San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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martes, 25 de marzo de 2014

La anunciación del Arcángel Gabriel a la Santísima Vírgen Y la Enacrnación de Nuestro Señor, fiesta del 25 de Marzo




Textos tomados de la CATENA AUREA de Santo Tomás de Aquino, con los comentarios de los Santos Padres, al Evangelio según San Lucas, capítulo 1 versículos del 26 al 38.



Lc 1, 26-27
Y al sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María. (vv. 26-27)
Beda
Como la encarnación de Cristo debía tener lugar en la sexta edad del mundo y había de aprovechar para el cumplimiento de la ley, el ángel enviado a María anuncia oportunamente, en el sexto mes de la concepción de Juan, al Salvador que había de nacer. Por eso se dice: "En el sexto mes". El sexto mes es el de marzo, en cuyo día 25 nuestro Señor fue concebido y se dice que padeció. Así como nació el día 25 de diciembre por lo que si, según algunos creen, en este día tiene lugar el equinoccio de la primavera, o si en aquél creemos que se verifica el solsticio del invierno, conviene que sea concebido y nazca con el incremento de la luz Aquel que ilumina a todo hombre que viene a este mundo ( Jn 1,9). Mas si alguno objetare que los días crecen o son mayores que la noche antes del tiempo del nacimiento y de la concepción de nuestro Señor, le contestamos que San Juan anunciaba el reino de los cielos antes de su advenimiento.
San Basilio
Los espíritus celestiales no vienen a nosotros por sí mismos, sino cuando conviene para nuestra utilidad, porque atienden al decoro de la divina sabiduría; de donde sigue: "Fue enviado el ángel Gabriel".
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 34
A María Virgen no se envía un ángel cualquiera, sino el arcángel San Gabriel. Procedía que viniese un ángel de los primeros a anunciar los misterios. Se le designa por su propio nombre, el cual muestra lo que vale en sus obras, pues el nombre de Gabriel significa fortaleza de Dios 1. Por la fortaleza de Dios había de ser anunciado el que, siendo Dios de las virtudes y poderoso en la guerra para vencer en todas las batallas, venía a destruir las potestades del infierno.
Glosa
Se indica, pues, el lugar a donde se envía cuando se añade: "A la ciudad de Nazaret". Porque nazareno, esto es, Santo de los Santos, era el que se anunciaba que había de venir.
Beda, in homilia de Fest. Annunt
Digno principio de la restauración humana ha sido que se enviare por Dios un Angel a la Virgen, que había de ser consagrada con un parto divino. Porque la primera causa de la perdición humana fue que la serpiente fuese enviada a la mujer por el espíritu de la soberbia. De aquí se sigue, que el Angel fue enviado a una virgen.
San Agustín, de sancta virginitate, 5
Sólo la virginidad pudo decentemente dar a luz a Aquel que en su nacimiento no pudo tener igual. Convenía, pues, que nuestro Redentor naciese, según la carne, de una Virgen por medio de un milagro insigne para dar a entender que sus miembros debían nacer de la Iglesia virgen, según el espíritu.
San Jerónimo
Con razón se envía un ángel a la Virgen, porque la virginidad es afín de los ángeles. Y ciertamente, vivir en carne fuera de la carne, no es una vida terrestre, sino celestial.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, 4
No anuncia el Angel a la Virgen después del parto, para que entonces no se turbe en demasía, sino que le habla antes de la concepción. No en sueños, sino presentándose de una manera visible. Porque como había de recibir una gran revelación, necesitaba de una visión solemne antes del cumplimiento.
San Ambrosio
Dijo bien ambas cosas la Sagrada Escritura: que sería desposada y Virgen. Prosigue, pues, diciendo "desposada". Virgen, para que constase que desconocía la unión marital. Desposada, para que quedase ilesa de la infamia de una virginidad manchada, cuando su fecundidad pareciese signo de corrupción. Quiso más bien el Señor que algunos dudasen de su nacimiento que de la pureza de su Madre. Sabía que el honor de una Virgen es delicado y la reputación del pudor, frágil. Y no estimó conveniente que la fe de su nacimiento se demostrase con las injurias de su Madre. Se sigue también que, así como la Santísima Virgen fue íntegra por su pudor, así su virginidad debió ser inviolable en la opinión. No convenía dejar a las vírgenes que viven en mala reputación esa apariencia de excusa, es decir, que la Madre misma del Señor pareciese difamada. ¿Qué se hubiera podido reprochar a los judíos y a Herodes si hubiese parecido que perseguían el fruto de un adulterio? ¿Cómo hubiera podido decir El mismo: "No vine a destruir la ley, sino a cumplirla" ( Mt 5,17), si hubiese parecido comenzar por una violación de la ley, que condena el parto de la que no está casada? ¿Qué, por otra parte, da más fe a las palabras de la Virgen y remueve todo pretexto de mentira? Madre, sin estar casada, hubiera querido ocultar su falta con una mentira. Pero casada, no tenía motivo para mentir, puesto que la fecundidad es el premio y la gracia de las bodas. Tampoco es pequeña causa que la virginidad de María engañase al príncipe del mundo, el cual, viéndola desposada con un hombre, nada pudo sospechar respecto de su parto.
Orígenes
Si no hubiese tenido esposo, aquel misterio hubiese dado que pensar al diablo, respecto de cómo pudo quedar embarazada la que no había tenido trato con varón. Esta concepción -diría- debe ser divina, debe ser algo superior a la naturaleza humana.
San Ambrosio
Sin embargo, engañó más a los diablos. Porque la malicia de los demonios descubre hasta las cosas ocultas. Mas los que se ocupan en las vanidades del mundo no pueden conocer las cosas divinas. Por eso Dios se sirve del marido -el testigo más seguro del pudor- que hubiese podido quejarse de la injuria y vengar el oprobio, si no conociese el misterio. Se dice de él: "Se llamaba José, de la casa de David".
Beda, homil. de Annunt. Sup
Lo cual no sólo se refiere a San José, sino también a la Virgen María. Estaba mandado por la ley que cada uno tomase mujer de su propia tribu o familia. Prosigue el mismo evangelista: "Y el nombre de la Virgen era María".
Beda
La palabra María en hebreo quiere decir estrella del mar, y en siríaco Señora. Y con razón, porque mereció llevar en sus entrañas al Señor del mundo y a la luz constante de los siglos.
Notas
1. Gabriel: hombre de Dios o Dios se ha mostrado fuerte.

Lc 1, 28-29
Y habiendo entrado el Angel donde estaba María, le dijo: "Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres": Y cuando ella esto oyó, se turbó con las palabras de él, y pensaba qué salutación sería ésta. (vv. 28-29)
San Ambrosio
Conoce aquí a la Virgen por sus costumbres. Sola en sus habitaciones, a quien ningún hombre veía, sólo un ángel podía encontrarla. Por ello se dice: "Y habiendo entrado el ángel a donde estaba María". Y para que no fuese manchada con un coloquio indigno de ella, es saludada por el ángel.
San Gregorio Niseno, orat. in Christi Nativit
En contraposición de la voz dirigida a la primera mujer, ahora se dirige la palabra a la Virgen. En aquélla se castiga con los dolores del parto la causa del pecado, en ésta se destierra la tristeza por medio del gozo. Así el ángel anuncia con razón la alegría a la Virgen, diciendo: "Dios te salve". Según otros comentaristas, el ángel atestigua que es digna de ser desposada cuando dice: "Llena de gracia". Esta abundancia de gracias se muestra al esposo como una dote o arras, de las cuales se dice: Estas son de la esposa, aquéllas del esposo.
San Jerónimo
Y en verdad que es llena de gracia, porque a los demás se distribuye con medida, pero en María se derramó al mismo tiempo toda la plenitud de la gracia. Verdaderamente es llena de gracia aquella por la cual toda criatura fue inundada con la lluvia abundante del Espíritu Santo. Ya estaba con la Virgen quien le enviaba su ángel y el Señor se anticipó a su enviado. No pudo ser contenido en un lugar, Aquel que está en todas partes; de donde sigue: "El Señor es contigo".
San Agustín, en el serm. de Nativit. Dom. 4
Más que contigo, El está en tu corazón, se forma en tu seno, llena tu espíritu, llena tu vientre.
Griego
Este es el complemento de toda la embajada: el Verbo de Dios como Esposo que se une de una manera superior a la razón, como engendrando El mismo y siendo engendrado, adaptó a sí mismo toda la naturaleza humana. Al final se pone como complemento perfectísimo: "Bendita eres entre las mujeres", a saber, una sola entre todas las mujeres. Para que también sean bendecidas en ti las mujeres como los hombres serán bendecidos en tu Hijo, o más bien en los dos unos y otros. Porque así como por medio de una mujer y un hombre entraron en el mundo el pecado y la tristeza, así ahora por una mujer y por un hombre vuelven la bendición y la alegría, y se derraman sobre todos.
San Ambrosio
Conoced a la Virgen por la vergüenza, porque se turbó, pues sigue: "Y cuando ella esto oyó, se turbó". Temblar es propio de las vírgenes, y el sobresaltarse cuando se acerca un hombre y temer todo trato de los hombres. Aprended, vírgenes, a evitar toda licencia de palabras. María se conturbaba hasta de la salutación del ángel.
Griego
Como ella estaba acostumbrada a aquella clase de apariciones, el Evangelista no atribuye la turbación a lo que ve, sino a lo que oye, diciendo: "Se turbó con las palabras de él". Considerad el pudor y la prudencia de la Virgen y su alma, al mismo tiempo que su voz. Oída la alegre noticia, examinó lo que se le había dicho y no resiste abiertamente por incredulidad, ni se somete al punto por ligereza, evitando a la vez la ligereza de Eva y la resistencia de Zacarías. Por esto continúa: "Y pensaba qué salutación sería ésta", no la concepción. Porque todavía ignoraba la profundidad del misterio. ¿Mas la salutación es por ventura libidinosa, como dirigida por un hombre a una Virgen? ¿Es divina, puesto que se hace mención de Dios, diciendo: "El Señor es contigo"?
San Ambrosio
Admiraba también la nueva fórmula de salutación, que nunca se había oído hasta entonces, pues estaba reservada solamente para María.
Orígenes
Si María hubiese conocido que se había hecho una salutación semejante a algún otro -como que conocía perfectamente el concepto de la ley- nunca se hubiese asustado ante ésta como si fuese extranjera.

Lc 1, 30-33
Y el Angel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: he aquí que concebirás en tu seno y parirás un hijo y llamarás su nombre Jesús. Este será grande y se llamará Hijo del Altísimo, y le dará al Señor Dios el trono de David, su Padre: y reinará en la casa de Jacob por siempre, y no tendrá fin su reino". (vv. 30-33)
Beda
Como había visto que la Virgen se había turbado con aquella salutación no acostumbrada, la llama por su nombre, como si la conociese más familiarmente, y le dice que no debe temer. Por ello se añade: "Y el Angel le dijo: No temas, María".
Griego
Como si dijese: No he venido a engañarte, sino más bien a dar la absolución del engaño. No he venido a robarte tu virginidad inviolable, sino a preparar tu seno para el autor y el defensor de la pureza. No soy ministro de la serpiente, sino enviado del que aplasta la serpiente. Vengo a contratar esponsales, no a maquinar asechanzas. Así, pues, no la dejó atormentarse con alarmantes consideraciones, a fin de no ser juzgado como ministro infiel de su negociación.
Crisóstomo
Quien merece gracia delante de Dios, nada tiene que temer; así, prosigue: "Hallaste gracia delante de Dios". ¿Cómo puede encontrar esta gracia cualquiera que sea, sino por medio de la humildad? Pues Dios da la gracia a los humildes ( Stgo 4; 1Pe 5).
Griego
La Virgen encontró gracia delante de Dios porque, adornando su propia alma con el brillo de la pureza, preparó al Señor una habitación agradable. Y no sólo conservó inviolable la virginidad, sino que también custodió su conciencia inmaculada.
Orígenes
Muchos habían encontrado gracia antes que ella; y por lo mismo añade lo que es propio de este caso, diciendo: "He aquí que concebirás en tu seno".
Griego
La palabra "he aquí" denota la prontitud y la presencia, insinuando con dicha palabra que la concepción se había celebrado al punto.
Severo de Antioquía
Dice: "concebirás en tu seno" para demostrar que el Señor toma carne del mismo seno virginal y de nuestra sustancia. Vino, pues, el Verbo Divino a limpiar la naturaleza humana, el parto y el origen de nuestra generación. Por eso, sin pecado y sin concurso de hombre, es concebido en carne y llevado en el vientre nueve meses como nosotros.
San Gregorio Niseno
Y como acontece especialmente que es concebido el Divino Espíritu y ella da a luz al Espíritu de salvación, según anunciara el profeta, el ángel añade: "Y dará a luz un Hijo".
San Ambrosio
No todos son como María, que cuando conciben al Verbo del Espíritu Santo, lo dan a luz. Hay de aquellos que abortan al Verbo antes de dar a luz ( Lc 22), y hay de aquellos que tienen a Cristo en su seno pero que todavía no lo han formado.
San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Domini
Como la expectación del parto infunde temor a las mujeres, el anuncio de un parto dulce apaga esa aprehensión de temor cuando se dice: "Y llamarás su nombre Jesús". La venida del Salvador es el alejamiento de todo temor.
Beda
La palabra Jesús quiere decir Salvador o saludable.
Griego
Dice, pues: "Tú lo llamarás". No el padre, porque carece de padre en cuanto a la generación humana, así como carece de madre respecto de la generación divina.
San Cirilo, de fidei ad Theod
Este nombre fue impuesto de nuevo al Verbo Divino, y convenía a la natividad de su carne, según aquello del Profeta: "Serás llamado con un nombre nuevo, que la boca del Señor te dará" ( Is 62).
Griego
Mas como este nombre le es común con el sucesor de Moisés ( Jos 1), insinuando el ángel que no será semejante a aquél, añade: "Este será grande".
San Ambrosio
Se ha dicho también respecto de San Juan que sería grande. Pero aquél fue grande como hombre y Este es grande como Dios. Porque la virtud de Dios se difunde ampliamente, así como la grandeza de la sustancia no varía con el tiempo.
Orígenes
Considerad, pues, la grandeza del Salvador, cómo se extiende por todo el orbe. Subid a los cielos, y veréis cómo llena los espacios celestes. Bajad con el pensamiento a los abismos y veréis que allí ha descendido también. Y cuando hayáis visto todo esto, comprenderéis también el cumplimiento de estas palabras: "Este será grande".
Griego
Ni la asunción de la carne humilla la grandeza de la divinidad, sino que más bien se sublima la humildad de la carne. Por ello sigue: "Y se llamará Hijo del Altísimo". No eres tú quien le impones el nombre, sino que será llamado. ¿Por quién sino por su Padre consustancial? Nadie conoce al Hijo sino el Padre ( Mt 11,27). Quien tiene conocimiento infalible del Engendrado es el único verdadero intérprete, respecto de la imposición del nombre del Hijo; por quien se dice: "Este es mi hijo muy amado". ( Mt 17,5) Existe desde la eternidad, aunque ahora para nuestra inteligencia se manifiesta su nombre. Y por esto dice "será llamado", no "será hecho" ni "será engendrado", porque ya antes de los siglos era consustancial al Padre. Concebirás, pues, a Este, serás su Madre. Tu vientre virginal contendrá a Aquel que el espacio del cielo no puede contener.
San Juan Crisóstomo
Acaso parecerá a algunos enorme -o indecente- que Dios habite un cuerpo. ¿Mas por ventura el sol, cuyo cuerpo es sensible, mancha su propia pureza a cualquier parte que envíe sus rayos? Pues con mucha más razón el Sol de justicia, tomando un cuerpo purísimo de las entrañas de la Virgen, no sólo no se manchó sino que antes, por el contrario, santificó más a la Madre.
Griego
Y para recordar a la Virgen los profetas, añade: "Y le dará el Señor Dios el trono de David,...". Para que se sepa con claridad que el que había de nacer de Virgen era el mismo Cristo que los profetas prometieron que nacería de la descendencia de David.
San Cirilo, contra Juliano, 8
Sin embargo, el cuerpo purísimo de Jesucristo no procede de José, aunque descendía de la misma línea de parentesco que la Virgen, de la cual el Unigénito del Padre tomó la forma humana.
San Basilio, epistola 2,36
El Señor no se sienta en el trono material de David, puesto que el reino judío había pasado a Herodes. Pero llama trono de David a aquel en que se sienta el Señor para gobernar un reino indisoluble. Por ello sigue: "Y reinará en la casa de Jacob".
Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, 7
Llama aquí casa de Jacob a todos aquéllos del número de los judíos que creyeron en El. Porque como dice San Pablo ( Rom 9,6), no todos los que pertenecen a Israel son israelitas; sino solamente se consideran como pertenecientes a Israel los que son hijos de promisión.
Beda
O llama casa de Jacob a toda la Iglesia. Esta, o bien ha nacido de buena raíz, o bien, siendo un olivo silvestre, fue injerto por medio de la fe en una oliva buena ( Rom 11).
Griego
Sólo Dios puede reinar eternamente. Por esto sucede que aunque se diga que toma el trono de David por la encarnación, en cuanto Dios es reconocido como Rey eterno. Prosigue: "Y su reino no tendrá fin". No sólo en cuanto Dios, sino también en cuanto hombre. Y al presente reina sobre muchos y finalmente reinará sobre todos porque todas las cosas le están sometidas ( 1Cor 15).
Beda
Que deje ya Nestorio de decir que el hombre sólo ha nacido de la Virgen y que éste no ha sido recibido por el Verbo de Dios en unidad de persona. Cuando dice que el mismo que tiene por padre a David será llamado "Hijo del Altísimo", demuestra la unidad de persona de Cristo en dos naturalezas. No emplea el ángel palabras que se refieran al tiempo futuro, como dicen algunos herejes, que creen que Jesucristo no existió antes que María, sino que en una sola persona el Hombre-Dios recibe el nombre de Hijo.

Lc 1, 34-35
dijo María al Angel: "¿Cómo se hará esto, porque no conozco varón?" Y respondiendo el Angel, le dijo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y te hará sombra la virtud del Altísimo. Y por eso el fruto santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios". (vv. 34-35)
San Ambrosio
Ni María debió rehusar de creer al ángel, ni usurpar temerariamente las cosas divinas. Por eso se dice: "Dijo María al ángel: ¿Cómo se hará esto?" Esta respuesta fue más oportuna que la del sacerdote. Esta dice: "¿Cómo se hará esto?" y aquél dijo: "¿Cómo podré saber esto?". Aquél se niega a creer y parece como que busca otro motivo que confirme su fe, éste no duda que debe hacerse, puesto que pregunta cómo se hará. María había leído ( Is 7,14): "He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo" y, por tanto, creyó que iba a suceder. Pero no había oído antes el cómo había de suceder. No se había revelado -ni aun al Profeta- cómo aquéllo se había de llevar a cabo. Tan gran misterio debía ser proclamado, no por la boca de un hombre, sino por la de un ángel.
San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi
Considerad también las palabras de la purísima Virgen. El ángel le anuncia el parto; pero ella insiste en su virginidad creyendo que ésta podría mancharse con sólo el aspecto de un ángel. Por eso dice: "Porque no conozco varón".
San Basilio, epistola 2, 35
El conocimiento se entiende de muchas maneras. Se llama conocimiento la sabiduría de nuestro Señor; también la noticia de su grandeza; el cumplimiento de sus mandatos; los caminos que conducen a El y la unión nupcial, como aquí se entiende.
San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi
Estas palabras de la Virgen son indicio de aquellas que encerraba en el secreto de su inteligencia. Porque si hubiese querido desposarse con José a fin de tener cópula, ¿por qué razón había de admirarse cuando se le hablase de concepción, puesto que esperaría ser madre un día según la ley de la naturaleza? Mas como su cuerpo, ofrecido a Dios como una hostia sagrada, debía conservarse inviolable, dice: "Puesto que no conozco varón". Como diciendo: Aun cuando tú seas un ángel, sin embargo, como no conozco varón, esto parece imposible. ¿Cómo, pues, seré madre si no tengo marido? A José sólo lo conozco como esposo.
Griego
Mas considerad cómo el ángel deshace la duda a la Virgen y le explica su misión inmaculada y el parto inefable. Pues sigue: "El Angel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti,...".
San Juan Crisóstomo, homiliae, in Gen., 49
Como si dijese: No te fijes en el orden natural cuando se trata de cosas que traspasan y superan el orden de la naturaleza. Tú dices: "¿Cómo se hará esto, puesto que no conozco varón?" Pues por lo mismo que no conoces varón sucederá esto, porque si hubieras conocido varón, no serías considerada digna de este misterio. No porque el matrimonio sea malo, sino porque la virginidad es más perfecta. Convenía, pues, que el Señor de todos participase con nosotros en el nacimiento y se distinguiese en él. Tuvo de común entre nosotros el nacer del vientre de una mujer y nos superó naciendo sin que aquélla se uniese a un hombre.
San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi
¡Cuán bienaventurado aquel cuerpo que por la exuberante pureza de la Virgen María se vinculó a sí mismo el don del alma! En cada uno de los demás, apenas el alma sincera conseguirá la presencia del Espíritu Santo; mas ahora la carne resulta ser la mansión del Divino Espíritu.
San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi
El verdadero Legislador fabricó nuevamente de nuestra tierra las tablas de la naturaleza que la culpa había roto, creando -sin unión carnal- el cuerpo que toma su divinidad y que esculpe el dedo divino, a saber, el Espíritu Santo que viene sobre la Virgen.
San Gregorio Niseno, lib. De Vita Moysis
Además: "La virtud del Altísimo te hará sombra". La virtud del Rey altísimo es Cristo, formado en la Virgen por la venida del Espíritu Santo.
San Gregorio Magno, Moralia 10,18
Por las palabras: "Te hará sombra", se significan las dos naturalezas de Dios encarnado. Pues la sombra se hace con la luz y con el cuerpo. El Señor es la luz por su divinidad. Y como la luz incorpórea había de tomar cuerpo en las entrañas de la Virgen, oportunamente se dice que la virtud del Altísimo le haría sombra, esto es, en ti el cuerpo de la humanidad recibirá la luz incorpórea de la divinidad. Se dice también esto a María por el dulce consuelo dado por el cielo.
Beda
No concebirás, pues, en virtud de la obra de un hombre sino que concebirás por virtud del Espíritu Santo, de quien serás llena. No se darán en ti los ardores de la concupiscencia, puesto que el Espíritu Santo te hará sombra.
San Gregorio Niseno, Orat. in diem Nat. Christi
O dice: "Te hará sombra" porque, así como la sombra de un cuerpo toma su forma de lo que está delante de ella, así los signos de la divinidad del Hijo de Dios brillarán con el milagro de su generación. Así como en nosotros se observa cierta virtud vivificante en la materia corpórea con la que se forma el hombre, así en la Virgen, la virtud del Altísimo, por medio del Espíritu Santo vivificante, tomó de un cuerpo virginal materia de carne inherente al cuerpo para formar un hombre nuevo. Por lo cual sigue: "Por eso, lo que nacerá de ti,...".
San Atanasio, Epistola at Epictetum
Profesamos que el cuerpo tomado de la materia de la naturaleza humana existe verdaderamente; y que es el mismo -según la naturaleza- que nuestro cuerpo. María es, pues, nuestra hermana, puesto que todos descendemos de Adán.
San Basilio, lib.de Spiritu Sancto, 5
De donde San Pablo dice: Envió Dios a su Hijo nacido, no por medio de una mujer, sino de mujer ( Gál 4,4). Porque si dijese que por medio de una mujer, podía entenderse que se refería a un concepto transitorio de natividad. Pero como dice que nació de mujer, manifiesta la comunidad de la naturaleza del Engendrado respecto de la Madre.
San Gregorio Magno, Moralia 18, 34
A diferencia de nuestra santidad, se asegura singularmente que Jesucristo nacerá Santo. Pues nosotros, aunque nos hagamos santos, no nacemos tales, sino constreñidos por la condición de una naturaleza culpable, pudiendo decir con el profeta: "He aquí que he sido concebido en pecado,..." ( Sal 50). Aquél verdaderamente ha nacido el sólo Santo, que no ha sido concebido de unión carnal alguna; que no -como neciamente creen los herejes- es uno en la humanidad y otro en la divinidad de modo que siendo un simple hombre concebido, luego Dios hubiera asumido su cuerpo. Sino que, anunciando el ángel y viniendo el Espíritu Santo, Verbo al punto en el seno, es decir, al instante es Verbo carne dentro del vientre; de donde sigue: "Será llamado,...".
Teofilacto
Considerad cómo el ángel menciona a la Virgen toda la Santa Trinidad. Nombra al Espíritu Santo, el Poder, esto es al Hijo y al Altísimo, ciertamente el Padre.

Lc 1, 36-38
"Y he aquí que Isabel, tu pariente, también ella ha concebido un hijo en su vejez. Este es el sexto mes a ella, que es llamada la estéril, porque no hay cosa imposible para Dios". Y dijo María: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". Y se retiró el Angel de ella. (vv. 36-38)
San Juan Crisóstomo, homiliae in Gen., 49
Como lo que se ha dicho superaba a lo que la Virgen podía comprender, el ángel habló de cosas humildes, para persuadirla por medio de cosas sensibles, y por ello le dice: "Y he aquí que Isabel, tu parienta". Observa la prudencia de Gabriel. No le recuerda a Sara, ni a Rebeca, ni a Raquel, porque estos ejemplos eran ya antiguos, sino que cita un hecho reciente para robustecer su inteligencia. Y por esto hace mención de la edad, cuando dice: "También ella ha concebido un hijo en su vejez", dando a entender su incapacidad natural. Prosigue: "Y está en el sexto mes". No anunció desde el principio el embarazo de Isabel, sino después de transcurridos seis meses, a fin de que la hinchazón del vientre sirviese de prueba.
San Gregorio Nacianceno, carm. de gen. Christi, 18
Pero alguno preguntará: ¿En qué sentido se refiere Jesucristo a David? María, en efecto, desciende de la sangre de Aarón, porque el ángel dice que es prima de Isabel. Mas esto sucedió por disposición divina, para que la estirpe regia se enlazase con la descendencia sacerdotal, a fin de que Cristo, que es Rey y Sacerdote a la vez, naciese de las dos, según la carne. Se lee también en el Exodo ( Ex 6,13), que Aarón, primer sacerdote según la ley, se casó con Isabel, de la tribu de Judá, hija de Aminadab. Y admiremos la economía santísima del Espíritu Santo cuando ordena que la esposa de Zacarías se llame Isabel, recordándonos aquella otra Isabel que se casó con Aarón.
Beda
Así pues, recibe el ejemplo de la anciana estéril no porque haya desconfiado de que una virgen pueda dar a luz, sino para que comprenda que para Dios todo es posible, aun cuando parezca contrario al orden de la naturaleza. Por esto sigue: "Porque no hay cosa alguna imposible para Dios".
San Juan Crisóstomo
Pues como El es el Señor de la naturaleza, puede todo lo que quiere, puesto que hace y dispone todas las cosas gobernando las riendas de la vida y de la muerte.
San Agustín, contra Faustum, 26,5
Si alguno dice: si Dios es omnipotente, que haga que no suceda lo que ya ha sucedido, no se da cuenta que lo que está diciendo es: que haga que aquellas cosas que son verdaderas, sean verdaderas y falsas a la vez. El puede hacer que no exista algo que antes existía, como cuando alguno que empieza a existir cuando nace, deja de existir muriendo. Pero ¿quién dirá: que haga que no sea aquello que ya no existe? Pues, todo lo que ha pasado, ya no existe. Si puede hacerse algo de ello, aún hay materia de la cual puede hacerse. Y si hay materia, ¿cómo puede decirse que ya ha pasado? Así, aquello que dijimos que ha sido, en realidad no es. Pero es verdad aquello que ha sido, porque lo verdadero no está en la cosa que ya no es, sino en nuestra sentencia sobre ella. Dios no puede hacer que esta sentencia sea falsa. No llamamos a Dios omnipotente en este sentido, según el cual creamos que El también puede morir. Aquél se llama con toda propiedad el sólo Omnipotente que verdaderamente existe y de quien únicamente procede todo lo que es.
San Ambrosio
Ved la humildad de la Virgen, ved su devoción. Prosigue, pues: "Y dijo María: He aquí la sierva del Señor". Se llama sierva la que es elegida como Madre, y no se enorgullece con una promesa tan inesperada. Porque la que había de dar a luz al manso y al humilde, debió ella misma manifestarse humilde. Llamándose también a sí misma sierva, no se apropió la prerrogativa de una gracia tan especial, porque hacía lo que se le mandaba. Por ello sigue: "Hágase en mí según tu palabra". Tienes el obsequio, ves el voto. "He aquí la sierva del Señor", es su disposición a cumplir con su oficio. "Hágase en mí según tu palabra", es el deseo que concibe.
Eusebio
Cada uno celebrará a su manera las palabras de la Virgen. El uno admirará su constancia, el otro la prontitud de su obediencia; éste que no se dejó seducir por las promesas de un arcángel, espléndidas y sublimes; el otro que no ha excedido la medida en su resistencia, sino que ha evitado igualmente la ligereza de Eva y la obstinación de Zacarías. Yo no admiro menos lo profundo de su humildad.
San Gregorio, Moralia 18, 34
Por un misterio profundo, a causa de su concepción santa y su parto inefable, la misma Virgen fue Sierva del Señor y Madre, según la verdad de las dos naturalezas.
Beda
Recibido el consentimiento de la Virgen, el ángel regresó inmediatamente al cielo, de donde prosigue: "Y el ángel se separó de ella".
Eusebio
No sólo pidiendo lo que deseaba, sino admirándose estupefacto de la forma virginal y de la plenitud de la virtud.


Vigésimo Tercer aniversario luctuoso de Mons. Marcel Lefebvre


29 de noviembre de 1905 - 25 de marzo de 1991

Mons. Marcel Lefebvre, Rogad a DIOS por nosotros.

domingo, 23 de marzo de 2014

TERCER DOMINGO DE CUARESMA



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Escuchamos en el relato del Evangelio la curación del endemoniado mudo y cómo conculcan los judíos las buenas obras de nuestro Señor.

Así como el demonio siempre impugna la verdad y la contradice, quiere destruir las buenas obras. Y nuestro Señor, que lee sus corazones, les dice cómo le adjudican al demonio14, “Diciendo que lanzó los demonios en virtud de Belcebú; entonces vuestros hijos, ¿por virtud de quién los lanzan?”. “Si Satanás está también dividido contra sí mismo, cómo subsistirá su reino? Mas si con el dedo de Dios lanzó los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado ya a vosotros”; pero los judíos, en lugar de convertirse no creen.

Ese es el misterio en el orden religioso, en el espiritual, no hay fuerza que valga, ni aun la divina para obligar a una criatura libre a que crea y ame a Dios; por eso es un gran error en el orden espiritual querer imponer la conversión, la fe, la religión, el amor a Dios, violentando lo que ni Dios violenta, la libertad de cada hombre y que de acuerdo a su respuesta se condena o se salva. Sobre ello lo máximo que se puede hacer es informar, dar el buen ejemplo, ayudar, instruir, pero no se puede más, porque ni aun Dios hace más, porque no quiere violentar la libertad; Él quiere que le respondamos libremente y el amor no se obliga. Sería como si un hombre pretendiera que su novia lo quiera a la fuerza; tonto seria, porque un hombre que se da cuenta de eso, lo que tiene que hacer es dejarla; mucho peor lo que ocurre en el orden espiritual y es un gran misterio, lo más que se puede hacer es rezar para que aquella alma se convierta.

Los judíos no oyen la palabra de Dios; para tener la fe hay que engendrar esa palabra oída, engendrar en el alma esa palabra de Dios, algo parecido como el Padre engendra al Verbo, la Segunda Persona, su pensamiento, y por eso la fe entra por el oído, aunque no queda en él, va al corazón para que allí se fecunde en ese Verbo y produzca la fe en nosotros bajo la gracia del Espíritu Santo.

Como vemos, esa es una obra divina pero que no se efectúa sin el libre consentimiento y aceptación de cada uno. Misterio del pueblo judío que no quiso, se obstinó en no aceptar la palabra de Dios y por eso a cada paso impugnan a nuestro Señor sus actos y Él les demuestra que es absurdo que le digan que en el nombre de Belcebú Él echa a Satanás; peor aún, para implantar el reino del demonio, porque si él echa en el nombre de Satanás qué contradicción, y si un demonio está contra otro, dividido, cómo va a instaurar un reino que por sí mismo se destruiría; Satanás no va a echarse a sí mismo en su propio nombre; entonces el reino de Dios habría venido. De otra parte una mujer le grita: “Bienaventurados los pechos que te amamantaron” y nuestro Señor queriendo hacer prevalecer la fe le responde que: “Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la practican”.

Nuestra Señora, que dio a luz a nuestro Señor, antes de ser la Madre dio su sí, su fiat; creyó, tuvo fe, y practicó la palabra de Dios y de un modo sublime; o sea, que aun el hecho físico de ser Madre pasa primero por la fe y por eso vale mucho más oír la palabra de Dios y practicarla que haberle dado a luz.

Esa oportunidad la tenemos todos; desafortunadamente no lo tomamos en cuenta, no oímos, no practicamos la palabra de Dios, no la guardamos, vivimos de la palabrería del hombre y Dios sabe si vivimos del engaño, de lo efímero y después nos quejamos porque estamos vacíos. Pero cómo no vamos así si no vivimos de la palabra de Dios, del Verbo de Dios, de nuestro Señor Jesucristo; de allí la necesidad de escudriñar las Escrituras, de oír la palabra de Dios y de practicarla. Que ésta sea nuestra lectura y nuestra vida espiritual, el fundamento de nuestra oración y que así podamos perseverar hoy que la fe es socavada, destruida, adulterada. Lo mismo que los alimentos no corresponden a la sustancia de la cual se originan con toda esa industrialización que degenera su naturaleza, y de allí las consecuencias de tantas enfermedades degenerativas como el cáncer, entre otras, porque falta la naturalidad que está viciada, adulterada, pues igual y mucho peor pasa en el orden sobrenatural: está viciado el alimento espiritual de la palabra, el sacrificio de la Misa, los sacramentos.

Todo está siendo adulterado en la sustancia con una apariencia de religión pero que es hueca, vacía y por eso no convierte a nadie y al que convierte lo lleva al error, a la confusión, en la que viven todos aquellos que se dicen católicos, pero que son en el fondo modernistas; muchos son herejes sin darse cuenta, objetivamente impíos, aunque subjetivamente no se percaten de ello. Todo ello por la adulteración de la palabra de Dios, del Espíritu de Dios y eso por un misterio de iniquidad, por obra y gracia de la misma jerarquía de la Iglesia.

Es el gran misterio del que habla San Pablo; sólo así se explica la apostasía que él anuncia. Si no fuera por vía de autoridad desnaturalizada, desviada, pervertida, corrompida, no se podría llegar a tanto, no podría haber una apostasía universal; solamente un poder universal puede generar efectos universales. En el mundo hay solamente dos poderes generales, el poder de la Iglesia católica basado en nuestro Señor Jesucristo y el poder de la sinagoga de Satanás, del judaísmo, apoyado en el príncipe de este mundo.

Esa ha sido la lucha a lo largo de toda la Historia de la humanidad y de la Iglesia y ese poder judaico y satánico ha penetrado en la Iglesia por la debilidad y la cobardía de los sus hombres, que para poder tener esa potestad y respaldo se valió de un Concilio ecuménico como el Vaticano II, para lograr el amparo, para taparle la boca a la gente, cuando en realidad veremos, si no en esta tierra, en el juicio universal que ese Concilio ha sido un mero conciliábulo desprovisto de infalibilidad, de la verdad. Y por vía de autoridad se impone el error, la adulteración. Así logra la sinagoga de Satanás entronizarse dentro de la misma Iglesia; por eso Pablo VI llegó a decir, como la burra de Balaam que también profetizó, “que el humo de Satanás había penetrado en la Iglesia”. Pablo VI gran culpable, porque Juan XXIII no llegó a formalizar nada, tuvo la culpa pero no legalizó el error hasta que su sucesor rubricó, como Sumo Pontífice, esas actas que algún día tendrán que ser condenadas.

El mismo Pablo VI, hombre turbio, siniestro, se despoja de la tiara en beneficio de los pobres, como si no hubiera otra cosa qué vender y ayudar. Aparece con el efod, o pectoral, rectángulo con doce piedras, que simbolizan las doce tribus de Israel, que es el atuendo del Sumo Pontífice de la sinagoga y de eso hay fotos, por lo que se sospecha que Pablo VI era judío, de lo cual no habría que extrañarse.

Y no sólo de él, pues se sabe que la madre de Juan Pablo II era judía, de apellido judío, y aunque no lo fuera, hay un libro intitulado “El Papa oculto” escrito por un británico, en el cual muestra, con sus respectivas fotos, que el mejor amigo de Juan Pablo II era un judío, y que ambos fueron los que en 1994, si no recuerdo mal, reconocieron el Estado de Israel; son hechos, todos los amigos de la infancia de Juan Pablo II eran judíos, luego no tenemos porqué sorprendemos que se favorezca al judaísmo y se oprima al catolicismo.

Es necesario, por tanto, que haya católicos valientes para que denuncien al mundo públicamente lo que está pasando, y rezar, pedir mucho a Dios, porque la Iglesia está siendo oprimida por el dragón, por la serpiente y no hay nadie que como San Jorge le corte la cabeza.

No olvidemos durante esta Cuaresma, además de pedir por la Iglesia, hacerlo también por las intenciones particulares de la capilla que se está construyendo, para que Dios provea las necesidades y no se detenga la obra, si es que es de Él, porque si no lo es tampoco se culminará y si no se puede ayudar económicamente por lo menos pedir a Dios que mande la ayuda de aquellos que puedan. No debemos dejar de hacer sacrificios con motivo de la Cuaresma y para que la capilla que tenga buen término.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude y fortifique para poder perseverar en la verdad. +

Padre Basilio Méramo.
3 de marzo de 2002

domingo, 16 de marzo de 2014

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Nos acercamos cada vez más a la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y después a su resurrección, por lo cual la Iglesia quiere que nos preparemos santamente a través de toda la Cuaresma para que así mismo podamos festejar su gloriosa resurrección.

En el Evangelio de hoy se nos relata la transfiguración de nuestro Señor ante los tres apóstoles preferidos. Habiéndoles anunciado ya su Pasión, no quería dejarlos apesadumbrados; decide entonces de algún modo mostrarles, no a todos sino a los más cercanos, a los preferidos, su gloria; para que en el momento de los hechos tuviesen un apoyo y no sucumbiesen por el pesar, por el dolor, y que a la vez pudieran sostener a los demás apóstoles y discípulos. Podemos preguntarnos ¿por qué elige a Pedro, a Santiago y a Juan? A San Pedro lo elige porque era el discípulo que más amaba a nuestro Señor, por eso también fue elegido como la piedra, el fundamento de la Iglesia, como Sumo Pontífice. A Santiago lo eligió por su valor, por eso nuestro Señor dijo de él que era hijo del trueno. Y a San Juan porque era el discípulo virgen al que nuestro Señor por eso mismo más amaba, por su pureza, por su inocencia.

De todos modos lo importante es ver cómo se transfigura nuestro Señor. ¿En qué consiste esa transfiguración? Simplemente en dejar relucir su divinidad relumbrante con todo el poder en su cuerpo, tal como debió ser desde el primer instante de su Encarnación, un cuerpo glorioso, resplandeciente, luminoso; pero que nuestro Señor justamente, por querer sufrir y morir en la Cruz, reprimió la resplandescencia de su divinidad en la naturaleza humana, en su cuerpo, para hacerlo pasible, susceptible de sufrimiento, de sacrificio y de muerte. De lo contrario, no hubiera habido pasión, ni Cruz, no hubiera habido muerte. Justamente en eso consiste su anonadamiento, en que  se hizo nada.

No es como mal interpretan la mayoría de teólogos y exégetas, para quienes el hecho de la Encarnación era rebajarse; eso es un error. La Encarnación no es un minimizarse, sino una expansión del poder omnipotente de la divinidad, capaz de asumir la naturaleza humana. No consiste el mermarse en asumir la naturaleza humana, eso demuestra precisamente el poder de Dios. Por eso digo que teológica y exegéticamente es una equivocación, aunque no hayan caído en cuenta; de allí también los protestantes hacen su herética teología.

Nuestro Señor no se niega haciéndose hombre, no hay una dialéctica del ser y del no ser y la síntesis, esa es la famosa y revolucionaria retórica hegeliana que crea la contraposición para llegar al ser. Así no actúa Dios sino muy al contrario: la divinidad en todo su poder omnipotente tiene esa capacidad de asumir una naturaleza y sustentarla con su ser divino; y más aún, eso lo podía haber hecho cualquier persona de la Santísima Trinidad, pero la Divina Sabiduría estimó que fuese el Hijo quien se Encarnara y no las otras dos personas que son el Padre y el Espíritu Santo, que aunque pudieron muy bien encarnarse no lo hicieron por cierta conveniencia. (Tema que da lugar a otra larga explicación y que en este momento desviaría la atención).

Pues bien, nuestro Señor para poder remediar como criatura humano, tenía que tomar una naturaleza que no gozara e irradiara en el cuerpo esa divinidad y lo hiciera glorioso y por eso se anonadó, para poder morir y sufrir por nosotros y que se operara la obra de la redención y de la salvación de las almas derramando Él su sangre. Él siendo verdadero Dios también era verdadero hombre y como hombre quería tributar a Dios Padre y a la Santísima Trinidad lo máximo que se le puede como criatura tributar a Dios: el sacrificio de sí mismo. Por eso el sacrificio de nuestro Señor es en primer lugar ofrecido al Padre y a la Santísima Trinidad; ese es el obsequio que hace el alma de nuestro Señor como hombre al Dios Padre.

Es un misterio y como tal es difícil de explicar; pero si alguna aclaración cabe es ésta; aunque no agota el tema, nos ayuda a comprender el significado del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Y así Él les manifiesta a estos tres discípulos preferidos esa gloria que su humanidad, que su cuerpo debía tener desde el primer instante de su Encarnación y que tendría después de la resurrección.

Esa glorificación de los cuerpos también es la que Dios de algún modo nos participará y promete para aquellos que resuciten en su gracia, para que resucitemos a semejanza, no igual, pero sí a similitud del cuerpo glorificado de nuestro Señor en cuerpos celestes, mientras que los condenados resucitarán en cuerpo de miseria, no de bianventuranza y por eso sufrirán eternamente las penas del infierno.  
El infierno, heréticamente, ha sido negado por Juan Pablo II
. Es lamentable que un Papa de la Iglesia católica lo niegue; es uno más de sus graves hechos. Es doloroso meter el dedo en la llaga, en la herida, pero es necesario con tal de estar despiertos y vigilantes ya que se duerme en la calma y la anemia espiritual. Si se tuviese un poco más de fe el grito llegaría al cielo. Digo nuevamente: es una desgracia de la hora presente que no haya obispos a la altura, que como una voz que clama en el desierto afirmen los dogmas de fe que hoy se niegan; eso es lamentable, pero cierto,  aun en los obispos de la Tradición falta garra, empuje.

Hay que rezar para que los haya así, por lo menos uno que con mitra y báculo en mano afirme ante Dios y la opinión pública las cosas como son; porque es una vergüenza que se conculque públicamente la doctrina católica y no haya un doctor en la fe que lo señale, pues toca a los obispos esta responsabilidad, este deber, del cual adolecen, y falta también un castigo para nosotros, por nuestra parsimonia, despreocupación, flojedad. No estamos viviendo a la altura de los acontecimientos; queremos ser católicos pero alcanzamos apenas la apariencia, el nombre, y eso Dios no lo quiere. Dios quiere católicos en sentido pleno porque a los mediocres los desecha, y esos forman multitud; quiere, aunque sea un pequeño rebaño, que sea fiel. Dios no quiere uno adormilado; quiere pocos, pero buenos.

Es suficiente lo que ha pasado para seguir profesando un catolicismo mediocre; dejemos de ser católicos tradicionalistas comodones, porque esta vida es una lucha, un combate entre Dios y Satanás en la cual no hay democracia que valga, no hay descanso; es una lucha titánica hasta la muerte porque es una lucha espiritual.

Que no nos dejemos arrollar por el mundo que corrompe a cada instante; ya no pongamos una vela a Dios y otra al diablo; seamos consecuentes. Por eso quizás los obispos, aunque se mantengan en la verdad, no dan la talla que exige esta batalla; les falta el vigor, la fuerza y toda la doctrina y el peso de la verdad que sostenga al pequeño rebaño disperso por el mundo. Esa es la verdadera Iglesia católica, el pequeño grupo, el pusillus grex disperso por el mundo del que habla San Lucas, porque la Iglesia oficial ha caído en la apostasía, y se reviste de catolicidad, pero es sólo apariencia, es un disfraz.

Tan graves son los sucesos que el único obispo que se mantuvo firme y al pie, al lado de monseñor Lefebvre, fue monseñor Antonio de Castro Mayer, pero ahora seducidos por la Roma modernista sus discípulos han claudicado, aunque ellos así no lo reconozcan. Cuando se hacen pactos con el enemigo se transige, y si el enemigo en última instancia es Satanás, qué pacto puede haber. La fe no es cuestión de alianzas, concordatos, ni diálogos; es asunto de adhesión, aceptación o rechazo; no hay más, no hay término medio, “Conmigo o contra mí”, dijo nuestro Señor y “El que no está conmigo está contra mí”. No hay más, blanco o negro, sí o no y lo demás son superficialidades y engaños, sutilezas del demonio para enredarnos en el error, cuando está en juego la fe.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, evocar esa gloria de la transfiguración de nuestro Señor en la hora presente de crisis para no sucumbir ante el dolor y el peso de la pasión de la Iglesia. Para seguir creyendo en la Iglesia a pesar de los curas y del Papa, por aquello de que, “No todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos” y no todo el que diga “soy Papa, soy Papa” lo es. La Iglesia ha padecido a más de cuarenta antipapas y para los últimos tiempos está profetizado que habrá algún otro. No está entonces por demás tenerlo presente.

¿Quién es el falso profeta del Apocalipsis con dos cuernos que semejan al cordero pero cuya boca habla como el dragón y que está al servicio de la bestia del mar? Los dos cuernos son la mitra y, si es parecido al cordero, quién más que un obispo; y si de obispos se trata, bien podría ser el obispo de Roma, el Papa. Satanás no es tonto, no va a buscar a cualquier obispo, apunta a la cabeza. El antiguo exorcismo de León XIII, que hoy se suprimió, dice que la Santa Sede será asediada porque el demonio querrá instalar allí su trono. Luego, no es para extrañarse o escandalizarse al oír hablar de la posibilidad de un antipapa porque es doctrina e historia de la Iglesia; que no haya sacerdotes que lo digan por ignorancia, miedo o cualquier otro motivo es otro asunto; no es correcto desinformar a los fieles, hay que tenerlos muy bien advertidos, porque nuestra fe en la Iglesia es una fe de luz, de sabiduría, no es ni de tontería, ni de estupidez, ni de oscurantismo y la luz de la verdad todo lo ilumina aunque no todo lo entendamos.


Pidamos a nuestra Señora esa luz de la fe para permanecer íntegros y puros en ese dogma virginal y así poder salvarnos. +

P. BASILIO MERAMO
   24 de Febrero de 2002

domingo, 9 de marzo de 2014

Primer Domingo de Cuaresma


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Nos encontramos en este primer domingo de Cuaresma que nos prepara de un modo intenso a la fiesta de la Pascua y esa fiesta tiene durante todo este tiempo, esa preparación espiritual a través del ayuno, la mortificación, la penitencia, la oración, la limosna. Para que dejemos nuestros malos hábitos, que se convierten en vicios y en cambio adquiramos la virtud, que son los hábitos buenos; que dejemos todo lo malo a lo cual la misma naturaleza nos inclina, haciéndonos agradable y fascinante lo malo, y desagradable y rechazable lo arduo, lo difícil, que es lo bueno. Tengamos en consideración esto para que nos preparemos santamente durante toda la Cuaresma y podamos disponer nuestras almas para festejar espiritualmente la Resurrección de nuestro Señor, la Pascua.

En este domingo el Evangelio nos relata la tentación que hace Satanás, el demonio, a nuestro Señor en el desierto, después de haber ayunado durante cuarenta días y cuarenta noches. Esa penitencia ancestral que se practicaba antaño, Moisés lo hizo y esa tradición se ha ido perdiendo, pero todavía los paganos conservan ese recuerdo y más aún, Mahoma instituyó el Ramadán justamente basado en esta costumbre, con lo cual vemos cómo los católicos nos hemos alejado tanto del espíritu de abstinencia; y se nos hace como algo imposible, cuando eso era del orden natural; claro está que ofrecido por Dios y para Dios, cobra un valor sobrenatural.

No nos extrañe que los faquires o cualquiera de esos que no tienen fe practiquen o tengan esa sabiduría natural de estos ayunos que eran, además, un medio de curación de muchas enfermedades que hoy parecen incurables, pero que son producidas por el exceso de la comida que va quedando y de la que necesitan purificarse el cuerpo y la sangre y se manifiesta a través de múltiples males que serían corregidos o atenuados con este santo ayuno.

El demonio aprovecha la ocasión para tentar a nuestro Señor en el desierto en el momento más crucial, después de esos cuarenta días de ayuno cuando su cuerpo se encontraba debilitado al máximo; esa es la ocasión que aprovecha Satanás para quitarse la duda que le carcomía las entrañas por saber si era o no el Hijo de Dios, si era el Mesías, duda que tenía, porque él no es ningún tonto ni bobo, conoce bien las Escrituras. Había visto la adoración de los pastores, la de los tres reyes magos, también en el bautismo de San Juan, cómo Dios lo nombra como su Hijo bien amado. Pero, sin embargo, él no podía creer, no podía tener fe, porque es un espíritu condenado y allí no cabe la fe, puede caber la conjetura y él podía concluir por los hechos que veía, que era Dios, pero no podía creer que era Dios, y eso originaba una gran duda que le impedía tener la certeza de que sus conclusiones o sospechas fueran o no ciertas.

Ese fue el motivo por el cual se aventura a tentar a nuestro Señor, para descubrir a través de ella si era o no Dios y por eso, en la primera tentación, que parece muy connatural y muy humana, le ofrece de comer: “Si tienes hambre di a estas piedras que se conviertan en panes”, milagro que solamente puede hacer Dios; y entonces éste le podría manifestar al Demonio que nuestro Señor era Dios, y Él le responde con palabras de la Escritura: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios”. Lo vence con la palabra de Dios, no con el pan que nutre al hambriento, sino con su palabra que nutre el alma del que desea a Dios; lo vence con la fe.

Al demonio hay que vencerlo con la palabra de Dios, con el nombre de Dios, con la fe en Dios, y no con el pan de este mundo. No pudiendo el Demonio saciar su curiosidad, atrevidamente lo coge y lleva al pináculo del templo, osa levantarlo en brazos, si así pudiéramos decir, porque un espíritu como el ángel no tiene brazos pero sí la potencia de mover las cosas y desde allí le dice: “Escrito está, si te tiras desde aquí arriba hacia abajo los ángeles no dejarán que tus pies tropiecen contra las piedras”. Conocía bien las Escrituras y en nombre de las ellas le tienta.

Así nos inducen los protestantes en nombre de las Escrituras falsamente interpretadas y manipuladas, como hace todo vano profeta, todo falso predicador, manipular las Escrituras. Y nuestro Señor, ni lerdo ni perezoso le responde también: “Escrito está, no tentarás al Señor tu Dios”; porque no hay que tentar a Dios con absurdos milagros, o pidiéndoselos imprudentemente, “si yo hago tal cosa, Dios tiene que ayudarme”, “si yo hago tal otra, Dios tiene que socorrerme”; no señor, no hay que tentar a Dios. Él me va a socorrer y ayudar siempre que no sea imprudente, porque si me pongo al borde del precipicio a mirar para abajo y digo: si me caigo, Dios me salva, eso es tentar a Dios, exigirle algo fuera de lo establecido; por eso, le responde nuestro Señor: “No tentarás al Señor tu Dios”.

Esas tentaciones son pecado, Ahí está el pecado, tentarle. Cuando no nos esforzamos en hacer bien las cosas y aun haciéndolas bien sabemos que pueden resultar bien o mal, porque esa es la condición humana en este mundo, aunque sí pedirle a Dios que nos ayude, pero después de habernos dispuesto prudentemente, y así y todo no por una obligación, un derecho, una exigencia. ¿Por qué se murió tal niño inocente? ¿Por qué las personas sufren, acaso Dios no ayuda?

Son todas tentaciones que el Demonio utilizó en el segundo intento con nuestro Señor, y que las vemos a diario. Sintiéndose derrotado Satanás y viendo ya que no podía sacarle a nuestro Señor aquello que quería, tiene la idea diabólica y perversa de volverlo a tomar y llevarlo a un monte alto y prodigarle todas las riquezas y tesoros del mundo. Según San Agustín, el mundo está regido por Satanás, porque él era uno de los ángeles de Dios, al cual Dios encomendó el gobierno del universo o por lo menos de esta Tierra o de esta galaxia. Él es el príncipe natural del mundo, el que lo gobierna y podía decir con propiedad, sin engaño que este mundo le pertenecía en cierto modo ya que él lo regía, cosa que no podemos olvidar. Por eso al católico debe importarle un comino la gloria de este mundo gobernado por Satanás; debe sí importarle la gloria de Dios, porque no vivimos para este mundo ni por su reino. No lo olvidemos.

Entonces Satanás le pide que le adore; ese atrevimiento de la criatura espiritual caída queriéndose hacer honrar y adorar como si fuese Dios; el pecado de soberbia de los ángeles malditos. Esa presunción que está detrás de cada pecado; ese orgullo que al fin y al cabo impide que adoremos y amemos de todo corazón a Dios, pero sí hace que nos amemos a nosotros mismos y por eso nos condenamos al igual que Satanás, porque nos ponemos en el lugar de Dios, nos erigimos en dioses, gran pecado de arrogancia, en el grado último de lo diabólico, aunque a veces sin darnos cuenta. Por eso San Agustín decía que hay dos amores: del desprecio de sí mismo hasta al aprecio y al amor de Dios, y el amor hacia sí mismo hasta hacia el desprecio y el odio de Dios. Esas son las dos grandes constantes en las que vivimos y de las cuales muchas veces no nos percatamos.

Todo pecado mortal es muy grave y uno solo es suficiente para llevarnos al infierno, porque en definitiva lo que nos hace pecar es ese amor hacia nosotros mismos que nos lleva al desprecio de Dios. Péquese de lo que se peque, lujuria o lo que fuera, pero ahí está el amor de sí mismo que lleva a despreciar a Dios. Nuestro Señor está ante esa osadía satánica, diabólica, perversa del demonio de querer ser adorado como si fuese Dios, ya que no había conseguido saber si era o no el Mesías; entonces quiere hacerse adorar por aquella criatura, aunque fuera para satisfacer su diabólico orgullo. Nuestro Señor le responde con las Escrituras: “Sólo a tu Dios adorarás y a Él sólo servirás”, y Satanás desaparece derrotado y sin poder salirse con la suya. Vienen entonces los ángeles y le dan alimento a nuestro Señor. O sea que lo mismo que el demonio le había propuesto, lo traen los ángeles del cielo, lo mismo que el diablo nos propone para que caigamos, Dios nos lo da.

Eso de querer ser dioses, Dios nos lo da por la gracia, por una participación; nos asemeja a Él comunicándonos la gracia, la visión beatífica que tendremos después como premio; nos eleva a ese endiosamiento sin dejar de ser criaturas y sin ser Dios pero sí nos hace de algún modo dioses, pero a través de los caminos de Dios y no de los caminos nuestros. Toda tentación tiene una cierta connaturalidad y fascina, porque hay algo de verdad, pero una verdad mal planteada, mal propuesta; el demonio es astuto, y por eso tenemos que conocer esa sgacidad y esa malicia para derrotarlo con fe y con inteligencia y no caer como lo hizo Eva y con ella Adán.

Vemos cómo ha sido derrotado el demonio y nuestro Señor nos lo muestra. Pero esas tres tentaciones que sufrió nuestro Señor y que le propinó el demonio, le serán y nos serán propuestas, le serán propuestas a la Iglesia, al Cuerpo Místico de Cristo para que caigan sus ministros en esa prueba; si nosotros hacemos un paralelo y miramos lo que ha acontecido después del Concilio Vaticano II, vemos cómo se ha caído en las dos primeras tentaciones y estamos a punto de que se caiga en la tercera.

La primera, convertir las piedras en pan para dar de comer a los pobres, procurar los bienes y riquezas de este mundo, la economía del mundo. ¿Acaso no se ha hecho así? Pablo VI vendió su tiara, símbolo del poder papal para dar de comer con eso a los pobres destronándose simbólicamente, despojando a la Iglesia, preocupada por el hambriento, cuando nuestro Señor nos dice que no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra de Dios. Olvida el clero la palabra de Dios preocupado por la economía del mundo, y si no ¿por qué hay curas que se hacen guerrilleros, o alcaldes, o lo que fuera? Es una realidad, los ministros de hoy en su mayoría han caído en la primera tentación, procurar los bienes de la tierra, dándole el pan al hambriento pero olvidándose de la palabra de Dios, de la fe, eso es un hecho.

La segunda tentación: tírate hacia abajo; total, si eres divino, nada te pasará. La Iglesia lanzada al abismo; pues si es divina no sucumbirá. Y ¿no se ha tirado al abismo la Iglesia destronando a nuestro Señor del centro del altar para confinarlo a un rincón? Lanzando las imágenes, las estatuas, como los peores iconoclastas, peores que Lutero, vaciando la Iglesia; total, si es divina nada le pasará. Despójese de todo lo que es honroso para Dios, de los ornamentos y de las cosas más preciosas para Él; ya no hay necesidad de eso ¿para qué? Vaciada la Iglesia; total, si es divina, qué importa, nada le pasará; ¿ha incurrido en esa tentación? Pues claro que sí, mis estimados hermanos, ha caído y recaído. La segunda tentación es un hecho, está vaciada la Iglesia, despojada de todo aquello que simbolizaba, que significaba su divinidad y la mayor gloria de Dios.

Y por eso el ultraje al culto, a la Santa Misa y a todo lo que era de orden sacro y que tenía un gran esplendor en su manifestación. Quítense las sotanas, los hábitos; total, si son puros y son religiosos ¿qué va a pasar?, nada; tírense abajo y ¿no lo han hecho los sacerdotes? ¿cuál sacerdote anda con sotana? Y las monjas, que andan con su vestido, poco les falta para que anden con minifalda. Quítense los hábitos, y eso las que vemos vestidas, cuántas no habrá que no van vestidas. Quizás en Colombia no sea el caso, pero en Europa a ver si uno ve una religiosa vestida de monja por la calle y si la ve es colombiana o chilena que anda por ahí dando vueltas en Roma. ¿No es eso tirarse desde el pináculo del templo? Exactamente lo mismo.

Y la tercera y gran tentación en la que estamos a punto de sucumbir, es adorando a Satanás a través del culto del hombre, a través de todas las religiones reunidas en el nombre de Dios. ¿De cuál dios? El dios de los ateos, de los judíos, de los musulmanes, de los budistas, de los animistas. Ese no es el Dios Uno y Trino de la Revelación; no es el Dios de la fe, el Dios verdadero. ¿Eso no es ya adorar a Satanás? Pues claro que sí, por eso es abominable ese acto de Asís repetido; es odioso a los ojos de la fe y es un deber repudiarlo públicamente y preguntarse con qué autoridad la jerarquía actual realiza esos actos, porque no es con la autoridad del Dios Uno y verdadero sino con la autoridad del poder que le dará Satanás al Anticristo.

No me cansaré de repetir mil veces esa gran advertencia de nuestra Señora en La Salette: “Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo”; el demonio va hasta allá; se quiso hacer adorar por Cristo y ¿no lo va a querer lograr con todos nosotros? Pero, lógico que sí; tonto e ingenuo sería pensar otra cosa ; por eso nuestro Señor nos deja esa triple advertencia como ejemplo.

Que la gracia de Dios nos proteja y no nos deje caer en estas tentaciones. +
Padre Basilio Méramo.
17 de febrero de 2002

miércoles, 5 de marzo de 2014

MEMENTO HOMO



 Posterior al doble rayo sobre la cúpula de la Basílica de San Pedro hoy sede del Anticisto,  perfectamente consumada del legado profético  de Daniel el santo profeta,  con  sus también consumados y  pomposos; Un tiempo, ( Paulo 6),  Dos tiempos de  JP p´s,  y  el  Medio tiempo más  de la  rata cantantante,  Acaecidos que fueran,  dando por parte del Cielo,  la señal de la finalización del periodo de los 7 reyes apocalipticos,  con el rayo sucedáneo sobre el corcovado,  lugar en el que tendria efecto   el festival de la carne encabezado por "El Pedro Romano" (Un simple Humano) de  San  Malaquías, (Similar a la forma en  la que los festines al  ente de la carne, por parte de antiteos y paganos, siempre precedieron a la Santa cuaresma)  y preanunciando la recta final, "ASÍ COMO EL RAYO CAE EN ORIENTE Y ES VISIBLE EN OCCIDENTE"  preparusiaco.  Da  Inicio  de manera  formal con este Miércoles de ceniza,  La cuaresma pre crucifixión de la Inmaculada esposa del Divino cordero,  con Los cuarenta días, (léanse meses) de tiempo de mortificación, para  la pusylus,  ( o los 1200 y tantos días del mismo Daniel Santo Profeta: (1290 desde la elección del falso Prometeo o Francisquito, que tienen "causalmente, su exacta cumplimentación, el 28 de Diciembre del 2016 ligeramente posterior al 2 de Octubre de ese año, en el que se cumplimentan  los 6000 años de la creación,  con la cumplimentación también  el siguiente 11 de febrero del 2017 Día de la festividad de Lourdes, los 1335 días también del Santo Profeta Daniel)),  cuaresma que justo culmina con el periodo del tiempo extra, posterior al medio tiempo Rat...zingereano,  Real profeta del  anticristo, que fue anunciado por el libro de la Revelación como  anterior pero posterior,  al  propio  JP2,  La bestia que fue,  que volvió a ser  y  que  ahora  sin  ser  sigue siendo, (como  emérito papa de la iglesia del AntiCristo), y que apegado al Mismo evangelio eterno,  será arrojado vivo  al  abismo, que también "Causalmente"  converge en el centenario de Fátima,  (indicio de que el "Dies Ire"  acontecerá en vida de la rata cantante,  bestia de la tierra, que hizo adorar con el falso milagro de la sangre incoagulada (criterio médico que significa vida)  de  JP 2, y con la presencia de su imagen parlante,  en aquél nefasto día, en donde se juntaron los águilas).

   Así pues, dispongámonos "In Nomine DOMINE"  para los cuarenta meses de Penitencia (expulsiones calumnias difamaciones y vejaciones)  de Ayuno (Sin pastores, sin sacramentos),  de  abstinencia, de meditación y de oración, SIN PERDER DE VISTA EL MAPA,  con los  indispensables prerequisitos,  menesteres imperiosos, para quienes pretendamos por inmerecida gracia, participar en las bodas del cordero, como Vírgenes (Sin haber fornicado, con  el mundo Cristiano moderno o modernizado,  y sus visibles posibles elecciones, (El Cristo No esta en el desierto,  Ni está en el fondo de la casa)),  pero vírgenes prudentes, ( con el aceite de la gracia),  Y  asegurados, de que sea con el exacto y perfecto vestido para las bodas, (LA VERDADERA CARIDAD),   de lo contrario, aun estando en el convite podemos ser expulsados a las tinieblas eternas,  Y  con La marca de Cristiano En la Frente, símbolo y figura de la cruz de cenizas con la que acompañamos al inicio de la cuaresma que comienza hoy con todas sus implicaciones.    Teniendo presente mas que  Nunca,  que  el rezo de los quince misterios del Santo Rosario,  "SON EL ÚLTIMO RECURSO, QUE EL CIELO DIO AL HOMBRE",  Que  en la  Crucifixión del Divino Cordero, Única y exclusivamente estuvieron presentes, San Juan (Apocalipsis),  Y la  Santísima  Virgen María, (EN PORTUGAL ("El portus calus",  el puerto hermoso,  en la devoción a la Santísima virgen María)  SE CONSERVARA  LO QUE SE DEBE CREER DE LA  VERDADERA FE".

SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto González.

domingo, 2 de marzo de 2014

DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Nos encontramos en el domingo de Quincuagésima, que significa los cincuenta días que nos separan de la Pascua de nuestro Señor, estos tres domingos antes de comenzar la Cuaresma. El tiempo de Septuagésima, es un preludio para la Cuaresma, es decir una preparación para que nos dispongamos a celebrarla santamente, y con la mortificación de este tiempo a través de la penitencia, el ayuno, la oración, el sacrificio intensificado, nos preparemos para la gran fiesta de la Pascua.

En este domingo vemos cómo nuestro Señor anuncia su muerte, su Pasión, pero los discípulos no comprendían ese lenguaje. Sin embargo, nuestro Señor lo manifiesta para que cuando llegue la hora lo recuerden y se les mitigue esa gran pena, esa gran desolación, ese abandono por la muerte en la cruz. Y vemos cómo cura al ciego en esta ocasión que le llama Hijo de David. No había expresión más excelsa, más honorable, más que decir aquí doctor, como tontamente en estas tierras se le dice doctor a cualquiera. Pues mucho más que decirle así a alguien, era decirle antaño hijo de David. Era ensalzarlo a ese linaje del rey David, mucho más que el nombramiento de doctor tan vulgarizado en nuestro país.

Pues así este ciego le pide a nuestro Señor que le cure y Él al oír los gritos desaforados, podríamos decir impertinentes, lo manda traer y le pregunta que quién es, qué quiere y él le pide que vea, que le dé la vista, y nuestro Señor se la concede, lo cura y le dice que su fe le ha salvado. ¿Por qué? Porque sencillamente para pedirle a nuestro Señor ese milagro, tenía que tener fe y este buen ciego la tenía; nuestro Señor quiso entonces premiársela dándole la luz de la vista, puesto que la fe es la luz divina, la luz sobrenatural que nos hace conocer y adherir a la Verdad Eterna que es Dios y a toda otra verdad en el nombre de Dios.

La fe tiene por objeto tanto material como formal, a la Verdad Primera que es Dios en su doble aspecto objeto material y objeto formal, cosa que pasa desapercibida u olvidada; la fe es esa adhesión a la Verdad Primera, a Dios, propuesto como verdad a nuestra inteligencia. De ahí la gran corrupción que provoca Satanás y todos sus secuaces para destruir las inteligencias, para que no se adhieran a la Verdad primera. Por eso a este pobre ciego que algunos dicen que era Bartimeo, nuestro Señor quiso premiarlo con la luz natural como síntoma de esa luz espiritual que ya brillaba en él.

Y nuestro Señor elogia esta fe, la que es el fundamento de la Iglesia católica, apostólica, romana, junto con el otro gran basamento que son los sacramentos de la fe, como dice Santo Tomás de Aquino. Si se sacude la fe se está quitando el apoyo de la Iglesia católica, se tambalea la Iglesia y se socava la fe. De ahí el gran cuidado de conservarla, hoy más que nunca porque es de difícil adquisición. Ya no se sabe a dónde ir o recurrir para tener la fe, porque aun ni yendo a Roma encontramos la fe católica, apostólica, romana, mis estimados hermanos. Si vamos al clero, no encontramos la fe católica, sino una parodia, un sustituto, pero no encontramos la fe simple y pura.

Ese es el logro de las tinieblas, de Satanás, que ha complicado esa luz sobrenatural de la fe, dificulta que nuestra inteligencia que se adhiera a esa verdad primera y que se profese esa fe; son muy pocos los que la ejercen en estos tiempos de universal apostasía que nos ha tocado vivir, en los cuales debemos armarnos para no sucumbir y mantener esa llama viva de la fe, para no estar más ciegos que el del Evangelio de hoy, que no veía; mucho peor que no ver, es no tener la luz de la gracia de Dios en los corazones. Poco nos importaría ver o no con los ojos de la carne si nuestra alma estuviera inundada de la luz de la gracia de Dios. Y por eso el mundo está lleno de densas tinieblas, aunque alumbre la luz del sol porque falta el sobrenatural que es Cristo.

El mundo de hoy más que nunca le rechaza y ese rechazo hoy se hace con la connivencia, con la anuencia de aquellos pastores que por sus cargos debieran ser la luz del mundo y que lamentablemente no lo son.
Y por eso el nefasto acto de Asís se ha vuelto a repetir este año, y hay que decirlo y recordarlo. La pertinacia en el error, rebajando a Dios a cualquier concepto que se tenga de su dignidad; degradándolo a un concepto pagano de dios que no es el Dios de la revelación, no es el Dios Uno y Trino, ni el único camino que es el Verbo Encarnado, nuestro Señor, pues no hay otro camino. Buda no es un camino, ni Confucio, ni Mahoma, ni ningún fantoche de esos que fundarono dirigen las falsas religiones, invenciones del demonio como muy claramente lo dice el Salmo 95, que el dios de los gentiles, es decir, de los infieles, es obra del demonio.

Entonces es absurda, ilógica esa reunión, esa degradación, esa negación del Credo, de su primer artículo que es el símbolo de nuestra fe, pero que no lo ven, el mundo no lo quiere ver y Roma paganizada tampoco, convirtiéndose en una Babilonia como ya la llamaba San Pedro cuando escribía desde Roma; la Roma sin fe es la Babilonia del Apocalipsis, la falsa religión, la mujer vestida de escarlata, la mala mujer que cabalga sobre la bestia bebiéndose la sangre de los mártires y que en la frente lleva la palabra misterio, el misterio de la religión prostituida de los últimos tiempos. De todo lo cual ya nos hiciera advertencia, mil veces, nuestra Señora en sus apariciones y en la principal, la de La Salette; todo para advertirnos que no perdamos la fe a instancias de Roma paganizada, de la Roma moderna, para ser fieles a la Roma sempiterna, a la eterna, a la católica y apostólica.

Para que bajo una falsa obediencia, bajo pretexto de autoridad no se nos conculque a perder la fe; ese es el gran mérito de los pocos fieles que permanecen leales a nuestro Señor y a la Iglesia católica, apostólica y romana. Ese es el gran combate que pocos, muy pocos entienden o quieren entender y es el que les corresponde a ustedes mis estimados fieles, comprender y pedir para que no apostaten, para que no desertemos, porque es una visión espeluznante la caída de sacerdotes, inclusive tradicionalistas, que oyen a la sirena y caen por la presión espantosa del error bajo el peso de la autoridad corrompida.

“¿Qué será de la sal si pierde su sazón?”. Para nada vale ya, sino para que la tiren a la calle y la pise la gente, pues eso es lo que vale un cardenal, un obispo, un sacerdote o el clero que no tiene la sal de la fe, que le pisoteen la cabeza. Y eso no lo digo yo, mis estimados hermanos, lo dice el Evangelio de nuestro Señor; lo que pasa es que no tenemos fe, no sabemos juzgar las cosas con ella y ser consecuentes; por ello nos gusta entonces el contubernio, la amalgama, la combinación, la diplomacia. Para seducir y corromper siguiendo así la obra de Satanás.
Por eso es un gran deber de los pocos fieles, de los pocos sacerdotes, de los pocos obispos; no sé si quedará por ahí algún cardenal que ciertamente no es monseñor Castrillón, porque es uno de los peores, que hizo caer al clero fiel de monseñor don Antonio de Castro Mayer, ya reciclándolos, ya homologándolos bajo la presión de la autoridad y que nos haría caer, que haría caer a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, si no permanecemos fieles y vigilantes al espíritu de monseñor Lefebvre, de monseñor de Castro Mayer; estos fueron los San Atanasios del siglo XX, porque no hicieron más que recordar los principios de la fe, para que salvemos nuestras almas y no caer seducidos en el error, tonta y estúpidamente.

Por eso tenemos que pedir, mis estimados hermanos, más que la visión que pidió este ciego, la luz, la visión sobrenatural de la fe, para que nos adhiramos de todo corazón a la Verdad Primera que es Dios y así salvar nuestras almas y las del prójimo en esta gran confusión. Este es el mensaje que nos debe quedar si confrontamos el Evangelio de hoy, con lo que está pasando de un modo más agudo, más crítico y más grave, para el mundo y para la Iglesia, y por tanto, para nosotros, que sin ser del mundo, vivimos en este mundo queriendo ser fieles y dignos hijos de la Iglesia católica, apostólica y romana, fuera de la cual no hay salvación.

Pidámosle a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que con esa fe podamos entrar en esta Cuaresma y en esta la verdadera Pasión de la Iglesia, porque al igual que nuestro Señor, la Iglesia está siendo crucificada. Por eso debemos permanecer de pie como nuestra Señora al pie de la Cruz mientras los apóstoles huyen aterrados abandonándolo; por eso es la hora de la Virgen María, de la Santísima Virgen María, para mantenernos de pie en esta segunda crucifixión de nuestro Señor en su Cuerpo Místico que es la Iglesia católica, apostólica y romana. +

PADRE BASILIO MERAMO
10 de febrero de 2002


domingo, 23 de febrero de 2014

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Durante este preludio de la Cuaresma la Iglesia nos presenta en el Evangelio la parábola del sembrador que nuestro Señor mismo la explica a sus discípulos ya que no la comprendían. Nuestro Señor les dice irónicamente que habla en parábolas para que no entiendan. No es que nuestro Señor les hable así para que no capten como leemos en el evangelio si se le interpreta al pie de la letra, sino que Él lo dice de un modo irónico, un modo indirecto de decir las cosas al revés para que surtan el efecto deseado. Como aquel que por advertir a alguien, en vez de decirle: tenga cuidado no se le caiga tal cosa, directamente le dice que se le caiga. Ironía que no es burlesca o hipócrita, sino producida por el celo por las cosas de Dios. Nuestro Señor les hablaba en parábolas no para que no entendieran; cuando lo que Él quería, justamente, era que entendiesen a través de esas semejanzas o comparaciones naturales las realidades de orden sobrenatural que eran difíciles de interpretar normal y comúnmente.

Y con la enseñanza de hoy nuestro Señor quiere mostrarnos la suerte de la semilla de la Palabra de Dios esparcida en el mundo. La respuesta que tiene esa semilla como fruto es un verdadero misterio. Nosotros no sabemos quiénes se salvan ni quiénes se condenan; si nos vamos a salvar o a condenar. La salvación se debe al fruto que produce la semilla, la palabra de Dios en nuestros corazones, en nuestras almas. Pero no todos tenemos la misma disposición, no todos corren la misma suerte, hay una elección fundamental, elemental, que nos pone en consonancia o en disonancia con Dios, esa elección del libre albedrío, de la libertad, porque libremente nos salvamos o nos condenamos, y para ello necesitamos la gracia de Dios.

Hay, pues, una elección que cada uno hace con Dios o contra Él; he ahí el gran misterio de la libertad, del fuero interno de cada uno. De esa decisión que está en lo más profundo de nuestra alma viene la respuesta y según ésta se da esa disposición para que germine y dé fruto o no, esa semilla que debería crecer y fructificar en el alma.

Coloca entonces cuatro ejemplos: tres de ellos, en los cuales no hay fruto, porque cae en mal lugar, en mala tierra, en mal corazón. La semilla que cae a la orilla del camino pero que viene el diablo y arrebata la palabra de Dios y es como si resbalase. La segunda porción, la semilla que cae entre las piedras, que crece, germina, pero al no haber raíces sólidas se pierde. Y la tercera, la que cae entre espinas y que por esas espinas la semilla es sofocada. La cuarta parte, que cae en tierra buena y da fruto y de ese fruto sabemos en otros pasajes del Evangelio, que unos dan el treinta, otros el sesenta y otros el ciento por ciento, que podríamos decir son los incipientes, los píos y los perfectos según la clasificación de las tres edades de la vida interior. Hay entonces una gradación; siendo la misma palabra de Dios, no en todos da el mismo resultado. Esa es la gran moraleja, la gran lección.

Lo que quiere nuestro Señor es que seamos buena tierra, bien abonada para que la semilla dé fruto; que no seamos de los que reciben su palabra pero que se les resbala, que poco caso hacen de ella; viven en la superficialidad, en la vanidad; de pronto se entusiasman en un momento efímero, como los fuegos de artificio, que duran unos segundos y luego desaparecen, se acaban.

Cuántas almas fogosas, en un instante de entusiasmo oyen la palabra de Dios, pero a la vuelta de la esquina ya van como si no hubieran oído absolutamente nada. Otra clase de personas, quizás menos superficiales, menos casquivanas, logran que la palabra de Dios germine, pero ante la dificultad por falta de esfuerzo, por flojera, no perseveran y entonces la semilla que crece se marchita, no produce fruto ante la dificultad, ante la contradicción, no hay hondas raíces, sólidas, no ha penetrado; es como quien siembra una planta a flor de tierra, se cae, echa raíces pero éstas no mantienen esa planta en pie. Y a cuántas personas vemos, incluidos todos nosotros, en quienes la semilla, la palabra de Dios, no tiene ese arraigo, esa penetración que nos haga mantener firmes, de pie, sólidamente, sin sucumbir ante la adversidad, ante la contradicción, ante el esfuerzo, ante el sufrimiento que implica la vida presente y más si se quiere vivir cristianamente, católicamente, y mucho más si se vive en un mundo como el de hoy, adverso a Dios, a la virtud, al bien, donde el pecado, el mal, tiene carta de ciudadanía. Eso es lo que hacen los medios de difusión, introducir el mal como si fuese bueno, aceptable, y eso en todos los órdenes, aun en el artístico como los adefesios que hace Botero.

¿Quién se escandaliza hoy de ver una pareja manoseándose en plena esquina? La niña o la mujer se prostituyen públicamente, es lo más normal del mundo, ¿quién les dice algo? Cuando antes algo así era denunciado, intervenía la policía, hoy es lo más normal, como el nudismo en las playas, lo más normal del cuento; lo raro es quien no hace eso; lo común es abortar, usar anticonceptivos, y no terminaría si comenzara a enumerar. Todo es general, menos la virtud, el bien, la pureza, la castidad, la virginidad, la veracidad, la palabra, la honradez.

Se ha dado vuelta al mundo; nos han dado vuelta los principios, los conceptos y esto es por la maldita televisión que nos emboba, me entristece decirlo, pero eso demuestra la perversión de nuestro corazón que nos gusta lo malo, pues si no nos gustara, no tendríamos esa atracción por el maldito aparato; y no es por lo de las “noticias”, eso es mentira, pues éstas son el gancho, si es que noticias podemos llamar a ese bombardeo incesante de información sin ton ni son; porque no sabemos cuál es la causa ni las consecuencias, ni los efectos de aquello con que nos atiborran sin poder ni siquiera reflexionar.

Comprobamos, pues, que es difícil mantenerse hoy como buen católico; incluso, ser un hombre normal cuando hoy el lesbianismo, la homosexualidad y cualquier perversión, tienen estatus social legal; lo que es antinatural. Entonces, ¿qué debemos hacer para poder vivir cristianamente y aun si se quiere, vivir naturalmente como un hombre normal. Es casi imposible hoy en día, sin un esfuerzo prácticamente sobrehumano. Luego cuántos no dejan, abandonan y abandonamos el camino por la falta de esfuerzo; no solamente pasa eso en la gente, en los fieles, en los sacerdotes; cuántos no se cansan y nos cansamos de la dificultad. ¿Qué les ha pasado a los padres de Campos? ¿Por qué cedieron? Porque hay una fatiga. Hay un desgaste y eso hace que uno claudique habiendo oído la palabra de Dios sin echar raíces hondas, sólidas.

Las raíces sólidas consisten en la capacidad para el sufrimiento que el mundo moderno no nos da; hoy no se quiere sufrir, no se quiere el dolor; en cambio el cristianismo nos enseña que el dolor y el martirio son fuente de redención, eso es la cruz, y por eso nosotros tenemos que asumir nuestra cuota de calvario, de suplilcio para asimilarnos y configurarnos en nuestro Señor. El mundo moderno eso no lo enseña, en cambio fomenta otra cosa: la diversión, la comodidad, lo placentero, todo lo que favorece la flojedad y por eso estamos espiritual y físicamente débiles, no tenemos espíritu aguerrido. Al contrario, estamos propensos a la depresión, a la neurosis, al estrés, sin culpa, como víctimas de un mundo que vive en el ruido, en la velocidad supersónica, que nos hace incapaces de adaptarnos a situaciones, porque cuando ya casi nos adaptamos a una viene otra, luego otra y otra. ¿Qué cuerpo aguanta?, ¿qué nervios toleran?

Esa es la aceleración del mundo moderno que desquicia, que nos desquicia y de ahí el sumo cuidado que debemos tener para no sucumbir, la necesidad de soledad para la oración, para la contemplación, para refugiarnos en Dios. Por eso la semilla que cae entre las piedras, por falta de hondas raíces queda sin fruto, se pierde. Y la otra parte, la que cae entre las espinas es el mundo con toda esa lucha que acabamos de describir y que de pronto se vuelve en nosotros una agonía; porque somos, o nos creemos, incapaces de poder sobrellevar ese aguijón, esa espina, esa dificultad agudizada que no es de un modo general sino de un modo más particularizado y que hace que no dé fruto la palabra de Dios como aquel a quien se le amputa un miembro. Quedamos amputados, sofocados por esas dificultades graves que encontramos a lo largo de nuestro camino, de nuestra existencia. Cuánta gente es buena, muy buena, por un tiempo, incluso largo tiempo y de pronto una gran desgracia, inesperada, violenta, la hace sucumbir, al igual que al sacerdote o simple fiel, por las espinas del mundo, por no haber tenido cuidado con todo lo que el mundo prodiga. Aun siendo buenos, aunque no tan buenos, somos seducidos por las riquezas, por las cosas del mundo pero sin darnos suficiente cuenta, como aquel ejemplo de las vacas flacas y de las vacas gordas, cuando viene la dificultad ya no somos capaces. Hay que tenerlo presente mis estimados hermanos, para no sucumbir.

Sólo una cuarta parte cae en terreno fértil, y sin embargo, no todos responden ni respondemos de igual modo; no debemos escandalizarnos de que a veces la palabra de Dios no produzca los efectos que deseamos, y no es por culpa de Dios sino por el defecto de la tierra donde cae la palabra Divina.

Pidámosle a nuestra Señora que nos haga terreno fértil, para que la palabra divina produzca ese fruto generoso, para sufrir con paciencia perseverando en el bien; que podamos llegar a esa perfección y santidad a la que Dios nos llama. +


PADRE BASILIO MERAMO
3 de febrero de 2002

jueves, 20 de febrero de 2014

PRECISIONES ACERCA DEL MAGISTERIO INFALIBLE DE LA IGLESIA



Para tener una correcta idea de lo que es el Magisterio Infalible de la Iglesia, conviene saber y recordar que el magisterio es la autoridad doctrinal que tiene la doble función de custodiar santamente y exponer fielmente (fidedignamente) el depósito revelado, determinando o fijando infaliblemente su sentido.

Autoridad ésta, que ejerce la Iglesia de modo infalible cuando determina o fija el sentido verdadero del Depósito divino; por esto dice el eminente teólogo español, Marín Sola, sucesor de la cátedra del famoso Norberto del Prado en la otrora prestigiosa Universidad de los Dominicos en Friburgo (Suiza): “La autoridad doctrinal o magisterio de la Iglesia, tiene por fin propio y específico, la conservación y exposición del depósito revelado. Determinar o fijar infaliblemente el verdadero sentido del depósito divino, es lo que se llama definición de fe por la Iglesia. (La Evolución Homogénea del Dogma Católico, ed. BAC, Madrid, 1963, p.257).

Y explicita aún más: “El magisterio dogmático de la Iglesia tiene sobre el depósito revelado dos funciones que ha señalado distintamente el Concilio Vaticano, y que antes había expuesto con admirable claridad y belleza el gran expositor del progreso dogmático Vicente Lirinense. Estas dos funciones son: primera, conservar el depósito revelado; segunda, explicarlo; ‘sancte custodire et fideliter exponere’. (…) De ahí nacen los dos caracteres fundamentales del dogma católico: inmutabilidad y progreso. (…) Esas dos funciones de conservación y explicación en cuanto al dogma mismo, son correlativas, pero distintas, y conviene fijar bien en ellas la atención”. (Ibídem, p.291).

Luego, aseverar tal como hace Monseñor Williamson (Eleison n°343): “El Magisterio Extraordinario no hace más que hacer que el Magisterio Ordinario sea más claramente o más ciertamente visible”, es mutilar la mitad de las funciones del Magisterio de la Iglesia, es amputarle la función de exponer infaliblemente, negándole que pueda determinar o fijar el verdadero sentido del Depósito de Fe, limitándose a custodiar (la simple custodia sin poder exponer fielmente) retomando lo dicho por el Magisterio Ordinario Universal. Además, cuando se afirma que “el Magisterio Extraordinario presupone el Magisterio Ordinario, existiendo únicamente para dar certeza a una verdad ya enseñada por el Magisterio Ordinario”, no solo se le niega al Magisterio Extraordinario la función de exponer el Depósito Revelado y su capacidad de fijar o determinar infaliblemente su sentido, sino que además niega que el Magisterio Ordinario Universal sea capaz de dar definiciones dogmáticas, pues no da certeza de la verdad y para esto se requiere el Magisterio Extraordinario. Esto constituye una grave mutilación de doble partida.

Tanto el Magisterio Ordinario Universal como el Magisterio Extraordinario Universal tienen igual autoridad doctrinal infalible, ambos definen verdades de fe o dogmas: “Verdad, pues, del depósito revelado, cuyo sentido no haya sido aún fijado infaliblemente ni por el magisterio solemne ni por el ordinario de la Iglesia,
es verdad revelada, pero no definida. Verdad del depósito revelado, cuyo sentido haya sido infaliblemente fijado o determinado, sea por el magisterio ordinario, sea por el magisterio solemne de la Iglesia, es verdad no solamente revelada sino también definida”. (Ibídem, p.258). Luego, ambos magisterios definen verdades de fe o dogmas.

Queda claro así, que hay dos clases de dogmas, unos los dogmas solemnes que definen o determinan el sentido del Depósito Revelado, con fórmulas (palabras o términos precisos como pueden ser por ejemplo: Transubstanciación, Inmaculada Concepción, etc.) y dogmas que sin ser solemnes y careciendo de fórmulas o términos específicos, precisan o determinan nada más el sentido del depósito revelado, pero sin cristalizarlo o cuajarlo en términos definitivos.

El dogma, como se sabe, materialmente es una verdad contenida en las fuentes de la divina Revelación, y formalmente es una verdad revelada por Dios y propuesta como tal por el Magisterio de la Iglesia. Los dogmas son así, verdades divinas y por lo tanto inmutables.

No hay aumento sustancial pero si hay aumento en la explicitación, en la enseñanza o la explicación: “En verdad, y ya lo hemos indicado en otra parte, que la Iglesia no puede dar una explicación dogmática mayor que la que los apóstoles recibieron de Dios, pero también es verdad que puede tener –y de hecho tiene– una explicación dogmática mayor que la que los apóstoles han dado a la Iglesia primitiva. La Iglesia primitiva estaba, pues, en posesión de dos cosas: primera de un número determinado de artículos revelados; segunda un grado determinado de explicación divina de estos artículos. Las futuras generaciones cristianas se han hallado, se hallan y se hallarán hasta el fin de los siglos en posesión de algo nuevo, de un tercer elemento que adquieren en virtud de la autoridad dogmática de la Iglesia. Se hallan o nos hallamos en posesión, no de dos, sino de tres cosas: primera, los mismos artículos revelados; segunda, la misma explicación de estos artículos por los Apóstoles. Todo esto lo ha conservado inmutado e inmutable la Iglesia, y a estas dos cosas corresponde la primera función de conservar el depósito. Pero además de eso tenemos una tercera cosa, y es una explicación nueva, que nada contraría a la anterior ni viene de fuera, sino que se saca o deduce de dentro, y aumenta o desarrolla, sin cambiarla, la explicación de los apóstoles dada. Esta tercera cosa es la que corresponde a la segunda función de explicar el depósito, de que hablan el Lirinense y el Concilio Vaticano”. (Ibídem, p.293).

Queda claro así, que determinar o fijar infaliblemente el sentido del depósito divino, es o constituye lo que se llama definición. Ahora bien, el definir puede hacerse de un doble modo que abarca tanto el Magisterio Ordinario Universal, como el Magisterio Extraordinario Universal de la Iglesia o el extraordinario del Papa cuando habla ex cathedra, como hace ver Marín Sola: “Pero este magisterio o definiciones de fe pueden ejercerse, y de hecho se ejercen, por la Iglesia de dos modos: primero, por magisterio solemne sea del Concilio Ecuménico, sea del Papa sólo hablando ex cathedra; segundo, por magisterio ordinario, esto es, por la enseñanza o predicación ordinaria de la Iglesia Universal.

Ambos medios de ejercer el magisterio sobre el contenido y sentido del depósito revelado, son de igual valor dogmático, y ambas son verdaderas definiciones de fe. No hay sino una diferencia accidental, y es que el magisterio del Concilio Ecuménico o del Papa hablando ex cathedra se ejercen con mayor solemnidad y aparato de fórmulas, y es fácilmente discernible por todos, mientras que el magisterio ordinario se verifica sin aparato ni formulismo especiales a través de la enseñanza universal de la Iglesia, y a veces no es tan fácil distinguir su alcance y significación”. (Ibídem, p.258). Ambos Magisterios tienen las mismas dos funciones: la de custodiar santamente y la de exponer (explicar) fielmente, y tienen la misma capacidad de fijar o determinar infaliblemente el sentido del depósito revelado de la fe.

Si esto se ha entendido bien y claramente, se ve la confusión que sobre el tema del Magisterio Infalible de la Iglesia hay en los dos últimos Eleison: el n° 343 y el n° 344, al decir: “El Magisterio Extraordinario, no hace más que hacer que el Magisterio Ordinario sea más claramente o más ciertamente visible”, lo cual es mutilar la mitad (50%) de las dos funciones del magisterio, es amputarlo radical y olímpicamente de la función de exponer definiendo, reduciéndolo a la función de custodiar únicamente, con lo cual se limitaría a redefinir (redefinición), que es lo propio de la función que consiste en “custodiar santamente”, pero sin la de “exponer fielmente”. Error este, que consiste en no fijarse bien en ambos magisterios, como muestra Marín Sola: “Conviene tener muy presente estos dos modos de ejercer el magisterio doctrinal o de definir la verdad revelada, pues con frecuencia, cuando se habla de definiciones de fe, la mente tiende a fijarse solamente en las definiciones por magisterio solemne, sin fijarse suficientemente en que hay también definiciones por magisterio ordinario”. (Ibídem, p.258).

Más adelante prosigue con la explicación para que se tenga claro sin caer en errores de óptica, generando confusión, que: “De esa inclinación de nuestra mente a fijarnos solamente o con preferencia en las definiciones solemnes, cuando se habla de definiciones de fe, procede también el que no demos a veces a la palabra Iglesia toda la extensión que abarca, fijándonos inconscientemente en la Iglesia, no desde su fundación, o sea desde los tiempos apostólicos, sino en la Iglesia de los siglos posteriores, cuando comenzaron los concilios ecuménicos y las definiciones solemnes. Y, sin embargo, las definiciones de fe o autoridad doctrinal de la Iglesia sobre el depósito revelado se ejercen, como hemos dicho, por magisterio ordinario tanto más que por el solemne. Y ese magisterio ordinario comenzó no en la época de los primero concilios ecuménicos, sino desde el primer momento de la Iglesia naciente o primitiva, desde el primer momento de la predicación o enseñanza apostólica”. (Ibídem, p.259).

La función de custodiar santamente y la de explicar fielmente no se deben confundir, ya que son distintas, aunque son complementarias. El error está en que no se distingue entre definición y redefinición; la una pertenece a la función de exponer y la otra a la de custodiar. Por no tener estas cosas claras confunde las definiciones dogmáticas con redefiniciones dogmáticas; por eso dice así Marín Sola: “No deben, pues, concebirse las definiciones de fe o autoridad dogmática de la Iglesia como repitiendo solamente la explicación ya dada por los Apóstoles y ya poseída por la Iglesia primitiva. Esto lo hace, sin duda alguna, muchas veces la Iglesia; pero eso no es propiamente definición, sino más bien, redefiniciones; eso no pertenece propiamente a la segunda función de explicar, sino más bien a la primera función de conservar, repitiéndola y proclamándola solemnemente, la explicación ya dada por los apóstoles mismos a la Iglesia primitiva. Sino que deben concebirse además como dando, por autoridad o asistencia divina, una nueva explicación o una mayor explicación sobre la explicación que los Apóstoles dieron a la Iglesia, resultando, por lo tanto, algo nuevo; no nuevo objeto revelado, y nueva revelación del mismo objeto, pero sí nueva explicación divina del mismísimo objeto o depósito por Dios revelado a los apóstoles y por éstos confiado a la custodia y explicación de la autoridad divina de la Iglesia”. (Ibídem, p.292-293).

Las dos modos del Magisterio Universal de la Iglesia, quedan mutilados; el Magisterio Ordinario Universal, queda cercenado al no reconocérsele que pueda definir nuevos dogmas de fe, esto es, no exponiendo (explicando) infaliblemente el sentido del Depósito de Fe.

El Magisterio Extraordinario Universal, sea en su versión de toda la Iglesia docente reunida en los Concilios Ecuménicos, sea la del Papa solo unilateralmente cuando habla ex cathedra, queda amputado de su función expositiva o explicativa, reducida a un puro custodiar las verdades contenidas en el Magisterio Ordinario Universal, limitándose a redefiniciones, siendo lo correcto que, por todo lo visto, no sólo se trata de repetir lo ya dicho, (contenido en el Magisterio Ordinario Universal) sino también en formular nuevos dogmas incluso con prescripción de fórmulas o palabras.

Además de estos errores, en los Eleison no se recapacita y se continúa polarizando dialéctica y erróneamente, al señalar como errores a evitar, el liberalismo y el sedevacantismo, sin percatarse que el liberalismo es un pecado de herejía, mientras que el sedevacantismo es una conclusión teológica válida y posible; por eso tiene mucha razón Non Possumus –y hay que destacarlo puesto que hasta ahora son muy pocos los que lo han dicho– cuando dice en el comentario a la respuesta del P. Stehlin al P. Jean de Morgon, el 11 de Febrero de 2014: “El sedevacantismo es una opinión respetable cuando está bien fundada como dijo Mons. Lefebvre. No existe un ‘pecado de sedevacantismo’, como para tener que hablar de ‘sedevacantismo formal y material’. Sucede que el mote estigmatizante de sedevacantista, es uno de los espanta pájaros favoritos de los acuerdistas de la Neo Fraternidad Sacerdotal San Pío X y uno de sus fantasmas también, dado que tienen horror a ser calificados ellos, a su vez, de sedevacantistas. Lo que sí es pecado es el Liberalismo”.

Esperando que se disipen los errores y se haga la luz para iluminar las inteligencias, este escrito sirva a la verdad sin la cual no puede haber caridad.

P. Basilio Méramo
Bogotá, 19 de Febrero de 2014

domingo, 16 de febrero de 2014

DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Con este domingo de Septuagésima, se inicia el ciclo de la Pascua: segundo ciclo de la Pascua que gira alrededor de la Resurrección de nuestro Señor, y que es la fiesta más solemne, más importante del año litúrgico aunque no la más popular, como la Navidad. La fiesta más importante de todo el año litúrgico es el domingo de Pascua, el domingo de Resurrección y nos preparamos a esa Resurrección, a esa Pascua, con la Cuaresma: cuarenta días de ayuno, penitencia y oración. Con la Septuagésima nos introducimos levemente en esa preparación: mortificación del cuerpo como dice San Pablo, “yo someto mi cuerpo, mortifico mi carne para que después de haber predicado no sea yo inducido en tentación y sea réprobo”.

Todo católico debe mortificar su cuerpo, sus sentidos, sus apetitos y el mundo de hoy enseña lo opuesto totalmente: placer, gozo, diversión. Mientras que el cristianismo nos dice sujeción, represión, mortificación del cuerpo con todos sus sentidos, el mundo de hoy predica lo contrario. Lo que demuestra una vez más el carácter y el sello anticristiano de la civilización moderna. Mucho menos entonces se comprenderá el significado de la Semana Santa, de la Cuaresma y de este preludio a la preparación de la Cuaresma con estos domingos iniciados hoy con la Septuagésima, o setenta días de preparación antes de la Resurrección.

Así como setenta años estuvo el pueblo de Dios en el cautiverio de Babilonia, lo mismo estamos nosotros, como cautivos a lo largo de este mundo hasta que se produzca la Pascua de Resurrección de todos nosotros, cuando nuestro Señor venga a juzgar y culmine todas las cosas para la mayor gloria de aquellos que Él ama; esa es la motivación y la esperanza que tenemos: vamos a resucitar al igual que nuestro Señor y resucitar como bienaventurados, no como réprobos. El sentido de la Septuagésima y después de la Cuaresma es, pues, la mortificación y la penitencia simbolizadas con el color morado.

En el evangelio de hoy vemos la parábola de los obreros que reciben todos un denario. Esta parábola pertenece al género simbólico. Un símbolo es una cosa real que representa otra cosa real. Las imágenes de las parábolas a través de un ejemplo que podemos ver o entender representan, muestran, una realidad sobrenatural, espiritual de las cosas de Dios, que no son tan fáciles de inteligir, que son verdaderamente un misterio. En apariencia, si juzgamos por la parábola parecería injusto lo que hace este Paterfamilias, quien les paga a todos por igual, cuando unos habían trabajado todo el día y los últimos apenas un rato, y, sin embargo, no fue injusto, porque lo convenido había sido que por todo el día pagaría un denario.

No comprendemos la bondad de Dios y no comprendemos la gran moraleja de esta parábola llena de esperanza, para que no desesperen aquellos que son llamados al último momento, a la última hora, y no se enorgullezcan los que son llamados desde el primer instante. Ese denario en definitiva vendría a ser el cielo igual para todos, convertidos desde el primer instante o en el último. Qué gran esperanza nos transmite la parábola de hoy, que al mismo tiempo es una lección contra el orgullo. Aquellos que han sido convertidos desde la primera hora y aquellos que sean llamados tarde, si oyen el llamado de Dios se salvan igual que los otros que fueron llamados desde el principio. Vemos que la bondad de Dios está muy lejos de una interpretación puramente material, igual a como en apariencia se puede juzgar si miramos las cosas así, como juzgaron los obreros que trabajaron todo el día en la viña.

Esta parábola tiene una gran dificultad. Algunos, yo no lo creo así, dicen que es una “extrapolación”, para en cierta forma esquivar la dificultad que tiene al terminar: “Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros; muchos son los llamados y pocos los escogidos”. Que los primeros sean los últimos y los últimos sean los primeros, no habría mayor dificultad, viendo lo que aconteció con el pago igual para todos, la salvación igual para todos sin importar si fueron contratados temprano o tarde; en ese sentido quedaron igualados y así es la igualación de la vida eterna, el cielo de la salvación tanto para los primeros como para los últimos, todos quedan equiparados. Pero la dificultad sigue al decir que: “muchos son los llamados y pocos los escogidos”, y la mayoría tiende a mal interpretar diciendo que son pocos los que se salvan, cuando de eso precisamente nuestro Señor no quiso jamás manifestar ni una palabra. Respecto a la salvación, si son muchos o pocos quienes se salvan y quienes se condenan, es un gran misterio de Dios.

Aquellos exegetas y predicadores, que los hay muchos y no de ahora sino desde mucho antes de que se produjera esta crisis, la mayoría interpretaba que eran pocos los que se salvaban, y no se dan cuenta que por interpretar estas palabras tomadas al pie de la letra, caen en el error de la predestinación protestante, que dice que: Dios llama a unos para el cielo y a otros, para condenación, al infierno; es el gran error de la justificación protestante y calvinista. Dios no llama a la salvación a muchos, nos llama a todos y todos no son muchos; Dios llama al cielo a todos los hombres y por eso murió por todos los hombres. La obra de la Redención es para todos los hombres, aunque a la hora de la salvación ya no sean todos sino muchos, como cuando se dice en la consagración del cáliz “pro vobis et pro multis”, no son pocos, aunque eso tampoco nos permita decir que son muchos, sencillamente no hay que tomar al pie de la letra “muchos los llamados y pocos los escogidos” como si fueran muchos los llamados (no todos) y pocos los que se salvan, lo que sería un grave error.

Lo que nuestro Señor quiere hacernos ver es que son muy pocos los escogidos de Dios en el sentido de la perfección, de la santidad. Son pocos los que hacen buenas obras y esa es la interpretación que da Santo Tomás; dentro de ese número de hombres que hacen buenas obras pocos son los santos, pocos son los píos, pocos son los virtuosos. Hay una gradación en la perfección cristiana, una cosa es ser virtuoso, otra cosa es ser pío y otra cosa es ser santo, porque el camino que lleva al cielo es estrecho, pero es ancho el que lleva al infierno; así entonces, nuestro Señor pudo decir “muchos los llamados y pocos los escogidos”; pocos, muy pocos los que siguen esa vida de virtud, menos aún esa vida de piedad y mucho menos esa vida de santidad a la cual Dios nos llama.

Pidámosle a nuestra Señora, a la Santísima Virgen, que esta crisis que desola a la Iglesia nos sea provechosa en sus efectos purificadores. Así como los metales se purifican y como el oro se acrisola en el fuego, así nosotros y la Iglesia misma conformada por hombres se purifique con el fuego de esta crisis, ya que bien mirada y sobrenaturalmente llevada es una crisis purificadora para aquellos pocos escogidos que quieren seguir el buen camino, mientras la mayoría va por el ancho de las malas obras. Que sea Ella, la Santísima Virgen María, quien nos ayude a mantenernos firmes, de pie, sin escandalizarnos de lo que acontece con los hombres de Iglesia dentro de la Iglesia, con su jerarquía, y del peligro que corremos por la presión que se ejerce sobre ese residuo fiel ante la prostitución de los demás.

Hago referencia a las dos mujeres de las que habla San Juan en el libro del Apocalipsis: la mujer vestida de sol que pare en el dolor y que por eso no es la Santísima Virgen María, como creen muchos erróneamente, con falsa piedad y poco seso. La Virgen no alumbra en el dolor; otra cosa es que esta imagen de la mujer parturienta que representa la religión fiel y perseguida en los últimos tiempos sea un símbolo que se pueda aplicar a nuestra Señora, no textualmente, porque sería herejía pensar que nuestra Señora dio a luz en el dolor a nuestro Señor. Y la otra mujer, la ramera o prostituta que cabalga sobre la bestia, que es la misma bestia que salió del mar, el Anticristo, y vestida de color púrpura, llevando en la frente la palabra “misterio” y que asombró a San Juan, esa mujer ramera es la religión, esta mujer en el Antiguo Testamento ha sido el Israel de Dios, como buena esposa o como mala mujer, pura o adúltera, es toda la historia del Antiguo Testamento.

Por eso la mujer significa la religión y estas dos mujeres significan el estado de la religión y la Iglesia en esos dos polos, el de la corrupción, la prostitución y el de la fidelidad. De ahí la gran persecución de esa religión prostituida, la gran ramera que cabalga montada sobre el poder de este mundo bebiendo el cáliz de su prostitución, de su profanación, el cáliz lleno con la sangre de los santos y de los mártires, como acontece hoy con la Roma modernista, progresista, que se ha prostituido, que persigue a la Roma eterna, a la Roma fiel, a la Roma que representa la Tradición Católica y que enarboló monseñor Lefebvre; esa Roma prostituida, corrompida, quiere destruir a la que es fiel. Ese es el peligro que corremos dejándonos seducir y esa obra de seducción –hay que decirlo–, la lleva a cabo el cardenal monseñor Darío Castrillón, colombiano zorro; lo que los europeos no pudieron hacer con monseñor Lefebvre, lo encargan hoy a un colombiano.

Colombia da para lo bueno y lo malo y de ahí la insistencia con que este cardenal está llevando a cabo su tarea, hacernos sucumbir, no me cabe la menor duda. Quien se acerca a una mujer corrompida, si no es para convertirla como lo hizo nuestro Señor con la Magdalena, cae bajo su seducción, pagando el precio de la apostasía; por tal razón monseñor Fellay ha pedido que se rece durante un mes la oración de la consagración de la Fraternidad al Corazón Doloroso e Inmaculado de la Virgen María para que acelere su triunfo, el mismo que Ella prometió en Fátima, triunfo que no podrá darse sin la intervención de Dios; no será un triunfo por mano de elemento humano, será una intervención de Dios, que tenemos profetizada con el segundo advenimiento de nuestro Señor. Sobre esto hay gran confusión y poca luz.

Sin embargo, los Padres de la Iglesia, durante los primeros cuatro o cinco siglos, tenían estas cosas como predicación común, por lo cual San Pablo, como todos recordamos, les dice que todavía no es el advenimiento de nuestro Señor, les da los signos y les habla de un obstáculo que nosotros no sabemos cuál es concretamente, pero conjeturamos esto, para estar alertas, ya que vivimos un tiempo extraordinario, una situación extraordinaria. Pero la verdadera expresión, la verdadera palabra no es esa, esa expresión tiene validez en un lenguaje común, pero en el lenguaje exegético, bíblico y profético, quiere decir que vivimos tiempos apocalípticos, últimos tiempos; así denominan las Escrituras a esta época anunciada, y que lo menos que podríamos decir es que es sorprendente, pero que bien mirada es apocalíptica, es una situación completamente anormal, fuera de los cánones de la Iglesia. Nos toca vivirla, purificarnos y esperar el triunfo de nuestro Señor, el triunfo del Inmaculado Corazón cuando Él venga a juzgar, por su aparición y por su reino, como dice San Pablo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen, que nos ayude a comprender todas estas cosas que se van aclarando a medida que los tiempos se van cumpliendo y que permanezcamos fieles a la Iglesia católica, apostólica y romana para salvar nuestras almas. +

BASILIO MERAMO PBRO
11 de febrero de 2001