San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












Website counter Visitas desde 27/06/10



free counters



"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





Link para escuchar la radio aqui

domingo, 10 de agosto de 2014

NOVENO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Amados Hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:

En este Evangelio vemos llorar a Nuestro Señor, llora ante lo que Él veía que le ocurriría a la Ciudad Santa a Jerusalén, esa ciudad que Él tanto quería. Y nos puede asombrar el hecho de que un hombre llore, por que equivocadamente creemos que son únicamente las mujeres las que lloran, no quizá como las mujeres por fragilidad, por sentimentalismo, sino por una realidad dura y cruel. Realidad dura de lo que le iba a acontecer a Jerusalén, por no haber aceptado y reconocido al Mesías Prometido, por no haber visto la presencia de Dios para abrirle sus puertas y, ante ese pecado, ante esa dureza del pueblo judío, Nuestro Señor con la sentencia que Él tenía y el don de ver tanto lo pasado como lo futuro, vio esa destrucción de la Ciudad como castigo a la incredulidad del pueblo judío; La ciudad Santa, ahí donde había el pueblo verdadero, único templo donde se adoraba verdaderamente a Dios en toda la tierra.

Por eso llora Nuestro Señor, con ese dolor, ese llanto de misericordia, de conmiseración por lo que luego aconteció con Vespaciano y Tito que destruyeron completamente la ciudad; del templo no quedó piedra sobre piedra y lo que queda del muro de las lamentaciones es la hondonada, como cuando alguien construye el borde de un precipicio y hace en ese borde un muro de contención, pero sobre la explanada no queda ni quedo piedra sobre piedra. Cumpliéndose literalmente lo anunciado por Nuestro Señor como castigo por no haber reconocido al Mesías, por eso lloró Nuestro Señor.

No podemos imaginar a las mujeres que se comieron a sus hijos para poder sobrevivir cuando Jerusalén fue sitiada por los romanos para obligarlos a rendirse o a morir, durante meses en los cuales se agotaba el alimento, como se lee en la historia de Flavio Josefo. Eso nos da una idea del horror de la situación como justo castigo por no haber reconocido a Nuestro Señor y eso le arrancó lágrimas de dolor, de conmiserción, de compasión ante esa dureza que caracteriza al pueblo elegido, los judíos, pueblo de dura cerviz.

El otro razgo que también nos puede sorprender es la actitud de Nuestro Señor cando entra al templo y con un látigo, a fuete limpio, sacuda a esas alimañas, los ladrones que profanaban su templo convirtiéndolo en cueva de ladrones en lugar de ser una casa de oración. Esto que Nuestro Señor hace al comenzar y al finalizar su vida publica, esta es la segunda expulsión que nos relata San Lucas y San Juan, nos relata poco después de las bodas de Caná antes de iniciase la vida pública de Nuestro Señor. No tengamos un imagen muy pueril de Nuestro Señor, muy boba, muy de mejillas coloradas, ojos azules y cara de niño bonito, No; Nuestro Señor es la virilidad; Esas imágenes medio afeminadas no son la expresión de la virtud, de la virilidad de la hombría de Nuestro Señor, por eso no nos debe sorprender ese gesto como de gladiador, de domador de leones con un látigo sacando a fuete del templo a esos personajes que se valían del templo para hacer negocios corrompiendo el lugar Santo.

No tengo nada en contra del arte, pero este debe expresar la realidad y desgraciadamente a los Santos los pintan muy mujeriles y afeminados, ellos no son señoritas de salón. San Juan el Bautista no era una caña que llevaba el viento, para mostrarnos que era gente aguerrida, firme, viril y aun las mismas mujeres la virilidad de Santa Teresa o de una Santa Teresita que jamás se apoyó al respaldo de una silla por hacer mortificación; No nos dejemos engañar con esas imágenes todas coloreteadas que no expresan verdaderamente eso que los santos internaron y que desgraciadamente muchas veces, hasta los curas quieren imitar para parecer buenos, hablando suave como si fuesen niñas de quince años y de pura apariencia. Por eso no nos debe asombrar el gesto incluso violento de Nuestro Señor llorando, pero también por otro lado dando fuete; este es el celo que Él tiene por las cosas de Dios

¡Qué no haría hoy! Nos sacaría a todos zumbando a latigazos por lo mal que anda el clero en la Iglesia, y los fieles que son los menos culpables por que siguen el mal ejemplo que dan los sacerdotes, los monjes, los prelados, la jerarquía; Todo se deteriora, todo se corrompe, se convierten los templos en Museos (En Europa se pueden ver los grandes templos convertidos en museos donde incluso ay que pagar para entrar a ver la parte donde están los tesoros, es decir, donde esta las cosas pertenecientes al culto debido a Dios (Nota del editor del libro))

Dios destronado del altar para colocarlo en un rincón, son todas cosas que muestran el grado de deterioro que padece actualmente la religión y no nos damos cuenta.

Esa es la razón de nuestra existencia. Mantener la Pureza de la fe, de la religión, de la Iglesia, de la santidad, y que la Iglesia no se nos convierta en una cueva de ladrones, en un lugar de comercio,sino que sea un lugar santo, la casa de Dios, donde se reactualiza el Santo Sacrificio de la Misa, no una cena, una ágape, no la conmemoración de la pascua, SINO LA RENOVACION INCRUENTA DEL SACRIFICIO DE NUESTRO SEÑOR EN EL CALVARIO PRODUCIDO SACRAMENTALMENTE SOBRE EL ALTAR; y a eso comulgamos no un pedazo de pan, no a una galleta, sino AL CUERPO Y LA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, PRESENTES BAJO LA APARIENCIA DEL PAN Y DEL VINO, al cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor junto con su Aloma y Divinidad.

Por lo mismo, no se puede comulgar de cualquier forma ni tampoco se lo recibe de cualquier modo, como quien reparte pan sino con un acto de adoración, de rodillas, en la boca, en estado de gracia, con el ayuno debido, ; y que recuerdo el ayuno, lo ha repetido Monseñor Lefebvre, debe ser de tres horas y no de una, por respeto a Nuestro Señor; esa es la norma que nos debe regir. Otra cosa es que por una hora; nadie, después de haber comido, ha hecho la digestión en una hora, entonces va a recibir de postre a Nuestro Señor. Hasta donde llegan la profanación y la desacralización, la pérdida del sentido de lo sagrado que que hasta los paganos tenían; peor que pagano esta el mundo hoy, no hay sentido ni sentimiento de lo sagrado, de lo sacro, de lo Divino, todo es el hombre.

¡Maldito y condenado hombre que te vas a pudrir en el infierno! "Humanidad condenada", decía San Agustín. Esa es nuestra condición ; Si Nuestro Señor no hubiera muerto en la cruz estaríamos irremisiblemente y eternamente condenados en el infierno, n0o lo olvidemos y veamos esa misericordia, ese amor, esa caridad.

Pero no olvidemos, no nos creamos más de lo que somos; delante de Dios somos nada, la criatura es nada delante de Dios; no tenemos ningún derecho delante de Dios y Él tiene todos los derechos. Entonces dejémonos de estupideces con Dios, de proclamar nuestra dignidad, nuestra libertad, debemos proclamar nuestro estado de criaturas, de siervos inútiles delante de la Divina Majestad; esa es la humildad y dejemos de ser pavo reales, pura pluma en la cola y pavoneando estúpidamente mientras el tiempo transcurre y no lo aprovechamos para la eternidad. Así como Nuestro Señor lloró sobre Jerusalén, ha llorado Nuestra Señora en Siracusa; No ha hecho más que llorar viendo el estado de la humanidad y de la Iglesia y no hoy sino desde hace cincuenta años. De Nuestra Señora de Siracusa, en Sicilia, poco se habla, pero esa fue la realidad, durante tres o cuatro días lloró ininterrumpidamente verdaderas lágrimas, analizadas, reconocido por el obispo del lugar y el Papa Pio XII.

No hagamos llorar más a Nuestra Señora, no obliguemos a Nuestro Señor a sacarnos a fuetazos. Eso sería lo menos que hiciera, porque en aquel templo todavía no estaba su presencia real como lo debería estar en los templos católicos, en las iglesias Católicas donde está la presencia real, el verdadero culto que es el que los modernistas han destruido con la nueva misa. Por eso la nueva misa no se define, no se considera, no se reputa como un sacrificio, sino como una syntaxis, como una cena, como un ágape, como un recuerdo, no ya de la pasión sino de la pascua y aleluya. "No todo el que dice ¡Señor, Señor, Aleluya!" Aleluya quiere decir alabado sea Dios. Pero "no todo el que dice ¡Señor, Señor entrará en los cielos!", no todo el que dice "aleluya" entrará en los cielos.

Supliquemos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María,que conservemos por lo menos nosotros la fe, la religión, el verdadero culto; que no perdamos el sentido de lo sacro, de la divinidad de Dios y de la miseria y la indigencia que nos caracteriza a nosotros como seres humanos y como criaturas. Para que as{i, en esa verdadera humildad, podamos invocar santamente el nombre de Dios, salvarnos y salvar a los demás, ayudándolos a que salven sus almas con la gracia de Dios. Pidamos todas estas cosas a Nuestra Señora y que comprendamos, manteniéndonos firmes en la Tradición de la Iglesia, que no es facultativa; no se viene a esta capilla por que sea bonita o fea, sino por que se viene a adorar a Dios, a Nuestro Señor, no de cualquier manera. Venimos a pedierle a Él esa ayuda, para así santificarnos y que nos salvemos en la hora de nuestra muerte.+

BASILIO MÉRAMO PBRO.
5 de Agosto de 2001.


domingo, 3 de agosto de 2014

OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Se nos muestra hoy en el evangelio al mayordomo infiel. Parábola que no deja de presentar cierta dificultad. Por un lado –aparentemente– hay una acción mala y sin embargo, nuestro Señor alaba esa perspicacia del administrador desleal. A primera vista podríamos pensar que se trata de un robo, de una falsificación que hace el trabajador hipócrita al rebajar la cuenta y estaríamos muy mal parados porque sencillamente nuestro Señor no podría alabar algo que fuese en sí malo, con un ejemplo malo, de robo o de falsificación, como desgraciadamente algunos predicadores ligeramente se han aventurado a decir; y por eso el padre Castellani, eminente exegeta, esclarece estos puntos.

Y así otra cosa es que el mayordomo tenga facultad en nombre de su amo, para hacer y deshacer dentro de ciertos límites, como pasa con un administrador de amplias facultades, que se aprovecha abusando, estira un  poco más la manga y así se beneficia. Era lo que hacía este mayordomo, que sin robar, sin falsificar, aprovechaba, como aquel que parte y reparte se queda con alguna parte. Pudo de esta manera condonar parcialmente su deuda, porque si no, no sería válida esa escritura, ese papel, si no hubiera tenido esa facultad. La cuestión está en que lo hizo no en beneficio de su amo, sino para el suyo propio, para granjearse la amistad cuando no tuviera ya aquel trabajo. 

Por eso alaba nuestro Señor la sagacidad de ese mayordomo infiel, en el sentido que acabo de decir, y lo pone de ejemplo para que los hijos de la luz seamos más perspicaces que los hijos de este mundo, los hijos de las tinieblas.

Vemos cómo nuestro Señor excluye la estulticia, que en lenguaje vulgar es la estupidez. Mucha gente cree que la religión nos vuelve tontos, imbéciles. ¡No señor! La religión nos dignifica, nos cultiva todas las potencias del alma, entre ellas la inteligencia, y tanto es así que hay un don de inteligencia, un don de sabiduría, un don de ciencia. Lejos entonces de la religión y de la Iglesia esa santa bobería, esa estupidez que no es característica de la sabiduría divina ni de la de la Iglesia, ni de la sabiduría de los santos.

Otra cosa es la mansedumbre, la bondad, la paciencia, pero un santo jamás será un tonto, un bobo o estúpido, un estulto. En eso quieren convertir la religión los enemigos, Satanás. El católico no es un castrado espiritual, que no ve, que no oye, ¡No señor! Tiene la luz de la fe y los dones del Espíritu Santo, para que combata al mal y sea más sagaz, más perspicaz que los hombres de este mundo en sus negocios. Y es una vergüenza que esto suceda. Pero nuestro Señor sabía que iba a pasar y por eso nos pone el ejemplo, para que no nos dejemos sacar ventajas.

¿Cómo es posible que el avaro piense y gaste más su tiempo contando las monedas de su negocio que nosotros, por lo menos lo mismo, en los negocios y en las cosas de Dios? Le pone mucho más amor el hombre de este mundo a sus negocios, en los que tiene puestas la fe y su esperanza, que el católico en Dios y en la Iglesia. Nuestro Señor nos advierte, para que tengamos, por lo menos, esa misma sagacidad e intuición, y así poder defender el patrimonio divino de la Iglesia y la fe contra los enemigos, contra todo aquello que ataca a la Iglesia. Lo vemos hoy de una manera más evidente; faltan esos hombres sagaces que defiendan a la santa madre Iglesia para no dejarnos aventajar por el enemigo que está muy bien organizado y muy bien guiado, porque hay una gran inteligencia en los misterios del mal, y esa gran inteligencia es la de Satanás, la de Lucifer, uno de los ángeles más poderosos y brillantes que había creado Dios, y que le dio la espalda por puro orgullo.

Y si la Iglesia y la santa religión están en situación tan calamitosa, no es tanto por la culpa del maligno, de los malos hombres de este mundo, sino por la culpa de aquellos que nos decimos católicos y que no tenemos esa inteligencia, esa agudeza para defendernos de los malos, para defendernos del mal. Es una actitud que claudica, es como el cuerpo que no tiene vigor para repeler el virus, la enfermedad, y toda enfermedad hace mella en el cuerpo que no es vigoroso; entonces, si el mal entra en la Iglesia es por la falta de fuerza de sus miembros, de ingenio, de inteligencia, de espíritu de combate, y éste ha sido viciado por el pecado del liberalismo; por eso San Ezequiel Moreno Díaz, patrono de este Priorato, hizo escribir en el sarcófago ese epitafio magnífico con letras grandes, para que quedara definido cuál era el problema: “El liberalismo es pecado”.

Y ese liberalismo es el que nos hace claudicar, no ver enemigos, no ver el mal que nos quita la energía de combatir como un organismo sano y nos hace tolerantes, pacifistas, para que así el virus encuentre facilidad en destruir el organismo; eso pasa en la Iglesia. Y todo aquel que de algún modo lo combate es automáticamente puesto en un rincón, desechado; por eso hoy abundan en la Iglesia esos obispos y cardenales tolerantes, pacíficos, sin espíritu de combate por la verdad y el amor a la santa Iglesia.

Entonces, no es de extrañar que estemos en esta situación, con la religión en flagrante decadencia; pero Dios permite todo eso para mostrar que aun así su Iglesia es divina, aunque sufra acrisolada, como el oro en el fuego, para que se purifique. Permite que haya esa angostura, esa estrechez que nos toca sufrir si somos fieles y perseverantes en nuestro Señor y en la santa Iglesia, en la Iglesia católica, apostólica y romana, aunque de Roma nos vengan hoy la herejía y el error por vía de autoridad.

Ese es el gran misterio de iniquidad anunciado mil y una veces por tantas profecías, por nuestra Señora en La Salette, en Fátima, en Siracusa, donde no hizo más que llorar, llorar y llorar. ¿Y cuándo una madre llora sin parar, sin decir palabra? Cuando ve el estado infeliz de sus queridos hijos; pues bien, ese estado triste fue el que Ella manifestó con un llanto incesante durante tres o cuatro largos días, en 1953, durante el pontificado del papa Pío XII.

 ¿Y qué no diría hoy cuando ya han pasado cincuenta años y la cosa es mucho más grave? Debemos por eso ser sagaces también en las cosas de Dios, como por lo menos lo son los hombres con los asuntos de este mundo. Esa es una parte de la moraleja de esta parábola que encontramos en el evangelio de hoy.

La otra parte es que ese dinero inicuo, no robado, no ha sido obtenido según la moral, porque yo puedo hacer que un objeto sea mío, pero de un modo moralmente aceptable.

Cuánta gente hace dinero con trabajos que hacen daño, como lo puede hacer un farmacéutico vendiendo drogas abortivas, o como lo puede hacer una gran empresa haciendo películas malas; no está robando, pero sí está obteniendo un dinero, aunque propio, mal habido, dinero inicuo, de iniquidad. El dinero ganado con la prostitución, clásico ejemplo del dinero mal habido. Sin embargo, no es robado, le pertenece en justicia a la persona, por eso no debe reintegrarlo. ¿Qué hacer con ese dinero? Granjearme el favor de Dios haciendo limosna con él, porque si fuera dinero hurtado debería restituirlo en justicia a su legítimo dueño y si no lo puedo hacer para no delatarme, sí debo darlo de limosna a los pobres, pero eso es otra tema.

Lo que quiere decir nuestro Señor es que con todo ese dinero mal habido, si nos arrepentimos de haberlo obtenido de un modo inmoral y si hacemos limosna con él, nos ganamos el cielo. Qué esperanza se nos abre ante un mundo que no hace más que pensar en ganar dinero sin importar de qué manera. Y así, entonces, tenemos la segunda parte que nos ofrece nuestro Señor, para que con ese dinero mal habido, una vez arrepentidos, aunque nos pertenezca, se nos abran las puertas del cielo si lo empleamos bien dándolo al necesitado.

Esa es la enseñanza que nuestro Señor nos deja en este pasaje del evangelio de hoy, en esta parábola que nos ayuda a tener más confianza en Dios y a ser más generosos, sabiendo que ese altruismo será retribuido con la gloria del cielo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que tengamos esas disposiciones de corazón, para poder ganarnos el cielo a pesar de los dineros mal habidos y que no nos dejemos aventajar por los hombres de este mundo, que no sean más sagaces en sus negocios que nosotros en defender nuestra santa religión y la santa madre Iglesia. +

P. BASILIO MERAMO
14 de julio de 2002

jueves, 31 de julio de 2014

¿SEDE VACANTE APOCALIPTICA?

Suponiendo,  que  hubiese humanamente la capacidad  de  juzgar en el pequeño rebaño,   y  sentenciar válidamente,  el asunto de  la incontable cantidad de herejías  cometidas  e incoadas  por la SEDE DEL ANTICRISTO, (con la  hipotética  y necesaria aparición  de  un  también  hipotético   Papa  Santo, cuando  no  una especie de RENOVADA IGLESIA SANTA),     que entre otras cosas contara  con  un  poderío  humano  indescriptible  como  para enfrentar  airosamente  al  gran  ejercito  no  solo  establecido  en  Roma,  sino,  para  poder  combatir con  el  conglomerado  de  los  reyezuelos  del  mundo,  y  la  sinagoga  de  satanás.
   O  en  su  defecto,  el mismo  Nuestro Señor Jesucristo,  se  dignara  a  hacerlo  en persona,  en  aras,    No  de  establecer  su  reino  como  anunció,  sino,  única y exclusivamente  para  dejar  saber  a  todo  aquel que  se pretende  sedevacantista,  QUE  TIENE  RAZÓN,  y  que  la  sede  ha estado  vacante inclusive  desde  Juan XXIII,  y que el  periodo  anticristiano  anunciado,  por  el  santo profeta  Daniel,  del  un  tiempo,  dos  tiempos,  y medio  tiempo  mas,  es  nulo  de  pleno  derecho,  y  que  todo  se  retrotrae  incluso  a la elección  del mismo  Juanito Banana,  y  mejor  aun,  nos  proveyera   de  un  conclave  cardenalicio  bueno, para  una hipotética  elección  papal  ortodoxa y  no  herética,  las preguntas obvias,  están al descubierto.

   1.-  ¿Las almas  perdidas  en  estas  62  semanas  de Daniel,    saldrían  del  infierno?
   2.-   ¿Las  santificadas  por la  defensa  de  la  Vera  Fe,  serían  nuevamente  juzgadas?
   3.-  ¿Tendríamos  que  esperar una  nueva  gran  abominación  posterior, (nótese  la  mezcla de  errores que  hace  Wyllie  entre acuerdismo y consecuencias de sedevacantismo)
4.- ¿Tendría  que  volver  a  instaurarse  el misterio de iniquidad,  para hacer  nuevamente  a la  esposa  fornicar?
 PARA QUE LA ESPOSA, SE PUDIERA CONVERTIR EN LA GRAN RAMERA,  TENIA QUE SER LA ESPOSA, NO LA CRIADA,  NI CON UN TÁLAMO VACANTE.

     Finalmente  el   sedevacantista,  NO  cree,  No espera  y  No  quiere  la  Gloriosa  Parusía  de  nuestro  Señor Jesucristo,  empero  además  de  no creerle ni a Él  mismo,  y  de  no  querer  que llegue a reinar,  quiere  que  la  Una Santa católica y Romana Iglesia,  sea  crucificada  nuevamente, por que el  cielo  y la Tierra  pasarán,  empero  su palabra  no  dejara  de  ser  cumplida.

   Por eso  el  precepto  es  claro,  NO LES CREAIS;  NO  ESTA  EN  EL  DESIERTO,  NO REGRESEIS  NI POR LA TÚNICA,  SALTE, FUERA.
   Obviamente,  DIOS  en  su  infinita misericordia,  permite a  muchos  ver  el misterio de  iniquidad,  permitió  ver  a la  abominación desoladora instaurarse  en  el  lugar  Santo,  y  a la  Gran  abominación de la  desolación alcanzarla (Felón),  y  tratar  de  hacer  adorar  a la bestia,    montada  por  la  misma gran  ramera,  pero  una  cosa  es  poder  verla  y  distinguirla,  y  otra  pretender y profesar que   no  existió ,  una  cosa  es  el  etiquetismo   mundial  actual,  (sedevacantista  o  acuerdista que se pretenden como únicas opciones),   y  otra  muy  distinta  el llegar  a  creer  que  realmente la  sede  estuvo vacante,  dado  que  de haber  sido  de  esa  forma,  nada  de  lo  ocurrido  tendría  validez, (nulo de pleno derecho),   y  en consecuencia  habría  que  repetirlo;     A  decir  verdad,  quien  de  veras ame  a  nuestro Señor JesuCristo,  no  quiere  ni  pretende ni  profesa,  que  quiere  que  vuelva  a  ser  crucificada  su inmaculada esposa.

Cabe  hacer mención específica, de la atinada distinción, que algunos como el Reverendo  Padre  Basilio Méramo,  hacen  entre un sedevacantismo ramplón y visceral y uno  "mas  inteligente"
Este último,  Sabe perfectamente  que  ROMA, perdió la  FE  y  ES  la  Sede Del anticristo,  sin  embargo,  allende a la etimología propia de la significación de la fuerza de las  palabras,  (sede lugar de residencia),  y  Vacante,  (vacio, desocupado  y  DISPONIBLE),  atiende más a las formas  mundanas de opciones para elegir utilizando los mismos principios demoniacos del  príncipe de este mundo,  quien  ha  hecho  creer a las grandes  mayorías, en una especie de requerimiento,  de  elección,  entre un partido demoniocratico, u  otro,  entre un equipo de futbol,  y otro, o  entre coca y pepsi, dejando al garete  la real posibilidad  de no  "jugar con las reglas del enemigo, en el tablero del enemigo,  y en consecuencia,  se  ven falsamente constreñidos para  auto etiquetarse o colocarse en algún plano del citado tablero diabólico,  de tal  suerte, que para el pequeño rebaño,  la  etiqueta más adecuada, sería similar a declararse o autoetiquetarse,  como:

"Soy Católico sedeocupadista (por el anticristo), tradicionalista apocaliptico parusiaco y milenarista"

Absurdo por de mas.
    
    ROMA PERDERA  LA  FE  Y  SERA  (HOY  Y  DESDE  HACE  60 SEMANAS,  ES)  LA  SEDE  DEL  ANTICRISTO,  que le  va  a  nadie  tratar  de  juzgarlo  y condenarlo estólidamente  si  YA  ESTA  JUZGADO POR  QUIEN  TODO  LO PUEDE,  que  le  va  a  nadie  humano,  intentar  agregar  un  codo  a  su estatura  a  fuerza de tergiversar  incluso  la  misma  doctrina,  si ya  esta  dispuesto  el fin del desolador.

  Por  ello nos  ordenó,  NO LES CREAIS;

   Por eso,  es  que  en  "Portugal  se  conserva  el  DOGMA  de  la  Fe",   No  nos  indicó  la  Madre  del  Amor  Hermoso,  que  en un  sitio  se  conservaría  la  fe,  sino,  "El Dogma  de la Fe",  lo  que  debe  creerse para seguir pretendiéndose  Católico,  En Portugal:  "Portus Calos",  El puerto Hermoso,  ella  misma,    y  ella  estuvo  tanto  en  el Gólgota,  como  ahora  en  la  crucifixión de la inmaculada esposa, (signus magnum apocaliptico),     ella  es  quien  nos  indica,  que  ROMA  sería (es)  la  sede  del anticristo,  (LUEGO, NI VACANTE  NI DESOCUPADA NI DISPONIBLE)  ella  quien  como en caná  de Galilea,  adelanto incluso  los  planes Divinos,  y de similar  forma,  apareció por adelantado  a la época que le hubiere correspondido  en  el  Tepeyac, (Checar a Sn. Luis Maria Grignon de Monfort),  ella  quien  llora  por  el desacato  y la sinrazón que producen muerte eterna en las  almas,  y  si  se tratase de  una  "Sede Vacante"  hubiéremos  tenido  mensajes  como  no  se preocupen  habrá un tiempo vacante,  y todo será normal,  (la única posibilidad racional a lo que siga a una sede vacante),  y  no UN  "SERA LA SEDE DEL ANTICRISTO"


   Es  tan  delicado  o  grave incluso  el particular,  que  aunque  haya  presbíteros bien ordenados y bien intencionados,  que no hubieren caído en las fornicaciones teológicas,  o  en las "Soberbias  que  Resiste  el  cielo",   y aun  santos,  que sostengan lo contrario;   En esta época,  ante la  gran  romera apocalíptica,  quien profese  tal idea (Sedevacantismo),   al no esperar  y no querer  la  gloriosa Parusía,  están  dejando de creer  lo  que  están  obligados a creer (Dogma y Fe):     No están ni queriendo ni esperando  lo  que  deben  esperar (esperanza);  Y  Finalmente  Ni  aman  a  Nuestro Señor JesuCristo,  (Vade retro satana, ante Pedro que quería evitarlo),  Ni  a   su inmaculada  esposa, porque  pretenden que vuelva  a  ser  prostituida y crucificada. (Caridad),  y  ni  hablar  mucho,  de los desacatos  a la mariana  revelación,  y  obediencia al  Evangelio.

   Solo  es  cosa  de  simple  Razón;   Para  que la esposa  fornicara y  pudiera convertirse  en la  Gran  Ramera,  OBLIGATORIAMENTE,  debió  haber  sido  la esposa,  ni  una  suplantadora,  ni  un tálamo vacante,  la  ESPOSA,  aunque nos  duela.

   Finalmente,  están casi consumados los UN TIEMPO ( Paulo 666),  DOS TIEMPOS  (Jp´s) y MEDIO TIEMPO MAS (de la Rata cantante),  de la  Profecía del Santo Daniel;  si están perfectamente cumplidas y ahora  asequibles los lemas de la profecía adjudicada a San Malaquías,  (Tras la Gloria del Olivo, en continuidad a Pedro Romano, (un simple hombre),  la "en persecución extrema")..  Si la creación esta a punto de cumplimentar los 6000 años el próximo 2 de Octubre del Próximo 2016,  Si se han cumplimentado desde  el  pasado año 48, la convergencia del pueblo deisida a su nueva tierra, (diáspora y real interpretación de la convergencia (mal entendida conversión) de los judios)
  La pregunta obligada,  Si tienen  virtudes  teologales falsas e incluso contrarias,   si no se  acatan  las  órdenes  evangélicas,  si no atienden a la Revelación Mariana,  si no quieren ver los signos evidentes  de los tiempos,  ¿estarán dentro de la verdadera  religión  Católica?
     El que tenga ojos que vea.

VEN PRONTO SEÑOR NUESTRO JESUCRISTO
ACORTA ESTOS DIAS. ENCUENTRA ALGO DE FE
A TU REGRESO.

Alberto González

miércoles, 30 de julio de 2014

BREVE REFUTACIÓN AL PEQUEÑO CATECISMO SOBRE EL SEDEVACANTISMO DE LOS DOMINICOS DE AVRILLÉ PADRE BASILIO MÉRAMO

La reciente publicación aparecida en Non Possumus del “Pequeño Catecismo del
Sedevacantismo” tomada de Le Sel de la Terre n° 79, invierno 2011-2012, y ahora
difundida por este blog me obliga a tener que intervenir aclarando doctrinal y
teológicamente sobre este asunto, al rededor del cual se ha hecho un tema tabú y se ha
elaborado una etiqueta discriminativa y peyorativa que sirve de espanta pájaro impidiendo
que se investigue teológicamente la cuestión y se aleje a los fieles de la verdad.
En primer lugar aunque no es lo más importante, se habla de catecismo (es decir, de
enseñanza, de doctrina) sobre un punto que el autor (Dominicus, que al parecer es el Padre
Pierre Marie, pero poco importa) presenta como una posición prudencial, luego, práctica,
no teórica ni doctrinal, lo cual encierra una contradicción, pues pretende catequizar, esto es,
enseñar, teorizar sobre algo que es práctico y esto es ya enfocar mal el asunto. De todos
modos es un error, equiparar como dos errores a evitar, el modernismo (que es una herejía)
y el sedevacantismo (que no lo es), bien que además se le considere como cismático. El
sedevacantismo teológicamente considerado no es ni un error, ni una herejía, ni un cisma,
aunque pueda haber muchos o pocos sedevacantistas, que sean heréticos o sean cismáticos.
Todo esto prueba la mentalidad que se ha forjado alrededor de este tema que se ha
satanizado, vuelto un tabú y un estigma. 

Típico del pensamiento liberal es equiparar el sedevacantismo al modernismo como dos
errores.

1. El modernismo es una herejía, y el sedevacantismo no lo es, tampoco es un error; es una
conclusión teológica, que no se debe confundir con un sedevacantismo visceral dogmático,
dogmatizante, es decir erigiéndolo en cuasi dogma de fe.
2. Se habla de una posición prudencial (práctica), no teórica, ni doctrinal ni teológica y aún
así se pretende hacer de esto una catequesis (enseñanza doctrinal) lo cual si se mira bien,
refleja una contradicción.
3. Cuál sería el peligro del sedevacantismo sino haberlo estigmatizado y vuelto un tabú por
los chamanes eclesiásticos que con un gran poder de una dialéctica implacable lo
anatematizan siendo lo que les puede dar luz ante la situación en la que nos encontramos
los pocos fieles a la Tradición Católica, ante una Roma apóstata y anticristo (como la
denominaba Monseñor Lefebvre). Por esto siempre esta Roma modernista y más que
romana, babilónica, ha intentado destruir los argumentos que la puedan desenmascarar ante
los fieles y alejar de sí toda sospecha de ilegitimidad que le pueda impedir continuar
usurpando la autoridad de Dios y así poder pontificar en el error que culmina en una
verdadera y universal apostasía.

Es una lástima ver como se cita a Monseñor Lefebvre de una manera parcializada, por tanto
errónea, al pretender desconocer o eclipsar textos donde afirma exactamente lo contrario si
vamos al caso, de todos modos aún en la tesitura de la opinión (de lo opinable) el mismo
Monseñor Lefebvre, no descarta que la sede vacante pueda algún día confirmarse.
Queda claro que es una opinión que en un principio no descarta la posibilidad del hecho de
la sede vacante como se pretende, consciente o inconscientemente, hacer.
Además se ignora olímpicamente (o se pretende ignorar), el giro de 180° que dio
Monseñor Lefebvre al expresar, primero en el sermón del Domingo de Pascua del 30 de
marzo de 1986: “Nos encontramos ante un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás
en la Iglesia: que quién está sentado en la Sede de Pedro participa en cultos de falsos
dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Qué conclusión
debemos quizás sacar dentro de algunos meses de estos actos repetidos de comunión con
falsos cultos? NO LO SÉ. ME LO PREGUNTO. PERO ES POSIBLE QUE ESTEMOS EN
LA OBLIGACIÓN DE CREER QUE ESTE PAPA NO ES PAPA. NO QUIERO DECIRLO
AÚN DE UNA MANERA SOLEMNE Y FORMAL, PERO PARECE, SÍ, A PRIMERA
VISTA, QUE ES IMPOSIBLE QUE UN PAPA SEA HEREJE PÚBLICA Y
FORMALMENTE”.

Y por si fuera poco, a los 15 días, después de las vacaciones de Pascua, el 15 de abril de
1986, Monseñor retoma el tema insistiendo en él: “Queridos amigos, pudieron durante las
vacaciones reflexionar sobre el Sermón del domingo de pascua…”. Para más adelante
replantear: “¿El Papa es un Papa cuando es hereje? Yo no sé, no zanjo, pero pueden
plantearse la cuestión ustedes mismos, pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la
cuestión. No sé. Entonces, ahora ¿es urgente hablar de esto? Se puede no hablar,
obviamente. Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en
nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre nosotros. ¿Es necesario hablar
a los fieles?, muchos dicen, no habléis a los fieles. Van a escandalizarse. Eso va a ser
terrible, eso va a ir lejos. Bien, yo dije a los sacerdotes en París, cuando los reuní, y luego
a vosotros mismos, ya les había hablado, yo dije: pienso que muy suavemente, es
necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles. No digo que sea necesario
hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimentos a los fieles para asustarlos. No. Pero
pienso que, a pesar de todo es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles
no pierdan la fe. Estamos encargados de guardar la fe de los fieles, de protegerla. Van a
perder la fe, incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la fe en nuestro Señor
Jesucristo. Ya está fe se pierde. Se pierde en los sacerdotes, se pierde en los Obispos”.
¿Cómo van ahora a salir trasnochadamente con otro enfoque distinto al que aquí de una
manera clara y evidente Monseñor Lefebvre nos está introduciendo en la perspectiva
sedevacantista, no visceral, ni categórico dogmática, pero si reflexiva, teológica y
conclusiva? Esto sólo bastaría para dejar de seguir esgrimiendo el estúpido tabú y la
perversa estigmatización que sobre el tema de la sede vacante se ha elaborado muy
sutilmente desde Roma, y es lo que ha hecho que la Fraternidad San Pio X insensiblemente
desvíe el enfoque sedevacantista que Monseñor Lefebvre aquí le está dando. Entonces

¿cómo es que van a venir ahora a decirnos que el Sedevacantismo es un error opuesto al
modernismo y/o al liberalismo?, cuando el mismo Monseñor Lefebvre aquí nos está dando
la pauta de que no es así. Bástenos saber que teólogos como el gran Cardenal Torquemada,
(no confundir con su sobrino el gran Inquisidor Torquemada) y grandes teólogos del
Concilio de Trento como Melchor Cano y Domingo Soto, han sostenido que un Papa puede
desviarse en la Fe y por lo mismo ser un réprobo.
El primero en contradecir esta doctrina de la Iglesia fue el flamenco u holandés Albert
Pighi, cortesano en Roma al lado de su correligionario el Papa Adriano VI, el único Papa
holandés al que pretendía bien servir al excluir que pudiera caer en herejía y fue
paladinamente refutado por los dos teólogos anteriormente mencionados, Cano y Soto.
Téngase también presente, por si fuera poco, que un santo de la talla de San Alfonso María
de Ligorio, por esas ironías de la vida equiparaba a los anti-sedevacantistas con los herejes
luteranos y calvinistas, al decir que había dos errores opuestos, el de los anti-infalibilistas,
como Lutero y Calvino, y el ultra-infalibilismo de Pighi.

Esto se puede verificar en el extracto del tomo IX de las Obras Completas de San Alfonso
María de Ligorio (Oeuvres Completes de S. Alphonse de Liguori, ed. Compagnons de Saint
Michel, Belgium 1975, p.286). Obra avalada por el mismo Papa Pío IX, en su Carta del 5 de
enero de 1870 al Padre Jules Jacques, quien la tradujo al francés. Esto nos debe de bastar
para que se nos caigan las escamas de los ojos y no continuar esgrimiendo argumentos
falsos y erróneos que no hacen más que contribuir al tabú y a la estigmatización del
sedevacantismo al que tanto miedo le tienen los pseudo-profetas y anticristos que pontifican
desde el Vaticano, habiéndose cumplido lo que profetizara Nuestra Señora de La Salette
hace ya mucho tiempo, advirtiéndonos que la Iglesia sería eclipsada, el clero vuelto una
fétida cloaca y Roma habiendo perdido la Fe, convertida en la Sede del Anticristo.
Y en consonancia con esto no hay que olvidar (aunque está más olvidado que nunca) lo que
Monseñor Lefebvre dijera en su carta de cuaresmal del 25 de enero de 1987: “Este
sacudimiento de la Fe parece preparar la venida del Anticristo, según las predicciones de
San Pablo a los Tesalonicenses y de acuerdo a los comentarios de los Padres de la
Iglesia”. Así pues debe quedarnos claro, clarísimo y evidente que un verdadero hijo
espiritual de la verdadera Fraternidad Sacerdotal San Pío Décimo, no puede ser jamás hoy
en día ni anti-apocalíptico ni anti-sedevacantista, al buen entendedor pocas palabras.

P. Basilio Méramo
Bogotá, 30 de Julio de 2014

domingo, 27 de julio de 2014

SÉPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En el Evangelio de hoy vemos la advertencia que nuestro Señor hace a la Iglesia, a sus discípulos y a sus fieles. Advertencia que debe ser criterio de discernimiento para conocer a los verdaderos pastores. Criterio de verdad y de doctrina que hoy es más necesario que nunca, en medio de esta confusión espantosa de orden religioso, teológico y doctrinal con el consiguiente coletazo de derrumbe moral que no es más que la expresión de la corrupción doctrinal y conceptual que hoy impera.


Hay que hacer hincapié en esta advertencia de nuestro Señor, porque desde la Revolución francesa el liberalismo imperante en los corazones no ha hecho más que debilitar la capacidad de reacción y de combate del católico; es como un sida espiritual que destruye el aparato inmunológico del espíritu católico para combatir el error y la herejía. Lo típico del liberalismo es diluir toda capacidad de resistencia y de combate, de verticalidad y de ahí el odio entrañable a todo aquello que sea dogmático y vertical, tajante, porque se quiere vivir en un espíritu de acomodamiento al mundo, configurándose con él; la divisa de San Pablo era “no os configuréis con este siglo”, con este mundo, hacer entonces desaparecer el antagonismo entre el bien y el mal, entre la verdad y el error, ese es el espíritu del cual estamos imbuidos.


La gran diferencia está en querer combatirlo; el liberal propiamente dicho es el que no quiere contender en sí mismo ese espíritu, que es el arma de Satanás para poder así dispersar el rebaño. Ese es el mal que afecta a la jerarquía de hoy, a los pastores; por eso monseñor Lefebvre insistía contra el liberalismo que desgraciadamente aquí en Colombia se convierte en un tema político, y antes de ser un tema político o de partido, es una concepción teológica y filosófica en contra de Dios que reivindica la libertad del hombre ante Dios y ante la Iglesia, ante los principios que limitan al hombre y que por eso tergiversan la libertad. Vemos, por tanto, al hombre de hoy queriendo ser libre sin que nada lo limite en el sentido de restricciones de los apetitos, sean cuales fueran las exigencias; por eso cada uno pretende hacer lo que le dé la gana y no hay principio de autoridad en la sociedad ni en la Iglesia; está destruido.


Y la advertencia de nuestro Señor es que se juzgue al árbol por sus frutos. El mal árbol no puede dar buenos frutos y el bueno no los puede dar malos. Eso nos lo dice para que juzguemos dentro de la misma Iglesia quiénes son los falsos profetas; es una realidad que nuestro Señor quiere poner en evidencia, la prueba que habrá y que hay en la Iglesia por los fingidos pastores. ¿Qué es un profeta dentro del contexto de la Iglesia?, pues un hombre que habla en lugar de Dios y da luz. Y un falso profeta es justamente lo contrario, aquel que usurpa el nombre de Dios no para dar luz sino para confundir y destruir; eso acontece hoy de un modo excepcional, porque lo general es que haya verdaderos profetas, doctores, prelados que defiendan la verdad y a las ovejas y no como el lobo rapaz disfrazado de oveja.


Hasta dónde llega nuestro Señor para que no pequemos de bobería, de estulticia, porque vienen con apariencia de oveja, con la zamarra, es decir que no se presentan como irreligiosos impíos o abominables degenerados, sino como muy piadosos, religiosos, bondadosos, hablándonos en forma halagüeña y fácil para hacer vibrar el corazón sentimental que cada uno tiene y por eso a veces a la gente se le cae la baba por puro sentimentalismo. Por eso nuestro Señor advierte la gran argucia y astucia de ese cinismo terrible, ocultarse bajo la piel de oveja, de cordero, que simbolizan la mansedumbre, sobre todo a la hora del holocausto, de la ofrenda, por eso representa a nuestro Señor inmolado, que se deja sacrificar sin rechistar. Con esa apariencia de Cristo opera el mal. Hay que tenerlo presente en las actuales circunstancias de la Iglesia y de Roma; es un hecho.


Nuestro Señor habla de los frutos, de los hechos y no de las palabras pues éstas se dicen pero son las acciones las que demuestran cuál es el buen y cuál el mal pastor, el buen y el mal prelado. Porque dice Santo Tomás que esos malos pastores, esos falsos profetas son los doctores, los prelados, los obispos, los que tienen prelatura, es decir, un cargo importante en la Iglesia: monseñor, obispo y cardenal. A eso se refiere nuestro Señor, a que habrá obispos y cardenales, prelados que son falsos profetas. Podrían hasta citarse los nombres, pero “ante las circunstancias, abstente”, pues hay gente que se hace una imagen errónea de alguien en particular y aceptan la cuestión en abstracto, pero cuando se les apunta con el dedo afinando la puntería hasta el caso concreto hasta allí se llega, se resiste y se cierra el oído a la verdad buscando aquellos falsos doctores que dicen cosas halagüeñas, como la sirena que susurra al oído.


Es muy distinta la actitud católica y piadosa. Se trata de una santa intransigencia, santa intolerancia del organismo sano que rechaza los virus deletéreos de la enfermedad; sólo en un organismo viciado, corrompido, hace mella la enfermedad, porque no la resiste, no la combate, no la expulsa. Ya decía Menéndez y Pelayo que la intolerancia era lo propio del católico sano y es justamente el liberalismo masón el que nos habla de tolerancia para todo menos para el bien y la verdad y, por tanto, el mundo de hoy no gusta de aquellos que hablan un poco duro, porque sólo quieren palabras aduladoras. Esa es la dificultad, no se quiere oír y mucho menos pensar.


Impera, por tanto, lo “light”, lo suave, lo dulce, cuando es tan otra la realidad; nuestro Señor mismo advierte que no todo aquel que dice ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, que quienes den malos frutos entrarán al fuego del infierno, que hoy ha sido públicamente negado.


Nadie se debe asombrar. Ha sido el cardenal Castrillón quien ha publicado una carta escrita al superior de la Fraternidad, monseñor Fellay, con una apariencia de autoridad bondadosa, en la que impugna en el fondo la actitud de la Fraternidad. Eso exige una respuesta porque es un gran ingenuo o un falso profeta con apariencia de oveja, para desgracia, colombiano; hay que leer la carta ya que él mismo la hizo pública y al ser tal abre tema al debate también público. Cualquiera, en defensa de la verdad y honor de la Iglesia, está facultado para responder, porque no es mal de una sola persona, cardenal o fiel, sino que es un mal que está afectando a la Iglesia universal y ella es inconsútil, no tiene remiendos, costuras, divisiones, es una y santa; su doctrina es una y es santa, luego no se puede pontificar en el error. Vaya si lo hay tanto en prelados como en fieles que se dicen todavía católicos.


La fe de la Iglesia no puede claudicar en el error; iría contra el dogma de la indefectibilidad doctrinal de la Iglesia. Eso debe hacernos reaccionar, reflexionar, pues no es la primera vez que se cae en error y herejía. Casi todo el Imperio romano cayó en el arrianismo y algo igual ocurrió con Inglaterra y el protestantismo, y la mitad de Europa apostató con la Reforma Protestante y ¿acaso no advierte Nuestra Señora en Fátima que se perderá la fe no ya de una nación o un continente sino en el mundo? ¿Entonces qué pasará?, ¿o es que no se es capaz de intuir para poder encontrar el contexto que nos da la luz para seguir la verdad?, porque el verdadero católico, hijo de la luz, posee la fe y por eso no puede vivir en la duda; tiene que vivir en la verdad y el fiel que duda no lo es, puede dudar un momento pero no puede vivir en la duda, tiene que vivir en la certeza de la verdad poseída por la fe. Ese es el dogma católico y no el relativismo doctrinal predicado hoy por doquier.


Si verdaderamente somos católicos tenemos que saber dónde está la verdad y con certeza de fe doctrinal; y si vemos que algún fiel no la tiene, se le ayuda, pero no por eso se va a dejar arrastrar en esa duda que es claudicar en la posesión de la verdad, de esa veracidad que posee íntegra y totalmente la Iglesia católica, única arca de salvación. Este es un dogma negado hoy por el ecumenismo, negada la exclusividad de la Iglesia como arca de salvación y como poseedora exclusiva de la verdad sobrenatural.


Es un nuevo arrianismo el que niega la divinidad del cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Antaño el arrianismo negaba la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, admitía que era un buen profeta y un gran hombre, pero no Dios y hoy se niega la divinidad de la Iglesia, su exclusividad, y se la coloca en plano de igualdad con falsas religiones que tienen por autor a Satanás, como reza el Salmo 95, “Los dioses de los gentiles son demonios”, es la palabra de Dios, todo ello perpetrado por falsos profetas imperantes y gobernantes dentro de la Iglesia. Por tanto, hay que contestar esta carta al cardenal Castrillón porque esto no es posible, si realmente es un verdadero pastor, que no siga en el error, o que no use la zamarra de oveja. Cosa difícil.


Por tanto, atenernos a los frutos para poder discernir la verdad del error, el bien del mal y dentro de la Iglesia. Misterio de iniquidad. Uno de los cinco grandes misterios de los cuales habla San Pablo, como lo advierte monseñor Straubinger, el misterio de iniquidad que en general es el mal, el pecado, pero de modo particular es la gran apostasía que culminará con el anticristo, que pisoteará a Roma y se sentará en la cátedra de Pedro. Ya la Virgen, en La Salette, dijo: “Roma perderá la fe y será sede del anticristo”. Si esto es mentira, entonces tampoco es verdad La Salette; pero si lo de La Salette es cierto, entonces hay que abrir los ojos para no sucumbir bajo las doctrinas deletéreas de los falsos profetas.


Eso es lo que nuestro Señor en todo tiempo dice y se aplica hoy como nunca, para no transigir en la fe, para permanecer fiel a su depósito, al revelado y que no se diluya en medio de las falsas doctrinas y falsos credos, como lo quiere el ecumenismo. Esa es la realidad. Hay que pedir, pues, a nuestra Señora de La Salette y de Fátima nos dé la fe profunda para permanecer fieles a la verdad y no flaquear en nombre de Dios y de la autoridad.




Pidamos a la Santísima Virgen María nos dé esa fe y ese amor a la verdad para, si es necesario, morir por la verdad, poder ofrecer en holocausto de expiación por nuestros pecados y los de los demás esa sangre como lo hizo nuestro Señor en la Cruz. Ese es el espíritu católico y cristiano, esa es la verdadera devoción. Tengamos presente todo esto para profesar a nuestro Señor Jesucristo, unidos en la verdad. +

PADRE BASILIO MERAMO
7 JULIO 2002

domingo, 20 de julio de 2014

SEXTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este domingo tenemos el relato de la segunda multiplicación de los panes que llevó a cabo nuestro Señor. Milagro que repite en dos ocasiones como también repitió la pesca. Estas reiteraciones, como lo dice el gran glosador del siglo XX, desafortunadamente no reconocido como tal, el padre Castellani, eminencia de la Compañía de Jesús y expulsado vilmente habiendo sido el doctor más eximio, si se quiere, que haya tenido esta Compañía en América, pues su diploma lo hacía predicador y exegeta sin tener que someter sus escritos a la aprobación del nihil obstat cuando ésta existía, titulo otorgado por el papa Pío XII y que pocos en un siglo tienen. El padre Castellani decía que los milagros son parábolas en acción; y cuando Cristo repetía un prodigio era porque había un contenido y un significado y por eso no era el mismo milagro; nos advierte en esta ocasión que el doble prodigio invita a mirar la proporción inversa que hay: a mayor número de gente, menos panes y más sobras; a menor gente más panes y menos sobras. En una multiplicación había siete panes y comieron cuatro mil personas y sobraron siete canastos; en la segunda había cinco panes, comieron cinco mil personas, sobrando doce canastos.


Se debe hacer la siguiente reflexión, muy justa, que muestra que con menor cantidad de materia obra mayor efecto, hace más. Sabemos que la multiplicación de los panes no sólo significa la multiplicación de la eucaristía sino también la palabra de Dios y la predicación, y que a través de esa predicación y esa eucaristía nuestro Señor incrementa humildemente su reino, acrecienta su reino y que ese reino no necesita de muchas cosas, como podemos creer los hombres para difundirlo, sino que incluso con menos y con medios más pobres Dios puede obtener una difusión mucho más amplia como la que hizo en la segunda multiplicación, en la cual comió más gente y sobraron más canastos.

Comúnmente creemos que para predicar la palabra de Dios, hacer crecer su reino y convertir almas se necesitan grandes cosas. Es todo lo contrario, menos necesita Dios. Esos medios en los que estamos tentados a pensar que necesita la Iglesia y que han hecho mella en ella, son: la astucia política, el poder, la influencia, las riquezas. Mucha gente está tentada a creer que si tuviéramos esos recursos convertiríamos al mundo, y eso es un error, porque el mundo no se transformará por la política, el poder o la influencia ni las riquezas, sino por la táctica pobre y humilde de la predicación fiel del Evangelio. Lo único que sí necesita la Iglesia para evangelizar son los sacerdotes bien formados.

Por lo mismo, el padre Castellani decía que lo primero que necesita la Iglesia son sacerdotes bien instruidos para que puedan predicar fielmente la palabra de Dios; lo demás, como el prestigio, el poder, las riquezas y la diplomacia sobran, como también sobrarían la radio y la televisión. No convertiríamos a nadie por la televisión, la radio, las revistas y los medios de comunicación, como muy tentados estaríamos a caer. Otro asunto es utilizar esos medios como católicos en la difusión de nuestra cultura religiosa; pero la religión católica, la fe y la conversión de las almas se opera por la prodigiosa multiplicación de la palabra de Dios fielmente transmitida a lo largo de la tradición. Tal es el error y la confusión con respecto a la propagación de la palabra de Dios que vemos a la Iglesia aturdida en una propaganda estéril por la fe, absolutamente estéril.

Nuestro Señor se valió de sus doce apóstoles, pobres pescadores, ignorantes, pero hombres de principios, leales y nobles, porque se puede ser pobre y pescador pero noble, la virtud del hombre de bien. Así eligió a sus discípulos para que distribuyeran la palabra de Dios. Nos muestra en estas dos multiplicaciones de los panes cómo en las manos de los apóstoles se multiplicaba el pan y cómo no solamente de pan vive el hombre sino también de toda palabra de Dios. Entonces así se difundiría la palabra de Dios, por esa transmisión fidedigna que hoy no se tiene en cuenta y por eso la gran ruptura que hay al no darle importancia a la tradición, porque no se puede dar lo que no se tiene y no se puede tener lo que no se ha recibido; si los apóstoles no hubieran obtenido el pan de las manos de nuestro Señor no se hubiese multiplicado; para dar hay que recibir, y tiene que ser de Dios para poder dar transmitiendo fielmente las cosas de Dios.

Ahí está el problema cuando se origina una ruptura, un rechazo, un corte vertical con la Tradición. Monseñor Lefebvre, cuando era vil e insidiosamente atacado por la prensa o por los obispos que le reprochaban cínicamente el cisma, lo dijo en varias ocasiones: “Si hay un cismático no soy yo, son ellos; si hay un cisma no soy yo, son ellos quienes crean el cisma porque no puede haber una ruptura, ni una escisión en la transmisión fiel de la palabra y de la doctrina de Dios y de la religión de Dios que es la religión católica; el solo hecho de no tener en cuenta la Tradición y atenerse a ella origina esa ruptura, ese cisma”. Por eso Monseñor Lefebvre siempre se sintió el fiel transmisor de lo que había recibido y en su tumba y en su lecho de muerte mandó escribir: “He transmitido lo que recibí,como un simple y humilde siervo de Dios”.

Así debe ser todo sacerdote y todo obispo, todo el que ocupe un lugar en la jerarquía de la Iglesia para que así se multipliquen el reino y la palabra de Dios, la santa Eucaristía. Porque si estoy en ruptura con la tradición, con la concepción católica de la santa Misa, ¿cómo se consagraría?, ¿con qué intención?, si no es la santa Misa sino una cena donde se reúnen los amigos, y Dios está presente allí donde hay dos o tres reunidos en su nombre; eso no es la misa. Aquí estamos reunidos y sin embargo hasta que no se pronuncien las palabras de la consagración no hay misa, no hay presencia real y sin embargo aquí está presente Dios porque estamos más de dos o tres reunidos o en cualquier otro grupo, en la calle o en una plaza; pero esa presencia universal de nuestro Señor allí donde están sus discípulos no es la presencia sustancial que hay en su cuerpo eucarístico.

Ahí está el riesgo de invalidez de la nueva misa, que no es otra opción como creeríamos; hay riesgo porque no hay la garantía de la confesión sacramental justamente por tener otro concepto distinto al de la Tradición sobre la Misa y sobre el sacrificio. Tanto es así que no se lo ha querido definir como un sacrificio propiciatorio sino de alabanza, eucarístico, pero no donde hay inmolación.

La Misa se define como la renovación incruenta del mismo sacrificio del Calvario, la inmolación, pero no realizada físicamente sino incruenta y sacramentalmente. Acerca de esa tercera dimensión podríamos así decir: la dimensión natural, la dimensión sobrenatural y la tercera que es la sacramental, que conjuga esas otras dos dimensiones y que están en todos los sacramentos; por eso hay elementos del orden natural y elementos del orden sobrenatural que están conjugados en el sacramento; por eso se bautiza con agua, se consagra con pan y vino, pero también está la gracia del bautismo; pero asimismo está la presencia real y substancial de nuestro Señor en las especies del pan y del vino que ya no lo son sino que se convierten en el cuerpo y la sangre de nuestro Señor, junto con su alma y divinidad.

Es importante recordarlo para no dejarse llevar por el error y caer en cisma, en el cual automáticamente se cae si me sustraigo de la Tradición católica que es la que hace que la Iglesia de hoy sea la de mañana y no que haya una nueva Iglesia y una nueva religión que adulteran la palabra y el nombre de Dios, pues se valen de Dios para destruir su reino. Eso es lo satánico, lo terrible y lo difícil de entender y discernir; solamente a los ojos y a la luz de la fe se pueden sopesar y ver esto. Si no las vemos es porque nuestra fe es poca. Misterio de fe, hay que vivirlo, y éste se resume y sintetiza en la santa Misa y por eso esas palabras que estuvieron desde el principio, desde los apóstoles, han sido quitadas de la santa Misa –misterio de fe– ,por eso estaban incluidas dentro de las palabras de la consagración del vino, para expresar, para manifestar esa realidad.

Nuestro Señor necesita esa fidelidad de los apóstoles para que el reino de Dios se propague por su palabra y por su sacrificio. Esa es la explicación del doble milagro de la multiplicación de los panes, para que no creamos que necesitamos grandes cosas, sino que con las más humildes, con las más pequeñas se puede convertir al mundo si éste y los hombres quieren y si los apóstoles son fieles. Lo que se necesita es la fidelidad de los apóstoles bien instruidos; pero hoy falta educación religiosa, formación teológica y dogmática en el clero y, por tanto, pulula el error por doquier.

Desde luego que el pueblo se confunde si no hay doctores en la fe que por oficio son los obispos, los catedráticos de Dios. Los sacerdotes son auxiliares, ayudantes de esos doctores y catedráticos en la fe. El que predica en nombre propio es el obispo, mientras que el sacerdote, con su permiso, lo hace como un auxiliar. Faltan esa luz, esos doctores, esos obispos; por eso vemos el mundo que se cree católico sin esa luz de la fe, porque no hay doctores.

Son cuatro o cinco obispos fieles (cuatro, pues ya claudicó monseñor Lisinio quien era el quinto obispo consagrado junto con los cuatro de la Fraternidad); cuatro obispos para dar luz al mundo en la fe. Peor que la época de San Atanasio, porque este santo no estaba tan solo, se encontraba con San Hilario, San Basilio, San Gregorio y otros. Y es mucho peor que la herejía arriana que negaba la divinidad de nuestro Señor; hoy se refuta la santidad de la Iglesia católica, eso es lo que hace el ecumenismo, al colocarla en igualdad con las otras religiones. Es un nuevo arrianismo, mucho peor porque contamos con menos defensores de la fe y es mucho más universal el mal porque ahora abarca todo el mundo.

No por eso debemos claudicar en la multiplicación del reino y de la palabra de Dios, sino seguir siendo fieles a la sacrosanta tradición católica y propagar el reino de Dios y procurar no sólo nuestra salvación sino la de todas las almas.


Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, mantenernos fieles a la Tradición, salvar nuestras almas y las de todos los demás. +

PADRE BASILIO MERAMO30 de junio de 2002

domingo, 13 de julio de 2014

QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

El Evangelio de hoy nos muestra el reproche que hace nuestro Señor a los escribas y fariseos, impugnadores y enemigos. Nos dice a los presentes que si nuestra justicia no es más acabada que la de los escribas y fariseos, no entraremos en el reino de los cielos. Reproche que nos atañe a cada uno de nosotros si queremos entrar al reino de los cielos. Que nuestra justicia no sea mera apariencia de moral, de virtud, de santidad, de perfección, como la que tenían los fariseos; la justicia resume la santidad, la perfección. El hombre justo es, por antonomasia, santo.

Nuestro Señor nos incita a no ser como la orgullosa elite de los fariseos del pueblo elegido que se creía santa y perfecta cuando en realidad era todo lo contrario, solamente apariencia, follaje, exteriorización de virtud, de santidad, de justicia, de perfección. Eso no lo quiere nuestro Señor. Dios quiere la sinceridad de corazón frente a Dios y a los hombres; que no seamos hipócritas, de doble faz, que no guardemos una apariencia de virtud cuando en el fondo nuestra alma está corrompida. Esa es la recriminación de nuestro Señor a los escribas pero que también nos cae a nosotros.

Dios sabe si toda esta crisis la ha permitido por causa de esa falsa apariencia y falta de virtud pero disimulada en el exterior; por eso consiente el flagelo de todos los errores que ahora vemos; puede ser un justo castigo por la exteriorización de la religión católica quedando en mera apariencia pero desvirtuada de su verdadero contenido religioso. Hasta el rigor con el cual muchos fueron criados o educados, pero ahora se ve todo lo contrario, de un extremo se pasó al otro. La virtud es un equilibrio entre dos extremos y por encima, como la cima de una montaña a cuyos lados puede haber grandes abismos, y es claro que desde la cúspide sería peor la caída si se perdiese el equilibrio.

No debe sorprendernos lo que pasa en el mundo y la Iglesia vaciada de su contenido si no obramos bien como lo dice San Pedro en su epístola: huir del mal y hacer el bien; no devolver maldición por maldición sino  bendecir; no maldecir aunque nos maldigan. En eso también consiste la virtud y la santidad cristiana, católica, y no en ser un baúl lleno de rencor, odio y venganza; todo eso se traduce y genera violencia física que es la manifestación de la furia interior, del encono y recelo llevados en el corazón. Y nuestro Señor lo advierte. No presentar el sacrificio y mucho menos comulgar si tenemos algo contra uno de nuestros hermanos, primero reconciliarnos y después ofrecer el sacrificio, ese es el ejemplo que debemos dar.

De qué sirve ir a Misa y comulgar si me peleo con el vecino, lo detesto y lo odio, o con cualquier familiar o conocido. No sirve de absolutamente nada, por eso quizás la ineficacia de tantas Misas mal oídas y comuniones mal hechas. A todo eso se refiere nuestro Señor en el Evangelio, para que verdaderamente vivamos el espíritu católico y cristiano, la verdadera virtud, no la de sepulcros blanqueados por fuera y con la podredumbre del alma y del corazón por dentro. A la virtud y no a la apariencia de religiosidad que podamos tener o que hubo antaño, no solamente en Colombia sino en el mundo, adorando a Dios con la boca y no con el corazón. Es, entonces, una invitación a obrar realmente una interiorización, a un balance económico del alma delante de Dios; que recapacitemos para que nuestra alma sea cristiana, no infiel, para que tengamos un corazón cristiano. Un corazón que no sabe perdonar y que guarda rencor es pagano, no cristiano. Que el corazón no esté imbuido de paganismo al no obrar en consecuencia con lo que nuestro Señor nos pide, con lo que nos pide San Pedro en su epístola para ser un poco mejores y salvar nuestra alma y la de otros dando buen ejemplo.


Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude a reflexionar todo esto como Ella las conservaba y meditaba en su corazón, para que a imagen de Ella nos santifiquemos y correspondamos cada vez más al amor de nuestro Señor. +


P.BASILIO MERAMO
23 de junio de 2002