San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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viernes, 4 de marzo de 2016

P. Basilio Méramo: REFUTACIÓN A UN ARTÍCULO ANTIMILENARISTA


El P. Iosepho Sagüés, S.I. escribió un artículo radicalmente en contra del Milenarismo en la prestigiosa Editorial de la B.A.C. Tomo IV, Sacrae Theologiae Summa, Madrid 1962, que el blog Non Possumus publicó hace algún tiempo el 3 de diciembre de 2014, pero que gracias a un fiel tengo ahora información, con el cual pretende engreídamente aplastar todo el Milenarismo, lo que detesta y combate con furor. Esto me obliga a refutar nuevamente a Non Possumus y lo escrito por el P. Sagüés que encarna y representa por lo que escribe todo el antimilenarismo clerical. Non Possumus se hace eco de esa tirria antimilenarista con el agravante de no querer darse por enterado de todo lo que se les prueba con argumentos, desconociendo e impugnando el Milenarismo Patrístico o Exégesis Antigua como le denomina el P. Castellani. Y ahora con ese artículo, desconociendo todo lo que se he dicho y escrito, creen tener razón y pretenden aplastar el Milenarismo de los Primeros Santos Padres, pero se equivocan, lo mismo que Foro Católico, que recientemente vuelve al ataque sacando a relucir el decreto del Santo Oficio en época de Pío XII, aunque a decir verdad me siento halagado al ponerme al lado o compararme con el P. Lacunza sin estar a la altura y nivel de un personaje que es un genio en la materia.

El escrito del P. Sagüés, representa la mentalidad común que se tiene del Milenarismo, y que cae en un absurdo y falso dogmatismo que se transmite de generación en generación, convirtiéndose en una ley cuasi dogmática, al punto de ser la opinión más común del clero; y la prueba está en que una prestigiosa editorial como la B.A.C., no duda en publicarlo como si fuera una indubitable verdad católica.

El artículo comienza diciendo: “Toda clase de Milenarismo debe ser rechazada”, y esto está afirmado como una tesis cierta y confirmada. Esto refleja más que ignorancia, una fobia febril que destila pura estulticia, para verse confirmadas tristemente las palabras de la Escritura en el Eclesiastés 1, 15, hoy cambiadas en la nueva versión de la Vulgata de Pablo VI y biblias vernáculas: stultorum infinitus est numerus.

Del sabio es distinguir y el que no distingue, ni sabe ni conoce. Ni San Jerónimo, ni San Agustín, jamás se hubieran atrevido a decir semejante afirmación, ya que San Jerónimo (y en esto San Agustín le seguía) dijo, como hacen ver el P. Lacunza y el P. Castellani: “Esta censura es muy moderna, y por jueces muy poco competentes. San Jerónimo, que era uno de los que negaban dice expresamente (cap. XIX, Jerem.) que no por eso condena ni puede condenar a los que afirmaban: Quae dicet non
sequamur, tamem damnare non possumus, quia multi ecclesiasticorum virorum, et martyres ita dixerunt, et unusquisque in suo sensu abundet, et cumcta juditio Domine reservetur. Por todo lo cual parece claro, que quedaremos en perfecta libertad para seguir a unos, y dejar a otros: para seguir, digo, aquella opinión que miradas todas las razones y pesadas en fiel balanza, nos pareciere más conforme, mejor diré, únicamente conforme a la autoridad intrínseca, o a todas las Sagradas Escrituras del Viejo y Nuevo Testamento”. (La Venida del Mesías en Gloria y Majestad, ed. Carlos Wood, Londres 1816, t. I, p. 37). Traducción del texto del latín: Cosas que, aunque no sigamos, no podemos empero condenar, porque muchos de los varones eclesiásticos y de los mártires las dijeron. Y así, cada cual abunde en su sentido, y a Dios se reserve la resolución.

Y más adelante recalca el P. Lacunza: “Luego por este punto, que es el del que hablamos, la autoridad de San Jerónimo nada prueba, y si algo prueba, es todo lo contrario de lo que intentan los que lo citan”. (Ibídem, p. 95).

Por su parte, el P. Castellani hace sobre el tema la siguiente observación: “Aquí San Jerónimo no dejaba de ver que se le alzaba una objeción grave: pues si a una mano tantos Padres y Doctores y aquella ‘ingente multitud’ de fieles abrazaba el ‘milenismo judaico’; y a otra mano, esa doctrina era judaica, hay que decir que todos ellos cayeron en herejía. ¿Qué responde Jerónimo a este obvio reparo? (…) ‘Cosas que, aunque no sigamos, no podemos empero condenar, porque muchos de los varones eclesiásticos y de los mártires las dijeron. Y así, cada cual abunde en su sentido, y a Dios se reserve la resolución’. Esta solución enaltece la reverencia de Jerónimo hacia los Padres y Mártires; pero espanta que no ose ‘condenar’ aquel milenismo grosero y judaico del que habla, aquí como doquiera. Pues admitir entre los Santos resucitados ‘nupcias, francachelas, relleno de panzas y circuncisión y sacrificio de toros’ y lo demás que el Santo atribuye a los milenistas católicos ¿quién no ve que a orejas católicas rechina? Sin embargo, puesta la angostura en que el Santo Doctor se ha
metido, la solución es un ten con ten pasable, si no muy airoso. El que considere lo precedente verá fácil que la angostura en que se metió San Jerónimo, que lo lleva a dar una conciliación contradictoria, es del todo irreal. Bien puede ‘condenar tranquilamente’ el kiliasmo craso sin empacharse en ‘los santos varones y mártires a quienes reverencia’, pues ellos jamás lo tuvieron ni enseñaron, sino otro muy diverso; lo mismo que la ‘ingente multitud de fieles’. Pues como hemos visto en el decurso desta  obrita los Padres Milenistas jamás sostuvieron la doctrina que Jerónimo les cuelga. Los matrimonios, los sacrificios, circuncisiones y demás pertenencias de la ley Judaica, ni a uno solo de los Padres milenistas ocurre atribuir a los santos resurrectos”. (La Iglesia Patrística y la Parusía, Alcañiz-Castellani, ed. Paulinas, Bs.As., 1962, p. 267-268).

Con esto se refuta ya de entrada lo que el P. Sagüés dice al comenzar definiendo mal, errónea y obtusamente el Milenarismo de la siguiente manera: “EL MILENARISMO o quiliasmo (χιλιασμος) es la opinión, que (prescindiendo de multitud de diferencias con que la presentan sus defensores) afirma lo siguiente: después del estado actual de la Iglesia va a darse en la tierra un reino glorioso de Jesucristo, y en verdad lleno de toda clase de gozo, el cual va a durar alrededor de mil años”.

Nuestro furibundo escritor más ciego que una piedra, continúa más adelante diciendo: “TODA CLASE, esto es, tanto el milenarismo craso como el mitigado. DEBE SER RECHAZADA, no en el sentido de que todo milenarismo repugne intrínsecamente, sino porque de hecho el milenarismo es una teoría que no está de acuerdo con las fuentes”.

Así, toda clase de milenarismo queda rechazada, suprimida de un solo plumazo, y esto por no conocer las verdaderas fuentes dado su ignorante absolutismo o su absoluta ignorancia, que para el caso es lo mismo.

Las fuentes del Milenarismo Patrístico que el P. Sagüés desconoce, están en los primeros Padres de la Iglesia y se remontan al mismo autor del Apocalipsis, San Juan Apóstol y Evangelista, a través de dos condiscípulos obispos y mártires: uno San Papías, Metropolitano de todo el Asia Menor, y San Policarpo, del cual es discípulo San Ireneo, obispo en la Sede Primada de Francia en Lion, quien es Padre y Mártir de la Iglesia por si fuera poco. Aunque sobre todo esto hay un cierto desprecio ya que gracias al primer historiador de la Iglesia, Eusebio de Cesarea quien era un hereje arriano, se empaña desprestigiando, como era de esperar, la bella imagen de San Papías al referirse a él como si fuera ignorante o algo débil de pensamiento. Así comienza la Historia de la Iglesia, de manos de un arriano, ¡qué más se puede esperar!

Prosigue impertérrito el P. Sagüés al decir: “El origen del milenarismo, que es difícil de determinar, parece que proviene del Judaísmo…”, con lo cual demuestra su craso error acerca del origen del milenarismo verdadero al no distinguirlo del falso. Lo que viene del judaísmo es el milenarismo craso o carnal del sacerdote judaizante alejandrino, enemigo personal de San Juan, de origen judío: Cerinto.

Esto se puede ver en lo que San Ireneo relata: “Hay quienes le oyeron decir que Juan, discípulo del Señor, yendo en Éfeso a bañarse, cuando vio dentro a Cerinto, salió de las termas sin bañarse, por temor, según él, de que se desplomaran las termas porque se hallaba adentro Cerinto, enemigo de la verdad” . (Contra las Herejías, ed. Apostolado Mariano, Sevilla, 1994, lib. III, p. 21).

Si se confunde el milenarismo verdadero que es el patrístico con su corrupción que es el milenarismo craso o carnal, el cual es herético, por no ver ni distinguir las cosas, es como aquel que confunde la expresión ‘al baño maría’, con María al baño, pero bueno, no dejemos la seriedad del tema, aunque es bueno reír un poco ante tanto dislate. 

Continúa diciendo nuestro acérrimo escritor antimilenarista: “La Iglesia en sus documentos nunca cita el Reino Milenario de Cristo”. Baste recordar que en el Padre Nuestro se pide Venga a nos el Tu Reino, con la aclaración: que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo, luego no se trata del Reino Eterno celestial, sino de un Reino aquí en la tierra que todavía no ha llegado, pues se pide que venga, y si ese reino no es el de Cristo Rey el día de su Parusía y al cual hace referencia también el Apocalipsis, entonces no lo es ninguno. Si el catecismo del Concilio de Trento dice: “…
singularmente comprendiendo la frase Reino de Dios muchos significados”, queda claro que no se puede negar el literal que le damos en consonancia con las Sagradas Escrituras.

En el Apocalipsis (20, 4-6) se lee: “Y a los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en su frente y en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Los restantes de los muertos no tornaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección. Sobre estos no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Jesús con el cual reinarán los
mil años. Nuestro Señor Jesucristo, seis días antes de la Transfiguración le dice a sus Apóstoles: “En verdad os digo, algunos de los que están aquí no gustarán la muerte sin que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su Reino”. (Mt. 16, 28). 

En San Lucas 9, 27 dice: “Os digo, en verdad, algunos de los que están aquí, no gustarán la muerte sin que hayan visto antes el Reino de Dios”.

En San Marcos 9, 1-2 dice: “En verdad, os digo, entre los que están aquí, algunos no gustarán la muerte sin que hayan visto el Reino de Dios venido con poder. Y seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevó solos, aparte, en un alto monte, y se transfiguró a Sí mismo”.

San Pedro, hablando de la Parusía, relaciona la gloria de Cristo que vieron en la Transfiguración (lo cual les había sido prometido a alguno de ellos que antes de morir) y la gloria de Cristo retornando en su Segunda Venida en gloria y majestad: “Porque no os hemos dado a conocer el poder la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo según fábulas inventadas, sino como testigos oculares que fuimos de su majestad, pues Él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando de la Gloria majestuosísima le fue
enviada aquella voz: Este es mi Hijo amado en quien Yo me complazco; y esta voz enviada del cielo la oímos estando con Él en el monte santo”. (II Pedro, 1, 16-18). Por lo cual S. Juan (1, 14) expresa a si vez: “y nosotros vimos su gloria”.

Queda claro que la gloria y el Reino que Dios le prometió ver antes de morir a algunos de ellos, fue la que vieron en la Transfiguración como un preludio o anticipo de la  gloria de Cristo Rey viniendo el día de su Parusía con la Gloria y el Poder de su divina Majestad a instaurar su Reino y que se realice la gran promesa de que haya un sólo rebaño y un sólo pastor.

El Papa Pío XI en la encíclica Miserentissimus Redemptor, no duda en expresar: “Es necesario que Cristo reine. Venga su Reino”. Y agrega más adelante haciendo referencia a su encíclica Quas Primas, con la cual instituyó la fiesta de Cristo Rey: “Cuando eso hicimos, no solo declaramos el sumo imperio de Jesucristo sobre las cosas, sobre la sociedad civil y la doméstica y sobre cada uno de los hombres, más también presentíamos el júbilo de aquel faustísimo día en que el mundo entero espontáneamente y de buen grado aceptará la dominación suavísima de Cristo Rey”.

Y habiendo dicho esto, Pío XI tenía presente el desenlace apocalíptico que queda expresado poco más adelante en la misma encíclica: “Todo lo cual es tan triste que por estos acontecimientos parecen manifestarse los principios de aquellos dolores que habían de preceder al hombre de pecado que se levanta contra todo lo que se llama Dios o que se adora” Y agrega en el mismo sentido, poco más adelante: “Y así, aun involuntariamente se ofrece la idea de que se acercan los tiempos vaticinados por Nuestro Señor: y porque abundó la iniquidad, se enfrió la caridad de muchos”. Para rematar hacia el final con el recuerdo de la Parusía: “Los pecadores, ciertamente viendo al que traspasaron, y conmovidos por los gemidos y llantos de toda la Iglesia, doliéndose de las injurias inferidas al Sumo Rey, volverán a su corazón; no sea que obcecados e impenitentes en sus culpas, cuando vieren a Aquel a quien hirieron venir en las nubes del cielo, tarde y en vano lloren sobre Él”.

El Papa Pío XII en varias ocasiones hizo alusión a la Parusía, entre ellas en 1942, 1947, y el 21 de Abril de 1957, y así dice: “…y nuestro deber, el deber del episcopado, el deber del clero y de los fieles, es de prepararse al futuro encuentro de Cristo con el mundo” (2 junio de 1942), y en su mensaje Pascual a los fieles de todo el mundo manifestó: “¡Ven, Señor, Jesús! Es necesario quitar la piedra sepulcral con la cual han querido encerrar en el sepulcro a la verdad y al bien; es preciso conseguir que Jesús resucite; con una verdadera resurrección que no admita ya ningún dominio de la muerte: ‘Surrexit Dominus vere’ (Lc. 24, 34), ‘Mors illi ultra non dominabitur’ (Rom. 6, 6). (…) ¡Ven, Señor, Jesús! La humanidad no tiene fuerza para quitar la piedra que ella misma ha fabricado intentando impedir tu vuelta. Envía tu Ángel, oh Señor, y haz que nuestra noche se ilumine como el día. ¡Cuántos corazones, oh Señor, te esperan! ¡Cuántas almas se consumen por apresurar el día en que sólo Tú vivirás y reinarás en los corazones! ¡Ven, oh Señor, Jesús! ¡Hay tantos indicios de que tu vuelta no está lejana!”. (21 de abril de 1957).

De otra parte, un renombrado exégeta como Cornelio Alápide, en sus comentarios al Profeta Daniel, y sin ser un milenarista, dice sin embargo esto que puede ser sorprendente para un antimilenarista, refiriéndose al Reino de Cristo: “Yo Digo, que es cierto que vendrá este reinado de Cristo y de los Santos, y que este reinado no será solamente espiritual como el que ha tenido siempre en la tierra, ya cuando se ha perseguido a los Santos, ya cuando estuvo sujeto a persecuciones y trabajos, sino que este reinado será corporal y glorioso; es decir, que los Santos con sus cuerpos y sus almas han de reinar con Cristo aquí en la tierra como reinarán eternamente en el cielo. Mas creo que ese reinado dará principio en la tierra en el momento de haber dado muerte al Anticristo, pues muerto este y despojado de sus dominios, la Iglesia reinará en todo el universo, y el redil lo compondrán judíos y gentiles, y después el reino será trasladado al cielo por toda la eternidad”. (Com. in Danielem Prophetam, c. 7, 27). La verdad que ningún milenarista lo podría haber dicho mejor, tan clara, precisa y brevemente.

No hay que olvidar, de otra parte, que el Papa San Pío X ya había vislumbrado la  esperanza a la cual Pío IX se refiere: “El paso del tiempo, en el transcurso de unos pocos meses nos llevará a aquel díe venturosísimo, en el que, hace cincuenta años, Nuestro Antecesor Pío IX (…) proclamó y promulgó como cosa revelada por Dios que la Bienaventurada Virgen María estuvo inmune de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción…”, después de esta alusión que nos sitúa en el contexto, San Pío X manifiesta su pensar: “Además tenemos que decir que este deseo Nuestro surge sobre todo de que, por una especie de moción oculta, Nos parece apreciar que están a punto de cumplirse aquellas esperanzas que impulsaron prudentemente a Nuestro antecesor Pío y a todos los obispos del mundo a proclamar solemnemente la Concepción Inmaculada de la Madre de Dios. No son pocos lo que se quejan que hasta el día de hoy esas esperanzas no se han colmado, (…) ¿cómo no
vamos a tener la esperanza que nuestra salvación está más cerca que cuando creímos?; quizá más porque, por experiencia sabemos que es propio de la Divina Providencia no distanciar demasiado los males peores de la liberación de los mismos. Está a punto de llegar su hora, y sus días no se harán esperar”. (Ad diem illum laetissimum, 2 de febrero de 1904). Esta esperanza, a la cual hace alusión San Pío X, y que es la misma de Pío IX al promulgar el dogma de la Inmaculada Concepción, consiste: “Mas sentimos firmísima esperanza y confianza absoluta de que la misma Santísima Virgen que toda hermosa e inmaculada trituró la venenosa cabeza de la crudelísima serpiente (…) se forme un sólo redil y un sólo pastor”. (Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854).

Y con un decreto del Santo Oficio, el autor pretende que el milenarismo está  condenado, cuando en realidad, no se trata de un decreto doctrinal condenatorio de un error, sino un decreto disciplinar que prohíbe ad cautelam, es decir: prohíbe por prudencia enseñar, sin pretender zanjar, ni condenar; simplemente pone en guardia por el riesgo o peligro que pudiera haber si se enseña sin tener cuidado, sin más.

Hay un primer decreto del Santo Oficio del 11 de julio de 1941 que después fue modificado, pues, en los términos que se redactó es hasta herético, si bien se mira, ya que estaría negando que actualmente Cristo reina en la tierra al menos desde el sagrario, corporalmente; dicho decreto dice así: “El sistema del milenarismo, aún el mitigado, es decir, el que enseña que, según la revelación católica, Cristo Nuestro Señor antes del juicio final, ha de venir corporalmente a esta tierra a reinar, ya sea con resurrección anterior de muchos justos o sin ella, no se puede enseñar sin peligro”.

Advertido el error, se hizo un segundo decreto el 21 de julio de 1944, cambiando la palabra corporalmente por visiblemente y refiriéndose solamente al milenarismo mitigado.

Podemos leer en el Denzinger n° 2296 el decreto del Santo Oficio del 21 de julio de 1944: “En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema Congregación del Santo Oficio, qué haya de sentirse del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio final, previa o no la resurrección de muchos justos, ha de venir visiblemente para reinar en la tierra. Respuesta: El sistema del milenarismo mitigado, no puede enseñarse con seguridad”. La respuesta en latín dice: “Systema Millenarismi mitigati tuto docere non posse”.

Como se puede apreciar, es un decreto disciplinar, no es dogmático, que advierte del riesgo o del peligro del Milenarismo mitigado nada más y queda claro que no es una condenación (universal o de todo milenarismo) como muchos incautos o distraídos creen, y peor los antimilenaristas rabiosos, furibundos que dogmatizan, y queriendo ser celosos guardianes, no son sino canes rabiosos o perros con mal de rabia. Y como ya advertimos, no habla de todo milenarismo sino únicamente del mitigado, por lo que no es lícito extenderla.

Al respecto el P. Castellani comenta: “Lo que ha hecho no ha mucho la Iglesia, ha sido prohibir por un decreto del Santo Oficio, la enseñanza de un milenarismo mitigado, claramente definido en la misma prohibición, la cual naturalmente no sería lícito ampliar. Porque ‘odiosa sunt restringenda’; a saber: ‘el milenarismo de los que enseñen que antes del juicio final, con previa o sin previa resurrección de justos, Cristo volvería a la tierra a reinar corporalmente’.

Este decreto es del 9 de julio de 1941. El decreto ut jacet agarraba también a los exégetas llamados evolucionistas, puesto que, según estos, Cristo reina ya corporalmente, -desde el Santísimo Sacramento- a partir de su Resurrección hasta el Fin del Mundo. Pero no tocaba según parece, a los milenaristas sensatos. 

Salió otro decreto declaratorio tres años después (A. A. S. 1944, p. 212), en el cual la palabra corporaliter ha sido cambiada por visibiliter. Conforme a esto queda excluida la enseñanza, no sólo del milenarismo craso, mas también del carnalmitigado, que imagina un Reino temporal de Cristo a la manera de los imperios de este mundo, con su corte en Jerusalén, su palacio, sus ceremonias y festividades, su presencia vivible y continua -y hasta un Ministro de Agricultura…- ; ‘teología para
negros’ como dice Ramón Doll; semejante al cielo de la película Green Pastures”. (Cristo ¿Vuelve o no Vuelve?, ed. Dictio, Bs. As. 1976, p. 68).

Sobre este cambio de corporal por visible, el P. Castellani dice: “La corrección del adverbio ‘corporáliter’ sustituido por ‘visibíliter’ es fácil de comprender. El alegorista que redactó el primer decreto no advirtió quizás que sin querer se condenaba a sí mismo. En efecto, los alegoristas o antimilenistas sostienen como hemos visto que el profetizado Reino de Cristo en el universo Mundo es este de ahora, es la Iglesia actual tal cual. ¿Y cómo reina ahora Cristo en este reino? Reina desde el Santísimo Sacramento ¿Está allí corporáliter? Sí. Había que corregir rápidamente eso. Está pues prohibido enseñar en Sudamérica que Cristo reinará visiblemente desde un trono en Jerusalén sobre todas las naciones; presumiblemente con su Ministro de Agricultura, de Trabajo y Previsión y hasta de Guerra si se ofrece. Muy bien prohibido”. (La Igl. Patríst…, p. 350-351).

Respecto al Milenarismo Patrístico el P. Castellani deja bien claro que no es ni podrá nunca ser condenado: “El Milenismo espiritual por el contrario no ha sido condenado, ni jamás lo será, la Iglesia no va a serruchar la rama donde está sentada; es decir, la Tradición”. (Ibídem, p. 350).

Este mismo pensamiento lo recalca también el P. Castellani en otra de sus obras: “El Milenarismo espiritual se puede resumir en estas palabras de Hallo: ‘un Milenio está predicado en la Escritura, ese período todavía no se ha dado; en qué consiste a punto fijo y en pormenores no lo sabemos; cuando se dé, lo sabremos’. Así expresado, con discreción y agnosticismo, ese quiliasmo no ha sido jamás condenado por la Iglesia; ni -audemus dicere- lo será nunca, por la simple razón de que la Iglesia no va a condenar la mayoría de los Santos Padres de los cinco primeros siglos, entre ellos los más grandes… (Véase Ecclessia Patristica et Millenarismo, Expositio Histórica a Florentino Alcañiz S.J., Doctore et Magistro Aggregato Facultati Philosophicae Universitate Gregoriana, Granatae, 1933).” (Cristo ¿Vuelve o no Vuelve?, p. 68).

Rosadini citado por el autor, y quién fuera maestro del P. Castellani, deja bien claro todo lo contrario de lo que al citarlo se quiere probar. Por lo que relata el mismo P. Castellani: “Y al crítico prepóstero, que tan mal ha leído mi librito y con tanta acrimonia lo juzga, me contento con copiar unas líneas de dos autoridades en materia de exégesis: primero, mi maestro en la Gregoriana 1929-1931, R. P. Silvius Rosadini: ‘Recolere ante onmia jubavit… millenarismum, speciatim illum purum et spiritualem, numquam ab Ecclesia damnatum fuisse. Insuper, verum non est regnum millenarium esse nacessariam consecuentiam hujus sistematis…Sunt qui Apocalypsim eschatologice explicant et tamen quodcumque millenarium regnum rejiciunt… Sunt e contrario plures, alias systemata sectantes, qui hoc modo regnum millenarium Capitis XX exponunt’ (Silvius Rosadini S. J.; Inst. Instroduct, in Libros Novi Testamenti, vol. III, pág. 112, Romae, 1931. Apud Aedes Universitatis Gregor). (Cristo ¿Vuelve… p. 69). Damos la traducción de lo que está en latín: Ayudará ante todo recordar… que el Milenarismo, en particular aquel puro y espiritual, nunca fue condenado por la Iglesia. Además, no es verdadero que el reino milenario sea consecuencia necesaria de este sistema… Hay quienes explican el Apocalipsis esjatológicamente y, sin embargo, rechazan cualquier milenarismo… Hay, por el contrario, muchos siguiendo otros sistemas, que de este modo ponen el reino milenario del Capítulo XX.

Como advierte muy bien el P. Eusebio García de Pesquera, el valor del decreto no es como muchos creen una condenación doctrinal, sino una prohibición prudencial ante un peligro o riesgo posible, nada más; por lo cual pretender darle a este decreto un valor doctrinal mayor de que en realidad tiene es un error y abuso de autoridad cuando no un arma para espantar pájaros, las cosas como son o si no dejan de ser: “La expresión latina ‘tuto doceri non posse’ resulta difícil de traducir con exactitud. Pero resulta evidente que con ella se quiere eludir un claro pronunciamiento doctrinal sobre la ortodoxia o heterodoxia del milenarismo mitigado, sólo se pone en guardia contra él, para que sus opiniones o más bien sus puntos de vista sobre el sentido de tantos pasajes escriturarios, no se enseñen normal y tranquilamente en los centros escolares de la Iglesia”. (Maran Atha ¡El Señor Vuelve!, ed. Círculo, Zaragoza, 1982, p. 85).

Es interesante ver ante la presión ejercida, cuál es el motivo de este antimilenarismo que pretende dogmatizar sobre el tema, tal como el P. Eusebio se pregunta: “Sería interesante, y esclarecedor, descubrir cómo esa opinión de signo ‘antimilenarista’ se afianzó tan fácilmente en la Iglesia de Occidente hasta el punto de que ya sea la única que parece de ‘curso legal’ entre cristiano-católicos”. (Ibídem, p. 84). La respuesta la da el P. Castellani: “Pero ¿qué cosa más judaizante que esperar un gran triunfo terreno de la Iglesia antes de la Segunda Venida del Cristo?”. (El Apokalypsis, ed. Paulinas, Bs. As. 1963, p. 87). Y de otra parte advierte: “El Apokalypsis es el único antídoto actual contra esos ‘pseudoprofetas’ ”. (Ibídem, p. 367). Sobre todo en esta época donde pululan apariciones y profecías por doquier, y paradójicamente por no tener en cuenta, tal como lo señala el P. Castellani: “El que ‘deja allí’ el Apokalypsis canónico, cae en los Apokalypsis falsos”. (Ibídem, p. 387).

Pero lo peor es que los alegoristas o antimilenaristas dogmatizantes y furibundos de hoy, no se dan cuenta que son milenaristas judaizantes y carnales (milenaristas al revés o invertidos; baste ver lo que dice el P. Castellani para verlo: “Un último punto curioso deseo brevemente revelar: muchos de los actuales alegoristas, si no todos, son en el fondo milenistas carnales. En efecto, negando el postparusíaco Reino de Cristo, se ven obligados a reponer el cumplimiento de las profecías en un futuro gran triunfo temporal de la Iglesia antes de la Segunda Venida; o sea, una ‘Nueva Edad Media’
(ver Berdiaeff y también R. H. Benson en ‘The Dawn of All’) con el Papa como Monarca Temporal Universal, comandando ejércitos de alegres ‘josistas’ en bicicleta y camiseta de sport… Coinciden con el sueño de la Sinagoga antes de la Primera Venida”. (Igl. Patríst. p. 353).

Entonces queda claro como hace ver el P. Castellani que esto es: “El mismo sueño carnal de los judíos que los hizo engañarse respecto a Cristo. Estos son milenistas al revés. Niegan acérrimamente el Milenio metahistórico después de la Parusía, que está en la Escritura; y ponen un Milenio que no está en la Escritura, por obra de las solas fuerzas históricas, o sea una solución infrahistórica de la historia; lo mismo que los impíos ‘progresistas’. Como Condorcet, Augusto Comte y Kant; lo cual equivale a negar la intervención sobrenatural de Dios en la Historia; y en el fondo, la misma inspiración divina de la Sagrada Escritura”. (El Apok. P.367).

El mismo Juan XXII, en su discurso de inauguración del 11 de octubre de 1962, no queriendo ser un profeta de desgracias y calamidades, decide realizar el Concilio Vaticano II con optimismo primaveral y anti apocalíptico abriendo las ventanas de la Iglesia al mundo moderno liberal y progresista, por lo cual manifiesta: “Mas nos parece necesario decir que disentimos de esos profetas de calamidades que siempre están anunciando infaustos sucesos como si fuese inminente el fin de los tiempos”, pero lo que en realidad aconteció fue lo que en palabras de Nicolás Gómez Dávila en uno de sus escolios, aunque suene fuerte e hiera los oídos frágiles, cual de vírgenes bobas, dice cruda pero real y verazmente: “Pensando abrirle los brazos al mundo moderno, la Iglesia le abrió las piernas”. Pero la verdad aunque duela, claro que se entiende los hombres de Iglesia, por eso quedo preñada de errores y herejías que cada vez más se van evidenciando.

San Pío X, no hay que olvidarlo, contrariamente al pensar de Juan XXIII, si creía que estábamos en los últimos tiempos apocalípticos al decir en su primera encíclica E supremi apostolatus del 4 de octubre de 1903, hace más de 1oo años: “Es indudable que quien considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, como el prólogo de los males que hemos de esperar en el fin de los tiempos; o incluso pensará que ya habita en el mundo el hijo de la perdición de quien habla el apóstol”. ¡Que no diría hoy!

Esto que dijo Don Nicolás se compagina con la imagen de la Iglesia y del Anticristo (Pseudoprofeta) que nos dio Santa Hildegarda (1098-1179) en sus ‘Scivias’ (Conoce los Caminos) escrito entre 1141-1152, y que reproducimos, pues más dice una imagen que mil palabras.

P. Basilio Méramo
Bogotá, 4 de Marzo de 2016

domingo, 28 de febrero de 2016

TERCER DOMINGO DE CUARESMA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Escuchamos en el relato del Evangelio la curación del endemoniado mudo y cómo conculcan los judíos las buenas obras de nuestro Señor.

Así como el demonio siempre impugna la verdad y la contradice, quiere destruir las buenas obras. Y nuestro Señor, que lee sus corazones, les dice cómo le adjudican al demonio, “Diciendo que lanzó los demonios en virtud de Belcebú; entonces vuestros hijos, ¿por virtud de quién los lanzan?”. “Si Satanás está también dividido contra sí mismo, cómo subsistirá su reino? Mas si con el dedo de Dios lanzó los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado ya a vosotros”; pero los judíos, en lugar de convertirse no creen.

Ese es el misterio en el orden religioso, en el espiritual, no hay fuerza que valga, ni aun la divina para obligar a una criatura libre a que crea y ame a Dios; por eso es un gran error en el orden espiritual querer imponer la conversión, la fe, la religión, el amor a Dios, violentando lo que ni Dios violenta, la libertad de cada hombre y que de acuerdo a su respuesta se condena o se salva. Sobre ello lo máximo que se puede hacer es informar, dar el buen ejemplo, ayudar, instruir, pero no se puede más, porque ni aun Dios hace más, porque no quiere violentar la libertad; Él quiere que le respondamos libremente y el amor no se obliga. Sería como si un hombre pretendiera que su novia lo quiera a la fuerza; tonto seria, porque un hombre que se da cuenta de eso, lo que tiene que hacer es dejarla; mucho peor lo que ocurre en el orden espiritual y es un gran misterio, lo más que se puede hacer es rezar para que aquella alma se convierta.

Los judíos no oyen la palabra de Dios; para tener la fe hay que engendrar esa palabra oída, engendrar en el alma esa palabra de Dios, algo parecido como el Padre engendra al Verbo, la Segunda Persona, su pensamiento, y por eso la fe entra por el oído, aunque no queda en él, va al corazón para que allí se fecunde en ese Verbo y produzca la fe en nosotros bajo la gracia del Espíritu Santo.

Como vemos, esa es una obra divina pero que no se efectúa sin el libre consentimiento y aceptación de cada uno. Misterio del pueblo judío que no quiso, se obstinó en no aceptar la palabra de Dios y por eso a cada paso impugnan a nuestro Señor sus actos y Él les demuestra que es absurdo que le digan que en el nombre de Belcebú Él echa a Satanás; peor aún, para implantar el reino del demonio, porque si él echa en el nombre de Satanás qué contradicción, y si un demonio está contra otro, dividido, cómo va a instaurar un reino que por sí mismo se destruiría; Satanás no va a echarse a sí mismo en su propio nombre; entonces el reino de Dios habría venido. De otra parte una mujer le grita: “Bienaventurados los pechos que te amamantaron” y nuestro Señor queriendo hacer prevalecer la fe le responde que: “Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la practican”.

Nuestra Señora, que dio a luz a nuestro Señor, antes de ser la Madre dio su sí, su fiat; creyó, tuvo fe, y practicó la palabra de Dios y de un modo sublime; o sea, que aun el hecho físico de ser Madre pasa primero por la fe y por eso vale mucho más oír la palabra de Dios y practicarla que haberle dado a luz.

Esa oportunidad la tenemos todos; desafortunadamente no lo tomamos en cuenta, no oímos, no practicamos la palabra de Dios, no la guardamos, vivimos de la palabrería del hombre y Dios sabe si vivimos del engaño, de lo efímero y después nos quejamos porque estamos vacíos. Pero cómo no vamos así si no vivimos de la palabra de Dios, del Verbo de Dios, de nuestro Señor Jesucristo; de allí la necesidad de escudriñar las Escrituras, de oír la palabra de Dios y de practicarla. Que ésta sea nuestra lectura y nuestra vida espiritual, el fundamento de nuestra oración y que así podamos perseverar hoy que la fe es socavada, destruida, adulterada. Lo mismo que los alimentos no corresponden a la sustancia de la cual se originan con toda esa industrialización que degenera su naturaleza, y de allí las consecuencias de tantas enfermedades degenerativas como el cáncer, entre otras, porque falta la naturalidad que está viciada, adulterada, pues igual y mucho peor pasa en el orden sobrenatural: está viciado el alimento espiritual de la palabra, el sacrificio de la Misa, los sacramentos.

Todo está siendo adulterado en la sustancia con una apariencia de religión pero que es hueca, vacía y por eso no convierte a nadie y al que convierte lo lleva al error, a la confusión, en la que viven todos aquellos que se dicen católicos, pero que son en el fondo modernistas; muchos son herejes sin darse cuenta, objetivamente impíos, aunque subjetivamente no se percaten de ello. Todo ello por la adulteración de la palabra de Dios, del Espíritu de Dios y eso por un misterio de iniquidad, por obra y gracia de la misma jerarquía de la Iglesia.

Es el gran misterio del que habla San Pablo; sólo así se explica la apostasía que él anuncia. Si no fuera por vía de autoridad desnaturalizada, desviada, pervertida, corrompida, no se podría llegar a tanto, no podría haber una apostasía universal; solamente un poder universal puede generar efectos universales. En el mundo hay solamente dos poderes generales, el poder de la Iglesia católica basado en nuestro Señor Jesucristo y el poder de la sinagoga de Satanás, del judaísmo, apoyado en el príncipe de este mundo.

Esa ha sido la lucha a lo largo de toda la Historia de la humanidad y de la Iglesia y ese poder judaico y satánico ha penetrado en la Iglesia por la debilidad y la cobardía de los sus hombres, que para poder tener esa potestad y respaldo se valió de un Concilio ecuménico como el Vaticano II, para lograr el amparo, para taparle la boca a la gente, cuando en realidad veremos, si no en esta tierra, en el juicio universal que ese Concilio ha sido un mero conciliábulo desprovisto de infalibilidad, de la verdad. Y por vía de autoridad se impone el error, la adulteración. Así logra la sinagoga de Satanás entronizarse dentro de la misma Iglesia; por eso Pablo VI llegó a decir, como la burra de Balaam que también profetizó, “que el humo de Satanás había penetrado en la Iglesia”. Pablo VI gran culpable, porque Juan XXIII no llegó a formalizar nada, tuvo la culpa pero no legalizó el error hasta que su sucesor rubricó, como Sumo Pontífice, esas actas que algún día tendrán que ser condenadas.

El mismo Pablo VI, hombre turbio, siniestro, se despoja de la tiara en beneficio de los pobres, como si no hubiera otra cosa qué vender y ayudar. Aparece con el efod, o pectoral, rectángulo con doce piedras, que simbolizan las doce tribus de Israel, que es el atuendo del Sumo Pontífice de la sinagoga y de eso hay fotos, por lo que se sospecha que Pablo VI era judío, de lo cual no habría que extrañarse.

Y no sólo de él, pues se sabe que la madre de Juan Pablo II era judía, de apellido judío, y aunque no lo fuera, hay un libro intitulado “El Papa oculto” escrito por un británico, en el cual muestra, con sus respectivas fotos, que el mejor amigo de Juan Pablo II era un judío, y que ambos fueron los que en 1994, si no recuerdo mal, reconocieron el Estado de Israel; son hechos, todos los amigos de la infancia de Juan Pablo II eran judíos, luego no tenemos porqué sorprendemos que se favorezca al judaísmo y se oprima al catolicismo.

Es necesario, por tanto, que haya católicos valientes para que denuncien al mundo públicamente lo que está pasando, y rezar, pedir mucho a Dios, porque la Iglesia está siendo oprimida por el dragón, por la serpiente y no hay nadie que como San Jorge le corte la cabeza.

No olvidemos durante esta Cuaresma, además de pedir por la Iglesia, hacerlo también por las intenciones particulares de la capilla que se está construyendo, para que Dios provea las necesidades y no se detenga la obra, si es que es de Él, porque si no lo es tampoco se culminará y si no se puede ayudar económicamente por lo menos pedir a Dios que mande la ayuda de aquellos que puedan. No debemos dejar de hacer sacrificios con motivo de la Cuaresma y para que la capilla que tenga buen término.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nos ayude y fortifique para poder perseverar en la verdad. +

Padre Basilio Méramo.
3 de marzo de 2002

domingo, 21 de febrero de 2016

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Nos acercamos cada vez más a la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y después a su resurrección, por lo cual la Iglesia quiere que nos preparemos santamente a través de toda la Cuaresma para que así mismo podamos festejar su gloriosa resurrección.

En el Evangelio de hoy se nos relata la transfiguración de nuestro Señor ante los tres apóstoles preferidos. Habiéndoles anunciado ya su Pasión, no quería dejarlos apesadumbrados; decide entonces de algún modo mostrarles, no a todos sino a los más cercanos, a los preferidos, su gloria; para que en el momento de los hechos tuviesen un apoyo y no sucumbiesen por el pesar, por el dolor, y que a la vez pudieran sostener a los demás apóstoles y discípulos. Podemos preguntarnos ¿por qué elige a Pedro, a Santiago y a Juan? A San Pedro lo elige porque era el discípulo que más amaba a nuestro Señor, por eso también fue elegido como la piedra, el fundamento de la Iglesia, como Sumo Pontífice. A Santiago lo eligió por su valor, por eso nuestro Señor dijo de él que era hijo del trueno. Y a San Juan porque era el discípulo virgen al que nuestro Señor por eso mismo más amaba, por su pureza, por su inocencia.

De todos modos lo importante es ver cómo se transfigura nuestro Señor. ¿En qué consiste esa transfiguración? Simplemente en dejar relucir su divinidad relumbrante con todo el poder en su cuerpo, tal como debió ser desde el primer instante de su Encarnación, un cuerpo glorioso, resplandeciente, luminoso; pero que nuestro Señor justamente, por querer sufrir y morir en la Cruz, reprimió la resplandecencia de su divinidad en la naturaleza humana, en su cuerpo, para hacerlo pasible, susceptible de sufrimiento, de sacrificio y de muerte. De lo contrario, no hubiera habido pasión, ni Cruz, no hubiera habido muerte. Justamente en eso consiste su anonadamiento, en que  se hizo nada.

No es como mal interpretan la mayoría de teólogos y exégetas, para quienes el hecho de la Encarnación era rebajarse; eso es un error. La Encarnación no es un minimizarse, sino una expansión del poder omnipotente de la divinidad, capaz de asumir la naturaleza humana. No consiste el mermarse en asumir la naturaleza humana, eso demuestra precisamente el poder de Dios. Por eso digo que teológica y exegéticamente es una equivocación, aunque no hayan caído en cuenta; de allí también los protestantes hacen su herética teología.

Nuestro Señor no se niega haciéndose hombre, no hay una dialéctica del ser y del no ser y la síntesis, esa es la famosa y revolucionaria retórica hegeliana que crea la contraposición para llegar al ser. Así no actúa Dios sino muy al contrario: la divinidad en todo su poder omnipotente tiene esa capacidad de asumir una naturaleza y sustentarla con su ser divino; y más aún, eso lo podía haber hecho cualquier persona de la Santísima Trinidad, pero la Divina Sabiduría estimó que fuese el Hijo quien se Encarnara y no las otras dos personas que son el Padre y el Espíritu Santo, que aunque pudieron muy bien encarnarse no lo hicieron por cierta conveniencia. (Tema que da lugar a otra larga explicación y que en este momento desviaría la atención).

Pues bien, nuestro Señor para poder remediar como criatura humano, tenía que tomar una naturaleza que no gozara e irradiara en el cuerpo esa divinidad y lo hiciera glorioso y por eso se anonadó, para poder morir y sufrir por nosotros y que se operara la obra de la redención y de la salvación de las almas derramando Él su sangre. Él siendo verdadero Dios también era verdadero hombre y como hombre quería tributar a Dios Padre y a la Santísima Trinidad lo máximo que se le puede como criatura tributar a Dios: el sacrificio de sí mismo. Por eso el sacrificio de nuestro Señor es en primer lugar ofrecido al Padre y a la Santísima Trinidad; ese es el obsequio que hace el alma de nuestro Señor como hombre al Dios Padre.

Es un misterio y como tal es difícil de explicar; pero si alguna aclaración cabe es ésta; aunque no agota el tema, nos ayuda a comprender el significado del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Y así Él les manifiesta a estos tres discípulos preferidos esa gloria que su humanidad, que su cuerpo debía tener desde el primer instante de su Encarnación y que tendría después de la resurrección.

Esa glorificación de los cuerpos también es la que Dios de algún modo nos participará y promete para aquellos que resuciten en su gracia, para que resucitemos a semejanza, no igual, pero sí a similitud del cuerpo glorificado de nuestro Señor en cuerpos celestes, mientras que los condenados resucitarán en cuerpo de miseria, no de bienaventuranza y por eso sufrirán eternamente las penas del infierno.  
El infierno, heréticamente, ha sido negado por Juan Pablo II
. Es lamentable que un Papa de la Iglesia católica lo niegue; es uno más de sus graves hechos. Es doloroso meter el dedo en la llaga, en la herida, pero es necesario con tal de estar despiertos y vigilantes ya que se duerme en la calma y la anemia espiritual. Si se tuviese un poco más de fe el grito llegaría al cielo. Digo nuevamente: es una desgracia de la hora presente que no haya obispos a la altura, que como una voz que clama en el desierto afirmen los dogmas de fe que hoy se niegan; eso es lamentable, pero cierto,  aun en los obispos de la Tradición falta garra, empuje.

Hay que rezar para que los haya así, por lo menos uno que con mitra y báculo en mano afirme ante Dios y la opinión pública las cosas como son; porque es una vergüenza que se conculque públicamente la doctrina católica y no haya un doctor en la fe que lo señale, pues toca a los obispos esta responsabilidad, este deber, del cual adolecen, y falta también un castigo para nosotros, por nuestra parsimonia, despreocupación, flojedad. No estamos viviendo a la altura de los acontecimientos; queremos ser católicos pero alcanzamos apenas la apariencia, el nombre, y eso Dios no lo quiere. Dios quiere católicos en sentido pleno porque a los mediocres los desecha, y esos forman multitud; quiere, aunque sea un pequeño rebaño, que sea fiel. Dios no quiere uno adormilado; quiere pocos, pero buenos.

Es suficiente lo que ha pasado para seguir profesando un catolicismo mediocre; dejemos de ser católicos tradicionalistas comodones, porque esta vida es una lucha, un combate entre Dios y Satanás en la cual no hay democracia que valga, no hay descanso; es una lucha titánica hasta la muerte porque es una lucha espiritual.

Que no nos dejemos arrollar por el mundo que corrompe a cada instante; ya no pongamos una vela a Dios y otra al diablo; seamos consecuentes. Por eso quizás los obispos, aunque se mantengan en la verdad, no dan la talla que exige esta batalla; les falta el vigor, la fuerza y toda la doctrina y el peso de la verdad que sostenga al pequeño rebaño disperso por el mundo. Esa es la verdadera Iglesia católica, el pequeño grupo, el pusillus grex disperso por el mundo del que habla San Lucas, porque la Iglesia oficial ha caído en la apostasía, y se reviste de catolicidad, pero es sólo apariencia, es un disfraz.

Tan graves son los sucesos que el único obispo que se mantuvo firme y al pie, al lado de monseñor Lefebvre, fue monseñor Antonio de Castro Mayer, pero ahora seducidos por la Roma modernista sus discípulos han claudicado, aunque ellos así no lo reconozcan. Cuando se hacen pactos con el enemigo se transige, y si el enemigo en última instancia es Satanás, qué pacto puede haber. La fe no es cuestión de alianzas, concordatos, ni diálogos; es asunto de adhesión, aceptación o rechazo; no hay más, no hay término medio, “Conmigo o contra mí”, dijo nuestro Señor y “El que no está conmigo está contra mí”. No hay más, blanco o negro, sí o no y lo demás son superficialidades y engaños, sutilezas del demonio para enredarnos en el error, cuando está en juego la fe.

Pidamos a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, evocar esa gloria de la transfiguración de nuestro Señor en la hora presente de crisis para no sucumbir ante el dolor y el peso de la pasión de la Iglesia. Para seguir creyendo en la Iglesia a pesar de los curas y del Papa, por aquello de que, “No todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos” y no todo el que diga “soy Papa, soy Papa” lo es. La Iglesia ha padecido a más de cuarenta antipapas y para los últimos tiempos está profetizado que habrá algún otro. No está entonces por demás tenerlo presente.

¿Quién es el falso profeta del Apocalipsis con dos cuernos que semejan al cordero pero cuya boca habla como el dragón y que está al servicio de la bestia del mar? Los dos cuernos son la mitra y, si es parecido al cordero, quién más que un obispo; y si de obispos se trata, bien podría ser el obispo de Roma, el Papa. Satanás no es tonto, no va a buscar a cualquier obispo, apunta a la cabeza. El antiguo exorcismo de León XIII, que hoy se suprimió, dice que la Santa Sede será asediada porque el demonio querrá instalar allí su trono. Luego, no es para extrañarse o escandalizarse al oír hablar de la posibilidad de un antipapa porque es doctrina e historia de la Iglesia; que no haya sacerdotes que lo digan por ignorancia, miedo o cualquier otro motivo es otro asunto; no es correcto desinformar a los fieles, hay que tenerlos muy bien advertidos, porque nuestra fe en la Iglesia es una fe de luz, de sabiduría, no es ni de tontería, ni de estupidez, ni de oscurantismo y la luz de la verdad todo lo ilumina aunque no todo lo entendamos.


Pidamos a nuestra Señora esa luz de la fe para permanecer íntegros y puros en ese dogma virginal y así poder salvarnos. +

P. BASILIO MERAMO
   24 de Febrero de 2002

domingo, 14 de febrero de 2016

Primer Domingo de Cuaresma



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Con este primer domingo de Cuaresma comienza solemnemente el tiempo de sacrificio, de oración, de penitencia y de ayuno para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua de resurrección de nuestro Señor; por eso la Iglesia lo ha solemnizad, porque es especialmente sagrado. Por eso el demonio renueva sus ataques para que la gente y los fieles se disuadan de los ejercicios de oración, de ayuno, de penitencia y de sacrificios, pero los católicos estamos obligados a hacerlos para que nos asimilemos a los sufrimientos de nuestro Señor y para que la Cuaresma no se convierta, como en muchas partes, en un carnaval, en una parranda como si fuésemos animales que sin uso de razón vivimos según la carne y lo que la halaga. Maldita sea si esa es nuestra opinión de ser católicos porque otra muy distinta es la de la Iglesia.

La Iglesia misma en este día expone ante nosotros la tentación de nuestro Señor en el desierto, es decir, en la soledad, en una montaña no lejos de Jericó; no nos imaginemos un yermo como el Sahara sino una montaña solitaria; lo digo porque cuando conocí ese lugar me extrañó mucho, pero efectivamente sí es un desierto en la montaña, en la soledad y eso es lo que significa en definitiva, sobre todo espiritualmente; ese alejamiento que buscó nuestro Señor antes de comenzar su vida pública, preparándose con ese gran ayuno de cuarenta días y de cuarenta noches, no era ningún misterio, porque antaño ya lo habían hecho Moisés, San Elías y muchos otros.

Hoy que se ha perdido esa sabiduría sacerdotal y pareciera imposible, haciéndole decir tonterías a grandes exegetas como Salmerón o Ricciotti, quien desgraciadamente se apoyó en San Ambrosio. Sin embargo, de allí, de esos cuarenta días Mahoma sacó el Ramadán, atenuándolo, pero es muy probable que él haya hecho ese ayuno, porque naturalmente es posible, sin que se necesite un milagro.

Dice el padre Castellani, que es sin duda uno de los más grandes exegetas del siglo XX, aunque desconocido por la gran mayoría y despreciado por sus mismos compañeros y sacerdotes; pero ha sido una luz de exegesis sobre la cual debiéramos apoyarnos, sobre todo hoy. Al hablar de eso, menciona que si era una cuestión puramente divina él sería Dios porque ya lo había hecho, lo que dejaba en ridículo a otros exegetas por la ignorancia que a veces pulula y campea aun entre aquellos de mayor sabiduría y prestigio teológico en la Iglesia; porque la ignorancia desgraciadamente no respeta a nadie y por eso debemos cuidarnos de ella porque es atrevida y, entonces, nos hace decir estupideces.

También dice el padre Castellani, para explicar esta triple tentación de nuestro Señor, que no solamente el demonio quería hacerlo caer y pecar, sino que principalmente quería sacarse la gran duda que tenía de saber si era o no el Mesías, el Cristo, el Ungido de Dios, porque eso significa Cristo. El demonio, como vemos en el evangelio de hoy, conocía las Escrituras al dedillo, como lo hacen los protestantes, pero sin fe y por eso no creía; tenía esa gran duda, aunque ya lo había visto, no solamente en el desierto sino cuando fue la hora del bautismo en el Jordán por San Juan Bautista, cuando el Padre Eterno dice que Jesús es el Hijo amado en el cual ha puesto todas sus complacencias. El mismo San Juan Bautista había dicho “yo no soy digno de atar la correa de su sandalia”, y lo había señalado como al Cordero de Dios, al Agnus Dei.

Satanás sabía todo esto, por ello podemos preguntarnos por qué no creía, si nosotros con lo mismo o menos lo sabemos. La diferencia abismal es que el demonio no puede creer, no puede tener fe, está condenado. Y es más, los ángeles o creían, en un solo acto libre de amor a Dios, o se pervertían; esa fue su gran tragedia, sin que haya para ellos la posibilidad de la redención por la misma excelencia de su naturaleza angélica y espiritual que ve todo el bien y todo el mal de un solo golpe, y no como nosotros, de a poquito. Por eso Dios nos permite que podamos echarnos atrás y arrepentirnos viendo el mal y reconociéndolo aun después de haber pecado libremente.

Como hace ver el padre Castellani, Satanás tentó a nuestro Señor, no de sensualidad como dice la gran mayoría de los exegetas modernos, eso sería un desatino, inducir a un gran hombre religioso del desierto sensiblemente, sino que había que hacerlo espiritualmente con la soberbia, con el orgullo que es mucho peor que lo sensible, que lo sensual, que la concupiscencia de la carne; lo provocó con el orgullo, con la soberbia que no se ve, que no se manifiesta, que no se palpa pero que es peor; así, entonces, a través de esa triple tentación, de ese triple ataque quiere ver si en definitiva era el Mesías, el Enviado, el Ungido de Dios y por eso lo tienta con el pan, después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, en el momento neurálgico y más crítico en que debía romper el ayuno se lo ofrece. Le dice que convierta las piedras en pan y nuestro Señor le responde magistralmente: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios”.

El verdadero alimento es la palabra de Dios. Derrotado entonces en este intento Satanás, como dueño y amo del mundo o del universo, o por lo menos de esta tierra, atrevidamente, lo transporta de esa montaña cerca de Jericó a Jerusalén, a una distancia que puede ser de veinte o treinta kilómetros; lo lleva y lo pone encima del pináculo del templo y le dice que se tire porque escrito está que “los ángeles no dejarán que tropiece tu pie”, sino que ellos Le recogerían antes de que se hiciera daño al llegar abajo.

Pero nuestro Señor, ni lento ni perezoso, le responde y le replica: “También escrito está, no tentarás a Dios”; porque pedir milagros imprudentemente, indiscretamente, precipitadamente, es tentar a Dios. Cuántos no lo hacen, diciendo: “¿Por qué Dios no hace que me gane la lotería si estoy en la miseria”, “por qué Dios no cura a mi hijo que tiene cáncer o a mi madre o a mi padre”, o lo que sea. Y porque no les hace ese favor se ponen en contra de Dios y de la Iglesia por orgullo, cuando la enfermedad, la calamidad debiera acercarnos a Dios suplicantes y si Él quiere y nos conviene para la salvación de nuestra alma, entonces que se produzca la sanación si fuere el caso. Pero, ¿qué haría yo con ganarme la lotería?, ¿para malgastarla en un casino; para prostituirme en prostíbulos, para holgazanear en el mundo, para hacer maldad creyéndome todopoderoso, o abusar de la salud? Dios no obra muchos milagros que podría hacer porque sencillamente no nos convendría o a nosotros o a esa persona a la que queremos que se le haga.

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios”, “no tentarás a tu Dios” le responde nuestro Señor. Queda Satanás por segunda vez destrozado, derrotado. Pero el muy pérfido vuelve insidiosamente, no se da por derrotado, sino como una mujer; por eso dicen los Santos Padres que es peor la mala mujer que el mal hombre.

Vuelve Satanás una tercera vez para quitarse la duda y si no para hacerse adorar; lo toma y lo lleva a un monte muy alto y le muestra todas las riquezas, pompas, glorias y poderes de este mundo y le dice que todo eso se lo daría si él le adorase. ¡Qué atrevido, qué sinvergüenza! Y eso que era una de las criaturas más excelsas, más inteligentes, quizás como dicen algunos Santos que era el ángel de luz por encima de todos y por eso su nombre Luzbel, luz bella, y quien sin embargo claudicó por la soberbia.

Podemos preguntarnos cómo tenía tanto poder al ofrecerle esas riquezas, cómo fue que nuestro Señor no lo desmintió ni le dijo ¡mentiroso, eso no es tuyo sino que es de Dios!, sin necesidad de haberle dicho que era suyo, porque en cierta forma, como dicen los Padres de la Iglesia, el mundo, el universo, o por lo menos esta tierra, este planeta, este sistema solar, o esta galaxia pertenece de algún modo a Satanás que fue predestinado para que fuera él quien gobernara esta maquinaria terrenal y por eso es el príncipe de este mundo, por eso tiene poder material físico, ese espíritu sobre las cosas, sobre la naturaleza. Por eso se dan las infestaciones, las posesiones demoniacas, diabólicas y de ahí también entonces la necesidad de los exorcismos y las bendiciones.

Finalmente, nuestro Señor le responde: “¡Vade retro, Satana!”, ¡retírate!, ¡hacia atrás, Satanás!, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él servirás.” Nuestro Señor tampoco le responde ni le dice: “Yo soy ese Dios”, sino que le contesta con esta otra parte de la Escritura que afirma que solamente a Dios se le debe adoración.

Vemos que en esta triple tentación, la primera, que nos queda a nosotros, a la Iglesia, a la parte humana de la Iglesia, a los hombres, procurarse bienes materiales a través de la religión. Primera tentación en la que vemos ya ha caído la jerarquía actual, preocupada por los bienes terrenales, por el pan, creando la dialéctica, interpretando el Evangelio en esta forma; de allí la teología de la liberación y todos los comunistas que han salido del seno de la Iglesia, los curas, los jesuitas y digo los estos, no porque los dominicos o los franciscanos no lo sean, sino porque ellos, siendo más poderosos, fueron pregoneros de la revolución en América como en Chile, Colombia, Guatemala donde usan la religión para procurar bienes materiales.

Segunda tentación: procurarse el prestigio y el poder, el imperio, el mando a través de la religión; y ¿no vemos eso hoy? Los obispos pavoneándose como grandes sabios cuando viven en el error; los sacerdotes, las monjas, todo consecuencias del Concilio Vaticano II, cambiando la faz de la Iglesia aprovechándose de la religión; la misma jerarquía, en países laicos y masones como Francia, como ver al cardenal Lustiger amigo de ese gobierno masón ha impedido que todos los bienes que los fieles han donado a su muerte para la Fraternidad de San Pío X pudiese recibirlos. Son hechos.
Y así, cuántos otros usando el poder, el prestigio, la fama en provecho propio, se procuran poder a través de la religión. Por ello mucha gente se aleja de la Iglesia escandalizada y muchos se vuelven protestantes, ateos, o comunistas.

Y, ¿no es en el mismo orden en que utilizan el poder desde el Vaticano para destruir a un obispo fiel como monseñor Lefevbre y para someterlo bajo una falsa obediencia a que sea como ellos? Porque hasta eso le propusieron: comprarle un palacete para que viviera como un cardenal, o mejor quizás, y se quedase tranquilo viviendo de vacaciones; eso le pidieron cuando era Superior de los padres del Espíritu Santo para que no predicara la verdad. ¿Eso no es acaso utilizar el poder en contra de la religión y de la verdad? ¿No es en gran parte lo que San Pablo en la epístola de hoy ha dicho, “consideraos como últimos, como si nada tuviésemos, como castigados cuando todo lo tenemos”?, cuando estamos en la verdad; eso nos pasa a los fieles que continuamos firmes en la Tradición. Y no se olviden: cuando se sientan tentados, lean la epístola de hoy para que se vean en cierta forma reflejados en esta gran persecución de Satanás, que en definitiva ha entrado en la Iglesia, como lo dijo Pablo VI, y hoy estamos viendo los frutos.

Tercera tentación. En las anteriores ya ha caído la gran parte de la jerarquía oficial porque nadie se atreve a decir y a predicar lo contrario; la tercera tentación diabólica, perversa, de adorar a Satanás, ¿lo logrará? He ahí el gran misterio de iniquidad. He ahí la abominación de la desolación en el lugar santo, ¿logrará hacer que la Iglesia en su contexto humano adore a Satanás? Tal vez esté por producirse, por verificarse. Y no me hago el profeta, sino que sencillamente sigo la exegesis de la Iglesia, lo que nuestro Señor dice en los evangelios: “Cuando vuelva, ¿encontraré fe...?”.
¿Qué hará el anticristo que se sentará en Roma?, porque así lo dice nuestra Señora en La Salette: “Roma perderá la fe y será la sede del anticristo”. ¿Para qué? Para hacer adorar en definitiva a Satanás, y por eso la gran apostasía, la gran tribulación de los últimos tiempos en los cuales vivimos y en los que, lejos de aterrarnos, con fe y esperanza debemos enfrentar. Hay que enfocar esa realidad que nos está tocando vivir y no pasárnoslas viendo televisión y leyendo revistas que por muy buenas y muy verdaderas no dejan de ser estupideces en comparación con todo lo que está involucrando a la Iglesia a punto de caer, en su parte humana, en esa terrible y demoniaca tercera tentación.

Que no nos demos cuenta es el colmo, porque no hay quien lo predique, quien lo diga, quien lo clame. ¿Por qué? Por cobardía, ignorancia, estupidez humana, o lo que fuera. Por eso el padre Castellani ha sido uno de los grandes exegetas del siglo XX, porque lo avizoró, lo dijo y lo anunció y por ello fue desterrado de la Compañía de Jesús cuando era el teólogo, el doctor sacro bulado por Pío XII.

Para que nos hagamos una idea, eso le permitía predicar y escribir sin el nihil obstat, como doctor sacro de la Iglesia universal. Y, ¿cómo murió? Recluido en un apartamento de dos habitaciones llenas de libros, pero aislado, difamado; se le había prohibido decir la Misa durante muchos años, casi lo vuelven loco en Manresa. Así trataron a este doctor por señalar con el dedo lo que ahora les estoy diciendo y por eso, mis estimados hermanos, esta triple tentación debemos meditarla hoy más que nunca, y tener cuidado porque Satanás no llegará a hacerse adorar de golpe, necesitará primero quitar la esencia a la religión católica. Por eso vaciará el culto de la Santa Misa, de los sacramentos, de la doctrina, de las verdades católicas, de los dogmas. Lo que se viene haciendo desde el Concilio Vaticano II, con toda la innovación revolucionaria de la liturgia y de la teología.
Satanás necesita un culto falso, vaciado de su contenido para lograr que le adoren, que la Iglesia en su contexto humano caiga en la tercera tentación y le alabe.

Pidamos a nuestra Señora que nos ayude a meditar y tener presente todo esto para que permaneciendo siempre fieles adoremos a nuestro Señor Jesucristo y no a otro. +

PADRE BASILIO MERAMO
9 de marzo de 2003

miércoles, 10 de febrero de 2016

Miércoles de Ceniza, MEMENTO HOMO



Extracto del Sermón del R.Padre Méramo del Domingo de Quincuagésima en febrero de 2001.

...Con los domingos de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima, la Iglesia nos prepara para la Cuaresma que comienza con el Miércoles de Ceniza y que nos conduce, nos lleva al misterio de los misterios, la Pascua de Resurrección. Y para prepararnos bien a la Resurrección, a ese misterio fundamental de nuestra fe, la Iglesia nos invita a la oración, al sacrificio y a que vivamos también la Pasión de nuestro Señor y su crucifixión antes de resucitar. Este es el significado y simbolismo de la Cuaresma que con el preludio de estos tres domingos nos vayamos adentrando en ese espíritu de sacrificio de la Pasión de nuestro Señor que debemos tener presente a todo lo largo de nuestra vida.
La religión católica es inconcebible sin sacrificio, sin la Pasión de nuestro Señor. Lamentablemente el mundo pagano festeja para estas fechas todo lo opuesto, el carnaval, que es un festival pagano de la carne, es una fiesta antiquísima que ha sido imposible erradicar, ni siquiera con todos los siglos de cristianismo, por lo que en muchos lugares se hace durante estos días reparación ante el Santísimo, por los desmanes que se cometen en estos días cuando debiera ser lo opuesto, una preparación para la Cuaresma. Eso nos demuestra cuán opuesto es el espíritu católico al espíritu del mundo, son antagónicos y esos dos espíritus están en nosotros, el espíritu del mundo y de la carne simbolizados por el viejo hombre, y el espíritu católico simbolizado por el nuevo hombre.
Ese es el combate permanente que sostendremos durante toda nuestra vida, de ahí que debamos estar alertas para que no venza en nosotros el espíritu de la carne, el espíritu del viejo hombre. Ese es el ejemplo que nos han dado los Santos, la lucha y la victoria sobre la carne, y ese es el espíritu que se intensifica en la Cuaresma. No es que la religión pida que seamos masoquistas; simplemente la religión católica es una religión con espíritu de sacrificio, el sacrificio de nuestro Señor, su inmolación al Padre Eterno por nuestros pecados, la víctima inocente. Ese es el significado del sufrimiento cristiano católico y aun el de las víctimas inocentes como pueden ser los niños sin uso de razón, como el sacrificio de los Santos Inocentes y eso explica lo que el mundo no entiende por no tener la fe y la concepción católica de las cosas; cuando le reprocha a Dios el sufrimiento de personas inocentes, juzgan de acuerdo al mundo para reprocharle. De ahí la necesidad de que sepamos ofrecer los sufrimientos a imagen de nuestro Señor, por nuestros pecados y también por los de los demás. Los grandes Santos no sufrían solamente por sí, sino también por los demás, por la Iglesia.
Hoy, como nunca, hay que sufrir por la Iglesia, por todo lo que está aconteciendo dentro de ella, por la pérdida de fe, por la apostasía, por la corrupción de la religión, por la corrupción del orden social católico, por la destrucción de la familia y de las naciones católicas, por el mal ejemplo, los escándalos, el pecado institucionalizado. Siempre hubo pecados y maldad, pero nunca hubo el pecado como hoy, proclamado e institucionalizado con el descaro que se ve.
Antiguamente el pecador reconocía que lo era, que era miserable, que estaba conculcando la ley de Dios; hoy es todo lo contrario, esa ley de Dios ya no se proclama, ya no existe, lo que existe es la ley del hombre, la libertad del hombre, la dignidad del hombre, los derechos del hombre, la religión del hombre y por eso es una religión que no implica sacrificio, que no tiene la noción de la Santa Misa sino de una cena al estilo protestante, porque, en definitiva, es una religión del hombre, que utiliza el título de católica, se sirve de la reputación de la religión católica y se encubre bajo ese nombre, pero no es la religión católica, es la religión del hombre, no es la religión por Dios, por lo cual se la hace fácil, sin sacrificio, que “cada cual haga lo que quiera, es su conciencia la que determinará si está bien, si está mal”.
Y así se conculcan los derechos más sagrados de Dios y se destruye todo principio de orden, de felicidad y de bienestar, por eso el mal y la gran amenaza que hay sobre el mundo, el castigo de Dios que tarde o temprano vendrá, esa purificación que tendrán el mundo y la humanidad. De ahí que nosotros debemos purificarnos sufriendo con paciencia estos males que afectan a la Iglesia, que afectan a la religión y que hacen que la Iglesia sufra en carne propia la Pasión de nuestro Señor y que así, sufriendo el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, salgamos acrisolados, purificados, como el metal que se purifica al contacto con el fuego.
Aprovechemos esta Cuaresma para que se intensifique el deseo de reparación, de purificación, de sacrificio, de inmolación; que dispongamos bien nuestras almas para poder regocijarnos después con la resurrección de nuestro Señor, esa resurrección que también es promesa para todos aquellos que somos sus fieles. De ahí la importancia de la fidelidad a la gracia divina, la fidelidad a nuestro Señor...

Nota del Editor, hace algunos años:
Posterior al doble rayo sobre la cúpula de la Basílica de San Pedro hoy sede del Anticristo,  perfectamente consumada del legado profético  de Daniel el santo profeta,  con  sus también consumados y  pomposos; Un tiempo, ( Paulo 6),  Dos tiempos de  JP p´s,  y  el  Medio tiempo más  de la  rata cantantante,  Acaecidos que fueran,  dando por parte del Cielo,  la señal de la finalización del periodo de los 7 reyes apocalípticos,  con el rayo sucedáneo sobre el corcovado,  lugar en el que tendría efecto   el festival de la carne encabezado por "El Pedro Romano" (Un simple Humano) de  San  Malaquías, (Similar a la forma en  la que los festines al  ente de la carne, por parte de antiteos y paganos, siempre precedieron a la Santa cuaresma)  y preanunciando la recta final, "ASÍ COMO EL RAYO CAE EN ORIENTE Y ES VISIBLE EN OCCIDENTE"  preparusiaco.  Da  Inicio  de manera  formal con este Miércoles de ceniza,  La cuaresma pre crucifixión de la Inmaculada esposa del Divino cordero,  con Los cuarenta días, (léanse meses) de tiempo de mortificación, para  la pusylus,  ( o los 1200 y tantos días del mismo Daniel Santo Profeta: (1290 desde la elección del falso Prometeo o Francisquito, que tienen "causalmente, su exacta cumplimentación, el 28 de Diciembre del 2016 ligeramente posterior al 2 de Octubre de ese año, en el que se cumplimentan  los 6000 años de la creación,  con la cumplimentación también  el siguiente 11 de febrero del 2017 Día de la festividad de Lourdes, los 1335 días también del Santo Profeta Daniel)),  cuaresma que justo culmina con el periodo del tiempo extra, posterior al medio tiempo Rat...zingereano,  Real profeta del  anticristo, que fue anunciado por el libro de la Revelación como  anterior pero posterior,  al  propio  JP2,  La bestia que fue,  que volvió a ser  y  que  ahora  sin  ser  sigue siendo, (como  emérito papa de la iglesia del AntiCristo), y que apegado al Mismo evangelio eterno,  será arrojado vivo  al  abismo, que también "Causalmente"  converge en el centenario de Fátima,  (indicio de que el "Dies Ire"  acontecerá en vida de la rata cantante,  bestia de la tierra, que hizo adorar con el falso milagro de la sangre incoagulada (criterio médico que significa vida)  de  JP 2, y con la presencia de su imagen parlante,  en aquél nefasto día, en donde se juntaron los águilas).

   Así pues, dispongámonos "In Nomine DOMINE"  para los cuarenta meses de Penitencia (expulsiones calumnias difamaciones y vejaciones)  de Ayuno (Sin pastores, sin sacramentos),  de  abstinencia, de meditación y de oración, SIN PERDER DE VISTA EL MAPA,  con los  indispensables prerequisitos,  menesteres imperiosos, para quienes pretendamos por inmerecida gracia, participar en las bodas del cordero, como Vírgenes (Sin haber fornicado, con  el mundo Cristiano moderno o modernizado,  y sus visibles posibles elecciones, (El Cristo No esta en el desierto,  Ni está en el fondo de la casa)),  pero vírgenes prudentes, ( con el aceite de la gracia),  Y  asegurados, de que sea con el exacto y perfecto vestido para las bodas, (LA VERDADERA CARIDAD),   de lo contrario, aun estando en el convite podemos ser expulsados a las tinieblas eternas,  Y  con La marca de Cristiano En la Frente, símbolo y figura de la cruz de cenizas con la que acompañamos al inicio de la cuaresma que comienza hoy con todas sus implicaciones.    Teniendo presente mas que  Nunca,  que  el rezo de los quince misterios del Santo Rosario,  "SON EL ÚLTIMO RECURSO, QUE EL CIELO DIO AL HOMBRE",  Que  en la  Crucifixión del Divino Cordero, Única y exclusivamente estuvieron presentes, San Juan (Apocalipsis),  Y la  Santísima  Virgen María, (EN PORTUGAL ("El portus calus",  el puerto hermoso,  en la devoción a la Santísima virgen María)  SE CONSERVARA  LO QUE SE DEBE CREER DE LA  VERDADERA FE".

SEA PARA GLORIA DE DIOS
Alberto González.

domingo, 7 de febrero de 2016

DOMINGO DE QUINCUAGÉSIMA



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Nos encontramos en el domingo de Quincuagésima, que significa los cincuenta días que nos separan de la Pascua de nuestro Señor, estos tres domingos antes de comenzar la Cuaresma. El tiempo de Septuagésima, es un preludio para la Cuaresma, es decir una preparación para que nos dispongamos a celebrarla santamente, y con la mortificación de este tiempo a través de la penitencia, el ayuno, la oración, el sacrificio intensificado, nos preparemos para la gran fiesta de la Pascua.

En este domingo vemos cómo nuestro Señor anuncia su muerte, su Pasión, pero los discípulos no comprendían ese lenguaje. Sin embargo, nuestro Señor lo manifiesta para que cuando llegue la hora lo recuerden y se les mitigue esa gran pena, esa gran desolación, ese abandono por la muerte en la cruz. Y vemos cómo cura al ciego en esta ocasión que le llama Hijo de David. No había expresión más excelsa, más honorable, más que decir aquí doctor, como tontamente en estas tierras se le dice doctor a cualquiera. Pues mucho más que decirle así a alguien, era decirle antaño hijo de David. Era ensalzarlo a ese linaje del rey David, mucho más que el nombramiento de doctor tan vulgarizado en nuestro país.

Pues así este ciego le pide a nuestro Señor que le cure y Él al oír los gritos desaforados, podríamos decir impertinentes, lo manda traer y le pregunta que quién es, qué quiere y él le pide que vea, que le dé la vista, y nuestro Señor se la concede, lo cura y le dice que su fe le ha salvado. ¿Por qué? Porque sencillamente para pedirle a nuestro Señor ese milagro, tenía que tener fe y este buen ciego la tenía; nuestro Señor quiso entonces premiársela dándole la luz de la vista, puesto que la fe es la luz divina, la luz sobrenatural que nos hace conocer y adherir a la Verdad Eterna que es Dios y a toda otra verdad en el nombre de Dios.

La fe tiene por objeto tanto material como formal, a la Verdad Primera que es Dios en su doble aspecto objeto material y objeto formal, cosa que pasa desapercibida u olvidada; la fe es esa adhesión a la Verdad Primera, a Dios, propuesto como verdad a nuestra inteligencia. De ahí la gran corrupción que provoca Satanás y todos sus secuaces para destruir las inteligencias, para que no se adhieran a la Verdad primera. Por eso a este pobre ciego que algunos dicen que era Bartimeo, nuestro Señor quiso premiarlo con la luz natural como síntoma de esa luz espiritual que ya brillaba en él.

Y nuestro Señor elogia esta fe, la que es el fundamento de la Iglesia católica, apostólica, romana, junto con el otro gran basamento que son los sacramentos de la fe, como dice Santo Tomás de Aquino. Si se sacude la fe se está quitando el apoyo de la Iglesia católica, se tambalea la Iglesia y se socava la fe. De ahí el gran cuidado de conservarla, hoy más que nunca porque es de difícil adquisición. Ya no se sabe a dónde ir o recurrir para tener la fe, porque aun ni yendo a Roma encontramos la fe católica, apostólica, romana, mis estimados hermanos. Si vamos al clero, no encontramos la fe católica, sino una parodia, un sustituto, pero no encontramos la fe simple y pura.

Ese es el logro de las tinieblas, de Satanás, que ha complicado esa luz sobrenatural de la fe, dificulta que nuestra inteligencia que se adhiera a esa verdad primera y que se profese esa fe; son muy pocos los que la ejercen en estos tiempos de universal apostasía que nos ha tocado vivir, en los cuales debemos armarnos para no sucumbir y mantener esa llama viva de la fe, para no estar más ciegos que el del Evangelio de hoy, que no veía; mucho peor que no ver, es no tener la luz de la gracia de Dios en los corazones. Poco nos importaría ver o no con los ojos de la carne si nuestra alma estuviera inundada de la luz de la gracia de Dios. Y por eso el mundo está lleno de densas tinieblas, aunque alumbre la luz del sol porque falta el sobrenatural que es Cristo.

El mundo de hoy más que nunca le rechaza y ese rechazo hoy se hace con la connivencia, con la anuencia de aquellos pastores que por sus cargos debieran ser la luz del mundo y que lamentablemente no lo son.
Y por eso el nefasto acto de Asís se ha vuelto a repetir este año, y hay que decirlo y recordarlo. La pertinacia en el error, rebajando a Dios a cualquier concepto que se tenga de su dignidad; degradándolo a un concepto pagano de dios que no es el Dios de la revelación, no es el Dios Uno y Trino, ni el único camino que es el Verbo Encarnado, nuestro Señor, pues no hay otro camino. Buda no es un camino, ni Confucio, ni Mahoma, ni ningún fantoche de esos que fundarono dirigen las falsas religiones, invenciones del demonio como muy claramente lo dice el Salmo 95, que el dios de los gentiles, es decir, de los infieles, es obra del demonio.

Entonces es absurda, ilógica esa reunión, esa degradación, esa negación del Credo, de su primer artículo que es el símbolo de nuestra fe, pero que no lo ven, el mundo no lo quiere ver y Roma paganizada tampoco, convirtiéndose en una Babilonia como ya la llamaba San Pedro cuando escribía desde Roma; la Roma sin fe es la Babilonia del Apocalipsis, la falsa religión, la mujer vestida de escarlata, la mala mujer que cabalga sobre la bestia bebiéndose la sangre de los mártires y que en la frente lleva la palabra misterio, el misterio de la religión prostituida de los últimos tiempos. De todo lo cual ya nos hiciera advertencia, mil veces, nuestra Señora en sus apariciones y en la principal, la de La Salette; todo para advertirnos que no perdamos la fe a instancias de Roma paganizada, de la Roma moderna, para ser fieles a la Roma sempiterna, a la eterna, a la católica y apostólica.

Para que bajo una falsa obediencia, bajo pretexto de autoridad no se nos conculque a perder la fe; ese es el gran mérito de los pocos fieles que permanecen leales a nuestro Señor y a la Iglesia católica, apostólica y romana. Ese es el gran combate que pocos, muy pocos entienden o quieren entender y es el que les corresponde a ustedes mis estimados fieles, comprender y pedir para que no apostaten, para que no desertemos, porque es una visión espeluznante la caída de sacerdotes, inclusive tradicionalistas, que oyen a la sirena y caen por la presión espantosa del error bajo el peso de la autoridad corrompida.

“¿Qué será de la sal si pierde su sazón?”. Para nada vale ya, sino para que la tiren a la calle y la pise la gente, pues eso es lo que vale un cardenal, un obispo, un sacerdote o el clero que no tiene la sal de la fe, que le pisoteen la cabeza. Y eso no lo digo yo, mis estimados hermanos, lo dice el Evangelio de nuestro Señor; lo que pasa es que no tenemos fe, no sabemos juzgar las cosas con ella y ser consecuentes; por ello nos gusta entonces el contubernio, la amalgama, la combinación, la diplomacia. Para seducir y corromper siguiendo así la obra de Satanás.
Por eso es un gran deber de los pocos fieles, de los pocos sacerdotes, de los pocos obispos; no sé si quedará por ahí algún cardenal que ciertamente no es monseñor Castrillón, porque es uno de los peores, que hizo caer al clero fiel de monseñor don Antonio de Castro Mayer, ya reciclándolos, ya homologándolos bajo la presión de la autoridad y que nos haría caer, que haría caer a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, si no permanecemos fieles y vigilantes al espíritu de monseñor Lefebvre, de monseñor de Castro Mayer; estos fueron los San Atanasios del siglo XX, porque no hicieron más que recordar los principios de la fe, para que salvemos nuestras almas y no caer seducidos en el error, tonta y estúpidamente.

Por eso tenemos que pedir, mis estimados hermanos, más que la visión que pidió este ciego, la luz, la visión sobrenatural de la fe, para que nos adhiramos de todo corazón a la Verdad Primera que es Dios y así salvar nuestras almas y las del prójimo en esta gran confusión. Este es el mensaje que nos debe quedar si confrontamos el Evangelio de hoy, con lo que está pasando de un modo más agudo, más crítico y más grave, para el mundo y para la Iglesia, y por tanto, para nosotros, que sin ser del mundo, vivimos en este mundo queriendo ser fieles y dignos hijos de la Iglesia católica, apostólica y romana, fuera de la cual no hay salvación.

Pidámosle a nuestra Señora, a la Santísima Virgen María, que con esa fe podamos entrar en esta Cuaresma y en esta la verdadera Pasión de la Iglesia, porque al igual que nuestro Señor, la Iglesia está siendo crucificada. Por eso debemos permanecer de pie como nuestra Señora al pie de la Cruz mientras los apóstoles huyen aterrados abandonándolo; por eso es la hora de la Virgen María, de la Santísima Virgen María, para mantenernos de pie en esta segunda crucifixión de nuestro Señor en su Cuerpo Místico que es la Iglesia católica, apostólica y romana. +

PADRE BASILIO MERAMO
10 de febrero de 2002

domingo, 31 de enero de 2016

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Durante este preludio de la Cuaresma la Iglesia nos presenta en el Evangelio la parábola del sembrador que nuestro Señor mismo la explica a sus discípulos ya que no la comprendían. Nuestro Señor les dice irónicamente que habla en parábolas para que no entiendan. No es que nuestro Señor les hable así para que no capten como leemos en el evangelio si se le interpreta al pie de la letra, sino que Él lo dice de un modo irónico, un modo indirecto de decir las cosas al revés para que surtan el efecto deseado. Como aquel que por advertir a alguien, en vez de decirle: tenga cuidado no se le caiga tal cosa, directamente le dice que se le caiga. Ironía que no es burlesca o hipócrita, sino producida por el celo por las cosas de Dios. Nuestro Señor les hablaba en parábolas no para que no entendieran; cuando lo que Él quería, justamente, era que entendiesen a través de esas semejanzas o comparaciones naturales las realidades de orden sobrenatural que eran difíciles de interpretar normal y comúnmente.

Y con la enseñanza de hoy nuestro Señor quiere mostrarnos la suerte de la semilla de la Palabra de Dios esparcida en el mundo. La respuesta que tiene esa semilla como fruto es un verdadero misterio. Nosotros no sabemos quiénes se salvan ni quiénes se condenan; si nos vamos a salvar o a condenar. La salvación se debe al fruto que produce la semilla, la palabra de Dios en nuestros corazones, en nuestras almas. Pero no todos tenemos la misma disposición, no todos corren la misma suerte, hay una elección fundamental, elemental, que nos pone en consonancia o en disonancia con Dios, esa elección del libre albedrío, de la libertad, porque libremente nos salvamos o nos condenamos, y para ello necesitamos la gracia de Dios.

Hay, pues, una elección que cada uno hace con Dios o contra Él; he ahí el gran misterio de la libertad, del fuero interno de cada uno. De esa decisión que está en lo más profundo de nuestra alma viene la respuesta y según ésta se da esa disposición para que germine y dé fruto o no, esa semilla que debería crecer y fructificar en el alma.

Coloca entonces cuatro ejemplos: tres de ellos, en los cuales no hay fruto, porque cae en mal lugar, en mala tierra, en mal corazón. La semilla que cae a la orilla del camino pero que viene el diablo y arrebata la palabra de Dios y es como si resbalase. La segunda porción, la semilla que cae entre las piedras, que crece, germina, pero al no haber raíces sólidas se pierde. Y la tercera, la que cae entre espinas y que por esas espinas la semilla es sofocada. La cuarta parte, que cae en tierra buena y da fruto y de ese fruto sabemos en otros pasajes del Evangelio, que unos dan el treinta, otros el sesenta y otros el ciento por ciento, que podríamos decir son los incipientes, los píos y los perfectos según la clasificación de las tres edades de la vida interior. Hay entonces una gradación; siendo la misma palabra de Dios, no en todos da el mismo resultado. Esa es la gran moraleja, la gran lección.

Lo que quiere nuestro Señor es que seamos buena tierra, bien abonada para que la semilla dé fruto; que no seamos de los que reciben su palabra pero que se les resbala, que poco caso hacen de ella; viven en la superficialidad, en la vanidad; de pronto se entusiasman en un momento efímero, como los fuegos de artificio, que duran unos segundos y luego desaparecen, se acaban.

Cuántas almas fogosas, en un instante de entusiasmo oyen la palabra de Dios, pero a la vuelta de la esquina ya van como si no hubieran oído absolutamente nada. Otra clase de personas, quizás menos superficiales, menos casquivanas, logran que la palabra de Dios germine, pero ante la dificultad por falta de esfuerzo, por flojera, no perseveran y entonces la semilla que crece se marchita, no produce fruto ante la dificultad, ante la contradicción, no hay hondas raíces, sólidas, no ha penetrado; es como quien siembra una planta a flor de tierra, se cae, echa raíces pero éstas no mantienen esa planta en pie. Y a cuántas personas vemos, incluidos todos nosotros, en quienes la semilla, la palabra de Dios, no tiene ese arraigo, esa penetración que nos haga mantener firmes, de pie, sólidamente, sin sucumbir ante la adversidad, ante la contradicción, ante el esfuerzo, ante el sufrimiento que implica la vida presente y más si se quiere vivir cristianamente, católicamente, y mucho más si se vive en un mundo como el de hoy, adverso a Dios, a la virtud, al bien, donde el pecado, el mal, tiene carta de ciudadanía. Eso es lo que hacen los medios de difusión, introducir el mal como si fuese bueno, aceptable, y eso en todos los órdenes, aun en el artístico como los adefesios que hace Botero.

¿Quién se escandaliza hoy de ver una pareja manoseándose en plena esquina? La niña o la mujer se prostituyen públicamente, es lo más normal del mundo, ¿quién les dice algo? Cuando antes algo así era denunciado, intervenía la policía, hoy es lo más normal, como el nudismo en las playas, lo más normal del cuento; lo raro es quien no hace eso; lo común es abortar, usar anticonceptivos, y no terminaría si comenzara a enumerar. Todo es general, menos la virtud, el bien, la pureza, la castidad, la virginidad, la veracidad, la palabra, la honradez.

Se ha dado vuelta al mundo; nos han dado vuelta los principios, los conceptos y esto es por la maldita televisión que nos emboba, me entristece decirlo, pero eso demuestra la perversión de nuestro corazón que nos gusta lo malo, pues si no nos gustara, no tendríamos esa atracción por el maldito aparato; y no es por lo de las “noticias”, eso es mentira, pues éstas son el gancho, si es que noticias podemos llamar a ese bombardeo incesante de información sin ton ni son; porque no sabemos cuál es la causa ni las consecuencias, ni los efectos de aquello con que nos atiborran sin poder ni siquiera reflexionar.

Comprobamos, pues, que es difícil mantenerse hoy como buen católico; incluso, ser un hombre normal cuando hoy el lesbianismo, la homosexualidad y cualquier perversión, tienen estatus social legal; lo que es antinatural. Entonces, ¿qué debemos hacer para poder vivir cristianamente y aun si se quiere, vivir naturalmente como un hombre normal. Es casi imposible hoy en día, sin un esfuerzo prácticamente sobrehumano. Luego cuántos no dejan, abandonan y abandonamos el camino por la falta de esfuerzo; no solamente pasa eso en la gente, en los fieles, en los sacerdotes; cuántos no se cansan y nos cansamos de la dificultad. ¿Qué les ha pasado a los padres de Campos? ¿Por qué cedieron? Porque hay una fatiga. Hay un desgaste y eso hace que uno claudique habiendo oído la palabra de Dios sin echar raíces hondas, sólidas.

Las raíces sólidas consisten en la capacidad para el sufrimiento que el mundo moderno no nos da; hoy no se quiere sufrir, no se quiere el dolor; en cambio el cristianismo nos enseña que el dolor y el martirio son fuente de redención, eso es la cruz, y por eso nosotros tenemos que asumir nuestra cuota de calvario, de suplilcio para asimilarnos y configurarnos en nuestro Señor. El mundo moderno eso no lo enseña, en cambio fomenta otra cosa: la diversión, la comodidad, lo placentero, todo lo que favorece la flojedad y por eso estamos espiritual y físicamente débiles, no tenemos espíritu aguerrido. Al contrario, estamos propensos a la depresión, a la neurosis, al estrés, sin culpa, como víctimas de un mundo que vive en el ruido, en la velocidad supersónica, que nos hace incapaces de adaptarnos a situaciones, porque cuando ya casi nos adaptamos a una viene otra, luego otra y otra. ¿Qué cuerpo aguanta?, ¿qué nervios toleran?

Esa es la aceleración del mundo moderno que desquicia, que nos desquicia y de ahí el sumo cuidado que debemos tener para no sucumbir, la necesidad de soledad para la oración, para la contemplación, para refugiarnos en Dios. Por eso la semilla que cae entre las piedras, por falta de hondas raíces queda sin fruto, se pierde. Y la otra parte, la que cae entre las espinas es el mundo con toda esa lucha que acabamos de describir y que de pronto se vuelve en nosotros una agonía; porque somos, o nos creemos, incapaces de poder sobrellevar ese aguijón, esa espina, esa dificultad agudizada que no es de un modo general sino de un modo más particularizado y que hace que no dé fruto la palabra de Dios como aquel a quien se le amputa un miembro. Quedamos amputados, sofocados por esas dificultades graves que encontramos a lo largo de nuestro camino, de nuestra existencia. Cuánta gente es buena, muy buena, por un tiempo, incluso largo tiempo y de pronto una gran desgracia, inesperada, violenta, la hace sucumbir, al igual que al sacerdote o simple fiel, por las espinas del mundo, por no haber tenido cuidado con todo lo que el mundo prodiga. Aun siendo buenos, aunque no tan buenos, somos seducidos por las riquezas, por las cosas del mundo pero sin darnos suficiente cuenta, como aquel ejemplo de las vacas flacas y de las vacas gordas, cuando viene la dificultad ya no somos capaces. Hay que tenerlo presente mis estimados hermanos, para no sucumbir.

Sólo una cuarta parte cae en terreno fértil, y sin embargo, no todos responden ni respondemos de igual modo; no debemos escandalizarnos de que a veces la palabra de Dios no produzca los efectos que deseamos, y no es por culpa de Dios sino por el defecto de la tierra donde cae la palabra Divina.

Pidámosle a nuestra Señora que nos haga terreno fértil, para que la palabra divina produzca ese fruto generoso, para sufrir con paciencia perseverando en el bien; que podamos llegar a esa perfección y santidad a la que Dios nos llama. +


PADRE BASILIO MERAMO
3 de febrero de 2002