San Juan Apocaleta
Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.
"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.
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domingo, 16 de febrero de 2014
DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Con este domingo de Septuagésima, se inicia el ciclo de la Pascua: segundo ciclo de la Pascua que gira alrededor de la Resurrección de nuestro Señor, y que es la fiesta más solemne, más importante del año litúrgico aunque no la más popular, como la Navidad. La fiesta más importante de todo el año litúrgico es el domingo de Pascua, el domingo de Resurrección y nos preparamos a esa Resurrección, a esa Pascua, con la Cuaresma: cuarenta días de ayuno, penitencia y oración. Con la Septuagésima nos introducimos levemente en esa preparación: mortificación del cuerpo como dice San Pablo, “yo someto mi cuerpo, mortifico mi carne para que después de haber predicado no sea yo inducido en tentación y sea réprobo”.
Todo católico debe mortificar su cuerpo, sus sentidos, sus apetitos y el mundo de hoy enseña lo opuesto totalmente: placer, gozo, diversión. Mientras que el cristianismo nos dice sujeción, represión, mortificación del cuerpo con todos sus sentidos, el mundo de hoy predica lo contrario. Lo que demuestra una vez más el carácter y el sello anticristiano de la civilización moderna. Mucho menos entonces se comprenderá el significado de la Semana Santa, de la Cuaresma y de este preludio a la preparación de la Cuaresma con estos domingos iniciados hoy con la Septuagésima, o setenta días de preparación antes de la Resurrección.
Así como setenta años estuvo el pueblo de Dios en el cautiverio de Babilonia, lo mismo estamos nosotros, como cautivos a lo largo de este mundo hasta que se produzca la Pascua de Resurrección de todos nosotros, cuando nuestro Señor venga a juzgar y culmine todas las cosas para la mayor gloria de aquellos que Él ama; esa es la motivación y la esperanza que tenemos: vamos a resucitar al igual que nuestro Señor y resucitar como bienaventurados, no como réprobos. El sentido de la Septuagésima y después de la Cuaresma es, pues, la mortificación y la penitencia simbolizadas con el color morado.
En el evangelio de hoy vemos la parábola de los obreros que reciben todos un denario. Esta parábola pertenece al género simbólico. Un símbolo es una cosa real que representa otra cosa real. Las imágenes de las parábolas a través de un ejemplo que podemos ver o entender representan, muestran, una realidad sobrenatural, espiritual de las cosas de Dios, que no son tan fáciles de inteligir, que son verdaderamente un misterio. En apariencia, si juzgamos por la parábola parecería injusto lo que hace este Paterfamilias, quien les paga a todos por igual, cuando unos habían trabajado todo el día y los últimos apenas un rato, y, sin embargo, no fue injusto, porque lo convenido había sido que por todo el día pagaría un denario.
No comprendemos la bondad de Dios y no comprendemos la gran moraleja de esta parábola llena de esperanza, para que no desesperen aquellos que son llamados al último momento, a la última hora, y no se enorgullezcan los que son llamados desde el primer instante. Ese denario en definitiva vendría a ser el cielo igual para todos, convertidos desde el primer instante o en el último. Qué gran esperanza nos transmite la parábola de hoy, que al mismo tiempo es una lección contra el orgullo. Aquellos que han sido convertidos desde la primera hora y aquellos que sean llamados tarde, si oyen el llamado de Dios se salvan igual que los otros que fueron llamados desde el principio. Vemos que la bondad de Dios está muy lejos de una interpretación puramente material, igual a como en apariencia se puede juzgar si miramos las cosas así, como juzgaron los obreros que trabajaron todo el día en la viña.
Esta parábola tiene una gran dificultad. Algunos, yo no lo creo así, dicen que es una “extrapolación”, para en cierta forma esquivar la dificultad que tiene al terminar: “Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros; muchos son los llamados y pocos los escogidos”. Que los primeros sean los últimos y los últimos sean los primeros, no habría mayor dificultad, viendo lo que aconteció con el pago igual para todos, la salvación igual para todos sin importar si fueron contratados temprano o tarde; en ese sentido quedaron igualados y así es la igualación de la vida eterna, el cielo de la salvación tanto para los primeros como para los últimos, todos quedan equiparados. Pero la dificultad sigue al decir que: “muchos son los llamados y pocos los escogidos”, y la mayoría tiende a mal interpretar diciendo que son pocos los que se salvan, cuando de eso precisamente nuestro Señor no quiso jamás manifestar ni una palabra. Respecto a la salvación, si son muchos o pocos quienes se salvan y quienes se condenan, es un gran misterio de Dios.
Aquellos exegetas y predicadores, que los hay muchos y no de ahora sino desde mucho antes de que se produjera esta crisis, la mayoría interpretaba que eran pocos los que se salvaban, y no se dan cuenta que por interpretar estas palabras tomadas al pie de la letra, caen en el error de la predestinación protestante, que dice que: Dios llama a unos para el cielo y a otros, para condenación, al infierno; es el gran error de la justificación protestante y calvinista. Dios no llama a la salvación a muchos, nos llama a todos y todos no son muchos; Dios llama al cielo a todos los hombres y por eso murió por todos los hombres. La obra de la Redención es para todos los hombres, aunque a la hora de la salvación ya no sean todos sino muchos, como cuando se dice en la consagración del cáliz “pro vobis et pro multis”, no son pocos, aunque eso tampoco nos permita decir que son muchos, sencillamente no hay que tomar al pie de la letra “muchos los llamados y pocos los escogidos” como si fueran muchos los llamados (no todos) y pocos los que se salvan, lo que sería un grave error.
Lo que nuestro Señor quiere hacernos ver es que son muy pocos los escogidos de Dios en el sentido de la perfección, de la santidad. Son pocos los que hacen buenas obras y esa es la interpretación que da Santo Tomás; dentro de ese número de hombres que hacen buenas obras pocos son los santos, pocos son los píos, pocos son los virtuosos. Hay una gradación en la perfección cristiana, una cosa es ser virtuoso, otra cosa es ser pío y otra cosa es ser santo, porque el camino que lleva al cielo es estrecho, pero es ancho el que lleva al infierno; así entonces, nuestro Señor pudo decir “muchos los llamados y pocos los escogidos”; pocos, muy pocos los que siguen esa vida de virtud, menos aún esa vida de piedad y mucho menos esa vida de santidad a la cual Dios nos llama.
Pidámosle a nuestra Señora, a la Santísima Virgen, que esta crisis que desola a la Iglesia nos sea provechosa en sus efectos purificadores. Así como los metales se purifican y como el oro se acrisola en el fuego, así nosotros y la Iglesia misma conformada por hombres se purifique con el fuego de esta crisis, ya que bien mirada y sobrenaturalmente llevada es una crisis purificadora para aquellos pocos escogidos que quieren seguir el buen camino, mientras la mayoría va por el ancho de las malas obras. Que sea Ella, la Santísima Virgen María, quien nos ayude a mantenernos firmes, de pie, sin escandalizarnos de lo que acontece con los hombres de Iglesia dentro de la Iglesia, con su jerarquía, y del peligro que corremos por la presión que se ejerce sobre ese residuo fiel ante la prostitución de los demás.
Hago referencia a las dos mujeres de las que habla San Juan en el libro del Apocalipsis: la mujer vestida de sol que pare en el dolor y que por eso no es la Santísima Virgen María, como creen muchos erróneamente, con falsa piedad y poco seso. La Virgen no alumbra en el dolor; otra cosa es que esta imagen de la mujer parturienta que representa la religión fiel y perseguida en los últimos tiempos sea un símbolo que se pueda aplicar a nuestra Señora, no textualmente, porque sería herejía pensar que nuestra Señora dio a luz en el dolor a nuestro Señor. Y la otra mujer, la ramera o prostituta que cabalga sobre la bestia, que es la misma bestia que salió del mar, el Anticristo, y vestida de color púrpura, llevando en la frente la palabra “misterio” y que asombró a San Juan, esa mujer ramera es la religión, esta mujer en el Antiguo Testamento ha sido el Israel de Dios, como buena esposa o como mala mujer, pura o adúltera, es toda la historia del Antiguo Testamento.
Por eso la mujer significa la religión y estas dos mujeres significan el estado de la religión y la Iglesia en esos dos polos, el de la corrupción, la prostitución y el de la fidelidad. De ahí la gran persecución de esa religión prostituida, la gran ramera que cabalga montada sobre el poder de este mundo bebiendo el cáliz de su prostitución, de su profanación, el cáliz lleno con la sangre de los santos y de los mártires, como acontece hoy con la Roma modernista, progresista, que se ha prostituido, que persigue a la Roma eterna, a la Roma fiel, a la Roma que representa la Tradición Católica y que enarboló monseñor Lefebvre; esa Roma prostituida, corrompida, quiere destruir a la que es fiel. Ese es el peligro que corremos dejándonos seducir y esa obra de seducción –hay que decirlo–, la lleva a cabo el cardenal monseñor Darío Castrillón, colombiano zorro; lo que los europeos no pudieron hacer con monseñor Lefebvre, lo encargan hoy a un colombiano.
Colombia da para lo bueno y lo malo y de ahí la insistencia con que este cardenal está llevando a cabo su tarea, hacernos sucumbir, no me cabe la menor duda. Quien se acerca a una mujer corrompida, si no es para convertirla como lo hizo nuestro Señor con la Magdalena, cae bajo su seducción, pagando el precio de la apostasía; por tal razón monseñor Fellay ha pedido que se rece durante un mes la oración de la consagración de la Fraternidad al Corazón Doloroso e Inmaculado de la Virgen María para que acelere su triunfo, el mismo que Ella prometió en Fátima, triunfo que no podrá darse sin la intervención de Dios; no será un triunfo por mano de elemento humano, será una intervención de Dios, que tenemos profetizada con el segundo advenimiento de nuestro Señor. Sobre esto hay gran confusión y poca luz.
Sin embargo, los Padres de la Iglesia, durante los primeros cuatro o cinco siglos, tenían estas cosas como predicación común, por lo cual San Pablo, como todos recordamos, les dice que todavía no es el advenimiento de nuestro Señor, les da los signos y les habla de un obstáculo que nosotros no sabemos cuál es concretamente, pero conjeturamos esto, para estar alertas, ya que vivimos un tiempo extraordinario, una situación extraordinaria. Pero la verdadera expresión, la verdadera palabra no es esa, esa expresión tiene validez en un lenguaje común, pero en el lenguaje exegético, bíblico y profético, quiere decir que vivimos tiempos apocalípticos, últimos tiempos; así denominan las Escrituras a esta época anunciada, y que lo menos que podríamos decir es que es sorprendente, pero que bien mirada es apocalíptica, es una situación completamente anormal, fuera de los cánones de la Iglesia. Nos toca vivirla, purificarnos y esperar el triunfo de nuestro Señor, el triunfo del Inmaculado Corazón cuando Él venga a juzgar, por su aparición y por su reino, como dice San Pablo.
Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen, que nos ayude a comprender todas estas cosas que se van aclarando a medida que los tiempos se van cumpliendo y que permanezcamos fieles a la Iglesia católica, apostólica y romana para salvar nuestras almas. +
BASILIO MERAMO PBRO
11 de febrero de 2001
martes, 11 de febrero de 2014
LAS ALTERNATIVAS QUE EL MUNDO OFRECE Ó NI CON MELÓN NI CON SANDÍA
En tierras Guadalupanas, posterior a las flamantes
independencias de lo países hispanos, con falsos nacionalismos y bandos,
banderas e himnos, todo insuflado por la masonería independen-liberalista era
común hasta los años 70´s observar de manera doméstica a los parvulitos jugar
al revelador juego de "A LA VIVORA DE LA MAR" que además de cínico
concluía en que cada uno de los miembros que eran atrapados por esa víbora de
la mar tenía que "decidir" si se quedaba con Melón o se quedaba con
Sandía, de esa forma los bandos que integraban el juego engrosaban sus filas.
De similar forma la sinagoga de satanás, pudo incoar en
adultos lo que sembraba en niños, de tal suerte que hoy tienes la opción de ser
comunista o capitalista, ser fanático seguidor y partidario del equipo de
futbol A o del equipo de futbol B, votar
por el partido demoniocrático X o ser militante del Y.
En estos satánicos procederes, no iba a ser excepción la
tomada Iglesia católica Apostólica y Romana, siendo las alternativas posibles
para las estultas masas, aunque fueran ligeramente pensantes, el rigor de tener
que escoger entre las opciones de la "Víbora de la mar" o eres
papista o eres sedevacantista.
Pareciera que no hay de otra sopa.
Hemos escuchado incluso, de algún sabio presbítero atinadamente
cuestionarse, si la Santísima Virgen María, en su mensaje de la Sallette,
exprofeso: (SIC.- ROMA PERDERA LA FE Y SERA LA SEDE DEL ANTICRISTO) podría ser
calificada de "sedevacantista"
Es materialmente imposible que Ella se contradiga, y si dice
que Roma iba a ser la SEDE del anticristo, ES una sede no vacante, y no ocupada
por un Papa común y corriente, sino NO IBA A ESTAR VACANTE Y NO IBA A SER UN PAPA.
NI CON MELON NI CON SANDÍA
Si alguna etiqueta se le pretende dar al verdadero
"pequeño rebaño" se le podría decir en aras de intentar un neologismo
postmoderno como el de "SEDEANTICRISTISTA"
.
Sin embargo, para el verdadero pequeño rebaño, basta con que
se nos diga CATÓLICOS y esto por la gracia de DIOS.
Ni Comunista, ni capitalista, bástele a cada día su afán.
Ni un equipo, ni otro del estupidizante futbol, que dicho sea de paso, sus fanáticos (conservadores y/o tradicionales) desestiman por completo sus "MUNDIALES" pese a que los trofeos que reciben sus equipos campeones, son también "DEMONIALES Y CARNALES"
Ni un Partido demoniocrático, ni el otro; La Autoridad es la capacidad de ejercer la voluntad del autor, y la soberanía es facultad del soberano, y el Autor y Soberano del verdadero Cristiano, es DIOS TRINO Y UNO, y no nos hacen olvidarlo con el futbol, ¿porque si hay bandos? son compuestos por : "EL QUE NO ESTA CONMIGO ESTA EN MI CONTRA" O verdaderos Cristianos o enemigos de Cristo, y no con las opciones que la "víbora de la mar" ofrece, y que la gran mayoría se traga escogiendo el equipo X del partido demoniocrático y todavía se creen católicos tradicionales ¿Cuanto mas se auto estiman católicos, quienes se autoetiquetan como papofilos o sedevacantistas ante el anticristo?
Ni un equipo, ni otro del estupidizante futbol, que dicho sea de paso, sus fanáticos (conservadores y/o tradicionales) desestiman por completo sus "MUNDIALES" pese a que los trofeos que reciben sus equipos campeones, son también "DEMONIALES Y CARNALES"
Ni un Partido demoniocrático, ni el otro; La Autoridad es la capacidad de ejercer la voluntad del autor, y la soberanía es facultad del soberano, y el Autor y Soberano del verdadero Cristiano, es DIOS TRINO Y UNO, y no nos hacen olvidarlo con el futbol, ¿porque si hay bandos? son compuestos por : "EL QUE NO ESTA CONMIGO ESTA EN MI CONTRA" O verdaderos Cristianos o enemigos de Cristo, y no con las opciones que la "víbora de la mar" ofrece, y que la gran mayoría se traga escogiendo el equipo X del partido demoniocrático y todavía se creen católicos tradicionales ¿Cuanto mas se auto estiman católicos, quienes se autoetiquetan como papofilos o sedevacantistas ante el anticristo?
"HABRA FALSOS
CRISTOS Y FALSOS PROFETAS, SI ALGUNO OS
DICE, EL CRISTO ESTA EN EL DESIERTO, (SEDEVACANTISTAS), O
ESTA EN EL
FONDO DE LA CASA (PAPOFILOS Y ACUERDISTAS) NO LES CREAIS..."
El que tenga ojos.... Ni con Melón Ni con Sandía.
SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto González.
ANSIEDAD DE LA VERDAD. Sobre la Sede Vacante
En
su último número Eleison del 1 de Febrero del 2014, titulado “Ansiedad
Sedevacantista
II”, Monseñor Williamson, equipara, en extremos contrarios, a los
liberales
y sedevacantistas, como dos posturas erróneas opuestas a evitar. Esto
constituye
una falsa oposición pues se trata no de extremos contrarios, sino de dos
cosas
completamente distintas, siendo el liberalismo una herejía y el
sedevacantismo
una consideración teológica posible y verdadera. Es un craso
desacierto
y error pretender equiparar el sedevacantismo con el liberalismo como
un
error a evitar.
La
cuestión de la Sede Vacante, es algo eminentemente teológico, cuya posibilidad
siempre
fue admitida en la Iglesia, hasta que el flamenco (holandés) Alberto Pighi,
dijera
lo contrario, cuando, siendo uno de los favorecido en la corte vaticana por el
Papa
Adriano VI, igualmente flamenco, sostuvo la tesis contraria a la de todos los
teólogos
de la Edad Media. Así tenemos que era doctrina común, tanto de teólogos
como
de juristas, que un Papa podía desviarse de la fe, como lo admitía por ejemplo
el
mismo Inocencio III, al decir en su Sermón 2° de Consecratione Sua: “In
tantum
fides nihi necessaria est, ut cum de ceteris peccatis
solum Deum iudicem habeam,
propter solum peccatum quod in fide committerem possem ab
Ecclesia iudicare”.
(Palmieri
Trac. de Rom. Pont. , p. 631). (En tanto en cuanto la fe no sea conculcada,
ya
que sólo a Dios tengo por Juez del resto de mis pecados, únicamente por el
pecado
que contra la fe cometiere, puede juzgarme la Iglesia).
Pighi
fue refutado por dos de los eminentes teólogos del Concilio de Trento:
Melchor
Cano y Domingo Soto, como también por Bañez por ejemplo, entre otros.
Los
antisedevacantistas, que retoman la tesis de Pighi, no se percatan que ésta fue
equiparada,
en el extremo opuesto, con el error de Lutero y Calvino por San
Alfonso
María de Ligorio, como se puede ver: “Muchas opiniones están aquí en
presencia: 1°. Aquella de Lutero y Calvino quienes enseñan
esta doctrina herética,
que el Papa es falible, incluso cuando habla como Doctor
universal y de acuerdo
con el Concilio. 2°. La segunda, que es precisamente lo
opuesto de la primera, es
aquella de Alberto Pighius que sostiene que el Papa no
puede errar, incluso
cuando el habla como doctor privado. 3°. La tercera es
aquella de ciertos autores
que sostienen que el Papa es falible en las enseñanzas
dadas fuera del Concilio. 4°.
La cuarta opinión que es la opinión común y a la que
nosotros adherimos es la
siguiente: Bien que el Pontífice Romano pueda errar como
simple particular o
Doctor privado, así como en las puras cuestiones de hecho
que dependen
principalmente del testimonio de los hombres, sin embargo
cuando el Papa habla
como Doctor universal definiendo ex cathedra, es decir, en
virtud del poder
supremo trasmitido a Pedro de enseñar la Iglesia, decimos
que él es
absolutamente infalible en las decisiones y controversias
relativas a la fe y a las
costumbres. Esta opinión es defendida por Santo Tomás,
Torquemada, de Soto,
Cayetano, Alejandro de Hales, San Buenaventura, (…) San
Francisco de Sales
(…)”. (Oeuvres Completes de S. Alphonse de Liguori, Traduites
per le P. Jules
Jacques.
Extrait du Tome IX, Traités sur le Pape et sur le Concile, p.286-287-292).
El
mismo hecho de la disputa de los teólogos entre sí, aunque discordes en la
solución
de cómo y cuándo perdería la jurisdicción el Papa por cisma, herejía u
apostasía,
prueba que no es contrario al dogma ni a la fe que un Papa pueda
desviarse
de la fe, como podemos ver con el Cardenal san Roberto Belarmino, que
muestra
(evidencia) la posibilidad teológica, aunque de hecho históricamente no se
hubiere
dado.
También
lo prueba el hecho que los Concilios Ecuménicos VI y VIII, los Papas San
León
II, Adriano II e Inocencio III, que aunque hayan juzgado basados en textos
adulterados,
aceptaban la posibilidad de que un Papa se desvíe de la fe.
“El III Concilio de Constantinopla, VI Ecuménico, declara
que analizó epístolas
dogmáticas del Patriarca Sergio, así como una carta
escrita por Honorio I al
mismo Patriarca. Y prosigue: ‘habiendo verificado que
ellas están en entero
desacuerdo con los dogmas apostólicos y las definiciones
de los santos Concilios y
todos los Padres dignos de aprobación, y por el contrario
que siguen las falsas
doctrinas de los herejes, nosotros las rechazamos de modo
absoluto y las
execramos como nocivas a las almas’. Después de anatemizar
a los principales
heresiarcas monotelitas, el Concilio condena a Honorio: ‘juzgamos
que,
juntamente con ellos, fue lanzado fuera de la Santa
Católica Iglesia de Dios y
anatemizado, también Honorio, otrora Papa de Roma, pues
verificamos por sus
escritos enviados a Sergio, en todos siguió el pensamiento
de este último y
confirmó sus principios impíos” (Da Silveira, Implicaciones Teológicas y Morales
del
Nuevo Ordo Missae, obra mimeografiada, Sao Paulo - Brasil, 1971, p.148.) Ver
Ds.
550 - 552.
San León II (682-683)
en una carta de agosto de 682 al Emperador Constantino
IV
le dice: “Anatematizamos también a los inventores del nuevo error: Teodoro
Obispo de Pharan, Ciro de Alejandría, Sergio, Pirro… y
también Honorio, que no
ilustró esta Iglesia apostólica, sino que permitió, por
una traición sacrílega, que
fuese maculada la fe inmaculada”. (Ibídem, p. 148). Ver Ds. 563.
“En carta a los Obispos de España, el mismo San León II
declara que Honorio fue
condenado porque: ‘(…) no extinguió, como convenía a su
autoridad apostólica, la
llama incipiente de la herejía, sino que la fomentó por su
negligencia’. Y en una
carta a Ervigio, rey de España, San León repitió que, con
los heresiarcas citados
fue condenado: ‘(…) Honorio de Roma, que consintió que
fuese maculada la fe
inmaculada de la tradición apostólica que recibiera de sus
predecesores’ ”.
(Ibídem,
p.148). Ver Ds. 563- 561.
Adriano II (867-872)
leyó la frase de San Bonifacio que está en las Decretales de
Graciano:
“Culpas [Rom. Pontífice] isti redarguere presumit mortalium nullus,
quia cunctos ipse judicaturus a nemine judicandus, nisi
forte deprehendatur a
fides devius”. (Palmieri,
Tractus de Romano Pontifici, p.631). (Que ninguno de los
mortales
tenga la osadía de pensar que los errores se argüirán en contra de aquel
[el
Papa] por el cual todos somos juzgados, a no ser que se le sorprendiese
desviado
de
la fe). “Entre los documentos escritos a propósito del caso del Papa
Honorio,
ninguno goza tal vez de tanta importancia para nuestro
tema, cuanto el pasaje
citado seguidamente, extraído de un discurso del Papa
Adriano II dirigido al VIII
Concilio Ecuménico. Como veremos cualquiera sea el juicio
que se haga sobre el
caso de Honorio I, tenemos aquí una declaración Pontificia
que admite la
eventualidad que un Papa caiga en herejía. He aquí las
palabras de Adriano II,
pronunciadas en la segunda mitad del siglo IX, ésto es,
más de dos siglos después
de la muerte de Honorio: ‘Leemos que el Pontífice Romano
siempre juzgó a los
jefes de todas las iglesias (esto es, los Patriarcas y
Obispos); pero no leemos que
jamás alguien lo haya juzgado. Es verdad que, después de
muerto, Honorio fue
anatemizado por los Orientales, pero se debe recordar que
él fue acusado de
herejía, único crimen que torna legítima la resistencia de
los inferiores a los
superiores, así como, el rechazo de sus doctrinas
perniciosas’ ”. (Alloc. III lecta in
Conc.
VIII, Act.7, citado por Billot, “Trac. de Eccl. Christi”, tom.1, p.611; - Da
Silveira,
op. cit., p.149).
Inocencio III (1198-1216)
dijo claramente reconociendo en su Sermón 2° de
Consecratione
sua: “In tantum fides nihi necessaria est, ut cum de ceteris peccatis
solum Deum iudicem habeam, propter solum peccatum quod in
fide committerem
possem ab Ecclesia iudicare”. (Palmieri Trac. de Rom. Pont. , p. 631). (En tanto en
cuanto
la fe no sea conculcada, ya que sólo a Dios tengo por Juez del resto de mis
pecados,
únicamente por el pecado que contra la fe cometiere, puede juzgarme la
Iglesia).
“Párrafo del Sermón del Papa Inocencio III: ‘La fe es para
mí a tal punto
necesaria que, teniendo a Dios como único Juez en cuanto a
los demás pecados,
sin embargo, solamente por el pecado que cometiese en
materia de fe, podría ser
yo juzgado por la Iglesia’ ”. (Citado por Billot, “Tract. de Eccl. Christi”, tom. I, p.
610;
- Da Silveira, op. cit., p. 153).
Los
Canonistas como Prümer, Regatillo, Coronata y Vermeersch también dicen lo
mismo
sobre el tema:
Prümmer: “Per
haeresim certam en notoriam Papam amittere suam potestatem
autores quidem communiter docent, sed utrum iste casus
revera possibilis sit,
merito dubitatur”. (Manuale
Iuris Canonici, ed. Herder, Friburgo 1927, p.131).
(Los
autores enseñan comúnmente que el Papa pierde su potestad por herejía
cierta
y notoria, pero si fuese otro el caso, es de justicia dudar).
Regatillo: “Ob
haeresim publicam ipso facto communior: quia non esset
membrum Ecclesiae, ergo multo minus caput”. (Institutiones Iuris Canonici, vol. I,
ed.
Sal Terrae, Santander 1951, p.280). (Simplemente por el hecho de herejía
pública:
como ya no fuese miembro de la Iglesia, mucho menos podría ser su
cabeza).
Coronata, sobre
la cuestión de la pérdida del oficio de Papa (Amissio officii R.
Pontificis)
dice: “Haeresis notoria. Quidam auctores negant suppositum: dari
nempe posse R. Pontificem haereticum. Probari tamen nequit
R. Pontificem, ut
doctorem privatum, haereticum fiere non posse, e. g., si
dogma antecedenter
definitum contumaciter deneget; haec impeccabilitas nullibi
a Deo promissa est.
Immo Innc. III expresse admittit dare posse casum. Si vero
casus accidat ipse ex
iure divino ab officio sine ulla sentencia, ne
declaratoria quidem, decidit. Qui
enim haeresim palam profitetur se ipsum extra Ecclesiam
ponit et non est
probabile Christum suae Primatum Ecclesiae tale indigno
servare. Proinde si R.
Pontifex haeresim profiteatur ante quamqumque sententiam,
quae impossibilis
est, sua autoritate privatur”. (Institutiones Iuris Canonici, vol. I ed. Marietti,
Torino
p.373). (Por herejía notoria. Algunos autores niegan el supuesto: puede,
ciertamente,
darse un Romano Pontífice hereje. Sin embargo, no puede probarse
que
el Romano Pontífice, como doctor privado, no pueda ser hereje, por ejemplo, si
niega
contumazmente un dogma definido anteriormente; esta impecabilidad no es
prometida
por Dios a ninguna persona. Por cierto Inocencio III admite
expresamente
el caso. Si el caso acontece en realidad, por el mismo derecho divino
sin
ninguna sentencia ni declaración alguna, se separa del cargo. En efecto, quien
profesa
abiertamente la herejía, él mismo se pone fuera de la Iglesia y no es
probable
que Cristo conserve su Primado de la Iglesia a uno con tal indignidad. Así
pues,
si el Romano Pontífice profiere una herejía, antes de cualquier sentencia, la
cual
es imposible, queda privado de su autoridad).
Vermeersch sobre
la cesación de la potestad del Romano Pontífice dice: “Cessat
R. Pontificis potestad morte; renuntiationen libera, quae
valida est sine
cuiuspiam acceptatione (c.221); amentia certa et certo
perpetua; haeresi notoria”.
(Epitome
Iuris Canonici, tom. I, 1927, p.222). (La potestad del Romano Pontífice
cesa
por muerte; por renuncia libre, la cual es válida sin ninguna aceptación
(c.221);
por la demencia cierta y ciertamente perpetua; por la herejía notoria).
Del
mismo modo, el Cardenal Juan de Torquemada, (tío del Primer Gran
Inquisidor
de España), de quien Da Silveira trae la siguiente cita muy
esclarecedora:
“(…) El cardenal español Juan Torquemada es el vigoroso y más
influyente paladín del primado pontificio en el siglo XV,
en cuyos escritos todos
los futuros defensores del primado fueron a buscar sus
argumentos: desde
Doménico Jacobazzi y Cayetano, pasando por Melchor Cano,
Suarez, Gregorio de
Valencia y Belarmino, hasta los teólogos del primer
Concilio Vaticano. (…) Para
demostrar que el Papa puede ilícitamente separarse de la
unidad de la Iglesia y
de la obediencia a la cabeza de la Iglesia, y por lo tanto
caer en cisma, el cardenal
Torquemada usa tres argumentos: ‘1° (…) por la
desobediencia el Papa puede
separarse de Cristo que es la cabeza principal de la
Iglesia y en relación a quien la
Iglesia primariamente se constituye. Puede hacer eso
desobedeciendo a la ley de
Cristo u ordenando lo que es contrario al derecho natural
o divino. De ese modo
se separaría del cuerpo de la Iglesia, en cuanto está
sujeta a Cristo por la
obediencia. Así, el Papa podría sin duda caer en cisma. 2°
El Papa puede
separarse sin ninguna causa razonable, sino por pura
voluntad propia, del
cuerpo de la Iglesia y del colegio de los sacerdotes. Hará
eso si no observa aquello
que la Iglesia universal observa con base en la tradición
de los Apóstoles, según el
c.‘Ecclesiasticarum’, d.11, o si no observase aquello que
fue, por los Concilios
universales o por la autoridad de la Sede Apostólica,
ordenando universalmente
sobre todo en cuanto al culto divino. Por ejemplo, no
queriendo personalmente
observar lo que se relaciona con las costumbres
universales de la Iglesia o con el
rito universal del culto eclesiástico. (…) Apartándose de
tal modo y con pertinacia
de la observancia universal de la Iglesia, el Papa podría
incidir en cisma. (…) Por
eso, Inocencio dice: ‘De Consue.’ Que en todo se debe
obedecer al Papa en cuanto
este no se vuelva contra el orden universal de la Iglesia,
pues en tal caso el Papa
no debe ser seguido, a menos que haya para eso causa
razonable. 3° Supongamos
que más de una persona se considere Papa y que una de
ellas sea verdadero Papa,
aunque tenido por algunos como probablemente dudoso.
Supongamos que ese
Papa verdadero se comporte con tanta negligencia y
obstinación en la búsqueda
de la unión de la Iglesia, que no quiera hacer cuanto
pueda para el
establecimiento de la unidad, en tal hipótesis, el Papa
sería tenido por fomentador
del cisma, conforme muchos argumentaban, aun en nuestros
días, a propósito de
Benedicto XIII y de Gregorio XII’ ”. (Summa de Ecclesia, pars. I, lib. IV cap. 11,
p.369
vuelta. Citado por Da Silveira, op. cit. p.186-187).
Así
como también, Melchor Cano, uno de los grandes teólogos del Concilio de
Trento
que combatió la posición de Pighi como una opinión además de errónea,
innovadora,
en contra de lo que hasta entonces se había pensado en la Iglesia,
como
Dublanchy lo reconoce citándolo: “Todos admiten sin dificultas que el Papa
puede caer en la herejía como en toda otra falta grave;
ellos se preocupaban
solamente de buscar por qué y dentro de cuáles
condiciones, él puede en ese caso
ser juzgado por la Iglesia”. (Infaillibilité du Pape, col. 1715). Y continúa más
adelante
Dublanchy: “En los comienzos del siglo XVI la opinión del cardenal
Torquemada es reproducida por Cayetano (…). Al encuentro
de esta afirmación,
Pighi afirma que según las promesas de Jesucristo, tomadas
en toda su extensión,
Mt. 16,18, es imposible que el Papa sea herético porque,
el fundamento de la
Iglesia cesando de estar unido a Jesucristo sería verdad
que las puertas del
infierno han prevalecido contra la Iglesia (…). Esta
afirmación de Pighi fue
pronto combatida por Melchor Cano, quién, después de haber
rechazado la
mayor parte de las explicaciones dadas por Pighi para
justificar a varios Papas
con respecto a la fe, concluye que no se puede negar que
el soberano Pontífice
pueda ser herético, porque en efecto hay un ejemplo o
quizás dos. Cano fue
seguido por Domingo Soto, Gregorio de Valencia y Bañez”. (DTC. Infaillibilité du
Pape,
col. 1715-1716).
Es
evidente, que insistir en la imposibilidad de defección en la fe de un Papa, es
un
prejuicio
basado en la ignorancia, que quiere tomar la primacía sobre el asunto, no
basada
en documentos sino en las ideas que hoy hacen circular publicitariamente
como
si fueran la verdad.
Es
por esto que desde un principio, la Roma modernista, con el entonces cardenal
Ratzinger
y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, con el por aquella época Superior
General,
Padre Franz Schmidberger, tenían que rotular con el tabú, que cual
espantapájaros,
hoy esgrimen por doquier, para diluir cualquier posición firme y
contundente
que se oponga al error.
Claro
está que a la Roma apóstata, modernista y anticristo, lo único que le puede
doler
y temer es que se le impute de frente y claramente, o al menos se cuestione,
su
legitimidad, puesto que la Revolución anticristiana, a través de la cual se
instaurará
en la sede de Pedro hasta el mismo anticristo religioso o pseudo profeta,
no
tolera que se desenmascare la usurpación que hace, y pretende imponer el error,
la
herejía y la apostasía, por la vía de una presunta legitimidad y legalidad que
le
darían
el peso de la autoridad de que carece.
Así
podemos decir que la Consideración Teológica sobre la Sede Vacante, sin ser un
dogma
de fe, es una conclusión teológica evidente quoad sapientes, (para los
entendidos)
y no quoad ómnibus (para todos).
Tanto
el sedevacantismo visceral y categórico, como el antisedevacantismo emotivo
y
sentimental, parten de un mismo falso principio, del que hacen dogma, y es el
de
no
aceptar la posibilidad de que un Papa verdadero y legítimo pueda desviarse de
la
fe
y así sumirse en el error, la herejía, el cisma y/o la apostasía.
Queda
todavía la objeción de quienes sostienen que se requiere una declaración
oficial
de la Iglesia (o de parte de ella) para que el Papa hereje sea depuesto;
objeción
que se salva, con la fórmula planteada por Monseñor de Castro Mayer,
según
la cual, cuando el Papa es un hereje manifiesto, pierde ipso facto el
pontificado
y queda ocupando la Sede de Pedro solamente de hecho, no de derecho;
de
manera que sería Papa sólo putativamente, sólo aparentemente; y su
jurisdicción
es suplida directamente por Cristo, cabeza invisible de la Iglesia, para
todas
aquellas acciones que la requieran y que sean justas para el bien común de las
almas.
(Para profundizar más sobre este concepto, véase aquí mi escrito
Consideración Teológica sobre la Sede Vacante, p. 28-29-30).
http://www.meramo.net/AmigosdeMeramo/Opusculos_files/SedeVacanteCo.pdf
Los
antisedevacantistas que no quieren ni admitir aún la posibilidad de la Sede
Vacante,
es decir, no el hecho sino su eventualidad, como me lo señaló un día el P.
Schmidberger,
basado en una mala interpretación del pasaje de las Sagradas
Escrituras
donde dice: “las puertas del infierno no prevalecerán”, al creer
erróneamente
que esto imposibilitaría la herejía de un Papa, pues de lo contrario
las
puertas del infierno prevalecerían sobre la Iglesia, y haciendo de esto un
dogma
(cuasi
dogma de fe), cuando el significado real es que a pesar de las herejías y aún
de
un Papa que se desvíe de la fe, las puertas del infierno no prevalecerán,
porque
la
Iglesia es indefectible, pero la Iglesia no es el Papa. Una cosa es que la
Iglesia sea
indefectible
y otra creer que el Papa sea indefectible con la misma extensión de la
Iglesia.
Para ver esto, hay que remitirse a la definición de la indefectibilidad del
Papa
en materia de fe, es decir, cuando habla ex cathedra, con los límites
específicos
que este término encierra, pero que como parte de la herejía que estaba
por
venir y que señalara el P. Le Floch, extienden ilegítimamente su infalibilidad,
exagerando
también el respeto debido al Papa.
Así
afirmaba en 1926 el P. Le Floch: “La herejía que viene será la más peligrosa
de
todas; ella consiste en la exageración del respeto debido
al Papa y la extensión
ilegítima de su infalibilidad”.
Además
se olvida lo que ya dijo Mons. Lefebvre en su momento: “Nos encontramos
verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no
se planteó jamás la
Iglesia; que quien está sentado en la Sede de Pedro,
participe en los cultos de los
falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en la
historia dela Iglesia: ¿Qué
conclusión deberemos quizás sacar dentro de unos meses
ante estos actos
repetidos de comunión con los falsos cultos? No lo sé, me
lo pregunto; pero es
posible que estemos en la obligación de creer que este
Papa no es Papa. No quiero
declararlo aún de una manera solemne y formal, pero
parece, sí a primera vista,
que es imposible que un Papa sea hereje, pública y
formalmente”. (Sermón del
Domingo
de Pascua del 30 de Marzo de 1988 en Ecône).
Y
dos años antes en una conferencia dada en Ecône el 15 de Abril de 1986, había
dicho
en este sentido: “¿El Papa es Papa cuando es hereje? ¡Yo no lo sé, no zanjo!
Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso
que todo hombre
juicioso puede plantearse la cuestión. No sé, entonces
ahora, ¿es urgente hablar
de esto? Se puede no hablar, obviamente… podemos hablar
entre nosotros,
privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras
conversaciones privadas, entre
seminaristas, entre sacerdotes. ¿Es necesario hablar a los
fieles? Muchos dicen no,
no habléis a los fieles, van a escandalizarse, eso va a
ser terrible, eso va a ir lejos.
Bien, les dije a los sacerdotes en París cuando los reuní
y luego a vosotros mismos
ya os había hablado, les dije: pienso que muy suavemente,
es necesario, a pesar
de todo, esclarecerle un poco a los fieles. No digo que
sea necesario hacerlo
brutalmente y lanzar eso como un condimento a los fieles
para asustarlos, no,
pero pienso que a pesar de todo, es una cuestión de fe, en
necesario que los fieles
no pierdan la fe”.
Y
como Roma ha perdido la fe y ha caído en la apostasía y la Iglesia verdadera es
indefectible,
Mons. Lefebvre distinguía claramente: “Es totalmente falso
considerarnos como si no formáramos parte de la Iglesia
visible. Es increíble (…)
no somos nosotros sino los modernistas quienes salen de la
Iglesia. En cuanto a
decir ‘salir de la Iglesia visible’, es equivocarse
asimilando Iglesia Oficial a Iglesia
visible, (…) ¿Salir, por lo tanto, de la Iglesia oficial?
En cierta medida, ¡sí!,
obviamente”. (Fideliter,
n° 66, Noviembre-Diciembre 1988).
No
se diga, de otra parte, que los Papas Liberio y Honorio, nunca cayeron en la
herejía
y que los textos fueron falsificados o adulterados, cuando se les acusa de
herejía,
pues aún en tal caso queda vigente y patente que se admitía que un Papa
podía
desviarse de la fe: “De cualquier manera, sin embargo el Cardenal Billot no
niega –ni podía negar-que la Iglesia haya siempre dejado
abierta la cuestión de
la posibilidad de herejía en la persona del Papa. Ahora
bien, ese hecho, por sí
mismo, constituye un argumento de peso en la evaluación de
los datos de la
Tradición, es lo que pone de relieve San Roberto Belarmino
en el siguiente pasaje,
en el cual refuta, con tres siglos de antecedencia a su
futuro hermano en el
cardenalato y en la gloriosa milicia ignaciana: ‘sobre
esto se debe observar,
aunque sea probable que Honorio no haya sido hereje, y que
el Papa Adriano II,
engañado por documentos falsificados del VI Concilio, haya
errado al juzgar a
Honorio como hereje, no podemos sin embargo negar que
Adriano, juntamente
con el Sínodo Romano e inclusive con todo el VII Concilio
General, consideró que
en caso de herejía el Pontífice Romano puede ser juzgado’ ”.
(Da Silveira, Ibídem,
p.
154).
El
argumento teológico de peso (y de hecho durante la Edad Media) es el que:
“Todos admitían sin dificultad que el Papa pueda caer en
la herejía como en
cualquier otra falta grave; preocupándose únicamente de
buscar por qué y en
cuáles condiciones podía el Papa en tal caso ser juzgado
por la Iglesia”. (D.T.C.
Infaillibilité
du Pape, col. 1715).
Los
textos de las Sagradas Escrituras Mt. 16,18 y Lc. 22,32 sólo prueban la
infalibilidad
del Papa enseñando como supremo Pastor y Doctor de la Iglesia, es
decir
cuando habla ex-cathedra, tal como lo recalca el D.T.C. Infaillibilité du Pape
col.1717,
no lo olvidemos.
Tenemos
un texto pontificio de suma importancia como recalca Da Silveira: “Como
veremos, cualquiera que sea el juicio que se haga sobre el
caso de Honorio I,
tenemos aquí una declaración pontificia que admite la
eventualidad de que un
Papa caiga en herejía. He aquí las palabras de Adriano II,
pronunciadas en la
segunda mitad del Siglo IX, esto es, más de dos siglos
después de la muerte de
Honorio: ‘Leemos
que el pontífice Romano siempre juzgó a los jefes de todas las
Iglesias (esto es, los Patriarcas y Obispos); pero no
leemos que jamás alguien lo
haya juzgado. Es verdad que, después de muerto, Honorio
fue anatematizado por
los Orientales; pero se debe recordar que él fue acusado
de herejía, único crimen
que torna legítima la resistencia de los inferiores a los
superiores, así como el
rechazo de sus doctrinas perniciosas’ ”. (Da Silveira, op. cit. p. 149).
Queda
claro que jurídica y teológicamente ha sido admitido en la Iglesia y en la
Edad
Media que el Papa puede caer en la herejía y por lo mismo perder el
Pontificado,
“Un Papa que cayera en la herejía y que se obstinase cesaría por el
mismo hecho de ser miembro de la Iglesia y en consecuencia
de ser Papa, se
depondría él mismo” (D.T.C.
Déposition et Dégradation des Clercs, col.520).
Por
eso Mons. Lefebvre no titubeaba al afirmar luego de su entrevista con el
Cardenal
Ratzinger del 4 de Julio de 1987: “Lamentablemente debo decir que
Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía. Estas no
son palabras en el
aire, es la verdad: Roma está en la apostasía. Uno no
puede tener más confianza
con esa gente, ya que ellos abandonan la Iglesia. Estoy
seguro”. (Conferencia dada
durante
el retiro sacerdotal en Ecône, el 4 de Septiembre de 1987).
Contraponer
como errores opuestos y a evitar, Liberalismo y Sedevacantismo, es
seguir
el juego a la Roma apóstata y anticristo (expresiones de Mons. Lefebvre) y
fomentar
el estigma, el tabú que favorece el error, la confusión y desarticula
cualquier
reacción contundente y firme ante la mentira, el engaño y la impostura
que
se benefician bajo los ropajes de la autoridad, la legitimidad, la jurisdicción
de
la
que tanto necesitan los modernistas para corromper la fe y seguir pontificando
en
el error, la herejía el cisma y la apostasía que es hoy moneda corriente y
sonante.
Esperamos
que esta aclaración no sea mal interpretada, ni tildada o considerada
con
los epítetos descalificatorios y estigmatizadores, tales como amargo o furioso,
y
se
vea la verdad que se quiere mostrar, para que por lo menos no se caiga
consciente
o inconscientemente en una postura beligerante, antisedevacantista que
le
haría el juego a la Roma apóstata y anticristo, pues lo que más le afecta es
precisamente
que se le cuestione, impugne o al menos se le ponga en duda.
Si
hay algo que hoy cuestiona la legitimidad de los ocupantes de Roma, es el
descaro
con que se piensa y actúa pontificando en el más craso error y en la más
impune
de las herejías que son hoy prácticamente el pan de cada día, a tal punto
que
el más despreocupado y distraído de los fieles puede percibir.
La
Nueva Iglesia postconciliar ya ha dejado de imperar desde el anómalo, atípico y
contradictorio,
así llamado, Concilio Vaticano II, dejando de ser maestra infalible
de
la Verdad para convertirse en la Gran Ramera apocalíptica, engalanada con la
púrpura
regia y las gemas que manifiestan el poder y prestigio de Gran Señora,
permitiéndole
fornicar con los reyes y príncipes de esta tierra; y así se hace la
progenitora
del error, el cisma, la herejía y aún de la apostasía (de las Naciones de
los
gentiles), cual abominación de la desolación jamás vista en el Lugar Santo.
He
ahí el abismo infernal del misterio de la iniquidad, cual no se ha visto, ni
jamás
se
verá. Todo esto ya ha sido señalado concisa y terriblemente por Nuestra Señora
de
La Sallette, cuando dijo que la Iglesia sería eclipsada y que Roma perdería la
fe y
sería
la sede del Anticristo (religioso o Pseudoprofeta).
P.
Basilio Méramo
Bogotá,
11 de Febrero de 2014
Fiesta de la
Aparición de la Santísima Virgen en Lourdes.
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