle peut l’être.” (Ib. col.1270).

La realidad de la representación de la misa está, no en el orden natural, sino en el orden sobrenatural, tal como se puede ver a continuación :
“La réalité de l’immolation non sanglante de l’autel ne peut exister que dans l’ordre surnaturel. – L’immolation de Jésus-Christ à la messe étant réelle, au sens où on l’a expliqué, elle doit exister dans un certain ordre. Or, l’ordre naturel est ici impossible, car une immolation réelle dans l’ordre naturel serait une immolatin sanglante. Il faut donc que cette immolation existe dans l’ordre surnaturel. Ce n’est donc pas seulement une simple figure
d’immmolation, qui n’a rien de mystériux, mais une immolation miraculeuse, étonnante et incompréhensible. Ainsi, il faut avant tout éviter de concevoir l’immolation sanglante de la croix et l’immolation non sanglante de l’autel, comme deux espèces d’immolation appartenant au même ordre de choses. Chacune est réelle, mais en son ordre. Dans l’ordre naturel, l’immolation de la croix est réelle, c’est-à-dire sanglante ; et, dans cet ordre l’immolation de
l’autel n’est pas réelle, puisqu’elle est non sanglante. Mais dans l’ordre surnaturel, où elle se produit, l’immolation non sanglante possède une réalité mystériuse, qui se concilie avec l’etat glorieux de Jésus-Christ dans le ciel. C’est en s’attachant à ce point de vue surnaturel que les adversaires du P. Le Courrayer affirmaient que « l’immolation non sanglante de Jésus-
Christ à la messe est en même temps représentative et réelle » Voir col. 1215 ” (Ib. col.
1270).
“Il faut, selon la foi catholique reconnaître dans le sacrifice de la mese, non une simple offrande d’une mort passée, mais l’offrande véritable d’une victime réellement présent ; et, entant que présente, actuallement offerte à Dieu par le prêtre.” (Ib. col. 1216).

“Nous avons seulement précisé un point, c’est que l’immolation mystique – que tous admettent au moins à titre de condition – concerne non seulement les espèces sacramentelles (immolation puremente figurative), mais encore le corps même et le sang du Sauveur, sacramentellement séparés en vertu des paroles de la consécration, et par là, tout à fait aptes à signifier, représenter, commémores d’une façon non sanglante la séparation sanglante et effective qui fut produite au sacrifice du Calvaire. L’immolation mystique du Christ n’est pas seulement la condition de l’oblation faite à l’autel ; comme l’oblation, elle appartiente à l’essence même du sacrifice.” (Ib col. 1271-1272).
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Por si esto fuera poco hay otros textos más que afirman lo mismo y que copiaré a continuación, no sin antes decir que el artículo del P. Adolf Hoffmann O. P. en el que Usted se respalda queda sin valor argumentativo respecto a su interpretación sobre la presentación al igualar las figuras del Antiguo Testamento y del Bautismo en lo que tienen de representación, con la representación real y esencial de la Misa. Es evidente -para el que quiera ver- que la Misa como representación no puede reducirse y quedar equiparada ni a las figuras del Antiguo Testamento, ni a la del rito del sacramento del Bautismo, como hace dicho autor cuando presenta su argumentación diciendo:

“Qui soutient que Saint Thomas prend le terme représentatif dans un sens de représentation réelle et non seulement comme représentation figurative de la véritable immolation du Christ, devra admettre en même temps que la véritable immolation du Christ était réellement rendue présente dans les figures de l’Ancien Testament... pereillemente nulle part il n’est admis que
dans le sacrement de baptême la passion se trouve présente, même sous mode sacramentel, de la même manière qu’il est dit qu’elle se trouve prèsent dans l’Eucharistie”. (Traducción en francés del Angelicum 1938 p. 267-268).
Equiparar la representación de la Misa a la representación del Bautismo o a la de las figuras del Antiguo Testamento es caer en un error y hasta en una herejía, respaldándose falsamente en Santo Tomás mutilándolo. Veamos los textos en los cuales se habla de la noción de la representación según la doctrina católica:

“Sacrificium altaris non alia ratione est sacrificium et alia repraesentativum crucis, sed in quantum est sacrificium est repraesentativum, et in quantum repraesentat passionem etiam verum est sacrificium.

Haec est doctrina traditionalis, quae ab initio et constanter invenitur enuntiata apud Patres et Scholasticos: ipsum Missae sacrificium formaliter esse repraesentativum crucis, non quidem per accidens, seu per quamdam circumstantiam ipsi additam, sed per se i. e. per suam essentiam seu immolationem ipsi propiam; quod non esset nisi ipsa repraesentatio sacrificii
cruenti crucis ipsa esset immolation Christi in missa, et haec immolation incruentea Christi esset repraesentatio immolationis cruentae.” (Merkelbach, De Sacramentis p. 269).


La esencia de la Misa no puede consistir en una pura imagen representativa sino en una representación real por sí misma de la misma víctima, del mismo sacrificador y del mismo sacrificio. Una pura imagen representativa deja vacía la Misa, sin contenido.

“Essentia sacrificii eucharistici repraesentat immolationem crucis; atqui sacrificium crucis repraesentatur quatenus Christus sub distincta specie offertur, ergo in hoc consistit ipsa essentia sacrificii eucharistici.” (Merkelbach De Sacramentis p. 271).

“El sacrificio de la misa es representativo y conmemorativo del sacrificio de la cruz. Verdad es esta largamente declarada por el Concilio de Trento, en el capítulo citado de la ses. XXII, y que Su Santidad León XIII resume de esta manera: « El sacrificio de la misa es, no una vana y vacía conmemoración de la muerte del mismo Cristo, sino una verdadera y admirable, aunque mística e incruenta renovación de ella. » (enc. Mirae Caritatis) y Pio XI: « conviene
que recordemos siempre que toda la virtud de la expiación depende del único sacrificio cruento de Cristo, que de manera incruenta se renueva cada día en nuestros altares. » (enc. Miserentissimus Redemptor) El Sacrificio de la Misa es uno y el mismo con el sacrificio de la
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cruz, sin embargo, se diferencia de él según la diversa manera de ofrecerle.” (Catecismo Romano B.A.C. p. 511 nota 107).
“Otro de los dogmas que negaban abiertamente los protestantes era el que la santa misa pudiese constituir por si misma un verdadero sacrificio. Considerándola como símbolo o recuerdo del hecho de la cruz, no podía llevar consigo la misa ningún poder sacrificial. Cristo no se inmola de nuevo, y de este modo la misa no tenía razón alguna de sacrificio, como el del
Calvario...” (Ib. p. 505 nota 101).

Todos estos textos muestran como la representación es más que una imagen representativa y que hay una verdadera representación por sí misma que da consistencia a la Misa para no quedar en una pura imagen o figura. Luego atribuirle al Concilio de Trento un significado restringido al decir: “Pues bien, cuando Trento dice que la Misa se representa el sacrificio cruento, lo entiende en este último sentido, es decir, que en la Misa hay una cierta imagen representativa del sacrificio de la Cruz” (Cuadernos de La Reja nº. 4 p. 44), como si esto fuera todo lo que se debe entender por representación. Además no deja de ser tendencioso el expresar: “lo que no se dice es que la Misa represente el sacrificio de la Cruz por la doble consagración” (Ib. p. 44), refiriéndose al Concilio de Trento.

Si Usted tuviera razón, dónde quedarían estos textos (además de los anteriores) que reafirman la representación como algo real en sí mismo y no una mera figura o imagen:

“La théorie du sacrifice relatif est exacte à condition de n’être pas exclusive. La messe est plus qu’une represéntation ou qu’un sacrifice purement relatif. Sans doute, elle possède une relation essentielle au sacrifice de la croix, don’t elle est inséparable. Mais nous pensons avoir suffisamment démontré que l’immolation mystique à la messe n’est pas purement représentative. Elle est tout d’abord, et ensuite elle est représentative de l’immolation
sanglante, précisément parce qu’elle est en elle-même.” (D.T.C. Messe col. 1275).
“Or, dire que le corps du Christ es donné pour nous dans l’eucharistie, que son sang y est répandu pour nous, ne signifie pas autre chose, en réalité, que l’oblation faite à Dieu pour nous du corps et du sang sacramentellement séparés. Il s’agit ici, en effet, d’une chose offerte rendue sensible niquement par les paroles prononcées à la consécration et par les espèces
sacramentelles qui la recouvrent. Par la consécration, le Christ –qui est cette chose offert–devient présente sur l’autel, le corps sacramentellement séparé du sang sous l’espèce du pain, le sang sacramentellement séparé du corps sous l’espèce du vin; en tant que rendus extériurmente sensibles par les paroles et par le sacrament, ni le sang n’existe sous l’espèce du pain, ni le corps n’existe sous l’espèce du vin. De cette séparation sacramentelle résulte pur le Christ lui-même un revêtement de mort et de souffrance qui, sans l’atteindre dans son humanité désormais glorieuse et impasible, présente cependant à Dieu cette humanité sous les marques extérieures de la pasión qu’elle endura au Calvaire Et c’est dans cette présentation que consiste l’immolation non sanglante, représentative de l’immolation sanglante, ainsi que l’affirme le concile de Trente.” (D.T.C. Ib. col. 1276-7).

Hay también otro aspecto que Usted niega, o no reconoce y es la sacramentalidad sacrificial por la cual el sacrificio se opera, es decir el sacrificio sacramentalmente realizado o renovado. Con lo cual se completa la doctrina católica de la Misa como una representación sacrificial sacramental.
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“La misa es un sacrificio verdadero y propio, porque se da en ella una inmolación
sacramental con la que se representa el sacrificio del Calvario y se aplican sus frutos.” (Introducción a la cuestión 83 de la III parte de la Suma Teológica de la BAC, p. 822).

La Misa es sacrificio sacramental: “El sacramento y el sacrificio son inseparables, el segundo se hace cuando se hace el primero, y se consuma cuando el primero se consuma también. Santo Tomás recuerda esta inseparabilidad en el artículo que estamos comentando:
« Este sacrificio se ofrece cuando se consagra el sacramento ». La celebración de este sacramento se llama «inmolación de Cristo». Por eso nuestro sacrificio se llama sacrificio sacramental.” (Ib. p. 832).

“Pues bien, la esencia del sacrificio es la consagración. Con ella sola y sin nada más se ha sacrificado y se ha ofrecido a Dios. El orden a la comunión, o a la consumación convivial, sin embargo, pertenece a su integridad, o a su perfección. La razón de esto es doble: una se basa en la idea misma de sacrificio propiciatorio; otra, en la de sacrificio sacramental.” (Ib. p.
833).

“El eucarístico es un sacrificio que representa la Cruz; es además, un sacrificio sacramental y se hace cuando se hace el sacramento, no es una simple y desnuda representación.” (Ib. p.835).

“No olvidemos nunca que el sacrificio se hace cuando se consagra el sacramento; la donación a Cristo de su ser sacramental es una sacrificación, según este principio tantas veces repetido
por Santo Tomás. “ (Ib. p. 836).
“Es una sacrificación. La sacrificación auténtica y propiamente sacramental. Por eso,
repitiendo una vez más el principio de Santo Tomás, al hacerse sacramento se hace también
sacrificio.” (Ib. p. 837).
La Misa se define comúnmente como la renovación incruenta del sacrificio del Calvario
sobre el altar. Esta renovación se realiza por vía sacramental, es como una tercera
dimensión donde se conjugan el orden natural y el orden sobrenatural. Por esto los
sacramentos son signos que producen ex opere operato la gracia que significan. La Misa
como sacrificio sacramentalmente realizado encuentra su plena acepción.
La inmolación, el sacrificio, se renuevan sacramentalmente sobre el altar. Cuando se habla
de místico, inmolación mística, sacrificio místico, realización mística, es más preciso decir
sacramental.
El Padre Garrigou-Lagrange afirma justamente todo lo contrario de lo que Usted dice
respecto al sentido de la representación según Trento, y referente al sacrificio sacramental,
termina por alabar el libro de Dom Vonier: La clef de la doctrine eucharistique, por si fuera poco, contradiciendo lo que Usted al respecto afirma.
Garrigou-Lagrange se pregunta: “In quonam sensu missa est verum sacrificium sed incruentum secundum concilium tridentinum.” (De Eucharistia p. 274).

“Tempore enim S. Thomae et antea usque ad saec. XV, sic ponebatur problema ut in IIIa, q.83, a. 1. Utrum in hoc Sacramento Christus immolatur. Et respondebatur cum S. Agust. Citato in arg. ‘Sed contra’: « Semel immolatur est in seipso Christus, et tamen quotidie immolatur in
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sacramento » . Quod sic explicabatur: Immolatur sacramentaliter et incruenta, prout per duplicem consecrationem et duplicem transsubstantiationem Christus ponitur in altari quasi in statu mortis, et haec sacramentalir immolatio est repraesentatio cruente immolationis
Calvarii et meritorum Passionis.” (Ib. p. 274).

Y a la objeción que no era nueva: “Sed in celebratione hujus mysterii Christus non crucifigitur; Ergo nec immolatur. Respondebat S. Thomas ad 2um: « Sicut celebratio hujus sacramenti est imago repraesentativa passionis Christi, ita altare est repraesentativum crucis ipsius, in qua Christus in propia specie immolatus est », i. e.: saramentaliter, in genere signi, sub speciebus panis et vini et non in seipso.” (Ib. p. 275).
Con esto queda aclarada además la interpretación de la cuestión 83 a.1 de la III parte de la Suma Teológica.

“Et sufficit immolatio non physica, sed sacramentalis” (Ib. p. 267).
“Verba Concilii Tridentini, sess. XXII, cap. 2: « in divino sacrificio quod in Missa peragitur, idem ille Christus continetur et incruente immolatur, qui in ara Crucis semel seipsum cruente obtulit (Hebr. IX, 28) », Denz. 940 etiam 938, haec verba manifeste ostendunt ad Missam requiri immolationem incruentam et sacramentalem. Non videtur sufficiens dicere: Ecclesia
nunc liturgice offert cruentam immolationem Calvarii, oportet admittere praesentem immolationem incruentam, que est signum externum et praeterite immolationis cruentae et oblationis interioris quae perdurat in mente Christi, sacerdotis principalis sacrificio eucharistici.” (Ib. p. 289)

La razón de sacrificio visible exigida por Trento está en la inmolación sacramental, en el sacrificio sacramentalmente renovado, no basta la presencia real como se ha visto, se requiere que la presencia real represente, con la inmolación incruenta, el estado de muerte que tuvo lugar en el Calvario, y la muerte se produce por el cuerpo sacrificado y la efusión
de la sangre, esto es representado, renovado, vuelto a reproducir realmente de modo no físico y natural, sino de modo sacramental y real, actualmente en cada Misa. Se trata de la realidad renovada sacramentalmente: cuerpo y sangre separados por las palabras de la doble consagración, presentes real y substancialmente bajo las especies (accidentes) del pan y del vino. Hay verdadero y propio sacrificio sacramentalmente renovado, reactualizado,
representado, porque hay verdadera inmolación sacramental, así hay verdadero y real sacrificio sacramentalmente, y no una pura imagen, símbolo o figura, como los protestantes o los modernistas de hoy, aunque le añadan objetividad a dicha imagen.

Y así tenemos, como dice el P. Garrigou: “Quia hoc sacrificium est essentialiter repraesentativum passionis Christi.” (Ib. p. 288).
“Ratio sacrificii externi invenitur in sacramentali immolatione, quae vivide repraesentat realem separationem olim in cruce peractam per physicam sanguinis Christi effusionem. Nunc in missa sanguis solum « sacramentalem » effunditur, et non physice.” (Ib. p. 288).

Hay, como vemos, efusión sacramental de la sangre y esto representa sacramentalmente la muerte, luego hay sacrificio verdadero y propio sacramentalmente. Esto es lo que dice Dom Vonier magistralmente resumiendo toda la doctrina católica, y por esto el P. Garrigou escribe:
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“Recenter Dom A. Vonier O.S.B. optime evolvit traditionalem doctrinam Patrum et theologorum de sacrificio sacramentali Missae, ostendendo plenam significationem hujusce adjectivi «sacramentalis» prout distinguitur a sacrificio physico ac cruento crucis, et prout simul refertur ad illud. Ad hoc plene intelligendum oportet perlegere opus hujusce auctoris A Key to the Doctrine of the Eucharist., La clef de la doctrine eucharistique, trad. Roguet.
Lyon, 1942, cf. p. 113, 118, 124-130, 142-143; speciatim: cap. X. Le sacrifice de la Messe n’est pas un sacrifice naturel (par immolation physique ou sanglante) – cap. XI: Le sacrifice de la Messe est un sacrifice sacramentel. – Cap. XII: L’essence du sacrifice de la Messe; – Cap. XIII: Le Christ mort est rendu présent, appliqué et immolé (sacramentellement) dans le sacrifice eucharistique; – Cap. XIV: L’unité du sacrifice chrétien. Sic optime ntelliguntur traditionis documenta.” (Ib. p. 281)

Y como podemos apreciar -una vez más- el D.T.C. refiriéndose a la inmolación incruenta de la Misa, nos muestra la interpretación verdadera a partir de las Sagradas Escrituras y del Concilio de Trento: “L’immolation non sanglante de Jesús-Christ à la Messe est en même temps representative et réelle... Cette réalité consiste dans la séparation sacramentelle du corps et du sang de Jésus-Christ. – Cette conclusion n’est pas formulée a priori; mais elle résulte à la fois des dones de l’Écriture et des déclarations du concile de Trente, sur le sacrifice eucharistique. Jésus-Christ, déclare le concile, la veille de sa passion, institua prêtres ses apôtres et leurs successeurs, afin qu’ils célébrassent jusqu’à la fin du monde le sacrifice même (de son corps et de son sang sous les espeses du pain et du vin) qu’il venait d’offrir; et il
leur en donna l’ordre par ces paroles: Faites ceci en mémoire de moi. Et le concile ajoute immédiatement que Jesús, en ordonnant à ses apôtres et à leurs successeurs d’offrir ce sacrifice, s’est donné lui-même pour éter immolé par leur ministère sous des signes visibles.

Or, c’est là ce que signifient les paroles de la consécration dans le divin sacrifice. Jésus-Christ ne dit pas seulement à la cène: « ceci est mon corps, ceci est mon sang »; mais il ajoute, selon saint Luc, ceci est mon corps que est livré pour vous; cecis est mon sang qui est répandu. Le texte grec de saint Paul dit de même au présent: ceci est mon corpos qui est rompu pour vous.
Expressions qui, dans leur sens propre et naturel, ne peuvent s’entendre que d’un sacrifice actuel, où la victime EST immolée, et immolée par la séparation mystérieuse du corps et du sang, telle que la signifient les paroles de la double consécration.” (Messe col. 1270, 1271).

No queda más, estimado P. Alvaro, que revisar con espíritu de amor a la verdad sus escritos y corregir simplemente lo dicho sobre la representación, pues están en contradicción con los textos citados y sus autores, de reconocida autoridad. Todo lo demás queda válido como argumentación contra los modernistas del Misterio Pascual, pues al fin y al cabo la representación según el sentido modernista no es el sentido de la representación de la doctrina católica, pues para unos es hacer
presente (objetivamente) una imagen, para los otros es hacer presente una realidad sacrificial, o renovarla actualmente en cada Misa.

Retengamos así, que la Misa es la representación real, verdadera y sacramental del Sacrificio de la Cruz, y no una pura imagen representativa, como señala Melkerbach: “Doctrina autem católica statuit in Missa celebrari verum et propie dictum sacrificium, quod simul est essentialiter repraesentativum sacrificii crucis, non tanem, meram huius imagenem, repraesentationem, aut commemorationem.” (De Sacramentis p. 256).

Sin más por el momento, y deseándole una reflexión profunda en compañía del Divino Niño en estas
Navidades y Epifanía, reciba mis saludos en estas santas festividades y Año Nuevo 2007.
Basilio Méramo, Pbro.



Note usted católico lector, la congruencia (aunque muy sucinta), del mismo autor de la nota, que dio como origen y consecuencia, que el teólogo manzano, llegara a la conclusión de que se trataba de un “memorial” simple y llano, como la ha hecho público en reiteradas ocasiones, desde sus mismos comentarios, en la nota que YA ESTABA ACLARADA cuando el comenzó a participar. Visible mientas no sea removida en:

http://radiocristiandad.wordpress.com/2010/06/03/p-ceriani-para-la-solemnidad-de-corpus-christi/






Y ambas congruentes a la Iglesia de siempre, a la única, fuera de la cual NO hay salvación.


SEA PARA GLORIA DE DIOS