San Juan Apocaleta



Difundid Señor, benignamente vuestra luz sobre toda la Iglesia, para que, adoctrinada por vuestro Santo Apóstol y evangelista San Juan, podamos alcanzar los bienes Eternos, te lo pedimos por el Mismo. JesuCristo Nuestro Señor, Tu Hijo, que contigo Vive y Reina en unidad del Espíritu Santo, Siendo DIOS por los Siglos de los siglos.












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"Sancte Pio Decime" Gloriose Patrone, ora pro nobis.





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martes, 21 de enero de 2014

R.P. Basilio Méramo Hace algunas aclaraciones entre el Milenarismo Patrístico y el ramplón.

ACLARACIONES SOBRE EL MILENARISMO






Con respecto a un escrito sobre el Milenarismo del Padre Hervé Belmont el 5 de
diciembre de 2013, en el cual se hace eco de los prejuicios y errores que circulan
con sobre el tema, me veo en la obligación doctrinal y exegética de aclarar,
respondiendo a los principales reparos, pues aunque parezca mentira, la ignorancia
sobre el Milenarismo es muy grande desde hace mucho tiempo y hoy ya no es
posible continuar sosteniendo.
El P. Belmont (a quien conozco y aprecio) se hace eco de todos los prejuicios y
errores que se formulan por desconocimiento y confusión sobre el Apocalipsis y el
Milenio por lo cual amerita que se la haga una aclaración sobre el tema y se le
responda a esos prejuicios y reparos acerca del Milenio.
1° El origen del Milenio viene de las Sagradas Escrituras y no del judaísmo, pues
esa idea es una deformación carnalizada. La doctrina del Milenio proviene de San
Juan Apóstol y Evangelista y fue doctrina común durante los primeros cuatro siglos
de la Iglesia primitiva. De sus dos discípulos San Papías y San Policarpo, y San
Irineo, discípulo de este último, se recibe como revelada. San Papías no es un tonto
ni un mediocre intelectual como lo pinta el primer historiador de la Iglesia, el
hereje y arriano Eusebio para desacreditar a este gran patriarca de la Iglesia de
toda el Asia.
No hay que confundir el Milenarismo Patrístico, con el milenarismo herético de
Cerinto ni con el milenarismo judaizante de Nepos (Nepote) ni de Apolinar;
hacerlo sería un gran error o muestra de pura ignorancia.
2° La doctrina rechazada del Milenarismo después de siglos, es la del hereje y judío
de origen, Cerinto, así como la judaizante de Nepotes y Apolinar.
Es un gran error histórico y doctrinal confundir o poner dentro de un mismo saco,
a todos los milenaristas, sin distinguir. Considerar el milenarismo patrístico de un
San Ireneo, Obispo y Mártir de Lion (las Galias) o de un San Justino Obispo y
Mártir de Petovio en Panonia superior, que además son padres de la Iglesia, a la
par del milenarismo herético de Cerinto, es el colmo del desafuero.
3° Confundir el Milenarismo Patrístico que viene de San Juan, con la literatura
judía retomada por Cerinto, sacerdote de Alejandría, es un craso error que
únicamente un fanático o ignorante puede sostener hoy en día. Decir que esta
literatura judía es la adopción entre otros de San Justino –primer comentador del
Apocalipsis– y San Ireneo –discípulo este último de San Policarpo y compañero de
San Papías y estos a su vez, discípulos directos de San Juan– es no sólo un error
craso sino además un desconocimiento total del tema, histórica y doctrinalmente
considerado.
2
Invocar la autoridad de Orígenes es no saber que su alegorismo proviene de su
desdichada experiencia, producida a causa de su craso y bárbaro error cometido
por pura rigidez mental, interpretando crudamente la letra de las Escrituras y
pasándose al otro extremo: “Orígenes nació en Egipto, Alejandría, probablemente,
entre el 183 y 186, del griego Leónida que el año 202 padeció el martirio. Fue
director de la Escuela Alejandrina a los 17 años de edad. Después de la
persecución en la que fue ejecutado su padre, Orígenes se entregó a un ascetismo
austerísimo; y se cuenta dél, que interpretando crudamente una palabra de
Cristo, se hizo castrar”. (Alcañiz-Castellani, La Iglesia Patrística y la Parusía, ed.
Paulinas, Bs.As. 1962, p.185).
Confundir el Milenarismo Patrístico con el Milenarismo Carnal, como hace el
famoso aunque desdichado Orígenes –que además de castrarse, como resultado de
su frustración y para no terminar quizás cortándose la propia cabeza, comienza a
alegorizar– es no tener en cuenta que a pesar de ser un genio, seguía la idea de
Cayo Romano, para quien no había más milenarismo que el de Cerinto y que era
además hereje y aloguista (negaba la divinidad del Logos o Verbo). Además, Santo
Tomás de Aquino, es quien dice que Orígenes negaba la divinidad del Verbo
(aloguismo) pues negaba que fuera esencialmente divino, como se puede ver en su
comentario al Evangelio de San Juan (Cap. I, lec. I). Tampoco podemos olvidar que
Orígenes sostenía una noción exagerada y extralimitada de la apocatástasis
(restablecimiento), al incluir hasta la redención del mismo demonio, quedando el
infierno vacío.
“Cayo Romano nos anoticia que Kerinthos compuso el Apokalipsi que puso bajo el
nombre ‘de un gran Apóstol’ y aunque algunos creen que pudo ser un centón de
visiones falsas y apócrifas para propagar sus paparruchas, lo más probable es
que Cayo se refiera al auténtico Apocalipsis de San Juan, cuya autenticia él
rechazaba no menos que muchísimos otros antimilenistas; considerándolo, no sin
razón, como la fuente del milenismo”. (La Igl. Patr., p.322).
Orígenes, que si bien reconocía que el Apocalipsis era de San Juan, sin embargo,
para él no había más milenarismo que el de Cerinto.
Cerinto fue el enemigo personal de San Juan, puesto que: “Hay quienes le oyeron
decir que Juan, discípulo del Señor, yendo en Éfeso a bañarse, cuando vio dentro
a Cerinto, salió de las termas sin bañarse por temor, según él, de que se
desplomaran las termas porque se hallaba dentro Cerinto, enemigo de la verdad.
(San Ireneo, Contra las Herejías, Libro III, ed. Apostolado Mariano, Sevilla, 1994,
p.21).
Tampoco hay que olvidar que Judas traicionó a Cristo por no creer en el Reino,
siendo antimilenarista: He aquí lo que Papías –oyente de Juan–, compañero de
Policarpo –hombre venerable–, atestigua por escrito en su libro cuarto –pues hay
cinco libros compuestos por él– “Y añadió: ‘todo esto es creíble, para los que
tienen fe. Porque, prosigue él, como Judas el traidor siguiese incrédulo y
preguntase: ¿Cómo podrá Dios crear tales frutos? –el Señor le respondió: verán
quienes vivan hasta entonces’ ”. (San Ireneo, Contra las Herejías, Libro V,
Apostolado Marino, p.122).
3
San Jerónimo y San Agustín, no condenaron el milenarismo, ni jamás lo hubieran
podido hacer, por la sencilla razón que muchos santos lo habían sostenido.
San Jerónimo llega a expresar: “… cosas que, aunque no sigamos, no podemos
empero condenar, porque muchos de los varones eclesiásticos y de los mártires
las dijeron. Y así, cada cual abunde en su sentido y a Dios se reserve la resolución”
(M.L. XXIV, 801). Esta solución enaltece la reverencia de San Jerónimo hacia los
Padres y Mártires, pero espanta que no ose ‘condenar’ aquel milenismo grosero y
judaico de que habla, aquí como doquiera. Pues admitir entre los Santos
resucitados ‘nupcias, francachelas, relleno de panzas y circuncisión y sacrificio de
toros’ y lo demás que el Santo atribuye a los milenistas católicos ¿quién no ve que
a orejas católicas rechina?”. La Igl. Patr. p. 267,268).
Es increíble que San Jerónimo, no se haya percatado de una postura incongruente
y contradictoria, pues sin distingos, engloba a todos los milenaristas dentro del
milenarismo carnal y herético de Cerinto y por otro lado, no se atreve a condenarlo
porque muchos Santos Padres lo afirmaron: “A todos los milenistas católicos,
atribuye pues Jerónimo el más crudo kiliasmo kerinthiano. Como a un toro el
trapo rojo, lo saca de quicio el solo nombre de sus adversarios. Esta inquina del
Santo, causa principal del abandono (hasta qué punto, más tarde veremos) del
milenismo por San Agustín, deberá ser explicada históricamente”. (Ibídem,
p.266).
Más claro no es posible. San Jerónimo atribuye el milenismo craso que tanto lo
irrita, a los grande Padres de la Iglesia Latina, desde Tertuliano a Sulpicio
Severo, de los cuales menciona los principales. Y para que no haya resquicio de
confusión, enyunta al final el milenismo de San Ireneo, con el grosero kiliasmo del
hereje Apolinar”. (Ibídem, p. 265).
“Aquí San Jerónimo no dejaba de ver que se le lanzaba una objeción grave: pues
si a una mano, tantos Padres y Doctores y aquella ingente multitud de fieles
abrazaba el ‘milenismo judaico’; y a otra mano, esa doctrina era judaica, hay que
decir que todos cayeron en herejías”. (Ibídem, p.267).
“Como vimos San Agustín abrazó primero la sentencia milenista, porque
creíblemente era general entonces en la Iglesia africana, o casi general; ya que
ningún antimilenista aparece allí y por contra, muchos milenistas, como
Tertuliano, Lactancio y Commodiano; y además habla del milenismo talmente
como cuestión discutible. ¿Cuál fue la causa que Agustín cambió su primera
sentencia? Con certidumbre no lo sabemos, porque él no lo dijo, conjeturamos que
por doble causa: Primera, por el peligro del milenismo carnal, que a causa de los
escritos del Obispo Apolinar se extendía grandemente, arrastrando a muchos
católicos a ‘judaizar’ como decía Jerónimo. Segunda, la autoridad del anciano
Jerónimo. Nos consta cuanta deferencia mostraba el joven Agustín a la exégesis
del ermitaño de Palestina; ahora bien, varios años antes que el Africano
escribiera la Ciudad de Dios, circulaban ya los comentarios a los Profetas, de
Jerónimo; en el cual abundan las acervas impugnaciones de todo milenismo, que
en la mente de San Agustín no pudieron menos de influir muchísimo”. (Ibídem, p.
280).
4
Lamentablemente cuando San Agustín cambió de opinión, tomó de Ticonio –que
fue un hereje donatista y aloguista– la idea de aplicar el milenio a la historia de la
Iglesia, desde la Ascensión hasta la Parusía, como puede verse por lo que a
continuación dice el P. Castellani: “Indicaré aquí sin embargo, la otra
interpretación, alegórica, que inventó en el siglo IV el hereje donatista Tyconius, y
repitió minuciosamente San Agustín en el Cap. 20 y ss. de ‘Civitate Dei’. Estos mil
años significarían todo el tiempo de la Iglesia, desde la Ascensión de Cristo hasta
el Anticristo; los fieles reinarán en ese tiempo sobre la tierra (porque servir a
Dios es reinar), y también en el cielo, donde los muertos tienen la gloria eterna y
se pueden llamar resucitados; porque la Primera Resurrección, no es sino la
gracia de Dios”. (Castellani, El Apokalypsis de San Juan, ed. Paulinas Buenos Aires
1963, p.294).
Lo mismo recalca en este otro texto: “Esta interpretación alegorista, según
Vacant, D.T.C. I, col. 1472, tuvo su origen en un hereje donatista llamado Tyconio
que escribió un comentario del Apokalipsi. Este método siguió San Agustín en su
segunda época, después de San Jerónimo, Aretas Cesariense y los demás. (La Igl.
Patr. , p.327).
De todos modos, queda claro, que en sus vaivenes exegéticos, el gran San Agustín
reconoce que aún con todo, no sabe si su segunda posición, evidentemente
alegorista, es la correcta exegéticamente, pues como dice el P. Castellani: “San
Agustín advierte que no sabe si esta interpretación es la buena o no, cosa en la
que no es imitado por ninguno de los actuales ‘alegoristas’, muchos de los cuales
además incriminan de ‘heréticos’ (y de ridículos, y de judaizantes, y de zotes, y de
groseros, y de perturbadores) a aquellos que no gustan della” . (El Apok. p.294).
De San Agustín sabemos que abandonó el Milenarismo sin condenarlo: “Hay que
distinguir en San Agustín dos tramos; en el primero profesó el Milenismo; en el
segundo se retiró del, sin condenarlo”. (Ibídem, p. 275).
El alegorismo que pretende suplantar (y usurpar los derechos exclusivos y
primigenios de la exégesis literal) haciéndose exclusivo, deshace la naturaleza
(pulveriza) del Apocalipsis y su contenido escriturístico profético. El alegorismo
apriorista y exclusivista va además, contra las directrices dictaminadas y precisadas
por el Magisterio de la Iglesia que por boca del Papa Pío XII en su encíclica Divino
Afflante Spiritu expresa: “Al llevar a cabo esta obra, tengan presente los
intérpretes, que su máximo cuidado ha de dirigirse a ver y determinar con
claridad, cuál es el sentido de las palabras bíblicas que se llama literal. Este
sentido literal, han de averiguar con toda diligencia por medio del conocimiento
de las lenguas, con ayuda del contexto y de la comparación con pasajes
semejantes; a todo lo cual suele también apelarse a la interpretación de los
escritores profanos, a fin de que aparezca patente y claro el pensamiento del
autor”. (Dz. 2293).
Luego es evidente que el alegorismo puro, exclusivo y generalizante no cumple los
parámetros dictaminados por la exégesis que la Iglesia reclama, como hoy podemos
ver con lo que dice, puntualiza y precisa Pío XII.
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Por esto dice el P. Castellani sobre el sentido literal: “Cuando una interpretación
ha sido manifiestamente contradicha por los sucesos, es más que evidente que hay
que abandonarla; y así como cuando es imposible o absurda. Estos son los límites
de la interpretación ‘literal’; fuera de ese caso hemos interpretado literalmente, de
acuerdo a la exhortación pontificia contenida en la Encíclica ‘Divino Afflante
Spiritu’. El sentido alegórico es segundo y debe basarse sobre el sentido literal,
que es primario; dice Santo Tomás, y lo confirma el sentido común. Levantarse de
inmediato a la alegoría pura, como hacen tantos modernos (Luis Féret) y algunos
antiguos (Luis de Alcázar) es quitar al libro su carácter propio de profecía y toda
importancia y seriedad, convirtiendo en un libro de ‘poesía’; bastante dudosa y
aún extravagante, por cierto. Así Luis de Alcázar tuvo que llegar a la confesión
despampanante de que el Apokalypsis sería un libro de ‘¡adivinanzas sacras!’,
combinado por Dios mismo, con el fin de enseñar… la Dogmática”. (El Apok. p.11).
Y así el P. Castellani continúa diciendo: “San Basilio el Grande (330), estando en
un ambiente propenso al ‘alegorismo, su propio hermano, San Gregorio de Niza,
reacciona contra él (en el único libro de exégesis que compuso, In Hexámeron en
esta forma: ‘Conozco las reglas de la alegoría, no por haberlas yo inventado, sino
por haberlas topado en libros de otros. Los que no siguen el sentido literal de la
Escritura, no llaman al gua, agua; sino cualquier otra cosa. Interpretan ‘planta o
pez’ como se les antoja. Explican la naturaleza de los reptiles o de las fieras, no de
acuerdo a lo que son, sino a lo que cuadra a sus alegorismos; tal como los
intérpretes de los sueños… Yo en cambio, cuando veo la palabra ‘hierba’, no
entiendo sino hierba. Planta, pez, fiera, animal doméstico… tomo todos estos
términos en sentido literal; porque no me avergüenzo del Evangelio… (Hex.9,
80)”. (Ibídem, p. 27).
Como recalca sabia y profundamente el P. Castellani, hay que tener en cuenta: “Si
se tiene sinceramente que la Biblia es la ‘Palabra de Dios’, entonces hay que
aceptar que su sentido literal responde a cosas, que son tan grandes o más de lo
que suenan las palabras; que esas cosas no se han verificado todavía muchas de
ellas; y que se habrán de verificar; y por cierto, pronto, como dice siete veces
Juan Apokaleta. La ‘Palabra de Dios’ no puede ser un centón de metáforas
extravagantes y adivinanzas desaforadas de unos pobres rapsodas orientales a
medio civilizar. Blasfemia es esto. (…) Dijo el gran exégeta Maldonado (In
Mattheum, VIII, 12): ‘Lo que puédese interpretar literalmente, interpretarlo
alegóricamente, eso es propio de incrédulos o de gente que busca salirse de la fe’ ”.
(El Apok. p.297).
Recordemos la regla de oro de la exégesis, como muestra el Padre Castellani y que
no conviene jamás olvidar: “Sucede que los recientes Pontífices Romanos (como
Pio XII en la Encíclica ‘Divino Afflante Spiritu’), recomiendan y encarecen al
exégeta que busque antes de todo el sentido textual de la Escritura (lo cual no es
sino de sentido común) repitiendo la ‘regla de oro’ de San Agustín y el Concejo de
Santo Tomás: ‘Totum te aplica ad textum, totum textum aplica a te’ ”. (La Igl. Patr.
p.336). Aplícate todo al texto, y todo el texto aplícalo a ti.
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“Según la Regla de Oro de la exégesis, ‘Siempre hay que interpretar literalmente a
menos que sea imposible’ (San Agustín)”. (La Igl. Pat. p.142)
El puro Alegorismo de Orígenes está en contra de lo que la Iglesia dice y expone, a
través de Pío XII como hemos visto, por eso es un absurdo exegético seguir
basándose en él única y exclusivamente, dejando de lado el sentido literal propio y
natural de las palabras.
La supuesta condenación del Milenarismo para los ignaros, es prácticamente un
hecho irrefutable que los hace inconscientemente proclives al antimilenarismo. Y el
problema es que no se dan cuenta que no se trata de una condenación doctrinal o
teológica, pues sin analizar, se dejan espantar por lo que ha sido utilizado como un
tabú espantapájaros; lo que hubo no fue una condenación doctrinal del
Milenarismo, sino una simple admonición o advertencia de carácter disciplinar con
respecto al Milenarismo Mitigado y nada más, puesto que no se condena
doctrinalmente al Milenarismo, cosa que no se podría hacer de una manera general
y absoluta, pues estarían cercenando la rama del árbol sobre la cual se asienta la
Iglesia y que es la exégesis de los Padres de la Iglesia de los primeros cuatro siglos;
además hay que decir que la primera supuesta condenación del año 41 era en sí
misma errónea y hasta herética, puesto que sin darse cuenta negaba el Reino de
Cristo sacramentado presente en todos los Tabernáculos de las Iglesias por el
mundo, ya que se negaba en los términos siguientes diciendo: “El sistema del
milenarismo, aún el mitigado, es decir, el que enseña que, según la revelación
católica, Cristo Nuestro Señor antes del juicio final, ha de venir corporalmente a
esta tierra a reinar, ya sea con resurrección anterior de muchos justos o sin ella,
no se puede enseñar sin peligro”. (Decreto del Santo Oficio del 11 de Julio de 1941).
Y como sabemos que Nuestro Señor Jesucristo reina corporalmente desde el
Sagrario, hubo que corregir el grave error que raya en la herejía, una vez advertido,
lo cual los obligó a tener que hacer un segundo decreto cambiando el término
corporalmente, por visiblemente y así tenemos un segundo decreto del 21 de Julio
de 1944 que restringe además, su enfoque refiriéndose al milenarismo mitigado:
“En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una vez a esta Suprema
Sagrada Congregación del Santo Oficio qué haya de sentirse del sistema del
milenarismo mitigado, es decir, del que enseña que Cristo Señor, antes del juicio
final, previa o no resurrección de muchos justos, ha de venir visiblemente para
reinar en la tierra.
Respuesta: El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con
seguridad”. (Dz. 2296).
Como bien se puede observar, no se trata de una condenación doctrinal, sino de
una simple advertencia prudencial de carácter disciplinar, o a lo sumo una
prohibición disciplinar, restringida al Milenarismo Mitigado y nada más. Queda
claro que hacer de esto una condenación doctrinal, es abusar de la ignorancia de los
incautos que no leen ni estudian, pero como loritos, repiten sintiéndose amparados
por lo que el clima de prejuicio sobre el tema pululaba y pulula, aún hoy en día, en
un ambiente clerical, mediocre, que está bajo la férula antiapocalíptica y
antimilenarista que aún hoy perdura.
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Por esto el P. Castellani, decía al respecto: “La corrección del adverbio
‘corporáliter’ substituído por ‘visibiliter’ es fácil de comprender, el alegorista que
redactó el primer decreto no advirtió quizá que sin querer se condenaba a sí
mismo. En efecto los alegoristas o antimilenistas, sostienen como hemos visto que
el profetizado Reino de Cristo en el universo Mundo es este de ahora, es la Iglesia
actual tal cual. ¿Y cómo reina ahora Cristo en este Reino? Reina desde el
Santísimo Sacramento. ¿Está allí corporaliter? Sí. Había que corregir
rápidamente eso. Está pues prohibido enseñar en Sudamérica que Cristo reinará
visiblemente desde un trono en Jerusalén, sobre todas las naciones;
presumiblemente con su Ministro de Agricultura, de Trabajo y Previsión y hasta
de Guerra si se ofrece. Muy bien prohibido. Teología a lo Fulton Sheen. ‘Teología
para negros’ llama a esta fábula Ramón Doll. Con perdón de los negros. Ningún
Santo Padre milenista –y hay muchos, como hemos visto– o quier escritor actual
serio, ha descrito así el Reino de Cristo”. (La Igl. Patr. p. 350-351).
Por todo lo dicho, es hoy inadmisible, continuar hablando de condenación del
Milenarismo, cuando solo lo que hay es una prohibición disciplinar que advierte de
un posible peligro, aún hoy todavía no identificado, lo que vendría a ser una especie
de ovni exegético, es decir de un objeto volador no identificado.
Luego, queda claro, y clarísimo, aún para un intelecto medianamente informado,
que no se puede seguir hablando de condenación del milenarismo, como muchos
estulta e ignaramente hacen.
No hay que olvidar que los antimilenaristas, en su furibunda alergia hacia el
Milenio, no hacen sino judaizar, alineándose sin darse cuenta, muchos, en la
misma perspectiva de los progresistas y modernistas, pues como recalca el P.
Castellani. “Un último punto curioso deseo brevemente revelar: muchos de los
actuales alegoristas, sino todos, son en el fondo milenistas carnales. En efecto,
negando el postparusíaco Reino de Cristo, se ven obligados a reponer el
cumplimiento de las profecías en un futuro gran triunfo temporal de la Iglesia,
antes de la Segunda Venida; o sea, una ‘Nueva Edad Media’ (ver Berdiaef y
también a R.H. Benson) en ‘The Dawn of All’) con el Papa como monarca
Temporal Universal, comandando ejércitos de alegres ‘jocistas’ en bicicleta y
camiseta de sport… Coinciden con el sueño de la Sinagoga antes de la Primera
Venida. Coinciden también con la extraña visión del milenismo ateo de Carlos
Marx; no menos que con las barrocas promesas de la muy extendida secta
protestante judaizante llamada en Norte América ‘la Nueva Dispensación’. Son
todos pájaros de la misma pluma”. (La Igl. Patr. p. 353).
Como se ve aquí, en este error caen todos los que, como algunos hoy en día, aún
dentro de la Tradición o de los Tradicionalistas, sean estos Obispos, sacerdotes o
fieles, esperan, anhelan y desean, cuasi dogma de fe, amparados en una errónea
interpretación fatimista, el anhelado triunf0 terreno de la Iglesia en este mundo, a
fuerza de pulmón y musculatura puramente humana.
No olvidemos que el Concilio Vaticano II inaugurado por Juan XXIII, tenía como
resorte impulsor el de no ser como él mismo lo expresó, un profeta de desgracias
como aquellos que piensan en los últimos tiempos apocalípticos y así entonces,
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como hay mucha tela para rato en este mundo, abramos las ventanas de la Iglesia
para abrazarnos fraternalmente todos los hombres sin dogmas que dividan, cual
proclama del adúltero ecumenismo.
Y como advierte sabiamente el P. Castellani, no hay que olvidar que: “Sea como
fuere, cuando vino el Mesías, los judíos se equivocaron. Este es uno de los
fenómenos más asombrosos y la tragedia más grande que ha habido en el mundo.
Estaban bastante preparados a equivocarse desde tiempo hacía. Habían dejado
caer de su vista los vaticinios del Mesías sufrido y manso, redentor de pecados,
impartidor de conocimiento religioso, y jefe de un reino pacífico y paciente; y
esperaban (y exigían) el Rey triunfante de la Segunda Venida. En suma, quisieron
la Segunda Venida sin la Primera, pasando por alto las indicaciones de los
Profetas, aunque sea de paso, las distinguen; y muy claramente en Daniel. (…)
Una vez hubieron decidido el Mesías tenía que ser así como ellos lo soñaban,
inevitablemente los Judíos tenían que matar al Mesías real. (…) Fatalmente los
Judíos o bien aceptaban al Mesías, o tenían que darle muerte (…). Pues bien, los
cristianos podemos caer en la misma ilusión de los Judíos, y estamos quizá
cayendo. Podemos hacernos una idea falsa de la Segunda Venida y pasarla por
alto y eso ha de ser uno de los elementos de la Gran Apostasía. ‘Faltan todavía
miles de años’, afirman pseudoexégetas modernos. Vemos que hoy día muchos
exégetas, incluso católicos, desvirtúan de todas maneras las profecías, usando
como instrumento el ‘alegorismo’ o ‘midrashismo’ ”. (El Apok. p. 364-365).
Esto es, como hace ver el P. Castellani: “Es el mismo sueño carnal de los Judíos que
los hizo engañarse respecto a Cristo. Estos son milenistas al revés. Niegan
acérrimamente el Milenio metahistórico después de la Parusía, que está en la
Escritura; y ponen un milenio que no está en la Escritura, por obra de las solas
fuerzas históricas, o sea una solución infrahistórica de la Historia, lo mismo que
los impíos ‘progresistas’ como Condorcet, Augusto Comte y Kant; lo cual equivale
a negar la intervención sobrenatural de Dios en la Historia; y en el fondo, la
misma inspiración divina de la Sagrada Escritura”. (El Apok. p.367).
Y como bien sentencia el P. Castellani para no caer en esta ilusión: “El Apokalypsis
es el único antídoto actual contra esos ‘pseudoprofetas’ ”. (El Apok. p.367).
Espero que todo esto sirva para reflexionar y recapacitar sobre el Apocalipsis y el
debatido tema del Milenio, para disipar los prejuicios y errores que opacan la
verdad contenida sobre el Milenarismo Patrístico doctrina común de los cuatro
primeros siglos de la Iglesia.
P. Basilio Méramo

Bogotá, 20 de Enero de 2014

domingo, 19 de enero de 2014

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

En este segundo domingo después de Epifanía, cuyo tiempo litúrgico corresponde a los domingos después de Epifanía vemos en el evangelio de hoy el primer milagro que hace nuestro Señor Jesucristo en Caná.

Primer prodigio, con lo cual se descartan todos esos escritos apócrifos que hablan de los anteriores que nuestro Señor Jesucristo hiciera desde pequeño. La Iglesia siempre ha desechado esos apócrifos de los cuales la literatura barata quiere hacer misterio y propaganda, aunque cuenten cosas que nos parezcan buenas; de todas formas al tener errores no son libros inspirados, luego no son la palabra de Dios, que es precisamente lo que nos interesa de las Escrituras, que sí son la palabra de Dios. Y lo que nos dice este evangelio de Dios, es que es el primer milagro que hace nuestro Señor, que Él no quiere hacer, pues le da una respuesta a nuestra Señora, que aparentemente puede ser áspera, como quien dice qué nos importa a ti y a mí, si no ha llegado mi hora, si no es lo mío, no me incumbe; sin embargo lo hace a instancias del pedido de nuestra Señora que se aflige porque falta vino para los convidados en esas nupcias.
Que si nos atenemos a Santo Tomás eran las nupcias de San Juan Evangelista, familiar de nuestro Señor, y por lo mismo, nuestra Señora tomó a pecho esa carencia porque se trataba de sus familiares; por eso entonces Ella no dudó en invocar a su hijo para que hiciera el milagro que no estaba en los planes ordinarios de nuestro Señor; de allí su respuesta: qué nos va a ti y a mí, mujer, si no ha llegado mi hora.

Su hora era la culminante de la obra de la Redención, de su sacrificio en la Cruz. Y sin embargo es por una ficción de caridad que siente nuestra Señora ante los familiares que no podían satisfacer con el vino que faltaba. Eso nos demuestra entonces, cómo nuestro Señor aun cuando Él no lo tenga previsto, por decirlo así, no solamente este milagro, sino todo lo que se le pida o se le invoque a través de su Santísima Madre. La Virgen María tiene ese poder sobre la voluntad de su Hijo, por ser la Madre de Él, de Dios, y ¿qué hijo que quiere a su madre no va a querer lo que Ella le pida? Por eso le hace este regalo, este obsequio y hace su primer milagro a instancias de las súplicas de nuestra Señora en las bodas de Caná.

Bodas de San Juan Evangelista. Es de suponer además que nuestro Señor lo llamó en esas bodas para que fuera su discípulo y que aun virgen, conservara esa virginidad permanentemente a lo largo de toda su vida.

Gran sacrificio de San Juan que en pleno matrimonio, en plenas bodas recibe el llamado de nuestro Señor, para mostrarnos cómo Él nos llama en cualquier momento; lo importante es que respondamos a ese llamado en el momento preciso en que nos interpela, porque es Dios, Rey de cielos y tierra, Señor del Universo y Señor nuestro y por eso la santidad está en hacer su voluntad.

Quien hace la voluntad de Dios no puede pecar, por eso dice San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”, porque, quien ama verdaderamente a Dios, quien hace su voluntad no puede pecar. Cuando erramos es porque nos separamos de ese querer Divino y preferimos el nuestro; pensamos en nuestro propio provecho y no en beneficio de Dios o de las cosas que son de Él. El llamado que Dios hace a cada uno debe tener una respuesta para que no contravengamos la palabra de Dios, su voluntad, sus deseos, que lo común es hacer el deseo de la persona que se ama y por eso para el que ama a Dios no es una tortura, un peso, un tormento hacer su voluntad. Cuando la voluntad de Dios se nos hace un peso, una carga, una dificultad, es porque hay algo en nuestra voluntad que pone obstáculo, que ofrece dificultad o que no cuenta con la suficiente fe y esperanza en recibir los sus auxilios.

Debemos pedir para que nuestra fe aumente cada día, para que nuestra esperanza esté en Dios y poder corresponder al amor Divino. Eso nos explica por qué San Pablo nos pide en la Epístola de hoy, que vivamos en armonía, en paz, que hay múltiples dones, que uno tiene el don de profecía, el otro de enseñar, el otro del ministerio y que cada cual homenajee al otro y se conforme con lo que es más humilde.

Es justamente para que no haya envidia, celos, calumnias, maledicencia. Esta última la cometemos a cada instante hablando mal del prójimo; los chismes y los comentarios negativos que revelan los defectos del prójimo son murmuración, salvo cuando se revelan o se habla de ellos para corregir, amonestar, o por el bien común. Por eso toda palabra ociosa, no ya la habladuría sino la palabra inútil, será castigada. Cuánto más la maledicencia, que es hablar mal, desacreditar al prójimo. Debemos vivir en armonía, sin envidias, sin celos, eso engendra la paz social. No puede haberla aquí ni en la China si no se fundamenta en la virtud y principalmente la católica.

La virtud católica es sobrenatural, pero requiere como toda gracia y don sobrenatural un soporte natural, pues las virtudes no están en el aire, requieren un auxilio auténtico que hacen al hombre de bien, honesto; el hombre tiene estas virtudes sobre las cuales se inserta la gracia y se apoya todo el orden sobrenatural, y por eso flaqueamos aun con la gracia recuperada y con toda la corte dones que da la gracia, porque nos falta ese soporte y solidez en la adquisición sacrificada de las fuerzas naturales; la gracia supone la naturaleza y la naturaleza humana ya que Dios no la da a un perro, a una hormiga; ellos son incapaces de la gracia porque no tienen una naturaleza humana, es decir, racional, inteligente.

Pero esa naturaleza debe existir, por eso en medio del salvajismo no puede subsistir la virtud. De ahí deriva la necesidad de una cultura y civilización que haga al hombre naturalmente honesto, para que pueda apoyarse la gracia sobre esa naturaleza y elevarla hacia Dios, para que viva de Dios y sea de Dios. Y ese es el trabajo que a cada uno nos compete, para poder vivir realmente como católicos y no como fariseos, pues nos creemos dueños o depositarios de la verdad y sin embargo, escandalizamos con nuestras acciones.

Lo que más llama la atención al infiel, al pagano, al hereje, al ateo, es el mal ejemplo de aquellos que nos decimos católicos y desdecimos con nuestras obras.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, para que Ella nos ayude a adquirir la virtud, crecer en la gracia de Dios y corresponder al amor divino haciendo su santísima voluntad. +

BASILIO MERAMO PBRO.
20 de enero de 2002

domingo, 12 de enero de 2014

PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA Fiesta de la Sagrada Familia




Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
En este primer domingo después de la fiesta de Epifanía, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia, es decir de San José, de la Santísima Virgen María y del Niño Jesús.
Esa Sagrada Familia, toda divina, la Iglesia nos la muestra como ejemplo de la sociedad y de la cristiandad, es decir, de los pueblos y naciones que se rigen por el Evangelio. Y digo que se guiaban, o se guían, porque hoy ya no hay oficialmente ningún Estado que se dirija por la Ley de Dios y el Evangelio, por lo cual la cristiandad como tal ha sido abolida; lo que se tiene es una cultura católica más o menos de acuerdo con la penetración que tuvo ese espíritu católico en los pueblos que antaño reconocían a Cristo Rey, a la Iglesia, pero que hoy ya no lo hacen.


Hay que recordarlo aunque sea para que reaccionemos y por lo menos lo tengamos presente, que nuestra sociedad ya prácticamente no es nuestra porque no es de Dios. Y, ¿de quién va a ser si no es de Dios? No hay término medio, será de Satanás. Si la ciudad no es de Dios será del demonio. Por eso nos va como nos va y por eso no nos asombremos cuando veamos que a los niños les gustan esas figuras y esos juguetes demoniacos; y qué decir de ese pequeño mago Harry Potter o como se llame. Todo eso produce la fascinación de la serpiente y los padres deben saberlo.

El “Halloween” es toda una cultura pagana anticristiana y los niños, junto con los papás, muchas veces inocentemente, por confites y dulces, le hacen el juego al demonio. Y quién sabe cuántas criaturas son inmoladas en esas misas negras en la que se consume la sangre de un inocente o de una virgen, porque eso existe. Debemos tener entonces sumo cuidado.

La Iglesia quiere ponernos ante el ejemplo de la Sagrada Familia. La familia que es el núcleo, el centro. La célula de la sociedad no es el hombre, no es el individuo como nos ha enseñado el liberalismo teológico o religioso, es la familia y por eso si ésta se destruye se acaba la sociedad; y vaya si no se está abatiendo hoy la sociedad al destruir la familia; si no es verdad, qué es eso de permitir el concubinato público con los matrimonios civiles entre católicos y después con el divorcio. Eso es un atentado criminal contra la santidad de la familia, de la sociedad basada en ésta y eso por culpa de una política antirreligiosa; eso es lo que hoy se ha impuesto.

Los romanos, que eran paganos, se casaron sacramente respetando el matrimonio indisoluble; conservaron todo el vigor de ese pueblo y raza, eran los nobles, los paterfamilia, la gens romana; pero cuando se empezó a corromper ese concepto sagrado aun en el paganismo, se destruyó Roma, se acabó y esa fue toda la lucha entre nobles y esclavos que penosamente a veces nos transmiten en las películas en sus historias. Era la pugna de dos ideales, los nobles basaban su linaje en el matrimonio sacro, los demás vivían en la unión libre o concubinato.

Si los nobles romanos tenían la noción del matrimonio sagrado, cuánto más la debiéramos tener nosotros los católicos y valorar así la familia sacramentalmente instituida por la Iglesia, para que todo lo que hagan los esposos sea bueno y santo y no como creyeron algunos herejes, que traer hijos al mundo era obra del pecado. Pecado es lo que hacen hoy, cuando utilizan el matrimonio simplemente para satisfacer la concupiscencia, no queriendo procrear; eso es una falta, usar anticonceptivos y todo lo que permita el libre placer sin querer engendrar la vida que Dios como Creador da y que los padres como instrumento prodigan; de ahí viene a su vez el respeto hacia los padres por ser los progenitores, porque tienen esa autoridad de Dios y de ahí la dignidad que deben tener los padres y la familia.

La santidad del hogar católico hoy está proscrita, porque se nos pone de modelo el ideal de vida americano, de quienes tienen una cultura protestante, donde cada uno hace lo que se le da la gana. Por eso nosotros debemos conservar la tradición católica basada en la familia y en el respeto a los ancianos; no para que los metan allí en esos lugares que llaman geriátricos o lo que sea. Esa es una aberración peor que la de los infieles, porque en la antigüedad se veneraban las canas, el anciano era el sabio; hoy, por la estupidez de la sociedad, al anciano se le tiene por un imbécil que nadie quiere. Ya no sabe la juventud apreciar la experiencia de los años de una vida llevada conforme Dios manda. ¡Qué desgracia!

Que todo eso nos sirva para que reaccionemos y nos demos cuenta en medio de qué mundo estamos viviendo. Todo lo opuesto a lo que la Iglesia siempre ha enseñado, y eso sin hablar de la Iglesia en sí misma, que también se ha corrompido, se ha degenerado por no permanecer fiel a la doctrina de nuestro Señor, por culpa del clero. Por ello la Sagrada Familia es ejemplo de santidad y aun de virginidad en el matrimonio de la cual no nos debemos asombrar, porque ha habido otros santos matrimonios que se han conservado vírgenes, como el de San Eduardo rey de Inglaterra, San Enrique emperador, que fueron soberanos que por mutuo consentimiento permanecieron castos dentro del matrimonio.

Que lo anterior nos sirva de ejemplo y para que los herejes de hoy no digan estupideces en contra de la virginidad de nuestra Señora y del santo matrimonio que tuvo con San José, porque fue verdadera esposa, pero virgen. De ahí la grandeza de San José, custodio de esa flor de castidad, de esa inocencia y por eso es el guardián de la Iglesia que debe permanecer y ser siempre pura, pero que hoy quieren violar porque eso es lo que se está haciendo, mancillar la pureza de la santa Iglesia.

Todos aquellos herejes que se digan sacerdotes u obispos, pero que no defienden la moral ni la doctrina católica, que están con el modernismo, con el progresismo, con el liberalismo doctrinal teológico, están al unísono con todas las falsas religiones. Eso es violar la Iglesia y por eso es nuestro deber conservar la virginidad de la Santa Madre Iglesia católica, apostólica y romana. Eso fue lo que hizo monseñor Marcel Lefevbre, un hombre que conservó la pureza de la Iglesia; él nunca lo dijo, pero la conservó y murió santamente, pero atacado por la judeomasonería que está dentro del Vaticano y quiere manipular a los cardenales y a los obispos, y qué no hará en el próximo cónclave; por eso debemos estar prevenidos, porque no sabemos lo que pueda pasar.

Nuestro deber es el de conservar la virginidad de la Iglesia católica, su pureza, pues es nuestra madre, porque nos engendra en la fe, en la que los protestantes no aceptan, no quieren, por eso no la admiten como institución divina; no reconocen a la Santísima Virgen y sin embargo se les llena la boca hablando de Cristo y del Señor. Es un cristo falsificado el que pregona el protestantismo en cualquiera de sus múltiples facetas y de la cual Colombia hoy está imbuida; antaño eran contados con los dedos los protestantes, era incluso mal visto, ¿quién iba a visitar a un protestante? Nadie. Hoy casi media Colombia es protestante y la otra mitad lo es sin saberlo. ¿Por qué sin saberlo? Por la protestantización de la Iglesia; ya no hace falta para serlo salir de ella; basta aceptar la nueva misa, el nuevo culto, la nueva liturgia, bailar y danzar, no creer en el Santo Sacrificio de la Misa, comulgar en la mano como si fuese un pedazo de pan y si todo esto no es una herejía pura, entonces, ¿qué es?

¿Cómo es que la gente va a comulgar sin confesión, sin estar en estado de gracia? ¿Cómo va a recibir a nuestro Dios sin adorarle? Todo eso es efecto entonces de un protestantismo dentro de la Iglesia. Por eso nosotros nos esmeraremos hasta la muerte en mantener el culto sacrosanto de la Iglesia católica como siempre ha sido; esa garantía es la Tradición católica, apostólica, romana, la Misa Romana; la Misa de San Pío V, la tridentina, no es más que la Misa Romana, la que fue custodiada por todos los Papas de Roma y por eso el odio satánico contra ella.

Roguemos a la Sagrada Familia, a nuestra Señora, a San José y al Niño Jesús. No debemos olvidar qué importancia le dio el Niño Jesús a los asuntos de su Padre, pues les dijo: “¿Por qué me buscabais? Podría parecer un poco chocante y, sin embargo, como dice el sabio padre Castellani, no les avisó simplemente porque no pudo. Con la respuesta que dio a su Madre les quiso mostrar que si no lo habían encontrado lo que debieron haber pensado era que estaba en el templo ocupándose de las cosas de su Padre, de Dios; no del mundo. Y, ¿por qué no pudo avisarles? porque Él se entretuvo con los escribas, con los fariseos, con los peritos, con los doctores de la sinagoga, porque fue una pregunta tras otra, y así pasaron tres días, maravillados de la sabiduría de ese Niño que era Dios.

De lo contrario sería un malcriado nuestro Señor, ¿cómo se va a ausentar sin pedir permiso?, ¿cómo le va a contestar así a su mamá? Por eso San Lucas dice que nuestra Señora guardaba y meditaba todo esto en su corazón, y por eso lejos de ser un motivo de escándalo la respuesta de nuestro Señor nos muestra la importancia que tienen las cosas de Dios. Y éstas están en el templo, en la Iglesia, no en otra parte; de allí la necesidad de la santa Iglesia como institución divina y de nosotros de pertenecer a ella siendo fieles; hay que pedir esa lealtad a nuestro Señor, a nuestra Señora, a San José, a la Sagrada Familia. +

BASILIO MERAMO PBRO.
12 de Enero de 2003

lunes, 6 de enero de 2014

EPIFANÍA DEL SEÑOR

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Epifanía quiere decir manifestación de nuestro Señor a los gentiles, al mundo entero en las personas de los tres reyes magos, que no eran magos, sino astrónomos, sabios y probablemente también reyes de algún sitio o ciudad; por ese estudio de las estrellas al cual estaban ellos acostumbrados, les llamó la atención una estrella en particular, la cual no obedecía ninguna ley de los astros y siguiéndola fueron a parar a Belén. Instruidos a lo largo del camino reconocen a nuestro Señor y le adoran; a eso corresponde esta fiesta. Incluso en Oriente se festejaba la Navidad el día de hoy hasta que en el siglo IV Roma obligó a que en todas partes se festejara la Natividad el 25 y que se dejara exclusivamente el 6 para la Epifanía.

Esa gran fiesta que los orientales llamaban la Teofanía, quiere decir la manifestación de Dios. Verdadera expresión de Dios en la plenitud de los tiempos a todos los gentiles, no ya únicamente para el pueblo elegido, para los judíos, sino para todo el mundo; con lo cual quedaba ya deshecho la exclusividad que había en el Antiguo Testamento, esa revelación de lo oculto que se hace manifiesto en el Nuevo Testamento; esa es la distinción que hay entre los dos testamentos. No es como erróneamente se cree: que en el Antiguo Testamento no se sabía de la Santísima Trinidad; eso es un error, pues ya era conocida, pero no por todos, no era un conocimiento público porque el pueblo, que no estaba instruido, no lo conocía explícitamente, se necesitaba una fe implícita como la de aquellos que tenían a su cargo el cuidado de la doctrina de la fe, y eran llamados los mayores porque eran los profetas, los patriarcas.

Pero en eso consiste la distinción, en ese conocimiento claro en que en el Antiguo Testamento la revelación no está explícita, mientras que en el Nuevo Testamento ese conocimiento es claro y manifiesto para todos.

Porque en el Nuevo Testamento ya había venido el Mesías y con la Epifanía vemos una prueba de ello en estos astrónomos, en estos tres reyes magos venidos de Oriente. San Juan Crisóstomo dice que venían de Persia, y de hecho de allá fueron traídos sus restos (a partir de la Edad media) hasta que llegaron a Colonia donde están ahora, pasando por Constantinopla y Milán, si no recuerdo mal. Y la prueba está en que cuando los persas musulmanes invadieron Tierra Santa respetaron en Belén el lugar donde se conmemora la Natividad en una iglesia de nuestro Señor. No lo destruyeron, fue el único sitio que no ultrajaron porque vieron las imágenes de los reyes magos que eran persas y se conocía esa tradición, guardando respeto, y gracias a eso se salvó. Y así estos tres reyes magos que fueron adoctrinados a lo largo del camino vieron la estrella mucho antes de los doce días, que hay entre el nacimiento de nuestro Señor y el seis de enero.
Y por eso San Juan Crisóstomo dice que la vieron con dos años de anticipación, lo cual explica que el rey Herodes mandó matar a todo niño de hasta dos años de edad, habiendo averiguado el tiempo en que los reyes magos habían visto esa estrella en Oriente que los condujo hasta Belén. Porque de no ser así era imposible llegar en tan poco tiempo viniendo desde tan lejos y por eso muchos encuentran una contradicción: cómo iban a venir a adorar los magos si nuestro Señor duró aproximadamente cuarenta días en Belén, como también lo dice San Juan Crisóstomo, y después fue la huida a Egipto, y tampoco en cuarenta días uno atraviesa esas distancias tan largas y no sería entonces tampoco el seis de enero y por eso es que en este día de hoy, seis de enero, a los pocos días de nacer nuestro Señor, pudieron estar presentes los reyes magos.
También, como dice Santo Tomás, este seis de enero tiene otras dos grandes manifestaciones de nuestro Señor aparte de la Epifanía: una, a los treinta años, cuando fue bautizado por San Juan Bautista en que el cielo y Dios Padre aclaman a nuestro Señor como a su Hijo bien amado en quien ha puesto todas sus complacencias. La otra, un año después de bautizado, el mismo seis de enero, las bodas de Caná, gran manifestación de nuestro Señor en su primer milagro convirtiendo el agua en vino; desde ahí comenzó públicamente a predicar, después de haber preparado a sus discípulos durante casi un año para después de dos años y medio, aproximadamente, morir en la Cruz.

Según el mismo Santo Tomás, esas bodas en Caná fueron de San Juan evangelista que se casó y que en esa misma boda nuestro Señor le hace sentir su llamado y él sigue a nuestro Señor siendo virgen, y esto no es invento, lo puede leer cualquiera que tenga un comentario a San Juan hecho por Santo Tomás que lo explica en el prólogo.

No nos debe de extrañar. Lo que pasa es que Santo Tomás es muy poco leído por los predicadores, y por eso jamás se ha oído decir que esas bodas de Caná fueran las de San Juan. Como prueba mayor vemos la confianza que tiene nuestra Señora en la casa, que manda, dice a los sirvientes que hagan lo que su hijo les dijera. ¿Le van a hacer caso a cualquier invitado si no es de la familia? Sólo a alguien con autoridad, con prestancia, sencillamente porque San Juan evangelista era familiar de nuestro Señor y de Nuestra Señora, que era lo que comúnmente se llamaban hermanos hasta inclusive los primos, grado de parentela próximo sin ser hermanos carnales.

Por eso nuestra Señora se aflige y se preocupa porque a cualquier otro invitado que no sea de la familia próxima y estrecha, no le importa si hay vino o no. Ese es el primer milagro de nuestro Señor, con lo cual quedan descartados todos esos escritos apócrifos que hablan de nuestro Señor haciendo prodigios desde bebé o desde niño, por la sencilla razón de que si nuestro Señor hubiera comenzado a hacerlos desde tan temprana edad, quién iba a creer que se había encarnado y era un hombre. Con toda la mitología pagana haría un efecto contrario al de producir la fe y creer que nuestro Señor era verdadero Dios y verdadero hombre Encarnado y no uno de esos dioses de la mitología idólatra de que estaba lleno el mundo entonces, lo cual era además duramente combatido por el pueblo elegido, por los judíos.

Por eso el primer milagro de nuestro Señor fue en las bodas de Caná, en las bodas de San Juan evangelista a instancias de nuestra Señora; lo cual nos muestra que nuestro Señor hace su primer milagro a instancias de su madre, por deseos de ella.

Y así, entonces, este seis de enero se festejan esas tres grandes manifestaciones que tuvieron lugar el mismo día en diferente tiempo: la adoración, el bautismo y las bodas de Caná. En esta exaltación de los reyes magos al llevarle a nuestro Señor incienso, oro y mirra, estaban manifestando el triple significado de ese niño recién nacido; como rey le ofrecían oro, rey del Universo, y por eso la fiesta de Cristo Rey que es relativamente reciente, pues se festejaba también el seis de enero. Desde 1925 es la fiesta de Cristo Rey, y no nos debe extrañar que la festejemos el último domingo de octubre. Celebración que comienza prácticamente en el siglo XX; no quiere decir que esa fiesta no fuese antiquísima.

A raíz del paganismo, su santidad Pío XI quiso ponerla casi al final del ciclo litúrgico para contrarrestar el laicismo impío y ateo que negaba justamente la realeza de nuestro Señor, la misma que los tres reyes magos proclaman regalándole el incienso, ya que el incienso se le tributa a Dios, a la Divinidad, lo cual hacían también los idólatras a sus falsos dioses. Pues bien, al verdadero Dios se le ofrece incienso y mirra, ¿para qué? Para manifestar su humanidad, porque si bien era verdadero Dios también era verdadero hombre. Y así vemos cómo con estos tres dones los reyes magos profesan esa fe en los misterios que se condensan en nuestro Señor Jesucristo.

Pidámosle a nuestra Señora, la Santísima Virgen María, que nosotros, al igual que estos tres reyes magos (que fueron los padres de la Iglesia como dice San Juan Crisóstomo, y pregonaron al mundo el misterio de Dios Encarnado) podamos así tributarle a Dios nuestro corazón de un modo especial en el día de hoy en acto de adoración como a Cristo Rey. +

BASILIO MERAMO PBRO.
6 de enero de 2002

domingo, 5 de enero de 2014

FIESTA DEL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS


Tomado del MISAL DIARIO COMPLETO por el P. Luis Ribera CMF, España 1954:

El nombre de JESÚS fue revelado por el Ángel a María Santísima cuando se le anunció que ella había de ser su Madre.  El dulcísimo nombre de JESÚS esté siempre en nuestros labios y en nuestro corazón.

Directorio de la Misa.-1 Doble de 2a clase Blanco OCM.

EPÍSTOLA.
 Hechos de los Apóstoles 4, 8-12.-  Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les respondió: Príncipes del pueblo, y vosotros, ancianos, escuchad:  Ya que en este día se nos pide razón del bien que hemos hecho a un pobre tullido, y se quiere saber por virtud de Quién ha sido curado, declaramos a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que la curación de ha hecho en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien DIOS ha resucitado.   Este Jesús es aquella piedra que vosotros desechasteis al edificar, la cual ha venido a ser la piedra angular;  y fuera de Él no hay que buscar la salvación en ningún otro.  Pues no se ha dado a los hombres otro Nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos.

+ EVANGELIO según San Lucas 2, 21.- Llegando el día en que debía ser circuncidado el Niño, le fue puesto por nombre Jesús, nombre que le puso el Ángel antes de que fuese concebido.- 

miércoles, 1 de enero de 2014

1o de Enero Octava de Navidad (fiesta de precepto)



Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Con la festividad de nuestro Señor unida a la Maternidad Divina de Nuestra Señora que es la Teotocos, la Deípara, la Madre de Dios, la que dio su carne al Verbo, se festeja también la Circuncisión de nuestro Señor que en el Antiguo Testamento tenía lugar a los ocho días de haber nacido; circuncisión a la cual nuestro Señor se quiso someter como de hecho se sujetaba a todo para mostrar la continuidad que Él llegaba a a perfeccionar. No venía a destruir sino a completar. Aprovechaba también para ofrecer ese primer sacrificio de su sangre, sacrificio que por sí mismo hubiera bastado para redimir mundos y universos y sin embargo, Él no escatimó el derramarla toda en la Cruz.

La circuncisión que en nuestras mentes modernas y occidentales no tiene mayor significado pero que en los pueblos orientales sí lo tiene; se circuncidan allí incluso los mahometanos, por ejemplo, a imitación del Antiguo Testamento ya que es, como sabemos, una herejía judeocristiana y más judía que cristiana. El significado de esa circuncisión es el signo de fe de los hijos de Abraham, de los que descendían de su linaje y que de él debía nacer el Salvador. El desprendimiento del prepucio, de la carne, significaba, figurativamente, el despojo del pecado original; de hecho, Santo Tomás dice que con la circuncisión se borraba el pecado original de los niños.

Dios daba la gracia, aunque no era un sacramento como los de la nueva ley, pero borraba el pecado original; tenía ese efecto y nos ponemos a pensar qué pasaba entonces con las niñas, y con los niños que morían antes de los ocho días. Hay que tener claro que siempre, para la salvación de todo hombre, era necesario creer de algún modo en el Cristo venidero y así se manifestaba o expresaba esa fe que después se fue concretando en un signo bien determinado de esa fe, como la circuncisión.

Entonces estaba ese otro medio de la fe en el Cristo venidero que salvaba a los hombres y por ende también a las niñas hebreas y a todo aquel que de algún modo creía en nuestro Señor Jesucristo, que vendría y del cual la circuncisión era un signo concluyente de esa fe que Dios impuso al linaje de Abraham, pero Él ya era el padre espiritual de todos los que tenían o tendrían la fe; porque Él, antes de circuncidarse, fue gran patriarca de la fe y de todos los que tendrían la fe como nosotros; por eso podemos decir con justo título “nuestro padre Abraham”, aunque no estemos circuncidados al igual que en el Antiguo Testamento.

Vemos cómo se prefiguraba así la expoliación del pecado original que se transmitía y se transmite por vía de generación; entonces hay un significado y una conveniencia en esta figura, en este signo de la circuncisión que había en el Antiguo Testamento y que ahora ya es innecesario porque está el sacramento del bautismo que produce la gracia ex opere operato; es decir, por la misma acción que se realiza, ese símbolo significa la gracia que produce.
Los sacramentos son signos sensibles que producen la gracia. Esa es la definición de los sacramentos y que no debemos confundir con la magia; no es brujería, son símbolos instituidos por nuestro Señor Jesucristo que producen la gracia que significan. El Bautismo es un lavado, quiere decir que limpia y para eso se utiliza el agua; expresa entonces que lava la mancha del pecado original y de cualquier otro pecado si lo hubiera, y borra además toda la deuda por esos pecados, cosa que no pasaba, por ejemplo, con la circuncisión.

Si bien Santo Tomás dice que borraba el pecado original no obstante no lo hacía con toda la deuda que se debía pagar por el pecado. Esa es una gran diferencia y vemos cómo se perfecciona entonces en la nueva ley, eso que estaba prefigurado o expresado de algún modo en el Antiguo Testamento. Todos esos ritos que eran emblema, prefiguraban lo que hoy se realiza sacramentalmente y quedan abolidos porque desaparece la figura cuando está la realidad. Válganos un ejemplo aunque imperfecto: ¿de qué nos vale mirar el retrato de una persona que tengo frente a mi cara, faz a faz? Sirve cuando la persona está lejos; pero cuando la tengo presente miro a la persona. La foto sería inútil como lo serían todos aquellos ritos que prefiguraban lo que realizan realmente los siete Sacramentos del Nuevo Testamento que nos imparten la gracia con alguna peculiaridad, con alguna especialidad correspondiente a la necesidad del sacramento en cuestión.

Se le asignó un nombre a Jesús, ya que en el bautismo se da un nombre al niño, que debería ser católico, es decir, que corresponda a un santo para que sea su santo patrón, le guíe y proteja; así, a nuestro Señor se le impuso el nombre de Jesús, Yesua, salud (dador, salvador, el que da la salvación), no la salud como aquel que la recibe sino quien la da; como el origen, el principio de esa salud de donde proviene nuestra salvación. De ahí la correcta traducción de llamar Salvador a nuestro Señor; eso significa Yesua o Jesús y no hay ningún otro nombre bajo el cual el hombre pueda salvarse sino el de Él.

Eso era característico en la Iglesia primitiva. Se bautizaba en el nombre de Jesús para mostrar el valor de ese nombre lo cual ahora sería inválido, pero en aquel entonces por una permisión divina se podía y se bautizaba y, de hecho, así lo hacían los apóstoles; San Pedro primero bautizaba en el nombre de Jesús para mostrar cuán importante era ese divino nombre de nuestro Señor; se bautizaba, pues, en el nombre de la Santísima Trinidad y en el nombre de nuestro Señor. Ahora sería nulo sencillamente porque Dios quiso en un principio mostrar esa relevancia del nombre Salvador de nuestro Señor; permitió por un tiempo bautizar como si fuese la misma fórmula de la invocación de la Santísima Trinidad. Eso nos da una idea, una muestra de la relación que hay con respecto al nombre de nuestro Señor como origen de la salvación de los hombres.

No hay ningún otro nombre por el cual nos podamos salvar. Y muchas veces detrás de esos grandes hombres la humanidad busca la salvación erróneamente, llámese el gran caudillo: Mahoma, Hitler, Mussolini, Franco, como quiera que se llame, buscando, pidiendo la salvación o esperándola de un miserable hombre; igual que cuando la gente atosigada pide la salvación de un ser querido al doctor como si fuese dueño de la vida, a lo que un buen médico respondería: No señor, yo soy simplemente un instrumento, hago lo que puedo; la vida la da Dios y no le puedo garantizar eso, porque yo no soy Dios, mi deber es simplemente coadyuvar a encontrar la salud. Es una muestra del actuar irracional el que esperemos la salvación y la vida de los hombres y no de Dios.

Invoquemos a lo largo de este año que se inicia hoy, pidiéndole a nuestro Señor la salvación nuestra, del mundo y que no la esperemos de ningún otro, y menos del Anticristo que vendrá a suplantar a Cristo dentro de la Iglesia. Debemos estar muy preparados contra ese engaño, contra esa usurpación. El Anticristo se hará pasar por el Cristo, gobernará en nombre de Dios y será el gran perseguidor de la verdadera religión mostrando un falso culto, que ya está instaurado con la nueva misa, con toda la parodia litúrgica de la Iglesia modernista. Eso es un remedo, y el que no lo vea así, que le pida la fe a Dios porque hay que verlo y sentirlo así; es un simulacro de misa, de culto, una profanación gravísima, cultual y religiosa, terrible.

Sobre ese culto ya instaurado irá a pontificar el Anticristo en el nombre de Dios, no lo olvidemos; la Navidad tiene un carácter esjatológico y la prueba está en que la Epístola de hoy bien lo dice: que esperemos el día del Señor. Esas cosas hay que enseñarlas, hablarlas, decirlas; es un deber de los sacerdotes, que si no lo hacen es porque están mal formados, mal orientados, mal ubicados. Hay que alertar, el sacerdote no puede dormirse, tiene que estar vigilante y más en esta época desastrosa en la que faltan verdaderos sacerdotes que sean vigías, que no duerman, que adviertan, que sacudan a la gente para sacarla de ese letargo mortífero, de esa epidemia, de esa insensibilidad, de esa anemia espiritual; para que podamos con fe, con verdadera fe y esperanza permanecer fieles a nuestro Señor Jesucristo, que ha de venir y vendrá como juez; aunque el día y la hora no los sepamos, sí podemos saber su proximidad como cuando está pronto el verano, que lo sabemos cuando comienzan a reverdecer los árboles.
El ejemplo de la higuera que nos da nuestro Señor se aplica a la apostasía que estamos viendo dentro del Vaticano. O, ¿qué se creen?, ¿qué no impera la apostasía en el Vaticano? Eso es evidente, mis estimados hermanos, para todo aquel que tenga un mínimo de fe.

¿Por qué estamos donde estamos?
¿Por qué somos perseguidos? ¿Qué es lo que pasa en el mundo? ¿Qué pasa en la Iglesia? Ocurre que con la televisión, la comodidad y los viajes, se nos hace olvidar lo esencial, como a tontos que con un juguete olvidamos el resto del mundo que nos rodea y sólo nos interesa el juguetito.
Estamos grandes para que nos engañemos con el juguete de la televisión, con el de los placeres, la fornicación, y la pornografía, que no hacen más que envilecernos, estupidizarnos, enceguecernos para que cuando surja alguien que diga la verdad como es, entonces parezca loco. Pues aun a riesgo de parecer loco como Don Quijote, hay que defender el ideal cristiano de la verdad. En eso consiste el verdadero significado del Quijote. Es preferible pasar por demente, que poco importa, o por haber perdido la cordura en nombre de la verdad y el ideal de la justicia de Dios, pues esa sería la locura de la cruz de San Pablo y no andar muy cuerdos con el mundo, que eso hoy sería un signo negativo.

Que la Iglesia y un Papa tengan buena prensa es signo negativo, porque ésta está en manos del demonio, del judaísmo que quiere atacar lo que sea católico, y si no lo agrede y lo alaba es porque ese personaje es todo lo contrario, lo mismo para todo lo que ensalzan los medios de difusión. En cambio, monseñor Lefebvre fue desacreditado y difamado hasta el último momento, condenado por el judaísmo internacional en nombre de los derechos humanos.

No olvidemos todas estas cosas para que permanezcamos fieles; afrontemos este año que ya comenzó, no claudicando a la mitad del camino, y si nos tocara morir, hacerlo de pie, con altura, con honor, en defensa de la verdad, de Cristo Rey y de la Iglesia, la Santa Madre Iglesia.
Pidámosle a nuestra Señora que nos ayude a ver con claridad todas estas cosas y a permanecer fieles a la Santa Iglesia y a nuestro Señor Jesucristo. +

BASILIO MERAMO PBRO.
1 de enero de 2002

domingo, 29 de diciembre de 2013

DOMINGO EN LA INFRAOCTAVA DE NAVIDAD (Segunda Misa)

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Festejamos hoy la Misa de la Infraoctava de Navidad que corresponde al domingo que cae dentro de los ocho días siguientes a la Navidad. Con esta octava la Iglesia quiere mostrar la importancia de la fiesta de Navidad que se celebra el 25 de diciembre con tres Misas, con lo cual desde la tierra la Iglesia responde con tres sacrificios a la Santísima Trinidad en retribución al Padre Eterno que envía a su Hijo. Tres Misas que tienen un triple significado en el nacimiento de nuestro Señor. La primera, el nacimiento carnal; la segunda, el nacimiento en nosotros a través de la gracia; y la tercera, el nacimiento eterno, el Verbo del Padre eternamente engendrado y la manifestación inefable de la Santísima Trinidad que en mutuo amor el Padre y el Hijo se prodigan amor consubstancial en el Espíritu Santo. Y la Iglesia quiere que nosotros meditemos estos misterios, pues nuestra Redención se inicia con la Encarnación y el Nacimiento de nuestro Señor.

Por eso, el Evangelio de hoy está tomado de la parte de la presentación de nuestro Señor en el templo y la purificación de la Santísima Virgen María. Presentación que se hacía como rescate del hijo primogénito que pertenecía a Dios y que como le corresponde en cierta forma, se le inmolaba. Pero no como interpretaron los paganos matando muchas veces los hijos, inmolándolos a Moloc, sino que se reconocía en el primogénito ese objeto, esa cosa que le pertenecía a Dios por ser la primicia, por ser lo mejor y que se rescataba por medio de ese óbolo que se ofrecía de acuerdo a la riqueza o pobreza de los padres. Nuestro Señor, en ese acto de la presentación en el templo, fue rescatado, cumpliendo con esa ceremonia; recobrado con dos tórtolas o palomas que era lo propio de los pobres. Quiso entonces remarcar ese rescate y mostrar que las primicias son de Dios, son para Dios.

Y la purificación de nuestra Señora a los cuarenta días, que era cuando se producía la parte ritual de esa limpieza que presagiaba la mancha del pecado original, pero nuestra Señora no tenía de qué depurarse no obstante quiso cumplir con el rito religioso y ceremonial del Antiguo Testamento, en el que todas las mujeres parturientas debían purificarse ya que quedaba, de algún modo, consignada esa imagen del pecado original que se transmite por vía de generación. Vemos cómo estaba en la figura del Antiguo Testamento, en el bautismo, que como bien sabemos son éstas, prefiguraciones de lo que más adelante sería la realidad del misterio del sacramento; por eso nuestra Señora va a purificarse siendo que Ella, era la toda pura, la tota pulchra, sin mancha original y sin ningún pecado venial o mortal, como bien lo explica en la salutación angélica Santo Tomás.

Vemos en el Evangelio de hoy, además, cómo San Simeón profetiza que nuestro Señor será signo de contradicción, de salvación para unos y de condenación para otros, porque ante Dios no hay sino dos actitudes fundamentales de todo ser libre: respuesta de aceptación o de rechazo. Con Dios o contra Dios, no hay término medio y ese es el acto de la elección fundamental de nuestra vida, de nuestra libertad. Aquel que elige bien, está con Dios y el elige mal, está contra Dios. Esa elección que hace y que la hacemos cada uno de nosotros debemos renovarla para vivir siempre en adhesión libre y amorosa a Dios que es la que nutre todos nuestros actos religiosos para que no caigan en rutina, en vacío, en aburrimiento, en ceremonias sin sentido; que así esa elección de Dios sea un acto de fe, de esperanza y de amor ya que tenemos la gracia, sin la cual sería imposible pronunciar el nombre de Dios con fe, con amor. Es lo que dice la Epístola de hoy “Abba”, Padre; así, todos nuestros actos quedan vivificados por el espíritu interior y siendo un acto de la libertad, es un acto virtuoso.

Drama de cada hombre frente a esa elección trascendental, frente a Dios, frente a nuestro Señor que es signo de contradicción para aquellos que le rechazan. Que si ese rechazo dura hasta la hora de la muerte es lo que desencadena el infierno, la condenación eterna y de ahí que nosotros podamos ayudar como instrumentos a convertir a aquellos que a nuestro alrededor no quieren adherirse a Dios, que no quieren adherirse plenamente, o que retardan esa adhesión; poder ayudarles a través del ejemplo, de la profesión de la fe en la verdad y en el espíritu de Dios, con sencillez, no con violencia, no con presiones, sino con el espíritu de verdad que se impone por sí mismo, si es que aquella alma es tocada por la gracia de Dios.

En eso debe consistir no sólo el apostolado de la Iglesia, sino el de cada fiel. Que dicho sea de paso, me asombra ver cómo los fieles, no digo los recientes, sino los antiguos, cuando quieren convertir a alguien y sobre todo a la verdadera Iglesia, no los preparan, no hacen una catequesis sino que los traen como quien conduce animales llevándolos al monte, dejándole el problema al sacerdote, sin la mínima disposición de aprovechar ese conocimiento, esa amistad para evangelizarlos, sobre todo hoy, en la Tradición.

Si alguien viene a bautizarse o casarse en esta capilla que lo haga con el convencimiento de una catequesis tradicional; es un deber de cada fiel, eso es lo que significa el padrino; ese trabajo lo hace el padrino y atestigua la fe del otro, y muchos se extrañan cómo es que el padre no le da los sacramentos, y es que no se les pueden dar si no saben por qué vienen aqui; si les da lo mismo otra parroquia que esta capilla, pues que lo hagan en la otra, porque sencillamente uno tiene que saber en dónde pisa, a dónde va y cuál es la diferencia. Qué tal si una persona que se bautiza o se casa aquí , después tiene problemas con la partida de bautismo o de matrimonio; se la rechazan por los motivos de

ser quienes somos. Después nos vienen con el problema como si en este lugar estuviéramos engañando a la gente y de hecho ha pasado; no exagero, y ¿de quién es la culpa? Del sacerdote que imparte el sacramento sin suficiente catequesis y de aquellos que traen a esas personas y las dirigen a la capilla sin tomarse el trabajo de adoctrinarlos, creándose toda una situación de compromiso en la que no se gana nada y por eso Monseñor Lefebvre pedía y decía que los sacramentos son para los tradicionalistas porque se requiere un mínimo de conocimiento de lo que está pasando hoy en la Iglesia para recibir dignamente los sacramentos conforme los imparte la Iglesia y no que les dé lo mismo aquí que Allá 

. Eso forma parte del apostolado que cada uno debe hacer cuando la ocasión se presenta y no pensar que ese es el trabajo exclusivo de los sacerdotes. El catecismo comienza en la casa, es deber del papá y de la mamá enseñárselo a los hijos, y el sacerdote lo que hace es reforzar, perfeccionar o corregir en el supuesto caso de que haya algún error; la educación comienza en casa y la educación católica mucho más; no lo olvidemos. Ese es el trabajo de los padres con sus hijos y de las familias con sus familiares y de los amigos con sus conocidos; es un deber de religión, es un deber de caridad.

Aprovechemos para reforzar nuestra fe en estas Navidades, para que el Niño Dios nazca, se consolide en nuestros corazones, para que nuestra fe crezca, sea lúcida, no sea la del carbonero, que sea una fe inteligente, que se ilumine en las cosas y los misterios de Dios, para que vivamos de esa fe, de esos misterios y podamos de algún modo irradiarlos a los demás y convertir las almas y llevarlas a Dios.

Que meditemos todas estas cosas como lo hacía nuestra Señora, quien conservaba y guardaba todos estos misterios en su corazón, de los cuales se nutría su alma y vivía así inmersa en la apreciación de las cosas de Dios, para que nosotros podamos también contemplarlas y no las del mundo que nos incita a la rebelión, al orgullo y al pecado. Hagamos estos votos en estas Navidades y pidámosle a nuestra Señora ser fieles a Cristo nuestro Señor. +

PADRE BASILIO MERAMO
31 DE DICIEMBRE DEL 2001

miércoles, 25 de diciembre de 2013

NATIVIDAD DEL SEÑOR


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Esta es la tercera Misa de Navidad y corresponde a la Misa del día. La primera fue la Misa de medianoche, de gallo; y la segunda, la Misa del alba o de la aurora. Con estas tres Misas la Iglesia quiere manifestar lo sublime que es esta fiesta de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo, de la Navidad, por lo cual en esta tercera Misa, la Iglesia ha elegido se lea el evangelio de San Juan con el que finalizan todas las Misas.

San Juan, el discípulo amado, es representado por el águila para simbolizar su alto vuelo, agudeza y profunda visión al situar al Verbo desde su origen en la Trinidad. Dice en su evangelio: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio en Dios”. Ese principio es el Verbo que se hace hombre y: “en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, y la luz resplandece en las tinieblas y las tinieblas no la han recibido”. “Existía la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo”. “Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron”. “Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, dioles potestad de llegar a ser hijos de Dios”. Es taxativo, fundamental, nos sitúa directamente en el orden sobrenatural; el concepto de Dios se adquiere por el conocimiento natural, pero el concepto de Cristo nos introduce directamente en el plano de lo sobrenatural, en el orden sobrenatural de la fe.

Por eso, al pronunciar el nombre de nuestro Señor Jesucristo no queda más que arrodillarse y adorarlo como a Dios, como al Verbo Encarnado. Es lo sublime de la religión católica que excluye toda falsa religión, todo otro nombre, toda otra posibilidad de salvación, cualquier otra iglesia, y eso hay que reafirmarlo hoy en medio de tanta confusión en materia religiosa, de salvación y en materia de gracia. Por eso San Juan es taxativo, no deja lugar a dudas, proclama esa fe y la generación eterna de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que es lo que quiere significar esta tercera Misa, la generación eterna en Dios del Verbo que procede del Padre; el Padre que le engendra desde toda la eternidad, desde siempre, y que por ese Verbo se han hecho todas las cosas; el universo y toda la creación converge en nuestro Señor Jesucristo. Es Rey de Reyes, Cristo Rey.

Desgraciados aquellos hombres y pueblos que no quieren someterse al suave yugo de nuestro Señor y no quieren reconocerle. Y ¡maldita, mil veces maldita sea la libertad religiosa que le niega el derecho de exclusividad a nuestro Señor! Por eso, es una herejía el ecumenismo que flagela y destruye la Iglesia, que pretende destruir la majestad de Dios y eso el mundo no lo ve, porque no tiene fe; no se consideran estas verdades a la luz sobrenatural de la fe y por eso la Iglesia está siendo cada vez más reducida a un pequeño rebaño fiel a nuestro Señor.
No podemos dejar pasar sin advertirlo, debemos estar vigilantes, que no en vano festejemos la Natividad de nuestro Señor. Si Él no es el Cristo, si Él no es el Ungido, ¿quién es el Verbo de Dios entonces? Habría que ver qué significado tiene la Navidad. Toda la religión católica caería por tierra. Se socavan la religión y la Iglesia católica al permitir la posibilidad de salvación no en el nombre de Cristo sino en cualquier falsa religión, como era lo que proclamaba esa falsa santa: la Madre Teresa de Calcuta.

Y que Dios y ustedes me perdonen, mis estimados fieles, pero es la verdad a la luz de la fe; ¿cómo es posible que el apostolado de ella consistiera en que cada uno se puede salvar, ya sea un buen pagano, un buen musulmán o un buen judío? Eso es filantropía, no es la caridad de Dios que debe predicar a Cristo; el apostolado es atraer a los infieles y a todos los hombres al nombre de nuestro Señor Jesucristo; ese es el apostolado de la Iglesia y no lo que hoy se predica, “que cada uno sea bueno en su creencia, según su conciencia”. ¿Cuál conciencia? La inconsciencia que da un mundo impío y ateo que por orgullo no quiere reconocer la sumisión y la sujeción de todos y de cada uno de nosotros a nuestro Señor Jesucristo y proclamar que Él es el Rey de Reyes, que es la revelación del Padre como acabamos de ver en la epístola; antaño, y como pasó en todo el Antiguo Testamento, Dios hablaba a través de los profetas, pero después ya no habla a través de los profetas sino a través de su Verbo mismo, de su Palabra que es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, la Palabra de Dios, eso quiere decir el Verbo, el Hijo de Dios.

No es posible perder la noción de estas verdades fundamentales, necesarias para ser católicos; es un ejemplo de cuán diluida está la doctrina y la verdad católica, el fundamento de nuestra sacrosanta religión; y cuán profanado el nombre de Jesús, su cruz y su Iglesia. Debemos reanudar esos principios fundamentales de nuestra religión para que nuestra fe se enaltezca, sea pura e inmaculada; una fe afirmativa, no una fe diluida; una fe que ya no es fe sino un puro sentimiento religioso, eso no es fe sobrenatural, a ese sentimiento religioso no se le puede llamar ni considerar jamás fe, y ese es el concepto de fe de los protestantes, un sentimiento avalado por la conciencia y la libertad del hombre; y ¿cómo es posible que hoy se enseñen todas estas cosas, que destruyen la fe y hacen que las tinieblas en el mundo sean más densas que cuando vino la luz, nuestro Señor en persona, a disipar las tinieblas del mundo?

Por tanto, no hay autoridad en la Iglesia y no la puede haber jamás si va en contra de la luz, de la verdad y de la doctrina católica. Lo que hay, cuando no se cumple con el sacrosanto deber, es una claudicación; caiga la piedra a quien le caiga, pero lo debemos tener claro para seguir profesando la fe católica, apostólica y romana, para seguir perteneciendo a la Iglesia de Dios, a la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, y no que nos abracemos en un sincretismo religioso “sin dogmas que dividan en unión con todos los hombres” en la sinagoga de Satanás, que es la obra del judaísmo, obra de la masonería; esa no es la Iglesia católica.

De esta tribulación, creemos que saldrá la Iglesia acrisolada, purificada, pero hay que cuidarnos de no ser consumidos en esa purificación; para no ser consumidos y destruidos tenemos que permanecer con la llama de la fe encendida y que no se diluya en un sincretismo religioso del cual la Iglesia es una de tantas creencias más; eso es lo que propaga el ecumenismo, eso es lo que significan esas reuniones y ceremonias inter religiosas de Asís y de la misma Roma, profanando la tumba de San Pedro, primer Papa de la Iglesia católica. Todo esto nos hace reflexionar para que esta Navidad sea una proclamación de fe, un acto de fe vivido y no un sentimiento religioso o una opinión sino un dogma de fe, porque la proclamación de la fe implica nuestra salvación.
Esta es la época de apostasía que nos tocó sufrir: oscuridad, tinieblas, con muy poca luz, apagándose la fe que todavía queda en los fieles que, perdidos y descarriados, vagan como ovejas sin pastor; hay que alimentarlas con el pan de la verdad y la verdad es Dios y Dios es nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que proclama como un águila San Juan evangelista, el discípulo amado, el discípulo preferido y además primo de nuestro Señor, como atestiguan los Padres de la Iglesia.

Pidámosle a nuestro Señor esa fe en Él, que nos santifica; no puede haber obra de santificación si no hay fe, y sin fe no puede haber caridad ni amor a Dios; por tanto, la fe es esencial, es uno de los fundamentos de la Iglesia católica y esa fue la fe que tuvo nuestra Señora. Ella, que creyó como ningún otro mortal en la divinidad de su Hijo, siendo Ella una criatura, por lo que se consideraba a sí misma indigna de tan altas grandezas a las cuales Dios la llamó, a lo que apenas supo contestar: “Soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Sierva de Dios, como quien dice la sirvienta de Dios, eso es la criatura ante Dios, somos siervos y Dios nos llama a ser hijos, asimilándonos a nuestro Señor Jesucristo y que por lo mismo se nos da en el Pan Eucarístico, en la Sagrada Hostia; eso significa la Comunión, no es un pedazo más de pan, como lo creen hoy.

¡Hasta dónde hemos llegado y quién sabe hasta dónde llegaremos en la destrucción y demolición de la Iglesia! por obra y mérito de los mismos pastores, de la misma jerarquía; eso es lo terrible y doloroso. Debemos aferrarnos cada vez más a nuestra Señora para que Ella nos proteja, nos conforte y nos consolide en la fe y en el amor a su Santísimo Hijo. +

BASILIO MERAMO PBRO.
25 de diciembre de 2000