San Juan Apocaleta
Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.
"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.
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miércoles, 4 de junio de 2014
TIEMPOS APOCALIPTICOS
Los Tiempos Apocalípticos están caracterizados por: la Crisis de Fe y la Gran
Apostasía, la Abominación de la Desolación en lugar Santo, el Anticristo (en su
doble versión) la Bestia del Mar, versión política, y la Bestia de la Tierra o
Pseudoprofeta, versión religiosa o carismática, como es lo religioso en el mundo
moderno.
Todo esto no es más que la Religión (y por ende los dogmas de la fe) adulterada,
falsificada, falseada, falsa, se trata de un cristianismo adulterado por el comercio
(trato carnal y mundano) con el mundo, es la relación sacrílega y adultera por la
conjunción o compenetración de Iglesia y Mundo, tal como el Ecumenismo
sacrílego y adultero propicia, he aquí el famoso «aggiornamento» (puesta al día) de
la Iglesia, de lo Sacro, a lo vil y mundano; he aquí la relación adúltera de la
connivencia y maridaje entre el Mundo y la Iglesia, y el resultado no puede ser que
un fruto bastardo, como lo es todo el culto de la Nueva Iglesia Modernista. De aquí
que Monseñor Lefebvre calificó a la Nueva Misa, de Misa bastarda. Y ahora lo
terrible y lo tremendo por si fuera poco con lo ya dicho, todo esto no es más que la
obra de un gran falsificador y un gran adultero, de un gran infame y sacrílego como
pide, exige y reclama, la realidad de las cosas y de los hechos. Todo efecto tiene su
causa, y sus instrumentos. Ahora bien, todo esto no es obra del azar, ni por
generación espontánea, nada de eso, hay una causa y esta es la del Anticristo el cual
en concreto se personifica en un impostor de carácter religioso y que mejor que en
un antipapa. El anticristo en su versión religiosa, bestia de la tierra es un mitrado
un obispo de la jerarquía de la Iglesia, está suficientemente señalado para
identificarlo, pues tiene cuernos como de cordero o sea la mitra, los dos cuernos de
Moisés que simbolizan el Antiguo y Nuevo Testamento.
Un obispo que tenga o pueda tener un poder universal para arrastrar a todos tras la
religión falsificada, no puede ser sino la obra del único obispo con poder universal
en la Iglesia, y este es el obispo de Roma, el Papa. De aquí lo terrible, pues Satanás
se valdrá del Papado para prostituir como la Gran Ramera la Iglesia Santa de Dios.
De aquí que necesariamente tiene que ser un falso Papa, un impostor un antipapa,
pues un Papa verdadero no puede ejercer y llevar a cabo tan tremenda acción.
Luego la abominación de la desolación en lugar santo, la adulteración de la
religión, la profanación de la Iglesia, la falsificación de la fe y de los dogmas de fe,
son la obra del Pseudoprofeta, la Bestia de la Tierra al servicio del mundo y de su
poder político la sinarquía judaica, representada en la Bestia del Mar, formado
entre ambos el Anticristo completo (que es doble, que son dos) que representan
estas dos Bestias o Fieras apocalípticas.
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Esta es la esencia del contenido (poco más, poco menos) del 3er. Secreto o Mensaje
de Fátima. Y es lo único que justifica o explica el por qué tanto misterio con su
revelación.
Citaremos algunos textos de los cuales nos valemos para afirmar lo dicho.
Respecto al culto antropoteísta del Anticristo: «… la adoración sacrílega del
hombre por el hombre, que será la herejía del Anticristo». (Castellani, El
Apokalypsis, ed. Paulinas, Buenos Aires 1963, p. 38).
La religión del hombre, el humanismo ateo, es la característica de la Nueva
Religión antropocéntrica y antropoteísta del actual Ecumenismo de la Nueva
Iglesia post-conciliar.
«En el Anticristo habrá dos cosas, un sacrilegio y una herejía (“Segunda Bestia”). Se
hará adorar como Dios, lo cual es un sacrilegio, y por cierto el máximo, y para ello
se servirá como de instrumento de un culto religioso derivado espuriamente del
mismo Cristianismo: Es decir, de una herejía cristiana que pareciera ha nacido ya
en el mundo. (...) y así el poder político deificado y encarnado en un “plebeyo
genial” y apoyado por un sacerdocio, será la abominación de la desolación y el
reinado del Anticristo». (Ibíd. p. 38-39).
La abominación de la desolación se identifica con el reinado del Anticristo. El
Anticristo, en su versión religiosa, el Pseudoprofeta y con la Roma Babilónica y
Apóstata, como señala Nuestra Señora en La Sallette: “Roma perderá la fe y será la
sede del Anticristo”.
«La primera herejía, por lo que sabemos de ella, se parece a la última herejía.
Quiero decir, a la de nuestros tiempos; y se puede decir que transcurre
transversalmente toda la historia de la Iglesia, y es como el fondo de todas las
herejías históricas. Era una especie de gnosticismo dogmático y laxismo moral, un
“sincretismo”, como dicen hoy los teohistoriógrafos. Era una falsificación de los
dogmas cristianos, adaptándolos a los mitos paganos, sin tocar su forma externa
por un lado; y concordantemente, una promiscuación con las costumbres relajadas
de los gentiles; nominalmente, en la lujuria y en la idolatría (...) comían de las
carnes sacrificadas a los dioses, en los banquetes rituales que celebraban los
diversos “gremios”, lo cual era una especie de acto religioso idolátrico o sea, de
“comunión”; y se entregaban fácilmente a la fornicación, que entre los paganos no
era falta mayor ni vicio alguno, incluso, según parece, después y como apéndice de
los dichos banquetes religiosos». (Ibíd. p. 32).
Por esto las vírgenes en el Apocalipsis son los incontaminados: «“Vírgenes”
significa que no se manchan con la “Fornicación” (o sea idolatría) de la religión
falsificada; la cual fornicación o apostasía propaga la mujer Ramera de la visión
16». (Ibíd. p. 96).
«“Fornicar con los reyes de la tierra” significa la religión ponerse al servicio de la
política». (Ibíd. p. 97).
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«La Medición del Templo significa la reducción de la Iglesia fiel a un pequeño
grupo perseverante y la vasta adulteración de la verdad religiosa en todos los
restantes; y en esto están unánimes todos los Santos Padres». (Ibíd. p. 94-95). Es el
famoso pusillus grex, pequeño rebaño Luc.12-32. Se comprenden así las palabras
que inician el 3er Secreto de Fátima: En Portugal se conservará siempre el dogma
de la Fe.
«Solo el Tabernáculo (o Sancta Sanctorum) será preservado: un grupo pequeño de
cristianos fieles y perseguidos; el Atrio, que comprende también las Naves (no las
había en el Templo de Jerusalén) será pisoteado. Y esa es “la abominación de la
desolación”, que dijo Daniel y repitió Cristo». (Ibíd. p. 154).
«Todos los Santos Padres han visto en esta visión (Medición del Templo) el estado
de la Iglesia en el tiempo de la Gran Apostasía: reducida a un grupo de fieles que
resisten a los prestigios y poderes del Anticristo (mártires de los últimos tiempos)
mientras la religión en general es pisoteada durante 42 meses o 3 años y medio.
Pisotear no es eliminar: el “Cristianismo será adulterado». (Ibíd. p. 152).
«El mismo Templo y la Ciudad Santa serán profanados, ni serán ya santos. No
serán destruidos. La religión será adulterada, sus dogmas vaciados y rellenados de
sustancia idolátrica; no eliminada, pues en alguna parte debe estar el templo en
que se sentará el Anticristo “haciéndose adorar como Dios”, que dice San Pablo. La
Gran Apostasía será a la vez una grande, la más grande Herejía» (Ibíd. p.153).
«Cristo dice en su sermón Esjatológico que la Gran Apostasía haría caer si fuera
posible incluso a los elegidos». (Ibíd. p. 125).
«Ni el culto de Satán tiene la sutil malicia y total falsificación de la verdad que tiene
esta herejía adulterada de todo el cristianismo. Otros elementos del ejército
anticrístico (como la Masonería, la magia y el Satanismo) no se niegan con esto».
(Ibíd. p. 188).
«Con retener todo el aparato externo y la fraseología cristiana, falsifica el
cristianismo, transformándolo en una adoración del hombre; o sea, sentando al
hombre en el templo de Dios, como si fuese Dios. Exalta al hombre como si sus
fuerzas fuesen infinitas. Promete al hombre el reino de Dios y el paraíso en la tierra
por sus propias fuerzas. La adoración de la Ciencia, la esperanza en el Progreso y la
desaforada Religión de la Democracia, no son sino idolatría del hombre; o sea, el
fondo satánico de todas las herejías, ahora en estado puro». (Cristo ¿Vuelve o no
vuelve? ed. Dictio, Buenos Aires 1976 p.18).
«La fiera del Mar (therion significa fiera y no simplemente “Bestia” como traen
nuestras Biblias traducidas) es simplemente el Anticristo (...) La fiera de la tierra es
una religión falsa (falsificada) o herejía máxima, con su jefe y conductor: quizás un
Obispo apóstata que es también un mago (Solovief)». (El Apokalypsis, p. 95).
La unificación mundial propiciada por el poder oculto judío (con sus
organizaciones satélites, ONU; OEA; etc.) y la finanza internacional también judía,
es la meta del Anticristo: «Hoy día es “un fin político lícito” y muy vigente por
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cierto, la organización y unificación de las comarcas del mundo en un solo reino –
que por ende se parecerá al Imperio Romano. Esta empresa pertenece a Cristo; y es
en el fondo la secuela aspiración de la Humanidad; pero será anticipada malamente
y abortada por el Contra -cristo ayudado del poder de Satán. En el Boletín de
“Canadian Intelligence Service (enero 1963) podemos ver el poder que tienen
actualmente, en E.E.U.U. e Inglaterra sobre todo, los “One-Worlders” o partidarios
de la unificación del mundo bajo un solo Imperio. Propician la amalgama del
Capitalismo y el Comunismo, que será justamente la hazaña del Anticristo» (Ibíd.
p.p. 188-189). «La última herejía será optimista y eufórica “mesiánica”. El
bolchevismo se incorporará, será integrado en ella». (Ibíd. p. 201).
«El Capitalismo y el Comunismo, tan diversos como parecen, coinciden en su
fondo, digamos, en su núcleo “místico”: ambos buscan el Paraíso Terrenal por
medio de la Técnica; y su “mística” es un mecanismo tecnólatra y antropólatra,
cuya difusión vemos hoy día por todos lados, y cuya dirección es la edificación del
hombre; la cual un día se encarnará en un hombre». (Ibíd. p. 347).
«El Anticristo no será un demonio, sino un hombre “demoniaco”, tendrá “ojos
como de hombre”, levantados con la plenitud de la ciencia humana, y hará gala de
humanidad y “humanismo”, aplastará a los santos y abatirá la ley, tanto la de Cristo
como la de Moisés; triunfará tres años y medio hasta ser muerto “sine manu”, no
por mano de hombre; hará imperar “la abominación de la desolación.” O sea, el
sacrilegio máximo; será soberbio mentiroso y cruel, aunque se fingirá virtuoso (...)
será ateo y pretenderá el mismo recibir honores divinos; en qué forma, no lo
sabemos: como Hijo del Hombre, como verdadero Mesías, como encarnación
perfecta y flor de lo humano soberbiamente divinizado, como Fuehrer, Duce,
Caudillo y salvador de los hombres; como Resucitado de entre los muertos. (...)
Reducirá a la Iglesia a su extrema tribulación, al mismo tiempo que fomentará una
falsa Iglesia. Matará a los profetas y tendrá de su lado una manga de profetoides, de
vaticinadores y cantores del progresismo y de la euforia de la salud del hombre por
el hombre, hierofantes que proclamarán la plenitud de los tiempos y una felicidad
nefanda. Perseguirá sobre todo la predicación y la interpretación del Apocalipsis; y
odiará con furor aun la mención de la Parusía. En su tiempo habrá verdaderos
monstruos que ocuparan cátedras y sedes, y pasarán por varones píos, religiosos y
aun santos; porque el hombre de pecado tolerará y aprovechará un cristianismo
adulterado. Abolirá de modo completo la Santa Misa y el culto público durante 42
meses o sea 1260 días – que serán largos de pasar». (Ibíd. p. 198-199).
«La mujer ramera y blasfema es la religión adulterada, ya formulada en
Pseudoiglesia en el fin del siglo, prostituida a los poderes de este mundo, y
asentada sobre el formidable poder político anticristiano». (Ibíd. p 261).
«Cuando vino Cristo eran tiempos confusos y tristes. La religión estaba pervertida
en sus jefes, y consiguientemente en parte del pueblo. (...) Cuando Cristo vuelva la
situación será parecida. Solamente el fariseísmo, el pecado contra el Espíritu Santo,
es capaz de producir esa magna apostasía que el predijo: “La mayor tribulación
desde el Diluvio acá”, será producida por la peor corrupción, la corrupción de lo
óptimo. (...) por eso San Juan vio en la frente de la ramera la palabra Misterio, y
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dice se asombró sobremanera; y el Ángel le dice: “Ven, y te explicaré el misterio de
la Bestia”. Es el misterio de iniquidad, la abominación de la desolación: La parte
carnal de la Religión ocultando, adulterando y aun persiguiendo la verdad.
“Sinagoga Sátanae». (Ibíd. p. 257).
Se comprende así la persecución violenta y silenciosa contra toda la Tradición de la
Iglesia, dogma, culto y moral.
«La esposa comete adulterio: cuando su legítimo Señor y Esposo Cristo no es ya su
alma y su todo; cuando los gozos de su casa no son ya toda su vida; cuando codicia
lo transitorio del mundo en sus diversas manifestaciones; cuando mira sus
grandezas, riquezas y honores con ojos golosos (...) Esto es lo que llama el profeta
“fornicar con los Reyes de la tierra”. Primero se fornica en el corazón desfalleciendo
en la fe; después en los hechos, faltando a la caridad. El error fundamental de
nuestra práctica actual y -aun teoría a veces- es que amalgamamos el reino y el
mundo, lo cual es exactamente lo que la Biblia llama “prostitución”». (Ibíd. p. 258).
Esto fue lo que instituyo desgraciadamente el Concilio Vaticano II con su
«aggiornamento» y su ecumenismo, y no es más que una prostitución. Al pan, pan
y al vino, vino. Las cosas son lo que son o dejan de ser. Pero resulta que el Concilio
Vaticano II único Concilio Ecuménico en toda la historia de la Iglesia que no fue
(no quiso ser) infalible, se impone con dogmatismo doctrinal, y es más respetado
que el mismo Dogma de la Fe, que el mismo Deposito de la Fe, que la misma
Revelación Divina. ¡Habráse visto mayor confusión y error! Solo cabe una palabra
prostitución de la religión, prostitución de la jerarquía de la Iglesia, parte carnal,
humana como hombres que son, que fornican con los Reyes de la tierra,
amalgamando Iglesia y Mundo.
Aquí está representada la Bestia de la tierra, el Pseudoprofeta, semejante al cordero
pero que propaga un culto sacrílego, una religión fornicaria al servicio Anticristo, la
otra bestia del mar: «El otro seductor y tirano del mundo que más tarde Juan
llamará “el Pseudoprofeta”, tiene un carácter religioso: “semejante al Cordero” y
surge de la Tierra firme, la Religión; no como la otra, del mar del mundo mundano.
Y esta fiera es la que hizo que todo el mundo adorara la otra». (Ibíd. p. 209).
«Esta historia de una religión falsa, falseada, falsificada, falluta (de “fallo- Fallere”,
caer) la veremos recurrir de nuevo en la visión 16, la Gran Ramera; y la tal religión
“fornicaría” es necesaria para que pueda surgir el culto sacrílego, del Anticristo,
“que sederá en el Templo de Dios, haciéndose como si fuese Dios”, según predice
San Pablo. Lo cual llama Daniel “la abominación de la desolación”, y repite
Jesucristo». (Ibíd. p.211).
«No hay en la Escritura mención de otro delito del Anticristo que este de la
blasfemia y el sacrilegio máximo (“la abominación de la desolación”) y la iniquidad
y tiranía contra los cristianos, que es su consecuencia...». (Ibíd. p.344).
«La desolación abominable o la desolación, la palabra de Daniel ya aplicada a la
tiranía de Antíoco varios siglos antes. También se verificó ahora, el año 70, aunque
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es dudoso cual fue. Ahora en el fin de los tiempos sabemos por San Pablo que el
Anticristo profanará el Templo de Dios, entronizándose él como Dios; y eso es
realmente una horrible profanación». (Castellani, Catecismo para Adultos, ed.
Patria Grande, Buenos Aires 1979, p. 159).
El modernismo es la religión del Anticristo: «El “enciclopedismo” de los sedicentes
“filósofos” del siglo XVIII, o sea el “naturalismo religioso” que empezó por el
“deísmo” y se prolonga en el actual “modernismo”: la peor herejía que ha existido,
pues encierra en su fino fondo la adoración del hombre en lugar de Dios, la religión
del Anticristo». (El Apokalypsis, p.136).
Es importante retener que las dos bestia la del mar (Anticristo) y la de la Tierra
(Pseudoprofeta) forman el Anticristo completo, ya que las dos bestias son
complementarias entre sí, y se enriquece la visión que podría ser un poco parcial de
otro modo, ayudando además a ver mejor, pues podría darse que la bestia del mar
se consolida en un poder oculto mundial, y la bestia de la tierra por un Antipapa, al
servicio de la otra bestia: «El Anticristo será, pues un Imperio Universal Laico
unido a una Nueva Religión Herética; encarnados ambos en un hombre o quizá en
dos hombres, el Tirano y el Pseudoprofeta». (Cristo ¿Vuelve..., p. 47-48).
San Juan identifica al Anticristo con el espíritu que disuelve o que divide a Jesús
«spiritus qui solvit Jesum» (I Jn 4,3), esto es, el espíritu de apostasía.
Todo esto implica una falsa Iglesia, pues donde la religión se pervirtió, los que la
representan son una Iglesia falsa, hasta con un pseudo Papa o Antipapa, que la
dirige, eclipsando la verdadera Iglesia, la de siempre, la siempre fiel a la tradición
apostólica romana, por esto la Salette habla del eclipse de la Iglesia y que Roma
perderá la fe y será la sede del Anticristo; una falsa Iglesia requiere un falso Papa
(Antipapa).
«San Victorino Mártir netamente asevera que la Iglesia será quitada” (“de medio
fiet”); pero eso no significa que será extinguida del todo y absolutamente como lee
Domingo Soto, O.P.; sino su desaparición de la sobre haz de la tierra. Y su vuelta a
unas más oscuras y hórridas catacumbas». (Ibíd. p. 204).
Si se mira bien esto es en cierto modo un hecho, el culto verdadero ha quedado
sepultado, la misa de siempre ha sido relegada de los templos e iglesias; se cumple
lo que San Jerónimo dice, comentando a Daniel 12,11 donde se refiere a la abolición
del sacrifico perpetuo y a la abominación de la desolación: «Por sacrifico perpetuo
entienden aquí los Padres con San Jerónimo, el de la Eucaristía, y todo el culto
solemne, que ninguno osará ofrecer públicamente». (Felipe Scio).
Tal como hoy acontece, nadie se atreve a decir la Santa Misa de siempre salvo unos
poquísimos sacerdotes fieles a la Tradición de la Iglesia.
La Iglesia quitada, es decir, eclipsada, en el sentido como explica el P. Castellani al
referirse a la vuelta de Cristo y a la perdida de la fe: «…porque fe habrá, aunque
sean pocos y perseguidos en los últimos tiempos. Pero la fe en este sentido,
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significa la fe organizada, es decir la Iglesia. La iglesia dice el teólogo Domingo Soto
será quitada del medio». (Catecismo para Adultos, ed. Patria Grande, Buenos Aires
1979, p.36).
«En todas las naciones hay grandes catedráticos de la AntiIglesia, voceros potentes
de la impiedad». (Castellani, Los Papeles de Benjamín Benavides, ed. Dictio
Buenos Aires 1978, p. 266).
La AntiIglesia es la que persigue y eclipsa a la Iglesia, pues no la puede totalmente
destruir, gracias a la promesa las puertas del infierno no prevalecerán, ya que
siempre habrá un pequeño rebaño.
La posibilidad de un antipapa o falso Papa por haber perdido la fe en connivencia
con el hombre y el mundo no es algo absurdo, ni contra la fe, como algunos
equivocadamente piensan o creen. Claro está que un antipapa no es algo nuevo en
la historia de la Iglesia, ha habido al menos unos cuarenta y el primer antipapa
terminó muriendo mártir, y fue San Hipólito Mártir. Además en nada afecta a la fe
ni a la institución divina de la Iglesia un antipapa, pues queda siempre a salvo la
institución del Papado, pues los Papas nacen y mueren, pero el Papado y la Iglesia
nacen pero no mueren a lo largo de la historia. El error de Lutero fue aplicarle al
Papado lo que las Escrituras decían del Anticristo, otra cosa es que un Papa por un
misterio de iniquidad claudique en la fe convierta a Roma en sede del Anticristo y
se haga un Anticristo, como la Bestia de la Tierra o Pseudoprofeta: «La segunda
bestia, una fiera que surge de la tierra como la otra surgió del mar, es decir, de la
Iglesia en contraposición al mundo; la cual aunque habla como dragón “tiene dos
cuernos semejantes al Cordero”. Esta bestia es la que “actúa” y reduce a la práctica,
es decir, ritualiza todo el poder de la otra, dice el Profeta. (...) Esta bestia es pues
evidentemente un movimiento religioso, una herejía parecida al Cristianismo, la
última herejía, la más nefanda y sutil de todas, la adoración del hombre; en
carnada en un genio religioso, una especie de inmenso Lutero, Focio, o Mahoma.
Quizá sea un antipapa y los dos cuernos signifiquen la mitra episcopal no lo
sabemos». (Ibíd. p.297).
« ¿Será el reinado de un Antipapa, o Papa falso?» se pregunta nuevamente el P.
Castellani, (Cristo ¿Vuelve o no Vuelve?, ed. Dictio, Buenos Aires 1976 p.29).
Nada más judaizante como señala el P. Castellani, que esperar un triunfo de la
Iglesia sin la Parusía y lamentablemente es la opinión de muchos hoy en día: « pero
¿qué cosa más judaizante que esperar un gran triunfo terreno de la Iglesia antes de
la segunda venida de Cristo?». (El Apokalypsis, p. 87).
Igualmente de judaizante es el Ecumenismo: «El punto focal (...) no es otro que esa
unificación triunfal del universo (...) la gran fusión de los pueblos en uno y del
advenimiento natural de la Restauración Ecuménica. (...) Todo lo que es
internacional es de esencia religiosa. (...) Decir esto es decir que todo lo que hoy día
es internacional, o es católico o es judaico. Son las dos únicas religiones
universales. La masonería es una invención judaica, el islamismo es una herejía
judaica». (Cristo ¿Vuelve... , p.289).
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«Hoy día, todo lo que es internacional, si no es católico es judío, incluso la
francmasonería». (Ibíd. p. 150). «Si admitimos que la pacificación de la
Humanidad en una gran familia es un asunto religioso, no quedan para realizarlo
sino dos religiones que son internacionales: la Iglesia Católica y la Anti-Iglesia, o
sea la Sinagoga. La Iglesia es internacional por divina vocación. La Sinagoga es
internacional por divina maldición. La Iglesia y la Sinagoga representan las dos
concreciones más fuertes y focales del sentimiento religioso que existen en el
mundo. (...) Todas las demás religiones jerárquicas existentes son herejías de estas
dos: el mahometismo es una herejía judaica, el protestantismo es una herejía
cristiana. Las religiones panteístas del oriente son formas del paganismo,
constituyen el sentimiento religioso informe que no ha llegado a realizarse en
sociedad religiosa. (...) El bolchevismo tiene raíz judaica, es mesiánico,
anticristiano y profetal, y por tanto está en el plano religioso. El ateísmo ruso está
informado de un oscuro soplo religioso. Es una forma provisional, representa una
etapa, la etapa de la lucha contra las religiones trascendentes. El mismo es una
religión inmanente, la religión del hombre divinizado, el reverso del misterio de la
encarnación, el Misterio de Iniquidad de que hablo San Pablo...». (Ibíd. p. 151-152).
«La naturaleza del comunismo es religiosa y no solamente política. Es una herejía
cristiano judaica. Del cristianismo descompuesto en protestantismo tomó Marx la
idea obsesiva de justicia social, que no es sino la primera bienaventuranza vuelta
loca, vaciada de su contenido sobrenatural: los pobres deben reinar aquí, reinar
políticamente por el mero hecho de ser pobres, como los santos de Oliver
Cromwell. Pero el elemento formal de la herejía es judaico: es el mesianismo
exasperado y temporal que constituye el fondo amargo de la inmensa alma del
Israel deicida a través de los siglos: Construiremos con la fuerza, con la astucia y
con la religiosidad unidas un Reino Temporal del Proletariado, que será el Paraíso
en la Tierra. Para eso destruiremos primero todo el orden existente,
incurablemente inficionado por el mal». (Ibíd. p. 205).
«El comunismo no es un partido; el comunismo es una herejía. Es una de las tres
Ranas expelidas por la boca del diablo en los últimos tiempos, que no son otros que
los nuestros. Las otras dos ranas, herejías palabreras que repiten siempre la misma
canturria y se han convertido en guías de los reyes, es decir, en poderes políticos,
son el catolicismo liberal y el modernismo. Estas tres herejías se van a unir por las
colas, (cosa admirable, dado que las ranas no tienen cola) contra lo que va
quedando de la Iglesia de Cristo, un día que quizá no está lejano». (Ibíd. p. 204).
«El cuá-cuá del liberalismo es “libertad, libertad, libertad”; el cuá – cuá del
comunismo es “Justicia social”; el cuá-cuá del modernismo, de donde nacieron los
otros y los reunirá un día, podríamos asignarle éste: “Paraíso en Tierra; Dios es el
Hombre; el hombre es dios”. ¿Y la “democracia”? Es el coro de las tres juntas:
democracia política, democracia social y democracia religiosa: Demó –cantaba la
rana, craciá- debajo del río». (Los Papeles, p. 46). La democracia, como lo definió
magistral e insuperablemente Nicolás Gómez Dávila, es una religión antropoteísta,
no lo olvidemos.
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«Y las tres ranas son tres herejías: nominatim, el liberalismo, el comunismo y el
modernismo o naturalismo religioso». (El Apokalypsis, p. 97).
El fin o final en resumidas cuentas ¿cuál es? Pues bien como será una derrota
temporal y será un triunfo sobrenatural. Sobrenatural porque exige la intervención
divina, la manifestación de la Parusía del Señor en gloria y majestad, y no como el
progresismo judaizante sin esta intervención de Dios. Triunfo sobrenatural del bien
sobre el mal, al igual que el de la Cruz o como dice el P. Castellani: «El término de
la historia será una catástrofe, pero el objetivo divino de la historia será alcanzada
en una metahistoria, que no será una nueva creación sino una “trasposición”, pues
“nuevos cielos y nueva tierra” significa “renovadas todas las cosas” de acuerdo a su
prístino patrón divinal». (El Apokalypsis, p. 149).
«El mundo va a una catástrofe intrahistórica que condicione un triunfo
extrahistórico; o sea una “trasposición” de la vida del mundo en un transmundo; y
del Tiempo en un Supertiempo; en el cual nuestras vidas no van a ser aniquiladas y
luego creadas de nuevo, sino (como es digno de Dios) transfiguradas ellas todas por
entero, sin perder uno solo de sus elementos». (Ibíd. p.152).
«O sea el fin catastrófico intrahistórico de la humanidad junto con el fin triunfal
extrahistórico. Pues de sus dos elementos contrarios se compone la esjatología
cristiana». (Ibíd. p. 175).
El fin triunfal extrahistórico o metahistórico es el Reino de Cristo Rey, de los
Sagrados Corazones de Jesús y María, es el Milenio de la exegesis Patrística y la
doctrina común de la Iglesia primitiva, es el Milenio del Apocalipsis, del cual
citaremos algunos autores para tener una idea de sus rasgos esenciales.
El P. José Rovira S.J. autor del artículo Parusía de la Enciclopedia Espasa expone:
«La Parusía no es otra cosa, según dijimos, sino la segunda venida de Cristo.
Vendrá Cristo Jesús del cielo a donde subió en su gloriosa ascensión (Act. 1,9-11),
más no vendrá como vino la primera vez cuando el Verbo se hizo carne (...); antes
vendrá y aparecerá con gloria, con la gloria y esplendor de su divinidad (...). Y
entonces, esto es, después que el sol se obscurecerá y la luna no dará su luz y las
estrellas caerán, entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre (probablemente la
cruz), y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra y verán al Hijo del hombre
venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria (Mt. 24,30, Mc. 13,26, y Luc.
21,27); (...). Pero entre todas campea la descripción que de esta venida nos hace el
apóstol San Juan en el capítulo 19 del Apocalipsis, en donde lo describe como rey
guerrero que va a pelear contra al Anticristo, (...). Pero Cristo no vendrá solo. Como
rey que es, vendrá acompañado de su corte. (...). Vendrá el Señor acompañado de
sus ángeles (Mt. 26,27) (...), con sus santos (…), (Jud. 14,25). (...) Seguiráse
después la resurrección de los santos. Verdad es que acerca de este punto no están
de acuerdo los teólogos e intérpretes, pues comúnmente dicen que la resurrección
ha de ser de todos juntos y aun mismo tiempo, pero esto ha de entenderse de la
resurrección general. Mas esta resurrección particular de los santos será como un
privilegio y así como resucitó Cristo y con Cristo resucitaron también otros santos,
como dice San Mateo (27, 52-53), los cuales probablemente, como asiente Santo
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Tomas (S. Th. Sup. Sup. q.77, a.1, ad3), no volvieron a morir, así también puede
admitirse que cuando aparecerá Cristo en su segunda venida para destruir al
Anticristo, resucitarán por privilegio, no todos los santos, sino solamente algunos.
(...) Según esto, distingue San Pablo claramente a la venida de Cristo dos clases o
suertes de justos que se le juntaran. Los unos serán los muertos que resucitarán
primeramente, resucitarán incorruptos; los otros serán los vivos, los cuales no
morirán sino que serán transformados de mortales y corruptibles en incorruptibles
e inmortales y juntamente con los otros serán arrebatados por el aire sobre las
nubes del cielo al encuentro de Cristo. (...) y vivieron y reinaron con Cristo mil
años. Los otros muertos no vivieron hasta que se cumplan los mil años. Esta es la
primera. Este texto de San Juan parece indicar dos clases o suertes de escogidos,
los unos son los degollados por el testimonio de Jesús, esto es, los mártires, o todos
o algunos, y en primer lugar los Apóstoles a los cuales prometió en mismo Cristo
que en la regeneración se sentarían sobre 12 tronos para jugar a las 12 tribus de
Israel; los otros son los que no adoraron a la bestia ni recibieron su señal, aunque
no hayan sido martirizados sino que estén vivos, pues de lo contrario no había que
distinguirlos de los mártires. (...) Efecto de la venida de Cristo será también la
destrucción del Anticristo (...). Entonces, pues, vendrá Cristo a destruirle y a salvar
y liberar a los suyos. (...) Y entonces se manifestará aquel inicuo, al cual el Señor
matará (propiamente quitará de en medio) con el soplo de su rostro y lo destruirá
con el resplandor de su venida (2 Tes. 2,8). Y San Juan en el Apocalipsis dice lo
mismo. (...) Destruidas las potestades antiteocráticas y encadenado y encarcelado
el demonio, seguiráse luego el reino de Cristo y de los santos. Este reino predícelo
el profeta Daniel en el capítulo séptimo de su profecía (...). En este texto se predice
claramente que a la destrucción del Anticristo y de las otras potestades
antiteocráticas le seguirá no sólo un triunfo, sino un reino de Cristo y de los Santos,
un reino que será sobre la tierra o debajo del cielo, como dice Daniel, un reino en
que el poder será del pueblo de los santos altísimos, al cual (pueblo) todos los reyes
le servirán y obedecerán. (...) Véase por ejemplo, lo que dice Cornelio a Lapide:
“Entonces, destruido el reino del Anticristo la Iglesia reinará en toda la tierra y de
los judíos y de los gentiles se hará un solo redil con un solo pastor”. Seguiráse
después la sublevación o rebelión de Gog y Magog contra la ciudad de los santos,
que es probablemente según veremos diversa de la persecución del Anticristo.
Luego, más tarde, el fuego de la conflagración (...). Y por fin terminará todo con la
resurrección última y el juicio final. (...) Y San Pablo (1 Cor. 15, 24-28) dice también
que Cristo reinará hasta que ponga bajo sus pies a todos sus enemigos, y la última
de todas será destruida la muerte: después de esto Cristo entregará su reino al
Padre y entonces será Dios todas las cosas en todos».
«Hemos visto que según la predicción de Daniel (7, 26-27) inmediatamente
después de la muerte del Anticristo no se acabará el mundo, sino que seguirá la
Iglesia compuesta de judíos y gentiles y extendida por toda la tierra, y los santos
ejercerán el poder y la soberanía y a ellos servirán y obedecerán todos los reyes del
orbe. (...) aunque Daniel dice que su reino será sempiterno, es porque nos presenta
este reino de los santos en la tierra continuándose con el del después del juicio.
Más ahora hablamos solamente del reino de los santos en la tierra, del reino de los
santos anterior al juicio final y este claro está que no ha de ser eterno. (...) Algunos
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intérpretes, aun de los que admiten el reino de los santos en la tierra, dicen como
Tirini, a Lapide… que este reino ha de durar breve tiempo; otros no hablan de su
duración, otros suponen o afirman que durará largo tiempo (...). En este punto los
milenaristas fundándose en el Apocalipsis (20, 1-9) admitieron después de la
muerte del Anticristo un reino de Cristo y de los santos en la tierra que había de
durar mil años».
El P. Benjamín Martín Sánchez resume así en su Nuevo Testamento Explicado, ed.
Apostolado Mariano, Sevilla 1988, nota-comentario al capítulo 20 del Apocalipsis:
«El milenarismo es la creencia de los que han dicho que Jesucristo reinará sobre la
tierra con sus santos en una nueva Jerusalén por el tiempo de mil años antes del
día del juicio. (...) Yo creo firmemente (después de un detenido estudio de la Biblia)
en un milenarismo en la tierra y si alguno no le agrada la palabra “milenarismo”,
dígase “época maravillosa de paz” de mil o miles de años, que tendrá lugar después
de la muerte del Anticristo y a raíz del juicio universal de naciones y a ello
contribuirá el estar encadenado o reprimida la acción de Satanás. Entonces los
judíos convertidos usufructuarán su conversión, se multiplicará la fe, tendrá un
triunfo definitivo la Iglesia de Cristo y se cumplirá la profecía de “un solo rebaño
bajo un solo pastor”. Y a su vez tendrán cumplimiento las siguientes profecías, que
aún no se han realizado: “Dominará de mar a mar, del río hasta los cabos de la
tierra... Se postrarán ante El todos los reyes y le servirán todas las gentes” (Sal. 72,
8 y 11)».
«Se acordarán y se convertirán a Yahvé todos los confines de la tierra y se
postrarán delante de Él todas las familias de las gentes. Porque de Yahvé es el reino
y el dominará a las gentes (Sal. 22, 28-29)».
«Al fin de los días (v.1)... Yo reuniré, dice el Señor, a la dispersa (esto es, a la
extraviada o dispersos de Israel)... y la haré un pueblo poderoso, y Yahvé reinará
sobre ellos en el monte Sión desde ahora y para siempre (Miq. 4, 6 y ss.)».
«Y reinará Yahvé sobre la tierra toda, y Yahvé será único y único su nombre (Zac.
14, 19)».
«Entonces (después del gran juicio de las naciones) Yo devolveré a los pueblos los
labios puros, para que todos invoquen el nombre del Señor (Sof. 3, 9)».
«Y la nueva alianza que empezó a cumplirse en la Nueva Ley, anunciada por
Jeremías (31, 31-34) llegará a su plenitud con la conversión de Israel. Entonces dice
el Señor: “pondré mi ley en sus corazones... y no tendrán ya que enseñarse unos a
otros... todos me conocerán”. Y “entonces toda la tierra estará llena del
conocimiento de Yahvé” (Is. 11, 9). Cuando Israel se convierta y sea purificado de
sus pecados, los desiertos florecerán, se convertirán en vergeles y tendrán cosechas
de frutos y producción de ganados como jamás se ha conocido (Ez. 36, 33-35). A
estos textos habría que añadir muchísimos más de Isaías, Miqueas, Sacarías y otros
profetas que nos hablan de la gran paz de esta época, del bienestar temporal, de
Jerusalén como capital del mundo cristiano, etc. (Nótese que esto no será en el
cielo, sino en la tierra, algo real, y, por tanto, un hecho el tal milenarismo o época
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maravillosa de paz.). (...) Algunos han querido entender la “resurrección primera”
espiritualmente del nacimiento a la vida de la gracia, pero no convencen porque se
habla de mártires que murieron por la fe. Pirot dice: “Algunos críticos católicos
contemporáneos, por ejemplo Calmes, admiten la interpretación literal del pasaje
que estudiamos. El milenio sería inaugurado, por una resurrección de los mártires
solamente, en detrimento de los otros muertos”. También ya San Ireneo señaló
como primera resurrección la de los justos. Bien creo la podemos confirmar con
estos dos textos: 1 Cor. 15, 23, donde San Pablo habla del orden en la resurrección:
“Primero Cristo, luego los de Cristo cuando El venga, después será el fin...”, y
además por 1 Tes. 4, 14-16: “Los que murieron en Cristo resucitarán primero... El
escriturista Cornelio a Lápide también interpreta literalmente el texto 1 Cor. 15,
23… Los restantes muertos no vivieron hasta pasados los mil años. (...) Y entonces
será la resurrección universal y el juicio final ».
«Pasados mil años, será soltado Satanás y se irá a seducir a las gentes (...) el
demonio irá pervirtiendo a las gentes y las fuerzas del mal, o sea Gog y Magog
atacarán a los santos y la ciudad santa, pero Dios hará que sean devorados por el
fuego que hará descienda sobre ellos».
Sobre el capítulo 21 del Apocalipsis el mismo autor comenta sobre la restauración
universal de todas las cosas, lo cual nos hace recordar el lema de San Pio X:
Instaurare omnia in Christo (Instaurarlo todo en Cristo), y que Monseñor Lefebvre
traduce a modo explicativo todo recapitularlo en Cristo. Así expresa el P. Martín
Sánchez sobre el cielo nuevo y tierra nueva: «De la transfiguración de las cosas
creadas se nos habla aquí y además en Isaías 65, 17 ss., en 2 Ped. 3, 13, y en Rom. 8,
19 ss. (...) tenemos que este mundo no será aniquilado, sino renovado, y cambiando
en mejor, pues como dice San Jerónimo: “Pasa la figura, no la sustancia. No
veremos otros cielos y otra tierra, sino los viejos y los antiguos cambiados en
mejores”. Todo hace presagiar que esto se refiere también a la época maravillosa de
paz, por cuanto según las Escrituras, el universo una vez renovado ha de servir de
escenario a la vida humana, porque la creación entera tomará parte en la felicidad
del hombre (Rom. 8, 19-22) y porque vendrán nuevos cielos y nueva tierra en los
que habitará la justicia (2 Ped. 3, 10-38). Entonces la tierra será como un cielo
nuevo anticipado (...) Es una renovación de este mundo donde vivió la humanidad
caída, el cual, desembarazado al fin de toda mancha, será restablecido por Dios en
un estado igual y aún superior a aquel en que fue creado: renovación que la
escritura llama en otros lugares la “palingenesia”, la regeneración (Mt. 19, 28), “la
restitución de todas las cosas” en su estado primitivo (Hech. 3, 21), (Crampon)».
Y en la explicación al capítulo 22 dice nuestro autor refiriéndose a las palabras
finales: Ven señor Jesús, del Apocalipsis: «Con esta expresión que se refiere a la
segunda venida de Jesucristo termina el Apocalipsis después de hablarnos de la
gran felicidad reservada a los santos repite: “Venga Pronto”, y con este aviso quiere
que no nos durmamos, que vivamos vigilantes, que anhelamos su venida para gozar
de la dicha anunciada».
Sobre el milenarismo el P. Castellani a su vez precisa: «El milenarismo real no
enseña otra cosa sino que Apokalypsis XX y I Corintios XV, pueden ser
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interpretados literalmente sin quiebra de la fe ni inconveniente alguno, que así lo
entendieron los padres apostólicos y después de ellos, en el curso de la historia,
innumerables doctores y santos; que de ello se sigue la probabilidad de dos
resurrecciones, una parcial y otra general, con un período místicamente glorioso de
la Iglesia Viante entre ellos, y que esta inteligencia resuelve fácilmente muchos
lugares oscuros de la Escritura y es honrosa a la grandeza, veracidad y
omnipotencia del creador». (Los Papeles..., p. 418).
«Toda la tradición antigua en masa durante los cuatro primeros siglos de la Iglesia
entendió en este capítulo simplemente que habría un largo periodo de paz y
prosperidad en el mundo (mil años o bien mucho tiempo) después del retorno de
Cristo y refulgir de su Parusía, que habría dos resurrecciones, una parcial de los
mártires y santos últimos, otra universal al fin de buenos y malos lo cual también
San Pablo dice, que todo este largo tiempo es quizás lo que designamos con el
nombre de Juicio Final, el cual se describe metafóricamente al final del capítulo, es
decir se describe su término y finiquito. El “Día del Juicio Final” no puede ser
ciertamente un día solar». (El Apokalypsis, p.295-296).
Sobre esto último el mismo San Agustín admite que el día del juicio final no sea un
día solar: «Lo que confiesa y aprueba toda la Iglesia del verdadero Dios: que Cristo
ha de descender de los cielos a juzgar a los vivos y a los muertos, éste decimos será
el último día del divino juicio, es decir, el último tiempo. Porque aunque no es
cierto cuantos días durará este juicio, ninguno ignora, por más ligeramente que
haya leído la Sagrada Escritura que en ella se suele poner el día por el tiempo». (La
Ciudad de Dios, libro 20, capitulo1). «En suma, milenarismo consiste en creer al
Dios del juicio, que es un dogma de fe, no un día material y un lugar geográfico sino
un período y un estado, un ciclo enteramente sobrenatural; y eso no por
racionalismo o fantasía, sino por encontrarlo así escrito a la letra, en las dos
grandes profecías postrimeras, Daniel y Juan, con dos textos coincidentes del
apóstol Pablo». (Los Papeles…, p. 412).
Aunque la interpretación alegórica es la que predomina actualmente, no siempre
fue así, al menos para los primeros 4 siglos de la Iglesia primitiva, además el mismo
San Agustín que tomó la interpretación alegórica del hereje donatista Tyconius,
quien fue su autor en el siglo IV, como hace ver el P. Castellani (El Apok. p. 294),
reconoce que su nueva interpretación (antes fue milenarista) no es segura, pues:
«San Agustín advierte que no sabe si esta interpretación es buena o no, cosa en que
no es imitado por ninguno de los actuales “alegoristas”, muchos de los cuales
además incriminan de “heréticos” (y de ridículos, y de judaizantes, y de zotes, y de
groseros, y de perturbadores) a aquellos que no gustas de ello». (El Apok. p. 294-
295).
«Pero milenarismo y antimilenarismo representan en la realidad histórica
hodierna dos espíritus, dos modos de leer la Escritura, y de ver en consecuencia la
Iglesia y el Mundo. De ahí la lucha». (Los Papeles…, p. 412).
Esta es la razón por la que muchos inconscientemente no aceptan el Milenarismo
Patrístico, hoy en día. Esperemos que esta recopilación sirva de luz para abatir los
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prejuicios y estar más expectantes que nunca de la Parusía y del Reino de Cristo, y
el triunfo del Inmaculado Corazón de María.
P. Basilio Méramo
Santa Fe de Bogotá Julio 4 de 2000
Fiesta de Nuestra Señora Refugio de los Pecadores
domingo, 1 de junio de 2014
DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN
Amados
hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En
este domingo dentro de la octava y después de la Ascensión de nuestro Señor a
los cielos en cuerpo glorioso, habiendo preparado a sus discípulos durante esos
cuarenta días anteriores a su Ascensión, consolidándolos e instruyéndolos,
antes de partir a los cielos, promete nuestro Señor la venida del Paráclito,
del Espíritu Santo, del Consolador, como dice la Vulgata pero que, como
advierte el padre Castellani muy sabiamente, más que consolador (paño de
lágrimas) es el fortificado. Paráclito quiere decir en griego el que está
junto, como el que apuntala, el que sostiene y eso desde adentro. Por eso él es
el que nos confirma en la plenitud de la gracia septiforme que se recibe en la
confirmación y por eso tenía que venir para plenificar la Iglesia, consolidarla
en su gracia, para que persevere incólume hasta el fin de los tiempos; esa es
la obra del Espíritu Santo.
El
Espíritu Santo es el soplo divino del mutuo amor, entre el Padre y el Hijo, esa
Tercera Persona que se origina del amor que hay en Dios y que es Espíritu. Por
eso la Iglesia se consolida en el amor de Dios. Ese es el carácter sobrenatural
de nuestra religión, que no es una religión natural como hoy insensiblemente se
la está prodigando; nuestra doctrina es formalmente sobrenatural, no una simple
creencia en Dios infinito, omnipotente, bueno, providente, sino además un Dios
que se reveló como Uno y Trino, y que nos participa de su naturaleza divina,
que es la gracia santificante.
De
allí la gran promesa de nuestro Señor antes de partir a los cielos en cuerpo
glorioso; nos augura la venida del Espíritu Santo que Él enviará junto con el
Padre; esa es la misión del Espíritu Santo, del soplo de amor divino para que
permanezca en la Iglesia vivificándola como su alma y es Espíritu de verdad, no
de confusión, ni de oscuridad, ni de error, como dice nuestro Señor.
Así,
entonces, les dice a sus apóstoles que el Espíritu de verdad dará testimonio de
Él como los discípulos y todos sus descendientes tendrán que darlo de nuestro
Señor profesando públicamente la fe católica como fruto de esa revelación. Como
dice Santo Tomás citando a San Juan Crisóstomo, el fruto del Espíritu Santo es
la profesión de la fe en nuestro Señor Jesucristo dando testimonio de la
verdad, sin parte con ningún error; por eso la fe es infalible, por eso la
Iglesia inconsútil no acepta, no tolera el error, porque no sería la Iglesia de
Dios. Eso, mis estimados hermanos, debemos tenerlo en cuenta sobre todo hoy,
porque la comunión en la santa Iglesia católica es en la verdad, en el Espíritu
de verdad, que es espíritu de amor. Y no le busquemos una quinta pata al gato.
Por
eso no me cansaré de recordar lo que dice nuestro Señor: “No todo aquel que
dice ¡Señor, señor! entrará en el reino de los cielos, sino aquel que hace la
voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Y la voluntad del Padre, ¿cuál
es? Que se guarde su palabra, su Verbo. Y, ¿cuál es el Verbo del Padre, cuál su
palabra? El Hijo, y Éste se encarnó, se hizo hombre y a través de ese Verbo se
revela el Padre, se revela Dios como Uno y Trino y en la revelación de esa
doctrina, de esa palabra, está hacer la voluntad del Padre.
Esa
principios que nuestro Señor dice no son de Él, sino del Padre, porque Él es su
Verbo, su pensamiento. Eso es lo que sirve de característica fundamental para
tener en medio de la gran confusión que nuestro Señor predice en el evangelio
de este día, al advertir a sus discípulos que no se escandalicen cuando sean
echados de la sinagoga, es decir, excomulgados, porque serán antema-tizados los
verdaderos fieles de Cristo por mantener el testimonio real de Dios.
Y
eso, mis estimados hermanos, es hoy una realidad que se ha cumplido
literalmente, históricamente, con la condenación oficial que se hizo a monseñor
Lefevbre y a monseñor De Castro Mayer. Esos son hechos históricos y no nos
escandalicemos. He ahí en lo que no debemos caer, en el desconcierto de esa
falsa excomunión por mantenerse en la verdad de Dios y no claudicar como lo
hicieron los sucesores de monseñor De Castro Mayer en Brasil con el padre
Rifán, al cual le había dicho yo dos años atrás que tuviera cuidado porque, “no
es fiel a monseñor De Castro Mayer”; las cartas que le he enviado a él
públicamente no son las primeras, porque ya se le veía el caminado y por éste
se conoce al personaje.
Lo
mismo pasa, duele decirlo, con respecto al padre Aulagnier, uno de los
principales miembros de la Fraternidad, hablando de pluralismo litúrgico y de
catolizar la misa moderna, cuando monseñor Lefebvre dijo que era bastarda,
porque había nacido así en la cópula de ese acercamiento ecuménico entre
católicos y protestantes. Lo que sale de allí es una doctrina, una liturgia
falsa y eso no se puede legitimar; si hay un matrimonio legítimo no se puede
legalizar a los hijos nacidos fuera de él. Entonces, ¿cómo se puede legitimar
una misa de esas características? Eso es imposible. He estado esperando que me
conteste el padre Aulagnier, porque lo que no puede ser es que se propague el
error y los fieles estén sin directivas, sin saber qué hacer. Él, en los
comienzos, fue el brazo derecho de monseñor Lefebvre y empieza a caminar
torcido como el padre Rifán; lo digo con dolor porque lo que aquí menciono me
toca hacelo de puño y letra.
Y
para aumentar ese concierto musical carnavalesco, la misa del cardenal
Castrillón, después de más de treinta años sin decirse en la Basílica de Santa
María la Mayor. Claro que es muy fácil alegrarse, pero es también consecuencia
de la ignorancia y por eso es mi deber, mis estimados hermanos, como deber de
caridad, combatir la ignorancia.
No
es diciendo una Misa de Pío V, después de tanto tiempo, como se vuelve a la
Tradición. ¿Cuál dijo al otro día y cuál está diciendo hoy el cardenal
Castrillón? O acaso, ¿con decir una misa tradicional, con eso ya está bien y se
profesa toda la fe católica y no hay ningún problema? ¡No señor! Eso no es
ningún signo de acercamiento, no lo hay, lo que hay y lo que compete es la
profesión de la fe católica en toda su pureza, en toda su integridad, dando
testimonio del espíritu de verdad y no oficiando una misa como si fuese una
payasada de circo. Porque además han asistido todos los falsos tradicionalistas
liberales de Eclesia Dei de San Pedro, todos los que se han ido de la
Fraternidad y que critican tanto a monseñor Lefebvre como a nosotros y quieren
el contubernio con el error invocando la autoridad del Vaticano, la del Papa,
la de los obispos.
La
autoridad de la Iglesia es para dar testimonio de la verdad y no del error, y
nuestro Señor es categórico en eso. Él mismo nos dice, hablando de los falsos
profetas, que estarán dentro de la Iglesia con apariencia de virtud. San Juan
Crisóstomo nos advierte que son mucho peor que los que están fuera, porque son
los enemigos internos, ocultos, quienes solapadamente socavan los fundamentos
de la Iglesia católica. Así lo hizo ver hace un siglo su santidad Pío X cuando
dijo que los modernistas estaban socavando la raíz misma de la Iglesia católica
y que lo único que se esperaba, viendo los acontecimientos históricos de aquel
momento, era que el anticristo naciera. Son palabras del sumo Pontífice Santo y
Patrono de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Porque hay que estar en comunión
con la verdad.
Monseñor
Lefebvre fue excomulgado, cumpliéndose literalmente lo que dice nuestro Señor:
“Seréis expulsados de la sinagoga”, ésta en aquel entonces era la Iglesia del
Antiguo Testamento instituida por Dios. Por eso no debemos escandalizarnos
cuando nos echen de la Iglesia por defenderla. Hay que tener una fe muy firme,
una visión muy clara, hay que ser un católico instruido. En esta crisis no se
aceptan soldados de medio pelo; esos no le sirven ya. Se necesitan soldados de
Cristo y no católicos aburguesados y mediocres que todo les da igual, que les
da lo mismo prenderle una vela a Dios y otra al diablo.
“No
todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que
hace la voluntad de mi Padre celestial”. Es más, “pensarán hacerle un
servicio”, dice nuestro Señor. Agrega Santo Tomás, que se refiere a los judíos
porque los paganos no persiguen en el nombre de Dios sino en el de los dioses;
pero el judío acosa en el nombre de Dios y por eso pensarán hacerle un
servicio. Con lo cual nuestro Señor está también profetizando y señalando el
hostigamiento judaico que habrá a lo largo de los tiempos y que se acrecentará
hacia el final.
Lo
que está pasando hoy es la judaización de la Iglesia, son los judíos los que
gobiernan y dominan el mundo y entronizarán al anticristo, para lo cual
necesitan una Iglesia de acuerdo a sus
intereses, para que no haya resistencia.
Por
eso esa obra que está haciendo monseñor Castrillón es una obra típica de un
israelita; entonces, que no sea un idiota útil que se preste a ello. Y si es un
judío avispado entonces se le desenmascarará, pero lo que no puede ser es que
no veamos claro y que caigamos ingenuamente como una niña de quince años un
poco cándida y un poco pura, pero un poco tonta también, en las manos de su
seductor. Duele decirlo, pero es así.
El
Evangelio emplea las imágenes fuertes; el mismo casto San Juan, cuando muestra
el misterio de la mujer escarlata, simbolizado por una prostituta. Tengamos
cuidado, porque a una mala mujer uno no se acerca. ¿Y qué hace monseñor
Castrillón, que hoy oficia la misa tradicional y mañana la nueva, y que va con
el que primero le ofrezca más? Espero, mis estimados fieles, que ninguno se
escandalice y si se lo hacen, pues sacudo mis pies y me voy a otra parte.
No
puede ser que nos dejemos insensiblemente adormecer y que toda la prensa
internacional esté al unísono. Por eso es mi deber decirlo, porque aun dentro
de la Fraternidad no todos los sacerdotes lo comprenden, es un hecho, pero
aquellos que crean que sí lo entienden, tienen que alzar la voz en el nombre de
Dios y en del Espíritu Santo. Es muy fácil hablar de un San Atanasio hace
diecisiete siglos, pero lo que no puede ser es que empeorándose la situación no
haya Santos Atanasios hoy, eso no puede ser. Y si no existen, es porque no hay
Iglesia católica.
El
mismo monseñor Williamson me dijo un día: “Cayó Campos...”, es decir, los
sacerdotes que continuaron y se unieron a monseñor De Castro Mayer. “...¿caerá
la Fraternidad?”. Pidamos para que no claudique, no se escandalice de ser
señalada con el dedo como los desechos de la sociedad clerical, como lo
advierte San Pablo, “seréis señalados como la escoria de la sociedad”; y ahí
está nuestro honor, nuestra humillación y nuestra humildad. Porque hay que ser
modestos para dejarse escupir así la cara y mantenerla en alto, como un
verdadero soldado confirmado en la gracia del Espíritu Santo.
Si algún fiel no entiende esto, le pido me lo
diga para esclarecérselo y si no quiere comprender es que se equivocó de lugar.
Hay que saber que nos espera un combate rudo, cruel y que no es para muchos
sino para unos pocos predilectos y amados de Dios, que lo buscan en todas las
cosas y en primer lugar, y que Él para ellos no es un artículo de lujo de
segundo o tercer orden sino que es esencial,
fundamental. Donde no está Dios verdadero no hay nada, todo es
podredumbre y basura. Primero Dios, decía Santa Juana de Arco, y murió tildada
de loca, como engañadora y mala mujer por el obispo Cochón, que hasta ese
nombre tiene, pues quiere decir cochino, cerdo, y él era el miembro más
encumbrado de la universidad de La Sorbona, de París. Fueron algunos
integrantes de esta universidad los que persiguieron y mandaron ejecutar a
Santa Juana de Arco, que permaneció fiel a la palabra divina muriendo con gran
entereza.
Y
ahora, ¿cómo es posible que nosotros, siendo muchos más, vayamos a claudicar,
nos vaya a dar miedo? ¿De qué? ¿De que no nos den permiso? ¿De qué? ¡No señor!
Para ser católicos, nadie le pide autorización a la Iglesia para ser bautizado,
simplemente le manifiesta y le pide que le dé la fe en el bautismo. Nosotros no
necesitamos ningún permiso para decir la Misa de siempre; ninguno. Y no hay
ninguna excomunión, no existe. La Tradición no puede ser condenada. Por eso
monseñor Lefebvre decía que si había algún anatematizado serían ellos, los que
arrinconan y persiguen a la Tradición de la Iglesia, los que no la quieren y
desean una implantación de una Iglesia mancomunada, que cobije a todos los
hombres sin dogmas ni credos que dividan. Esa será la Iglesia del anticristo y
“a ese sí le recibiréis”, dice nuestro Señor, “pero yo, que no vengo en nombre
propio, sino en el de mi Padre, me rechazáis”; por eso le crucificaron. Por eso nosotros vamos a la
inmolación y no nos hagamos ilusiones de que así no sea.
Ahí
está la gloria, en poder soportar esa sacrificio como verdaderos católicos sin
escandalizarse, llenos del amor del Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia
y no el espíritu de error y de mentira que entró con el Vaticano II como el
humo del infierno, como el mismo Pablo VI, siendo pontífice en aquella época,
lo dijo.
Por
eso el evangelio de hoy debe servirnos para que nos consolidemos en el espíritu
de verdad y no nos asombremos cuando seamos proscritos. Porque la Iglesia
católica, apostólica y romana no son los muros de piedra, no son los edificios,
es el alma de todo fiel a Cristo, los Cristifideles, que por un misterio
de iniquidad serán dispersados por el mundo. Ese es el gran misterio de
iniquidad de la Iglesia. La congregación de los Cristifideles al fin de
los tiempos sean dispersados físicamente, materialmente, pero unidos en la
verdad del Espíritu Santo, del soplo de amor del Espíritu de verdad de Dios.
Por eso el próximo domingo, que será Pentecostés, la Iglesia quedará definitivamente
consolidada, reafirmada, coronada en ese soplo de amor del Espíritu Santo que
es Espíritu de verdad y que durará hasta el fin de los tiempos.
Pidamos
a nuestra Señora que sepamos dar testimonio de nuestro Señor profesando la fe y
la verdad sobrenatural y eso con el amor, con el soplo de Dios, del Espíritu
Santo y así no tendremos miedo a nada ni a nadie, sólo a Dios. Él será lo único
que realmente nos interese, todo lo demás es secundario. Ese es el sentido
verdaderamente católico, en el que todo fiel debe vivir y morir y por eso hay
que recordarlo, sobre todo ahora, en esta hecatombe que estamos viviendo fuera
y dentro de la Iglesia. Pidamos al Espíritu de amor que ilumine nuestras
inteligencias y el corazón con su llama, con su fuego, para que así
permanezcamos en este testimonio fidedigno y veraz de Dios. +
P. BASILIO MERAMO
1 de junio de 2003
1 de junio de 2003
jueves, 29 de mayo de 2014
ASCENCION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
ASCENCION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
TOMADO DE LA "CATENA AUREA"Santo Tomás de Aquino
San Lucas cap. 24, 50-53:
Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos les bendijo; y aconteció, que mientras los bendecía, se apartó de ellos, y era llevado al cielo. Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron a Jerusalén con grande gozo. Y estaban siempre en el templo, loando y bendiciendo a Dios. Amén. (vv. 50-53)
Beda
Omitiendo todo lo que el Señor había hecho con sus discípulos en el espacio de cuarenta días, el evangelista pasa del primer día de su resurrección al último día en que subió a los cielos, diciendo: "Los sacó fuera, hasta Betania". Ante todo, por lo que dice el nombre de la ciudad -que quiere decir casa de obediencia - entendemos que el que había bajado del cielo por la desobediencia de los malos, subió por la obediencia de los convertidos. Además, por el lugar que ocupaba la ciudad (que según se dice estaba a la falda del monte de los Olivos), porque la casa de la Iglesia obediente debía estar a la falda del monte mismo (esto es, de Cristo), en donde ha colocado los fundamentos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Bendijo a quienes había mandado enseñar. Por ello sigue: "Y alzando las manos los bendijo".
Teófil
Les infundió la fuerza que conserva hasta la venida del Espíritu Santo. Nos enseñó que cuantas veces nos separamos, encomendemos a nuestros súbditos a Dios por medio de las bendiciones.
OrígenesEl acto de levantar las manos y bendecirlos, significa que el que bendice debe estar adornado de buenas y heroicas obras, para bien de los demás; por esto levantó las manos al cielo.
CrisóstomoObsérvese que el Señor nos hace ver sus promesas. Había ofrecido que resucitarían los cuerpos; resucitó El de entre los muertos, y confirmó a sus discípulos en esta fe por espacio de cuarenta días. Ofreció también que seremos arrebatados al cielo, y probó esto también por medio de las obras. Prosigue: "Y aconteció, que mientras los bendecía", etc.
Teófil
Elías también parecía ser llevado al cielo, pero el Salvador mismo ascendió al cielo como precursor de todos para presentarse en su cuerpo sacratísimo como primicia ante el Padre. En este concepto, ya fue honrada nuestra naturaleza con todas las virtudes de los ángeles.
Elías también parecía ser llevado al cielo, pero el Salvador mismo ascendió al cielo como precursor de todos para presentarse en su cuerpo sacratísimo como primicia ante el Padre. En este concepto, ya fue honrada nuestra naturaleza con todas las virtudes de los ángeles.
Crisóstomo
Pero dirás: ¿a mí en qué me interesa? Pues tú serás igualmente llevado a los cielos, porque tu cuerpo es de la misma naturaleza que el cuerpo de Jesucristo. Tu cuerpo, pues, será tan ágil, que podrá atravesar los espacios; porque así como la cabeza, es el cuerpo; como el principio, así el fin. Véase cómo fuimos honrados por este principio. El hombre era la clase más ínfima de las creaturas racionales, pero los pies se hicieron semejantes a la cabeza, fueron encumbrados en una torre real por virtud de Jesucristo, su cabeza.
Pero dirás: ¿a mí en qué me interesa? Pues tú serás igualmente llevado a los cielos, porque tu cuerpo es de la misma naturaleza que el cuerpo de Jesucristo. Tu cuerpo, pues, será tan ágil, que podrá atravesar los espacios; porque así como la cabeza, es el cuerpo; como el principio, así el fin. Véase cómo fuimos honrados por este principio. El hombre era la clase más ínfima de las creaturas racionales, pero los pies se hicieron semejantes a la cabeza, fueron encumbrados en una torre real por virtud de Jesucristo, su cabeza.
Beda
Habiendo subido el Señor a los cielos y habiendo adorado sus discípulos el último lugar que pisaron sus pies, volvieron apresuradamente a Jerusalén, en donde se les había mandado esperar la promesa del Padre. Prosigue: "Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron", etc. Estaban embargados de una grande alegría, porque después del triunfo de la resurrección, habían visto a su Dios y Señor penetrar en los cielos.
Habiendo subido el Señor a los cielos y habiendo adorado sus discípulos el último lugar que pisaron sus pies, volvieron apresuradamente a Jerusalén, en donde se les había mandado esperar la promesa del Padre. Prosigue: "Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron", etc. Estaban embargados de una grande alegría, porque después del triunfo de la resurrección, habían visto a su Dios y Señor penetrar en los cielos.
Griego
Y velaban, ayunaban y oraban, porque no descansando en sus propias casas, sino esperando constantemente la gracia de lo alto, estaban siempre en el templo, aprendiendo en él, entre otras virtudes, la piedad y la honestidad. Prosigue: "Y estaban siempre en el templo".
Y velaban, ayunaban y oraban, porque no descansando en sus propias casas, sino esperando constantemente la gracia de lo alto, estaban siempre en el templo, aprendiendo en él, entre otras virtudes, la piedad y la honestidad. Prosigue: "Y estaban siempre en el templo".
Teofilacto
Todavía no había venido el Espíritu Santo y ya hablaban espiritualmente. Al principio estaban encerrados, pero ahora ya no tenían inconveniente en presentarse delante de los príncipes de los sacerdotes, sin preocuparse de las cosas del mundo, antes bien, alababan todos a Dios, desestimando todo esto. Prosigue: "Loando y bendiciendo a Dios. Amén".
Todavía no había venido el Espíritu Santo y ya hablaban espiritualmente. Al principio estaban encerrados, pero ahora ya no tenían inconveniente en presentarse delante de los príncipes de los sacerdotes, sin preocuparse de las cosas del mundo, antes bien, alababan todos a Dios, desestimando todo esto. Prosigue: "Loando y bendiciendo a Dios. Amén".
Beda
Obsérvese que San Lucas se distingue por el toro, entre los cuatro animales del cielo, porque el toro se ofrecía como víctima por los sacerdotes, y en atención a que se ocupó del sacerdocio más que los otros evangelistas. Además empezó su Evangelio por el ministerio sacerdotal de Zacarías en el templo, y lo concluyó con la reunión de los apóstoles en el templo, no ofreciendo sacrificios cruentos, sino como ministros del nuevo sacerdocio, alabando y bendiciendo a Dios, para prepararse así a recibir dignamente la venida del Espíritu Santo.
Obsérvese que San Lucas se distingue por el toro, entre los cuatro animales del cielo, porque el toro se ofrecía como víctima por los sacerdotes, y en atención a que se ocupó del sacerdocio más que los otros evangelistas. Además empezó su Evangelio por el ministerio sacerdotal de Zacarías en el templo, y lo concluyó con la reunión de los apóstoles en el templo, no ofreciendo sacrificios cruentos, sino como ministros del nuevo sacerdocio, alabando y bendiciendo a Dios, para prepararse así a recibir dignamente la venida del Espíritu Santo.
Teófil
Prosigamos imitándolos siempre en una vida santa, alabando y bendiciendo a Dios, de quien es la gloria, la dicha y el poder por los siglos. Amén.
Prosigamos imitándolos siempre en una vida santa, alabando y bendiciendo a Dios, de quien es la gloria, la dicha y el poder por los siglos. Amén.
domingo, 25 de mayo de 2014
QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA
Amados
hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En
este quinto y último domingo después de Pascua, vemos en el Evangelio cómo
nuestro Señor les dice a sus discípulos, y a nosotros también, que hasta ahora
nada se le ha pedido al Padre en su nombre. Ha mostrado la importancia de cómo
se ha de implora, es decir, de orar, de rogar, de rezar en el nombre de nuestro
Señor Jesucristo. Y hacerlo en el nombre de Jesús es pedir la salvación. Jesús,
quiere decir salud, dador, el Salvador; el que da la salud eterna y la
salvación. Y por eso dice San Agustín que para pedir en el nombre de Jesús a
Dios Padre hay que suplicar en lo concerniente a la salvación de nuestras almas,
así se le implora nuestra salvación.
De
modo que si le estamos rogando ganar la lotería, ser ricos o famosos o tener
éxito, es evidente que esto no nos las va a dar y peor si no nos vamos a salvar
sino a condenar por medio de ellas. Cuánta gente es buena sólo cuando vive en
la lucha y sufre, pero cuando tiene dinero se corrompe; a cuántas almas
pervierte la abundancia, la prosperidad y no solamente las seduce con una mala
vida sino también a veces con el simple orgullo de creerse poderosos, más fuertes
y así oprimen y no les importa el débil y necesitado, el que llora, el que
sufre.
Si
vemos, esa es la historia de la humanidad: el que está arriba pisotea al que
está abajo, cuando debería ayudarlo; y el inferior cuando asciende no debería
vengarse. Eso es lo que sucede aquí en Colombia y en todo el mundo, pero aquí
de un modo desastroso, donde no se es superior para mandar bien, para ayudar,
para gobernar, sino para oprimir y sacar ventaja; eso es lamentable.
Es
una concepción completamente anticatólica de la vida y de la superioridad en
cualquier orden que sea. El patrón es el que guía, el que dirige a los otros a
su fin, y les ayuda y los sostiene, les da ánimo y trata de algún modo de
paliar las dificultades que puedan tener los otros. Lo demás es una concepción
falsa de la superioridad, de la autoridad, del mando, del poder, tanto dentro
de la Iglesia como fuera de ella, en la vida social como en la familiar.
Nuestro
Señor nos dice que siempre debemos pedir en su nombre, en nombre del Salvador,
la redención de nuestras almas y lo que es necesario para que no nos
condenemos; no lo que nos puede parecer indispensable, como como pueden serlo
algunas comodidades. El sentido de pobreza que hay que tener aunque se sea
multimillonario, es de renuncia, de desapego. ¿Por qué creen ustedes que
nuestro Señor nació en un pesebre y vivió pobremente? Porque era mucho más
perfecto vivir con poco en la renuncia, aun de lo necesario, para que
floreciera la virtud. Claro está que Dios no quiere que vivamos en la miseria pero
sí en la pobreza o, por lo menos, con sentido de pobreza a lo cual ayuda la
limosna. Ésta, que como el agua, apaga el fuego, los pecados o las deudas por
ellos.
Si
verdaderamente se hiciera caridad estarían más compensados la sociedad y el
mundo, no existiría la rapiña y la injusticia hoy legalizada, porque las leyes
ya no son católicas, no tienen que ver con la justicia y con la equidad y por
eso la falta de virtud en el orden social que genera la injusticia, la
iniquidad. El equilibrio está en la virtud, en el servicio y las obras que se
hacen por ella; pero como cuesta, entonces no nos gusta. Por ello los santos
son quienes han vivido en el heroísmo de la virtud, es decir, en su
permanencia, llegando así a la osadía de una vida santa y virtuosa en unión con
Dios. No debe ser a ratos solamente cuando comulgamos, queremos ir a Misa, o
cuando rezamos el rosario, y después, el resto de las veinticuatro horas del
día y de la noche qué, “hacer lo que se me da la gana”; por eso el mundo y los
católicos andan como andan, porque no permanecemos en ese espíritu de Dios
durante todo el santo día, sino de ratos cuando nos acordamos, y aún así
creemos que ya hemos hecho mucho.
Y
vemos también que en el evangelio de hoy nuestro Señor no solamente nos enseña
a pedir nuestra salvación sino que nos muestra el amor que nos tiene el Padre
eterno, a tal punto que no hace falta que le pidamos, le manifestemos nuestras
necesidades porque Él, que nos ama, las conoce; pero la condición, el soporte,
el fundamento de ese amor es nuestro Señor, “el mismo Padre os ama, porque
vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y
vine al mundo; otra vez dejo el mundo y voy al Padre”. Entonces dicen los
discípulos que ahora sí les habla claro y no en parábolas, en imágenes, en
semejanzas, sino directa y abiertamente. Pero lo que pasa es que a veces es
difícil hablar abierta y directamente. Cuántas veces nos pasa eso con el
prójimo; entre más clara y abiertamente se hable, peor, hay que ir con rodeos o
con una comparación, con una semejanza.
Nuestro
Señor es el fundamento del amor del Padre, esto ya nos demuestra que cualquier
otro es falso, que no hay amor a Dios que no esté fundamentado en Jesucristo; y
ahí claudican todas las creencias y religiones que no se basan en Cristo y que
no conservan la doctrina de nuestro Señor Jesucristo. No hay que olvidar ese
carácter revelado de nuestra santa religión. No es una doctrina natural que
existiría si Dios no se hubiese revelado. Dios se reveló en nuestro Señor como
Él es, Uno y Trino, y por eso toda otra creencia, credo o religión transigen,
no existen delante de Dios, son inútiles; como ejemplo tenemos el judaísmo, el
mahometismo, el budismo, el protestantismo, porque aunque ellos vivan hablando
de Cristo no conservan su doctrina sino lo que a ellos les viene en gana; lo
mutilan como de hecho los mahometanos hacen, creen en Él pero como lo hacía
Arrio: que Cristo es un gran profeta, un gran personaje, pero que no era Dios,
que no salió del Padre.
Nos
damos cuenta entonces de la importancia de la divinidad de nuestro Señor y de
creer en ella, pues allí está el fundamento del amor que nos tiene el Padre y
si no, no nos puede amar como a hijos suyos sino como a réprobos, a condenados
y eso siempre lo predicó la Iglesia católica, apostólica y romana. Pero hoy no
se pregona eso; entonces ¿es que la Iglesia dejó de serlo? O, por lo menos,
¿esos que catequizan en nombre de la Iglesia no son de ella? ¡Claro que no!,
son usurpadores, protestantes que se quedan dentro de la Iglesia apoderándose
de su nombre, del de Cristo, del de Dios; esa es parte de la gran crisis que
hay hoy dentro de la Iglesia, porque el demonio se dio cuenta que hay que
atacar desde el interior, ya no desde el exterior.
El
gran papa San Pío X al inicio, al alba del siglo XX, dijo en su primera
encíclica que el anticristo no tenía otro trabajo que el de nacer. ¿Qué diría
cien años después? Porque fue en 1903 y estamos en el 2003, ¿qué manifestaría
hoy? Por eso debemos estar prevenidos para cuando llegue ese día, la
entronización dentro de la Iglesia del anticristo, que se ha ido preparando y
que se está haciendo dentro y fuera de la Iglesia, para que venga y reine
usurpando el poder de Cristo.
Los
fieles o lo que quede de ellos, porque no todo el que dice “Señor, Señor” es
fiel, pero lo que reste, ese pequeño rebaño leal que heroicamente mantendrá la
fe cuando toda esa abominación que hoy
vemos culmine en el anticristo, debe estar preparado. Los profetas, o
los que lo han anunciado, han llegado a hablar para los últimos tiempos incluso
de antipapas, es decir, de usurpadores en el trono sacrosanto de San Pedro y
eso hay que señalarlo.
Ya
desde el siglo XVII, comentadores del Apocalipsis como el venerable beato
Holzhauser, hablaban de anti-papas, porque el anticristo no vendrá de golpe. Y
desde mucho antes, también Beato de Liévana, del siglo VIII, uno de los grandes
glosadores del Apocalipsis cuyo libro quedó perdido y se encontró y es una
joya, habla de lo mismo, de la defección del clero bajo la bestia de la tierra
en connivencia con la del mar del Apocalipsis. La terrenal, que tiene la
apariencia de cordero, simbolizada con los dos cuernos, de Moisés; los dos
cuernos de la mitra que representan el Antiguo y el Nuevo Testamento y el poder
de Dios; luego es algo que aparenta ser de Dios e incluso su poder, pero que no
le sirve, no sirve a la Iglesia.
Y
la imagen fuerte de la gran ramera, la religión prostituida, corrompida pero
vestida de púrpura y escarlata, todo eso ¿qué es?, ¿literatura? Es mucho más
que eso. Es una profecía apocalíptica para los últimos tiempos de la Iglesia,
antes del advenimiento de nuestro Señor en gloria y majestad, cuando venga a
destruir toda esa usurpación de Satanás, de los infiernos, dentro de la
Iglesia.
Hay
que estar apercibidos si es que nos toca estar vivos, para salvar nuestras
almas, para pedir en el nombre de nuestro Señor, porque yo no puedo hacerlo en
el nombre de Cristo, de nuestro Señor, la salvación en el ecumenismo igualando
a todas las creencias y religiones que niegan la exclusividad de la Iglesia
católica apostólica y romana, que proclaman la libertad de cultos y de
creencias en el corazón endiosado del hombre moderno. Todas estas son herejías,
una detrás de otra; todo eso camina hacia la apostasía y eso hay que decirlo,
es mi deber, para que roguemos por la salvación de nuestras almas y para que
sigamos creyendo en la divinidad de nuestro Señor, en la de su santa Iglesia y
no en la prostitución de la jerarquía de hoy, que la tiene sumida, sumergida,
en esta espantosa y abominable crisis.
Duele
decirlo, pero hay que hacerlo, que el cardenal Castrillón, se deje de hacer el
payaso diciendo la Misa tridentina. Ayer dice la tridentina, y hoy ¿cuál? ¡La
moderna! Como una mala mujer que va con el que mejor le pague hoy para irse
mañana con el otro; ¿esa es la religión católica? Que deje esa payasada
circense que no hace más que convertir la Iglesia en el Panteón donde anidaba
en cada rincón un altar para el dios de cada uno y dentro de él nos quieren
meter hoy. Que gente como el padre Aulagnier, que durante tantos años ha sido
Superior de Francia, ahora se desvíe hablando de pluralismo litúrgico, diga
estupideces, hable de la catolización de la nueva misa que es protestantizante,
y eso que es uno de los más antiguos de la Fraternidad; ¿a dónde nos quiere
llevar?
Y
digo el padre Aulagnier porque si nadie en la Fraternidad va a alzar la voz lo
haré yo, pero primero espero que lo haga la autoridad de la Fraternidad, que lo
hagan los obispos, pero si no lo hacen, me tocará a mí. Porque no puede ser que
uno de entre los primeros miembros y brazo derecho de monseñor Lefebvre haga
también esa estupidez, esa claudicación y que haya alabado sin transigir ese
desistimiento de los padres de Campos, para que entraran al panteón del
pluralismo religioso, que digan la Misa de San Pío V en medio de las otras
religiones, en medio de la reforma litúrgica, que es revolucionaria.
No
queda más que la santa intransigencia de la verdad y donde no la haya, es una
posición exclusiva, es un solo punto el que me da la verticalidad, ya lo demás
no lo es; no hay otra alternativa, lo único que resta es mantenernos en esa
santa inflexibilidad, y el que no lo entienda, claudicará tarde o temprano.
Sometimiento que será uno tras otro, lo malo es que no se la advierta por miedo
de asustar a los fieles. La verdad no asusta, salva, porque si nos atemoriza,
es para nuestra salvación si respondemos a ella. Es un deber para mí el hacerlo
y el decirlo, para que ustedes aprendan a defenderse, porque no se sabe hasta
cuándo nos sea permitido tener la libertad de predicar, de decir la Santa Misa
y de que los fieles tengan el apoyo de los sacerdotes. Y, ¿qué irá a pasar si
los creyentes en esa soledad del desierto no han aprendido y no se les ha
enseñado a defenderse para que así salven sus almas?
Pidamos
a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que guardemos estas cosas y las
meditemos y las tengamos presentes. No nos olvidemos de pedir siempre en el
nombre de nuestro Señor, en el de Jesús, la salvación de nuestras almas, ya que
el fundamento de nuestra salvación es la divinidad de nuestro Señor y en esa
aceptación tenemos la garantía del amor del Padre eterno. ¿Qué más queremos? Ya
tenemos la seguridad de nuestra salvación, pero está basada en nuestro Señor y
por eso es importante tenerlo presente y por eso la exclusión de todo lo que no
sea Cristo Redentor.
Pidamos,
pues, a nuestro Señor, mantener viva esa llama de la fe, aunque nos toque estar
solos. Pero que se conserve así en nuestro corazón para por lo menos salvarnos
nosotros si es que no podemos lograr socorrer a los demás. +
P.BASILIO MERAMO
25 de mayo de 2003
25 de mayo de 2003
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