San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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domingo, 1 de abril de 2012

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este primer domingo después de Pentecostés, la Iglesia nos pone ante los ojos el gran misterio de nuestra fe, en la Santísima Trinidad, que especifica nuestra religión, nuestra fe, el fundamento de nuestra salvación, que no se puede desconocer, que hace ser a la Iglesia misionera: “Id y predicad y bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a observar todo cuanto os he mandado”.

Sin el misterio de la Santísima Trinidad no habría fe ni Iglesia y por eso debemos tenerlo presente para que no quede diluido, que no se pierda nuestra fe en un concepto natural de Dios. No es suficiente este concepto de la divinidad, de la deidad o concepto natural de Dios que aun los paganos tenían y que solamente este mundo impío concibe, el ateísmo. Nuestra fe es sobrenatural y lo es porque cree en el misterio de la Santísima Trinidad, que junto con el de la Encarnación son los fundamentales de la religión católica que están a punto de desaparecer.

Por eso se oponía San Atanasio cuando se negaba la divinidad de nuestro Señor por no admitir la Trinidad de las personas, en la cual había caído el arrianismo, justamente porque sin la trinidad de personas no puede haber Encarnación del Verbo. De allí el famoso símbolo atanasiano que decía que la fe católica consistía en creer en la trinidad de personas, en la unidad de la sustancia o la esencia o naturaleza divina sin confundir las personas y sin separar la sustancia de Dios porque no hay tres dioses, hay tres personas y un solo Dios verdadero, un solo eterno, un solo omnipotente. No hay tres eternos, tres omnipotentes, tres infinitos, sino un solo Dios, pero en tres personas; esto es un misterio que ni la inteligencia creada, ni aun la angélica puede entender ni podrá jamás , lo cual será el objeto de nuestra beatitud eterna, la contemplación de ese dogma revelado por Dios, por el Verbo de Dios, por nuestro Señor Jesucristo.

Debemos pues tenerlo muy presente para que no se diluya nuestra religión con las demás creencias y falsas religiones que tienen a Satanás por autor, su inspirador y que es lo que hoy patrocina el aberrante y herético ecumenismo que flagela la fe de la Iglesia y de los fieles con el patrocinio de los pastores. Esa es la realidad, esos son los hechos y por eso debemos afianzar nuestra fe en ese misterio, para no olvidar nuestra identidad como católicos, para que no quedemos amalgamados con un mundo apóstata que no acepta a la Iglesia, a nuestro Señor, a la fe.

Si el mundo aceptara el misterio de la Santísima Trinidad de la fe católica no habría judaísmo, budismo ni todas esas falsas religiones; habría una sola religión, la católica, apostólica y romana como será en el cielo y como de hecho lo es. De allí la gran herejía del ecumenismo aberrante de hoy que trata de diluir este misterio de la Santísima Trinidad. Con ésta se especifica nuestra fe y así nos hace cristianos por Cristo. No como los protestantes, que no quieren ser llamados o nombrados de esa manera y que usurpan hasta el nombre de cristianos, y no lo son porque no aceptan a Cristo en su conjunto y la totalidad de nuestro Señor Jesucristo llega hasta la Iglesia que Él nos ha legado como medio de salvación.

Por eso ellos no son cristianos; dividen a Cristo y todo aquel que fracciona a Cristo es un anticristo y por eso detrás del ecumenismo actual está el anticristo que lo divide. No nos debe sorprender porque así tiene que ser, lamentablemente, pero ¡ay de aquel por cuya culpa vengan el escándalo y la apostasía!

Y ¿por qué es un misterio inconmensurable al cual la razón no puede llegar por sí misma? Porque justamente este dogma tan difícil de expresar, de explicar, no puede concebirse naturalmente, dado que hay dos conceptos, dos nociones antagónicas como son lo absoluto y lo relativo y eso está conjugado en Dios y no lo podrá jamás explicar ningún intelecto creado. Nos podemos imaginar un Dios absoluto como de hecho lo conciben y lo concibieron los paganos y todas esas falsas religiones que creen en algún Dios vagamente; pero decir que ese absoluto está relativizado y justamente esa correlación en lo absoluto es lo que llamamos la persona o las tres personas divinas; eso ya no hay quién lo pueda explicar. Todo en este mundo quieren hacerlo condicional e introducir la relatividad en Dios es inconcebible porque todo relativo hace alusión a lo accidental, a lo circunstancial, a lo efímero, pero jamás a lo eterno, a lo absoluto; y, sin embargo, en Dios hay esa pertenencia personal que no es un accidente, que no es una circunstancia sino una persona, y por eso no hay inteligencia que lo pueda explicar. Lo que no quiere decir que sea absurdo sino incomprensible y por eso San Agustín, que meditaba a la orilla del mar queriendo escudriñar el misterio de la Santísima Trinidad, encuentra a un niño que llevaba agua a un pozo hecho en la arena y el santo le preguntó qué quería hacer, y el niño contesta “quiero verter el agua del mar en este pozo”. Replica el santo: “Imposible, ¿cómo vas a verter toda el agua de la inmensidad del mar en ese hueco tan pequeño”?; y el niño concluye: “pues mucho más imposible es meter en tu cabeza la inmensidad del misterio de la Santísima Trinidad”.

Nos podemos preguntar ¿por qué podemos hablar de relatividad en lo absoluto? Porque es la relación de origen lo único que distingue a las personas divinas, porque en todo lo demás son iguales, pero solamente en esa afinidad de Origen es que se produce la trinidad de personas. Por eso el Hijo es originado del Padre, como su pensamiento, como su Verbo y en eso se distingue de Él; y el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo es espiración de mutuo amor entre ambos, que originan al Espíritu Santo. Y más no se puede escudriñar, aunque se podrían decir muchísimas cosas pero todas ellas no bastarían para que nos hiciéramos apenas un barrunto de lo que es la Trinidad. Y no hay palabra ni mente que pueda abarcar ni expresar ese inefable misterio que es básico en nuestra religión, porque sin él no hubo ni hay fe.

Porque aun en el Antiguo Testamento los Padres de antaño, que tenían fe, conocían la Trinidad, solamente que el pueblo no lo sabía de modo explícito sino implícito en la fe que tenían en los mayores; dice Santo Tomás que esos mayores eran los profetas y patriarcas y por eso Moisés pudo desear ver el día de nuestro Señor como Él mismo lo dice y por eso es la misma fe del Nuevo y Antiguo Testamento.

La diferencia consistía en la universalidad de la explicitación que todavía no había llegado hasta que el Verbo se encarnase y así con este hecho se produce la plenitud de los tiempos y por eso ahora sí debe ser público y explícito ese misterio que antes no lo era por todos y para todos. Eso es lo que explica Santo Tomás de Aquino, pero que lamentablemente los teólogos y, sobre todo, los modernos, y no lo digo refiriéndome a modernistas sino a los que están más próximos a nuestros tiempos, no han sabido decir, explicar y comprender yendo a esa luminaria que es Santo Tomás.

Por eso llegan muchos a pensar que se desconocía en absoluto el misterio de la Trinidad en el Antiguo Testamento, lo cual es un flagrante error que va contra el texto de las Escrituras y que si bien se ve sería una herejía; pero eso sirve para mostrar cuán desapercibidos estamos a veces en las cosas de Dios, aun aquellos que tienen la obligación de dar la luz de la doctrina a los fieles.

Debemos, pues, guardar en nuestros corazones estas verdades esenciales, sobre todo hoy, cuando son profundamente atacadas y no de frente sino sutilmente, lo que es peor, cuando se socava sin que nos apercibamos del daño que corre la fe.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, conservar una fe inmaculada como inmaculada fue Ella para que así podamos seguir tributando un verdadero culto a Dios. +

PADRE BASILIO MERAMO
26 de mayo de 2002

jueves, 29 de marzo de 2012

UNA CARTA MELIFLUOMALÉFICA


La carta que Don Nicola Bux, consultor de la Congregación para la Doctrina de la fe
(antiguo Santo Oficio de la Inquisición), dirigía a Monseñor Fellay y a toda la
Fraternidad S. Pío X el 19 de Marzo de 2012, es el colmo de fariseísmo clerical
presumiendo de bondad y de verdad.

Es increíble como los herejes e impostores se arrogan los privilegios de la verdad
para destruir toda resistencia a su apostasía pública y manifiesta, pero que
revestida de autoridad y poder se reclaman legítimos, y a los cuales hay que
obedecer, so pena de cisma, división y tinieblas de definitiva separación.
La única garantía religiosa, teológica, jurídica y moral es la verdad. Dios es la
Verdad y por eso es también la Caridad.

Dios es objeto de la fe en tanto y cuanto es la Verdad Primera como enseña
egregiamente Santo Tomás. Dios es objeto de la fe, reduplicativamente o de un
doble modo, pues es tanto objeto material y como objeto formal de la fe, por ser la
Verdad Primera bajo un doble aspecto, tanto material, como formal.

Dios es objeto de la fe porque como dice Dionisio: “La fe es acerca de la simple y
siempre existente verdad” (S. Th. q.1, a.1 Sed Contra), y esto es la Verdad Primera
como dice Santo Tomás, lo cual se da de una doble manera, es decir material y
formalmente considerada.

Dios es objeto material de la fe en cuanto es lo conocido, la cosa u objeto conocido
(id quod). Dios es objeto formal de la fe en cuanto medio por lo cual se conoce (per
quod). Pues: “Si se considera en la fe el objeto formal, no es otro que la verdad
primera; puesto que no se asiente a la fe de la cual hablamos sino es revelada por
Dios”. (S. Th. II, q.1 , a.1).

O como también dice Santo Tomás: “La razón formal del objeto en la fe es la verdad
primera, manifestada por la doctrina de la Iglesia”. Tenemos, así, que el objeto
(motivo) formal por el cual creemos, es la palabra de Dios enseñada por la doctrina
de la Iglesia: “El que tiene las cosas que son de la fe, pero no las asiente por la
autoridad de la doctrina católica, no tiene la virtud de la fe. Mientras quién asientealgo por la doctrina católica, asiente a todo lo que la doctrina católica contiene”.(De Caritate, q. un., a. 13, ad 6).

Dios revelante (por la palabra, testimonio, autoridad divina) es el objeto formal de
la fe simpliciter; pero el objeto formal de nuestra fe (quoad nos) es la Iglesia que enseña la doctrina católica. Luego es evidente que sin la doctrina católica, no hay fe ni hay religión ni hay Iglesia Católica.

Sin la Veritas Prima, la Verdad Primera, que es Dios, no hay nada ni fe, ni Iglesia
ni doctrina católica.

Sin la verdad primera no hay Iglesia Católica apostólica y romana, luego es preciso
mantener la doctrina católica enseñada por la Iglesia Católica para tener la fe y
pertenecer a ella.

Sin la verdad de la doctrina católica no se puede pertenecer a la Iglesia Católica ni
se tiene fe. Y las cosas que sabe acerca de la fe, las posee como opinión, no como
certeza sobrenatural de la virtud de la fe como enseña Santo Tomás: “Es patente
que quién defecciona en un artículo pertinazmente, no tiene fe en los otros
artículos, digo de aquella fe es un hábito infuso; pero aquellas cosas que son de fe,
las puede tener como una opinión”. (De Caritate q. un. , a.13, ad 6).

Es una aberración teológica y una degeneración mental pretender ser de Iglesia, y
aún peor, ser autoridad doctrinal, jurídica y moral de la Iglesia cuando se profesa
pública y manifiestamente el error en materia de doctrina católica, en materia de
fe y moral, y no se diga ya de la herejía.

El propósito melifluo de Don Nicola, por no decir baboso “para no ser
políticamente incorrecto” (como se estila, usa y abusa hoy en día bajo la diosa
democracia), deja mucho que desear como teólogo consultor, pues carece del
principio y fundamento de todo, que es la Verdad Primera: Dios, y no la autoridad
vicaria del Papa de turno que puede errar en materia de fe, ya que no está inmune
de desviarse de la fe, no esta provisto de impecabilidad contra la fe, puesto que la
única promesa divina de no pecar contra la fe, de no desviarse de la fe, de ser
infalible, es cuando habla ex cáthedra como Sumo Pontífice y Pastor Universal de
la Iglesia en cosas que son materia de fe o de moral, definiéndolas como reveladas.

Ya que como cabeza goza de la misma prerrogativa de infalibilidad de la Iglesia de
modo unilateral, personal: él sólo, sin el séquito (colegio episcopal) de todos los
obispos, del cual es la cabeza.

Tan es así, que por eso se dice: “Pues no fue prometido a los sucesores de Pedro el
Espíritu Santo para que por revelación suya manifestara una nueva doctrina, sino
para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la
revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe”. (Denz.
1836).

Y por esto todo Papa legítimo confirma a sus hermanos cumpliéndose aquella
afirmación: “La primera salvación es guardar la regla de la recta fe”. (Denz. 1833).

No hay ni puede haber infalibilidad para la innovación doctrinal ni para cambiar la
doctrina, ni para adulterar la fe.

“Por lo cual instituyó Jesucristo en la Iglesia un magisterio vivo, auténtico y
juntamente perenne, al que dotó de su propia autoridad, le proveyó del espíritu de
verdad, (…) Este es consiguientemente sin duda alguna el deber de la Iglesia:
conservar la doctrina de Cristo y propagarla íntegra e incorrupta”. (Denz. 1957).

El ecumenismo modernista está condenado: “Nada más excelente ha sido dado por
Dios a los hombres que la autoridad de la fe Divina (…) ésta nos es necesaria
absolutamente para la Salvación, pues sin la fe… es imposible agradar a Dios
(Hebreos 11, 6) y : El que no creyere se condenará (Mc. 16,16)”. (Denz. 1645).
“(…) queremos excitar vuestra solicitud y vigilancia pastoral, para que, con cuanto
esfuerzo podáis, arrojéis de la mente de los hombres aquella a par impía y funesta
opinión de que en cualquier religión es posible hallar el camino de la eterna
salvación”. (Denz. 1646).

Podemos ver igualmente condenado el ecumenismo en esta otra sentencia del Papa
Gregorio XVI: “El indiferentismo, es decir, aquella perversa opinión que por
engaño de hombres malvados, se ha propagado por todas partes, de que la eterna
salvación del alma puede conseguirse con cualquier profesión de fe, con tal que las
costumbres se ajusten a la norma de lo recto y de lo honesto... y de esta de todo
punto pestífera fuente del indiferentismo, mana aquella sentencia absurda y
errónea, o más bien, aquel delirio de que la libertad de conciencia ha de ser
afirmada y reivindicada para cada uno”. (Denz. 1643).

Lo mismo reafirma Pío IX: “Es menester recordar y reprender nuevamente el
gravísimo error en que míseramente se hallan algunos católicos, al opinar que
hombres que viven en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica
pueden llegar a la eterna salvación”. (Denz. 1677).

Vemos, también, en esta otra afirmación de Pío IX la misma doctrina: “Partiendo
de esta idea, totalmente falsa, del régimen social, no temen favorecer la errónea
opinión, sobremanera perniciosa a la Iglesia Católica y a la salvación de las almas,
calificada de ‘delirio’ por nuestro antecesor Gregorio XVI, de feliz memoria, de que
‘la libertad de conciencia y de cultos es derecho propio de cada hombre, que debe
ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida, y que los
ciudadanos tienen derecho a una omnímoda libertad, que no debe ser coartada por
ninguna autoridad eclesiástica o civil, por el que puedan manifestar y declarar a
cara descubierta y públicamente cualesquiera conceptos suyos, de palabra o por
escrito, o de cualquier otra forma”. (Denz. 1690).

Por todo esto, ya decía el glorioso San Agustín: “¿Qué muerte peor para el alma que
la libertad del error?”. (Denz. 1614).

Asís I, II y III son la contradicción palmaria, pública y manifiesta de lo dicho y
condenado por los Papas y la Iglesia.

¿Cómo es posible que Don Nicola y todos los que como él piensan, no tengan en cuenta
que no hay autoridad que no venga de Dios, único autor-creador de todas las cosas
visibles e invisibles, y por lo tanto no hay autoridad para enseñar el error y no se diga, la herejía? Pues: “La fe es el principio de la humana salvación; el fundamento y raíz de toda justificación; sin ella es imposible agradar a Dios (Hebr. 11, 16) y llegar al consorcio de sus hijos”. (Denz. 801).

Por esto decía León XIII: “Lo primero que este deber nos exige, es profesar abierta
y constantemente la doctrina católica y, en cuanto cada uno pudiere,
propagarla…”. (Denz. 1936 c).

Si Roma está en la apostasía, como lo afirmó rotunda y claramente Monseñor
Lefebvre, ¿cómo es que don Nicola invita a ir a ella confiada y filialmente, y bajo la advertencia al no hacerlo, de producir un cisma, acrecentando las tinieblas como si fuera en la Roma Católica?

Esto prueba que no se puede tener otro lenguaje que el decirles que son ellos los
cismáticos, al romper con la Tradición, mantenida por todos los Papas anteriores al
Concilio Vaticano II, que son ellos los herejes que niegan la fe y la doctrina católica,que son ellos los apóstatas de Asís I (1986), II (2002) y III (2011).

San Pío X, ya había condenado el modernismo que había penetrado en la Iglesia:
“Ya no es necesario buscar a los fabricantes de errores, entre los enemigos
abiertos, sino que, con grande y angustioso dolor, los vemos introducidos en el
seno mismo de la Iglesia (…) nos referimos, venerables hermanos, a tantos seglares
y , lo que es más lastimoso, a tantos sacerdotes que con un falso amor a la Iglesia,
sin ningún sólido fundamente filosófico ni teológico, incluso impregnado de
doctrinas envenenadas, que inoculan hasta la médula de los huesos de la Iglesia, se
alzan como reformadores (…). Pues, como hemos dicho, no desde afuera, sino
dentro mismo de la Iglesia, llevan a cabo su perversa actividad; por eso el peligro se encuentra metido en las venas y en las entrañas de la Iglesia; con mucha mayor
eficacia dañina, puesto que conocen tan íntimamente a la Iglesia. A todo esto se
añade que no atacan las ramas o los retoños, sino las raíces mismas: la fe y sus más
profundas fibras. Y una vez dañada esta raíz de inmortalidad, intentan propagar el
virus por todo el árbol, de tal manera, que no hay aspecto de la verdad católica en
donde no pongan su mano y que no traten de corromper”. (Encíclica Pascendi 8 de
septiembre 1907).

La comunión es el primer lugar en la fe y la verdad, una solidaridad y una
comunión que no tienen la fe y la verdad por fundamento, es falsa como pretende
el modernismo, condenado una vez más por San Pío X en Notre Charge
Apostholique: “La doctrina Católica nos enseña que el primer deber de la caridad
no está en la tolerancia de las convicciones erróneas, por muy sinceras que sean, ni
en la indiferencia teórica o práctica, el error o el vicio en el cual vemos sumergidos a nuestros hermanos, sino en el celo para su mejoramiento intelectual y moral, así como por su bienestar material. (…) No hay verdadera fraternidad fuera de la caridad Cristiana que por amor a Dios y a su Hijo Jesucristo Nuestro Señor, abraza
a todos los hombres para aliviarlos a todos, y para llevarlos a todos a la misma fe y
a la misma dicha del cielo. Separando la fraternidad de la caridad cristiana así
entendida, la democracia, lejos de ser un progreso, constituiría un retroceso
desastroso para la civilización. Pues en efecto si se quiere llegar, y le decimos con
toda el alma, a la más grande cima del bienestar posible para la sociedad y para
cada uno de sus miembros por la fraternidad, o como se dice aún por la solidaridad
universal, es necesario la unión de los espíritus en la verdad, la unión de las
voluntades en la moral, la unión de lo corazones en el amor de Dios y de su hijo,
Jesucristo”. (nº 24).

Es mas, en el mismo documento, San Pío X pulveriza las superreligión universal (o
ecumenista de Vaticano II), al condenar el sillonismo: “Una religión (puesto que el
sillonismo, sus jefes lo han dicho, es una religión) más universal que la Iglesia
Católica, reuniendo a todos los hombres vueltos al cabo hermanos y camaradas en
el reino de Dios: “no se trabaja para la Iglesia, se trabaja para la humanidad”. (nº
39). Con lo cual se pretende una Ciudad futura con una Iglesia universal, sin
dogmas, ni jerarquía .

Todo esto pertenece, como hace ver y lo denuncia condenándolo el gran Papa San
Pío X, a : “Un gran movimiento de apostasía, organizado, en todos los países, para
el establecimiento de una Iglesia universal que no tendrá ni dogmas ni jerarquía,
ni regla para el espíritu, ni freno para las pasiones, y que, bajo el pretexto de
libertad y de dignidad humana, traería al mundo, si pudiera triunfar, el reino legal
de la astucia y de la fuerza y la opresión de los débiles, de los que sufren y
trabajan”. (nº 40).

Esto es exactamente la Nueva Religión y la Nueva Iglesia postconciliar, salida,
promulgada y oficializada por el Concilio Vaticano II, ni mas ni menos.

A esta parodia de Iglesia: Sinagoga de Satanás, invita ir Don Nicola, ¿habrase visto
la estupidez, erigida en consejera doctrinal?, emulando sapiencia paternal al invitar
a la plena comunión eclesial. Es el colmo de la impostura y de la estulticia.

El gran Domingo de Soto, uno de los teólogos españoles del Concilio de Trento,
llegó a decir que la Iglesia sería liquidada, extinguida, como hace ver el P.
Castellani, claro que esto hay que entenderlo en su aspecto oficial y humano.

El P. Castellani trae unos pasajes muy interesantes y oportunos para nosotros: “San
Victorino, mártir, continuamente dice que la Iglesia será quitada: ‘El coelum
recessit tamquam liber qui involvitur’ ; y el intérprete interpreta: ‘el cielo es
plegado, es decir, la Iglesia es quitada’; ‘de medio fiet’ - escribe Victorino en su bajo latín- que en latín significa más todavía: ‘La Iglesia liquidada’”. Y aclara el P. Castellani ante la idea de que esto pueda parecer una herejía enorme dice:
“Domingo Soto defendió que la Iglesia ‘desaparecería’. Yo no lo sigo conste. Pero
quiero decir que esa opinión no fue condenada…”. (Los Papeles de Benjamín
Benavides, ed. Dictio Bs. As. 1963, p. 273).

“San Pablo lo dice y Nuestro Señor mismo afirmó: ‘¿Cuándo Yo vuelva ¿creéis que
hallaré fe en la tierra?’ ¿Creen ustedes que una apostasía general sería posible si la Iglesia estuviera vigente, llena de pureza, de justicia, de claridad y de luz? Es
imposible. La gran apostasía hace concebible la gran persecución; pero la gran
apostasía no es concebible sin una contaminación…”. (Los Pap. p.273-274).

“(…) la Iglesia cederá en su armazón externo; y los fieles ‘tendrán que refugiarse’
volando ‘en el desierto’ de la Fe. Sólo algunos contados, ‘los que han comprado’,
con la renuncia a todo lo terreno, ‘colirio para los ojos y oro puro afinado’
mantendrán inmaculada su Fe (…)”. (Los Pap. p. 292-293). Tal como hoy se
percibe, el hecho es innegable.

En otra parte el P. Castellani aclara completando la idea: “(…) llegará un día en que
serán solamente un puñado de hombres, porque ‘cuando vuelva el Hijo del Hombre
¿creéis que encontrará fe sobre la tierra?’, porque fe habrá, aunque sean pocos y
perseguidos, en los últimos tiempos. Pero la fe en este sentido significa la fe
organizada, es decir, la Iglesia. La Iglesia -dice el teólogo Domingo Soto- ‘será
quitada del medio’ ”. (Catecismo para Adultos, ed. Grupo Patria Grande. Bs. As.
1979, p. 35-36).

Con todo esto se puede pensar que en su parte humana la Iglesia puede sufrir un
revés mortal, es decir, en una parte de su componente humano, como por ejemplo,
la jerarquía oficial, o la Iglesia oficial (los prelados de la jerarquía de la Iglesia).

Que por un misterio de inefable iniquidad (las profundidades de Satanás), la Iglesia
oficial corrompa la fe; se desvíe y caiga en la herejía y la apostasía, tal cual, vemos desde el conciliábulo Vaticano II, pues no se le puede llamar de otra forma al
constituirse como un Concilio Universal no infalible de la Iglesia.

Por todo esto, Monseñor Lefebvre dijo: “Este Concilio representa, tanto a los ojos
de las autoridades romanas, como a las nuestras, una nueva Iglesia a la que por
otra parte llaman ‘la Iglesia conciliar’. Creemos poder afirmar, ateniéndonos a la
crítica interna y externa del Vaticano II, es decir, analizando los textos y estudiando los pormenores de este Concilio, que este, al dar la espalda a la Tradición y romper con la Iglesia del pasado, es un Concilio cismático. Se juzga el árbol por sus frutos”. (La Nueva Iglesia, ed. Iction Bs. As. 1983, p. 124).

Y más adelante recalca: “Todos los que cooperan en la aplicación de este
trastocamiento, aceptan y adhieren a esta nueva ‘Iglesia conciliar’ –como la designa
Su Excelencia Monseñor Benelli en la carta que me dirige en nombre del Santo
Padre, el 25 de Julio último-, entran en el cisma”. (Ibid. p. 125).

Esto le cae como anillo al dedo (a la medida) a Don Nicola Bux, en respuesta a su
empalagosa, por no decir babosa carta, invitando a Monseñor Fellay y a todos los
miembros de la Fraternidad San Pío X, a ir a Roma confiada y filialmente, para
entrar en la plena comunión, mientras, advierte a su vez, que un rechazo no haría
sino aumentar las tinieblas de un cisma irreparable.

Monseñor Lefebvre, hace una distinción que nunca jamás hay que olvidar y
siempre tener en cuenta, y quizás sea la afirmación más importante ante la Roma
apóstata: “Pero este último tiempo, se nos ha dicho que era necesario que la
Tradición entrase en la Iglesia visible. Pienso que se comete allí un error muy, muy
grande. ¿Dónde está la Iglesia visible?. La Iglesia visible se reconoce por las
señales que siempre ha dado para su visibilidad: es una, santa, católica y apostólica. Les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia?. ¿Están más en la Iglesia oficial? (no se trata de la Iglesia visible, se trata de la Iglesia oficial) o en nosotros, en lo que representamos, en lo que somos?. Queda claro, que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial”. (Fideliter nº 66 noviembre - diciembre 1988).

Sí, Monseñor Lefebvre afirmó categóricamente que la Iglesia visible no es la Iglesia
oficial actual, y lo podemos ver además en este otro pasaje: “Por supuesto, se podrá
objetársenos: ‘¿Es necesario, obligatoriamente, salir de la Iglesia visible para no
perder el alma, salir de la sociedad de los fieles unidos al Papa?’. No somos
nosotros, sino los modernista quienes salen de la Iglesia. En cuanto a decir ‘salir de la Iglesia visible’, es equivocarse asimilando Iglesia oficial, a Iglesia visible. (…) ¿Salir, por lo tanto de la Iglesia oficial?. En cierta medida, sí, obviamente”. (Fideliter nº 66 noviembre- diciembre 1988).

Queda claro con esto, que el oficialismo no es legitimismo, lo oficial no es
necesariamente lo legitimo, la legitimidad. El cisma queda claro que lo producen los modernistas, no nosotros los tradicionalistas; los cismáticos son ellos, es más,
son apóstatas, con y por su ecumenismo. Esto lo afirma Monseñor Lefebvre en su
último libro Itinerario Espiritual al denunciar el ecumenismo apóstata: “Los que
estiman un deber minimizar estas riquezas, incluso negarlas, no pueden sino
condenar a estos dos Obispos y así confirman su cisma y su separación de Nuestro
Señor y su Reino, a causa de su laicismo y ecumenismo apóstata”. (Itinéraire
Spirituel. Séminaire Internationale Saint Pie X, Ecône, 1990, p. 9).

Y no se diga que Monseñor Lefebvre no los señalaba como cismáticos y apóstatas,
pues este texto, que fue suprimido en la edición hecha en el Seminario de La Reja,
por el Padre Guillaume Devillers, así lo demuestra: “Esta apostasía, hace de sus
miembros unos adúlteros, unos cismáticos, opuestos a toda tradición, en ruptura
con el pasado de la Iglesia y luego con la Iglesia de hoy en día, en la medida en la
cual ella permanezca fiel a la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo. (Ibíd. p. 70).

Recordemos además lo que Monseñor Lefebvre dijo en una de sus conferencias
durante el retiro sacerdotal en Ecône, el 4 de septiembre de 1987, después de su
entrevista con el entonces Cardenal Ratzinger, del 14 de julio de ese mismo año:
“Lo que les interesa a todos ustedes, es conocer mis impresiones después de la
entrevista con el Cardenal Ratzinger el 14 de julio último. Lamentablemente debo
decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía. Estas no son palabras
en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía”.

Y en la misma conferencia más adelante, no titubea en darles el mote bien
merecido de anticristos: “Pienso que podemos hablar de descristianización y que
estas personas que ocupan Roma hoy, son anticristos. No he dicho ante Cristos, he
dicho anticristos, como lo describe San Juan en su primera carta: ‘ya el Anticristo
hace estragos en nuestro tiempo’. El Anticristo, los anticristos; ellos lo son, es
absolutamente cierto”.

Esto que dijo Monseñor Lefebvre hacia el final de su vida, en su último libro:
Itinerario Espiritual, que nos deja como herencia y testimonio, Monseñor Fellay, y
tras él, el nefasto Padre Franz Schmidberger (cual cerebro gris) y un grupito que les
entornan, adulteran el testamento espiritual del fundador en su afán de ser
reconocidos por Roma modernista y apóstata.

¿Qué se puede esperar?, no quedan sino dos caminos: o la afirmación de la fe,
condenando a su vez el error y la herejía, o la claudicación, ya sea solapada sin
acuerdo, o declarada con acuerdo, pero claudicación, al fin y al cabo.

P. Basilio Méramo
Bogotá, Marzo 29 de 2012

domingo, 25 de marzo de 2012

PRIMER DOMINGO DE PASIÓN 1 de abril de 2001

Amados hermanos en Nuestro Señor Jesucristo:


En este primer domingo de Pasión entramos en la etapa más profunda de la Cuaresma: la etapa de la Pasión de Nuestro Señor; por eso se velan las imágenes como signo del luto, signo de que se oculta Nuestro Señor, tal como lo expresa el Evangelio de hoy: Nuestro Señor huye, se esconde de los judíos que querían apedrearlo por haber afirmado que El era Dios. Es el modo de ocultarse Nuestro Señor, quien ciertamente pasó entre ellos haciéndose invisible para evitar se anticipase la hora que El tenía prevista, en la cual moriría por nosotros.

Deducimos entonces cuan encarnizada es la lucha, la antítesis entre los judíos perversos, pérfidos y apóstatas, ante Nuestro Señor; es una lucha ineludible, una lucha que no se puede desmentir como se hace hoy, que el judaísmo se opone intrínseca y categóricamente a la religión católica, a la divinidad de Nuestro Señor y esa oposición los hace llevarlo a sufrir la Pasión hasta su muerte. Y esa oposición no dejará de existir hasta que ellos se conviertan. Y no será para que como hoy digan desde Roma o toda la jerarquía desde el Vaticano, falseando la religión católica, queriendo hacer ver que no hay tal oposición entre cristianismo y judaísmo, y quien lo niegue, no será católico. Esto lo creerá un católico imbécil que no conozca su religión, y los imbéciles se condenan en el infierno, porque la estupidez culpable tiene su castigo.

La oposición debida al odio a la verdad y a la Verdad Encarnada que es Nuestro Señor, es un pecado contra el Espíritu Santo, porque Nuestro Señor se les proclama como Dios que conoce al Padre, enviado del Padre, que Abraham deseó ver su día; el día de Aquél: "Yo soy el que soy", Jehová, Yahvé, que significa eso precisamente y que en esa palabra de cuatro letras sin las vocales (ya que los judíos no las escribían), esas cuatro consonantes que nosotros decimos Yahvé o Jehová, las cuales contienen el misterio de la Trinidad y de la Encarnación.

Ese es el misterio de la Trinidad que conocían los mayores, como explica Santo Tomás, pero que el pueblo creía solamente de un modo implícito; entre esos mayores estaba Abraham, por eso dijo Nuestro Señor que: "Abraham deseó ver su día", porque evidentemente conocía la Encamación y para conocer la Encarnación hay que conocer la Trinidad.

No es como erróneamente dicen muchos catequistas, teólogos y predicadores, que el misterio de la Santísima Trinidad es exclusivo del Nuevo Testamento; esa es una torpeza teológica; la fe es una y la misma y para que la fe sea la misma, tiene que estar basada en los mismos misterios fundamentales, y éstos, en la religión católica son: la Santísima Trinidad y la Encarnación; si es la misma fe la del Antiguo Testamento, tenían que conocer de algún modo esos dos misterios. Pero vemos cuánta es la ignorancia, pues Santo Tomás lo enseña; pero, claro, si la gran mayoría de los teólogos no conoce a Santo Tomás y se dedican a repetir como maestras de primaria, sin profundizar, predicando tonterías acerca de lo que no saben.

Sería imposible que Nuestro Señor dijera que Abraham deseo ver su día si éste no conociese el misterio de la Trinidad y de la Encarnación; sería negar las palabras explícitas del Evangelio, que es inspirado e infalible.

Verificamos una vez más cuan esparcida está la ignorancia en aquellos que debieran ser luz del mundo, porque el primer deber de la Iglesia es dar luz, el primer deber del sacerdote es dar la luz de la fe, de los misterios de Dios, de la Revelación de Dios y no llenar de errores a la gente, no dedicarse a un apostolado que más tiene de turismo, paseo y diversión que de estudio, para poder llevarles luz a los fieles y cultivarles esa fe y que crezcan en la esperanza y puedan vivir en caridad, conociendo la Santa religión y defendiéndola. Definitivamente hay una claudicación que viene de siglos atrás y que se manifiesta en la mala formación del clero como lo demuestra la ignorancia aberrante del pueblo que por no saber ni conocer su religión cae en el fetichismo o en una religión de charlatanes y estafadores, como las que hoy pululan; santerías donde se vende desde la cruz hasta perfumes con poderes "mágicos". ¡Qué vergüenza!

Más bajo no puede decaer la luz espiritual cuando debería brillar en el mundo a través de la Iglesia, de los sacerdotes; pero, ¿cómo va a enseñar alguien si no aprende primero?; y por eso
la jerarquía ha claudicado su misión pues, ¿qué se puede esperar de un obispo que ha tenido
una mala formación sacerdotal, si es un ignorante? Nada justifica el ser bruto, es contradictorio y aberrante un sacerdote en estas condiciones, ya que se exige un mínimo de inteligencia y capacidad para poder instruir al pueblo y para que instruyéndolo en las cosas de Dios se santifique; porque la santificación de los fieles no es beatería, consiste primero en el conocimiento de la verdad que lleva a amarla hasta convertirse en una devoción y no en beaterías sentimentales, que no nutren, ni llegan al alma y nos engañan.

La verdadera devoción, la verdadera piedad está basada en una sólida doctrina de la verdad, en Dios, y aumenta la fe y nos hace vivir de las tres excelentes virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; así se vive en el amor de Dios.

Eso es lo que quiere la Iglesia durante esta Cuaresma, que nos preparemos para la Pascua, viviendo sobrenaturalmente la Pasión de Nuestro Señor. De modo que si se habla de Pasión de Nuestro Señor, es porque alguien lo llevó a padecerla hasta matarlo; fue su mismo pueblo judío, deicida, que no quiso convertirse y en cambio conculcó la verdad; porque odiaban la luz pecaron contra el Espíritu Santo. A esto los llevó el odiar la verdad, impugnar la verdad, y no aceptar la verdad, la luz, a ser hijos de las tinieblas del infierno. Eso es el infierno hoy negado por Juan Pablo II, negación que sólo haría un hereje, ya que no se puede negar el infierno, diluirlo ni dudarlo, ya que es un dogma de fe y eso, que lo diga el Papa, es inadmisible.

Pues esa contradicción nos hace pensar que también esto forma parte, no solamente de la Pasión de Cristo sino también de la Iglesia, que a imitación de Nuestro Señor, su Cuerpo Místico sufrirá y está sufriendo su pasión y su agonía; por eso hoy, no debemos dudarlo, sufrimos la pasión de la Iglesia de la mano de la misma jerarquía así como fueron los jerarcas de la sinagoga, de la Iglesia del Antiguo Testamento los que crucificaron a Nuestro Señor; la Historia se repite en ese sentido, por mano de la misma jerarquía que vuelve a crucificar a Nuestro Señor en su Cuerpo Místico.

Con decir esto no invento nada nuevo, pues ya es tema ventilado en libros, incluso en idioma español hay uno titulado "La Pasión de la Iglesia", que narra lo que muy brevemente he dicho. Y es el mismo Nuestro Señor quien lo deja consignado en palabras de las Sagradas Escrituras... ¡misterio de iniquidad!

Imploremos, entonces, a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, poder permanecer de pie ante la crucifixión de Nuestro Señor y ante la crucifixión de la Iglesia hoy.

BASILIO MERAMO PBRO.

domingo, 18 de marzo de 2012

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este domingo debemos recordar especialmente el significado de la Cuaresma para que no pasemos de largo sin percatarnos del gran misterio que se celebra durante todo este periodo, como preparación para la Pascua. Preámbulo solemne de la Iglesia y por eso ella lo reviste de tan alta relevancia. Abre sus puertas para que se llene de pecadores para aque allí, una vez dentro, se purifiquen, para que la humanidad, los hombres, hagan penitencia, oración, ayuno, abstinencia y sacrificio. Por eso la Iglesia la solemniza de un modo muy especial. Sería un gran error no considerarlo así, no tenerlo en cuenta y no practicarlo como hijos que somos de ella.

La Iglesia se regocija en la misericordia de Dios para con el pecador, que somos todos, para que hagamos una verdadera reconciliación con Dios Padre y tomemos conciencia de nuestra maldad, de nuestros pecados, de nuestras miserias; para que así, con ese saco lleno de tanta podredumbre entremos en la Iglesia y allí lo dejemos al pie del sagrario, al pie del confesionario, y no sigamos odiando, siendo orgullosos, soberbios, vanidosos, y no seamos adúlteros, fornicarios. Eso es lo que quiere la Iglesia.

Y no hay pecado ni pecador arrepentido con un corazón contrito y humillado, al que Dios no lo perdone. Él no absuelve al soberbio, como no pudo perdonar a Satanás por ese orgullo diabólico; pero si nosotros, por muy culpables que seamos, nos acercamos con un corazón contrito y humillado, nos exonerará. Nos dejó el ejemplo de la Magdalena, la gran pecadora, la gran prostituida y que ha sido quizás una de las mujeres más santas y ciertamente una de las pocas que más cerca estuvieron de nuestro Señor.

Así como el apóstol virgen, San Juan evangelista, era el discípulo amado, se puede decir que María Magdalena fue entre las mujeres privilegiada, la discípula amada a pesar de haber sido una gran pecadora. Con eso, ¿qué nos muestra nuestro Señor? Justamente su gran misericordia. Y esa clemencia es la que la Iglesia prodiga a los hombres para que en este tiempo de la Cuaresma todos entremos en la Iglesia y nos santifiquemos, corrijamos nuestras vidas, que vivamos como católicos y no como paganos que es como lo propone la tecnología actualmentecon la radio y la televisión; estos son dos medios poderosos de fomentar el paganismo, la corrupción, la prostitución; ni aun las noticias a veces se pueden ver ¿por qué? Por todo el contexto.

No nos engañemos, seamos conscientes; hay toda una maquinaria a través de los medios de comunicación y no solamente la radio y la televisión, también las revistas, los periódicos, toda propaganda tiende a vender el ideal de vida pagano que es carnal, a hacernos hijos de la esclava, de la Jerusalén de aquí abajo, hijos de la carne, adúlteros, bastardos. Y la Iglesia no quiere hijos espurios, esclavos, infames, los quiere libres en Cristo, hijos legítimos de la Iglesia, de la promesa.

Significativa y muy fuerte es la comparación y, sin embargo, se aplica a la Iglesia que hoy se está volviendo ilegítima con sus hijos y no con hijos libres en Cristo, en la promesa. Debemos, por tanto, tener mucho cuidado, no solamente con todo aquello con que el mundo, por natural consecuencia, digámoslo así, trata de degenerarnos, de hacernos prostituir; si nos descuidamos nos absorbe, y para colmo de males la misma jerarquía de la Iglesia ha pactado explícita o implícitamente, poco importa, con ese ideal de paganismo, con el mundo, con la Jerusalén de aquí abajo, con los hijos de la carne; de allí deriva la falsificación de la doctrina y de la religión católica, haciéndola bastarda.

La nueva Misa, acerca de la cual monseñor Lefebvre no se equivocaba al calificarla de falsa por la unión adúltera de los hombres de Iglesia en nombre de Dios con los protestantes. De esa cópula cultual ideológica y religiosa nació una misa ilegítima, la nueva y por eso monseñor Lefebvre la calificó con ese término tan fuerte y tan duro, para mostrar que era producto de una cópula adúltera en el orden religioso. ¿Qué mayor profanación puede haber? A menos que no tengamos fe, que no tengamos ojos, que no tengamos inteligencia y sapiencia de las cosas de Dios es que podríamos no darnos cuenta, lo que sería grave.

Y ustedes que vienen aquí deben tenerlo muy claro ya que no venimos porque “sea mejor” o “porque me gusta”, no es facultativo, sino, simplemente para conservar la verdad del culto católico y para que no nos prostituyamos con uno bastardo y adúltero. Eso es lo que también tenemos que predicar a los demás con caridad, con paciencia pero con firmeza. Ahora bien, desafortunadamente aquí viene todo tipo de personas, pues no siempre todos lo comprenden y lo que quieren hacer entonces es un término medio, pero no lo hay con Dios, “Sí, sí; No, no”. Todo lo que excede a esto viene del maligno.

Todos aquellos que han conocido la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, a Monseñor Lefebvre, la Santa Misa de siempre, sean sacerdotes, fieles extranjeros y colombianos porque también los hay, y que se han ido, es porque no han resistido con integridad teológica y doctrinal la sugestión de esa fascinación adúltera que nos propone la nueva Iglesia y que se instituyó con el Concilio Vaticano II; como ellos tienen el respaldo del poder y la autoridad los utilizan, desde luego, para destruir a la Iglesia y en eso consiste la gran victoria de Satanás, en llevar a la desobediencia a Dios y a su Iglesia por el acatamiento a una jerarquía que claudica en su sacro deber.

Ahora bien, si hacemos una leve observación teológica, hay que reconocer que es una aberración el que un concilio ecuménico no sea “ipso facto”, por su propia esencia, infalible y, de hecho, teológicamente no puede existir un concilio verdaderamente ecuménico que no sea inequívoco, y si se quiso hacer un concilio ecuménico de esta forma, no es verdadero sino una simple reunión eclesiástica, aunque muy solemne, y eso es grave, muy grave. Para que nos hagamos una idea, es como si alguien se quiere casar y no quiere que ese matrimonio sea indisoluble; por el mismo hecho de quererse casar tiene que ser perdurable y si no quiere que lo sea no hay matrimonio; pues lo mismo pasa con un concilio ecuménico: o es infalible por su propia esencia y constitución, o no lo es y, peor aún, si seguimos con el rigor teológico.

¿Qué es entonces si no es un verdadero concilio ecuménico infalible? No es concilio y, entonces, ¿qué es? Precisamente podemos decir, una reunión eclesiástica. Y esto no queda allí. Si de ese concilio supuesto hay errores que conculcan los fundamentos de la Iglesia, de la fe, eso ya más que una reunión eclesiástica, es un verdadero conciliábulo; es decir, en verdad, una reunión totalmente opuesta a lo que debiera ser y en vez de estar allí el Espíritu Santo, quien está es Satanás; por lo que Pablo VI con toda la perfidia judaica (porque parece que era de origen judío), llegó a decir como la burra de Balaam, que el humo del infierno había entrado por alguna grieta en la Iglesia, y ese humo es el que están respirando la humanidad, los fieles, a través de todo lo que se predica en el nombre del Concilio; he ahí esos gases mortíferos que están matando la fe porque hoy no la hay; son muy pocos los que la conservan la fe católica, apostólica y romana.

La Iglesia es la reunión de todos los fieles en Cristo que profesan la fe católica y, díganme ustedes, ¿quién la profesa hoy íntegramente? Ni los cardenales, ni los obispos, ni aun Juan Pablo II; por eso tenemos que desobedecer, porque si nos subordinamos caemos en errores contra la fe y ni qué se diga de los fieles, al punto de que incluso lo más querido, a lo cual la gente tiene mucho sentimiento, ya empieza a tomar un matiz pagano; en la vida social se vuelve infiel el matrimonio con los concubinatos bajo una fórmula de enlace civil, cuando no de libre unión sin vínculo formalmente constituido y que da lo mismo. La cremación de los muertos, igual que los budistas, igual que los masones, sin respeto a ese cuerpo que es templo del Espíritu Santo; se lo quema violentamente en vez de dejar que naturalmente se destruya y se vuelva tierra porque: “a la tierra volverás”, no a las cenizas. Pero así, estúpidamente, la gente no se da cuenta.

En cambio en la Iglesia antiguamente quedaba excomulgado y no tenía sepultura eclesiástica quien dictaminara la cremación después de su muerte, porque hay que respetar ese cuerpo que fue templo y sagrario del Espíritu Santo; pero así es la estupidez que impera, y para colmo de males se agrega el pretexto del problema económico; claro, es más barato, pues muy bien lo saben los zorros judíos y masones y con ese propósito lo hacen para que cueste más caro el no incinerarlos. Por lo menos tengámoslo claro.

Entonces ese humo del infierno que ya Pablo VI lo señaló, es el que está matando la fe y por eso vemos las consecuencias trágicas de su pérdida y la consecuencia y desmoralización de la sociedad. No hay moral, no hay vergüenza y la mujer sin pudor se prostituye; se puede hablar de un hombre público, pero si se habla de una mujer pública, ¿en qué se piensa? Es de orden natural y por eso la mujer debe venir a Misa con el cabello y la cabeza cubiertos para mostrar sumisión y pudor y no la imagen de una mujer liberada que hace lo que le da la gana.

Las mujeres liberales no son católicas, aunque así se llamen. Y pena debería darnos el saber que es más pudorosa una mujer musulmana siendo pagana e infiel, que una católica, porque todavía no he visto a ninguna mujer musulmana con el pecho o con el ombligo al aire, o con minifalda; ¡qué vergüenza, maldita sea! No es posible que nos sigamos llamando católicos y nos comportemos peor que los musulmanes y los paganos. Debe haber siempre alguien en la Iglesia que lo diga, y me importa un comino si a alguien no le gusta; la verdad hay que señalarla y aceptarla con humildad y no rechazarla con orgullo y soberbia.

Ahora bien, si llega una mujer por primera vez a esta capilla vestida inadecuadamente no se debe cometer la estupidez de reprocharle; hay que ir también con suavidad y no con celo amargo como ha pasado con las personas más antiguas, que por su afán, no saben conducir a otra mujer a que poco a poco cambie el pantalón por la falda y se ponga velo. Quienes así actúan hacen el papel de brujas, y lo mismo algunos hombres. No se trata de criticar al recién venido, sino de ayudarlo con caridad y con paciencia y poco a poco se dará la transformación; pero si los antiguos no lo entienden, ¿cómo van a hacerlo los otros?

Estimados hermanos, aprovechemos, pues, esta Cuaresma para que rectifiquemos nuestra alma, nuestras acciones, nuestros sentimientos, nuestros corazones, porque de allí es de donde brota o todo el bien o todo el mal que hagamos y eso es lo que quiere la Iglesia, que éste sea un santo tiempo para todos, para seamos libres en Cristo y no en los derechos del hombre, ni en la ONU, ni en lo que sea, sino únicamente en Cristo, en la Iglesia, en la verdad. Esto es lo que nos hace libres, la verdad que es Cristo nuestro Señor y ante el cual todo el universo se arrodilla, en los cielos, en la tierra y en los mismos infiernos.

Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que nos acerque más a nuestro Señor y a la Iglesia para que así seamos verdaderos hijos de Dios. +

P. Basilio Méramo
20 de marzo de 2003

domingo, 4 de marzo de 2012

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA




Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Nos encontramos en el segundo domingo de Cuaresma. Durante todo este tiempo la Iglesia quiere que nos preparemos con ayunos, sacrificios, penitencias, mortificaciones y limosnas. Que nos alistemos bien para festejar la Resurrección de nuestro Señor el día de Pascua, de ahí el carácter penitencial de toda esta época que es una antesala, una purificación, una enmienda y corrección de nuestros defectos, de nuestros pecados, para ser más gratos a Dios. Si esto parece difícil es por la poca fe y el escaso fervor, ya que Dios siempre da la gracia para aquello que es necesario para la salvación. De allí que en este tiempo cuaresmal se debe intensificar la oración para prepararnos bien y purificarnos.



El Evangelio relata la transfiguración de nuestro Señor; poco antes, Él había manifestado a sus apóstoles su Pasión y ellos quedaron sin entender; mucho después de oírlo de boca de nuestro Señor, quedaron inquietos y por eso Él, de algún modo entresacó a los preferidos, para que cuando llegara la hora estos se acordaran de su gloria, y fortalecidos pudieran sostener a los otros. Sin embargo, sabemos que los apóstoles abandonaron a nuestro Señor, habiendo tenido San Pedro esta visión de la transfiguración de nuestro Señor.



¿Por qué elige a estos tres apóstoles? A San Pedro lo elige porque era quien más amaba a nuestro Señor y por esto mismo fue elegido como piedra de la Iglesia, como Sumo Pontífice, como Papa; a Santiago lo elige porque había demostrado tanto valor como para ser llamado hijo del trueno, y a San Juan porque era el discípulo amado por su virginidad angelical que lo hacía grato a nuestro Señor. Los lleva entonces a un monte alto, no se sabe qué monte es, se dice que el Tabor, otros dicen que no sino el Hermón, porque en griego dice Epsilón katidian, es decir un monte alto y solitario y el Tabor tiene 400 metros aproximadamente desde la planicie, mientras que el otro tiene unos dos mil metros. Y como la Escritura no dice el nombre, y la mayoría dice que es el Tabor, conviene hacer la aclaración porque es bueno saber que hay otra opinión válida basada en la letra del texto griego de la Escritura, según el padre Castellani.



Les manifiesta nuestro Señor esa redundancia de su divinidad sobre la carne, sobre su humanidad; en eso consiste esa transfiguración, dejar traslucir la superabundancia de divinidad en su cuerpo, que era como debía ser desde el mismo momento de su Encarnación; el cuerpo glorioso, radiante, impasible, ligero, bello, luminoso, pero Él reprimió esos efectos para que ese cuerpo pudiese servir de materia al sacrifico en la Cruz. Es por eso justamente que se anonadó y no como dicen lamentablemente muchos teólogos y exégetas, que se anonadó porque al Encarnarse se rebajó; eso es absurdo. Dios no se rebaja al hacerse hombre ni mucho menos; la Encarnación manifiesta el esplendor de su omnipotencia divina; no es ningún sobajamiento, sino que consiste en no dejar que ese cuerpo se glorifique por el contacto divino y que sea así pasible de sufrimiento y muerte; pero eso ya no es la Encarnación sino que es reprimir esa redundancia de la gloria divina a la humanidad, a la carne para que sea posible padecer y morir.



No es pues la Encarnación un hecho de anonadamiento sino de poder de Dios. Del mismo modo que Dios no está prisionero en el sagrario como muy devotamente dicen incluso los santos, esa expresión es una alegoría para mover los corazones, pero teológicamente no es cierto; lo que la presencia real de nuestro Señor en el sagrario manifiesta es el poder de su divinidad. Él no está prisionero como un reo en una cárcel esperando la liberación, sino que está ahí mostrando el esplendor de su poder que es muy distinto; que por eso debemos cuidar las emociones, porque como una mujer enamorada dice tonterías por amor, esas cosas no serían teología sino delirios de amor y como tales se entienden.



Nuestra devoción debe fundarse en la teología, en la doctrina que nos muestra el esplendor y la grandeza de Dios y, por ende, nuestra miseria. Eso nos debe hacer humildes y prontos a rendir culto a Dios. Otra cosa es que en un arrebato de locura digamos cosas por amor, pero eso es diferente.



Nuestro Señor se transfigura, deja relucir eso que debió ser su cuerpo, para mostrar a los apóstoles su gloria y que así en el momento de su Pasión no sucumbieran, no desfallecieran. Les daba con eso una esperanza de su triunfo a pesar de esa derrota tremenda, humana y naturalmente vista. En la aparición de la transfiguración están a su lado los representantes sublimes de todo el Antiguo Testamento, Moisés y Elías. Moisés como el representante de la Ley y Elías como garantía de los profetas y las profecías del Antiguo Testamento, con lo cual se les muestra a los judíos su continuidad con él y que culmina en nuestro Señor. Por eso, los judíos tampoco siguen a Moisés, ni a Elías, sólo al Talmud, a la Cábala, que son la tergiversación de los preceptos de la Ley; ellos no son fieles al Antiguo Testamento, he allí su pecado: no aceptan a nuestro Señor.



Entonces, con la presencia de Moisés y Elías garantiza nuestro Señor todo el Antiguo Testamento, el cual culmina en Él y muestra esa continuación que Él viene a completar y a perfeccionar. Lo mejora, porque todas las cosas de este Testamento que prefiguraban, desaparecen ante la realidad. Nadie está mirando la foto de la novia cuando ella está presente, y si lo está, desaparece la foto; del mismo modo se esfuman todas esas prefiguraciones, sobre todo cultuales y de ceremonias del Antiguo Testamento que se perfeccionaron y completaron con los sacramentos y el culto de la liturgia de la Iglesia.



Da ánimo nuestro Señor a estos discípulos predilectos para que no sucumban en la hora de la prueba. Transfiguración que en esta hora de la prueba de la Iglesia y de nosotros como parte integrante de ella, no nos deja desfallecer. A pesar de los curas, del clero y del mismo Papa, la Iglesia es divina. Ningún hombre debe eclipsar la divinidad de la Iglesia aunque caiga en la más tremenda apostasía, como ya se nos tiene anunciado; no perder la fe en la Iglesia católica, apostólica y romana. Aunque la Roma de hoy esté en la apostasía, como lo dice monseñor Lefebvre, como dijo hace mucho tiempo, trece, catorce o quince años al regreso de un viaje después de hablar con el cardenal Ratzinger. (Esa conferencia dictada por monseñor está a disposición de los fieles para leerla y meditarla). Así, aunque veamos esos males, la Iglesia, que antaño era esplendorosa como la vid en verano, con follaje y fruto, la vemos ahora reducida, como la vid en invierno, un tallo sin verdor, esperando el florecer; así será reducida la Iglesia a un pequeño rebaño regado por el mundo.



Pero no por eso se debe perder la concepción católica de la Iglesia y del papado, aunque el Papa sea hereje, o antipapa; yo no digo que lo sea, pero se han dado cuarenta y tantos antipapas en la historia de la Iglesia y para los últimos tiempos están señalados algunos más.

En el Apocalipsis aparecen dos bestias que configuran el anticristo, la bestia de la tierra y la del mar. Pero la de la tierra tiene apariencia de cordero, se parece a él, a Nuestro Señor. No solamente tiene apariencia religiosa sino poder, los dos cuernos de Moisés, los dos cuernos de la mitra que llevan los obispos. Qué más obispo que el obispo de los obispos, el de Roma, el Papa, al cual el demonio apunta, porque él no va a elegir a cualquier obispo sino que va a la cabeza; eso ya lo tenía presente León XIII al decir en el exorcismo que Satanás intentará apoderarse de la cátedra de Pedro y que hay que rezar para que eso no acontezca; ese pedacito ha sido suprimido hace tiempo, con lo cual se hace evidente y cabe la posibilidad que un Papa caiga y se convierta en agente del demonio; es una probabilidad teológica que nadie puede negar.



Luego hay que estar atentos, vigilantes, muy alertas, no claudicar bajo el peso de la autoridad que sabotea su misión, su oficio. El mismo derecho canónico contempla que el papado se puede perder no solamente por la muerte física del romano Pontífice, sino también por la muerte espiritual, por la herejía, el cisma, o la apostasía y estas no son cosas que quedan en la pura teoría como antaño, sino que parecen hacerse realidad. Por eso hay que predicarlas y decirlas para que el pueblo esté vigilante, no sea un pueblo dormido, e ignorante de la situación que le toca vivir, para defender la fe, la Iglesia, para protegerse de los falsos pastores, de los falsos cristos.



Lamentablemente son pocos los sacerdotes que predican así lo que sucede; pero es hora de clamar en voz alta aunque se grite desde el desierto, para que no se pierda la fe y saber que todo esto ha sido profetizado, más aún, vislumbrado por la teología; que antaño no se veía todavía venir, no era patente, luego no era preocupante, como nadie hace su testamento en plena juventud, pero luego, cuando ya se acerca a viejo piensa en él.



Pues así mismo estas cosas tan difíciles y duras, debemos tenerlas presentes para no claudicar tontamente como han claudicado los sucesores de Monseñor de Castro Mayer, que se debe estar retorciendo en su santa tumba con lo que ha hecho el padre Rifan en representación de todos ellos, bajo el peso de argumentos de autoridad y de jurisdicción. Todo eso nada vale si no está sustentado por el bien común, por la verdad. La obediencia y la autoridad no tienen valor cuando no son para el bien; es una falsa obediencia, una falsa autoridad. Es lamentable que no haya obispos a la altura de las circunstancias para que denuncien estos problemas, y quien quiera oír que oiga; pero este atropello no puede pasar sin que salga un doctor de la Iglesia, que al menos con su autoridad episcopal lo advierta.



Los obispos de la Tradición aunque buenos, parecen no dar la talla, tal vez por culpa nuestra, por ser nosotros unos tradicionalistas comodones, aburguesados en nuestras costumbres; quizás por eso falta esa categoría de obispos como monseñor Lefebvre, o como monseñor De Castro Mayer, que si había que golpear con el báculo en la mano lo hacían. No digo que estos sean malos; son muy buenos, pero les falta tenacidad, combatividad para sostener el pequeño rebaño diseminado por el mundo; el obispo es el ministro ordinario de la confirmación en la fe, y cómo es posible entonces confirmar en la fe, si no defiende a los fieles como un león con báculo y mitra de aquello que está destruyendo la fe.



Debemos rezar y ser católicos consecuentes, a no ser que sigamos por el ancho camino de todos aquellos que se creen católicos sin serlo. Si somos católicos de veras, asumamos todo y no sólo aquello que nos gusta. Dejemos la tibieza; quizás sea así como dice el adagio que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”; si es aplicable a la Iglesia no sé, pero tenemos los gobernantes que nos merecemos y aun en la Tradición católica.



Pidamos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen, ser consecuentes, firmes, tal como Ella demostró serlo al pie de la Cruz, para reasumir esa fe, ese ardor y celo sobrenatural, y ser dignos discípulos de nuestro Señor Jesucristo. +

PADRE BASILIO MERAMO
24 de febrero de 2002

domingo, 26 de febrero de 2012

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Con este primer domingo de Cuaresma comienza solemnemente el tiempo de sacrificio, de oración, de penitencia y de ayuno para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua de resurrección de nuestro Señor; por eso la Iglesia lo ha solemnizad, porque es especialmente sagrado. Por eso el demonio renueva sus ataques para que la gente y los fieles se disuadan de los ejercicios de oración, de ayuno, de penitencia y de sacrificios, pero los católicos estamos obligados a hacerlos para que nos asimilemos a los sufrimientos de nuestro Señor y para que la Cuaresma no se convierta, como en muchas partes, en un carnaval, en una parranda como si fuésemos animales que sin uso de razón vivimos según la carne y lo que la halaga. Maldita sea si esa es nuestra opinión de ser católicos porque otra muy distinta es la de la Iglesia.

La Iglesia misma en este día expone ante nosotros la tentación de nuestro Señor en el desierto, es decir, en la soledad, en una montaña no lejos de Jericó; no nos imaginemos un yermo como el Sahara sino una montaña solitaria; lo digo porque cuando conocí ese lugar me extrañó mucho, pero efectivamente sí es un desierto en la montaña, en la soledad y eso es lo que significa en definitiva, sobre todo espiritualmente; ese alejamiento que buscó nuestro Señor antes de comenzar su vida pública, preparándose con ese gran ayuno de cuarenta días y de cuarenta noches, no era ningún misterio, porque antaño ya lo habían hecho Moisés, San Elías y muchos otros.

Hoy que se ha perdido esa sabiduría sacerdotal y pareciera imposible, haciéndole decir tonterías a grandes exegetas como Salmerón o Ricciotti, quien desgraciadamente se apoyó en San Ambrosio. Sin embargo, de allí, de esos cuarenta días Mahoma sacó el Ramadán, atenuándolo, pero es muy probable que él haya hecho ese ayuno, porque naturalmente es posible, sin que se necesite un milagro.

Dice el padre Castellani, que es sin duda uno de los más grandes exegetas del siglo XX, aunque desconocido por la gran mayoría y despreciado por sus mismos compañeros y sacerdotes; pero ha sido una luz de exegesis sobre la cual debiéramos apoyarnos, sobre todo hoy. Al hablar de eso, menciona que si era una cuestión puramente divina él sería Dios porque ya lo había hecho, lo que dejaba en ridículo a otros exegetas por la ignorancia que a veces pulula y campea aun entre aquellos de mayor sabiduría y prestigio teológico en la Iglesia; porque la ignorancia desgraciadamente no respeta a nadie y por eso debemos cuidarnos de ella porque es atrevida y, entonces, nos hace decir estupideces.

También dice el padre Castellani, para explicar esta triple tentación de nuestro Señor, que no solamente el demonio quería hacerlo caer y pecar, sino que principalmente quería sacarse la gran duda que tenía de saber si era o no el Mesías, el Cristo, el Ungido de Dios, porque eso significa Cristo. El demonio, como vemos en el evangelio de hoy, conocía las Escrituras al dedillo, como lo hacen los protestantes, pero sin fe y por eso no creía; tenía esa gran duda, aunque ya lo había visto, no solamente en el desierto sino cuando fue la hora del bautismo en el Jordán por San Juan Bautista, cuando el Padre Eterno dice que Jesús es el Hijo amado en el cual ha puesto todas sus complacencias. El mismo San Juan Bautista había dicho “yo no soy digno de atar la correa de su sandalia”, y lo había señalado como al Cordero de Dios, al Agnus Dei.

Satanás sabía todo esto, por ello podemos preguntarnos por qué no creía, si nosotros con lo mismo o menos lo sabemos. La diferencia abismal es que el demonio no puede creer, no puede tener fe, está condenado. Y es más, los ángeles o creían, en un solo acto libre de amor a Dios, o se pervertían; esa fue su gran tragedia, sin que haya para ellos la posibilidad de la redención por la misma excelencia de su naturaleza angélica y espiritual que ve todo el bien y todo el mal de un solo golpe, y no como nosotros, de a poquito. Por eso Dios nos permite que podamos echarnos atrás y arrepentirnos viendo el mal y reconociéndolo aun después de haber pecado libremente.

Como hace ver el padre Castellani, Satanás tentó a nuestro Señor, no de sensualidad como dice la gran mayoría de los exegetas modernos, eso sería un desatino, inducir a un gran hombre religioso del desierto sensiblemente, sino que había que hacerlo espiritualmente con la soberbia, con el orgullo que es mucho peor que lo sensible, que lo sensual, que la concupiscencia de la carne; lo provocó con el orgullo, con la soberbia que no se ve, que no se manifiesta, que no se palpa pero que es peor; así, entonces, a través de esa triple tentación, de ese triple ataque quiere ver si en definitiva era el Mesías, el Enviado, el Ungido de Dios y por eso lo tienta con el pan, después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, en el momento neurálgico y más crítico en que debía romper el ayuno se lo ofrece. Le dice que convierta las piedras en pan y nuestro Señor le responde magistralmente: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios”.

El verdadero alimento es la palabra de Dios. Derrotado entonces en este intento Satanás, como dueño y amo del mundo o del universo, o por lo menos de esta tierra, atrevidamente, lo transporta de esa montaña cerca de Jericó a Jerusalén, a una distancia que puede ser de veinte o treinta kilómetros; lo lleva y lo pone encima del pináculo del templo y le dice que se tire porque escrito está que “los ángeles no dejarán que tropiece tu pie”, sino que ellos Le recogerían antes de que se hiciera daño al llegar abajo.

Pero nuestro Señor, ni lento ni perezoso, le responde y le replica: “También escrito está, no tentarás a Dios”; porque pedir milagros imprudentemente, indiscretamente, precipitadamente, es tentar a Dios. Cuántos no lo hacen, diciendo: “¿Por qué Dios no hace que me gane la lotería si estoy en la miseria”, “por qué Dios no cura a mi hijo que tiene cáncer o a mi madre o a mi padre”, o lo que sea. Y porque no les hace ese favor se ponen en contra de Dios y de la Iglesia por orgullo, cuando la enfermedad, la calamidad debiera acercarnos a Dios suplicantes y si Él quiere y nos conviene para la salvación de nuestra alma, entonces que se produzca la sanación si fuere el caso. Pero, ¿qué haría yo con ganarme la lotería?, ¿para malgastarla en un casino; para prostituirme en prostíbulos, para holgazanear en el mundo, para hacer maldad creyéndome todopoderoso, o abusar de la salud? Dios no obra muchos milagros que podría hacer porque sencillamente no nos convendría o a nosotros o a esa persona a la que queremos que se le haga.

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios”, “no tentarás a tu Dios” le responde nuestro Señor. Queda Satanás por segunda vez destrozado, derrotado. Pero el muy pérfido vuelve insidiosamente, no se da por derrotado, sino como una mujer; por eso dicen los Santos Padres que es peor la mala mujer que el mal hombre.

Vuelve Satanás una tercera vez para quitarse la duda y si no para hacerse adorar; lo toma y lo lleva a un monte muy alto y le muestra todas las riquezas, pompas, glorias y poderes de este mundo y le dice que todo eso se lo daría si él le adorase. ¡Qué atrevido, qué sinvergüenza! Y eso que era una de las criaturas más excelsas, más inteligentes, quizás como dicen algunos Santos que era el ángel de luz por encima de todos y por eso su nombre Luzbel, luz bella, y quien sin embargo claudicó por la soberbia.

Podemos preguntarnos cómo tenía tanto poder al ofrecerle esas riquezas, cómo fue que nuestro Señor no lo desmintió ni le dijo ¡mentiroso, eso no es tuyo sino que es de Dios!, sin necesidad de haberle dicho que era suyo, porque en cierta forma, como dicen los Padres de la Iglesia, el mundo, el universo, o por lo menos esta tierra, este planeta, este sistema solar, o esta galaxia pertenece de algún modo a Satanás que fue predestinado para que fuera él quien gobernara esta maquinaria terrenal y por eso es el príncipe de este mundo, por eso tiene poder material físico, ese espíritu sobre las cosas, sobre la naturaleza. Por eso se dan las infestaciones, las posesiones demoniacas, diabólicas y de ahí también entonces la necesidad de los exorcismos y las bendiciones.

Finalmente, nuestro Señor le responde: “¡Vade retro, Satana!”, ¡retírate!, ¡hacia atrás, Satanás!, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él servirás.” Nuestro Señor tampoco le responde ni le dice: “Yo soy ese Dios”, sino que le contesta con esta otra parte de la Escritura que afirma que solamente a Dios se le debe adoración.

Vemos que en esta triple tentación, la primera, que nos queda a nosotros, a la Iglesia, a la parte humana de la Iglesia, a los hombres, procurarse bienes materiales a través de la religión. Primera tentación en la que vemos ya ha caído la jerarquía actual, preocupada por los bienes terrenales, por el pan, creando la dialéctica, interpretando el Evangelio en esta forma; de allí la teología de la liberación y todos los comunistas que han salido del seno de la Iglesia, los curas, los jesuitas y digo los estos, no porque los dominicos o los franciscanos no lo sean, sino porque ellos, siendo más poderosos, fueron pregoneros de la revolución en América como en Chile, Colombia, Guatemala donde usan la religión para procurar bienes materiales.

Segunda tentación: procurarse el prestigio y el poder, el imperio, el mando a través de la religión; y ¿no vemos eso hoy? Los obispos pavoneándose como grandes sabios cuando viven en el error; los sacerdotes, las monjas, todo consecuencias del Concilio Vaticano II, cambiando la faz de la Iglesia aprovechándose de la religión; la misma jerarquía, en países laicos y masones como Francia, como ver al cardenal Lustiger amigo de ese gobierno masón ha impedido que todos los bienes que los fieles han donado a su muerte para la Fraternidad de San Pío X pudiese recibirlos. Son hechos.
Y así, cuántos otros usando el poder, el prestigio, la fama en provecho propio, se procuran poder a través de la religión. Por ello mucha gente se aleja de la Iglesia escandalizada y muchos se vuelven protestantes, ateos, o comunistas.

Y, ¿no es en el mismo orden en que utilizan el poder desde el Vaticano para destruir a un obispo fiel como monseñor Lefevbre y para someterlo bajo una falsa obediencia a que sea como ellos? Porque hasta eso le propusieron: comprarle un palacete para que viviera como un cardenal, o mejor quizás, y se quedase tranquilo viviendo de vacaciones; eso le pidieron cuando era Superior de los padres del Espíritu Santo para que no predicara la verdad. ¿Eso no es acaso utilizar el poder en contra de la religión y de la verdad? ¿No es en gran parte lo que San Pablo en la epístola de hoy ha dicho, “consideraos como últimos, como si nada tuviésemos, como castigados cuando todo lo tenemos”?, cuando estamos en la verdad; eso nos pasa a los fieles que continuamos firmes en la Tradición. Y no se olviden: cuando se sientan tentados, lean la epístola de hoy para que se vean en cierta forma reflejados en esta gran persecución de Satanás, que en definitiva ha entrado en la Iglesia, como lo dijo Pablo VI, y hoy estamos viendo los frutos.

Tercera tentación. En las anteriores ya ha caído la gran parte de la jerarquía oficial porque nadie se atreve a decir y a predicar lo contrario; la tercera tentación diabólica, perversa, de adorar a Satanás, ¿lo logrará? He ahí el gran misterio de iniquidad. He ahí la abominación de la desolación en el lugar santo, ¿logrará hacer que la Iglesia en su contexto humano adore a Satanás? Tal vez esté por producirse, por verificarse. Y no me hago el profeta, sino que sencillamente sigo la exegesis de la Iglesia, lo que nuestro Señor dice en los evangelios: “Cuando vuelva, ¿encontraré fe...?”.
¿Qué hará el anticristo que se sentará en Roma?, porque así lo dice nuestra Señora en La Salette: “Roma perderá la fe y será la sede del anticristo”. ¿Para qué? Para hacer adorar en definitiva a Satanás, y por eso la gran apostasía, la gran tribulación de los últimos tiempos en los cuales vivimos y en los que, lejos de aterrarnos, con fe y esperanza debemos enfrentar. Hay que enfocar esa realidad que nos está tocando vivir y no pasárnoslas viendo televisión y leyendo revistas que por muy buenas y muy verdaderas no dejan de ser estupideces en comparación con todo lo que está involucrando a la Iglesia a punto de caer, en su parte humana, en esa terrible y demoniaca tercera tentación.

Que no nos demos cuenta es el colmo, porque no hay quien lo predique, quien lo diga, quien lo clame. ¿Por qué? Por cobardía, ignorancia, estupidez humana, o lo que fuera. Por eso el padre Castellani ha sido uno de los grandes exegetas del siglo XX, porque lo avizoró, lo dijo y lo anunció y por ello fue desterrado de la Compañía de Jesús cuando era el teólogo, el doctor sacro bulado por Pío XII.

Para que nos hagamos una idea, eso le permitía predicar y escribir sin el nihil obstat, como doctor sacro de la Iglesia universal. Y, ¿cómo murió? Recluido en un apartamento de dos habitaciones llenas de libros, pero aislado, difamado; se le había prohibido decir la Misa durante muchos años, casi lo vuelven loco en Manresa. Así trataron a este doctor por señalar con el dedo lo que ahora les estoy diciendo y por eso, mis estimados hermanos, esta triple tentación debemos meditarla hoy más que nunca, y tener cuidado porque Satanás no llegará a hacerse adorar de golpe, necesitará primero quitar la esencia a la religión católica. Por eso vaciará el culto de la Santa Misa, de los sacramentos, de la doctrina, de las verdades católicas, de los dogmas. Lo que se viene haciendo desde el Concilio Vaticano II, con toda la innovación revolucionaria de la liturgia y de la teología.
Satanás necesita un culto falso, vaciado de su contenido para lograr que le adoren, que la Iglesia en su contexto humano caiga en la tercera tentación y le alabe.

Pidamos a nuestra Señora que nos ayude a meditar y tener presente todo esto para que permaneciendo siempre fieles adoremos a nuestro Señor Jesucristo y no a otro. +

PADRE BASILIO MERAMO
9 de marzo de 2003

viernes, 17 de febrero de 2012

Devoción a Santa Rita de Cassia

En Agradecimiento a los Favores recibidos por Santa Rita, la Familia González, quiere ayudar a promover la devoción a la Santa de Cassia, misma que nos ha dado ejemplo de como vivir en todos los estados de la vida cristiana, y demostrando que se puede alcanzar la salvación.

ORACIÓN PARA PEDIR UN FAVOR
Santa de lo Imposible. Oh Santa Patrona de los necesitados, Santa Rita, cuyas plegarias ante el Divino Señor son casi irresistibles, quien por la generosidad en otorgar favores has sido llamada Mediadora de los sin esperanza e incluso de lo Imposible; Santa Rita, tan humilde, tan pura, tan mortificada, tan paciente y de tan compadecido amor por Jesús Crucificado que podrías obtener de El cualquier cosa que le pidas. A cuenta de esto recurrimos confiados a ti, esperando, si no siempre alivio, al menos consuelo. Se favorable a nuestra petición, mostrando el poder de Dios a nombre de este/a suplicante, se generosa con nosotros, como lo has sido en tantos casos maravillosos, para la mas grande gloria de Dios, por la divulgación de tu propia devoción, y por el consuelo de aquellos que confían en ti. Prometemos, si nuestra petición es concedida, glorificar tu nombre, informando del favor concedido, para bendecir y cantar tus alabanzas por siempre. Confiando entonces en los méritos y poder ante el Sagrado Corazón de Jesús, te rogamos:

(Mencione ahora su petición)

Obten para nosotros nuestra petición:

Por los singulares méritos de tu infancia,
Por la perfecta unión con la Divina Voluntad,
Por los heroicos sufrimientos durante tu vida de casada,
Por el consuelo que experimentaste con la conversión de tu esposo,
Por el sacrificio de tus niños antes de verlos ofender gravemente a Dios,
Por tu milagrosa entrada al Convento,
Por las austeras penitencias y las sangrientas ofrendas tres veces al día.
Por el sufrimiento causado por la herida que recibiste con la espina del Salvador Crucificado;
Por el amor divino que consumió tu Corazón,
Por la notable devoción al Sagrado Sacramento, con el cual exististe por cuatro años,
Por la felicidad con la cual partiste de tus pruebas para reunirte con el Divino Esposo,
Por el ejemplo perfecto que diste a la gente de cada estado de vida.

Santa de lo Imposible

Oremos
Oh Dios, Quien en tu infinita ternura has sido bondadoso para escuchar la plegaria de Tu sierva, Santa Rita, y otorgas a su suplica lo que es imposible a la vista, conocimiento y esfuerzos, en recompensa de su compadecido amor y firme confianza en Tu promesa, ten piedad en nuestra adversidad y socorrenos en nuestras calamidades, que el no creyente pueda saber que Tu eres la recompensa del humilde, la defensa de los sin esperanza, y la fuerza de aquellos que confían en Ti, a través de Jesucristo, nuestro Señor. Amen
__________
ORACIÓN PARA LOS CASOS DESESPERADOS
Oh poderosa Santa Rita, llamada Abogada de los casos desesperados, socorredora en la última esperanza, refugio y salvación en el dolor, que conduce al abismo del delito y de la desesperación: con toda la confianza en tu celestial poder, recurro a ti en el caso difícil e imprevisto que oprime dolorosamente mi corazón.
Dime, oh Santa Rita, ¿no me vas a ayudar tu?, ¿no me vas a consolar? ¿Vas a alejar tu mirada y tu piedad de mi corazón, tan sumamente atribulado? ¡Tú también sabes lo que es el martirio del corazón, tan sumamente atribulado! Por las atroces penas, por las amargas lágrimas que santamente derramaste, ven en mi ayuda. Habla, ruega, intercede por mí, que no me atrevo a hacerlo, al Corazón de Dios, Padre de misericordia y fuente de toda consolación, y consígueme la gracia que deseo (indíquese aquí la gracia deseada). Presentada es seguro que me escuchará: y yo me valdré de este favor para mejorar mi vida y mis costumbres, para cantar en la tierra y en el cielo las misericordias divinas.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
__________
ORACIÓN
Oh Dios omnipotente, que te dignaste conceder a Santa Rita tanta gracia, que amase a sus enemigos y llevase impresa en su corazón y en su frente la señal de tu pasión, y fuese ejemplo digno de ser imitado en los diferentes estados de la vida cristiana. Concédenos, por su intercesión, cumplir fielmente las obligaciones de nuestro propio estado para que un día podamos vivir felices con ella en tu reino. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.




lunes, 6 de febrero de 2012

CARTA ABIERTA A MARCELO GONZALEZ



DIRECTOR DE PANORAMA CATÓLICO
Estimado Marcelo:

Es una lástima que queriendo hacer el bien y de buena fe usted siga fomentando la política delicuescente impuesta por Roma modernista a la Fraternidad, la cual Monseñor Fellay con toda su cúpula han seguido, prosiguiendo indefectiblemente el plan de desmantelamiento lento y suave (light) del combate firme y enérgico ante el error, la apostasía y la impostura de la Nueva Iglesia Post Conciliar. No es admisible seguir pensando y haciendo creer a los fieles (para colmo), vendiendo la idea de que Benedicto XVI es bueno, cercano a la Tradición, de buenas intenciones,
y favorable a la misma, cuando es un perfecto modernista, dialéctico, gnóstico-cabalista. Y ante el hecho (irrefutable) de Asís III, no se puede negar su pública y
manifiesta apostasía. No decirlo, no denunciarlo clara y públicamente es hacerse cómplice. Ante el error no queda otra alternativa: o se lo combate o se claudica.


Alegremente usted, en el boletín digital que dirige de Panorama Católico del 1 de Febrero, dice: "Una noticia se destaca: Mons. Fellay ha recibido la abjuración de un Archimandrita búlgaro y su ingreso a la Iglesia Universal. Lo más destacado es que Roma ha reconocido el acto y nombrado al nuevo sacerdote católico prelatus domesticus de Su Santidad. ¿Roma comienza a reconocer a la FSSPX en los hechos? ¿Fátima III comienza a manifestarse?", y con esto no hace sino seguirle el juego a la Revolución Anticristiana que triunfa dentro de la Iglesia y eso es lo que significa la divisa, “La Gloria del Olivo”: el triunfo de la sinagoga de Satanás. Además, ¿de qué vale el reconocimiento de la Roma apóstata, de qué sirven los
certificados de los herejes?; eso es tan burdo y estúpido como pedirle un
salvoconducto al diablo, para garantizar nuestra circulación y apostolado como Católicos en medio de este mundo.


Con sus comentarios favorece el desmantelamiento de la resistencia enérgica creando falsas expectativas y fomentando un tradicionalismo ligth, pseudotradicionalismo,
débil ante la apostasía; es hora de que aterrice y deje las falsas esperanzas, no dejándose ilusionar por vanas ilusiones y menos aún desvirtuando el tercer secreto de Fátima que señala la apostasía por la pérdida de la Fe. Sus comentarios preparan una reinserción o reintegración dentro del esquema de la Nueva Iglesia post Conciliar, confundiendo a los fieles.


León XIII en su carta Encíclica del 8 de diciembre de 1892 Inimica vis (fuerza
enemiga) desenmascara a la masonería como una fuerza enemiga de la Iglesia, cosa que Monseñor Lefevbre también señala en la conferencia que dio en 1978 (y que la hicieron retirar de Radio Cristiandad),incluso añadiendo que en el Vaticano hay instalada una masonería eclesiástica, lo cual ni usted con su Panorama Católico, ni Monseñor Fellay con su cúpula, ni Monseñor de Galarreta con su equipo de teólogos en los diálogos doctrinales con Roma, tienen en cuenta, yendo como gatitos mimados a conversar sentados a la mesa ante lobos y leones (aunque con piel de oveja). Por
ésto advertía León XIII que existe una fuerza enemiga, la masonería y que la
secta masónica no teme más nada, ni se echa atrás ante ningún adversario. Señalando además, cómo el ardor de antaño para la defensa de la antigua fe, se enfrió, y que no
hay término medio cuando se trata de salvarse, entre morir o combatir hasta el fin. Y por ésto recuerda citando a su predecesor el Papa San Félix (483 - 492): "El juicio de Nuestro predecesor, Félix III, acerca de ese asunto es muy grave: 'no resistir el error, es aprobarlo; no defender la verdad, es ahogarla... Quien cesa de oponerse a un crimen manifiesto, puede ser considerado como cómplice secreto del mismo'." Estas palabras del papa San Félix, retomadas por el papa León XIII, son las que juzgan tanto su conducta, como la de Monseñor Fellay y su cúpula y la del
propio Monseñor de Galarreta.


En el mismo sentido, una antigua regla del Derecho decía: "No resistir el error, es aprobarlo; no defender de algún modo la verdad, es oprimirla, negligir derribar a los malos, cuando se tiene el poder, equivale a favorecerlos. El que neglige oponerse a un crimen manifiesto, no está exento de una secreta complicidad.


Por todo lo cual, no queda más que mantener una firme y decidida condena del error, la impostura y la herejía de la Nueva Iglesia post-Conciliar o Pseudo-Iglesia.


¿De qué sirven los diálogos con Roma Apóstata, y sus reconocimientos y certificados, pretendiendo ejercer un apostolado en defensa de la Tradición Católica pero con la aprobación de los modernistas herejes y apóstatas? Absurdo y Contradictorio. Eso es por demás, avalar el error dando visos de legitimidad al no tener en cuenta las advertencias de Nuestra Señora de la Sallete que dijo "Roma perderá la Fe y será la sede del Anticristo, y que la Iglesia será eclipsada". Dicho eclipse es el que está
señalado en la anterior divisa de Juan Pablo II correspondiente a "De labore solis", pues la Iglesia es el Sol que alumbra este mundo y hoy el eclipse del sol es
total.


Por eso dijo San Cipriano: "No os deis afán por edificar templos materiales en
los cuales al fin de acabo sabéis se sentará el Anticristo. Edificad la fe en los
pechos, templos que nadie puede quemar." (El Evangelio de Jesucristo, Castellani ed. Dictio 1997, Buenos Aires p. 412). San Hilario a su vez, escribe: "Hacéis mal en amar tanto los muros, y fincar así en los edificios nuestros respetos por la Iglesia, y cubriros de este pretexto para invocar una pretendida paz. ¿Puede dudarse que el Anticristo se sentará en los mismos lugares?". (Straubinger nota 3, 2 Tes. 2)


De otra parte, está confundiendo el triunfo del Inmaculado Corazón, que no puede ser antes de la Parusía, con lo que dice el Tercer Secreto, no revelado, sobre la apostasía universal, adulterando así el mensaje mariano, para reavivar una esperanza falsa en un triunfo que no requiere la intervención directa de Cristo Rey. Pues el triunfo que todos esperamos, es con la Parusía de Nuestro Señor, por su directa e inmediata presencia que destruye el poder del mal personificado en el Anticristo tanto político como religioso, o pseudoprofeta, y no antes sin esta intervención, como quiere el modernismo progresista, de un triunfo de la Iglesia por las solas
fuerzas intrahistóricas y humanas. Y de aquí su ecumenismo de unir a los hombres sin
dogmas que dividan.


Mons. Fellay con su séquito de dirigentes, sigue más bien la línea de Juan XXIII para quien la Iglesia no tiene enemigos, y por eso ante Roma se presta al Diálogo ingenuamente, cuando están en medio de lobos rapaces y paradójicamente, al igual que Juan XXIII, quien no queriendo ser un profeta de calamidades como esos que creen próximos el fin de los tiempos apocalípticos, se decide dialogar con el mundo y
aggiornarse, configurándose a este siglo, con la falsa convicción de que si hay un largo camino todavía por recorrer, de algún modo hay que alejar las enemistades. Y
Mons. Fellay con parecido criterio al no tener en cuenta la posibilidad de entender que estamos en los últimos tiempos, busca el dialogo y el compromiso.

Que Dios le ilumine con su gracia y lo fortalezca para librar el verdadero combate por la verdad y la Tradición Católica, bajo el amparo de la Santísima Virgen María, quien aplasta la diabólica serpiente.


P. Basilio Méramo
Bogotá, Febrero 6 de 2012

domingo, 5 de febrero de 2012

DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Con este domingo de Septuagésima se inicia el ciclo litúrgico de la Pascua que tiene su preparación con la Cuaresma y su antesala o preludio que comienza hoy para prepararnos a ella con sus sacrificios, penitencias, mortificaciones y a imitación de nuestro Señor en el desierto poder después festejar con gran alegría la resurrección de nuestro Señor, después de su muerte en la Cruz por nuestros pecados; a eso debemos el color morado de los ornamentos.

Y así la Iglesia nos va advirtiendo en estos domingos antes de la Cuaresma que nos vayamos disponiendo y preparando para este periodo de la Iglesia que antaño los fieles practicaban con verdadero fervor, y que nosotros, dada la debilidad del hombre actual, medio la sobrellevamos; no por eso olvidemos el espíritu de sacrificio, penitencia y oración que durante estos días de disposición comienzan hoy con la septuagésima. Setenta días para la Pascua es un número que la Iglesia tomó como motivo de preparación; los Siete Salmos Penitenciales por ejemplo; número siete que nos recuerda también el exilio del pueblo judío en Babilonia durante setenta años y que recuerda la historia de la humanidad resumida en ese destierro del pueblo elegido; por eso la Iglesia lo toma para que lo recordemos como preludio a la Pascua.

Me veo hoy penosamente obligado a tratar un tema que preferiría realmente callar, pero no puedo dejar de advertirlo, dado el hecho de la reunión del 24 de este mes en Asís, reconfirmando lo que hace varios años fue un escándalo; lo cual demuestra una pertinacia en el error y que miradas las cosas a la luz de la fe, no con sentimentalismos ni aprehensiones humanas, no se puede dejar de señalar porque son hechos que ofenden el nombre de Dios. Porque cuando hay hechos que conculcan evidentemente el honor de Dios, que son públicos, es un deber de todo católico señalarlos y lo más grave es que no se trata de cualquier prelado, de cualquier cristiano, sino de un acto de la jerarquía oficial de la Iglesia con el Sumo Pontífice a la cabeza representando a Dios, en unión con todos los otros líderes religiosos –para pedir la paz–; nosotros sabemos que la paz únicamente se puede pedir en el nombre de Cristo.

No puede haber otra paz fuera de la paz de Cristo. Sería una ilusión, un engaño, y en el peor de los casos la paz del Anticristo que ya la tenemos anunciada en las Escrituras.

Luego, yo no puedo pedir junto con los demás si no pido en Cristo porque no sería la paz de Cristo sino la del Anticristo. No hay término medio, las verdades de la religión católica son apodícticas, derechas, contundentes, definitivas, y al espíritu liberal no le gusta esa contundencia, radicalidad y verticalidad de la verdad, por eso siempre prefiere un sí que sea un no y un no que sea un sí. Y por eso nuestro Señor dice “sí sí o no no”, toda otra palabra viene del maligno. En materia de fe, en materia de verdad no cabe otro lenguaje, porque éste no les gusta, no le parece al mundo moderno ni a sus enemigos ni a los que están dentro de la Iglesia en connivencia con ese espíritu. Es un espíritu tolerante, y me refiero al liberalismo en el orden teológico y filosófico, no estoy hablando aquí de partidos políticos que por otro motivo se puedan asociar a este pensamiento. Pero es tal el reformismo de nuestra época que no nos gusta la verdad por el compromiso que ella exige y por eso un acto público como el del día 24 no se puede, a los ojos de la verdad o de la fe, dejárselo de lado o disimularlo.

Es para mí una obligación decirlo, aunque me freno para no decir todo lo que pienso y lo que en consecuencia se seguiría por simple lógica, porque no quiero escandalizar ni asustar a nadie, pero sí es mi deber advertir a los fieles, para que no se dejen llevar por el falso concepto del peso de la autoridad. ¿Cómo se va a pedir una paz sin invocar el sacrosanto nombre de nuestro Señor Jesucristo?, si Él siempre dice: “Pax Vobis”, Mi paz os dejo, mi paz os doy”. Porque Él sabe que todos los bienes se condensan en la paz, que es la tranquilidad en el orden y en el divino, en el natural pues eso será adulterado hacia el fin de los tiempos para promover una falsa paz que culminará en el Anticristo; y cómo se le va a pedir a Dios si no se le pide al verdadero y único Dios Uno y Trino, al Dios de la revelación.

Yo no le puedo pedir a cualquier dios, no puedo invocar en la oración a un falso dios. Entonces, ¿cómo voy a reunirme en el nombre de Dios y de la Iglesia con los líderes de las falsas religiones para pedir una paz que no es la de Cristo y a un Dios en el que ellos no creen? Los dejo en el error, la infidelidad y confundo a los católicos, eso es desastroso y apocalíptico. Un Papa no tiene poder ni derecho para hacer eso.

La infalibilidad de la Iglesia y de la cual goza el Papa no es para anunciar una nueva doctrina sino para confirmar a sus hermanos en la fe, contenida en el depósito de la revelación católica. Esto no las debería decir yo, un simple sacerdote, sino los doctores de la Iglesia, que por oficio son los obispos; es deber de los obispos católicos advertir a los fieles dispersos por el mundo en esta hora crítica de crisis en que la Iglesia está reducida, y siendo limitada para alertar no sólo a la humanidad sino a los fieles de no dejarse seducir por una falsa unión, por una falsa paz. Ese es el deber de los obispos, consolidar en toda doctrina, profesar y sostener en esta crisis la fe y la doctrina de la Iglesia y sostener a los fieles; para eso son pastores hasta dar la vida por sus ovejas. Y si no lo hacen no cumplen con su deber y no valen acciones sucedáneas, cuando la verdad está públicamente conculcada, eso exige una denuncia.

Eso fue lo que ocasionó a los mártires la profesión de la fe y no se puede claudicar, soslayar, ocultar. Es trágica la hora presente; la verdad tiene sus derechos y por eso no puede uno hacerse el tonto. A mí me gustaría no tener que hablar más de ello y abrigo además el temor de escandalizar a alguien y, si se diese el caso, pido que por favor me lo haga saber para quitar ese escándalo; pero mucho más indignante es el acto que Juan Pablo II hace en nombre de la Iglesia como sumo Pontífice y Vicario de Cristo. Un acto que no es de Dios ni para Dios. ¡Es tremendo! Y por eso considero un deber advertir a los fieles sobre la legitimidad con la cual Juan Pablo II y todos los cardenales en comunión con él ejercen en nombre de Dios y de la Iglesia católica haciendo eso que acaban de realizar.

Porque como sacerdote católico, apostólico, romano, tengo que decir que ese evento no es católico, ni apostólico ni romano, ni de la Iglesia católica sino digno de la iglesia de Satanás; así de claro, de duro y con todo el dolor de mi alma pero es la profesión de fe pública que tengo que dar, porque está en juego la salvación de mi alma y de las almas de todos los fieles porque, repito, esto no lo debiera decir yo, sino los obispos que son los doctores de la Iglesia y en nombre de Dios manifestarlo. Porque no puede ser que el error, el engaño circulen en el nombre de Dios, eso no puede ser. Un Papa no tiene autoridad para ello, ninguno, y si hace un evento de esos con toda la jerarquía en comunión con él, tengo todo el derecho y el deber de poner en duda la legitimidad de ese evento. Es lo menos que puedo decir, y creo que es lo menos que debieran decir aquellos prelados que se estimen católicos si no quieren pecar de cobardía, de ignorancia o de lo que fuese. ¡Es terrible! Pero es así.

La fe así lo exige, es lo formidable de Dios, pero no nos percatamos porque la anemia espiritual se nos ha ido tan suavemente dosificando que ya ni cuenta nos damos, y Dios permite que el hecho abominable de Asís se repita, como para ver si los que no supieron reaccionen, pero nadie responde, nadie musita, nadie chista. ¿Por qué? ¿Es que no existen hombres viriles, sobrenaturales, que puedan defender la Iglesia? Si no los hay entonces ya se hubiera acabado la Iglesia, luego los tiene que haber que clamen desde el desierto; es una obligación, así nos cueste la cabeza.

Lo terrible no es que los musulmanes, azuzados por judíos, tumben las torres de Nueva York que bien se las harán pagar con el seguro porque estúpidos no son; lo grave no es que ese país esté agobiado con la violencia, mucho más grave es lo que pasa en la Iglesia católica, eso es lo peligroso: que se pudra la religión, que se pudran los prelados, que se pudra el clero. Eso es gravísimo y lo peor es que no nos demos cuenta de ese estado de putrefacción, de adulteración y que no haya paladines que adviertan al pueblo para que permanezca fiel a la fe en esta apostasía. Por eso, mis estimados hermanos, desde todo punto de vista, teológico y jurídico, es lícito dudar de la legitimidad de Juan Pablo II cuando ejerce un acto en el nombre de Dios para destruir la Iglesia.

Es lo menos, sinceramente lo menos, las soluciones no son nuestras, no las podemos dar; la conclusión la dará Dios; el buen médico es el que diagnostica la enfermedad, aunque muchas veces no puede dar la salud, porque la salud y la vida vienen de Dios, pero sí el diagnosticar, para que no nos dejemos arrastrar. Eso haría yo si fuera obispo, me vería obligado a hacerlo delante de Dios, poner en duda pública la legitimidad ante la gravedad de esos actos que está realizando; perdónenme las expresiones, porque sencillamente un Papa no se puede poner de ruana la Iglesia, no es su bien propio, es la Iglesia de Cristo, son las almas de Cristo y la autoridad la tiene para gobernar dentro de los cánones de las leyes, tanto divinas como eclesiásticas.

El Papa no es un gurú o un mandarín caprichoso que puede hacer con la Iglesia y sus leyes lo que le dé la gana; ese no es el concepto católico de la autoridad, ni en el orden natural ni en el sobrenatural.

Ya en España, la madre patria, un rey podía ilegitimizarse por la falta de ejercicio, cuando claudicaba en el deber de procurar el bien común. El poder no está para hacer con él lo que se quiera, sino para gobernar llevando a los súbditos hacia el fin, y ¿hacia dónde nos lleva Juan Pablo II? Hacia ese abrazo con las falsas religiones para pedir una paz que no es la de Cristo a un dios anónimo, que no es el Dios Uno y Trino de la revelación; y si lo es ¿por qué no lo dice? ¿por qué no lo proclama? ¿por qué no lo profesa? No hay término medio, sí o no, no hay excusa, no hay ignorancia que valga, son los hechos, los terribles hechos.

Por eso tenemos que rezar más que nunca, para perseverar en la fidelidad a la Iglesia que está siendo reducida. No todo el que diga ¡Señor, Señor!, se salvará; no todo el que dice ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de Dios; no todo el que dice ¡Señor, Señor!, es católico. Esta jerarquía oficial no es católica, no pueden ser católicos, no profesan la fe católica, eso es evidente; la fe no se profesa en el baño ni en la cocina de la casa, se ejerce públicamente. Y lo que hemos visto es una anti-profesión de fe, de una anti-iglesia digna de un Anticristo. “Roma perderá la fe y será sede del Anticristo”, dijo nuestra Señora en La Salette.

¿Quieren ver más claro? ¿Qué falta para ver más claro? Amor a la verdad, es lo único que nos puede hacer ver, el amor a la verdad, a esa verdad que invoca San Juan Evangelista; amor a esa verdad que es el Verbo de Dios, que es la que ilumina toda inteligencia, pero que los suyos no la recibieron, que los suyos no la aceptaron prefiriendo las tinieblas, pues son hijos de las tinieblas. Eso es lo que le pasa al pueblo judío por su perfidia y eso es lo que nos va a pasar si no tenemos el amor a la verdad, y éste lleva a la inmolación de la propia vida como lo hizo nuestro Señor Jesucristo en la Cruz; eso es ser católico, esa es la espiritualidad católica, eso es lo que anima la devoción católica, eso es lo que ha hecho a los Santos. No una masa, una fe , una doctrina amorfa, equívoca, sino la luz de la verdad que es nuestro Señor.

Perdónenme si he sido un poco duro, pero es así y si no puedo hablar, si voy a escandalizar, ganas no me faltan de irme al desierto y no tener que decirlo. Pero si tengo la cura de almas es mi deber entonces decir las cosas como las veo en conciencia delante de Dios. Pero no callar por miedo, el que fuese, y sí pedir la gracia para que todos podamos tener ese mismo entendimiento, y así poder ser fieles a la verdad, porque eso que ha ocurrido se va a agudizar, no queda allí, no para allí, la globalización del mundo con la Iglesia y todas las religiones, la unión fuera de Cristo que realizará el Anticristo; hacia eso vamos y por eso si los tiempos no se abrevian, nadie se salvaría, por eso debemos ser lúcidos en la fe, con la lucidez del Espíritu Santo y pedirle a Dios que nos sostenga, porque por nosotros mismos no podemos nada, somos miseria, barro. Entonces es Dios en nosotros y por la Gloria de Dios es que debemos mantener la fe en medio de estas densas tinieblas que seguirán apretando y que nos absorberán si no tenemos cuidado y si no tenemos vigías que mantengan despierto al pueblo de Dios, a los fieles.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, para que Ella sea nuestro sostén, para que nos sostenga como a niños indefensos bajo su manto. +

P. BASILIO MERAMO
27 de enero de 2002