San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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martes, 5 de febrero de 2019

San Felipe de Jesús Primer Santo Mexicano, y la burla de la masonería


Historia del Primer Santo Mexicano: 

"Felipe de las Casas Martínez nace en la Ciudad de México el primero de mayo de 1572, primogénito de once hijos del matrimonio español formado por honrados inmigrantes españoles: don Alonso de las Casas y doña Antonia Martínez. Su pila de Bautismo se conserva en la Catedral Primada Metropolitana.
En su niñez se caracterizó por su índole inquieta y traviesa. Se cuenta que su aya, una buena negra cristiana, al comprobar las diarias travesuras de Felipe, solía exclamar, con la mirada fija en una higuera seca que, en el fondo del jardín, levantaba a las nubes sus áridas ramas:
"Antes la higuera seca reverdecerá, a que Felipillo llegue a ser Santo"... El chico no tenía madera de Santo... Asistió al Colegio de San Pedro y San Pablo de donde sería expulsado debido a su carácter incontrolado y travieso.
Posteriormente es enviado al noviciado franciscano de Santa Bárbara en la Ciudad de Puebla, del cual escapa para regresar a su casa.
Don Alonso decide entonces, ponerlo a trabajar en un taller de platería en donde mostró habilidad para labrar la plata; sin embargo, su inconstancia y falta de disposición para trabajar entre cuatro paredes, llevó al fracaso este nuevo intento de forjarle un "porvenir" a Felipe.
Las cosas se habían puesto tensas en su casa y Felipe, de entonces 18 años, decide embarcarse hacia las filipinas para actuar como agente de compras en Manila para los negocios de su padre, corría el año de 1590. Manila, punto de confluencia de razas, de comercio, de tentaciones... Felipe se deja atraer por un tiempo por los juegos de azar, actividad muy popular entre los habitantes de aquellas tierras.
El joven Felipe gozó por un tiempo de los deslumbrantes atractivos de aquella ciudad; pero pronto se sintió angustiado: el vacío de Dios se dejó sentir muy hondo, hasta las últimas fibras de su ser; en medio de aquel doloroso vacío volvió a oír la llamada de Cristo: "Si quieres venir en pos de Mí, renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme" (Mt.16, 24).
Para el apuesto y próspero Felipe llegaba el momento de la decisión y escoge correctamente. Acude al convento franciscano de Santa María de los Ángeles en Manila en donde se entrega con fervor a la disciplina conventual y se prepara para la labor misionera que llevaba a cabo la orden y también, sin saberlo, se prepara para el martirio.
Profesó el 22 de mayo de 1594 con el nombre de Felipe de Jesús. Aparece así, el "hombre nuevo" de las cenizas del viejo; aparición que implica morir en cierto sentido, morir al mundo, implica dolor, dolor de "perder" nuestra vida cómoda.
Además de Felipe de Jesús, otros dos de los hijos de don Alonso y doña Antonia optaron por la vida religiosa: Juan, mártir también en las Islas Filipinas y Francisco, evangelizador agustino en México.
Y Felipe de Jesús volvió a tomar la cruz, y ahora si tomó muy en serio su conversión... Oró mucho, estudió, cuidó amorosamente a los enfermos y necesitados, y un buen día le anunciaron que ya podía ordenarse sacerdote, y que, por gracia especial, esa ordenación tendría lugar precisamente en su ciudad natal, en México, a la vista de sus Padres y amigos de la infancia...
En el siglo XVI, la aventura más espectacular era atravesar el inmenso Océano Pacífico de Asia a México; el viaje más arriesgado y largo que se hacía en el mundo era el de Manila al Puerto de Acapulco. Cada viaje iba acompañado de enfermedades, hambre y sed, inquietudes y desvelos.
El viaje de Manila a cualquier punto de América era, casi, un viaje a la Eternidad. Los navegantes sufrían por las tempestades que movían al galeón horriblemente, golpeándolo en forma espantosa. Muchos morían a consecuencia de los golpes, otros de miedo y algunos de mareo y debilidad.
La travesía duraba siete meses y a veces ocho meses. Felipe de Jesús empezó su viaje desde el Puerto de Cavite rumbo a su patria el 12 de julio de 1596, en un navío que tenía un nombre anticipatorio: el "San Felipe".
Dos fueron los tifones que golpearon al "San Felipe" de madera. Cuando el mar se serenó un poco se dieron a la tarea de reconstruir el "San Felipe", a curar las heridas y sepultar entre las bramantes olas a los muertos que la catástrofe había causado.
Siete días llevaban con tiempo sereno y mar en bonanza, cuando Fray Juan Pobre sugirió que se hiciese una arribada al Japón, lo que aceptó el General Matías Landecho, y cuando iban tomando rumbo hacia la costa les asaltó otro temporal más furioso que los anteriores, que duró 36 horas.
Era el 5 de octubre cuando ya el Galeón "San Felipe" se encontraba sin palo sano de Proa a Popa; y sin embargo, caminaba lentamente hacia el Japón.
Se dirigían al Gran Imperio del poderoso Taico Sama, la tierra de las ilusiones misioneras de Felipe de Jesús; él era el único que iba jubiloso, olvidado de todo, sólo pensaba en misionar. El cristianismo había entrado en Japón desde 1549, de la mano de San Francisco Javier S.J.
Felipe de Jesús se soñaba entre paganos alumbrándolos con la antorcha de la Fe y lavándolos con el agua regeneradora.
Soñaba que en Japón recibiría las Sagradas Ordenes de manos de un Obispo Misionero, y se quedaría en el fabuloso Japón, en el maravilloso Imperio del Sol Naciente, quemando su existencia en aras de un ideal sublime que llenaría toda su vida.
El Galeón "San Felipe" avanzaba sin cosa que para la navegación valiese y sin embargo, enfilaba derechamente al Japón. Todos palpaban que la navegación era milagrosa; hasta que por fin descubrieron tierra del Japón a la altura de Meaco, capital del Imperio.
Al intentar hacer tierra todavía correrían un último riesgo, temían chocar con alguna roca y destrozarse, pues el galeón no llevaba mando. Afortunadamente salieron del peligro y llegaron frente a las costas de Shikoku.
Todos los náufragos del "San Felipe", no se cansaban de dar gracias a Dios por aquel milagro y arrodillados en tierra japonesa entonaron el "TE DEUM LAUDAMUS". Felipe de Jesús besaba la tierra una y otra vez; tocaba ya no en sueños, sino despierto, la tierra de los mil atractivos y peligros.
El régimen político de Japón en la época de nuestro mártir se caracteriza por ser un gobierno militar presidido por un "Shogun", que de hecho controlaba y dirigía los destinos del país a espaldas del emperador, recluido en su palacio de Kyoto como figura decorativa.
Cinco ciudades del Imperio eran "shogunales", bajo el control directo del "generalísimo". Estas eran Kyoto, Tokyo, Osaka, Sakai y Nagasaki.
Oda Nobunaga fue el gran Shogun que comenzó el comercio con las potencias extranjeras; por ello favoreció el crecimiento del cristianismo. Toyotomi Hideyoshi cambió de actitud, y en 1587 publicó el "Edicto de expulsión de los misioneros". Taiko Sama dejó dormir su decreto pero seguía atentamente los movimientos de los misioneros por medio de espías.
Una delegación de los náufragos, incluyendo a Felipe de Jesús, decide viajar a la ciudad de Kyoto para encontrarse con otros franciscanos que predicaban ahí y solicitarle al embajador del gobernador de Filipinas, Fray Pedro Bautista, su intercesión ante el Shogun Taiko Sama para reparar la nave que había sido confiscada por el Shogun.
Pero el Shogun no quiso recibirlos; por el contrario, la mañana del 8 de diciembre de 1596 ordena la aprensión de los frailes del Convento de Santa María de los Ángeles en Kyoto "por haber desobedecido la orden para no predicar abiertamente". Aunque la verdadera razón de esta orden era el temor de los Shogun a ser dominados por las potencias extranjeras a través de la religión en un momento en que se estaba consolidando la unidad del país.
Felipe de Jesús pudo haberse sustraído al decreto de muerte: no había tenido tiempo de predicar y ni siquiera había elegido ir al Japón; era un náufrago, y como tal habría podido seguir su camino, como los otros náufragos lo hicieron, una vez reparado el barco.
Pero la puerta del Santo no es la puerta fácil... Siguió, pues, hasta el último suplicio a Fray Pedro Bautista y demás misioneros franciscanos que desde hacía años evangelizaban el Japón.
El 30 de diciembre, Taiko Sama decide trasladarlos a Nagasaki ubicada a 900 kilómetros, con el objeto de sacrificarlos en la única ciudad del Japón que había nacido cristiana.
Este recorrido tan largo, pensaba Taiko, serviría para erradicar la fe de aquellos japoneses que estuvieran tentados a acogerla por lo que durante todo el camino sometió a los prisioneros a innumerables afrentas.
El primero de enero se unen a los presos de Kyoto otros catequistas capturados en Osaka; más tarde se les unirían otros dos cristianos para completar el grupo de 26 prisioneros.
El 3 de enero se les mutila el lóbulo inferior de la oreja izquierda como forma de "marcar" a los que iban a morir. Este último hecho lleva a Felipe de Jesús a exclamar:
"Ya dimos la primera sangre; ya nadie nos quitará el gozo de darla toda por la fe".
26 cruces fueron dispuestas en la Colina de Nagasaki aquel 5 de febrero de 1597. Sus captores los crucificaron en una loma, la del Tateyama, que también era un trigal.
La cruz de Felipe de Jesús fue la del centro, la trece, como queriendo otorgarle a este extranjero que no hablaba japonés y con sólo unos meses en el Japón, el lugar más importante no sólo del Tateyama sino del comienzo de la evangelización del Japón.
Felipe de Jesús no podía hacer mucho por no tener las Sagradas Ordenes, ni dominar del todo la lengua. Lo que más hacía era orar, orar con fe pidiendo fortaleza para sí y para sus compañeros. Le parecía que no había hecho nada grande para merecer el martirio. 26 prisioneros sacrificados:
-Seis Misioneros Franciscanos: había cuatro españoles, fray Pedro Bautista Blásquez, fray Martín de la Ascensión, fray Francisco Blanco, y fray Francisco de Miguel. Y con ellos, fray Gonzalo García, indio portugués, y fray Felipe de Jesús, mexicano.
-Tres Jesuitas: Pablo Miki, un japonés de familia de la alta clase social, hijo de un capitán del ejército y muy buen predicador; Juan de Goto y Santiago Kisai, (dos hermanos coadjutores jesuitas).
-16 Cristianos Japoneses que eran catequistas y se habían hecho terciarios franciscanos. Entre ellos: un soldado: Cayo Francisco; un médico: Francisco (de Miako); Buenaventura y Matías (de Miako); Tomás Danki (de Ize); un enfermero: Juan Kisaka o Kinoia; Cosme y Máximo Takeya (padre e hijo); Joaquín Sakakibara, Pablo Suzuki, y tres muchachos de trece años que ayudaban a misa a los sacerdotes: Luis Ibarki, Antonio Deyman (de Nagazaki) y Tomás Kasaky, cuyo padre fue también martirizado.
-Un Coreano: León Karasuma.
Felipillo, Felipe de las Casas Martínez, se abrazó a la cruz de la cual fue colgado, suspendido mediante cinco argollas, pero las de sus tobillos estaban mal ajustadas, y sus pies resbalaron repentinamente del pedal de la cruz, quedando su garganta oprimida por el aro de acero puesto en su cuello.
Ahogándose, moviendo desesperadamente la cabeza, sólo pudo decir sus últimas palabras: "Jesús, Jesús, Jesús". A sus gritos corrieron los soldados y mirándole en agonía rematan al mártir clavando sus lanzas: dos lanzas atravesaron sus costados, una el costado derecho y otra en el corazón, y cruzándose en el pecho, salieron por sus hombros. Felipe de Jesús fue el primero en morir en medio de todos aquellos gloriosos mártires.
Era el 5 de febrero de 1597; muere el primer Santo Mexicano, San Felipe de Jesús, primer mártir del Japón, Mexicano Universal.
Cuenta la leyenda que ese mismo día la higuera seca de la casa paterna reverdeció de pronto y dio fruto. "¡Felipillo es santo, Felipillo es santo!", gritaba incrédula su nana en México al ver reverdecer la higuera muerta desde hace tiempo, mientras Felipe de Jesús cumplía con una misión, una misión grandiosa y que sin embargo pocos entendían en el lugar donde la llevaba a cabo.
"En la colina santa de Nagasaki había una selva de cruces y una turba de invictos mártires. Los cristianos se precipitaron a recoger sus vestidos para tenerlos consigo como reliquias y la sangre para humedecer paños llevados con esta finalidad. Entre tanto Dios glorificaba a sus mártires con ruidosos prodigios. Los cuerpos de los mártires difundían un delicioso perfume. Durante dos meses duraron colgados de las cruces sin dar signos de putrefacción. Las aves de rapiña que solían alimentarse de los cuerpos de los condenados en aquel lugar, dieron muchas vueltas alrededor de los cuerpos de los mártires sin tocarlos".
Felipe de Jesús fue beatificado, juntamente con sus compañeros Mártires de Nagasaki, el 14 de septiembre de 1627, por el Papa Urbano VIII. El Beato Felipe de Jesús fue canonizado el 8 de junio de 1862 por el hoy Beato Papa Pío IX, junto con sus 25 Compañeros Mártires de Nagasaki, Japón.
Sobre el frontispicio del Vaticano, junto al emblema del Pontífice reinante, lució el escudo mexicano y la imagen del Primer Santo Mexicano dentro de la imponente Basílica ante la regocijada y piadosa presencia, en Roma, de varios obispos mexicanos, entre ellos el de Guadalajara, don Pedro Espinoza y Dávalos. La Nación Mexicana declaró a San Felipe de Jesús su segundo Patrono, precedido, obviamente, por Santa María de Guadalupe. Y decretó el 5 de febrero como Fiesta Nacional. Sólo que el Congreso Constituyente en 1917, en esa fecha y en Querétaro, la hizo festividad en honor a la Carta Magna.(¿?) San Felipe de Jesús, el joven que supo convertirse hasta dar la vida por Cristo, ha sido declarado también Patrono de la Ciudad de México y de su Arzobispado. Don Francisco Orozco y Jiménez, quinto Arzobispo de Guadalajara, promovió, con el Obispo de Nagasaki, la construcción de una iglesia en el lugar del martirio de "San Felipito" (como él cariñosamente le llamaba), y en 1926 escogió el lugar en que habría de dedicarse un templo en el Sector Libertad tapatío. También escribió y difundió una obra sobre el Santo Protomártir, editada en español y en japonés.
(Lic. Juan Manuel Robles Gil en oremosjuntos.com)"
La burla de la Masonería ya infiltrada en México, asedió doblemente tan hermosa fecha, en la que los Mexicanos dedicaban el día al Culto del Patrono de la Ciudad de México: " Es tradición, en los oficios religiosos en la Catedral Metropolitana, en 5 de febrero, obsequiar higos a los fieles, en alusión al prodigio de la higuera.
En este 2017, sobreviven dos higueras nacidas, afirma la tradición oral, de un par de ramas arrancadas a la del milagro: una la tienen los padres jesuitas de la colonia Roma de la ciudad de México, y otra se encuentra en el atrio del templo de Santo Domingo de Guzmán, en el centro de lo que fue el pueblo de Mixcoac y que hoy es parte de la inmensa capital." (Bertha Hernández Cronica.com.mx)
Aqui la Historia de quien con Orgullo el pueblo mexicano honró hasta aquel fatídico año donde "La constitución liberal de 1857 fue promulgada un 5 de febrero"  ... 
"A los liberales de 1857 no les hizo el menor conflicto dar a la nación la nueva carta magna el día de la fiesta de uno de los símbolos más fuertes de “lo mexicano”
Sesenta años más tarde, el Constituyente de 1916-1917 eligió el 5 de febrero como la fecha en que se promulgaría la nueva carta magna. Otra vez los simbolismos: la nación se reconstruia en la misma fecha que se había elegido sesenta años antes. Y a Venustiano Carranza no le preocupaba mayormente el sentido estratégico con que se había determinado aquella fecha señera." (Bertha Hernández Cronica.com.mx)
"La constitución de 1917 proclama la separación de la Iglesia y el Estado, haciendo empero a aquella esclava de este. Proclama la libertad de conciencia y luego procede a imponer limitaciones tales, que nulifican dicha libertad." (México Tierra de volcanes, Joseph H.L. Shclarman, Cap. XXXIV, p.p. 572-573)
"En un México donde el 95% de la población era católica, al tiempo en que se escribió la constitución, esas incapacidades legales iban dirigidas en contra de la Iglesia Católica, sus instituciones y ministros" (México Tierra de volcanes, Joseph H.L. Shclarman, Cap. XXXIV, p.573)

Los Artículos 3, 24, 27 y 130 de la Constitución de 1917, son totalmente antiteos.

"Los obispos de México inmediatamente protestaron contra las injustas incapacidades a las que se sometía la Iglesia y a sus ministros e instituciones en la Constitución de 1917, pues alegaban que la Constitución debía reconocer el derecho de la Iglesia de fundar y regir seminarios, de crear órdenes y congregaciones religiosas y establecer casas para ellas, de abrir y regir organizaciones católicas, orfanatorios, escuelas de toda clase, hospitales y asilos para ancianos e instituciones benéficas.  La constitución debía reconocer el derecho de propiedad de la Iglesia a sus templos y capillas y salvaguardar los bienes que la Iglesia pudiera adquirir. Siendo México UNA NACIÓN PREDOMINANTEMENTE CATÓLICA, decían, la Constitución de la República habría de ser la de un ESTADO CRISTIANO, RECONOCIENDO A DIOS COMO SEÑOR DE TODO LO CREADO Y DANDO LEYES RESPETUOSAS DE LA CONCIENCIA DE LOS CATÓLICOS" (México Tierra de volcanes, Joseph H.L. Shclarman, Cap. XXXIV, p.p. 575-576)

Y todo esto gracias a que "A Carranza le halagaba sobremanera la idea de pasar a la historia como un "gran reformador" (¿?) (México Tierra de volcanes, Joseph H.L. Shclarman, Cap. XXXIV, p. 567)

Y para colmo hoy se encuentra en el Olvido la Verdadera Historia, y la presente es para hacer presentes las circunstancias en las que la Fe del pueblo mexicano, se ha entibiado con la presencia del anticristo en la Roma Actual

SEA PARA GLORIA DE DIOS.

domingo, 3 de febrero de 2019

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este cuarto domingo después de Epifanía el Evangelio nos relata el milagro de Nuestro Señor en el mar: hay una fuerte borrasca, la barca está a punto de hundirse y los discípulos con miedo le piden a nuestro Señor que los socorra. Él les reprocha: “¿Por qué sois tan tímidos y de tan poca fe?”. Como diciéndoles cobardes. Inmediatamente, después de que nuestro Señor ordena al mar que se aquiete, viene una gran bonanza.

Este milagro es llevado a cabo en el mar por Nuestro Señor después de haber realizado muchos en tierra firme, como para dejar claro que Él es el dueño del universo, que impera tanto en la tierra como en el mar y que todo el cosmos le obedece.

Sabemos que la Iglesia es representada por una barca. La barca de Pedro simboliza la Iglesia. La moraleja ilustra una situación que concierne a la Iglesia, a la barca que parece sucumbir ante el furor de las olas y la tempestad, el miedo y la poca fe de los apóstoles mientras nuestro Señor duerme en medio del peligro.

Nuestro Señor estaba realmente dormido, no es como dicen muchos predicadores –que les estaba probando, que fingía dormir–, cuando lo que prueba es la pura realidad de la vida, la verdad y no la ficción. Sería apenas, como dice el padre Castellani –propio de un mal maestro de novicios que prueba con ficciones, cuando hay de sobra ocasiones para probar, que se presentan en el contacto diario con la realidad misma de la vida sin necesidad de estar fingiéndolas y lo que es peor, atribuírselas a nuestro Señor– otorgarle nuestra estupidez al Señor.

¡Pues no! Nuestro Señor dormía, ¿cómo?, ¿cuántas veces en cualquier lugar se queda dormido un niño porque le vence el sueño? Así nuestro Señor, como un niño y mucho más inocente, dormía simplemente por estar fatigado, cansado, pero también aprovecha la ocasión de ese cansancio, para que mientras Él dormía, les quedase más grabado el milagro que iba a ejecutar y mostrarles a sus discípulos, y a nosotros, que debemos permanecer íntegros porque el miedo ante el peligro de naufragar, y de que se hunda la Iglesia, viene de la poca fe.

Es una luz para estos tiempos en que realmente la Iglesia parece que va a ser tragada por las olas. El mar siempre ha designado en las Escrituras el mundo, porque es a través del mar como se ejercía el comercio y se traficaba de un continente a otro trayendo mercancías de Oriente. El mundo siempre ha sido representado por el mar, mientras que la tierra firme significaba y significa la religión. Entonces, es la Iglesia en medio del mar, en medio del mundo, y está a punto de sucumbir, de zozobrar, de hundirse, de naufragar tal cual lo vemos hoy, mucho más que los apóstoles podían haberlo visto en aquel entonces, cuando la Iglesia apenas comenzaba.

Es de gran utilidad para que no temamos ante la crisis que parece hacer naufragar a la Iglesia y que Cristo, aunque parece estar dormido sin hacer nada, está allí, y que confiemos en su presencia, despierto o dormido poco importa; Él es Dios y está en su Iglesia y es Él quien mantiene a su Iglesia. “Hombres de poca fe”, ¿acaso nuestro Señor, dormido como estaba, no podía salvarlos sin que lo despertasen? Por eso el fuerte reproche que les hace. Es más, Santo Tomás dice que también les pudo decir hombres de poca fe porque aun ellos mismos, si hubiesen tenido suficiente fe, hubieran mandado aplacar la tempestad.

Nosotros, hoy, viendo a la Iglesia, la barca de Pedro a punto de naufragar, si somos conscientes y tenemos fe y vemos la situación religiosa del mundo y de la Iglesia, concluimos que es un desastre. Pareciera que va a naufragar, pareciera que la Iglesia va a sucumbir en medio de las olas de la tempestad del mar, de esa tempestad demoníaca, que nos toca sufrir. Y digo demoníaca porque ya no es el simple mundo, los pecados del mundo, sino que excede a lo que siempre hubo; cochina pornografía a través de la televisión, de las revistas, del cine, que antes tenía el nombre distintivo de cine rojo que lo catalogaba como inmoral o impúdico; ahora no tiene nombre, como si hubiese dejado de serlo por estar a la orden del día; se utiliza el adelanto de la técnica también para exacerbar las pasiones del hombre a tal punto que ya no lo satisface ni el mismo pecado; tal desenfreno es demoníaco; utilizar el poder de la técnica para excitar todo aquello que aleja al hombre de Dios, jamás se vio tal perversión.

Lo que hace a la televisión actual demoníaca, no es simplemente un aparato, un instrumento inofensivo, como bien podría serlo si estuviera sanamente encaminado, pero lo está maliciosamente para separar al hombre de Dios y llevarlo al infierno. La música rock y el arte moderno son diabólicos. Son la destrucción del Ser y el Ser lo hace Dios, eso es querer destruir a Dios. No se puede hablar de que sea simplemente sensualidad, lujuria o carne, sino una corrupción total del Ser y vemos a la gente caer en la droga, en la desesperación, en el asesinato, en el suicidio, como algo generalizado, jamás visto; todo eso es demoníaco y no quisiera seguir enumerando para no alargarme.

Si vemos, entonces, en medio de ese mundo a la Iglesia a punto de sucumbir, no temamos y afrontémoslo con fe, sabiendo que nuestro Señor está en su Iglesia aunque no lo veamos, aunque aparentemente no haga nada, pues su sola presencia basta, Él salvará a la Iglesia, es Él quien conminará el mal.

Y viene muy al caso, y no es la primera vez que se menciona al pie de esta crisis sin igual, sin par -no será obtenida la victoria sin la intervención de Dios– aunque no todo el mundo la vea, no será por los pactos, los arreglos, los convenios; tampoco por palabras de hombre ni por mano de hombre –será por el poder de Dios que esta crisis acabará–. De ahí la necesidad de que Él venga. Pero la segunda venida la tenemos muy acallada, demasiado en la sombra, y actualmente es imprescindible entenderla, porque en la Edad Media, en pleno apogeo espiritual y florecimiento de la Iglesia ¡qué importaba!, lo revelado en el Apocalipsis no los implicaba directamente, pero ahora cuando han pasado tantos años y siglos, y cuando vemos realizarse las profecías anunciadas por nuestro Señor, no nos queda más que pedir su segunda venida para que Él venga y restaure su Iglesia, para que nos juzgue por su segunda venida, por su aparición y por su reino.

Tenemos muy acallada la petición del Padrenuestro: “venga a nosotros tu reino”, ese reino aquí en la tierra lo tenemos muy confuso, y por eso en todas las verdaderas apariciones de nuestra Señora, Ella ha tratado de aclararnos la inminencia del peligro, el castigo y el triunfo final de su Corazón, que es el triunfo de Cristo Rey. Ese triunfo tiene que coincidir con la destrucción de la apostasía, del gran misterio de iniquidad y con la destrucción del anticristo, y ese triunfo requiere su venida. Por eso San Pablo, en la epístola de las Misas dedicadas a los doctores, quienes hoy brillan por su ausencia (los doctores en la Iglesia son los obispos), habla de la venida de nuestro Señor y de cómo Él viene a juzgarnos por su segundo advenimiento, y su reino.

Es Él, entonces, quien nos salvará de la situación actual, no es el hombre, no somos nosotros, y de ahí la urgencia de recurrir, de pedir que Él venga, como lo pide San Juan: “Ven, Señor Jesús”; como termina el Apocalipsis, en el cual se nos muestra toda la Historia hasta el final de los tiempos y por lo mismo es el último libro del Nuevo Testamento y también su única profecía (el Antiguo está lleno de ellas), porque es la gran profecía próxima al segundo advenimiento de nuestro Señor y de los acontecimientos en su Iglesia; nos muestra la situación al fin de los tiempos que son los nuestros, como lo evidenciamos por doquier con una mínima instrucción religiosa, además de la fe y de la gracia de Dios, porque si no, tampoco se vería.

Por lo que a la religión respecta, la representación misteriosa de las dos mujeres en el Apocalipsis, la gran ramera y la mujer santa y pura, la parturienta vestida de sol. Qué significan esas dos mujeres sino el Israel de Dios, la religión, y cuántas veces en el Antiguo Testamento Dios trata al pueblo elegido, al Israel de Dios, como una mujer y cuando se porta mal, como una mujer infiel que ha fornicado y adulterado. Pues eso significa la fornicación en lenguaje sacro, la adulteración de la religión, eso es la abominación, por lo que esas dos mujeres están mostrándonos al fin de los tiempos, el estado de la religión; dos polos, la religión fiel, la mujer vestida de sol, la parturienta que alumbra (se puede asociar en la santidad a esta mujer y la Virgen María, mas no en su parto como muchos tratan de verlo, pues sería un error teológico ya que la Santísima Virgen no parió con dolor y en la persecución). Ya muchos santos Padres lo han tratado de exponer para que no se haga una falsa exegesis según el capricho de teólogos modernos anteriores a esta crisis; pero, con respecto a las profecías de Dios y su primer advenimiento que muy pocos vieron y se percataron de que ya el Señor se había hecho hombre, cuando ellas Lo identificaban; así estamos ahora en la Iglesia respecto no ya a la primera, sino a su segunda venida, la Parusía.

La otra mujer, el polo corrompido de la religión, el otro extremo, el de corrupción y no el de fidelidad, lo representa la gran ramera, meretriz, esa mujer sobre la bestia y que en su frente lleva la palabra “misterio” lo cual asombró a San Juan, porque es la misma bestia que sale del mar, el anticristo, la mujer sobre el anticristo y vestida de rojo, púrpura, color por excelencia de los cardenales, y bebiendo el cáliz de la sangre de los mártires, aprovechando en su favor la sangre de los mártires y de los santos, para corromper.

A San Juan le llamó la atención el estado de postración de la religión, cabalgando sobre el anticristo, bebiendo la sangre de los mártires. El símbolo de esa ramera nos previene a cuidarnos de las seducciones de esta mujer que no es una bestia pero que está sentada sobre la bestia, peor todavía, tal como está pasando hoy, la religión oficial corrompida, vestida de púrpura, llevando el misterio de su iniquidad en la frente, bebiendo el cáliz de su abominación, aprovechando en beneficio propio la sangre de los mártires y prostituyendo, corrompiendo, adulterando la religión; esa es la Roma que hoy con sus halagos y encantos quiere seducir a la Iglesia fiel, a la religión que ha permanecido fiel. Por eso debemos pedir no ser engañados, para no caer en la atracción de esa gran ramera que lo único que quiere es que forniquemos con ella, que bebamos, embriagándonos con la sangre de los santos mártires. ¡Misterio de iniquidad! Pero ahí lo tenemos y nos toca sufrirlo hasta que culmine y sea la hora de la segunda venida de nuestro Señor.

En ese momento, el mal parecerá haber vencido al bien y la Iglesia verdadera vencida por la falsa, la religión prostituida, y utilizando el nombre de católico, de Dios, y de Roma, pero ya San Pedro siendo Papa de Roma lo escribía; no dice Roma, dice Babilonia, capital de la corrupción, de la prostitución religiosa y moral y, desde aquí, desde Babilonia. ¡Cuidado! Sabiendo interpretar las Escrituras sirvámonos de ellas para conservar nuestra fe, que también según está significado en el Apocalipsis, cada vez más es reducida a su mínima expresión, la elección de las ciento cuarenta y cuatro mil vírgenes es decir, las que no fornicaron con la gran ramera, no corrompieron su fe; por eso son vírgenes.

Pidamos a nuestra Señora que acelere su triunfo que será el triunfo de Cristo Rey y que seamos fieles testigos de nuestro Señor en la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, porque no hay otra Iglesia, aunque el anticristo se siente sobre la cátedra de Pedro, como de hecho lo dice claramente nuestra Señora en La Salette con la cara entre las manos llorando; no está riendo, está derramando lágrimas por todo lo que hoy está pasando. Su triunfo será nuestra gloria y de ahí la gran persecución, de una parte, y por otra, seducción y promesas como el obispado o el cardenalato para aquellos sacerdotes imbéciles.

Monseñor Castrillón fue premiado con el cardenalato por haber sido uno de los tres canonistas que propugnaron la libertad religiosa en Colombia, vestido ahora de púrpura e invitándonos a que bebamos de esa profanación del cáliz de sus abominaciones. Imploremos a nuestra Señora luz y fe en estos tiempos terribles. Roma está siendo hoy prostituida; hace lo indecible por absorbernos y Dios nos dé la cohesión y la firmeza, para no dejarnos engañar. Los europeos son ingenuos, ellos no tienen la malicia indígena nuestra, o la oriental, por lo que a veces los gringos, incluso los alemanes, los suizos y los franceses nos parecen, a veces, tontos; el latino tiene esa malicia indígena (gracias a Dios) es una ventaja cuando se la utiliza para el bien, pues crea frutos de santidad: por oposición, es un peligro que un colombiano sea hoy en Roma la voz cantante, el contacto para reducirnos y envolvernos en la abominación en la cual ellos están, porque no tenemos absolutamente nada que pedir, ya que no estamos haciendo nada que no sea conforme a la sacrosanta tradición romana y apostólica.

Entonces, ¿qué nos pueden dar? y ¿a qué precio?, porque una ramera no da nada si no se le paga. El precio será la apostasía, por eso en el fondo no hay nada de qué hablar, simplemente dar testimonio íntegro de la verdad y ese es nuestro deber y para eso tenemos que prepararnos.

Que la Santísima Virgen, como a niños indefensos, nos cubra con su manto, porque el resistir no será producto del esfuerzo humano; es imposible resistir sin la ayuda de Dios, sin la ayuda de nuestra Madre del cielo y a Ella debemos invocar, tal cual como inspirado del cielo Monseñor Fellay pide en estos momentos, se rece esa oración a la Santísima Virgen María, durante un mes, comenzando a partir del día 16 de enero, que también se llevará a cabo la consagración de la Fraternidad al Corazón doloroso e Inmaculado de la Santísima Virgen María, con la intención expresa de que acelere su triunfo. +

BASILIO MERAMO PBRO.
28 de enero de 2001


sábado, 2 de febrero de 2019

Fiesta de la Presentación del Niño Jesus en el templo, o Purificación de la Santísima Virgen María o de las Candelas


Tomado del MISAL DIARIO COMPLETO por el P. Luis Ribera CMF, España 1954:

    Esta fiesta nos recuerda la escena Evangélica de la Presentación de María en el Templo a los cuarenta días del alumbramiento, como ordenaba la ley a toda madre que daba a luz a un hijo.   El origen de la procesión es de las mas remota antigüedad  pero la bendición de las candelas es de época más posterior, o sea del siglo X.

EPÍSTOLA:

      De Malaquias Profeta 3, 1-4- Esto dice el Señor DIOS:  He aquí que yo envío a mi Ángel para preparar el camino delante de mi.    Y luego vendrá a su tiempo el dominador que vosotros buscáis, y el Ángel tan deseado de vosotros. Vedle ahí que viene, dice el Señor de los Ejércitos;    Y ¿Quien podrá pensar en lo que sucederá el día de su venida?, Y ¿Quien podrá pararse a mirarle?  Porque Él será como fuego que derrite y como la hierba jabonera de los bataneros.    Y sentarse ha como el que funde y purifica la plata;   Y de este modo purificará a los hijos de Leví, y los acrisolará como el oro y la plata;  Y así ofrecerán al Señor sacrificios con Santidad    Y entonces será grato al Señor el sacrificio de Judá y de Jersusalén.   Como en los siglos pasados y en los años antiguos:  dice DIOS omnipotente.

EVANGELIO:

      + Evangelio según San Lucas 2, 22-32.-  Cumplido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor:  todo primogénito varón serpa consagrado al Señor;   Y para presentar la ofrenda de un par de tórtolas, o dos palominos, como está ordenado en la Ley del Señor.   Había a la sazón en Jerusalén un hombre justo y temeroso de Dios, llamado Simeón, el cual esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo moraba en él.   Él Espíritu Santo le había revelado que no había de morir antes de ver al Cristo.   Así vino inspirado de Él al templo.    Y al entrar con el Niño Jesús sus padres, para practicar con Él lo prescrito por la Ley, tománmdole Simeón en sus brazos, bendijo a DIOS, diciendo:  Ahora, Señor, sacad en paz de este mundo a vuestro siervo, según vuestra promesa, porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado, para que, expuesto a la vista de todos los hombres, sea luz que ilumine a los gentiles, y gloria de Israel, vuestro pueblo.-

domingo, 27 de enero de 2019

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En este tercer domingo de Epifanía tenemos el doble milagro que relata el Evangelio, el de la curación del leproso y del centurión. La del enfermo, como el más miserable de todos, peor que un mendigo, porque quedaba excluido del trato y de la convivencia social, y la del centurión, como quien diría de un general del Imperio romano; dos extremos de la escala social. Vemos cómo nuestro Señor no hace distinción de clases, ni de ricos ni de pobres, porque es Dios de todos los hombres y de todas las criaturas. Y así le hace el milagro a ese pobre leproso que le pide, si Él quiere, que le cure; nuestro Señor extiende su mano y lo sana y le recomienda que no le diga a nadie; ¡qué pudor! Porque solamente por un miramiento religioso quería nuestro Señor ocultar como todo verdadero hombre, que no se anda pavoneando como una “vedette”, sino todo lo contrario, oculta su religiosidad, su santidad, su virtud, por pudor, para no mostrar lo mejor que tiene de Sí porque es para Dios y no para los hombres.

Qué gran lección, para que no nos ufanemos como pavos reales cuando entremos a la iglesia. Dicho sea de paso, no digo que todos, pero algunos fieles creen que el templo es para estar saludando al amigo o al conocido, o al íntimo; dejen eso para cuando salgan y no dentro de la iglesia. Aquí se reverencia a Dios con una genuflexión; no venimos a saludar a nadie más, para eso está la calle y lo digo con dolor porque es chocante y muy tonto, porque no es ninguna forma de educación; es todo lo contrario. ¿Y todo para qué?, ¿para ser admirados de los demás?

Por eso nuestro Señor en este grado de profunda humildad y de decoro manda a que no lo diga a nadie, que calle aquello que acaba de acontecer. No obstante le indica, según la ley de Moisés, que vaya a los sacerdotes para que sirva de testimonio y así también pueda regresar a la sociedad sin quedar excomulgado de ella y pueda tener ese contacto social del cual estaban excluidos todos los leprosos ya que se les consideraba peor que cualquier mendigo.

Vemos también el otro milagro, el del centurión, ese hombre que tenía a su mando hombres, pide por un criado suyo, paralítico. Le ruega a nuestro Señor que lo sane y Él le dice que irá a curarlo; cuánta fe tendrá este centurión que le dice que no hace falta, que solamente basta con que Él dé una orden, tomando como ejemplo su caso, ya que en su ejército, con dar una orden van, y da otra y vienen. Mucho más entonces nuestro Señor, que con una sola disposición suya bastaba para que su criado fuese curado. Nuestro Señor no dejó de expresar admiración por esa gran fe que no había visto en todo Israel, en todo el pueblo de Dios, sino en un pagano; ¡qué ejemplo! ¡Cómo un infiel tenía más fe que todos los hijos de Israel! Nuestro Señor cura en aquel instante a ese siervo del centurión y hace el gran reproche.

Esa recriminación a los judíos, a quienes antecedió la manifestación de la entrada de los gentiles en el reino de Dios, “muchos vendrán de Oriente y de Occidente y estarán con Isaac, Jacob y Abraham, y los hijos del reino; esos serán echados a las tinieblas exteriores, al infierno”. El averno, que ha sido negado o por lo menos puesto en duda en la nueva predicación actual y, sin embargo, aquí nuestro Señor hace alusión a él. Y así entonces manifiesta la entrada de los gentiles y muestra la reprobación de Dios del pueblo elegido de Israel por no tener fe, la el centurión, porque si la hubieran tenido no le hubieran crucificado.

¿Cómo es posible que este centurión pagano, un soldado romano, tenga esa fe que los hijos de Israel no tenían? ¿Qué fue lo que pasó si ellos tenían las Escrituras, las profecías? ¿Por qué no reconocieron a nuestro Señor, como sí lo hizo este humilde centurión pagano? Eso da mucho que pensar. Y la razón de ello está en la corrupción religiosa. Por la deshonestidad religiosa el pueblo judío, elegido de Dios, no reconoce a nuestro Señor; ese es el gran misterio de la reprobación de los judíos y por eso anuncia el ingreso de los gentiles.

Esa putrefacción de la religión, del culto, de la palabra de Dios, fue lo que llevó al pueblo judío a negar a nuestro Señor, a no aceptarlo y a crucificarlo; y esa depravación religiosa, cultual, es lo que se llama fariseísmo, que es la peor de las corrupciones; porque no es solamente la de la moral, de una virtud, sino la de toda la religión, de todo el culto de Dios, de toda nuestra relación con Él. De ahí lo grave y la gran lección que debemos sacar, porque si la religión católica al fin de los tiempos se llegase a corromper como ciertamente lo anuncia nuestro Señor en las Escrituras, ¿qué quedará de la Iglesia?, ¿qué quedará de los fieles?, peor que el pueblo de los judíos y eso es lo que hoy está aconteciendo; estamos ante la corrupción de la religión católica y la cultual.

¿A dónde iremos a llegar? A la apostasía, en la cual culminará el anticristo en su supremo afán de querer destruir el reino de Cristo. Pero como Dios es todopoderoso permite eso porque al fin y al cabo su Sagrado Corazón triunfará, el que ya triunfó en la cruz, aunque no se hubiera evidenciado ese triunfo como rey. Por eso lo esperamos a Él en su segunda venida como rey y juez de todo el orbe. Por eso no debemos asustarnos y en cambio sí estar preparados para que teniendo las Escrituras en las manos, la Sagrada Biblia, no nos pase igual que a los judíos, que por un misterio de iniquidad se corrompa nuestra fe, nuestra religión y así nos encontremos en peor estado que los judíos. Por ello se habla de la gran tribulación para el fin de los tiempos y vemos esta corrupción no sólo de la moral, de los principios, de la familia, de los pueblos, sino dentro de la misma Iglesia; deshonestidad del clero, de sacerdotes, monjes, monjas, cardenales, obispos; por eso el enemigo aprovecha. ¡Qué escándalo abominable!, ¡contra natura! y todos los crímenes que podamos imaginar.

Todo lo anterior nos debe hacer reflexionar para que nos mantengamos incólumes en la fe, como dice nuestro Señor; esa fe admirable que tuvo este centurión pagano. Cómo, entonces, nosotros no vamos a permanecer en la fe católica, apostólica y romana si se lo pedimos a Dios de todo corazón. Y la manera más expresa de guardar la fe, en este mundo actual, en medio de este progresismo, de este modernismo que está destruyendo la religión, falseándola, adulterándola, es asistir a la Santa Misa que es el misterio de la fe, mysterium fidei; de allí se irradia todo lo demás.

Por eso la gran importancia de la Santa Misa verdadera, romana, tridentina, canonizada, apostólica, todos títulos que no tiene la nueva, que no es romana sino protestantizante, que no es apostólica sino fabricada allí bajo la supervisión de seis pastores infieles. Esa es la importancia de tener esta capilla aunque sea pequeña, modesta, pero que es un baluarte de fe, como un faro, así como el de Alejandría que era una de las siete maravillas del mundo antiguo; que así sea esta capilla, por lo menos para Colombia, un faro de fe. Así les pese al cardenal, al nuncio y a toda la jerarquía que no defiende la fe católica y que usurpa la autoridad al igual que los judíos para crucificar a nuestro Señor, para a la Iglesia que está sufriendo hoy su pasión porque esto no es más que la pasión de Cristo en su cuerpo místico que es la Iglesia, si no no se comprenderían todas estas aberraciones, no tendrían lógica ni razón de ser que es la corrupción religiosa por la falta de fe.

Debemos, pues, permanecer firmes en la fe para que el demonio no nos devore, ya que “como león rugiente gira a nuestro alrededor”, como lo dice San Pedro, el primer Papa de la Iglesia católica: “Hermanos, sed sobrios y velad porque el demonio, como un león rugiente, gira a nuestro alrededor buscando a quién devorar”.

He allí el testimonio, una sola palabra de Dios, una sola palabra de nuestro Señor basta, la fe no requiere más, no requiere pompas, riquezas ni glorias sino simplemente esa adhesión a la palabra de Dios, a la palabra divina; esa es la luz del mundo y por eso las tinieblas, el eclipse de la Iglesia del que habla nuestra Señora en La Salette. Se mencionan tantas apariciones que no sabemos ni somos capaces de sacar la inteligencia de ellas y, sin embargo, aquí en Colombia tenemos un pequeño libro de monseñor Cadavid, de 1953 o 1954, sobre Siracusa, en el que relaciona todas las verdaderas y más importantes apariciones de nuestra Señora, importancia que tienen como una advertencia para los últimos tiempos en los cuales la fe claudicará.

Por eso la necesidad de que haya un rebaño de fieles, pusillus grex, del cual habla San Lucas para que permanezcamos fieles a la Iglesia católica, apostólica y romana, a nuestro Señor y no seamos unos falsarios, traidores y, menos aún, unos corruptos investidos con la autoridad de la jerarquía para hacer el juego a Satanás corrompiendo la religión, la fe como hace la gran mayoría de la jerarquía. Por eso, tampoco debemos asombrarnos de que no seamos muchos porque más vale pocos y buenos que muchos y malos; más vale estar en la soledad con la verdad y no con el error en compañía, porque esta soledad vale mucho más. Es mejor estar en el desierto, en la soledad, en la aridez que acrisola la fe; en ese arenal por el cual pasó el pueblo judío durante cuarenta años para purificarse antes de entrar en la tierra prometida; esa es la fe de los eremitas, de los monjes del desierto.

O, ¿qué queremos nosotros?, ¿una fe en medio de los clubes que no son sino antros de corrupción social? Pues la Iglesia nos invita al desierto para que nos acrisolemos, nos purifiquemos. Por eso la religión está representada en el Apocalipsis bajo la figura de esa mujer que huye al desierto para que el dragón no la destruya, porque es allí donde tienen que ir los fieles para que no sean devorados por Satanás en los últimos tiempos que son ciertamente los nuestros, aunque no sepamos cuál sea exactamente el término o la duración ya que puede ser larga y entonces, como la mujer que huye al desierto, otro tanto haremos nosotros para purificarnos en la fe y estar, aunque solos, en la verdad y no acompañados en el error.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen, a Ella que permaneció de pie ante la Cruz, para que nos dé ese valor, esa fortaleza y esa fe con la que Ella ofreció a su Hijo como víctima al Padre Eterno y ese es el sacrificio que se renueva mil y una veces sobre los altares en la Santa Misa. Pidámosle a que nos dé ese amor y esa fidelidad a Dios y a su santa religión. +

BASILIO MERAMO PBRO.
26 de enero de 2003

viernes, 25 de enero de 2019

Escrito del P. Basilio Méramo: "QUIEN ES EL QUE ESTA HACIENDO UN GIGANTESCO DAÑO"

QUIEN ES EL QUE ESTA HACIENDO UN GIGANTESCO DAÑO

Hay cosas que, cuando uno se entera, aunque con retraso, por no haberlo sabido en su momento cuando se escribieron, no se pueden seguir ignorando sin dar una respuesta; no tanto para defenderse personalmente (cosa que se puede sufrir con paciencia y resignación), sino para que la realidad, la verdad, sea manifiesta y conocida por su luz propia y no se confundan ni las cosas, ni los fieles.

Al ser confrontado directamente por el P. Altamira, sin tener ni consideración ni recato ante quien se enfrenta, sea por su saber y experiencia mayor que la de él mismo, sea por la edad (el diablo sabe más por viejo que por diablo, como dice el viejo refrán), ya sea por la trayectoria, las capacidades inherentes a cada persona, que, como los talentos de la parábola, no se reparten igualitariamente; además del esfuerzo de investigación y estudio calmo y reposado en la consideración de la verdad y realidad contemplada, para después realizar la gran divisa de Santo Tomás contemplata aliis tradere, esto es, contempla la verdad y después transmítela a los demás, como una obra de amor a Dios (Verdad Suma y Primera) y con su reciprocidad del bonum est diffusivum sui (el bien es comunicativo por sí mismo), redunde en el prójimo como obra de amor hacia él.

Sólo como un acto de caridad, se puede enseñar y educar para poder, por el conocimiento de la verdad, real y verdaderamente hacerla amar, dándola a conocer a los demás y en especial al que yerra y que con su error conculca la verdad, pretendiendo, en su nombre, suplantarla con su idea ilusoria.

Afirmar sin más, diciendo como lo hace el P. Altamira: “El Padre Basilio está equivocado, y él no cesa, ni –creemos– cesará, de hacer un daño gigantesco, daño en general, daño a mí mismo, y mucho más daño aun es el que hace al Padre Pío, y lo hace ‘gratis’, porque no tiene razón”, dada la gravedad del tema, no se puede dejar pasar. Ya sea para no ensanchar la brecha que nos distancie más estando tan cerca, físicamente hablando; pues no es lo mismo una discusión de lejos, que cuando se está tan próximo, puesto que los ánimos se agrían y se podría caer en lo subjetivo y personal, olvidando lo objetivo y real, perdiéndose la objetividad; y la controversia se vuelve riña personal y no de principios y verdades, todo lo cual se ve favorecido por la misma proximidad.

Cómo es posible no haber tenido en cuenta, al hablar del gran daño, el considerar el bien común que se procura al estar dos sacerdotes unidos, apoyándose mutuamente en el combate y afianzando a los fieles, habiendo salido de la Fraternidad San Pío X por su claudicación ante la Roma Pagana y Modernista, en busca de un espurio y pérfido acuerdo para conseguir una certificación como respaldo ante el mundo de su catolicismo; siendo que lo más lógico e importante es permanecer sacerdotalmente unidos en el mismo glorioso y triunfal combate, el último que tendrán los justos que enfrentar en medio de la Gran Tribulación, que, como dice Santo Tomás, es una perversión doctrinal. Así, esta unión que redunda en el bien de los fieles por la unidad en la verdad, está por encima de cualquier otra cosa, incluso por encima de una nueva vocación sacerdotal realizada dudosa y temerariamente en contra del sentido común y el de la misma Iglesia, que en materia sacramental es tuciorista (ir siempre a los más seguro, seguir el camino cierto y sin lugar a dudas), en los sacramentos.

Las consagraciones y ordenaciones que vienen por vía de Mons. Ngo Dinh Thuc son objetivamente inciertas, en cuanto a su validez; y por lo mismo son positivamente dudosas y no sólo negativamente dudosas como quiere y pretende con su razonamiento díscolo, el P. Altamira.

Digo díscolo, sin ofender la persona, pues me refiero a la lógica interna del pensar y razonar, pues no advierte lo desencajado que es el afirmar que no hay duda positiva, del mismo modo que no la hay con las realizadas por Mons. Lefebvre, quien fue ciertamente ordenado sacerdote y posteriormente consagrado obispo por el Cardenal Achille Lienart, de quien no hay duda que fue un masón, pero que no hay duda de que puede hacerlo.

De un masón no hay duda que pueda realizar un sacramento válidamente, si cumple con el rito, es decir con los requisitos que la Iglesia impone sobre los sacramentos. Pero un inhábil mental, no tiene tal capacidad; su caso no se puede comparar con el de un masón que sí la tiene, pues en sí mismo no tiene la capacidad mental como no la tiene para realizar un pecado mortal.

Si hay duda sobre el estado mental, y no se pueda tener certeza, pero dada la conducta de Mons. Thuc que deja mucho que decir y desear por los hechos puntuales y concretos, esta duda es objetiva positiva y no son meras suposiciones, elucubraciones, posibilidades o hipótesis.

Tampoco se puede igualar o equiparar el caso de un masón, que sí puede consagrar, y el de un loco que no puede consagrar. Tenemos el caso en época de San Pío X del Cardenal Rampolla, que fue electo Papa en el cónclave y vetado por el Archiduque de Austria y en su defecto fue electo San Pío X y éste, al descubrir después de muerto que era un masón, no cuestionó ninguno de los sacramentos que realizó. Esto basta para que quede claro que no son casos comparables ni equiparables, y que la duda no es la misma, como un masón, ciertamente masón puede consagrar; un loco, ciertamente loco, no puede consagrar. Y, si se duda si está loco o no está loco, hay una duda positiva sobre la validez del sacramento realizado, por no saberse si realmente estaba o no estaba loco, pero no hay duda de que un loco no puede válidamente conferir un sacramento; sobre eso no hay duda.

No ver la diferencia, tal como lo hace el P. Altamira, denota incongruencia mental, al querer comparar las dos cosas, que no son comparables: un loco es un inhábil mental, un masón no es un inhábil para consagrar.

Quede claro el planteo que el P. Altamira no quiere aceptar; no hay duda de que un loco no puede consagrar, tampoco hay duda de que el Card. Achille Liénart, que fue masón, sí podía consagrar. No hay duda de que un masón puede consagrar; otra cosa es que no quiera hacerlo como es el caso de cualquier obispo que siendo capaz de consagrar, no quiera. Una cosa es no poder por incapacidad y otra cosa es no querer por voluntad, pudiendo hacerlo. De lo que sí hay duda es del estado mental de Mons. Ngo Dinh Thuc, si estaba o no en su sano juicio; luego, hay duda acerca de si pudo consagrar o no y, ante la duda, no queda más que abstenerse.

Todos los thucistas que ponen en duda la ordenación sacerdotal de Mons, Lefebvre, o que la niegan, mientras que aceptan la consagración episcopal del P. Morello, no se dan cuenta de su crasa postura, pues reconocen la ordenación sacerdotal del P. Morello por Mons, Lefebvre, a menos que caigan en el error del mismo P. Morello al decir que el episcopado suple la ordenación sacerdotal y este error lo señaló Santo Tomás al decir: “La potestad episcopal depende de la sacerdotal, porque nadie puede recibir la potestad episcopal, si primero no tiene la sacerdotal”. (Suma Teológica, Suplemento q.40, a. 5 sed contra).

Tenemos además que las posiciones del P. Morello y el P. Altamira, paradójicamente, son contradictorias, pues téngase en cuenta que según el P. Morello, el episcopado suple un defecto de ordenación sacerdotal, ya que al admitir la duda de su ordenación recibida de manos de Mons. Lefebvre y éste de un masón, como lo fue el Cardenal Lienart, al ser ahora obispo, no habría duda de su ordenación, que es suplida por el episcopado; mientras que el P. Altamira toma la fuerza de su argumentación para sustentar la validez de las ordenaciones hechas por un presunto inhábil mental como Mons. Thuc, equiparándolas a las de un masón que sí son válidas. Así pues, el P. Altamira, inversamente al P. Morello, pretende excluir la duda de un inhábil mental, arguyendo que no hay duda en la realizada por un masón.

Al P. Altamira, se le desencaja el rostro cuando se le dice que un masón puede consagrar, porque en el fondo para él, un masón no puede hacerlo, pero como se aceptan las ordenaciones y consagraciones de Mons, Lefebvre, entonces hay que aceptar las de Mons, Thuc. Por eso recurre desesperadamente al argumento de que así como se acepta la ordenación y consagración de Mons, Lefebvre, hecha por un masón, entonces del mismo modo se deben aceptar las realizadas por uno que pudiera ser loco, llegando a manifestar que negar la validez de las consagraciones de Mons. Ngo Dinh Thuc por inhabilidad mental, habría que decir entonces que él mismo no sería sacerdote al haber sido ordenado por Mons. Lefebvre por haber sido ordenado sacerdote por un masón. Por esto es que recurre al artificio que equipara las dos cosas con el fin de obligar a aceptar las consagraciones de Ngo Dinh Thuc, tanto como se aceptan las de Mons. Lefebvre, o si no de lo contrario, habría que negarlas ambas.

Quede claro que un obispo masón (válidamente ordenado y consagrado) es apto para conferir las ordenaciones sacerdotales y las consagraciones episcopales, mientras que un obispo loco, o inhábil mental no lo es, es un inapto.

Hay hechos ciertos que llevaron a plantearse sobre la cordura de Mons. Ngo Dinh Thuc y si estaba lúcido mentalmente o no. Los mismos que hoy defienden la validez de sus ordenaciones cuestionaron su estado mental en su momento, aunque después por conveniencia cambiaron su parecer al respecto.

El P. Barbará resumió así la cuestión respecto de Mons. Thuc: “La recaída en la profanación del sacramento del Orden (la última consagración conferida en una secta fue el 24 de septiembre de 1982 y la falta de firmeza en su promesa de no caer otra vez, permiten hacer una pregunta esencial: ¿Este hombre de 85 años de edad, estaba en posesión de sus facultades? ¿Se daba cuenta de lo que hacía al imponer tan fácilmente las manos a cualquiera? ¿Era verdaderamente responsable de sus actos? Sólo hay tres respuestas posibles a esta cuestión. 1). No, Thuc no estaba en posición de todas sus facultades y no incurrió en las penas previstas por la ley, pero entonces las consagraciones conferidas no son válidas, dado que el consagrante no estaba poseído de sus facultades para la realización de un acto responsable. 2). Sí, el consagrante de estas consagraciones estaba en completa posesión de su facultad. Las consagraciones son válidas pero el consagrante y el consagrado han incurrido en todas las penas previstas por la ley y Thuc, es verdaderamente un obispo escandaloso. 3). No lo sabemos con certeza, tal vez estaba en posesión de sus facultades, quizás no. Esto dejaría una duda en el aire sobre las censuras incurridas, pero también sobre la validez de todas sus ordenaciones”.

Para el P. Sanborn, también había una duda sobre la lucidez mental de Mons. Ngo Dinh Thuc, llegando a decirles a los sacerdotes de la Sociedad San Pío V, que un sacerdote Vietnamita dijo que “Mons. Thuc entraba y salía de su estado de lucidez”. Así mismo, el P. Sanborn dijo que no se podía probar la validez de la consagración de Gérard de Lauriers en el fuero externo, incluso, que si pudiéramos probar la validez, no quisiéramos tener nada que ver con los obispos thucistas porque eran muy sórdidos. Claro que esto lo dijo cuando todavía el P. Dolan no había sido consagrado obispo por Pivarunas, en 1993 que venía de la secta de Spokane.

El P. Cekada a su vez manifestó que era obvio cuán profundamente lo había afectado el triste giro de los acontecimientos, por la muerte trágica de sus hermanos Ngo Dinh Diem presidente de Vietnam del sur y de Ngo Dinh Nhu, quienes fueron asesinados el 2 de noviembre de 1963. El P. Cekada también señaló que Mons. Lefebvre, quien conocía a Mons. Thuc, observó que nunca se había recuperado de la muerte de sus hermanos.

El mismo P, Cekada, se burlaba de lo realizado por Mons, Thuc en el Palmar de Troya supuestamente a pedido de la Virgen, y avalado por la bilocación de Pablo VI, y confirmado por los estigmas recibidos por Clemente Domínguez, del P. Pío, así: “Cualquier otro se hubiera reído a carcajadas rechazando esa propuesta como un absurdo, Mons. Thuc, mostró una colosal falta de sentido común y aceptó”; y, cuando Mons. Thuc justificaba las consagraciones realizadas en el Palmar de Troya el 13 de enero de 1976 diciendo que: “Hemos vuelto a los tiempos apostólicos en que los Primeros Apóstoles se dedicaban a predicar y ordenar sin remitirse al primer Papa”, señala el P. Cekada expresando con ironía: “es posible que él se haya olvidado de la milagrosa bilocación de Pablo VI”; y podríamos agregar nosotros, y de la petición de la Virgen, así como de los estigmas recibidos por Clemente Domínguez.

Estos testimonios de por sí son irrefutables y no se los puede mandar al canasto de la basura, ni cambiar de parecer, pues los hechos están; son hechos y contra ellos no hay argumentos.

Sin embargo para que los fieles tengan datos que por sí mismos dan luz, vamos a enumerar brevemente algunos de los actos de Mons, Ngo Dinh Thuc:

1. Como ya hemos visto, ordena y consagra a los del Palmar de Troya, a pedido de la Virgen, y avalado por la bilocación de Pablo VI y por los estigmas que recibió Clemente Domínguez.

2. Siendo excomulgado el 17 de septiembre de 1976, se retracta y pide perdón (al que según él, era el sosías) y el 7 de octubre del mismo año 1976 en el Osservatore Romano, edición inglesa, se publica dicha retractación y perdón.

3. Entre tanto ya había consagrado al hereje apóstata Compte de Labat d’Arnoux el 10 de julio de 1976. Esto de apóstata lo dice el P. Barbará, al afirmar que: “Era sólo uno de los muchos de los apóstatas de la Iglesia Católica que se convirtieron en obispos thucistas”.

4. Consagra a un vetero-católico de la pequeña Iglesia de Toulouse, Laborie, el 8 de febrero de 1977, unos cinco meses después de haber pedido perdón a Roma por las anteriores consagraciones. Sobre el mismo, el P. Cekada decía que: “El arzobispo Thuc elevó al episcopado por enésima vez a Jean Laborie, jefe de una secta cismática de los viejo-católicos, de la Iglesia Latina de Toulouse”. Por si fuera poco agrega: “también ordenó a otro viejo-católico de Marsella llamado García”.

5. Consagra a Roger Kozik y Michel Fernández en 1981, habiendo sido ya consagrados en el Palmar de Troya en 1979. Podríamos pensar que hasta Mons, Ngo Dinh Thuc, dudaba de las consagraciones del Palmar de Troya, siendo que él fue su artífice consagrante. ¡Esto parece de locos! Sobre estos dos personajes el P. Barbará alertaba a los fieles a cerca la secta iniciada por ellos, advirtiendo: “Roger Kozik y Michel Fernández deben de ser considerados como lo que todavía son, es decir, apóstatas de la Iglesia Católica”.
Estos dos, Kozik y Fernández fueron ordenados tres veces sacerdotes, primero por Jean Laborie, después por André Enos, obispo viejo-católico y finalmente fueron ordenados por un obispo thucista del Palmar, para ser rematados, es decir consagrados obispos por Mons, Thuc. ¡Qué cordura, qué lucidez! Si esto no es una confusión, ¿qué parece? una merienda de locos.

6. El Jueves Santo de 1981, Mons. Thuc, concelebró la Nueva Misa con el obispo Barthe de Toulon en Francia, luego al ser cuestionado por este hecho, se excusa del siguiente modo que el P. Cekada refiere: “Él dijo que eso fue porque ese día no podía celebrar solo…Sucede que fue una falsa concelebración, porque él dijo que no comulgó. Porque cuando el padre no comulga, no hay Misa”. Además de la tan disparatada respuesta en boca de un obispo, por su errónea concepción sobre la validez de la Misa, Mons, Thuc con su excusa demuestra que es capaz de realizar un rito sacramental inválido, o sea, el remedio peor que la enfermedad.

7. Tres semanas más tarde, consagra a Gérard des Lauriers el 7 de mayo de 1981 y a Carmona y Zamora el 17 de octubre del mismo año.

8. Mons. Thuc después de haber consagrado a los padres Gerard des Lauriers, Carmona y Zamora, servía de asistente y acólito a la Misa Nueva hasta principios de 1982, como lo afirma el P. Barbará: “Con la autorización del obispo conciliar de Toulon, Mons.Thuc tenía un confesionario que se le había asignado en la catedral del obispo conciliar y hasta comienzos de 1982, Mons. Thuc ayudaba diariamente en la Nueva Misa celebrada en esa misma catedral. Luego, en febrero de 1982, exactamente 7 meses antes de consagrar al obispo viejo-católico Christian Datessen, declaró que la Nueva Misa era inválida y que la Sede de Roma estaba Vacante”. Dicha declaración fue el 25 de febrero de 1982.

9. Consagra a Christian Marie Datessen, viejo-católico, el 25 de septiembre de 1982 y que había sido consagrado antes por Enos, el 10 de septiembre de 1981. De este Datessen viene Squetino, que es un obispillo con ínfulas de cardenal por su conclavismo cismático, pues no son los fieles y el clero tradicionalista los que eligen al Papa, sino el clero de Roma, es decir, los sacerdotes párrocos de la ciudad de Roma que eligen a su Obispo, y bajo este título es que los cardenales eligen al Papa como párrocos de Roma.

A su vez, Datessen consagra obispo a Enos poco después. Este Enos era un sacerdote católico que en 1950 apostató de la Iglesia y se convirtió en obispo de una secta conocida como Santa Iglesia Viejo-católica, fundada por Charles Brearley, quien era casado, su secta era una renovación de la Iglesia Evangélica Viejo-católica. Este Brearley deseaba renovar ese cuerpo, pero sobre moldes nuevos, estableciendo así un instituto Ecuménico Nueva Era.


Hay muchos otros casos más del desastroso proceder errático de Mons. Ngo Dinh Thuc, pero que no lo vamos a mencionar para no seguir alargando la lista.


Es lamentable que después de todo esto, el P. Altamira siga insistiendo, engañándose a sí mismo y a los fieles, diciendo que son “cosas malas”, como las podría hacer cualquier mortal, diluyendo así su gravedad que raya en la locura o si no en su defecto en el cisma puro y duro por la comunicatio in sacris.


Así pues, en el mejor de los casos, Mons. Thuc, de no estar afectado en su lucidez mental, sus consagraciones serían válidas, pero tan cismáticas como la de los Ortodoxos, por haber consagrado a tantos cismáticos y herejes como los viejos-católicos; y si no estaba lúcido, no era responsable de sus actos y no es cismático, pero las consagraciones serían inválidas, tal como el mismo P. Barbara planteaba en un principio antes de cambiar por conveniencia al verse en un callejón sin salida.


Pero como no podemos a ciencia cierta saber si fue lo uno o lo otro, y no se puede determinar su lucidez mental, queda la duda de si estaba o no lúcido y por lo mismo habría duda de la validez, pero aquí es donde el P, Altamira fuerza las cosas y pretende equiparar el caso de un loco al de un masón, cuando no son equiparables, porque no hay duda de que un loco no puede consagrar, como tampoco hay duda de que un masón sí puede consagrar, y por eso ante la duda, abstención tuciorista se impone y esto sólo basta.


Hay que decir además, en contra de la falsa idea fraguada por los intereses thucistas, que Mons. Thuc fue un gran baluarte de la fe y de la tradición, esto está en plena contradicción con su proceder y postura en el Concilio Vaticano II, donde se manifestaba por la pluralidad de cultos y la apertura de espacios a la mujer para las funciones litúrgicas. Su misma concelebración en la Nueva Misa con el obispo de Toulon un Jueves Santo, y la asistencia diaria como acólito en la Nueva Misa bajo la protección de un obispo modernista como el de Toulon, bajo el cual se cobijaba. En realidad le daba lo mismo, por la misma ambivalencia de su mentalidad oriental y antirromana. Querer enaltecer la imagen de Mons. Thuc es estar obsesionado por la irrealidad, y peor aún cuando quiere pisotear la imagen del verdadero paladín de la Tradición, Mons. Lefebvre, quien junto con Mons. De Castro Mayer han sido traicionados por su mismos discípulos.


En conclusión y la verdad, aunque duela, es el P. Altamira mismo el que ha hecho a los fieles y se ha hecho a sí mismo un gigantesco daño y el que lo ha causado al mismo Pío; y todo por seguir su precipitado parecer sin oír consejo, y como ya es sabido, quien no oye consejos, no llega a viejo.


No olvidemos tampoco, como al P. Altamira en tan poco tiempo, pasó de la posición antisedevacantista, a la sedevacantista thucista, que es lo propio del actuar de aquellas personas que más que por principios y verdades obran por condicionamiento según el interés y el fluir de los acontecimientos.



P. Basilio Méramo.
Bogotá, 25 de enero de 2019

domingo, 20 de enero de 2019

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En este segundo domingo después de Epifanía, cuyo tiempo litúrgico corresponde a los domingos después de Epifanía vemos en el evangelio de hoy el primer milagro que hace nuestro Señor Jesucristo en Caná.

Primer prodigio, con lo cual se descartan todos esos escritos apócrifos que hablan de los anteriores que nuestro Señor Jesucristo hiciera desde pequeño. La Iglesia siempre ha desechado esos apócrifos de los cuales la literatura barata quiere hacer misterio y propaganda, aunque cuenten cosas que nos parezcan buenas; de todas formas al tener errores no son libros inspirados, luego no son la palabra de Dios, que es precisamente lo que nos interesa de las Escrituras, que sí son la palabra de Dios. Y lo que nos dice este evangelio de Dios, es que es el primer milagro que hace nuestro Señor, que Él no quiere hacer, pues le da una respuesta a nuestra Señora, que aparentemente puede ser áspera, como quien dice qué nos importa a ti y a mí, si no ha llegado mi hora, si no es lo mío, no me incumbe; sin embargo lo hace a instancias del pedido de nuestra Señora que se aflige porque falta vino para los convidados en esas nupcias.
Que si nos atenemos a Santo Tomás eran las nupcias de San Juan Evangelista, familiar de nuestro Señor, y por lo mismo, nuestra Señora tomó a pecho esa carencia porque se trataba de sus familiares; por eso entonces Ella no dudó en invocar a su hijo para que hiciera el milagro que no estaba en los planes ordinarios de nuestro Señor; de allí su respuesta: qué nos va a ti y a mí, mujer, si no ha llegado mi hora.

Su hora era la culminante de la obra de la Redención, de su sacrificio en la Cruz. Y sin embargo es por una ficción de caridad que siente nuestra Señora ante los familiares que no podían satisfacer con el vino que faltaba. Eso nos demuestra entonces, cómo nuestro Señor aun cuando Él no lo tenga previsto, por decirlo así, no solamente este milagro, sino todo lo que se le pida o se le invoque a través de su Santísima Madre. La Virgen María tiene ese poder sobre la voluntad de su Hijo, por ser la Madre de Él, de Dios, y ¿qué hijo que quiere a su madre no va a querer lo que Ella le pida? Por eso le hace este regalo, este obsequio y hace su primer milagro a instancias de las súplicas de nuestra Señora en las bodas de Caná.

Bodas de San Juan Evangelista. Es de suponer además que nuestro Señor lo llamó en esas bodas para que fuera su discípulo y que aun virgen, conservara esa virginidad permanentemente a lo largo de toda su vida.

Gran sacrificio de San Juan que en pleno matrimonio, en plenas bodas recibe el llamado de nuestro Señor, para mostrarnos cómo Él nos llama en cualquier momento; lo importante es que respondamos a ese llamado en el momento preciso en que nos interpela, porque es Dios, Rey de cielos y tierra, Señor del Universo y Señor nuestro y por eso la santidad está en hacer su voluntad.

Quien hace la voluntad de Dios no puede pecar, por eso dice San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”, porque, quien ama verdaderamente a Dios, quien hace su voluntad no puede pecar. Cuando erramos es porque nos separamos de ese querer Divino y preferimos el nuestro; pensamos en nuestro propio provecho y no en beneficio de Dios o de las cosas que son de Él. El llamado que Dios hace a cada uno debe tener una respuesta para que no contravengamos la palabra de Dios, su voluntad, sus deseos, que lo común es hacer el deseo de la persona que se ama y por eso para el que ama a Dios no es una tortura, un peso, un tormento hacer su voluntad. Cuando la voluntad de Dios se nos hace un peso, una carga, una dificultad, es porque hay algo en nuestra voluntad que pone obstáculo, que ofrece dificultad o que no cuenta con la suficiente fe y esperanza en recibir los sus auxilios.

Debemos pedir para que nuestra fe aumente cada día, para que nuestra esperanza esté en Dios y poder corresponder al amor Divino. Eso nos explica por qué San Pablo nos pide en la Epístola de hoy, que vivamos en armonía, en paz, que hay múltiples dones, que uno tiene el don de profecía, el otro de enseñar, el otro del ministerio y que cada cual homenajee al otro y se conforme con lo que es más humilde.

Es justamente para que no haya envidia, celos, calumnias, maledicencia. Esta última la cometemos a cada instante hablando mal del prójimo; los chismes y los comentarios negativos que revelan los defectos del prójimo son murmuración, salvo cuando se revelan o se habla de ellos para corregir, amonestar, o por el bien común. Por eso toda palabra ociosa, no ya la habladuría sino la palabra inútil, será castigada. Cuánto más la maledicencia, que es hablar mal, desacreditar al prójimo. Debemos vivir en armonía, sin envidias, sin celos, eso engendra la paz social. No puede haberla aquí ni en la China si no se fundamenta en la virtud y principalmente la católica.

La virtud católica es sobrenatural, pero requiere como toda gracia y don sobrenatural un soporte natural, pues las virtudes no están en el aire, requieren un auxilio auténtico que hacen al hombre de bien, honesto; el hombre tiene estas virtudes sobre las cuales se inserta la gracia y se apoya todo el orden sobrenatural, y por eso flaqueamos aun con la gracia recuperada y con toda la corte dones que da la gracia, porque nos falta ese soporte y solidez en la adquisición sacrificada de las fuerzas naturales; la gracia supone la naturaleza y la naturaleza humana ya que Dios no la da a un perro, a una hormiga; ellos son incapaces de la gracia porque no tienen una naturaleza humana, es decir, racional, inteligente.

Pero esa naturaleza debe existir, por eso en medio del salvajismo no puede subsistir la virtud. De ahí deriva la necesidad de una cultura y civilización que haga al hombre naturalmente honesto, para que pueda apoyarse la gracia sobre esa naturaleza y elevarla hacia Dios, para que viva de Dios y sea de Dios. Y ese es el trabajo que a cada uno nos compete, para poder vivir realmente como católicos y no como fariseos, pues nos creemos dueños o depositarios de la verdad y sin embargo, escandalizamos con nuestras acciones.

Lo que más llama la atención al infiel, al pagano, al hereje, al ateo, es el mal ejemplo de aquellos que nos decimos católicos y desdecimos con nuestras obras.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, para que Ella nos ayude a adquirir la virtud, crecer en la gracia de Dios y corresponder al amor divino haciendo su santísima voluntad. +

BASILIO MERAMO PBRO.
20 de enero de 2002