San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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domingo, 26 de agosto de 2012

DOMINGO DECIMO TERCERO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En el evangelio de hoy vemos la curación de los diez leprosos y el reproche que nuestro Señor hace ante la ausencia de los otros nueve, dado que sólo uno de los diez vino a agradecerle y a reconocerle como Dios. Todos los santos padres interpretan, como señala el padre Castellani, que es el evangelio de la gratitud y la ingratitud, y por eso nuestro Señor en cierta forma reprocha esa ingratitud de los otros nueve que no vinieron a presentarse.

No obstante, queda la dificultad, ya que fue nuestro Señor mismo quien les dijo que fueran a los sacerdotes, cumpliendo ellos lo que Él mismo les dijo y por lo cual el padre Castellani dice que además de ingratitud hay otro plano que apunta a la religión, a la conversión, a la fe; y ante ella no hay otro mandato, otro precepto, otro afán, otra obligación, nada. Porque a Dios no se le puede anteponer ninguna otra relación, ningún otro fin, ningún otro interés. Y por eso no es solamente la ingratitud lo que reprocha nuestro Señor, sino el no reconocer que el bien lo habían recibido a través de la mano de Dios.

El único leproso que se dio cuenta fue el que regresó a darle gracias y a adorar a Dios, por eso se postró sobre sus pies; es el gesto de adoración a Dios en Oriente y como antiguamente se estilaba, y es ese el otro aspecto que recalca y hace notar el padre Castellani, completando la exegesis común que hacen todos los padres refiriendo este milagro de hoy a la agradecimiento y desagradecimiento. ¿Y por qué es tan importante la gratitud? Porque todo lo que recibimos de Dios en el orden sobrenatural es gratis, no es debido. Y el mundo de hoy en su impiedad, en su herejía, hace de la gracia algo exigido por el hombre, por la dignidad del hombre, he ahí el Concilio Vaticano II.

Y todo es gracia, todo es regalado en el orden sobrenatural, y en el orden natural la vida, la existencia, etcétera; también son gratis, como muchas cosas que Dios nos da, no hay una exigencia, no hay una obligación de Dios, es completamente de balde, y eso hay que reconocerlo delante de Dios. No nos es debido, no hay una exigencia, y si la hubiera, entonces ya no sería gracia, ya no sería reconocimiento, gratitud.

Eso es lo que el hombre de hoy exige a Dios en su orgullo cuando reconoce la gracia, porque cuando no la reconoce simplemente le da la espalda. Teólogos como el cardenal de Lubac, honrado con ese título cardenalicio, fue quizás uno de los primeros herejes en ese sentido, en hacer de la gracia una cosa debida a la exigencia de la dignidad del hombre, eso es lo que enseña el Vaticano II. Luego rompe esa relación de lo gratuito de todo el orden sobrenatural, de lo gratuito de la gracia. Y por eso la importancia del reconocimiento; Santa Teresita del Niño Jesús decía: “Nada atrae tanto las gracias de Dios como el ser agradecido”. Y el mundo de hoy es desagradecido, nadie da las gracias, todo le es debido al dios hombre: mis derechos, y eso comenzando desde los niños; los derechos de los niños que ya no le dan el asiento a un mayor, que no se saben retirar ante la conversación de un mayor si no se los llama, que no saben estar en su puesto, todo les es debido, y se convierten para colmo en las mascotas del papá o la mamá.

Por eso la mala educación del mundo moderno y toda la falta del principio de autoridad. El niño o el hijo no es agradecido con sus padres, con sus mayores, con sus maestros. No, es el rey, todo le es debido y es poco. Es un hecho palpable, y así no solamente con la juventud y los niños, sino también con los mayores, nosotros mismos creemos que todo se nos debe, nuestros derechos, sin deberes. Y ante Dios también estamos exigiéndole, y nos asemejamos así a la oración del fariseo y no a la del publicano que se reconoce indigno pecador.

Los Santos Padres interpretan y relacionan el Evangelio de hoy con la gratitud y la ingratitud, porque la ingratitud seca la simiente de donde emanan los bienes. ¿Cómo alguien va a dar a otro algo si al dárselo el otro piensa que le es debido y no que es simplemente una merced, una gracia? Y mucho más, si el que nos da es Dios, ¿cómo le vamos a exigir? Es un orgullo profundo.

Y el otro aspecto del que habla el padre Castellani, es el de la religión. ¿Por qué no vinieron los otros nueve sino nada más que uno sólo? Es el reproche que hace nuestro Señor, porque es mucho más importante que ir y tener el certificado legal que los incorporaba a la sociedad, pues los leprosos eran excluidos del comercio social con los demás, vivían por las afueras con una campanilla para que nadie se les acercase si no se daban cuenta de su proximidad; vivían excluidos, como excomulgados.

La lepra se podía sanar al comienzo (también podía haber falsa lepra), y si así sucedía, eran los sacerdotes los que certificaban que esos individuos podían volver a vivir en sociedad; pero nuestro Señor hace ver que todo eso queda de lado porque a Dios sólo hay que reconocerlo como tal y adorarlo, amarlo. A Dios se le alaba reconociendo sus beneficios, ¿y cómo se van a considerar sus beneficios, si los reconocemos como una exigencia? He ahí la contradicción; por eso es absurdo que el hombre moderno exija a Dios un beneficio, eso rompe toda alabanza; no puede alabar a Dios porque no lo puede reconocer como un beneficio sino como una obligación.

Eso es lo que hoy enseña la falsa religión instaurada dentro de la Iglesia, con ropaje de cordero, de oveja, para que el pueblo fiel no se dé cuenta y así el error circule; pero si vemos las cosas como son, deberíamos darnos cuenta. Debemos tener presente esa necesidad de reconocer con gratitud los beneficios de Dios para alabarlo reconociendo los beneficios que Él nos prodiga y así verdaderamente adorarlo. No como hoy que es un falso culto, es el hombre el que prima y no Dios; por eso la insistencia que vemos en la enseñanza de Juan Pablo II cuando va a todas partes diciéndole a la gente que Cristo vino para revelar al hombre, para mostrar lo que es el hombre, cuando es todo lo contrario. ¿Quién dice algo, quién osa decir que esa doctrina no es evangélica, no es de Cristo, no es de Dios, no es de la santa madre Iglesia? Cristo no viene a revelar al hombre ni a señalarle su dignidad, viene a mostrar la miseria del hombre, y viene a evidenciarnos su divinidad para que le adoremos y para que adorándole una vez convertidos, nos salvemos.

Hay una tergiversación profunda del mensaje evangélico y solamente se puede explicar en lo que éste anuncia, la pérdida de la fe, la gran apostasía, la falta de religión y la adulteración de la Iglesia católica. Hay una verdadera adulteración y por eso la necesidad de guardar el testimonio fiel de la sacrosanta tradición católica, apostólica, romana. Aunque muchos fieles, desgraciadamente, no se dan cuenta hasta dónde llega la lógica consecuencia, pero hay que insistir en ello, para mantenernos con una fe pura, inteligente para no caer en el error. Porque si los tiempos no son abreviados, aun los que poseen la buena doctrina caerían; tal es la presión. Y ésta es grandísima; es necesario advertir y alertar a los fieles.

No es que yo hable mal del Papa, como algunos fieles han pensado y no han tenido la valentía de decírmelo. Un católico jamás está en contra del Papa ni en contra del papado, pero también hay que tener claro que puede haber una usurpación, una inversión, una infiltración. El Apocalipsis habla de un pseudoprofeta que tiene la apariencia de cordero pero que habla como el dragón. Es más, si nos remitimos a lo que dice el venerable Holzhauser, gran exegeta reconocido por la Iglesia, que ya en los siglos XV y XVI, cuando escribió el comentario al Apocalipsis, advierte que hacia el final de los tiempos habrá un falso Papa; misterio, pero así habla él.

Ahora bien, no es a mí a quien toca determinar esas cosas, pero sí advertir, como lo han hecho los grandes exegetas que han vislumbrado la posibilidad de que haya un antipapa en la Iglesia; es lo único que trato de advertir sin hacer ningún juicio sobre la persona, prevenir para cuidarnos porque no es posible pontificar en el error. Eso lógicamente no es posible, la Iglesia es infalible en su enseñanza, en su fe y yo como católico, apostólico, romano, no puedo admitir que desde la cátedra de Pedro se pontifique en la herejía.

Ahora, ¿cuál es la explicación? ¿cuál es la solución? Yo no lo sé. Si al verdadero lo mataron y pusieron a otro, si hay un sosias o lo que sea, o un infiltrado; muchas son las posibilidades y es muy difícil saberlo, pero lo que sí tengo que saber como católico es que un Papa verdadero no puede pontificar en el error, tergiversando el evangelio y la palabra de Dios. Su misión es la de confirmar a sus hermanos en la fe y no en el error. En consecuencia, el gran desconcierto de los fieles es qué hacer ante esa patraña. Es muy difícil. Pero ahí está la sacrosanta Tradición, lo que siempre la Iglesia en materia de fe ha enseñado, lo que siempre enseñó, la fidelidad a sus dogmas. Dogmas que hoy están negados, cuando no puestos en duda y la Iglesia excluye la sospecha. Dudar de un dogma de fe ya es ser hereje; Dios es absoluto, no permite el recelo, no permite ese relativismo.

Por eso nuestro Señor hace ese reproche a los otros nueve: ¿dónde están? Como diciendo, ¿por qué no han venido también ellos a adorarme y agradecerme como tú lo has hecho? De ahí el significado, el sentido del evangelio de hoy. Nos demuestra, entonces, la responsabilidad de cada uno ante Dios: el cielo o el infierno. Porque de acuerdo con esa respuesta categórica se definirá por siempre nuestra existencia y hoy vemos que hasta al infierno se lo pone en duda o se lo niega, como se lo ha rechazado diciendo que es simplemente un estado del alma, pero que no es un lugar donde hay fuego.

¿Dónde queda el dogma de la Iglesia que dice que es un estado y que también hay un fuego eterno? Es evidente, y sin embargo, estas cosas que antes eran comúnmente aceptadas hoy son paladinamente cambiadas, puestas en duda. Nosotros no tenemos otro recurso más que el de la fidelidad a la sacrosanta Tradición de la Iglesia, y saber que ningún Papa, ningún cardenal, ningún obispo, ningún sacerdote, ni un ángel del cielo, como dice San Pablo, puede enseñar otro evangelio, otra doctrina. Eso dijo San Pablo, aun si uno de nosotros, es decir, uno de los apóstoles o un ángel del cielo viene y les algo distinto, sea anatema, sea excomulgado, queda fuera de la Iglesia. La garantía para pertenecer a la Iglesia Católica es mantenernos en la fe y la fe me la da la Iglesia, la de siempre, la de todos los Papas, y no la nueva que ha comenzado con Vaticano II, desconociendo la sacrosanta Tradición. Y no creo que nadie deba escandalizarse porque yo hable claro y diga la verdad a la luz de la fe y si me llegase a equivocar, pues que por lo menos, en honor a la caridad, tengan a bien venir y decirlo, pero no hacer labor de zapa, de socavar cuando se trata de dar la luz para que no caigamos en el error.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, porque Ella es también la garante de la fidelidad a nuestro Señor, la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, que hasta eso el demonio trata de eclipsar, de variar, de cambiar. Aun los gnósticos, aun los de la Nueva Era también hablan de nuestra Señora, y hasta los protestantes, cosa curiosa que nunca antes habían hecho. Pero no es la verdadera devoción, es la mentira mezclada con el error, y eso es muy difícil de detectar; tenemos que pedir la luz del cielo y agradecer cuando haya un sacerdote que con valentía y con toda sinceridad hable a los fieles, porque eso también es una gracia de Dios.

Por eso Dios les dijo a sus apóstoles que cuando no sean aceptados lo que queda por hacer es sacudir el polvo de sus pies e irse, pero no claudicar en su misión, no acomodarse al mundo, ni aun al gusto o al capricho de los fieles que están peor de lo que piensan, influidos y bombardeados trágicamente por un mundo impío y adverso a Dios. Ese siempre ha sido el lenguaje de los profetas, no el que halaga sino el que dice la verdad, pero ésta es de difícil aceptación.

De diez, uno solo reconoció la verdad y los otros nueve, ¿dónde están? Esperemos que en la hora de la muerte sigamos el ejemplo de este pobre leproso, que reconozcamos a nuestro Señor para que le adoremos en espíritu de verdad, en espíritu de fe y que este mundo corrompido que ha entrado en la Iglesia no nos destruya la fe y así podamos salvar nuestras almas. Es un problema de salvación, de santificación y no como algunos creen que “esto no es conmigo; total, yo me voy a salvar si sigo tranquilamente el camino más fácil”; seguir el camino más cómodo, sí, cuando todo anda bien en la Iglesia, pero cuando todo está al revés, ya es distinto y todo cambia; estos son los tiempos difíciles que nos toca vivir y que estamos viviendo.

Tenemos que recurrir de un modo mucho más intenso a nuestra Señora para que Ella nos proteja como a hijos pequeños suyos, porque todo es por gracia de Dios, no por exigencia. Reconocer los beneficios de Dios, por ejemplo, los de tener la Santa Misa tradicional, esta capilla y eso hay que reconocerlo y agradecerlo, ¿cuántos no andan por ahí buscando sin saber a dónde ir? Agradecer que somos católicos, que hemos nacido en tierras católicas, ¿qué tal haber nacido en China o en Japón, o en Suecia? Es un privilegio que hay que reconocer y más aún, mantenernos en lo que hemos recibido y no desperdiciar la gracia de Dios, que debemos transmitirla a los demás en la medida de nuestras posibilidades, y así ser más aceptos a Dios en medio de este acrisolamiento de la Iglesia, de la verdadera Iglesia reducida a un pequeño rebaño de Dios, como dice San Lucas.

Pidámosle a nuestra Señora para que seamos los fieles hijos de la Iglesia católica, apostólica, romana y así podamos permanecer leales a Ella y a Dios nuestro Señor. +

PADRE BASILIO MERAMO
18 de agosto de 2002

miércoles, 22 de agosto de 2012

FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En esta fiesta del Inmaculado Corazón de María, instituida por el papa Pío XII en plena guerra, después de consagrar la humanidad al Inmaculado Corazón, quiso que en la Octava después de la fiesta de la Asunción se celebrase la fiesta del Inmaculado Corazón de María.

La devoción al Inmaculado Corazón de María, como nosotros sabemos según San Juan Eudes, es la misma al Sagrado Corazón de Jesús; son dos devociones que expresan una misma realidad, el amor de nuestro Señor por nosotros y el amor de nuestra Señora que ama a su Hijo y nos ama a nosotros como a hijos suyos también. Lo vemos en el evangelio de San Juan: Ella es recibida por San Juan como Madre y Ella recibe a lo recibe a él y a todos nosotros como hijos suyos.

Aquí quiero hacer una observación, y es que no hay porqué enmendarle la plana al Ave María agregando “Madre nuestra”, también como en otras ocasiones lo he mencionado y, es más, cuando digo una cosa e insisto en ella, me baso teológicamente para decirlo, con lo cual no importa que cualquier otro padre o cualquier otro obispo así lo diga, porque así pierde, por no seguir la teología de la Iglesia. Me refiero a que no se dice “por nosotros los pecadores”, porque los pecadores no son los unos como si los otros no lo fueran, es un artículo relativo y aquí no hay ninguna relatividad; todos sin excepción somos pecadores, entonces no son los pecadores y los no pecadores. Sin agregarle además “Señora”, porque en latín no decimos en el Ave María “dómina”, son colombianismos, mejicanismos, argentinismos, que se le agregan.

Entonces ciñámonos a la liturgia romana. Lo mismo ocurre en el Padrenuestro, le colocan un “Señor” donde no lo lleva, entonces las personas que dirigen el Rosario, por favor no cometan esos errores, porque quienes vienen por primera vez lo aprenden mal y eso es lamentable; en el colegio las profesoras no han podido aprender, porque el sacerdote anterior les enseñó así y el anterior también, y se termina por no decirles más porque da pena, pues no entienden, pero en esta capilla sí deben entender y espero que se comprenda que no es un capricho, es por una concesión que se convierte en error teológico introducido por agregar artículos que no hay y una palabra puede convertirse en un error.

En la Iglesia es así: una simple “y” (en latín “que”) en el “Filioque” que no admiten los ortodoxos constituye una herejía, una “i” de más que se le agrega al homoiousios, en vez de homoousios en griego, la herejía de Arrio. Ni una iota. No quiere decir que no sea verdad que es Madre nuestra, es muy Madre nuestra como ya lo acabamos de ver en el evangelio, que es Madre de la Iglesia; es entonces Madre nuestra, pero si les vamos a agregar a las oraciones todas las verdades, no acabaríamos nunca. También en otras oraciones como la Salve. En el Credo agregamos un segundo creo, “creo en Dios Padre y creo en Jesucristo”, etcétera. Nos acostumbramos a agregarle y por eso cuando nos cambian en el Padrenuestro “deudas” por “ofensas”, por esa mala costumbre nos tragamos el cuento.

Nuestra Señora, primera garantía de salvación. La epístola de esta fiesta, tomada de uno de los libros Sapienciales, el Eclesiástico, y que la Iglesia le aplica a nuestra Señora, como a Madre de la Sabiduría, que es nuestro Señor, la Sabiduría Eterna, increada; Ella, Madre de Dios, Madre de la Sabiduría Eterna, Madre de nuestro Señor Jesucristo, predestinada desde toda eternidad, ab initio, ante ómnia saécula. Todos esos pasajes que parecieran ininteligibles, no se entienden si no los situamos dentro de la predestinación, ab aeterno, de la Santísima Virgen en el mismo decreto de la Encarnación, en el mismo decreto que desde toda la eternidad Dios promulgó, para que el Verbo se hiciera carne; en ese mismo decreto se promulgó que nuestra Señora sería la Madre de Dios y de esa predestinación brota toda la gloria y todo el honor de nuestra Señora, por ser la predestinada desde siempre a ser la Madre de Dios y de ahí todos los privilegios, por su maternidad divina.

De ahí todo su poderío, todo su señorío, toda su realeza y el triunfo bajo la impronta de su Inmaculado Corazón; de ahí tantas promesas en ese triunfo muchas veces mal interpretado, mal entendido, mal situado. Bástenos por lo menos saber sobre todo en la hora presente, que después de todo esto, de esta apostasía, de esta pérdida de la fe, de esta pasión de la Iglesia, tendrá lugar el triunfo del Inmaculado Corazón, que no forma sino el mismo y único triunfo de nuestro Señor Jesucristo.

Todo colabora al bien de aquellos que Dios ama, esta es la importancia de ser, de pertenecer a aquellos que Dios ama y todos somos amados de Dios, el problema está en que nos excluimos de ese amor divino voluntariamente y por eso se forman dos bandos, dos genealogías, dos razas: la raza de los benditos en nuestra Señora y la raza de los malditos en Eva y la serpiente. De ahí viene el odio irreconciliable y por eso es un signo, como decía San Luis María Grignión de Montfort, un signo de la predestinación el que nosotros veneremos a nuestra Señora, seamos sus fieles y verdaderos devotos, porque hay infieles y falsos devotos. Siendo entonces, sus fieles y verdaderos devotos pertenecemos a esa raza de los hijos de María y tenemos así la garantía de nuestra Salvación.

No es, por tanto, una devoción más o que yo le rece a San Pedro, o a San Juan, o a San Pablo, o al Santo que más me guste, porque nuestra Señora está por encima de todos los santos y ángeles del cielo, está al lado de Dios y es nuestro escudo, nuestra abogada y nuestra protectora y bajo todos esos títulos tenemos que invocarla para que Ella aplaste a la serpiente, la cabeza de Satanás.

Pidámosle esa confianza y amor filial a Ella, para que amemos más y mejor a nuestro Señor Jesucristo a pesar de todas nuestras miserias. +

PADRE BASILIO MERAMO
22 de agosto de 2001

domingo, 5 de agosto de 2012

DÉCIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Amados hermanos en nuestro señor Jesucristo:

En este domingo leemos en el evangelio la parábola del publicano y del fariseo propuesta por nuestro Señor a esos hombres que presumían de justos y se consideraban mejores que los demás. Esta es una de las ciento veinte parábolas que hay en el evangelio, como nos lo recuerda el padre Castellani, que se tomó el trabajo de hacer la exegesis de cada una de ellas.

Con esta parábola nuestro Señor nos muestra cuál era su intención, qué se proponía al hacerse hombre. Él quería restituir el culto verdadero del pueblo de Israel, del pueblo de Dios a lo que debía ser; restablecer la religión en esa vida interior y no que quedara dispersa en multitud de acciones externas, que si no permanecen unidas al alma del verdadero espíritu de fe, de religión, a la vida interior, no obran por sí nada, sino que al contrario engendran orgullo y menosprecio, como era el caso de estos hombres que se tenían por mejores. Y por eso, nos muestra en la parábola al fariseo y al publicano; el fariseo que representaba, por decirlo así, a esa elite, a esa clase social de predominio religioso de los que se dedicaban a las cosas de Dios, que tenían el celo por las cosas de Dios, por el culto divino y también contaban con mucha influencia política; mientras, el publicano era prácticamente un vendepatrias un recaudador de impuestos al servicio del César, del Imperio Romano que subyugaba al pueblo judío.

Vemos así que ser publicano, en aquel entonces, era lo más abyecto y despreciable para el pueblo judío; peor no se podía ser. Y en esta contraposición nuestro Señor nos hace ver que el uno es perdonado y tenido en cuenta por Dios, como el publicano, que no osaba ni siquiera adentrarse en el templo, quedándose allí atrás, en el fondo, pues se reconocía vil y miserable pecador. En cambio, el fariseo, todo engreído de sí mismo, de sus buenas acciones, porque ayunaba dos veces por semana, daba el diezmo de lo que poseía, no era adúltero, no era ladrón, era un hombre de bien. Y sin embargo, no sale justificado del templo.

Es tremendo lo que nuestro Señor nos hace ver, porque de nada sirve ayunar, dar limosna, no ser ladrón, no ser adúltero, no ser injusto, todas buenas obras, si nosotros tenemos el corazón carcomido por el maldito orgullo. Gracias te doy porque no soy como esos miserables, ni aun como este vil y abyecto publicano, decía el fariseo. El contraste es tremendo, pero eso muestra cómo el orgullo anula toda obra por muy buena que sea. Y la soberbia es difícil de detectar por nosotros mismos. La persona petulante, y la mayoría lo somos, no se da cuenta, cree, creemos que actuamos bien, ¿y de qué tengo que pedir perdón, qué hice mal? ¡No, es el otro, es el otro que no me saludó, que me miró mal, que me dijo una palabra hiriente, que no me respondió, que no me hizo tal favor! Y eso nos sucede porque si no fuéramos orgullosos seríamos realmente santos.

Y es ese engreimiento que nuestro Señor quiere mostrarnos para que rectifiquemos y llevemos verdaderamente una vida en unión con Dios, agradable a Dios, que nuestra oración sea verdaderamente una oración y no una manifestación de nuestras obras. A Dios no se le va a decir, yo hice tal obra buena, limosnas, ayunos, soy bueno. No, a Dios hay que decirle, yo soy malo, soy perverso, tengo malas inclinaciones, malos sentimientos, malas tendencias. Todo esto a raíz del pecado original, a raíz de los pecados que hemos cometido, por eso no somos buenos y no nacemos buenos, como el mundo de hoy quiere hacernos creer. Nacemos malos, mal inclinados y por eso nos gusta lo malo, porque si no nos gustara no habría tentación, pero Dios dejó esa incitación para que justamente de lo malo sacáramos el bien con la ayuda de su gracia y corrigiésemos esa mala inclinación, esa perversión que hay en nuestra naturaleza y que la llevamos hasta el último día de nuestra existencia, aquí en la Tierra.

Por eso la santidad consiste en luchar, en combatir a ese viejo hombre que llevamos dentro y sin el cual ni el demonio ni el mundo harían nada si no hubiera ese cómplice, ese traicionero que somos nosotros mismos bajo ese aspecto de la naturaleza que ha quedado herida. Dios no creó al hombre así, y aun después de morir nuestro Señor en la Cruz, y de haber redimido a la naturaleza humana, al hombre, no obstante, estamos bajo esa influencia, esa tendencia hacia al mal. Por eso un niño, incapaz de cometer un pecado mortal porque no tiene uso de razón, es grosero, orgulloso, malcriado, y hay que adiestrarlo, como se hace con un animal, con un perro pequeño, hasta cuando el niño tenga uso de razón, para que cuando lo tenga ya esté domesticado; pero eso es difícil de entender hoy en día por la gran revolución que todo lo ha socavado.

Esa gran revolución me dice todo lo contrario, que yo debo ejercer mi libertad como se me dé la gana, caprichosamente, como yo quiera, que nadie me puede molestar; y no hay ningún principio que queda en pie, qué principio o autoridad va a haber, qué principio de paternidad va a haber y menos en la Iglesia, nadie puede reprender a nadie, porque me ofende, porque me insulta, porque me ultraja. Nadie acepta nada de nadie y esa es la situación social del mundo moderno. ¿Y qué queda en pie? Ni familia ni Iglesia, porque aún hay que saber aceptar el llamado de atención, la reprensión, aunque el que lo haga tenga mil y un errores; si a mí un loco o un borracho me dice que estoy demente o embriagado y es verdad, no por eso le voy a decir que no tiene ningún derecho en decírmelo porque él se encuentre en ese estado.

Y así, se podrían dar mil ejemplos, como la insumisión de la mujer, estar igualada al hombre, cuando la Iglesia predica la sumisión, la subordinación de la mujer al hombre. No es la esclavitud, no es el maltrato, pero sí la mujer sumisa; hacerle entender eso a la mujer de hoy, es casi imposible. Y esa insubordinación hace que la mujer de hoy no quiera usar la falda, sino el pantalón, porque éste le brinda esa igualdad de acción, y hay muchos otros ejemplos. Claro que hay faldas que pueden ser mucho más escandalosas que un pantalón ancho, por ejemplo.

Tenemos también la desobediencia de los hijos a los padres, a los superiores; la indisciplina en el área del trabajo y en todos los órdenes. Y justamente, lo que está detrás de todo eso es el orgullo exacerbado por principios que endiosan al hombre, y esos mlotivos son los de la libertad que proclamó la Revolución francesa, que más que francesa fue anticatólica, judeomasónica, para destruir la sociedad cristiana, católica, y convertir a cada uno de nosotros no en un católico sumiso y humilde, sino en un hombre independiente y autosuficiente. Ese es el error del naturalismo, del liberalismo, la presunción del hombre como tal y por eso es independiente de todo lo que no sea su querer y su parecer. De ahí lo complejo y difícil para que nos sometamos, no sólo a la Iglesia, sino también al orden natural, para que respetemos el orden natural sin el cual el sobrenatural no tendría soporte, porque la gracia supone la naturaleza.

Quiere, pues, nuestro Señor, en esta parábola de hoy, que veamos cómo vale mucho más la oración sencilla y humilde del más vil de los hombres que se reconoce pecador y miserable que la de aquel que presume de mucha religión, de muchas acciones buenas, pero que no reconoce su orgullo. Por eso el fariseo es el que simboliza esa arrogancia religiosa, que no es más que la corrupción específica de la religión. En consecuencia, un hombre mientras más religioso sea, más petulante podrá ser su actitud y por eso nosotros, que queremos defender la santa religión guardando la Tradición católica, estamos más cerca del pecado de orgullo que corrompe la religión, que cualquier otro hombre. Y de ahí la gravedad y la necesidad de saberlo, para que tengamos en cuenta que el diablo nos va a tentar más por la vanidad que por otros pecados más escandalosos.

Solicitemos a nuestra Señora, Maestra de humildad, permanecer modestos como el publicano y no engreídos como el fariseo, pero que sí tengamos ese celo de defender las cosas de Dios con humildad, como quiere nuestro Señor. Que defendamos la Iglesia con sumisión y no caigamos en ese pecado tan aborrecible del fariseísmo. Y Dios sabe y sabrá si no hay hoy hipocresía y que por culpa de ella es que en la Iglesia, en sus fieles, en sus miembros, en todos nosotros, estamos viviendo tan grande crisis; Dios aprovecha también de cierto modo, para que a aquellos que son humildes les sirva de purificación. La crisis actual hay que soportarla como una depuración y no debemos escandalizarnos si no vemos entre los fieles de esta capilla y demás capillas de la Tradición, ni a los más santos, ni a los mejores, ni a los más humildes. No debemos asombrarnos, ¿por qué? Porque si nosotros nos sorprendemos es porque somos peores, no tenemos esa misericordia que sabe soportar la miseria de los demás y del prójimo. Por eso Dios permite todo esto que nos puede asombrar al igual que a mucha gente cuando viene a una capilla de la Tradición. Debemos hacer esfuerzos para no alejar al que llega, al que viene y que no sabe nada, pero que se acerca con una recta intención, y no actuar como fariseos porque esa persona sea como un publicano. Eso es lo que Dios nuestro Señor no quiere, Él nos da el ejemplo de cuál debe ser la conducta y la oración, para que no caigamos en ese aberrante pecado del fariseísmo.

Invoquemos entonces a nuestra Señora para que nos ayude a ser más humildes, ya que solamente lo seremos si nos reconocemos pecadores, miserables y vanidosos. Ese orgullo lo tendremos hasta el fin de nuestra existencia pero lo debemos combatir, y la mejor manera de hacerlo es aceptando las humillaciones que nos caen sin que las preveamos y ni sospechemos el momento en el cual llegarán, y que las sepamos aceptar. Pidamos a nuestra Señora esa sumisión que Ella manifestó haciéndose la servidora de Dios, para que nosotros seamos obedientes servidores de Dios y de la verdad. +

PADRE BASILIO MERAMO
28 de julio de 2002

domingo, 22 de julio de 2012

OCTAVO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
El Evangelio de este domingo ha presentado cierta dificultad a los exegetas y a los predicadores, aun el mismo padre Castellani también así lo dice, dándole la mejor explicación y la más conveniente. Sin embargo, se debe hacer resaltar que esa dificultad viene porque, aparentemente, nuestro Señor estaría poniéndonos como ejemplo a un ladrón, lo cual sería completamente absurdo; si vemos que nuestro Señor alaba la actitud de este mayordomo, de alguna manera quiere decir que hay un ejemplo a seguir; la moraleja de hoy es ser más sagaces que los hijos de este mundo.

Entonces, ¿qué es en realidad lo que nos quiere proponer nuestro Señor? Sin hacerle decir estupideces y perdonen que lo diga, porque si se le considera al acto de este mayordomo como un robo, como algo que no podía hacer, ya que él no tenía poder, jurisdicción o permiso en sus funciones de gerente o de administrador, sería un hurto, y eso nuestro Señor no lo puede alabar. Ni aun como muchos así lo dicen. Lo que quiere ensalzar es la sagacidad, pero no el fraude en sí. Entonces, ¿para qué va a ponerles ese ejemplo tontamente en lugar de buscar otro con el cual se viera muy claramente que eso no puede ser?

Y ¿qué es luego, lo que aprueba nuestro Señor de lo que hizo este mayordomo llamado infiel, que más que desleal, podríamos decir avispado, vivo o pícaro si se quiere, pero no ladrón? De hecho, los deudores aceptaron la rebaja del débito con escritura; y es de ver que de cierto modo el administrador podía y tenía facultades de hacer una rebaja como quien hace un descuento, y la viveza está en que lo hizo en beneficio propio y no en el de su amo, sino que se aprovechó de la circunstancia ya que se iba a encontrar en la calle y no servía para trabajar, y mendigar le daba vergüenza.

Ahí está, por decirlo así, la malicia indígena, la astucia, la perspicacia o la sagacidad de este mayordomo, y no en un acto malo en sí, que lo llevase a ser un ladrón robándole a su amo. Nuestro Señor nos dio ese ejemplo que, como ven, lleva su enseñanza.

Nuestro Señor alaba la perspicacia, la sagacidad, la viveza de ese mayordomo que piensa, con prudencia, qué iba a pasar con él en el futuro. Y por eso nos lo pone como ejemplo a seguir, y he ahí la moraleja, para que no seamos bobos, ni tontos, ni lerdos, ni perezosos, para que los hijos de este mundo no nos aventajen; es lo mínimo que nos pide nuestro Señor. Así como son de perspicaces, de sagaces, de avispados los hombres de este mundo para los negocios terrenales, que lo sean así por lo menos los hijos de la luz, los hijos de Dios. Con lo cual nuestro Señor quiere mostrarnos muy bien que la religión no es de bobos beatos sino de lúcidos y santos, ni de viejitas ignorantes, sino de mujeres fuertes y de hombres viriles. Esa imagen tonta, estúpida, caduca, mediocre de la Iglesia y de la religión, no la quiere Dios. Él quiere águilas y no cerdos, gente inteligente que piense con prudencia lo que va a hacer en beneficio de la salvación de su alma y de la Iglesia; que los hijos de este mundo no sean más sagaces que los de la luz; esa es la gran lección y no en lo que han convertido desgraciadamente los curas ignorantes a la Iglesia, dando consejos de tontos, cayéndoseles la baba.

La Iglesia es de mártires, de vírgenes, no de ingenuos ni de mentecatos. Y por eso debemos tener presente esta parábola de hoy, porque Dios no quiere toda esa bobería, toda esa tontería vuelta santidad falsamente; cubierta con un velo como quien blanquea un sepulcro en cuyo interior hay un cadáver podrido. Por ello mucha gente a veces se ha alejado de la Iglesia, por tanta necesdad, estupidez o sandez dentro de la Iglesia; los hombres en el mundo son más sagaces, más enérgicos, más profesionales, más aguerridos, y lo peor es que si se llegan a convertir, se vuelvan tarados y torpes. Lo que la religión me prohíbe es hacerle el juego al demonio y lo que quiere es la virtud, la virilidad, la fortaleza, tanto en los hombres como en las mujeres; por eso Santa Teresa fue admirada, porque era fuerte como un hombre. Isabel la católica cabalgaba toda una noche y a veces encinta, bajo la lluvia, a pesar del frío y la tormenta, para madrugar temprano allí donde tenía una reunión con sus nobles. Eran mujeres viriles y si eso eran las mujeres, ¿qué se les puede pedir a los hombres? Que por lo menos sean iguales o mucho más por su condición de ser más fuertes y más aptos para todo lo que es un esfuerzo físico y que exige un temple aguerrido.

Porque falta esa fortaleza que viene de mucho tiempo atrás, porque los seminarios se han convertido en casas de tontos, por no decir otra cosa, en casas de invertidos o cuando no, de afeminados. Esa no es la imagen de la Iglesia de Cristo sino todo lo contrario, y es por lo mismo que falta tesón para poder permanecer fieles a la Iglesia de nuestro Señor, para combatir el error, para no dejarnos llevar por Satanás. Si lo que queremos es vivir cómoda y afemina-damente como señoritas, ¿entonces quién va a defender a la Iglesia de los lobos, del enemigo?

Por eso estamos como estamos, por eso la Iglesia pasa hoy esa pasión, que Dios la permite para acrisolar a sus verdaderos predilectos, a sus verdaderos elegidos, a sus verdaderos fieles y por eso hay que pedir, mis estimados hermanos, esa gracia de la fidelidad. Esa lealtad se gana luchando a brazo partido contra Raimundo y todo el mundo que se oponga a la voluntad de Dios; así nacieron las cruzadas y así lo han hecho los mártires, prefiriendo morir antes que claudicar. Esta crisis profunda y última de la Iglesia que, no hay que olvidarlo, no es pasajera, no es una más, sino que es la enfermedad terminal de la última gran dificultad, de la gran tribulación y de la gran apostasía antes de la venida de nuestro Señor.

Esto no tiene solución humana, ésta es divina y por eso requiere la intervención de Dios, no lo olvidemos. Mientras tanto, debemos sufrir con valentía, con honor, con nobleza y si es necesario tener que morir antes que vivir indigna y miserablemente, como lo hace el mundo hoy. Por ello el llamado a la santidad es crucial, porque requiere una gran dosis de heroísmo sobrenatural, de virtud, y esa valentía en la virtud es lo que hace la santidad. Todo eso lo vemos y debemos recordarlo para que no transijamos y para que los hijos de este mundo no sean más sagaces que nosotros, o, para invertir la cuestión, para que no seamos bobos y que sean más inteligentes los de este mundo; eso es lo que nos quiere decir nuestro Señor.

La otra gran moraleja, en la que también hay un enigma y una dificultad, es al decir que no nos ganemos amigos con el dinero inicuo, ¿y cuál es este dinero?; si es robado, tengo que devolverlo en estricta justicia, no me corresponde, no me puedo granjear con el dinero robado un beneficio cualquiera que sea, no puede ser el obtenido por el robo, por la rapiña, por la violencia. Entonces, ¿cuál es el dinero injusto con el cual yo puedo procurarme un bien y en este caso un bien sobrenatural? Eso es lo que quiere nuestro Señor.

Haciendo limosna, ¿cuál es ese dinero inicuo? Todo aquel que sin ser hurtaado, ha sido obtenido de una manera pecaminosa o ilícita pero sin vulnerar la estricta justicia, como puede ser el dinero mal habido de la prostitución, de los latrocinios, de los casinos y hoy diríamos de toda la pornografía en la televisión, en el radio, en la prensa; los productos que conculcan la procreación y que se prodigan por doquier en las farmacias, la riqueza obtenida en las obras de teatro o de cine que van contra la moral.

Todo eso es dinero injusto y sin embargo no ha habido hurto, no hay que restituir, pero es mal ganado. Todo el efectivo que produce la droga, todo eso inicuo; y habría muchos más ejemplos que cada uno de ustedes podría imaginar siguiendo los parámetros de lo que acabo de decir. Entonces, con ese dinero, ¿qué se puede hacer? No se le tiene que regresar a nadie porque a nadie se le debe; es propio, pero mal habido, mal obtenido. ¡Qué peso, qué lastre, qué miseria, qué hago con él si me quiero convertir, si quiero salvar mi alma, si quiero agradar a Dios! Comprarme el cielo haciendo limosna.

He ahí lo que nos quiere indicar también nuestro Señor con el evangelio de hoy, porque la caridad se da de lo que es de uno, de lo que a uno le pertenece, no de lo robado; y así, al dar de eso que es mío, pero que fue obtenido de alguna mala manera, de alguna forma hubo pecado en la adquisición.

No obstante, si lo miro bien, Dios me abre las puertas indicándome el camino para que así en vez de comprarme una casita, un techo en esta tierra, adquiera una casita en el cielo con la limosna. Hasta eso nos permite nuestro Señor, que compremos el cielo, no con orgullo, no con vanidad, sino con limosna y cuánto más si esa caridad ya no es de dinero inicuo sino de uno bien ganado y sudado con honradez, mucho más.

Eso ha hecho decir a muchos santos que el óbolo es a los pecados como el agua al fuego: apaga la deuda. Esa limosna hoy se ha perdido, se ha olvidado, no se tiene en cuenta por el espíritu de egoísmo que hay y, sin embargo, es un camino para comprarnos una casa en el cielo, aunque sea un palmo, un lugarcito donde quepa nuestra alma. Eso es lo que nuestro Señor nos quiere hacer ver en el evangelio de hoy para que lo retengamos y así nos procuremos la salvación de nuestras almas y lleguemos al paraíso.

Me olvidaba decirles que de todos modos mi partida no tendrá lugar sino hasta mediados de octubre. En el ínterin, como ya había programado, iré a Europa para hacer el retiro en Ecône y de paso tomar de una vez unas vacaciones; entonces eso hace que el tiempo se acorte. No obstante quiero avisarles cuando será mi salida y si Dios quiere el domingo anterior podremos hacer la misa de despedida, y para que ustedes vayan adaptándose al nuevo prior.

Si me hubieran preguntado a quién convenía que enviaran, hubiera sugerido al padre Pablo; pero no se me consultó cuando se tomó la decisión. Se los menciono para que vean ustedes que quedan en buenas manos. Y lo importante, repito, es que ustedes mantengan un corazón unido en torno al Priorato, a la capilla y que la defiendan, porque va a ser atacada inmisericordemente por todos lados, principalmente por Satanás que se valdrá de la gente tonta, boba, estúpida, y más que nada sirviéndose de algún tonto que le hace el juego. Digo de algún inocente porque a veces es sin malicia. Pasa como con las vírgenes necias o tontas, que se condenan por la bobería. El único baluarte es entonces mantenerse unidos para mantener así la fidelidad a la Iglesia católica, apostólica, romana, a la Iglesia verdadera, la única arca de salvación en la Santa Misa.

Y creo que está de más decirlo, pero me corresponde en lo que a mí, como persona, con mis actos, con mis palabras haya podido ofender a alguien, o dar algún mal ejemplo que ciertamente los habré dado, disculparme y pedir que tengan esa misericordia de perdonarme y de olvidarlo y que se queden con lo bueno. Esa debe ser siempre nuestra actitud con todas las cosas y todas las personas. Entonces creo que no tengo más que decir, sino que siempre estaré pendiente para poder ayudar, en lo que de mí dependa, en el progreso del Priorato. Ahora recemos para que las dos imágenes que están pendientes, se hagan prontamente y poder verlas antes de irme y si no, que de todos modos se hagan para que así ustedes tengan ya prácticamente la capilla terminada, aunque siempre faltará algo.

Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que nos ayude para que podamos así perseverar en ese santo deseo, y podamos salvarnos todos nosotros y con nuestro ejemplo redimir a las demás almas. +

PADRE BASILIO MERAMO
3 de agosto de 2003

lunes, 16 de julio de 2012

CONMEMORACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En la festividad de nuestra Señora del Monte Carmelo, debemos recordar la importancia de la Santísima Virgen María en la historia de la humanidad y en la de la Iglesia. No olvidar el regalo que nos hace Dios dándonos a esta Madre que es de todos nosotros y es la Reina del cielo. La advocación de la Virgen del Carmen, que viene del Monte Carmelo, es prehistórico, ya que allí San Elías redujo a un sinnúmero de idólatras de falsos dioses y de falsos sacerdotes aniquilados por Dios. Y en ese monte justamente nace la advocación de nuestra Señora del Carmen, remontándose así al Antiguo Testamento para mostrar cómo Ella sigue la historia de los hombres en el camino de su salvación.

Por eso nuestro Señor la deja como una garantía de nuestra redención, y la tenemos en el rezo del Santo Rosario que sabemos desde Fátima, aparición que ha sido ratificada por un milagro que no solamente vieron allí en Fátima miles de personas sino después el papa Pío XII, tres veces en el Vaticano. Lo curioso es cómo él no quiso publicar el tercer secreto y parece que aun ni leerlo e instituir la fiesta de una manera solemne. Claro que ya entonces había toda una conspiración contra Fátima, contra nuestra Señora aun dentro del Vaticano, en aquella época, cuando reinaba Pío XII; es inimaginable, pero así sucedió. Qué diremos ahora.

Y sabemos que desde Fátima el rezo del Santo Rosario, que es una síntesis del Evangelio, contiene los quince misterios, no son cinco, cinco es la tercera parte. El Rosario completo son los quince misterios más relevantes e importantes de la vida de nuestro Señor. Y con esta práctica, como dice nuestra Señora en Fátima, a través de Sor Lucía, no hay ningún problema ni material ni espiritual que no tenga solución; lo que debemos tener presente sobre todo para las dificultades espirituales, cuando no haya, cuando no tengamos misa, cuando no tengamos sacramentos, cuando seamos perseguidos, cuando llegue esa terrible hora en la soledad y que tengamos que dar testimonio so pena de claudicar.

También otra perla de garantía de nuestra salvación la tenemos con el escapulario que fue prometido a San Simón Stock en 1251, en pleno siglo XIII, siendo General de la Orden de los Carmelitas, lo cual le da ese privilegio, no solamente a los de su congregación que llevasen este distintivo, sino también a todos los demás. Por eso el escapulario es un hábito defensa, de lana. Y lo nombra de esta forma para que no lo confundamos con esas pastas de plástico que no son escapulario; es más, esta insignia no debe superar la mitad de la parte impresa que tiene el dibujo, tiene que ser menos de la mitad, según las normas de la confección del escapulario que es una miniatura de ese hábito que llevan los religiosos por detrás y por delante.

La única excepción es la medalla a la que San Pío X también le dio el mismo valor para las personas que tenían inconveniente por la debilidad, por la pérdida o rotura, por la fragilidad de esa pequeña tela. Entonces no nos dejemos engañar con cualquier escapulario, hecho de cualquier manera.

La promesa de ese escapulario es que nadie que siempre lo lleve irá al infierno, es decir, que no se condenará, está garantizada la salvación, que no es poca cosa. Pero hay que llevarlo dignamente con fe y cumplimiento de los mandamientos de la Ley de Dios. No como muchos, como un escudo, pero vulnerando la Ley dddivina, como hacen muchos hampones, sicarios, que he conocido personalmente con revólver en mano para matar y le piden a uno que les imponga el escapulario para que cuando les disparen no les alcance la bala. Pero aún así parece que tuvieran más fe esos sicarios que nosotros y créanme que muchas veces se han salvado llevando el distintivo carmelita. Pero claro que eso no va a ser así siempre. Es simplemente para que vean cómo a veces los bandidos tienen más fe que nosotros.

Por si fuera poco, esa promesa que hizo en aquel entonces nuestra Señora al superior de los carmelitas, se complementó con el privilegio sabatino; es decir, que nuestra Señora incluso sacaría del purgatorio a las almas al sábado siguiente después de su muerte, según nuestra manera de contar. Entonces hay esa doble promesa, la de salvarnos y la de sacarnos del purgatorio si morimos con el escapulario puesto, que hemos llevado durante nuestra vida como buenos católicos; porque si lo portamos como malos creyentes esas promesas difícilmente, por lo menos la segunda, tendrán lugar; es decir, la de sacarnos prontamente del purgatorio si es que nos salvamos.

Así nuestro Señor deja entonces a través de nuestra Señora esas dos prendas, para tener una garantía de nuestra salvación y por eso no debemos olvidarlo y tenerlo en cuenta. Simplemente, basta haber recibido una sola vez la imposición del escapulario y las otras se cambia, se renueva, y ya quedamos inscritos en ese libro que pide el ritual y que hoy no se hace porque casi todo eso está abolido, pero entonces hacerlo en el libro que tiene Dios.

Pidamos a nuestra Señora del Monte Carmelo, a nuestra Señora del Carmen, que nos proteja sobre todo en estos tiempos tan difíciles para el verdadero católico, para el que quiere ser buen católico y seguir en todo la virtud que nos señalan los diez mandamientos. Eso no es fácil; es muy difícil, ¿por qué? Simplemente por la moda; la mujer que viste a la costumbre de hoy ciertamente no es buena católica aunque no se dé cuenta; ni quien ve la televisión, quien lo hace, con toda la porquería e inmundicia que se observa allí, no puede ser buen católico.

Peor si a eso le seguimos sumando lo que piensa la gente: que nada es pecado, que todo es permitido, que se puede hacer lo que cada uno quiere. En la familia, los que se divorcian, los que se casan por el matrimonio civil, eso no es ser católico; no se diga ya de los contraceptivos, de los abortos, todo eso es no ser católico. Las revistas pornográficas son exhibidas públicamente, ya no escondidas como antaño. No se puede ir a una farmacia porque cuando no hay una revista inmunda, hay algún otro artículo de igual forma asqueroso. Y ni qué decir de la educación sexual en los niños, se los corrompe por ley de la nación. Y así seguimos viendo una cosa tras otra; díganme si así no es difícil ser buen católico.

Claro que ser “católico” protestante como la mayoría lo es hoy, sí es muy fácil: el libre examen, el libre hacer y querer, eso es ser cismático y por eso la Iglesia se está convirtiendo en otra religión, y sus fieles se están protestantizando sin salir de la Iglesia; por eso se piensa y se obra como verdaderos infieles sin darse cuenta de ello y paro aquí de contar porque sería larga la lista. Lo he dicho sencillamente para mostrar que es muy difícil pero sin embargo no es imposible, eso requiere un esfuerzo de virtud heroica para cada minuto, para cada segundo, a lo largo de las horas, de los días y de los años hasta la muerte, para que podamos vivir en estado de gracia. Se necesita un permanente control y freno que no hay, que no existe en el mundo moderno, ni el social de antaño; por eso vivimos una verdadera Babilonia, peor que Sodoma y Gomorra, porque si es verdad lo que se dice, por dar un ejemplo, que hace unos días en Alemania hombres y mujeres en cueros estaban revueltos. Eso, ¿no es peor que Sodoma y Gomorra? Claro que sí, y peor en ese país que se le tiene por culto, por avanzado.

Por eso debemos pedirle a nuestra Señora que nos ayude a ser buenos católicos, porque ya ni cristianos se puede decir, ya que los protestantes han usurpado este nombre; no son de Cristo, porque no son de la Santísima Virgen María. Así de sencillo, son herejes, son protestantes y nosotros nos estamos volviendo como ellos sin darnos cuenta, por el modernismo que ha cambiado prácticamente la estructura de la misma Iglesia. Pero ahora no voy a hablar de eso para no alargarme. Debemos por lo menos recordarlo, para que nos haga abrir los ojos, y pidamos a Dios la luz y a la Santísima Virgen María la protección de la Iglesia que está hoy peor que nunca; no la Iglesia en su esencia, pero sí en su parte humana y material, en sus hombres, en sus integrantes tan corrompidos, tan prostituidos y eso de un modo oficial, no privado.

Siempre hubo la corrupción privada pero la putrefacción instaurada oficialmente, hecha ley, eso ya es diferente; cambia todo porque ya no se combate el mal, el vicio y ¿qué moral e Iglesia puede haber? Por eso se insiste en el matrimonio de los sacerdotes. Porque, es cierto, es muy difícil ser un sacerdote célibe si se es modernista y progresista; es imposible. Si es difícil siendo aun en la verdad y en la Tradición de la Iglesia porque hay que luchar, pero se tienen las armas; y si no se tienen es imposible luchar. Por ello vemos esa corrupción en el clero, en los religiosos, porque no es posible sin virtud, sin espiritualidad verdadera resistir al mal que hoy impera pública y socialmente dentro y fuera de la Iglesia, eso es un hecho.

Y solamente si no queremos ver no lo veremos, sino que hay que estar muy obcecado para no admitirlo. Tenemos que aprovechar ese auxilio que nos da nuestro Señor a través de su Santísima Madre para que Ella nos proteja y nos facilite en cierto modo las cosas; que nos evite el mal y la fatal caída y que podamos así avanzar en el bien y en la verdad guiados de su santa mano. +

PADRE BASILIO MÉRAMO
16 de julio de 2003

domingo, 15 de julio de 2012

SÉPTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
El Evangelio de este domingo tiene una aplicación sorprendente: la alerta en la cual nos pone nuestro Señor mismo, sobre todo en estos días, en esta época, en este tiempo en el que se presagian para aquellos que son fieles a Dios, las profecías anunciadas con todas sus advertencias; tenemos que tomar conciencia cada día de que vivimos en ellos de un modo cada vez más palpable y evidente, porque de ello dependerá la salvación de nuestra alma. No será difícil nuestra redención si perseveramos en la Iglesia católica, en la fidelidad a nuestro Señor Jesucristo.

Muchos de los errores que comete la gente de buena voluntad se debe a que no saben situar el mal de la crisis presente dentro de ese contexto apocalíptico y piensan que es pasajera; dificultad la ha habido siempre en la Iglesia, pero pasa. Y por eso entonces esperan que amaine la tormenta quedándose encerrados en casa. Pero eso no sucederá con la última gran crisis universal, que no será superada sino que será final, la última. Como en la vida nuestra, en la cual podemos tener muchas enfermedades y pasan, pero habrá una última que será la mortal, y qué mal haría un médico que le diga que esa es otra enfermedad sin importancia cuando es terminal y lo enviará al fondo del sepulcro. Así acontecerá al fin de los momentos finales, en esta crisis de los últimos tiempos apocalípticos. Y por eso nuestro Señor dice en el evangelio hoy, ¡cuidado con los falsos profetas!

¿Quiénes son los falsos profetas? En el Antiguo Testamento eran los hombres de Dios los encargados de dirigir al pueblo elegido y hablaban en el nombre de Él para manifestar las cosas de Dios, y bajo su inspiración divina les hacía ver y así presagiaban el futuro. Eran los dirigentes, los encargados de conducir, de dirigir al pueblo elegido, de enseñar la religión. Por eso dice Santo Tomás de Aquino en su comentario al evangelio de San Mateo, que los profetas son los prelados de la Iglesia, los doctores de la Iglesia. Eso dice el gran doctor Santo Tomás de Aquino acerca de los profetas, lo cual se ve muy bien porque son los conductores, los guías espirituales de la Iglesia, los que enseñan la religión y la doctrina, los que cuidan el rebaño; son entonces los prelados, es el clero, es todo predicador que hay en nombre de Dios. Si eso es el verdadero enviado, entonces, ¿cuál es el falso? Es todo lo contrario, es un hombre que hipócritamente ejerce ese ministerio, falsifica la doctrina, la la religión, la palabra de Dios. Eso han hecho muchos herejes, muchos cismáticos que toman una parte del dogma para negarlo o para exagerarlo, buscando que así se pierda el equilibrio de ese conjunto arquitectónico que es nuestra santa religión con su teología y sus principios.

Por eso los falsos profetas, como lo han sido todos los herejes, vacían, adulteran el contenido sobrenatural para meter uno humano y natural, para cambiar el significado. Esto lo hace ver el padre Castellani citando un proverbio francés: que sólo se destruye lo que se sustituye. Entonces el falso profeta cambia la verdadera religión por una falsa, y de ahí el grave peligro.

Por eso la advertencia de nuestro Señor para todos los tiempos de la Iglesia, y con mayor necesidad para los últimos que nos toca vivir; eso es lo que se ha significado con todas las señales religiosas del cielo desde hace dos siglos, comenzando con nuestra Señora en la Rue de Lubac en Francia, con la medalla Milagrosa, pasando por Lourdes, por Fátima, Siracusa y todo para mostrar la gravedad del momento. Nuestra Señora en La Salette llora, pero también habla; en Siracusa no habla sino que llora por uno, dos, tres y cuatro días consecutivos, sobre este mundo que ya no tiene solución y que ha caído bajo la égida del demonio, de Satanás y de sus supósitos.
Eso dentro de la Iglesia, con el mal que causa dentro de ella, para que así se conviertan en falsos profetas que tergiversan, que adulteran, que vacían la religión dándole un contenido natural y quitándole el sobrenatural. Así se adultera y lo vemos hoy, estimados hermanos. Esa adulteración, esa remedo de la religión católica. El que no lo vea está ciego, no tiene fe. Porque no hay más que pensar en la crisis universal, porque no está aquí en Bogotá o en Colombia o en un país determinado, sino que es en todo el orbe católico, es universal y viene desde arriba; el error viene de la cabeza, por vía de autoridad, con el peso y el sello de la jerarquía y nosotros sabemos que ésta puede traicionar su sagrado ministerio; siempre ha pasado en la historia política y social de los pueblos, que han sido traicionados por su gobierno.

Nosotros también podemos ser vendidos por la autoridad dentro de la Iglesia. El judaísmo es una claudicación por culpa de la autoridad que engañó al pueblo, cambió las Escrituras para no basarse en ellas, en la Ley de Moisés, en la Ley que está contenida en el Pentateuco y en todo el Antiguo Testamento, en los profetas, para crear una tradición humana contenida en el Talmud y en la Cábala; eso pasó con el pueblo elegido, esa fue su desgracia y también puede ser la nuestra.

Y ¿qué pasa con Iglesia católica? Duele decirlo, pero hay que hacerlo y si yo supiera que me fuera a morir hoy, diría muchas otras cosas que no las quiero mencionar, pero me las guardo porque a veces pienso que es como a un bebé a quien no se le puede dar la comida sólida de sopetón, pues hay que esperar para cambiar la leche por el puré; y ya después cuando salgan los dientes ya darle lo menos líquido. Pero ya es hora de que nos salgan los dientes, que dejemos de ser bebés, que no sea únicamente con leche y puré que se nos tengan que decir las cosas, y más teniendo el Evangelio que nos advierte de esos falsos profetas que son los prelados.

Dice Santo Tomás que el verdadero profeta es el prelado, el doctor, el hombre que habla por Dios en su lugar, y Él le ha hecho revelaciones para que las manifieste al pueblo en su nombre sin halagar, sin seducir, sin importarle lo que piense la gente sino que sea fiel a la palabra de Dios. Esa es la característica del del verdadero discípulo de Dios que no le interesa adular los corazones de los hombres para cautivarlos, porque sabe que los atrae, o los debe ganar con la palabra de la verdad pronunciada fielmente en el nombre de Dios; la verdad que es Dios es lo que seduce. No cautiva el ser diplomático, halagüeño, el acomodarse, el hablar de cosas bonitas pero que son una vil mentira, un engaño, como una novela romántica donde todo es color de rosa. Esa no es la historia de la humanidad y mucho menos de la Iglesia que nació en la Cruz, en el Calvario, de la sangre, de la muerte; esa es la vida de la Iglesia, sacrificio, oblación y muerte de cruz.

Entonces los falsos profetas predican algo diferente. Hoy vemos a la humanidad embobada con la libertad, con la paz, con el progreso, todo esto mentiras y engaño si no se es fiel a la palabra de Dios. Porque al que hay que agradar es a Dios y no a los hombres. Al enviado impostor le interesa lisonjear los corazones y por eso es astuto y diplomático, por eso tiene tacto, porque lo que le interesa es estar bien con los hombres, no siendo un profeta de desgracias, como lo dijo Juan XXIII: “Yo no quiero ser un profeta de desgracias”. Entonces, hablo bonito para que la gente sonría y así más rápido se los trague el lobo como a Caperucita; es decir, el diablo.

¿Es que acaso vamos a ser tan tontos, tan estúpidos para que nos engulla el lobo como a la niña del cuento? No creo, mis estimados hermanos, que debamos ser comparados con ella, pues si ven bien el mundo entero, al no ser fiel a nuestro Señor estamos a punto de ser devorados por el lobo, por Satanás. Todo ello por culpa de los falsos profetas que no predican la palabra tremenda y terrible de Dios, que lo hace como un buen Padre, para que reaccionemos y salgamos del error, del vicio, del pecado, del mal, y no nos condenemos eternamente, miserablemente en el infierno. Por eso hoy se niega que haya un lugar con fuego, para que la gente no se asuste; el temor es el último freno que nos puede parar para no caer en el abismo del vicio y del pecado; y si no es por amor de Dios, al menos que sea por el susto, por el miedo, como decía San Ignacio de Loyola.
Esos falsos profetas como los de todos los tiempos, tienen una misma característica: la de adular, la de congraciarse, pero ¿al precio de qué? Al de falsificar la verdad, por eso nuestro Señor nos incita a tener cuidado.

Y ¿cómo distinguiremos entonces el buen profeta del falso, del pseudoprofeta? Por sus frutos. En esto es categórico nuestro Señor cuando habla. Y ¿cuáles son los frutos?, hoy vemos qué hechos desastrosos hay dentro de la Iglesia, como la pérdida de fe, la desmoralización, la desintegración de la sociedad y familia católicas para que todos sean seducidos por la dignidad y la libertad del hombre, de la persona humana con sus derechos.

Y por si fuera poco, también como si los niños no fueran personas, ya que tienen que agregar el derecho de ellos; y así se endiosa al hombre. El hombre moderno, que exaltado con la técnica y ciencia actuales, cree que con todo el progreso científico y tecnológico ya llega al cielo, cuando no es capaz de ir más allá de la luna. Y ¿qué es un hombre que no vive en la realidad? Un loco, un lunático, o, por lo menos, un distraído. Pero se endiosa la ciencia, como un arma de poder, de dominio sobre la naturaleza, y sobre todo como un niño que con un revólver se cree ya el dueño del mundo. De lo que no se da cuenta es de que se puede dar un balazo porque no lo sabe usar.
Eso es lo que pasa con la ciencia y técnica de hoy, que no se sabe cómo usarla para que no acarree la destrucción y la hecatombe del universo, porque eso es la bomba atómica. El mismo Einstein, científico judío y el más metafísico de los físicos, confesó que hubiera preferido ser un plomero, cuando vio a lo que se llegó con su teoría, con su ciencia, con su física, con su aporte. ¿Qué quiere decir todo eso? Que este mundo peligra por donde se lo mire.

Pero el peor riesgo, mucho peor que mil guerras y mil bombas atómicas es la pérdida de la fe, la desintegración de la Iglesia, porque Iglesia quiere decir los reunidos bajo el llamado de Dios, los agrupados, no los dispersos. Por eso cuando nuestro Señor congregó alrededor de Él para fundar la Iglesia, dispersó a los judíos en la diáspora; cuando ellos vuelvan de ella a la tierra prometida, estará pronto el fin, y eso ya pasó hace más de cuarenta años.

Hoy, Jerusalén es la capital de los judíos después de dos mil años de historia, esos son signos evidentes del final de los tiempos. Y más claro es la gran apostasía que vivimos, que no se ha formalizado todavía pero que es una deserción práctica bajo la conducción de los falsos profetas, de la autoridad que no quiere ser enviada de desgracias sino que quiere congraciarse con el mundo; entonces habla de libertad, de igualdad, de fraternidad, de paz, de progreso.

Ese es el mensaje de los masones, de las Naciones Unidas, de la política internacional y de la misma Iglesia hoy, no de la verdadera, sino de esa parte humana que ha caído seducida en el error y que se convierte así de verdadero profeta en falso. El infiel enviado va a decir ¡Señor, Señor! ¡Dios, Dios! Pero nuestro Señor lo dice en el mismo pasaje de hoy, “Cuidado, no todo el que dice ¡Señor, Señor! es de Dios sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Entonces hay que hacer el mandato del Padre eterno y no encubrirse como lo hace todo falso profeta con la piel de oveja siendo un lobo rapaz, mostrando una piedad que es falsa, invocando a un dios que no es el verdadero.

Y eso está pasando hoy, mis estimados hermanos, ¡cuántos lobos rapaces vestidos de oveja hay! La oveja que simboliza a nuestro Señor porque es un animal tierno ante el sacrificio, ante la muerte y no se mueve, se deja inmolar; por eso el cordero representa a nuestro Señor, y el falso profeta es eso, aparece con piel de cordero pero no lo es. Es un lobo que se quiere comer a Caperucita Roja, es un seductor, un falsificador. Hoy vemos cómo se adultera la doctrina y cómo se dispersa la Iglesia, que debiera ser la congregación de los fieles a Cristo.

La prueba está en que tantos católicos, para poner un ejemplo, en Colombia hoy son protestantes, porque hay muchas sectas en nuestro país, eso debido a toda esta desorganización, a una verdadera dispersión. Por eso debemos tener cuidado para que haya verdaderos profetas, verdaderos prelados, verdaderos doctores en la Iglesia. ¿Y cuántos estudiosos vemos que invocan públicamente la verdadera doctrina? Cardenales no vemos ninguno, obispos había dos y ya murieron, monseñor Lefebvre y monseñor De Castro Mayer, aunque a veces mucha gente piensa que esos dos eran los malos. Y después de ellos dos, cuatro obispos que son los de la Fraternidad. Y ¿dónde más hay obispos, prelados que digan la verdad, dónde? todos disimulan, se escudan, en definitiva falsifican y corrompen y le hacen el juego al demonio; para justificarse hablan de Dios, pero “no todo el que dice ¡Señor, Señor!” es de Dios, lo dice nuestro Señor ahí mismo en el evangelio de hoy.

Espero no desconcertar a nadie por ignorancia. Porque el escándalo del fariseo me importa muy poco, ya que éste siempre se va a sorprender porque se le toca el punto en que es vulnerable. En el fondo de todo falso profeta hay una profunda dosis de fariseísmo que es la corrupción de la religión, ya que el hipóscrita es el que vive hablando de Dios, de la religión, pero ésta es en sus manos se corrompe, pierde su esencia, su especificación y lo que queda es una pantalla, una apariencia, justamente lo mismo que hace el falso profeta, adulterar y aparentar con piel de oveja lo que no es.

Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que nos dé prelados, pero que sean inteligentes y virtuosos, porque uno bruto, por muy piadoso que sea no sirve; se necesita inteligencia, luz, porque el intelecto solo tampoco sirve. Se puede tener luz, pero si falta la virtud, la voluntad, la valentía para decir lo que se ve, de nada sirve.

Como le pasó al cardenal Siri, que vio todo esto y lo condensó magistralmente en su libro “Getsemaní”, para ponerse luego a llorar como una Magdalena más cuando tuvo que coger la espada y ser un Cid Campeador, un Pelayo, un Hernán Cortes y no una penitente llorando; porque está muy bien para ella sollozar, pero no para un prelado de la Iglesia. Por eso, entonces, se necesitan también sacerdotes inteligentes y virtuosos que hoy precisamente no abundan y si no, miremos los que tenemos a nuestro alrededor, de qué se ocupan, de qué hablan, de nada importante. Les interesa vivir bien, pasarla bien, ser uno más del montón, ser un hombre más y si tienen mujer, mejor, y como ahora hay libertad para todo, si no les gustan las mujeres pues que entonces con los hombres, no es relevante; ahí va y si lo podemos hacer obispo bien, y cardenal aún mejor y así es como se pudre la Iglesia en la parte humana. Eso es lo que produce tanto escándalo, tanta miseria. Pero Dios permite ese colmo, a ver si se dan cuenta, a ver si reaccionan aquellos pocos que buscan y aman la verdad; por eso me toca decirlo, mis estimados hermanos.

No sé cuánto tiempo voy a durar aquí, es posible que el Superior General me traslade a Portugal, pero lo importante es que ustedes sepan defenderse; monseñor Castrillón está haciendo hasta lo imposible por destruir la Fraternidad, y él como colombiano no va a permitir que ésta progrese aquí en Colombia. Si me voy, a ustedes les corresponderá ampararse, proteger esta capilla y su religión. Les tocará a ustedes como a los cristeros, quizás, ser unos mártires, porque él va a hacer todo lo posible por destruir, por eso viene tras él, como está ahora presente aquí en Colombia, la Fraternidad San Pedro, de quienes han sido los sacerdotes ordenados por monseñor Lefebvre, quienes por no tener esa virtud, esa firmeza para perseverar en la fidelidad en la verdad, claudicaron y Roma los cobija, los respalda, los abraza, los congrega para destruirnos.
Entonces les corresponde a ustedes preservar la integridad de la religión, de la verdad y que sean fieles y fuertes porque hoy estamos aquí y mañana no sabemos dónde estaremos; el justo vive por la fe, en la fe, de la fe y morirá en ella, y si no, no es justo, no es de Dios. No es un juego, es una realidad de vida o muerte; de ser o no ser; de cielo o infierno; no es un carnaval o un desfile. Esa es la gravedad del ser, del nacer, de existir en este mundo. Dios nos crea para Él pero que no le hacemos caso y nos dejamos seducir por el bullicio de este mundo; nos perdemos y nos traga el diablo como a Caperucita Roja que se la come el lobo. Por eso hay que estar vigilantes.

Si la posibilidad de irme se llega a concretar, siempre estaré presente con ustedes espiritualmente; en lo que de mí dependa trataré de ayudar y de colaborar para que estas dos capillas crezcan y sean un reducto de verdadera fe y sean como un faro, como el de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo, que ya no existe. Que seamos como un faro sobrenatural, una verdadera llama luz y de verdad y que así podamos morir en la fidelidad de la santa Iglesia católica, aunque la autoridad, lo repito, nos traicione, porque, “Roma perderá la fe y será la sede del anticristo”, lo dice nuestra Señora en La Salette y lo he señalado más de una vez aquí.

Y también, por si fuera poco, es el mismo San Juan, en concomitancia con nuestro Señor en el Evangelio de hoy, quien nos habla del pseudoprofeta, de ese animal de la tierra con apariencia de oveja, que tiene dos cuernos como de cordero pero que está al servicio de la bestia, del anticristo. Dios no lo permita, pero es muy probable que haya, para engañarnos, en la cabeza de ese pseudoprofeta no solamente un obispo o un cardenal sino hasta un Papa. Por eso muchos comentadores venerables como Holzhauser de Alemania habla de ese falso enviado en la persona de un Papa adulterado, de un antipapa; sabemos que halaga, que es amado del mundo, que es querido por el mundo, que es humanista, que habla de paz, de progreso, de fraternidad y es aupado por la prensa y por la televisión.

Todo eso no lo vemos y ni siquiera lo sospechamos, pero si no es éste podrá ser otro peor todavía; en nombre del Papa podemos claudicar miserablemente, eso es lo que quieren decir La Salette, San Juan y nuestro Señor: que tengamos cuidado con los falsos profetas y principalmente con el último gran pseudoprofeta del Apocalipsis.

Es mi deber en conciencia delante de Dios, si es que me trasladan, advertir a mis fieles que estén al pendiente, vigilantes porque “no todo el que dice ¡Señor, Señor!” es de Dios; no todo lo que viene de Roma, proviene de la autoridad del Papa ni es de Dios. Debe estar claro, es de Dios el que hace la voluntad del Padre. Y por eso la Iglesia es reducida a su mínima expresión hacia el final de los tiempos, a un pequeño rebaño, como decía San Lucas,pusillus grex; por eso nuestro Señor decía: “Si acaso encontraré fe sobre la tierra cuando vuelva”.

Son todas realidades que hoy de algún modo palpamos y por eso no debemos ceder ni dejarnos engañar con firmas de concordatos, de contratos y de acuerdos, que son seducciones de los pseudoprofetas. Y ojalá que las autoridades de la Fraternidad así lo vean, porque si no, me corresponderá gritar como una voz que clama en el desierto, para que lo vean los otros que son seducidos o engañados. No puede ser que nos hagamos los desentendidos y por miedo de hablar y por falta de luz o por falta de fuerza no se diga la realidad y dejemos que el lobo se coma al rebaño, a las ovejas, porque el verdadero fiel conoce la voz de su Pastor. Es más, el verdadero fiel sabe que lo que yo estoy diciendo es verdad y si es mentira, yo les invito a que públicamente, o en privado, o como quieran, me lo hagan ver; y si me equivoco, estoy dispuesto a retractarme, pero entonces tendrían que cambiar todos estos acontecimientos históricos que vivimos, que son incontrovertibles porque los hechos hablan por sí mismos sin necesidad de argumento.

Pidamos a la Santísima Virgen María que tengamos ese sumo cuidado. Lo único que les pido es que se no alarmen ni se asusten pero sí que estén vigilantes, que sean precavidos, que sean prudentes como la serpiente, pero sencillos como la paloma; que no se dejen engañar, que no caigan en la seducción tan tremenda que se ejerce sobre nosotros. Desgraciadamente tenemos ejemplos de sacerdotes buenos pero que se han ido, como el padre Navas, como el padre Barrero, que los conocemos porque son colombianos, y tantos otros en otros lugares, que fueron buenos, como los de Campos que cayeron, que claudicaron. No se sabe qué va a pasar con el padre Aulagnier, pues está a punto de ser seducido por el error; le he escrito y todavía es de la Fraternidad. Cuántos hay en esta fundación que con buena intención se acercan al error por la presión; por ellos debemos rezar, al igual que por los superiores de la Fraternidad para que tengan inteligencia y virtud, para que los cuatro obispos permanezcan firmes, y para que los sacerdotes también así lo sean y que podamos así, unidos como verdadera Iglesia, permanecer fieles esperando la pronta venida de nuestro Señor en gloria y majestad. +

PADRE BASILIO MÉRAMO
27 de julio de 2003

lunes, 9 de julio de 2012

Quien fornica en su corazón, fornica O acuerdo espurio de larga data:




Hasta el día de hoy, los dimes y diretes "ad intra" o "ad extra " de la Neo fraternidad sacerdotal san Pio X, han pululado peor que rosetas de maíz en palomera ardiente, no han sido pocas las versiones que intentan justificar lo injustificable en torno a la magna traición, cometida por el Espurio superior de aquella, el Obispo Bernard Fellon (1) quien a decir verdad, No solo ya tenía arreglos y coloquios con la Gran Romera y no solo por el famoso rezo del "Pater" en el pasado año 2000, sino incluso "acuerdos preparatorios" de entre los cuales se destaca "el nefando oficio de Darío CastranteJhon Hoyotes", "con el rito Codificado Por San Pio V" El pasado Sábado 24 de Mayo de 2003, en la basílica de Santa Maria La Mayor, a la que osaron denominar "tradicionalista" los mismos miembros de la Neo-Frater, con el consabido "beneplácito del usurpador" de la Superioridad Fraternal Bernard Fellón, y desde entonces era ya un hecho que no se suscribía al simple "rumor" sobre todo porque la exactitud, cuasi profética, con que se describían desde entonces, los actos que nos ha tocado presenciar, en el camino a la entrega de la resistencia de la tradición católica (2). No es óbice para quien suscribe la presente, como para muchos de los conservadores y observadores de la gran caida, que el día de mañana, tendrá verificativo un nuevo Capítulo de la Neo-Frater, y tampoco lo es que dentro ese nuevo conciliábulo al margen de la voluntad de su fundador, La Neo-frater aparentemente cuenta con "opiniones encontradas", destacándose la cuasi magistral epístola que signara el flamante Gallego, Obispo de Garraleta (3), La ausencia del Británico (Trinador oculto de las ramas) y muy posiblemente también hoy la de el obispo de "Mal Hareis" quien además ha dicho y hecho saber, que en el supuesto de la pertinacia del Superior elegido por ellos mismos contra voluntad del Santo Fundador, llegara a Consagrar nuevos Obispos.

Sin Embargo, estimado Lector, El problema Original atiende precisamente a la desobediencia del mismo capítulo XIV, No puede un conjunto de hijos, desobedecer al Padre, en una orden legitima y válida, sin enfrentar las consecuencias lógicas. Luego de manera similar, al santo Fundador, y para quienes estén familiarizados con la real resistencia, quien declaró diciendo, "YO ACUSO AL CONCILIO" Hoy desde esta humilde trinchera, utilizando esa magistral frase, la tomamos para declarar, "YO ACUSO AL CAPITULO"

Las consecuencias, son más que obvias, si alguno pretende construir una edificación, sobre cimientos torcidos, no espere que el resto quede perfecto, y si a esto aunamos la siguiente analogía: Cuando por algún motivo, la doncella que dio "su brazo a torcer" además resulto con frutos propios del acto (embarazada), suponiendo, que por gracia Divina, alcance una contrición perfecta, con todos los requisitos para ello, Y logre El perdón y la Misericordia Divinas, Aun con ello, DIOS, quien sabe y puede todas las cosas, NO LE VA A RETROTRAER EL EMBARAZO, NI A REGRESAR LA VIRGINIDAD.

Justo de esa forma se pretendía a cualesquiera de los tres obispos que: 1.- Apoyaron la franca reveldía ante la voluntad del Santo Fundador de la hoy Neo-Frater. 2.- estaban acordes en las publicaciones desde el 2003 y el rezo del pater, con el superior usurpador y la gran Romera, 3.-Aceptaron al absurdo y endemoniado Motu Proprio de Rat..singer, 4.-así como el estulto y mediático levantamiento de excomuniones, concelebrando y cantando sus "Te DEUMS" y haciendo franca apología, incluso, de la muerte de sus padres espirituales, ante el mundo, cumplimentando la apocalíptica muerte de los dos testigos. y fueron parte de quienes se regocijaron por ello, fueron cómplices exactos en la "carta de agradecimiento" y sobre todo en la Blasfemia a la Santísima Virgen María, al pretender que ella hubo "alcanzado esos logros" .... Y quieren hacer creer que van a pedir la renuncia de Felón, ¿para el bien de las almas? dentro del mismo acuerdo y satánico plan, podrá hacer creer a la mayoría, (que no es necesario, como siempre, la mayoría esta al servilismo); Que felón va a renunciar, empero ¿para ser sucedido por quien? ¿y con qué objeto? lo más probable es que al estilo de Caifás, (Que muera un Hombre por el pueblo), o al mejor estilo de Paulo VI VI VI, (el humo..., o el proceso de autodemolición), con de Garraleta, se esté anunciando que van a esperar a que se reblandezca la posible resistencia organizada, o que las posibles Nuevas consagraciones de Toser de Malhareís, sean con la misma intención que el cínicamente ha declarado, "Seremos Nosotros quienes convertiremos a Roma".

Hay incluso, quienes aun sabiendo de teología y de esjatología, pretenden una posible intervención Divina, para regresar a la Neo-Frater a un estado mas prístino, Olvidándose de quien Fornica en su corazón Fornica, y de que DIOS aunque perdone el pecado de la fornicaria, Ni le devolverá su virginidad, ni retrotraerá su embarazo. Aunando obviamente a estos eventos tanto al mismo Evangelio, como a la Revelación, SI NO SE ACORTAREN... A CASO ENCONTRARE LA FE...

No señores, la caída no tiene regreso, es el mismo canto de esperanza el que lo anuncia, cada vez está más cerca la Gloriosísima Parusía de Nuestro Amado Redentor, es ahí en donde nuestra esperanza debe estar cifrada, y no debemos esperar cosa alguna de la humana naturaleza.



MARANATHA
ALBERTO GONZALEZ





(1).- Tema poco conocido, y por lo tanto desestimado, que consiste en que la Constitución de la Excelsa obra del Excelentísimo Mons. Marcel Lefebvre de santa Memoria, estatuye precisamente que el superior de la fraternidad DEBE SER UN SACERDOTE, (EXCLUYE A OBISPOS), regla, que obviamente los participantes en el nefasto Capítulo XIV, olvidaron u omitieron en su observancia, que empero, no por ello, cambia la constitución de la otrora santa congregación; que dicho sea de paso, SI HACE ILIGITIMA LA SUPERIORIDAD DEL NUEVO JUDAS Y NULO DE PLENO DERECHO CUALESQUIER ACUERDO QUE REALICE AL ESTAR USURPANDO, (ESTE SI LO USURPA AL SER DE ORIGEN ILEGÍTIMO), sobre todo con la Gran Romera Anticristiana.

(2).- En La publicación denominada "DIOS NUNCA MUERE" Editada por la Misma Fraternidad sacerdotal San Pio X, en México y América central, correspondiente al Otoño del 2003 , con un fatídico folio 14 (Similar al capítulo, que desobedeció, la licita y legitima orden del Santo Fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X). Bajo la dirección del P. Francois Knittel. a páginas 4 y subsecuentes, en el artículo denominado RUMORES Y NOTICIAS, signado por el mismo Bernard fellon, y que menciona aduciendo, (Sic.- que algunos periódicos y órganos de prensa han afirmado que en esta ocasión tres de los obispos de la fraternidad, Sacerdotal San Pio X se reconciliarían con Roma, añadiendo detalles acerca de una escisión interna por opiniones divergentes...)

(3).- Aquí, entre otras muchas discutibles y dubitables anotaciones del obispo, la mas destacada es precisamente la que deja entre ver, que la doncella no debe ser violada sino, seducida, y al mejor estilo del protocolo de los Sabios de SION, vaticina la posibilidad de que caerá mas adelante.

domingo, 8 de julio de 2012

SEXTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este domingo nos relata el Evangelio la segunda multiplicación de los panes, que como dice sabiamente ese gran exegeta desconocido y despreciado por los suyos, el padre Castellani, cuando nuestro Señor repite un milagro, una acción, tiene un significado distinto al primero porque si no, hubiera bastado una sola vez. ¿Y cuál sería el significado de esta segunda multiplicación de los panes, es que el Señor la hace por medio de las manos de sus discípulos, para que la muchedumbre que le seguía desde hacía tres días no desfalleciere al retornar a la casa en ayunas, sin comer? Y la respuesta, si vemos bien, es que hay una proporción inversa entre la primera y la segunda multiplicación de los panes. En la primera había cinco panes y cinco mil personas comieron y sobraron doce cestos o canastas; en la segunda hay siete panes, sobran siete cestos, sobra menos y hay menos personas que comen, cuatro mil.

De ahí entonces, de esa proporción inversa, nuestro Señor quería significar en esta multiplicación de los panes que no necesita de muchos sino de pocos y sobre todo quería además mostrar el desarrollo, propagación y crecimiento de la Iglesia a través del pan de la palabra divina, de la doctrina, de la palabra de Dios y del pan eucarístico de su cuerpo. A través de estos dos medios se propaga, se desarrolla, crece en manos de sus discípulos, de sus apóstoles y del clero de la Iglesia católica. Y no se necesitan muchas cosas, así como con menos panes produce más. El desarrollo y la difusión de la Iglesia, la expansión de la fe no depende de los medios humanos y mucho menos de que sean muchos y numerosos; al contrario, entre menos, más se sacian y más sobra, como los panes.

Por eso es una tentación que la Iglesia quiera en su expansión utilizar demasiados medios. Si bien se mira, el único es el de la palabra predicada sabiamente y la multiplicación de las misas, que eso es la Eucarístia, que de allí sale la comunión, que allí se opera la Transubstanciación, y allí crece la Iglesia y no con medios políticos, diplomáticos, de influencia y de poder, de grandeza. Todos estos son medios humanos para los reinos del mundo, pero no para la Iglesia y mucho menos el dinero que todo lo puede.

Cuán sabia lección nos deja nuestro Señor para que los ministros y los fieles no caigan en ese grave error de querer difundir la fe a costa de política, de diplomacia, de influencia, de poder y de dinero, porque eso es lo que ha hecho sucumbir más de una vez a regiones enteras en la fe, cuando la Iglesia perdía la libertad de la predicación de la palabra a instancias del emperador, no lo olvidemos. Constantino el Grande abrió las puertas a la Iglesia, la apoyó, la defendió y, sin embargo, miserablemente se dejó seducir por una corte arriana y persiguió a San Atanasio, lo desterró y apoyó a sus enemigos; él fue en gran parte culpable de que el arrianismo no hubiera sido desterrado en el Imperio Romano recién convertido a la Iglesia. Constantino, con el clero y los obispos, por no provocar la ira del emperador no se lo decían, pero hubo un San Atanasio, un San Basilio, unos cuantos, santos, aunque la gran mayoría apoyaba la voluntad del emperador y así fue como se difundió la herejía arriana que había sido condenada en el Concilio de Nicea que él mismo Constantino convocó para ayudar a la Iglesia.

Y ese mismo error, sacado como un perro por la puerta, entra por la ventana. Así se multiplican los yerros cuando se utilizan los medios inadecuados. Por ejemplo, en Inglaterra, ¿Enrique VIII no era acaso el gran defensor de la fe ? ése era el tétulo que tenía; y después ¿no fue acaso por su propia culpa que toda esa nación cayó en el protestantismo anglicano hasta el día de hoy?

La Iglesia y la fe no crecen ni por la política, ni por la diplomacia, ni por las influencias, ni por el dinero; pueden necesitar el apoyo y la ayuda de todos ellos pero no son su primer elemento. El primero es la predicación de la doctrina, de la palabra de Dios y la difusión de la Santa Misa y de la eucaristía, del cuerpo de nuestro Señor y de su sangre; eso es lo que convierte; eso es lo que hace crecer y desarrollar a la Iglesia. Por eso, la Iglesia se basta de instrumentos pobres, mínimos, como los panes, y entre menos panes, más gente come y más son las sobras. Eso es una gran lección y por eso es un error creer que la fe se propaga a través de la televisión y del radio, de las revistas y de los periódicos; esto es mentira y engaño.

Para difundir la fe se necesitan en primer lugar sacerdotes preparados y no monigotes al servicio del poder secular, llámese rey o gobierno, presidente o lo que fuere. Para predicar con la libertad del Espíritu Santo la palabra divina de Dios, es para lo que la Iglesia necesita a presbíteros íntegros y no a curas bastardos, miserables vende patrias y vende iglesias. Por eso, la urgencia de buenos seminarios basados en la teología de Santo Tomás, en la sapiencia de los Santos Padres, en la tradición de la Iglesia y no en algo diferente. La Iglesia necesita apóstoles dóciles que reparten el pan de la palabra de Dios y el de la eucaristía y no la política, no el poder, no el dinero, no la diplomacia.

Hay acciones triviales que mundanizan a la Iglesia, al clero; por eso se ha caído tan bajo porque se ha frivoliza la Iglesia en la parte humana, en sus ministros y en sus cardenales; de ahí viene esa expresión en Italia de bocatto di cardinale, comida de cardenal, de lujo de cardenal, gran pompa, gran banquete, cuando nuestro Señor hacía todo lo contrario. Decía el gran San Juan Crisóstomo, en el siglo V, que el lastre de los bienes materiales llevaba a la Iglesia a su corrupción; esto lo mencionaba para mostrar ese gran peligro si se confunden los medios. Esto se dio también por culpa de los fieles que, faltos de caridad, dejaban de ayudar generosamente cada uno con lo que podía y tenía; y ante esa falta de caridad y de generosidad espontánea, la Iglesia tuvo que atesorar, que guardar bienes materiales para poder satisfacer sus necesidades. De ahí vino el gran mal, ya que acaparando y acaparando se corrompen las conciencias, e igual sucedió al clero; decae la moral y se pierde la predicación de la palabra.

Hoy vemos cuán confundido está todo y por eso vemos decaer la fe. Y no la vamos a recuperar con ninguno de esos medios sino con el de siempre, con la predicación de la palabra, ese simple soplo que no es nada pero que es mucho y es todo si viene de Dios, como debe serlo la doctrina enseñada e impartida en la Iglesia y la propagación del Santo Sacrificio de la Misa. Pero hoy vemos cómo esos dos métodos han sido corrompidos, igual la palabra de la doctrina con el ecumenismo, con el modernismo, con el progresismo, ya que es adulterada; y el otro medio, la eucaristía, también pervertida por la nueva misa.

Entonces, ¿de qué nos vamos a extrañar?, ¿cómo vamos a querer que haya fe, que crezca la Iglesia si se corrompen, a propósito, a instancias de Satanás, esos dos medios de la propagación de la Iglesia, de la de la fe, de los medios de conversión de las almas; esa es la triste realidad. Y por eso hay que ser fieles a la Misa tridentina, a la Misa Romana, católica, apóstolica, porque es ésta la que San Pío V codificó para que nadie osara tocarla ni mancharla, canonizándola para siempre, exenta de todo error y de toda profanación, y no la nueva misa que es protestantizante, que no es romana, que no es católica sino ecuménica para atraer a los demás que no la aceptan, como los protestantes. Esa es la gran diferencia, y por eso se necesitan verdaderos sacerdotes, valientes y bien instruidos, bien formados para que puedan así propagar la Iglesia y la fe con la palabra de la doctrina, con el pan de la doctrina, con el de la verdadera eucaristía, el de la verdadera misa y no de una nueva rubricada a gusto y placer de los protestantes que odian a la Iglesia católica y que rechazan el sacrificio incruento del altar, la Santa Misa.

Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que podamos retener en nuestra memoria todo esto y así difundir la fe y se salven las almas. +

PADRE BASILIO MERAMO
20 de julio de 2003

sábado, 7 de julio de 2012

LA DANZA MACABRA



Ahora sabemos por qué Monseñor Fellay pudo decir y afirmó, sin que la gran mayoría de los sacerdotes, incluídos los otros tres obispos, que se le oponen mediocremente y de los fieles, no advirtieran que aceptaba el 95% del concilio Vaticano II, por inaudito que parezca. Pues bien, ahora lo sabemos, ya que Monseñor Fellay en su dialéctico vaivén (o danza macabra) nos lo hace ver cuando dice que no hay que ver en el Concilio Vaticano II, una superherejía, aunque toda la revolución litúrgica, moral y doctrinal, se fundamenta en dicho Concilio, (Carta a los tres Obispos del 14 de Abril del 2012).

Dice además, cual gurú iluminado por la luz divina, que le hace ver (le revela) en su mística alma, que se ha exagerado viendo los errores que no proceden del Vaticano II sino de su mala aplicación e interpretación, cosa que siempre dijo el modernista Cardenal Ratzinger y casi toda la línea media liberal, pero conservadora. Lo cual siempre fue rechazado por Monseñor Lefebvre, pues los errores no se deben a malas interpretaciones, sino al Concilio en sí mismo.

El fruto de los dos años de conversaciones y diálogos acuerdistas, muestran hoy sus efectos en el comprimido cerebro de Monseñor Fellay, que ahora logra ver y comprender esto que al parecer antes no veían las lerdas neuronas de su masa encefálica, pero que ahora transcurrido ese tiempo de diálogo doctrinal, se enciende la chispa que lo ilumina y ve no como errores del Concilio, sino que provienen de una mala comprensión; EUREKA exclamo Arquímides , y menos mal que salió del agua que lo hubiera ahogado en su descubrimiento al permanecer extasiado en él.

Por si esto fuera poco, alega una tercera razón que lo reafirma en su posición cuasi infaliblemente confirmado en la mística gracia de Dios. Hay cosas más importantes que el controvertido Concilio Vaticano II, cual manzana del paraíso, o en su sucedáneo suizo, la manzana de Guillermo Tell. Puesto que la Iglesia tiene problemas aún más importantes y somos ante todo los hijos de la Iglesia y no los hijos de la Resistencia al Concilio Vaticano II.

Ahora vemos el núcleo de la constante dialéctica del vaivén de Monseñor Fellay (su doble lenguaje) cual marioneta movida por invisibles hilos que lo hacen danzar su macabro baile. Y a todo el que no se le someta al ritmo de su melódica música, lo amenaza o lo decapita, pues como el Flautista de Hamelin, lo que hace es encantar ratas ahogándolas en el rio.

Así se ve como excluye a un Obispo, Monseñor Williamson, de las ordenaciones y del Capítulo General, o a última hora decide no ordenar los monjes de Avrille, de Morgon, hasta que no certifiquen su lealtad ante él. Espero que todo esto no sea un síntoma del llamado mal de los Alpes, a buen entendedor pocas palabras, y más si el gran jefe es un gurú alpino, con mitra y poder, sostenido invisiblemente por la Roma Apóstata y Anticristo, cumpliéndose así ante nuestros incrédulos ojos las profecías de La Salette.

P. Basilio Méramo
Bogotá, Julio 5 de 2012