San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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viernes, 20 de febrero de 2009

EL PUEBLO DE DIOS

El Pueblo de Dios es una nueva denominación para designar la Iglesia. Esta denominación muy de moda y ampliamente generalizada corresponde realmente a una redefinición de la misma Iglesia, se trata de una nueva concepción de la Iglesia. El mismo Juan Pablo II lo afirma y dice en su libro: “Signo de Contradicción” BAC pág. 24. La iglesia de nuestro tiempo se ha hecho particularmente consciente de esta verdad y, por ello, a su luz ha logrado redefinir en el Concilio Vaticano II su propia naturaleza.

Se trata de una nueva concepción de la Iglesia aunque esto no siempre sea explícito para la mayoría de los fieles. Se pretende falsamente hacer del concepto Pueblo de Dios algo muy antiguo que nos viene de las Sagradas Escrituras. La expresión como tal se encuentra en las Sagradas Escrituras, pero el concepto bajo el cual hoy se le invoca es totalmente otro. Se utiliza el mismo término pero con un significado diferente.

A continuación veremos cómo esta denominación del Pueblo de Dios corresponde a una concepción de la Iglesia distinta de la noción tradicional de la Iglesia como cuerpo místico de Cristo, la cual es superada y reabsorbida dentro de un contexto más amplio y abierto como el ecumenismo.

Es importante que se analice cuál es el significado que tiene el Pueblo de Dios con el cual se redefinió a la Iglesia. Es muy expresivo lo que el nuevo Derecho Canónico dice, y más aún cuando la finalidad fue justamente la de poner en lenguaje canónico el espíritu del Concilio Vaticano II, especialmente lo relacionado con lo que constituyó su novedad y que el nuevo Código de derecho quiso expresar en lenguaje canónico, esto es, lo referente a la doctrina sobre la Iglesia o eclesiología.

La expresión Pueblo de Dios corresponde a una nueva doctrina sobre la Iglesia, es la expresión de la nueva eclesiología ecuménica que destruye y disgrega a la Iglesia.

Esta concepción de la Iglesia según la nueva eclesiología ecumenista, está vertida en el nuevo Código de Derecho Canónico, en el canon 204, el cual dice que la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica. Ya no se dice como siempre se ha dicho, que la Iglesia de Dios es la Iglesia Católica. Ahora esto se relativiza con el verbo subsiste, dejando entender que además (hay o puede haber) Iglesia mas allá de la Iglesia Católica, o sea, fuera de la Iglesia Católica. Esto es precisamente lo que designa actualmente la expresión Pueblo de Dios, la cual abarca mucho más que la Iglesia Católica, a la cual comprende y supera.

Uno de los pseudo-teólogos de mayor influencia y renombre en el Concilio Vaticano II, el sacerdote modernista Karl Rahner, es quien va a darnos la pauta sobre la significación del Pueblo de Dios. Este teólogo progresista manifiesta que hay una unión real y ontológica entre Dios y cada hombre por el hecho de la Encarnación. Pues, el Verbo al tomar la carne para hacerse hombre se une con todos y cada uno de los hombres, sacramentalizándose así la humanidad y el mundo.

Esta unión de Dios con la humanidad, con cada hombre, por el hecho de la Encarnación constituye el pueblo de los hijos de Dios o más abreviadamente el Pueblo de Dios. Dentro de la nueva eclesiología el término pueblo de Dios significa la humanidad entera (todos los hombres sin excepción) sacramentalizada por el hecho de la Encarnación. Luego abarca mucho más que lo que abarca la noción de Iglesia Católica, pues todos los hombres sin dogmas que dividan ni credos que se pongan pertenecen al Pueblo de Dios.

Entonces con anterioridad a la Gracia y a la Fe, queda formando así el Pueblo de Dios, cuya extensión es la misma que tiene la humanidad toda por el hecho de la Encarnación que ha realizado la unión de Dios con cada hombre, Iglesia y Humanidad quedan identificados. Mundo e Iglesia quedan compenetrados.

Todo esto queda muy bien expresado en el siguiente comentario del Padre Meinvielle: «Karl Rahner S.J. ha sistematizado, quizás con excesiva fuerza, lo que él llama un cristianismo invisible, que sería efecto de una “consagración de la humanidad por la Encarnación del verbo”. “Al hacerse hombre el verbo de Dios, la Humanidad ha quedado convertida real-ontológicamente en el pueblo de los hijos de Dios, aún antecedentemente a la santificación efectiva de cada uno por la gracia”. “Este pueblo de Dios que se extiende tanto como la Humanidad”... “antecede a la organización jurídica y social de lo que llamamos Iglesia”. “Por otra parte, esta realidad verdadera e histórica del pueblo de Dios, que antecede a la Iglesia en cuanto magnitud social y jurídica... puede adoptar una ulterior concretización en eso que llamamos Iglesia”. “Así, pues, donde y en la medida que haya pueblo de Dios, hay también ya, radicalmente Iglesia, y, por cierto, independientemente de la voluntad del individuo”. De aquí se sigue que todo hombre, por el hecho de ser hombre, ya pertenece, radicalmente, a la Iglesia». (La Iglesia y el Mundo Moderno, ed. Theoría, Buenos Aires 1996, pp. 143- 144).

La noción de Iglesia como Pueblo de Dios, comprende radicalmente toda la humanidad, todo el mundo. De otra parte se explica así, por qué la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica, como lo expresa el nuevo Código ateniéndose a la novedad eclesiológica del Concilio.

El nuevo Código no dice que la Iglesia de Dios es la Iglesia Católica, pues así quedarían excluidos todos los que no pertenecen al cuerpo de la Iglesia, mientras que como Pueblo de Dios, abarca la humanidad entera, o sea, al mundo y abarca a todos y cada uno de los hombres, pues pertenecen al Pueblo de Dios por estar unidos con Dios gracias a la Encarnación del Verbo.

Hay una profunda ignorancia y peor aún, una grave tergiversación concerniente a la pertenencia de los miembros de la Iglesia y a la justificación o salvación de los hombres, íntimamente ligada a la cuestión: “Extra Ecclesiam nulla salus”, fuera de la Iglesia no hay salvación pues fuera de la Cruz, fuera de Nuestro Señor Jesucristo, no hay, ni puede haber salvación.

La expresión Pueblo de Dios designa la pertenencia radical de todos los hombres, de la humanidad , a la Iglesia; pertenencia radical quiere decir pertenencia en la raíz (in radice), por el hecho de ser hombre, de pertenecer al género humano, del cual el Verbo Divino tomó la carne y se hizo hombre, de modo que Iglesia y Mundo quedan identificados y la humanidad sacramentalizada junto con el Mundo.

El Pueblo de Dios cubre así una realidad más amplia que la concepción misma de Iglesia Tradicional. El Pueblo de Dios comprende la Iglesia Católica pero no la agota, por eso se dice que la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica en vez de decir que la Iglesia de Dios es la Iglesia Católica como consta en el nuevo Código cuya finalidad es verter en Ley el espíritu ecuménico y liberal del Concilio Vaticano II, cuya preocupación fue asimilar dos siglos de cultura liberal a partir de la Revolución Francesa de 1789.

La redefinición de la Iglesia como Pueblo de Dios se hace en base a una nueva concepción de la Encarnación. La Iglesia, al ser la prolongación de la Encarnación, es lógico que, teniéndose otra visión o concepción de la Encarnación (como la de Vaticano II y Juan Pablo II), se suscite la necesidad de redefinir la Iglesia para que esté de acuerdo con la nueva concepción de la Encarnación de la cual es su prolongación.

A modo de conclusión diremos que la Iglesia del Pueblo de Dios, es la iglesia de la Humanidad, de la ciudad del hombre, de la civilización universal y sincretista construida bajo un nuevo orden secular en contraposición a la Iglesia Católica, y a la civilización Católica o Ciudad de Dios.

La Iglesia del Pueblo de Dios es la Iglesia del sincretismo religioso de carácter gnóstico que auna a todos los hombres sin dogmas que dividan, bajo una falsa paz universal, donde el único pecado será seguir siendo un verdadero católico fiel a la Tradición de la Iglesia y a Jesucristo Nuestro Señor.

BASILIO MÉRAMO, Pbro.

jueves, 19 de febrero de 2009

SOBRE LA OBEDIENCIA P. Leonardo Castellani

SOBRE LA OBEDIENCIA
I

La definición de "obediencia" de Santo Tomás es "oblación razonable firmada por voto de sujetar la pro­pia voluntad a otro por sujetarla a Dios y en orden a la perfección."

Esta definición contiene claramente los límites de la obediencia porque no hay que creer, A. H., que la obediencia es ilimitada. Todo lo ilimitado es imperfec­to. La obediencia religiosa es ciega, pero no es idiota. Es ciega y es iluminada a la vez, como la fe, que es su raíz y fuente. Sus dos límites son la recta razón y la Ley Moral.

Ambos límites están también fijados por San Ignacio al afirmar a una mano que físicamente es imposible asentir a algo absurdo, y a otra, que no hay que obede­cer cosa en que se viese pecado, no ya mortal solamen­te, sino de cualquier clase. No se puede ejecutar vir­tuosamente ninguna cosa donde exista la más mínima porquería, relajamiento, vileza o claudicación moral.

Esto significa simplemente que ningún hombre pue­de abdicar su propia conciencia moral, como nota el Angélico en De Ver. 17, 5, Ad 4m. “Unusquisque enim tenetur actus suos examinare ad scientiam quam a Deo habet, sive sit naturalis, sive acquisita, sive infusa: omnis enim homo debet secundum rationem aguere"[1]. ¡No podemos salvarnos al tenor de la conciencia de otro! ¡No podemos eximirnos de discriminar exactamente con nuestra razón el bien y el mal moral, uno para tomarlo y otro para lanzarlo! ¡No puede ser nuestro guía inte­rior la razón ajena: los actos morales son inmanentes y su "forma" es la racionalidad! Si bastara para salvarse hacer literal y automáticamente lo que otro nos dice ¿cuál sería entonces la función de la fe, de la oración, de la meditación, de la dirección espiritual, del examen y del estudio?

Nuestro Padre Ignacio recogió de los antiguos Pa­dres dos expresiones metafóricas que si se tomaran literalmente engendrarían una monstruosidad. Como bastón de hombre viejo hay que obedecer y a manera de cadáver hay que obedecer: sí señor, pero no antes que la conciencia moral haya asimilado el mandato, colocándolo en la línea de su conocimiento de Dios y haciéndolo escalón de fe y de caridad divina. Es evi ­ dente que esto no se puede hacer con una cosa torpe, absurda o ridícula. El "ir a tomar la leona y traerla al superior suyo" podrá haber sucedido en la prehistoria del Cristianismo, aunque por cierto a mí no me consta; pero ningún teólogo sensato lo tendrá por lícito en casos normales.

El obediente verdadero obedece al Superior menor a la luz de la voluntad conocida y amada del Superior mediano; y al Superior mediano a la luz conocida, entendida y amada del Superior Sumo; y la de éste a la luz de las Reglas; y éstas a la luz del Evangelio; y éste a la luz interior que el Espíritu Santo imprime en los corazones y con la cual el Verbo ilumina a todo hombre venido a este mundo; de manera a formar una escala luminosa por la cual cualquier voluntad contingente o ínfima haga actos muy excelentes, superiores a su propia habitualidad tomada separadamente, por su unión con otras voluntades mejores, y en definitiva con la de Dios. Y la voluntad de Dios, no es de derogar el orden natural sino de coronarlo y sobreelevarlo.

Con esto queda dicho que la obediencia no se inven­tó para que en la vida religiosa se hagan cosas raras, feas o disparatadas; para que el orden natural se vuel­va del revés y los necios presuman guiar a los entendi­dos y "llevarlos al hoyo", como previno N. Señor en la Parábola de los Ciegos. No se inventó la obediencia para substituir en el gobierno de los hombres la inteli­gencia por el antojo de los ambiciosos o agitados; ni para pretender que el que no sabe un oficio se entrometa a corregir al que lo sabe; ni para destruir en los hom­bres la conciencia profesional ni la honradez intelectual; ni para permitir que ocupen los comandos los medio­cres engreídos, esos "superiores briosos y sin letras" a los cuales la cordura de Mariana atribuía la causa de los desórdenes sociales en la Provincia Española bajo Acquaviva. Si para tales cosas dijera Cristo: "Qui vos audit, me audit"[2] y para eso reglamentara la Iglesia la vida religiosa; pensarlo es blasfemia, porque entonces más valiera que Cristo no hubiera venido.

Los que llevados de cualquier pasión, o por ignoran­cia o por malicia, sabiéndolo o no sabiéndolo, quieren hacer un "cadáver" h literal de sus súbditos; o bien se sujetan al Superior con el servilismo inerte de estólidos "bastones"; pecan, abusan del don de Dios, desacredi­tan a Cristo. Como toda virtud marcha en medio de dos vicios, así la obediencia camina entre la insumisión por un lado y por otro la sujeción servil, el espíritu de esclavo, la obsecuencia muerta, la dependencia al hom­bre como hombre, la ignavia[3], la pereza de pensar y la cobardía de ser persona, cosas todas que son abominables a Dios y al varón Cristo y que impiden al hombre ser dueño de sí, tomar el timón y ser el capitán de su propia alma.

Lo cual es el principio de toda vida que no sea infrahumana y mucho más de una vida sobrenatural.

II

La verdadera obediencia pertenece a la virtud de la religión, la primera de las morales; y por tanto sólo puede producirse en el clima teologal de la caridad. Sin caridad es informe. Una virtud informe es a veces más peligrosa que un vicio, "por ser grande el peligro de la vía espiritual cuando sin freno de discreción se corre por ella". Ésas son las "virtudes locas", que a semejanza de las "verdades locas" de Chesterton, son dinamita.

El P. Genicot pone el caso de un súbdito que notase en el Superior señales inequívocas y habituales de hos­tilidad o enemistad; y preguntándose si en este caso estaría obligado a obedecerle, responde que no, incluso en los mandatos donde no se vea formidolosidad[4]; pues un enemigo nos desea de suyo la destrucción aun sin saberlo. Cesa la obligación de la obediencia, por incumplimiento por parte de uno de los "contratantes".

Aristóteles enseña (Eth. Nic. IX, 6) que una sociedad cesa de serlo si se deseca en ella la "concordia", que es la amistad social; entre religiosos llamada "caridad". En ese caso hipotético, el mecanismo de la obediencia se convertiría en un esqueleto sin carne, en una máqui­na monstruosa que parece humana pero puede ser ocu­pada de hecho por el demonio: máquina que no puedo considerar sin horror. En efecto, en tal caso, aquel inmenso poder que presta a un mortal la atadura omnímoda y total con que otro se le ha sujetado como si fuese al mismo Dios, moviéndose desordenadamente y sin el control del amor divino y el lubricante del afecto humano, puede producir estragos, puede tortu­rar de una manera increíble; y yo no dudo que puede, permitiéndolo Dios, llegar al homicidio indirecto poco menos. La historia parece confirmarlo. Omnis, qui odit fratrem, homicida est.[5]

En efecto, se produce el caso de la madre desnatura­lizada, que es, dice Aristóteles, la bestia más cruel que existe:
¿Puede darse este caso? ¿Es posible esta desapari­ción de la caridad y la consiguiente aberración del po­der en lo religioso? Hélas, todo es posible al hombre corruptible y el mortal puede abusar de todo, incluso de la Eucaristía, como vemos en la Primera a los Corintios, XI. Esto, hablando en tesis. Hablando en concreto, me parece difícil que acaezca en nuestra Com­pañía, que parece conservar de San Ignacio una heren­cia persistente de nobleza y dignidad independiente de la eventual baja cuna o plebeyismo de tales o cuales superiores, y una de las contingencias más temibles de la ambición y el nimio apego al mando.

Sin embargo nuestros enemigos nos han descrito muchas veces con esa figura de máquinas inhumanas, autómatas inertes, conciencias mutiladas. No solamen­te poetastros delirantes como Eugenio Sué, sino hom­bres de talento, aunque adversos a nosotros, como Michelet, Quinet, Eduardo Estauniée, Boyd Barret, Aldous Huxley, se han aplicado minuciosamente a ha­cer grandes retratos odiosos de la Compañía como máquina destructora de la personalidad humana y fabricadora de horrendos "robots" con sotana. ¿Qué veían en ella para poder hacerlos? Veían las reglas sin el interior espíritu de amor y caridad. Veían lo que sería la Compañía si se violase en ella la Regla Primera. Veían lo que puede ser la Compañía de Jesús sin go­bierno o con mal gobierno; y lo que tiene el deber gravísimo de evitar la Congregación Provincial y la Congregación General.

A las cuales asisto por medio de esta carta. Porque a mí, la voz pasiva me la podrá quitar el Provincial, pero la voz activa me la dio Dios. El que tiene boca, a Roma va, —dice el proverbio.

III

De la misma definición puesta arriba, se deduce la tercera de las propiedades de la obediencia, a saber: que ella ata al Superior lo mismo que al súbdito de tal modo que a causa de ella un mandón indiscreto, un inepto para dirigir, un superior sin luz puede cometer como una especie de profanación o sacrilegio. En efec­to, los votos hacen al religioso, según Santo Tomás, "res sacra"[6] a manera de los antiguos sacrificios. Dios mató a los profanos que comieron los panes de la proposición, que eran panes no consagrados, sino mera-mente ofrecidos a Dios por el pueblo.

Mi buen amigo el P. Prato O.M.R.C. desenvolvió discretamente esta doctrina de Santo Tomás en el retiro que dio a los PP reunidos para el Capítulo Provincial: probó que un religioso era más sacro que un cáliz, una patena o una custodia, con los cuales consta que se puede pecar aun gravemente por irreverencia o profa­nación. Es una custodia viviente: para él se han hecho todas las custodias de la tierra. Para el hombre se hizo el sábado.

Si a algo creado se puede comparar, sería a las mismísimas especies sacramentales, depositarias de Cristo. Porque por la gracia no solamente en él vivi­mos nos movemos y somos, sino que veramente “vivit vero in me Christus”[7]; y por la profesión religiosa, somos simpliciter cosa e impersonación suya. Por eso es sacrilegio matar a un clérigo o poner en él violentas manos. Por eso también es profanación tratarlo .como animal o planta.

Ahora bien, el cordón umbilical (si licet) de esta transvitalización no es otro que el voto de obediencia; el cual por consiguiente agarrar con torpeza, manejar con descuido o izar con violencia es cosa gravísima. Usar del mandato bajo santa obediencia de cualquier manera, para cosas absurdas, irrazonables, fútiles, inútiles, inconsideradas o simplemente menores en volu­men o ridículas en importancia, es pecado grave según todos los teólogos. Es pecado de irreverencia y desecración.

En la Primera a los Corintios San Pablo explica las frecuentes enfermedades y muertes prematuras de los fieles por las irreverencias y abusos vigentes hacia la Sagrada Eucaristía. De donde arguyen los teólogos que Dios castiga esta especie de pecados con flagelos cor­porales. "Ideo inter vos multi inflami et imbecilles et dormiunt multi."[8]

Habiendo pues una analogía perfecta entre el Sacramento y el sacro hombre que es el religioso, bien se puede temer en pura fe que un bajón en la pureza, la verdad y la caridad en el modo de mandar, la falta de justicia distributiva en el gobierno, y la flojera e impo­tencia en reparar las injusticias y las iniquidades, no atraigan el peso del brazo airado de Dios sobre las comunidades religiosas.

He de decirlo aunque sea grave: el terrible destino del Padre Abel Montes, el lento naufragio de esa fina y delicada personalidad —de la salud en la neurosis, de la neurosis a la demencia, de la demencia en la muerte trágica y desolada— pudo muy bien tener como causa las fallas de la caridad en la Provincia y el uso inconsiderable del mandato ciego.

No me consta. Pero tengo suficientes datos para creer, delante de Dios Nuestro Señor, que no es impo­sible. Y eso ya es bastantemente grave.

Si no me consta, ¿por qué lo digo? Porque debo decirlo. Para que no se me pudra dentro.
Sea ello como quiera, Deus scit, el caso es, AA. HH. míos, que estas consideraciones son verdaderas y no pertenecen al mundo de la estratósfera ni al planeta Marte; y me ha parecido expediente in Dómino hacerlas para mí primero y luego para quien quiera recibirlas.

Si nadie quisiera recibirlas: si la afición al ocultismo y el "tapujismo" vigentes en la Provincia echara tierra encima de esta luz que por el más indigno de sus hijos se hace patente, si los Rectores prudentes se creen con derecho e impedirme la "communicatio crebra" con mis carísimos Hermanos y Padres, después que se me ha excluido de la Congregación Provincial y se me ha difamado por nuestras casas, ¿creen que voy a morir por eso? Ni siquiera me van a parar, juro al cielo. Será peor para todos.

Invenciblemente non sine númine[9] me siento obliga-do a decir mi verdad, por la vía que me queda abierta, en el momento en que nuestra amada Provincia, como la Compañía toda y la Iglesia por entero se preparan, como dijo su Santidad Pío XII, AL FUTURO PRÓXIMO ENCUEN­TRO DE CRISTO CON EL MUNDO.

En unión de oraciones sinceramente

Professus Mínimus
Leonardo Castellani, “Cristo y los fariseos”

[1] Cada uno está obligado a examinar sus actos según la ciencia que ha recibido de Dios, ya sea natural, ya adquirida, ya infusa: pues todo hombre debe actuar según la razón.
[2] Quien a vosotros escucha, a mí me escucha (Lucas 10, 16).
[3] Apatía, flojedad.
[4] Temor.
[5] Todo el que aborrece a su hermano es un asesino (1 Juan 3,15).
[6] Una cosa sagrada.
[7] Es Cristo quien vive en mí (Gálatas 2,20).
[8] Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos (1 Corintios 11,30).
[9] No sin inspiración divina.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Cartas entre el Superior de Distrito America del Sur y el Padre Prior de Orizaba

3 de febrero de 2009
Estimado Basilio:


Por primera vez me permito reaccionar acerca de su carta.
El procedimiento de la « carta abierta » en internet es indigna de un sacerdote. La Iglesia
no es un forum democratico en donde todos y cualquiera pueden desembuchar sus
opiniones o manifestar sus pareceres. Lo cual desacredita su accion y el contenido de su
carta que me abstengo de comentar por esta razón. Su manera de actuar es subversiva.

Si no ama a la Fraternidad y no comparte sus posiciones, por el amor de Dios salga de la
Fraternidad. ¡Váyase! ¡Usted no es el guardia del templo! Ha de saber que desde entonces las puertas del distrito quedaran cerradas para ud. Le prohibo hacer la visita de nuestros prioratos como lo proyectaba a ocasion de eventuales vacaciones y no podra decir misa
en ninguna de nuestras capillas.

Le aseguro que estoy harto de ver a estos sacerdotes que se pasan el tiempo ladrando y se
portan de manera mas inconsecuente. Ahora bien, después de esta carta ha de salir de la
FSSPX o pedir perdon publicamente tanto a sus Superiores como a sus miembros y a los feligreses
. No le queda mas remedio.

¡Siento mucho tener que hablarle asi y con este tono, pero esta vez acaba de pasar de los
limites!

In Xsto y Maria
P. Christian Bouchacourt


RESPUESTA:


Orizaba, 3 de febrero de 2009
Estimado Padre Christian:


Recibí su mensaje. Le invito amistosamente a que retire la sarta de sandeces que me propina cual quijote de las pampas, pues de lo contrario, me veré obligado a responderle públicamente, al mismo tenor de carta abierta. Le advierto cual Martín Fierro espiritual y verdadero gaucho de la pampa que:

"Yo soy toro en mi rodeo
y torazo en rodeo ajeno;
siempre me tuve por güeno
y si me quieren probar
salgan otros a cantar
y veremos quien es menos.”
Pues yo:
“No me hago al lao de la güella
aunque vengan degollando;
con los blandos yo soy blando
y soy duro con los duros
y ninguno en un apuro
me ha visto andar mariconeando”

En unión de oraciones.

Basilio Méramo Pbro.
ANTE EL SILENCIO...
RESPUESTA PUBLICA

Orizaba, 9 de febrero de 2009
Estimado Padre Bouchacourt:

Como le manifesté en mi primera carta en respuesta a la suya, usted me fuerza a defenderme pública y abiertamente ante los fieles que me conocen muy bien desde mucho antes de su nombramiento como Superior del Distrito de la Argentina.

En primer lugar, ¿con qué autoridad, derecho y justicia, se atreve a darme un ultimátum conminándome a pedir perdón públicamente o salirme de la Fraternidad? Le aclaro que no soy sensible a tales maniobras y manipulaciones, que producen sus efectos en hombres timoratos y pusilánimes o de pocas luces. De todos modos usted no es el primero en decir que me vaya, porque ya Monseñor de Galarreta me lo dijo el año pasado de paso por el priorato. Pues pareciera que ahora la política luminosa consiste más en captar sacerdotes venidos del modernismo, que conservar los tradicionalistas firmes que ya se tienen.

En segundo lugar, no está usted muy a tono (fino), ni consecuente con el cacareado Motu Proprio del cual tanto se alegran, pues si en él se otorga el derecho a todo sacerdote de poder decir la Misa Tridentina, ¿cómo es que usted pretende prohibirme a mí celebrar la misa en sus capillas?, dejándoselas abiertas a los posibles modernistas que quieran decirla en ellas. Es ridículo. Es un despiste suyo que lo lleva a la contradicción, según su propia lógica.

En tercer lugar, si Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires, ni usted ni nadie pretenderá impedirme que lo visite, a menos que su superioritis le haga creer que es el Amo del Mundo.

En cuarto lugar, mi proceder no es indigno, pues es el único recurso cuando la cobarde y estulta política del silencio quiere amordazar la verdad, impidiendo que las cosas se digan como son; y no como otros, que con servil obsecuencia (falsa obediencia) lo único que les interesa es quedar bien con los superiores y conservar el puesto.

En quinto lugar, no hace usted gala (honor) a su apellido que en castellano sería boca corta, pues parece más ser boca larga, y el que tiene boca se equivoca, y más cuando ésta es larga que corta.

Por último, quédele muy claro que amo a la Fraternidad por la cual dejé todo lo que tenía y que por eso no tengo nada (ni donde caerme muerto), pero no soy ni seré jamás miembro de la Nueva Fraternidad que en contubernio con Roma modernista, ahora claudica a sus pies; como tampoco soy miembro y jamás lo fui de la Nueva Iglesia postconciliar, como dijo Monseñor Lefebvre cuando lo excomulgaron, inválida, nula, injusta y farisaicamente los anticristos de Roma
protestantizada y apóstata, lo cual ya señaló Nuestra Señora de La Sallette al decir :”Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo”.

Y para que no quede duda de cual es mi profundo sentir y pensar, van estos versos del gran poeta José Hernández en su inigualable Martín Fierro:

«Es la memoria un gran don
calidá muy meritoria;
y aquellos que en esta historia
sospechen que le doy palo,
sepan que olvidar lo malo
también es tener memoria.
Mas naide se crea ofendido,
pues a ninguno incomodo;
y si hablo de este modo
por encontrarlo oportuno,
NO ES PARA MAL DE NINGUNO
SINÓ PARA BIEN DE TODOS.»

Que Dios lo ilumine con su gracia.

Basilio Méramo Pbro.

CONVERSACION EN EL ATRIO

Una Fábula tomada del libro “Urbanas”
Edición póstuma del que fuera R.P. Luís Namuncurá, el Cura Loco



Luego de la acción de gracias de su Misa y una última confesión, Luís Namuncurá salió al atrio y se acercó, “prestando oreja”, al grupo de feligreses que hablaban un tanto febrilmente…

Feligrés 1: Monseñor Fellay dijo que pidió una manzana , e hizo rezar por esta intención más de un millón de Rosarios…

Feligrés 2: ¡Si! Recuerden sus palabras en Lourdes, para Cristo Rey… Aquí las tengo:

Querríamos recurrir de nuevo a su generosidad, mi queridos hermanos, para pedir a la Santísima Virgen María que obtenga el segundo preliminar: el retiro del decreto de excomunión. Esta es la razón por la que les invitamos hasta Navidad a reunir, esta vez aún, un millón de rosarios que podremos de nuevo presentar al Soberano Pontífice con insistencia”.

No caben dudas, pidió una manzana: el retiro del decreto de excomunión.

Feligrés 3: ¿Y cuál es el problema? ¿Por qué discuten, si las cosas son tan claras?

Feligrés 1: Es que el Decreto de Roma dice que Monseñor Fellay pidió una pera , y que, por lo tanto, Roma concedió una pera

Feligrés 2: También tengo ese texto aquí a mano… Veamos:

Por medio de la carta del 15 de diciembre de 2008 enviada a Su Eminencia el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, Mons. Bernard Fellay, en su nombre y en el de los otros Obispos consagrados el 30 de junio de 1988, volvía a solicitar el levantamiento de la excomunión latae sententiae formalmente declarada por Decreto del Prefecto de esta misma Sagrada Congregación para los Obispos con fecha del 1º de julio de 1988 (…) Conforme a las facultades que me han sido expresamente concedidas por el Santo Padre, Benedicto XVI, en virtud del presente Decreto, remito a los Obispos Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta la censura de excomunión latae sententiae declarada por esta Congregación el 1º de julio de 1988 y declaro privado de efectos jurídicos a partir del día de hoy el Decreto entonces publicado”.

Está claro, pidió pera y le dieron pera, es decir: levantamiento de la excomunión y remisión de la censura.

Feligrés 3: ¡Mamita!... Aquí hay pera encerrada… ¿Cómo lo explica el señor obispo?

Feligrés 1: Monseñor Fellay, en su Carta a los Fieles del 24 de enero dijo que obtuvo, gracias a la intersección de la Santísima Virgen, la pera , que es la solicitada manzana

Feligrés 3: Con todos los manipuleos de la naturaleza logran cosas sorprendentes…

Feligrés 2: Menos mal que traje todos los recortes… Por alguna parte lo debo tener… Aquí está:

Queridos fieles, como lo anuncio en el comunicado adjunto, “la excomunión de los obispos consagrados por S. Exc. Mgr Marcel Lefebvre el 30 de junio de 1988, que había sido declarada por la Congregación para los obispos por un decreto del 1 de julio de 1988 y que siempre impugnamos, fue retirada por otro decreto de la misma Congregación con fecha del 21 de enero de 2009, por mandato del papa Benito XVI”. Era la intención de oración que les había confiado en Lourdes, el día de la fiesta del Cristo-Rey 2008.”

Feligrés 3: ¡No les digo yo!, la pera es manzana y la manzana es pera. ¡No entiendo naranja…!

Feligrés 1: Calma, calma… Las cosas se aclaran… En una entrevista, del 26 de enero, Monseñor Fellay dijo que él y los fieles pidieron una pera a la Santísima Virgen, y que Ella obtuvo una pera .

Feligrés 3: ¿Se aclaran? ¿Cómo esto? ¿La pera-manzana se convirtió en pera? ¡¿No me va a decir usted que también tiene esa cita!?

Feligrés 2: Ya me esperaba yo una discusión parecida, y traje todo. Me falta la “compu” donde tengo todo registrado…

Feligrés 3: Pero, ¿de dónde extrae los textos? Seguro que no son oficiales… ¡Ojo con los inventos periodísticos! ¡Son caóticos!

Feligrés 2: Todo lo saco de la Puerta Latina, el sitio oficial de la Fraternidad en Francia. Escuchen:

“No temo nada. Puede que haya una voz discordante aquí o allí. Pero el celo que los fieles pusieron para rezar los rosarios para pedir el levantamiento de las excomuniones dice bastante sobre nuestra unión” (Le Temps, 26 enero 2009).

Feligrés 3: ¡Era cierto, nomás! Y pobre infeliz de mí que recé mil Rosarios para obtener una manzana…

Feligrés 1: No se desespere, mi amigo, porque en dos entrevistas del 31 de enero (del diario Présent y del semanario Monde et Vie), Monseñor Fellay dijo que ya en noviembre de 2005 pidió una pera , que era la intención del millón de Rosarios, la manzana , debe entenderse…

Feligrés 3: Esta sí que no se la creo, es demasiado “gruesa”… ¿Que hace tres años pidió la pera a Roma y ahora la manzana a la Virgen? ¡No! No se lo puedo creer… Y usted no me venga con otro recorte, eso lo inventó usted para reírse de mí…

Feligrés 2: Lo siento mucho, pero es cierto, aquí lo tengo, ante sus propios ojos, u orejas, como le guste. Escuche:

“Esperaba el levantamiento de la excomunión desde 2005, desde la primera carta de solicitud del levantamiento de la excomunión que había dirigido a petición de la propia Roma. Porque queda claro que Roma no pedía esta carta para negarse a levantar la excomunión.
(…) Lo atribuyo en primer lugar a la Virgen. He aquí la señal manifiesta, con una respuesta casi inmediata. Acababa exactamente de decidir ir a Roma para llevar el resultado del bouquet de rosarios que habíamos lanzado en Lourdes con esta intención explícita, cuando recibo una llamada de Roma que me invitaba a pasar.”

Feligrés 4: Hasta ahora no intervine, por respeto episcoperal, episcopal, perdón. Pero les tengo que decir que los sacerdotes a los que consulté me han dicho que Monseñor Fellay dice que en la carta del 15 de diciembre de 2008 pidió una manzana , pero que no puede publicar dicha carta, ni quiere desmentir a Roma…

Feligrés 1: Parece un partido de truco, con retruco y todo…

Feligrés 3: Dios quiera que todo no sea trucado…

Feligrés 1: Cállese, amigo, y preste atención, porque la Secretaría de Estado del Vaticano ha insistido en que Monseñor Fellay pidió una pera

Feligrés 2: Es cierto, y aquí tengo la Nota oficial del 4 de febrero:

“Como ya ha sido publicado con precedencia, el Decreto de la Congregación para los Obispos, dado el 21 de enero de 2009, ha sido un acto con el que el Santo Padre salía benignamente al encuentro de las reiteradas peticiones por parte del Superior General de la Fraternidad San Pío X. Su Santidad ha querido quitar un impedimento que perjudicaba la apertura de una puerta al diálogo.”

Feligrés 3: ¿Y qué hará Monseñor Fellay? ¿Qué dicen los sacerdotes?
Feligrés 4: Dicen que Monseñor Fellay se contenta con aceptar la ofrecida pera

Feligrés 1: Es precisamente lo que dicen algunos feligreses: “ahora, ya estamos adentro…, hay que aprovechar…”

Feligrés 3: No les digo yo… Entraron por la puerta que les abrió Benedicto… Pero, ¿adónde entraron? ¿a la frutería…? ¿Tanto frío tenían afuera…?

Feligrés 1: Lo que me preocupa es el futuro. Piensen que cuando el periodista de Présent le preguntó a Monseñor Fellay si iban a llamar al Cardenal de París para administrar la Confirmación en San Nicolás de Chardonnet, no respondió con una negativa absoluta…, por favor, recuérdenos la cita…

Feligrés 2:

“Todo eso será del orden de la prudencia. Será necesario ver cómo va a desarrollarse este proceso. Eso dependerá también de las reacciones en frente. Para todo lo que se refiere a estas nuevas relaciones, en principio, lo que acaba de pasar, nos pone en una nueva situación. Es un poco demasiado pronto para evaluarlo. No se puede preverlo todo. Es pues el gran ámbito de la prudencia. No hay a priori, el único a priori es el de la Verdad y la Caridad.”

Feligrés 3: ¿¡Se imaginan al “frutero” de Buenos Aires, de San Isidro, de Córdoba… administrando la Confirmación en nuestros Prioratos… y al de Moreno confiriendo las Sagradas Ordenes a los seminaristas de La Reja !? Estamos adentro… ¡Que nos dejen salir…!

Feligrés 4: Disculpe, amigo, pero la situación no está para bromas… Y volviendo a la imagen del partido de truco, la Secretaria de Estado, en la Nota citada, afirma que todavía estamos afuera… Lea, por favor…

Feligrés 2:El levantamiento de la excomunión ha liberado a los cuatro obispos de una pena canónica gravísima, pero no ha cambiado la situación jurídica de la Fraternidad San Pío X, que por el momento no goza de reconocimiento alguno en la Iglesia católica. Tampoco los cuatro obispos, aunque liberados de la excomunión, tienen una función canónica en la Iglesia y no ejercen lícitamente un ministerio en ella.”

Feligrés 1: ¿Acaso Roma nos va a exigir algo…?

Feligrés 2: Sigo leyendo: “Para un futuro reconocimiento de la Fraternidad San Pío X es condición indispensable el reconocimiento pleno del Concilio Vaticano II y del Magisterio de los Papas Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y del propio Benedicto XVI.”

Feligrés 4: El panorama es caótico…

Feligrés 3: ¿El panorama, solamente? Yo creo que también toda publicación de la Fraternidad… Pienso que habrá que hacer una censura de ellas…

Feligrés 1: Me… me… me… pa.. pa… parece que mejor terminemos por hoy… Tal vez el domingo próximo tengamos más noticias…

Feligrés 2: Sí… Además, las mujeres están inquietas y nos llaman para ir a casa…

Feligrés 3: Con tal que no hayan previsto como postre una ensalada de frutas


El Padre Luís Namuncurá, que escuchó todo en silencio y con atención, mientras pita su pipa, reflexiona en voz alta ante sus cuatro boquiabiertos feligreses:

Yo me pregunto, esta controvertida manzana , ¿será la célebre “manzana de Eva”?
En todo caso, respecto de la seductora fruta , podemos pensar que ¡¡nos hicieron la pera!!

En realidad es para llorar. Es un drama… Pero es cierto que ya estaba en el programa que nos dieron a la entrada…

Yo se los había anunciado.

Recuerden y pongan en práctica aquellas sabias sentencias:

“Acepto por Cristo la vida más triste que existe en la tierra: La vida que es lucha perdida, continua derrota.”

“La nota distintiva del verdadero cristiano reside en las derrotas previsibles.”

“Porque sabes que no llegarás, por eso eres grande.”

Y también deben hacer suya la olvidada oración que dice:

Dame, Dios mío, lo que te queda.
Dame lo que jamás se te pide.
No te pido reposo, ni tranquilidad,
ni la del alma, ni la del cuerpo.
No te pido la riqueza, ni el éxito, ni la salud.
Tantos te piden esto, Dios mío, que ya no debes tenerlo.
Dame, Dios mío, lo que te queda.
Dame lo que se te rechaza.
Quiero la inseguridad y la inquietud,
quiero la tormenta y la lucha.
Que Tú me lo des, Dios mío, definitivamente;
que yo esté seguro de tenerlo siempre;
porque no siempre tendré el coraje de pedírtelo.
Dame, Dios mío, lo que te queda.
Dame lo que otros no quieren.
Pero, dame también el coraje, la fortaleza y la fe.


Pero esto sin bajar los brazos. Y que sepan todos que nosotros, defenderemos hasta el final la Santa Religión y la Tradición Católica, con la consigna: no de vencer, sino de no ser vencidos. Es decir, sabiendo que, si somos vencidos en esta lucha, ése es nuestro mayor triunfo; porque, si somos vencidos, la apostasía llega y el mundo se acaba, y Cristo dijo verdad. Y entonces el acabamiento es prenda de resurrección.

Carta Abierta al Superior General de la Fraternidad San Pío X Monseñor Bernard Fellay.

Priorato Bto Rafael Guízar y Valencia
Calle Sur 11 N° 1114 C.P. 94390
Orizaba, Veracruz, Méjico.

Carta Abierta al Superior General de la Fraternidad San Pío X Monseñor Bernard Fellay.

Estimado Monseñor:

Dados los acontecimientos que conciernen a toda la Fraternidad (tanto miembros como fieles), con gran dolor y pesar me veo obligado a escribirle dirigiéndole públicamente esta carta.

No puedo callar ante el retiro o levantamiento del decreto de excomunión de parte de Roma apóstata –como en más de una ocasión Monseñor Lefebvre dijera- solicitado a través de la cruzada de un millón de rosarios que fueron llevados a Roma con este fin, puesto que es al menos reconocer implícitamente –quiérase o no- que se estuvo excomulgado, a pesar de las excusas pueriles para hacer ver lo contrario. Usted mismo reconoce en su sermón de Flavigny del 2 de febrero de 2006 al decir: «Hemos pedido ciertamente el retiro del decreto de excomunión, su anulación; pero incluso decir “anular” quiere ya decir que se reconoce alguna cosa».

Personalmente y en conciencia me veo constreñido (obligado) a manifestar mi total desacuerdo como miembro de carácter perpetuo de la Fraternidad, haciéndolo clara y públicamente ante Dios y la Iglesia Católica, única arca de salvación, exclusiva y única esposa de Cristo, y no como hoy quiere el ecumenismo imperante, una religión más dentro del Panteón de las falsas
religiones donde anidan todas ellas, cada una con su altar (con sus «derechos»), en pacífica y abominable coexistencia, cual reino del Anticristo.

Es un acto de meliflua y disimulada claudicación el ramo de flores (un millón de rosarios) entregado a Roma modernista y apóstata (la Gran Ramera escarlata cabalgando sobre la bestia, o sea, la religión prostituída, corrompida y adulterada como diría el Padre Castellani). Esto fue lo que tanto asombró al puro y virginal apóstol (más amado) San Juan Evangelista, por ser el nudo gordiano del misterio de la iniquidad en lugar Santo y de la abominable desolación del Templo, de la religión falsificada, amancebada con los poderes del mundo y fornicando con los reyes de la tierra.

Levantar (o retirar) el decreto de excomunión, no es lo mismo que declarar o reconocer su invalidez y nulidad desde el principio.

Aún más, se puede anular, y en consecuencia declarar la anulación (actual y factiva) aquí y ahora de un decreto que fue hasta ahora válido y legítimo, no siéndolo más a partir de ahora, por la corrección, la enmienda, la rectificación o la verificación de buena voluntad o lo que fuera del sancionado. En resumen, se puede anular o considerar anulada una ley justa pero que ya no procede, en cambio una ley injusta (como la sanción de excomunión de la Tradición) es desde el origen inválida y nula, no por voluntad del legislador sino por carencia de legitimidad, de veracidad, de justicia y de derecho. Una ley injusta y por lo tanto inválida y nula,
jamás fue ley, una ley anulada en cambio si fue válida, legítima y justa según el derecho. Son dos cosas que aunque parecidas no es lo mismo, son distintas.

El pedir que se levante (retire o quite) el decreto de excomunión, no es lo mismo que pedir o exigir el reconocimiento de la nulidad absoluta de la excomunión y su invalidez total. Son dos cosas muy distintas aunque se parecen, el no distinguirlas es una cortedad del entendimiento o ignorancia, y si no se acepta esto no queda sino concluir en que se trata de ingenua estulticia o de pura malicia, no queda otra cosa.

Que se levante o quite el decreto de la excomunión, no es lo mismo que decir que no hubo nunca tal excomunión, pues no hay que confundir nulidad y anulación o retiro del decreto.
Está claro que para Roma modernista se trata de la remisión una pena (la censura de excomunión), pues en términos jurídicos las penas medicinales, como es el caso de las censuras, se levantan como consta en el Derecho Canónico por la remisión de la pena, es decir, se perdona, alza, exime o libera de una sanción propinada a causa de un delito contumaz. Luego está clarísimo que el que acepta esta remisión de la pena es porque se considera culpable del delito en términos jurídicos. Y es lógico que así el censurado (delincuente) se regocije una vez enmendado y perdonado al remitirsele la sanción. Que un obispo hijo de Monseñor Lefebvre pida
esto es renegar de su progenitor en el episcopado, reconociendo que el acto fue delictivo, pues no cabe otra alternativa en términos jurídicos. Sí, sí, non, non. Y como dice el adagio jurídico: “Lo que mucho prueba, nada prueba”.

Si se mira bien, no se levanta la excomunión que recae principalmente en los dos obispos consagrantes: Monseñor Lefebvre y Monseñor de Castro Mayer, y en consecuencia a los obispos (por ellos) consagrados; sino que solamente se remite (levanta) la excomunión a los obispos consagrados: Monseñor Tissier de Mallerais, Monseñor Williamson, Monseñor Fellay y Monseñor de Galarreta. Lo cual deja muy en claro que la excomunión se levanta a quienes lo solicitaron con muestras de buena voluntad filial logrando activar la sensibilidad paternal de Benedicto XVI. No hay ninguna retractación de parte de Roma, la más mínima, simplemente indulgencia paternal hacia los cuatro obispos que solicitan filialmente el retiro de la excomunión al magnánimo Benedicto XVI. Monseñor Lefebvre y Monseñor de Castro Mayer siguen olímpicamente excomulgados, a menos que se levanten de sus tumbas y soliciten filialmente, también, y con muestras de buena voluntad que se les levante la excomunión, que fue sin lugar a
dudas legítima y justa para Roma. Esto está más claro que el agua.

Todas las razones aducidas para enmascarar la acción no tienen peso y son superfluas a la cuestión de fondo que es de fe. Roma protestantizada y modernista ha logrado desactivar la resistencia nucleada alrededor de la Fraternidad y de Monseñor Lefebvre después de dieciocho años de su muerte. Ahora se cierra el proceso de entrega que comenzó a manifestarse públicamente a partir del Jubileo del 2000.

No estoy de acuerdo y no lo estaré, no puedo estarlo so pena de claudicar, de ceder, de dejarme prostituir intelectual y religiosamente por el poder del Mal, que introducido en la Iglesia todo lo quiere pervertir e invertir, es decir sodomizar espiritual y religiosamente, cual es la actitud del fariseísmo (corrupción específica de la religión), que hoy impera con todo el prestigio que da
el poder, pero que se ejerce en detrimento de la Verdad. El mayor logro de la Revolución Mundial Anticristiana, no lo olvidemos jamás, es el de hacer de los hombres “prostitutas intelectuales”.1

Una bomba no se desactiva con martillazos ni con hachazos, sino con fina y sutil maniobra de desajuste de su maquinaria interna.

Así acontece ahora de modo semejante con la Fraternidad San Pío X, logrando inutilizarla (anularla o neutralizarla) en el combate y en la resistencia heroicos contra los errores de Roma modernista y apóstata, como dijera ya en su momento Monseñor Lefebvre.

Bajo apariencia (máscara) de bien (y de falsa magnanimidad paternal), se desactiva la resistencia y el combate contra la Nueva Iglesia posconciliar, ecuménista, que está en contubernio con el globalismo mundial, sometido al imperio del príncipe de este mundo: Satanás y sus secuaces.
Que ninguno de los otros tres obispos nada digan y así consientan con su silencio, es inexplicable a su función de guardianes de la fe, pues el que calla otorga y el que otorga acepta el error, el engaño, la mentira que todo esto conlleva.

Son tiempos difíciles, y más que eso, son tiempos apocalípticos, en los cuales cada fiel, cada cual, cada uno debe como soldado de Cristo, confirmado en la Fe del bautismo, defender heroica y valientemente su fe, como los martires en la Iglesia primitiva, sin socorro ni ayuda humanas, solos con Dios, frente a sus verdugos.

Nuestro único deber es permanecer firmes en la fe, fieles a Cristo y a su divina Iglesia Católica, Apostólica y Romana que hoy está eclipsada (cual total eclipse de sol: De Labore Solis, divisa del pontificado anterior) y para colmo de males según el lenguaje bíblico vemos la abominación desoladora en lugar santo, arrasando con todo lo sacro (o que se diga de Dios) e invadiendo el Templo bajo la férula tenaz del efímero triunfo de la Sinagoga de Satanás dentro de la Iglesia (De Gloria Olivae, como lo expresa la divisa del actual pontificado). Cumpliéndose así la profecía de Nuestra Señora de La Salette: «Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo». Esto es hoy un hecho, y para reconocerlo con ecuanimidad y fortaleza se requiere una fe sólida e ilustrada lo cual no abunda mucho que digamos en el mundo de hoy, lleno de tinieblas y donde se ha perdido la fe.

Aunque sin desanimarnos, pues sabemos a ciencia cierta que «Las puertas del infierno no prevalecerán» es decir: «que te harán la guerra pero no te vencerán», tal como explica Santo Tomás en su comentario del Credo. También sabemos que la verdadera Iglesia única y legítima esposa virginal de Cristo por la fe, permanecerá, aunque sea reducida a un pequeño rebaño (pusíllus grex, Lc. 12, 32) disperso por el mundo; pues la Iglesia como dice San Agustín y enseña el Catecismo de Trento (art. 9): «Es el pueblo fiel esparcido por todo el mundo», que espera su rescate sostenida por la bienaventurada esperanza de que habla San Pedro (segunda carta cáp. 3, 12) y San Pablo (Tit. 2, 13), que consiste en el retorno de Cristo Rey en gloria y majestad.
Debemos mantenernos «firmes en la fe» como nos exhorta San Pedro, ya que «Todo lo que no procede de la fe, es pecado» (Rom. 14, 23) como dice San Pablo, pues «el justo vivirá de la fe» (Heb. 10, 38), y porque «hemos sido salvados gratuitamente por medio de la fe». (Ef. 2, 8). Nos resta sólo permanecer como valientes y firmes soldados confirmados en la fe del bautismo y así se cumplan en nosotros aquellas palabras de San Pablo: «probados por el testimonio de la fe, fueron hallados fieles en Cristo Jesús Señor Nuestro» (Heb. 12, 39).

De otra parte es inconcebible que se diga que la Fraternidad desea poder ayudar al papa a remediar la crisis cuando de hecho los papas modernistas, son los primeros responsables y por lo mismo los principales culpables de esta crisis sin precedentes, cual no se ha visto nunca y jamás se verá. Y que a sabiendas, para colmo de males, Joseph Ratzinger a lo largo de toda su vida, primero como teólogo perito en el Concilio, después como Cardenal Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe durante el papado nefasto de Juan Pablo II, y que ahora como Benedicto XVI, retoma todos esos errores en vez de condenarlos. No es con paños de agua caliente que se curan los grandes males. Además al hablar de la crisis, sin hacer alusión a la crisis de fe y hablar de crisis de vocaciones, práctica religiosa, catecismo, frecuentación de sacramentos, es invertir las cosas, confundiendo el efecto con la causa.

1 Expresión fuerte pero muy ilustrativa que utilizó John Swinton, periodista que fue redactor en jefe del famoso periódico neoyorquino “The New York Times” refiriéndose a la prensa y a los periodistas, en un brindis del gremio donde él era uno de los agasajados de honor.

De otra parte, al hablar de los derechos de la Tradición, como si se tratase de los derechos de unos y de los derechos de otros es falso, pues se trata (si vamos a hablar de derechos), del único derecho exclusivo de la Tradición, de la Iglesia, de la Verdad, pues los budistas, los animistas, los musulmanes, los judíos, los protestantes, etc., todos pueden también enarbolar sus derechos en la democracia liberal, puesto que toda persona en aras de su dignidad humana y libertad religiosa y de conciencia, reclama sus derechos, esto es un planteo liberal, modernista y en consonancia con los falsos derechos del hombre de la Revolución Anticristiana.

No hay que olvidar, que sobre la inválida y nula (farisaica) excomunión, Monseñor Lefebvre decía: «Todos estos espíritus modernistas están excomulgados por San Pío X. Estas personas imbuídas de los principios modernistas son las que nos excomulgan, mientras que son ellos los excomulgados por el Papa San Pío X. ¿Y por qué nos excomulgan? porque queremos permanecer católicos, porque no queremos seguirlos en este espíritu de demolición de la Iglesia. Puesto que no queréis venir con nosotros para contribuir a la demolición de la Iglesia, os excomulgamos.

Muy bien: gracias. Preferimos ser excomulgados. No queremos participar en esta obra espantosa que se realiza desde hace veinte años en la Iglesia». (Sermón durante la Misa cantada del P.
Bernard Lorber en la escuela Etoile du Matin del 10 de julio de 1988, cfr. Fideliter Nº. 65 1988).
«Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica, él mismo, de Iglesia conciliar (…) No tenemos parte alguna con el panteón de las religiones; nuestra propia excomunión por un decreto de vuestra Eminencia no sería sino la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que ser declarados “ex communione” del espíritu adulto que sopla en la Iglesia desde hace 25 años, excluidos de la comunión impía con los infieles.» (Carta al Cardenal Gantin del 6 de julio de 1988, cfr. Fideliter nº. 64, pp. 11 y 12).

Y en otra ocasión, de paso por Ecône, estando con Monseñor Lefebvre y un periodista que lo entevistaba, éste le pregunta entre otras cosas sobre las excomuniones, y Monseñor le responde: «Si hay alguien que está excomulgado no soy yo, son ellos los excomulgados». Todo esto parece correr hoy la misma suerte que los documentos preparatorios del Concilio Vaticano II que fueron
a parar a la papelera para hacer todo de nuevo de otra manera.

Conste además que Monseñor Lefebvre, refiriéndose a Monseñor de Castro Mayer y a sí mismo, por haber sido condenados y excomulgados, afirma: «Los que estiman un deber minimizar estas riquezas e incluso negarlas, no pueden sino condenar a estos dos obispos y así confirman su cisma y su separación de Nuestro Señor y su Reino, a causa de su laicismo y su ecumenismo
apóstata» (Itinéraire Spirituel, p. 9). Y por si fuera poco, más de lo mismo: «Esta apostasía convierte a estos miembros en adúlteros, en cismáticos opuestos a toda tradición, en ruptura con la Iglesia del pasado…» (Itinéraire Spirituel, p. 70).

Por último, cabe señalar que, sobre el Concilio Vaticano II, hay mucho más que “reservas” como Usted afirma, pues es un Concilio atípico al no ser infalible lo cual es tan contradictorio como concebir un círculo cuadrado, y por lo mismo preñado (“bombas de tiempo”) de errores y herejías, al punto de ser considerado por Monseñor Lefebvre como un Concilio apóstata por su ecumenismo (como acabamos de ver), y que además es cismático, tal como afirma en este texto: «Este concilio representa, tanto a los ojos de las autoridades romanas como a los nuestros, una nueva Iglesia a la cual por otra parte llaman “la Iglesia conciliar”. Creemos poder afirmar, ateniéndonos a la crítica interna y externa del Vaticano II, es decir, analizando los textos, estudiando los pormenores de este Concilio, que éste, al dar la espalda a la Tradición y al romper con la Iglesia del pasado, es un Concilio cismático. Se juzga el árbol por los frutos. (…) Todos los que cooperan en la aplicación de este trastocamiento, aceptan y adhieren a la nueva “Iglesia conciliar” –como la designa Su Excelencia Monseñor Benelli en la carta que me dirige en nombre del Santo Padre del 25 de junio último-, entran en el cisma. (…) ¿Cómo podríamos nosotros por una obediencia servil y ciega, hacerle el juego a esos cismáticos que nos piden que colaboremos en su empresa de destrucción de la Iglesia?» (Un Évèque Parle, pp. 97-98).

Ante todo esto no queda más que decir: «non possumus».

In Christo et Maria Virgine
Basilio Méramo Pbro.
Miembro a perpetuidad de la FSSPX
y Prior de Orizaba
26 de enero de 2009

Respuesta de Monición Canónica

Orizaba, 11 de Febrero de 2009
Estimado Padre Mario Trejo:


Ante su Monición Canónica, siendo ésta firmada por usted, y no por el Superior General como debería ser, me permito precisarle:

1.- Que adolece de competencia, pues la supuesta falta, no tiene que ver con el Distrito de México sino directamente con el superior General y estimo que él es la única instancia que para tal caso tenga autoridad y competencia, y si usted actúa como legado (simple intermediario ó instrumento) esto debe quedar específicamente mencionado, de lo contrario esta actuando fuera de su competencia pues, una Monición en vías de una expulsión únicamente es de la competencia del Superior General (que cobardemente no quiere dar la cara estampando su firma), y no de un simple Superior de Distrito del cual se vale utilizándolo de pantalla, y que tendrá que rendir cuentas ante Dios y la Iglesia el día del Juicio. Le recuerdo que mi carta es del 26 de enero (como usted mismo lo señaló), luego, ni la carta del Superior General del 31 de enero ni su supuesta última prohibición del 29 que fue en realidad el 30 por teléfono desde la Argentina) vienen a cuento, son posteriores y a nadie se le puede imputar en tal caso, a menos


2.- Impugno además la Monición, pues se trata de una cuestión Teológica-Religiosa y no de una falta jurídico-disciplinar. Además apelo haciendo recurso a Roma (con lo cual jurídicamente queda suspendida la cuestión) y esto de modo indeterminado, pues la Roma eterna está hoy invadida por indignos personajes que no cumplen su deber ex oficio confirmando a los fieles en la fe sino que hacen todo lo contrario para corromper, prostituir y violar la fe pura y virginal cual anticristos, y esto para colmo, como si fueran Dios, es decir, en el nombre de Dios, habrase visto mayor abominación y desolación en lugar santo, haciéndose además adorar como Dios, o sea, con el poder y la autoridad divinas, invertidas.

3.- Mi actitud no es de Rebelión, pues no soy ningún rebelde ni subversivo sino un sacerdote fiel a Cristo y a su única y verdadera Iglesia Católica Apostólica y Romana fuera de la cual no hay salvación, y que fiel a su orden sacerdotal, no se adhiere a quienes hoy son sus indignos representantes, en contubernio con los poderes de este mundo y la están crucificando cual Cristo en su cuerpo místico. No se trata de desobedecer sino de fidelidad en la defensa intransigente contra el enemigo y contra el error, aunque aprovechan la investidura de la jerarquía para imponer cual golpe maestro de Satanás, como decía Mons. Lefebvre “la desobediencia por la obediencia” decir non posumus es no querer hacerse cómplice y es señalar el error de los que obstinadamente se suman a éste bajo apariencia de bien y traicionándose así el heroico y glorioso combate de la Tradición contra el Modernismo.

4.- Usted habla de conversaciones que tuvimos y de “la última prohibición hecha el jueves 29 de enero”. Estas conversaciones fueron por teléfono y usted estaba de vacaciones por la Argentina y habíamos convenido y usted mismo aceptado que el problema era con la Casa General y directamente con el Superior General Mons Bernard Fellay y no con el Distrito de México ni con usted como Superior del mismo. Usted mismo envió una carta el 26 de enero desde allá para informar a todos los Padres del Distrito de México que el asunto quedaba a cargo de la Casa General, reconociendo por lo mismo que usted declinaba toda autoridad y competencia frente al mismo.

5.- Además sobre el punto de guardar silencio en los medios de comunicación masivos (a menos que se juegue con las palabras) estaba dirigido específica y exclusivamente en torno al caso de Mons. Williamson y nada más.

6.- Nadie puede por otra parte, por muy Superior que sea, anular (como argumento ad hominem) el derecho fundamental de libre expresión en este mundo democrático y liberal. Se habla mucho de los derechos del hombre y se suprime la libertad de la Verdad que nos hace libres. Que hipocresía, que cinismo, que fariseísmo atroz y vergonzante cuando esto pasa en el ámbito eclesial.

De nada le valen sus argumentaciones basadas mediocre y deficientemente en algunos artículos del Derecho Canónico, que está para el bien de las almas y su salvación, no para castrar el bien común el bien de la Justicia y la Verdad Eterna.

Mis escritos no pueden ser prohibidos sin un juicio teológico y filosófico competente es decir, peritos en la materia y donde se me pruebe error en la fe ó que contengan herejías.

La obediencia mi estimado Padre, no es la obsecuencia estulta y servil de las personas sino la sumisión a los superiores legítimos que saben gobernar con autoridad paterna y llevar a las almas a Dios que es la Suma y Eterna Verdad. Fuera de ese contexto no hay legítima obediencia debida a ningún hombre, pues primero hay que obedecer a Dios que a los hombres, como lo dijo san Pedro.

Por último, si lo que queréis es acumular excusas para expulsarme, no hacen falta argumentos canónicos farisaica e injustamente esgrimidos, para darle un barniz de aparente legalidad y de justicia, sino franca y directamente decir el verdadero motivo.

Si me expulsáis es porque no comparto ni compartiré la traición de poner la gran Obra de Mons Lefebvre, la Fraternidad y a todos los fieles tradicionalistas a los pies de Roma Modernista, Protestantizada y Apóstata.

Todo esto es ponerse al servicio del príncipe de este mundo y sus secuaces enemigos de la Verdadera y Única Iglesia de Cristo que es hoy perseguida por el Dragón y su Pseudo Profeta, siendo reducida a un pequeño rebaño fiel disperso por el mundo esperando la gloriosa venida de Cristo Rey.


Basilio Méramo Pbro.

martes, 17 de febrero de 2009

Últimos Tiempos Apocalípticos,Testimonios de los Papas que así lo manifiestan:

San Pío X
E supremi apostolatus del 4 de octubre 1903: “Es indudable que quién considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, como prólogo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos; o incluso pensará que ya habita en este mundo el hijo de la perdición de quien habló el Apóstol”; y que: “Se sentará en el templo de Dios mostrándose como si fuera Dios”.


Pío XI
Miserentissimus Redemptor del 8 de mayo de 1928: “Es necesario que Cristo reine. Venga su reino.”
Y refiriéndose más adelante a la Encíclica Quas Primas: “Cuando eso hicimos (…) más también presentíamos el júbilo de aquél faustísimo día en que el mundo entero espontáneamente y de buen grado aceptará la dominación suavísima de Cristo Rey.”
Lo cual señala apuntando a los tiempos apocalípticos: “Todo lo cual es tan triste que por estos acontecimientos parecen manifestarse los primeros de aquellos dolores que habían de preceder al hombre de pecado que se levanta contra todo lo que se llama Dios que se adora”.
Así tenemos toda la revolución litúrgica y doctrinal dentro de la Iglesia, promovida oficialmente con Vaticano II
“Y así aún involuntariamente se ofrece la idea de que se acercan los tiempos vaticinados por Nuestro Señor: porque abundó la iniquidad, se enfrió la caridad de muchos.”
“No sea que obsecados e impenitentes en sus culpas, cuando vieren a Aquél a quien hicieron venir en las nubes del cielo, tarde y en vano lloren sobre Él.”
El Padre Florentino Alcañiz hace ver que: “El reino de Cristo, y el reino del Sagrado Corazón de Jesús son una misma cosa”. (La Devoción al Sagrado Corazón de Jesús, Granada 1958, p. 141). Además recalca el P. Alcañiz: “el reinado del Corazón de Jesús es el reinado de la persona de Cristo” (Ibid., p. 138), y más adelante manifiesta comentando: “Donde se ve que para el Vicario de Cristo, el reino del Corazón de Jesús es idéntico al reino de Cristo que habla San Pablo, al reino que pedimos en la oración dominical…” (Ibid. p. 139)
Pío XII:
En su primera encíclica Summi Pontificatus del 20 de octubre de 1939: “La hora en que os llega esta nuestra primera Encíclica es, en muchos aspectos, la verdadera hora de tinieblas. (…) Los pueblos, envueltos en el trágico vórtice de la guerra quizá están aun al comienzo de sus dolores…”.
En su radiomensaje de 24 de diciembre de 1947 dice refiriéndose a Satanás: “En las asambleas humanas se insinúa solamente el espíritu del mal, el ángel del abismo (Apoc. 9, 11) enemigo de la verdad, atizador de odios, negador y destructor de todo sentimiento fraterno. Creyendo próxima su hora, hace todo lo que puede por acelerarla.”

En su mensaje pascual del 21 de abril de 1957: “Es necesario quitar la piedra sepulcral con la cual han querido encerrar en el sepulcro a la verdad y al bien; es preciso conseguir que Jesús resucite; con una verdadera resurrección que no admita ya ningún dominio de la muerte: ‘Surrexit Dominus vere’ (Luc. 24, 24). ‘mors illi ultra non dominabitur’ (Rom. 6, 9). ‘…la noche debe iluminarse como el día, ‘nox sicut dies illuminabitur’; y cesará la lucha, brillará la paz. ¡Ven Señor Jesús! La humanidad no tiene fuerza para quitar la piedra que ella misma ha fabricado, intentando impedir tu vuelta. Envía tu ángel, oh Señor, y haz que nuestra noche se ilumine como el día. ¡Cuántos corazones, oh Señor, te esperan! ¡Cuántas almas se consumen por apresurar el día que sólo Tú vivirás y reinarás en los corazones! ¡Ven, oh Señor, Jesús! ¡Hay tantos indicios de que tu vuelta no está lejana! ¡Oh María, que lo viste resucitar; María a quien el primer aparecer de Jesús quitó la angustia inenarrable causada por la noche de la pasión; María, te ofrecemos las primicias de este día. Para ti, Esposa del Divino Espíritu, nuestro corazón y nuestra esperanza! ¡Así sea!”

Esto que acabamos de leer es proféticamente apocalíptico, nadie puede dudarlo. Que más profético y apocalíptico que la Parusía clara e irrefutablemente aquí manifestada y esperada cual bienaventurada esperanza, como enseña San Pablo. (Tit. 2, 13).
Ya había anteriormente manifestado Pío XII ante el Sacro Colegio el 2 de junio de 1942: “Nuestro deber, el deber del Episcopado, el del clero y el de los fieles, es prepararse espiritualmente por la plegaria y el ejemplo al futuro encuentro de Cristo con el mundo.”
Sin embargo se hace hoy todo lo contrario, se desacredita o se relega cualquier insinuación apocalíptica y parusíaca.
Tenemos además el hecho histórico irrefutable del fin de la diáspora (después de la destrucción del Templo y ruina de Jerusalén por Tito en el año 70), con el retorno a Tierra Santa de los judíos el 15 de mayo de 1948. El fin de la diáspora siempre se relacionó con el fin de los últimos tiempos apocalípticos, pues los judíos volverían al final de los tiempos a Tierra Santa, como afirma San Lucas: “Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que el tiempo de los gentiles sea cumplido”. (Lc. 21, 24).
En Isaías 11,12 se lee: “Alzará una bandera entre los gentiles, y reunirá a los desterrados de Israel y congregará a los dispersos de Judá, de los cuatro puntos de la tierra.”

En Isaías 27, 12: “y vosotros oh hijos de Israel serés regodios uno por uno” y comenta al respecto Mons. Straubinger: “por lo cual a de verse aquí la predicción de la reunión de Israel en los últimos tiempos.”

En Jeremías 3, 18 se lee: “En aquellos días se juntará la casa de Judá con la casa de Israel, y juntas vendrán de la tierra del norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres”.

En Jeremías 23,3: “Yo mismo reuniré el resto de mis ovjeas de todos los países, de donde las he dispersado.”

En Jeremías 30, 3: “Porque he aquí que vendrán días, dice Yahvé, en que trocaré el cautiverio de mi pueblo, Israel y Judá, dice Yahvé, y los haré regresar al país que di a sus padres y lo poseerán.”

En Ezequiel 37,21: “He aquí que yo sacaré a los hijos de Israel de entre las naciones a donde fueron; los recogeré de todas partes y los llevaré a su tierra.”

Siempre se vio asociada la vuelta a Tierra Santa con la posterior conversión de los judíos, todo lo cual se relaciona con los últimos tiempos apocalípticos o el fin de los tiempos como dice el P. Martín Sánchez. (Israel y las Profecías, p. 38).
Tenemos las advertencias de nuestra divina Madre del Cielo que comenzaron con:
v Medalla Milagrosa (París 1830): “Hija mía, los tiempos son muy malos…” y comenta el ¨P. Cadavid: “Casi completa fue la descristianización de la sociedad incubada en la Revolución Francesa de 1789”. (Iván Cadavid, El Llanto de María en Siracusa y la incógnita de nuestros azarosos días, ed. San Juan Eudes, Bogotá 1958, p. 52). “Es de notar que desde su primer mensaje se nos ofrece María como la Inmaculada Medianera”. (Ibid., p. 55).
v La Salette (1846): “Si mi pueblo no quiere someterse, me veré obligada a dejar caer la mano de mi Hijo. Ella es tan ruda y tan pesada que ya no puedo detenerla más”. “Combatid hijos de la luz, porque he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines”.
v Lourdes, 11 de febrero 1858: “Parece que fuera la última llamada a Francia apóstata.” (Ibid., p. 61).
v Fátima, 15 de mayo 1917: “El tercer secreto se relaciona con el Triunfo del Inmaculado Corazón de María. (…) y que versa sobre algo terrible que antecederá al completo reinado del Corazón de María.” (Ibid., p. 65).
v Siracusa, 29 de Agosto al 1 de Septiembre 1953: “Parece que sea el remate de todos los llamamientos celestiales.” (Ibid., p. 32). “Llorando desolada, la ruina de sus ingratos hijos.” (Ibid., p. 51).
Las Profecías de San Malaquías:
Estamos en la última divisa De Gloria Olivae o la penúltima con Pedro Romano, pero esta divisa puede ser el conjunto y fin de los Papas de Roma del Pontificado. Según Cristino Morrondo Pedro Romano será el papa que reinará en Jerusalén restaurada y esto únicamente tendría lugar después de la Parusía como sabemos. “…del traspaso de la Sede Apostólica de Roma, que será incendiada, a Jerusalén que en el principio fue destruida y dentro de poco será restaurada para servir de centro a la unidad de Sede al Pontificado que ocupará Pedro II.” (Catástrofe y Renovación, Jaén 1924, p. 6).

San Luis María Grignion de Monftfor, el misionero apostólico apocalíptico mariano por excelencia ya decía en la Oración Abrasada (1673-1716): “Vuestra divina ley es quebrantada, vuestro Evangelio abandonado, torrentes de iniquidad inundan toda la tierra y arrastran vuestros siervos, toda la tierra está desolada; la impiedad está sobre el trono; vuestro santuario es profanado y la abominación se halla en lugar santo… Las criaturas todas… piden vuestra venida para restaurar todas las cosas.”

San Vicente Ferrer su predecesor señala: “dice San Agustín (Epístola ad Hesichium) ‘No vendrá el Señor a juzgar si no sobreviene antes la separación de las iglesias en la obediencia espiritual a la Iglesia Romana’.” San Vicente Ferrer, BAC, Madrid 1956, p. 459) ¿Esto no es hoy un hecho? Al hablar de obediencia espiritual es significativo, porque hoy hay una falsa obediencia material, pero no hay la verdadera obediencia espiritual, a Cristo y a su Iglesia. Lo que hay es una obediencia viciosa al antropoteísmo declarado por Pablo VI el 7 de diciembre de 1965 (clausura del Concilio Vaticano II): “El humanismo laico y profano ha aparecido finalmente, en toda su terrible estatura y, en un cierto sentido, ha desafiado al Concilio. La religión de Dios que se ha hecho hombre se ha encontrado con la religión del Dios –porque tal es- del hombre que se hace Dios. ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podía haberse dado, pero no se produjo (…) Una simpatía inmensa lo ha penetrado todo. (…) Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros –y más que nadie- somos promotores del hombre.” Y para remate del colmo de la apostasía: “nuestro humanismo se hace cristiano, nuestro cristianismo se hace teocéntrico; tanto que podemos afirmar también: para conocer a Dios es necesario conocer al hombre”.
Testimonios de Melania vidente de la Salette: “Cuando, hace algunos años, hablé del Anticristo y de los francmasones que le preparan su reino, fui mirada como una alucinada. Sin embargo, se tenía los Profetas, se tenía el Apocalipsis. ¿Por qué no se lee la historia verídica de nuestra época? … Podríamos sorprendernos aún más por otros acontecimientos. (…) Esperemos un poco más y veremos las iglesias cedidas, dadas a las logias luciferinas. Esperemos a que los judíos francmasones sean enteramente los que manden en casa para que veamos.” (Lettres de Mélanie, Bergère de la Salette, au Chanoine de Brand, lettre 450, p. 320).
“Pero todo esto es natural… los luciferinos hacen su deber como tales; ¿pero el Episcopado, el Clero, los Cristianos se molestan lo más mínimo del mundo por defender su fe, el honor de Dios, su culto, etc.? Hacen menos que nada. ¿Instruyen al pueblo al menos sobre las verdades de fe? Nada de esto. Es terrible, la apostasía, si no es todavía oficial para todos, es un hecho casi operado por las obras. Los francmasones luciferinos no tendrán gran combate a librarnos, la plaza la han adquirido.” (Ibid., lettre 450).
“…los luciferinos no tendrán necesidad de luchar con católicos sin fe y sin inteligencia para discernir sus verdaderos intereses materiales y espirituales, la verdad del error. Y de esta enfermedad universal de la ceguera nadie se queja, y es aún peor para el enfermo no sentir el mal, mal que le carcome y devora.” (Ibid. lettre 475).
Testimonios de Sor Lucía vidente de Fátima:
Sor Lucía le manifestó al Padre Fuentes (mexicano de Jalapa) postulador de la causa de beatificación de Jacinta y Francisco, en conversación del 26 de diciembre de 1957: “La Santísima Virgen está muy triste, pues nadie hace caso de su mensaje, ni los buenos, ni los malos. (…) Pero Dios va a castigar el mundo y será de una manera terrible. El castigo celeste es inminente.” (Touté la Verité sur Fatima, T. III, p. 336).
Sobre el fin de los últimos tiempos apocalípticos precisa en la misma conversación con el P. fuentes: “Padre, la Santísima Virgen no me ha dicho que estamos en los últimos tiempos del mundo, pero ella me la ha hecho ver por tres motivos:”
I. La batalla final. “El primero porque Ella me dijo que el demonio está a punto de librar una batalla decisiva con la Virgen, y una batalla decisiva es una batalla final donde se sabrá de cual lugar es la victoria, y de cual es la derrota.”
II. Los últimos remedios: “El segundo porque Ella ha dicho tanto a mis primos como a mí, que Dios daba los últimos remedios al mundo: el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María, y siendo éstos los dos últimos remedios, esto significa que no habrá otros.”
III. El pecado contra el Espíritu Santo: “Y, terceramente, porque siempre en los planes de la Divina Providencia, cuando Dios va a castigar al mundo, agota antes todos los otros recursos. Así, cuando Él ha visto que el mundo no ha hecho ningún caso, entonces, como diríamos en nuestra manera de hablar imperfecta, Él nos ofrece con cierto miedo el último medio de salvación, su Santísima Madre. Pues si despreciamos y rechazamos este último medio, no tendremos más perdón del Cielo, porque habríamos cometido un pecado que el Evangelio llama el pecado contra el Espíritu Santo, que consiste en rechazar abiertamente, con todo conocimiento y voluntad, la salvación que nos ofrece.” (Ibid. p. 338).
Después de esto que dudas puede haber sobre el fin de los últimos tiempos apocalípticos, sino la voluntaria y obstinada ceguera, de no querer ver. Máxime si recordamos lo que el Cardenal Ratzinger (el hoy Benedicto XVI, quien leyó el 3er secreto) dijo en su momento a Vittorio Messori en agosto de 1984 explicando por qué no había sido publicado: “Porque según el juicio de los papas, no agrega nada a todo lo que un cristiano debe saber de la Revelación: un llamado radical a la conversión, la gravedad absoluta de la historia, los peligros que pesan sobre la fe y la vida del cristiano, y en consecuencia del mundo. Y después la importancia de los ‘últimos tiempos’ (…) Pero las cosas contenidas en este tercer secreto corresponden a lo que anuncia la Escritura…” (Ibid., p. 520).
Lo que anuncia la Escritura es lo que el único libro profético del Nuevo Testamento, el Apocalipsis dice y que en otros pasajes del Nuevo Testamento también se manifiestan.
Conviene advertir que no se debe confundir fin de los últimos tiempos apocalípticos con fin del mundo.
Melania: “Es un gran error si se quiere poner, fijar el fin del mundo con el fin del Anticristo.” (Lettre 450). Pues sabemos por las Escrituras y los Padres de la Iglesia que Cristo destruirá con su venida al Anticristo. “Y entonces se hará manifiesto a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca y destruirá con la manifestación de su Parusía”. (II Tes. 2, 8).
San Agustín: “La última persecución que ha de hacer el Anticristo, sin duda la extinguirá con su presencia el mismo Jesucristo, porque así lo dice la Escritura: ‘Que le quitará la vida con el espíritu de su boca y le destruirá con sólo el resplandor de su presencia’.” (La Ciudad de Dios, libro XVIII, cap. 53).
San Hilario: “el Señor Jesús hará desaparecer con el soplo de su boca y aniquilará con el resplandor de su venida.” (contra las Herejías, libro III, 7.2).
Sor Lucía también hacía la distinción entre fin de los últimos tiempos y fin del mundo: “Cuando sor Lucía declara al P. Fuentes que la Virgen María le hizo ver que ‘estamos en el fin de los tiempos no se trata del fin del mundo…’.” (Fátima, Joie Intime, p. 397).
El Katejon, el famoso obstáculo, ha sido quitado de en medio; según San Pío X es el imperio de la verdad: “Cuando esta doctrina no pueda ya ser guardada incorruptible y que el imperio de la verdad no fuera ya posible en este mundo, entonces el Hijo del hombre aparecerá una segunda vez. Pero hasta ese último día debemos mantener intacto el depósito sagrado y repetir la gloriosa declaración de San Hilario: ‘Más vale morir en este siglo que corromper la castidad de la verdad’.” Y nosotros podríamos añadir precisando que corromper o violar la virginidad inmaculada de la verdad. (San Pie X, Jérome Dal-Gal OM, Conv. 1953, p. 107-108).
El obstáculo es, ateniéndonos a lo dicho por S. Pío X, el imperio de la verdad mantenido por la Iglesia, Luego es más que evidente que desde el Concilio Vaticano II ya no es mantenida la verdad y mucho menos su imperio de luz. El obstáculo ha sido quitado, aunque no todos lo hayan percibido.
Por eso Sor Lucía habla de “desorientación diabólica”, de “falsas doctrinas” de “ceguera” y esto de parte de la Alta Jerarquía. Pablo VI en su discurso de clausura del Concilio Vaticano II el 7 de diciembre de 1965 proclamó la nueva religión antropoteísta, como ya vimos, con lo cual se llega al culmen.
En carta a su sobrino salesiano José Valinho del 13 de abril de 1971, habla de “desorientación de nuestro tiempo” de “ola diabólica” de “ceguera para ver el error”. (Touté la Verité, p. 508).
En carta a Teresa Cunha del 12 de abril de 1970: “Estos tiempos de desorientación diabólica – falsas doctrinas. – la gran responsabilidad del que tiene el cargo de conducir.” (Touté la Verité, p. 509).
En carta a la madre Martins del 16 de septiembre de 1970: “Es doloroso ver tan gran desorientación y en tantas personas que ocupan puestos de responsabilidad.” (Ibid., p. 511).
Todo esto no es posible si impera la Verdad en la Iglesia (en los hombres de Iglesia).
Así Monseñor Lefebvre pudo decir: “Todos los que cooperan a la aplicación de este trastorno, aceptando y defendiendo a esta nueva ‘Iglesia Conciliar’ entran en el cisma.” (Un Evéque parle, p. 98).
“Este Concilio representa una nueva Iglesia… al dar la espalda a la Tradición y romper con la Iglesia del pasado, es un Concilio cismático.” (La Nueva Iglesia, p. 124).
Llega a hablar de “ecumenismo apóstata”. (Itineraire spirituel, p. 9), y enfatizando: “Esta apostasía hace a estos miembros unos adúlteros, unos cismáticos opuestos a toda tradición, en ruptura con el pasado de la Iglesia…” (Ibid. P. 70).
En una carta prólogo del libro del P. Emmanuel que reconoce Mons. Lefebvre que tiene “páginas proféticas” sobre todo en la tercera parte que trata del drama del fin de los tiempos, precisando que corresponden “exactamente a la herejía ecuménica de nuestros días.”
Es la apostasía general de la cual la Salette hace referencia y el P. Combe menciona: “Y la apostasía general que se prepara, predicha por el apóstol San Pablo debiendo preceder inmediatamente al hijo de perdición, prueba igualmente que no ha venido, pero que está cerca…” (Le Sécret de Melanie et la Crise Actuelle, 1906, p. 130-131).
Así se entienden mejor las palabras de Melania: “estamos librados a nosotros mismos sin pastor”. (Lettre de Melanie au Chanoine du Brand. Lettre 275). Y aconseja: “si se reflexiona sobre las palabras del Apocalipsis y sobre todo del capítulo 9.” (Ibid. Lettre 275).
Joseph de Maistre ya decía que se podía concluir: “que el tiempo está cerca que el segundo acontecimiento de Jesús no se hará esperar largo tiempo.” (La Prophétie des Papas, p. 831). Aún más, precisa que “las últimas tribulaciones que espera el mundo en su ocaso parecen corresponder a las divisas: De medietate lunae, De Labore solis, De gloria olivae, así como la conclusión última de la Profecía”. (Ibid., p. 829).
Monseñor Cristino Morrondo, canónigo electoral de Jaén, habla del “próximo y tráfico desenlace la historia con la ruina de los pueblos, reinos y naciones” en el prólogo de su libro Catástrofe y Renovación (Jaén 1924 p. 4). Pues ya advertía con claridad meridiana: “se ha formado una nueva Iglesia, bajo la bandera del humanismo…” (Ibid. p. 5).
Y por si fuera poco con profundo sentido histórico señala: “¿Que dice la historia? Con sólo contemplar el espectáculo que ofrece su marcha, se nota que nos encontramos en el período de apostasía anunciado por las Escrituras.” (Ibid. p. 40).
Y hoy 84 años después con todo lo acontecido pretendemos estultamente afirmar otra cosa, que desgracia para la humanidad y sus falsos sabios seglares como eclesiásticos ciegos a porfía.
El Dr. Cadavid, presbítero y después Monseñor, en su libro “El llanto de María en Siracusa y la incógnita de nuestros azarosos días”, Bogotá 1958, titula el capítulo IV con este significativo rótulo: “La Virgen de Siracusa y el comienzo de los últimos tiempos”; y al capítulo II “Siracusa, epílogo de Fátima y clara conclusión de la Historia Divino-Humana contemporánea”, para decirnos que: “Siracusa parece que sea el remate de todos los llamamientos celestiales”. (Ibid. p. 32). Pues: “En su póstrer mensaje de Siracusa la vemos, como otrora en la Cruz, llorando desolada, la ruina de sus ingratos hijos.” (Ibid. p. 51).
“En los tiempos que vivimos parecen cumplirse todos los vaticinios del Antiguo Testamento y las señales que dio Cristo a sus apóstoles sobre el final castigo del mundo. Asímismo, las características que nos pintan San Pedro y San Pablo sobre el criterio que habría de tener la humanidad en los tiempos apocalípticos.” (Ibid. p. 98).
Era todo lo que ya había visto San Pío X cuando decía: “Establecer sobre la tierra, por encima de la Iglesia Católica, ‘el reino de la justicia y del amor’, con los obreros venidos de todas partes, de toda las religiones o sin religión, con o sin creencias, con tal que olviden todo lo que les divide… y con una confusión seductora las palabras de libertad, de justicia, de fraternidad y de amor, de igualdad y de exaltación humana, basado todo sobre una dignidad humana mal entendida…El resultado de esta promiscuidad en boga, el beneficiario de esta acción social cosmopolita no puede ser que una democracia que no será ni católica, ni protestante, ni judía; una religión (pues el sillonismo, los jefes lo han dicho, es una religión) más universal que la Iglesia Católica reuniendo a todos los hombres vueltos al fin hermanos y camaradas en ‘reino de Dios’. ‘No se trabaja para la Iglesia, se trabaja para la humanidad’. Encontrándonos ante un gran movimiento de apostasía organizada en todos los países, para el establecimiento de la Iglesia universal que no tendrá dogmas, ni jerarquía, ni regla para el espíritu, ni frenos para las pasiones.” (Notre Charge Apostolique).
San Pío X ya decía en su Encíclica Ad diem illum laetissimum: “Sin embargo, nos n queremos disimular que una cosa aviva grandemente en nosotros este deseo: lo que nos parece, si creemos a un secreto presentimiento de nuestra alma, pudiéndonos prometer para un futuro no lejano el cumplimiento de las altas esperanzas y seguramente no temerarias, que hicieron concebir a nuestro predecesor Pío IX y a todo el Episcopado católico la definición solemne del dogma de la Inmaculada Concepción de María”.
“Tantos e insignes beneficios acordados por Dios bajo la piadosa solicitación de María, durante estos cincuenta años que van a terminar, ¿no deben hacernos esperar la salvación para un tiempo más cercano del que habíamos creído? Lo mismo que una ley de la Providencia Divina, la experiencia nos enseña, que en los últimos extremos del mal a la liberación no hay mucha distancia. Su tiempo está pronto a venir, y sus días no están lejos (…) Es así que con una completa confianza podemos esperar que dentro de poco podamos escribir: El Señor ha quebrado la vara de los impíos”.
Con tantos documentos es descabellado no reconocer que estamos viviendo en los últimos tiempos apocalípticos, aunque el día y la hora de la Parusía nadie lo sabe, pero así como al ver brotar la higuera se sabe que el verano está cerca, de igual modo podemos como lo señaló Nuestro Señor Jesucristo al respecto, conocer la proximidad de su Segunda Venida, y ver que estamos en los últimos tiempos apocalípticos (lo cual no hay que confundir con el fin del mundo) y que estamos en consecuencia ante una crisis sin precedentes cual nunca se ha visto ni se verá jamás, la crisis irreversible, humanamente irremediable, es la crisis, que ya el P. Castellani señaló haciendo la siguiente comparación: “Cuando vino Cristo eran tiempos confusos y tristes. La religión estaba pervertida en sus jefes y consecuentemente en el pueblo.. (…) Cuando Cristo vuelva la situación será parecida. Solamente el fariseísmo, el pecado contra el Espíritu Santo, es capaz de producir esa magna apostasía que Él predijo: ‘la mayor tribulación desde el diluvio acá’ será producida por la peor corrupción, la corrupción de lo óptimo. El dolor sólo remediable por Dios en persona es el producido por la corrupción irremediable ‘la sal que pierde la salinez’. Por eso San Juan vio en la frente de la Ramera la palabra misterio, y dice que se asombró sobremanera, y el Ángel le dice? ‘Ven y te explicaré el arcano de la Bestia’. Es el Misterio de Iniquidad, la ‘abominación de la desolación’; la parte carnal de la Iglesia ocultando, adulterando y aún persiguiendo la verdad, Sinagoga Satanae. Por eso la parte fiel de la Iglesia padecerá entonces ‘dolores como de parto’, y el Dragón estará a punto de tragar a su hijo, que sólo se salvará por milagro, y ella se salvará solamente huyendo a la soledad…” (Los Papeles de Benjamín Benavides, p. 226).
No reconocer que estos son los últimos tiempos apocalípticos es negar los hechos históricos y desconocer la lucha metafísica de la historia entre el bien y el mal con todo el proceso de la Revolución (cómo todos los anticomplotistas) y además carecer del fundamental sentido teológico de la Historia con su carácter religioso y teológico como trasfondo que da sentido a todo bajo la visión divina y sobrenatural que se entreteje invisiblemente en la historia humana. Y, no hay que olvidarlo, la teología de la historia culmina con el desenlace exegético apocalíptico de la Parusía, contenido en el Apocalipsis.

Basilio Méramo Pbro.
Orizaba, 6 de Enero de 2009